AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 26 Junio 2005
La negociación sigue adelante
EDITORIAL Libertad Digital 26 Junio 2005

El Gobierno mágico de ZP
Ignacio Cosidó Libertad Digital 26 Junio 2005

El regreso al poder
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 26 Junio 2005

Al paso triste de la paz
Antonio BURGOS ABC 26 Junio 2005

Las llaves del caserío
Ignacio CAMACHO ABC 26 Junio 2005

APRENDICES DE BRUJO
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 26 Junio 2005

Diálogo con bombas olímpicas
Luis Ignacio PARADA ABC 26 Junio 2005

A dónde va el Gobierno
Editorial ABC 26 Junio 2005

La estrategia del «es lo mismo»
Editorial ABC 26 Junio 2005

Bajo chantaje
Editorial El Correo 26 Junio 2005

De expolios y rapiñas
Por Juan Manuel DE PRADA Abc 26 Junio 2005

Jarrai desarmado
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 26 Junio 2005

El ave fénix, Félix el Gato e Ibarretxe
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 26 Junio 2005

Lo que podremos saber
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 26 Junio 2005

La negociación sigue adelante
EDITORIAL Libertad Digital 26 Junio 2005

Que explote una bomba en el aparcamiento del estadio Olímpico de Madrid a once días de que el COI resuelva que ciudad organizará los juegos de 2012 es, para el Gobierno, algo accesorio. Que, además, coincida con la toma de posesión del Lehendakari en Guernica no tiene la menor importancia. Y que, por último, un arañazo semejante se produzca en la misma semana en que la Audiencia Nacional ha regalado un valiosísimo balón de oxígeno a la ETA es simple casualidad. En este nuevo tiempo político abierto por Zapatero los ritmos los marca la ETA dosificando el terror en pequeñas cápsulas para ir abonando un terreno que el Gobierno se ha encargado ya de allanar.

No nos cansaremos de repetirlo; el único lenguaje que conoce la ETA es el de las bombas, los tiros en la nuca y los secuestros. Es, por añadidura, el único que ha practicado de manera intensiva a lo largo de sus cuatro décadas de existencia y el que considera que le llevará a la victoria final. Quien lo ignora paga las consecuencias o, mejor dicho, hace pagar a toda la Nación su irresponsabilidad. Seis meses lleva el Gobierno tendiendo la mano a los terroristas. Ha permitido que en el País Vasco Batasuna vuelva a ser legalizada a través de un partido pantalla, ilustres miembros del PSOE se han reunido con batasunos de renombre, y el Congreso de los diputados ha tenido que aguantar la humillación de ver como de la cámara salía un plácet para negociar con la banda. A cambio, la ETA, ha puesto bombas. En Madrid, en Vizcaya, en Zaragoza y allá donde ha tenido la menor oportunidad de hacerse notar, es decir, de enviar su mensaje del único modo que conoce.

El mensaje de ayer por la tarde, no obstante, tiene dos destinatarios. Por un lado el Gobierno de Zapatero. Quieren que el presidente no se olvide que ellos siguen ahí, que pueden matar y que pueden hacerlo donde quieran y cuando quieran. Por de pronto han puesto muy cuesta arriba la candidatura de Madrid 2012 en su tramo final. Si la capital no resulta elegida como organizadora de la Olimpiada la ETA habrá tenido que ver en ello, y los madrileños deben saberlo. Por otro, la bomba de La Peineta es un aviso a Juan José Ibarretxe, recién elegido Lehendakari gracias a los votos de ese apaño neobatasuno que ya ni siquiera atiende a las siglas con las que se presentó a las elecciones de abril.

Lo más triste de esta lamentable situación es que se ha llegado hasta aquí por voluntad expresa del Gobierno. Hasta la llegada al poder de Zapatero la ETA languidecía acorralada y sin esperanzas de que su voz fuese escuchada. Como en tantas otras cosas, el 14-M lo cambió todo para peor. Con la banda casi rendida y con la causa que representa desprestigiada hasta el extremo Zapatero se las ha ingeniado para darle la vuelta y conseguir en tiempo récord que las demandas de los terroristas no sólo sean escuchadas sino que exista una probabilidad muy alta de que sean atendidas. A día de hoy en eso consiste, esencialmente, la lucha antiterrorista del Gobierno; en permitir que la banda se rearme moralmente justo en el momento en que se encontraba más hundida.

El hecho incuestionable es que con bombas o sin bombas la negociación sigue adelante. Zapatero lo tiene tan claro que la ETA hasta se puede permitir estas expansiones. El Gobierno hará como que no ha pasado nada y así hasta la próxima. El problema es que la próxima puede ser peor, en la próxima los asesinos pueden sentir la tentación de elevar la apuesta. ¿Seguirá entonces el Gobierno jugando una partida que nunca debió iniciar?

Fracaso de sus profecías
El Gobierno mágico de ZP
Ignacio Cosidó Libertad Digital 26 Junio 2005

Sin cuestionar la legitimidad de su triunfo, muchos españoles creemos que Zapatero llegó al poder más por la fuerza del azar que por sus propios méritos. Él mismo debe haberse preguntado alguna vez cómo es posible que haya llegado donde ha llegado. Como no existe una explicación racional, sino más bien una sucesión de casualidades en su trayectoria política, es muy probable que su conclusión sea que estaba predestinado para ello.

Con esta convicción, resulta lógico que para él la clave para gobernar sea dejarse llevar por sus impulsos, más allá del análisis lógico de los problemas. Como hombre predestinado para gobernar se cree dotado de un don especial que le inspira soluciones mágicas a problemas aparentemente de una complejidad extrema. Es más, cuando se ve acorralado por sus interlocutores, como ocurrió la semana pasada en sus reuniones con las victimas del terrorismo, saca a colación un mayestático “confiad en mí”, que es tanto como decir “confiad en mi magia”, que contra todo pronóstico y contra toda lógica, me ha traído ante vosotros.

Este sentimiento mágico tiene en realidad mucho que ver con el cataclismo del 11-M, que probablemente interpretó como una señal de que su momento había llegado. Toda esta amalgama de supersticiones y complejos convierte a ZP en un político extraordinariamente peligroso. Es más, este sentimiento de haber sido designado por no se sabe qué extraña fuerza cósmica para regir los destinos de España le ha conducido ahora a un intento de salvar el mundo a través de una nueva Alianza de Civilizaciones, de la que pretende convertirse en líder espiritual. Zapatero une así a su reconocida falta de preparación para gobernar y a su constatada inconsistencia personal, una fe inquebrantable en su buena suerte y un complejo de superioridad respecto del resto de los mortales, que carecemos de su proverbial intuición para decidir qué es lo que hay que hacer en cada momento.

La realidad es que este supuesto Gobierno mágico de Zapatero, cuya fuerza última se encuentra más allá del dominio de la razón, se está transformado progresivamente en un Gobierno maléfico. El peligro de renunciar a la lógica en la adopción de decisiones es que uno termine por instalarse en el error como un estado natural. El coste de apostar permanentemente por las opciones más arriesgadas, confiando únicamente en su buena estrella, es que uno termine por arruinarnos a todos.

Todas las profecías de Zapatero, y han sido muchas en este año largo en La Moncloa, se han demostrado falsas. Anunció que en seis meses solventaría el histórico conflicto del Sahara y hoy nos encontramos de nuevo al borde de la guerra. Confió en Chirac y Schoreder como sus grandes aliados en Europa y hoy ambos políticos se encuentran prácticamente desahuciados políticamente. Apostó por que el candidato demócrata Kerry vencería en las presidenciales en Estados Unidos y se encontró con un fortalecido Bush al que había insultado y agredido reiteradamente. Decidió liderar la ratificación de la llamada Constitución Europea y el proceso ha descarrilado en Francia y Holanda. Esperaba una declaración de tregua de ETA tras iniciar el proceso de dialogo y los terroristas le pagaron sus concesiones con un coche bomba en Madrid. Apostó por un cambio político en el País Vasco y nos ha situado en un escenario peor que el del Plan Ibarretxe. La lista podría ser más larga, pero valgan estos ejemplos.

