AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 27 Junio 2005
Irán, el Corán y la democracia imposible
Por Luis Ignacio PARADA ABC 27 Junio 2005

ETA y la agenda
GERMÁN YANKE ABC  27 Junio 2005

El Estilo Zapatero, antes Talante
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Junio 2005

Las reglas del juego
José García Domínguez Libertad Digital 27 Junio 2005

El lehendakari en su ciénaga
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 27 Junio 2005

La burla batasuna...
Editorial ABC 27 Junio 2005

...Y la kale borroka
Editorial ABC 27 Junio 2005

Argumentos cíclicos
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 27 Junio 2005

Razones de la pervivencia de la ETA
Pío Moa Libertad Digital 27 Junio 2005

Las dos caras del 11-M
J. L. LORENTE ABC 27 Junio 2005

Irán, el Corán y la democracia imposible
Por Luis Ignacio PARADA ABC 27 Junio 2005

NADA más ganar la segunda vuelta de las elecciones, el nuevo presidente de Irán, el ultraconservador, populista y defensor de los valores islámicos Mahmud Ahmadineyad se ha comprometido a hacer de Irán una democracia moderna, avanzada e islámica. Es como si hubiera afirmado que se propone hacer espuma de jabón con residuos de plomo. El imprevisto triunfo de su candidatura confirma la reconquista de todos los órganos de poder en Irán por parte del sector más integrista, fiel de la revolución del ayatolá Jomeini. Y eso es incompatible con la democratización del país, ya que incluye la aceptación de la sharia.

El Parlamento y el Gobierno, los únicos órganos electivos del régimen iraní que durante los últimos ocho años han estado en manos de políticos reformistas, han sido reconquistados por el entorno más próximo del sucesor del ayatolá Jomeini, que ostenta todavía y de modo vitalicio su cargo de máxima autoridad política y religiosa y dirige personalmente los auténticos centros de poder en el país: las Fuerzas Armadas, la Policía, los jueces, la radio y la televisión.

Según Freedom House, una organización de estudios políticos que elabora un ranking de democracias en el mundo, hay 71 países que no pueden considerarse auténticamente democráticos. Casi la mitad de ellos tienen mayorías islamistas y en su legislación civil y penal siguen las enseñanzas de la sharia, que no ha sido nunca derogada, salvo en su vertiente mercantil porque prohíbe la existencia de las Bolsas de valores. No hay democracia posible donde la religión dice que los hombres están un grado por encima de las mujeres y la sharia, frente al propio Corán, admite la pena de lapidación por adulterio. El resurgimiento del fanatismo político y místico impuesto por dirigentes religiosos no podrá evolucionar nunca hacia la democracia. Porque la sharia se administra como un ejercicio de poder ignominioso incluso en contradicción con las enseñanzas religiosas en las que dice apoyarse.

ETA y la agenda
GERMÁN YANKE ABC  27 Junio 2005

La política está llena de tópicos y muchos son falsos. Entre ellos, esa fórmula retórica según la cual ETA no debe condicionar la agenda política ni se debe responder a sus pronunciamientos. La acabamos de escuchar -y padecer- tras el escandaloso comunicado en el que terminan por relacionarse el hipotético final del Pacto Antiterrorista con el «perdón» de los terroristas a los políticos electos. La decisión de ETA se corresponde muy bien con sus objetivos totalitarios y si el Gobierno pretende contemplarlos de escorzo, o como si el asunto fuera un estadio camino de la paz, no solamente vamos aviados sino que, también, nos deslizamos hacia la indignidad.

Es una soberana tontería pensar que los terroristas son unos locos que actúan ilógicamente, buscando sólo la muerte en una carrera sin sentido. Son perversos, no hay duda, porque la violencia está en la entraña de la ideología totalitaria que sostienen, pero no imbéciles, ni dementes. «No hay manera de meterse en la mente del terrorista», se oye decir de vez en cuando. Pues sí, sí hay manera, y no está de más saber lo que ocurre en ella si se quiere combatir el terror de modo eficaz. Como hemos vuelto a comprobar este fin de semana, no se busca la muerte por la muerte, en un sinsentido amorfo, sino que se pretende, con la violencia y la amenaza, con el terrorismo armado o no, el desistimiento de los ciudadanos para que el totalitarismo triunfe. Si se dice que no se va a atentar en Cataluña no es un premio, sino un modo vil de pretender que, para conseguir esa «tranquilidad» (¿no se hablaba en el franquismo de «la paz de los cementerios»?), se ceda en toda España. Si se elimina a los políticos de los objetivos de la banda, se busca lo mismo entre el resto de ciudadanos.

