AGLI

Recortes de Prensa     Martes 31 Mayo 2005
EL CÍRCULO VICIOSO
Discurso de Arcadi Espada en la entrega del XIº Tolerancia 31 Mayo 2005

Con treguas o sin treguas, no a la negociación con ETA
EDITORIAL Libertad Digital 31 Mayo 2005

Ahora celebran el No los que pidieron el Sí
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 31 Mayo 2005

Un manifiesto oportuno
M. MARTÍN FERRAND ABC 31 Mayo 2005

El cinismo castigado
José Vilas Nogueira Libertad Digital 31 Mayo 2005

No nos engañemos
Fernando Díaz Villanueva Libertad Digital 31 Mayo 2005

El mito de la resistencia
EDURNE URIARTE ABC  31 Mayo 2005

El nombre de las cosas
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 31 Mayo 2005

La maté porque era mía
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 31 Mayo 2005

Por un nuevo partido político
Pablo Sebastián Estrella Digital  31 Mayo 2005

Para acabar con ETA
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 31 Mayo 2005

En las manos de ETA
Javier Orrico Especial para Periodista Digital 31 Mayo 2005

¿Espanya.ct No, gracias
ESTEBAN GONZÁLEZ PONS ABC 31 Mayo 2005

Molinos en el Ampurdán
Daniel Martín Estrella Digital  31 Mayo 2005

Un pueblo enfermo
Cartas al Director El Correo 31 Mayo 2005

El PP convoca a todos sus afiliados a la manifestación de la AVT
ABC  31 Mayo 2005

Las revelaciones del confidente Cartagena desmienten lo declarado por Rayón en la comisión del 11-M
Libertad Digital 31 Mayo 2005

Los ex mujahidines que viven en España son terroristas en potencia, advierte la Policía
ALFONSO TORICES COLPISA El Correo 31 Mayo 2005
 

EL CÍRCULO VICIOSO
Discurso de Arcadi Espada en la entrega del XIº Tolerancia 31 Mayo 2005
http://arcadi.espasa.com/archivo/vivio.htm

Toma un círculo, acarícialo,
y se convertirá en un círculo vicioso.
Ionesco. La cantante calva

Queridos amigos, buenas noches, y gracias a todos por haber dispuesto de este sábado de modo tan cariñoso.

Mis primeras palabras serán de gratitud. Pero no, como dicta la costumbre retórica, para pasar de inmediato a otra cosa. El agradecimiento es el tema central de lo que diré esta tarde. Un agradecimiento que, por lo que respecta a los miembros de la Asociación por la Tolerancia es antiguo y rebasa, con mucho, el alcance de este premio y su anécdota personal, por otra parte entrañable y emocionante.

La razón fundamental de mi gratitud es que la Asociación por la Tolerancia ha sido la única oposición real y visible al establishment nacionalista en Cataluña; la única disidencia argumentada, la única acción práctica, eficaz y sostenida.

Esto es verdad desde hace mucho tiempo. Pero es mucho más verdad, si cabe, desde que hace algo más de un año los nacionalistas de izquierda empezaron a gobernar en Cataluña.

A mi juicio éste ha sido el momento político más importante que se ha vivido en Cataluña desde el inicio de la transición. Una triste importancia, desde luego. Porque la gestión gubernamental de la izquierda ha cerrado definitivamente el círculo de las alternancias políticas.

Digo círculo de una manera deliberada, porque el círculo es la privilegiada figura geométrica de Cataluña. A diferencia de otros lugares donde las opciones políticas y culturales se instalan en un segmento, con su inexorable centro y con sus inexorables extremos, en Cataluña toda la diversidad se concentra en el área —plana, por supuesto— de una circunferencia. Lo más decisivo no es el lugar que se ocupe en el círculo, sino el formar parte de él. Todo círculo, además, es por naturaleza un círculo vicioso, es decir esa retórica que se comete cuando dos cosas se explican una por otra recíprocamente y ambas quedan sin explicación. Todos los partidos políticos catalanes se explican recíprocamente y toda su práctica queda, en consecuencia, sin mayor explicación. El círculo vicioso.

El año de gobierno de los nacionalistas de izquierdas prueba que el nacionalismo se ha convertido en la premisa inexorable para hacer política en Cataluña. Hasta hace algo más de un año la posibilidad de que el Partido Socialista corrigiera alguno de los aspectos más escandalosos del gobierno de Convergència no podía desecharse. Es cierto que el sesgo dominante de sus veinte años de oposición no permitían concebir grandes esperanzas. Pero algunos candorosos, entre los que me cuento sin mayor esfuerzo, pensábamos que el talante nacionalista de esa oposición era algo así como un gesto conciliador o como una estrategia para recabar apoyos lejanos. Y que una vez en el poder, forzosamente las cosas irían por otro lado.

¡Candorosos maquiavélicos!: lo que jamás podríamos haber imaginado es que el grado de nacionalismo de la política gubernamental fuera muy superior al de la política de oposición. Y que, en realidad, el señuelo había sido el antinacionalismo, los instantes fugaces de racionalidad democrática que el socialismo y la izquierda nos ofrecían en su práctica opositora. Y a los que nos agarrábamos como a un clavo ardiendo. Los clavos —de Cristo—, con los que jurando por ellos fuimos algunos a votarles.

Hay mucho donde escoger en la gestión de los nacionalistas de izquierdas. En realidad lo difícil es la selección.

Si clicamos la palabra España las opciones son múltiples. Pueden elegirse los límites a la solidaridad del consejero Castells o el boicot de Carod Rovira a la candidatura olímpica de Madrid, entre otros ejemplos.

El clic sobre Corrupción da una larga serie de resultados que empiezan en el ofrecimiento de Maragall a Mas (paz a cambio de territorios, o sea Estatut al 3 por ciento) y acaban en las conclusiones de la comisión del Carmelo.

El clic sobre Política Lingüística abre también un mundo de perspectivas insospechadas: el presidente Maragall, por ejemplo, descubriendo que la lengua (catalana, por supuesto) es el Adn de Cataluña, una curiosa formulación poshmoderna donde se alían el etnicismo y el idealismo lingüístico. O las últimas exigencias sobre el nivel C. O las feas, feísimas oficinas de denuncia lingüísticas. No sería justo que las ventanas abiertas con el clic Economía fuesen atribuidas a la gestión de la izquierda.

Un año y medio es muy poco tiempo para enderezar una decadencia que presenta datos tan diversos e irrevocables como la pérdida de atractivo inversor para las empresas extranjeras o la sorprendentemente lenta incorporación de Cataluña —por debajo de varias regiones españolas en el porcentaje de conexiones a internet— a la sociedad informática.

Sin embargo, y más allá de que no pueda culpársele de una decadencia que se arrastra desde hace años, la gestión del tripartito no ofrece signos esperanzadores. Las palabras de Carod llamando a boicotear la candidatura madrileña a los Juegos Olímpicos provocaron un tácito boicot al consumo de cava catalán, durante la pasada Navidad. Hace pocos días los empresarios del sector hicieron público que el consumo no se ha recuperado y que está lejos de los niveles habituales. No hay duda de que en una economía como la catalana tan dependiente del mercado español estas afrentas a la solidaridad se acaban pagando. Y no será la única: también en el sector turístico se prevén defecciones.

El gobierno tripartito no parece entender que la solidaridad es un buen negocio. Y que en una economía como la española los factores sentimentales juegan un papel decisivo. Sin embargo, lo más preocupante ha sido el carácter de la reacción del tripartito ante la evidente decadencia económica. Ha dicho: necesitamos más dinero, nuestra financiación es insuficiente... Que es exactamente lo que decía el gobierno Pujol, provocando que la oposición de izquierda les respondiese: “No se quejen tanto y gestionen mejor sus recursos”.

Visto y examinado este año y medio qué duda cabe que la disidencia civil es más necesaria que nunca. O sea que tenemos que seguir agradeciendo día a día a la Asociación por la Tolerancia el mero hecho de existir, de organizar actos, de convocar premios u otras acciones cualquiera. Aunque siga haciéndolo con el desprecio del establishment o lo que es peor con su conmiseración perdonavidas. De haberlo hecho, y de hacerlo todavía, en la incómoda soledad. A esta soledad me quiero referir ahora de un modo especial.

Una de las razones fundamentales de la ficción en que se desarrolla la actividad política y cultural catalana ha sido, sin duda, la actitud de los intelectuales. En Cataluña, a diferencia de lo que ha sucedido en el País Vasco (donde las circunstancias han sido dramáticas), la mayoría de los intelectuales ha legitimado y apuntalado el nacionalismo. Hablo en general, como resulta evidente, y con las excepciones que cada uno de ustedes tiene en la cabeza. El asunto es formidable y complejo y les confieso que me tienta estudiarlo a lo largo y a lo hondo. En cualquier caso, la investigación debería partir de una pregunta fundamental: ¿cómo han sido posibles tantas mentiras?

Ya digo que el asunto es complejo y merece atención. Pero no me resisto a enunciarlo y dejarlo ahí, sin ofrecer al menos una prueba empírica. Categórica más que anecdótica. Que demuestra que al asunto viene de lejos y tiene un ilustre pedigrí. Hace semanas, buscando documentación para un querido amigo, di con un artículo de Carlos Barral. Todo el mundo recordará quién fue Carlos Barral. El editor emblemático de la Cataluña franquista, poeta y escritor en lengua castellana, y senador elegido en las listas del partido socialista. Miembro destacado, claro está, de una generación inolvidable: Gil de Biedma, Ferrater, los Goytisolo. Un hombre respetable y no carente de atractivo.

El artículo, lleva firma del 15 de julio de 1981, y se adhiere a la retórica de una carta al director. El artículo se publicó seis meses después de que Federico Jiménez Losantos, Carlos Sahagún, J.L Reinoso y Santiago Trancón, ese grupo de “intelectuales y metalúrgicos” como con el habitual e inimitable gracejo de la Bonanova lo llama Barral, que el 25 de enero de 1981 dieron a conocer el llamado Manifiesto de los 2.300. Ni que decir tiene que ese manifiesto le parecía a Barral irritante y despreciable. No es el momento de confrontar su opinión con la de los redactores de aquel texto ni de reproducir las condiciones sociales y políticas en que se generó aquel debate, en cualquier caso trascendental y pionero. Sólo me ocuparé de las mentiras. De las mentiras que a mí me afectan. De las que en cierta forma son mis mentiras.

“Es evidente (y aquí comienza la cita) que el catalán es la lengua natural de Cataluña por causa de su implantación milenaria y de su uso continuado y general por parte de los habitantes del mismo territorio a lo largo de siglos, once por lo menos, de los que solamente los cinco últimos comportan un régimen de coexistencia con la lengua castellana, hablada por sucesivas castas detentadoras del poder económico o político e intermitentemente por olas de funcionarios de nación extraña, en situación de tránsito.” (Fin de la cita).