Sin embargo, en el Gobierno mágico de ZP todo esto carece de importancia, no son más que pequeñas tormentas pasajeras tras las cuales el arco iris, símbolo de un mundo feliz anunciado, brillará con más intensidad. El problema no es sólo que la lógica política, e incluso la razón democrática, se sustituyan en la toma de decisiones por la intuición del líder, sino que esa ausencia de lógica se aplica también al análisis de los resultados. Los fracasos son transformados así de forma inmediata en grandes éxitos tras el inmenso telón mediático construido sin ningún pudor por el Gobierno.

Aún más, la magia de ZP tiene incluso el poder de cambiar el significado de las palabras y de los conceptos. El Gobierno de Zapatero, como la caverna de Platón, es un mundo de imágenes y no de realidades. Lo importante en su acción de gobierno es transmitir la sombra que en cada momento mejor se acomoda al gusto de quien la visualiza, sin importar si al final esa imagen está profundamente manipulada respecto de la realidad. Así, conceptos básicos y fundamentales para nuestra convivencia como Nación, Familia o Paz son deformados y relativizados cuanto sean necesario a fin de que encajen en un puzzle que empieza a ser imposible e insoportable. Ojalá que la razón democrática pueda deshacer pronto el maleficio.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular.

El regreso al poder
POR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 26 Junio 2005

ALBERTO Moravia escribió un buen día que «los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado». Tenía razón, de modo que quien piense que los errores que ha cometido, cometa o pueda cometer el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero redundarán por sí solos y a corto plazo en beneficio del Partido Popular, se confunden. La actitud en política ha de ser dinámica y, cuando se está en la oposición, muy versátil, cuidando de construir un discurso a la contra al modo de una diana móvil, nunca fija; también un punto imprevisible, aunque no del todo desconcertante. La facilidad con la que se puede formular esta conseja política es inversamente proporcional a la dificultad de articularla de una manera coherente. Difícil, pero no imposible. Y en todo caso, es la única vía de la que dispone el centro derecha español para regresar al poder: hacer ver y sentir, con grandes dosis de pedagogía, los fracasos del Ejecutivo y el alcance que tienen sobre la cotidianidad de los electores.

El Gobierno socialista es de una estolidez política alarmante, pero esa debilidad discursiva y esa escasez argumental disponen, sin embargo, de un potencial extraordinariamente letal para el PP en cuanto expresión electoral del centro y la derecha liberal española: trata de desacoplar -es decir, de separar- al primer partido de la oposición de los circuitos políticos en los que se nutre la alternativa en un sistema democrático. La opción constitucional de establecer una representación con criterios de proporcionalidad -el pluripartidismo- obliga a las dos grandes formaciones de ámbito nacional a plantearse su acceso al poder en solitario o en compañía de otros. El socialismo parece tenerlo muy claro: su oferta de gobierno, hoy por hoy y por bastante tiempo, la comparte con los distintos nacionalismos a los que aplica tratamientos diferenciados aunque carezcan de coherencia entre sí. Los populares, sin embargo, parecen haber interiorizado que es la izquierda la única con posibilidad de alcanzar puntos de conexión, pactos de conveniencia y acuerdos con los nacionalistas. No fue siempre así; es más, hubo un tiempo -1996-2000-, la primera legislatura de Aznar, en la que fue posible un acoplamiento casi perfecto entre el centro y la derecha liberal española y el sistema pluripartidista que generaba nuestro particular modelo de representación proporcional.

A ese entendimiento de la política pragmática tendrá que regresar el centro y la derecha española para seguir conectado a la hipótesis verosímil de regresar pronto al poder. La urgencia de combinar el mantenimiento de los principios y valores que se propugnan, con el pragmatismo necesario para ponerlos en práctica desde el poder, se acentúa ante la posibilidad de que el PP pierda el Gobierno de Galicia. Si el voto de los residentes ausentes en Pontevedra no granjea mañana un escaño más a Manuel Fraga, ¿ha de irse el PP resignadamente a sus cuarteles de invierno o cabe que entable conversaciones con el Bloque Nacionalista Gallego para indagar sobre una posible coalición, pacto de legislatura o gobierno en minoría con apoyos concretos? Los nacionalistas gallegos ya han comprobado que el partido que les depreda es el socialista y a poco que profundicen podrán adverar también que si las pretensiones de financiación de Cataluña que defiende el tripartido van adelante, Galicia tendrá un problema muy serio. El otro nacionalismo -el vasco- no plantea cuestión financiera, así que por peso económico, demográfico, y por la propia dimensión de su nacionalismo, tampoco al BNG le convienen los apriorismos estratégicos.

Cuando el Partido Popular ha jugado sus cartas -es decir, cuando se ha acoplado a los circuitos políticos de decisión, sin autoexclusiones por difíciles que hayan sido las reglas de la partida en juego-, los resultados han sido satisfactorios. El proyecto de reforma del Estatuto valenciano es un ejemplo de identidad territorial, lealtad constitucional e inteligencia política. La denominada cláusula Camps es sagaz y combina con dosis de alquimista la emergencia de lo local con las exigencias generales. Por su parte, Piqué en Cataluña ha entrado en la melé y, manteniendo sustanciales objeciones, se ha convertido allí en un actor y en un factor del proceso estatuyente.

La capacidad de adaptación al terreno de los sectores liberales y conservadores se ha demostrado con el éxito de concentraciones y manifestaciones que hasta ahora no habían formado parte de sus maneras de expresión. No es cierto que estos testimonios ciudadanos tan masivos pasen desapercibidos en las preocupaciones del Gobierno. Por eso, los miles y miles de personas que se han tomado la molestia de ir a la calle a oponerse y protestar, merecen una respuesta que debe estar en la misma línea de su adecuación a circunstancias adversas: una respuesta política que incorpore el moderantismo inteligente, eficaz en los argumentos, estético en las formas y práctico en la evaluación de los resultados. Suponer que las movilizaciones que se han producido en las últimas semanas se deben al dirigismo de determinados energumenismos mediáticos es confundirse gravemente y revelaría, de prosperar ese análisis que circula ya con profusión, que a medida en que se otorga ascendiente a las referencias más estériles y frustrantes, se disminuye la autonomía, la espontaneidad y la propia capacidad estratégica del Partido Popular.

La tendencia de la derecha española a considerar que sus principios y valores sólo son válidos y viables si se aplican al ciento por ciento y siempre mediante un ejercicio exclusivo del poder, conduce a un aislacionismo que deja a la izquierda el terreno libre y a los electores moderados profundamente frustrados. Lo que está ocurriendo ahora es, justamente, la percepción lúcida por el PSOE de que los populares están aherrojados en unas pautas de actuación política todavía propias del que ha disfrutado del ejercicio del poder sin necesidad de transacciones. El envaramiento político del PP -que contrasta con el enorme potencial electoral de su discurso nacional, cívico, económico e internacional- revela que quizá no se ha recorrido un tramo -el más difícil- en la reflexión posterior a la pérdida del Gobierno y que consiste en la elaboración de un catálogo de adaptaciones que hay que asumir para regresar a ostentarlo democráticamente.

