AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 11 Junio 2005
Somos el tiempo que nos queda
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR  ABC 11 Junio 2005

Esta es la tregua de la ETA
EDITORIAL Libertad Digital 11 Junio 2005

Las dos mentiras de ZP
Ignacio Cosidó Libertad Digital 11 Junio 2005

La pregunta 36
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 11 Junio 2005

El doble juego
Cristina Losada Libertad Digital 11 Junio 2005

Respuesta terrorista
Editorial El Correo 11 Junio 2005

ETA y el presidente
TONIA ETXARRI El Correo 11 Junio 2005

Frente al despotismo y la balcanización
Pío Moa Libertad Digital 11 Junio 2005

Manifesto de Alfonso Ussía: "¿Van a mutilar el Archivo de Salamanca?
Agencias Libertad Digital 11 Junio 2005

El archivo de los «vivos»
Juan Manuel DE PRADA ABC  11 Junio 2005

La derecha sale a la calle
M. MARTÍN FERRAND ABC 11 Junio 2005

La voluntad de ETA
Editorial ABC 11 Junio 2005

Somos el tiempo que nos queda
POR FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA. UNIVERSIDAD DE DEUSTO ABC 11 Junio 2005

«PASABA que alguien, desfondando la tierra baldía, había encontrado otros dos muertos en Gaminella, dos espías republicanos, las cabezas aplastadas, sin zapatos. Habían subido el médico y el juez con el alcalde para reconocerlos, pero después de tres años, ¿qué tenían que reconocer? Debían de ser republicanos, porque los partisanos o morían en el valle -fusilados en la plazas y ahorcados en los balcones- o los deportaban a Alemania».

La historia es de Cesare Pavese. Transcurre en Italia. Los republicanos a los que se refiere el texto son los partidarios de la República de Saló, gobierno formado por Mussolini, con el apoyo alemán, en el norte de Italia. La leyenda de los partisanos es más conocida; fueron, ya se sabe, los resistentes.

Todo esto pertenece a una época lejana, pero el tiempo, como prueba ese delirio memorioso que recorre hoy las librerías de España, es una escala muy insegura, a veces no es más que el rumoreo del alma. Los dos muertos de Gaminella, dice el narrador de Pavese, «trajeron problemas», y se puede entender, pues los protagonistas de esta historia viven en 1948 y todavía la herida de la guerra, en ese entonces, permanece abierta. Leemos así que algunas gentes comenzaron a hablar escandalizadas, a preguntarse cuántos pobres italianos que habían cumplido con su deber no habrían sido asesinados. Leemos también que una maestra que rompió a vociferar estaba resuelta a ir ella misma a las laderas a buscar otros muertos, a todos los que habían caído, a desenterrar con la azada a tantos otros pobres chicos si de ese modo iba a lograr que metieran en la cárcel y a lo mejor hasta que colgaran in situ a algún que otro despistado.

El tiempo. La memoria. Las pequeñas historias individuales que el río de la historia arrastra y sumerge. Las víctimas de violencias indecibles que han sido sepultadas en el olvido. En España, utopía significa no olvidar a esas víctimas anónimas, caminar a lo largo del río, remontar la corriente, repescar sus existencias naufragadas y embarcarlas en una precaria arca de Noé de papel. En España, tierra de absolutistas de todas las creencias, país de unilaterales y de seres con un solo ojo, un solo oído y una sola razón (la razón del lado de ese ojo y de ese oído solamente), utopía significa escribir nombres y fechas sin histrionismo, escribir sin clamar como la energúmena maestra inventada por Pavese.

Traigo aquí a este personaje y escribo estas líneas después de pensar en una frase que recientemente pronunció Otegui, pero que pertenece también a la cosecha de muchos otros de nuestros nacionalistas periféricos y a la literatura portátil de algunos políticos de la izquierda. Como la primavera del poema de Antonio Machado, nadie sabe cómo ha llegado, pero hace ya tiempo que está en todas partes: aquellos que se niegan a negociar con ETA son los herederos de quienes ganaron la guerra civil; aquellos otros que defienden el diálogo, los herederos de quienes la perdieron.

Hubo un tiempo en que la metáfora fue reivindicada por la literatura y la filosofía como forma de llegar a la verdad. Leemos así las metáforas vivas, con aliento de verdad, de Ortega, María Zambrano, Canetti... Leemos así el título de la novela citada de Pavese: La luna y las hogueras. Contrariamente a esta rica tradición europea, muchos de nuestros políticos y no pocos creadores de opinión utilizan la metáfora como un sistema para obturar el conocimiento. Más fieles a los malos tiempos de la épica que a los de la lírica, tiñen su estética de metáforas, pero no para desvelar sino para enmascarar, no para acercarnos la realidad a través de una imagen, sino para deformarla a través de una consigna. Conquistamos el presente, pero seguimos sin poder dominar el pasado. El futuro, para algunos, tiene cara de pretérito: «Ustedes -dice Otegui- son los herederos de los vencedores de la guerra civil», «Ustedes -dice Carod Rovira- son los herederos de los que fusilaron a Companys». «Ustedes -dice...». Inútil parece proseguir.

Conviene, sin embargo, subrayar varios errores. Conviene escribirlo, porque cada día nuestros nacionalistas son más fanáticos y más engreídos, y los dirigentes de nuestra izquierda moderada derivan más y más hacia el provincianismo y la palabrería. El primer error es histórico, porque quienes representan el proyecto político que exhibe Otegui no perdieron la guerra civil española, sino la segunda guerra mundial, donde fue batido el nazismo con su delirio étnico. Tiempo el suyo, que nadie se lleve a engaño, de asesinos, de fronteras que abrasan, quemados los hombres.

