AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 5 Junio 2005
Clamor en Madrid
Editorial ABC  5 Junio 2005

La legislatura toca fondo
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 5 Junio 2005

El fuego sagrado
Ignacio Camacho ABC 5 Junio 2005

Con las víctimas
Juan Luis CARRASCO LR 5 Junio 2005

Un millón casi: faltaba el PSOE
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 5 Junio 2005

Un fracaso del Estado
M. MARTÍN FERRAND ABC 5 Junio 2005

Olivar
Jon JUARISTI ABC 5 Junio 2005

La manifestación
Jaime CAMPMANY ABC  5 Junio 2005

Navarra no será moneda de cambio
Editorial ABC 5 Junio 2005

EL DOCUMENTO DE BARCELONA
Álvaro Delgado-Gal ABC 5 Junio 2005

El «no» al diálogo con ETA desborda Madrid
Marcos S. González LR 5 Junio 2005

La UPV facilita a presos etarras acceder a las plazas de profesores y cobrar en prisión
Europa Press Libertad Digital  5 Junio 2005

Autores en Fráncfort: cuando la política no entiende de literatura
V. F. LR 5 Junio 2005

Stanley G. Payne: «El concepto de negociación de Zapatero con ETA refleja un plan propio de ingenuos»
MADRID. Antonio Astorga ABC  5 Junio 2005

Navarra, objetivo nacionalista
VIRGINIA RÓDENAS ABC  5 Junio 2005
 

Clamor en Madrid
Editorial ABC  5 Junio 2005

A las buenas palabras del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sobre su disposición a dialogar y a escuchar a los ciudadanos, les ha llegado el trámite de pasar por el filtro de la realidad. Frente a la masiva manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Ejecutivo podrá esgrimir argumentos retóricos, refugiarse en las legítimas discrepancias de algunas víctimas o descalificar la respuesta social por vicios partidistas. Pero ninguno será suficiente para borrar el efecto inmediato, pero indefinido, que se ha producido en la opinión pública como consecuencia de una movilización que sólo tiene antecedentes en las protestas contra ETA, la matanza del 11-M o la guerra de Irak.

El Ejecutivo no puede ni debe responder como un autista. Se trata sólo de que Rodríguez Zapatero sea coherente con sus tiempos de líder de pancarta y con lo que decía a José María Aznar cuando éste mantuvo determinadas decisiones políticas en contra de la opinión mayoritaria de los ciudadanos. En este caso, además, el Gobierno socialista debería ser sensible al hecho de que muchos más ciudadanos -que por discrepar de la oportunidad de la manifestación no acudieron al acto- están sin duda de acuerdo con el rechazo a la negociación con ETA, en las presentes condiciones. La razón es tan sencilla que parece difícil que el Ejecutivo no la atienda ni la entienda: la derrota incondicional de ETA une a más españoles que la propuesta de negociar con los terroristas.

Cabría incluso concederle al Gobierno la duda de que sus intenciones -sean cuales sean, porque no han sido conocidas ni debatidas- no pretendan ir tan lejos como se desprende de las reacciones de las víctimas del terrorismo y de amplios sectores de la sociedad. Pero, entonces, el problema sigue siendo del Ejecutivo por embarcarse en una iniciativa que, en sí misma, implica altos riesgos y, sin transparencia ni sinceridad, constituye un peligro para la estabilidad del sistema y la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

La manifestación de ayer fue un éxito sin matices, en cuanto a asistencia, organización y normalidad. Todo un revés para las sutiles infiltraciones propagandísticas sobre la división de las víctimas -que las hay, pero ni tantas ni tan profundas como se ha querido hacer ver- y la manipulación partidista de los sentimientos. No debe empecinarse el Gobierno en actuar como si nada hubiera pasado. Ha pasado, y mucho. Ha fracasado todo el empeño gubernamental en neutralizar a la AVT mediante la discordia con las víctimas del 11-M o la superposición de un Alto Comisionado que ya ha afirmado que no representa a las víctimas, sino al Gobierno, lo cual es verdad en términos administrativos y, sobre todo, políticos. Por esto mismo, Gregorio Peces-Barba está ya amortizado en su cargo y en sus funciones.

El pasado viernes, la vicepresidenta primera del Gobierno anunció que nada cambiaría después de la manifestación. El error de estas palabras es letal en un Ejecutivo comprometido con el diálogo. Las víctimas de ETA no buscan subsidios, ni empleo, ni trasvases. No forman parte de los cómodos capítulos negociables de la rutina gubernamental. No son enajenables al uso de la política de intereses y premios. Se equivoca Rodríguez Zapatero al tratar a las víctimas del terrorismo como opositores políticos o como agitadores sociales. Son víctimas, sin más, y este es ante todo un concepto ético, que compromete principios como justicia, dignidad y memoria. Seguir como si nada pasara no es una muestra de firmeza, sino de impotencia para rectificar, de insuficiencias políticas graves que, sin embargo, están siendo aprovechadas, cada cual a su manera, por la propia ETA/Batasuna, cada vez más insolente en sus admoniciones al Ejecutivo central; y por las fuerzas nacionalistas extremistas, más preparadas que nunca para pescar en este río que está revolviendo el Gobierno.

No es más grave rectificar ante las víctimas de ETA que seguir en el turbio consorcio de intereses con Esquerra Republicana de Cataluña, partido puntero en la obstrucción al Estado en la lucha contra el terrorismo. Será al contrario, porque las mismas víctimas que ayer criticaban duramente al Gobierno por proponer un diálogo ilusiorio con ETA no dudarán en apoyarle si rectifica el rumbo y recupera la unidad política que supuso el Pacto antiterrorista. Será la peor noticia que pueda recibir ETA.

La legislatura toca fondo
POR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 5 Junio 2005

ENTRE el azar y la suerte media una diferencia sutil, casi imperceptible, que ni el diccionario de la Real Academia de la Lengua logra determinar con certeza conceptual. Pero en la cultura popular la suerte siempre ha sido «para el que se la trabaja» -es decir, un premio o un castigo para el que merecía uno u otro-, mientras que el azar ha representado la casualidad siempre autónoma a la actitud del que lo padece o lo disfruta.

La adulación que, viscosa, inflama a los epígonos de los poderosos se ha empeñado en atribuir al presidente del Gobierno la virtud inmanente de disfrutar de buena suerte. Los hechos, sin embargo, tan irrefutables en su objetividad, niegan esa casi mística atribución porque lo que ha distinguido la trayectoria de Rodríguez Zapatero -al menos hasta ahora- ha sido la concurrencia de un azar -es decir, de una casualidad- que le ha resultado favorable.

Es de temer, sin embargo, que el propio jefe del Ejecutivo se haya creído nimbado por un aura de cierta infalibilidad que, sobre una actitud precozmente soberbia, le esté conduciendo a que prácticamente todas sus apuestas políticas se perfilen como irreversiblemente fallidas. Debe admitirse que la pertinaz sequía que padece buena parte de España no es consecuencia de la derogación socialista del trasvase en el Plan Hidrológico Nacional, pero sí es de la responsabilidad del Gobierno -y sólo del Gobierno y de sus aliados parlamentarios- que una buena parte de las víctimas del terrorismo se haya echado a la calle ayer en Madrid en lo que ha representado un contundente reproche a la innecesaria iniciativa del Ejecutivo de situar a la banda terrorista ETA en el centro del debate político.

La manifestación de ayer es la prueba del destrozo social causado por un inexperto y visionario empeño de solemnizar parlamentariamente un propósito político que requeriría de una absoluta discreción; pero no sólo ese ha sido el indeseable efecto de un desafortunado debate sobre el estado de la Nación. Al agravio percibido por las víctimas se ha añadido la ruptura del Pacto antiterrorista y la quiebra en las relaciones entre el Gobierno y el PP, sin cuyo concurso Rodríguez Zapatero en absoluto podrá hacer frente a sus compromisos programáticos más sustanciales.

La apelación -otra vez los epígonos del poderoso- a que se haga un acto de fe en los datos reservados, la intuición estadista o el «optimismo antropológico» de nuestro presidente según los cuales existiría una «oportunidad» para acabar con el terrorismo, es un recurso impropio de los laicistas que nos gobiernan. La fe es adecuada para enfrentarse a la trascendencia, pero ni es un argumento político, ni sirve para encarar la cruda realidad de una banda terrorista activa. Es posible que el presidente tenga su particular Mark Felt, su «garganta profunda», pero la seguridad nacional no se maneja como un periódico que puede permitirse -a veces debe hacerlo- fuentes anónimas siempre y cuando el relato noticioso se compruebe, antes o después, veraz. Tomo como probable la estimación del excelente hispanista estadounidense Stanley Payne -autor de una interesante historia del nacionalismo vasco- que augura a Zapatero caer «en su propia fosa si negocia con ETA».

Aunque el presidente recoja velas -y lo está haciendo de forma notoria- en su precipitación dialoguista con ETA, ¿podrá también hacerlo en la política exterior? El eje al que iba a asirse su acción internacional ha quebrado con estrépito y hasta su propia proyección en Alemania y Francia ha resultado dañada al implicarse personalmente en las derrotas de Schröder en Renania-Wesfalia y de Chirac en el referéndum europeo. El Tratado Constitucional de la Unión ha hecho aguas y al hacerlo también el diseño -precipitado, inexperto y reactivo- del Gobierno socialista. El fiasco, de tener alguna alternativa, es la que encarna Blair -el amigo de Aznar-, que hará bueno el pronóstico del depuesto ministro de Exteriores francés, Michel Barnier: «Se está imponiendo la idea anglosajona de Europa». Cita ésta de suficiente autoridad que conjugada con la del diario «Le Monde» («Francia intenta exportar a Europa sus fracasos»), nos conduce a un juicio muy severo sobre la visión estratégica de nuestro Ejecutivo, muy entretenido en Venezuela y Cuba, mientras en Marruecos -otro polo de la confraternización exterior de Rodríguez Zapatero- estalla una intifada en Sahara y la policía reprime sin contemplaciones en Rabat una revuelta estudiantil, acontecimientos ambos que el Gobierno de Mohamed VI atribuye a la inspiración de «determinados medios de comunicación españoles».

