AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 4 Julio 2005
La mesa que viene
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 4 Julio 2005

Desastre D’Hondt
Enrique de Diego Época 4 Julio 2005

Si mi pluma valiese tu pistola
José García Domínguez Libertad Digital 4 Julio 2005

Cartas sobre la mesa
Editorial ABC 4 Julio 2005

De tiranías y arbitrariedades
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Julio 2005

Juicio al terrorismo
Jorge TRIAS SAGNIER/ ABC  4 Julio 2005

Electos
Jon JUARISTI/ ABC  4 Julio 2005

El terrorismo callejero se intensifica tras la sentencia de los jueces Pedraz, Ollero y Guevara
Europa Press Libertad Digital 4 Julio 2005

Aznar: «Los debates territorial y terrorista son inseparables»
Lucía Pró Periodista Digital 4 Julio 2005

«Ibarretxe está siguiendo el guión que le marca ETA»
OLATZ BARRIUSO/BILBAO El Correo 4 Julio 2005

Maldita carretera
GREGORIO SALVADOR ABC 4 Julio 2005

Blog de Arcadi Espada
4 Julio 2005

LA INTEGRIDAD DEL PP
Xavier Pericay ABC 4 Julio 2005
 

La mesa que viene
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 4 Julio 2005

El pensamiento dominante en este país ha establecido que a la paz no se llegará mediante el desistimiento de los terroristas, por su renuncia a imponer sus proyectos manu militari, ni por la victoria del Estado de derecho frente a ETA. La paz debe ser fruto de un ejercicio de carpintería política. De la construcción de mesas, más exactamente. Mesas de normalización, mesas de desmilitarización, mesas de lo que sea. Debe de ser esta idea el resultado de la influencia de tantos años de esfuerzo de los mediadores vocacionales, pacificadores subvencionados y profesionales del tercer espacio.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, creyó tras las últimas elecciones autonómicas que había derrotado al soberanismo del PNV. Este partido, en efecto, salió de los comicios más débil, pero no más moderado. No ha sido la influencia de La Moncloa la que ha hecho que Ibarretxe haya renunciado a presentar de nuevo su plan en el Parlamento vasco tal y como fue aprobado en la legislatura anterior, sino que ha sido la dependencia de los votos abertzales lo que le ha hecho al lehendakari asumir la metodología de trabajo de Batasuna, aportando, eso sí, los principios fundamentales de su propuesta, principios que compartía la izquierda abertzale y a los que se enfrentaban -y se enfrentan- socialistas y populares.

El Gobierno de Vitoria, que no tiene claro si está a favor o en contra del proyecto de la Y vasca, sí que sabe que su norte de actuación para los próximos meses es la creación de una mesa de diálogo político. Se trata de la primera de las dos mesas propuestas en Anoeta por ETA-Batasuna, la mesa en la que debe decidirse el futuro político del País Vasco, la que debe acabar con el Estatuto de Gernika, no la mesa que debe acabar con la organización terrorista.

ETA y Batasuna han establecido un orden cronológico claro. Primero deben negociarse sus reclamaciones políticas y, mientras esto no ocurra, ETA seguirá vigilando y actuando como crea conveniente. Si la mesa inicial les ofrece las satisfacciones a las que aspiran, sólo entonces estaría dispuesta ETA a tratar del posible abandono de las armas. Esa secuencia quedó clara en la entrevista a dirigentes de ETA publicada en 'Berria' el 2 de abril, en la que los etarras señalaban que lo primero era el acuerdo entre «agentes vascos», que sería lo que obligaría al Gobierno de España «a hablar y negociar directamente con ETA».

En estas condiciones, el diálogo que se pretende en la primera mesa sería una negociación desarrollada bajo la mirada y la amenaza del terrorismo. Sólo cambiando el orden de las mesas -primero la del abandono de las armas, luego las reformas políticas que se pactaran- habría garantías de que fuera un proceso en libertad para todos.

Desastre D’Hondt
Por Enrique de Diego Época 4 Julio 2005

Editado por Javier Sánchez Bujanda (PD)

Ningún ejemplo mejor de la perversión de nuestro sistema electoral -de la malhadada Ley d'Hondt, unida a la circunscripción provincial- que el gallego. La victoria electoral de Manuel Fraga y del PP ha sido clara. En el sistema mayoritario inglés no hubiera habido discusión.

El PP ganó en las cuatro provincias, en seis de las siete grandes ciudades y en el 87% de los municipios. La inmensa mayoría de los representantes hubieran sido populares. La fórmula tiene la ventaja de que, al estar obligado el partido a ser en cada distrito el más votado, las formaciones tienden a posiciones de moderación, donde confluye la mayoría.

La minoría nunca impone su dictado. En Francia no hay elecciones autonómicas. Es Estado centralizado. Por analogía, en Galicia habría habido segunda vuelta entre Manuel Fraga y Emilio Pérez Touriño, quedando fuera de la competición Antxo Quintana.

Los votos del Bloque quizás hubieran confluido en el candidato de izquierda, aunque es probable que algunos sectores del PSOE, por ejemplo coruñeses cercanos a Francisco Vázquez, antinacionalistas, hubieran optado, en esa hipótesis, por Fraga o se hubieran abstenido para no ir en amalgama con los antisistema del BNG, coalición dominada ahora por los más radicales de la Union do Pobo Galego. Pérez Touriño nunca hubiera dependido de los separatistas.

En Alemania, en elecciones generales, los votantes depositan una papeleta por su circunscripción y otra a una lista nacional, de circunscripción única. De esa manera, por ejemplo, a la CSU de Baviera no le ha interesado -no ha tenido incentivos- devenir en partido nacionalista, sino coaligarse con la CDU.

Todos los sistemas electorales de naciones con experiencia democrática establecen serias correcciones a las fuerzas centrífugas. Sólo el español se basa en un demoledor incentivo a éstas. Conviene recordar lo obvio: la democracia es el gobierno de las mayorías, desde el respeto a las minorías. No es -como es notorio y lacerante en España- el gobierno de las minorías.

Un partido que ha descendido en votos y ha obtenido menos escaños, que es a mucha distancia la tercera fuerza política, como es el caso del BNG, nunca hubiera tenido la más mínima posibilidad de condicionar la vida política y mucho menos de acceder al poder. Nuestro sistema electoral es el peor de los posibles, está literalmente destruyendo a la nación -un concepto definible para Cataluña pero no para España, según Norberto Bobbio y su discípulo español- contra la voluntad manifiesta de la inmensa mayoría.Antes que reformar la Constitución y los Estatutos hay que cambiar con urgencia el sistema electoral cuyos efectos perversos son:

a) impide la generación de un partido bisagra nacional (casos de CDS e IU), pues D'Hondt penaliza al tercer partido con voto disperso.

b) concede el bisagrismo a los partidos nacionalistas, antisistema y anti-España, pues concentran sus votos en unas pocas circunscripciones.

c) resulta más rentable votar nacionalista, pues esas fuerzas tienen más capacidad de chantaje prespuestario y de reparto de botín;

d) los pactos con los nacionalistas infectan a los partidos nacionales, legitimando al nacionalismo como la centralidad política. Muy claro en los casos de PSC, PSE y, en menor medida, en el del PPC.

La conclusión es proceso autodestructivo -lo que he denominado el suicidio de España- de la convivencia. Aquí las minorías imponen su dictado y toleran a la mayoría. El proceso, iniciado en 1997, está ya en su fase terminal. Se ha confirmado lo indicado por ÉPOCA la semana pasada: se abre en Galicia el tercer frente de demolición nacional. Antxo Quintana es la terminal de Carod- Rovira, se mueven en la órbita moral de Batasuna y, al fondo, los pistoleros de ETA. Todos encantados con ZP.

