AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 4 Junio 2005
Cerca de un millón de personas contra la negociación con ETA
Libertad Digital 4 Junio 2005

La voz de las víctimas
Editorial ABC 4 Junio 2005

Por ellos, por nosotros
EDITORIAL La Razón  4 Junio 2005

La izquierda y sus lealtades
Cristina Losada La Razón 4 Junio 2005

El Gobierno contra las víctimas
Ignacio Villa La Razón 4 Junio 2005

El socialismo, roto
Jaime CAMPMANY ABC  4 Junio 2005

Las víctimas de la paz
Manuel Ángel MARTÍN ABC  4 Junio 2005

¿Puede el Estado perdonar los delitos
Ricardo Medina Macías La Razón 4 Junio 2005

Ya tenemos paz
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 4 Junio 2005

JUSTICIA Y PERDÓN
ANA VELASCO VIDAL-ABARCA ABC  4 Junio 2005

Zapatero Menchú
Pablo Molina La Razón 4 Junio 2005

¿En nombre de quién
TONIA ETXARRI El Correo 4 Junio 2005

Todos en Madrid
Cartas al Director ABC 4 Junio 2005

Vidal-Quadras sentencia que la causa del «terrorismo radica en el nacionalismo»
T. Santaeulària La Razón 4 Junio 2005

Félix de Azúa: «Me inquieta que el nacionalismo fanático extienda en Cataluña el odio a los españoles»
IVA ANGUERA DE SOJO ABC 4 Junio 2005

Socialistas críticos catalanes se unen para frenar «la deriva» de Maragall
MARÍA ANTONIA PRIETO ABC  4 Junio 2005

 

CLAMOR POPULAR EN LAS CALLES DE MADRID
Cerca de un millón de personas contra la negociación con ETA
Manos blancas, banderas de España y de todas las comunidades autónomas, consignas en contra de ceder al chantaje terrorista, gritos de "Zapatero, acércate al PP" y peticiones de dimisión para Peces Barba están marcando la masiva concentración. En los balcones y ventanas del recorrido también es unánime la protesta: de ellos cuelgan numerosas banderas con crespones negros. "Constitución, no negociación" es una de las consignas más repetidas.
Libertad Digital 4 Junio 2005

Desde mucho antes de las seis de la tarde, hora oficial del arranque de la marcha, miles y miles de personas se han reunido en las inmediaciones de la madrileña glorieta de López de Hoyos, lugar donde la banda terrorista ETA asesinó a siete personas en 1993. Convocadas por la AVT, y tras las pancartas "Por ellos, por todos. Negociación en mi nombre NO", "Libertad por dignidad" y "Comprometidos con las víctimas", marchan para mostrar su rechazo a una negociación del Gobierno con los etarras. Entre las consignas más repetidas, "Se nota se siente, Ermua está presente", "No les olvidamos, no negociamos", "Constitución, no negociación". Cuando la marcha ha pasado por el Parque Automovilístico de la Guardia Civil, en la calle de Príncipe de Vergara semiesquina con Concha espina, los asistentes han roto en una gran ovación y gritos de "Guardia Civil, gracias" y "Vuestros muertos no se olvidan".

La manifestación está compuesta por tres cabeceras, la primera de las cuales, está formada por las víctimas con el lema "Por ellos. Por todos. Negociación en mi nombre ¡No!", la segunda por los políticos del PP con una pancarta con la leyenda "Libertad con Dignidad" y en tercer lugar se sitúa la cabecera de las plataformas ciudadanas con el lema "Colectivos cívicos. Por la libertad, no a la negociación".

La manifestación comenzó oficialmente en torno a las 18.15 horas cuando se empezó a mover la cabecera de las víctimas, encabezada por el presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo, Francisco José Alcaraz; Irene Villa y su madre; María del Mar Blanco, hermana del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco, y Laura Jiménez, una víctima de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid.

A esta cabecera, reservada a las víctimas, se sumó también la responsable de inmigración de la Comunidad de Madrid y profesora de la Universidad del País Vasco, Gotzone Mora, del PSE-EE, quien fue recibida con aplausos por los asistentes a la marcha. Entre las primeras consignas que correaron los manifestantes congregados en torno a esta primera pancarta se pudo oír "Peces-Barba, dimisión" y "No son presos, son asesinos".

La cabecera de políticos salió de la Plaza de Cataluña bajo el lema "Libertad con dignidad". El ex presidente del Gobierno y presidente de las Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), José María Aznar, llegó acompañado por su mujer, Ana Botella, y fue recibido por los asistentes entre gritos de "valiente, valiente" y "presidente, presidente", al tiempo que coreaban "Zapatero embustero".

Tras realizar un recorrido por las cabeceras que presiden la manifestación, acompañado de fuertes medidas de seguridad, Aznar llegó a la segunda cabecera en la que estaban, otros miembros de su partido, Esperanza Aguirre y Ángel Acebes.

Minutos antes, llegó el presidente del PP, Mariano Rajoy, que fue recibido también al grito de "presidente, presidente". La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, fue una de las primeras en llegar a esta marcha que fue recibida con aplausos y gritos de "valiente, valiente", junto con el secretario general del PP, Angel Acebes, al grito de "ministro, ministro".

También estaban los portavoces del PP en el Congreso y Senado, Eduardo Zaplana y Pío García Escudero, respectivamente, el consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid, Jesús Pedroche, los ex ministros del PP Elvira Rodríguez y Miguel Arias Cañete, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá y el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, la presidenta del PP vasco, María San Gil, su antecesor en el cargo, Carlos Iturgaiz, el diputado general de Guipúzcoa, Román Sodupe.

Al comienzo de la marcha, en la calle del Príncipe de Vergara esquina con López de Hoyos, se realizó una ofrenda floral para homenajear a las siete personas, cinco militares y dos civiles, que cerca de este lugar fueron asesinadas por ETA el 21 de junio de 1993.

A continuación, la marcha prosigue hasta la Plaza de la República Dominicana donde se celebrará otro acto de recuerdo a los 12 guardias civiles que resultaron asesinados en dicho lugar el 14 de julio de 1986.

Pasadas las seis de la tarde, hora prevista para el inicio de la manifestación, todavía eran muchos los ciudadanos que intentaban llegar al lugar de arranque de la convocatoria. Por ejemplo, en la estación de metro de Avenida de América, la afluencia de gente impedía salir a la superficie con normalidad y algunos de los usuarios empleaban hasta un cuarto de hora en lograrlo.

Al final de la manifestación, los encargados de leer el manifiesto serán el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, y la periodista Isabel San Sebastián.

La voz de las víctimas
Editorial ABC 4 Junio 2005

NINGÚN colectivo se ha ganado tanto el respeto moral de la sociedad española como, bien a su pesar, lo han hecho las víctimas del terrorismo, memoria y testimonio esencial de la larga lucha de nuestra democracia contra su principal enemigo contemporáneo. Aunque sólo fuera por esa condición crucial que supone su doloroso tributo en vidas y en libertades personales, nadie podría negarles el derecho a manifestar públicamente su opinión sobre la política antiterrorista del Gobierno, sometida en los últimos tiempos a una variación tan significativa como patente.

