AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 26 Mayo 2005
Boicotean en Cataluña un acto universitario en favor del castellano
J. G. BARCELONA. ABC 26 Mayo 2005

Y van siete
Editorial ABC  26 Mayo 2005

Se derrumba el castillo de naipes
Ignacio Villa Libertad Digital 26 Mayo 2005

El giro antiterrorista
Jorge Vilches Libertad Digital 26 Mayo 2005

«Paz» por Constitución
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC  26 Mayo 2005

Talante, pum
Jaime CAMPMANY ABC 26 Mayo 2005

Cada vez menos “baja intensidad”
Lorenzo Contreras Estrella Digital  26 Mayo 2005

La negociación imposible
Ramón Tamames Estrella Digital 26 Mayo 2005

Atentados de manual
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 26 Mayo 2005

Alonso y sus ruidos
Ignacio Villa Libertad Digital 26 Mayo 2005

Esquizofrenia de Zapatero
GEES Libertad Digital 26 Mayo 2005

¿Qué pasa en Valencia
José Javaloyes Estrella Digital 26 Mayo 2005

EHAK, como si fuera Batasuna
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ El Correo 26 Mayo 2005

Jo, espanyol
Xavier Horcajo Época 26 Mayo 2005

España cuestionada
Pablo Castellano Época 26 Mayo 2005

Un mal paso
José María Marco Época 26 Mayo 2005

Incertidumbres
Cartas al Director El Correo 26 Mayo 2005

Duras críticas en la revista de Guerra a quienes dan oxígeno a ETA con falsas expectativas de paz
Libertad Digital 26 Mayo 2005

ETA hace estallar una furgoneta con veinte kilos de explosivo en un barrio de Madrid
MELCHOR SÁIZ-PARDO/COLPISA. MADRID El Correo 26 Mayo 2005

Pío Moa avisa sobre el «radicalismo» en la universidad tras sufrir un intento de agresión
Madrid ABC  26 Mayo 2005

Basta Ya y COVITE también apoyan la manifestación de la AVT en Madrid
M. L. G. F. / J.B. ABC  26 Mayo 2005
 



 

Boicotean en Cataluña un acto universitario en favor del castellano
J. G. BARCELONA. ABC 26 Mayo 2005

El profesor de la Universidad de Barcelona Francisco Caja acudió ayer al mediodía a la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (UPF) para pronunciar una conferencia en favor del derecho a recibir la enseñanza en castellano en Cataluña. Pero no le dejaron. Caja preside la entidad Convivencia Cívica Catalana y el año pasado fue amenazado por encapuchados en su universidad, lo que provocó que llevara escolta personal durante un tiempo. Ayer tenía que pronunciar la conferencia «Bilingüismo y universidad», organizada por la asociación Universitarios Liberal Demócratas, pero se lo impidieron varios estudiantes independentistas, de las JERC, de la Coordinadora de Estudiantes de los Países Catalanes y de Alternativa Estel.

El profesor intentó hablar, pero los manifestantes le abuchearon, le llamaron fascista y lanzaron bombas fétidas en el aula. No hubo agresiones físicas, pero tras una hora de tensión, y después de que representantes del rectorado intentaran en vano pacificar la situación, Caja decidió abandonar la universidad.

Y van siete
Editorial ABC  26 Mayo 2005

EL dato es concluyente: desde que el Congreso de los Diputados aprobó la resolución que contempla el «final dialogado» de la violencia terrorista, ETA ha colocado seis artefactos explosivos en el País Vasco y un coche-bomba en Madrid. Los terroristas siempre aprovechan los descuidos de los demócratas para hurgar en sus diferencias y, ante cualquier síntoma de desaceleración en la política antiterrorista, someten a prueba al Gobierno para medir sus fuerzas. Ayer lo hizo ETA con un atentado en Madrid, ejecutado quizá con urgencia, pero planificado estratégicamente para acompañar con hechos la decepción de Batasuna por las detenciones de etarras en Francia y el procesamiento solicitado contra Arnaldo Otegi, quien también ayer vino a la capital para prestar declaración ante la Audiencia Nacional.

El balance final del atentado en el barrio de San Blas no puede pasar por alto: casi medio centenar de personas heridas o afectadas por la explosión. El hecho de que no haya habido víctimas mortales se debió más a la fortuna y a la acción de las Fuerzas de Seguridad que al deseo de los terroristas de no causarlas, por mucho que anunciaran la colocación del coche-bomba. Por eso sería un grave error que los atentados sin víctimas se convirtieran en una especie de violencia tolerable y, en todo caso, compatible con la presdisposición al diálogo con la banda terrorista. Si cada vez se rebajan más las exigencias a ETA, la banda terrorista tendrá menos motivos aún para sentirse disuadida.

Se ha iniciado un tiempo en el que las certezas del Pacto Antiterrorista están siendo sustituidas por incertidumbres cada vez más onerosas para el Gobierno. Y la respuesta responsable del Ejecutivo no es volverse contra el PP -que ayer, a través de su portavoz en el Senado, le ofreció su apoyo en la lucha contra ETA-, ni introducir en los colectivos de víctimas factores de discordia. Quien está comprometiendo al Gobierno ante la opinión pública es ETA, porque son los terroristas los que, al final, hacen pasar por el filtro de la realidad los discursos de los buenos deseos. Y, por tanto, no es ETA la que se juega su crédito en esta apuesta del Gobierno. Los terroristas no tienen crédito. Es el Gobierno y su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, los que han arriesgado el suyo al abrir una expectativa de llegar al final del terrorismo por caminos distintos a los que, con seguridad y eficacia, habían abierto el PSOE y el PP a través del Pacto Antiterrorista. Ahora, desde instancias del Gobierno, se pide «menos ruido» para no favorecer a los etarras, y es una petición sensata, pero el «ruido» viene de antes, de cuando el PSOE y el jefe del Ejecutivo anunciaron, sin exponer datos concretos, que se había abierto una oportunidad para la paz. Con seis artefactos explosivos y un coche-bomba, el Gobierno debería precisar más en qué consiste esa oportunidad que no se ve.

Por lo pronto, ETA y su brazo político, Batasuna, vuelven a sincronizar sus actos de presencia. El martes, Pernando Barrena, dirigente batasuno, dudaba de que el Gobierno supiera qué es una tregua, y ayer ETA siguió la estela de sus palabras recordando al Gobierno, como dijo Otegi, que aún está vivo el «conflicto». Frente a esta reafirmación de ETA en su condición terrorista, el Gobierno debe rectificar su actitud y su discurso. Mejor ahora que más tarde. Es preferible que decepcione a Esquerra Republicana de Cataluña, por ejemplo, que al amplio sector de la sociedad española -bastante más amplio que el que representa el porcentaje de votos del PP- que asiste con más preocupación que esperanza a esta recuperación de los tentáculos de una ETA que está débil, pero no derrotada. También es necesario enmendar el error de haber congelado la Ley de Partidos Políticos y demandar la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas, que ya ha acreditado en mayor medida que Aukera Guztiak ser una mera prolongación de ETA y Batasuna. Y es muy conveniente no seguir deteriorando el lenguaje frente a los terroristas, quienes también toman buena nota de las inflexiones semánticas y saben que no es lo mismo que les asignen como destino la cárcel y el cumplimiento íntegro de las penas que, como dijo ayer el presidente del Gobierno, la disolución y el abandono de las armas. Porque estas situaciones, así planteadas, quedan a expensas de la voluntad de la organización etarra y no de la acción expeditiva del Estado de derrotar y desarmar a los terroristas.

Se derrumba el castillo de naipes
Ignacio Villa Libertad Digital 26 Mayo 2005

El Gobierno Zapatero no sabe por donde le da el aire. Hace mucho tiempo no se veía a un Ejecutivo tan noqueado como este. Es cierto que incluso muchos de los ministros no saben de que va una historia que lleva en persona el propio Zapatero. Pero la realidad es que el ambiente que se vive en el entorno del Gobierno y el partido es de absoluta desolación. El último atentado de ETA en Madrid y la encarcelación de Otegui han desmontado la estrategia montada en la nada del presidente del Gobierno.

Zapatero ha pensado que con un par de tardes, cuatro palabras engatusadas, una cena con amigos y un juego de cejas el problema del terrorismo lo iba a solucionar. Pero esta vez ha fallado un pequeño detalle. El Presidente del Gobierno no ha querido enterarse de que está tratando con terroristas y que por lo tanto ningún argumento racional y político es válido con los que llevan décadas matando.

Zapatero se ha metido en una situación altamente peligrosa y con él a todos los españoles. Mientras el presidente hablaba y hablaba de diálogo y de comunicaciones con los terroristas; los etarras han respondido a su estilo, con bombas. Además en pleno fragor del nuevo coche-bomba, el Gobierno se ha encontrado con algo fuera de guión, Arnaldo Otegui estaba en la cárcel. El líder de la ilegalizada Batasuna ha terminado como lo que es, un terrorista. Y esto último no parece que estaba previsto en las intenciones del Gobierno.