Claro es que sin Constitución europea decae el sentido de una de las reformas de la Carta Magna que pretendía el Gobierno -su mención expresa en la nuestra-; no parece tampoco que la modificación del artículo 57 sobre la sucesión en la Corona resulte sensata en las actuales circunstancias; y, por fin, el Partido Popular no tiene buenas razones para facilitar las otras dos que quiere Moncloa: la incorporación de la denominación de las comunidades autónomas en el Título VIII y la reforma del Senado, ambos asuntos, además, repletos de complejidades y segundas intenciones por parte de los nacionalistas catalanes y vascos. Si a todas estas inviabilidades políticas se suma la profunda divergencia sobre la financiación de las autonomías y los muy diferentes procesos de reformas de sus estatutos, que precisan del concurso del PP, se llegará fácilmente a la conclusión de que, sin mayoría suficiente y con unos socios depredadores, el Gobierno puede durar pero no culminar razonablemente ni uno sólo de sus objetivos programáticos para esta legislatura.

Es cierto que la mayoría parlamentaria que sustenta al Ejecutivo ha aprobado algunas leyes de gran calado. Pero con un coste social cuyo monto todavía no se ha cifrado. ¿Qué incidencia política tiene que varios prelados secunden movilizaciones contra la ley del matrimonio homosexual y sugieran el voto en Galicia para la opción del Partido Popular? Alguna tendrá y más vale que esta vez el Gobierno haga un cálculo más reposado, aún en el supuesto de que Fraga no logre la mayoría absoluta el próximo 19 de junio. Si así fuere, el PSOE tendrá que pactar con el nacionalismo de Anxo Quintana, que no querrá menos que el de Carod Rovira y el de Ibarretxe. Este último, todavía en funciones, precisará de una alianza parlamentaria con los sucesores de Batasuna, lo que implicará una radicalización adicional a la tradicional del PNV. Imaz ya ha avisado de que la «solución del conflicto pasa por la cosoberanía».

La prudencia del vicepresidente segundo del Gobierno, que se ha abstenido de tomar decisiones que no sean las de mera administración, sostendrá la situación hasta que dejen de percibirse los efectos oportunistas de la regularización de inmigrantes en el empleo y en la afiliación a la Seguridad Social, y decaigan los efectos inerciales que todavía registra nuestra economía. Será entonces cuando se convoquen elecciones anticipadas cerrando una legislatura que ha tocado fondo.

El fuego sagrado
Por Ignacio Camacho ABC 5 Junio 2005

CUANDO se dice que las víctimas siempre tienen razón no estamos ante un simple formulismo retórico. Las víctimas -y sus deudos, a los que se extiende en vida la condición atormentada de protagonistas del sufrimiento sin paz- constituyen la memoria social del drama del terror y la violencia, y son el soporte moral que sirve a la democracia para luchar contra su principal enemigo contemporáneo. Las víctimas tienen razón primero por ser víctimas -esto es, objetivos arbitrarios de una agresión irracional dirigida contra el cuerpo de la sociedad libre y abierta-, y luego porque, en tanto lo son, resultan depositarias de nuestra voluntad colectiva de resistir y de luchar. Como en la Atenas que defendía con unánime heroísmo cívico su sitiada libertad, las víctimas son hoy, desde su dolor, las vestales que vigilan el fuego sagrado de la democracia.

La respuesta de la sociedad española frente al desafío terrorista se había basado, hasta ahora, en un compromiso de resistencia común que encontraba en las víctimas la razón para no desmayar. Ese consenso surgió en Ermua, allá por el dramático verano del 97, cuando la infamia alcanzó un punto de no retorno en el cuerpo inerte de Miguel Ángel Blanco. Surgió entonces una honda determinación de resistir, una sacudida moral de repugnancia y hastío que extendió el grito de «Basta Ya» por todos los rincones de España. La política antiterrorista cifrada en el Pacto por las Libertades de 2003 arranca de ese espíritu de defensa democrática que aglutinó a los dos grandes partidos con un proyecto nacional en torno a la firmeza sin fisuras frente a la amenaza que comprometía los cimientos del Estado.

Lo que cientos de miles de ciudadanos expresaron ayer en la calle Príncipe de Vergara de Madrid no es sino su voluntad de que ese espíritu de resistencia no se doblegue ahora. El Gobierno ha decidido, con toda legitimidad, explorar otra vía, pero muchos españoles no encuentran el motivo por el que ha de quebrarse este consenso que ha dado fuerza y cohesión al sistema democrático. Se trata de luchar o no luchar; el viejo dilema hamletiano actualizado por el final de los célebres versos: «Enfrentarse a un piélago de calamidades y acabar con ellas luchando». Los que ayer desfilaron bajo la pancarta de «No en mi nombre», y muchos millones más que les apoyan desde el silencio de sus hogares, mantienen una razonable reserva sobre las posibilidades de éxito de un cambio de estrategia que sustituya el combate por la negociación, y entienden que el Ejecutivo y sus nuevos aliados -poco fiables en la medida en que nunca quisieron sumarse al Pacto Antiterrorista- pueden acabar cambiando la resistencia por el desistimiento.

Nada más inadecuado, por ello, que la arrogancia con que el Gobierno manifestó el viernes, a través de su vicepresidenta, su decisión de desoír esta protesta multitudinaria. La democracia es un régimen de opinión pública que se expresa también a través de manifestaciones, y que con frecuencia demuestra -lo acabamos de ver en los referenda europeos de Francia y Holanda- que la opinión de los ciudadanos no coincide con la del Parlamento. No hace falta recordar el ahínco con que los ahora sordos voluntarios reclamaban a Aznar, durante la guerra de Irak, que escuchase la voz de la calle.

La marcha de ayer testimonia la existencia de un significativo número de ciudadanos contrarios a un cambio de política contra el terrorismo. Unos ciudadanos entre los que se cuenta la mayoría de las víctimas, desamparadas ante lo que consideran una claudicación ante su memoria. Negarse a escucharlos representa emprender una vía de ruptura civil sin retorno. O con un retorno muy comprometido.

Al romper el consenso mayoritario en materia antiterrorista, el presidente Zapatero ha situado al país ante una quiebra moral que no sólo ha dividido a las víctimas, sino que ha provocado una corriente de inquietud ciudadana ante la posibilidad de que ETA y sus cómplices puedan obtener un precio político a cambio de un hipotético cese de la violencia que, además, está bien lejos de producirse.

Además, la vía anunciada -el Gobierno sostiene con vehemencia que aún no ha sido emprendida- contiene numerosos puntos de riesgo que nadie puede soslayar desde la razón de la evidencia. Aunque en los últimos días se haya producido un verificable repliegue de sensatez, el Estado ha emitido signos de su voluntad negociadora antes de que los terroristas depongan las armas, fiándose tan sólo de indicios confusos, y ello supone dejar en manos de ETA la llave de un proceso que puede acarrear consecuencias irreparables. No sólo para el Estado en sí, sino incluso para el propio Gobierno, que de algún modo va a unir su suerte al éxito de una estrategia cuyos resortes profundos no controla.

Nadie duda de la voluntad de Zapatero de encontrar una solución al largo problema del terrorismo, sino de la idoneidad de la vía elegida. Primero, porque no cuenta con la anuencia de las víctimas, un factor esencial a la hora de lograr la necesaria cohesión social de la iniciativa. Segundo, porque su apoyo es cuantitativa y cualitativamente menor que el que aglutinaba la actual política de consenso antiterrorista. Tercero, porque supone reconocer al terrorismo y su entorno una cierta legitimidad política. Cuarto, porque entraña un peligro cierto de debilitar al Estado. Y quinto porque, como demuestra la manifestación de ayer, divide a la sociedad española y siembra en ella un factor de desconfianza y discordia que, de alguna manera, entrega a los terroristas su primera gran victoria moral.

Hasta ahora, Zapatero había fracasado en la tarea imprescindible de recolectar el consenso de las víctimas, pero desde ayer sabemos que las tiene decididamente en contra, junto a una amplia porción de la sociedad española. En vez de preocuparse de ganar primero la voluntad de los depositarios morales del espíritu de la resistencia, el Gobierno ha preferido orillarlos y desoírlos. Grave error que el presidente debería reconsiderar cuanto antes, incluso para continuar con su estrategia. De otro modo, si tiene un más que posible contratiempo se va a hallar en serios problemas para volver atrás, porque atrás ha dejado una escombrera de desavenencias y divisiones de la que brotan -«no en nuestro nombre»- las voces de advertencia que no quiere escuchar desde la misteriosa, inexplicable soberbia que parece habitar de modo perenne entre los muros de la Moncloa.

Con las víctimas
Juan Luis CARRASCO LR 5 Junio 2005

La peor noticia de la manifestación de Madrid fue precisamente su propia existencia. Que las víctimas del terrorismo se vieran forzadas a salir a la calle para hacer oír su voz ha sido una prueba de cargo contra un Gobierno que ha clavado una política de claudicación con ETA en la espalda de quienes precisamente lo dieron todo por combatir y derrotar al terrorismo. La imagen de ayer ha representado el fracaso del propio presidente Zapatero y ha simbolizado mejor que ninguna otra la deslealtad de la casta gubernamental hacia quienes más necesitaban su atención y dedicación. El Gobierno y sus ramificaciones lo han intentado casi todo para silenciar y debilitar a la Asociación de Víctimas, desde dividirla, a desprestigiarla, a socavar su representatividad e incluso su legitimidad. Y a esa tarea se dedicó desde ese auténtico comisario político llamado Peces-Barba, que debiera haberse marchado a su casa hace tiempo, hasta el hólding político-mediático afín al poder socialista. Pero no han podido ni podrán, aunque lo seguirán intentando, porque ya consideran a las víctimas entre sus adversarios. La manifestación ya era un éxito antes de su comienzo, porque lo que ennoblece a cualquier movilización es su causa y quienes la defienden. Y en este punto la grandeza y envergadura moral de las víctimas del terrorismo son incomparables.

Un millón casi: faltaba el PSOE
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 5 Junio 2005

Ni los más optimistas entre los convocantes de la manifestación, la AVT, soñaban con reunir una multitud tan gigantesca como la congregada en Madrid en respaldo a las víctimas del terrorismo y en rechazo a la política gubernamental de negociación con la ETA. Ni los más optimistas dentro del PP pensaban que su apuesta por la política de firmeza frente a la banda criminal y contra sus aliados tácitos o expresos, entre los que figuran los separatistas de toda la vida, los comunistas de casi siempre y los socialistas de ahora mismo, iba a tener, en una tarde madrileña de fin de semana y calor agobiante, un éxito de convocatoria tan abrumador. Por supuesto, la manifestación tendría el mismo valor si hubiera reunido a veinte mil personas, porque lo que defendía es moralmente impecable y políticamente razonable. Pero reunir a cerca de un millón de personas con el Gobierno y toda su batahola mediática en contra no supone sólo un extraordinario respaldo social e ideológico a la AVT sino que muestra la solidez y la amplitud del rechazo que en la sociedad española despierta la política de pacto con la ETA y sus cómplices de Perpiñán o Estella, y, en consecuencia, contra las víctimas y contra el PP.