Para que ese retorno sea posible, Galicia merece algo más que resignación si no se alcanza la mayoría absoluta. Las actitudes de un inteligente e íntegro Francisco Camps en Valencia, de un hábil Josep Piqué en Cataluña y de una coherente María San Gil en el País Vasco podrían ser las pautas de una política de moderación y firmeza para una España que la precisa para construir un proyecto integrador.

Al paso triste de la paz
Por Antonio BURGOS ABC 26 Junio 2005

EN las aherrojadas celdas del carro de los cautivos del que el Ingenioso Hidalgo liberó a los galeotes podían correr caballos al lado de las mazmorras de la modernidad establecidas en los aeropuertos como Punto de Fumadores. Trátase de un calabozo sin rejas, como jaula de zoo, donde confinan como bichos raros y peligrosos a los que aún conservan la funesta manía de fumar. El último mono, aunque no sea blanco, del Zoo de Barcelona tiene más espacio que los fumadores de aeropuerto, confinados como en una versión con humo de la famosa solución habitacional. Los 30 metros cuadrados de la ministra Trujillo son el Palacio de Liria al lado de los dos palmos que dejaron a los fumadores, como apestados, en los aeropuertos. Ni a los enfermos infecciosos con mayor riesgo de contagio los tratan así, confinados en un minúsculo lazareto, junto a las toberas de un aparato aspirador de las antaño aromáticas y sensuales, cinematográficas volutas. Si Humphrey Bogart esperase ahora el avión de «Casablanca» lo confinarían con su gabardina y su cigarrillo en la mazmorra para fumadores de la zona de embarque del avión de Lisboa.

Y esto les ocurre a los fumadores porque son unos torpes. Se han dejado ganar el terreno y no se han constituido en minoría o en pueblo oprimido para defender sus derechos, presentando al tabaco como libre opción o autodeterminación. Cómo serán de torpes, que en esta España donde todo lo minoritario impone su dictadura, ni se les ha pasado por la imaginación presentarse como grupo social oprimido por la intolerancia de la cultura judeocristiana. Ni como nación perseguida en sus derechos por el centralismo opresor. Si hasta Villanueva del Trabuco quiere reformar su Estatuto y proclamarse nación, para estar en Europa de tú a tú con esos gobernantes que no le echan a ZP ni puñetera cuenta, ¿por qué los fumadores no han de ser una nación o por qué no ha de reformarse el Código Civil a su conveniencia? Porque son unos torpes, y no se han buscado un Zerolo o un Carod. En el pecado llevan la penitencia. Nada, aquí lo único anormal, lo único que va contra la Constitución y contra la Naturaleza, es el fumeque. Fumar es el único vicio nefando. Lo único que amenaza con romper a España es el tabaco. Ahí sí que están unidos todos los partidos para defender el Estado de Derecho... al Aire sin Humos.

Todo el peso de la ley que no se aplica contra los partidos encubridores de asesinos, que se sientan en los parlamentos y deciden presidentes autonómicos, cae sobre los fumadores. Todo el peso de la ley que no se aplica contra la Selección Sub 21 de la ETA, a cuyos criminalitos los jueces dejan que sigan quemando autobuses a fin de que hagan las prácticas de su FP de Asesinos, cae sobre los fumadores. A cuyas víctimas se les da la protección que a otras se les niega. Sí, aquí las únicas víctimas que existen son las del tabaco. Ya quisiera la Asociación de Víctimas del Terrorismo que sus derechos fueran respetados con el mismo ardor con que defienden a los Fumadores Pasivos.

Y comparados los derechos de los fumadores con los de otras minorías sociales en materia de ética, moral y Derecho Natural, ni te cuento. Por no haber, no hay un profesor Aguileño Nonaino que se atreva a proclamar que, total, qué mas da, que como cada cual es dueño de su cuerpo, el Estado debe proteger también los derechos de los que quieran hacer con sus pulmones lo que quieran. Matarse mismo, sin necesidad de asesinos encapuchados con los que pactemos, pagándoles la impunidad de sus ensangrentadas banderas victoriosas, al paso triste de esta paz. (Cuando oigas la palabra «paz», desconfía: o te la impone un dictador o te hace claudicar ante ella un asesino separatista. En ambos casos, cautivas y derrotadas las libertades.)

Las llaves del caserío
Por Ignacio CAMACHO ABC 26 Junio 2005

SON la sensación de la reciente escena política española (bueno, a ellas no les gustaría lo de «española»). Orondas, fuertotas, desenfadadas, un poco rurales, iconos andantes del estereotipo del matriarcado euskaldún. Ufanas de su protagonismo, las nekanes del Partido Comunista de las Tierras Vascas levitan sobre las ironías y las miradas venenosas de la clase política y periodística para alzarse tan campantes como bisagras decisivas de la situación. Si no fuera por el nada nimio detalle de que quien mueve desde el fondo los hilos de estas singulares outsiders es la misma Batasuna que el Tribunal Supremo considera a todos los efectos -al menos hasta ahora- el brazo político de ETA, la peripecia de las rollizas emakumes de caserío constituiría un divertido soplo de aire distinto en el cerrado ambiente de la nomenclatura parlamentaria.

Ocurre, sin embargo, que detrás del pintoresco y casi folklórico trajín de las nekanes está el siniestro designio de la organización terrorista, que sigue poniendo bombas como la de ayer en Madrid para apretarle las tuercas a un Gobierno envuelto en su propia estrategia. Y que los dirigentes de la ilegal Batasuna no se recatan ya para nada en ejercer de guionistas de ese fantasmal partido que acaba de convertir a un malparado Ibarretxe en flamante sucesor de sí mismo, sacándolo del apuro de sufrir el desgaste de un largo bloqueo en su investidura. Manejando sin rubor a las etxekoandres como marionetas de su refinada estrategia, el entorno etarra ha desbaratado una vez más el ingenuo escenario trazado desde la Moncloa por un imperturbable Zapatero que parece a estas alturas el único español rebelde a aceptar la evidencia de que se ha metido en un laberinto cuyas claves no controla ni de lejos.

No le ha temblado el pulso a Ibarretxe a la hora de aceptar sin remilgos el apoyo de estas singulares diputadas cuya bisoñez política provocaría el hazmerreír general de no ser por la convicción unánime de su condición de testaferros batasunos. Como no le tembló en diciembre para apoyar en la genuina Batasuna de Otegi, carta de Josu Ternera mediante, la plataforma de lanzamiento del plan soberanista que ha vuelto a poner, con leves retoques, sobre la tribuna del Parlamento de Vitoria. El contumaz «raca-raca» felizmente acuñado por el dibujante Peridis recibe así nueva cuerda para reiniciar su terco empuje mientras Zapatero dibuja alternativas fantasmagóricas que una y otra vez se estrellan contra la obcecación del nacionalismo y el siniestro goteo criminal de ETA.

Todavía esta misma semana, un alto dirigente socialista trataba de hacerme ver las virtualidades del sofisticado diseño político con que el presidente ha abordado el llamado «proceso de paz» en el País Vasco, contando con la supuesta voluntad de un PNV razonablemente inclinado a colaborar en el nuevo escenario pacificador y decidido a abrir una nueva etapa.

Según esta benévola teoría, la voluntad moderada de Josu Jon Imaz acabaría imponiéndose al radicalismo aventurero de Egibar y los herederos de Arzallus, colocando a Ibarretxe en una delicada precariedad que a medio plazo acabaría derribándole del poder para permitir un marco diferente en el que el Partido Socialista de Euskadi estaría llamado a desempeñar un decisivo papel de equilibrio. Apenas 72 horas después, el castillo de naipes de Moncloa se venía abajo mediante la intervención de dos de las sobrevenidas terrícolas, dejando a la intemperie el patético esfuerzo de un Patxi López empeñado en pactar con Imaz lo que Egibar y el propio Ibarretxe habían resuelto por su cuenta con Otegi y sus siniestros, pero nada torpes, compañeros de banda.