Bastaría con ir repitiendo suavemente, mera glosa, algunas expresiones: lengua natural, once por lo menos (sobre todo el por lo menos), nación extraña. Pero la peor mentira afectaba, claro está, a los hablantes del castellano, reducidos por Barral a “castas detentadoras del poder económico”, así como “olas de funcionarios de nación extraña”. El poeta no había visto los cerca de tres millones de inmigrantes, (no lo niego: algún funcionario habría y algún detentador también) que se habían instalado en Cataluña durante el franquismo. No los veía, primero, porque estaba incapacitado, por razones muy diversas para verlos, y porque, desde luego, su punto de vista le prohibía verlos. Introducir esas personas significaba violentar conceptos como lengua natural y nación extraña. Significaba meditar, de un modo inevitablemente complicado e incierto, sobre la extraña situación de unas gentes que eran en todo más pobres que aquellos que los acogían, pero cuya lengua era más poderosa. Y significaba, sobre todo, pensar en que la aportación de esas gentes a la construcción física, material de Cataluña había implicado, obligatoriamente, la construcción de un entramado sentimental, de un vaivén de afectos entre Cataluña y el resto de España mucho más sólido de lo que había sido hasta entonces. En ese entramado estaba, desde luego, la lengua. La lengua española. No era el fruto de la violencia o de la explotación: sólo del trabajo.

Pero Barral seguía. Así: “Negar la prioridad del catalán en Cataluña es majadería equivalente a negar a la comunidad catalana el título de nación por temor a los excesos de la reivindicación política. Si no es nación una comunidad políticamente independiente y culturalmente singular desde el siglo VIII, con pasado expansionista y colonial, lengua propia afianzada en una literatura de resonancia universal, derecho privado diferente y voluntad ininterrumpida de sobrevivir como nación, que nos cuenten qué entendían por tal los reinventores de ese concepto en el romanticismo revolucionario y republicano.”
Les ahorro todas las mentiras que se desvelarían otra vez con el eco. El poeta acaba su excurso mítico con la alusión al concepto republicano de la nación. Pero le falta algo, naturalmente. En realidad le falta todo lo que no es meramente romántico. Le falta la alusión a ese conocido pacto ciudadano, renovable cada día, que según el mejor Renan es el fundamento de la nación. Si llegó a percibirlo, es evidente que no le convenía registrarlo. Otra vez el mito se estrellaba aquí con los hechos. En 1981. Y también veinticinco años (de adoctrinamiento) después.

Una encuesta de hace pocos meses, publicada por La Vanguardia, revelaba que sólo un 28 por ciento de catalanes cree que Catalunya es una nación. “Si no es nación una comunidad al 28 por ciento...” podría haber abierto su párrafo el simpático capitán Tan de nuestra juventud poética.

En los últimos párrafos del artículo Barral se defendía de una acusación de los firmantes. Le habían llamado “demócrata a la catalana.” Le parecía chiste poco gracioso. Después de decir que siempre había sido un antifascista y un antifranquista, continuaba: Cita: “Mi catalanidad, incluso étnica, está acreditada por la onomástica y los siglos.” Fin de la cita. Étnica. Onomástica. Siglos. El recurso al fondo del tiempo no era casual. Ni mucho menos. Barral, y tantos de los suyos (la verdad es que he conocido a muchos, siempre en cumplimiento de los estrictos deberes profesionales) necesitaban saltarse a los padres. Incluso a los abuelos. Suponían una molesta mala conciencia. Su mitológica profesión de fe catalanista no ha sido más que un intento de hacerse perdonar a los parientes más próximos. Una forma de irresponsabilización privada. En el otro extremo, aquellos versos aparentemente tan hermosos de Juaristi

¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes,
y por qué hemos matado tan estúpidamente?
Nuestros padres mintieron: eso es todo.

Hermosos versos, pero igualmente liberadores de la responsabilidad individual. “Nuestros padres mintieron”, podrían proferir nuestros burgueses catalanistas. De hecho, y en Barral salta a la vista, los padres habían sido los responsables de la pérdida de la lengua milenaria, que es lo mismo que la identidad. Los padres habían sido los responsables de una lengua poética que llevaba el estigma de la opresión. Es probable que alguno se creyera toda esa autopatraña hasta el fondo. Pero en otros era un mera estrategia de cálculo. En 1981 los padres iban de baja. Habían cumplido su deber dándoles colegios, viajes, idiomas, la primera peseta y un piso de alquiler. Todo eso conseguido gracias a la suma de traiciones. De la nación. De la onomástica. Y de los siglos. Los padres iban de baja y ya no iban a reclamar. Lo indicado era prepararse para el futuro, disponiendo de un buen pasado étnico y de una exquisita autopunición lingüística.

El artículo de Barral no es una anécdota. Leímos muchos como ese. Los creímos. No diré que nos mintieron, quejumbroso y llorica. Nos mintieron, desde luego. Pero lo relevante, al menos para mí, es que los creímos. El porqué los creímos. El porqué cedimos a su doble autoridad literaria y burguesa. Es relevante, pero es otro tema. Mucho más privado.
Lo interesante, esta noche, es subrayar la traición de los intelectuales catalanes representada en este artículo de Barral. No se trata, desde luego, de una traición a los débiles. Nada que presuponga el paternalista, cuando no dogmático, cuando no letal abrazo con las masas del intelectual definitivamente periclitado. El único compromiso, y por lo tanto la única traición posible del intelectual es la realidad. Es bien cierto que, dado este peligro ontológico, y dada la alternativa de demolerse ellos o demoler lo real, muchos de los intelectuales del siglo optaron y optan por la demolición de lo real y la imposibilidad, consecuente, de conocimiento, y por lo tanto, de cualquier fundamento ético. Pero entre los nuestros eso sólo se produciría después: es decir cuando el armazón sustitutorio de las mentiras se dio por bien consolidado. Sólo entonces se permitirían ser un poco chics.

Durante todos estos años, y recordando una vez más las excepciones, y recordando que entre ellas están miembros del jurado que ha decidido este premio, la disidencia intelectual en Cataluña ha sido prácticamente nula. O chic. O riallera. Su actitud ha contribuido notablemente al bloqueo político, cultural y moral de Cataluña. Y ha perjudicado notablemente a iniciativas como la de la Asociación por la Tolerancia, que ha visto limitado su prestigio a causa de la actitud beligerante, o en el mejor de los casos, pasiva, de la mayoría de intelectuales catalanes.

Los intelectuales son algo así como los tedax, los artificieros de las ideas. Se entiende por fascismo una situación dada donde los intelectuales en vez de desactivar las ideas las hacen explotar. El último ejemplo en Europa fue el balcánico. Y se entiende que una democracia pierde su calidad cuando los intelectuales observan la exhibición de determinadas ideas sin ponerse rápidamente manos a la obra. Sea la idea el nacionalismo dominante o sea la correlativa acusación de anticatalanes que se han vertido y se vierten contra la Tolerancia y amigos.

Especialmente importante ha sido también la actitud del intelectual catalán realmente existente para consolidar el cinturón higiénico, la zona de seguridad que el establishment mediático ha mantenido en torno a las actividades de la Asociación y en torno a sus ideas. El intelectual de nuestro tiempo es básicamente un intelectual periodístico y su papel, y su fortaleza moral, son claves en el funcionamiento de la lógica informativa.
Los intelectuales catalanes no han ejercido su rol social con dignidad ni siquiera cuando los derechos más elementales se han visto acosados. Lamento tener que decir que también en esto la tradición, ¡los siglos, la onomástica!, les ampara. Al fin y al cabo ésta era la alusión, cargada de desprecio, que el poeta Barral dirigía a uno de los firmantes del manifiesto, vilmente tiroteado en la pierna por unos terroristas: “Para terminar, diré, que, con ocasión del atentado terrorista en el que resultó levemente herido Jiménez Losantos, declaré en Diario 16 mi solidaridad con el agredido por el hecho de haberlo sido, pero salvando mi discrepancia, con lo que me considero cumplido en el futuro, si hubiera lugar, que es de desear que no, para nuevas obligaciones de cortesía.”

Qué ha de extrañar, pues, que esta pedagogía inspire a todos aquellos que no han movido un dedo cada vez que el profesor Francisco Caja ha sido agredido –y lo ha sido más de una vez, la última hace pocos días— o que se encogieron de hombros cuando Fernando Savater, ¡para hablar de Giordano Bruno en la Universidad de Barcelona, hubo de pagar un indigno peaje de golpes y de insultos. O cuando Juaristi. O cuando Gotzone Mora. Hay donde elegir.

Uno de esos émulos del desprecio, barbado talibán que opera en la prensa periódica con algunas eficaces coartadas morales, describió un día con rara precisión cuál era el problema real de estas agresiones. Lo hizo, naturalmente, en paradójico, sin vislumbrar siquiera lo que en realidad estaba diciendo. Lo que dijo es que había que desdramatizar estas agresiones universitarias, porque, a ver, cuándo uno de nosotros no había interrumpido, de alumno, la clase o los planes de un profesor facha. O bien, ya de profesores, quién de nosotros, dijo, no había sufrido parecido estrago por parte de algún estudiante radical.

Lo que estaba revelando a partir del negativo de esa selección de ejemplos era que hay un tipo de agresiones, las que él evocaba, que se hacían, hablando sumariamente, en contra del poder. Y que había otras, como la del profesor Caja y similares, donde la acción de los agresores encontraba la plena disponibilidad moral del poder: que no las condenaba y que, en algunos casos, no hacía nada por impedirlas.

Sí hay un momento de decadencia y riesgo en la vida de las democracias: es cuando los decretos del poder se musculan con la energía revitalizadora de los escuadrones. Sin advertirlo, es lo que el barbado talibán estaba escribiendo.

Hay un último efecto que quiero anotar sobre la actitud de los intelectuales. Al ocuparse de unas cosas y no de otras, al ignorar unas personas y unos movimientos, al trazar la línea de juego de la reflexión ideológica y política han acabado por diseñar férreamente los límites de lo posible. Me explicaré con un ejemplo de actualidad, basado en las cifras que ya di antes. Aquí donde vivo, en esta jurisdicción intelectual, es perfectamente posible que mientras un 28% de la población declara que Cataluña es un nación el 100 por cien de sus representantes políticos crean, defiendan y establezcan lo contrario.
Eso es perfectamente posible. No hay un sólo artículo en los periódicos que señale la imposibilidad.

Por el contrario si en un momento y lugar aparece un grupo de ciudadanos cansados, fatigados de la ficción colectiva como del sol sobre los ojos, que modestamente, humildemente casi, se plantean y plantean a la sociedad catalana la necesidad de que una nueva fuerza política trate de representar a ese 72 por ciento de catalanes que piensan, simple, constitucionalmente, que Cataluña es una comunidad española...
Eso, ay, entra automáticamente en el terreno de lo no posible, de lo computable, de lo no disponible.