Si el siniestro Peces Barba, la patética Pilar Manjón y este Gobierno de extrema izquierda que padecemos tuvieran el más elemental sentido de la dignidad, dimitirían de su cargo, dejarían de traicionar a las demás víctimas o abandonarían su cobarde política de claudicación ante el terrorismo y el separatismo. No lo harán, porque siguen el guión necio y criminal de quienes piensan que se puede volver la espalda a media España para que los terroristas de ETA les permitan tener más Poder por más tiempo. Estúpidos. Ni la ETA va a hacerles el trabajo limpio —lo suyo siempre será el trabajo sucio—, ni media España va a resignarse a seguir borreguilmente las consignas de la SER y el Pirulí. Parodiando a Churchill, puede decirse que han elegido la indignidad para mantener su comodidad. Ya chapotean en la indignidad pero no tendrán comodidad... ni dignidad.

Ahora bien, no cabe engañarse: Zapatero y Polanco (su aliado fundamental, sin el que todo el tinglado se vendría abajo) siguen decididos a pactar con la ETA y contra el PP. Para ello, proseguirán su abyecta labor de dividir, calumniar y deslegitimar a las víctimas del terrorismo y a todo lo que representan. No lo conseguirán, pero seguirán intentándolo con toda la malicia, la artería y fiereza totalitaria tantas veces demostradas. Por todo ello, esta del sábado 4 de junio de 2005 debería ser sólo la primera de muchas manifestaciones que han de recuperar la calle para todos los españoles dispuestos a derrotar a la ETA, no a congraciarse con ella, que son la inmensa mayoría, como se ha visto en Madrid. Casi un millón de personas. Con el PSOE, hubiera habido un millón. Pero como se ha puesto contra las víctimas y contra el PP, es evidente que la manifestación ha sido también contra Zapatero. A cambio de su ausencia, y de esa negociación que supone traicionar a la libertad y a España, el inquilino monclovita tiene ya en su haber un símbolo que ningún presidente del Gobierno en la democracia ha merecido: “zETAp”. Si tiene un mínimo de capacidad intelectual, reflexionará.

Un fracaso del Estado
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 5 Junio 2005

JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero, lo tengo dicho, pertenece a esa estirpe de personajes que prefieren «tener razón» -algo que no está muy claro en qué consiste- a tener éxito, amigos, resultados mensurables en su política económica y frutos de satisfacción en la social. En lo cultural, por lo que llevamos visto y en la consideración del elenco dedicado al asunto, ni tan siquiera aspira a tener razón y le basta con la disponibilidad servil de su plantilla de talentos (?) y creadores (!). Es su oportunidad. En su sillón de La Moncloa le ha sentado una mayoría insuficiente de españoles reforzada por los militantes de unos partidos que quieren cambiar de nacionalidad. Un contrasentido que tiende a proyectarse en cada acto de Gobierno.

La manifestación popular que, convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, ayer tarde recorrió Madrid, en ausencia de cualquier representante gubernamental, es prueba definitiva de lo que digo. No se trata de, supongo, que Zapatero esté contra las víctimas ni, menos todavía, que recele del derecho ciudadano a la libre expresión; pero el acto no se suscitó desde su diseño monclovita ni por los agentes acostumbrados. Eso va contra esa voluntad poseedora de la razón que señalo y que, aún en su tremenda esterilidad, forma parte del método presidencial con caracteres estelares y, en los hechos, identifica al personaje.

Decía Álvaro de Laiglesia que «los ancianitos son una lata». Si trasladamos la ironía del desaparecido director de La Codorniz al caso que nos ocupa, «la lata» la constituyen las víctimas del terrorismo. Están ahí como dolor para los próximos y, lo que es más trascendental, como testimonio del gran fracaso de un Estado que no fue capaz de garantizarles la seguridad que financiaron sus impuestos. Es el mismo Estado que ahora, en su turno democrático, administra Zapatero y que sigue teniendo en su carpeta de «pendiente» la solución definitiva del problema y la satisfacción a las víctimas. Serán una lata, pero son nuestra lata.

La aparición de fantasmas en el caso, como ese híbrido entre rector y secretario de Estado con que el Gobierno trata de distraer a las víctimas, no hace más que calentar el problema y, en el riesgo de la ruptura total del llamado pacto antiterrorista, convertir en material político lo que hasta ahora, prudentemente, sólo había sido dolor individual y problema social. Mal asunto. En esta cuestión de enfrentamiento con el terrorismo y atención a sus secuelas, la sintonía total entre el PSOE y el PP es condición indispensable para alcanzar soluciones válidas y definitivas. Un fracaso del Estado tan evidente y doloroso como el que nos ocupa, y viene produciéndose desde hace más de treinta años, exige remedios totales, no parciales; pero, desgraciadamente, ni va por ahí la razón según Zapatero ni, en consecuencia, Rajoy puede aportar su ayuda.

Olivar
Por Jon JUARISTI ABC 5 Junio 2005

LA del nacionalismo jamás ha sido en España una pasión honda y ampliamente sentida. La tipología de los nacionalistas no es muy variada: en un extremo, publicistas cursis; en el otro, asesinos en serie y, en la curva de la campana de Gauss, sus amedrentadas clientelas. No abundan entre ellos los versados en las verdaderas tradiciones de las grandes o pequeñas patrias, porque su misión es desembarazarse de ellas cuanto antes y sustituirlas por trivialidades intercambiables. Y no es que toda tradición, por el hecho de serlo, merezca ser conservada, pero, al menos, convendría describirlas y archivarlas antes de su definitiva entrega al olvido.

Los grandes estudiosos de las tradiciones de España no fueron nacionalistas. En el XIX, abundaron en el gremio los tradicionalistas (Milá y Fontanals, Menéndez Pelayo, Juan Menéndez Pidal, Antoni Alcover, Joan Amades, Resurrección María de Azkue, etc.), aunque también estuvo en primera fila algún raro federal como Antonio Machado Álvarez. La tendencia ideológica mayoritaria en el grupo no le granjeó simpatías entre los intelectuales de filiación liberal hasta que los del noventa y ocho, éstos sí, propensos al nacionalismo adolorido, se aprovecharon de su legado para hacer literatura, y sólo en literatura habría quedado aquél sin la irrupción de un joven maestro que renovó la teoría y sistematizó la práctica de la investigación en este campo. La figura de Ramón Menéndez Pidal, que, sin demasiada exactitud, se definió él mismo en alguna ocasión como «uno del noventa y ocho», encabezó las iniciativas fundamentales de la cultura española durante casi tres cuartos del siglo XX, no sólo en el ámbito de la lingüística, la historia literaria y la historiografía, sino también en el de la literatura de creación. Sin Menéndez Pidal no habríamos tenido un medievalismo digno de tal nombre, desconoceríamos o conoceríamos muy mal la historia de las lenguas peninsulares (no sólo la del español); las obras de Américo Castro (su secuaz díscolo) y, en buena parte, la de Ortega habrían resultado gravemente mermadas y, desde luego, la generación del veintisiete no habría dado sus extraordinarios frutos ni en la poesía ni en la crítica.

Menéndez Pidal no fue un nacionalista deprimido ni belicoso. No necesitó serlo: español y liberal de una pieza, hizo suya la ética del trabajo auspiciada por los institucionistas y no escogió mal sus modelos históricos (ante todo, Alfonso X, el rey Sabio, creador del primer laboratorio humanístico occidental, acorde con su proyecto de un Renacimiento en lengua vulgar que se adelantó en más de dos centurias a las versiones vernáculas europeas de la vuelta a los clásicos). Si su obra fue manipulada por un nacionalismo con vocación totalitaria, es asimismo innegable que constituyó una referencia primordial para la reconstrucción de una razón ilustrada, auténticamente nacional y democrática, durante los años del franquismo, más fecundos de lo que suele reconocerse gracias a esforzadas empresas individuales o familiares como la que don Ramón sostuvo a lo largo de tres décadas y que permitieron restablecer la continuidad con lo mejor de la cultura española anterior a la guerra civil.

Tras la muerte de Menéndez Pidal, su herencia intelectual se transformó en tradición creativa, como él quería, y no en mera escolástica para uso de epígonos. Su casa del Olivar de Chamartín, convertida en laboratorio humanístico de estilo alfonsí, acogió al menos dos generaciones, en sentido orteguiano, de aprendices de filólogos. No sólo de estudiantes de lengua y literatura española. Allí trabajamos codo con codo españoles, portugueses, franceses, serbios, japoneses, hispanoamericanos y norteamericanos y en sus seminarios se formaron los más reconocidos especialistas actuales en las literaturas tradicionales catalana, eusquérica y gallega. Hoy, el Olivar, escenario y memoria de la gran cultura liberal del siglo XX -de Menéndez Pidal, de Castillejo y la Junta de Ampliación de Estudios, de Dámaso Alonso, etc.- va a ser engullido por la especulación inmobiliaria. Su desvanecimiento junto con el recuerdo de quienes lo poblaron parece un preludio simbólico de la inminente desaparición de otras cosas más importantes, extensas y antiguas -y ya no hablo sólo de tradiciones- que tampoco hemos sabido defender. Cualquier día nos levantaremos todos nacionalistas (o sea, amnésicos y felices como escarabajos).

La manifestación
Por Jaime CAMPMANY ABC  5 Junio 2005

QUÉ mal, qué requetemal, qué rematadamente mal ha llevado Zapatero esta desafortunada negociación con Eta para tratar de poner fin al terrorismo. Ha enseñado sus cartas, ha rendido sus armas, ha explicado sus condiciones desde el primer momento y ha facilitado que los secretos de una negociación delicada se conviertan en secretos a voces. Ha permitido que sean los terroristas quienes proclamen públicamente sus condiciones y quienes tomen la iniciativa, tanto con exigencias como con atentados.