Fue Patxi López, sin embargo, el que con su polémica y nada inteligente reunión con las nekanes para pedirles, siquiera testimonialmente, el voto a su candidatura legitimó el papel de una formación política de la que Batasuna no tiene empacho en reconocerse como muñidora. Carece, pues, de sentido, que el portavoz parlamentario del PSE, José Antonio Pastor, acusara el jueves a Ibarretxe de beneficiarse de unos supuestos «votos envenenados», que ciertamente lo están pero cuya ponzoña no parecía estimar tóxica el jefe de filas del socialismo vasco.

Sólo desde la ingenuidad o desde el desconocimiento puede pensarse que el PNV iba a quedarse de brazos cruzados ante el progresivo y patente entendimiento que Batasuna y el Gobierno socialista español están trazando en torno a la llamada «estrategia de Anoeta» -o AnoETA-, cuyos pasos controla la mismísima banda a través de un medido proceso de tregua selectiva salpicada de bombas que dejan entrever su capacidad de intervención criminal. Los nacionalistas saben que si ese entendimiento acaba por cuajar, su papel en el entramado vasco se volverá cada vez más irrelevante, y puede concluir en la hipótesis que más temen, que es la pérdida de ese poder autonómico que siempre les parece escaso.

Tras la intervención decisiva de las dos debutantes del PCTV, el reloj vasco ha vuelto a situarse en la hora previa a las elecciones de abril, dando la razón a quienes sostenían que la estrategia de Zapatero iba a conducir de nuevo al punto de partida. Sólo que ha sido el propio presidente quien, al negarse a pedir al fiscal del Estado que actuase para descarrilar a la marca oculta de Batasuna -es de justicia consignar que el ministro López Aguilar me explicaba hace bien poco la inutilidad de tal esfuerzo con argumentos que me hubiesen convencido de no ser porque otros compañeros suyos de partido celebraron con regocijo el retroceso electoral del PNV atribuyéndose el maquiavelismo de la permisividad con el fantasmal partido-, ha dado vía libre a la composición de un escenario que ya no puede controlar, y en el que la verdadera iniciativa de fondo corresponde por entero a Batasuna. Es decir, a ETA.

Claro que Zapatero aún piensa que puede llevar a ETA a su terreno a través de la famosa vía de diálogo. Como se niega a revelar los indicios de que dispone para sostener su optimismo -y nadie puede reprochárselo al tratarse de información confidencial del Estado-, no existe para el enjuiciamiento de su acción política más contraste que el de los hechos, y estos están resultando tozudamente adversos. Atentados como el de La Peineta le quitan reiteradamente la razón y comprometen el camino emprendido, por más que el presidente siga tercamente convencido de que no se trata sino de testimoniales esfuerzos para aumentar el poder de la banda ante una previsible negociación.

La velocidad con que transcurren los episodios de la vida pública española no da mucha tregua para la reflexión. El eco de la manifestación del sábado quedó solapado en seguida por el apretadísimo resultado de las elecciones gallegas, éstas por el estruendo de la irrupción de las nekanes en la investidura de Ibarretxe. Mañana volverá la emoción en el inesperado ballotage gallego de los votos de los emigrantes, y sin solución de continuidad espera la alharaca final de la triste y malograda comisión del 11-M. No hay respiro, pero entretanto Ibarretxe da cuerda al muñeco de su «raca-raca», y ETA maneja en la sombra, a bombazo limpio, los tiempos de un proceso en el que se ha vuelto a encontrar con una llave que había perdido.

director@abc.es

APRENDICES DE BRUJO
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 26 Junio 2005

Las cosas, de momento, han salido mal en el País Vasco para el Gobierno y los que no son nacionalistas. El sentido común aconseja atenerse a dos máximas genéricas: persistir en estrategias demostradamente eficaces y no conceder al enemigo o al rival más facilidades de las necesarias. Aquí se han incumplido ambos preceptos. Se ha dado matarile al Pacto Antiterrorista y la política que lo inspiraba, y se han iniciado despliegues hacia ETA de modo prematuro y hasta cierto punto gratuito. ¿Por qué se ha hecho esto? Se han juntado las circunstancias adversas, un maquiavelismo rudimentario, y la oscuridad de ideas.

Vayamos por partes. Zapatero se encuentra intrínsecamente mal equipado para oponerse al desafío nacionalista. Pocos meses antes de su victoria inesperada, se produjo la entrevista secreta de Carod con ETA. El encuentro suscitó una disyuntiva dramática: o se cortaba por lo sano la deriva rupturista iniciada por el tripartito, forzando la mano al PSC con la amenaza de presentar listas socialistas separadas en Cataluña, o se transigía. Después de algunos titubeos, se escogió lo segundo. De resultas, Zapatero llegó al poder apoyado en fuerzas conniventes con muchos postulados del nacionalismo vasco. En esas condiciones, era muy complicado hacer frente a la ofensiva del norte. Verbigracia, al Plan Ibarreche. Y se buscaron soluciones alternativas en el maquiavelismo.

La idea, en esencia, consistió en amortiguar el repelón del lendakari envolviendo al PNV en una estrategia que recogía parcialmente las reivindicaciones nacionalistas. A esto se le llamó «plan Guevara», y después «plan López». Con el plan López se persiguieron dos objetivos simultáneamente: comer electorado al partido de Sabino Arana y ofrecer una plataforma de aterrizaje a ETA, en fase de liquidación técnica. Un PSE fortalecido a costa del PNV podría, sobre el papel, controlar la revisión del Estatuto de Guernika. Mientras se neutralizaba al lendakari por el procedimiento indirecto de respetar la mayoría minoritaria de que iba a gozar en el Parlamento de Vitoria, o lo que es lo mismo, de brindarle una colaboración pasiva y siempre provisional, se abrían vías de diálogo con la banda, a la que se reincorporaría a la vida civil permitiendo que interviniera en la construcción de la Euskadi futura. Todo esto explica que el Gobierno no hiciera nada, absolutamente nada, para instar la ilegalización del PCTV.

Las elecciones de abril enturbiaron este diseño. No se arrancó ni un solo voto a los nacionalistas. E Ibarreche quedó, sí, debilitado, aunque en beneficio de los más radicales. En teoría, nos formulamos objetivos, y luego ordenamos nuestras acciones a la consecución de esos objetivos. En la práctica, procedemos a la inversa: dignificamos como objetivos las posibilidades menguantes que sobreviven a decisiones anteriores y con frecuencia erróneas. El Gobierno porfió en confiar, con poco realismo, en la creación de un arco voltaico que pasara por encima del PNV y le comunicara con el mundo de ETA, e intentó acelerar este entendimiento incoando un proceso teatral de paz. No se comprende de otro modo que comprometiera al Parlamento en una voluntad de negociación que ha sido imprudentísimo escenificar movilizando a los representantes de la soberanía popular. Al final, se ha impuesto la comunión nacionalista, con el agravante de que ETA determina al PNV, y está en situación además de elegir maneras y tiempos. Es casi seguro que declarará una tregua cuando lo estime conveniente. Y es previsible que el Gobierno, haciendo de tripas corazón, se vea obligado a recibirla como la confirmación de que su política ha sido un éxito.