En este sentido, la manifestación convocada para esta tarde, en Madrid, por la Asociación de Víctimas del Terrorismo es una prueba más de que un sistema democrático no se reduce a la celebración periódica de elecciones, sino que viene constituido, además, por un sufragio continuo de la opinión pública y de la sociedad. Desde esta perspectiva, y no sólo en lo que dicha convocatoria tendrá de mera oposición a una determinada política gubernamental, es como se debería valorar la disposición de decenas de miles de ciudadanos que se movilizarán por una causa irreductible a la táctica política o al juego partidista.

Algo grave está pasando cuando las víctimas del terrorismo y amplios sectores de la sociedad sienten que están perdiendo la seguridad que tenían en la lucha contra ETA. La crisis del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y el novedoso apoyo al Gobierno por partidos que, hasta ahora, habían hecho todo lo posible por entorpecer la acción del Estado contra ETA, están siendo las causas de un grave desaliento para las víctimas, pero no sólo para ellas. La discrepancia es compartida por muchos más ciudadanos que, ajenos a las cotizaciones partidistas de las polémicas, no entienden qué beneficios puede traer para la derrota de ETA que se cambie el acuerdo de Estado con el principal partido de la oposición por un consenso menor con fuerzas como IU o ERC, abiertamente proclives a la cesión de derechos políticos que vienen a suponer el pago de un precio por el hipotético cese de la violencia. La discrepancia no es de oportunidad política sino de principios, y el Gobierno no debe despreciar la posibilidad de que los acontecimientos acaben en una profunda crisis moral, de la que sólo puede beneficiarse ETA y todos aquellos que siempre esperan réditos de la debilidad del Estado. El Ejecutivo socialista tiene todo el derecho a explorar la vía que considere más adecuada para la solución del problema común del terrorismo, pero los ciudadanos poseen igualmente la libertad de expresar su opinión y sus reservas sobre la nueva política impulsada por el Gobierno.

ÉSTE, y no otro, es el sentido de la marcha de hoy. Las Fuerzas de Seguridad del Estado y la organización de la protesta deben esforzarse en prevenir cualquier incidente o expresiones extremistas, que servirían a algunos de argumento para deslegitimar una convocatoria sobre la que se han vertido graves prejuicios. Es evidente que no todas las víctimas comparten los motivos de la manifestación, y les asiste el mismo derecho que a los demás para expresar su discrepancia, pero la deslegitimación política de los convocantes emprendida desde ciertas plataformas políticas pretende salvar el obstáculo que las víctimas representan para emprender un eventual diálogo con ETA y facilitar las políticas asociadas a este diálogo. Una actitud temeraria, porque el alejamiento y el desánimo de las víctimas nunca podrá producir ningún efecto favorable para el Ejecutivo. Al contrario, supondría una pérdida irreparable para la fortaleza que deben conservar un Estado y una sociedad agredidos por el terrorismo. Es necesario resaltar, por otro lado, que la ausencia, legítima y respetable, de algunas víctimas en la manifestación que hoy recorrerá las calles de Madrid se debe más a una valoración de oportunidad del acto que a una oposición de fondo a las razones de los convocantes.

LOS terroristas buscan ante todo el desistimiento de las instituciones y el quebrantamiento moral de la sociedad. La resistencia de las víctimas es imprescindible para mantener la «ética de lucha» sin la cual un Estado no está en condiciones de responder eficaz y decisivamente a la amenaza terrorista. Recuérdese que la crítica situación actual de la banda terrorista arranca de una explosión cívica de hastío, como fue el «espíritu de Ermua», cuya sola mención suena ahora, desgraciadamente, como un anacronismo, pero fue la inflexión histórica que impulsó al Estado y a los dos grandes partidos nacionales a romper definitivamente la resignación frente a ETA y dar paso a una voluntad definitiva de derrota del terrorismo.

La unidad política fraguada en Ermua se ha roto, y muchos ciudadanos lamentan sin comprenderla esta división en el cuerpo democrático que hasta hace bien poco ha venido funcionando sin fisuras. Ha sido el cambio de política orientado desde el Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero lo que ha provocado las diferencias, por lo que no cabe reproche alguno a quienes, sin moverse de sus posiciones anteriores, desean expresar su disconformidad con el nuevo estado de cosas.

Menos aún cabe deslegitimar la protesta como una algarada callejera contra el poder constituido. La memoria reciente de los españoles guarda numerosas estampas de agitación popular que de hecho erosionaron al anterior Gobierno.

LA calle es de todos, y en democracia las manifestaciones son, antes y ahora, expresiones legítimas de opinión pública en tanto en cuanto se mantengan en los cauces de la normalidad civilizada. Una normalidad que los convocantes deben guardar hoy, no sólo para evitar manipulaciones interesadas de parte, sino para realzar la eficacia de su voz alzada en defensa de la causa de las víctimas, la única que, por encima de todo y de todos, debería servir de cohesión en la lucha del Estado y de la sociedad abierta contra sus enemigos partidarios del terror y la violencia.

Por ellos, por nosotros
EDITORIAL La Razón  4 Junio 2005

La manifestación que esta tarde recorrerá las calles de Madrid, convocada y liderada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, es algo más que una legítima muestra de repulsa ante una determinada política del Gobierno. Es una llamada de atención a la opinión pública española de cómo, desde la democracia, se quieren socavar las mismas bases de España como Nación y como Estado de Derecho. La disposición del Gobierno de negociar con ETA, hecha pública y refrendada por el Parlamento, antes incluso de que la organización terrorista haya declarado un cese temporal de su actividad criminal, supone, ni más ni menos, una quiebra en la legitimidad en el ejercicio del poder del Gobierno. Porque ningún Gobierno puede, sin traicionar su legitimidad, sentarse a “dialogar” con quien no tiene más “títulos” acreditativos que el haber asesinado a casi un millar de ciudadanos.

Libertad Digital no existía cuando el gobierno de Aznar, una vez declarada la tregua de 1998, accedió a comprobar si era sincera y definitiva la disposición de ETA de abandonar esa senda criminal que, de forma apologética, se llama “la lucha armada”. Sin embargo, al hacer balance de lo que habían sido los gobiernos de Aznar, meses antes del 11-M y del inesperado cambio de Gobierno, no dejamos de señalar ese “error” que venía a empañar una, por lo general, notable política antiterrorista, pero que hizo que “Aznar cayera, por un breve espacio de tiempo, en la tentación del atajo en política terrorista, como fue querer apaciguar a ETA con las negociaciones celebradas durante la tregua terrorista”.

Sin embargo, resulta indecente, moral e intelectualmente, equiparar ese error de Aznar con la infame disposición del Gobierno de ZP, que ha registrado una indignación entre las víctimas y una esperanza entre sus verdugos que, simplemente, no tiene antecedentes.

En primer lugar, hay un deber de aprender de los errores, tal y como hizo Aznar y parecía haber entendido Zapatero al suscribir, ambos, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Las equivocaciones de gobiernos anteriores no dan licencia –como pretenden algunos- para volverlas a cometer, sino, por el contrario y por la lógica más elemental, a censurarlas con mayor severidad y fundamento. En segundo lugar, porque lo que el Gobierno de ZP ofrece ahora a ETA -antes de que esta haya declarado una tregua- no es, ni de lejos, lo mismo que lo que les ofreció Aznar meses después de que los terroristas interrumpieran su actividad criminal. Mientras que Aznar advirtió, desde el primer momento, que no habría “precios políticos” por la paz, la afirmación de ZP de que “la política puede contribuir al fin de la violencia”, la han hecho suya con rapidez los representantes políticos de la organización terrorista, tal y como ha hecho este viernes el batasuno Pernando Barrena.