Parece burdo, y seguramente lo es, pero no por ello resulta absurdo. La falta de reacción institucional es el primer logro y sin duda resulta un triunfo para los terroristas la declaración escalofriante de que «algo se mueve en el entorno de ETA» cuando no han cambiado un ápice ni las metas ni los métodos de la banda. Reaccionar ante esta nueva y vergonzosa manifestación de la barbarie no implica aceptar que ETA condicione la vida política ni establecer una suerte de diálogo con ella. La reacción, naturalmente, implica palabras, declaraciones, condenas, pero palabras con sentido, con contenido político y civil.

Es espeluznante esta suerte de indignante perdón a los políticos electos porque revela aún más claramente si cabe que la amenaza general, la estrategia de desistimiento buscada por el terrorismo. Si ETA pretende dar carta de naturaleza, y establecer escalofriantes consecuencias, al final del Pacto, era de esperar que sus firmantes se apresuraran a convocarlo, a reafirmarlo, y a renovar y ampliar la política antiterrorista que de él se desprende. Si ETA quiere hacer perversos distingos entre ciudadanos, era de esperar que fueran precisamente los electos los que mostraran su obligada solidaridad con los demás sosteniendo, en la política cotidiana, que la paz no es precisamente la ampliación paulatina de su actual situación, sino la derrota de los terroristas que, en un Estado de Derecho, no es otra que su detención y puesta a disposición de la Justicia.

Si se calla, aunque a algún tonto pusilánime parezca paradójico, se convierte a ETA en interlocutor. Si no se hace nada es cuando ETA determina la agenda y la política. Y en esas andamos...

El Estilo Zapatero, antes Talante
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Junio 2005

Por lo visto, Zapatero no sabe ganar unas elecciones si no es por accidente, bajo sospecha o plagadas de irregularidades morales, políticas y hasta legales. Las gallegas no podían ser una excepción, y no lo están siendo. Ya el nombramiento meses antes de los comicios de un embajador-comisario, el tristemente célebre Cortizo, para controlar el voto de la emigración gallega anunciaba lo peor. Y lo peor, que en Zapatero es lo corriente, se cumplió. Cortizo, desmintiendo su condición de embajador del Reino de España, ha participado en mítines de partido, por ejemplo en Argentina, donde para pedir el voto al PSOE llegó a ofrecer visados y agilización de papeles. Y menos mal que no se le ocurrió prometer la nacionalización española de toda la Liga de fútbol argentina, porque en ese caso habría mayoría absoluta no ya de Touriño sino de Pepiño Blanco, que además sería el próximo presidente del Celta de Vigo.

Se auguraban reñidas las elecciones y se barruntaba que el voto emigrante podía ser decisivo. Así ha sido. Por eso mismo no es de extrañar que los socialistas recurran al manual de malas artes, trampas, trampillas y trapicheos paralegales. También es curioso, pero no sorprendente, que sean los votos de Venezuela, el paraíso de Chávez, los que se hayan convertido en objeto de controversia. También es llamativo que sea la Junta Electoral la que ayude al PSOE en Pontevedra dando por ilegales unos votos que llegaron el 19 a España, señal evidente de que no pudieron emitirse más tarde del 18, que es la fecha límite para votar. Desconozco la letra grande y la letra pequeña de la legislación electoral, pero me atengo al sentido común esgrimido por Acebes para pedir la convalidación de esos votos. Temo que con la esgrima nos quedaremos todos. El PSOE quiere rematar la faena cuanto antes, no sea que sigan llegando votos y gane Fraga. El comisario Cortizo ha pasado el fin de semana deslegitimando el voto por correo, en términos que harían palidecer a Fidel Castro denostando la democracia burguesa. Ya se sabe que democracia es cuando gana el PSOE. Cuando no gana, es atropello, trampa, caciquismo, pucherazo o ruido de cheques. Hasta ahora la Derecha creía que le habían robado las elecciones del 14M. Si ahora pierde Fraga puede creer que el hurto continúa. Lo que no decae es el estilo Zapatero, antes llamado talante: ni una elección sin escándalo, ni un escándalo que no se justifique en una elección.

