AGLI

Recortes de Prensa     Martes 7 Junio 2005
Clase política y sociedad civil
BENIGNO PENDÁS ABC  7 Junio 2005

La política se desquicia
Jaime CAMPMANY ABC 7 Junio 2005

La legislatura ha cambiado
Ignacio Villa Libertad Digital 7 Junio 2005

El respeto según Zapatero
M. MARTÍN FERRAND ABC  7 Junio 2005

Un manifiesto de más de dieciséis
HORACIO VÁZQUEZ-RIAL, ABC 7 Junio 2005

El revolcón
Carmen MARTÍNEZ CASTRO ABC 7 Junio 2005

El éxito del 4-j
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 7 Junio 2005

El síndrome de Manjón y las artimañas de ZP
EDITORIAL Libertad Digital 7 Junio 2005

Algo se mueve en Cataluña
Editorial ABC  7 Junio 2005

No sólo la derecha
Cristina Losada Libertad Digital 7 Junio 2005

La manipulación perfecta
EDURNE URIARTE ABC  7 Junio 2005

La magia del método
JOSEBA ARREGI El Correo 7 Junio 2005

La resaca de la manifestación
Lorenzo Contreras Estrella Digital  7 Junio 2005

El manifiesto no nacionalista nace hoy con el aval de 200 intelectuales catalanes
IVA ANGUERA DE SOJO ABC 7 Junio 2005

 

Clase política y sociedad civil
POR BENIGNO PENDÁS. PROFESOR DE HISTORIA DE LAS IDEAS POLÍTICAS ABC  7 Junio 2005

LA democracia es la única forma legítima de gobierno a estas alturas del tiempo histórico. Las mejores páginas de la teoría política, desde Pericles hasta Abraham Lincoln, se han escrito en su honor. Pero la política no es geometría y los conceptos no viven en un laboratorio aséptico. En rigor, plantean tantos problemas como soluciones. ¿Cuál es el «demos»? ¿Qué derechos conserva la minoría? ¿Dónde se sitúan los límites intangibles en el ejercicio del poder? Preguntas apasionantes, con respuesta incierta. Estamos en el ámbito de la prudencia y el sentido común. Los profetas dogmáticos fracasan sin remedio. Marx, por ejemplo. Spengler, por supuesto. ¿Qué decir de sus epígonos recientes? El asunto vuelve ahora al primer plano. La calle y el Parlamento. Escaños y papeletas electorales. ¿Clase política contra sociedad civil? La gente común se hace presente en el ágora, ante el desconcierto del aparato político-tecnocrático. La calle dice que «no» en Francia y en Holanda, por vía de referéndum. En Madrid, una marea humana defiende la dignidad del Estado y de la Nación en contra de la negociación con ETA. Se anuncian nuevas expresiones de la voluntad popular: en Salamanca, a favor del Archivo de todos; otra vez en Madrid, en defensa de la familia de siempre. Algunos se quejan en nombre del progresismo sedicente. Suelen ser los mismos que sentaban cátedra populista en tiempos recientes. Parece ser que el poder cambia por completo la perspectiva, si nos atenemos a las opiniones suscitadas en relación con las manifestaciones sobre el «Prestige» o la guerra de Irak.

La historia enseña que la representación no es la única vía posible para el gobierno del pueblo. Nace, de hecho, como un sucedáneo de la participación directa. Resisten todavía múltiples resabios, viejas asambleas vecinales, entre la tradición y el folklore, ya sea en los cantones suizos o en los «concejos abiertos» de nuestro régimen local. Mecanismos de revocación del mandato, que sirven incluso para provocar el cese del gobernador de California. Iniciativa legislativa popular, fórmula difícil -pero no imposible- para poner en marcha el procedimiento parlamentario. Acción popular, para la defensa del interés público en sede judicial. Sobre todo, el referéndum, expresión máxima del poder irresistible del pueblo. Es cierto que la representación domina sin resistencia desde los días de las Revoluciones francesa y americana. No faltó entonces un debate profundo, porque la elección, aunque no lo parezca, es un mecanismo aristocrático (se elige, en teoría, a los mejores) en contra del sorteo de cargos públicos, sistema genuino de la democracia ateniense. El gobierno directo cuenta incluso con el aval teórico de Rousseau, mucho más grato a la izquierda que a la derecha. La soberanía popular se instala en lugar preferente en la moderna retórica constitucional. La representación, en cambio, se articula mediante la letra pequeña: prácticos y sagaces, los ingleses construyen un régimen parlamentario que alcanza su pleno sentido en la sociedad liberal.

Sin embargo, el incipiente Estado intervencionista rompe las reglas del juego. Elecciones y parlamentos padecen el mal de la partitocracia. La teoría acusa el impacto: R. Michels y la doctrina de las oligarquías. G. Mosca y sus reflexiones sobre la clase política. Entre nosotros, García-Pelayo y su idea del Estado de partidos, dueños ya del monopolio de la representación. Calla la gente de a pie, no siempre dispuesta a ser valiente. Crece la brecha entre mandato popular y obediencia al partido. Las leyes siguen ancladas en el siglo XIX. Los tribunales confirman su vigencia. Los tránsfugas reciben la crítica de todos, bien merecida por cierto. Pero tampoco se libran los diputados fieles -como corresponde- a su propio partido. La lógica democrática reclama el retorno a las raíces: «Vox populi, vox Dei». Para ocupar el espacio vacante, surgen fórmulas alternativas no siempre admirables: medios de comunicación, movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, augures que interpretan al «pueblo en miniatura» disfrazado de encuestas y de sondeos. Cuando crece la indignación, el derecho de manifestación refleja de forma inequívoca la voluntad colectiva. Los políticos más sensibles toman nota del problema. Se acuñan conceptos como «déficit democrático», «regeneración institucional», «participación cívica». Vanidosos, pero a la vez ingenuos, muchos líderes están convencidos de que gozan del amor de su pueblo. Todo consiste en preguntar...

No se trata aquí y ahora de determinar quién tiene razón. Sócrates vale más que los sofistas. Del acuerdo surge la decisión, no la verdad. Pero cuando el soberano habla, es obligado escuchar y obedecer. Veamos la Constitución Europea. Salta a la vista el contraste entre los ciudadanos y sus representantes. Otra Europa debe surgir. No caben los subterfugios jurídicos para salvar a una Constitución que, tal vez, debería ser defendida de sus propios amigos. Bernard Crick, un inteligente pensador británico, escribe que «las naciones no piensan, sólo sienten». Aquí está la prueba. Porque la decisión soberana pertenece al pueblo que se hace presente y operante a través de todos los procedimientos previstos por la Constitución, y no sólo por los de naturaleza electoral. También juega el ejercicio de los derechos fundamentales. Reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones, dice nuestra norma suprema. El sábado en aquella larga avenida madrileña se hacía patente la voluntad del pueblo, cargada de sentido cívico, dignidad moral y orgullo democrático. Todo ello de forma ejemplar, con firmeza pero sin odio ni extremismo. Exigiendo justicia, pero no venganza. Defendiendo la voz del Poder Constituyente en contra de la voluntad expresada -sin duda, legalmente- por una resolución del Congreso de los Diputados. Porque el poder supremo en la España constitucional deriva del acuerdo que refleja una abrumadora mayoría de los dos grandes partidos nacionales. Rodríguez Zapatero pretende romper el empate sociológico entre PSOE y PP por medio de una maniobra táctica que sólo se explica por razones de interés partidista. La «vox populi» exigía, en ese momento, el acuerdo entre Gobierno y oposición para una política de Estado en la lucha contra el terrorismo y en la vertebración territorial. A día de hoy, eso es lo que importa realmente a los españoles.