La afirmación de Irene Villa de “No sé si se podría vivir en un país en el que quien me representa está pactando con quien casi me mata", es ilustrativa de hasta que punto el “diálogo” con ETA, -con independencia de su finalidad, del estado de ánimo de los terroristas, de sus treguas o de lo poco o mucho que se esté dispuesto a pactar con ellos- supone una quiebra del Estado de Derecho. Una Nación que está dispuesta a preservar su unidad a costa del derecho al amparo judicial de sus ciudadanos, no merece ser llamada propiamente una Nación. Porque a la Nación, tanto como su historia o sus fronteras territoriales, la configura el Derecho.

En el caso de Zapatero, estamos, además, ante un Gobierno que ha dejado de defender una idea nacional de España y que basa su apoyo parlamentario en grupos que, como los independentistas, comparten los objetivos secesionistas de ETA; un Gobierno que, además de ofrecer a ETA la impunidad, ya ha dejado en suspenso la Ley de Partidos y que ofrece a ETA sumarse a sus parlamentarios para negociar, al margen del PP, el fin del Estatuto de Guernica.

Esa “política” que, al margen del Derecho, Zapatero cree que puede “contribuir al fin de la violencia”, ofrece a ETA, por el contrario, una esperanza para no arrojar la toalla sin que se le pague el precio que reclama por llegar a hacerlo. La derrota del terrorismo no pasa por intentar contentar al que no se va a contentar, sino por la destrucción de la esperanza que anima a cada terrorista.

No es sólo por el deber con el pasado por el que debemos reivindicar la certeza y función punitiva de las penas. También por su función disuasoria, para evitar que el coste de futuros atentados puedan ser también puestas en cuestión. Por eso todos debemos este sábado reivindicar la “memoria, la dignidad y la justicia” a las que las víctimas tienen derecho. Por ellos, por nosotros, por todos.

manifestación 4-J
La izquierda y sus lealtades
Cristina Losada La Razón 4 Junio 2005

De pronto, se ha levantado en los mares políticos una ola de respeto incondicional por las decisiones de la mayoría del parlamento. Y en las mismas latitudes desde las que se contestaba la legitimidad de un Congreso donde tenía mayoría absoluta el PP. Qué selectiva es la izquierda española en su lealtad a la democracia. Sólo cuando gobierna ella merece su plácet. Luego, no hay tal respeto al sistema. Esta izquierda únicamente es leal a sí misma.

Siguiendo el argumento con el que Peces-Barba y otros desautorizan la manifa del 4 de junio, nunca estaría justificado manifestarse. O sería legítimo hacerlo solo cuando el pueblo quisiera expresar su entusiasmo por las decisiones de los gobernantes. Como se hacía en la plaza de Oriente. O en la plaza Roja de Moscú. Como se hace en La Habana y en Pyongyang. Seguro que estarían encantados, nuestros socialistas, con esas muestras de adhesión.

Oiga, alegan los respetuosos de hoy, es que esa mani va contra ZP. ¿Y qué? Como si no las hubieran hecho contra Aznar. Hasta le llamaban asesino. Y había sido elegido en las mismas urnas que el optimista patológico. Que entonces posaba de lo contrario, atizaba la rebelión so pretexto de la guerra de Irak, el Prestige, la reforma educativa o el decretazo, y oponía la calle a la legitimidad del parlamento. Si hay quienes pueden dar lecciones de cómo instrumentalizar las causas más diversas, son los que dicen ahora que el PP utiliza a las víctimas del terrorismo.

Y dicen más. Como que las “víctimas no pueden orientar la política del gobierno”, en palabras de Gorka Landaburu en ABC. Palabras de especial peso por tratarse él de una víctima, y especialmente erradas. Pues la reclamación de las víctimas no se sustenta en una ira comprensible pero irracional, sino en la justicia. Y los asesinados por la ETA no son un manchón desagradable en los márgenes, sino el tributo que han pagado ellos, en nombre de la sociedad, por su negativa a ceder a la violencia. La causa de las víctimas es la causa de la democracia y la libertad.

Pero la lealtad de la izquierda a las víctimas también es selectiva. Como escribió el intelectual que ilumina, dicen, a Zetapé en su republicanismo, no todos los muertos valen lo mismo. Los crímenes de la familia se barren bajo la alfombra. Y la ETA forma parte de la familia. Cruel y descarriada, pero del clan. Si algo ha alargado la vida de ETA, junto al refugio que otrora le prestó Francia, es justamente eso.

Pues ha encontrado cobijo no sólo en sus cómplices directos y en los que comparten sus fines aunque renieguen de sus métodos. Ha contado con la ambigüedad moral de una izquierda que no ha roto su hechizo con la “lucha armada” y sus “causas justas”. Que no ha aprendido de Camus que los fines son los medios. Y que no considera del todo injusta la secesión porque nunca ha defendido la nación. Esa lealtad de la izquierda española hacia sus peores principios y miembros, está en la raíz de la supervivencia de ETA, de los años de desprecio a las víctimas, y de la negociación que ahora se le ofrece.

El Gobierno contra las víctimas
Ignacio Villa La Razón 4 Junio 2005

La manifestación convocada en Madrid por las víctimas del terrorismo se ha convertido en la escenificación de la más dura realidad política. Estamos asistiendo a una estrategia nunca vista en la democracia española. Hasta ahora los distintos Gobiernos habían tratado a las víctimas con más o menos fortuna, pero nunca las habían despreciado. Es cierto que durante muchos años no se les había reconocido públicamente, y que ahora, ese reconocimiento es general. Pero nunca habíamos visto este ataque sistemático, permanente y constante contra las ellas.

La frialdad con que la Vicepresidenta del Gobierno ha tratado la manifestación de Madrid después del Consejo de Ministros es la demostración final de cómo este Ejecutivo trata y valora a las víctimas del Terrorismo. La sociedad española tiene todos los motivos para avergonzarse de un Gobierno incapaz de apoyar una manifestación promivida por aquellos que han sido objetivo del terrorismo etarra.

Ha dicho De la Vega que respeta la convocatoria. ¿Cómo podemos entender ese respeto? ¿Es el mismo que este Gobierno ha utilizado con la asignatura de religión, con la familia, con las heridas de la guerra civil o con el archivo de Salamanca? Este Gobierno no entiende de respeto; sólo entiende de dividir y de sectarismo. Y esa receta la aplican a todo y a todos. Y en este caso además esta actitud nos deja claro que el Gobierno está en contra de las víctimas.

Esta forma de actuar del Gobierno hacía las víctimas, se escenifica de la manera más deleznable en la persona de Gregorio Peces Barba. El Comisario de Zapatero para las víctimas no ha podido ser más ofensivo hacia los que, en teoría, tenía que defender. Peces Barba había quedado inhabilitado hace mucho tiempo. Ahora ya no puede estar un minuto más en ese puesto. Se ha convertido en un insulto contra las víctimas que necesitan siempre todo el apoyo, toda la solidaridad y toda la comprensión. Por favor, que dejen de jugar con nosotros.

El socialismo, roto
Por Jaime CAMPMANY ABC  4 Junio 2005

NO. Todavía no ha quedado roto el socialismo en las manos de Zapatero, pero presenta grietas y se muestra resquebrajado. No se puede decir que sea éste un fenómeno sorprendente ni ilógico. Desde el resultado electoral del 14-Marzo, que no dio mayoría absoluta al PSOE, la necesidad de buscar una mayoría parlamentaria que permitiera gobernar, ha llevado a Zapatero a abrazar la peor de las soluciones posibles: la alianza con las minorías nacionalistas radicales.

