AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 23 Junio 2005
La liquidación del Estatuto, pendiente de ETA
EDITORIAL Libertad Digital 23 Junio 2005

El lehendakari de ETA gracias a ZP
Isabel Durán Libertad Digital 23 Junio 2005

Entre el PNV y ETA
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Junio 2005

La paradoja del perdedor premiado
José Vilas Nogueira Libertad Digital 23 Junio 2005

Criaturas feroces
Víctor Gago Libertad Digital 23 Junio 2005

Galicia en un hilo
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 23 Junio 2005

Si sólo fuera Aquilino
Por Eduardo SAN MARTÍN ABC  23 Junio 2005

La hipoteca de los votos prestados
Luis Ignacio PARADA ABC 23 Junio 2005

Frente nacionalista en Vitoria
Editprial ABC 23 Junio 2005

Los mimbres del conflicto
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 23 Junio 2005

Designación abertzale
Editorial El Correo 23 Junio 2005

Tres jueces y el terror
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 23 Junio 2005

Fin del recreo
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 23 Junio 2005

Lo viejo y lo nuevo
JOSEBA ARREGI El Correo 23 Junio 2005

nacionalismo.blogs
http://nacionalismo.
blogs.com 23 Junio 2005

La liquidación del Estatuto, pendiente de ETA
EDITORIAL Libertad Digital 23 Junio 2005

Tal y como era previsible, el tripartito vasco podrá seguir gobernando el País Vasco con el apoyo puntual y exigente de los nuevos parlamentarios proetarras. Lo que sigue en el alero es la decisiva y silenciada cuestión del Plan Ibarretxe. El Partido Socialista ya se ha mostrado dispuesto a sumarse a los independentistas vascos para liquidar el actual Estatuto de Guernica, siempre que estos maquillen con otro nombre el plan Ibarretxe. Y eso, por una razón muy simple. El PSE de Patxi López puede hacer el paripé de votar en contra de la investidura de Ibarretxe y ofrecerse como alternativa; lo que no puede es enfrentarse a sus planes soberanistas porque eso obligaría al Gobierno de ZP a cumplir, y hacer cumplir de forma efectiva, la negativa del parlamento español al proyecto de liquidación del Estatuto de Guernica presentado en Cortes por el lehendakari.

Esa posición de firmeza en el País Vasco obligaría a ZP a tener que contrariar a los socios catalanes de ETA en los que basa su gobierno y buscar el apoyo del PP. Precisamente, para rehuir esa posición de firmeza ante los secesionistas vascos, nace la necesidad de un “plan Patxi López”, incluido su visto bueno al referéndum estatutario. De ahí también, la necesidad de convencer a los españoles de que el Plan Ibarretxe había “muerto” tras las autonómicas, y eso, por mucho que sus impulsores, en conjunto, hubieran salido fortalecidos de las elecciones.

ZP podría disimular la incorporación de su partido al Plan Ibarretxe, asegurando que, lo que hará, en realidad, es lograr que los nacionalistas “renuncien” al mismo y se comprometan con una reforma estatutaria menos “radical” y ambiciosa. ¿Pero cómo convencer a la opinión pública española de que, efectivamente, se trata de una reforma del Estatuto compatible con la nación y la Constitución si los nuevos representantes parlamentarios de ETA no votan en contra de ella?

Llegados a este punto, ¿alguien cree posible que el PNV negocie con el PSE la futura liquidación del Estatuto de Guernica excluyendo del acuerdo a los proetarras que, además, sostienen a Ibarretxe como lehendakari? Los socialistas sólo tienen dos opciones: O buscar el apoyo del PP o el apoyo de ETA.

Bien es cierto que el PSOE, a través, de El País ya ha ofrecido a los terroristas, junto a lo de “dar salida a los presos”, negociar con sus nuevos representantes parlamentarios la “reforma” del Estatuto. Pero en esa oferta se pedía a cambio que ETA se pusiera ya, y de una vez, en tregua. En esa misma línea, ha ido este miércoles el discurso de Patxi López respecto a la reforma del Estatuto, en ese paripé en el que ha consistido su candidatura alternativa a la de Ibarretxe. Pero el problema para los socialistas sigue siendo que ETA, aún a medio gas, sigue sin declarar la tregua; una tregua tan táctica y temporal para sus objetivos como lo es para el presidente del gobierno del 14-M.

Juan José Ibarretxe
El lehendakari de ETA gracias a ZP
Isabel Durán Libertad Digital 23 Junio 2005

Juan José Ibarretxe ha sido investido presunto lehendakari de todos los vascos con los dos votos del Partido Comunista de las Tierras Vascas gracias a la no ejecución de la legalidad por parte del Fiscal General del Estado y de su mentor, el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Todo ha transcurrido según lo previsto.

Hoy se ha producido el revelado de aquella negra foto de La Moncloa que puso de manifiesto la existencia de entrevistas secretas entre el jefe del Ejecutivo y el PNV tras otros encuentros en el palacio presidencial con su socio Carod Rovira, uno de ellos durante cuatro horas, para hablar del proceso de rendición a ETA. Perpiñán y Anoeta han conseguido que el PSE por órdenes de Zapatero asuma los planteamientos de los terroristas y que Ibarretxe aupado por tercera vez a Ajuria Enea, se convierta en su ejecutor.

En las próximas jornadas nacerá el Gobierno de la ilegalidad en la legistatura de ETA y lo más probable es que la banda, más poderosa que nunca, empiece a cobrarse la pieza. Es sólo el inicio. Luego llegará la toma de las Diputaciones y de los Ayuntamientos por la vía de los hechos consumados. Mientras Pernando Barrena de Batasuna ETA explica en rueda de prensa los dos votos del PCTV al lehendakari, Cándido Conde Pumpido incumple su mandato de velar por la legalidad del Estado de Derecho y no se da por enterado de la prolongación de BatasunaETA metamorfoseada en el parlamento vasco.

Ahora toca que Otegui, jefe de la ilegalizada formación terrorista y procesado por pertenencia a banda armada, lidere el Gobierno con un Plan Ibarretxe que no ha muerto sino que resurge cargado de plomo bajo la cínica y repugnante denominación de Plan Integral para la Paz y la Reconciliación.

Los únicos responsables de la victoria institucional del terrorismo a través de la asunción de sus planteamientos primero y del asalto consentido a las instituciones democráticas con nuevos drenajes de dinero procedente del erario público son el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y su fiscal personal. Ya no hay vuelta atrás pero ¿qué pasará el día en que la Bestia decida poner otro muerto, ni político ni en territorio catalán, por supuesto, encima de la mesa?

Zapatero
Entre el PNV y ETA
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Junio 2005

Después de treinta años de asesinatos de ETA, después de los atentados del 11-M en Madrid, parece que la tragedia se ha apoderado de España. Sus malos ciudadanos y peores gobernantes son incapaces de contestar que los asesinos no doblegarán a nuestra escuálida democracia. Son incapaces de asumir que hay otro destino diferente al trágico. Quizá democrático. La dejadez de espíritu y la carencia de ánimo democrático llevó a una enorme masa a allanarse a las imposiciones de los asesinos el 14-M. Porque los asesinos del 11-M sabían con claridad lo que querían, ganaron. Consiguieron aterrorizar a una población sin alma hasta poner al frente a un gobierno más o menos títere. Los asesinos de ETA, como los del 11-M, también saben lo que quieren y, por eso, están logrando sus objetivos.