Paradojas de la libertad. Desde su experiencia en el régimen totalitario, Juan Pablo II rompió muchos tópicos arraigados en el ámbito moral. Supo además utilizar como nadie las posibilidades tecnológicas que ofrece el mundo moderno. Hasta hace poco, la izquierda parecía ser dueña en exclusiva de la movilización de masas. La derecha política también aprende ahora lecciones de estrategia democrática. Sabe hacer la política de la calle y desde la calle. Y lo hace con toda limpieza y con escrupuloso respeto a las reglas del juego. Sólo el sectarismo conduce a negar la realidad. Aquí está la sociedad civil. éstas son las asociaciones que tanto envidiamos en el mundo anglosajón. Es la palabra de la gente normal, de las clases medias en el más amplio de los sentidos, y no de las elites seudoilustradas, de los supuestos burgueses insolidarios o de los fantasmas creados «ad hoc» por la imaginación dogmatizada. Gente normal, en efecto, que quiere con naturalidad a su patria, prefiere que ganen los honrados y no los criminales, y defiende un proyecto de vida en común que nos ha costado un enorme esfuerzo construir. Nos ha costado, sobre todo, la vida y la integridad física de muchas víctimas y las ganas de vivir de sus parientes y amigos. Les debemos, faltaría más, reconocimiento moral y cariño personal. Lo ha entendido perfectamente el Partido Popular, tal vez porque no se ha movido ni un milímetro de su postura anterior. Lo reconocen también muchos socialistas, que callan en público pero se desahogan en privado. Debe asumirlo el Gobierno, que es -en pura teoría democrática- mandatario del pueblo español; titular único de la soberanía nacional, según proclama la mejor Constitución de la historia de España.

La política se desquicia
Por Jaime CAMPMANY ABC 7 Junio 2005

«MIRÉ los muros de la patria mía» y por todos lados encuentro un desquiciamiento de la política y una gobernación descoyuntada. En poco más de un año, España se presenta sembrada de señales de deterioro, de alarma, de descomposición. Son señales que atañen y afectan a los órganos vitales más delicados de un país, desde la unidad territorial a las creencias religiosas, desde la educación de los jóvenes a la independencia de la justicia, desde la organización del trabajo a la situación legal de los habitantes. En todos esos sectores ha penetrado una politización con intereses mensurables y hasta contabilizables, tanto en votos como en monedas.

Me entretengo un par de días leyendo versos o mirando jugar al tenis a un españolito genial, y cuando vuelvo los ojos hacia lo que está cayendo en la política me invaden la preocupación, la sorpresa o el desánimo. No acierto a dirigir los ojos hacia un paisaje político que me traiga confianza, sosiego, la tranquilidad de saber que las cosas marchan razonablemente bien, que el vehículo nacional donde viajamos todos no avanza dando tumbos, cayendo en cunetas, metiéndose por los sembrados y en algunos aspectos asomándose a los precipicios.

Acabo de oír que el presidente del Gobierno ha citado en La Moncloa al presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. «¿Y para qué?», me pregunto con curiosidad. Tal vez quiere repetirle, cara a cara, lo que ya le ha dicho públicamente. Que todo eso de la manifestación es respetable, que cuenta con su respeto, pero que él va a escuchar ese clamor como quien oye llover, que, además, ni siquiera llueve, para celebrar que se han cargado el Trasvase. En algunos lugares de España no van a tener este verano agua ni para beber. Pues que vayan a la desembocadura del Ebro y que beban a caño.

El millón de personas (doscientas mil para los contadores oficiales) que se echó a la calle en Madrid y que representan otros muchos millones clamaron en el desierto. Bien es verdad que no le llamaron «asesino» a Zapatero, sino solamente «embustero». Ni siquiera ha esperado el presidente a que se acallara un poco ese clamor para presumir públicamente de que no va a hacer ningún caso de él. Pobres víctimas. Se les nombra un Alto Comisionado de Apoyo que a quien apoya es al Gobierno contra ellas. Se distingue entre unas víctimas y otras y se siembra entre ellas la división. Han politizado a los muertos. Lo mismo sacan los enterrados de la Guerra Civil que visten a los muertos del terrorismo con etiquetas políticas.

La Comisión parlamentaria del 11-M, después de negarse a citar y escuchar a aquellos que podían arrojar luces sobre el macabro episodio, cierra la investigación con una doble acusación de intención exclusivamente política. Acusan al Gobierno del PP de negligencia al no prevenir el atentado y mentir luego para esconder su responsabilidad. La investigación verdadera la dejan sus señorías para los periodistas. Algunas circunstancias que ahí salen a la luz producen escalofríos. Agárrense, que vienen curvas.

La legislatura ha cambiado
Ignacio Villa Libertad Digital 7 Junio 2005

Decía el presidente del Gobierno este fin de semana, después de la manifestación de las víctimas del terrorismo del pasado sábado, que habían cambiado las cosas en España puesto que ya no se insultaba a las manifestantes como en los tiempos del Partido Popular. Y habría que decirle al señor Zapatero que efectivamente las cosas han cambiado, pero no en la dirección que él indica.

Las cosas han cambiado puesto que en la manifestación del sábado no se ha insultado, no se han quemado sedes del partido en el Gobierno, no se han dibujado dianas con la cara del presidente del Ejecutivo. Las cosas –desde luego– han cambiado puesto que nunca un presidente de Gobierno de la democracia había estado tan lejos de las víctimas. Lejos, muy lejos de ellas. Lejos en lo formal y lejos en las estrategias.

Zapatero se ha lanzado a realizar una política basada en la división de las víctimas y de las plataforma sociales; todo ello condimentado con la mentira y la manipulación en los medios de comunicación. Zapatero ha encargado el trabajo de comisario de las víctimas a Peces Barba, ha buscado el enredo con la cena de Savater, ha alentado el trabajo de manipulación del Delegado de Madrid y ha dejado hacer con la mentira a los medios de comunicación oficiales y oficiosos.

Por todo esto y por mucho más las cosas han cambiado. Pero también hemos asistido a lo nunca visto hasta ahora. Un presidente del Gobierno, con un año en La Moncloa, nunca se había encontrado a un millón de personas en la calle protestando por una cuestión de tanta relevancia como la política antiterrorista de su Ejecutivo. Una manifestación tan numerosa y tan multitudinaria es de una contundencia tal que cualquier político que se precie debe de caer en la cuenta de la obligación que tiene de cambiar y de rectificar. No es suficiente escuchar con respeto. También se pueden escuchar con respeto los ladridos de un perro, para luego despreciar ese sonido.

Zapatero no sólo tiene que escuchar, tiene que cambiar sí quiere realmente sobrevivir con alguna dignidad a esta legislatura. Zapatero ha tocado fondo demasiado pronto. Y esta legislatura ha dado un giro con una rotundidad de tal magnitud que no va a caer en saco roto. Por cierto, ¿alguien puede enseñar a contar al Delegado del Gobierno en Madrid? Es difícil mentir y manipular tanto en tan poco tiempo.