Creo que esa fijación de lo posible, del guión de la época, por parte de nuestros intelectuales ha contribuido a aislar a la disidencia catalana, a organizaciones como la Asociación por la Tolerancia. Y ha impedido que en su actividad cívica y política se haya planteado de manera pertinente y eficaz el problema del poder y la representatividad política. En ningún otro lugar de España hay un déficit de representatividad política como el catalán. Desde luego, no en el País Vasco, donde el terrible fracaso de la violencia no ha impedido que los partidos tradicionales hayan incorporado, aunque en medida variable y desigual, y sujeta, por desgracia, a las cambiantes y dramáticas condiciones de la vida allí, hayan incorporado, digo, a los ciudadanos no nacionalistas.
No hay orfandad política como la catalana.

Pero no quiero seguir hablando de esto. Porque mi intervención ha sido demasiada larga y porque no le toques ya más, que así es la rosa.

Únicamente añadir que la renovación final de mi agradecimiento a la Asociación por la Tolerancia ya no se basa en las muchas y buenas cosas que hayan hecho por los ciudadanos catalanes en el pasado, sino por las muchas y buenas cosas que habrán de hacer, y que no dudo que harán, en el inmediato futuro.
Muchas gracias

Con treguas o sin treguas, no a la negociación con ETA
EDITORIAL Libertad Digital 31 Mayo 2005

La entrevista que José Luis Rodríguez Zapatero ha concedido al canal argentino Telefé pone de manifiesto no sólo la insistente disposición de este gobierno a saltarse el Estado de Derecho con tal de obtener una tregua de ETA, sino la soltura y la tranquilidad con la que su presidente vuelve a recurrir a la manipulación y a la mentira, con tal de maquillar este gravísimo hecho.

Zapatero ha asegurado que “estamos ante una oportunidad como no hemos tenido nunca desde el regreso de la democracia que es el fin del terrorismo”. ¿En qué se basa el presidente para hacer semejante aseveración? ¿En el comunicado de ETA en el que la organización terrorista aseguraba haber pactado en Perpiñán con los socios independentistas del presidente de gobierno “la desestabilización del Estado Español”? ¿O tal vez se fija en las advertencias de un envalentonado Otegi en las que el proetarra insiste en que la “paz” pasa por la “resolución del conflicto vasco”? ¿Será que ZP ve esa histórica posibilidad del fin del terrorismo en los últimos atentados de ETA?

No contento con ver una oportunidad sin base alguna, Zapatero se ha vuelto a poner a “hablar en batasuno”, como ya le reprochó en una lúcida ocasión el principal líder de la oposición. “Es una hoja de ruta complicada que no se puede anticipar, lo más inconveniente es adelantar hipótesis”, ha tenido la desfachatez de contestar el presidente del gobierno al ser preguntado sobre una posible amnistía para los terroristas. Para que luego venga este mentiroso compulsivo a quejarse porque Rajoy le haya censurado su innegable disposición a “traicionar a los muertos”.

Cada vez que ante una pregunta tan sencilla, y al tiempo tan decisiva, como la que le han hecho sobre la aministía, no responda con un incondicional y rotundo “no”, Zapatero no hará otra cosa que traicionar la “dignidad, la memoria y la justicia” de las silenciadas víctimas del terrorismo, como bien se lo van a recordar este sábado en Madrid junto a decenas de miles de españoles.

Es más. Cada vez que este presidente, tan bien acogido en el “club de Perpiñán”, pone en duda el cierto cumplimiento íntegro de las penas, no hace más que acrecentar la incredulidad de los terroristas ante los costes que deberán soportar por sus nuevos atentados criminales, así como elevar la esperanza de que con ellos el Estado esté dispuesto a pagar más por su cese. No es sólo “por ellos”, por las víctimas, sino también “por nosotros”, por lo que nos debemos de oponer de raíz a lo que eufemística y nuevamente se ha llamado “el fin dialogado de la violencia”.

No contento con la utilización de expresiones tan caras al mundo terrorista, como esa otra de la “hoja de ruta”, que equiparan la lucha por la derrota del terrorismo con las mutuas cesiones de unos estados dispuestos a poner fin a un conflicto bélico, ZP habla de la “inconveniencia de adelantar hipótesis”, cuando ha sido él quien ha adelantado, y sometido a votación en el parlamento, su disposición a negociar -él dice “dialogar”- bajo la “hipótesis” de que ETA deje de perpetrar atentados.

Y, desde luego, ZP manipula descaradamente cuando dice que ETA “no puede pedir nada de política, ni cambiar un párrafo de una ley vigente” por que “las leyes las cambia el Parlamento”.

Evidentemente, cualquier precio político que se quiera pagar a ETA lo debería aprobar el Parlamento, pero eso no niega la infame disposición a pagar un precio político por la “paz”. Es más ZP, sin necesidad de “cambiar un solo párrafo”, por ejemplo de la Ley de Partidos, la ha dejado ya neutralizada para permitir que los proetarras puedan seguir disfrutando de representación parlamentaria y de una muy necesitada financiación pública. Otro tanto se podría decir del Pacto por las Libertades, aquel que vetaba cualquier negociación o colaboración política con los firmantes del pacto de Estella.

Vaya por delante, que no es descartable que ETA conceda una tregua, vista la insistencia con la que, desde las nadas sospechosas páginas de El País, el PSOE pone en valor tanto la disposición del gobierno de negociar con los proetarras la reforma del Estatuto de Guernica, como la ya comentada y confesa disposición a “dar salida a los presos”.

La cuestión es que, si por conseguir una nueva tregua de ETA, el gobierno está dispuesto a negociar con la izquierda abertzale, lo que “no tendrá marcha atrás”, no es el cese de la violencia, sino esa reforma política y esa debilitación del poder disuasorio de las penas, que nunca serán corregidas, porque nunca se reconocerá que, con ellas, se pretendía pagar no una tregua sino el cese definitivo de la violencia. Los recolectores nunca han devuelto las nueces tras ver que ETA vuelve a sacudir el árbol. Lo más que desde el Gobierno se dirá es que ETA ha hecho “trampa”, tratando así el gobierno de tapar lo mucho que se ha mentido y se ha pagado para que caigamos de nuevo en ella.

Ahora celebran el No los que pidieron el Sí
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 31 Mayo 2005

Es asombrosa la capacidad de la política para inducir a la amnesia. Ahora resulta que los más felices por el triunfo del No en Francia son los mismos que en España pidieron el triunfo del Sí. Ahora, sólo ahora, sale Mariano Rajoy hablando del fracaso de Zapatero por apostar a una Europa que se ha partido por el Eje Francoalemán. ¿Pero a qué otra Europa apostaron Rajoy y todo el PP, sin una sola discrepancia, hace sólo tres meses? A la única Europa posible, como antaño Cuevas defendía “la única política económica posible”, que casualmente era la de Solchaga. Es cierto que, afortunadamente, el PP ha defendido siempre unos criterios para la construcción y desarrollo de la UE muy distintos a los criterios del PSOE, en el caso de que el PSOE tenga algún criterio. Pero no es menos cierto que cuando llegó la ocasión de darle una patada a ZP en las posaderas burocráticas de Europa, el PP optó por respetar el tafanario zapateril y no sólo fue capaz de tragar y embaularse la mal llamada Constitución Europea, sino también de vendérnosla como la única solución razonable para los terribles problemas de la UE.

¿De qué se alegran ahora en el PP? ¿De que triunfe en Francia lo que no se atrevieron a defender en España? Por lo menos Llamazares y sus secuaces han defendido lo mismo allí y aquí: no a cualquier cosa anterior a 1917 y posterior a la caída del Muro de Berlín. ¿Pero qué defendieron los representantes de la Derecha? Una Europa en la que no creían pero que eran incapaces de combatir. El proyecto liberticida y mostrenco pergeñado por el infame Giscard que no servía más que para alfombrar de retórica un futuro sin futuro. Con un elemento más que agravaba la inmoralidad de la postura del PP: la indefensión en que nos encontramos los que, desde posiciones liberales defendíamos el No, que nos vimos privados de los más elementales derechos civiles para explicar por qué era mala la llamada Constitución, por qué resultaba lesiva para España y por qué nos parecía inviable y ruinosa para Europa. La inmensa mayoría del PP decía en privado y casi en público que le apetecía que saliese lo que en público defendíamos los liberales, el No a ZP, a los polancos y a los morancos, pero a la hora de la verdad, es decir, a la hora de votar, Rajoy se unció a Zapatero, Chirac y Schroeder, el Trío de la Ruina. Eso de dejar que otros hagan lo que nosotros no queremos hacer es la política exterior francesa, un galicismo antiamericano. Pero es también la política interior de Maricomplejines, que sueña con hacer lejos, digamos que en París, lo que se prohíbe cerca, pongamos que en Madrid.

Un manifiesto oportuno
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 31 Mayo 2005

LOS franceses, de tanto mirarse el ombligo, la primera de sus costumbres nacionales, le han puesto freno al proceso de la construcción europea que, en más o en menos, a todos nos servía de consuelo frente a la crisis ideológica que padece el Viejo Continente y ante la escasez que acreditan los líderes en presencia. Es algo que no tiene, de momento, mayor trascendencia y el puzle europeo seguirá armándose -¡qué remedio!- como defensa de unos valores en los que no todos creen, pero sin los que asusta mucho vivir y encararse con la realidad emergente en los restantes cuatro continentes.

El bien que acompaña al pasajero mal de Europa, que estas cosas, como la Guardia Civil, tienden a presentarse en parejas, es, en nuestro caso, el de una mayor atención al patio nacional. Ahí está, como ejemplo vivificante y esperemos que no único, el Manifiesto que han firmado dieciséis intelectuales de Cataluña para, «después de veintitrés años de nacionalismo conservador» y la experiencia de gobierno de un nacionalismo de izquierdas, informarnos de que «nada sustantivo ha cambiado». El manifiesto es notable por su texto, en el que se pide un nuevo partido político en Cataluña que supere la cerrada angustia de los conventillos al uso, y lo es también por sus firmantes: Félix de Azúa, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Carlos Trías, Iván Tubau...

Demuestra la experiencia, en España siempre excesiva en todos los casos de fatiga e incomodo, que estos ejercicios, más próximos al toreo de salón que a la lidia verdadera, no suelen ir más allá de su mero planteamiento; pero ya es algo que, precisamente en Cataluña, donde el nacionalismo satura el aire, dieciséis personas inteligentes invoquen el «restablecimiento de la realidad» para que lo simbólico deje de reemplazar a lo necesario. Frente al esperpento que escenifican los integrantes del tripartito, la serena responsabilidad que expresan los firmantes del Manifiesto ofrece otra cara de Cataluña, en mi opinión, y desde mi experiencia, más ajustada a la realidad social y al sentimiento colectivo. El nacionalismo, por la derecha y por la izquierda, ha sido la gran coartada de la corrupción en Cataluña y, al tiempo, ha empequeñecido su realidad económica.

Los dieciséis firmantes del Manifiesto, que muy simbólicamente lo presentarán el próximo día 7 en la Plaza Real de Barcelona, quieren oponerse «a la destrucción del razonable pacto de la Transición que hace poco más de veinticinco años volvió a situar a España entre los países libres». Es algo hecho desde la contemplación catalana; pero, en virtud de su hermosa sensatez, bueno sería que grupos equivalentes -gentes con biografía y sin tacha- lo reprodujeran en las diecisiete Autonomías del Estado. En unas porque sí, y en las otras por si acaso.