El segundo error es político. Muchos de quienes perdieron la guerra civil no se sentirían muy a gusto con el señor Otegui y, de hecho, han manifestado reiteradamente la repugnancia que les causa el personaje. Por el contrario, algunos de los que la ganaron no manifiestan pavor ni por la ideología ni por los métodos utilizados por el ilegalizado activista y sus cómplices.

El tercer error es cultural. Como los dirigentes actuales de las izquierdas, los de la derecha no son herederos de nadie. Tal vez nietos, esto tal vez sí, con la función propia del hijo y del nieto, la de mirar viejas fotografías y, sin quedar prisionero del ayer, vivir su propio y personal destino. Vivir como heredero es otra cosa. Vivir como heredero es usar el caparazón de otra persona, de otro ser viviente, el antepasado, representar al otro y, por tanto, no ser ni el otro ni uno mismo.

El cuarto es un error sociológico. La mayoría de los españoles de hoy no distribuyen sus opciones electorales por lo que ocurrió hace casi setenta años, y las circunstancias de la España actual, salvo en lo que respecta a la obtusa exigencia de los nacionalismos periféricos, tienen nulo parecido con las tan dramáticas de 1936, con sus problemas y sus furias.

Escribe María Zambrano que la mentira cae pesadamente, que es una sentencia de muerte. «Muerta ella misma ya. Sólo por su falta de aliento se la reconocería. Y así, el que la profiere ahueca la voz, hace un vacío donde resuena sin eco y ha de reiterarla una y otra vez. O con voz neutra sin la menor vibración, la sirve inapelable y fantasmalmente».

Mas la mentira puede proliferar y ocupar la extensión que ella misma va haciendo. La mentira de la que hablo aquí -los herederos de los unos, los herederos de los otros- no es inocente, no asesina, pero siembra la confusión y alimenta el fuego de la discordia, y llegado el caso ofrece coartadas para el crimen. La mentira de la que escribo aquí puede llegar a tener un efecto inquietante, el buscado precisamente por los nacionalistas de izquierda y de derecha. Es éste: reproducir en toda España la situación del País Vasco, dividiéndola en dos mitades dispuestas a no escucharse, a no hablarse, a escapar de sí mismas, desuniéndola en caínes y abeles sempiternos, desgarrándola en polémicas sin grandeza. Como es difícil que los versos de Gil de Biedma puedan escribirse otra vez, como es imposible plantear que media España ocupa España entera con el desprecio total del que es capaz, frente al vencido, el más fiero de los vencedores, los nacionalistas tienen que marcar esa otra línea de diferenciación: los que heredan la victoria y los que heredan la derrota.

Somos el tiempo que nos queda, lo dice Caballero Bonald, y creo que la mayoría de los españoles sólo desean vivir tranquilamente en el presente y heredar el futuro. «Enterrar el Álamo» es la metáfora con la que John Sayles concluye una de las mejores películas que han tratado la vida de la frontera mejicano-estadounidense. Creo que nuestros políticos deberían dejar el pasado a los historiadores. Enterrar la guerra civil en las bibliotecas. Sin embargo, les falta el sexto sentido que han tenido casi todas las grandes naciones: la prudencia. Esta palabra, desde Aristóteles, designa la más alta virtud política, cuya más sucinta y mejor definición la ha dado Octavio Paz: «Facultad de orientarse en la historia».

Esta es la tregua de la ETA
EDITORIAL Libertad Digital 11 Junio 2005

Por enésima vez la banda terrorista ETA ha mostrado con los hechos cuál es su idea de negociación. Las dos granadas de ayer en el aeropuerto de Zaragoza son un adelanto más, un anticipo a cuenta, de la oferta de diálogo que, irresponsablemente, Zapatero les ha lanzado sin que los asesinos siquiera lo esperasen. Hemos dicho en ocasiones anteriores que alentar expectativas a los terroristas sólo puede derivar en que éstos se fortalezcan. No hace falta ser muy sagaz para darse cuenta de que los asesinos, si ven que el Gobierno va a prestar oídos a sus demandas, eleven el listón lo máximo posible para encarar en buenas condiciones las conversaciones que se vienen anunciando desde hace tiempo.

De nada sirve que De la Vega o Zapatero se rasguen las vestiduras cada vez que la ETA hace lo único que sabe hacer. Decir que el Gobierno mantiene su oferta si “hay voluntad” de dejar las armas, tal y como aseguró el presidente del Gobierno el miércoles en el Senado, es regalar un argumento precioso a los terroristas para que prosigan su escalada a placer. Y así está sucediendo. Los atentados sin víctimas se suceden desde hace meses en una incómoda letanía que presagia lo peor, y lo peor ya no tendrá arreglo. La ETA no tiene ni ha tenido nunca voluntad de dejar de matar hasta la consecución de su meta última, la secesión del País Vasco y la posterior anexión de Navarra. El crimen es connatural a la misma banda desde que, hace más de 40 años, decidiesen que la lucha armada, es decir, el secuestro, el robo y el asesinato a mansalva, era el cimiento sobre el que se edificaría una inexistente nación vasca que dicen estar liberando. Cualquier tipo de negociación pasa irremediablemente por ahí. No hay otro camino. O se aceptan sus postulados o siguen matando. Lo repetimos, no hay negociación posible.