Los asesinos del 11-M, poco importa ahora saber quiénes fueron, forzaron un cambio de gobierno, o peor aún, un cambio de régimen político. Y hasta ahora, sin la menor duda, todo parece haberles salido a pedir de boca. El 14-M surgió un gobierno “extraño”, vicario del poderío terrorista, que hizo todo lo exigido por los “islamistas” o por sus socios: sacar las tropas de Irak, romper con EEUU, perorar cosas absurdas sobre una coalición de civilizaciones, etcétera, etcétera. En este contexto, y puesto ya a depender de terroristas, digo yo que dirían los dirigentes del PSOE, por qué no “negociar” con los de ETA, o mejor, y así ahorraban tiempo, si los 11-M habían conseguido lo exigido, ¿por qué negarse a aceptar lo que “nuestro” terrorismo lleva exigiendo treinta años? “Negociemos”, dijeron los muy necios, y satisfagamos sus demandas, mientras nosotros seguimos en el poder engañando a la aterrorizada población.

El programa de entrega a ETA tenía dos condiciones, en realidad, pillerías: primera, eliminar a las victimas del terrorismo; y segunda que los terroristas sólo negociasen con el Gobierno. Había que dejar fuera del poder al PNV; por lo tanto, las negociaciones entre el Gobierno y los terroristas debían ser al margen de lo pactado, en el Palacio de la Moncloa, entre Rodríguez Zapatero e Ibarreche. El Gobierno desconsiderando la maldad y, sobre todo, la inteligencia de los asesinos creyó que ETA jamás negociaría con los de su ralea ideológica, los nacionalistas, porque el PSOE estaba dispuesto a darle todo lo que pidiesen. ¡Pobres desgraciados! Al asesino cuando se le concede todo, quiere más. El Gobierno pensaba que bastaba con legalizarlos y darles un trozo de la tarta del poder. El Gobierno creía que era suficiente conseguir una especie de ERC a la vasca, a partir de ETA-Herri Batasuna-Partido Comunista de las Tierras Vascas, que pactara, junto a los desechos comunistas, con un PSE cuyo funcionamiento tendría las mismas características del horrible “invento” o mecano de Maragall en Cataluña. ¡Falso!

Todo ha devenido, en efecto, una falsedad. La perpetración de una ignominia contra el ciudadano español. El nombramiento de Ibarreche, como presidente del gobierno de la Comunidad Vasca, ha dejado al descubierto que no ha funcionado tan siniestra estrategia del Gobierno socialista. Éste, con su presidente a la cabeza, ha metido a los etarras en el Parlamento Vasco, pero éstos, lejos de abstenerse, han votado a Ibarreche. La conclusión es evidente. Quien marca la agenda política es ETA: por un lado, negocia directamente de tú a tú con el Gobierno de Madrid; y, por otro lado, hace cambalache y apoya al nacionalismo vasco en el Gobierno de Vitoria. ETA es, en cualquier caso, quien impone la agenda, los tiempos y el destino trágico de los españoles.

Más que tristeza, los honrados españoles tienen que sentir asco de una “política” reducida a matonismo. Quien amenaza, gana. ETA sólo negocia para imponer sus miserias a ZP en Madrid; y determina los movimientos de su muñeco en Vitoria. El terrorismo, desgraciadamente, está ganando.

Elecciones gallegas
La paradoja del perdedor premiado
José Vilas Nogueira Libertad Digital 23 Junio 2005

A reserva de la influencia que pueda tener el voto de la emigración, el voto de los residentes ausentes en la terminología oficial, cuyo cómputo tendrá lugar el día 27, la atribución de escaños derivada de las elecciones autonómicas gallegas da 37 para el Partido Popular, 25 para el PSOE y 13 para el BNG. Si esta previsión se mantiene se formará un Gobierno de coalición, PSOE-BNG. Ciertamente, no hay ni barruntos de un programa conjunto ni otra directriz común a estos dos partidos que la expresada en la común consigna de hai que botalos (hay que echarlos, a los del PP, claro es). Incluso los partidarios de cualquiera de estos dos partidos, si conservan un mínimo de decencia, habrán de reconocer que no es un gran bagaje. Lamentablemente, no es esto lo peor. Los precedentes de la actuación del Gobierno de la nación, bajo la presidencia de Zapatero, del Gobierno Maragall-Carod en la Comunidad Autónoma de Cataluña, de la situación política en la Comunidad vasca, etc., alientan negros presagios para la paz civil, las libertades públicas y la unidad nacional, a los que la eventualidad de un Gobierno PSOE-BNG en la Comunidad gallega añadirá algo más de perversidad, pero tampoco mucho.

Pero no es sobre estos extremos sobre los que quiero discurrir, pues ya otros escritores los han tratado abundantemente. Lo que pretendo, a partir del caso gallego, es mostrar los indeseables y a veces aleatorios efectos sobre la formación del Gobierno que produce el monstruoso sistema político-electoral español, un sistema que como el monstruo de Frankenstein es resultado de la mal hilvanada unión de pedazos disjuntos y heterogéneos. Y un sistema, que es de temer, nos acompañará mucho tiempo todavía, si no revienta antes en mil pedazos.

Veamos. De los tres partidos en contienda, el BNG es el que ha obtenido peor resultado. Ha pasado de tener 17 escaños a contar con sólo 13, una pérdida de casi el 25%. El PP también ha perdido cuatro escaños (a reserva del cómputo del voto emigrante), pero como tenía 41, en términos relativos su disminución apenas llega al 10%. El PSOE, en cambio, ha ganado ocho escaños, el cuarenta y mucho por ciento. Tenía 17 y tiene, ahora, 25 (también, a reserva del cómputo del voto emigrante). Pues bien, con estos resultados, el partido electoralmente peor parado, pasaría de la oposición al Gobierno. Paradójicamente, el gran perdedor de las elecciones resultaría premiado. ¿Cómo se explica esto? Antes de proceder con ello, esta circunstancia debe servirnos para alertarnos de la posibilidad de que, por muy diversas causas, los principios inspiradores de las reglas democráticas de formación del Gobierno (por ejemplo, el principio del gobierno de la mayoría o, en los países donde rige, el principio de la representación proporcional) sean enervados en la práctica de los concretos sistemas de gobierno. De aquí la importancia de un buen diseño constitucional.

Vayamos ahora al sistema español, ilustrado mayormente por las recientes elecciones gallegas, que no son sino una de sus muchas manifestaciones. En un régimen parlamentario, más si coincide con un sistema electoral de representación proporcional y con un sistema multipartidista, en ausencia de mayoría, es perfectamente normal la existencia de gobiernos de coalición, aun excluyendo a la minoría mayor. A primera vista, se puede pensar que tal sería el caso de un eventual Gobierno PSOE-BNG. No habría, pues, motivos para la sorpresa; menos, para la crítica. Pero sí los hay, porque el sistema parlamentario español está pervertido por una pseudopresidencialización, que suma los inconvenientes de uno y otro sistema, y ninguna de sus virtudes. Las elecciones autonómicas gallegas, como las legislativas generales, no son unas verdaderas elecciones legislativas, sino unas presidenciales camufladas. Todos los partidos presentan un candidato a la Presidencia de la Xunta, o del Gobierno de la nación, y todo el mundo se hace eco de esta realidad política, diciendo que Fraga ganó las elecciones, pero que eventualmente no alcanzará la mayoría absoluta, o que Touriño ha sido “elegido” para presidir la Xunta, etc.