El respeto según Zapatero
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  7 Junio 2005

LAS afirmaciones obvias, aquéllas que no admiten la posibilidad de sus contrarias, constituyen la última moda en el debate político y son perversas por su propia naturaleza. Conllevan el más hondo desprecio a sus destinatarios. Así, por ejemplo, cuando José Luis Rodríguez Zapatero, tras la impresionante manifestación del pasado sábado en Madrid, dice que «escucha con respeto» a las víctimas debe de estar tomándonos el pelo o practicando el método Ollendorf. No puede ser tan insensato como para morirse de risa ante una movilización ciudadana de tan significativa magnitud y de tan trascendente mensaje.

Mejor hubiera hecho Zapatero, puestos a decir algo -que no deja de ser temerario el debate instantáneo que se traen, en los medios, el PP y el PSOE-, asegurando que escucha ese clamor de la calle madrileña con arrepentimiento, dispuesto a rectificar y a plantear de modo más fino y sutil su burdo planteamiento de un diálogo imposible con los terroristas. El arrepentimiento, especialmente el proclamado en público, se lleva poco, pero es una gran medicina para las fiebres del error y tanto más eficaz cuanto con mayor celeridad se administra. El PSOE, por otra parte, tiene experiencia de aciertos en sus pasadas rectificaciones.

Es curioso que al actual presidente del Gobierno, que es hombre sin ideas acreditadas, tiendan a perderle, a disminuirle, sus palabras. Las lanza al aire con talante olímpico, como en un ejercicio de tiro al plato, y luego se sorprende, y hasta se duele, porque el plato se haya roto en mil pedazos. Quizás no pueda ser de otro modo cuando, como nos pasa, las cosas de la economía no van mal y las de la política, sumergidas en un océano de vaciedades múltiples -una por sigla-, se polarizan en contra del interés de la ciudadanía y a favor de los asuntos que, exigidos por los nacionalismos, debilitan la escasa luz del entendimiento nacional español.

El respeto, según Zapatero, tiende a ser una forma especializada en la que se mezclan por terceras partes el olvido, el desparpajo y la obviedad. Es algo ramplón, pero útil. No tiene mal sabor, aunque carezca de principios activos, y entretiene las tragaderas de una sociedad que, si es que sabe lo que quiere, no lo sabe buscar en los proveedores especializados y así, fenómeno curioso, entiende que el socialismo es algo equivalente a la libertad cuando, en la práctica, se advierte mejor sus efectos liberticidas que los liberadores. La libertad, según Montesquieu, es el derecho de hacer lo que las leyes permiten y Zapatero, con sus planteamientos de diálogo con los asesinos etarras, trata de hacer lo que prohíben. Eso sí, con muchísimo talante, con no menos respeto y en ejercicio, ya descarado, de permanecer en el poder por encima de cualquier otro supuesto.

Un manifiesto de más de dieciséis
HORACIO VÁZQUEZ-RIAL, Escritor ABC 7 Junio 2005

EL primer síntoma de la decadencia de una sociedad es la separación radical de la clase política y la sociedad civil. Esa separación está teniendo lugar en el conjunto de España y en Cataluña en particular. Los componentes del Gobierno catalán son los que sostienen y, por lo tanto, determinan la política del Gobierno español. Y la determinan de la peor manera posible, imponiendo medidas y leyes que tienden a la insolidaridad territorial y fiscal, y al establecimiento de identidades diferenciadas y diferenciadoras. Todo eso se hace de espaldas a la realidad; más aún: inventando una realidad alternativa, lingüística, cultural, política y económica.

Es en esas circunstancias cuando surge un manifiesto que algún medio, probablemente interesado en restarle importancia, ha dado en llamar «de los dieciséis», en alusión al número de firmantes con que el texto, presentado formalmente hoy, se filtró a la Prensa. Pero el manifiesto tiene muchos más firmantes, y aparece en el mismo momento en que se unen y publican su propia plataforma otros dos grupos, «Ágora socialista» y «Socialistas en positivo», asociando su posición a los documentos del Foro Babel de 1997 y 1998 sobre la cuestión de las lenguas y el modelo catalán de desarrollo, sobre lo cual ha informado ABC el pasado día 3 de junio. Por el momento, no tenemos conocimiento de ningún movimiento interno en el PP de Cataluña, pero cabría esperarlo, a la vista de la deriva conciliadora con el nacionalismo de Josep Piqué, y de que continúan en el partido aquellos que en su día tuvieron su referente en Alejo Vidal-Quadras, uno de los primeros en señalar los problemas que hoy se denuncian.

Porque de lo que trata en esencia el mal llamado «manifiesto de los dieciséis», titulado «Por un nuevo partido político en Cataluña», es de la necesidad de dar lugar en la vida catalana a la expresión política de los no nacionalistas. De los que piensan que en modo alguno un gobierno de la Generalidad puede plantear como principal objetivo de la legislatura un nuevo Estatuto de autonomía. De los que se oponen a la liquidación del pacto de la transición y abogan por el desarrollo del régimen autonómico actual y la preservación de la Constitución de 1978. De los que encuentran natural y racional la integración de Cataluña en España. El nacionalismo, dice el texto, «está lejos de representar al conjunto de la sociedad» y por ello se reclama la existencia de un partido político que «contribuya al restablecimiento de la realidad».

En estos años, se afirma, el nacionalismo ha potenciado «el conflicto con España y los españoles» y ha instaurado en los medios de comunicación propios «la pedagogía del odio». La sociedad catalana es, y ha sido siempre, una sociedad bilingüe, no en el sentido de dos grupos lingüísticos en difícil convivencia, sino en el sentido de un uso indistinto de las dos lenguas, el catalán y el español, por todos y cada uno de los ciudadanos, con la única excepción de la primera generación de españoles desplazados a Cataluña desde otras zonas del país en los años cuarenta, cincuenta y sesenta, en cumplimiento de un plan económico y político que priorizó el desarrollo local y absorbió una parte del excedente demográfico generado por la paralización del de regiones más atrasadas. Poco después de acceder al Gobierno de la Generalidad y de reunirse en Perpiñán con dirigentes de ETA, Carod declaró que había que convertir el catalán en lengua social, arrancándolo de su condición de lengua para aprobar oposiciones. El catalán, desde luego, es una lengua social, y sabemos que lo que Carod quería decir es «única» lengua social. Como consta en el manifiesto, la política lingüística de los nacionalistas, centrada en la negación del «castellano como lengua propia de muchos catalanes», ha dado como principal resultado el que «los estudiantes catalanes ocupen uno de los niveles más bajos del mundo desarrollado en comprensión verbal y escrita». Reconocer esta tragedia cultural es restablecer la realidad. Parece sencillo, pero no lo es, dada la actitud de la casta política que ocupa las instituciones.

También es restablecer la realidad explicar que si en Cataluña «la riqueza crece en una proporción inferior a la de otras regiones españolas y europeas comparables», ello no es atribuible a «un reparto de la hacienda pública supuestamente injusto». También es restablecer la realidad reconocer «el creciente aislamiento de Cataluña» en España y «su visible pérdida de prestigio entre los ciudadanos españoles», así como la existencia de una «corrupción institucionalizada».

Se puede diferir respecto de las características del tipo de partido que hace falta para alcanzar ese restablecimiento de la realidad, para defender el sistema autonómico y la Constitución actuales y para oponerse «a los intentos de romper los vínculos entre catalanes y españoles» —un partido que se quiere organizado en torno de la tradición ilustrada, la libertad de los ciudadanos, los valores laicos y los derechos sociales— pero es muy difícil refutar la denuncia. Tal vez haya que ampliar el sentido de alguno de los puntos de ese programa mínimo, como el de los valores laicos —imaginados como punto de confluencia, no de exclusión—, pero seguramente el manifiesto restablece aspectos esenciales de la realidad catalana, reconocidos por el sentido común de los ciudadanos, que han votado a los partidos existentes con esperanzas que no sólo no se han visto colmadas, sino que se han visto francamente defraudadas. Los partidos catalanes de hoy satisfacen a muy pocos, y debieran preocuparse por ello.