Carod
Las reglas del juego
José García Domínguez Libertad Digital 27 Junio 2005

La gran foto que ocupa la portada aunque reveladora no acaba de delatar el contenido del libro. Los mofletes hinchados cual globos en día feria; el mostacho encubriendo los labios prietos, crispados, exhaustos al no poder contener por un segundo más el cautiverio de unas caries amotinadas que exigen luz y taquígrafos; la papada, tan desbordante como engallada, en rebeldía abierta contra el primer botón de la camisa; el entrecejo, agrietado en cien cordilleras; y esos ojillos de tahúr del Llobregat, contraídos al límite por el supremo esfuerzo, al punto que el observador no adivinará si la amenaza cierta que anuncia esa pose de Fumanchú es de implosión, de explosión o si, por el contrario, no augura más que prosaica deyección.

Averiguar el propósito verdadero del que así se retrata exigirá del curioso abrir el volumen por una página cualquiera, al azar. Y leer, por ejemplo, lo que sigue: “Me imagino la sensación de hilaridad que se habría producido si, cuando yo mantenía aquellas conversaciones”, se refiere a Perpiñán, “hubiera dicho que las sostenía en nombre de España. La perplejidad y las risas todavía no se habrían acabado”. Entonces se comprende. Carod Rovira únicamente luchaba consigo mismo por contener otra carcajada antes de que estallase el flash. Sólo era eso.

Cuando se ríe, debe recordar lo que cuentan los zoólogos marinos sobre la memoria de los peces –juran que no dura más de tres segundos–. Seguro que es así. De ahí esas guasas irreprimibles. El domingo, en La Peineta, la Eta mandó otro recado a Zapatero: “te tienes que espabilar”. Y, tres segundos más tarde, saltaba nuestro hombrecito mandando al Partido Socialista que permanezca quieto y callado ante lo que haya de acontecer. Ha ocurrido como siempre. Porque siempre se sucede idéntica rutina: la Eta tose, y Carod comienza a dictar inmediatamente órdenes ante una pecera repleta de besugos. E, igual que siempre, todo estaba ya en algún libro, en ése de la risotada anunciada. E, igual que siempre, de nada servirá, porque la memoria de los peces que se muerden la cola permanece inmutable: tres segundos, ni uno más.

Así, escribía él medio año antes del 11-M, cuando absolutamente nadie dudaba de la victoria por mayoría absoluta del PP en las elecciones: “(si el PP perdiera). Eso podría posibilitar un escenario en el que la investidura de un de un presidente socialista sólo fuera posible a partir de un pacto de Estado de verdad. Un pacto que permitiese, con todas las fuerzas autodeterministas del Estado juntas, sumar una mayoría y que en el paquete de un nuevo marco institucional entrase la solución del conflicto vasco”. Y remachaba con clarividencia premonitoria: “Nosotros estamos hablando de un pacto de Estado; de si hay alguien que tenga el coraje para hacer un pacto con los partidos democráticos progresistas de la periferia plurinacional del Estado para cambiar las reglas del juego”. Buscaba una sardina en un pajar. Y se la encontraron.

El lehendakari en su ciénaga
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN ABC 27 Junio 2005

SI algo demuestra la insoportablemente lenta elección del nuevo lehendakari es que la política vasca se parece, más que nada, a una ciénaga en la que chapoteamos agotados, sin la fuerza necesaria para despegarnos del légamo. Insensible al aburrimiento de la opinión pública, el Parlamento vasco ha procedido no tanto a la elección del presidente de una comunidad política de ciudadanos como a la entronización del batracio principal -con perdón- de una charca estanca e inoperante.

Los analistas políticos y los portavoces de los partidos -distinción que tiende a esfumarse- especulaban con que la elección del nuevo lehendakari -o mejor, la repetición del sempiterno- aparecía envuelta en las brumas de la incertidumbre. ¿Conseguiría Ibarretxe los 34 votos necesarios para superar los 33 de un constitucionalismo más dividido que nunca? ¿Prepararía Patxi López la sorpresa de una retirada de última hora? ¿Daría María San Gil sus valiosos votos al despectivo candidato socialista? ¿Y las Nekanes comunistas de la tierra, y Madrazo, y la Aintzane de Aralar, qué harían?

Filfas nada más. No había la menor incertidumbre. Hace mucho que la política vasca no produce un hecho realmente novedoso. Quizá por eso la chismografía ha suplantado a la información sobre los hechos. ¿Quién iba a creer seriamente que alguien distinto a Ibarretxe podía salir lehendakari? Ni siquiera Zapatero esperaba nada de un Patxi López que, pese a sus aires de grandeza, sólo cuenta con dieciocho votos seguros sobre setenta y cinco. Todo ha ido tan trillado que incluso las «comunistas de la tierra» han copiado la jugarreta de Arnaldo Otegi con el Plan Ibarretxe, pero sin sorprender. Le han cogido gusto a lo de votar gobiernos impotentes cogidos por donde más duele, y ahí van a seguir, gracias a jueces con problemas de visión y a políticos puramente oportunistas.