Cataluña
Si mi pluma valiese tu pistola
José García Domínguez Libertad Digital 4 Julio 2005

igual que callaron hace veinticinco años, cuando el mismo Oriol Malló y sus jefes y protectores que mandan en Esquerra Republicana echaron mano de las pistolas para tapar la boca a los primeros heresiarcas Parece que Pasqual Maragall y el biógrafo autorizado de Puigcercós han convenido marcarnos a fuego, acosarnos sin tregua y hacernos la vida imposible antes de liquidarnos con el definitivo tiro de gracia. Escribo nos porque, tras desconstruir el rebuzno patriótico del terrorista de Terra Lliure Oriol Malló, he decidido añadir mi firma al Manifiesto para la fundación de un partido no enfermo en Cataluña. Y escribo Maragall porque todos los colaboradores del diario Avui acaban de recibir una notificación del periódico en la que se les recuerda que la propiedad de los originales publicados recae en la empresa editora. Aclaración muy oportuna y pertinente, en especial para quienes no supieran que la Generalidad de Cataluña forma parte destacada en el accionariado de ese panfleto que anima al exterminio de cualquier apóstata de la religión tribal.

Sucede que hasta la tosquedad más primaria tiene su recompensa en esta vida. Así, gracias a la elemental brutalidad de su verbo, ese Oriol, otro hijo de un dios menor, ha accedido a los cinco minutos de fama que Andy Warhol prometiera a todos los Don Nadie de la Tierra; gratis total, por supuesto. Porque en el universo autista del catalanismo político sólo existen “ellos” y “nosotros”, nada más. Y el torpe de Oriol siempre ha sido “uno de los nuestros”. Por eso, los nacionalistas inteligentes, los que saben manejar la paleta del pescado, y los otros, los que ahora viajan en los Audi negro con la banderita, callan de nuevo ante sus amenazas de muerte. Igual que callaron hace veinticinco años, cuando el mismo Oriol Malló y sus jefes y protectores que mandan en Esquerra Republicana echaron mano de las pistolas para tapar la boca a los primeros heresiarcas.

Porque, hace un cuarto de siglo, se impuso con sangre la Constitución no escrita que desde entonces rige la vida civil en Cataluña. El artículo uno de esa carta magna lo conoce todo el mundo en la región. Es ése que nadie osa repetir en público por pudor, el que reza así: “A los otros catalanes y a los portadores de ADN cultural autóctono que abjuren de la fe nacional, se les respetarán vida, empleo y hacienda a cambio de que permanezcan calladitos en sus casas y hagan expresa renuncia a ejercer los atributos políticos que van asociados a la condición jurídica de ciudadano”.

Esa suprema Ley del Silencio es la que ha violado el Manifiesto de quince intelectuales catalanes que tienen lo que hay que tener —talento, ese salvoconducto divino que libra a algunos egregios de la inmensa cola de los mediocres condenados a vivir eternamente de las limosnas del Poder—. Y en el fondo, es esa humillación de la Naturaleza lo que más los subleva. He ahí la afrenta que no lograrán superar jamás. Lo que los emborracha de santa ira identitaria en las largas noches de insomnio. El fuego abrasador que empuja a nuestros furiosos orioles a subrayar obsesivamente en rojo al Machado de la guerra. “Si mi pluma valiese tu pistola…”

Cartas sobre la mesa
Editorial ABC 4 Julio 2005

EL lendakari parece dispuesto a retomar protagonismo jugando las mismas cartas que está utilizando el presidente del Gobierno, pero con una diferencia sustancial: las ha puesto encima de la mesa. La evolución de los acontecimientos está deparando situaciones paradójicas, difíciles de prever hace pocos meses. La última es que sea Ibarrexte quien dé una lección de transparencia al jefe del Ejecutivo reconociendo, como hizo ayer en una entrevista en el diario «Deia», que el Gobierno de Vitoria está hablando con Batasuna. Y añade el lendakari: «También el PSOE lo está haciendo». La convicción del lendakari al hacer esta afirmación es más que un indicio de que cuenta con información fidedigna, y aunque los socialistas sospechen de los medios empleados para obtenerla, deberían asumir que no bastan desmentidos de tercera fila y que ya es hora de luz y taquígrafos.

El nacionalismo, nuevamente, demuestra que tiene claros sus objetivos, que sabe qué hacer para alcanzarlos y que no tiene más escrúpulos que los necesarios para poder sentarse a dialogar con una formación -Batasuna- que está integrada en la estructura de ETA. Ya se sabía que la aventura vasca de Rodríguez Zapatero era arriesgada, pero es probable que el presidente del Gobierno no contara con que Ibarretxe fuera a competir con él empleando los mismos argumentos y tácticas. Si el Gobierno legaliza a la izquierda proetarra frenando la Ley de Partidos frente al Partido Comunista de las Tierras Vascas, Ibarretxe se procura sus votos -blanqueados por el Ejecutivo central- en el Parlamento de Vitoria. Si el Gobierno escarcea bajo la mesa con Batasuna, Ibarretxe reconoce públicamente que negocia con Otegi y compañía. Si el Gobierno aplaza el diálogo con ETA hasta que cese la violencia, Ibarretxe sube el listón y exige, además del fin del terrorismo, el cese de la «kale borroka». Y si se añade que socialistas y nacionalistas han dado por superado el Estatuto de Guernica -Patxi López no se ha cansado de repetirlo en los últimos meses, hasta en el discurso de investidura en la Cámara vasca-, que comparten la idea de que hay que constituir una mesa de partidos para la normalización política y que ambos han rehabilitado a la izquierda abertzale, la conclusión es que el PSOE le ha hecho al PNV gran parte del trabajo sucio que el nacionalismo necesitaba para dar oxígeno a ETA, afianzar cuatro años más su poder político y consolidar su estrategia soberanista.

Ahora que tan severamente se ha juzgado la política informativa del anterior Gobierno popular en relación con el 11-M, el actual Ejecutivo socialista está perdiendo su crédito en esta hipotética fase de «final dialogado» de ETA porque no informa y quiere que la opinión pública se comporte como una comunidad de creyentes. Zapatero, jugando al peligroso papel de depositario de grandes secretos, pide confianza, pero él no se la da al PP, su aliado inevitable en toda política antiterrorista, ni a las víctimas, ni siquiera a sus compañeros de partido. Tratándose de ETA, un Gobierno no puede solicitar cheques en blanco para cambiar certezas por incertidumbres, menos aún cuando la anterior política de unidad entre el PSOE y el PP, transparente y bajo control democrático, estaba dando tan buenos resultados; y cuando la continuidad de los atentados etarras -tres coches bomba en Madrid, en cuatro meses- impugna la ilusión de que nos hallemos ante una fase esperanzadora. La solución no es cambiar la realidad para acomodarla a un gestión improvisada de los acontecimientos. Batasuna es ETA, y si esta identificación consta en una sentencia firme del Supremo, el Gobierno socialista debe acatarla pura y simplemente. Y hacer estallar coches bomba en Madrid es terrorismo, a secas, no «violencia contenida» ni eufemismos similares.

Cuando ETA, por un lado, y el PNV más soberanista, por otro, han podido tomar la iniciativa paralelamente frente al Gobierno de la Nación, es muy difícil convencer a los ciudadanos de que realmente ha habido un cambio a mejor.