La realidad es que esta última semana del mes de mayo ha sido demoledora para este Gobierno. De golpe y porrazo se ha caído el castillo de naipes que estaban montando. Un auténtico castillo en el aire que se lo ha llevado por delante los propios acontecimientos y la forma de actuar del Gobierno. El problema es que no estamos para bromas y aunque Zapatero diga estar muy empeñado en la paz. ¿De que paz hablamos cuando se está pagando ya un alto precio por ello?. Aquí no nos valen ni los visionarios, ni los engreídos, ni los ingenuos. Aquí solo valen los principios. Y de eso hay mucha escasez.

El gobierno y ETA
El giro antiterrorista
Jorge Vilches Libertad Digital 26 Mayo 2005

El problema de la política antiterrorista del gobierno Zapatero no es solamente la torpeza informativa, la destrucción del Pacto Antiterrorista o el malestar de las víctimas. Lo peor es que el presidente, lamentablemente, ha alimentado la idea de que la única manera de acabar con el terrorismo es a través de una cesión moderada a los violentos. El reverso tenebroso de lo que sería un error funesto, es que el giro antiterrorista de Zapatero sea, sin éste saberlo, una pieza de la estrategia de ETA para socavar la fortaleza del Estado de Derecho y la unión de los demócratas que lo sostienen.

La política antiterrorista del ejecutivo socialista es tratar la violencia de ETA como un terrorismo diferente. Hasta ahora, ETA era una banda nacida al calor de los movimientos izquierdistas de los años 60, con una naturaleza marxista-leninista y nacionalista. Los distintos gobiernos de la democracia han tratado a ETA como se trató a la Fracción del Ejército Rojo en Alemania, o a las Brigadas Rojas en Italia. Aquellas bandas desparecieron debido a la triple presión: policial, política y judicial. No hubo cesión. Se dividió a sus cúpulas con la idea de la lucha política democrática y la posibilidad de la reinserción. Fue el caso de las Brigadas Rojas italianas, y los españoles FRAP y GRAPO. Esos grupos terroristas acabaron descompuestos por la presión del Estado, la debilidad y su división interna. Esta es la vía que adoptaron el PP y el PSOE con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que en poco tiempo estranguló a ETA.

El gobierno socialista ha creído que es útil, primero, aceptar la existencia de causas que motivan la violencia, como en el caso del terrorismo islamista, y, segundo, adoptar el discurso y la simbología del “proceso de paz” de Irlanda del Norte. Alguno creyó que podía convertir a Arnaldo Otegi en Gerry Adams. Pero es un error mayúsculo. Se trata de un terrorismo nacionalista de izquierdas, que ha sobrepasado su esperanza de vida gracias al apoyo, tolerancia o comprensión encontrados en una parte mínima, pero ruidosa, de la sociedad vasca. Y no han valido la transición a una democracia muy permisiva, la amplísima autonomía de las regiones y nacionalidades, o un desarrollo económico apoyado en el principio de solidaridad constitucional y español. Nada.

El gobierno socialista, y ojalá me confunda, creyendo a ETA ha contribuido al objetivo terrorista, propio de cualquier terrorismo, de debilitar al Estado y a la sociedad a las que combaten. ¿Y cómo? Han separado a los dos partidos de gobierno, roto el Pacto Antiterrorista que tanto daño les ha hecho, y han logrado, incluso, que las asociaciones de víctimas y organizaciones cívicas que se enfrentan al terror se muestren divididas.

El giro antiterrorista del PSOE es impropio de un partido y de un gobierno que deberían tener sentido de Estado, porque el coste de este tanteo al mundo etarra está siendo, de momento, demasiado elevado: víctimas que se manifiestan desamparadas porque el Estado pierde el sentido de justicia, la sociedad civil dividida en cuanto al tratamiento al terrorismo, la nueva franquicia de Batasuna sentada en el Parlamento vasco, y los partidos de gobierno enfrentados más allá de lo razonable. Guirigay español, sonrisa etarra.

«Paz» por Constitución
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC  26 Mayo 2005

El crimen cometido ayer por ETA es un acto más en su historia bestial. Sus autores pueden además pensar que, en el caso de que sean detenidos y condenados, podrían estar en la calle con poco más que la banda proclame el cese de sus crímenes. El atentado viene a aumentar la perplejidad ante la estrategia antiterrorista del Gobierno, pues presuponía la proximidad del anuncio de una «tregua». No conviene confundir la discreción con la mentira.

Tantas confusiones, verdades a medias y falsedades inducen a pensar que algo turbio se está preparando a propósito de la negociación con ETA. Si no la hay, ¿por qué se habla de ella y se pide permiso al Parlamento para entablarla? Porque para gestionar la rendición no parece necesario el aval parlamentario. Se abusa del lenguaje cuando se mezclan y confunden los términos: dialogar, negociar, pactar, escuchar. O cuando se ponen condiciones confusas para el diálogo: que ETA abandone las armas sin contrapartidas políticas. ¿Qué significa «abandonar las armas»: la entrega de ellas, la rendición incondicional, la tregua indefinida o temporal, el mero anuncio de ella? ¿Estamos ante hombres de palabra y caballeros de la guerra o ante una banda de asesinos? Poco de lo que el Gobierno dice contribuye a la tranquilidad. Cuando no se le entiende, malo, y si se le entiende, casi peor. Piden discreción, pero la responsabilidad de que se hable de negociación le corresponde sólo a él. Admitamos, cosa difícil, que no haya «contactos» o negociaciones. Aceptemos que el Gobierno esté dispuesto a negociar sólo después de la rendición definitiva, aunque la credulidad traspase sus umbrales razonables, y sólo para tratar el problema de los presos. Como ponía ayer de relieve Mikel Buesa en la Tercera, existen graves dificultades jurídicas y morales para indultar a los terroristas. Por lo demás, si no hay negociación con ETA, ¿por qué se afirma que la manifestación convocada el 4 de junio contra la negociación se dirige contra un Gobierno que no negocia?

Pero si existen graves objeciones al canje de la «paz» (con todas las comillas del mundo) por presos, mayores aún cabría oponer al canje de «paz» por Constitución. Y algo parece indicar que para esto nos está preparando el Gobierno. Es probable que Zapatero tenga alguna información que no ha hecho pública. Pero, sea o no fruto de un acuerdo oculto, lo cierto es que ya ha pagado un precio político por adelantado. Las concesiones ya han sido hechas: ruptura del Pacto antiterrorista, aislamiento del PP, renuncia a emprender la ilegalización del PCTV y derogación de la reforma del Código penal que castigaba la convocatoria ilegal de referendos. Lograr la «paz» a cambio de reformas constitucionales sería una indecencia. Además, sería inútil, pues se trataría de un nuevo punto de partida para que ETA pudiera volver al terror desde una situación mucho más cercana a su «solución final».

Talante, pum
Por Jaime CAMPMANY ABC 26 Mayo 2005

PROSEGUÍA en las últimas horas el debate acerca del tratamiento que el Gobierno debe dar a la banda etarra. Insistía el Partido Popular en que la única negociación que cabe abrir con los terroristas es que la policía los detenga, los tribunales los juzguen y las cárceles los alberguen. Aplicar la ley hasta el final. Enfrente, reiteraba Zapatero su convicción en que la negociación política, aunque no haya pago político, puede contribuir al fin de la violencia. Arnaldo Otegui, el viejo etarra que desempeña el papel de representante de los terroristas en la calle y en las instituciones del Estado, estaba citado en la Audiencia Nacional para declarar, acusado de pertenencia a la banda.

Por otro lado, el filósofo y escritor Fernando Savater había revelado en este periódico el ofrecimiento de «Eta» a Zapatero para negociar las condiciones de una tregua indefinida. La revelación de Savater dejaba a Zapatero bajo la incómoda acusación de haber mentido al Parlamento y a la opinión pública acerca de sus contactos con los terroristas. Savater, experto en rectificaciones, había hecho una rectificación suavizada en forma de «matización» o «puntualización», que fue distribuida desde Moncloa. Siempre resulta difícil recoger la leche derramada, pero ZP se empeñaba en que se intentara.

En esas estábamos cuando en el barrio de San Blas, en Madrid, la bomba etarra con 18 o 20 kilos de explosivo hizo pum. El único argumento etarra en el debate político había sido expresado. Medio centenar de personas heridas, afortunadamente con lesiones leves, edificios dañados, automóviles abrasados y algún ataque de miedo e histeria fue el balance del «argumento» etarra. Esta vez, la bomba había venido con sangre. El aviso de la banda terrorista se añadía a los cuatro avisos de Guipúzcoa y a los dos de Vizcaya, pero con sangre. Sin muertos, pero con sangre. Los etarras saben que matar, hoy, no es «terrorísticamente correcto». Es mala publicidad, una publicidad a la viceversa.

Se trata sin duda de una confirmación de lo que la banda ha advertido en varias ocasiones con una claridad que no deja lugar para que anide la duda: no está dispuesta a abandonar las armas antes de la negociación. Ellos se sientan a la mesa de las conversaciones con las pistolas cargadas en el bolsillo y con las bombas a punto debajo de las sillas. Y si no, no. Esta es la enseñanza que los responsables del terror han impartido en todas las conversaciones o negociaciones que han entablado con los representantes políticos del Estado, y esta es la enseñanza que Zapatero se niega a recoger. Y es que probablemente para Zapatero la Historia de una España bien gobernada, pacífica y feliz sólo empieza con él.