En fin, el Parlamento vasco ha elegido la repetición de curso, nombrando a un presidente clónico de sí mismo, perdedor de las últimas elecciones tras el órdago de un plebiscito que nació muerto, cautivo de los votos prestados por un partido sosias que suplanta a otro ilegal, pero menos. Ibarretxe formará un gobierno como el de la anterior legislatura: campeón del disparate y paralizado por la carencia de mayoría suficiente. No logrará aprobar los presupuestos ni sacar adelante una sola ley que rechace la oposición, salvo si la apoya Batasuna; la única incógnita es cuánto durará.

Sin embargo, algo se ha movido. La votación ha implicado el deslizamiento de cada partido hacia las posiciones de su rival inmediato. Ibarretxe anuncia la creación de una mesa de partidos con inclusión de Batasuna, que no es otra cosa que la llamada Propuesta de Anoeta; Patxi López hace suya, como programa, la moción de diálogo con ETA si abandona la violencia que el Congreso aprobó con banal solemnidad y, a pesar de los fracasos anteriores, busca acercarse al nacionalismo para disputarle el voto; María San Gil anuncia que votará a Patxi por coherencia, que no por coincidencia, y ciertamente no podía hacer otra cosa, pero el PP ha tenido que hacer una elección que le implica en tabúes como la reforma estatutaria. Todos los que cuentan parecen arrastrados a lugares donde preferirían no estar. La única incógnita real es qué pasa dentro de ETA -porque algo pasa; no confundamos firmeza con ceguera-, y el hecho de que Ajuriaenea no pinta mucho en todo esto. El PNV (y EA, mera cantera de consejeros esperpénticos) parece por el momento abocado a mirar en la partida, vital para ellos, que juegan otros.

Ibarretxe nunca ha gobernado a sus anchas; todo su talento político ha consistido en conseguir que se olvide esa impotencia ofreciendo diversas distracciones malabares. Ahora ni siquiera tiene en sus manos la duración de su probable última presidencia; EHAK le dejará caer cuando convenga, y eso significa que pasa a depender de los intereses socialistas.

Una de las alternativas con más apoyos en el PSOE es un futuro gobierno de coalición con el PNV en posición subordinada: como los gobiernos de Ardanza, pero al revés. Ahora bien, ese matrimonio de conveniencia, querido por las fuerzas vivas y la mayoría social vasca porque suena tranquilizador, sólo sería posible bajo dos condiciones: un avance creíble del desarme terrorista y la renuncia al Plan Ibarretxe. Dos cosas difíciles, aunque no imposibles. La primera, porque pone en manos de los terroristas la gobernabilidad del País Vasco, incrementando su capacidad de chantajear. La segunda, porque el PNV no tiene ningún recambio para el soberanismo. Y antes además, y no se sabe cómo, los socialistas deberían sumar más votos que el PNV. Respecto al PP, pese a las malas relaciones con un PSE taimado, podría ser el árbitro del partido, pero se la está jugando con ciertos excesos de retórica apocalíptica e indignación impostada que pueden enajenarle muchos apoyos liberales trabajosamente conseguidos en el País Vasco.

Lo seguro es que el nuevo gobierno vasco no será otra cosa que una balsa a la deriva, maniobrando para colar otro Plan aberrante. Un panorama decadente que, sin embargo, ofrecería una oportunidad histórica a un partido constitucionalista con principios e iniciativa, con capacidad para entender los cambios en curso e implicarse en ellos. Creíamos tener esa joya en la combinación PP-PSE; fracasó por los pelos y nada mejor ha ocupado su lugar. El relativismo sin fronteras de unos y el numantinismo ensorbecido de los otros han echado al constitucionalismo de amplio espectro que ofrecía la única esperanza plausible de acabar con ETA sin pagar precios políticos. El nacionalismo, incruento o violento, siempre ha explotado la debilidad y las divisiones ajenas. Y como lo último no parece que tenga remedio a corto plazo, ya que hay intereses de otro tipo, me temo que tengamos rana lehendakari para rato.

La burla batasuna...