Sobre el no francés a Europa
El cinismo castigado
José Vilas Nogueira Libertad Digital 31 Mayo 2005

Son muchas las cuestiones envueltas en el triunfo del "no" en el referéndum de ratificación de la sedicente Constitución Europea, celebrado en Francia el pasado día 29. Y no son pocas las posiciones políticas discernibles en el conjunto del voto "no" y, aunque en menor medida, en el opuesto conjunto del voto "sí". Alguna de aquellas cuestiones implica particularmente al Gobierno español, que no acierta una, ni por casualidad. El Presidente Zapatero ha exhibido una vez más gestos risibles e insuperable necedad. Pero, confiemos la glosa de las zapateriles andanzas a cómicos y caricatos, pues comentario serio no merecen.

Lo que quiero destacar es la gran cuestión, que subyace a la pluralidad de otras más singulares. evidenciada en el triunfo del no en el referéndum francés. El castigo del cinismo (al menos, por ahora, que ya Pepiño Blanco, con su desenvoltura de cacique aldeano, ha propuesto repetirlo). En efecto, la mayor parte de las elites políticas e intelectuales que nos gobiernan y nos adoctrinan, concordaron tiempo ha en que las instituciones comunitarias arrastran un "déficit democrático". Consiguientemente, inflamadas por la pasión democrática, se han concertado en el propósito de superar la dimensión meramente económica de la Europa comunitaria, la delicadamente llamada "Europa de los mercaderes" o "Europa del dinero". Sólo los liberales, peligrosos elementos de extrema derecha, serían benevolentes con estas torpes e innobles realidades. Ellos, la derecha y el centro progre, los socialistas y los comunistas, por el contrario, de creer sus declaraciones, habrían abrazado ideal franciscano de pobreza. Pero basta frecuentarles algo, o seguir sus andanzas en la prensa, para constatar que tal no es el caso. Si les molestan los dineros son sólo los ajenos; consecuentemente se esfuerzan en apropiárselos.

Junto a la necesidad de transcender la dimensión económica, la unión política vendría urgida por la conveniencia de conjurar posibles conflictos bélicos, pues la historia de nuestro continente no es precisamente un ejemplo de paz. De aquí, el propósito de debilitar, primero, para diluir después, los Estados nacionales. Por un lado, sometiéndolos a instituciones supranacionales comunes; por otro, entregándolos a la presión centrífuga de reformas descentralizadoras. Hay que reconocer que éste es un intento más noble y sensato que el anterior. El problema aquí es cómo conseguirlo.

En pocas palabras, la respuesta ofrecida ha sido construir una Unión (política) Europea de carácter democrático y que incorpore los valores políticos y sociales del "modelo europeo". Respecto de lo último, en realidad, éste es un modo perifrástico de designar a los valores social-demócratas, que por acuerdo, perentorio y unánime, de los progres de derecha, centro e izquierda han sido elevados a rasgos constitutivos de un pretendido "modelo europeo", sin necesidad de ulterior demostración ni análisis. Respecto de lo primero, el problema es que una Unión Europea, como cualquier otra comunidad política, democrática requiere ineludiblemente la existencia de un demos. Y no hay rastro de tal, ni se ha avanzado un milímetro en su constitución desde los comienzos del proceso de unificación europea (otra cosa, benéfica, pero distinta, es que se haya diluido la virulencia de ciertos antagonismos nacionales).

Las pruebas son abrumadoras, y asombra el clamoroso silencio ante esta cuestión de la mayor parte de los políticos e intelectuales europeos, sólo atribuible a cinismo y/o estulticia. Si uno examina las sucesivas y diversas elecciones nacionales para el Parlamento europeo; si uno examina los referenda de ratificación de la sedicente Constitución europea, en aquellos países que han optado por esta vía, se comprueba que, sin excepción, están dominados por problemas y opciones de política nacional. Si uno observa las relaciones entre los Gobiernos de los Estados, verá que casi nunca están presididas por afinidades ideológicas o partidistas. El necio de Zapatero, tan izquierdista en la política nacional, no ha dudado en uncirse al carro de un gobierno de centro-derecha, tan poco ejemplar, además, como el francés. El anterior Presidente, Aznar, "fascista" y encarnación de toda maldad, según nuestros izquierdistas, era, sin embargo, más próximo a Blair, socialista él, y del que sus correligionarios españoles no quieren ni oír hablar, etc., etc. Por otra parte, en el Parlamento europeo, los llamados "partidos europeos" apenas sirven como armazón de los distintos grupos parlamentarios, pero no son verdaderos partidos. Por eso, hay tantos "noes" dentro del "no"; tantos "síes" dentro del "sí" a "Europa". Como no hay demos, tampoco hay instancias articuladoras y agregadoras de las posiciones políticas, entregadas así a un caos, propio de un "estado de naturaleza".

No puede, pues, haber una Unión Europea democrática porque no hay un demos europeo. Y no sólo no lo hay, sino que el siempre precipitado y siempre creciente proceso de ampliación impedirá que se constituya a corto o medio plazo. Si entre países geográfica, histórica y culturalmente más próximos no se ha constituido ese demos común, cómo va a forjarse con países progresivamente más lejanos. El culmen del disparate es el intento de integrar a Turquía, propósito que, habrá que decirlo en año de centenario, mataría del susto a Cervantes, si alguno de los sabios nigromantes familiares de don Quijote lo hubiese vuelto a la vida. La Ministra de Cultura habrá de encargar oportuna revisión, en el contexto de la "alianza de civilizaciones".

Cualesquiera que sean las razones que impulsen el siempre creciente propósito de ampliación de la Unión Europea, son incompatibles con su fundamentación democrática, aunque quizá fuesen factibles en un proceso reducido a la alianza entre Estados. En este sentido, la victoria del "no" en el referéndum francés es un castigo al cinismo de esas elites. Por otra parte, era fácil advertir, aunque casi nadie lo haya hecho, que este proceso insensato ha edificado un gigante con pies de barro. Esperemos que las presentes dificultades, serias pero aun no dramáticas, no se agraven. Si lo hiciesen todo el formidable edificio se vendría abajo y ni aun la denostada "Europa de los mercaderes" resistiría el cataclismo.

José Vilas Nogueira es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela

Constitución Europea
No nos engañemos
Fernando Díaz Villanueva Libertad Digital 31 Mayo 2005

No oculto la alegría que me produjo saber que en Francia había ganado el no. Me complace imaginarme a Zapatero, Moratinos y demás fauna monclovita cociéndose en su propio veneno. El hecho es que ZP no da pie con bola en sus personalísimas apuestas internacionales. Con lo de Bush en noviembre sudó tinta china, y la elección de Joseph Ratzinger como sucesor de Juan Pablo II probablemente le indispuso varios días. Estas cosas pasan cuando un presidente confunde sus intereses y preferencias con los del país que gobierna. En cierto modo el revés estaba cantado. Casi todos los sondeos de opinión arrojaban que el no se iba a imponer gracias al celo de sus partidarios que andaban especialmente motivados con el desafío. En el otro lado, en el del sí, cundía el desencanto. Han apoyado la Constitución los borregos de siempre que hacen lo que dice el del telediario, los escépticos y los que creen aún que Europa es la improductiva piara de burócratas que pastan del presupuesto comunitario.

La rabieta de los mandarines sociatas era, además, perfectamente predecible. Que el politólogo Pepiño Blanco diga que el referéndum hay que repetirlo forma parte del clásico guión izquierdista en el que la democracia sólo vale si refrenda sus postulados. Es la misma estrategia de los nacionalistas de Québec, que han preguntado dos veces a la población si quiere separarse de Canadá y las dos se han ido con un palmo de narices. Inasequible al desaliento, el Partido Quebequés está ya pensando en una tercera convocatoria y así hasta que salga lo que ellos quieren. Y si sale, entonces será definitivo y no tendrá vuelta atrás. Valiéndonos del mismo razonamiento, bien podríamos pedir los euroescépticos que se repitiese el referéndum español porque una mayoría aplastante del electorado se abstuvo o votó en contra del engendro.

La fortuna ha querido que no tengamos que emular a Pepiño para tumbar un proyecto de Constitución intervencionista y aniquilador de ese espíritu de empresa individual que, en tiempos pasados, hizo de Europa el continente más libre y próspero del planeta. No deberíamos, sin embargo, entusiasmarnos demasiado con los resultados del domingo. Porque el no francés tiene su origen en el miedo –cuando no aversión– que muchos franceses tienen a la libertad. Tanto los que han votado desde la izquierda neocomunista como los que lo han hecho desde la derecha nacionalista comparten idéntico odio por el liberalismo y, por ende, por la única Europa posible, la liberal.

Muchos querrán ver en ese 55% de franceses que se han plantado la antesala de la Europa social y de progreso con la que los pelmas de siempre enredan a diario. El no francés, más que reafirmar nuestra tesis la invalida. Casi todos los que votaron no desean, efectivamente, una constitución, pero mucho peor que la de Giscard. Cabe esperar que en breve se lancen a la carga con un protervo ladrillo más soviético y liberticida que el que acaba de pasar a mejor vida. Todo lo más que hemos ganado es algo de tiempo para largarnos o, si todavía es posible, para frenar la marea alta socialista que ya tenemos encima. No soy muy optimista, pero que no se diga que no lo hemos intentado.

El mito de la resistencia
EDURNE URIARTE ABC  31 Mayo 2005

He comprobado varias veces que una de las afirmaciones más impopulares que puedes hacer en público es ésa de la escasa capacidad de resistencia de las sociedades frente a todo tipo de amenazas violentas, sean las de los estados dictatoriales o las de grupos terroristas. Curioso, porque la historia nos ofrece una abrumadora evidencia empírica al respecto. Pero resulta que la teoría socialmente aceptada y rabiosamente dominante es la mentira, la de la leyenda de la lucha épica por la libertad.

Y, sin embargo, no hay más remedio que rescatar la historia de la debilidad de la resistencia para explicar lo que está ocurriendo con la iniciativa de negociación con ETA del presidente del Gobierno. Es impresionante la facilidad con la que la negociación ha sido aceptada por amplios sectores sociales e intelectuales. Eliminadas de un plumazo todas las reclamaciones de libertad, de justicia y de persecución del asesinato, he aquí a todos hablando de la paz. ¡Pobres de los ilusos que creíamos haber aclarado que eso de la paz se firma entre los dos bandos de una guerra y no entre criminales y perseguidos!