Gracias a una política de claudicaciones, de cobardías y de paños calientes, la banda etarra ha dejado de padecer una situación de precariedad en la financiación, de dificultad en la leva de alevines de asesino, de tener casi a todos sus dirigentes en la cárcel y de verse acosada en España y en Francia, para pasar de nuevo a la planificación de los bombazos, a la recaudación sustanciosa del «impuesto revolucionario» y a disponer de una representación política de nueve miembros en el Parlamento vasco. Esos nueve miembros han sido los suficientes para imponer un presidente en la asamblea autonómica y serán los suficientes para la elección del lehendakari. Son nueve escaños situados justamente en medio del PNV y sus socios, por un lado, y del Partido Socialista y el Popular, por otro, y por lo tanto deciden los acuerdos del Parlamento con su arbitraje.

Y encima, para celebrar sus claudicaciones en la lucha contra la banda etarra, Zapatero les ofrece la mano y les invita a una negociación «si dejan las armas». La reacción inmediata de la dirección etarra la conocen ustedes: declarar públicamente que Eta no va a abandonar las armas así como así, organizar una cadena de explosiones en Guipúzcoa, en Bilbao y en Madrid, presionar a los empresarios para que paguen el «impuesto» y exigir la inmediata legalización de Herri Batasuna para empezar a hablar. Las cosas no se pueden hacer peor. Hasta los propios socialistas tienen que reconocer, y son muchos los que ya lo reconocen, que estamos en manos de inexpertos, tan torpes y tan ilusos como audaces.

Y además tienen la soberbia del tonto. No han escuchado ni las voces del adversario ni las que les han llegado desde su propia casa. Zapatero hace más caso a Maragall y a Carod-Rovira que al socialista Vázquez, al socialista Rodríguez Ibarra, al socialista Bono o a la socialista Rosa Díez, por citar a algunos de los discretos discrepantes. Ayer mismo, se encontró Zapatero ante una manifestación que desbordó todas las previsiones de asistencia. Cientos y cientos de miles de españoles que pedían un trato de dignidad y de atención para las víctimas del terrorismo por parte del Gobierno, recibieron estas dos respuestas: la de Gregorio Peces-Barba escapando cobardemente de su obligado puesto en la manifestación («Yo soy representante del Gobierno, no de las víctimas») y la del propio Zapatero: «No daré marcha atrás en la negociación aunque la manifestación sea un éxito». Además de errados, cerriles.

Navarra no será moneda de cambio
Editorial ABC 5 Junio 2005

NAVARRA no admitirá ser moneda de cambio en un hipotético proceso negociador con ETA. El reportaje que hoy publicamos en Los Domingos deja bien a las claras la mayoritaria opinión contraria de los navarros al deseo del nacionalismo de extender el régimen de consultas a la Comunidad Foral con el fin de que avalar su integración en el País Vasco. Lo resume muy claramente el presidente Miguel Sanz, quien asegura que los navarros no temen un referéndum, pero que de ninguna manera aceptarán que se les imponga. El sueño expansionista del nacionalismo vasco no sólo choca con la ley, sino que se estrella con igual contundencia contra la voluntad mayoritaria, casi abrumadora, de los ciudadanos de Navarra.

EL DOCUMENTO DE BARCELONA
Álvaro Delgado-Gal ABC 5 Junio 2005

Un grupo de intelectuales catalanes, adscritos a la izquierda, acaba de publicar un manifiesto que ya se ha hecho célebre: «Por un nuevo partido político en Cataluña». Les hago un resumen libre del documento, muy bien construido:

1) La redacción de un nuevo Estatuto de Cataluña obedece a un reflejo de la clase política, no a una necesidad o demanda ciudadana. Es más, el Estatuto en ciernes está sirviendo de coartada para que los dirigentes eludan los deberes elementales que conlleva la acción de gobierno: «Muchos ciudadanos catalanes creemos que la decisión es consecuencia de la incapacidad del Gobierno y de los partidos que lo componen para enfrentarse a los problemas reales de los ciudadanos».

2) El tripartito, nominalmente de izquierdas, se ha limitado a reiterar las pautas de un pujolismo corregido y aumentado. Esto es anómalo. El desplazamiento democrático de un partido conservador por otro progresista debería traducirse en una aproximación distinta a la gestión económica y social. El cultivo de la ensoñación nacionalista, sin embargo, ha velado o relegado a un segundo plano la política en su acepción cotidiana. Se siguen de aquí tres consecuencias ingratas.

3) Primero, una acentuación de los instintos oligárquicos de la clase dirigente catalana. Cito otra vez: «... el nacionalismo sí ha sido eficaz como coartada para la corrupción. Desde el caso de Banca Catalana hasta el más reciente del 3% toda acusación de fraude en las reglas de juego se ha camuflado tras el consenso».

4) Segundo, un deterioro de la gestión pública: «La decadencia política en que ha sumido el nacionalismo a Cataluña tiene un correlato económico. Desde hace tiempo la riqueza crece en proporción inferior a la de otras regiones españolas y europeas comparables».

5) Se ha verificado, hacia fuera, un enfrentamiento artificial entre los catalanes y el resto de los españoles. Y hacia dentro, una opresión sistemática de los que, siendo catalanes, no comulgan con el principio nacionalista

En vista de todo esto, se apela a la constitución de un nuevo partido. Conviene señalar que el documento no es, en rigor, anticatalanista. No se impugnan los valores culturales que promueve el catalanismo; únicamente se afirma que tales valores no deben preponderar sobre los derechos individuales, ni fagocitar o determinar la agenda política en su conjunto. Por lo mismo, el documento deja la pelota en el tejado de los nacionalistas o criptonacionalistas. Quien afirme que el manifiesto ataca a Cataluña, deberá argumentar que la idea catalanista de Cataluña es más importante que las personas o que la transparencia democrática en la conducción de los asuntos colectivos. Ello aclarado, conviene añadir que el texto es revolucionario. Lo es, por cuanto dinamita la retórica y la práctica de casi todos los partidos que operan en la región. Que un documento democráticamente ortodoxo, y hasta puntilloso en su ortodoxia, contravenga los usos que se han instalado en la vida pública, revela en qué medida dichos usos se han degradado y venido a menos .

¿Deberían los firmantes apretarse los machos y no sólo pedir un partido, sino intentar crearlo? No. La política se ha convertido en una ocupación áspera y sumamente profesional. Lo sabe quienquiera que haya pasado un rato con los que se dedican a estas cosas. El observador casual esperaba asomarse a una discusión apasionada sobre los intereses generales. Se encuentra, sin embargo, con que la conversación sobre cómo conseguir un escaño en Logroño o aumentar los rendimientos marginales del partido en las próximas elecciones. Esto es decepcionante. Pero es también el resultado fatal de la contienda democrática. La democracia de partidos está dominada por burocracias cuyo obsesión es disputarse los votos uno a uno y palmo a palmo. El moralista, el filósofo o el intelectual saldrán siempre trasquilados de esta contienda necesaria y feroz.

A la inversa, el político profesional carece de tiempo para comprender de verdad las ideas que defiende. Es a la filosofía con mayúsculas lo que un don Juan ejecutivo al amor con mayúsculas. El don Juan está tan ocupado en seducir mujeres, que no piensa ni por un momento en el amor. ¿Significa lo último que el amor o las ideas son mixtificaciones inútiles, reclamos en que quedan atrapados los que no se comen una rosca? Tampoco. Ha afirmado célebremente Keynes: «Los hombres prácticos, que se creen libres de toda influencia intelectual, son usualmente esclavos de algún economista difunto». El político profesional se mueve y debate en el alvéolo de una idea recibida, de un lugar común. Es una máquina para avanzar desde premisas que no pone en cuestión. La tarea específica del intelectual consiste en poner en cuestión la geometría del alvéolo. El mensaje de los intelectuales catalanes es eficaz en este sentido estricto. No es poco.

El «no» al diálogo con ETA desborda Madrid
Cientos de miles de ciudadanos salieron ayer a la calle para arropar a las víctimas y rechazar la negociación con los terroristas que ha aprobado el Parlamento
La solidaridad de los españoles con las víctimas quedó ayer patente en la manifestación convocada por la AVT. La marcha, que transcurrió sin incidentes y marcada por el recuerdo a los que ya no están, constituye un claro grito: «¡Negociación en mi nombre, no!»
Marcos S. González LR 5 Junio 2005

Madrid- Cientos de miles de voces, anónimas y conocidas, dijeron ayer en Madrid «¡Negociación en mi nombre, No!». Media hora antes de la convenida, miles de personas se agolpaban ya en la calle Príncipe de Vergara desde la Plaza de Cataluña, lugar del que partió la cabecera. Familias con sus bebés, minusválidos, monjas... España se volcó ayer en Madrid con las víctimas y sus reivindicaciones. Las cifras que baraja la Policía Nacional, 240.000, las de los organizadores, en torno a un millón.
Diez minutos de la salida un especial aplauso arropó la llegada de Irene Villa y su madre, María Jesús que fueron en todo momento las que abrieron la manifestación. Ésta transcurrió sin incidentes y el Samur no tuvo que atender mas que algunos leves desmayos. A las 18 horas, tras una ofrenda floral a los fallecidos en el atentado de Príncipe de Vergara con López de Hoyos, que transcurrió en la intimidad por expreso deseo de los familiares, las víctimas comenzaron su andadura.

La pancarta del dolor.
Abría la marcha la pancarta del dolor, sujeta por las personas que han sufrido el azote de la barbarie etarra. En ella se encontraban Julia Iglesias Molero, que resultó herida en el año 2000 por el atentado que tuvo lugar en la avenida de Badajoz; Narcisa López Castro, esposa del Policía nacional Eugenio Casasola, herido en Madrid en 1991; Teresa Barrio Azcutia, madre del concejal Alberto Jiménez Becerril, asesinado en Sevilla en 1998 por medio del cobarde tiro por la espalda cuando volvía a su casa tras cenar con unos amigos; Concepción Martín López, viuda del teniente coronel Pedro Antonio Blanco, primer asesinado tras la tregua-trampa de la banda terrorista ETA, el 21 de enero de 2000; Francisco José Alcaraz, presidente de la AVT, hermano y tío de asesinados por ETA; Carmen Miranda, viuda del capitán Ramón Carlos Navía, asesinado en Madrid por ETA en 1992; Isabel Giralda Rodríguez, viuda del capitán Juan Antonio Núñez Sánchez, asesinado en Madrid en febrero de 1992; Araceli Prieto, viuda del capitán Emilio Domingo Tejedor, asesinado en la capital en el mismo atentado; Antonia Santiago Menéndez, madre de Silvia Martínez Santiago, niña de seis años asesinada en Santa Pola en 2002 y María del Pilar Díaz Ríos, hija del policía Nacional Máximo Díaz Bardera, asesinado en San Sebastián el 21 de mayo de 1985.