Editorial ABC 27 Junio 2005

URGE que los poderes ejecutivo y judicial terminen con la presencia activa y creciente de Batasuna, un grupo ilegalizado por ser instrumento terrorista en al menos una veintena de ayuntamientos del País Vasco, de lo cual hoy informamos en páginas de Nacional. Aún no se les da voto, pero su voz se deja escuchar en los plenos y las comisiones municipales, en una suerte de presencia paralegal. Mientras, el partido de Otegi sigue organizando manifestaciones, sin que al fiscal general se le haya ocurrido ordenar la apertura de diligencias. La «doctrina Atutxa» -no darse por enterado de las resoluciones de los tribunales- sigue haciendo furor en el País Vasco. Era previsible la pasividad del PNV, pero no la del Gobierno socialista, que asiste cual tancredo a cómo la ley se hace añicos en algunos consistorios.

...Y la kale borroka
Editorial ABC 27 Junio 2005

CADA vez parece más claro el rebrote del terrorismo callejero en el País Vasco, pues ya no hay madrugada que no conozca un ataque con «cócteles molotov». Anteayer contra la subdelegación del Gobierno en Vitoria y un edificio del Ejecutivo autónomo, y ayer contra las instalaciones de la Cope en San Sebastián. Minusvalorar las «actividades» de los «cachorros» de la banda y su condición de elemento esencial de la actividad criminal de ETA suele generar estos envalentonamientos, a los que sin duda coadyuvan sentencias tan erradas como la dictada por la Sala Penal de la Audiencia Nacional en el «caso Segi». Por eso es tan importante no desfallecer en la persecución de esta trama juvenil, ni proyectar una imagen de impunidad sobre quienes, además de instalar el terror a pie de calle, han surtido a ETA de pistoleros.

Argumentos cíclicos
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 27 Junio 2005

Tienen (los miembros de ETA) más prisa que nunca porque tienen quinientos presos que presionan mucho, porque su capacidad operativa se ha reducido considerablemente, porque su situación internacional es angustiosa, porque la unidad democrática en España y en Euskadi, especialmente, es inmensa, porque su marginación social en Euskadi es cada vez mayor ( ). Hay muchos, digamos, 'listos' en la dirección de ETA que están reivindicando una salida cuanto antes y por eso están trayéndonos cada día el señuelo de la negociación próxima». El autor de la frase apostillaba que cualquier referencia a un posible diálogo entre el Gobierno y ETA no era más que un «soporte propagandístico» de la banda terrorista «porque lo necesita».

La frase no ha sido pronunciada por ningún miembro del PP opuesto a la política del presidente del Gobierno. Todo lo contrario. El autor es un destacado dirigente socialista que avala sin fisuras las decisiones de José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que ocurre es que la declaración no es de ahora, sino de hace quince años, de algunos meses después de la ruptura de las conversaciones de Argel.

Frases como ésta ponen de relieve el carácter cíclico de la política antiterrorista, de la repetición de los argumentos y de las estrategias según los intereses ocasionales de los dirigentes del momento, haciendo más caso a las corazonadas que a las lecciones de la experiencia y de nuestra propia historia. Los mismos argumentos que hace quince años se utilizaban para defender que no se dialogara con ETA son los que ahora se invocan para lo contrario: la banda está más débil que nunca, los presos -ahora son 700 en vez de 500- presionan para el abandono de las armas, la situación internacional es insoportable, su capacidad operativa está bajo mínimos y el rechazo social, por contra, es más fuerte que nunca Lo mismo que entonces, pero empleado en sentido contrario por las mismas personas.

Ocurre que la banda tiene sus propios planes, que tiene una línea de actuación definida para varios años vista y no la va a cambiar con facilidad. Hará modulaciones en función de sus intereses, pero nada más. En esa línea de actuación no entra, hoy por hoy, tirar la toalla por el hecho de estar débil, ni abandonar las armas a cambio de la generosidad del Gobierno. Su objetivo sigue siendo la independencia y la unidad política de los territorios que reclama el nacionalismo. Su objetivo no es la paz, sino la victoria política.

Atentados como el cometido el sábado en Madrid no buscan mejorar un poco las condiciones del abandono de las armas, sino que pretenden imponer la aceptación íntegra de sus reclamaciones políticas, las de siempre, las de toda la vida. Sólo cuando las hayan conseguido, considerarán innecesarias las armas.