Pero, ¿qué es lo típico de las elecciones presidenciales? Al menos, dos cosas relevantes para nuestro propósito. La primera que, por propia definición, una elección presidencial es incompatible con un sistema electoral proporcional. No cabe un Presidente que integre un 45% de PP, un 35% de PSOE y un 20% de BNG. La segunda es que en un régimen presidencial el elegido es siempre el más votado. Puede haber una vuelta; puede haber dos, lo que no puede ser es que el candidato a Presidente que haya quedado segundo, Touriño en este caso, sea el que gobierne.

Para terminar, una última consideración sobre la representación proporcional. Este sistema ha gozado de grandes prestigios entre los teóricos más formalistas y menos sensibles a la experiencia. Sus concreciones, sin embargo, son casi siempre muy desafortunadas. Una de las razones de ello es que propicia la fragmentación partidista. Además, las alternativas de coalición para formar Gobierno factibles políticamente son siempre menos que las posibles aritméticamente. De ahí que sea muy frecuente que partidos con escasa representación parlamentaria alcancen un peso coalicional equivalente al de minorías mayores. Estos pequeños partidos, naturalmente tendentes al sectarismo, se prevalen de su indispensabilidad para integrar la coalición mínima vencedora (posible políticamente) arrastrando al Gobierno al extremismo y la irresponsabilidad. Aunque el PSOE de Galicia quisiese hacer una política moderada y sensata (lo que tampoco parece ser el caso), el BNG no lo dejaría. Pues, a estos efectos, 25 es igual a 13. La política española de este último año y pico es una excelente demostración de esta calamidad.

José Vilas Nogueira es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela

Carta de Canarias
Criaturas feroces
Víctor Gago Libertad Digital 23 Junio 2005

Las homilías que el Frente por la Independencia de Canarias (Frepic-Awañak) se paga en la prensa de las Islas con el dinero de Marruecos tienen tanta trascendencia política como los exvotos a San Judas Tadeo en las páginas de clasificados. Si Rabat está pensando en desestabilizar con estos infelices, ya puede ir embalando el mapa de Mohamed VI –para no volver a sacarlo hasta dentro de cuatro o cinco dinastías– y dedicar a mejor causa su inversión en el independentismo cuneiforme.

Si todo lo que ha dado el nacionalismo radical y africanista ha sido un iluminado rabioso como Antonio Cubillo y unos pobres diablos a los que Rabat paga el bocadillo de chorizo de Teror y el Clipper de fresa [endemismo gaseoso de Canarias], para que desfoguen su misticismo bereber y su empanada ideológica por las fiestas patronales y las gradas de fútbol, entonces Bono puede desmontar el radar defensivo que está instalando en Malpaso (El Hierro) y ponerlo en su coche oficial, donde servirá, al menos, para detectar peligrosos afiliados del PP en las inmediaciones.

Los restos del independentismo no dan para más. Vanidad y pelo negro. Para que se hagan una idea: el cacao mental es de tal calibre, que uno de los publi-reportajes del Frepic en la Prensa local consistió en un elogio de “La obsesión antiamericana”, de Revel. Quedaron tan fascinados por el brillante alegato del maestro –leído, tal vez, por prescripción facultativa de algún funcionario ilustrado del Servicio de Inteligencia de Marruecos –, que le dedicaron media página de pago en las contraportadas. Cualquiera puede imaginar la cara que se le quedaría a un sincero devoto de la izquierda nacionalista – activista de todas las descolonizaciones, a condición de que sean revolucionarias y antiamericanas – al leer una exaltación de Revel perpetrada por los nuestros. Toda una vida deslomados a pleno sol, exhumando esqueletos guanches como si fueran de la Guerra Civil –y viceversa: de la Guerra Civil como si fueran guanches–, para que, al final, nos descolonicemos de España convirtiéndonos en la estrella número 51 de la bandera de los USA, Puerto Rico o Hawai a este lado del Atlántico. Pensándolo bien, en estos tiempos del talante y el desguace: ¿dónde se apunta uno?

Para Canarias, el riesgo no es la desestabilización de guardarropía intentada por los reservistas de la edad de piedra, sino el juego de símbolos que el nacionalismo oficial practica de forma temeraria desde el Gobierno. Coalición Canaria acaba de remendar la efímera bandera de la banda terrorista MPAIAC, para adoptarla como “símbolo nacional” del Archipiélago. El apoyo histórico de CC al Frente Polisario deja paso a la fiebre de los negocios en Marruecos. Ambas corrientes, la polisaria y la cotizada, se lo disputan hoy todo en CC: las siglas, las sedes, la pasta de la subvención electoral, la portavocía en el Congreso. Una facción abre ruta aérea a El Aaiún, Agadir, Casablanca y Rabat, y la otra saluda el crecimiento de Justicia y Solidaridad, el partido islamista y republicano de Abdesalan Yassin. En medio de este berenjenal, Paulino Rivero ha visitado el rastrillo ideológico para traerse lo más delirante y abyecto que se despacha, la bandera del MPAIAC. Si Marruecos estaba interesado en esparcir la confusión, habrá encontrado el aliado perfecto en la fuerza que gobierna Canarias. Sin embargo, en Rabat tendrán que seguir tirando, durante algún tiempo, de los exvotos publicitarios del Frepic a Alá, el misericordioso. Y es que Abama, el fastuoso hotel y campo de golf que el principal magnate de la prensa española está construyendo en el sur de Tenerife, aún no tiene minaretes.

Galicia en un hilo
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 23 Junio 2005

Se diría que las urnas gallegas han querido certificar una especie de compromiso político mediante el que no haya vencedores ni vencidos. Y, encima con prórroga emigrante. No cabe más emoción. Ante las urnas esquivas, apenas hay político que no componga la figura, como un viejo torero, y proclame su victoria. Pero, en este caso, no ha resultado fácil para nadie. Por eso, salvo algún exceso, ha imperado la prudencia y, quizá, el miedo a perder. El PP ha ganado, pero, si no consigue el escaño voluble de Pontevedra, perderá el Gobierno; es decir, habría perdido. El PSOE no ha conseguido arrasar como esperaba, aunque ha mejorado mucho sus resultados, y ha quedado muy lejos de Fraga (debe resultar muy duro ser vencido por quinta vez por alguien a quien tanto se aborrece); sin embargo, puede sentar a Touriño en Compostela. Ha perdido, pero podría haber ganado. El BNG se ha dado un batacazo memorable, pues menguar tanto en la oposición es puro fracaso; y, sin embargo, puede gobernar en coalición e incluso imponer sus planteamientos. Derrotado, puede haber salido vencedor. Todos ganan y nadie gana. Todos pierden y nadie pierde. En realidad, la bruma se disipará la próxima semana con el recuento del voto emigrante.

El interés político de estas elecciones rebasa el ámbito regional, pues podría apuntar un cambio de tendencia. Una alternancia del PP al PSOE sería asunto normal (e incluso razonable desde el punto de vista de la inconveniencia de las largas permanencias en el poder), si no se dieran las excepcionales y patológicas circunstancias que se dan hoy en el socialismo español, empeñado en arrasar todo rastro de concordia nacional. No conviene, si no me equivoco, al interés de España (ni, por tanto, al de Galicia) una tercera pata de banco separatista. Comenzamos a dar por sentado y normal lo que es anómalo. Y eso es algo muy próximo al envilecimiento. Por ejemplo, que el PSOE se apoye en grupos políticos nacionalistas, a cambio de cesiones que no corresponden a su representatividad, con tal de aislar al PP. Incluso cuando estos partidos o grupos son separatistas. El BNG, en parte, lo es y el relevo en su dirección favorece el radicalismo. Sin embargo, los dirigentes de los dos partidos dan por hecho el pacto sin haber entablado el diálogo.

