AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 22 Junio 2005
El PSOE entierra la verdad
Ignacio Villa Libertad Digital  22 Junio 2005

ZP o el sonriente desprecio a las víctimas
EDITORIAL Libertad Digital 22 Junio 2005

Ceguera voluntaria en la educación
PILAR DEL CASTILLO  ABC  22 Junio 2005

El poder es el poder
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 22 Junio 2005

La chacha andaluza del Gobierno
Por Antonio BURGOS ABC 22 Junio 2005

Terrorismo de baja intensidad
Por Luis Ignacio PARADA ABC 22 Junio 2005

El laberinto vasco, otra vez
Editorial ABC 22 Junio 2005

Preocupante sentencia
Editorial El Correo 22 Junio 2005

Socialismo, nacionalismo y democracia
Agapito Maestre Libertad Digital 22 Junio 2005

¿De qué democracia hablamos?
FÉLIX DE AZÚA 22 Junio 2005

Los pilares de Ibarretxe
TONIA ETXARRI El Correo 22 Junio 2005

'Liberté, Egalité'
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo 22 Junio 2005

Partido no nacionalista" en Cataluña
Agencias Barcelona Estrella Digital 22 Junio 2005

El PSOE entierra la verdad
Ignacio Villa Libertad Digital  22 Junio 2005

A la espera del pleno parlamentario, los trabajos de la Comisión de investigación sobre los atentados del 11 de marzo han terminado. Y lo han hecho sin haber querido aclarar realmente lo que pasó durante aquellos días previos a las elecciones generales del año 2004. Esta Comisión parlamentaria ha servido, por encima de todo, para evidenciar una realidad: el Gobierno y todos sus apoyos parlamentarios NO QUIEREN saber y no quieren que se sepa cómo fue la historia de unas jornadas que marcarán siempre la democracia en España.

De la Comisión nos queda el empeño del PSOE y de los distintos grupos de su cuerda que prefieren echar tierra encima, que son unos cobardes de tomo y lomo, que tienen mucho que esconder por obligación o por omisión y que han decidido borrar la realidad de aquellos días. Es verdad, que hay muchas cosas que no sabemos; pero todavía hay más historias que no se han querido saber. Algunas de ellas aportadas desde las páginas del diario El Mundo, y otras muchas que no se han podido abordar por la negativa en rotundo de los socialistas.

Esta Comisión nos deja además con toda rotundidad la mentira de Rodríguez Zapatero. El presidente del Gobierno dijo en su comparecencia ante la Comisión que ya estaba todo claro. Algo que los hechos han negado.

Ante tanta mezquindad, ¿cuál ha sido la estrategia? Pues la más sencilla: la mentira y la manipulación. Así de fácil. Los socialistas y los republicanos catalanes se han lanzado a lo que mejor hacen: insultar. ¿Y a quién insultan? Pues también muy fácil: a José María Aznar. Cuesta y Puig, esos dos diputados que no hacen honor a ser representantes de los ciudadanos, se han dedicado a descalificar al que fuera presidente del Gobierno. Lo han hecho hasta tal punto que el republicano radical ha dicho que Aznar estaba inhabilitado para tomar medidas en la lucha contra el terrorismo, por haber sufrido un atentado. ¿Quién este señor para calificar así a un presidente del Gobierno, elegido por todos los españoles y que tenía mayoría absoluta? ¿Qué reglas de la democracia rigen para un portavoz parlamentario que sólo juega a la descalificación personal?

Han echado el cerrojazo a la Comisión de investigación y nos quedamos peor que lo que estábamos. Antes no sabíamos nada; ahora ya sabemos que los socialistas y sus socios no quieren que se sepa nada. Y eso en democracia es para echarse a temblar.

ZP o el sonriente desprecio a las víctimas
EDITORIAL Libertad Digital 22 Junio 2005

Mucha sonrisa y mucho diálogo, pero concesiones a las víctimas del terrorismo ni una sola. Tras la entrevista de Zapatero con la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la oferta del presidente a ETA sigue tan vigente como la lógica preocupación e indignación de sus víctimas.

ZP debería haber retirado la infame propuesta parlamentaria que avalaba la negociación con ETA en el caso de que los terroristas dejaran de matar. Ya hemos comprobado, una vez más, que eso sólo sirve para algo tan grave a la larga como es revitalizar la esperanza de los terroristas en que pueden obtener beneficios de su “lucha armada”. Esta es, precisamente, la refortalecida actitud que ETA manifiesta tanto en sus atentados como en sus últimos comunicados.

Pero a ZP le da tan igual la buena acogida de los terroristas al abandono del Pacto por las Libertades, como la multitudinaria manifestación de las víctimas que, junto a la inmensa mayoría de los españoles, exigen la derrota del terrorismo y no su apaciguamiento y su impunidad.

El recibir a las víctimas del terrorismo sólo tenía como objetivo, tal y como era de prever, revitalizar la farsa del talante del presidente del Gobierno. Un hipócrita talante, cuando ni siquiera se le ha ahorrado a las víctimas la indeseable presencia de Peces Barba, declarado justificadamente por la AVT como persona “non grata”.

Permitir que los proetarras sigan teniendo financiación pública y representación parlamentaria; ofrecerles, incluso, pactar con ellos la reforma del Estatuto de Guernica, ofrecerles la amnistía a los presos; todo ello sigue vigente por parte de un presidente del Gobierno que, decididamente, está dispuesto a sortear el Estado de Derecho y a acordar con ETA una tregua que le ayude a mantener el poder que ostenta desde el 14-M.

Ceguera voluntaria en la educación
PILAR DEL CASTILLO EX MINISTRA DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE ABC  22 Junio 2005

LLEVAMOS un año perdido en el campo educativo, tras la supresión arbitraria de la Ley de Calidad de la Educación por el Gobierno socialista. El resultado ha sido un incremento del marasmo y del escepticismo en un terreno tan capital como problemático de nuestra vida social. Algo ciertamente grave si, sobre todo, como ocurre en el terreno de la educación, la realidad reclama a gritos la revisión del modelo vigente, el modelo de la LOGSE.

Se acostumbra a repetir que la educación es una cuestión de Estado y en ella se impone, por tanto, el acuerdo entre los dos grandes partidos. Pero aquí estriba la dificultad, precisamente, al considerar los socialistas la educación coto cerrado, en el que la derecha sólo puede aportar «clasismo», «oscurantismo» y reacción, en una palabra. Todos los intentos desarrollados por el Gobierno del PP en la legislatura anterior para llegar a un acuerdo sobre la Ley de Calidad encontraron un no rotundo del PSOE, que, por el contrario, consideraba la educación como un rentable campo de confrontación política con el Gobierno. Pero esa actitud formaba parte de un problema de fondo mayor, un problema que consiste en la negativa del PSOE a mirar de frente y asumir la realidad de nuestro sistema educativo, que es fruto, por cierto, de la absoluta hegemonía de que han disfrutado los socialistas a la hora de enseñar a nuestros hijos durante los últimos veinte años. Tengo que recordar aquí que, contrariamente a la confusión que de manera muy interesada se promueve desde las filas socialistas sobre hipotéticas constantes reformas en educación, en 35 años ha habido exactamente tres grandes reformas: la Ley General de Educación del año 70, la LOGSE del 90 y la Ley de Calidad de la Educación de diciembre de 2002. Las dos primeras tuvieron tiempo de aplicarse y contrastar su utilidad; la última fue yugulada por el Gobierno socialista en su primer año de aplicación en un alarde de «buenas prácticas» democráticas.