Zapatero
De tiranías y arbitrariedades
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Julio 2005

El gobernante soberbio no se interesa por el día a día, por el respirar cotidiano de la nación, sino por tomar la medida más arbitraria posible.
Creo que vivimos tiempos tiránicos, o mejor, de tiranos de usar y tirar. Pequeños dictadorzuelos que abusan de su poder o “gobiernan” contra derecho, pero sobre todo ejercen el poder de modo arbitrario, llenan los mesogobiernos regionales y, sobre todo, el Gobierno central de España. Ninguna evaluación política seria, es decir, razonada sin tener como referencia los criterios marcados por el partido político de la oposición, podrá dejar de considerar que la política de Rodríguez Zapatero no existe. Es mera arbitrariedad. Es imposible evaluarla como buena, mala o, sencillamente, regular de acuerdo con un programa de Gobierno previamente expuesto en un discurso más o menos coherente. Imposible. Todo el “discurso” de Rodríguez Zapatero, y en eso coinciden casi todos los analistas independientes, es el “no discurso”.

Todos se preguntan a qué responde una u otra medida y, al final, nadie en su sano juicio puede dilucidar cuál es la estrategia del Gobierno. Se diría que estamos ante la estrategia de la no estrategia con un único objetivo mantenerse eternamente en el poder a través de la eliminación de la oposición. Ésta es convertida en enemigo absoluto, casi como en la teoría de Lenin, en el enemigo último de la humanidad. Todo lo que hace el PP, todo lo que haga en el futuro y, por supuesto, todo lo que hizo en el pasado es perverso y caótico, dice el gobierno de Rodríguez Zapatero. En su lugar, todo lo que hace el PSOE es justo y benéfico. Todo es bueno sin excepción. Si ni siquiera necesita un discurso, si incluso los militantes críticos del propio PSOE manifiestan que el discurso debe crearlo la oposición porque el gobierno debe dedicarse a gobernar (semejante barbaridad la oí ayer de boca de un viejo dirigente lapidado por Rodríguez y Montilla), si nadie se atreve en el propio partido a decirle a Rodríguez Zapatero que es un arrogante, incapaz de escuchar consejos políticos o contrastar datos económicos, si, en fin, todo el mundo ha llegado a la conclusión, dentro y fuera del PSOE, que no hay, ni habrá jamás, un discurso que responda a criterio alguno, entonces es que estamos ante una tiranía de usar y tirar.

El gobernante soberbio no se interesa por el día a día, por el respirar cotidiano de la nación, sino por tomar la medida más arbitraria posible. Hoy es llamar matrimonio a las uniones homosexuales y mañana será otra burrada... Todo es posible. Porque lo decisivo es mantener en vilo a la sociedad y dejar fuera de juego a la oposición. Todo es posible cuando de tiranía se trata, o sea, del abuso permanente del poder. Los modelos de referencia política, de táctica movilizadora, de Rodríguez Zapatero son Hugo Chávez, en Venezuela, y Fidel Castro, en Cuba. Son personajes ridículos vistos a distancia, pero que contemplados de cerca dan miedo. Se muestran próximos al pueblo, populistas, para desconsiderar a la mayoría, a la nación entera.

Dejando aparte que para la tiranía contemporánea cualquier cosa es buena, independientemente de que esté o no justificada, si eso significa el fin de la oposición; hay otra característica que recuerda el peor vicio de Lenin, la más perversa forma de acabar con cualquier atisbo de democracia genuina, se trata de la utilización del Estado como instrumento de un partido, o mejor, como diría el clásico, de un partido que manda en el Estado hasta el punto de matar lo que a éste le da vida: la nación. Por eso, exactamente, y no por un estulto argumento, Rodríguez Zapatero declara que no sabe qué es la nación.

En fin, las dos razones claves para empezar a hablar en serio de un régimen tiránico son claras: el presidente de Gobierno abusa de su poder -y ya es abusar no atender ni una demanda de los millones de manifestantes que han salido a la calle pidiendo transparencia con los muertos de ETA y respeto por la familia normal- y, sobre todo, gobierna contra derecho. Pero, si alguien necesita referirse a arbitrariedades de este Gobierno para calificarlo de “tiranuelo”, abra la prensa y encontrará materiales suficientes para escribir de nuevo otro “Tirano Banderas”.

Juicio al terrorismo
Por Jorge TRIAS SAGNIER/ ABC  4 Julio 2005

EN la Casa de Campo se está desarrollando uno de los juicios más importantes que se han celebrado en España. Se juzga, nada menos, que a la célula española de Al Qaeda que atentó el 11 de septiembre contra los Estados Unidos provocando miles de muertos. Todos los siniestros individuos, radicales religiosos islámicos, fueron detenidos en España tras una ardua investigación policial cuando Aznar presidía el Gobierno y Acebes era su ministro del Interior. Ya sólo eso echa por tierra la conclusión que atribuye imprevisión al Gobierno popular y, como resultado, el atentado islamista de Madrid del 11 de marzo. Pero como ahora quienes marcan la pauta política del Parlamento son los «batasunos» de la Esquerra, esos que en su día fueron terroristas o amigos de ellos como Malló, Puigcercós o Carod, no debe extrañarnos tanto desatino, tanta zafiedad o tanta bajeza moral, como ese delito consentido por el presidente del Congreso contra Federico Trillo al haber atentado unos infiltrados contra su inviolabilidad parlamentaria. Así va el terrorismo, alegre y confiado, tomando, lenta pero implacablemente, las instituciones. Ya no tiene necesidad ni de matar: ahora están en el poder.

La Audiencia Nacional, donde se juzga a los terroristas islámicos, es, sin duda, el portaviones de la justicia española. Heredera desde 1977 del tristemente célebre Tribunal del Orden Público, ese tribunal del que fue magistrado algún abogado que luego ofició de «abogado progresista», ha tenido una historia irregular. Ha habido jueces -y juezas- que han hecho de sus respectivos juzgados unas plataformas para propulsarse hacia no se sabe qué cimas. Desastrosas instrucciones han conducido a juicios bochornosos donde los magistrados de las Salas correspondientes no tuvieron otro remedio que enmendarles la plana ante la falta de garantías o de pruebas con que se habían desarrollado las causas. Garzón ha sido el paradigma de esa catástrofe judicial. Ahora, la Sala que juzga a los terroristas islámicos, presidida por el magistrado Javier Gómez Bermúdez, con enorme esfuerzo y rigor, debe ir sorteando con dificultad los obstáculos con los que el instructor fue sembrando el procedimiento.

El terrorismo no puede minimizarse ni contemplarse como un fenómeno al que se puede combatir desde la respuesta del «abrazo de las civilizaciones», pues ese abrazo, como el del oso, lleva inexorablemente a la desaparición de la inteligencia y al triunfo de la brutalidad. Siempre gana el oso. El juicio de la Casa de Campo no está armando mucho ruido y pasa desapercibidamente. No interesa al poder, ya que quizá de él se extraiga la consecuencia de lo mucho que hizo el Gobierno de Aznar para combatir el terrorismo islámico. Claro, nadie pudo imaginar que iba a ser la mafia marroquí de la droga del hachís, con tantas y tan buenas e importantes conexiones en España, la que iba a organizar la masacre del 11 de marzo y a cambiar radicalmente el sentido de la política española.

Electos
Por Jon JUARISTI/ ABC  4 Julio 2005

HACE usted bien, señor alcalde, señor concejal, señor diputado, señor senador del PSE. Hace muy requetebién al renunciar a su escolta, ahora que ETA ha prometido que no va a atentar contra los cargos electos. Puede que terminen matando precisamente a vuecencia, pero, si así sucediera, sería por equivocación y no le quepa duda de que ETA presentaría sus excusas, que para esto son muy mirados. Alegarán, por ejemplo, que su señoría figuraba en dos archivos, el de cargos electos y el de cabrones con pintas, y que ellos trabajan fundamentalmente con el segundo, mucho más extenso. No van a perder el tiempo comprobando si Fulano o Zutano también constan en el primero, dada la premura con que se deciden estas cosas. Pero ustedes han decidido fiarse de la palabra de ETA, que siempre ha hecho honor a su palabra, como todo el mundo sabe. No me digan que no, que no se fían. A buenas horas iban ustedes a renunciar a sus escoltas sin tener alguna garantía. No pretenderán que nos lo tomemos como un rasgo de valor y entereza, con lo que ha llovido. Pero no se lo censuro. Ustedes se fían de ETA y, en consecuencia, licencian a sus escoltas. Vale. Espero, con todo, que no exijan a los alcaldes, concejales, senadores y diputados del PP que sigan su ejemplo. Y, sobre todo, no entren en comparaciones, siempre odiosas. Ustedes se fían; los cargos electos del PP, no. Quizá la garantía de la que ustedes disponen cubra también los riesgos de los alcaldes, concejales, diputados y senadores del PP, pero, aunque éstos dispusieran de una garantía semejante -lo que no es probable-, seguirían teniendo derecho a no fiarse del avalista.