La insoportable ascensión de Esquerra Republicana en las políticas catalana y nacional ha constituido un episodio desconcertante y la irrupción en el foro político de un elemento indeseable de ruptura y disgregación. Sus dirigentes se han mostrado delirantes en el discurso, groseros en la forma e impresentables en el debate. Han entrado en los parlamentos como una manada de orangutanes en una exposición de porcelanas. Tratan de romperlo todo: leyes, reglas de juego, forma de Gobierno, unidad nacional, la Constitución, la lógica, el mapa, el respeto, la educación cívica, la democracia y hasta el monario.

Zapatero ha decidido aprovecharse de sus votos rechazables, pero es incapaz de mantener a sus pintorescos dirigentes dentro de los límites de una conducta pasable en una colectividad humana de una mínima civilización. Lo peor de esta situación es que personajes tan detestables como Carod-Rovira, o comoquiera que se llame la alhaja, son quizá necesarios para que el socialista Pasqual Maragall gobierne la Generalitat, y resulta útil para que el socialista Zapatero subsista en la Moncloa. Lo que no han podido ganar ni el uno en las urnas de Cataluña ni el otro en las de España, lo tienen gracias a «quatre gats» que predican una Cataluña amputada de España, y una España sin Cataluña.

Al socialismo catalán, primero, y al socialismo nacional después, les ha faltado la seriedad política y la firmeza humana suficientes para exigir unas condiciones de dignidad pública antes de firmar una alianza en las que el Partido Socialista lleva todas las de perder. Ya ha empezado a perder ideas y valores irrenunciables para un socialismo nacional. Ha perdido la cohesión que siempre ha tenido, y ahora los socialistas catalanes van por un camino y los demás socialismos van por otros, ni siquiera por otro único, sino por varios y diferentes. El socialismo vasco, a fuerza de concesiones nacionalistas, ha terminado por mostrar el peligro cierto de un cisma peligroso.

El deseo frenético de gobernar en Cataluña; el deseo frenético de compartir el gobierno en el País Vasco, y tal vez el deseo frenético de tocar el poder en Galicia, si las urnas de allí lo permiten, ha convertido nuestro socialismo, tradicionalmente unido y compacto, en una dispersión de taifas. En algunos predios socialistas se ha desencadenado el deseo furioso de gobernar a costa de lo que sea, a cualquier precio, desde la unidad del partido a la lealtad a la Constitución. Tengo dicho hace ya muchos meses que son los propios socialistas los que tienen que arreglar un desaguisado llamado Zapatero. Cada vez está menos lejos ese momento.

Las víctimas de la paz
Por Manuel Ángel MARTÍN ABC  4 Junio 2005

LAS víctimas se manifiestan, las víctimas son un problema necesario. Si fuera posible buscarles una patria lejana, un lugar desde donde su voz no llegara, si fuera posible hundirlas en el olvido y prescindir de ellas, sería entonces terrible lo que esta sociedad sería capaz de hacer. No somos de fiar. Sin el engorro de los que sin culpa perdieron una pierna o un padre, seguro que la sociedad tiraba por la trocha más fácil y aceptaba alguna propuesta de renuncias morales.

Gusta mucho el consenso y la pacificación, seduce la idea de la conciliación de contrarios, la convivencia del tiburón y la gaviota que alabó Villepin, la alianza de civilizaciones de ZP, tanto nos gustan -«nos ponen», se dice ahora- que peligra la idea de justicia, el concepto de Derecho y la reivindicación de los inocentes. Se dan condiciones objetivas, pero no todas. Hay dinero público -tanto que el Gobierno se sorprende de su capacidad de gasto-, los ciudadanos perciben cierta bonanza económica y no quieren líos. Ahí estamos invadidos por un hedonismo miope y egoísta. ETA estaba -quizá lo siga- acosada policialmente y desactivada en parte por las extraordinarias cotas de autogobierno alcanzadas en Euskadi. Y más cosas. Así que la negociación comenzó y sigue, y el precio sube y baja, y los guionistas escriben nuevos capítulos de este culebrón opaco en el que lo más importante para los actores es que el rechazo social no erosione su posición dominante. ¿Por dónde van? Conjeturas. Lecturas de los posos del té, de las entrañas de las aves. Parece que Navarra no «entra» en el cambalache político, que habrá referéndum para la autodeterminación «o así», que muchos presos saldrán a la calle. Así que las voces de las víctimas van a ser necesarias, y son la crítica condición objetiva con la que hay que contar.

Nadie niega que en el envite del Gobierno haya algo de ese riesgo que conduce a la verdadera oportunidad, pero no puede alcanzarse a costa de según qué cosas, según qué claudicaciones. ¿Alguien cree posible el sincero arrepentimiento de los culpables de delitos de sangre? ¿Alguien supone que cantarán el «Confiteor Deo» en vez de cantar victoria con el «Eusko gudariak»? Difícil va a ser descalificar a las víctimas con acusaciones de politización o culpar en exclusiva al régimen franquista -se insiste en ello desde muchos puntos, no sé si con ánimo eximente- de la barbarie de ETA. ¿Cómo no va a politizarse el terrorismo? ¿Cómo se puede negar su virulencia contra la democracia? Por eso es tan importante oír la voz de las víctimas. No son un estorbo en el proceso, sino un testimonio. Ya que fueron víctimas del terrorismo, no quieren ser víctimas de la paz.

Negociación con ETA
¿Puede el Estado perdonar los delitos?
Ricardo Medina Macías La Razón 4 Junio 2005

Sólo los agraviados tienen el derecho a perdonar a sus víctimas. El Estado que indulta delincuentes – aunque lo haga en nombre de la paz– es un Estado que traiciona a las víctimas y usurpa sus inalienables derechos.

Una de las reliquias absolutistas que se colaron en algunos regímenes democráticos es la facultad otorgada en ciertas naciones al poder ejecutivo de otorgar indultos a determinados delincuentes, en nombre de presuntos fines superiores, como la paz, o para evitar males mayores para la sociedad.

En todo caso es una facultad exorbitante que los gobiernos democráticos no deberían usar más que en asuntos verdaderamente extraordinarios y cuando el agraviado por el delito sea el Estado en abstracto, como por ejemplo un delito netamente fiscal; nunca cuando los agraviados son ciudadanos específicos. Si unos terroristas mataron a mi hermano es inmoral y aberrante que el gobierno usurpe mis derechos de familiar agraviado y otorgue algún género de indulto a los asesinos.

Algo tan claro como esto no parece entenderlo el actual presidente del gobierno español, cuando abre la puerta a futuras negociaciones con la banda criminal ETA. No solamente es absurdo que se mencione la mera posibilidad de negociaciones cuando esa banda ni siquiera ha manifestado un remedo de propósito de enmienda (el martes pasado, sin ir más lejos, ETA hizo estallar otro coche-bomba en Madrid, hiriendo a medio centenar de personas), es inmoral que se use como moneda de cambio para una eventual negociación el castigo que el Estado ha fijado, con toda justicia, a los criminales y que es una pálida compensación a los daños terribles que causaron a sus víctimas. El Estado no puede perdonar a nadie a nombre de nadie. El otorgar o negar el perdón es un derecho inalienable de las víctimas.