Aquello que el PSOE no se atrevió a llevar a cabo en materia de ingeniería social y económica cuando llegó al poder en 1982, pues supo aprender en la cabeza de Mitterrand, lo llevó a cabo, sin embargo, en la educación. Y sigue en sus trece. Nuestros niños y jóvenes fueron sometidos progresivamente a un modelo de escuela «comprensiva», invento anglosajón, cuyos resultados en otros países se conocían ya como calamitosos en los años setenta. En mi opinión, la raíz del problema se halla en que la llamada «comprensividad» tergiversa la razón de ser de todo sistema educativo. La educación existe para transmitir de modo eficaz conocimientos y valores formativos de la persona. Unos y otros han de asociarse estrechamente al proceso de aprendizaje para que éste merezca tal nombre. Lo he repetido hasta la saciedad en los últimos años: sin esfuerzo no hay aprendizaje; sin aprendizaje no tiene lugar el crecimiento educativo, ni con él la manifestación y el reconocimiento del mérito; y sin ello no hay fundamento para la autoridad en las aulas, ni respeto hacia los profesores y entre los alumnos, ni verdadera tolerancia. Y sin autoridad, respeto y tolerancia, derivados del empeño compartido de enseñar y aprender, no puede haber paz y convivencia en los centros educativos.

La Ley de Calidad de la Educación constituye un conjunto de medidas cuyo objetivo es facilitar una mayor eficiencia del sistema educativo. Sus contenidos sintonizan, además de con reformas de otros sistemas educativos, con la opinión muy mayoritaria de nuestro profesorado, con independencia de sus preferencias partidistas y sindicales, tal y como reflejan numerosas encuestas. Vuelvo a reiterar aquí hasta qué punto he sentido el aliento de los profesores en todo el proceso de reforma que concluyó con la aprobación parlamentaria de la Ley de Calidad.

Hoy es evidente, sin embargo, que los socialistas siguen empeñados en que la tarea central del sistema educativo no es ninguna que requiera esfuerzo, porque es difícil, sino la mucho más cómoda de igualar en la mediocridad, es decir, en la consecución de unos resultados de muy bajo nivel para todos. Por eso rechazan todo lo que signifique medidas que promuevan el rigor, la responsabilidad, la autoexigencia, el mérito, es decir todo lo que es imprescindible para aprender; principios que además deben socializar a los alumnos en la idea fundamental de que las acciones tienen consecuencias. Paradójicamente, a la vez que todo ello se desprecia, proponen introducir una asignatura llamada «Educación para la ciudadanía», como si fuera posible la educación en valores al margen de los que transmita de forma implícita, pero efectiva, el propio proceso de la educación.

La mejor prueba de este vacío que subrayo, de esta crisis de confianza del sistema educativo, viene dada por la vuelta, apenas velada, a la promoción automática. Si se puede llegar al final de la Secundaria obligatoria con doce suspensos, difícilmente los alumnos asumirán con la seriedad requerida sus responsabilidades. De este modo, los niños y adolescentes quedan todavía más inermes ante los mil y un reclamos engañosos orientados a persuadirles de que todo es trivial e irrelevante y que por eso y sólo así la vida resulta divertida. Lo más grave, en todo caso, es la quiebra de la solidaridad social que este igualitarismo de la mediocridad conlleva para aquellos niños y jóvenes de familias con menos recursos y cuyos padres tienen un nivel educativo precario. A estos cientos de miles de alumnos, el PSOE les viene a decir: olvidaos de que la educación constituya la gran oportunidad para vuestro futuro, pues la educación de calidad será definitivamente un privilegio que intentarán adquirir quienes puedan pagarla.

Hay, por último, otras dos cuestiones que no quiero dejar de mencionar. La primera es el hostigamiento a la libertad que sufren las familias para decidir la educación de sus hijos. La segunda es la desvertebración del sistema educativo en diecisiete sistemas distintos: en la medida en que la propuesta socialista necesita complacer a la Esquerra catalana, se merman drásticamente los contenidos que son comunes en la enseñanza y cuya definición es competencia del Estado.

Nuestra educación se parece cada vez más a un muñeco sin resortes, incapaz de moverse. Urge exigir con rotundidad al Gobierno socialista rigor, seriedad y responsabilidad sobre una materia tan crucial para el futuro de nuestra sociedad.

El poder es el poder
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 22 Junio 2005

Al PSdeG y BNG lo único que les importa es la suma de escaños. Para ellos los contenidos son secundarios. Sacrificables. Aunque, bien mirado, socialistas y nacionalistas coinciden en lo que consideran fundamental, esto es, en el descuartizamiento de España, cultural y territorialmente. Con un odio manifiesto en el caso de Quintana y taimado en el de Touriño. El bipartito gallego espera los resultados del voto emigrante para lanzarse a la carrera de la confederación. ¡Por fin Quintana y Touriño pueden sumarse a la gran cruzada antiespañola en la que militan Maragall, Carod, Mas, Eguiguren, Patxi López, Imaz, Madrazo y sus primas las comunistas vascas! ¡Por fin va a hacerse realidad el viejo sueño de Gal-euz-ka, aquella aspiración de Castelao, casi una utopía en los tiempos de la Segunda República, aquella consolación de exiliados en París y México!

Esta es la consecuencia más importante de las elecciones gallegas en el caso de que el PP no revalide la mayoría absoluta. ¿Cuántos días tardaremos en oír hablar del cambio del Estatuto gallego? Todo lo demás es música celestial.

El «caso gallego» es muy aleccionador. Hasta ahora los nacionalistas y los socialistas han explicado las aspiraciones separatistas de Cataluña y el País Vasco con el sofisma de la existencia de una abrumadora mayoría de ciudadanos contrarios a la unidad de España y la debilidad o ausencia de aquellos otros que están a su favor. ¿Y en el caso de Galicia? ¿Acaso la mitad de la sociedad gallega no está en contra de cualquier aventura que supere el autonomismo? Como podremos comprobar muy pronto, a los socialistas y nacionalistas gallegos les va a dar igual la voluntad de los ciudadanos, les va a bastar la diferencia de un escaño para dar un vuelco radical, absoluto, a la voluntad popular. A partir de esa diferencia intentarán justificar la existencia de la nación gallega y la ruptura de la unidad española.