Ayer mañana, en el Senado, Zapatero sólo se refirió a la bomba y al atentado etarra cuando lo mencionó el senador popular Pío García Escudero. Y es que la última bomba etarra le ha estallado a ZP incómodamente en mitad de la sonrisa y en pleno talante. Pum.

Cada vez menos “baja intensidad”
Lorenzo Contreras Estrella Digital  26 Mayo 2005

Hay temas muy importantes en el panel de consideraciones políticas y periodísticas, entre ellas, durante las últimas horas, ese acuerdo PP-PSOE para la reforma estatutaria de la Autonomía de Valencia, de cuyos pormenores habrá que ocuparse en los días y semanas, por no decir meses y años, sucesivos. Vamos camino de diecisiete “autonomías históricas” y hacia una quiebra de los famosos “hechos diferenciales”, porque vuelve la teoría de la tabla de quesos y el café para todos si prospera, como parece que ocurrirá a cierto plazo, la reivindicación pactada por los dos partidos mayoritarios de España y del propio reino de Valencia, tan heredero él, como se siente, de la Corona de Aragón.

Los eternos diferenciados catalán y vasco reclamarán su derecho a una mayor diferencia frente a quienes tratan de igualar su situación constitucional e histórica. Puede que no valgan equiparaciones entre “pobres y ricos” de manual y leyenda. No van a faltar oportunidades de entrar en la polémica, no como periodistas, sino como observadores de lo que los políticos reclaman y enredan.

Pero he aquí que la actualidad nos remite un sobresalto más urgente. ETA ha vuelto a aparecer otra vez con su clásica fórmula del atentado de “baja intensidad”: un aviso previo al diario abertzale Gara y una explosión ayer en Madrid que causa destrozos físicos y afectados leves por la onda expansiva del explosivo. Ahora bien, cuidado, porque en una de éstas, en vez de destrozos materiales, va a producirse, no hace falta ser profeta, alguna que otra muerte. O varias. Y entonces el panorama cambiaría cualitativamente. A Zapatero le iba a costar especial trabajo mantener su línea “pacificadora”. La tendencia etarra a la extorsión y a la presión política en busca de precios cuya naturaleza no escapa a la percepción de casi nadie se muestra cada día más apremiante. ETA presume de estar mantenido una tregua y da a entender que su paciencia se agota. Otra cosa sería que la terminación de esa paciencia le diera disgustos decisivos en el plano estratégico. Si ayer fue el barrio de San Blas, en Madrid, un día antes la bomba, con vistas a la obtención del pago del “impuesto revolucionario”, correspondió a la empresa Gráficas Otzarreta, en Zarautz. Avisa y amenaza, que algo cobras. Es el sistema.

Pero sobre el terreno se plantea alguna que otra consideración respecto a la reacción ante los acontecimientos. El fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, ha hecho referencia a lo vigilada que tiene a la organización heredera de ETA y de Batasuna, llamada PCTV o Partido Comunista de las Tierras Vascas. El fiscal ha insinuado o dicho que la tolerancia existente ante la formación no ilegalizada, auténtica llave y cerradura de lo que parlamentariamente funciona en la Cámara de Vitoria, desaparecería, y por tanto ese partido máscara podría ser ilegalizado, si no condenara un atentado con víctimas mortales. Y cabe preguntarse si los atentados que pueden conducir cualquier día a esa situación no merecen ya, después de tanta repetición y desafíos, de tanto ensayo, la misma reacción política-judicial. Lo que se viene practicando desde las áreas de poder es una valoración gradual del riesgo mortal o de la tragedia definitiva, que no porque afectase a pocas personas dejaría de ser eso, una tragedia merecedora de respuesta contundente.

Plantéese, pues, el Gobierno y el Poder Judicial y Fiscal, si el hecho de no condenarse, por ejemplo, por parte del PCTV, las extorsiones vascas y el atentado de Madrid no es dato suficiente para extraer conclusiones definitivas.

La negociación imposible
Ramón Tamames Estrella Digital 26 Mayo 2005

Catedrático de Estructura Económica (UAM)
Catedrático Jean Monnet de la UE

Cuando todavía no se han cumplido ni dos semanas de la propuesta del Gobierno, pasada por el Parlamento, de negociar con ETA, ayer en la mañana se oyeron las explosiones, por tercera vez —en el madrileño distrito de San Blas—, de las bombas colocadas por la banda terrorista. Sin duda, para contribuir, en su peculiar estilo, a la “buena atmósfera” que ha abierto el Gobierno de Rodríguez Zapatero en su viaje a ninguna parte.

Lo que se hizo el martes 17 de mayo, al aprobarse la resolución en el Congreso de los Diputados para hablar con los etarras, y en definitiva con sus compañeros de la antigua Batasuna, es mucho más grave de lo que puede parecer. Aseveración que fundamentaré con algunos puntos de vista sobre el tema:

Se ha echado por la borda el trabajo de más de diez años de intentos de solución por la vía política y judicial, convirtiendo en papel mojado el Pacto contra el Terrorismo, y el de Ajuria Enea.

La sangre de los mártires, porque así pueden llamarse, no ha servido para nada. La muerte de Miguel Ángel Blanco en el más odioso de los asesinatos, que hizo florecer de tanta miseria el espíritu de Ermua, ha pasado a ser para el Gobierno un episodio a cubrir con toda clase de ropajes vergonzantes. Y lo mismo puede decirse de las demás víctimas, mortales o no, y de las buenas gentes acosadas de forma inmisericorde y canallesca por los matones que en lengua vasca se autodenominan patriotas; en la más extraña forma de ver el “patriotismo”, en un país al que están conduciendo a la desesperación de por lo menos la mitad de su demografía.

La acción policial verdaderamente eficaz de los últimos años está archivándose cuidadosamente, mientras el ministro del Interior y el presidente del Gobierno, que se muestran virtualmente insensibles ante las últimas bombas, podrían estar haciendo auténtica mofa del trabajo del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil, e incluso de la Ertzaintza.

Las declaraciones gubernamentales, que fueron ganando en credibilidad, hasta hace bien poco, sobre el deterioro creciente de ETA y de sus seguidores se han visto quebradas de manera súbita. Pues sin estudiar el asunto a fondo con la oposición parlamentaria, se ha entrado en la senda de las concesiones, tal vez por sólo algunas inconfesables iniciativas —mitradas o no— de que la paz podría estar a la vuelta de la esquina. Singular espejismo, pues en el mismo momento de aprobarse la referida moción en el Congreso, el Sr. Otegi ponía sus condiciones: anexión de Navarra a las tres provincias vascas, autodeterminación, retorno de los presos, salida de las fuerzas públicas del Estado del territorio vasco, etc. Sólo le faltó decir algo como que “maquetos a la mar, y neguríticos fuera de Euskal Herria”. Realmente, resulta increíble que no se den cuenta cabal en el Gobierno de con quiénes van a verse las caras.

Los arduos esfuerzos realizados por la anterior Administración —cierto que coincidiendo con el injustificable proceso de división de los españoles por la intervención en Iraq— para conseguir que Batasuna, ETA y todas las demás organizaciones afines sean consideradas como terroristas en el área internacional se han difuminado de la noche a la mañana. Para la Moncloa, ya no son terroristas, sino interlocutores.

Las aproximaciones crecientes a Francia para acabar con el antiguo santuario de los etarras podrían desvanecerse también. ¿Cómo va a presionarse ahora a los franceses para seguir en su actitud persecutoria de ETA en suelo galo, cuando aquí se les está tratando casi como “chicos revoltosos” en la terminología del inefable Arzallus?

Podría seguirse con lista de agravios que el actual Gobierno está cometiendo contra gran parte de la nación. En una circunstancia, además, en que la prometida reforma constitucional, y los solicitados retoques —o más bien transmutaciones— que se pretenden en algunos Estatutos de Autonomía, tienen al país en vilo. Por si fuera poco, un elemento más de desunión y de contradicciones, en esta atmósfera del talante, que más bien parece “tolerante y permisiva” ante las iniciativas disgregadoras de unas pequeñas minorías —que si son democráticas merecen todos los respetos— que en ningún caso pueden poner al país de hinojos a fin de que renuncie a su Constitución de 1978.

Los meses próximos van a ser muy duros, y el ambiente de disgregación que se masca literalmente tendría que hacer pensar a don José Luis Rodríguez Zapatero que necesariamente tiene que volver al consenso de 1978. Incluso planteándose —como se hizo en Alemania en circunstancias difíciles con la Grosse Koalition— un programa conjunto con la oposición, para tener fuerza suficiente, y no depender de unas docenas de diputados que se ponen la nación por montera. Se trataría, sencillamente, de reconducir la nave del Estado a aguas más propicias, dejando las procelosas de este momento, premonitorias de una dramática galerna que aún podría evitarse.