Las pancartas del coraje.
Las siguientes pancartas simbolizaban el valor de las personas que continúan luchando diariamente, tanto en el País Vasco como en el resto de España, contra el chantaje de los terroristas. En segundo lugar, con la leyenda «Libertad con dignidad», los políticos que ejercen su labor en el País Vasco bajo la amenaza etarra y el acoso nacionalista radical. Las plataformas cívicas, asociaciones de víctimas e instituciones que apoyaron el evento, llevaron finalmente una tercera pancarta con el mensaje «Por la libertad. No a la negociación con ETA». Tras la última pancarta, cientos de miles de ciudadanos secundaron la iniciativa de las víctimas portando carteles contra la negociación, banderas españolas y autonómicas.

Los gritos más escuchados, «¡No son presos, son asesinos!», «¡Peces-Barba, dimisión!», «¡PCTV, ilegalización!» y «¡Negociación en mi nombre no!». Un pasillo humano de unos diez metros flanqueaba la primera pancarta a lo largo de toda la manifestación por lo que las víctimas recibieron aplausos desde el principio hasta el final. Desde los balcones, de los que muchos de los madrileños habían colgado la bandera de España con un crespón negro en señal de homenaje a las víctimas, también se recibían gritos de apoyo y críticas a la política antiterrorista del Gobierno.

Homenaje especial el que también recibió la agrupación de la Guardia Civil de tráfico, a la que pertenecían los doce guardias civiles fallecidos en el brutal atentado terrorista de la Plaza de República Dominicana. «¡Viva la Guardia Civil, viva España!», corearon unánimes los manifestantes en las puertas del organismo. Algunas víctimas como Maribel Chamizo no pudieron aguantar la emoción y rompieron a llorar, aunque estuvieron arropadas en todo momento por otros afectados por el terrorismo.

Al finalizar el recorrido, las víctimas realizaron una ofrenda floral en el lugar en el que ETA consiguió llevar a cabo su peor masacre en la capital. Tras el homenaje, la periodista Isabel San Sebastián presentó al presidente de la AVT. San Sebastián aseguró que «somos muchos, muchísimos, los que estamos aquí por los que no han podido venir» y se guardó un sobrecogedor minuto de silencio, sólo roto por el sonido de un semáforo para invidentes.

Gritos de «¡No estáis solos!» recibieron a Alcaraz cuando subió al estrado. Comenzó afirmando que «la resolución aprobada en el Congreso de los Diputados en la que se autorizó por mayoría a nuestro Gobierno a dialogar con los asesinos de la banda terrorista ETA, no podía tener otra respuesta más firme y contundente que la que en la tarde de hoy estamos manifestando miles de ciudadanos de forma libre y democrática: ¡Negociación en mi nombre no!».

Alcaraz quiso, en primer lugar, realizar una «mención especial» a todas las víctimas que vivieron los «años de plomo», en los que las víctimas «tenían que esconder su condición para no tener que escuchar frases tan insultantes como “algo habrá hecho”», en los que «los familiares de las víctimas tenían que enterrar a sus seres queridos a escondidas».

«Traición a muertos y vivos».
El presidente de la AVT afirmó que el hecho de que el «Gobierno pretenda dialogar con los asesinos de la banda terrorista ETA ha supuesto para nosotros una traición, no solo a los muertos sino también a quienes nos encontramos hoy aquí». Recordó al Gobierno y a las formaciones políticas que apoyaron la «demencial propuesta», que sus compañeros en este «supuesto proceso de paz» son «los del tiro en la nuca, los asesinos de casi una treintena de niños, los que celebraron con champán el asesinato del matrimonio Jiménez Becerril y de otras muchas víctimas, los que sin piedad han matado a un padre ante de la mirada inocente de su hijo, los que obligan a los concejales del PSOE y PP a vivir escoltados en el País Vasco...». «Alimañas», en definitiva, con las que «ustedes están dispuestos a dialogar», sentenció. «Se equivocan, –dijo– si creen que vamos a continuar en silencio cuando se antepongan los intereses del poder a la memoria de las víctimas».

«No mostrar debilidad».
El representante del colectivo concluyó su discurso citando a Su Majestad el Rey, quien durante su discurso en la navidad de 1987 afirmó que «no debemos mostrar ni debilidad, ni temor, ni duda para rechazar con decisión a quienes hacen correr la sangre de los españoles víctimas de sus atentados criminales, y también a quienes los amparan, disculpan o justifican, cualesquiera que sean sus posiciones políticas, sociales o religiosas. Sólo pueden estrecharse las manos que no están ensangrentadas por el crimen y la indignidad». Toda una lección de la que habría que tomar nota.

Tres hitos ciudadanos contra el terror
La resistencia ciudadana contra ETA está jalonada de gestos que han quedado grabados en la memoria colectiva. Tras el asesinato, en febrero de 1996, del ex presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente, las manos blancas se alzaron al cielo para pedir el fin de la violencia. Casi un año y medio después, en julio del 97, el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco propició el «espíritu de Ermua». El «no en mi nombre» de la manifestación de ayer es el último eslabón de esa cadena.

EL PP HA DENUNCIADO LA SITUACIÓN
La UPV facilita a presos etarras acceder a las plazas de profesores y cobrar en prisión
El parlamentario del PP vasco y portavoz en materia de universidades, Iñaki Ortega, ha denunciado que la Universidad del País Vasco está reservando plazas de profesores contratados para presos de ETA. El Boletín Oficial vasco favorece a los presos etarras a la hora de ser nombrados profesores, e incluso les permite cobrar su sueldo de profesor universitario dentro de la cárcel. Hace dos semanas, también en la UPV, fue designado representante de los alumnos uno procesado por terrorismo callejero.
Europa Press Libertad Digital  5 Junio 2005

Iñaki Ortega dice que la UPV ha sacado una convocatoria en la que crea una bolsa de profesores para que, cuando sea necesario contratar a alguno de ellos, se contraten los que figuran en esa bolsa. El parlamentario popular denunció que la convocatoria, publicada en el Boletín Oficial del País Vasco, establece que si en 48 horas una persona de las que figuran en esa bolsa no ha respondido quedará excluido y se pasará al siguiente, salvo algunas excepciones, entre las que figura la privación de libertad hasta que no recaiga sentencia condenatoria.

Ortega precisa que esto, en la práctica, significa dar un trato de privilegio a los presos de ETA para poder conseguir plaza de profesor en la UPV ya que, al mantenerse en esa lista de profesores, cuando salgan de prisión, estarán en cabeza y serán los primeros a los que se llame para ser contratados en la Universidad.

Por este motivo, el parlamentario popular ha presentado una proposición no de Ley en el Parlamento vasco, con el fin de que el Ejecutivo de Euskadi adopte cuantas medidas sean necesarias para impedir que cualquier actuación de los órganos de la UPV privilegie a los docentes encarcelados por colaboración con ETA.

También plantea en esta proposición que el Parlamento vasco inste a la universidad a que impida el abono de sus sueldos a los profesores etarras mientras estén en prisión ya que, recuerda que el rectorado tomó la decisión de seguir pagando el 75 por ciento de los sueldos a los profesores encarcelados sin sentencia firme a pesar de no desarrollar ninguna actividad universitaria.

Irregularidades en la elección de representantes de estudiantes
El parlamentario popular también acusa a la dirección de la Universidad del País Vasco de no haber hecho nada contra las irregularidades en la elección de los representantes de los estudiantes, de la que finalmente salió elegido un procesado por colaborar con banda armada, Galder González, como presidente del Consejo de Estudiantes Central.

Según Ortega, en la jornada electoral para elegir a los representantes de los estudiantes en el Claustro y los respectivos Consejos de Estudiantes, celebradas el 2 de diciembre de 2004, se produjeron varios incidentes, con presencia de carteles y pancartas intimidatorias, agresiones y amenazas a estudiantes por parte de grupos radicales y boicoteo de actos electorales.

Además, asegura en una solicitud de comparecencia del rector de la UPV registrada en el Parlamento vasco, se dieron "numerosas irregularidades tales como desaparición de papeletas de candidaturas de estudiantes no vinculadas a los radicales, aceptación de documentos de identificación no oficiales e incluso disposición de fondos, a todas luces irregulares, por parte de candidaturas cercanas al mundo radical". Recuerda que en marzo se celebró la Asamblea de Representantes y "tras numerosas irregularidades" se eligió como presidente del Consejo de Estudiantes Central al miembro de Ikaste Abertzaleak, Galder González, que está procesado por colaboración con banda armada.

El parlamentario del PP se queja en su escrito de que hasta la fecha ni el rectorado, ni la Comisión Electoral General han tomado medida alguna cuando, asegura, conocen estos hechos.

Autores en Fráncfort: cuando la política no entiende de literatura
Si sólo los escritores que publican en catalán viajan a la feria, Cataluña prescindirá de sus nombres más célebres
V. F. LR 5 Junio 2005

Barcelona- Si prospera la resolución del Parlament de Cataluña sobre la exclusividad de la presencia de autores de lengua catalana en la Feria de Fráncfort 2007, la lista de los que se pueden quedar fuera, solamente por escribir en castellano o alternar las dos lenguas pese a trabajar en Cataluña, es enorme. Como dijo recientemente Juan Marsé, «Eduardo Mendoza, por ejemplo, que escribe teatro en catalán y novela en castellano, sólo podría ir de cintura para arriba o de cintura para abajo. No le veo las ganancias».

Tras la Guerra Civil. Barcelona es precisamente la ciudad en la que trabajan buena parte de estos autores que, por otra parte, han convertido a la capital catalana en escenario de algunos de sus textos más representativos. Si buscamos entre los escritores que iniciaron su carrera en los años en los que la larga sombra de la Guerra Civil era muy alargada, a los citados Juan Marsé y Eduardo Mendoza habría que sumar Francisco González Ledesma, Víctor Mora, Francisco Candel, los hermanos Juan y José Agustín Goytisolo, Antonio Rabinad, Ana María Moix, Rosa Regás, Maruja Torres, aparte de los desaparecidos Manuel Vázquez Montalbán y Terenci Moix. En el terreno de la poesía Pere Gimferrer y los fallecidos Carlos Barral, Luis Goytisolo y Jaime Gil de Biedma. En el campo del ensayo Román Gubern y Esther Tusquets.