La experiencia que se avecina en Galicia nos va a permitir comprobar que los socialistas tienen vocación de alianza con los nacionalistas en cualquier tipo de circunstancia, incluso cuando pueden prescindir de aquellos. En realidad la necesitan no sólo para «detentar» el poder, sino para dar rienda suelta al nacionalista que llevan dentro.

Por eso digo que todo lo demás es música celestial. Por ejemplo, cuando se justifica el pacto por razones de «estabilidad». De sobra sabemos todos que la diferencia de un escaño no es suficiente ni siquiera para resistir una epidemia de gripe y aún menos las tentaciones de un par de tránsfugas. La superioridad basada en un escaño no podrá impedir que suba de la coalición el hedor antidemocrático. Pero, ¿quién sería capaz, en estos tiempos de «relativismo» moral, de renunciar a la conquista del poder aunque ello sea un verdadero robo?

La chacha andaluza del Gobierno
Por Antonio BURGOS ABC 22 Junio 2005

PERDONEN que me ponga sentimental. ¡Qué penita me da escribir en esta página sabiendo que no tengo ya a la derecha al hermano mayor de la Cofradía de la Columna! No sé qué siente usted, en la suprema soberanía del lector, pero la página me parece distinta. Le falta algo. Nada menos que Jaime Campmany. Antes que cada horas veinticuatro las palabras pasen de las musas al teatro, me digo:

-Campmany sí que escribiría bien este artículo...

La realidad sigue imitando a Campmany. Hay esperpentos que siguen siendo de Valle-Inclán, atardeceres malvas que aún son de Juan Ramón. Y noticias que son un homenaje póstumo a Campmany. Personajes de Campmany. Carmen Calvo, sin ir más lejos. El lunes, Carmen Calvo escribirá en Sevilla, arsa pilili, un artículo póstumo de Campmany. No tan impresionante como los alejandrinos modernistas de su Tercera póstuma, mas casi tan suyo. La ministra de Cultura, continua Pasarela Cibeles de sí misma, inaugurará en Sevilla el Archivo de Indias. Tal como suena. No la restauración del Archivo de Indias; no su reforma; no su ampliación: no. Inauguración. Es falso que existiera antes un Archivo de Indias. Es una mentira más del Foro de la Familia. Carlos III no instituyó en 1790 en la Casa Lonja el Archivo General de Indias para reunir la documentación de la Casa de Contratación y del Consejo de Indias. Carlos III no hizo nada. Y el PP, tampoco. No comenzó estas obras de reforma en el año 2000 la ministra Pilar del Castillo. El Gobierno de entonces no se gastó allí 9 millones de euros. El Archivo de Indias, como todo, existe gracias al buen rollito de ZP. Por eso lo inaugura Carmen Calvo.

Y al inaugurarlo, puede ocurrir de todo. Hasta el nombre le puede cambiar la de las frailas. La de Dixit, maldito roedor. La del Rocío, explosión de luz del Mediterráneo. La de Cervantes, turista en Argel. La del Quijote, «best seller» gracias al PSOE. La de la Unesco, que legisla para todos los planetas: para el Planeta Agostini y para el DVD del Planeta de los Simios. Eso de Archivo de Indias es completamente xenófobo, racista y machista. En todo caso será Archivo de Indias... e Indios. Pero como eso es racista y los documentos son virreinales y coloniales, mejor será llamarlo Centro de la Memoria Latinoamericana. Si de paso excavamos las fosas de los indios pasados a cuchillo por Hernán Cortés y por Paco Pizarro y les levantamos un monumento, mejor que mejor. ¿Quién nos asegura que entre los indios tabajaras o entre los indios motilones a los que les cortaron... la retirada no había un abuelo de ZP?

Aunque no sé para qué inauguran el Archivo de Indias. Si le aplican el mismo criterio que a Salamanca, no tiene razón de ser. Los papeles del Virreinato de Nueva España deben ser devueltos urgentemente a México y los del Río de la Plata, a Buenos Aires. Se ve que ni en México ni en Argentina hay un Carod. Como no lo hay en Moguer. Los hay tan burros como Platero, que quieren que los papeles de Juan Ramón estén en su Casa-Museo de Moguer y no en el Archivo Nacional. ¡Y un legajo! ¿Era Juan Ramón de ERC o algo para que los papeles vuelvan a su pueblo?

El que avisa no es traidor: el lunes puede ocurrir de todo con Carmen Calvo. Vestida quizá de Frida Kahlo o de La Perricholi, inaugurará el Archivo de Indias. Aprovechando la collada, podía de paso inaugurar la Giralda, la Torre del Oro, la quinta de Don Juan, la navaja en la liga de Carmen y el corte de pelo a navaja del Barbero de Sevilla. Prepárense, pues, a sentir vergüenza ajena. No sé por qué las asociaciones de espectadores protestan porque las chachas de las telecomedias sean andaluzas. Peor que todas es Carmen Calvo, la chacha andaluza del Gobierno, que seguro que el lunes, con su voz mechada en Gracita Morales, al inaugurar el Archivo de Indias cita a Carlos III... como un coñac.

Terrorismo de baja intensidad
Por Luis Ignacio PARADA ABC 22 Junio 2005

HASTA el Centro de Análisis y Prospectiva de la Guardia Civil, creado para estudiar los problemas de protección y seguridad ciudadana, cayó hace tiempo en la trampa de decir que «la kale borroka puede definirse como un terrorismo de baja intensidad». Sin embargo, en la página web del Ministerio del Interior todavía hoy puede leerse: «La llamada kale borroka (lucha callejera) se ha convertido durante los últimos años en uno de los instrumentos principales de la estrategia de ETA y su entorno». ¿En qué quedamos? ¿Es terrorismo o no es terrorismo? ¿Se puede estar embarazada de baja intensidad?

La media mensual de las acciones de vandalismo callejero del entorno etarra llegó a ser de 80 en 1997. Aquellas acciones comprendían delitos de estragos, incendios, lesiones y coacciones. Parece claro, por tanto, que la kale borroka fue una sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. Esa es justamente la definición que el diccionario hace de la palabra terrorismo. En el artículo 571, el Código Penal dice: «Los que perteneciendo, actuando al servicio o colaborando con bandas armadas, organizaciones o grupos cuya finalidad sea la de subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública, cometan los delitos de estragos o de incendios (...) serán castigados con la pena de prisión de quince a veinte años, sin perjuicio de la pena que les corresponda si se produjera lesión para la vida, integridad física o salud de las personas».

Así que sorprende que la Audiencia Nacional haya condenado a penas de sólo dos años y medio a tres años y medio de prisión a 24 miembros de Segi por asociación ilícita en una sentencia en la que asegura que esta organización no es terrorista porque no usa armas, como tampoco lo serían Jarrai y Haika. Si los estragos se cometen para infundir terror son terrorismo, se usen o no armas. Y si jurídicamente se quieren envolver en papel de fumar, la pena que les corresponde es al menos triple que la impuesta.