El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero argumenta que abrir esta puerta a la negociación no es traicionar a los muertos y a las víctimas que ha dejado ETA porque la condición para el diálogo es que la banda criminal abandone las armas y porque lo único (¡nada menos!) que se ofrece a cambio de esa renuncia a la violencia es "tratar el problema de los presos etarras". Tales alegatos son una tomadura de pelo.

Primero, porque "el problema de los presos etarras" sólo es problema para ETA que desearía impunidad y que ninguno de los miembros de su banda estuviese preso. Zapatero no entiende que jamás debería ser "un problema" que los criminales estén en la cárcel. El problema es lo contrario: delincuentes impunes. Segundo, porque jamás ha reportado algún beneficio a la sociedad el método de la negociación con terroristas.

Y sobre todo porque la ley y su aplicación no pertenecen a los gobiernos como prerrogativas. Son, por el contrario, su obligación inexcusable. Y esto vale lo mismo para el caso de los asesinatos de ETA que para el castigo al delincuente que rompió las ventanas de mi casa o que invadió mi propiedad.
© AIPE Ricardo Medina Macías es analista político mexicano

Ya tenemos paz
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 4 Junio 2005

EL ALTO Comisionado de apoyo a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Gregorio Peces-Barba, no acudirá hoy a la manifestación organizada por este colectivo contra una eventual negociación del Gobierno con ETA. Cualquier observador objetivo se preguntará si el Alto Comisionado cumple escrupulosamente con su papel o si, por el contrario, actúa de parte, a instancia del Gobierno.

Cada día que transcurre resulta más evidente que el plácet solicitado a las Cortes por el Gobierno, para negociar con ETA, tenía como finalidad desprestigiar políticamente al PP ante la opinión pública, haciéndolo pasar por el partido apestado de la democracia y endosándole de paso la responsabilidad de la ruptura del Pacto Antiterrorista. Cuando lo cierto es que los partidos que han apoyado al PSOE -PSC, ERC, CiU, PNV- son notorios enemigos de España. Respecto a la manifestación de hoy sucede algo parecido. La apoyamos quienes tenemos una idea de comunidad que, simplificando, corresponde al concepto de nación vigente en los países europeos de nuestro entorno al tiempo que se oponen a la misma quienes, Peces-Barba entre ellos, están incapacitados para asumir el legado de nuestros antepasados. Y prefieren practicar una política gestual de buenismo encanallado, haciendo constantes concesiones a nuestros enemigos, para ir tirando, incluso a riesgo de dejar para el futuro bombas disgregadoras de difícil desactivación.

No entiendo muy bien por qué la manifestación que hoy recorrerá Madrid a partir de las 16 horas podría ser un impedimento para conseguir la paz toda vez que ya vivimos en paz. Así lo refrendan los millones de extranjeros que anualmente visitan este país (además, compran el 25% de las viviendas nuevas), que goza de una de las más elevadas calidades de vida del mundo, empezando por Galicia. La manifestación en cuestión lo único que pretende, implícitamente, es decirle al Gobierno que si se alcanza la paz sea de forma digna. Porque la vida es muy importante pero sólo, al menos para algunos de nosotros, si se vive dignamente.

Nadie le va decir al Gobierno que no negocie sino que espere primero a rendición de ETA. Después, ya veremos. Pero, en cualquier caso, para excarcelar a un asesino antes de que cumpla la pena tendrá que pedir perdón de rodillas ante la tumba de las víctimas o cualquier otro acto de arrepentimiento simbólico de parecido calado. Porque aquí la guerra civil ya ha empezado y la vamos a ganar. Asesinos.

JUSTICIA Y PERDÓN
ANA VELASCO VIDAL-ABARCA ABC  4 Junio 2005

En 1977, utilizando como argumento que se iniciaba una nueva etapa de concordia, democracia y reconciliación entre los españoles, las Cortes aprobaron la llamada Ley de Amnistía que beneficiaba a los autores de «Todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado».

La aplicación de esta Ley de Amnistía supuso que decenas de asesinos etarras fueran excarcelados, así como la extinción de su responsabilidad criminal. PSOE, PCE, nacionalistas vascos -con Arzallus a la cabeza- y catalanes, junto con la UCD, pactaron esta Ley que supondría un «borrón y cuenta nueva» de tal modo que, a partir de entonces ya no tendría sentido la violencia terrorista, puesto que nos encontrábamos ante una nueva justicia «democrática».

Antes y durante el periodo en que se tramitaba dicha Ley, fueron asesinadas numerosas personas, lo cual no fue óbice para seguir adelante. Fueron muy pocos los que se atrevieron a decir que aquello era antijurídico o que no se hacía justicia a las víctimas.

La amnistía -nadie puede negarlo- no logró su objetivo. En aquel momento no se supo o no se quiso valorar que ETA no luchaba contra Franco sino contra España. Los años posteriores, que fueron terribles, lo demostraron. Centenares de personas fueron asesinadas, muchas de ellas por los propios etarras amnistiados.

Han pasado 28 años y casi mil muertos. Después de todo lo que hemos sufrido, de todo lo que hemos resistido y de todo lo que deberíamos haber aprendido, ahora viene el Gobierno a ofrecer la excarcelación de terroristas a cambio de una quimérica paz. Pero ¿Qué argumentos pueden hoy ser válidos para que los asesinos no cumplan sus condenas?

Antes de cualquier componenda, como nuestra historia reciente nos demuestra, están la Justicia y la dignidad de la Nación. No hay atajos, ni trueques, ni cesiones en la oscuridad para acabar con el terrorismo. El Estado de Derecho tiene la obligación de garantizar la vida, la libertad y la seguridad de los ciudadanos, así como la restitución en lo posible, del daño causado. La única forma de compensar el irreparable daño de los asesinatos de ETA es haciendo que los criminales cumplan sus penas. No es posible en un Estado democrático privar a las víctimas del terrorismo de su derecho a la Justicia.

En cuanto al perdón, el Papa Juan Pablo II perdonó a Alí Agca e incluso le visitó en prisión, pero eso no significó que las autoridades italianas le eximieran de cumplir su condena. Esa es una cuestión particular que en ningún caso puede arrogarse ningún Gobierno. «NO EN MI NOMBRE».

Blogoscopio
Zapatero Menchú
Pablo Molina La Razón 4 Junio 2005

En medio de la polvareda informativa de los últimos días, ha pasado prácticamente desapercibido el discurso que nuestro presidente pronunció hace bien poco en Sevilla, con motivo del I Encuentro Internacional de Rectores, en el que participaron universidades de varios países hispanoamericanos. La trascendencia del evento ha sido limitada, pero para los que cultivamos el estudio de la producción intelectual de nuestro socialismo, la disertación de ZP constituye una rica veta, de la que extraer valiosa información acerca del curso que nuestra política exterior va a seguir en los próximos años respecto a la América hispana.