El revolcón
Por Carmen MARTÍNEZ CASTRO ABC 7 Junio 2005

EL presidente del Gobierno sólo ha tardado un par de días en recomponer el gesto después del bofetón; ha tenido los reflejos suficientes para citar en Moncloa a quien consiguió sacar a la calle a un millón de ciudadanos a pesar del ninguneo oficial, las insidias y la oposición de casi todos los gurús de la opinión pública, aún estupefactos por la abierta insubordinación de los ciudadanos a sus criterios, tan obedientes y comprensivos con el nuevo poder socialista como lo fueron en su día con José María Aznar.

No existieron para buena parte de los medios, pero tomaron Madrid; se cuestionó su representatividad, pero demostraron que con ellos está la abrumadora mayoría de las víctimas, tanto de ETA como del 11-M ; fueron criminalizados como peligrosos ultraderechistas contrarios al diálogo y la paz, pero organizaron una manifestación impecable y ejemplar. Han resistido y de momento han vencido. José Alcaraz, ese señor bajito que preside la AVT y que cae tan mal entre la progresía de estricta observancia, tiene motivos para estar satisfecho, ha dado un revolcón en toda regla al viciado ambiente político. La resaca del sábado no ha hecho más que empezar.

De momento, Rodríguez Zapatero le ha llamado a Moncloa y Alcaraz -con un punto de ironía y dos de mala uva- ha pedido que esté presente Peces-Barba para poder despedirse de él; políticamente la observación es inapelable. Es el presidente, con esa convocatoria, quien ha acabado por apuntillar a su patético Comisionado. Hace tiempo que las víctimas no le consideraban un interlocutor válido y desde ayer el presidente del Gobierno tampoco. Pero pocas reparaciones puede ofrecer Zapatero más allá de la noble y docta cabeza de don Gregorio: la última marca comercial de ETA ha conseguido sentar sus reales en el Parlamento vasco y allí seguirá hasta el final de la legislatura, condicionando cualquier iniciativa política; el Fiscal General del Estado ni está ni se le espera; la ilegal Batasuna se manifiesta sin problema alguno por las calles de Euskadi, y, para remate, llega una lumbrera de ERC, esos socios bienamados de este Gobierno, y afirma que «en proporción» han tenido más apoyo popular los etarras que sus víctimas.

Con estos antecedentes será difícil que Zapatero pueda repetir con Alcaraz el ejercicio de hipnosis al que han sucumbido otros ilustres visitantes de Moncloa. Las víctimas han pedido el regreso al consenso del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, pero eso es tanto como pedirle a este Gobierno que rompa su alianza con ERC. Con corona de espinas o sin ella, es la cabecita de Carod-Rovira la que ha diseñado este despropósito. Eso lo sabe Alcaraz, los manifestantes de Madrid y los cientos que socialistas que no se atrevieron a estar con ellos.

El éxito del 4-j
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 7 Junio 2005

Es indiscutible que la manifestación del sábado en Madrid fue un éxito para sus convocantes. Cientos de miles de manifestantes conforman un gentío imponente, enorme, si nos atenemos a las cifras proporcionadas por la organización, un millón; grande, si consideramos la de la Delegación del Gobierno, 250.000. Entre esas dos cifras están los 850.000 manifestantes de la Policía Municipal y seguramente el número real de asistentes, que no coincidirá con ninguno de los citados. Es de suponer que el delegado del Gobierno se haya alegrado mucho de que no haya sido una manifestación de alto riesgo, tal como él se temía. Digamos que fue muy grande y que fue muy cívica, salvando algunos incidentes de carácter marginal y menor cuantía.

A la manifestación se le han colgado tres paternidades: de la AVT, del PP y de la extrema derecha. Examinemos las tres posibilidades. Quienes consideran que fue una manifestación de las víctimas, pueden opinar que tenía el apoyo del PP o que fue manipulada por el PP, según, aunque en este análisis no vamos a dejarnos llevar por juicios de valor, ni por procesos de intenciones. Para el caso que nos ocupa no es muy relevante; ninguno de los supuestos que hagamos favorece al Gobierno.

Si se trata de una manifestación de las víctimas que ha sumado a tantos ciudadanos contra las intenciones del Ejecutivo, éste tiene un problema. Que el Gobierno piense negociar con ETA o no, no afecta a este análisis. Si las sospechas de la AVT y los ciudadanos convocados son ciertas, porque va a tener mucha oposición a sus planes negociadores. Si no lo son, porque su política informativa ha servido para confundir a la opinión pública en general y a las víctimas del terrorismo en particular. Tener en contra a las víctimas es un hándicap moral. Si la manifestación fuera del PP, tendrían ustedes un problema político, porque la marcha habría puesto en evidencia la multitudinaria soledad del PP sólo un año después de la formación del Gobierno. Nunca un partido de la oposición había conseguido tanta movilización contra un Ejecutivo tan nuevo. ¿Una manifestación de extrema derecha, sin el 'Cara al Sol', sin la bandera de 'la gallina', con ikurriñas, sin vivas a Franco? Parece rara, pero si alguien se empeña en descalificarla por 'facha', las conclusiones serían aún peores para el Gobierno.

La manifestación ha sido también un trago amargo para el Alto Comisionado. Peces-Barba ha explicado su ausencia porque «no represento a las víctimas; soy el representante del Gobierno para atenderlas». El problema es la figura. Tal vez se necesitaba un 'ombudsman' más que un comisario. Para atender a las víctimas en nombre del Gobierno ya bastaba el ministro del Interior, que venía haciéndolo bien en opinión de los interesados.

El "síndrome de Manjón" y las artimañas de ZP
EDITORIAL Libertad Digital 7 Junio 2005

La campaña de difamación y manipulación informativa orquestada desde el gobierno de Zapatero contra las víctimas del terrorismo, no ha hecho más que recrudecerse desde el sonado éxito registrado en la multitudinaria y ejemplar manifestación del pasado sábado contra la disposición del Ejecutivo de negociar con los terroristas.

Hasta de un entorno tan acomodaticio y timorato como la Secretaría de Comunicación del PP, Gabriel Elorriaga ha tenido la valentía de subrayar la manipulación en “toda la parrilla informativa” de TVE, Radio Nacional de España, canales autonómicos en manos del PSOE y hasta boletines de la agencia EFE que, tras silenciar sistemáticamente durante semanas el llamamiento de las víctimas a la sociedad civil, se han limitado a informar de forma cicatera del espléndido resultado de esa convocatoria, con imágenes que trataban, además, de falsear el carácter multitudinario y pacífico de la misma.

Siendo nuclear esta cuestión de los medios de comunicación,-y que desgraciadamente también ha afectado a no pocos medios privados- no queremos dejar pasar por alto dos hechos que forman parte de esa misma campaña de neutralización de las víctimas. La primera hace referencia a la oferta de Zapatero de recibir a la AVT, todavía sin fecha, pero una vez que hayan pasado las elecciones gallegas. La segunda, hace referencia al nuevo intento de división entre las víctimas perpetrado por Pilar Manjón que trata nuevamente de desacreditar a los convocantes del 4-J.