El laberinto vasco, otra vez
Editorial ABC 22 Junio 2005

SEGÚN todos los indicios, la sesión de investidura que hoy comienza en el Parlamento vasco va a ser fiel reflejo de una situación política insólita. El precedente de la elección del presidente y la Mesa de la Cámara invita a pensar en un prolongado juego de despropósitos, aunque nadie pone seriamente en duda el resultado final: Ibarretxe volverá a ser lendakari, encabezando no ya un Gobierno débil -como ocurría en la legislatura anterior-, basado en una frágil yuxtaposición de alianzas, unas veces con EHAK, otras con el PSE, que le condenan a la ineficacia más absoluta. La estrategia socialista en relación con el País Vasco (dejando ahora de lado el tema de la negociación con ETA) ha producido resultados objetivamente frustrantes. Hemos pasado de una firme defensa en común de los valores constitucionales en el terreno político, moral, judicial y policial a una situación de máxima vulnerabilidad. Por fortuna, el frente policial sigue funcionando con plena eficacia y profesionalidad. Pero el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo está materialmente roto por la falta de responsabilidad de un Gobierno socialista más interesado en perseguir quimeras que en una política de fuerte calado. Se produce, además, un desencuentro entre el Ejecutivo y las víctimas del terrorismo, a pesar de las entrevistas de ayer en Moncloa, que sólo han servido para hacer patentes las razones que llevaron a cientos de miles de ciudadanos a manifestarse en la calle.

En el decisivo ámbito judicial, la lucha antiterrorista sufre un contratiempo tras otro. Unas veces, porque ni siquiera se ponen en marcha los mecanismos jurisdiccionales apropiados, como en el caso de EHAK, que ahí está campando por sus respetos en la Cámara de Vitoria. Otras veces, porque la propia Audiencia Nacional empieza a contradecir una doctrina ya establecida y fundada en sólidos argumentos jurídicos; eso ha sucedido con ocasión de las últimas sentencias sobre Jarrai y organizaciones análogas, que además podrían afectar a otras causas pendientes. ETA sigue administrando los tiempos y jugando a las apariencias, porque parece claro -a tenor de sus propios comunicados- que está ahora mucho más a gusto que antes gracias a la estrategia del PSE, auspiciada desde Ferraz .

Ibarretxe, muy callado en los últimos tiempos, se apresta a adaptar su mensaje a la nueva realidad surgida de las elecciones de abril. El famoso Plan permanece como tal guardado bajo siete llaves, pero, quizá con menos énfasis nacionalista en la retórica, unos y otros están muy cerca de hallar un punto de encuentro en un texto emparentado con el que fue rechazado por el Congreso de los Diputados. Ha fracasado incluso la posible utilidad práctica del nuevo enfoque socialista, que podría exigir mucho más del PNV, incluso en el terreno de los nombres propios, favoreciendo así las opciones más genuinas del partido que dirige Imaz frente a los intereses del aparato político-administrativo que encabeza el lendakari en funciones. Patxi López pretende condicionar desde fuera la labor de un Ejecutivo que será investido después de una secuencia, quizá no demasiado larga, de desencuentros aparentes.

Mientras tanto, se trataría de avanzar en el escenario de la negociación con ETA y de replantear las nuevas coordenadas de la política vasca. Una apuesta arriesgada, que convierte en pasado el movimiento constitucionalista y dilapida el capital moral y político trabajosamente acumulado durante muchos años por los populares y los socialistas vascos, junto con las víctimas y los movimientos sociales. Hace bien María San Gil en mantener las espadas en alto sobre el voto en favor de una eventual candidatura socialista, porque López ni siquiera se ha tomado la molestia de pedirle su apoyo. Pero, aunque todo el mundo es consciente de la realidad, sería clarificador que fuera el propio PSE el que rompiera las reglas de un juego de lealtades entre los dos grandes partidos nacionales, que consiguió llevar la esperanza durante algún tiempo a muchos millones de españoles.

Preocupante sentencia
Editorial El Correo 22 Junio 2005

La sentencia de la Sección 4ª de la Audiencia Nacional por la que se condena a 24 miembros de Segi por asociación ilícita a penas muy inferiores a las previstas para la pertenencia a banda armada ha causado extrañeza en buena parte de la opinión pública. La resolución suscita, además, inquietud en tanto que pueda suponer una revisión del juicio que a la propia Audiencia Nacional le merecían las tramas dirigidas por ETA, y que tanto ha contribuido a desbaratar la impunidad en la que se habían movido durante años.

La citada sentencia establece que los «actos ilícitos -cometidos por los imputados- complementan el verdadero terror ejecutado» por ETA. Sin embargo, en tanto que fija el uso de armas como requisito necesario para tipificar tal conducta de terrorista, introduce una diferenciación que bien podría contradecir lo dispuesto por el Código Penal y la jurisprudencia reciente, así como el contenido de los convenios internacionales sobre la materia. Los delitos de terrorismo no son sólo los tipos agravados que comportan el uso de cualquier forma de armamento con fines terroristas, sino que pueden ser considerados como tales la cooperación o colaboración a través de cualquier medio con quienes empuñan las armas o colocan las bombas. Qué decir de la llamada 'kale borroka', cuya naturaleza violenta, organizada y dirigida al servicio de la estrategia etarra resulta indiscutible. Al aplicar a los imputados el tipo delictivo de la asociación ilícita -que regula el artículo 515.1 del Código Penal-, la Sección 4ª de la Audiencia Nacional no sólo alivia la pena que, en otro caso, podría llegar a los 14 años de cárcel; desde el punto de vista de las convicciones que alberga la mayoría de la ciudadanía, resulta quizá más preocupante que las organizaciones colaboradoras y dirigidas por ETA acaben siendo exoneradas, sin más, de su pertenencia a una misma trama terrorista.

El Ministerio fiscal, disconforme con la sentencia, ha anunciado la presentación de un recurso ante el Tribunal Supremo. La resolución que éste adopte cobrará especial importancia. No sólo por su dimensión jurídica; también por la relevancia que socialmente adquiere la clarificación de qué es y qué no es terrorismo. Especialmente cuando el sistema democrático ha puesto a ETA al borde de su propio y definitivo final. Y lo ha hecho precisamente evidenciando el bárbaro propósito que persiguen sus organizaciones satélites.

Por la profesionalización del Manifiesto
Socialismo, nacionalismo y democracia
Agapito Maestre Libertad Digital 22 Junio 2005

En fin, amigos abajo-firmantes, si no consideráis importante pasar por esas mediaciones, tengo que pensar que también vosotros estáis mordidos por la ideología que rechazáis Fue gracioso, y quizá estimulante para quienes siempre nos hemos sentido agobiados por el tribalismo nacionalista, el manifiesto de los intelectuales, residentes en Cataluña, titulado “Por un nuevo partido en Catalunya”. Yo mismo, sin ir más lejos, lo apoyé con un par de reservas, pues no pueden tomarse como observaciones considerar que llegaba tarde y, sobre todo, que no veía diferencia entre su diagnóstico y el del Partido Popular.