La cuestión de la Hispanidad, pues de eso se trata en última instancia, había preocupado a las más grandes figuras de nuestro pensamiento, de Unamuno a Ortega, pasando por d’Ors y por Maeztu, pero faltaba la síntesis magistral que diera razón de conjunto a este esfuerzo intelectual que duraba ya un siglo. Y efectivamente, en medio del mensaje de bienvenida de ZP, ladinamente escondida entre montañas de la habitual farfolla progre autosatisfecha, se encontraba esta perla: “La cooperación española se implicará en el apoyo claro de los pueblos indígenas mediante el fomento del autodesarrollo”, pues éste es el proyecto de ZP para “América Latina” (sic). ZP prosigue así la senda iniciada en su día por el comisario para la conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, famoso por su gafancia varias veces acreditada en el curso de los fastos del 92, que se pasó todo un año haciendo el ridículo por los foros sudamericanos a los que acudía a pedir perdón (en nombre de nosotros, los españoles) por haber colonizado el continente, haber donado a sus habitantes una lengua y una cultura y haberles rescatado de la edad de piedra para incorporarlos a la civilización europea.

ZP, suponiendo que su espíritu haya contraído alguna vez una “deuda intelectual”, parece deudor de una visión indigenista y tercermundista de las relaciones internacionales con hispanoamérica, típica del turismo de solidaridad progre a lo Leire Pajín, que asume como vértice doctrinal la retórica marxista de las relaciones “norte-sur”. Por eso no es capaz de esbozar ningún argumento que se refiera a la hispanidad de unas tierras hermanas. Ni siquiera la expresión “Hispanoamérica” tiene cabida en su verborrea políticamente correcta. En su lugar, nuestro presidente prefiere el término “América Latina” (Amerique Latine) promovido en su día por los franceses y aprovechado inteligentemente por italianos para justificar culturalmente su penetración política en el continente.

No se trata de caer en la retórica hispanófila de otras épocas, sino de asumir en su integridad nuestra Historia común y no a beneficio de inventario según la moda estética o la encumbrada ignorancia del momento. El primer deber del Presidente del Gobierno de España es conocer nuestra Historia; el segundo respetarla. Porque, además, en la empresa española del descubrimiento de América está el germen de algunas categorías en las que la izquierda actual basa su programa político. Por ejemplo, los derechos humanos, que aunque sea duro de admitir por una cabeza masona, tienen su origen en nuestros escolásticos del siglo áureo, defensores de la unidad moral del género humano y de la igualdad de todos los hombres, que exigían de la Corona el respeto a los legítimos derechos de los indios.

No hay un sólo socialista español que haya enriquecido al socialismo con una idea propia cuyo valor reconozca el mundo, ni siquiera el submundo socialdemócrata. Razón de más para aprovechar el fecundo legado de los que nos han precedido en el estudio de estas cuestiones, en lugar de limitarse, como hace la izquierda actual sistemáticamente, a suplantar el pensamiento riguroso por la consigna relativista.

Ramiro de Maeztu, a quien la izquierda asesinó y la derecha no ha empezado a leer aún, dejó escrito que un pueblo no puede vivir con sus glorias desconocidas y sus vergüenzas al desnudo sin que propenda a huir de sí mismo y disolverse. El entusiasmo, perfectamente descriptible, con el que nuestro Monarca despachó el brindis a España en su último acto castrense, es una buena pista para saber en qué lugar de la pendiente nos encontramos. Pues eso, viva “este país”.
Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.

¿En nombre de quién?
TONIA ETXARRI El Correo 4 Junio 2005

Están los seguidores del PSOE y PP tan enconados con sus discrepancias en torno a la manifestación convocada para hoy en Madrid para protestar contra los intentos de negociación con ETA que se les escapa, a la mayoría, un pequeño detalle de la jornada. Y es que la ilegalizada Batasuna piensa celebrar su propia manifestación en Bilbao, como si se tratara del sambódromo de Carlinhos Brown; justamente después de que el juez haya afirmado en su auto de procesamiento que las conductas de Otegi y el prófugo Salaberria «son incompatibles con la libertad de expresión». Si esta manifestación se llevara a cabo, si es que Balza no lo impide, el ministro Alonso lo permite y el fiscal general no sigue jugando a las adivinanzas (¿de dónde salió el dinero de la fianza de Otegi?), tendría su miga ya que los promotores pertenecen a un partido ilegalizado.

Se ha recurrido siempre, desde el Gobierno vasco, a recordar que los delitos, en efecto, son individuales («si Otegi es de ETA, que le detengan», decían PNV y EA) y el magistrado disipa dudas en su resolución: «aun cuando el Derecho Penal lo sea del hecho imputable a una concreta persona, dentro de un discurso lógico no puede obviarse el que su cúpula se encuentre imputada en hechos de naturaleza terroristas, algunos de ellos en busca y captura». Vivimos tiempos de desconcierto: se mezcla el procesamiento de Otegi por pertenencia a banda armada (el Estado de Derecho se aplica) con la permisividad del funcionamiento de muchas herriko tabernas que habían sido clausuradas (el Estado de Derecho no se aplica) mientras Zapatero ya se había tirado a la piscina de la negociación, involucrando, de paso, al Congreso (si se equivoca, mejor en compañía) en una resolución inspirada en el pacto de 1988. A ETA le van mal las cosas pero mientras la división entre el PSOE y PP se vaya confirmando, habrá terrorismo para rato.

No es de recibo lo que se ha dicho con la manifestación de las víctimas del terrorismo. A los socialistas que les remuerde la conciencia les viene bien decir que «va contra el Gobierno». Claro. ¿Cuándo se han visto manifestaciones, en democracia, a favor del Gobierno? Cuando lo hacía Zapatero protestaba, lógicamente, contra el Ejecutivo de turno; entonces, PP. Otro argumento encaminado a desactivar a los que quieren manifestarse: que no se debe ir contra una resolución que votó mayoritariamente el Parlamento. También votó por mayoría el Parlamento vasco el plan Ibarretxe y al propio Zapatero le pareció una barbaridad. Volvamos la pregunta al revés: si la mayoría del Congreso votó una iniciativa que está siendo rechazada por las víctimas de ETA ¿no tendrían sus señorías que pensárselo dos veces? Si el Alto Comisionado Peces-Barba no puede, en este caso, defender a las víctimas porque debe estar al lado del Gobierno, ¿no debería dimitir? Están siendo poco generosos. O torpes. Resulta más fácil retirar al Ejércisto de Irak que luchar contra ETA sin tener a las víctimas cargadas de reproches.

Todos en Madrid
Cartas al Director ABC 4 Junio 2005

Yo también estaré en la manifestación de hoy convocada por la Asociación Víctimas del Terrorismo. Y lo haré para apoyarles gritando en silencio que nuestro Estado de Derecho no puede admitir que ningún Gobierno, sea del partido que sea, permita someterse ni a chantajes ni a negociaciones con bandas de asesinos. Iré porque creo que la unión de medidas policiales, jurídicas y políticas es el método correcto de acabar con la mafia terrorista. Iré porque en esta manifestación no debe importar la ideología política que cada uno tengamos; debe importarnos la defensa de la justicia y de nuestro Estado de Derecho, sin aceptar la legitimación de la violencia para conseguir objetivos. Iré por solidaridad y por memoria con las víctimas y sus familiares. Y ojalá seamos de todos los lugares de España y de todas las opciones de pensamiento posibles; y que seamos tantos que nuestras manos blancas unidas hagan recapacitar a aquellos que creen que la paz y la libertad se pueden hipotecar y vender a cualquier precio.
David García García. Madrid.