La caída de Galicia en la espiral secesionista sería un golpe bajo más a la España constitucional. Dentro de unos días comprobaremos si la España anómala obtiene una nueva victoria. Galicia pende de un hilo. Con ella, acaso toda la nación. La Galicia transterrada puede decidir. Sólo falta saber en qué sentido. Por encima de estrategias y liderazgos, lo que está en juego es la supervivencia de España como nación y, con ella, la de su Constitución. No es, sin duda, la batalla decisiva, pero sí un episodio más de este frente que, inesperada y absurdamente, ha abierto el Gobierno. Un frenazo a la conjunción social-separatista sería el mejor mensaje que podrían traernos las urnas ultramarinas. Mientras tanto, seguiremos unos días más, como Galicia, en un hilo.

Si sólo fuera Aquilino
Por Eduardo SAN MARTÍN ABC  23 Junio 2005

EL Partido Popular no necesita del exabrupto para hacerse fuerte en una oposición que los demás grupos parlamentarios le han cedido en exclusiva. Las machadas, las salidas de tono, cotizan a la baja en el mercado fluctuante de los centenares de miles de votantes que deciden el Gobierno en España. La sociedad española -lo muestra con pertinaz contundencia- camina dos o tres pasos por delante de muchos de sus políticos, y no sólo de la derecha, en aquellos asuntos que miden la madurez y la capacidad de adaptación de un pueblo a nuevas realidades que no socavan los cimientos de las conciencias ni subvierten aquellos principios que limitan el ámbito de una civilidad moderna y libre. Es tolerante, un punto escéptica con lo accidental, acepta los cambios con pasmosa naturalidad y define mayoritariamente sus preferencias políticas, no en función de sus opciones sexuales o religiosas, sino por una aproximación básicamente laica a realidades contingentes que tienen que ver con la prosperidad, sus perspectivas personales, su relación con el Estado, y la defensa de sus libertades individuales y las que comparte con los demás. Nada muy diferente de aquellas actitudes que sostienen las sociedades libres y abiertas de las que ya formamos parte, aunque a algunos todavía les cueste creerlo.

Se trata de una sociedad, al cabo, que soporta con incomodidad el mal humor de sus políticos y las llamadas de la selva. Que entiende, a pesar de las apariencias, que las razones bien fundadas se defienden sin necesidad de deformar los argumentos hasta la caricatura. Que sabe, por ejemplo, que es posible sostener que hay riesgos en la adopción de niños por parejas homosexuales sin recurrir a extravagantes y arcaicas teorías sobre el origen patológico de sus preferencias amatorias; que se puede criticar la actuación del alto comisionado para las víctimas del terrorismo sin tener que decir que el señor Peces-Barba es el «comisionado para el diálogo y el amparo de los verdugos terroristas».

El problema no se desactiva apenas con la descalificación del profesor Aquilino Polaino y del senador Ignacio Cosidó, responsables de las dos perlas citadas. Si sólo fuera eso... Ambos son epifenómenos de las adherencias que aún vinculan a determinados sectores del Partido Popular con actitudes del pasado. El PP nació como un conglomerado, y prestó el enorme servicio a España de anclar algunos de sus sumandos, los más renuentes, a los valores de la democracia. Pero, si quiere sobrevivir como heredero legítimo de una tradición a la que nuestro mundo debe alguna de sus mayores conquistas, debe hacer prevalecer su componente liberal sobre todas las demás. Estará entonces en mejores condiciones de disputar a la izquierda cualquier contienda sobre valores. Sin complejos, descubriendo que en muchas de esas batallas se va a encontrar, por tradición y por historia, en una situación de clara superioridad.

La hipoteca de los votos prestados
Por Luis Ignacio PARADA ABC 23 Junio 2005

QUE el candidato que obtuvo en las elecciones autonómicas vascas 140.349 votos menos que hace cuatro años; que ha dejado al PNV-EA como opción preferida sólo por el 38,6 por ciento del electorado cuando en 2001 alcanzó el 42,7 por ciento; que perdió 4 escaños; que consiguió que no fueran a las urnas casi uno de cada tres ciudadanos con derecho a hacerlo; que regaló al PSE-PSOE 20.000 votos y cinco escaños; que consiguió el rechazo absoluto de un plan soberanista que el Parlamento de Vitoria aprobó soezmente... vaya a ser hoy investido «lehendakari», con dos votos prestados para la ocasión por el partido cuya participación en las elecciones defendió y para el que pidió el voto el entorno de Batasuna, es una burla a los electores.

Todos sabemos que una hipoteca es un contrato por el cual alguien que ha recibido un préstamo afecta un bien inmueble o los derechos reales sobre él en garantía de que pagará una deuda contraída con un prestamista, de forma que, vencida y no satisfecha esa obligación de pago, pueda hacerse efectiva sobre el precio de venta del inmueble, con preferencia a los derechos de cualquier otro acreedor. ¿Duda alguien de que Ibarretxe va a contraer hoy una hipoteca política para ser investido «lehendakari» gracias a dos votos del PCTV? Aparte de la humillación que inflige ese partido, declarado comunista, a un candidato ideológicamente de derechas y socialmente confesional por prestarle sólo dos de sus nueve votos y no proporcionarle una mayoría absoluta en la primera votación, le condena a gobernar en minoría, reservándose el derecho de mantener sobre su cabeza una permanente espada de Damocles que puede cortar en cualquier momento. Curiosa hipoteca esa, que pretende pagar creando una mesa de diálogo que incluya a Batasuna para elaborar un acuerdo sobre la identidad, la soberanía, la territorialidad, el nivel de autogobierno o la relación entre Euskadi y el Estado español, un bien inmueble del que no es propietario.

Frente nacionalista en Vitoria
Editprial ABC 23 Junio 2005

EL apoyo parcial del Partido Comunista de las Tierras Vascas será suficiente para que Ibarretxe tenga hoy mayoría y sea elegido nuevamente lendakari. La unidad nacionalista ha vuelto a funcionar con la sincronía que impone la comunidad de objetivos de un frente que abarca desde el PNV hasta ETA y que está perfectamente definida en el preámbulo del Plan Ibarretxe y, antes, en el Acuerdo de Lizarra. Ayer se demostró que ese Plan era la punta de lanza de una estrategia frentista, de hondo calado y larga de miras, que está aún más radicalizada que el 30 de diciembre de 2004, por la fuerte presencia parlamentaria de la izquierda proetarra.