Tampoco el remedio propuesto por los firmantes era distinto de la política llevada a cabo en las últimas décadas por el PP en Cataluña, especialmente en la época que fue dirigido por el liberal Alejo Vidal-Quadras. En cualquier caso, yo no era partidario de desconsiderar la oportunidad, e incluso la efectividad moral, del manifiesto, pues, al fin y al cabo, daba un poco de vidilla política a quienes, sin ser residentes en Cataluña, hemos sido muy críticos con la deriva nacionalista del PSC, y sobre todo animaba a las buenas gentes de cierta izquierda intelectual, residente en Cataluña, cansada de soportar las infamias nacionalistas.

Hasta ahí todo iba bien. Correcto. Pero, más tarde, vinieron las descalificaciones de PCS y CiU, y también los comentarios casi insultantes de los de ERC a los firmantes del manifiesto por no ser nacionalistas ni izquierdistas, ni nada, pues para ERC ser pijo, resentido, españolista y facha es como no ser nada. Después, han venido las justas reacciones de los firmantes rechazando algunos de estos improperios, aunque, a veces, he notado el mismo tono perdonavidas que el de sus adversarios políticos. Por supuesto, nunca sin llegar al tono insultante de Bargalló y compañía, pero más cercano a la descalificación personal que a la discusión de ideas y proyectos políticos. Los problemas, pues, han llegado, como no podía esperarse otra cosa de quienes habían entrado en el terreno político desde una escuálida y precaria doctrina política de domingo por la tarde, cuando los firmantes del manifiesto han tenido que rechazar ataques, justificar propuestas y, en fin, dar explicaciones sobre las mediaciones imprescindibles para que ese papel, llamado Manifiesto, no quedara reducido un ejercicio de juegos florales de “literatos” y escritores metidos a políticos el día de fiesta.

Por eso, algunos de los firmantes han querido salir del amateurismo delicuescente del Manifiesto, de la política de juego floral, para instalarse en un cierto profesionalismo, modesto al modo catalán, pero, como diría el gran Pla, auténtico. Han querido, en fin, aclarar de modo más profesional y genuinamente políticos algunos de los equívocos y problemas creados por un hiperbólico y enfático documento, sin duda alguna más fruto de un calentón intelectual que de una vocación madura y reflexiva sobre los caminos para salir del perverso nacionalismo, que ha convertido la democracia en Cataluña en un régimen político asfixiante.

Así Félix de Azúa, uno de los promotores del Manifiesto, publicó ayer un artículo en El Periódico de Catalunya, por cierto un diario que pasó de puntillas cuando se presentó el citado texto, intentando “aclarar” qué tipo de democracia defienden los abajo-firmantes contra el nacionalismo. Azúa mantiene un par de tesis harto dudosas, primero, que el nacionalismo de ERC ha contaminado el socialismo del PSC, o sea, que el socialismo catalán nada tiene que ver con el nacionalismo de ERC. Y, segunda, el pacto entre ERC y PSC es coyuntural, táctico y fruto de una necesidad. En pocas palabras, el Manifiesto no defiende otro tipo de democracia que la socialista. ¡Bien! Ya sabemos, al menos, que los abajo-firmantes no piden “un nuevo partido”, sino simplemente un nuevo partido socialista. Quizá si hubieran empezado por ahí, sin duda alguna, nos habría ahorrado muchos rodeos y, sobre todo, no habrían confundido a los votantes del PP en Cataluña. No me extraña que muchos hayan pensado que el objetivo de los abajo-firmantes, digámoslo sin ánimo polémico, es arañar unos pocos votos del PP para no se sabe bien qué y para quién.

Hay, por supuesto, en el texto de Azúa otras tesis tan dudosas como las anteriores, por ejemplo, decir que, excepto en la Alemania de los años treinta, “nunca se ha visto a un socialista nacionalista”. Basta recordar a quienes defendieron “el socialismo en un solo país”, e incluso cómo se llevó a cabo en Rusia, para hacer saltar por los aires tal “ingenuidad” histórica o despiste intelectual. Por no decir nada de las coincidencias, menos coyunturales de lo que algunos presuponen y promovidas por el denominador común del nacionalismo, entre soviéticos y nazis. Pero ninguno de estos errores es comparable en torpeza al que considera que el PSC se ha hecho “nacionalista” por su alianza con ERC. Falso. Tan falso como decir que “a los votantes socialistas se nos había puesto cara de tontos tras el giro de Maragall una vez alcanzado el poder”, gracias al triparto de Gobierno, que ha defendido el propio Maragall, con ERC y los comunistas de IC.

Curiosamente, Azúa parece olvidar este último extremo, que es Maragall quien diseña el proyecto nacionalista, desde hace por lo menos treinta años, de gobernar con otros nacionalistas. Si esto no lo había visto antes Azúa, si ha tenido que esperar a esta coalición, entonces tiene razón al decir que se le “ha puesto cara de tonto”.

Más aún, la reacción crítica del PSC ante el Manifiesto tendría razón en una cosa: “Los intelectuales presentan una “visión irreal del país”, y tan irreal que han tenido que esperar la llegada del gobierno de coalición para enterarse de que el PSC es un partido más que catalanista. Es un conglomerado nacionalista, que marca su estrategia de acoso y derribo de la nación no sólo en Cataluña sino también en el resto de España. ¡O alguien duda todavía de la dependencia de Zapatero del Tripartito! Basta pasearse por las propuestas “federales” del PSC, cuando comenzó a funcionar el Estado de las Autonomías, que González embridó con energía de líder español, o es suficiente repasar sus destrabadas propuestas de “federalismo asimétrico”, o cabe releer el panfleto de “Maragall afirma”, que marca la estrategia de llegada y mantenimiento en el poder con las minorías nacionalistas, para enterarse de que el PSC es no sólo un partido nacionalista, sino que su principal seña de identidad es el nacionalismo. ¡Vale!

Todo lo demás, sí, las incompatibilidades de las que habla Azúa entre socialismo y nacionalismo de ERC en Cataluña, hoy día, es faramalla. Ganas de engañarse y engañar. El socialismo en Cataluña, y por extensión en toda España, sólo tiene una estrategia; gobernar con los nacionalistas para romper la unidad de España y mantenerse en el poder en el futuro con una Confederación o similar. Sí, amiguitos abajo-firmantes, hay que pasar por esta realidad, por este dato político, y fijar un criterio sólido y firme sobre esta cuestión para que yo os vuelva a tomar en serio. Sí, amiguitos abajo-firmantes, tenéis que decir de modo claro y distinto qué partido político se opone a esa estrategia y por qué vosotros estáis o no de acuerdo para que yo os preste atención. Sí, amiguitos abajo-firmantes, tenéis que fijar posición seria y política ante el PP para que yo os conceda mi tiempo.