El desgaste ha sido gigantesco para el Estado. Ha saltado por los aires la alianza entre los dos grandes partidos, garantía última de la unidad nacional. Y han ocurrido otras calamidades. En primer lugar, va a resultar arduo, o más que arduo, moderar las reclamaciones catalanas. En efecto, sería contradictorio resistir en Cataluña cuando ya se ha cedido muchísimo en el País Vasco. La formación de un gobierno de coalición con los nacionalistas del Bloque en Galicia, añadiría leña al fuego. Al tiempo, se está desmoronando la estructura pública, en varias acepciones. Alarman profundamente las últimas sentencias de la Audiencia Nacional, una de las cuales segrega a Jarrai de ETA y deshomologa la «kale borroka» como actividad terrorista. El fallo entra en colisión directa con la jurisprudencia sentada por el Supremo y el Constitucional y hace saltar por los aires la política antiterrorista que había arrinconado y dejado sin aire a la banda. La interpretación más popular, y seguramente correcta, es que no es posible alistar a los jueces en la tarea peligrosa de combatir el terrorismo a la vez que se dan muestras permanentes de querer conciliarse con él. Las inercias creadas, y la anemia galopante del Estado, nos proyectan hacia un horizonte de incertidumbre absoluta.

Diálogo con bombas olímpicas
Por Luis Ignacio PARADA ABC 26 Junio 2005

POR si cabía alguna duda sobre la intención de ETA de dinamitar la candidatura de Madrid para ser la sede de los Juegos Olímpicos de 2012, la banda terrorista, o uno de sus «comandos autónomos», hizo estallar ayer un coche-bomba en el estadio de La Peineta. Lo ha hecho en uno de los lugares previstos para llevar a cabo alguna de las competiciones y cuando faltan sólo once días para que el COI tome en Singapur su decisión definitiva sobre la ciudad elegida. Ya había colocado otro coche-bomba a comienzos de febrero en el Campo de las Naciones, un día después de la visita de la comisión de evaluación del Comité Olímpico Internacional a la capital de España. Sería sin embargo un error pensar que el objetivo fundamental es sólo el de perjudicar los intereses económicos españoles: es sólo un medio más, como lo fueron las bombas que, sin aviso previo, puso hace unas semanas contra intereses empresariales en distintas localidades de Guipúzcoa.

Cuando ETA coloca una bomba en Madrid al día siguiente de la investidura de Ibarretxe obtenida con dos votos prestados por el partido heredero de Batasuna; cuando lo hace en un momento en el que un sector del PNV está tratando de convencernos de las bondades que se derivarían de una mesa de diálogo fuera del Parlamento vasco en la que estuviera presente todo el entorno abertzale; cuando la hace explotar en pleno debate sobre las condiciones de cese de la violencia que deben cumplirse para que el Gobierno pueda entablar conversaciones, lo que está haciendo es decirle a Zapatero que empiece por legalizar a Batasuna; a Ibarretxe, que se guarde su propuesta en el mismo cajón que su plan soberanista; a Otegi, que es sólo un guiñol en sus manos y no el hombre elegido para lograr un hipotético «Acuerdo del Viernes Santo» al modo irlandés. A los demás nos dicen que, ahora, los que mandan son los que tienen los arsenales, que no siempre cumplen órdenes de sus jefes, y que nos olvidemos del desarme.

A dónde va el Gobierno
Editorial ABC 26 Junio 2005

ENTRE los actos de fe que el presidente del Gobierno pide para sus informaciones confidenciales sobre ETA y la tangibilidad de los coches-bomba que los terroristas hacen estallar en Madrid, es lógico que los ciudadanos se sirvan principalmente de estos atentados para hacerse una idea sobre si los etarras tienen o no voluntad de dejar las armas. También para preguntarse a dónde nos está llevando el Gobierno socialista. El coche-bomba que ayer estalló en el estadio de La Peineta es el tercero que coloca ETA en la capital de España en este año y, al margen de otros propósitos criminales, parece evidente que esta cadena de atentados busca minar la elección de Madrid como sede olímpica en 2012. Éste es un móvil muy estimable por una organización terrorista que siempre busca dañar intereses nacionales (la economía, el turismo) y perjudicar la imagen de España. Un proyecto tan ilusionante e integrador como la candidatura olímpica de 2012 -que tiene en La Peineta una instalación clave de la infraestructura de los Juegos- no podía pasar inadvertido para los terroristas.

Esta vez el coche-bomba del estadio no ha ocasionado víctimas ni heridos, pero el dato no ha de ser la coartada para seguir dando por aceptable un terrorismo de intimidación y destrucción que no mata. Y hay quienes están cayendo en este tremendo error de alentar el cambio de política antiterrorista sólo porque ETA lleva dos años sin matar, algo que, hasta las declaraciones de determinados portavoces socialistas, los ciudadanos atribuían a la eficacia de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Es un error que, sustancialmente, sigue la senda de otros errores que han conducido a una situación impensable hace sólo un año, pero explicable a la vista de las temerarias apuestas que se están haciendo. ETA en Madrid pone bombas, da carrete a la confusión del Gobierno socialista, celebra la ruptura del Pacto Antiterrorista, jalea la derogación de facto de la Ley de Partidos, se recrea con la situación de las víctimas y del constitucionalismo vasco y administra la vida de los amenazados con indultos sectoriales. Y en Vitoria, gracias a EHAK, sucedáneo de Batasuna, ETA pone lendakaris y define la nueva legislatura vasca en sentido exactamente opuesto a lo que vaticinaban los estrategas socialistas para justificar la inhibición del Estado de Derecho frente a los comunistas de las tierras vascas.

Pese al optimismo declarativo, el fin de ETA no se encuentra hoy más cerca que ayer y el Gobierno debería ser consciente de esta realidad para rectificar cuanto antes y corregir el rumbo de su política sobre terrorismo. Es posible que el presidente del Gobierno haya recibido algún mensaje -quizás trucado- procedente de la izquierda abertzale y también que el resto de su discurso sea una mezcla de error inducido, interpretación inverosímil de la realidad de ETA y un voluntarismo optimista basado en su deseo de resolver la violencia terrorista. Los etarras también han constatado que, a pesar de seguir atentando, el Ejecutivo no ha modificado su disposición a dialogar, lo que es una contradicción con las declaraciones oficiales del Ejecutivo y la aprobada por el Congreso de los Diputados. Si unas y otra condicionaban el diálogo al cese de la violencia, el incumplimiento de la condición debe ser la retirada de la propuesta parlamentaria y de la oferta de diálogo. Su mantenimiento sólo alimenta la fuerza política de los terroristas, quienes, entre sus éxitos parlamentarios en el País Vasco y la aceptación de su violencia sin muertos en el proceso de negociación, se convencen cada día más de que no hay razones para entregar las armas ni declarar una tregua, simplemente porque no les hace falta para nada. Quizás el Gobierno haría bien en hacer un alto en esta ceremonia de confusión que está provocando y volver sobre sus pasos para recuperar aquel mensaje de unidad entre los demócratas que desean la derrota de ETA, a secas. Un mensaje que arrebataba toda esperanza a los terroristas para dársela a la sociedad española.

La estrategia del «es lo mismo»
Editorial ABC 26 Junio 2005

CON la reforma del Estatuto catalán como telón de fondo, el PSOE se afana en demostrar que el PP plantea modificaciones similares en las comunidades donde gobierna. Mientras el tripartito catalán sigue pasando su calvario interno con las pegas (constitucionales y de otro tipo) que el Instituto de Estudios Autonómicos, dependiente de la Generalitat, pone a las ideas del Gobierno de Maragall, la estrategia socialista pasa por dulcificar su reforma diciendo que es similar a la de los populares. Ya lo hicieron cuando se aprobó el proyecto de Estatuto de la Comunidad Valenciana -baldíamente, pues no tenía nada que ver- y ahora lo intentan con los planes que prepara Jaume Matas en Baleares. La prueba del nueve de que no es así la otorga, como revela el análisis que hoy publica ABC, el hecho de que la reforma balear se ajusta a las directrices del Consejo de Política Fiscal y la de Maragall y Carod-Rovira no lo hace. Mejor harían los socialistas en meditar sobre el camino emprendido, sobre todo en Cataluña, que en intentar homologar sus «propuestas» insolidarias y de concepto (para muestra, el modelo de financiación y la definición del término nación) con otras que se ajustan al esquema que los españoles acordaron en 1978.