Luego están los otros, los no electos de su partido de ustedes, del PP y de ningún partido que no disfrutan aún de las exenciones y garantías de ETA y a los que, supongo, no se instará a prescindir de sus escoltas. Tampoco apelaré, en este caso, a un dudoso concepto de solidaridad para rogarles a ustedes que no los humillen renunciando a las suyas. Dada la garantía de la que ustedes seguramente disponen, resultaría absurdo mantener sus escoltas cuando ustedes piensan (con o sin razón, eso es otra historia) que ya no existe motivo para ello. Aunque, gracias a ustedes, y sin abandonar las armas, ETA haya conseguido invalidar un justísimo argumento contra la destrucción de la democracia bajo el régimen abertzale, pues, en efecto, ya no es toda la oposición al mismo la que se ve forzada a llevar escolta, sino solamente la mitad. De ahí a que algún detrito moral que conozco comience a acusar a los cargos electos del PP de manipulación hipócrita de un terrorismo inexistente, poniéndoles a ustedes como glorioso ejemplo de rectitud y honestidad, no va a mediar gran trecho, se lo puedo asegurar. Y que sólo quede en eso y no surja, como en Cataluña, un agitador que llame al exterminio físico de los discrepantes desde un periódico intervenido y controlado por el Gobierno Autónomo.

Lo dicho hasta ahora no significa que personalmente piense que todo el que lleva escolta la necesita ni que la escolta pueda evitar que ETA te mate si se lo propone. Cuando yo tenía escolta, cargaba con una doble preocupación, por mi seguridad y por la suya. De modo que, cuando el Gobierno de su partido de ustedes decidió retirármela, inmediatamente después de destituirme del cargo (no electo) para el que me había nombrado el Gobierno anterior, me sentí bastante aliviado. «Alguien no le quiere bien a usted en las alturas», me dijo, con franqueza, el jefe de la Brigada de Escoltas. «No voy a averiguarlo», contesté: «Ahora bien, si ETA me mata, el Gobierno tendrá que dar más explicaciones que si me hubiera mantenido la escolta».

He aquí por qué no me impresiona su gesto de ustedes, electos del PSE. Si tan seguros están de que ETA cumplirá su palabra, exijan que su gobierno haga con todos los cargos electos de España lo que hizo conmigo en abril del 2004. De lo contrario, nadie me convencerá de que ustedes no cuentan con garantías demasiado excepcionales.

LO CLASIFICARON COMO DELINCUENCIA COMÚN
El terrorismo callejero se intensifica tras la sentencia de los jueces Pedraz, Ollero y Guevara
Los actos de terrorismo callejero cometidos en junio en País Vasco y Navarra se elevó a 36, más del doble de los cometidos en mayo. El ritmo de sabotajes creció de forma importante a partir del 20 de junio, cuando los jueces Santiago Pedraz, Carlos Ollero y Alfonso Guevara condenaron a 24 miembros de Jarrai por organización ilícita no terrorista. Según la sentencia, este tipo de violencia no es terrorismo sino delincuencia común porque, en su opinión, los cócteles molotov no son armas.
Europa Press Libertad Digital 4 Julio 2005

Según la sentencia de Pedraz Jarrai, Segi y Haika no son organizaciones terroristas aunque tengan "por sí mismas una finalidad ideológicamente próxima a la que, con su actividad armada, persigue la organización terrorista ETA" porque, según el juez, no utilizan armas, pese a la utilización continua de los cócteles molotov.

Hasta ese día, la cifra de ataques era similar a la del mes anterior, con doce sabotajes cometidos en esos primeros veinte días de junio, por 17 durante todo el mes de mayo. Sin embargo, al día siguiente, miembros de Segi cortaron el tráfico en el centro de Bilbao al subirse a dos autobuses para protestar contra la sentencia. También en la capita vizcaína, unos sesenta radicales atacaron una sede social del PNV, contra la que lanzaron tomates y rompieron tazas, vasos y platos que había en las mesas puestas en la calle para los clientes.

El mismo 21 de junio, otro incidente tuvo lugar por la tarde cuando agentes de la Ertzaintza dispersaron en Rentería (Guipúzcoa) con material antidisturbios a un grupo de manifestantes que les lanzaron objetos cuando trataron de identificar a los portadores de una pancarta. En ninguno de estos tres casos se produjeron detenciones, pero sí en otros acaecidos a lo largo del mes hasta alcanzar la cifra de diez arrestos relacionados con el terrorismo callejero.

Con los 36 sabotajes cometidos en País Vasco y Navarra en junio la cifra de actos de kale borroka cometidos en lo que va de año asciende ya a 174. En todo 2004 fueron 235 los ataques cometidos, pero los tres próximos meses son los registran un mayor número de sabotajes coincidiendo en muchas ocasiones con las fiestas de numerosas localidades de las dos comunidades autónomas.
Guipúzcoa volvió a ser la provincia más castigada cometiéndose en ella ataques como los sufridos por la sede de Cadena 100 en San Sebastián el pasado 26 de junio, contra la Comandancia de Marina, el día 10, o la quema de contenedores el día 12 y el lanzamiento de pintura roja contra la sede de UGT en la capital guipuzcoana, entre otros.

POLéMICA / Duras criticas del ex presidente a Rodríguez Zapatero
Aznar: «Los debates territorial y terrorista son inseparables»
Por Lucía Pró Periodista Digital 4 Julio 2005

El ex presidente del Gobierno José María Aznar inauguraró este lunes el segundo Campus de Verano de la Fundación FAES con un discurso en el que hizo alusión a algunas de las cuestiones que marcan la actualidad política, al hilo, eso sí, de la agenda de los cursos de verano de su fundación.

Con motivo de la inauguración del Campus FAES 2005, Aznar aboga por la defensa de ideas de libertad, sobre España y por España, ideas de modernización, ideas de centro que, a su juicio, son lo más valioso para la actual situación de España, y deben contribuir a la construcción de "una sociedad más libre, democrática y madura".
Cuando ahora se habla de acabar con el terrorismo, ya no se está queriendo decir derrotar al terrorismo, sino ceder ante él, porque ’últimamente’ en España las palabras ’dejan de significar lo que antes significaban'
El presidente de FAES nos avisa del "gran error del desarme de los valores" y de dirigirse hacia una civilización que deje que se diluyan conceptos como el de libertad, responsabilidad individual, espíritu emprendedor, o el coraje necesario para luchar contra el terrorismo. "No debemos sentirnos jamás totalmente seguros ni caer en la autocomplacencia. Siempre he defendido que para vivir en libertad hay que defenderla", comentó Aznar.

José María Aznar dijo hoy que el Ejecutivo "ha liquidado la política dirigida a derrotar a los terroristas, sustituyéndola por la negociación" y añadió que "el debate sobre la configuración territorial de España es inseparable del debate sobre el terrorismo contra España". José María Aznar afirmó que "cuando ahora se habla de acabar con el terrorismo, ya no se está queriendo decir derrotar al terrorismo, sino ceder ante él, porque ’últimamente’ en España las palabras ’dejan de significar lo que antes significaban’".