En fin, amigos abajo-firmantes, si no consideráis importante pasar por esas mediaciones, tengo que pensar que también vosotros estáis mordidos por la ideología que rechazáis: el resentimiento, la incapacidad de reconocer la excelencia de los otros y la “sana envidia” de la virtud. O sea, se pasa por el PP, por quien defiende el proyecto democrático de España, por supuesto con todo el aparato crítico que se quiera, ¡sólo faltaba!, o tiendo a pensar que el denominador común de la ideología socialista y nacionalista es el rencor por el excelente.

¿De qué democracia hablamos?
Treinta años de nacionalismo han traído a Catalunya la ruina económica y la abulia cultural
FÉLIX DE AZÚA 22 Junio 2005

En buena medida, uno de los objetivos del manifiesto Por un nuevo partido en Catalunya ya fue alcanzado cuando Josep Bargalló, máxima autoridad catalana después del president, apareció en TV3 para comentar el documento y comenzó a lanzar insultos como si hablara del Real Madrid. Sólo le faltaba el puro. Que mostrara una pobreza mental tan acusada, una inseguridad tan evidente y tal falta de respeto por la gente que paga su sueldo ya era suficiente. Sus insultos formaban parte de un imaginario que merece un examen psiquiátrico: pijos, resentidos, españolistas, hermanos de Jiménez Losantos.

La vulgaridad del personaje reflejaba exactamente lo que contiene su cabeza. ¿Qué entenderá este hombre por pijo? ¿Y por resentimiento? ¿No es su partido una máquina de explotación del resentimiento? El ultranacionalismo es justamente la manipulación sentimental que une bajo una misma consigna toda suerte de resentimientos. ¿Extrema derecha? ¿El partido que tuvo de presidente a Heribert Barrera, el cual, junto con Marta Ferrusola, quería limpiar de inmigrantes este país... y un jefe que juzga a los trabajadores por la lengua que hablan y no por sus necesidades? El fariseísmo de estos derechistas no engaña a nadie. No así el cambio de camisa del PSC.

Uno de los columnistas que más ha bebido en los abrevaderos del Régimen por una vez escribió una frase sensata: a los votantes socialistas se nos había puesto cara de tontos tras el giro de Maragall una vez alcanzado el poder. Nunca se ha visto a un socialista nacionalista. Sólo en Alemania y en los años 30. El socialismo es lo opuesto al nacionalismo. El socialismo defiende a las personas, no a los territorios. Es laico y agnóstico, no puede participar del mito religioso nacionalista. El socialismo se preocupa por los problemas prácticos de las gentes, no por los simbólicos. El socialismo es racional, no sentimental. El socialismo es europeísta, los nacionalistas votaron no a Europa. El socialismo quiere construir futuro, no restaurar el pasado. Y distingue pobres y ricos, no nativos y extraños. La lista de incompatibilidades es inacabable.
¿Insinúo que los socialistas catalanes deben renunciar al poder? Si su alianza con los ultras les conduce, como parece, a traicionar los principios del socialismo, a mí no me cabe duda: mejor mantener la dignidad en la oposición que envilecerse desde el poder. A la larga, eso les garantizaría una mayoría absoluta, pero si continúan imitando a Convergència, se hundirán en el descrédito.

TREINTA AÑOS de nacionalismo han traído a Catalunya la ruina económica, la abulia cultural, la antipatía de los españoles, la carcajada de los Països Catalans, el aislamiento y la asfixia ideológica. Por Barcelona circulan inspectores lingüísticos que te miran la lengua o te imponen sanciones. Muchos cargos de responsabilidad están en manos de afectos al Régimen, no de expertos o ejecutivos con experiencia. La decadencia de Barcelona, como me atreví a vaticinar, es evidente y ya sólo nos quedan los turistas.

Sería excesivo machacar sobre otra consecuencia de la unanimidad nacionalista: la corrupción generalizada que tuvo su espectáculo de masas cuando los políticos se declararon inocentes de lo mismo que se habían acusado un minuto antes. Quizá ellos se sientan aliviados, pero ni un solo ciudadano lo ha olvidado. Como la Italia de los años 60, Catalunya se desliza hacia la separación total entre unos políticos cada vez más sindicados y una población que prescinde de ellos.
Ya estoy oyendo la airada voz de la buena conciencia. ¿Y Madrid? ¿Y el PP? ¿Y la guerra de Irak? ¿Y la boda de Aznar? ¿Y los papeles de Salamanca? ¡Por Dios! Arrojar huevos al PP, tronar contra Aznar, imitar al Rey, todos estos infantilismos están bien para actores mediocres y columnistas de relleno. En mi opinión, son una cortina de humo para no cumplir con el deber de todo periodista, que es enjuiciar al poder real, al que nos domina. Mientras el PP no se convierta en un partido liberal y europeo no merece ni una línea, pero criticar a nuestro Gobierno, al que nos manipula aquí mismo, supone riesgos y perder prebendas.

Hay otro aspecto aún más inquietante. Me pregunto qué derecho les asiste cuando niegan un examen en castellano, si ellos están satanizando todos los días a los castellanohablantes... pero en castellano. No quieren que Mendoza, Ruiz Zafón o Marsé vayan a Fráncfort porque escriben en castellano, pero ellos escriben en castellano todos los días en la prensa de aquí y de allá para exigir que los que escriben en castellano no vayan a Fráncfort. Un modo estupendo de suprimir la competencia. El viejo proteccionismo catalán.

EL DÍA EN QUE ERC vuelva a reivindicar autopistas gratuitas (de las que se ha olvidado desde que tiene línea con La Caixa), el día en que exijan la catalanización de La Vanguardia (en la que ahora escriben todos sus cofrades), el día en que frenen la especulación inmobiliaria, el día en que consideren catalán a cualquiera que sea explotado en este país, ese día creeré en sus palabras. Mientras tanto, me parecen tan derechistas y manipuladores como los de CDC. Y por algo el PP fue el socio privilegiado de Convergència. ¿Qué puede pactar un socialista con esa gente? Mi convicción es que a más nacionalismo, menos libertad. Que cuanta más intransigencia simbólica en el Gobierno, más violenta es la base agresiva del nacionalismo, esa kale borroka de la que habla Artur Mas. Que Barcelona, un centro bastante culto y liberal para el resto de España en el franquismo, se está convirtiendo en una especie de Bilbao, pero sin Guggenheim. Y que aquí está prohibida la disidencia y la insumisión. Por eso hay que dar una última oportunidad a lo que quede en este país de disidencia, de insumisión, de izquierda real y de liberalismo. O sea, de democracia.