Razones de la pervivencia de la ETA
Pío Moa Libertad Digital 27 Junio 2005

No es posible que el gobierno, por mucha estupidez que quiera atribuírsele, ignore el beneficio extraordinario que sus medidas traen a los asesinos

Es fácil ver que la pervivencia de la ETA a lo largo de casi cuarenta años ha dependido de dos factores esenciales: su enraizamiento en una minoría significativa de la sociedad vasca, y la vasta red de complicidades morales y políticas de que se ha beneficiado. Ambos factores van juntos, pues esa red cómplice ha contribuido al arraigo de la ETA, y éste a justificar las complicidades. En Una historia chocante expuse el caso: la ETA nació como uno de tantos grupos empeñados en hablar de lucha armada, pero a los que nadie tomaba en serio. Ello cambió de golpe cuando empezó a matar. De repente encontró la cálida comprensión, admiración o ayuda, o todo junto, de casi toda la oposición antifranquista, de la parte peor, pero no la menor, del clero vasco y de otras regiones, de la prensa progresista española, como indicó en su momento Juan Tomás de Salas, y de los gobiernos francés, cubano o argelino y otros,

A primera vista sorprende esta amplísima solidaridad con un grupo que se proclamaba jactanciosamente totalitario, terrorista (eufemísticamente: practicante de la "lucha armada") y antiespañol ("no somos antifranquistas, sino antiespañoles", aclararían en más de una ocasión). Sorprende porque estos súbitos amigos de la ETA solían proclamarse, en su mayoría, demócratas, pacíficos y, por lo menos, no enemigos de España. ¿A qué obedecía su actitud? Quizá debamos recordar que la oposición y mucho del clero llamado progresista tenían de demócratas lo que los comunistas, es decir, nada. Rechazaban el franquismo pero aspiraba a terminar imponiendo en España una dictadura de tipo marxista, ruinosa y enormemente más dura que la de Franco. La oposición al dictador fue muy mayoritariamente comunista, e incluso cuando no lo era giraba en torno a montajes del PCE, el cual sólo había renunciado a la violencia tras fracasar en la reanudación de la guerra civil mediante el maquis. Una oposición así no podía reprobar el terrorismo, salvo si le perjudicaba de modo muy directo. Pensaba más bien que los idealistas obtusos de la ETA harían un conveniente trabajo sucio, del cual sacaría ella las rentas.

Los apoyos de las dictaduras argelina o castrista no precisan explicación. Pero el más efectivo llegó a la ETA de la democrática Francia, proporcionando a los pistoleros un seguro y cálido refugio también después de Franco. París obró así menos por aversión a una dictadura que por debilitar a España, una constante en su política exterior. Hemos vuelto a apreciarlo en la crisis de Perejil.

Con esas colaboraciones, la ETA llegó a la democracia con un aura de heroísmo, un heroísmo ausente en casi todos los demás antifranquistas. Nada de raro: según tesis aún difundidas, los terroristas habían abierto el paso a la democracia con el asesinato de Carrero Blanco. Esa idea ha sido defendida siempre, con claridad o disimulo, por El País, el órgano más influyente de ese extraño conglomerado que podríamos llamar "antifranquismo de después de Franco", y por su inspirador ideológico, Juan Luis Cebrián. Éste ni siquiera se había opuesto a la dictadura, en cuyos aparatos había sabido medrar notablemente, para, en el posfranquismo, dedicarse a otorgar títulos de demócrata. Tales "demócratas" miraban a la ETA con respeto y gratitud, pese a haberse vuelto tan molesta. Había que negociar con ella un acuerdo entre personas decentes para terminar con unos asesinatos ya "innecesarios". Por supuesto, la complicidad de grupos como el PNV iba mucho más allá, pero con el mismo fondo argumental: la ETA no era una banda de delincuentes, expresaba un "conflicto político" o "histórico" nacido de la opresión española en general y franquista en particular, y sus miembros tenían mucho de luchadores por la libertad, aun si equivocados en sus métodos.

Esta mentalidad convertía el crimen en una forma (y muy esperanzadora) de hacer política. Edurne Uriarte lo ha descrito muy bien en Cobardes y rebeldes. Por qué pervive el terrorismo: "La lucha policial queda cuestionada porque los terroristas saben que el Estado mantiene entre sus alternativas la de la negociación. Los terroristas saben que una estrategia adecuada por su parte provocará esa negociación. Mantienen la iniciativa en todo momento. Interpretan que el Estado les otorga el rango de enemigo, con el que caben las conversaciones y la negociación, es decir, la consideración que merecen es exactamente la que los etarras desean, la de un grupo armado con objetivos políticos y capacidad militar". La pervivencia de la ETA ha dependido de forma muy destacada de este talante, formado en el franquismo.