Aznar aseguró que "los terroristas no llevan 30 años matando porque sí. Llevan 30 años matando contra España, matando para disgregar España, para acabar con España", por lo que afirmó que "no hay dos discursos, hay uno". Explicó que si los terroristas están cercanos a su derrota es porque se han puesto todos los mecanismos del Estado de Derecho a trabajar y agregó que "cada paso que se da hacia el debilitamiento de la conciencia y de la realidad nacional es interpretado por los terroristas como una clara victoria y como un acicate para continuar hasta alcanzar sus objetivos independentistas".

El Campus FAES 2005, que contará con la intervención de setenta y cinco ponentes durante los próximos quince días, "pretende servir de mostrador de ideas, de su aplicación práctica a la política, a la economía, a las reglas internacionales", según explica el ex jefe del Ejecutivo en su artículo.

LEOPOLDO BARREDA, PORTAVOZ DEL PP VASCO
«Ibarretxe está siguiendo el guión que le marca ETA»
«Una paz pactada con los terroristas es siempre la paz de los cementerios», advierte el dirigente popular
OLATZ BARRIUSO/BILBAO El Correo 4 Julio 2005

«El liderazgo de Rajoy se ha reafirmado»
Leopoldo Barreda, portavoz del PP vasco y del Grupo Popular en la Cámara de Vitoria, desborda actividad. Encadena las ruedas de prensa para denunciar el rumbo marcado por el nuevo Gobierno Ibarretxe y, con la legislatura apenas comenzando, su grupo ha presentado ya más de un centenar de iniciativas parlamentarias. Todo para subrayar la legitimidad de las instituciones frente a un proyecto -el de la mesa de diálogo del lehendakari- «democráticamente fallido», en el que ni se plantean participar.

-El PP es el único que no ha dejado la puerta siquiera entreabierta a su participación en la mesa de Ibarretxe. ¿No temen quedarse aislados?
-El aislamiento es muy relativo, depende del grado de convicción que uno ponga en sus posiciones y de cuánta táctica impliquen. Nosotros partimos de las convicciones, no estamos en la estrategia. Además, en este momento, quedarse aislado no es oponerse a una negociación con ETA, porque los ciudadanos no están por legitimar a ETA ni por ver cómo los políticos se someten a la estrategia de la banda.

-Pasa el tiempo y apenas introducen matices en su discurso.
-Pero no tenemos temor a que eso sea interpretado como aislamiento. Creemos que nuestra posición es la más responsable en democracia: no hay ninguna forma de sentarse con ETA-Batasuna que no sea legitimar a un grupo disuelto por ser una banda terrorista. El planteamiento del lehendakari es un escenario democráticamente fallido que deslegitima el Parlamento, va contra decisiones judiciales y cuestiona la lucha antiterrorista en España ante el resto de Europa.

-¿Una tregua definitiva o una condena por parte de Batasuna no haría variar sus posiciones?
-Una tregua definitiva se llama disolución de ETA-Batasuna y de todos los tinglados al servicio de sus fines. Es la misma exigencia que hacíamos todos los demócratas antes del pacto de ETA con los nacionalistas en Estella. No es un problema de que Batasuna condene o no el terrorismo, es que Batasuna es ETA, una organización judicialmente disuelta y, por lo tanto, no legitimable ni rehabilitable políticamente.

-El PSE ha visto con buenos ojos la exigencia de Ibarretxe de que cesen los atentados y la 'kale borroka'.
-El problema del lehendakari es de credibilidad. Le he visto estos días aburrido y falto de convicción, porque está desarrollando un guión que ya conocemos, el que le marcó ETA-Batasuna en Anoeta. Esto de las mesas no es idea suya, es una exigencia de ETA, igual que la petición de derogar la Ley de Partidos o la recuperación del preámbulo del plan Ibarretxe, que no es otra cosa que la alternativa KAS en forma de texto legal. Todo es un guión de ETA-Batasuna para imponer a la sociedad lo que no ha logrado imponer por la armas. Y el lehendakari está jugando a eso porque espera sacar ventaja política de la existencia de ETA. Antes que aplaudir esa posición puramente testimonial y errática de Ibarretxe hay que exigirle autenticidad y que comprometa todo el peso político del Gobierno en la derrota de ETA-Batasuna.

-¿Hay preocupación entre sus cargos por una posible vuelta de Batasuna a los ayuntamientos?
-Lo que hacemos es constatar los frutos de la debilidad del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero al dejar de lado la política antiterrorista consensuada con el PP y de la actitud de un Ibarretxe más atento a obtener ventaja política que a combatir a los terroristas. El fruto de todo esto está siendo la relegitimación y el envalentonamiento de Batasuna. Se nota en la reactivación del terrorismo callejero, en que se recrudece la presión sobre los cargos públicos en los ayuntamientos, en la extorsión a los empresarios, en las amenazas a dirigentes políticos como Patxi Zabaleta ETA tiene la impresión de que puede poner en marcha la moviola y volver a la situación anterior al Pacto Antiterrorista.

-Pero existe una sensación generalizada de que ésta puede ser la legislatura de la paz. ¿Realmente no ve el PP ningún indicio de esperanza?
-La esperanza de la paz como democracia en libertad deriva de la voluntad de una sociedad de acabar con los terroristas. Y esa esperanza ha estado muy presente en los últimos años, en los que se ha terminado con el mito de la imbatibilidad de ETA. El momento en que esa esperanza puede desaparecer es cuando una sociedad piensa que no tiene más remedio que ceder para obtener la paz. Una paz pactada con los terroristas es siempre la paz de los cementerios, aquella en la que los terroristas imponen sus tesis y obtienen un premio. Confío en que el PSOE recupere la sensatez. Por la vía contraria no hay ninguna posibilidad de acabar con ETA.

-¿La tregua parcial les ha supuesto algún alivio en el terreno personal?
-Para quien no quiera ver el conjunto de la foto es posible. Hay cargos socialistas queriendo renunciar a la escolta y han sido desautorizados por su partido. En el PP estamos viviendo más insultos, agresiones e intimidaciones personales. Ya lo decía en su tiempo María José Usandizaga: 'Antes nos mataban y ahora no nos dejan vivir'. No es nada estimable democráticamente, sólo la actitud de un matón de pueblo, de un perdonavidas.

-¿Ninguno de sus cargos les ha pedido que le quiten la escolta?
-No, no, evidentemente, no. Hay mucha madurez política en el PP como para que haya que explicar estas cosas. Todo el mundo sabe que esto es pura propaganda.

-¿Tuvieron que apretar los dientes para votar a favor de la investidura de Patxi López?
-La decisión fue largamente meditada, hubo pros y contras y hubo que sustraerse al escenario nacional. Pero la tomamos desde la coherencia y la responsabilidad. Votar a López era el mal menor, porque lo contrario era regalar la investidura a Ibarretxe. Visto su programa, razón de más para dar una oportunidad a alguien que al menos podría tratar de rectificar muchas de las posiciones de un Gobierno radical, duro y, desde hace ocho años, rehén de sus pactos con ETA-Batasuna.

-¿Se sintieron atados por su propio discurso?
-No, porque lo debatimos muy extensamente en los órganos del partido. Nunca sabremos si López quería o no los votos del PP, pero hicimos una apuesta de cambio, que después él hubiera tenido que materializar.

-Se dice que hubo cierto lío interno.
-Hubo un debate y posiciones diferenciadas en el seno del grupo y en la ejecutiva, y luego hubo una decisión asumida por todos.