Los pilares de Ibarretxe
TONIA ETXARRI El Correo 22 Junio 2005

La ventaja que tiene ser tan obstinado como Ibarretxe, es que nada ni nadie, ni siquiera un terremoto electoral hace que ceje en su empeño de seguir con sus experimentos. Y lo que para otros su cerrazón obedece a una incapacidad de tener en cuenta las aspiraciones de la mitad de la ciudadanía que no se siente nacionalista, para él significa blindarse con un aval de continuidad. Tal como está el nuevo Parlamento vasco, prefiere asegurarse lo que ha conseguido amarrar en su última legislatura. Más vale tripartito conocido que un equipo por conocer. O sea que, después de que las elecciones le hayan dado un meneíto a la poltrona, ha preferido aplicarse la máxima ignaciana 'en tiempos de desolación, no hacer mudanza'.

No es que las urnas hayan sacudido su territorio hasta el punto de provocarle una caída del podio de Ajuria Enea; no, pero que su plan soberanista haya dejado cuatro escaños en el camino y haya ahuyentado 140.000 votos, le ha supuesto tener que hacer malabarismos para no perder el equilibrio. Es decir: movimientos, los justos. No vaya a ser que se empiece a tambalear alguno de los pilares de su existencia como lehendakari.

Cuando ya antes de la campaña electoral se le apremiaba a que apostara por la composición de un futuro gobierno, él siempre contestaba que la fórmula del tripartito era «una apuesta de futuro».Y la afición creía que era un farol. Pero insistía con tanta convicción en la idea de que, pasara lo que pasara, el Gobierno tripartito iría 'a misa' que le llegó a incomodar a un Madrazo necesitado de réditos electorales. Tanto le incomodó, que el ex consejero de EB aseguró a sus votantes, más de tres veces antes de que cantara el gallo, que él no formaría parte de un gobierno que tuviera como programa el plan Ibarretxe. Pero, helos aquí después de tres semanas, con el pacto sellado, que acudirá hoy al Parlamento, Ibarretxe con sus socios de siempre y bastantes guiños a la izquierda abertzale. Ha apostado por un continuismo ampliado. Porque el avance de intenciones no es otra cosa que el plan Ibarretxe mejor maquillado (para que se sume Aralar cuando le convenga), con un compromiso ético que pone en la misma balanza la violencia y el recorte de libertades civicas y políticas, el ámbito de decisión, el diálogo y la derogación de la Ley de Partidos (tal como exigía EHAK).

El acuerdo de gobierno asume la modificación del trazado ferroviario, para que Madrazo no tenga que presentarse con las manos vacías y, lo mejor de lo mejor : los tres partidos revalidarían las mismas carteras. En la oposición democrática hay otros 33 escaños. Sólo Patxi López se presenta como candidato y aunque le apoye el PP de María San Gil no tienen programa de gobierno conjunto. De nuevo, el desempate estará en manos del mundo de Batasuna.

'Liberté, Egalité'
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo 22 Junio 2005

En el lema de la Revolución francesa, a'Liberté' le sigue 'Egalité'. En la Constitución americana de 1787 se prohíben expresamente los cargos hereditarios y los títulos de nobleza. La Ilustración siempre manifestó que el logro de la libertad era sólo posible aboliendo los privilegios y asegurando la igualdad. Sin igualdad no hay libertad. Vale también decir en sentido inverso: sin libertad política la igualdad no puede florecer. Las dos palabras forman pareja que no acepta el divorcio. Son afirmaciones de hace doscientos años. Creíamos que eran cosas superadas, que recordarlas en la actualidad era una obviedad. Pues no. Es preciso reivindicarlas de nuevo.

Aquí, entre nosotros, el nacionalismo gobernante niega la igualdad política. Esta opinión la expresan de mil modos; con arrogancia, con menosprecio, colocando a los no nacionalistas en el lugar de usurpadores de un derecho que no les corresponde. Se ha instalado, de esta forma, una especie de racismo político en las entrañas del nacionalismo actual. Y lo defino como racismo político porque, a causa de planteamientos políticos, considera a un grupo de ciudadanos menos capacitados, inferiores, para la defensa de los intereses de Euskadi, tratando despectivamente (adornado a veces de cierto paternalismo pseudodemocrático) su pretensión de gobernar el país (Patxi López nunca puede ser lehendakari, como mucho delegado del Gobierno; de María San Gil ni hablamos). Todos podemos votar en Euskadi, pero no todos los votos tienen la misma legitimidad.

Estoy seguro de que los nacionalistas me contestarán que qué tonterías digo. Pues claro que sí. Que todos los votos no son iguales. Que sólo los nacionalistas defienden, de verdad, Euskadi. Pero, por mucho que moleste, deberán reconocerme que defienden Euskadi rompiendo la igualdad política de los ciudadanos que vivimos aquí. Yo no estoy dispuesto a pagar ese precio.

Sorprende que el mundo nacionalista haya interiorizado esta división de categorías, esa discriminación, y sorprende, sobre todo, que lo hagan sin mala conciencia. Duermen tranquilos porque están convencidos de que la razón les asiste. Están convencidos de que la defensa del país es un bien muy superior a la igualdad política de los vecinos que habitan en él. Les choca, incluso, que les plantees denuncias de discriminación. Yo les digo: ese país rompe la esencia de la libertad; niega la igualdad política de sus ciudadanos.

Sabemos de más que la igualdad formal ante la ley puede encubrir muy graves discriminaciones. Que el formalismo es arma poderosa en manos del que tiene el poder. Por ello reclamamos la igualdad de oportunidades. Que todos tengamos las mismas opciones, las mismas posibilidades reales en todos los ámbitos. También en la política, pero no sólo.

Los que inician la carrera en condiciones diferentes no pueden competir en igualdad. Es una verdad sencilla, evidente. Los nacionalistas hemos desarrollado hasta el virtuosismo este concepto. Hemos hablado de deuda histórica, de derechos históricos, de discriminación positiva.

Creo que, paradójicamente, en este campo de la igualdad de oportunidades el nacionalismo gobernante ha cometido agresiones especialmente graves.

Yo sé que cuando hablo de la discriminación política la mayoría de la gente mira, por lo general, para otro lado. El cansancio, el hastío, el espectáculo permanente de un enfrentamiento estéril ha hecho que gran parte de los ciudadanos vascos construyan un cordón de seguridad, alejando el mundo de la política a campo ajeno como mal menor, intentando construir sus vidas personales de forma individual. Pero la discriminación política no se ha detenido en el Parlamento o el Gobierno vasco, se ha diseminado por todos los resquicios sociales. El nacionalismo en el poder ha ido construyendo aduanas, fronteras y controles que están impidiendo de forma alarmante la igualdad de oportunidades de los ciudadanos vascos.

Las personas que no son nacionalistas tienen en la actualidad muchísimas menos opciones, y me da que últimamente con ser nacionalista no vale; tienes, además, que tener conexión directa con el núcleo duro del poder. Cualquier persona no nacionalista que opta a un puesto, que presenta un proyecto económico o cultural, tiene muchas opciones para fracasar. Veo yo a padres como frailes mendicantes solicitando un puesto para sus hijos, tocando las puertas que, en su opinión, encierran el poder y la influencia. Más de uno, con voz de enfado, me contestará: ¿Para algo ganamos siempre las elecciones! Y le parece razón suficiente para utilizar los recursos del país en beneficio del 'clan'.