Bajo chantaje
Editorial El Correo 26 Junio 2005

El solemne juramento con el que el lehendakari Juan José Ibarretxe daba inicio a su nuevo mandato quedó ensombrecido ayer por un coche bomba en Madrid, con el que ETA quiso reivindicar para sí los dos votos de EHAK que posibilitaron su reelección. Horas antes, la reaparición de la llamada 'kale borroka' en Vitoria y San Sebastián revelaba cómo la banda armada trata de compensar los efectos de su anunciada tregua parcial con la proliferación de atentados que realcen su presencia fáctica. Si además la bomba explota en el aparcamiento del estadio de La Peineta, a menos de dos semanas de que el COI elija la ciudad encargada de organizar los Juegos Olímpicos de 2012, a los que aspira la capital de España, el efecto desgarrador y dañino que siempre pretende el terror se ve multiplicado. Es probable que surjan voces dispuestas a tranquilizar, sobre todo a la opinión pública vasca, sugiriendo que tales hechos forman parte del preludio de cualquier 'proceso de paz'. Pero ésa es precisamente la argucia con la que los terroristas tratan de hacerse fuertes ante lo que se presenta como nuevo período político.

La mesa nacional de Batasuna adoptó la determinación de conceder a Juan José Ibarretxe los «votos necesarios» para que saliera elegido lehendakari con el objetivo de poder jugar a la 'triangulación' respecto al PNV y respecto al Gobierno socialista. De forma que ése es también el propósito que persigue el terrorismo al modular su chantaje, combinando el anuncio de que no asesinará a sus adversarios políticos con la continuidad de su coacción general. La mesa de diálogo patrocinada por Ibarretxe y su partido fuera del Parlamento -para así contar con la presencia de la ilegalizada Batasuna- se convertiría directamente en una conquista para ETA. Entre otras razones porque sería imposible concebirla más que como una concesión bajo amenaza y porque fuera de las instituciones autonómicas sería más fácil desvirtuar éstas y desprenderse definitivamente del Estatuto de Gernika. Frente a ello, la lógica implícita en la Ley de Partidos resulta, además de irreprochable desde el punto de vista democrático, una referencia ineludible para la acción política: bastará que ETA renuncie definitivamente al uso de la violencia para que la izquierda abertzale pueda incorporarse con absoluta normalidad al juego político regulado por las leyes constitucionales.

El discurso pronunciado por el lehendakari Ibarretxe ayer en Gernika, así como las declaraciones de los dirigentes de las distintas formaciones nacionalistas que secundaron su elección, continúan confirmando el propósito fundamental que albergan para la recién iniciada legislatura: procurar que la acción de gobierno se deslice cómodamente sobre el argumento de la pacificación. Así, la pacificación no aparece únicamente como un objetivo en principio loable. Resurge como la coartada perfecta para justificar no sólo una determinada manera de entender y en su caso alcanzar la paz, sino también para avalar toda decisión que adopten el PNV y sus aliados en cualquiera de los órdenes de la vida política vasca. Si ello no contara con antecedentes, tal consideración podría ser tachada de prejuiciosa. Pero a lo largo de los últimos años el comportamiento descrito ha pasado a formar parte del universo nacionalista. Cuando los argumentos abertzales se desvanecen frente a la contestación del no nacionalismo, es habitual que el nacionalismo eche mano de la paz para legitimar sus aspiraciones.

La 'triangulación' pretendida por la mesa nacional de Batasuna respecto al Gobierno de Rodríguez Zapatero y la coalición tripartita presidida por Ibarretxe representa el escenario perfecto para que la coacción terrorista sea capaz de imponer sus criterios con el señuelo de la paz. Tanto el partido de Imaz como el PSOE no pueden obviar sin más el enredo hacia el que tratan de empujarlos ETA y la izquierda abertzale; ni la ingenuidad ni la buena voluntad pueden ser excusa para hacer caer a las instituciones y a la propia democracia en las redes tejidas por la amenaza terrorista. Por eso mismo resulta urgente que, además de la consabida condena, ambos gobiernos eviten toda manifestación de voluntad que pueda coincidir, siquiera formal o parcialmente, con los propósitos del terrorismo. De poco sirve que se insista en la requisitoria a ETA para que desaparezca disolviéndose como banda criminal si, mientras tanto, hay responsables públicos dispuestos a ensayar fórmulas de aproximación hacia quienes ya han conseguido presentar su ineludible derrota como una oportunidad de victoria para la izquierda abertzale.

De expolios y rapiñas
Por Juan Manuel DE PRADA Abc 26 Junio 2005

HA reunido Gonzalo Santonja en su libro Museo de niebla (Ámbito) un inventario de los expolios y rapiñas sufridos por el patrimonio artístico de Castilla y León que arrebata el aliento. En vísperas de que se consume otro despojo más -el desmembramiento del Archivo de Salamanca-, la publicación de esta crónica atroz de latrocinios dibuja la cartografía de una tierra devastada por la avaricia. Desde aquella Desamortización de Mendizábal que se convirtió en excusa para el saqueo descontrolado hasta fechas relativamente recientes, Castilla y León ha sido objetivo preferente de la rapacidad de muy diversos filibusteros que, amparándose en la lenidad de autoridades civiles y eclesiásticas, se han aprovisionado de obras de valor incalculable. Muchos de estos filibusteros comparecen en las briosas páginas de Santonja, retratados con su perfil de maravedí: desde el millonario William Randolph Hearst, que desmontó piedra a piedra el monasterio de Sacramenia con la intención de amueblar su villa de recreo, hasta el coleccionista catalán Federico Marés, que con el fruto de sus razzias abastecería las salas del museo que hoy lleva su nombre en Barcelona. Museo de niebla alberga episodios trágicos y desalentadores que la brevedad de este artículo nos impide compendiar; sirvan como botón de muestra los dos que a continuación detallo, no exentos de ribetes chuscos.

A la conclusión de la Guerra Civil, el Palacio de la Moncloa, que había quedado como cibera, reclamaba una reconstrucción. Por aquellas mismas fechas, el Arzobispado de Burgos enajenaba al propietario de una fábrica de harinas el Palacio de Arcos de la Llana, en el Valle del Cabia, dos leguas al sur de Burgos, que en otras épocas había servido como residencia de prelados y que, para entonces, se había quedado sin uso. Pero el edificio, construido en el siglo XVI, no fue vendido en su integridad; antes se procedió al desmantelamiento de su esbelto claustro, cuyas columnas, arrancadas de cuajo y sin miramientos, fueron trasplantadas al Palacio de la Moncloa, para solaz de sus futuros inquilinos. La imagen de Rodríguez Zapatero, paseándose entre esas columnas entregadas como tributo al miles gloriosus que derrotó a su abuelo, mientras considera cuántos y cuáles papeles del Archivo de Salamanca entrega a la Generalitat, resulta enternecedora.