Todos los diagnósticos del PSOE sobre los movimientos políticos que se iban a producir en el País Vasco no han acertado, salvo que los datos de que dispone Rodríguez Zapatero, y que no puede revelar - como le dijo anteayer a la AVT-, sean un as bajo la manga que utilizará cuando resulte conveniente. Pero con el anuncio hecho por el PCTV de que dos de sus diputados van a apoyar a Ibarretxe parecen haberse consumado algunos riesgos anunciados de la nueva política vasca del PSOE. Es la tercera legislatura en la que el PNV cuenta, por activa o por pasiva, con la izquierda proetarra. Este dato es importante si se valora como un gesto «político» positivo el apoyo del PCTV a Ibarretxe o, por el contrario, como un entreguismo del PNV a un partido que -conviene no olvidarlo- el Gobierno socialista considera que no infringe la Ley de Partidos Políticos. Ibarretxe cuenta con el apoyo del PCTV porque todos son nacionalistas y aspiran a los mismos objetivos, aunque tengan tácticas y procedimientos distintos. Lo normal era que, con una fuerte presencia proetarra en la Cámara vasca, la nueva legislatura fuera aún más soberanista. El discurso de investidura pronunciado por Ibarretxe lo confirma. El lendakari hizo una reivindicación del núcleo más duro de su propuesta, al comprometer la acción de su gobierno con el reconocimiento del derecho a la autodeterminación, la territorialidad (Navarra y territorios del sur de Francia), la libre asociación con el Estado español y el ejercicio del derecho a decidir. Es decir, lo que el PSOE daba por muerto parece que ha resucitado, con más fuerza si cabe porque detrás, en funciones tutelares, se hallan una izquierda proetarra en fase de consolidación y una ETA que, después de la ruptura del Pacto Antiterrorista y de la Ley de Partidos, puede anotarse un nuevo activo en su cuenta: la de haber decidido la presidencia del Gobierno vasco.

Para el PSE, el nuevo escenario político no es bueno porque con el discurso de investidura que ayer pronunció Patxi López le va a resultar muy difícil asumir el liderazgo de la oposición. La mimetización nacionalista de buena parte del mensaje socialista le sitúa en terreno propio del PNV, no sólo en el plano semántico, sino en algunos asuntos de hondo calado, pero Ibarretxe gobernará otra vez desde hoy y López estará en el banco de una oposición que no siempre podrá ejercer, porque el lendakari va a gobernar con algunos compromisos asumidos por el secretario general de los socialistas vascos, como la Mesa de Diálogo Político, la reforma estatutaria (que el PSE basó en conceptos como «comunidad nacional») o la rehabilitación política de ETA/Batasuna. Poco tardará Ibarretxe en recordar al PSE que Rodríguez Zapatero se comprometió a un nuevo estatuto con referéndum en el plazo de dos años.

Algo tendrá que reflexionar el Gobierno sobre la política que está siguiendo en el País Vasco. Las elecciones del 17-A no han traído el cambio que anunció el PSOE, sino los efectos del peligroso juego a varias bandas que este partido llevó a cabo al inhibirse en la petición de ilegalización del PCTV, alejarse del PP y enfriar -cuando no dividir- los movimientos constitucionalistas del País Vasco. Jugar con nacionalistas tiene estas consecuencias. El PCTV está en el Parlamento porque el Gobierno socialista creyó que mermaría al PNV y obligaría a éste a buscar puntos de encuentros con el PSE. El resultado de esta visión surrealista del nacionalismo vasco se reflejará hoy en la elección de Ibarretxe, gracias a unos votos que el Ejecutivo socialista no puede ahora condenar, porque son fruto de la inacción de un Gobierno que da la sensación de encontrarse perdido en un territorio en el que la iniciativa y los tiempos políticos los marcan otros.

Los mimbres del conflicto
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 23 Junio 2005

El candidato a lehendakari del tripartito ofreció ayer, en el discurso de investidura, el viejo y castigado plan Ibarretxe, pero en esta ocasión troceado en cuartos. Juan José Ibarretxe dijo que su antiguo plan representaba «un activo político que contiene algunos mimbres para alcanzar un acuerdo de normalización política». A estos mimbres se agarró el portavoz socialista, José Antonio Pastor, parlamentario revelación de la jornada, para realizar un ataque dialéctico sin cuartel contra el plan soberanista, aprobado con los votos de Batasuna, rechazado por el Congreso y responsable del significativo retroceso electoral experimentado por la coalición PNV-EA.

Cuando el todavía lehendakari en funciones se reunió con el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, la versión oficial difundida desde el Ejecutivo central fue que Ibarretxe había renunciado a su plan. El retroceso electoral había sido reciente y el PNV guardaba silencio sobre el plan a la espera de reubicarse en el nuevo escenario político. Sin embargo, ayer, antes de que interviniera el propio Ibarretxe, el candidato socialista, Patxi López, se encargó de dejar en evidencia las versiones extendidas tras la reunión de La Moncloa. López advirtió que ni el PNV ni su candidato habían abandonado «la imposición del plan Ibarretxe» y su competidor, poco después, le dio la razón.

Juan José Ibarretxe y el tripartito han optado por poner sobre la mesa los principios del plan que resultan más inaceptables para los no nacionalistas. Todo el esencialismo soberanista contenido en el preámbulo se pone sobre el tablero como punto de partida, añadiéndole la exigencia del reconocimiento de la autodeterminación, el ámbito absoluto de decisión, las bendiciones a las aspiraciones territoriales del nacionalismo, el estatus de libre asociación, etc. Todos los conceptos que han hecho imposible el entendimiento con socialistas y populares durante la pasada legislatura.

El secretario general de EA, partido que ha tenido la innegable habilidad o la suerte, de hacer cargar todos los costes electorales sobre los hombros de su socio, dejó claro que el plan Ibarretxe era el suelo sobre el que se pretendía edificar el nuevo proyecto político. EA ha salvado los muebles y es lógico que mantenga ese discurso, pero del PNV, que ha pagado esta ronda, cabía esperar otra reflexión.

A la vista de los discursos, todo hace temer que los mimbres ofrecidos por el lehendakari van a servir, únicamente, para elaborar el cesto del conflicto una vez más.

Designación abertzale
Editorial El Correo 23 Junio 2005

Dos votos de EHAK lograron vincular ayer la elección de Ibarretxe como lehendakari al «compromiso nítido con la paz y la democracia» que eufemísticamente postula la izquierda abertzale. Esos dos apoyos fueron suficientes para reducir poco menos que a la nada la confrontación protagonizada por Ibarretxe y López. Juan José Ibarretxe, que se vio obligado a rebajar la categoría de su frustrado plan a la de «un activo político que contiene algunos mimbres para alcanzar un acuerdo de normalización política», continúa -especialmente en virtud de esos dos votos- anclando su propuesta de gobierno tripartito en el desbordamiento del marco estatutario. De forma que la defensa del Estatuto de Gernika como punto de partida para cualquier diálogo se ha convertido ya en una referencia de oposición. De poco sirve que Ibarretxe reconozca que sus aspiraciones chocan con la existencia en el País Vasco de «sensibilidades políticas que defienden una reforma estatutaria limitada o incluso se niegan a cualquier tipo de modificación». Porque los dos votos de EHAK conectan directamente con la intención profunda del nacionalismo gobernante de sumar fuerzas con las opciones más nítidamente independentistas del mundo abertzale.

Podría pensarse que la votación de ayer es un episodio pasajero, imaginar que, una vez asegurada su reelección como lehendakari, Ibarretxe corregirá el rumbo de su ejecutoria pasada. Pero por ahora no es eso lo que atestiguan los hechos. Conviene recordar que en las elecciones del 17 de abril la representación nacionalista experimentó una significativa recomposición, de forma que el PNV cuenta hoy sólo con 22 parlamentarios frente a los 17 que suman EA, EHAK y Aralar. De hecho, el partido de Imaz ha pasado de aspirar a la hegemonía sobre el conjunto de la política vasca a tener que preservar su posición de liderazgo en el seno del propio nacionalismo. Las ínfulas con las que EA ha dado inicio a la legislatura, las resistencias de Aralar a secundar sin más a Ibarretxe o las exigencias de EHAK representan, a la vez, una invitación para que los más prudentes del PNV abonen el terreno para un cambio drástico en su política de alianzas y un desafío constante que obliga a este partido a realzar su alma más soberanista.