Ese almibarado diálogo con el que Otegi y demás batasunos se llenan la boca consiste, esencialmente, en acordar los tiempos en que se consigue el objetivo máximo por el cual los etarras han estado matando durante cuatro décadas. Ningún Gobierno; ni este, ni el anterior, ni el que venga después, está en posición de satisfacer la demanda de la ETA. Simplemente no puede porque la Ley se lo impide y si, llegado el caso, el Ejecutivo quisiese cambiar esa Ley, se encontraría con que una mayoría aplastante de vascos se niegan a rendirse a los dictados de una banda de fanáticos cuyo plan es un delirio nacional-socialista. Así las cosas, al Gobierno sólo le quedan dos vías. La de la inacción, que es la que ha tomado, y que conduce a que el problema se enquiste eternamente. O la de la firmeza, que es la que escogió el gabinete de Aznar tras la tregua-trampa de 1998, y que ha rendido fabulosos resultados dejando a la banda más debilitada que nunca y muy cerca de la derrota sin paliativos.

Zapatero puede seguir jugando a pacificador mientras hace equilibrios en el alambre con unos asesinos, pero no ha de olvidar que un presidente de Gobierno no puede permitirse el lujo de confundir los deseos con la realidad, porque al final las fantasías del Gobernante las paga toda la Nación. El camino que ha escogido Zapatero, embarcándonos a todos en él, ha sido por desgracia el de inhibirse ante la amenaza y tender la mano a quien no entiende más negociación que imponer sus criterios. Por las buenas, o por las malas.

Negociación con ETA
Las dos mentiras de ZP
Ignacio Cosidó Libertad Digital 11 Junio 2005

El proceso de negociación con ETA iniciado por Zapatero se basa en dos grandes mentiras. La primera es que no habrá dialogo con los terroristas hasta que estos decidan de forma previa abandonar definitivamente las armas. La segunda es que no está dispuesto a pagar ningún precio político porque ETA deje de matar. El presidente aparece así atrapado en sus propias contradicciones sin otra opción que la huida hacia adelante. Sólo así puede entenderse que Zapatero se obceque en continuar adentrándose en este proceso de diálogo con los asesinos a pesar de las bombas de ETA y frente al masivo rechazo a la negociación con los terroristas expresado por la ciudadanía en la calle.

Los datos que apuntan a la existencia de contactos previos entre el Partido Socialistas en Euskadi y Batasuna, así como entre la propia ETA y el Gobierno son innumerables. Los medios de comunicación han aportado en los últimos meses, especialmente en el País Vasco, informaciones con fechas, lugares e interlocutores de contactos entre socialistas y batasunos. Algunas de estas informaciones han tratado de ser desmentidas total o parcialmente, pero en otras ni siquiera lo han intentado. En todo caso, es un clamor más que un rumor la existencia en el País Vasco de estos contactos exploratorios entre socialistas y abertzales.

La existencia de conversaciones entre el Gobierno y ETA es un secreto mejor guardado, pero existen también numerosos indicios que apuntan hacia su existencia. Desde la conversación grabada entre un preso de ETA y su abogada confirmando la existencia de ese diálogo, hasta el desliz cometido por Fernando Savater desvelando una oferta concreta de dialogo por parte de ETA. El Gobierno insiste en que no sólo no ha existido dialogo, sino que éste no se producirá hasta que ETA abandone definitivamente las armas. Es muy posible que no exista aún una negociación formal y directa entre el Gobierno y la actual dirección de la banda terrorista, pero tiene toda la lógica que deban existir contactos preliminares e indirectos para propiciar esa negociación. La obcecación de Zapatero en negarlo, frente a datos cada vez más numerosos y contundentes y contra la propia lógica del proceso por él iniciado, se convierte en realidad en una gran vulnerabilidad para su propio Gobierno.

La segunda mentira es la negativa de Zapatero a pagar un precio político por la paz. En realidad no sólo se está en disposición de pagar ese precio, sino que un anticipo importante del mismo se ha abonado ya. La presencia de Batasuna en el Parlamento Vasco, en clara contradicción con lo establecido en la Ley de Partidos vigente, es en si misma una clara concesión del Gobierno a ETA con el fin de favorecer el proceso de negociación. ETA ha podido así volver a las instituciones democráticas sin necesidad siquiera de tener que renunciar al uso de la violencia.

El segundo plazo del precio político a pagar lo anunció Zapatero en plena campaña electoral vasca. El Presidente se comprometió entonces de forma solemne a la elaboración de un nuevo Estatuto consensuado por todos los partidos políticos vascos que sustituyera al, según los nacionalistas, ya superado Estatuto de Guernica y a celebrar además un referéndum para ratificarlo en un plazo de dos años. Con este compromiso electoral, Zapatero estaba en realidad aceptando la oferta lanzada poco antes por Batasuna en Anoeta para la apertura de dos mesas de negociación, una entre los partidos políticos vascos para resolver el conflicto político y otra entre ETA y el Gobierno para afrontar el final de la violencia.

Así, sobre la base del denominado Plan López, un copia minimamente edulcorada del Plan Ibarretxe, Zapatero está dispuesto a negociar con Batasuna la elaboración de un nuevo Estatuto que aunque no satisfaga plenamente todas las demandas políticas de ETA, pueda lograr que los terroristas lo consideren una plataforma política suficiente como para poder dar el salto definitivo hacia la independencia y la anexión de otros territorios, incluso sin necesidad ya de utilizar el terrorismo.