Media España argumenta sobre la paz exactamente en los mismos términos empleados tradicionalmente por los nacionalistas o por Batasuna. El primero de todos, el presidente, que va a luchar por la paz hablando con Otegi y Ternera y que, dice, acabará con ETA, firmando la paz con ella misma. No hay forma de justificar todo esto, ni ética, ni democráticamente; sólo queda volver, una vez más, a la fragilidad de la resistencia. En realidad, hasta los más escépticos alimentamos el mito de la resistencia. Porque dimos una enorme importancia a la movilización social que comenzó en Ermua. Mario Onaindia escribió que la gran lección de Ermua fue que «el pueblo luchó por la libertad y no por la paz» (Guía para orientarse en el laberinto vasco, Temas de Hoy, 2003). Eso creímos.

Pero ahora la pregunta es si Ermua y la política antiterrorista que vino después han sido un espejismo. Antes de Ermua, la lucha antiterrorista fue una historia de debilidad y de periódicas legitimaciones de los terroristas a través de negociaciones y contactos. Y eso incluyó al PP, aunque luego el PP impulsara el cambio de rumbo bajo el liderazgo de Aznar y Mayor Oreja. En realidad, lo excepcional de las relaciones entre ETA y la democracia española es este último periodo de firmeza antiterrorista. Pero comenzamos a pensar que eso marcaba una tendencia indestructible de futuro, y más cuando tanto había debilitado a ETA, mientras consolidaba una sólida legitimación del estado en la lucha antiterrorista.

Y ahora parece que no era así, ¿o sí lo era? Mi escepticismo está deseoso de datos que lo contradigan, incluso quisiera llegar a admitir que la resistencia no es un mito. La manifestación del sábado es un test esencial, y lo que vendrá después. Aún puede que volvamos a escribir que Ermua es una tendencia irreversible y no un espejismo.

El nombre de las cosas
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 31 Mayo 2005

En estos días, mi señor Zapatero, está usted obligado a oír cantos de sirena como el de Arnaldo Otegi, que le incitaba a romper «con los herederos de los que fusilaron a su abuelo», para proponerle elaborar una alternativa política junto a «los que perdimos la guerra y eso no se puede compartir con quienes la ganaron».

A qué vendrá descalificar a estas alturas a Xabier Arzalluz por su padre y al anterior portavoz de la mesa nacional, Floren Aoiz, por su abuelo. Ejemplares abertzales guipuzcoanos y navarros son nietos de aquellos inolvidables requetés que se iban al frente cantando: «Cálzame las alpargatas, paloma mía,/ dame la boina, dame el fusil,/ que voy a matar más rojos/ que flores tienen mayo y abril». El mismísimo Argala fue franquista hasta que vio la luz, ya en la edad adulta. «José Antonio Primo de Rivera (...) era considerado por mí como un héroe nacional y los rojos (...) como hordas ateas, violadoras y asesinas», escribió de su puño y letra.

Es deseable, presidente, que usted distinga el canto de las sirenas del chillido de las gaviotas. Los nacionalistas, los vascos y los catalanes, los más radicales y los menos, consideran que la Guerra Civil fue una guerra de España contra Euskadi y Cataluña, respectivamente. Por eso los de aquí le exigen que pida perdón por el bombardeo de Gernika y sus socios catalanes le sugieren que pida excusas por el fusilamiento de Companys. Probablemente no verían mal que usted predicase con el ejemplo y empezara por pedir perdón por el fusilamiento de su propio abuelo.

El abuelo de Otegi fue un socialista de Elgoibar y eso le da pie para hablarle con la complicidad de ser ambos nietos de los perdedores. Algo no encaja en esta propuesta. No parece lógico que Otegi le conmine a romper con los «herederos» de los que mataron a su abuelo hace 69 años,-¿Arzalluz? ¿Floren Aoiz?,-para negociar con unos perdedores de la guerra que, mucho más recientemente, han asesinado a algunos compañeros suyos que también fueron víctimas de la represión franquista: Fernando Múgica Herzog, Fernando Buesa, José Luis López de la Calle, Juan María Jáuregui, Ernest Lluch, Froilán Elespe, Juan Priede y Joseba Pagazaurtundua. No se puede entender que cualquiera de ellos tenga más en común con su asesino que con cualquiera de los concejales del PP asesinados por la misma mano. Convendrá conmigo en que hoy esa frontera de los perdedores (sentimentales) de la guerra es poco operativa, por imprecisa. Por mucho entusiasmo que pongan en su recuperación algunos de su partido que parecen empeñados en ganar la contienda 70 años después, con efectos retroactivos. Si sigue usted empeñado a estas alturas en promover el diálogo, bueno será que empecemos por fijar el nombre exacto de las cosas. No ya para llegar a acuerdos, presidente; sólo para saber de qué se habla.

La maté porque era mía
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 31 Mayo 2005

LOS VOTANTES franceses prefieren el no a la mal llamada Constitución europea. No es esa la Europa, su Europa, que quieren. Los franceses prefieren seguir siendo franceses a cualquier otra cuestión. Esto supone un importante revés para los abigarrados políticos del sistema establecido partidarios del sí y también para los europeístas a la violeta políticamente correcta. Y eso tras un animado debate público que contrasta con la impuesta unanimidad española. Y es que en nuestra patria cada vez es más heroico llevar la contraria al poder establecido, ETA y nacionalistas incluidos. Quizás también porque no existe la sociedad civil en España, del mismo modo que ha desaparecido la idea de nación y los intelectuales están en el exilio, calladitos para que no se cabreen los que reparten el presupuesto.

Dice el Tao que «cuando se vacía el corazón quedan los ritos». Y quizás ese aforismo explique algo de lo que pasa. Si, a diferencia de la construcción americana, se vacía la idea moral de Europa, el sentido de pertenencia a una comunidad superior, quedan los reglamentos en los que los burócratas pescan presupuestos, los ciudadanos se rascan los bolsillos para sostener tanto tinglado autocomplaciente, mientras se sienten cada vez más indefensos. Sería bueno que esa clase dirigente que se creen superiores, gentes de espíritu puro y pensamientos elevados, tratara de sobrevivir algún tiempo como el ciudadano común, que sufriera en sus propias carnes la iniquidad de muchas de las leyes políticamente correctas que se perpetran. Detrás del no francés existe una menor capacidad de chantaje del poder sobre la sociedad que la nuestra, pero también existe miedo. Habría que ver si ese miedo tiene causas reales. No tenemos liderazgo cultural ni político contra el oportunismo.

El Manifest y II
Por un nuevo partido político
Pablo Sebastián Estrella Digital  31 Mayo 2005

Un grupo de intelectuales catalanes ha hecho público un manifiesto en el que denuncian la impostura democrática y de progreso del neo nacionalismo de izquierdas que lidera y representa el gobierno tripartito de Pasqual Maragall en Cataluña. Los firmantes, desde Félix de Azúa y Albert Boadella a Iván Tubau y Horacio Vázquez Rial, entre otros, concluyen su declaración reclamando la existencia de un nuevo partido político catalán que "contribuya al restablecimiento de la realidad". El Manifest en cuestión tiene un indiscutible valor político pero no sólo para Cataluña sino también para España, aunque merecía ser completado con la causa original que ha provocado el desvarío del nacionalismo de la izquierda catalana, porque muchos de los males que desvirtúan la democracia y la libertad política de Cataluña son los mismos que habitan en España, una vez que el régimen partitocrático nacido de la transición parece haber agotado su tiempo y ha enseñado sus carencias. Hace falta un nuevo partido político catalán, y también un nuevo partido político español.

Se afirma en El Manifest que en Cataluña "lo simbólico, ha desplazado, una vez más, a lo necesario" y escriben esto los firmantes del documento para indicarnos que no hay diferencia entre el nacionalismo conservador de Pujol y el progresista de Maragall. Subrayan la "escandalosa pedagogía del odio", el deterioro de la educación, el despilfarro de la lengua castellana y la mala política financiera y tecnológica. A la vez, denuncian la utilización que se ha hecho del nacionalismo como pantalla de la corrupción o del nepotismo y del clientelismo con el que los gobernantes catalanes han discriminado a quienes no participan de su religión.

Dicen los autores de tan interesante escrito que hay que volver al respeto de "las libertades, la justicia y la equidad" entre los ciudadanos como lo define la Constitución de 1978. Y concluyen pidiendo para Cataluña un nuevo partido político, progresista y democrático.

Todo esto, aunque incompleto, está muy bien desde la óptica catalana y mucho de todo ello se podría repetir en otras comunidades como el País Vasco o Andalucía donde los males definidos en El Manifest tienen distintas intensidades: la nacionalista más alta si cabe en Euskadi y la clientelista evidente en Andalucía. De igual manera que la corrupción en Andalucía ha sido "ejemplar" (todo empezó allí, con el caso Juan Guerra) mientras que el deterioro de la educación y el desprecio del castellano es en el País Vasco consustancial.

Pero la deformación democrática y el recorte de libertades que los nacionalismos han provocado en varias comunidades autónomas tienen unas causas y un origen político, que no convendría obviar porque en ese pecado original no sólo está el mal nacionalista sino también la crisis política de identidad, democracia y libertades de España como consecuencia del agotamiento del régimen nacido de la transición y de la Constitución de 1978. Y también de las malas reglas del sistema político español (la partitocracia), que son en definitiva la causa mayor de lo que acontece en nuestro país y en Cataluña, aunque allí ahora lo vemos con mayor nitidez por la debilidad notoria, política y de liderazgo, del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la voracidad del tripartito catalán en el que Pasqual Maragall y Josep Lluis Carod Rovira lideran el disparate nacional catalán.

El sistema político español no incluye ni el principio imprescindible en toda democracia de representatividad directa entre electores y sus representantes -Jefe de Estado, presidente del Gobierno, presidente autonómico, diputados, senadores, concejales etc.- porque los españoles delegan el voto en los partidos y no eligen directamente a ninguno de sus representantes en las instituciones democráticas.

A esta carencia se une otra de mayor cuantía cual es la no separación de poderes del Estado, porque el que gana las elecciones en España (o en Cataluña, o en Andalucía, o en Euskadi, etc.) se queda con el control de los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, la Prensa (radio y televisión) la Banca (cajas de ahorro) y grandes empresas. Es decir, en España hay separación de funciones pero no de poderes, y cuando este modelo se aplica a un territorio más pequeño como Cataluña o el País Vasco controlado además por el nacionalismo, se hace irrespirable y deriva en autocracias como la que ahora denuncia con acierto El Manifest.

Hace falta, sin lugar a dudas, un nuevo partido político en Cataluña. Y en España también. O ¿acaso no creen los firmantes de El Manifest que no hay corrupción en el Estado? O que no hay abuso de poder, ni clientelismo, ni deterioro cultural, ni desprecio a la educación, ni atraso tecnológico, etcétera. Todo esto no es una "cualidad" exclusiva de Cataluña. Todo esto forma parte del mal español y tiene su origen en las carencias democráticas que en aras de un pragmatismo posibilista se pactaron al inicio de la transición con la esperanza, quizás, de llegar un día a la democracia en vez de quedarnos donde estamos, en la eterna transición. De lo contrario, en el Parlamento español se habrían debatido muchas cosas: el golpe de Estado del 23F, la corrupción felipista (y la pujolista y otras más), el crimen de Estado de los GAL, la persecución del castellano en el País Vasco y Cataluña, el terrorismo, la entrada en la guerra de Iraq, etcétera. Todo esto a igual que la propia redacción de la Constitución se ha dejado para el debate en el cuarto oscuro de la partitocracia española, del que por arte de magia salen los consensos que todo lo tapan y todo lo visten de bondad nacional. Algo parecido a lo que están haciendo en Cataluña con el nuevo estatuto para que los ciudadanos de esas latitudes lo reciban como un regalo y un modelo de convivencia pactado, ¡otro consenso ejemplar!