La votación de ayer despejó mucho más que la incógnita sobre quién será elegido lehendakari hoy. Confirmó que los años venideros pueden reproducir fielmente la caótica experiencia de la pasada legislatura. En ese sentido, las certezas o las esperanzas de que el terrorismo de ETA pueda hallarse al final de su existencia no deberían convertirse en excusa para justificar la política auspiciada por Ibarretxe. Y mucho menos para avalar un eventual regreso a la alianza del nacionalismo contra el no nacionalismo y una exacerbación de las posiciones soberanistas.

Tres jueces y el terror
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 23 Junio 2005

Tres jueces han tenido la brillante idea de concluir que la violencia callejera no es terrorismo porque no emplea armas. Bien, podemos definir el terrorismo como el uso de métodos violentos para doblegar a todos aquellos que no secundan la causa terrorista y, especialmente, a los que se oponen de forma pública a los delirios que normalmente definen la estrategia de los terroristas. El terrorismo busca conmocionar a la población, la conmoción «es la forma de comunicarnos con el pueblo», según decía un dirigente del Ejército Rojo japonés, organización terrorista suficientemente retratada por el nombre como para entrar en más detalles. Más cerca, alguien como José Antonio Rekondo, víctima del terrorismo sin necesidad de que le hayan pegado un tiro, persona que ha sufrido ataques en su domicilio, amenazas de muerte e incluso el anuncio a su padre de que a él le habían asesinado, sostiene que la violencia callejera pretende poner en cuestión todas las instituciones.

El terrorismo, con tiros o no, busca el sometimiento, la intimidación, la clausura de los ciudadanos paralizados por el miedo. El terrorismo aspira a ser una referencia de poder, que organiza y moldea la vida diaria de miles de ciudadanos, que se impone con la fuerza insuperable del miedo, del terror. Uno puede estar aterrorizado cuando ve cómo queman un autobús en el que viaja -que le pregunten a la ama de Anasagasti-, cuando ve cómo le tiran un cóctel molotov a su vivienda, a su coche o a su negocio, que pregunten a Raúl Guerra Garrido, por ejemplo. Puede estar aterrorizado cuando le pintas sus caballos -pregunten a los Abascal- con amenazas de muerte, en un burdo remedo de la mafia que mete la cabeza ensangrentada de un caballo muerto en la cama de aquel al que quiere amenazar.

Está aterrorizado, desde luego, cuando resulta con quemaduras horrorosas en todo el cuerpo, después de que gentes de Jarrai le lancen un 'cóctel molotov', pregunten al ertzaina Jon Ruiz Sagarna. Qué decir del terror que supone ver cómo, después de que asesinen a tu marido, los conmilitones de los asesinos llaman por teléfono a la viuda para insultar al recién asesinado, para pedirle la bala que quitó la vida a su marido, pegunten a la familia de Jesús Mari Pedrosa, concejal del PP de Durango... La lista es interminable.

En 1995, el grupo terrorista ETA puso en pie la llamada ponencia Oldartzen, que buscaba la «socialización del sufrimiento», sintagma tan perverso como repugnante y expresivo. Pretendía esa ponencia que los políticos del PP y del PSOE se aterrorizaran y en los funerales de sus compañeros asesinados pensaran que no había otra salida que dar la razón a ETA para no tener que acabar uno asistiendo a su propio entierro. Esta ponencia preveía el asesinato de concejales del PP y del PSOE y planificaba una violencia callejera sistemática que sirviera como elemento intimidatorio.

No es casual que durante la tregua-trampa, que duró entre septiembre de 1998 y noviembre de 1999, se registrara en la CAV un incremento brutal de la violencia callejera. Los concejales del PP y del PSOE no eran asesinados, pero se les hacía la vida imposible. Esa violencia callejera era una forma de seguir demostrando ante la opinión pública la fuerza de la banda, su capacidad de intimidar, de sembrar terror.

El asesinato de una persona es terror, pero la quema de autobuses, viviendas, vehículos, siembra terror; es también terror.

En diez años, los que van desde 1995 hasta 2005, se han producido casi mil ataques contra sedes del PP y del PSOE, contra domicilios de concejales socialistas y populares, contra miembros de las iniciativas ciudadanas que han vencido el miedo para luchar contra el terror; el terror de los atentados mortales y de la violencia callejera.

Si los tres jueces no se creen lo que les cuento, pueden ponerse en contacto con algunas de las víctimas de terrorismo callejero, que seguro que les dan una explicación acabada y contundente de lo que es el terror, sin necesidad de que te peguen un tiro.

Toda esa gente que practica el terrorismo callejero no lo hace porque se le haya ocurrido una tarde de bochorno y alcohol, actúan dentro de una estrategia elaborada por ETA. Los denominados 'grupos x, y, z', que así se llamaban, fueron diseñados por la dirección de ETA como complemento de los comandos que pegaban tiros y como cantera de la que salían los que de mayores pegarían tiros.

Estos tres jueces no están obligados a leer los periódicos, ¿o sí?, pero que al menos se lean las sentencias de otros colegas, que al menos sepan que otros jueces han establecido que ETA no son sólo los que pegan tiros, también son ETA los que siembran terror en las calles, los que tratan de neutralizar a la población a golpe de miedo; que eso es lo que pretende el terrorismo. Estos jueces, en fin, deberían saber que en este país ha costado muchas vidas, mucho sufrimiento, mucho dolor establecer cosas tan obvias como que es terrorismo todo lo que causa terror.

Fin del recreo
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 23 Junio 2005

La portavoz del Partido Comunista de estas Tierras tan Extravagantes desvelaba el suspense ayer a eso de las cinco de la tarde. EHAK prestaría dos de sus nueve votos para la investidura del candidato nacionalista como lehendakari de las Tierras Vascas, una variante de lo que hizo Batasuna ayudando a aprobar el Plan Ibarretxe el 30 de diciembre de 2004 con tres votos en comisión de servicio.

Dos eran los fines que perseguían las herederas de Batasuna, dicho sea sin merma alguna del respeto que merece Cándido Conde de Pompidú, que haciendo honor a su nombre de pila, no llega a encontrarles el aire de familia. El primero, no permitir que el candidato Ibarretxe sacara un voto menos que el candidato López. El segundo, hundirle el suflé a la parlamentaria de Aralar, que una hora antes había tratado de emplazar al tripartito a negociar su apoyo para que Ibarretxe pudiera empatar con Patxi López, quién nos ha visto y quién nos ve. Cuña implacable la de la misma madera.

Podría haber prestado al tripartito seis de sus nueve votos y hacer innecesaria la votación de mañana, pero tampoco se trataba de eso. El árbitro del Parlamento le dará la mayoría, pero no al primer intento.

Todo hace pensar que Ibarretxe dejará de estar en funciones para ser electo esta mañana y que tomará posesión el sábado, tal como había pronosticado su partido. Pa-txi López no llegó a cuajar faena de aspirante, quizá porque la primera aseveración de su discurso, «me presento sin pactos ni ataduras políticas» era una contraindicación insuperable para un candidato a veinte escaños de la mayoría. No tener pactos ni ataduras, está bien para irse, irse ligero de equipaje como los hijos de la mar, en palabras de Machado, pero no para llegar. Es triste, pero es así la vida. El debutante Pastor hizo un excelente discurso en su estreno como portavoz parlamentario del PSE, váyase lo uno por lo otro.