Más recientemente la literatura hecha en castellano desde Cataluña conoció, tras la muerte de Franco, el surgimiento de un relevo generacional que ha conseguido consolidarse como todo un referente. Es lo que demuestran nombres como Andreu Martín, Enrique Vila-Matas, Javier Tomeo, Carlos Ruiz Zafón, Javier Cercas, Ramón de España, Pedro Zarraluki, Eugenio Trías o Rafael Argullol. Mención aparte la merece Quim Monzó quien publica simultáneamente en catalán y en castellano, o Ferran Torrent, que se tradujo al castellano su última obra, finalista del Premio Planeta.

En un terreno más bien histórico, pero aún muy reciente, podríamos destacar a Néstor Luján, Ignasi Agustí, Josep Pla, Martín de Riquer, Luis Monreal y Tejada, Mercedes Salisachs, Luis Romero, Ana María Matute, Carmen Laforet o Carlos Rojas.

Hispanista y una de las máximas autoridades en la historia de España del siglo XX
Stanley G. Payne: «El concepto de negociación de Zapatero con ETA refleja un plan propio de ingenuos»
MADRID. Antonio Astorga ABC  5 Junio 2005

Stanley G. Payne (Texas, 1934) tiene un axioma: un historiador debe tender a la máxima objetividad, pero es imposible ser absolutamente objetivo. Payne ha dedicado casi toda su vida a España, en libros que han arrojado mucha luz sobre nuestro difícil siglo XX. Desde su axioma, analiza los problemas que, últimamente, crecen a sus anchas en la España contemporánea. La perspectiva de quien ha estudiado los errores de la historia le impulsa a advertirnos de los errores presentes. Por ello, es muy crítico con la voluntad negociadora de Zapatero con ETA, porque la historia le enseña que este empeño es ingenuo. Pero también escruta algunos de los asuntos centrales de la España actual.

—PP y PSOE han vivido ya un cambio generacional desde la Transición. ¿Piensa usted que los dos partidos han repensado críticamente los acontecimientos que desencadenaron la Guerra Civil?
—Para los conservadores, la Guerra Civil es algo completamente superado, es una experiencia superada. En cuanto a las izquierdas, es otra cosa. En los últimos cinco años se ha invocado esa memoria y más: se ha incitado a utilizarla como palanca o arma política. Surgió a raíz de la victoria por mayoría absoluta del PP en las elecciones del año 2000. El arma más eficaz contra las derechas ha sido resucitar la memoria de la Guerra Civil.

—¿Cuál es su opinión sobre el hecho de que una banda terrorista como ETA haya bendecido un plan secesionista como el de Ibarretxe?
—El Plan Ibarretxe representa una etapa de las ambiciones del nacionalismo vasco radical. Naturalmente, como procedimiento táctico me parece muy normal que varias fuerzas radicales vascas hubieran apoyado este Plan. Esperemos que lo retire Ibarretxe. No es más que una etapa, ya que los nacionalismos radicales nunca están satisfechos con una etapa. Si una etapa se consigue conduce a otra etapa de una mayor radicalización. Así que el Plan Ibarretxe, que hubiera sido en caso de lograrse algo muy importante para el nacionalismo vasco radical, no sería el fin del camino, sino el inicio de otra etapa: la autodeterminación previa a la independencia completa.

—Usted ha dicho que teme que el presidente Zapatero esté «cavándose su propia fosa» si negocia con ETA. ¿A qué se refiere?
—A que está siguiendo la experiencia de sus precesores. Felipe González trató de negociar con ETA; luego José María Aznar, en su primer Gobierno, también lo intentó. Cualquier nuevo presidente sigue el mismo camino. Pero sus antecesores fracasaron totalmente en este empeño. Y me temo que igualmente la experiencia de Zapatero puede ser otro fracaso.

—¿Gozamos de estabilidad constitucional?
—En términos generales, sí, pero no en todos sus sentidos, ni en todas las dimensiones. El asunto de los llamados nacionalismos es una dimensión todavía algo abierta en España que no ha sido resuelta. Hay un debate y mucha contestación sobre la cuestión de las Autonomías que va a ser muy difícil de resolver de una forma absolutamente completa. Será el drama de España.

—¿Caminamos hacia un ruptura?
—No necesariamente a una ruptura, pero actualmente hay más crispación sobre esto y va a ser bastante difícil en los próximos dos, tres, cuatro años. Esperamos que no se vea una ruptura y que se resuelva de modo pacífico dentro de las normas constitucionales.

—¿Cómo analiza la victoria del PSOE del 14-M de 2004?
—Yo noté que había un descenso de apoyo al PP en los meses anteriores a las elecciones, pero sin embargo la victoria de los socialistas probablemente se debió a los atentados terroristas del 11-M, a los sucesos y a las movilizaciones dos días antes de las elecciones. Así que, en ese sentido, fue una elección sorpresa.

—Frente al mal llamado «conflicto vasco», ¿cómo ve la postura del Gobierno central?
—El Gobierno, naturalmente, quiere acabar con este conflicto, pero su concepto de negociación (de poder hacerlo de un modo constitucional o de otra negociación en otras dimensiones con el terrorismo) me temo que es un plan un poco de ingenuos. No se pueden resolver esas cuestiones ahora de ese modo. Es posible que eventualmente, al fin y al cabo, el terrorismo de ETA puede ser, en su última etapa, resuelto por una negociación. Esto ha ocurrido en otros países, pero ello vendrá solamente cuando ETA esté muy muy débil y no tenga otra salida. Y me temo que no estamos en esta situación todavía, pero ya veremos.

—¿Cómo escruta el enfrentamiento entre Iglesia y Gobierno del PSOE?
—Es un conflicto buscado por el Gobierno Zapatero desde sus primeros meses. Refleja una posición muy diferente de Zapatero si la comparamos, por ejemplo, con la política de Felipe González, que quería evitar estos conflictos con la Iglesia por creer que había sido un factor importante en el colapso de la República y que realmente no favorecía los intereses de una España democrática y tampoco del Partido Socialista. El talante de ahora es diferente. La política del Gobierno Zapatero es difícil de definir. No hay ningún lema, ningún eslogan, ninguna definición concreta. Es una política que recalca los aspectos de los cambios culturales más que los cambios económicos o políticos. Es la «revolución», digamos, cultural. De ese modo, la política religosa es diferente porque en pleno siglo XXI, exactamente igual que en el XIX, las fuerzas de izquierda creen que la Iglesia puede ser el bastión más importante de los intereses conservadores de España y por eso hay más confrontación con ella, con la Iglesia. Yo creo que esto ha sido una exageración por parte de Zapatero.

—¿El matrimonio entre homosexuales sería parte de esa «revolución cultural» de Zapatero?
—Sí. Y la revolución cultural es fácil de hacer. Es muy diferente de un cambio constitucional o de la negociación con ETA. Son cambios fáciles porque legislas en el Parlamento con los votos y suscitas una oposición menor. Es un modo de lograr victorias rápidas.

—¿La unidad de España está suficientemente consolidada?
—No. Existe un cierto nivel de unidad, pero es un nivel incompleto. No es un nivel consumado.

—¿Quién amenaza esa unidad?
—Tres o cuatro cosas de dimensiones bastante diferentes. Por un lado, no hay mucho sentimiento de patriotismo español, sobre todo entre los jóvenes. No hay mucho sentimiento de entrega, de sacrificio, de querer dedicarse a ese patriotismo. Y eso es un gran problema. Otra cosa es la presión constante de los terroristas y del nacionalismo radical, mucha presión, mucho conflicto, que pueden intervenir en la existencia del país. Otra cosa también es la diferencia entre los partidos nacionales, que sufren en estos momentos de una mayor crispación en sus relaciones mutuas. No existe la cooperación deseable entre los dos partidos nacionales. De modo que tenemos varios factores diferentes, un cierto ambiente de débil patriotismo en la sociedad, malas relaciones entre los partidos nacionales y luego la presión constante del nacionalismo radical.

—¿Y con todo ello, cree que se ha superado el odio?
—Depende. Hay actitudes diferentes. Hay mucho más odio, por ejemplo, de parte de los radicales en el País Vascos, que hace cincuenta años. El odio ha aumentado por parte de los radicales que han cultuvado ese odio. Odio entre los vascos y de parte de muchos vascos con respecto al Gobierno de España y a los españoles. En cambio, en otras partes de la sociedad española ha desaparecido. El odio entre las derechas, por ejemplo, en gran parte se ha difuminado. Ha habido más crispación de actitudes entre las izquierdas en los últimos años: un intento de resucitar el odio. Es difícil medir hasta qué punto esto puede alcanzar un éxito político. Espero que no. Yo creo que realmente entre gran parte de los socialistas no existe gran odio. Pero ha habido intentos de suscitar el odio político, no en los términos tan violentos como hace setenta años, pero sí en los de una crispación deseada por cietos sectores políticos.

—En 1974 publicó un libro sobre el nacionalismo vasco. Un cuarto de siglo después, ¿cómo lo ve?
—En aquella época tuve contactos con nacionalistas como José Antonio Aguirre, que tenía mucho que hacer. Lo admiraba desde el punto de vista positivo de ese nacionalismo. Hoy, mi perspectiva ha cambiado mucho. Veo el nacionalismo como algo que no tiene que ver con libertad, ni con identidad. El nacionalismo radical es una exigencia, una búsqueda del poder. Es exclusivista. El nacionalismo vasco vive un momento de radicalización patológica que le ha convertido en totalitario e imperialista, con lo que siempre busca más y más poder y nunca está satisfecho. En cambio, el catalanismo moderado puede ser un movimiento constructivo.

—España ha amanecido últimamente con varias polémicas. Primero, el Gobierno Zapatero decide retirar las últimas estatuas de Franco.
—Siempre hay cambios de símbolos históricos en todos los países, pero también es importante que estos cambios se lleven a cabo del modo más consensuado, que no se deban al sectarismo de un partido político. Debe ser algo que represente más o menos un consenso general de la nación. Lo que temo es que estos cambios muy recientes han sido el efecto de una política sectaria del Partido Socialista y no representan necesariamente un consenso mayor.