Vidal-Quadras sentencia que la causa del «terrorismo radica en el nacionalismo»
Convivencia Cívica concede el galardón de la asociación a todas las víctimas de la lacra del terror
T. Santaeulària La Razón 4 Junio 2005

Barcelona- «Son las víctimas, con su sacrificio y sufrimiento, las que nos muestran el camino por el que debe discurrir nuestra acción pública y las que nos ofrecen un modelo de virtud cívica que nos sirve de inspiración y de estímulo». Con estas palabras la asociación Convivencia Cívica decidió conceder ayer el galardón de su segunda edición de premios a todas las víctimas del terror y a aquellas asociaciones que las representan.
En nombre de todas ellas, recogió el premio el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Francisco José Alcaraz, en un acto que reunió a más de 500 personas y que contó con las intervenciones de Aleix Vidal-Quadras, Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros. También debía estar Rosa Díez, pero un imprevisto truncó su asistencia. Díez lamentó su ausencia, y envió una carta abierta, para estar presente en el acto de alguna manera, aunque fuese simbólica.

El evento cobró especial interés ante la incertidumbre política que se vive, a día de hoy, en el País Vasco y la inminente marcha convocada por AVT. Según estos colectivos, la negociación política con la banda terrorista Eta pone en riesgo los fundamentos del orden democrático.

Como de costumbre, Aleix Vidal-Quadras, en su discurso, no dudó en romper tabús y hablar alto y claro. El popular argumentó que las distintas opciones ideológicas se enfrentan en las urnas en España, «pero la única que es invocada para poner bombas y disparar a la nuca es el nacionalismo».

Dada la contundencia de la frase quiso añadir: «Con esta afirmación no criminalizo a nadie, me limito a hacer constar una evidencia». Con un discurso teñido de ironía y beligerancia, aseguró que sin duda «la causa de terrorismo no es otra que el nacionalismo», y «no hay nacionalismo bueno», apostilló. Vidal-Quadras abogó por erradicar cualquier tipo de nacionalismo, como el fin de salvaguardar la paz. Y es que para el vicepresidente del Parlamento Europeo, «desear la paz con una banda mafiosa es ensuciar intolerablemente este hermoso vocablo».

Llegado a este punto, consideró que «estamos instalados desde hace un cuarto de siglo en un error fatal del que no sabemos salir: confiar en los nacionalistas». Y sigue siendo así. Prueba de ello, dijo, es que aquellos que están más obligados a enterarse de la realidad «ofrecen en Madrid diálogo a los asesinos de sus compañeros de partido, que les responden envalentonados con más bombas, reciben en Bilbao a las representantes de ETA o se sientan en Barcelona a la mesa del desguace de la unidad nacional». Con todo, Vidal-Quadras sentenció: «Vivimos angustiados bajo el dominio de una paradoja masoquista: la idolatría de unos hechos diferenciales que consisten en la eliminación coactiva de las diferencias».

Carta abierta.
Por su parte, Rosa Díez, mediante una carta abierta que leyó Josefina Albert, aseguró que «ETA ha conseguido el mayor éxito que podía soñar sin siquiera mover ficha: ha conseguido dividirnos, debilitarnos. Sin hacer ni un solo movimiento, sin intentar siquiera engañarnos con declaraciones de tregua-trampa, han conseguido que en apenas dos meses salten por los aires consensos y complicidades que tardamos años en tejer».

La socialista consideró que es el momento de trabajar por recuperar el consenso entre PP y PSOE alrededor del denominado Pacto Antiterrorista. «No podemos olvidar que si ETA ha llegado a su momento de mayor debilidad, si el PNV no ha podido sacar adelante su plan, se debe sobre todo a la existencia y vigor del Pacto, a la aplicación de la Ley de Partidos y a una movilización de los movimientos cívicos, que decidimos un día salir a la calle, no sólo a llorar a los muertos, sino a defender la democracia».

Por eso, ante todo, quiso lanzar un llamamiento a la unidad. Hizo lo propio Nicolás Redondo Terreros quien señaló que «si la manifestación de hoy es un éxito, que lo será, el Gobierno deberá reconsiderar su postura en materia terrorista».

Terreros afirmó que si la macha sale, según lo previsto el Gobierno, tarde o temprano, los dos grandes partidos deberán recomponer su pacto y las instituciones y víctimas su relación.

Por su parte, Jaime Mayor Oreja se encargó de insuflar los ánimos a los presentes, al afirmar que estos colectivos no son la minoría, puesto que la mayoría no quieren el pacto de Estella, ni quieren el pacto Perpiñan.

El popular, aclamado por la sala, sentenció que «no queremos que unas minorías puedan arbitrar ni dirigir la política de España» y abogó por acabar con la falsedad de un cambio constitucional. Finalmente, Alcaraz subrayó que «para finalizar con ETA todo pasa por la unidad sin fisuras entre Partido Popular y Partido Socialista.

Félix de Azúa: «Me inquieta que el nacionalismo fanático extienda en Cataluña el odio a los españoles»
IVA ANGUERA DE SOJO ABC 4 Junio 2005

BARCELONA. El próximo martes, un grupo de intelectuales catalanes de ámbitos diversos presentará el Manifiesto «Por un nuevo partido enCataluña», iniciativa que llega un año y medio después del acceso de los socialistas a la presidencia de la Generalitat. Están convencidos de que el nacionalismo sigue mandando en el gobierno catalán. Félix de Azúa es uno de los impulsores de un plan que busca romper el discurso único imperante.

-¿Cual ha sido el detonante que les ha llevado a promover este manifiesto?
-Los que hemos firmado el escrito somos muchos y diversos. En mi caso, lo que me produce mayor inquietud es la extensión del odio a los españoles y el proyecto de los nacionalistas fanáticos para reproducir en Cataluña la situación vasca.

-¿Hasta dónde están dispuestos a comprometerse políticamente?
-Cada cual actuará libremente y según sus capacidades. Yo no estoy particularmente interesado en la política práctica.

- ¿Le preocupa que les cuelguen la etiqueta de «lerrouxistas»?
-No, en absoluto. De hecho hay un lerrouxismo a la inversa, mucho más verdadero. Un diputado independentista y sus columnistas de pesebre nos califican de «pijos resentidos» con la intención de azuzar el espantajo de la «burguesía catalana» de Pedralbes, antiobrera y españolista. A la gente normal estos infantilismos le dan risa.

-Cuando estalló el «caso Carod» usted escribió: «Suponíamos que la izquierda podía ser menos incompetente (que CiU). Una ingenuidad». ¿Un año y medio después de la llegada del PSC a la Generalitat, se siente frustrado o desamparado?
-No es cosa que deba juzgarse sentimentalmente. Mi impresión es más bien pragmática. Creo que el lugar en donde vivo se está deteriorando y trato de que no vaya a peor. Me da mucha pereza cambiar de domicilio.

-¿Cree que se ha impuesto en Cataluña el discurso único?
-Los vascos tienen un partido al que votar, el PSE, que no plantea la hostilidad hacia España (por ahora). En Cataluña no lo hay. El PP es premoderno y no sirve.

-Pasqual Maragall sostiene que la contraposición entre discurso social e identitario es una dicotomía falsa. ¿Qué opinión le merece esa postura, teniendo en cuenta que viene de un líder socialista?
-Nacionalismo y socialismo son incompatibles. No conozco ni un solo nacionalismo de izquierdas. Quizás Dios ha bendecido a Cataluña con esa diferencia, pero será difícil de demostrar. Los jefes del nacionalismo europeo se llaman Le Pen o Haider y en España, Blas Piñar.