La base de este juego de las dos mesas es sin embargo una nueva mentira, fabricada en este caso por Otegui y asumida posteriormente por Zapatero. Se trata de hacernos creer que la negociación política entre los partidos políticos vascos no tendrá en realidad nada que ver con el terrorismo. La realidad es que se trata de dos mesas perfectamente comunicadas, hasta el punto de que ETA solo renunciará en una a las armas si el acuerdo político alcanzado en la otra es de su entera satisfacción.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular

Comisión 11-M
La pregunta 36
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 11 Junio 2005

Dice Pilar Manjón que dice el juez del Olmo que el autor intelectual del 11-M es Abú Dahdah. Nada que ver con el dadaísmo, ni con Tristan Tzara y las máquinas inútiles. Aquí las máquinas son teléfonos móviles liberados en la tienda de un policía nacional de origen sirio, máquinas tan útiles, tan útiles, que derrocaron al gobierno de los cinco millones de puestos de trabajo, que ya es derrocar. Pero Dahdah está incomunicado desde el 2001. ¿Cuándo planeó la masacre?

Las revelaciones de El Mundo, único investigador real de los atentados, no son buenas para el corazón, provocan taquicardia. Se están acumulando indicios de lo impensable, pistas de lo inconcebible. Combínense con la ordenación lógica que ha hecho el Partido Popular en forma de 63 incógnitas. La pregunta número 36 es clave: “¿Por qué, cómo y por quién fueron convocadas las manifestaciones producidas a la misma hora en todas las sedes del PP el 13 de marzo?” ¿Otra vez? Ese un tema viejo, protestará algún lector. No lo es. La pregunta retumbará para siempre en los oídos de cuantos participaron, colaboraron, fomentaron, consintieron o callaron. Lo tienen claro si creen que se va a olvidar.

Es esencial comprender el vil aprovechamiento de los atentados por parte del frente del silogismo diabólico: eran islamistas, ergo vengaban lo de Irak. Dejando aparte que, si Dahdah es el autor intelectual, los planes sólo pueden ser anteriores a la guerra de Irak, ¿qué es exactamente “lo de Irak”? Que unos centenares de soldados profesionales fueron enviados por Aznar en misión de paz, una vez concluida la ocupación, en labores de reconstrucción. Ninguna diferencia con la presencia en Afganistán, que extrañamente aprueban los zetapés. Vale, reconocerán, pues se vengaba la foto de las Azores.

Pero hoy es evidente que Aznar apostaba por quien más convenía a España: ese “trío de las Azores”, al que la prensa española en pleno desahució, estaba formado por dos dirigentes que repitieron mandato –uno de ellos el hombre más poderoso del mundo- y otro que había decidido retirarse voluntariamente del poder. A Aznar no lo batieron. Como era un trío de cuatro, Barroso ascendió a las cumbres comunitarias. Vaya un desahucio.

Contra el trío de las Azores se formó el trío de los azares: por azar (¿o no?) ganó Zapatero las elecciones y se unió a Chirac y Schroeder; iban a ser los campeones del europeísmo, barrera a la americanización, contrapeso a la Casa Blanca, bálsamo del Islam, gracias a la Constitución Europea. Hoy el trío de los azares de ha desinflado a la misma velocidad que la estafa de Giscard, el francés y el alemán están de retirada. Zapatero apostó al caballo perdedor.

Por cierto, no consigo recordar las protestas de ZP como diputado socialista cuando González envió a Irak, a combatir, a jóvenes españoles que hacían la mili. Porque, antes de Aznar, en España había mili obligatoria. Si es que estamos todos fatal de memoria.

El gobierno y la ETA
El doble juego
Cristina Losada Libertad Digital 11 Junio 2005

El último atentado de ETA, esta vez contra el aeropuerto de Zaragoza, ha vuelto a poner de manifiesto la cuando menos curiosa esquizofrenia del gobierno ante la banda terrorista. En otras palabras, el juego del poli bueno y del poli malo al que se están entregando también en asunto tan serio como la política antiterrorista. De un lado, Interior reafirma la determinación de perseguir policialmente a los etarras. Del otro, el presidente mantiene sus apelaciones al diálogo con la banda, con matices diversos, dependiendo de la temperatura de la opinión, y calla, y no sé si otorga, cuando los portavoces de aquella se engallan.

El gobierno no levanta el acoso policial, pero renuncia al acoso político que constituía la segunda y tardía pero fundamental pata de la lucha contra el terrorismo, al tiempo que critica y desplaza a las víctimas que no aplauden su guión. Pero no es sólo en la actitud del gobierno que hay duplicidad. También se da ese fenómeno en la ETA y sus auxiliares: unos ponen bombas, otros dan órdenes al gobierno, y otros, finalmente, hablan de paz, diálogo y soluciones al “conflicto”.

La pública oferta de negociación de ZP a los terroristas ha sido respondida con una serie de atentados. Era de “manual”, como escribió aquí Juan Carlos Girauta. Ese es el modo en que un grupo terrorista refuerza su posición, mostrando que puede hacer daño cuando se lo propone. Pero también, y esto es aun más grave, es la forma en que se presiona a la opinión pública para que dé su plácet a la tentadora propuesta de los polis buenos: lleguemos a un “arreglo” y tengamos la fiesta en paz. El chantaje de siempre, pero suavizado por la retórica dialogante que ahora sirven de aderezo.

Un editorial del martes pasado del Wall Street Journal, preguntaba para qué había hecho ZP “una propuesta injustificada y prematura a un grupo terrorista activo pero considerablemente debilitado”. Caben varias respuestas a la pregunta, pero caben pocas dudas sobre el efecto que la mano tendida de ZP a la ETA puede tener, si no ha tenido ya, en la opinión. Ese efecto se llama crear expectativas. Consiste en hacer creer que el fin de la ETA, ya que no habla de derrota, es ahora “posible” y saldrá “barato”. Coadyuva a que aparezca un clima favorable a sentarse y hablar, como Carod-Rovira en Perpiñán, con los de las pistolas y las bombas.