Si desde el gobierno, la vicepresidenta De la Vega dejó claro el viernes que iba hacer oídos sordos a los manifestantes, el presidente del gobierno, tras el éxito de convocatoria, no ha tenido más remedio este lunes que recurrir a su fraudulento “talante” y decir que recibirá a los convocantes por separado y junto a las demás asociaciones de víctimas. Y decimos “fraudulento” porque si, de verdad, Zapatero quiere oír a las víctimas, empezaría por escuchar las reiteradas peticiones de dimisión de Peces Barba que las víctimas le vienen haciendo desde hace meses. Eso, por no hablar de las alianzas de ZP con formaciones independentistas que, como ERC, llegaron con ETA a los acuerdos de Perpiñán, o de la negativa de ZP a retirar la vergonzosa disposición de su gobierno a pactar con ETA “el fin de la violencia” en el resto del territorio nacional.

Si ZP va a escuchar a las víctimas del terrorismo con los mismos oídos sordos de su vicepresidenta, que al menos no les haga perder el tiempo. Pero en fin, a Prisa no le faltarán los “tontos útiles” que le alaben el “gesto”.

Por lo pronto, el Gobierno del 14-M no hace más que utilizar a su favor a Pilar Manjón, quien este lunes ha llegado incluso a cuestionar el carácter de víctima del presidente de la AVT. “Las víctimas somos víctimas y los hermanos, aunque sean presidentes de una asociación, no son víctimas", ha dicho Manjón refiriéndose a Alcaraz.

No contenta con haber mentido a la opinión pública al asegurar, en un primer momento, que no había sido invitada a la manifestación –queda constancia pública de que sí se hizo- , Manjón ha dado un paso más al poner en cuestión el carácter de víctima a quien ha perdido por asesinato a un hermano y a dos de sus sobrinas pequeñas. ¿Acaso no es víctima del terrorismo Consuelo Ordóñez? ¿No lo son Mikel Buesa o María del Mar Blanco? ¿No lo es el hermano del hijo asesinado de Pilar Manjón?

Por último, habría que recordar a la señora Manjón que ETA estaría tan satisfecha como lo están los asesinos islamistas de su hijo, si cada vez que cometen un atentado, las víctimas y los ciudadanos respondieran satisfaciendo políticamente a su verdugos.

Si Manjón quiere compartir con los asesinos de su hijo el odio a la política del PP, allá ella. Si Manjón quiere culpar del asesinato de su hijo al Gobierno del PP, tal y como deseaban que hiciera los autores del 11-M, allá ella. Los familiares de Miguel Ángel Blanco también podrían haber satisfecho a sus asesinos culpando a la política de dispersión de presos y al gobierno de entonces por no satisfacer las demandas que le hacían los terroristas a cambio de la vida del joven concejal. Pero el caso es que no lo hicieron.

Si Manjón quiere ser presa de su particular “Síndrome de Estocolmo”, allá ella. Pero que no desacredite a quienes, simplemente, no quieren ver al gobierno de su nación tratando, estéril e indignamente, de apaciguar, con concesiones políticas y penitenciarias, a los verdugos de sus hijos, de sus hermanos, de sus padres, o de sus compatriotas.

Algo se mueve en Cataluña
Editorial ABC  7 Junio 2005

HOY se aprueba en Barcelona el manifiesto elaborado por un grupo de intelectuales catalanes para animar la creación de un nuevo partido que haga frente a la deriva nacionalista del socialismo catalán. Esta iniciativa se suma a las denuncias que dos corrientes internas del Partido de los Socialistas de Cataluña -Ágora Socialista y Socialistas en Positivo- han venido realizando contra lo que ya califican como un «régimen», refiriéndose al tripartito de federalistas y soberanistas que lidera Maragall. Los intelectuales -entre los que se encuentran Albert Boadella, Félix de Azúa, Xavier Pericay y Horacio Vázquez-Rial- no ahorran juicios para calificar la situación política de Cataluña. Denuncian que el nacionalismo de izquierda ha seguido al nacionalismo conservador de CiU en el método del conflicto, calificando como «escandalosa la pedagogía del odio que difunden los medios de comunicación del Gobierno catalán contra todo lo español». Advierten de la pérdida de calidad de la enseñanza en Cataluña por la política de inmersión lingüística. Denuncian que la decadencia política contamina también la actividad económica, a lo que se responde, según el manifiesto, con victimismo y crispación entre regiones («el norte español trabaja, el sur dilapida»). Sin duda, la crítica más dura y global se formula contra la «corrupción institucional» y el sectarismo en el acceso «a un puesto de titularidad público» o a la «distribución de los recursos públicos». Toda una impugnación de un sistema político que parecía blindado a la crítica, y frente al cual los redactores del manifiesto hacen un llamamiento para fundar un partido laico, ilustrado, social; que se oponga a la «ficción política instalada en Cataluña» y a los intentos de ruptura «entre catalanes y españoles»; y que evite «la destrucción del razonable pacto de la transición».

No es la primera vez que se oyen protestas similares sobre las consecuencias del monopolio nacionalista en Cataluña, pero sí es una novedad que tomen carta de naturaleza bajo el gobierno de un socialista y que procedan de intelectuales de diversa tendencia política. Un fenómeno similar en el País Vasco dio lugar a un movimiento de protesta, actualmente en situación inestable y confusa por la estrategia gubernamental. Hasta ahora, todo el que osaba cuestionar la intangibilidad del sistema político catalán era inmediatamente condenado al ostracismo con un veredicto inapelable de españolista. Más que un episodio de disidencia académica, este manifiesto de intelectuales es todo un síntoma, y no aislado, de que el rumbo de la política que lideran Rodríguez Zapatero y Maragall resulta preocupante para amplios sectores de la sociedad española. No conviene reducir el problema que denuncian los intelectuales firmantes del manifiesto o los críticos del PSC a una discrepancia de corte local: detrás de Maragall hay toda una estrategia de sustitución del modelo constitucional del Estado autonómico por un experimento federal, cuando no confederal. La reacción que subyace en el documento de estos intelectuales y en las disidencias de Ágora Socialista y Socialistas en Positivo tiene que ver con un problema de identidad y autenticidad de la izquierda.

El nacionalismo es una ideología estructuralmente contraria al socialismo. La alianza entre uno y otro está siendo la opción táctica del actual Gobierno para impulsar la reforma del modelo territorial, pero también está implicando el abandono de principios teóricamente radicales de la izquierda, como el igualitarismo y la solidaridad, que sólo un Estado unitario -no necesariamente centralista- y con sólidos procedimientos de cohesión está en condiciones de garantizar efectivamente. Precisamente, la alarma de estos intelectuales y de los socialistas de las corrientes internas del PSC se produce por el riesgo cierto de que quiebre la sociedad catalana y, por extensión, la española, porque ya no hay compartimentos estancos a los efectos de la expansión nacionalista desde el momento en que el PSOE ha convertido a los nacionalismos en guionistas de la política nacional.

La pretendida modernidad de esta política puede llevar las contradicciones internas del socialismo hasta extremos en los que no resulte eficaz ni la disciplina de partido ni la conservación del poder. Antes o después debían articularse las voces internas que, salvo los fogonazos de Rodríguez Ibarra, Bono o Barreda, estaban calladas, pero no así los sentimientos de una izquierda española que no renuncia a tener una vocación nacional y que no parece dispuesta a aceptar, como si de una imposición del destino se tratara, el matrimonio de conveniencia entre el PSOE y los nacionalismos más radicales de España.