Para acabar con ETA
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 31 Mayo 2005

COMO NO CREO en soluciones milagreras tampoco confío en que se pueda acabar con ETA, recurriendo simplemente a las virtudes salvíficas del diálogo, sin coste para el Estado y la sociedad española. De lo que sí estoy seguro es de que un gobierno que trata mejor a los enemigos de la nación común que a quienes la defienden roza la alta traición y entra de lleno en la felonía.

¿Qué pensar de este Gobierno nuestro que tiene como aliados a ERC-PSC y de enemigo al PP?. Pues, sencillamente, que esa simbiosis contra natura, entre el Gobierno de España y los enemigos de España, es, justamente, la razón por la que a más de uno le ha entrado tanta prisa en construirle un puente de plata a ETA. Con todo, lo verdaderamente grave es que en esta estrategia, tan ostentosamente cainita, quieran hacer pasar al PP -con millones de votantes- por el vector de la intransigencia y bastión aislado del españolismo beligerante. De esa guisa, para no emponzoñar y amalgamar más la situación, si bien se mira convendría que los parámetros pertinentes aplicables al terrorismo no fuesen fácilmente manipulables, que las preguntas al respecto no envolvieran ambigüedad alguna y que la computación coste-ventaja no la llevaran a cabo solamente los contables de la casa.

«¿Está Rajoy dispuesto a respaldar un acuerdo de paz por presos si ETA abandona definitivamente la violencia y renuncia a cualquier otra reivindicación de tipo político?» , preguntaba recientemente un analista. No sé lo que opina Rajoy pero, a mi saber y entender, a una pregunta planteada en términos tan oscuramente ambiguos hay que responder con un definitivo no . En democracia, la pregunta sustancial sería «¿Están los españoles dispuestos a conceder una amnistía, referéndum mediante, a los terroristas condenados por la comisión de delitos de sangre, o colaboración en los mismos, si ETA depone las armas aunque los asesinos y colaboradores no manifiesten ningún tipo de arrepentimiento por la sangre derramada?».

Es evidente que aunque ETA se rinda no cabe gracia relativa a la redención de las condenas de los terroristas si previamente los españoles no acuerdan que así sea. Los asesinos y sus cómplices tienen que tener muy claro que nunca habrá perdón negociado, que, a priori , pagarán en la cárcel lo que la ley ha fijado, y que, en todo caso, sólo después de un largo periodo de paz, cuando el olor de la sangre ya no golpee el recuerdo, quizás se pueda abrir un proceso de generosa excarcelación para quienes muestren arrepentimiento. Ya que sería una broma verdaderamente macabra que los terroristas salieran de la cárcel a hombros sin haber cumplido las condenas, como héroes, para ir al día siguiente a pintarrajear las tumbas de sus víctimas como ya hicieron en más de una ocasión: «Jódete, fulanito». Ahora mismo, quienes piden diálogo mientras estallan bombas son cómplices implícitos (y con frecuencia explícitos) de los terroristas y, evidentemente, estimulan su pertinacia.

España no le debe absolutamente nada a los asesinos ni portamaletas adjuntos, y cuando escucho decir que la paz tiene un precio me entran ganas de hacerme terrorista también. Pero del otro bando. Porque, miren ustedes, acabar con ETA es relativamente sencillo: basta aplicar el método francés a fondo. Allí, Zuberoa, Lapurdi y Baja Navarra no gozan de ningún tipo de autonomía (ni siquiera constituyen un único Département ) y sin embargo no hay terrorismo. Francia ni firmó la Carta de las lenguas europeas y no obstante a nadie se le da por echarse al monte. ¿Por qué? Pues porque los franceses saben como tratar estas cosas.

En las manos de ETA
Por Javier Orrico Especial para Periodista Digital 31 Mayo 2005

El mensaje que ETA acaba de enviar a Zapatero, a través de cincuenta inocentes, de la presencia una vez más del terror en las calles de Madrid, ha sido meridiano: si un atentado te puso ahí, con un atentado podemos destronarte.

Ante las reticencias que el propio PSOE había empezado a manifestar, seguramente alertado sobre el coste de una actuación estúpida y suicida para la defensa de la legalidad democrática, con las víctimas del terrorismo sublevadas, el PP apareciendo como el único defensor de la democracia y la ley, y el levantamiento de parte de su propio partido, la mejor, desde Guerra a las amenazadas de expulsión Gotzone Mora (con expediente ya abierto) y Rosa Díez o Maite Pagaza, lo que ETA nos ha contado a todos con su conocido lenguaje sangriento, es que Zapatero se ha puesto en sus manos y no lo piensan soltar.

Este mismo viernes se lo recordaba igualmente el diario Gara, al sostener que todos los presidentes del Gobierno español habían tenido que abandonar su cargo forzados, de una u otra manera, por el ‘conflicto vasco’. Y, salvo en el caso de Calvo Sotelo, en todos los demás es cierto. Hoy somos más vulnerables, el peligro de un atentado brutal es mucho mayor que hace unos meses, porque a una organización terrorista no se le pueden dar esperanzas de negociación política y luego retirarse. Es el mismo error que ya cometieron González y Aznar, aunque en absoluto con la torpeza y la vanidad, bien leída por ETA, con que lo ha llevado el Unificador de Europa que nos gobierna.

Sin duda, ha sido la inconcebible acumulación de mentiras y errores que ha caracterizado la política antiterrorista –y todas las demás- de Zapatero –este muchacho es todo un récord- lo que nos ha traído aquí. El primero, aceptar sentarse con los terroristas, siguiendo la vía Carod -¿tendremos que pactar al final que nos nos maten por comunidades autónomas?, ¿les regalamos un campo de golf green resort con spa y parque paleolítico para que se sientan cómodos?, y eso sin meternos en el análisis de lo que el hombre coronado de espinas pudo verdaderamente tratar con Ternera en Perpiñán: apoyarse hasta la disolución de España-, antes de abandonar por completo las armas, como venía denunciándose desde el propio País Vasco hace meses.

El segundo, mentir al Parlamento y hacerle doblar la rodilla signando la legitimación a posteriori de un proceso que ya habían iniciado. Haciéndolo público, por tanto, lo que suponía otro estruendoso triunfo de los terroristas: nos ofrecen oficialmente la paz, en vez de ofrecernos las rejas. Nos consideran algo más que delincuentes. El tercero, para salirse con la suya, dividir a las víctimas del terrorismo y usar a un hombre bueno, como Savater, de disolvente para desacreditar una manifestación contra tanta torpeza y tanta indignidad. El cuarto, el enfrentamiento entre españoles a que nos ha llevado con su permanente siembra de cizaña en busca siempre de beneficio político. Y, como consecuencia, lo más grave de todo, que ya no tenemos una política antiterrorista, que es lo que se firmó en el Pacto por las Libertades, y que es lo que realmente nos conducía a la paz, sino una política de la paz, que es lo que nos devuelve a la guerra.

Eso es lo que resaltaba también la interpretación que Batasuna hacía de la detención de Otegui, calificándola de obstáculo para la paz. Lo que hasta hace unos meses habría sido una gran noticia para la ‘paz’, o sea, la muestra clara a ETA de que sólo le esperaba la derrota y la cárcel, de que, acorralada, no tenía más remedio que entregar las armas y desaparecer, ahora se convierte en un obstáculo para el armisticio miserable que estaban negociando con los representantes de un estado de derecho dispuesto a pactar con los asesinos. Una traición para quienes están sentados a una misma mesa, negociando, en una especie de conversaciones entre iguales, entre dos legitimidades contrapuestas, entre el Estado de todos y una banda que así adquiere categoría de representación política de un pueblo ‘oprimido’.

Inteligentemente, nuestro Guía, la Luz de la Sonrisa que Enciende la Esperanza, el Humilde Mensajero del Amor, ha conseguido que casi todo el mundo se sienta traicionado. En efecto, íbamos ganando, la estrategia –la finalidad perseguida- era la buena: alcanzar la paz verdadera, la de la derrota del crimen, la de su aplastamiento, único modo de no legitimar su conducta. La generosidad vendría luego, discretamente. La clemencia es la misericordia de los fuertes, y sólo podemos admitir la fuerza en el Estado democrático, porque de lo contrario estamos perdidos todos y es el regreso a la barbarie, a antes de Roma, ciertamente, a la no ley de los pueblos sin romanizar. Por eso, porque íbamos ganando, no se debía cambiar la estrategia. Y nuestro Líder Cósmico lo ha hecho, arteramente, con trapacería, sintiéndose ya en las puertas de la Inmortalidad.

Ahora parece querer rectificar. Pero ya no nos fiamos, ni los españoles de bien, ni los etarras de mal. ¿Pretende recuperar la unidad que él, y sólo él, ha roto, volver a la estrategia acertada? Ojalá, pero hemos perdido años. Y quién sabe si muchas vidas. Pero también podría ser que sólo se tratara de otra más de sus ocurrencias, de sus genialidades tácticas: les enseño los dientes, pero luego vuelvo a ser bueno con ellos. Igual se cree que está en una clase de la ESO y va a vencer a la ETA con una adaptación curricular de Marchesi. Entre impostores anda el juego. Pero ETA no juega. Mata. Y hoy, envalentonada, legalizada, unida, con el Gobierno vasco a sus pies, Carod moviendo a los peleles, y las bombas intactas, espera otra vez nuestra rendición. Sabe que con Zapatero o nunca.

Artículo publicado en el diario La Opinión de Murcia

¿Espanya.ct? No, gracias
ESTEBAN GONZÁLEZ PONS CONSELLER PORTAVOZ DE LA GENERALITAT VALENCIANA ABC 31 Mayo 2005

CON la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, España sufrió una conmoción pública como la que vivimos recientemente, el 11 de marzo de 2004. Ante ambos acontecimientos la vieja piel de nuestra nación se estremeció con parecida intensidad. Y sin embargo, ahí no acaban las similitudes entre una y otra sacudida histórica. El desastre del 98 alimentó un sentimiento generalizado de renuncia, de desgana patriótica, una caída de la autoestima nacional que, por lo que estamos viendo, el desastre de 2004 también puede haber producido. Un desaliento cansino que, entonces como hoy, se extiende de tertulia en tertulia hasta convertir en actitud de moda, en talante políticamente correcto, la rendición y la flojera ante todo lo español. Cada vez que nos golpean fuerte, por lo que parece, tenemos la costumbre centenaria de deprimirnos.