Ambos juegos, el de ETA y el gobierno, conducen de facto a alimentar el deseo de una componenda y las esperanzas en su éxito, aunque toda la experiencia acumulada induce a no tenerlas. Y ahí está una posible respuesta a la pregunta del Journal: sólo si existen previamente esas expectativas podrá la sociedad tragar cesiones de otro modo indigeribles.

Respuesta terrorista
Editorial El Correo 11 Junio 2005

El atentado que ETA perpetró ayer en Zaragoza forma parte del diabólico mensaje con el que el terrorismo pretende enredar, en primer lugar, a quienes siguen pensando que la violencia no es más que la expresión de un contencioso pendiente y, a través de ellos, al conjunto de la sociedad y a las instituciones, sometidas de nuevo a un chantaje desalmado. Con sus atentados, ETA pretende demostrar que persiste eso que Otegi y los suyos denominan 'conflicto armado'. Porque sólo a través de ese lenguaje -el de las bombas y el de las explicaciones que dan sus voceros- se sienten capaces de empujar a la sociedad democrática hacia el callejón que más interesa al terrorismo, al fondo del cual han colocado el señuelo de su negociación.

En su extrema debilidad, ETA trata de asirse a un clavo ardiendo para prolongar su existencia e intentar paliar, y a poder ser revertir, su inapelable derrota. Por eso mismo, la política antiterrorista no debería obsesionarse con lograr espectaculares aciertos sino, más bien, preocuparse de no cometer el más mínimo error. Honestamente, nadie puede dudar de las buenas intenciones que albergue cualquier gobierno democrático en España comprometido con acabar cuanto antes con el terrorismo. Y el Partido Popular no debe alimentar más dudas sobre las intenciones últimas del Ejecutivo socialista. Pero ello no significa que el Gobierno de Rodríguez Zapatero no haya cometido un error inexplicable al fomentar un estado de opinión tan propicio para que los terroristas se asienten en él aprovechándose precisamente de los mensajes explícitos e implícitos que el Ejecutivo había puesto en circulación. Sin duda, el Gobierno quiere que ocurra algo que no coincide con lo que pretenden los terroristas. Y el problema no estriba en lo que los portavoces gubernamentales digan o insinúen. El problema reside en que con toda seguridad los terroristas y sus adláteres interpretan esos mensajes -porque así necesitan hacerlo- como una baza con la que apuntalar su ya endeble pero todavía inquietante amenaza.

ETA y el presidente
TONIA ETXARRI El Correo 11 Junio 2005

Seguramente Zapatero se hallará inmerso en plena fase de «contraste» porque, desde ETA, le están llegando continuos mensajes para que se vaya enterando de qué va la banda cada vez que La Moncloa estrena presidente. Los primeros avisos, ciertamente, le pusieron tan 'a tono' que se ha pasado unas cuantas semanas diciendo que «ahora sí va en serio» la oportunidad para la paz. Y se lo tomó tan al pie de la letra que se propuso convencer (y le honra que así sea) a algunos sectores próximos que, con sus críticas, estaban torpedeando y ennegreciendo el color del horizonte que él se estaba imaginando. Les pedía con tal convicción que le creyeran, más que nada por ese poder de previsión que la naturaleza le ha dado, que algunos sufridores del terrorismo le han dado su voto de confianza, a título individual.

Tal ha sido el ambiente de esperanza en estos últimos tiempos que será preciso analizar, cuando se calmen las aguas, la causa por la que importantes movimientos de colectivos de resistencia al chantaje y al crimen organizado se están desactivando con una celeridad no explicada.

El presidente Zapatero, en su última intervención en el Congreso de los Diputados esta semana, ha hilado algo más fino al darse cuenta de que, con el terrorismo, las cosas no ocurren por el simple hecho de que él frote la lámpara. Por eso matizó sus palabras al decir que, si existe una oportunidad, «debidamente contrastada», no será él quién la desperdicie. Y en eso estaba, en los contrastes entre los avisos, los guiños, las amenazas y las peticiones cuando ETA vuelve a servirle su capacidad de alteración de la vida política en forma de atentado. Esta vez ha sido en Zaragoza. Habrá quién le explique al presidente que, si recordamos el brutal atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, luego vino la negociación de la Mesa de Argel.

Quizá para evitar falsos paralelismos, el propio alcalde de la ciudad, Juan Alberto Belloch, ex ministro de Interior y Justicia cortó ayer por lo sano cualquier intento de análisis tan complaciente como erróneo. Y con la autoridad que le da su propia experiencia dijo que las bombas de Zaragoza demuestran que ETA no quiere negociar. Tendrá que seguir contrastando mientras baja del altar y piensa, de paso, si les va a decir algo más a las asociaciones de víctimas del terrorismo que, simplemente, confíen en él. La desesperación del funcionario Ortega Lara por tener que rememorar la tortura de su secuestro pone cara y ojos a quienes han padecido las secuelas del terror. Esa imagen del secuestrado que parecía un superviviente de un campo de exterminio tendría que estar en las mesas de los despachos del Gobierno para echarle una miradita antes de decidir cuál debe ser la política antiterrorista.