El 4-J
No sólo la derecha
Cristina Losada Libertad Digital 7 Junio 2005

Esta vez no han podido resolverlo con tanta facilidad como en enero. A aquella primera manifestación de la AVT le pusieron la etiqueta de extrema derecha. Más aún, de “genuino acto fascista de exaltación de la violencia”, por decirlo en palabras de un dirigente socialista, que también tildaba de “gentuza” y “basura hitleriana” a los que asistían a los funerales de los asesinados por ETA en los tiempos en que era ministro. Las tres Bes, Blanco, Bono y Belloch, repartieron entonces las peores descalificaciones. Con cerca de un millón de personas en la calle, la cúpula gobernante ha tenido que morderse un poco la lengua y trabajar algo más.

Y el trabajo empezó antes. Trataron de darle una estocada al 4-J con Savater, dijeron que era un acto de rebeldía contra el parlamento y que era fruto de la manipulación de las víctimas por el PP. Méndez, el que en enero ordenaba detenciones para dar gusto al gobierno, se encargó de declararla de alto riesgo y poner trabas. A anónimos servidores del poder les tocó hacerles la pascua a los que llegaban en coche, en autobús y hasta en metro. Una comisaría, al menos, hizo sus pinitos intimidatorios. Zetapé se fue aprisa y corriendo a ver a la Guardia Civil a proclamar aquello que desmiente con sus actos. Y las teles oficiales y las privadas remataron la faena. Esta vez, los insultos han corrido a cargo de la escuadrilla auxiliar. Los buques insignia se hicieron submarinos para lanzar torpedos.

Pero los menos tontos de entre ellos deben saber la verdad. Una realidad que no se mide sólo en números, que también, y que no reflejaron ni los informativos de televisión ni las crónicas de los diarios de mayor tirada. Pues aquella no fue una cita de chicos de Lacoste, tercera edad bien peinada ni ningún otro gastado prototipo de la gente de derechas. Estaban los de pelo engominado y también los melenudos, los formales y los de camiseta rockera, los capitalinos y los provincianos, las de bolso y las de mochila, y junto a los que iban a pie, los que iban en bici, por citar solo algunos de los contrastes.

Era, en suma, el 4-J, un microcosmos de la sociedad española. Un grupo humano tan variado como el que discurre en hora punta por el centro de cualquier ciudad importante. Un grupo en el que hay gente de derechas, sí, pero también gente que no se pone etiquetas. Era eso que tanto le gusta decir a Zetapé: la ciudadanía. La cúspide de un movimiento de opinión que no acepta los tratos del gobierno con la ETA ni traga los embustes con los que se pretende hipnotizar a los incautos. La manifestación, se ha dicho ya, demostró que las víctimas del terrorismo no están solas, y que la derecha puede, si quiere, movilizarse. Pero ha mostrado algo más: no sólo la derecha apoya la causa de las víctimas contra la negociación. Ya no lo tienen tan fácil los maquilladores de turno. A ZP lo han calao. A ver qué se inventan.

La manipulación perfecta
EDURNE URIARTE ABC  7 Junio 2005

La derecha acaba de plantear una batalla inesperada al Gobierno, con esa protesta contra el programa 59 segundos y la manipulación informativa de TVE. Pero aún está muy lejos de cambiar el curso de una guerra ideológica, la de los medios de comunicación públicos, en la que la izquierda arrasa desde hace mucho tiempo en España. Ganaba cuando estaba en la oposición, y sigue ganando ahora que está en el poder. Y aún más, ha llegado a la máxima perfección de la manipulación; consiste en manipular igual o más que el adversario ideológico que has enviado a la oposición y, sin embargo, fijar en la opinión pública la idea de que el manipulador sigue siendo aquel que ya no controla el medio.

Y el problema de fondo de este enfrentamiento no es el los votos que los partidos puedan conseguir con el control de TVE. Lo que de verdad se juegan es la construcción de una imagen de limpieza democrática. Porque esa obsesión por el control de los medios no está sustentada en ninguna evidencia consistente sobre su influencia política. La damos por supuesta, pero nadie la ha podido probar, ni lejanamente. En realidad, si observamos los estudios de las ciencias sociales, más bien parece que son los ciudadanos los que determinan a los medios, y no al revés. De la televisión pública, importa su simbolismo democrático, y menos el contenido de sus mensajes. Se trata de proclamar quién es el partido más respetuoso con el pluralismo y la libertad de información, y TVE es la pancarta, una pancarta que ha sido enormemente eficaz en manos de los socialistas. Y lo que es más interesante, también cuando no la controlaban. Entonces lograron fabricar el mensaje del fantasma Urdaci con tal efectividad que incluso llegó a haber una sentencia judicial que condenó a este periodista por manipular una información. Y ni siquiera hubo reacción social ante este esperpento que, si la justicia fuera consecuente, podría llevar a todos los periodistas sin excepción al banquillo de los acusados. Y tampoco nos inmutamos con aquella representación teatral de los sabios independientes reunidos por el Gobierno para decir lo que el Gobierno les había pedido.

Indudablemente, esta eficacia de la izquierda se explica por su predomino ideológico en el mundo periodístico-intelectual. Los políticos añaden poco a una élite cultural convencida de que el orden natural de las cosas es aquel en el que la cultura y la información están conformadas por los valores, y por los representantes, de la izquierda. Pero hay algo más en la construcción de la manipulación perfecta. Es la fuerza del convencimiento del Gobierno sobre su propia superioridad moral. Cuando hace unos días Zapatero proclamaba en un mitin que ellos han acabado con la manipulación de TVE y que ahora tenemos una televisión plural, lo más increíble es que se lo creía. Y de la distorsión de la realidad transmitida con esa fe, queda la distorsión, no la realidad.

La magia del método
JOSEBA ARREGI El Correo 7 Junio 2005

Seguirá habiendo ruido en torno a la desaparición de ETA, recurriendo a la expresión del ministro Alonso, aunque después de las primeras salvas el ruido vaya adquiriendo contornos de música conocida, no siempre agradable, pero identificable. El Gobierno se ha visto obligado a subrayar una y otra vez que la función de la única política que admite en relación a ETA es la que se pueda dar a partir del cese claro y definitivo del terrorismo, y que ni siquiera en ese momento y con esas condiciones se va a pagar un precio político por la desaparición de ETA.

Quienes entienden que con ETA nada y nunca, aunque pudiera ayudar a su desaparición acelerada, quienes están en contra del Gobierno de Rodríguez Zapatero en todo, quienes dudan de que ETA llegue nunca a tomar la decisión de autodisolverse, seguirán hablando de pacto con ETA, de rendición de la democracia, de olvido de las víctimas, de derrota del Estado de Derecho.

Las posiciones están, pues, fijadas, y van a seguir así hasta que desaparezca ETA o hasta que la política de Rodríguez Zapatero se salde con un fracaso estrepitoso, circunstancia que tratándose de ETA nunca puede ser minimizada. Y todo ello entra dentro de lo normal y nada tiene de dramático siempre que, a pesar de la división entre los dos grandes partidos, PSOE y PP, respecto de la posibilidad u oportunidad de la resolución aprobada por el Congreso, las líneas maestras de la política antiterrorista dibujadas en el Pacto por las libertades y contra el terrorismo sigan eficaces: todos los poderes del Estado actúan, cada uno en su ámbito, para derrotar a ETA, nada se puede negociar políticamente con ETA, nunca habrá un precio político para que ETA deje de matar.