En todo caso, la sesión de investidura ha puesto fin a la relajación en que vivíamos desde la noche del 17 de abril. Ibarretxe volvió a poner su plan sobre el atril, era inevitable. Y volvió a exponer los mismos objetivos: «la identidad, la soberanía, la territorialidad, el derecho de autodeterminación, el nivel de autogobierno deseado o el marco de relación entre Euskadi y el Estado español».

O sea, el plan. Nos hemos pasado una legislatura dándole vueltas y ahora nos anuncia que se va a negociar en una mesa extraparlamentaria en la que va a tener cabida Batasuna. ¿Piensa ignorar que la representación del voto radical está en las comunistas várdulas o el lehendakari pretende darle presencia doble en esa mesa? Sus aportaciones van a enriquecer mucho ese plan, ya lo verán. Lo dicho, se acabó el recreo.

Lo viejo y lo nuevo
JOSEBA ARREGI El Correo 23 Junio 2005

Sería demasiado fácil y tampoco se correspondería con la realidad si se vinculara lo viejo al discurso del candidato que repite y lo nuevo al discurso del que es candidato por primera vez. Más correcto sería decir que lo nuevo radicó ayer en que hubiera una candidatura a lehendakari que competía con el candidato nacionalista. Y lo viejo estaba representado por el tema obligado de los dos discursos -si dejamos de lado el tiempo dedicado por ambos candidatos a las políticas sectoriales, ¿Dios nos libre de tanta administración!-: la violencia terrorista de ETA, la necesidad de paz, la normalización política de Euskadi, las relaciones con España, incluido el famoso conflicto vasco.

El candidato Patxi López afirmó que es difícil que quien ha sido responsable de los problemas que tiene la política vasca pueda ser quien pretenda resolverlos. Esa afirmación encierra otras muchas afirmaciones, en especial la que dice que la lectura del conflicto vasco, una vez desaparecida ETA, sería una bien distinta a la que ha hecho el nacionalismo vasco en los últimos años y que le ha llevado a las estrategias que culminaron en el acuerdo de Estella-Lizarra y en el plan Ibarretxe. La afirmación citada del candidato Patxi López implica que si hay conflicto vasco, éste encierra algo más que la incomodidad, citada en la misma sesión por el candidato nacionalista, de muchos vascos con la situación constitucional actual. Encierra la crispación que ha traído a la política vasca y a la sociedad vasca la voluntad de sustituir el pacto por la mayoría en el momento de definir Euskadi, con todas las consecuencias que ello implica.

La sociedad vasca pudo visualizar ayer que es posible otra forma de articular los problemas de Euskadi, de concebir los problemas de Euskadi, que es posible otra forma de describirlos, con otras soluciones que no pasen por la ruptura del pacto ni por la imposición de sentimientos de pertenencia, que en lugar de unir a los vascos les separan. La sociedad vasca pudo visualizar ayer que es plenamente normal, plenamente legítimo hablar de otra forma de Euskadi, de sus problemas, de sus soluciones. La sociedad vasca pudo visualizar ayer que Euskadi puede ser gobernada de otra forma, con la consecuencia de que cambiarían muchas cosas, pero no pasaría nada en el sentido de que Euskadi no dejaría de existir, ni se dejaría de promocionar el euskera, ni sería imposible sentirse plenamente euskaldun.

Es el elemento más importante del discurso del candidato Patxi López: Euskadi existe como sujeto político porque existe el pacto estatutario; dicho pacto es el punto de partida; la formulación concreta del pacto es reformable, siempre dentro del espíritu de pacto; paz significa acabar con ETA, que es lo mismo que acabar con la deslegitimación permanente y violenta del pacto estatutario; por eso, la desaparición de ETA no puede ni debe conllevar precio político alguno; y sólo dentro de lo que significa esa afirmación de que no se puede ni se debe pagar precio político alguno tiene sentido la afirmación de que la política puede ayudar a la desaparición de ETA.

Sería injusto decir que el candidato nacionalista repitió el discurso de siempre, que no hubo ningún elemento con pretensión de novedad. No afirmó en ningún momento que su plan era de tomar o dejar. Afirmó que estaba abierto a discutirlo junto con otros planes cualesquiera. Con ello parecía querer indicar que el resultado de la negociación entre los partidos políticos vascos -sin exclusiones- podría ser algo que difiriera de su plan.

Para saber si esa voluntad, por lo menos aparente, de novedad, de diálogo, es creíble hay que colocarla en el contexto del resto de afirmaciones del candidato Ibarretxe. También afirmó que la negociación entre partidos políticos no parte de cero, sino del trabajo hecho por el tripartido en la legislatura pasada, por el cumplimiento de los compromisos adquiridos, por la aprobación mayoritaria del plan Ibarretxe en el Parlamento vasco -sin mentar para nada su rechazo en el Congreso-.

Afirmó que existen nuevas esperanzas para alcanzar acuerdos, porque se han abierto ocho nuevas ventanas, como si las nuevas esperanzas fueran fruto o del trabajo del Gobierno tripartito, o de la sociedad vasca, cuando en realidad lo que pueda haber de nuevo en el momento actual se debe a la situación de debilidad de ETA, que se debe a la labor policial, a la labor de todos los poderes del Estado, al Pacto por las libertades y contra el terrorismo, a la actuación judicial, a lo que ni el Gobierno tripartito ni los partidos que lo han apoyado han contribuido en lo más mínimo.

El punto de partida de Ibarretxe es que en Euskadi nunca ha habido consenso básico: desprecio total por el Estatuto y el pacto en el que se sustenta y encarna. El punto de partida de Ibarretxe es que se ha llegado a diferenciar entre pacificación y normalización, aunque en su discurso la mayoría de veces ambos términos fueran de la mano. Pero no hizo ningún esfuerzo por analizar en qué deben diferenciarse, y en qué no: la desaparición de ETA no debe condicionar para nada la normalización de la política vasca. Pero no se puede proceder al esfuerzo por la normalización como si ETA no existiera, como si ETA no hubiera existido, como si ETA no hubiera asesinado en nombre de un proyecto político para Euskadi. La primera diferencia es absoloutamente necesaria en términos éticos y políticos. La memoria de lo segundo, la no separación que implica, es igualmente necesaria ética y políticamente.

Pero a ello no se refirió el candidato nacionalista en ningún momento. Al contrario: la memoria de las víctimas la sigue planteando en el plano de la moral privada, como algo que no debe tener consecuencia alguna en la definición de la sociedad vasca. Por ello es necesario que el diálogo entre los partidos políticos sea un diálogo extraparlamentario -¿significa ello que el Parlamento vasco tiene algún déficit democrático?--, un diálogo sin exclusiones, ni de partidos ni territoriales.