-¿Atribuye ese discurso de Maragall a la influencia de Esquerra o a méritos propios?
-Es evidente que Maragall está preso de los votos de los independentistas. Y no sólo él. Convergencia compite con ellos en fanatismo. El mayor problema es la falta de convicciones profundas entre los políticos catalanes. Les come la moral el que grita más fuerte.

-¿Qué hay de cierto en las quejas de Maragall y Carod en el sentido de que la derecha española magnifica sus errores para atacar al Gobierno de Zapatero?
-Hay millones de catalanes a los que la caricatura del «Madrid satánico» no les impresiona absolutamente nada. Saben que es el telón que esconde una bien demostrada incompetencia local.

-¿Cree que el pensamiento nacionalista se ha impuesto en el PSC o el problema es el de un partido acomplejado ante el nacionalismo catalán?
-El problema es el grupo de viejos dirigentes que no tienen nada mejor que ofrecer que más nacionalismo. Si fueran jóvenes estarían en el partido de Carod. El PSC tiene que renovarse si quiere conservar una voz propia.

-¿Coincide con la definición del catalanismo del PSC como «nacionalismo implícito» que denuncian algunos militantes socialistas?
-Sí, es la herencia de los años setenta. Algo totalmente rancio que por desdicha ha convertido a los de Iniciativa, ¡la extrema izquierda!, en un jardín de infancia.

-¿Cree que hay voluntad en ese sector de romper con el PSC y crear ese partido que ustedes reclaman?
-Será muy difícil, pero supongo que ganas no faltan.

-Denuncian que ningún partido en Cataluña les representa. ¿Tampoco el PP?
-El PP no es un partido moderno. Es inconcebible que quiera imponer clases de religión, que impida la investigación científica o que se tome en serio al Vaticano. Cuando ese partido acabe con los restos de franquismo que le asfixian, cambiará todo el panorama político de España.

-¿Cree que el giro catalanista de Piqué ha plegado a los populares al discurso nacionalista?
-¡Qué remedio! Les apedrean las sedes, les tiran huevos cuando ponen flores a los héroes catalanes, les impiden hablar en la universidad, les desprecian constantemente, se burlan de ellos en todos los medios públicos... Y sus colegas sonríen y les dan palmaditas en la espalda.

-¿A qué sector de la sociedad catalana representan? ¿Está de acuerdo con quienes los identifican con los emigrantes del resto de España que llegaron en los cincuenta y sesenta?
-Cada cual debe de representar una parte distinta, porque hay miles de llamadas de gentes que quieren adherirse al escrito. Sin embargo, no queremos representar nada más que la insumisión o el disenso. Son los partidos los que debieran representar a las clases, pero el nacionalismo, como usted sabe, disimula que aún hay clases.

-Usted secundó también el manifiesto de intelectuales contra la «Barcelona antitaurina». Se ha convertido en un experto en batallas políticamente incorrectas.
-La incorrección política de hoy es la corrección política de mañana...

-Como profesor universitario, ¿cree que la política lingüística en defensa del catalán resta potencialidad a la universidad catalana?
-No podría afirmarlo con datos. Más bien creo que la educación en general es un desastre. Proporcionalmente, el presupuesto catalán de educación es el más bajo de España.

-Como escritor, ¿qué opina de la marginación de los escritores en castellano de la Feria de Frankfurt?
-Me parece muy bien. Creo que habría que darle la vuelta. Dado el desprecio que manifiestan las autoridades (aunque no los colegas) hacia estos escritores, a Frankfurt no debería acudir ningún escritor en lengua castellana, de manera que los alemanes se enteraran de cuál es la situación real en Cataluña. Es un error bailarle el agua a los intolerantes.

Socialistas críticos catalanes se unen para frenar «la deriva» de Maragall
Un sector de la militancia socialista sueña desde hace años con recuperar la Federación Catalana del PSOE, desaparecida en 1978 tras la creación del PSC.
MARÍA ANTONIA PRIETO ABC  4 Junio 2005

BARCELONA. Las dos corrientes críticas del Partit dels Socialistes de Catalunya, «Ágora socialista» y «Socialistas en positivo», han acordado establecer «unidad de acción» tras comprobar que sus estrategias y objetivos son los mismos. En un encuentro celebrado la noche del miércoles en Barcelona, representantes de estas dos plataformas -que aglutinan a unos 250 militantes de base- se pusieron de acuerdo en unir sus escasos recursos con el fin de denunciar una situación ante la que, dicen, «no podemos seguir callando»: la deriva catalanista del PSC y del Gobierno presidido por Pasqual Maragall.

«Ágora socialista», que durante años ha llevado en solitario la etiqueta de corriente díscola, ha acogido con estusiasmo la reciente aparición de «Socialistas en positivo», la plataforma de un grupo de afiliados que se ha dado a conocer tras enviar cientos de cartas a militantes y dirigentes del PSOE pidiendo amparo, con ironía, ante el triunfo del nacionalismo en Cataluña «gracias al concurso indispensable de nuestros compañeros del PSC».

Tanto «Ágora socialista» como «Socialistas en positivo» coinciden en denunciar una espiral de silencio, de la que también responsabilizan al PSC, que frustra cualquier debate ideológico en Cataluña. Ambos condenan, por ejemplo, la persecución de la lengua castellana, la ausencia de pluralismo y la restricción de los derechos individuales en favor de un proyecto nacionalista «de construcción nacional».

Fraternidad con los pueblos de España
Este colectivo se siente a años luz del sector catalanista y burgués de Maragall y, al mismo tiempo, acumula importantes dosis de decepción y resentimiento hacia los representantes del ala conocida como «españolista», liderada por José Montilla y los todopoderosos alcaldes del cinturón industrial. A ellos les recriminan sus «complejos» y su mimetismo con el entorno nacionalista y con el pensamiento oficial.

La corriente crítica del PSC comparte las denuncias contra el nacionalismo expresadas por un grupo de intelectuales -entre los que se encuentran Félix de Azúa, Albert Boadella, Horacio Vázquez Rial y Xavier Pericay-, pero discrepan de la estrategia a seguir. Según los intelectuales firmantes del manifiesto «Por un nuevo partido político en Cataluña», sólo la creación de una formación de izquierdas no nacionalista aliviaría la presión que ejercen el resto de los partidos catalanes; según los militantes díscolos del PSC, todavía hay posibilidades de reconducir la situación desde las entrañas del propio socialismo pese a que «ni el discurso actual del PSC, ni su minoría dirigente nos merece crédito para cumplir este cometido». «Son necesarias -defiende este colectivo- correcciones a la deriva nacionalista, a la pérdida de fidelidad a su proyecto fundacional, a la lealtad y fraternidad con el resto del PSOE y con los demás pueblos de España, muchos de cuyos descendientes constituimos la espina dorsal del socialismo catalán».

Ya hace años que un sector de la militancia -en algunos momentos animada por los barones del PSC- sueña con recuperar la Federación Catalana del PSOE, desaparecida en 1978 tras la creación del PSC. Fuentes consultadas aseguran que el sector liderado por el primer secretario de los socialistas catalanes y ministro de Industria, José Montilla, y el entorno del secretario de Organización del PSOE, José Blanco, estarían, de alguna manera, detrás de esta operación con el objetivo de dar un golpe de timón en el socialismo catalán. De hecho, Blanco ya intentó en su día convencer al alcalde de L´Hospitalet de Llobregat, Celestino Corbacho, para que encabezara una rebelión interna que desembocara en la recuperación de la Federación Catalana del PSOE.
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