No menos tragicómico se nos antoja el destino de las joyas bibliográficas que albergaba la catedral de Ávila. En 1869, el ministro Ruiz Zorrilla decretaba la incautación arbitraria de archivos, bibliotecas y colecciones de arte de catedrales, monasterios y órdenes militares. Casi todos los gobernadores de la época se negaron a ejecutar tan grosero desvalijamiento, pero no así el de Ávila, que de inmediato mandó a sus sayones a apoderarse de la biblioteca catedralicia, entre cuyos fondos se contaban más de doscientos incunables y una Biblia del siglo XII, joya entre las joyas de los manuscritos románicos iluminados. Restaurada la monarquía, Alfonso XII sancionó en 1875, mediante decreto real confirmado por Cánovas del Castillo, la restitución de aquellos libros y códices a sus dueños legítimos, que sin embargo no fue ejecutada. Desde entonces, las reivindicaciones del cabildo de Ávila no han cesado, impidiendo así la prescripción de la causa. En 2004, el Ministerio de Cultura, indebido guardián de la mencionada Biblia, denegó su préstamo para la exposición abulense de las Edades del Hombre: el usurpador volvía, una vez más, a ningunear el derecho del propietario legítimo. ¿Se imaginan al Ministerio de Cultura denegando ese préstamo si la solicitud, en lugar de proceder de la recóndita provincia castellana, proviniese de Cataluña? Yo tampoco, yo tampoco.

Jarrai desarmado
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 26 Junio 2005

La Audiencia Nacional es un órgano judicial sin cuya existencia hubiera sido imposible avanzar en la lucha antiterrorista como se ha avanzado. Sus jueces de instrucción, sus fiscales, los magistrados de las Salas y el conjunto de su personal han sido, desde su constitución en 1978, una de las piezas claves en el combate contra ETA. Como tribunal especializado ha hecho una labor que nunca se habría podido llevar a término si, como defendían algunos, hubiéramos intentado combatir el fenómeno terrorista etarra con los jueces naturales. Algunos de los integrantes de la Audiencia Nacional han pagado con la vida o con graves lesiones el estar en primera línea frente a los terroristas. Otros tienen que vivir en condiciones de protección extrema para prevenir amenazas.

La gran mayoría de las resoluciones dictadas a lo largo de su historia han sido atinadas desde el punto de vista del Derecho o con los defectos propios de cualquier sentencia que, al final, corrige el órgano superior. La reciente sentencia dictada por la Sección Cuarta de lo Penal sobre las organizaciones juveniles del entorno etarra (Jarrai-Haika-Segi) parece la excepción a esta trayectoria de aciertos generales.

No es que no haya habido nunca resoluciones singulares que agredan al sentido común del ciudadano. Hace unos meses, por ejemplo, un juez de la Audiencia Nacional, a petición del fiscal de turno, dictó un auto de procesamiento contra una miembro del 'comando Donosti' por una serie de delitos cuya materialización (reuniones, reparto de explosivos, impartición de órdenes) se había producido cuando la acusada se encontraba encarcelada en Francia. Habrá que ver la cara que pondrán en su día las autoridades francesas cuando les llegue la petición de extradición de la etarra y comprueben que los hechos que se le imputan tuvieron lugar cuando ella se encontraba bajo custodia de esas mismas autoridades.

Más lejana en el tiempo, pero en la misma línea de inconsecuencia, está la condena al actual portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, por el secuestro de un empresario alavés, al mismo tiempo que se le absolvía de pertenencia a banda armada. Otegi, en consecuencia, actuó como un particular al cometer aquel secuestro asumido por ETA político militar.

Los malpensados creerán que la reciente sentencia del caso Jarrai-Haika-Segi es una consecuencia de la adaptación de la judicatura a los nuevos tiempos de 'distensión' que se estarían produciendo una vez que el Gobierno ha expresado públicamente su disposición a negociar con la banda terrorista. Algunos análisis que ponen el acento en que los dos años sin muertos (olvidando la serie de intentos fallidos) o la reciente decisión de la banda de apear de la lista de víctimas a los 'cargos electos' (habrá que ver si eso quiere decir a todos los políticos) significan gestos de buena voluntad de los terroristas, dan pie a los más recelosos a sospechar que la sentencia de la Sección Cuarta sea un intento de los jueces de hacer su propia aportación 'al proceso', tal como diría la izquierda abertzale.

Existen precedentes de actuaciones más benignas de la judicatura en épocas de 'distensión'. El diario 'Egin', hace ya muchos años, publicó una información en la que demostraba que el índice de sentencias absolutorias dictadas durante los meses que duraron las conversaciones de Argel era muchísimo más alto que el habitual. Más recientemente, durante la tregua etarra de 1998-1999, se produjo una inusual política judicial de concesión de libertades provisionales a presuntos etarras pendientes de juicio. No pocos de aquellos aprovecharon la excarcelación para darse a la fuga y a algunos todavía se les está buscando.

Entre 1993 y 1997, de un total de 347 detenidos en España por presunta vinculación con ETA, sólo 41 fueron puestos en libertad provisional tras comparecer ante el juez. Sin embargo, a partir de la declaración de la tregua de septiembre de 1998 y hasta mediados de agosto de 1999, fueron 90 los acusados que, tras haber ingresado en prisión, fueron puestos en libertad provisional bajo fianza. Las Gestoras pro amnistía tuvieron que abonar en ese tiempo fianzas que ascendían a 519 millones de pesetas, cantidad diez vez más alta que las registradas en otros periodos anteriores de igual duración.

Este conjunto de circunstancias llevaron al entonces líder de EA, Carlos Garaikoetxea, a declarar que los jueces eran los únicos que habían «reaccionado» a la tregua de ETA.

El anuncio de la Fiscalía de que tiene intención de presentar un recurso contra la sentencia de la Sección Cuarta, además de los efectos jurídicos propios de una actuación de este tipo, serviría para poner en evidencia que si ha habido algún tipo de ósmosis entre el optimismo reinante en algunas esferas y la Audiencia Nacional, no se trata de un proceso alentado desde el Gobierno.

En todo caso, resultaría inquietante que la aplicación de la ley dependiera del clima social o del ambiente periodístico de cada momento, como parecen poner en evidencia los episodios mencionados de 1989 y de 1999. Pero, de momento, no hay que dar por supuesto que esto haya ocurrido en el caso de la sentencia sobre Jarrai-Haika-Segi. A pesar de ello no deja de ser menos preocupante y hasta cierto punto paradójica. El Tribunal acepta la vinculación de Jarrai con ETA, la implicación del grupo juvenil -con sus diversos nombres- en la promoción de actos de violencia callejera casi desde su fundación en 1978, actos que han causado daños materiales y personales, pero descarta tipificar al grupo como banda armada porque no consta que utilizasen «armas de fuego de cualquier clase, bombas de mano, granadas, explosivos u otros instrumentos semejantes (...) con tal intensidad que pueda considerarse que se impide el normal ejercicio de los derechos fundamentales propios de la ordinaria y habitual convivencia ciudadana».

El argumento de la ausencia de armas, en primer lugar. Habría que saber qué habrán pensado, al leer eso, el ertzaina Juan José Ruiz Sagarna y sus cuatro compañeros de patrulla que el 24 de marzo de 1995 fueron atacados con 'cócteles molotov' cuando circulaban por la calle Xenpelar, de Rentería. El incendio provocado por aquellos artefactos abrasó a Ruiz Sagarna que estuvo entre la vida y la muerte y le dejó graves secuelas para el resto de sus días. Un disparo de pistola le habría causado a este agente muchísimo menos dolor y sufrimiento. Y como ellos otros muchos que han sido víctimas de los diversos artefactos explosivos e incendiarios utilizados por los protagonistas de la violencia callejera.