-Así que había quien se oponía.
-Había quienes defendían unos matices u otros, sobre todo en la explicación del voto. Había quien tenía más dudas, pero se despejaron todas cuando se desveló el apoyo de ETA al candidato nacionalista. Ahí ya no cabía la neutralidad. No podíamos abstenernos entre un candidato apoyado por ETA-Batasuna y otro que no lo está.

-¿No resulta estresante tener que mantener un discurso de unidad de acción con quien es su más acérrimo adversario político en Madrid?
-Es una posición política que tenemos muy asumida e interiorizada y a la que hemos llegado desde la convicción de nuestra apuesta por la alternativa política al nacionalismo. Sabemos que la única vía para lograrlo es una mayor proximidad entre PP y PSOE en Euskadi y en el resto de España. Aquí lo que está a debate son cuestiones predemocráticas. Todas esas cuestiones las tenemos en común con los socialistas, otra cosa es que consideremos equivocada su última táctica. No nos duele reconocerlo ni nos cuesta esfuerzo votarles cuando tenemos que hacerlo. A ellos sí.

-¿Vaticina una legislatura corta?
-No lo sé. Va a depender en buena medida de dos cosas: del margen que ETA-Batasuna dé al lehendakari y de que Ibarretxe siga apostando por ese pacto de hierro que tiene con los terroristas. Quien puede derribar al Gobierno en primer lugar es ETA-Batasuna, como árbitros que son de esta legislatura.

-El tripartito ha reconocido que necesitará llegar a acuerdos puntuales con la oposición. ¿Ustedes están dispuestos a hablar de partida?
-Nosotros estamos por resolver los problemas reales de los vascos. Ahora bien, el campeón del diálogo no ha dialogado nunca con nadie, sólo ha negociado con Batasuna en toda su historia. Siempre pone como condición indispensable que se dé por bueno lo que él quiere. Ya está hablando de autodeterminación, de acabar con la Ley de Partidos, de reforzar las ayudas a los presos Son planteamientos que van a tener un reflejo presupuestario y que suponen el alejamiento de lo que podemos asumir las fuerzas de la oposición.

-Me refería a negociar el apoyo puntual a proyectos concretos. ¿Van a huir del no por el no?
-Un gobierno en minoría debe ser capaz de reconocer que lo está y que en esas condiciones no se pueden sacar adelante todas las posiciones propias. ¿El tripartito va a ceder presidencias de comisión a la oposición? ¿Va a aceptar unos Presupuestos sin partidas para el mundo de ETA? ¿El consejero de Justicia va a hacer una política respetuosa con los tribunales en vez de alentar la confrontación? ¿Va a seguir habiendo una educación sectaria? ¿Se va a solucionar el problema de los profesores encerrados en el Bertendona? ¿Se van a cumplir los acuerdos parlamentarios de apoyo a las víctimas? De cómo se aborden las cuestiones dependen muchas cosas, puede haber un terreno de entendimiento o no. Nuestra referencia son los ciudadanos.

Maldita carretera
POR GREGORIO SALVADOR, VICEDIRECTOR DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA/ ABC 4 Julio 2005

OTRO fin de semana, en estas puertas del verano, que se presenta con cielos despejados y temperaturas altas, con tiempo sofocante que invita a dejar el agobio urbano y buscar costas o sierras donde descansar. A las once de la noche del viernes, oigo en la radio que hay atascos en la carretera de salida hacia Levante, que es por donde yo habría de salir de haberme ido, y a las dos de la madrugada ya dan noticia de los primeros accidentes fatales. Muertos anónimos, casi siempre, en la información, o desconocidos para quien oye la radio o lee el periódico, pero que tendrán ya quien los esté llorando con el alma desgarrada, que la tragedia se ha abatido sobre otras vidas que no estaban allí pero para las que ya nunca nada será igual: hijos huérfanos, padres desolados, esposas o maridos sumidos en el dolor, en la angustia y el vacío, en el silencio o en el grito.

O acaso sí estaban allí y se hallen ahora heridos en un hospital, ignorantes aún de que su desgracia es mucho mayor de lo que sus hemorragias, ya controladas, o sus huesos rotos les puedan hacer creer.

Sé de lo que hablo. Sobreviví a un accidente, hace cuatro años, sobre el viaducto de El Espinar. El reventón de una rueda trasera. Murieron mi nieta mayor y mi hermana más próxima. Solo quiero añadir que mi vida ya es otra, que nuestra vida familiar ya es otra, que la irremediable pesadumbre de aquella desventura nos hace, a veces, insoportable la memoria.

Y hace un par de meses, el lunes 4 de abril, la maldita carretera se ha llevado a Juan Ramón Lodares, mi discípulo más afín en pensamiento, más fiel en su amistad, más firme en mi esperanza. Volvía de El Escorial hacia Guadarrama, para tomar la autopista, a mediodía, tras consultar allí unos documentos necesarios para el libro que estaba escribiendo, y le salió un camión en un cruce, por la izquierda. Murió instantáneamente. En la página 53 de este diario, al día siguiente, se hablaba de tres personas muertas en sendos accidentes de tráfico, que se enumeraban, con somera descripción, y se decía que un hombre de 46 años había muerto, en la carretera M-600, al chocar con un camión su Peugeot 205, según habían informado desde Emergencias 112. Una noticia esencialmente numérica, que velaba los dramas que pudiera haber detrás.

Ese mismo martes 5, a mediodía, cuando yo me disponía a salir hacia el tanatorio del cementerio de Pozuelo, en las redacciones ya habían tenido conocimiento de la identidad del hombre de 46 años de la M-600 y tuve un par de llamadas para pedirme que escribiera un artículo necrológico. Contesté que yo no estaba esa tarde para redactar necrologías sino tan solo para llorar con desconsuelo.

Las hubo, de todos modos, en días sucesivos. Artículos doloridos, consternados. Y en algunos diarios más de uno. Era un lingüista con muchos saberes y un escritor transparente, cuya brillantez expositiva y la firmeza de sus argumentaciones suscitaban admiración; pero era además un ser sonriente y amable, de modales elegantes, de simpatía comunicativa.

Tenía muchos amigos, como se ha podido comprobar con motivo de su muerte. En todos los artículos a que ella dio origen, en los días que siguieron, se podía apreciar verdadera aflicción, valoración sincera y evidente pesar. Yo los he leído con gratitud, confortado en mi pesadumbre, enlutado mi ánimo por la implacable fatalidad. Juan Ramón Lodares era para mí, profesionalmente, como un hijo: ese discípulo admirado y querido, heredero de nuestras mejores ideas, capaz de proyectarlas y enriquecerlas, de afianzarlas y mantenerlas vivas después de nuestra muerte, una esperanza de supervivencia. Y ahora es él quien se nos ha ido y me hace más oscuro e incierto y desolado el futuro inmediato y el que vendrá después, cuando yo no esté.

Maldita carretera. Va a hacer veinte años, a finales del 85, tres de mis amigos y compañeros más cercanos, Pascual González Guzmán, Nicolás Marín y Julio Fernández Sevilla, que regresaban de Jaén a Granada, tras una jornada de trabajo, se estrellaron contra una furgoneta que venía en dirección contraria e invadió su carril, en una larga recta, no se sabe si por desmayo o sueño de su conductor, que llevaba muchas horas al volante y que también murió con ellos. Fue el primer golpe que directamente me afectó de ese azote constante. Pascual y Nicolás habían coincidido conmigo, como estudiantes, en la Facultad de Letras de Granada y los tres hicimos y ganamos la misma oposición a cátedras de institutos; habíamos tenido, pues, los mismos maestros, una formación pareja y muchos recuerdos compartidos. Julio estudió allí también, después de terminar nosotros, y había convivido conmigo, hasta un par de años antes, en el Departamento de Lengua española de la Universidad Complutense. Se me despobló una parte de lo que había sido mi mundo. Había una ventana de mi vida a su memoria por la que ahora sólo se divisaba un paisaje de árboles talados.