—Luego asoma en lontananza qué hacer con el Valle de los Caídos.
—Teóricamente, el Valle de los Caídos es lo que es: un monumento a todos los caídos. Sin embargo, al Valle siempre se le ha identificado con Franco. Por eso, si se respeta la Basílica y la tumba, la posibilidad de reconversión en un monumento más equilibrado posiblemente no sea una cosa mala, sino algo positivo.

—Y se reabre la herida del Archivo de Salamanca: ¿La represión política se convierte en arma política, en historia arrojadiza?
—No se trata de una cuestión sobre la represión, sino de tener un Archivo Nacional sobre la Guerra Civil. Lo que ocurre en todos los países normales es que sólo hay un Archivo Nacional, un Archivo central. La idea de que entonces parte de este archivo pertenece, más o menos como propiedad privada, a varias instituciones de Cataluña es algo que tiene su lógica desde un cierto punto de vista, pero de verdad, en cuanto a los intereses mayores de conservar un Archivo Nacional de la Guerra Civil, no es un procedimiento normal en otros países. Así que me temo que también esto es un producto de un cierto sectarismo político. Es importante para toda España tener un Archivo general. Y completo.

—¿Cómo valora el tema de la inmigración y la propuesta de «Papeles para todos» del Gobierno Zapatero?
—Es un problema enorme. Mi opinión personal es que el Gobierno de Zapatero se ha excedido en entregar tan fácilmente documentación a tantos indocumentados, a tantos inmigrantes ilegales, porque realmente está creando más problemas para el porvenir. Y se ve que es un paso realmente muy criticado y reflejado por los otros Gobiernos europeos, sus grandes aliados, como Francia y Alemania, que han adoptado una política muy diferente con respecto a la inmigración. El Gobierno español se ha colocado en una posición muy minoritaria.

—¿Y el drama de las pateras?
—Es terrible. Es un problema para los marroquíes. Lo que ocurre es que no hay bastante cooperación por parte del Gobierno marroquí, porque la inmigración ilegal para ese Gobierno de Marruecos funciona como una válvula de escape, de reducir la presión dentro de la sociedad marroquí, y por eso no tiene demasiado interés en eliminarla.

—En su ensayo «El colapso de la República» (La esfera de los libros), usted define a Azaña como un sectario, perseguidor del clero. ¿Era maquiavélico Azaña?
—No, yo no definiría a Azaña como maquiavélico, porque el verdadero maquiavélico, si siguiera los planes del propio Maquiavelo, es alguien que analiza de un modo muy frío, muy objetivamente la situación política. Azaña cometió grandes errores de táctica política. Su sectarismo era muy simple, de base elemental y por eso fracasaba.

—Hace nueve años aparecieron las memorias de Azaña y el entoces presidente Aznar se las llevó a su retiro invernal para leerlas. ¿Observa usted similitudes?
—No creo que el señor Aznar realmente tenga mucha devoción a las ideas políticas de Azaña. Hace años quería presentarse como un hombre de intereses intelectuales progresistas y por eso invocó el ejemplo de la lectura de Azaña.

—Usted ha publicado un ensayo titulado «Cómo los nacionalismos destruyeron el imperio soviético». ¿Pueden acabar los nacionalismos con la nación española?
—Pueden hacerlo, siempre existe esta posibilidad. Yo espero que el nacionalismo no sea extremo como en el caso de la Unión Soviética, que fue una creación de toda clase de naciones diferentes. España tiene dos o tres nacionalismos importantes. Pero existe España y existe también la nación española y yo creo que la nación española, siendo mayoritaria en España, puede mantenerse de un modo u otro. El porvenir siempre es algo indescifrable. Habrá algunos cambios importantes, pero España no se va a colapsar como la Unión Soviética. No habrá una balcanización concreta de España.

—¿Azaña fue el culpable del colapso de la República?
—Tenía la responsabilidad principal del Gobierno de la República. Su rechazo y su negativa a una situación de mayor consenso, a la posibilidad de un Gobierno más estable, más amplio y ancho para representar a otros sectores y para dar Gobiernos más estables y menos sectarios, fue una responsabilidad muy grande. Azaña no quería ninguna Guerra Civil, pero tampoco quiso tomar las medidas necesarias para evitar la Guerra Civil. Luego, la noche del 18 al 19 de julio sí que nombró al Gobierno de Martínez Barrio. Fue un Gobierno de conciliación, pero ya era tarde porque había comenzado la Guerra.
—Usted sostiene que el golpe lo dio Mola y no Franco.

—Fue el golpe de Mola y fue muy difícil de organizar debido a la división de los militares. El Ejército español se dio cuenta de que realmente una sublevación sería un paso muy extremo, muy difícil, muy violento, con posibilidades totalmente inciertas de éxito. Y por eso resultó muy difícil para Mola lograr un consenso y ganar bastante apoyo entre los militares para crear una conspiración. Mola se dio por vencido en varias ocasiones por la división de los militares. Tampoco lo quería hacer Franco, que era de los menos entusiastas en cuanto a alzarse. Así que dio su aprobación solamente después del asesinato de Calvo Sotelo. Franco pensaba que una sublevación podía originar una Guerra Civil muy difícil y con resultado muy incierto.

—Mantiene usted que la Guerra Civil se pudo evitar. ¿Cómo?
—Había toda clase de propuestas, como un Gobierno más amplio de proyecto, no tan sectario como el de Casares Quiroga, con una política más firme en cuanto a mantener el orden, a controlar la indisciplina social y a dominar el Ejército. La propuesta del Gobierno de Prieto hubiera sido una de las salidas más deseables, pero fue vetado por el sector caballerista de su propio Partido Socialista. Había otros intentos por parte de personas del partido del propio Azaña, que querían un Gobierno con poderes fuertes. Más o menos, una dictadura republicana, pero ese intento fue desechado por Azaña. Fue demasiado tarde.

Navarra, objetivo nacionalista
VIRGINIA RÓDENAS ABC  5 Junio 2005

Mira atrás y ve a aquel Fernandito, tan buen niño, tan obediente y silencioso, que no para de darle vueltas a lo que pudo rompérsele en el corazón, y hasta en el mismo entendimiento, para que el Fernandito -sin «p»- al que tantas veces cuidó en su peluquería-guardería -la vida a trompicones de aquel pueblo en ebullición se sostenía entre las manos de todos- sea hoy el Pernando Barrena, hijo de inmigrantes como la mayoría de los habitantes de la localidad navarra de Berriozar, que no condena el asesinato de un vecino y que, desde su trabajada posición al lado del proetarra Otegi en la cúpula batasuna, quiera entregar a los nacionalistas vascos su tierra de adopción navarra, la que entre los cincuenta y sesenta acogió a miles de andaluces, extremeños y castellanos que buscaban una vida mejor. «¿Qué fue -vuelve a preguntarse Maribel Vals, «vecina de paz» de Berriozar- lo que se le metió en el cuerpo al chico para querer entregar de esta manera la tierra que tanto dio a los suyos? ¿Se puede imaginar peor canallada, una ingratitud más feroz? Y podrían pedir lo que quisieran, hasta la luna, pero sin pistolas, porque los navarros no quieren ser eso, no quieren ser vascos, y quieren que entremos por el aro de sus terroríficos caprichos a fuerza de intimidación».

Hablamos con Maribel en una cafetería a pocos metros de su casa. Un bloque de pisos -en el que también vive la familia del batasuno Barrena-, de algunos de cuyos balcones cuelgan banderas azules con manos blancas, la marca de los «vecinos de paz» de los que, como ella, no quieren olvidar ni un segundo que al menos dos matones a sueldo de ETA descerrajaron, hará cinco años en agosto, tres tiros a su convecino Paco Casanova, que habitaba con su mujer y sus dos hijos un adosado de la calle Libertad. ¡Qué ironía! La misma paradoja de pensar que en esta España teóricamente libre y democrática de nuestros días Maribel tiene que salir a la calle cada vez que suena su teléfono móvil porque teme que la mujer de pelo rojo apostada en la barra escuche sus indicaciones a todos los que le llaman preguntándole cómo poder llegar a la manifestación de la AVT en Madrid y que esa «indiscreción» les ponga en peligro.

«Pues fíjese en la contradicción -continúa la charla en la esquina oscura del bar- de que esta gente me quiera insultar diciéndome que soy de derechas cuando ellos, tan de izquierdas, fueron los que llevaron a sus hijos, como Fernandito, a estudiar a colegios privados, el de San Agustín, mientras mis niñas iban a la escuela pública. Luego, al empezar a apuntar ciertas ideas, la gente dijo: «Dejarles, si no son más que chicos», y la chiquillada se convirtió en un monstruo. Y la madre y el padre, pues, con el hijo. Y nunca más nos volvimos a hablar. Y así se fue fracturando el pueblo».

Integrar se conjuga en vasco
«También me acusan -añade Maribel, fundadora del movimiento pacificador- de que no me integro porque integrarse para ellos es ser vasco, renunciar a lo tuyo. A Paco bien que lo integraron para siempre asesinándolo en el pueblo. Aquí son todos muy solidarios con lo de fuera, con el ecuatoriano, el marroquí, el nigeriano...; pero todo lo que proceda del resto de España no pueden soportarlo. Que creara un grupo de flamenco en vez de danzaris fue un crimen para ellos. Que no sea de ningún partido, que sea una simple ama de casa que por dignidad no puede callar ante sus crímenes no me lo perdonan. Que haya vuelto a la iglesia como católica practicante que soy, porque la parroquia del pueblo ya no es de ellos, es superior a sus fuerzas. Y así andábamos ganándoles terreno hasta que Zapatero, que a mí me parece una mala persona, ha abierto la caja de los truenos resquebrajando la unidad de los que estábamos por la vida y por la libertad. ¿Pero «ZP» ha visto cómo viven aquí los suyos, jugándose la vida?».

Maribel, menuda, valiente, madre y ama de casa, que bien se sabe en la diana del odio radical, también se la juega; pero tira para adelante. Ahora, su objetivo es lograr fondos para levantar un monumento a todas las víctimas del terror en la plaza Eguzki del pueblo y para eso pide ayuda a los «Vecinos de paz» de España entera. «Será la señal de la esperanza» frente al impulso con que sienten de nuevo a los radicales.