Voces airadas dicen que son doscientos mil los vascos que han abandonado Euskadi por amenazas políticas. Yo discrepo. Me parece que es más sutil y perverso. No sé cuántos son, pero son muchos los miles que nos abandonan. No han recibido una carta amenazadora de ETA, no han tirado cócteles a la fachada de su casa (hay que decir que de éstos también hay y no son sólo diez). Se van porque aquí se les han cerrado todas las puertas. Personas que han hecho un gran esfuerzo personal en adquirir una buena formación (y si pertenecen, y son muchos, a familias humildes ha sido un esfuerzo familiar) ven que los compañeros menos agraciados por el talento trabajan de gerentes en empresas que florecen a la sombra de la Administración. Casi todos los puestos de calidad están vedados. (Lo que te desmoraliza es ver que al nacionalismo en el poder casi le parece un insulto que ocasionalmente alguien que no sea de la 'familia' tenga la suerte de acceder). El joven formado que sólo ofrece su valía personal no puede traspasar esa maraña de intereses y autoprotección que ha ido generando el nacionalismo en el poder, puede acceder, con suerte, a un puesto menor que le imposibilitará desarrollar su capacidad.

El señor Ibarretxe dice a menudo que tenemos la juventud mejor formada de nuestra historia. Le concedo. Pero una gran parte de los mejores no puede trabajar aquí.

Yo me acuerdo de los agostos de comienzos de los setenta. A principios de mes los inmigrantes iban en autobuses a pasar las vacaciones en su pueblo, y a final de mes volvían con más autobuses. Yo les invito a que los viernes o domingos a la tarde vayan a la parada de autobuses de Bilbao o al aeropuerto de Loiu. Verán a muchos de nuestros mejores yendo y viniendo de Madrid, de Barcelona o de otros sitios. No les acompañan escoltas, vienen a pasar el fin de semana con su familia. Yo no sé con qué normativa o dónde declaran su IRPF, pero trabajar, no trabajan aquí. Ese exilio silencioso, esa larvada discriminación que les ha expulsado está amordazando la nueva economía de nuestro país, está cortando por la mitad la fuerza y creatividad de los ciudadanos vascos.

Estamos en una sociedad decadente. La imagen del joven que concurre en libertad con otro joven presentando únicamente su fuerza, su capacidad y trabajo debe ser una imagen que mira con añoranza la generación que en los 50 y 60, con gran esfuerzo, construyó el entramado empresarial de Euskadi. Vivimos en una sociedad indolente donde toda movilidad social está tasada. Una decadencia que pronto -a mí me parece que ya hemos empezado- terminaremos pagando caro con pérdida de vitalidad, calidad de vida y riqueza.

Somos un pequeño país que, como tanto gusta declarar a Ibarretxe, no tenemos recursos naturales; sólo la fuerza de nuestra gente. Cuando la concurrencia, los méritos personales, la igualdad de oportunidades son cercenados, además de afianzar de forma injusta los privilegios de unos pocos, además de condenar al exilio o la mediocridad a los que no son del clan, iniciamos la decadencia; aun cuando durante un tiempo lo ocultemos con las rentas generadas con gran esfuerzo por la generación anterior.

Partido no nacionalista" en Cataluña
Agencias Barcelona Estrella Digital 22 Junio 2005

Los intelectuales que promueven la creación de un "partido no nacionalista" en Cataluña se dan un plazo de tres meses para decidir, en octubre, si constituyen una fuerza política, y pidieron "parar" la reforma del Estatut o, en todo caso, recomiendan la "abstención" en el referéndum que debe avalarlo. Así lo expresó ayer el catedrático Francesc de Carreras en la presentación pública del manifiesto que impulsan un grupo de 15 intelectuales a favor de un nuevo partido político en Cataluña, en un acto en el auditorio del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, en que se ha tenido que habilitar una sala anexa con pantalla de vídeo para atener a las 1.500 personas que han seguido con entusiasmo la presentación.

Entre los impulsores de esta plataforma destacan, además de Carreras, Albert Boadella, Arcadi Espada, Félix de Azúa, Iván Tubau, Carlos Trias, Félix Ovejero, Ana Nuño o Xavier Pericay, que han considerado un "éxito" la convocatoria.

Francesc de Carreras leyó un nuevo comunicado de los 15 intelectuales que promueven esta iniciativa, en el que pidieron "poner fin al proceso de reforma estatutaria", y acusaron a los políticos de trabajar por una "reforma innecesaria" por "necesidades políticas" y con "gran irresponsabilidad" al "deslegitimar" un texto autonómico que ha permitido "altísimas cotas de autogobierno".

En nombre del grupo de intelectuales, Carreras también instó a la ciudadanía a la "abstención" en el futuro referéndum que deberá celebrarse en Cataluña si el nuevo texto autonómico es aprobado en el Parlament, primero, y luego en las Cortes, ante lo que algunos asistentes gritaron: "¡O votar en contra!".

Cambio en la política de normalización lingüística
Asimismo, el nuevo documento de esta plataforma pidió públicamente la "clausura" de las Oficinas de Garantía Lingüística de la Generalitat, así como un "cambio" en la política de normalización lingüística del gobierno autonómico.

Además de los promotores, entre el millar de asistentes había un gran número de periodistas, escritores, profesores, artistas y profesionales, como Javier Nart, Rafael Abella o Ramón de España.

En el acto, intervinieron una docena de personas, que pidieron a los promotores hacer "bolos en los barrios de la inmigración", tal como dijo el profesor Antonio Roig, ya que cree que allí residen las "verdaderas víctimas del nacionalismo excluyente", que hace que las personas "de más baja extracción social no puedan promocionarse" a causa de que su lengua es el castellano y no el catalán.

¡Boadella al Parlament!
Otro de los intervinientes pidió que Albert Boadella se presente de candidato a la cámara catalana, ante lo que los asistentes corearon: "¡Sí, sí, sí, Boadella al Parlament!".

Ante esta posibilidad, Francesc de Carreras dijo que la plataforma, que tiene una web denominada "Ciutadans de Catalunya", evaluará en octubre el número de adhesiones para decidir si impulsa definitivamente la creación de un partido, del que en todo caso ya ha avanzado que muchos de los promotores no quieren intervenir de manera "profesional".

No obstante, Carreras habló de "buenos indicios", como las 2.470 firmas que apoyan a través de Internet el manifiesto (330 de fuera de Cataluña), así como las más de 8.000 personas que han visitado la web en que se denuncia el "déficit democrático" existente en Cataluña a causa del nacionalismo que impera en todos los partidos, según este grupo de intelectuales. En la intervención de Boadella, el artista cargó contra diversos medios de comunicación, entre los que ha citado Avui, El Punt o La Vanguardia, por diferentes artículos en contra de este movimiento antinacionalista, y llegó a calificar de "capullos" a algunos de sus firmantes.
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