Entre 1991 y 2004, ambos incluidos, los grupos del entorno etarra han colocado 664 artefactos explosivos -caseros, eso sí- y han perpetrado otros 3.886 ataques incendiarios, unas veces mediante lanzamiento de 'cócteles molotov', otras mediante el simple vertido de combustible al que se prende fuego. Pero nada de esto parece ser considerado como armas.

La sentencia de Jarrai-Haika-Segi entra en conflicto con otras resoluciones de la Audiencia Nacional que han tipificado como actos de terrorismo las actuaciones de miembros de estos grupos, imponiéndoles severas penas. La sentencia que en el año 2000 condenó a Zigor Orbe, por ejemplo, establece que reclamar el acercamiento de los presos mediante la violencia es un delito de terrorismo, el mismo que les costó una pena de diez años de cárcel, en 1993, a dos hermanos que lanzaron un 'cóctel molotov' contra una estación de Renfe en Bilbao. Los seguidores del grupo juvenil que aplican sus consignas incurren en delito de terrorismo, pero la organización que da la orden, establece los objetivos y los procedimientos no es considerada como grupo terrorista.

En segundo lugar, el argumento de la intensidad de la violencia callejera. Que no ha sido suficiente, dicen los magistrados. Desde 1990 hasta 2004 han sido 7.020 los actos de violencia callejera registrados, casi 1,3 diarios, con un saldo de más de quinientas personas heridas (en los últimos once años) y pérdidas económicas con un coste suficiente para comprar dos o tres Guggenheim nuevos. Pero no sólo eso, desde 1993 se han cometido casi 950 ataques de violencia callejera contra los adversarios ideológicos de los terroristas: sedes de partidos y sindicatos democráticos, cargos públicos, domicilios particulares, coches, negocios de militantes de estas formaciones o de sus familiares, instalaciones y equipos de los medios de comunicación. Todos estos ataques sectarios tienen como objetivo intimidar, limitar los derechos democráticos de los afectados e, incluso, provocar su fuga del País Vasco. Pero a los magistrados de la Sección Cuarta no les parece que un ataque sectario cada cuatro días tenga intensidad suficiente.

El ave fénix, Félix el Gato e Ibarretxe
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 26 Junio 2005

SEGÚN la mitología egipcia, el fénix era un ave legendaria que, tras arder en una hoguera, renacía al fin de sus cenizas. Recreando el mito egipcio, un irrepetible presidente del club de fútbol Compostela confundió en uno de sus días inspirados al ave fénix y al Gato Félix (¿recuerdan?: «el único, único gato que hará reír»... etcétera), lo que, el fin y al cabo, no estaba tan mal como pudiera parecer a simple vista, pues, ¿no tienen los gatos siete vidas?

Es difícil saber, en todo caso, si el renacimiento del Ibarretxe soberanista, al que acabamos de asistir, es ave o gato. Incluso pudiera ser -ya lo veremos- que viniese a resultar gato por liebre. Pero, de momento, y a falta de ulteriores concreciones, lo que conocemos llega ya para afirmar que se equivocaron por completo quienes, con gran volutarismo, dieron por supuesto un cambio de rumbo del PNV tras el resultado de las elecciones celebradas en Euskadi.

Algunos -quien esto firma, por ejemplo- afirmamos tras conocer esos resultados que Ibarretxe acabaría antes o después en manos del Partido Comunista de las Tierras Vascas, última transubstanciación de Batasuna. Otros -entre ellos el presidente del Gobierno- se cansaron de proclamar que tras las elecciones vascas todo sería diferente y que el cambio había llegado al fin a Esukadi de la mano de un curioso resultado electoral que debilitaba al PNV a costa de fortalecer a Batasuna.

Pues bien: con toda claridad, no ha sido así. Ibarretxe desgranó el miércoles ante el Parlamento de Vitoria un programa para su investidura que recoge todos y cada uno de los elementos definidores de su alternativa soberanista para Euskadi: libre adhesión con España, irrendentismo sobre Navarra y el País Vasco francés, derecho de autodeterminación del pueblo vasco, mesa de partidos sin exclusiones para solucionar «el conflicto» , y consulta popular en referéndum.

Con ese programa fue elegido Ibarretxe lendakari al día siguiente y con ese programa ha formado un Gobierno que es una fotocopia del que estuvo en funciones durante las últimas semanas. Como el ave fénix, Ibarretxe renace sobre las cenizas de su plan de independencia, con un programa de gobierno que podría desembocar en un delirio similar. Y como el Gato Félix, el Ibarretxe soberanista demuestra tener más de una vida, dado que la futura se anuncia tan soberanista como la que acaba de vivir.

Lo que podremos saber
PEDRO ARIAS VEIRA La Voz 26 Junio 2005

RUBALCABA anunció en vísperas electorales un gobierno socialista para colmar las ansias de saber del pueblo. Sería la alternativa de cambio al mentiroso saliente. Después Zapatero puso a los sabios a trabajar; parieron un inocuo dictamen sobre el futuro de la televisión, y ahora ha llegado el momento de la verdad. Prisa, el grupo mediático más importante de España, la madre de todas las batallas políticas de este país en almoneda, tendrá su canal de televisión a la carta. Todas las demás regulaciones son asunto menor. Qué importa que al director de la TVE lo nombre el Ejecutivo reforzado con su mayoría parlamentaria y que se inmiscuya a los sindicatos en el control de la caja tonta. Seguirá perdiendo audiencia y dinero como un insaciable agujero negro al servicio de la vanidad de los necios. Lo que cuenta es la fuerza combinada de prensa, radio, televisión, editoras y productoras de toda índole. Prisa es el único grupo que se atreve a denostar falazmente a otros medios de comunicación; es también la cantera de los estrategas de los actuales canales públicos y también la espada de Damocles de cualquier ciudadano en cualquier circunstancia. Zapatero le premia su imprescindible y decisivo apoyo para consagrarlo como el rey del talante, frente a la demonización de sus competidores como los culpables de los males de la patria. Mi reino a cambio de un ciudadano Kane, sopesó el presidente accidental; no ha dudado ni un instante.

Los progresistas, la izquierda en general, verán reforzada su visión políticamente correcta de la marcha de la historia, en la que figuran como vanguardia oficial de la razón. Incluso los conscientes del ventajismo mediático lo ven como un mal menor frente a una estereotipada oposición, simplificada como españolista, meapilas, montaraz, trincona e intransigente. Pero el maniqueísmo sólo funciona desde la pereza mental. Hay alternativas, otras vías humanas e intelectuales, otro caminar en la vida posible más allá del adoctrinamiento. Nunca sabremos lo que podemos llegar a ser y a pensar -individual y colectivamente- si privilegiamos un nuevo Gran Hermano, más sutil e interiorizado que el de Orwell, que imponga lo blanco y lo negro como los únicos colores posibles en el escenario público o privado. Como tenemos que ganarnos la vida atendiendo las demandas productivas, cotidianas y sencillas, de los demás, necesitamos que otros nos ayuden a vernos como somos desde la profesionalidad y el rigor, sin manipulaciones ni distorsiones. Sin un panorama plural y competitivo de medios de comunicación no habrá democracia real, careceremos del presupuesto básico de la opinión fundada en la información construida con veracidad y no podremos pensar más que lo que quieran que pensemos. Es el desiderata del nuevo pensamiento único. Y esta vez nos llega desde la aparente inanidad del talante abierto y deliberativo. Hay que volver a las trincheras de la resistencia. Quizás esto sea el eterno retorno.
¿Era ese el gran cambio que algunos anunciaron? ¡Pues vaya cambio! Si todos los que nos esperan en la esfera de la cuestión territorial son por el estilo, estamos aviados. Y ello por más que el presidente del Gobierno se empeñe en ver lo que no existe o en no ver la realidad.

Recortes de Prensa   Página Inicial