A comienzos del siglo XX, en aquel cruce de siglos marcado por la desorientación y el conformismo frente a nuestro ideario nacional, surgió una generación de intelectuales que, apostando por la vertebración interior del país y por su inmersión política en Europa, buscaba regenerar y rearmar moralmente nuestra adocenada vida política. Fue la hora de Ortega, Unamuno o Giner de los Ríos, entre otros. La hora de nuestros bisabuelos. Pues bien, hoy nos tocaría a nosotros, a los bisnietos de la generación del 98, pechar con otro desastre, el de 2004, con otra melancolía nacional, con otra amenaza de fuga separatista de las regiones más ricas y con otro enlace al planeta de nuestra época. Sería nuestra responsabilidad generacional.

Ahora bien, a diferencia de lo que ocurriera en el 98, el riesgo que corremos por el desánimo que debilita a España ya no es el de quedar descolgados del tren de Europa, sino el de aislarnos en la malla de la conectividad mundial. En el presente, lo que no está en internet no existe y quien no gestiona una zona vallada del ciberespacio no tiene un territorio suyo en el universo del conocimiento. Lo que significó la moderna Europa para nuestros bisabuelos lo representa la triple w para nosotros. Hace doscientos años las naciones se identificaban por sus banderas y se preservaban tras sus fronteras. En los tiempos de internet se distinguen por disponer de dominios, o sea, de espacios de administración propia en la Red, que las identifican con sus siglas y las preservan tras sus límites electrónicos. De hecho, los dominios de dos letras (como el «.es» de España o el «.fr» de Francia, por ejemplo) están exclusivamente reservados en la Red para las naciones con Estado, quedando los dominios de tres letras (como el comercial «.com», el educativo «.edu» o el variado «.net», por ejemplo) disponibles para ser ordenados por otro tipo de organizaciones.

Por eso, resulta asombroso que no haya encendido alarma alguna que el Parlament catalán reclame el dominio «.ct» para Cataluña, un dominio nacional de dos letras segregado del «.es» de España. Teniendo en cuenta que ningún Estado federado o confederado del globo terráqueo disfruta de una enseña virtual así, la propuesta del «.ct» equivale a una petición de independencia cibernética. O, en otras palabras, a una reclamación de la independencia de Cataluña aplazada hasta dentro de unos cincuenta años, para cuando en el pasaporte digital de cualquier ciudadano figuren sólo las dos siglas del dominio electrónico de su país. Equivale a declarar la independencia catalana en el futuro.

¿De qué serviría que el nuevo Estatuto catalán no incluyese una atribución expresa del derecho de autodeterminación si ese derecho queda garantizado para el día de mañana con la inclusión del «.ct» en el listado de países independientes que existen en internet? La teoría clásica definía los Estados por la existencia de tres elementos: territorio, población e instituciones libres. Hoy los Estados también tienen su particular dominio de dos letras que regir en la Red. Que nadie se equivoque, en el futuro quizá no haya mástiles en los que izar banderas, pero seguro que habrá barras de navegación en las que escribir direcciones web con sus distintivos nacionales.

En todo caso, opino que el asunto es mucho más grave y tiene más calado político que el debate surgido a cuenta de la creación de una selección catalana de hockey sobre patines. Si Zapatero complace a la Generalitat de Cataluña en lo de su dominio «.ct», será demasiado tarde para decir «España.es», o, lo que es lo mismo, que aún «España es», porque nuestra presencia unificada en internet habrá saltado por los aires. Si en el presente España aparece fragmentada en la Red, quedará fragmentada para el futuro; en internet no es compatible la coexistencia de dos dominios territoriales. El dominio «.ct» expulsará a las direcciones «.es» al menos de Cataluña. La malla electrónica catalana no permitirá ser español, sólo catalán. Del actual «catalunya.es» de resonancias constitucionales nos habremos ido al «espanya.ct» que nos representa con los muebles del salón de casa, pero sentados en la calle. Con nuestros «cordoba.ct», «segovia.ct» y «minglanilla.ct» esparcidos por ahí.

A la generación del 98 le dolía España; a la generación que debería ponerse en marcha ahora, la generación de 2004, no puede dolerle porque ya no se trata de aquel terruño atrasado y ágrafo de antaño, pero, si se descuida, España se puede desconectar. Si, como consecuencia de la tristeza institucional que en el aprecio de nuestra nación nos ha dejado el desastre de 2004, dejamos pasar iniciativas como el «.ct» por darnos vergüenza defender nuestro «.es» común, España dejará de dolernos para siempre, simplemente se desenchufará. Ojo, sin romperse, España se nos puede apagar.

Molinos en el Ampurdán
Daniel Martín Estrella Digital  31 Mayo 2005

Josep Pla escribió: "La biblioteca no debe estar dominada por ningún fanatismo, ni intolerancia. Soy lo suficientemente viejo para saber a donde conducen todas estas posiciones manicomiales y todas estas "collonades". La biblioteca debe demostrar constantemente que ante el acceso a los conocimientos todos somos iguales y poseemos la misma dignidad". Si entras en la web oficial de la Fundación Josep Pla (http://fundaciojoseppla.net), y después de buscar infructuosamente la versión en castellano, puedes, entre otras cosas, ver un listado completo de sus obras. Pero si quieres, por ejemplo, encontrar el título de su maravillosa Historia de la Segunda República Española –editada en 1940 por Destino y que, sin contar con la perspectiva que da el tiempo, es un testimonio de valor incalculable– tienes que “darle” al link “Pla en altres llengües”. Es decir, según su propia Fundación, Pla también escribía en otros idiomas. Contradiciendo la frase del comienzo, se cae en la intolerancia, en el fanatismo, en una posición de manicomio. Porque, ¿no ocupa la obra de Pla en castellano casi tanto espacio como su obra en catalán? ¿No dominaba absoluta y perfectamente los dos idiomas?

Sirva el ejemplo anterior para ilustrar la dirección hacia donde camina Cataluña gracias al nacionalismo catalán antiespañol. Un camino en el que no se hacen prisioneros y, si es conveniente, se llega incluso a extirpar la mitad del alma de un escritor para que su memoria sirva mejor a unos intereses creados. También podrían, a modo de ejemplo, citarse el caso de Joan Corominas –que, según la doctrina oficial, sólo fue un lingüista catalán y, por tanto, su Diccionario Crítico Etimológico Castellano-Hispánico un ectoplasma–, el ostracismo de Juan Marsé y otros autores catalanes en lengua castellana y el olvido de muchos hijos de Cataluña que hicieron carrera en eso que algunos ahora consideran, desde su extrañamiento voluntario, un país extranjero.

Es lógico, pues, que dieciséis intelectuales catalanes –Albert Boadella, Félix de Azúa, Horacio Vázquez Rial, entre otros– hayan firmado un manifiesto donde se critica al Ejecutivo catalán por seguir –en la línea impuesta por el “pujolismo”– una estrategia que "ha consistido en propiciar el conflicto permanente entre los catalanes y el resto de los españoles". Porque, en cierto modo, y siguiendo el ejemplo de lo que caracteriza a la rivalidad Barça-Real Madrid, en Cataluña se está, desde hace mucho tiempo, creando un clima antiespañol para dar contenido y sentido a unas ideologías radicales y dudo que útiles. Ya sea en CiU, PSC o ERC, lo cierto es que, de modo análogo a Don Quijote, quieren ver gigantes donde sólo hay molinos, pero, a diferencia de éste, los integrantes de estos partidos no han perdido la razón, y quizás por eso quieren tenerla a toda costa.

Según ese mismo manifiesto, en el Govern catalán se “rinde culto a lo simbólico” y se olvidan “los problemas reales de los ciudadanos”. Se critica así el empeño en reformar el Estatut cuando hay problemas más urgentes que resolver. Pero esto es algo que ya no ocurre sólo en Cataluña y Euskadi. Es un proceso global donde cada comunidad autónoma quiere variar sus estatutos para incidir en lo diferencial, distanciarse de lo próximo y hacerse con la respectiva cuota de poder y dinero. Algo inevitable cuando se analiza el chapucero Capítulo VIII de la Constitución Española.

Por eso alegra saber que por lo menos dieciséis personas por fin han decidido, desde el sentido común, dar un paso adelante y separarse del “pensamiento único”. El manifiesto, dentro del clima de borregos y radicalismos, es una ruptura total con el discurso político que impera en todos nuestros partidos políticos. Como Don Quijote a Sancho, los dieciséis parecen querernos decir: “que hay dos maneras de hermosura: una del alma y otra del cuerpo; la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la liberalidad y en la buena crianza, y todas esas partes caben y pueden estar en el hombre feo”.

Claro que estas palabras caerán en saco roto, recibirán duras críticas y sus autores serán debida y protocolariamente insultados. En este país de las diecisiete autonomías y pico lo que se lleva es la moda de ser más diferente, histórico y guay que el resto, y la juventud, educada en los correspondientes diecisiete sistemas educativos, aprende que es más importante la intolerancia hacia España que el entendimiento, la honestidad, el buen proceder y la liberalidad. Y estos jóvenes, probablemente espoleados por la vacuidad y semejanza de nuestros dos partidos políticos de ámbito nacional -¿español?–, no tienen más remedio que votar a los que defienden lo que han aprendido.

Sólo queda un resquicio para la esperanza. Don Quijote recuperó la cordura. Quizás nuestros próceres la pierdan y vuelvan a ver molinos donde los hay. Y así quizás repitan las palabras de Alonso Quijano: “Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia que sobre él pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías”. Sustitúyanse, claro está, estos libros por los programas de los partidos que carecen de ideas y proyectos políticos. Y así nos dejaremos de “collonades”. dmago2003@yahoo.es

Un pueblo enfermo
Esaú Martín Antón/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 31 Mayo 2005

'Un pueblo enfermo es aquél que no recuerda a sus muertos'. En algún sitio he leído esa frase y el viernes me vino a la cabeza cuando leí una carta de Gerardo Hernández, de Getxo. El resumen de su misiva bien podría ser el siguiente. Estamos en una guerra de dos frentes: por un lado ETA, y por el otro los inmovilistas del PP y las víctimas. Desborda perspicacia cuando dice que ha «notado algo en ETA, en los últimos 8-10 años». En función de eso construye la teoría de que hay que llegar a una 'paz', es decir a que ETA deje de asesinar, y a cualquier precio. No dice nada de entregar las armas y disolverse; sirve con parar, sin más. La otra parte, encabezada al parecer por el PP y las víctimas, tendrán que «cambiar el lenguaje y sus formas», vamos que estorban. Todo ello, «renunciando a la venganza». ¿Qué venganza? ¿Conoce a alguna víctima que haya cogido la pistola? Por último habla del intento de boicot del PP a este final tan ídilico y justo.