ETA en Madrid
Atentados de manual
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 26 Mayo 2005

Los últimos atentados de ETA responden de forma directa a un estímulo plenamente identificable: el absurdo y malhadado plan Zapatero para la claudicación. Un estado de derecho se caracteriza, entre otras cosas, por el imperio de la ley. Si este es el caso de España, entonces una organización criminal no puede recibir más respuesta que la persecución dentro de los cauces legales, hasta su derrota. Esos cauces que el PSOE viene ignorando, unas veces pasándose de la raya y otras quedándose corto.

Cuando un parlamento, a instancias del gobierno, lanza a una banda criminal el mensaje institucional, inequívoco, de que se la va a premiar tratándola de forma diferente al resto de delincuentes, poniéndola al mismo nivel que el Estado (es decir, rebajando a las instituciones al nivel de alcantarilla de los asesinos), convirtiéndola en interlocutora, entonces la mejor baza estratégica para los terroristas, el modo de optimizar su posición, es atentar y atentar. Atentar con intensidad para subir su cotización como problema y revalorizar asimismo la tregua cuando llegue. Es de manual.

En ese error estratégico de novato endiosado e ignorante estirado ha incurrido Zapatero. Ha creído a ETA, ha creído en esos mensajes negados y por fin reconocidos vía Savater. Siempre cree en el actor equivocado. Ha dejado de condenar sus atentados para no tener que admitir que su teoría de la tregua tácita era un error, una insensatez y una falsedad. Pero antes decretó el linchamiento preventivo del PP bajo la acusación de que le interesaba la existencia de ETA.

Silenciar sus actos, blanquear, conferir respetabilidad a los terroristas tiene estas cosas. El líder nacionalista Otegi dispuso ayer de muchos minutos de entrevista en la televisión pública catalana. Encabeza una organización tenida por terrorista en EEUU y en Europa este hombre tan respetable, cuya mano estrecharían encantados unos cuantos funcionarios antes y después de oírle decir que él entiende que las víctimas estén cabreadas. No avisó de las mochilas bomba que la banda nacionalista de extrema izquierda ETA, convenientemente maquillada por Zapatero, se disponía a plantar en Madrid a las pocas horas.

¿Dio Maragall el visto bueno a la entrevista bomba, a la entrevista insulto, una vez terminó de reírse de las fotos de Jerusalén? ¿O para las cosas de ETA delega en sus socios? Agradeceríamos que la televisión pública no volviera a hacer apología del terrorismo.

Alonso y sus ruidos
Ignacio Villa Libertad Digital 26 Mayo 2005

El atentado de los terroristas etarras en Madrid ha sido la constatación de la dura realidad. ETA lleva decadas hablando con el mismo lenguaje de horror, de terror y de dolor, y no parecen dispuestos a cambiar. Los terroristas han utilizado una furgoneta-bomba para devolver al presidente Zapatero a la única certeza. Los terroristas hacen sólo lo que saben hacer.

El jefe del Ejecutivo ha cometido tantos errores, ha ido tan lejos en sus planteamientos que ahora se ha caído con todo el equipo. Zapatero dice que quiere trabajar por la paz, explica en cenas con amigos que hay contactos con los terroristas, permite que los terroristas de las Tierras Vascas estén en el parlamento de Vitoria y además fomenta la división de las víctimas. En resumen, el presidente del Gobierno se ha quedado retratado por sus limitaciones, por sus torpezas, por sus zancadillas, por sus objetivos y por sus acuerdos por debajo de la mesa.

Este último atentado de ETA en Madrid deja al descubierto los desastres de Zapatero; pero especialmente nos deja desasistidos a millones de españoles y, por supuesto, a todas las víctimas del terrorismo. Ante un ataque de estas características todos esperamos un presidente del Gobierno claro, contundente y fuerte; todos esperamos, también, a un Ministro del Interior con las ideas muy claras. Y nos hemos encontrado que no hay ni una cosa ni la otra.

A Zapatero le ha costado condenar el atentado. Lo ha hecho en el Senado a preguntas del Partido Popular, para luego matizar lo dicho recordando que el Gobierno mantiene en pie la propuesta de negociar con ETA sí los terroristas dejan las armas. Y le volvemos a preguntar, con ese planteamiento del Debate, ¿qué hay que negociar con unos terroristas que ya se han rendido supuestamente? Pero no acaba aquí todo.

Al ministro Alonso nos lo hemos encontrado pidiendo a los demócratas que no hagamos tanto ruido con el debate sobre el final de ETA. Sin duda, una afirmación insólita cuando tendría que haber sido el propio ministro del Interior quién pidiera a los terroristas que dejaran las armas. Ya se ve que para Alonso, parece que el debate de la democracia es lo que provoca las bombas de los terroristas.

Esta afirmación además de ser insólita, es de una gravedad extrema en el juego democrático. Ya está bien. El Gobierno tiene que dejar de llamar la atención a los ciudadanos y ponerse en serio a luchar contra el terrorismo. Zapatero está dispuesto a laminar muchas cosas. Ya no hace caso a las víctimas y ahora parece que vamos a ser los culpables de las bombas los ciudadanos de a pie. Esta gente esta cada vez más fuera de sitio, con el agravante que se creen poseedores de la verdad absoluta. Y el engreimiento es el principio del fin de cualquier político.
Frente al terrorismo

Esquizofrenia de Zapatero
GEES Libertad Digital 26 Mayo 2005

Zapatero mantiene una posición esquizofrénica en relación con el terrorismo. Quiere al mismo tiempo derrotar a ETA y pactar con ETA. Quiere simultáneamente estar con el PP en el Pacto por las Libertades y con ERC y el PNV en un proceso de negociación con los terroristas. No quiere pagar un precio político, pero está dispuesto a contribuir políticamente a la paz. Quiere en definitiva, nadar y guardar la ropa. Lograr un acuerdo que suponga la disolución de la banda terrorista tras casi cuatro décadas de actividad terrorista, pero eludir el coste si esa operación termina en un gran fiasco con una ETA fortalecida dispuesta a continuar la lucha armada.

Esta esquizofrenia está convirtiendo al Presidente del Gobierno en un mentiroso compulsivo. Niega estar dialogando con ETA, cuando es cada vez más evidente que esa comunicación existe. No reconoce su disposición a pagar un precio político cuando ya ha pagado varios plazos con la rehabilitación de Batasuna y con la interlocución del PSE con el PCTV. No está dispuesto a hacer concesiones a ETA, pero sí está dispuesto a conceder esas mismas demandas en una mesa de partidos en la que ETA, a través del PCTV, estará presente.

Es difícil que el coche bomba colocado por ETA ayer en Madrid haga recular a Zapatero de su estrategia de negociación con los terroristas. Sólo un atentado con victimas mortales podría hacer que el Presidente tratara de desandar el camino ya recorrido. Pero entonces puede ser ya demasiado tarde. Por un lado, Zapatero se ha convertido en un rehén de la banda terrorista. ETA podría demostrar las mentiras de Zapatero e incluso los pagos ya comprometidos. Por otro, la mera oferta de dialogo ha elevado el valor de los actos terroristas, hasta el punto de poner en manos de ETA la posibilidad de derribar el Gobierno.

Zapatero está aplicando a ETA la misma estrategia que aplica al terrorismo islamista. Considera que cumpliendo las exigencias de los terroristas quedará inmune a nuevos atentados. El Presidente considera que retirándonos de Irak hemos conjurado la posibilidad de un nuevo 11-M. Ahora cree que legalizando Batasuna y reformando el Estatuto de Guernica, junto con una amnistía para los presos, puede conseguir que ETA desaparezca. En ambos casos es un terrible error que podemos pagar muy caro el conjunto de los españoles. Los terroristas interpretan estas concesiones como un gesto de debilidad del enemigo, una prueba de la eficacia de sus métodos criminales y un paso más hacia su victoria total sobre la libertad.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

¿Qué pasa en Valencia?
José Javaloyes Estrella Digital 26 Mayo 2005

Posiblemente sea, fuera de su corral, la más importante victoria alcanzada por la concepción nacionalista del Estado. El consenso para el nuevo Estatuto valenciano, establecido entre populares y socialistas, lleva la óptica nacionalista del Estado Autonómico hasta niveles sin precedentes en el Reino de Valencia. Más allá de lo que aún se debate en Cataluña y de lo discutido como alternativa y/o reforma del Estatuto de Guernica, y más lejos, obviamente, de lo que el Partido Popular ha hecho en Galicia para institucionalizar los rasgos diferenciales de la región, el centro-derecha y la izquierda socialista valencianos, en términos comparados, han pactado objetivos de cambio estatutario inéditos en los demás procesos de cambio actualmente impulsados por la política del Gobierno.

Los escenarios regionales, generalizadamente, presentan la referencia dominante del nacionalismo, con toda la perversión del sistema autonómico que ello comporta. Quiero decir que se advierte la inversión y el trueque del principio español por el principio nacionalista; de lo general y cohesionante por lo particular y disgregante. El horizonte del sistema del 78 deja de percibirse como línea de llegada y se establece como punto de partida.