Una vez asentado el ruido y transformado en música habitual, aunque no sea agradable, conviene prestar atención a la música-ruido que proviene del mundo de Batasuna-ETA, escuchar con atención sus palabras, no sólo las que puedan pronunciar en cartas discretas, en conversaciones no oficiales, en recados ocultos, sino también las que expresan en público, pues estas palabras públicas crean la realidad que condiciona las acciones de los interlocutores y las de quienes las pronuncian.

Uno puede entender que critiquen la decisión del poder judicial de imputar a Arnaldo Otegi, su encarcelamiento provisional y su puesta en libertad bajo fianza. Pero hay que prestar mucha atención a esas críticas para escuchar que quizá ese mundo ha creído que hablar de oportunidad de paz es sinónimo de que el Estado de Derecho renuncia a serlo y se pone a sí mismo en suspenso. En este caso, volveríamos a escuchar una música conocida por vieja e inaceptable, tendríamos que concluir que la voluntad de ETA no ha variado para nada.

Lo mismo sucede con las manifestaciones de dirigentes de Batasuna que hablan de que el Gobierno no ha entendido nada, que se equivoca si cree que ETA dejará el terrorismo porque sí, sin nada a cambio, se entiende. Aun aplicando la buena voluntad de que tienen que hablar así para tranquilizar a sus huestes, esos pronunciamientos no contribuyen a preparar a esas huestes para una renuncia definitiva del terror violento, sino que les insuflan la esperanza de que habrá precio político.

Da la impresión de que el mundo de ETA-Batasuna tiene dificultades para entender lo que la resolución del Congreso dice y significa. Y sería muy grave que esas dificultades se tradujeran en una muy mala interpretación de la actitud del Gobierno: es tanta la necesidad de apartarse de la política del PP que Zapatero pasará por un precio político, aunque de momento tenga que negarlo.

Y el mundo de ETA-Batasuna mantiene esa esperanza y la sigue insuflando en su gente por medio de una táctica ya muy conocida en Euskadi: la táctica del método. Fue el gran descubrimiento de Elkarri: no importa el fin, no importa la meta, no importa el contenido. Lo que importa es el proceso, lo que vale es el camino, lo que cuenta es el método. Si damos con el método, éste traerá, como por arte de magia, la solución, que, curiosamente, se parece siempre muchísimo a lo que plantea el nacionalismo radical.

En noviembre del año pasado, Batasuna propuso en Anoeta no una solución, no un contenido determinado, no una meta fija. Propuso un método, y en ese método está la solución: porque coloca a ETA en el papel que le corresponde, hablando con el Gobierno, perdón, con los Estados francés y español, de armas y presos. Lo político sólo se puede tratar en la mesa de partidos políticos vascos, teniendo que estar presentes todos. Ése es el método, ahí está la solución, separar los dos planos. Así se responde a la exigencia de que el cese de ETA no conlleve precio político pagado a ETA. Pero así se responde a la exigencia de una -supuesta mayoría- nacionalista de ciudadanos vascos que reclaman el reconocimiento de la nación vasca, con sus consecuencias políticas, léase territorialidad y autodeterminación.

No estoy en condiciones de saber si este método y la interpretación que presento es lo que piensa ETA. Pero va habiendo demasiadas voces que hablan de la importancia del método, de la importancia metódica de las dos mesas. Va habiendo demasiadas voces que proclaman que por supuesto que quieren que desaparezca ETA, y que nadie negocie con ETA ningún precio político, porque ese precio político debe ser el resultado de la mesa de partidos políticos vascos sin exclusión ni de territorios -y no se refieren a las comunidades autónomas españolas- ni de partidos -y se refieren a la ilegalizada Batasuna-.

Todo ello significa sólo una cosa: no se paga precio político a ETA. El recaudador del precio político es Batasuna en la mesa de partidos políticos. Pero si no existe ese precio político se está desperdiciando la oportunidad que existe para la paz. Por eso el Estado de Derecho se debe declarar en huelga de brazos caídos en su relación con ETA-Batasuna (y quizá todavía con EHAK). Por eso el PSOE y Rodríguez Zapatero deben romper definitivamente las ataduras con el PP, lo cual implica, y es lo que importa a Batasuna, que rechace frontalmente el Pacto por las libertades y contra el terrorismo.

Ojalá me equivoque, pero empiezo a pensar que pudiera estar dándose un tremendo malentendido, especialmente por parte de ETA-Batasuna: que el Estado no va a pagar ningún precio político es algo que no se puede hacer desaparecer mediante la magia interpretativa del método. ETA desaparece. Ésa es la única paz posible en Euskadi. En la mesa de partidos políticos, en el Parlamento donde se sientan todos los legales -por ahora, en el caso de EHAK-, se discute, se puede discutir, se discutirá la reforma del Estatuto de Gernika dentro de lo que es posible en el marco de la Constitución española, es decir, sin que se obligue a ésta a suicidarse.

Y eso es lo que hay: ETA, asesinando, ha hecho que su proyecto político sea ética y políticamente inviable. Y no sólo por lo que digan las víctimas familiares de los asesinados: su opinión puede ser conocida, pues la pueden expresar, y es bueno y necesario que lo hagan, incluso cuando discrepan entre ellas. Pero son los asesinados los que no pueden ser preguntados ya más sobre su opinión como asesinados. Esta realidad coloca, debiera colocar, una barrera infranqueable respecto de lo que es posible e imposible a la hora de definir la sociedad vasca: nunca nada parecido al proyecto político de ETA. Ni sin violencia, pues es imposible que lo sea sin violencia: los asesinados son testimonio perpetuo de una violencia inflingida que no deja de existir.

La derrota de ETA es una derrota lograda por el Estado de Derecho y por sus poderes actuando en plena legitimidad. La derrota de ETA es fruto de una política asentada en el Pacto por las libertades y contra el terrorismo. La derrota de ETA es fruto de su incapacidad de deslegitimar de raíz el Estatuto de Gernika y las instituciones surgidas de él. La derrota de ETA es, si se quiere, fruto de la posición contra ella de la sociedad vasca. Pero la derrota de ETA está inscrita sobre todo en cada uno de los asesinados en nombre de su proyecto político: en cada uno de los asesinados ha inscrito ETA su propia derrota.

Si ETA y Batasuna y muchos otros del mundo soberanista no entienden en qué consiste la derrota política de ETA, ninguna paz será posible en Euskadi. Y de esa imposibilidad no nos librarán, al contrario, ni los malentendidos ni los métodos. Y tampoco la mayoría de ciudadanos vascos a favor de una autodeterminación independentista, si la hubiera, transformaría en bueno lo que ETA ha hecho, asesinando, que sea malo 'in radice'.