Por todas esas razones, no diferencia algunos elementos en los que dice que hay acuerdo entre todos o la mayoría de partidos vascos, incluido el Partido Socialista, aunque debiera serle evidente que existe una diferencia radical. Por ejemplo en la consulta popular. Ibarretxe afirmó que forma parte de la hoja de ruta de casi todos. Para el candidato Patxi López, la consulta popular es refrendo del acuerdo alcanzado por los partidos democráticos vascos, siguiendo la vía prevista en el Estatuto de Gernika, es decir, con la aprobación necesaria del Congreso de los Diputados. Para el candidato Ibarretxe, la consulta popular es parte del reconocimiento de la sociedad vasca como sujeto político separado de España, refrenda un hipotético acuerdo entre todos los partidos políticos sin exclusiones y la posible participación de todos los territorios, y sin referencia alguna al Congreso de los Diputados.

Es curiosa la referencia a la naturaleza del pueblo vasco, al reconocimiento del sujeto político vasco: el candidato Ibarretxe hizo como si en la actualidad no existiera nada, como si él no fuera lehendakari, en funciones, de algo, como si la sociedad vasca no estuviera constituida como sujeto político con poderes reconocidos. El candidato Patxi López, por el contrario, afirmó que Euskadi, la sociedad vasca, el pueblo vasco es sujeto político, por primera vez en la historia -dejando de lado el cortísimo tiempo de la Segunda República- gracias al Estatuto de Gernika, gracias al pacto estatutario, dando a entender que, si no hay pacto, Euskadi deja de ser sujeto político.

La apuesta del candidato Patxi López es clara: paz como desaparición de ETA; validez de los principios de Ajuria Enea, de los principios del Pacto antiterrorista, validez del Estatuto como pacto, posibilidad y voluntad para su reforma dentro del espíritu de pacto; integración constitucional en España; afirmación de la personalidad con participación y colaboración. Podía, quizá, haber subrayado que la situación presente es fruto del Pacto antiterrorista y de las políticas aplicadas por los gobiernos Aznar. Y desde la voluntad de ser candidato a lehendakari para gobernar para todos, quizá le sobraron todas las referencias continuas a las posiciones partidarias del socialismo vasco.

En el caso del candidato Ibarretxe, se ve que ha entendido la imposibilidad de seguir adelante exclusivamente con su plan. Pero toda la argumentación que rodea a ese entendimiento reenvía demasiado a la voluntad de diálogo ya tantas veces manifestada y nunca materializada, y el escenario que describe es uno en el que lo único que cabe es ejercer el ser sujeto político de Euskadi sin referencia alguna al Estado, si no es como algo totalmente exterior: más de lo mismo.

nacionalismo.blogs
http://nacionalismo.blogs.com/byebyespain/ 23 Junio 2005

Gente con cierto nivel, incluso licenciados, se tragan impunemente que Adriano o Trajano eran andaluces y cosas por el estilo. El Departamento correspondiente, pagado naturalmente con dinero público que es decir de nosotros todos, todavía no han desarrollado doctrina suficiente para ver si los andaluces son tartesos, fenicios o árabes, pero todo llegará.
El nombre de Andalucía y por tanto el concepto geográfico-político vigente, lo encontramos por primera vez en la historia hacia 1830, después de las reformas administrativas inspiradas en los departamentos franceses que los aires de modernización introdujeron en la España recién invadida, ni siquiera figura en la Const. de 1812. Pero esta gente mete con embudo en la opinión pública cosas parecidas a decir que el hombre de Pekín era del Partido Comunista Chino, el de Orce era del Betis, el “antecesor” de Atapuerca católico y Agustina de Aragón favorable a la Expo del Agua. Por supuesto que hasta hace bien poco nos colocaron que Don Pelayo leía novelas de Corin Tellado o que España era la reserva espiritual de occidente, así que estamos acostumbrados.

Lo relevante, lo resaltable, lo importante no es considerar la bondad, maldad, la codicia personal o la voluntad política de quién difunde estas cosas, eso es anecdótico en el tema que nos ocupa, ni siquiera la posición general de cualquier partido político, aunque haya que tener en cuenta sus intereses corporativos. La consideración definitiva es convenir en la tendencia de las fuerzas presentes, fuerzas generadas antes, durante y después más, de la transición, intereses instalados en el poder autonómico y representadas por los gobiernos regionales, y ningún vector político decidido y capaz de neutralizar e invertir esa tendencia.

Por una parte, en la vida rutinaria de una sociedad, siempre debe haber una correspondencia entre la actividad de la casta política y el bienestar general de los ciudadanos, una identificación entre el trabajo político y su repercusión en la calle, todo aquello que puede nombrarse como credibilidad social de los políticos y las instituciones públicas. Por otra parte sólo una pequeña proporción de la sociedad vive de y para la política, una actividad dedicada básicamente a cuestiones de ordenamiento económico y de orden público, porque la propia sociedad tiene engranajes suficientes para desenvolverse sin excesiva necesidad del aparato político-institucional.

El fundamento que garantiza la paz social, es la satisfacción vital de la mayoría de sus componentes. La política es un instrumento que la sociedad precisa para resolver problemas. Cuando el instrumental usual no sirve, la sociedad tiene que encontrar otro. Cuando los partidos políticos no solucionan dificultades o incluso en nuestro caso las crean, no hay más remedio que tomar medidas por parte de los elementos conscientes y poner en marcha otras herramientas. También cabe la autofagia social.

Cuando los componentes humanos del aparato político-administrativo se multiplican excesiva e inutilmente aumentando en todo caso su proporción en el cuerpo social y cuando por razones diversas no se frena su peso e interés específico, es inevitable que aparezcan estas ideologías egoístas, fruto de una red clientelar mantenedora y mantenida de y por tan interesante industria y es lógico que aparezcan competencias, rencillas y envidias, porque lo que persiguen pertenece a todos por igual. (Para muestra un botón: Castilla León es la mayor administración de toda Europa, proporcionalmente hablando). Y en esta situación sólo hay que invertir en escuela local, es decir, crear un catecismo autonómico donde poderse diferenciar para justificar el status y tener “derecho”, “legalidad”, “explicación” y “justicia” para efectuar el expolio. Se coge a Blas Infante, que quería realizar la reforma agraría, se entroniza en la santidad o se iza a los altares de la patria andaluza, cuando su objetivo era aquel para el cual se hizo autonomista. Y así con todo lo que se pueda y si no se encuentra, se inventa y se lleva al embudo preparado para que la sociedad lo engulla.

Y entonces nos acercamos a ver las caras y lo que dicen los parlamentarios, por ejemplo los catalanes y andaluces. Caras de pájaros alibobos y discursos absolutamente disparatados y estratoféricos, nada que ver con la realidad de la calle. Lo que discuten pertenece a sus propios intereses y no a los de sus representados. Hasta Perales, socialista, reconoce estar presionados por la “teoría de las traineras”, mirando a ver qué hacen los demás. Si sólo una parte pequeña de la población catalana está interesada en el estatuto, el resto de políticos españoles están interesados por lo que hacen los hacedores de inventos nacionalistas, es decir, completamente al margen del interés general de los ciudadanos españoles y hablando de cosas que nadie entiende y a nadie interesa.

Propongamos la difusión de las cadenas autonómicas por toda España, asunto técnicamente fácil, socialmente necesario y democráticamente impecable. La emisión en directo de los debates parlamentarios y su posterior consulta en Internet, como hace TV3 y las televisiones por lo menos de Italia y Francia. La emisión por radio de todos los debates políticos también es una necesidad completamente necesaria y posible. El cambio de la Ley electoral y todas cuantas cosas se nos ocurran para acabar con esta situación que ciertamente tiene que ver con lo que ocurre en Europa y en el mundo, aunque tenemos que arreglarla en España. Si es que tiene arreglo.
 

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