La flexión valenciana de los dos partidos nacionales, desde consideraciones como la de entender, en el preámbulo del acuerdo, el Reino como una de las “nacionalidades históricas”; propuestas como las de un Tribunal Superior de Justicia como Tribunal Supremo propio, o la de una Agencia Tributaria, implican el embarque de uno y otro partido en un rumbo aceptable como suficiente por cualquiera de los partidos nacionalistas reconocidos formalmente como tales.

Extraña sobremanera la deriva —en este sentido, nacionalista— del Partido Popular, representado por el presidente Camps, puesto que el PSOE, en general, no se sabe bien dónde se encuentra a estos efectos desde aquellos apaños veraniegos de Santillana. El escándalo, más que la simple sorpresa, está en el PP de Valencia. Pero el suceso, sin embargo, tiene sus precedentes.

Los populares valencianos se deslizan con el asunto del Estatuto hacia el mismo error cometido en la cuestión idiomática, al suscribir un consenso con los socialistas que llevó al vigente secuestro sintáctico y gramatical del valenciano en beneficio del catalán. Aquella normalización de la lengua de Auxias March y de Joanot Martorell no se hizo sobre ninguna de las variantes internas de la misma, o buscando un batua como se hizo con el vascuence, sino tomando el catalán como férula, referente y patrón lingüístico.

Los socialistas valencianos, a su vez, habían confundido previamente la identidad de sus compañeros catalanes del PSC, entendiendo que eran socialistas de Cataluña, cuando, en el fondo de su almario, la identidad genuina de éstos era de nacionalistas de militancia socialista. Por eso los socialistas fueron abogados de la fagocitación catalanista del idioma valenciano. Lo que faltaba lo aportó José María Aznar en régimen de peaje parlamentario a Jordi Pujol (como éste reveló en unas declaraciones a La Vanguardia) por los apoyos de CiU al primer Gobierno del PP.

Sólo faltaba al PP de Valencia este volquetazo de ahora, compartiendo con sus paisanos del PSOE la conciencia expresa de ser “nacionalidad histórica” y la propuesta de quebrar la unidad jurisdiccional, o sea, uno de los predicados centrales de la soberanía española. Es como si el nacionalismo catalán que se opuso al trasvase del Ebro hubiera impuesto, tras hipotéticas mediaciones del siempre trasvasable Piqué, el trasvase de las propias desideratas nacionalistas. ¿Qué sentido tiene proclamar la constitucionalidad luego de haber pactado en espíritu contra ella?

Blasonan en común mis coterráneos de haber corrido más que nadie: los populares, hacia ninguna parte; aunque también los socialistas, mientras que los españoles sin carné tampoco sabemos hacia qué parte pueden correr los de la rosa empuñada, pues a su dirigente máximo —en el mejor de los casos— no se le supone ningún concreto destino para su cursante movida de la “España plural”.

Es todo esto como cosas de locos, o de listos enloquecidos con las oportunidades de fin de temporada. Se hacen propuestas nacionalistas, de todos conocidas, y alternativamente se brindan, como lo sucedido ahora en Valencia, fórmulas sucedáneas del nacionalismo por parte de los socialistas, a los que se veía venir, y por parte de los populares, con sorpresa para todos, incluso para la mayoría de ellos mismos. Es el nacionalismo
—quiérase reconocer o no— la fuerza que marca los tiempos y el formato del actual debate.

Consiste la ruinosa singularidad de este momento en que el consenso es emplazado entre el nacionalismo de alta intensidad y el de intensidad baja, no entre el nacionalismo al que no basta la Constitución y el constitucionalismo palanqueado por el nacionalismo. En Valencia madura el debate entre populares y socialistas en pos de un consenso situado sobre el límite interior de la legalidad constitucional, luego de que hubiéramos visto en las últimas elecciones catalanas la porfía nacionalista, instalada en el límite exterior de la Constitución, sobre quién era más radical, si CiU o ERC. El electorado, generalmente, rechaza las imitaciones y pasa lo que pasa.

La incapacidad de los partidos, como delegados parlamentarios del pueblo español, para traducir más allá del trance electoral qué sienten, piensan y buscan las grandes mayorías nacionales acabará, antes o después, abriendo un foso entre los partidos y la sociedad civil. Es manifiesto el divorcio de intereses, inquietudes y pretensiones entre aquéllos y ésta.

Lo mismo que las sociedades mercantiles son titulares de un fondo de comercio, toda sociedad civil dispone de un fondo moral, de un patrimonio de ideas y creencias que debe ser necesariamente valorado por los partidos políticos de genuina condición democrática. Contraponer el socialismo a la democracia de las libertades, o la unidad nacional a la libertad política, es cosa que ya se hizo antes de la Guerra Civil y de los 40 años que la siguieron.

jose@javaloyes.net

EHAK, como si fuera Batasuna
ANDRÉS MONTERO GÓMEZ/PTE. DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA El Correo 26 Mayo 2005

La Administración de Justicia no ha ilegalizado todavía a Euskal Herrialdeetako Alderdi Komunista ateniéndose a la presunción de inocencia. Ni Fiscalía ni Abogacía del Estado, ambas accionables desde el Gobierno, han encontrado pruebas concluyentes que presentar ante la autoridad jurisdiccional, el Supremo, para anular la candidatura electoral de la izquierda abertzale. Es decir, 150.188 ciudadanos vascos han votado a quienes serán representantes del abertzalismo más pegado al MLNV y, en su marco, a la ilegal Batasuna, de la que como sabemos es una escisión.

Entre los argumentos centrales, y también torticeros, esgrimidos en contra de la ilegalización de Batasuna y sus clones figuraba que estaban siendo ilegalizadas unas ideas. También torticeros porque la iniciativa legal y judicial que desactivó, ahora sabemos que temporalmente, a ETA en el Parlamento vasco no radicaba en censurar ideas sino que estaba sustentada en una clara y probada convergencia y simbiosis criminal entre diversas facciones de un grupo terrorista, siendo Batasuna o Euskal Herritarrok una de esas facciones. Por lo que respecta a EHAK, los indicios apuntan a que la simbiosis existe con toda probabilidad, pero en justicia y de momento no existe caso que quiebre la presunción de inocencia, un derecho fundamental como aquel otro de la vida o la integridad física y moral que ETA y sus simpatizantes vulneran a diario. Pues bien, la inmadura y garantista democracia que de momento vamos siendo no ha encontrado todavía la clave para defenderse, por medios legales, de patologías que se alojan en la convivencia ciudadana infectándola con un pus de muerte.

Avanzaremos, sin duda, pero aún no hemos logrado ilegalizar ideas antidemocráticas. Es cierto que el Estado no puede cancelar ninguno de los derechos de un ciudadano que nada más piense en asesinar a otro. Si lo piensa, y el pensamiento queda en su mente, no es criminal, no está tipificado. No obstante, cuando el pensamiento se verbaliza, cuando la idea toma forma de palabra, entonces la ley tiene algo en donde asirse. La apología de un delito, tal como la tipifican los códigos penales, es la exposición de ideas o doctrinas que ensalcen el crimen o a sus autores. Sin embargo, ante amenazas antidemocráticas, este planteamiento queda bastante huérfano. Es un terreno pantanoso, desde luego, pero existen ideologías antidemocráticas en sí mismas ante las que una democracia debe protegerse. Y más si es un presunto partido quien las difunde. El nazismo, la xenofobia, lo antisistema, la violencia en cualquiera de sus formas, son ideales contra nuestra convivencia y cualquiera que los defienda públicamente está incurriendo en un delito. Esta panoplia incluye, desde luego, cualquiera de los disfraces que los totalitarios adoptan para infiltrar la democracia a fin de desarticularla después. Lo hizo Hitler, pretende hacerlo Le Pen y quiere hacerlo ETA.

Hemos escrito ya en estas páginas que la obsesión de Zapatero es lograr la desactivación de ETA tal como Blair acuñó el silenciamiento del IRA. Es decir, con talante. También, al principio del plan Ibarretxe, entre las pretensiones del PNV con su estrategia de desbordarmiento estaba forzar cotas de independentismo que le amarran al poder vitalicio al mismo tiempo que ofrecían a ETA un escenario de ruptura tal que le compensara, psicológicamente, para cesar el terrorismo. Ahora lanzamos una nueva hipótesis de trabajo. Puede resultar que los objetivos de ETA, de Ibarretxe y de Zapatero sean más convergentes de lo que ellos mismos son conscientes todavía.

EHAK podría ser la mesa política para la vislumbrada negociación con ETA. El plan etarra, de momento, va bien. EHAK ha obtenido los votos suficientes en las autonómicas como para garantizar que el plan Ibarretxe continúa en la versión más radical hacia el independentismo. Quienes han dado por defenestrado el proyecto soberanista del PNV deberían esperar a ver su cadáver en el ataúd, pues EHAK es el demonio que va a poseer su cuerpo en resucitación. De otro lado, no pasemos por alto que tanto EHAK como la propia Aralar son escisiones de Batasuna. Izquierda abertzale pura y dura, de acuerdo que con diferencias sobre la conveniencia política de los asesinatos (puesto que es la única objeción que le ponen al asesinato, la política), pero tan empapados de lenguaje de conflico en su naturaleza mitológica e inventada de libertadores del pueblo vasco oprimido como cualquier etarra de pistola. No nos sorprendamos si ambos, EHAK y Aralar, se arremolinan en un mismo marco estratégico para servir de referente negociador a un Patxi López que, acunado por Zapatero, pretenda conseguir la doble carambola imposible de contener el desbordamiento político seduciendo al mismo tiempo a ETA para desactivarse. En esa proyección, bastante inviable si me permiten, encajaría muy bien la prudencia que el Gobierno está poniendo en la ilegalización de EHAK.