Luego, estos últimos años, se me ha ido despoblando poco a poco mi mundo profesional, mientras yo me iba haciendo viejo. Murió Eugenio de Bustos, que había nacido el mismo año que yo; luego, inesperadamente, Emilio Alarcos, tan querido, tan clarividente, tan excepcional, tan magistralmente amigo. Y Francisco Marsá, demasiado pronto para todo lo que él era capaz de trasmitir, de comunicar. Pasé con él la tarde de la antevíspera de su muerte, en aquella clínica de Barcelona, sabiendo ya los dos lo que se acercaba, en la conversación más profunda, más emocionante y más humana que yo recuerde haber sostenido en mi vida («¡Qué suerte tuvo Emilio: resolver en un momento este trámite!», me confió). Y Santiago de los Mozos, catedráticos los dos en Granada, por los mismos años, que deslumbraba a mi hija Aurora en clase, cada mañana, y también a mí siempre que lo oía hablar con aquella precisión conceptual y aquella perfección sintáctica. Y Antonio Llorente, compañero de tantas horas y trabajos, tan modesto, tan sencillamente sabio, tan enteramente bueno. Después mi maestro, Manuel Alvar, que me dio aliento universitario y guió mis caminos con buen pulso y me trajo a donde estoy. Y Ofelia Kovacci, tan distinguida, tan segura, tan exacta. Y Juan Manuel Lope Blanch, adelantado en México. Y el gran maestro universal, el más claro cerebro de la lingüística contemporánea, Eugenio Coseriu, el mayor teórico (y mucho más) de nuestra generación, que tantas ideas nos había proporcionado, tan ligado a España y a nuestro mundo hispánico, tan admirado y seguido, tan personalmente amigo que hasta quería construirse una casa a la vera de la que yo habito en vacaciones, para tener con quien hablar. Y Fernando Lázaro Carreter y Antonio Quilis, más tarde. Y hace solo unos meses Tomás Buesa, con quien oposité a cátedras universitarias y las ganamos los dos, tan fiel a sus principios, tan directo en sus valoraciones, tan seguro en el aprecio, tan vulnerable a veces. Un desierto la filología hispánica que ha constituido mi panorama profesional de tantos años. Me reúno a veces con Manuel Seco y llegamos a la conclusión de que solo quedamos él y yo y pocos más. Pero todo esto es normal. Nuestro plazo se va cumpliendo. Hemos hecho lo que hemos podido, lo que nos tocaba hacer y ya nos estamos aproximando, serenamente, a la orilla de ese mar que es el morir. Ahora el testigo lo han tomado los que vienen detrás, los que todavía no han llegado a esta más o menos prolongada antesala del fin, los que, en muchos casos, han sido nuestros discípulos y, de algún modo, nos prolongan.

Lo terrible es cuando se quiebra el orden natural y cae alguno que no había completado, ni mucho menos, su andadura, alguien en la plenitud de su madurez y sus esperanzas, alguien de quien se podía vaticinar un porvenir denso y esplendoroso, alguien que, confiábamos, nos iba a sobrevivir y a mantenernos activamente vivos, de alguna manera, en su comprensión, en su fidelidad, en su estima y en su memoria. Por eso la muerte de Juan Ramón Lodares me ha golpeado tan duramente. Se ha llevado mi futuro póstumo, que es ya casi el único en que cabe pensar. «Pero viene un mal viento, un golpe frío/ de las manos de Dios, y nos derriba./ Y el hombre, que era un árbol, ya es un río./ Un río echado, sin rumor, vacío,/ mientras la Tierra sigue a la deriva,/ ¡oh, Capitán mi Capitán, Dios mío!», que escribió Blas de Otero, en esos dos tercetos sobrecogedores, convirtiendo el río, metáfora de la vida, echado, vacío y sin rumor, en metáfora de la muerte, de la muerte de los ríos que no van a dar naturalmente en la mar que es el morir.

Y aquí nos quedamos los del camino completo, quizá con la mar a la vista, devastadas nuestras últimas ilusiones, atribulados, demorados acaso en el delta final, con todo el peso en el alma de las muertes anticipadas que nos ha tocado vivir. Recuerdo la frase luminosa de una mujer de pueblo que recibía el pésame por el fallecimiento de su padre con cerca de noventa años: «Pena la justa: ha muerto en su edad». Pero son muchos los que no mueren en su edad, por unas u otras causas, algunas evitables o banales, en todo caso atroces, y siempre tenemos alguien para quien no vale la pena justa, alguien que se nos adelanta en el tiempo y nos deja sumidos en una pena desbordada, que nos ahoga, sin límites, tremenda e implacable, inacabable, continua... ¡Maldita carretera!

Blog de Arcadi Espada
 4 Julio 2005

Como va declinando puntualmente, y con gracioso asombro, mi querida Ana Nuño tampoco hoy, y es el cuarto día consecutivo, La Vanguardia informa del “caso Avui”, el extraordinario suceso de un periódico pagado con dinero público que publica una incitación al exterminio de los firmantes de un manifiesto político.

Aunque cabría matizar, desde luego, que esa incitación, publicada el pasado jueves, es ciertamente metafórica: por el momento el diario no incluye una hoz entre sus promociones dominicales. Centrándonos en La Vanguardia: aún se entiende menos su actitud si se analiza a la luz de las sinergias. Al fin y al cabo comparte propietario con el Avui: el famoso conde de Godó tiene un 40 por ciento en el periódico que ha publicado la incitación al exterminio. Otro 40 por ciento lo tiene el editor José Manuel Lara, que participa en diversos negocios periodísticos. Entre ellos el diario La Razón, que tampoco ha informado sobre el asunto.

Pero respecto a los negocios de Lara las cosas cuadran peor: también participa en Onda Cero y la emisora sí ha hablado, y largamente, sobre el caso. Lo que demuestra que es un error adjudicar a los empresarios la responsabilidad sobre estos fraudes. Si Carlos Herrera leyó el otro día en antena el artículo de Avui, después de unas flemas y de santiguarse, fue porque lo creyó justo y necesario.

Si La Vanguardia lleva cuatro días de abstinencia es porque sus periodistas lo han decidido. Todos sus periodistas. Responsables, por cierto, de que se produzcan ceremonias tan divertidas como la del joven Sagarra, comentando el domingo el artículo de Avui, sin que los lectores del periódico supieran de qué estaba hablando.

Sin embargo, la actitud de La Vanguardia, aunque inmoral, es perfectamente representativa. Responde a la reacción dominante del establecimiento. Sus cuatro días son los del gobierno de la Generalitat, incapaz de dar una sola explicación a la sociedad catalana (si eso existe, claro) de que un periódico propio incite al exterminio. Sus cuatro días son los de sus partidos: con la contundente excepción del Pp. Sus cuatro días son los de los articulistas (¡salve García Domínguez!) de todos los periódicos catalanes: mudos o locos. Digo disyuntivamente locos porque el joven Sagarra, ayer, y un Juliana hoy, en la propia Onda Cero, sí hablaron: para decir que el articulista del Avui era un gran amigo de Boadella y que, en fin, el exterminio era un mero asunto de familia.

Es cierto que los dos trabajan en La Vanguardia y que cabe aceptar el delirio surrealista (con o sin fármacos) como su peculiar clásula de conciencia. Los cuatro días son, en fin, los de Cataluña. La incitación al exterminio de Avui sólo ha provocado reacciones en el resto de España. No sólo por la reacción pública y honrosa de muchos articulistas y políticos españoles. También por la solidaridad privada. Cuatro días de Cataluña, en efecto. Una sociedad realmente moderna, que no puede distinguir entre el bien y el mal. Y cuya única posibilidad de supervivencia se basa en seguir así.