Sólo algunas consideraciones. En los últimos 8-10 años, yo también he notado cambios en ETA. Su curriculum ha engordado con 47 asesinados, varios de ellos compañeros míos de partido. ¿Le molesta que protestemos porque nos matan? ¿Pretende silenciar a las víctimas?. Y usted, ¿está dispuesto a cambiar su lenguaje? Ni en una ocasión califica a ETA como terrorista. Habla de «cerrar un trato de fin de las hostilidades» refiriéndose a la policía. ¿Le molesta que detengan terroristas? ¿Lleva escolta? ¿Corre riesgo su vida? En mi caso, y en el de muchos otros, tristemente, la escolta forma parte de nuestras vidas, y no estoy dispuesto a vivir así toda mi existencia.Yo no quiero el fin de ETA a cualquier precio. ¿Conoce usted a alguna víctima? Yo sí, y jamás podría mirarlas a los ojos si claudicamos ante ETA. Se ven muy fáciles las cosas desde la barrera. Habla de que el PP intentar boicotear el fin del terrorismo. Tiene usted el corazón de hielo. ¿Qué más quisiéramos! Porque, al igual que el PSOE, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, los periodistas, los jueces o cualquiera que lleve la contraria a ETA, somos los que más sufrimos. Usted no. Usted es insolidario, insensible y egoísta.

El PP convoca a todos sus afiliados a la manifestación de la AVT
ABC  31 Mayo 2005

MADRID. La gran mayoría de las organizaciones provinciales del PP están remitiendo cartas a sus afiliados en las que les invitan a participar en la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo para el próximo sábado 4 de junio en Madrid. La gestión del apoyo a la convocatoria de la AVT por parte de las sedes provinciales de los populares está siendo coordinada en Génova por la dirección nacional y la carta que se remite a los afiliados es prácticamente idéntica. La misiva explica que el partido pondrá a disposición de los interesados autobuses gratuitos e indica el lugar y la hora desde donde saldrán. También se pide a los militantes que llamen a sus respectivas sedes para reservar la plaza con antelación.

LA POLICÍA CONOCÍA LOS TELÉFONOS DE LOS AUTORES DEL 11-M
Las revelaciones del confidente Cartagena desmienten lo declarado por Rayón en la comisión del 11-M
Mariano Rayón, siendo jefe de la Unidad Central de Información Exterior, recibió doce 'notas reservadas' en las que el confidente "Cartagena" le alertaba sobre los planes de "El Tunecino", empeñado "en hacer la yihad en España". Rayón, destinado ahora en la embaja de Roma, negó este hecho durante su comparencia en la comisión del 11-M. Rayón, que pidió al juez Garzón autorización para grabar a los islamistas, vinculó en la comisión los "atrasos" a la hora de traducir las grabaciones con el "Poder Judicial".
Libertad Digital 31 Mayo 2005

En octubre de 2002, Abdelkader el Farssaoui, imán de la mezquita madrileña de Villaverde, comenzó a trabajar como confidente para la Unidad Central de Información Exterior (UCIE). Lo hizo hasta febrero de 2004, un mes antes de la matanza de Madrid. Cobraba sólo 300 euros al mes, aunque también colaboraba con el Centro Nacional de Inteligencia y los servicios secretos de Marruecos. En España las fuerzas de seguridad le identificaron con el alias de "Cartagena".

Lo cierto es que la infiltración de "Cartagena" fue de los más fructífera. El diario El Mundo ha tenido acceso a doce 'notas reservadas' remitidas al jefe de la UCIE, Mariano Rayón, en la que le advierte del peligro de un grupo de radicales que formaban Rabei Osman –"El Egipcio", detenido en Italia por el 11-M–; Serhane ben Abdelmajid Fakhet –"El Tunecino", que murió en la explosión del piso de Leganés–; Mohamed Larbi ben Sellam –huido a Marruecos–, y Mustapha Maimouni –cuñado de "El Tunecino" y que está detenido en Marruecos por los atentados de Casablanca. El imán alertó a la policía de los planes de estos islamistas que estaban empeñados en "hacer la yihad en países como Marruecos y España".

"Cartagena" puso a disposición de la UCIE que dirigía Rayón –destinado tras el 11-M a la embajada de Roma– los números de móvil (653.263... y 646.095...) de los autores del 11-M, el vehículo que utilizaban (volkswagen matrícula M-0025-WP) y toda una serie de datos relevantes sobre estos terroristas. Además, la policía le pide que se introduzca en el entorno de un locutorio de Lavapiés y él identifica al cabecilla Jamal Zougam.

Con toda esta información, Rayón solicita al juez Baltasar Garzón la intervención de los teléfonos de los islamistas. Sin embargo, el magistrado no es hasta octubre de 2004 –siete meses después de la masacre de Madrid– cuando recoge en el sumario de la Operación Nova las revelaciones de "Cartagena", que sólo a partir de entonces adquiere la condición de testigo protegido.

¿Qué dijo Rayón en la comisión del 11-M?
Tras la investigación de Antonio Rubio para El Mundo, Libertad Digital ha revisado lo que dijo Rayón en su comparecencia del 11-M. Curiosamente, sin que ningún diputado sospechara entonces lo que ahora sabemos, el jefe de la UCIE negó entonces en sede parlamentaria que su servicio tuviera información de las personas a las que tenían pinchado el teléfono "que indicara que estaban implicados en la ejecución de algún acto preparatorio para llevar a cabo cualquier tipo de delito". Sobre la traducción de las cintas, desvió las responsabilidades hacia Garzón.

En su comparecencia en la comisión de investigación del 11-M, Mariano Rayón, como jefe de la Unidad Central de Información Exterior, fue preguntado por esta cuestión por el diputado de CiU, Jordi Jané: "¿Hay algún supuesto que usted quiera destacarnos –estamos en el Parlamento y usted debería tener incluso la obligación de destacarlo si lo cree así– en el que no se actuó de la forma debida siguiendo a un determinado sospechoso dentro de toda la trama de personas relacionadas con los atentados?"

RAYÓN: "No, que yo sepa, pero puedo hablar únicamente por mi unidad".
Después le tocó el turno de preguntas al diputado Emilio Olabarría (PNV): "Una última pregunta y si no me puede contestar, no me la conteste, lo comprendería perfectamente. De los detenidos como autores o colaboradores, ¿cuántos estaban siendo objeto de vigilancia y seguimiento?"

RAYÓN: "Como colaboradores, por parte nuestra, ninguno. Como presunto autor de los atentados, teníamos –perdone que chequee– intervenidos el teléfono de uno de los individuos que puede haber participado en la comisión de los atentados. Aprovecho la ocasión para decirle que no había ningún dato concreto objetivo absoluto que pudiera permitirnos a nosotros o a las autoridades judiciales que han estado tutelando las intervenciones que indicara que estaban implicados en la ejecución de algún acto preparatorio para llevar a cabo cualquier tipo de delito, absolutamente nada, porque es una gente que ha aprendido mucho y entonces utilizaban muchos teléfonos y cada vez más hacen las comunicaciones en sitios abiertos, generalmente boca a boca".

El comisionado socialista Juan Luis Rascón, también preguntó al jefe policial por "los problemas para la traducción de determinadas cintas que se iban almacenando en el servicio".

RAYÓN defendió la actuación de su unidad y relacionó los problemas, aunque sin citarlo, con el juez Garzón: "Generalmente el procedimiento es el siguiente. Muchas cintas se escuchan en caliente. A continuación los traductores hacen otra escucha para ver si se deduce que existe algún peligro o algo realmente de interés en el contenido de la cinta y el traductor habla directamente con el inspector encargado del caso. (...) Lo que sí ha estado algo más atrasado en ocasiones ha sido la transcripción de las cintas que después se envían al Poder Judicial".

Los ex 'mujahidines' que viven en España son terroristas en potencia, advierte la Policía
Pertenecen a células 'durmientes' que Al-Qaida puede activar para cometer nuevos atentados
ALFONSO TORICES/COLPISA. MADRID El Correo 31 Mayo 2005

El especialista en islamismo de la Policía Nacional Rafael Gómez Menor aseguró ayer, durante su interrogatorio en el juicio contra la célula española de Al-Qaida, que los ex 'mujahidines' que residen en España y otros países europeos son terroristas en potencia. Explicó también que estos acudieron en los 90 a formarse en técnicas militares y terroristas a campamentos de Bosnia, Chechenia y Afganistán, donde recibieron un adiestramiento ideológico extremista, basado en el Islam más estricto y en una militancia religiosa favorable a la 'yihad' mundial.

Gómez Menor sostuvo que los que regresaron a Europa mantienen vínculos con sus líderes en los países de entrenamiento y que, en muchos casos, se transformaron en miembros de células 'durmientes' que pueden activarse para servir de infraestructura a otras o preparar atentados. El experto concluyó que estos ex 'mujahidines' «son un auténtico peligro para cualquier país que los tenga en su territorio» ya que son parte fundamental de organizaciones terroristas islamistas con gran presencia en Europa y el Magreb y vinculadas a masacres como el 11-M o la de la Casa de España en Casablanca.

El comisario lanzó esta advertencia cuando contestaba a las preguntas del abogado de Mohamed Zaher, un carpintero residente en Granada que presuntamente se formó como 'mujahidín' en 1995 en Bosnia. El fiscal, que pide para él nueve años de cárcel, considera que Zaher forma parte de la célula española de Al-Qaida, dirigida por Imad Eddim Barakat Yarkas, 'Abu Dahdah', y que éste o el anterior líder, el 'Chej Salah', le reclutó y envió a Bosnia.

La Policía asegura que el reclutamiento de 'mujahidines' y su envío a campos de entrenamiento fue una de las actividades de la célula española de Al-Qaida, que al menos habría enviado entre 1995 y 2001 a trece islamistas a Indonesia, Bosnia y Afganistán. Varios de los presuntos 'mujahidines' reclutados por la célula tienen un notorio historial delictivo. 'Abu Muhgen' está encarcelado en Marruecos como uno de los autores de la matanza de Casablanca, su hermano Abdulaziz Benyaich tiene autorizada la extradición a Marruecos para ser juzgado por su presunta participación en actos de terrorismo, y Amer Azizi está acusado de pertenecer a la célula de 'Abu Dahdah' y de promover la creación de las células terroristas que ejecutaron los atentados de Casablanca y del 11-M.

Gómez Menor concretó que, según le explicó un miembro de Al-Qaida detenido en 2002 en Afganistán, la formación terrorista se realizaba en un curso de 45 días, en el que se le adiestraba en el manejo de armas y explosivos, otro de tres meses para aprender a luchar en las montañas y hacer emboscadas y otro tras el que se le consideraba miembro de Al-Qaida.

El islamista tuerto
La abogada de Abdulaziz Benyaich fue la enésima letrada que puso en duda que la fotografía de un 'mujahidín' checheno con barba larga y negra, parte del cabello afeitado y un parche en el ojo izquierdo pertenezca a Salaheddine Benyaich, 'Abu Muhgen', como afirman la Policía y el fiscal y aseguró que se trata del general Basáyev, jefe militar de los islamistas chechenos, que murió asesinado. La foto fue extraída de un vídeo con escenas de matanzas, torturas y ejecuciones realizadas por los 'mujahidines' en Chechenia. El tribunal ordenó buscar fotografías de Basáyev y observó que éste no estaba tuerto y que sus rasgos no coincidían.

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