Encendamos las velas que sean necesarias para que el escenario imposible de Zapatero tenga más luces que sombras. La escenografía para el futuro es un nuevo Estatuto, remozado sobre el plan Ibarretxe, cuasi independentista, apoyado por el socialismo vasco, probablemente introduciendo algún subterfugio de comunicación que cambie la percepción del electorado sobre la carga independentista que el proyecto realmente tendría; apoyo concedido a través de EHAK a cambio de una declaración de ETA afirmando que la violencia ha conseguido sus objetivos históricos, que el independentismo vasco ha triunfado y que la 'vanguardia abertzale', por tanto, deja de asesinar desde ese momento. El abertzalismo se eterniza en el Gobierno vasco, Zapatero pasa a la Historia, ETA deja de asesinar. Parte seductora del escenario. El precio es una Euskadi abertzalizada, acoso étnico a los no-nacionalistas, ETA latente, independencia competencial de facto para ser ejercida con autocracia y nepotismo por el politburó jeltzale y, tal vez, una vía ancha de reinserción para presos terroristas. Un escenario negro. Espero equivocarme. Esta hipótesis se empieza a contrastar con el aislamiento del PP en el Congreso, quebrando el Pacto Antiterrorista, en la resolución del PSOE instando a 'dialogar' con ETA en ausencia de violencia.

Jo, espanyol?
Por Xavier Horcajo Época 26 Mayo 2005

La última vez que, en un periodo de paz, Cataluña sintonizó con “una cierta idea” de España fue al principio de la llamada Guerra de Marruecos. Entonces, tanto Cataluña como el País Vasco organizaron cuerpos de voluntarios y fueron los donativos institucionales los que permitieron dotarlos de armamento, víveres y material sanitario. El Ejército español-catalán embarcó un 26 enero de 1860, rumbo a Tetuán. El liberalismo radical catalán quería involucrarse con los intereses coloniales de la Corona española.

En el empeño pusieron mucho dinero el Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona. ¿Alguien se lo imaginaría ahora? Años después, el descontento con la guerra coincidía con la Semana Trágica, y Cataluña se desoldó de los intereses coloniales de España. En opinión de muchos, hasta ahora. Para otros, hubo una Cataluña leal a la República, desde luego no fueron ni Esquerra Republicana con su Estat Català, ni los socialistas; y antes y después del 39, otra Cataluña leal a Franco.

Esa última se evaporó en la democracia curiosamente repartida entre CiU y AP. Hace unas semanas, Pasqual Maragall se fue a París a pedir el ingreso de Cataluña en la francofonía y para halagar a los galos con eso de que su idioma será “segunda lengua” (por delante del inglés) en la educación de los catalanes. ¿El president Maragall catalán no podría haber dedicado un jumelage así a la lengua de Cervantes, aprovechando los homenajes a El Quijote, aunque en Cataluña le llamaran Quixot?

Eso sería, por cierto, algo mucho más acorde con lo que piensan muchos de los que le votan. En París, de paso, Maragall aprovechó para brindar por el éxito de la candidatura parisina a los JJ OO de 2012 ¡Quelle delicatesse! ¿El president de la Generalitat comparte con su socio de filas Carod-Rovira el secreto deseo: que Madrid no gane la candidatura olímpica? De Gaulle afirmaba tener “una cierta idea” de Francia, pero los adolescentes catalanes -tras tres décadas de nacionalismo con Pujol y un año largo de nacionalismo supuestamente progresista con Maragall- no tienen ni una cierta idea de España.

Para ellos, educados en el reduccionismo de la inmersió lingüistica, España es otro país. Son hijos de campañas de publicidad como “Som una nació”, “Som 6 milions”. Se han educado viendo la autonómica TV-3. En la cadena de televisión autonómica, Arantxa Sánchez Vicario era “la tenista catalana” cuando ganaba. Si perdía, no se destacaba su catalanidad. De igual manera, el partido de fútbol Malta-España se convertía en el partido de “Malta-selecció de l' Estat español”, como si se tratara del equipo de fútbol del INI. Si como dicen algunos el “Estado” a lo que más se parece es a una copia del Aranzadi, yo cada vez que oigo ese eufemismo nacionalista, me imagino a 11 tomos de Aranzadi en pantalón corto tras una pelota. En el entorno educativo juvenil, los textos afirman que el Ebro es un río que desemboca en Deltebre y que entra en Cataluña por Ribarroja...

¡Vamos, que el río no tiene vida anterior!, según algunos libros de geografía bendecidos por la Generalitat. “Reinosa? Qué vol dir?” (“¿Reinosa? ¿Qué quiere decir?”). O si oyen que “el Ebro guarda silencio al pasar por El Pilar”, se van a ir a Google para buscar: “On és això de El Pilar” (“Dónde está eso de El Pilar”]. A menudo cuesta descubrir la manipulación de identidades en los libros de texto cuando los axiomas forman parte de la verdad oficial. Un ejemplo, Lluis Companys, el “president mártir”, dio un golpe de Estado a la República, asunto que ni se menciona; o Rafael de Casanovas es el prototipo de héroe mártir de la resistencia contra Felipe V, a pesar de que huyera de Barcelona disfrazado de fraile, mientras los héroes del “11 de Setembre” morían defendiendo la ciudad asediada. Casanovas se dedicó después a la abogacía, en Sant Boi de Llobregat -a la sombra del rey Borbón- sin el menor complejo.

España cuestionada
Por Pablo Castellano Época 26 Mayo 2005

No es una constante histórica, como pretenden algunos intelectuales orgánicos, el que los españoles, los que se vanaglorian y enorgullecen de su españolidad, que por cierto son muchísimos, y los que ahora reniegan de que así se les considere, que son bastantes menos, anden siempre a la greña por la cuestión, por su ser o no ser o lo que es lo mismo, que vivan atormentados replanteándose obsesivamente su identidad.

Esta moda es cosa de ahora, pues en otros tiempos para casi todos, ademas de considerarse castellanos o catalanes, vascos o andaluces o murcianos, gallegos o valencianos como legítima reclamación de sus orígenes, lenguas y culturas, eso de la españolidad no era motivo de obligada reafirmación o de inmediata exclusión, y hasta sus reyes eran muchas veces aludidos como monarcas de las Españas, en plural, quizás porque la enumeración de sus reinos siempre sería incompleta, con tantos títulos y sobre tan variopintas tierras como los reinos de Italia, las dos Sicilias, y las más inmensas tierras de las Nuevas Españas.

Hasta la famosa guerra ganada por Felipe V, tuvieron como motivo no el discutir sobre la patria sino sobre quién había de sentarse en su común trono. Todas nuestras peleas, demasiadas, hasta entre romanos y vetones, las hemos estudiado como civiles, de entre españoles, incluida la mal llamada Reconquista. Eso de la nación andaluza no es término que se deba a Blas Infante, y menos aún es invención de Sabino Arana lo de la nación vasca, que al igual que la nación catalana son expresiones de frecuente aparición en libros de historia, relatos de viajeros, novelas y romances.

La conjunción de lo particular y de lo común ha sido una constante de nuestra convivencia, a veces no demasiado pacífica y menos aún modelo de tolerancia. Los judíos sefarditas, entendidos como judíos españoles, y nuestros musulmanes, tan españoles como los godos que les precedieran en su invasión, no habrían consentido, aunque no se les tratara frecuentemente por otros españoles como hermanos, que se les considerara extranjeros en tierras en las que sus antepasados y ellos llevaban tratando de ser felices centenares de años, y por gentes con las que constituían comunidades mestizas y caóticas, pero ordenadas por las mismas normas sustanciales y por usos, modos y comportamientos análogos, salvadas las afortunadas variedades de sus giros lingüísticos, ritos religiosos, recetas culinarias, arquitectura popular y folclore.

Hasta cuando las burguesías catalanas y vascas recelan del poder del centralismo no territorial, político y oligárquico, mal llamado de Madrid, de los que en Madrid ejercían el poder y gobernaban con actitudes mas parásitas que responsables, cuestionan una forma de regiduría sin objetar ni sobre la nación común, ni sobre su nombre y su unidad. Las burguesías y las más altas capas de ambas partes del territorio no ponen de manifiesto una conciencia de nación independiente, necesitada de un Estado propio y enfrentada a la otra conciencia nacional vivida en las llamadas capas inferiores, sino el lógico y explicable malestar nacido de su desprecio.

La aparición de reivindicaciones de orden nacionalista separatista o de soberanismo independentista no nace de abajo hacia arriba, clamando por una expresión política que la represente; bien al contrario, es fruto de una expresión de la burocracia política local frente a la otra burocracia política del mismo corte, nacional, que consideran les priva de protagonismo y poder y no defiende sus intereses.