Pero, cuando entramos en el despacho del alcalde de este pueblo, a cinco minutos en coche del centro de la capital navarra, el espíritu es bien distinto. «Estamos tranquilos -responde- porque no hay litigio. Le aseguro desde aquí, donde viven Barrena y algunos de los dirigentes «abertzales» de más renombre, que no hay nada que negociar, sólo el dejar de matar y nada más». Benito Ríos, presidente de este ayuntamiento, es del Partido Socialista Navarro (PSN) y explica que su gobierno nació de un atentado, el del subteniente Francisco Casanova, cuando el clamor popular les llevó a presentar una moción de censura contra el alcalde batasuno Txato Goldarazena -hoy jefe de obras en la Casa Consistorial-, que junto a sus acólitos se negó a condenar el crimen. «Sabíamos con quién podíamos gobernar y con quién no. El respeto a la vida y el «no» al terrorismo unió a PSN, CDN y UPN. Un tripartito por la libertad. Al otro lado quedaban IU y los «abertzales» -empatados al PSN está Berriozart Baietz, heredera de la extinta Euskal Herritarrok y que por aquí dicen que se le coló al Tribunal Constitucional-, con una concejal en la cárcel por colaboración con banda armada. Todos los que formamos el gobierno dejamos de lado algo de lo nuestro porque por encima de las ideas está el derecho a la vida. Hablar de hacer política en medio de los bombazos sería chocante, me parece a mí».

«Fíjese -apunta el alcalde- que de los 8.500 habitantes de Berriozar, 8.000 proceden de la inmigración de otras provincias españolas y hay vecinos llegados de otras 45 naciones diferentes. Un 8 por ciento son vascoparlantes. La gente, orgullosa de ser navarra, tiene muy claro lo que son, y Otegi o Barrena pueden decir lo que les dé la gana. El planteamiento de Navarra no es negociable. No contarán ni han contado con nosotros porque no hay nada que discutir». Y cuando al socialista se le insiste en la irrenunciable petición de los etarras de hacerse con Navarra y la decisión del presidente del Gobierno de «dialogar» con la banda, vuelve sobre lo mismo: «Aquí lo único irrenunciable es que dejen de matar».

Lo que se mueve en la banda
Confiesa José Antonio Navidad, también edil del PSN en Berriozar -y que como el alcalde Ríos y otros tres concejales, socialistas y de UPN, vive pegado a dos guardaespaldas- que cuando se ha encontrado con la viuda de Casanova por la calle «me he aturdido, no he sabido qué decirle porque siempre he pensado que si nos hubiéramos unido los demócratas como lo hicimos tras el asesinato de su marido, su muerte se podía haber evitado. Pero no reaccionamos a tiempo. El vivir en una situación como la nuestra te hace establecer prioridades. Aquí lo del «diálogo» se ve como una presión de los presos a la banda, de que algo se mueve ahí dentro, y tal vez pueda ser la ocasión para que dejen las armas. No creo que mi jefe -se refiere a Zapatero- vaya a hacer ninguna tontería. Todos han hablado con ellos. Mientras, nosotros seguimos con nuestra política de ningunear a los radicales en el día a día».

«Funciona el tripartito por la libertad y por la vida, y funciona la política municipal -subraya Navidad- porque esa gente ni trabajaba por el pueblo ni le interesaba otra cosa que no fueran sus propios fines. Es como una enfermedad esa obsesión que evita el progreso. Claro que los niños estudian euskera en el pueblo y muchos lo hacen porque seguramente será una salida en su futuro dentro de las administraciones, pero lo hacen con el mismo material que en el resto de España, y no con los libros que distribuye el Gobierno vasco, manipulados mapas e historia. Aquí se ha acabado con las subvenciones a sus proyectos particulares y se trabaja por el bien común. Y llegamos al punto de que frente a la relación Iglesia-Estado en España, que no atraviesa precisamente su mejor momento, nosotros, el PSN, hacemos todo lo que dice el cura, el cura nuevo, porque les jode, porque los ha sacado de la parroquia, que la tenían controlada, y la ha abierto a todos. Y si el cura pide algo, pues se lo damos; por eso vamos a construirle una nueva iglesia».

Templo nuevo contra el que arremeten, armados por el momento de ciclostil, batasunos, aralares, comunistas y sindicalistas de LAB, y que firman en primer lugar unas «comunidades cristianas de base» que vaya usted a saber qué son. Sí conocemos a Javier Aizpún, el párroco de San Esteban, el cura del pueblo que, poco a poco, intenta acabar con la maldición que corre de boca en boca -«las sotanas taparon durante años las pistolas en Berriozar»-, una atrocidad que los ministros de la Iglesia confirman a ABC. Dar la comunión a los padres de los asesinos debe de ser un trago. Tampoco ha debido ser fácil acabar con las absoluciones generales, devolver la doctrina de Cristo, en lugar de la del nacionalismo, a las catequesis, e imponer poco a poco la paz en la casa del Señor. El bálsamo de la calma que representa Aizpún, un párroco que no se sale ni una palabra de las homilías que lee y que previamente autorizan sus superiores. Pero el joven cura, venido del Roncal, no quiere decir ni media. Es la prudencia con alzacuello. Sólo insiste, ante el delegado de medios de comunicación del arzobispado, que su afán es «que la gente se acerque a Dios y que haya paz. Es -dice con una mirada clara y suplicante- una labor para pacificar y no para tensar».

El terror de las víctimas
En la cuna del proetarra Barrena está claro que el buen rollito no impera. Desde luego, decir «diálogo» con ETA en Navarra, ni atempera ni arranca sonrisas; sueltas «diálogo» y se crispa esa amable cotidianidad y hasta la buena vida que no cesa. Eso, a pesar de los funerales de aniversario, como el oficiado el miércoles en Sangüesa por las dos últimas víctimas de la banda, Bonifacio Martín y Julián Embid, de cuyo crimen se han cumplido dos años. Salvador Ulayar, que con trece años iba de la mano de su padre cuando le asesinaron a la puerta de su casa de Echarri-Aranaz, es el delegado en Navarra de la AVT y sus palabras son tajantes: «Creemos que el Gobierno de la nación ha renunciado innecesariamente al consenso político que en estos últimos años se había demostrado como el más eficaz en la lucha antiterrorista. El que permitió llevar a la banda terrorista al mayor descrédito social y al borde del precipicio. Le pedimos que vuelva sobre sus pasos. Es necesario que se reubique. José Blanco declaró que no importaba el cómo para terminar con el terrorismo. Inquietante afirmación para un demócrata. ¿Ética, justicia, dignidad? Rechazamos que se pague cualquier precio a los terroristas por dejar de matar. Si la democracia paga precio al terrorismo se está doblegando ante la violencia. Además, ello supondría , siquiera en parte, la legitimación de la macabra carrera de muerte y horror de la banda asesina. Somos conscientes de que la territorialidad es irrenunciable para ellos y nos preocupa. Nos han herido y nos han matado porque pensábamos otra cosa y quieren hacernos claudicar. ¿Para eso hemos sufrido tanto? Es muy inquietante lo que pasa. Hoy en Navarra y en el resto de España, sin duda, estamos peor las víctimas y las no víctimas de lo que estábamos hace un año. Los radicales están crecidos y se hacen más fuertes en los pueblos».

Desde Elizondo lo confirman. «Aquí sólo se es o nacionalista o de UPN -explica un empresario-. Nadie conoce a los socialistas, por eso no se les oye decir ni pío ante la atrocidad de Zapatero que, primero, ha desactivado el movimiento ciudadano y ahora está dispuesto a vender a los navarros a cambio de qué paz. Y lo malo es que el resto de España se cree que vendrá la paz y le importa un comino que entregue Navarra a la que tantas veces se confunde como vasca porque creen que somos la misma realidad política. Estamos solos, desolados y nos sentimos despreciados. Pero Navarra sabe defender bien lo que es, y hay gente que no se anda con chiquitas: un paso adelante en la entrega de Navarra y los «riberas» -habitantes del sur- se echan al monte con la metralleta». Y desde Cintruénigo, entre muchos otros Juan, empleado de la construcción, lo confirma.

También se constata que la decisión del PSOE ha quebrado la unidad de los movimientos ciudadanos por la paz como «Libertad, ya», porque, como afirma a este suplemento uno de sus miembros, los socialistas que lo integran ahora prefieren guardar silencio ante el grito de auxilio de las víctimas. «Y no sólo eso: el PSN ha planteado un sospechoso referéndum por la reforma del Amejoramiento, y puestos a preguntar, se puede preguntar todo. ¿Y si incluyen la cuestión de si queremos ser vascos?».

La bomba del referéndum
Entonces, como explica el ciudadano pamplonés Joaquín Andueza, «todo lo que hemos conseguido, una ciudad sin miedo y sin crispación, se iría al garete porque obligarían a la gente a posicionarse: el sí frente al no. Habría una fractura social y, además, el PSN le aseguro que se hunde: aquí lo primero es defender la tierra y luego las ideas. Nosotros no tenemos otra tierra que defender que no sea la nuestra y por eso no nos vamos a ir. Nos sentimos españoles y navarros, y si España no nos quiere nos sentiremos sólo navarros. Somos muy pesimistas sobre la paz porque no vamos a ceder, y ellos tampoco. Si por garantizar la paz vale todo, hay dictaduras envidiables en ese sentido, pero no llevamos 25 años luchando para eso. Cada vez hay más separación entre el mundo civil y el político. La gente actúa dejando de comprar ciertos productos y en ciertos comercios, dejando de ir a ciertos sitios y mirando muy bien a quién vende sus propiedades. Creo que tendremos que pasar por ver a los etarras otra vez cuando les saquen de las cárceles y lo peor de todo es que sé que no le podré dejar a mi hijo nada mejor».

De muchos balcones del barrio viejo pamplonés cuelgan banderas del Osasuna. La mirada está puesta en Madrid, en la Copa del Rey, y en la marea roja de las 20.000 banderas que el gobierno navarro ha distribuido para la ocasión. Claro que se verán ikurriñas en Madrid, «pero, por Dios, que no nos confundan, que no somos vascos por cuatro nacionalistas», pide Andueza, que ya tiene todo preparado para acudir con su hijo a la cita deportiva. Ahora más que nunca, frente a la doctrina apuntalada por Goebbels de que se repita una mentira miles de veces hasta que crean que es la verdad, los habitantes de la comunidad foral ya disparan con el refranero, dicho está, pura sabiduría popular: «Navarro soy, español si me conviene y antes de entrar en Euskadi, francés el año que viene». Y anuncian que estarán en el Calderón a por todas.
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