Archivo de Salamanca
Frente al despotismo y la balcanización
Pío Moa Libertad Digital 11 Junio 2005

En el fondo la cuestión es muy simple: si se aplicase como principio la decisión que el gobierno quiere imponer con los papeles de Salamanca, todos los archivos y museos quedarían desguazados en pocos meses. Pero el gobierno no quiere aplicarla como principio general, sino como actuación particular, y por tanto arbitraria. Una actuación basada tan solo en sus intereses de partido, destinada a satisfacer las exigencias de los separatistas catalanes, extraños aliados de este extraño gobierno. Y cuyo fondo es considerar el patrimonio cultural de España como propiedad particular de los gobernantes, perfectamente enajenable según sus conveniencias políticas.

Se trata, por lo tanto, de un acto despótico, que el PSOE intenta perpetrar con ese estilo demagógico y prepotente tan típico: basta ver a los diputados socialistas castellanos aprobando la moción entre risas. Seguramente se reían recordando sus anteriores posturas y la de Caldera, cuando afirmaban más o menos que los papeles sólo saldrían por encima de sus cadáveres. Así de despreciables son las posiciones de unos personajes que están degradando aceleradamente la democracia en demagogia, y ajenos a cualquier principio que no sea disfrutar del poder.

Quien conozca la historia recordará la misma actitud, exactamente, en el saqueo de museos, iglesias y bienes particulares por los líderes del Frente Popular: se sentían propietarios de ellos por el hecho de tener el poder. Saqueos y destrucción salvajes que han bautizado, con el mismo descaro “salvamento”.

Este despotismo va dirigido también, como un torpedo más, contra la unidad de España, un paso más en el proceso de balcanización del país. Se trata de complacer a individuos que no ocultan su decisión de lograr la secesión de Cataluña, y que utilizan pretextos como el de los papeles de Salamanca para sembrar el resentimiento. Sería una ingenuidad creer que el gobierno cede ante ellos por una presión irresistible. Cede ante todo por simpatía, como negocia con los asesinos por una cierta afinidad ideológica de base, aun si discrepa en los métodos.

Pero el despotismo debe ser contenido, y a la demagogia hay que oponerle los principios de la democracia. Pues si no lo hacemos ahora, la demagogia y el despotismo avanzarán hasta hacerse irresistibles. Ocurrió en el pasado, está ocurriendo ahora mismo en muchos países. No dejemos que vuelva a pasar aquí.

DIJO NO EXPLICARSE LA ACTITUD DE CALDERA
Manifesto de Alfonso Ussía: "¿Van a mutilar el Archivo de Salamanca? Pues va ser que no, lo sentimos Rodríguez"
El escritor madrileño Alfonso Ussía, encargado de leer el manifiesto a favor de la unidad del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca ante las decenas de miles de personas que se concentraron al final de la manifestación en la plaza Mayor de la capital charra, exigió una rectificación del Gobierno en su intención de "expoliar, mutilar y destrozar" el centro documental. "¿Van a mutilar el Archivo de Salamanca? Pues va a ser que no, lo sentimos Rodríguez, lo sentimos Calvo Poyato, lo sentimos Maragall, los sentimos Carod-Rovira o como usted se llama. Va a ser que no", concluyó el escritor entre los aplausos de los manifestantes.
Agencias Libertad Digital 11 Junio 2005

"Estamos seguros que de haber obtenido en las accidentadas y anímicamente manipuladas elecciones generales la mayoría absoluta del PSOE, hoy no estaríamos aquí exigiendo la rectificación del Gobierno en su intención de expoliar, mutilar y destrozar el Archivo", destacó. Ussía aseguró que el actual Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero "no puede gobernar libremente", ya que "ha pactado con un partido minoritario y abiertamente antiespañol, que además se caracteriza por su capacidad de coacción y chantaje". "Manda en España un partido que desea desgajar España", aseveró el escritor.

"Si se ha pactado con los chantajistas en Cataluña y se han iniciado conversaciones con los terroristas en las provincias vascas, ¿qué puede significar la unidad de un archivo para un Gobierno débil y clamorosamente inculto?", se preguntó el encargado de leer el manifiesto. Según el escritor, los ciudadanos se reunieron este sábado para "defender lo que es suyo, lo que pretende mantener unido a disposición de los españoles, lo que no admite que sea mutilado para satisfacer los deseos del sector chantajista de la digna, respetable y querida sociedad civil catalana".

El discurso del Alfonso Ussía fue interrumpido con abucheos de los ciudadanos cuando se refirió a la ministra de Cultura, Carmen Calvo, encargada, a su juicio, de "tramitar y ejecutar la orden de mutilación". "La señora ministra no concibe que se convoque y celebra una manifestación cultural sin otro beneficio para los manifestantes que la consecución de una causa justa", indicó.

Ussía añadió que "nadie de los que estamos aquí nos manifestamos con la intención de conseguir subvenciones, prebendas, donativos y generosidades económicas a costa del dinero de los contribuyentes, los que estamos aquí pretendemos que no se cometa un crimen cultural". Lo mismo ocurrió cuando tachó de "insultante cachondeo" la actitud de los procuradores del PSOE en las Cortes de Castilla y León. Del mismo modo, dijo no explicarse la actitud del ministro de Trabajo, Jesús Caldera, "hoy partidario de la expoliación del Archivo y ayer defensor a ultranza de su unidad". "Ante el abuso del poder, la voz de la calle, la fuerza de la sociedad civil", insistió Ussía, quien aplaudió, entre gritos de alabanza de los manifestantes, la actitud del alcalde de Salamanca, Julián Lanzarote, a quien pidió que "no se mueva".