Un mal paso
Por José María Marco Época 26 Mayo 2005

La Transición española permitió salvar el trance particularmente difícil del paso de un régimen autoritario a otro de democracia liberal. Reinstauramos la monarquía, nos integramos en las instituciones europeas, recuperamos el liderazgo que nos corresponde con respecto a los países latinoamericanos, volvimos a cumplir nuestra vocación atlántica y se sentaron las bases de una economía abierta y dinámica que volvió a hacer de España uno de los países más ricos del mundo.

Al mismo tiempo que se desarrollaban estos avances, los nacionalistas iniciaron la creación de identidades nacionales propias. La izquierda, heredera de una tradición autocrítica que pone en duda la existencia de la nación española, ha acabado aceptando que el concepto de nación sea moneda de cambio para alcanzar y permanecer en el poder. El centro derecha, por su parte, no ha sabido aún articular un proyecto nacional sugestivo para la mayoría de españoles. Así es como se ha llegado a una situación insólita.

A los 25 años de promulgada la Constitución se ha reabierto el proceso constituyente en condiciones de alto riesgo, sin descartar la disolución del Estado español y la no inconcebible desaparición de la nación que debería defender. El contraste entre los éxitos conseguidos en 25 años y el riesgo actual es aún mayor si se piensa que España no es precisamente una nación reciente. En su definición actual, es de las primeras de Europa. Una de las primeras constituciones liberales europeas es la nuestra de 1812, que fundó la nación española moderna, con ciudadanos titulares de derechos y deberes.

Desde muchos siglos antes, los españoles habían ido definiendo su identidad colectiva en un esfuerzo asombroso de continuidad y recreación perpetua. Bajo los visigodos, crearon una primera unidad política y religiosa. Se empeñaron, y consiguieron, resistir al Islam y permanecieron fieles al Occidente latino y cristiano. Los españoles somos la única nación que optó conscientemente por ser occidental. Evangelizaron y llevaron sus instituciones y su idioma a medio mundo. Crearon una entera visión del universo con su imaginación y una inventiva inagotable.

Y cuando las energías de los españoles no pudieron volcarse fuera, se concentraron en la defensa y la creación del Estado liberal. ¿Se puede perder todo esto en unos cuantos años? Sí. Hay ejemplos de destrucción de naciones e imperios por incompetencia de los gobernantes, deficientes diseños institucionales e indiferencia de los nacionales. La actual crisis española es contemporánea, además, de una crisis general de valores que afecta a toda Europa y constituye los últimos coletazos de la revolución cultural de los años sesenta y setenta.

En muy buena medida, todo dependerá de la voluntad de los españoles, de su orgullo y de su movilización. También de la determinación y la capacidad de las elites para dar forma a estos sentimientos. A pesar del ambiente de dejación e irresponsabilidad ahora reinante, creo que hay razones para pensar que después de una historia tan larga y tan gloriosa saldremos de este mal paso.

Incertidumbres
Diego Ortega Martínez/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 26 Mayo 2005

El Pacto por las Libertades, en el que se acordó un endurecimiento de las medidas antiterroristas, dio como como resultado el arrinconamiento de la banda criminal hasta dejarla en la peor situación en sus 46 macabros años de historia. Sorprendentemente estos buenos resultados han llevado al Gobierno a un cambio radical en la política antiterrorista, abandonando ese Pacto y siendo recibido por los nacionalistas con el inquietante 'bienvenido al club' del portavoz de ERC. Incomprensiblemente ahora se achaca el declive de la actividad terrorista, no a los efectos de la lucha antiterrorista, sino a una supuesta 'buena voluntad' de la banda que ha decidido 'matar menos', y eso 'merece', según el Gobierno, algunas contrapartidas... Pero no sólo ha renunciado el Gobierno a derrotar a ETA y pactar una 'solución', sino también a la defensa de la Constitución. Y todo indica que ambas renuncias tienen relación. Comenzó el Gobierno pactando con los nacionalismos más radicales. Siguió poniendo en duda el concepto de 'nación española' y dejando el camino libre a los nacionalistas. Esto anuncia una pronta cesión de la soberanía que establece la Constitución. Pero, además, esta cesión será desigual, 'asimétrica' le llaman, en beneficio de las comunidades mas ricas.

Ignoro la finalidad que persigue el Gobierno, pero esta incertidumbre me abruma. Por eso le ruego al señor Zapatero que conteste a las siguientes preguntas: ¿Qué alcance tendrán las reformas constitucionales y estatutarias? ¿Va a mantener los principios de 'soberanía nacional', 'igualdad' de los españoles y del 'régimen impositivo proporcional a la riqueza'? ¿Pretende un cambio 'revolucionario de facto' de la estructura del Estado? ¿Y qué modelo propone? ¿Los símbolos del Estado serán sustituidos por los de las comunidades? ¿El pacto que quiere hacer, o ha hecho, con ETA, va a garantizar la libertad de los ciudadanos vascos y la dignidad de las víctimas? ¿Cree que los ciudadanos y asociaciones que siguen defendiendo la democracia, la Constitución y la libertad, aún a riesgo de su vida, deben seguir haciéndolo? Señor Zapatero, contésteme. Quiero la verdad.

MIENTRAS COMPARAN A PASQUAL MARAGALL CON REAGAN
Duras críticas en la revista de Guerra a quienes dan "oxígeno" a ETA con falsas expectativas de paz
La revista Temas, cuyo Consejo de Redacción preside Alfonso Guerra, dedica su último número a analizar la propuesta financiación de Pasqual Maragall. El director José Félix Tezanos aboga por la solidaridad interterritorial y dice que "es lo que debería esperarse de quienes concurren a unas elecciones detrás de unas siglas –no sé si con más o menos desgana vergonzante". Roberto Dolado, ex asesor de Felipe González, comparte la misma postura y, en lo que se refiere a la política antiterrorista, critica que se generen expectativas de paz que "sirvan para oxigenar" a ETA.
Libertad Digital 26 Mayo 2005

El ex "fontanero" de Moncloa en la etapa de Felipe González de presidente y Alfonso Guerra de vicepresidente del Gobierno, Roberto Dorado, considera que "si no hay garantías de que esta vez va en serio el abandono de las armas más vale no levantar expectativas que sólo sirvan para oxigenar el conglomerado terrorista".

"A cualquier dirigente político democrático le seduce la idea de protagonizar el fin de ETA, pero ojo con las trampas y las dilaciones sin fin (véase el caso del IRA)", añade Dorado en un artículo del número de junio de la revista Temas, recogido por Europa Press. Tras señalar que hay que esperar "a ver si es verdad que es posible que cese definitivamente y para siempre la violencia", señalando que hay dos experiencias de negociaciones frustradas con ETA (en Argel con PSOE y en Suiza con el PP), Dorado señala que la "necesaria prudencia no debe llevar al PP a intentar abortar de antemano la posibilidad, si existe", del fin de ETA.

Por otro lado, Roberto Dorado advierte a Maragall que no va a prosperar ni el unilateralismo ni el bilateralismo fiscal, "ni la inmensa mayoría del PSOE va a aceptar el desmantelamiento del Estado, que es la única garantía de un cierto equilibrio interterritorial y de una redistribución solidaria y justa, como parece entenderse de las reuniones internas que ha habido en ese partido".

En el mismo ejemplar de la revista, José Félix Tezanos, director de la publicación (cuyo Consejo de Redacción preside Alfonso Guerra), escribe otro artículo, en este caso para criticar las balanzas fiscales solicitadas entre otros por el PSC para mejorar la financiación de su territorio. Concretamente, Tezanos considera incomprensible que desde posiciones "aparentemente de izquierdas se sostenga que el crecimiento requiere menos solidaridad fiscal, sin tener en cuenta que la solidaridad y la redistribución generan también crecimiento, como demostraron las políticas keynesianas rigurosas y las buenas prácticas de los gobiernos socialdemócratas".

"Esto último es lo que debería esperarse de quienes concurren a unas elecciones detrás de unas siglas –no sé si con más o menos desgana vergonzante– como las del partido que fundara Pablo Iglesias. En cambio, el enfoque cicatero y pro-recortador de las balanzas fiscales y las mermas en los flujos de solidaridad más bien recuerda los argumentos de Ronald Reagan cuando sostenía que, para crecer más, el Estado debía dejar de pagar a los vagos", sentencia Tezanos.

ETA hace estallar una furgoneta con veinte kilos de explosivo en un barrio de Madrid
La explosión causó heridas leves a 52 personas, pese a que tras el aviso a 'Gara' la Policía acordonó la zona La banda irrumpe en la capital en plena polémica sobre la negociación
MELCHOR SÁIZ-PARDO/COLPISA. MADRID El Correo 26 Mayo 2005

ETA hizo estallar ayer una furgoneta bomba en San Blas, un barrio situado al noreste de Madrid lleno de oficinas y talleres, en pleno auge de la polémica por la decisión del Gobierno de abrir un proceso de diálogo con la banda si deja las armas y de crecientes rumores de tregua. Aunque los terroristas avisaron con 45 minutos de antelación y la Policía pudo acordonar la zona tras localizar el vehículo sospechoso, la tremenda explosión provocó heridas leves a al menos 52 personas.