La resaca de la manifestación
Lorenzo Contreras Estrella Digital  7 Junio 2005

La magnitud e importancia de la manifestación organizada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha sorprendido al PSOE de Zapatero y al propio ZP con el paso cambiado. Creían probablemente que iba a ser algo parecido a una concentración de “ultras” cavernícolas, más o menos cercanos a los de la anterior manifestación que propinaron a José Bono algunos achuchones y gritaron frases no demasiado ortodoxas desde el punto de vista cívico. Ahora la cosa ha sido diferente. E inmediatamente Zapatero, aparte de sentirse más respetuoso que nunca con las víctimas del terrorismo, a las que ha procurado dividir en dos “secciones” y controlar con el llamado “alto comisionado” Peces-Barba, ha ordenado acelerar la propuesta de conclusiones de la comisión parlamentaria encargada de “estudiar” lo ocurrido el 11M y días sucesivos. Con esa prontitud, el texto adelantado procura descalificar a José María Aznar, acusándole de imprevisión en el cálculo del peligro islamista y de manipulación de los hechos para engañar a la opinión pública atribuyendo a ETA aquella masacre. Un poco burdo todo ello después de tanto debate. Ya se sabe que Aznar estuvo en la manifestación y recibió muestras de simpatía política dentro de un orden moderado. Pero esas muestras de afecto o solidaridad iban más allá de un puro electoralismo. Iban a favor del personaje cardinal que representa la corriente antiterrorista alejada de los criterios de Zapatero y del PSOE actual.

El caso es que la manifestación le ha hecho daño a Zapatero y a su entorno dirigente. La eficacia de las demostración radica en cuatro aspectos fundamentales:

La enormidad del número de concentrados, probablemente rondando el millón de manifestantes.

La amplitud y variedad de las clases sociales allí representadas, no sólo gente de alta situación económica o de inequívoca traza conservadora, por no decir reaccionaria, como ocurriera en la anterior manifestación de la Puerta del Sol.

Gente de todas las edades y sexos, ni más mujeres que hombres ni más niños que adultos, ni más viejos que jóvenes.

Manifestantes de gesto contenido y serio, sin alharacas ni excesos verbales, nada predispuesta a organizar una batalla de insultos, aunque, por supuesto, la crítica política se expresara, sobre todo contra Zapatero y Peces-Barba, sin olvidar a Pilar Manjón, la portavoz y dirigente de la Asociación de Víctimas del 11M, que con apoyos que sería útil investigar ha logrado dar la impresión de algo que no es de recibo, es decir, que hay víctimas de primera y víctimas de segunda clase, o, si se prefiere, víctimas más dignas de atención que otras.
Ahora, como es lógico, habrá que permanecer a la espera de lo que el Gobierno vaya testimoniando con sus actitudes, después de haber anunciado, temerariamente, por boca de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, que la manifestación no modificaría los planes del Gobierno, no otros que negociar con ETA si la banda entrega las armas; una condición falsa porque las armas no serán entregadas, como no lo fueron las que el IRA irlandés almacena y conserva.

La manifestación de Madrid ha sido prácticamente ignorada por el mundo abertzale. La de Batasuna en Bilbao ha sido elocuente. Otegi ha dicho que su formación se compromete a impulsar una mesa de diálogo político (con el Gobierno, claro) antes del próximo Aberri Eguna o día de la Patria Vasca. Y recordando su oferta de Anoeta (proceso de diálogo para la “pacificación” sin condiciones previas) se ha congratulado de que han comenzado “a caminar” las dos mesas de diálogo entonces propuestas (una para partidos y otra para ETA-Gobierno). Y si no han comenzado a caminar, al menos, según el portavoz batasuno, “se han creado las condiciones para ello”.

O sea, todo lo contrario de lo que expresaba el “espíritu del 4 de junio”.

El manifiesto no nacionalista nace hoy con el aval de 200 intelectuales catalanes
El manifiesto «Por un nuevo partido político en Cataluña» reclama nuevas siglas que amparen a los sectores que no se identifican con el nacionalismo
IVA ANGUERA DE SOJO ABC 7 Junio 2005

BARCELONA. La Plaza Real de Barcelona será escenario hoy de la presentación del Manifiesto «Por un nuevo partido político en Cataluña», un texto impulsado por un grupo de intelectuales catalanes que busca denunciar la imposición del nacionalismo en todas las fuerzas políticas de esta comunidad y la necesidad de crear un nuevo partido que no comulgue con las tesis catalanistas. Un texto que ya ha obtenido el aval de unas doscientas personas, según fuentes de la plataforma impulsora, y que mañana se abrirá al público general para seguir recogiendo apoyos.

Nombres como Albert Boadella, Félex de Azúa o Francesc de Carreras se encuentran detrás de esta iniciativa, que regoce el malestar latente en una parte de la sociedad catalana ante la constatación de que la salida de CiU del Gobierno de la Generalitat no ha conllevado una menor presión del nacionalismo en el ámbito autonómico. Al contrario, iniciativas como la creación de oficinas para controlar la aplicación de la rotulación en catalán que exige la última Ley de normalización lingüística o la reciente polémica sobre la presencia de escritores catalanes en lengua castellana en la Feria de Frankfurt -donde Cataluña es la invitada de honor el próximo año- no han hecho más que agudizar ese sentimiento bajo el primer presidente socialista de la Generalitat.

«Nacionalismo de izquierdas»
«Después de 23 años de nacionalismo conservador, Cataluña ha pasado a ser gobernada por el nacionalismo de izquierdas. No ha cambiado nada sustantivo» afirma el manifesto como punto de partida de su denuncia. En este contexto, el debate sobre la reforma del Estatuto catalán, que ha centrado hasta ahora el discurso del Gobierno tripartito, no ha hecho sino incrementar el malestar de quienes esperaban del ejecutivo de izquierdas que diera un giro social a la política catalana. «Todo parece indicar que, al elegir como principal objetivo político la redacción de un nuevo Estatuto para Cataluña, los símbolos han desplazado una vez más a las necesidades», señala el documento que se presentará oficialmente hoy.

Así, el texto lamenta que «el nacionalismo es la respuesta obsesiva del gobierno actual a cualquier eventualidad» y advierte de que durante las dos últimas décadas de gobiernos nacionalistas de CiU Cataluña ha perdido el papel de locomotora económica de España. Frente al discurso oficial en esta comunidad, que atribuye esa pérdida de posiciones en el ránking económico español al desigual reparto de los recursos financieros que establece el actual modelo de financiación autonómica, los firmantes del manifiesto señalan a la autocomplacencia de la administración nacionalista como principal problema.

Con estos argumentos, reclaman la creación de un nuevo partido «identificado con la tradición ilustrada, la libertad de los ciudadanos, los valores laicos y los derechos sociales, que debería tener como propósito inmediato la denuncia de la ficción política instalada en Cataluña».

Esta iniciativa ha coincidido con la eclosión de una nueva corriente crítica en el seno del socialismo catalán, «Socialistas en positivo», que la semana pasada se fusionó con «Agora socialista» un grupo bien asentado en el seno del PSC que representa las tesis más a la izquierda y anti-nacionalistas del partido. Ambos grupos descartan por el momento promover la creación de un nuevo partido y se han desmarcado de la redacción del manifiesto, aunque suscriben sus tesis. Pero han protagonizado un toque de atención a la actual dirección del PSC pidiendo amparo a los líderes del PSOE ante lo que consideran una «peligrosa deriva nacionalista» del partido presidido por Pasqual Maragall.

Ayer, el secretario de Organización del PSC, José Zaragoza, restó importancia a este grupo y aseguró que «no existe una corriente crítica en el PSC» sino «pluralidad de opiniones». Zaragoza señaló que «Socialistas en positivo» es «la carta de dos militantes sin cargos orgánicos» y recordó que ni este grupo ni Agora han conseguido representación en los últimos congresos del partido, en los que «no ha habido ningún conflicto», aunque insistió en que el PSC «es un partido plural» en el que tienen cabida opiniones diversas.
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