Semejante confusionismo podría considerarse inevitable en la Transición, pero tras tantos años de experiencia no puede quedar confusión alguna, y debe hablarse de complicidad o colaboración. Nótese hasta qué punto ha persistido el talante mencionado: los partidos tardaron más de diez años en acordar una política sólo a medias antiterrorista, pero al menos común, el Pacto de Ajuria Enea; luego esos mismos partidos, en particular el PNV, sabotearon el pacto y terminaron liquidándolo en obsequio de los etarras; y sólo en el 2000, después de 32 años de crímenes, se firmó un Pacto Antiterrorista real, con exclusión del PNV. En él, ¡por primera vez!, se planteaba la lucha anti ETA como lucha contra un tipo de delincuencia, excluyendo definitivamente al asesinato como forma de hacer política. Y dio los mejores frutos, con diferencia hasta la fecha, acorralando a la banda etarra.

Ese pacto fue muy pronto desvirtuado por el PSOE, y echado finalmente abajo en aras de una abierta colaboración con los etarras para lograr, dicen, "la paz". Algunos ingenuos atribuyen ingenuidad al gobierno por caer en tal trampa. No es posible que el gobierno, por mucha estupidez que quiera atribuírsele, ignore el beneficio extraordinario que sus medidas traen a los asesinos. Si mantiene esa política se debe a que entiende los principios democráticos y la unidad de España –o el patrimonio cultural en el caso de los papeles de Salamanca- como mercancías de trueque en su juego de poder con "un grupo armado con objetivos políticos y capacidad militar". Un país como España ha pasado a estar bajo el poder de unos demagogos tercermundistas.

Las dos caras del 11-M
J. L. LORENTE ABC 27 Junio 2005

MADRID. El Pleno del Congreso votará el próximo jueves el dictamen final de conclusiones que aprobó la semana pasada la comisión de investigación sobre el 11-M. La Cámara ha conseguido, al final, ponerse de acuerdo en 150 recomendaciones de futuro para intentar que no vuelva a repetirse otro atentado similar y en el apoyo a los afectados por la masacre. Aún así, el Parlamento conocerá el jueves dos versiones distintas de lo ocurrido entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. La primera -la consensuada por el PSOE y los grupos «pequeños»- saldrá adelante por el juego parlamentario de las mayorías. La otra -la que el PP presentará como voto particular- quedará condenada a pasar al Diario de Sesiones del Congreso sin más pena ni gloria.

Son dos caras de una misma realidad, enfrentadas por la lucha partidista de los grupos parlamentarios. Éstas son las respuestas que cada uno de los documentos ofrece a los principales interrogantes del mayor atentado cometido en España.

¿Hubo imprevisión?
El dictamen que aprobará el Congreso evita hablar de «imprevisión». En su lugar, los socialistas han querido que figuren los términos «minusvaloración» de la amenaza y «descoordinación» de las investigaciones policiales. «Es evidente -sostiene el documento- que algo falló con anterioridad al 11-M. (...) La comisión estima que uno de los problemas del proceder de las máximas autoridades responsables de la seguridad respecto al terrorismo islamista fue la minusvaloración de la amenaza».

El PP sostiene, en cambio, que en la comisión ha quedado «sobradamente acreditado» que España luchó decididamente contra toda clase de terrorismo, no sólo el de ETA. En este punto, las Fuerzas de Seguridad del Estado detuvieron a 126 islamistas durante los Gobiernos de Aznar. Para el PP, también ha quedado acreditado en la comisión que esa lucha contra el terrorismo internacional y la constatación de la amenaza del terrorismo islamista «no contó con el apoyo de la oposición parlamentaria de entonces». Los populares subrayan que el PSOE y otras formaciones políticas «banalizaron» la lucha antiterrorista. Ejemplo de ello es, para el PP. la «operación Lago», a cuyos detenidos se referían los socialsitas como el «comando Dixán».

¿Quién fue el autor del 11-M?
El dictamen aprobado por la comisión quiere dejar claro que todos los datos que se han recibido hacen pensar en «buena lógica» que no debe existir «la más mínima duda» respecto a que los autores de los atentados eran «radicales islamistas seguidores ideológicos de la Yihad». «Algún experto que ha comparecido ante la comisión sostuvo que los atentados fueron decididos por la red de Al Qaida en España en el marco de atacar a los aliados incondicionales de Estados Unidos en la guerra de Irak, centrándose en el país más débil de los «cruzados» y contra cuyos intereses había ya actuado en Casablanca (Marruecos)».