La organización terrorista no atentaba en Madrid desde el pasado 9 de febrero. Para su segunda acción criminal en la capital en lo que va de año, ETA escogió el día en el que el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, comparecía en la Audiencia Nacional acusado de pertenecer a la dirección de la banda. El ataque se produjo, además, cuando la brecha abierta entre PSOE y PP en materia antiterrorista parecía ya definitiva. Pese a las especulaciones sobre un alto el fuego, el de ayer es el tercer atentado etarra en algo menos de dos semanas, tras las cuatro bombas colocadas en otras tantas empresas guipuzcoanas el 15 de mayo y los dos artefactos que la banda abandonó en Zarautz el pasado fin de semana, todos ellos sin víctimas.

Sendas llamadas a las 8:45 horas de la mañana al diario 'Gara' y a 'Radio Euskadi', realizadas por un mismo comunicante que dijo hablar en nombre de ETA, alertaron de la colocación de la bomba. El terrorista, que identificó sólo el modelo de la furgoneta (una Renault 'Express' matrícula AV-1702-G), desveló que el vehículo había sido aparcado en la calle Rufino González y que iba a estallar a las 9.30 horas. Los responsables de ambos medios llamaron a la Ertzaintza, que a su vez alertó a la Policía Nacional.

De inmediato, varios coches patrulla se desplazaron a la zona. Los primeros agentes no tardaron en comprobar que la amenaza era cierta. En la esquina de la calle Rufino González con la calle Alcalá número 506 estaba aparcada la furgoneta y sobre el asiento de atrás era visible una mochila de medianas dimensiones. Dado el escaso margen de tiempo antes de la explosión, los 'tedax' ni siquiera intentaron neutralizar al artefacto.

A las 9.10 horas, las fuerzas de Seguridad comenzaron a acordonar la zona y, sobre todo, a alejar de la calle a las decenas de personas que salían de la cercana boca de metro de Suanzes. Sin embargo, los responsables policiales decidieron minutos antes de la explosión parar el desalojo de los inmuebles adyacentes ante la amenaza de que la furgoneta estallase durante la operación. Dos centenares de trabajadores del 'Edificio Aragón' -que alberga dos concesionarios de coches de 'Opel' y 'Land Rover' y oficinas de las empresas Bouncopy, Citybank y Unisono Soluciones- quedaron así recluidos en las dos plantas superiores del inmueble a la espera de la explosión de la furgoneta, que estaba aparcada junto a la fachada lateral izquierda.

Tal como había avisado el comunicante anónimo, a las 9.30 horas en punto estalló la mochila bomba cargada con unos 20 kilos de cloratita o amonal. La deflagración, que redujo la furgoneta a un amasijo de hierros de un metro de altura, lanzó a más de cien metros de distancia algunas de las piezas del vehículo. La onda expansiva, que provocó daños en los cristales de una veintena de inmuebles, hizo saltar por los aires buena parte de los recubrimientos metálicos exteriores del 'Edificio Aragón'. La bola de fuego que originó la explosión llegó hasta la segunda planta del inmueble y prácticamente calcinó una de sus fachadas.

Coches carbonizados
Veinte coches aparcados en las cercanías resultaron afectados por el estallido, ocho de ellos carbonizados. La onda expansiva llegó incluso a quebrar varios árboles de la calle Alcalá y destrozó una cercana marquesina del autobús urbano. La negra columna de humo posterior a la explosión se pudo ver desde kilómetros de distancia durante casi media hora.

De inmediato, los sanitarios del SAMUR montaron un hospital de campaña en la zona para atender a los heridos. Cuarenta médicos asistieron durante la mañana a 52 personas, la mayoría trabajadores de las empresas cercanas y policías con pequeños cortes, contusiones, dolores en los oídos y ataques de ansiedad. Según informaron fuentes municipales, sólo cinco personas sufrieron heridas de cierta entidad, leves en todo caso, pero que aconsejaron su traslado a centros sanitarios próximos. El peor parado fue el vigilante jurado del concesionario 'Opel-Roauto', un varón de 42 años que fue trasladado de urgencia al Hospital Doce de Octubre con cortes de cristales en la cabeza, además de lesiones en cara, manos y tímpanos. Otro trabajador del 'Edificio Aragón' resultó con una fuerte contusión en el tórax; un bombero sufrió diversos cortes profundos, y otras dos personas fueron asistidas en los hospitales con lesiones en los tobillos y heridas de menor consideración.

Además del juez de guardia en la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, y el delegado del Gobierno en Madrid, Constantino Méndez, hasta el lugar de los hechos se desplazaron varias decenas de agentes de la Policía Científica, artificieros, servicios de Información, antidisturbios y seguridad ciudadana. Sólo el Ayuntamiento de Madrid envió a más de 250 funcionarios, entre policías municipales, bomberos, agentes de movilidad, efectivos del Samur y empleados del servicio de limpieza, que recogieron más de 4.000 kilos de escombros y residuos.

Durante casi tres horas, las Fuerzas de Seguridad mantuvieron aislada la zona con un cordón de más de 500 metros ante el temor de que los terroristas hubieran abandonado un segundo coche bomba y el transporte público en la calle Alcalá, una de las principales arterias de la capital, se vio interrumpido durante toda la mañana.

Pío Moa avisa sobre el «radicalismo» en la universidad tras sufrir un intento de agresión
Un grupo de alborotadores de izquierdas intentó boicotear una conferencia del historiador en la Carlos III
Madrid ABC  26 Mayo 2005

El historiador Pío Moa alertó ayer sobre el surgimiento en el mundo universitario «de un ambiente de permisividad con la violencia como el que existe en el País Vasco» y denunció que «el radicalismo se está extendiendo por el apoyo de rectores como Tugores o Peces Barba», rectores de la Universidad de Barcelona y la Carlos III, respectivamente.

Moa respondía ayer al intento de agresión que sufrió el pasado martes por parte de una veintena de radicales de extrema izquierda, que irrumpieron en el Aula Magna de la Universidad Carlos III donde ofrecía una conferencia sobre la República.

Según el historiador, unos 20 jóvenes que enarbolaban banderas tricolor irrumpieron en el Aula Magna y llegaron hasta el estrado donde conferenciaba Moa. Antes de comenzar el acto, el aula magna tenía carteles con insignias anarquistas y otros en los que se leía el lema «caña a España». Los agresores han sido indentificados, a través de un vídeo, como estudiantes de Derecho de esta Universidad.

De acuerdo con el relato del historiador, «parecía que iban a agredirme y hubo unos momentos de mucha tensión». Fue la rápida respuesta del público –unas 200 personas– y la actuación de dos agentes de seguridad las que lo impidieron, aunque algunos continuaron boicoteando el acto con sus gritos.

Cuando los más violentos fueron desalojados del aula magna, Moa comentó que «es una pena que no se queden, porque tras mi exposición hay un turno de preguntas en que podían haberme preguntado lo que quisieran», palabras que merecieron el aplauso del público asistente.

Precisamente, el historiador destacó ayer la creciente respuesta ante la actitud de los radicales.

Basta Ya y COVITE también apoyan la manifestación de la AVT en Madrid
M. L. G. F. / J.B. ABC  26 Mayo 2005

BILBAO/ MADRID. La organización ciudadana Basta Ya, a la que pertenece Fernando Savater, decidió ayer apoyar la manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en contra de la negociación con ETA, el próximo 4 de junio en Madrid. Este colectivo deplora la ruptura del consenso democrático y pide a PSOE y PP que vuelvan al espíritu del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. En un comunicado hecho público ayer, Basta Ya entiende que las víctimas están legitimadas a exteriorizar su malestar, aunque matiza que «cualquier gobierno tiene derecho a hablar con terroristas que quieran abandonar la violencia, siempre y cuando no se hagan cesiones».

Otra de las plataformas cívicas, la Fundación para la Libertad, cuyo secretario general es Nicolás Redondo, tenía previsto hacer pública ayer una nota, en la que no iba a realizar un llamamiento expreso a participar en la marcha, pero sí a apoyar las razones de la convocatoria. Sin embargo, aplazaron su pronunciamiento a hoy.

El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) también recordó ayer que acudirán a la marcha. Sus representantes indicaron a ABC que decidieron apoyar la iniciativa el 18 de mayo, información que no se publicó en días anteriores, porque para ellos «resulta humillante que se frivolice con las posibles excarcelaciones de los asesinos de nuestros familiares».

En otro ámbito, el arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, volvió a terciar en la polémica sobre una posible negociación con ETA en su homilía durante una misa dedicada a la Asociación de Víctimas del Terrorismo de la Comunidad Valenciana, señalando que «nadie que tenga hoy responsabilidades políticas o sociales puede tener decencia y credibilidad si no demuestra en sus palabras, obras y voto un claro compromiso para erradicar el terrorismo, desde el Estado de Derecho, desde la primacía del bien común».
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