"Con la firmeza se fuerza a hacer el ridículo a quienes no respetan un bien cultural", destacó y pidió a Lanzarote que "impida que salga un solo papel del Archivo" y que "use y disponga de todos los mecanismos de defensa y recursos que le concede la justicia para que vean los mutiladores que el proceso va a ser largo". "¿Van a mutilar el Archivo de Salamanca? Pues va a ser que no, lo sentimos Rodríguez, lo sentimos Calvo Poyato, lo sentimos Maragall, los sentimos Carod-Rovira o como usted se llama. Va a ser que no", concluyó el escritor entre los aplausos de los manifestantes.

El archivo de los «vivos»
Por Juan Manuel DE PRADA ABC  11 Junio 2005

UN separatista catalán lo expresó muy sucinta y sarcásticamente hace unos días: «La política es para los vivos». Ingenuamente, la frase se ha glosado sin profundizar en la ambivalencia del término «vivos», que aparte de los que no están muertos, designa -según nos enseña el diccionario- a los «listos que aprovechan las circunstancias y saben actuar en beneficio propio». Sólo el hallazgo de esta dilogía nos permite entender plenamente la frasecita: la política deja de ser así la actividad de quienes administran el interés público, para convertirse en una suerte de almoneda donde los «vivos» hacen su agosto, aprovechándose de la debilidad de quienes gobiernan; naturalmente, en este contexto de rapiñas consentidas, los «vivos» no tendrán rebozo en sacar en romería a los muertos (¡pero sólo a ciertos muertos!), a quienes erigirán socarronamente en beneficiarios últimos de sus cambalaches. Un ejemplo flagrante de esta política de «vivos» que hoy impera en España nos la ofrece el inminente desbaratamiento del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca; episodio que calificaríamos de chusco, si no fuera por las consecuencias que acarreará.

Quizá la más inmediata e incontenible sea la avalancha de peticiones cruzadas que se inaugura con el traslado de documentación a Cataluña. La ministra de Cultura, en un ejercicio de malabarismo jurídico que sólo podría ocurrírsele a una fraila anglicana, ha afirmado que ninguna otra petición será atendida. Díjolo Blas, punto redondo. Pero, por muy cínica o ingenua que sea nuestra dilecta fraila, no se le puede escapar que, una vez satisfecha la pretensión de la Generalitat catalana, cualquier institución legalmente constituida en 1939 -ayuntamiento, sindicato o asociación de cualquier índole- podrá reclamar idéntico trato; reclamación que los tribunales deberán conceder, atendiendo al precedente establecido. El destino del Archivo de Salamanca no es otro, pues, que la evacuación paulatina de sus fondos; y otro tanto ocurrirá con los demás archivos que custodien documentación de la época. Para distraer la atención y embaucar a los incautos, nuestra dilecta fraila ha anunciado la construcción de un Centro Documental de la Memoria, que es algo así como un Parque Temático de la Fotocopia y el Microfilm (en coordinación, imaginamos, con el otro Parque Temático que se proyecta para el Valle de los Caídos: a este paso, la memoria -manipulada, of course- de la Guerra Civil se convertirá en una cadena de franquicias, al estilo de las hamburgueserías McDonald´s). En el Parque Temático de la Fotocopia y el Microfilm con sede en Salamanca se reunirán «adquisiciones procedentes de España y el extranjero»; esta indeterminación enternecedora revela la inanidad del proyecto: el Parque Temático es, en realidad, una cáscara huera, un archivo sin fondos que dependerá de las graciosas concesiones de otras instituciones. ¿Piensa nuestra dilecta fraila que nos chupamos el dedo? ¿Qué institución va a deshacerse graciosamente de sus fondos? Al desmantelamiento del Archivo se sucederá la erección de un gran camelo, un inmenso almacén de fotocopias que, naturalmente, los españoles pagaremos de nuestro bolsillo.

El Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, memorial de la represión franquista, se convertirá así en un gazpacho de inanidad, «actividades paralelas» y tergiversación histórica. Será, en fin, el monumento a una época en que la política ha dejado de ser la actividad de quienes administran el interés público para convertirse en una suerte de almoneda donde quienes nos gobiernan dejan a los «vivos» hacer su agosto. Lo que más fastidia es que disfracen esta claudicación flagrante con Parques Temáticos de pacotilla.

La derecha sale a la calle
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 11 Junio 2005

COMO nos enseña Julián en La verbena de la Paloma, «también la gente del pueblo tiene su corazoncito». La calle, la menos precisa y más auténtica de las formas de expresión popular, también tiene un corazoncito que, si históricamente ha vibrado con los impulsos de la izquierda, es ahora -últimamente- escenario de la derecha. Es de todos y todos podemos encontrar en ella el medio para una protesta y el altavoz para cualquier reivindicación.

Antes, un poco por convicción y un mucho por la represión instalada aquí durante siglos, el español se quejaba en voz baja, con disimulo y, salvo en contadas y heroicas ocasiones, en solitario. «La queja, como decía Gracián, siempre trae descrédito». Han cambiado las formas y los modos. Veíamos el pasado sábado, en Madrid, el éxito multitudinario de una manifestación convocada por la AVT, con notoria participación de líderes del PP, en la que la derecha, contra su costumbre y sin perder el estilo de las buenas maneras, le recordaba al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que no es éticamente aceptable negociar con los asesinos etarras.

Hoy la manifestación se celebrará en Salamanca. Formalmente se trata de protestar contra la norma que, a instancias del Govern catalán, destrozará el Archivo Histórico de la Guerra Civil. En principio éste no debiera ser un argumento exclusivo de la derecha y, en tiempos aznaritas, socialistas tan notables como el actual ministro de Trabajo empeñaron su palabra en defender, contra viento y mareas catalanas, el Archivo y su unidad. Todo es cambiante, Jesús Caldera vive el gozo del poder, algo que suele atentar contra el buen funcionamiento de la memoria, y la manifestación cursa con el valor añadido de la crítica a la entrega de Zapatero al tripartito que, desde fuera del rigor constitucional, quiere romper la Constitución.