Para el PP, en cambio, resulta llamativo que más de un año después del 11-M no se haya podio formular una atribución precisa de la autoría de los atentados. «Tanto el Gobierno socialista como la mayoría de los grupos de la comisión se han contentado con la imputación genérica de los atentados al terrorismo de inspiración islamista, pues esa imputación les bastaba como justificación de su «teoría del engaño masivo»». Los populares consideran que, al margen de que el 11-M contó con colaboraciones ajenas al islamismo -la trama asturiana de los explosivos- y de que la autoría intelectual resulta absolutamente desconocida, «tal imputación genérica no es suficiente para el esclarecimiento de la verdad».

¿Hubo conexión con ETA?
Los socialistas y sus socios dejan poco margen a la duda ante esa pregunta: «Los testimonios recibidos por la comisión y la documentación analizada por ésta despejan cualquier mínima duda sobre la autoría directa o indirecta y, en concreto, niegan la posible participación en ellos de la banda terrorista ETA». En opinión del PSOE y las minorías, «ni un solo dato» de la investigación policial indicó en ningún momento que esa organización terrorista tuviera nada que ver con los atentados. Apunta para ello varias razones: el número de terroristas no es propio de una banda debilitada; el tipo de explosivo no es el que ETA usa habitualmente en sus acciones de los últimos años; no es normal en la banda la ausencia de anuncio previo ni el empleo de vehículos de transporte sin matrícula doblada; no es tampoco normal en ETA el objetivo deliberado de hacer un daño grave e indiscriminado a la población: los rasgos físicos externos de los sospechosos que describen los testigos presenciales no son característicos de la banda terrorista; los radicales islamistas detenidos aquellos días no guardan relación de ningún tipo con ETA.

El PP, por su parte, no afirma categóricamente que ETA tuviera participación en la comisión de los atentados, pero aporta abundante documentación de la que extrae tres conclusiones: primera, se ha constado la existencia de relaciones personales entre etarras y miembros relevantes de células terroristas de filiación islamista, al menos en las cárceles; segunda, a la luz del conjunto de informaciones que han sido publicadas, existen indicios de que tales relaciones personales han podido tener «consecuencias operativas»; y, tercero, se impone una profunda y rigurosa investigación sobre esas conexiones para la eficacia de la lucha antiterrorista en en el futuro y para la prevención de nuevos atentados.

¿Cómo fue la gestión de Aznar?
Esta pregunta es el campo abonado para la lucha partidista y el más fiel reflejo de las dos caras para la interpretación del 11-M. El dictamen de los socialistas y sus aliados evita hablar del «engaño masivo» que denunció el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante su comparecencia del mes de diciembre. Emplea, en cambio, los términos «manipulación» y «tergiversación». «La comisión estima que el Gobierno (de José María Aznar) manipuló y tergiversó los datos que iba recibiendo de la Policía por interés electoral, Fue claramente una actitud informativa impropia de un Gobierno en democracia».

Los populares quieren dejar claro, sin embargo, que el Gobierno de Aznar comunicó en todo momento a la opinión pública los datos de que disponía acerca de las investigación en el instante en que la Policía se los comunicaba. «La valoración efectuada por el Gobierno acerca de la autoría de los atentados fue en todo momento la que le comunicaron los responsables policiales. A pesar de ello, al menos desde la tarde del 11-M, el PSOE y algunos medios de comunicación iniciaron una campaña para sembrar en la opinión pública la convicción de que el Gobierno había mentido en su atribución de la autoría y estaba ocultando información a los ciudadanos. Al servicio de esa campaña se transmitieron deliberadamente informaciones falsas».

¿Qué pasó en la jornada de reflexión?
El documento del PSOE y sus socios tacha de «concentraciones espontáneas» las manifestaciones y protestas que tuvieron lugar ante las sedes del PP durante la jornada de reflexión. El dictamen que el jueves aprobará el Congreso señala que la comisión ha contado con todas las investigaciones judiciales abiertas en su momento para conocer la realidad de esas concentraciones, «diligencias que han sido archivadas sin declaración de responsabilidad penal o administrativa alguna».

El PP recalca en su voto particular que pese a que el PSOE asegura que no convocó dichas manifestaciones, el actual portavoz del Grupo Socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, admitió que tuvo conocimiento de que se estaban convocando de forma muy temprana, aunque decidieron, según argumentó de «forma cínica», no desautorizarlas por si «le daban más publicidad y provocaban una asistencia masiva». Para el PP, «no hacía falta el ejercicio de cinismo» de Rubalcaba para intentar «justificar lo injustificable»: Zapatero se negó a condenarlas en su comparecencia ante la comisión de investigación, algo que ya es, según el PP, «una prueba más que evidente de que no las condenó porque fue el beneficiario».

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