Correspondencias

Apreciada Marta: A través de usted recibí hace unos días la amable invitación que la Presidencia de la Generalitat ha cursado a diversos periodistas para visitar Barcelona durante los próximos días 6 y 7 de julio, a lo largo de la cual íbamos a mantener conversaciones con el presidente Maragall y otros responsables institucionales sobre el proyecto de nuevo
Estatuto de Autonomía y otros asuntos con él relacionados.

Lamentablemente, el pasado día 30 de junio, el diario Avui, periódico cuyas cuantiosas pérdidas son enjugadas en su totalidad por el Gobierno de la Generalitat, publicó un artículo firmado por Oriol Malló bajo el titulo “Falangistes taxidermistes” cuyo texto, amén de un delirio paranoide, es una insoportable incitación al odio y a la violencia, y, en sentido literal, al exterminio de los firmantes del manifiesto “Por un nuevo partido en Cataluña”.

Nunca antes se había llegado tan lejos en un medio de comunicación. Ni siquiera en los que fueron clausurados bajo la acusación de ser instrumentos de una organización terrorista. Mucho menos en un medio cuya financiación lo convierte en un medio de comunicación público.

Desde el mismo jueves he esperado una reacción fulminante de la dirección del periódico y de la institución que paga las cuentas. Ambas han sido profundamente decepcionantes. Como comprenderá, que el director de Avui explique que la opinión del periódico no es la que expresa el tal Malló en su artículo, sino la que exponen sus editoriales, es un signo de la altura que está alcanzando entre nosotros la idiocia moral y mueve al más desolado pesimismo antropológico, pero no concierne al objeto de esta carta. Sí lo afecta, en cambio, la incomprensible pasividad del Govern y de su presidente. Que un gobierno no haya hecho ya uso de sus competencias en un periódico que subvenciona y en el que se llama al exterminio de personas y a la guerra civil, me llena de perplejidad y consternación. Efectivamente, el drama está servido.

Por todo ello lamento tener que declinar la invitación para visitar los próximos días 6 y 7 una institución por la que siempre he sentido respeto. Créame que lamento las molestias que esto pueda causarle.

Atentamente, Santiago González

LA INTEGRIDAD DEL PP
Xavier Pericay ABC 4 Julio 2005

EL reciente desenlace de las elecciones autonómicas gallegas ha venido a confirmar una constante en la vida política española que, no por conocida, deja de mover a reflexión: la enorme facilidad con que el Partido Socialista Obrero Español alcanza cuantos pactos sean necesarios para llegar a gobernar o, en su caso, conservar un gobierno, y, a un tiempo, la extrema dificultad del Partido Popular para lograr algo parecido cada vez que los votos obtenidos en las urnas, aun cuando lo sitúen como primera fuerza política, no le otorgan una mayoría suficiente. Por supuesto que, en lo relativo a Galicia, las posibilidades de que la constante no se cumpliera eran prácticamente nulas, si se atiende a lo manifestado en los últimos meses por las tres formaciones en litigio. Pero Galicia, en el fondo, no es más que el capítulo final de una vieja y larga serie.

Ni que decir tiene que una de las razones de este contraste entre los dos grandes partidos nacionales radica en el hecho de que el PP concentre el electorado de centro-derecha y de derecha, mientras que el PSOE se ve obligado a compartir el espacio correspondiente en el campo de la izquierda con lo que queda de Izquierda Unida. Pero no es esto lo que separa mayormente a populares y socialistas, sino el trato que cada uno de ellos ha establecido desde que existe democracia en España con las formaciones regionalistas y con los nacionalismos periféricos. Desde entonces, el PSOE no ha tenido ningún empacho en pactar con quien fuera en aras de gobernar. Le ha dado igual que la pareja fuera regionalista o nacionalista, moderada o radical. Le ha dado igual lo que esta pareja le pidiera a cambio.

Así, en la periferia, ha pactado con un partido nacionalista conservador en el País Vasco y con un partido independentista de izquierdas en Cataluña, y, dentro de nada, en Galicia, va a pactar con un partido nacionalista que había sido de izquierdas y que en los últimos tiempos parece bastante más conservador. Y, en cuanto al resto de España, puede decirse que no hay autonomía con formación regionalista que se precie -excepto los casos de Navarra y de la Comunidad Valenciana, donde Unión del Pueblo Navarro y Unión Valenciana han alcanzado prácticamente sendos puntos de fusión con el Partido Popular- a la que el PSOE no se le haya declarado con éxito en alguna ocasión.

No ocurre lo mismo con el PP. En lo tocante a sus relaciones con los nacionalismos periféricos, el partido que hoy encabeza Mariano Rajoy se ha mantenido por lo general al margen de posibles pactos de gobierno y, allí donde no contaba con una mayoría de votos suficiente para gobernar en solitario, se ha limitado a navegar entre la beligerancia manifiesta y la no intervención. Es cierto que en Cataluña, coincidiendo con su llegada al Gobierno de España, mantuvo acuerdos concretos con los ejecutivos de Convergència i Unió. Pero fueron eso, acuerdos concretos, y el propio Jordi Pujol tuvo mucho interés en escenificar ante su electorado acuerdos semejantes con Esquerra Republicana de Catalunya. E incluso en sentido inverso, es decir, cuando eran los populares quienes necesitaban de los votos de los nacionalismos moderados catalán o vasco para gobernar en España, la postura del PP en este terreno fue infinitamente más nítida y transparente que la que el PSOE ha mantenido en lo que va de legislatura con sus socios de ERC. Pero allí donde la integridad de los populares más contrasta con la mezcolanza socialista es, sin duda, en la política de alianzas con las diferentes fuerzas regionalistas. Y es que, a diferencia del PSOE, que ha buscado pactos a diestro y siniestro sin importarle lo más mínimo la naturaleza ideológica de la otra parte contratante, el PP se ha movido siempre en el terreno que por lógica le corresponde, el que va del centro hasta la derecha. Y lo cierto es que, en más de una ocasión, ha salido bastante malparado. En Cantabria, por ejemplo, donde el Partido Regionalista de Cantabria, de centro-derecha, que había gobernado en las dos últimas legislaturas autonómicas con los populares y apenas representa el 20 por ciento de los votos emitidos, suscribió en 2003 un acuerdo de gobierno con los socialistas que le aupó a la Presidencia de la comunidad. O en Baleares, donde en 1999 la muy centrista Unió Mallorquina rompió los acuerdos que había mantenido hasta entonces con el Partido Popular para sumarse a una suerte de pentapartito integrado asimismo por socialistas, nacionalistas radicales, ex comunistas y ecologistas. O en Aragón, también en 1999, donde el Partido Aragonés Regionalista formó una coalición de gobierno con el Partido Socialista de Marcelino Iglesias, aun cuando el PP, con quien los regionalistas habían gobernado en la anterior legislatura, era la fuerza más votada.

De ahí que no les vaya a resultar fácil a los populares recuperar los territorios perdidos y tratar de mantener los que ya controla. A la versatilidad socialista hay que sumar la de los partidos regionalistas, acostumbrados a sacar un rédito extraordinario a un porcentaje discreto de votos. Es cierto que todavía faltan casi dos años para renovar los ayuntamientos de toda España y los gobiernos de trece Comunidades autónomas, en lo que constituirá, salvo sorpresas, el aperitivo de las próximas elecciones generales. Y que hasta podría darse el caso de que surgiera entre tanto un nuevo partido con implantación en toda la Península, situado a la izquierda del PP y con el que este pudiera suscribir acuerdos estables. Pero esto, de momento, no son más que conjeturas. Y lo que cuenta es el presente. ¿Cambiará el Partido Popular su estrategia? ¿Renunciará a la integridad que le ha caracterizado hasta la fecha? Tiempo habrá, sin duda, de comprobarlo.

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