La próxima manifestación -¡tres en dos semanas!- será el próximo sábado, inspirada por la Iglesia -por una parte de su jerarquía- y cursará bajo el lema «la familia sí importa». Una exhibición de fuerza contra la cobertura legal a los «matrimonios» homosexuales y su posibilidad de adopción de menores. Ya veremos cuál es su éxito, pero hay experiencias notables de la capacidad de movilización que, con la intervención de algunos de sus grupos e instituciones -desde el Camino Neocatecumenal al Opus Dei-, tiene hoy el Episcopado español que, en su ala más conservadora, ampara y fomenta el acontecimiento.

Como suele suceder, la derecha sale a la calle tarde, con retraso, cuando ya parece inexorable el mal por el que se lamenta y protesta; pero por algo se empieza. Ese corazoncito que tiene el pueblo no es partidista y sabe latir a demanda de los grandes grupos que saben prescindir de la pereza, del miedo y del sentido del ridículo.

La voluntad de ETA
Editorial ABC 11 Junio 2005

CUANDO a un terrorista se le pregunta por su voluntad de dejar las armas, acaba contestando como hizo ayer ETA en Zaragoza, lanzando una granada contra el aeropuerto de la capital aragonesa y dejando otra preparada que, afortunadamente, pudo ser desactivada por los Tedax. Nada nuevo. Ya lo anunció un dirigente batasuno con claridad procaz: ETA no va a dejar la lucha armada porque sí. El 26 de mayo hizo estallar un coche bomba en Madrid. Ayer fue Zaragoza. Para ser un tiempo de esperanza, la curva estadística del terrorismo aumenta constantemente. La voluntad de ETA es seguir aterrorizando, lo que da al presidente del Gobierno la respuesta a la expectativa que ha abierto sobre el cese dialogado de la violencia. Cuestión distinta es que el Ejecutivo no atienda a los hechos e ignore sus consecuencias. Pero éste es el problema que hace inverosímil la iniciativa personal de Rodríguez Zapatero de tratar el terrorismo de ETA como un fenómeno reversible por efecto, casi taumatúrgico, de una mera aplicación de gestos y declaraciones seductoras.

Hay, en el fondo de esta actitud gubernamental, un profundo desconocimiento acerca de la naturaleza de los terroristas y de su determinación criminal. El terrorista es un delincuente y, además, actúa de mala fe cuando se le trata como interlocutor. La creencia de que en un determinado punto crítico de la evolución política cabría sentar en una mesa de negociación al Estado y a ETA roza la puerilidad y, sobre todo, desprecia la experiencia histórica. El Gobierno socialista está actuando como si su llegada al poder hubiera sido la ocasión que esperaban los terroristas, impacientes ellos, para sacar a la luz su vocación negociadora, frustrada por la intemperancia de los gobiernos anteriores. El cúmulo de espejismos ya es suficiente. El Gobierno de Rodríguez Zapatero tiene datos por sí mismo, no heredados, para saber cómo está manejando ETA las ofertas de diálogo que el Ejecutivo y el Parlamento le han puesto sobre la mesa y en condiciones progresivamente favorables, porque no sólo el jefe del Ejecutivo rebajó en el Senado el listón del diálogo a que los terroristas simplemente mostraran voluntad de abandonar las armas. También se están encontrando con el viento a favor que provoca el divorcio entre el Gobierno y las víctimas, la recuperación diaria de la izquierda abertzale, la impunidad del regreso de Batasuna y otros factores indiscutibles que no entrañan ningún avance y sí muchos lastres y dudas en la lucha antiterrorista.

Cada vez que se produce una reiteración de la oferta de diálogo, ETA responde con un atentado, no porque no le interese tácticamente la confusión que está produciendo la política gubernamental, sino porque le permite comprobar que el Ejecutivo aumenta en la misma proporción el nivel de compatibilidad entre atentados y ofrecimiento negociador. Así es muy difícil que ETA se vea compelida a una tregua que le está resultando materialmente innecesaria porque sus efectos se los está encontrando gratuitamente, sin coste alguno. De hecho, esta política aparentemente novedosa ya es conocida por ETA. Los terroristas constatan que han vuelto al Parlamento de Vitoria, donde podrán condicionar durante cuatro años más la vida política de los ciudadanos vascos, con el coro ingenuo de los que dicen que siempre es mejor que estén dentro que fuera, como si las dos décadas de Batasuna en la Cámara vasca hubieran contribuido a la paz. También aprecian que el Estado de Derecho se está inhibiendo más allá de la neutralización de la Ley de Partidos para entrar otra vez, y a pesar del procesamiento de Otegui, en el sofisma de que sólo son terroristas los que atentan. Comprueban que el constitucionalismo vasco y las víctimas pueden verse forzados a iniciar un camino de vuelta después del apogeo de Ermua. Es decir, la modernidad de los discursos del Gobierno sobre el fin de ETA es, en realidad, la reformulación de planteamientos fracasados (Argel, Santo Domingo, Pérez Esquivel, etcétera), no porque fueran mal aplicados, sino porque eran estériles para producir el desistimiento de ETA. Por eso, la ruptura del Pacto Antiterrorista está siendo, también, expresión de la deliberada falta de memoria del Gobierno socialista. ETA, que sigue siendo la misma, lo sabe y se aprovecha.

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