AGLI

Recortes de Prensa     Martes 5 Julio 2005
Sentencias que intensifican el delito
EDITORIAL Libertad Digital 5 Julio 2005

Impropio
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 5 Julio 2005

España como convicción
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC 5 Julio 2005

ESTAMOS PERDIENDO EL NORTE
ANA MARÍA VIDAL-ABARCA ABC  5 Julio 2005

La herencia de Narcís Serra
GEES Libertad Digital 5 Julio 2005

Ibarretxe se fue de la lengua
Lorenzo Contreras Estrella Digital  5 Julio 2005

La esencia del pacto
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 5 Julio 2005

Maragall en el país de nosotros y ellos
VALENTÍ PUIG ABC 5 Julio 2005

Regreso al futuro
ROSA DÍEZ  ABC 5 Julio 2005

Aznar pide claridad moral e intelectual para defender la libertad ante la tentación de la negociación o rendición
Agencias Libertad Digital 5 Julio 2005
 

Sentencias que intensifican el delito
EDITORIAL Libertad Digital 5 Julio 2005

“Un retroceso gravísimo en la lucha antiterrorista que luego se paga con muertos", “una vuelta atrás”, “si ya políticamente las cosas no estaban claras, judicialmente ya empiezan a estar turbias". Los sindicatos de policía no pudieron ser más expresivos a la hora de manifestar su rechazo a la reciente y escandalosa sentencia de la Audiencia Nacional, por la que se “condenó” a penas mínimas a los miembros de Jarrai y en la que se dejaba de considerar a esta organización juvenil proetarra como parte del entramado terrorista. Gracias a la consideración de organización ilícita no terrorista inserta en la sentencia –“los cócteles molotov no son un arma”, se llega a decir-, los cachorros de ETA no tuvieron que volver a prisión y salieron del juicio con una actitud todavía más provocadora y desafiante que con la que se habían sentado en el banquillo.

Pues bien. Poco ha tardado el tiempo en darle la razón a los indignados comunicados de la policía. Los actos de terrorismo callejero cometidos en junio en País Vasco y Navarra se elevaron a 36, más del doble de los cometidos en mayo. El ritmo de sabotajes creció exponencialmente a partir del 20 de junio, fecha en que se dio a conocer la polémica sentencia.

Lo hemos dicho más de una vez. La lucha contra el terrorismo no sólo depende de una intensa lucha policial, sino la implicación en ella de los tres poderes del Estado. El ejecutivo, el legislativo y el judicial. De poco o nada sirven las detenciones si la culpabilidad no conlleva la severidad y la certeza de la pena. De poco o nada sirve endurecer la legislación si luego los jueces no la aplican o los gobiernos debilitan su certeza con ofertas de “diálogo” a los terroristas.

No vamos, por tanto, a relacionar exclusivamente la bochornosa sentencia de los magistrados Pedraz, Ollero y Guevara con el incremento de la kale borroka; pero el hecho cierto es que hasta que esta se hizo pública, el numero de sabotajes era similar al del mes anterior. De lo que, desde luego, si se puede responsabilizar a estos magistrados, puesto que la sentencia ha sido suya, es de que los cachorros de ETA salieran del juicio envalentonados en lugar de escarmentados. Exactamente igual que como salen los pistoleros tras un tiempo en el que constatan que hay gobiernos dispuestos a negociar con ellos su impunidad.

PP
Impropio
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 5 Julio 2005

Los principales errores de la derecha española desde la Transición se resumen en uno: tratar de dar la batalla desde el campo discursivo de la izquierda. Podríamos encontrar convincentes explicaciones para el fenómeno, como el apabullante dominio de la propaganda por parte del adversario. Con todo, no hay justificación alguna para que el universo liberal conservador español actúe, comunique, proyecte y decida a la defensiva a estas alturas de la democracia.

Bajo el liderazgo de Aznar, se desplegó una acción de gobierno cuyos logros económicos, antiterroristas y de regeneración institucional fueron y son la envidia y el modelo de gobernantes honrados y responsables de todo el mundo. Precisamente porque Aznar fue un gobernante excelente, toda la maquinaria de intoxicación socio-polanquista y nacionalista se propuso como objetivo principal acabar con su imagen. Con su liderazgo no podían porque él mismo se había marcado fecha de caducidad.

Precisamente porque Aznar fue una bendición para España, los que se alimentan de la debilidad nacional y los que se crecen con nuestra decadencia lo tienen aún, y lo seguirán teniendo, por principal enemigo. Cuanto más cercano estuviera uno a aquel líder, más cartas tiene para que la izquierda zapaterozerolina (lo tomo prestado, Federico) lo estigmatice, lo investigue, le instruya una causa general, lo insulte en Crónicas Marranas y lo linche. Todo esto debería ser un honor para la víctima, pues subraya su honradez y su valía.

Pero hete aquí que algunos de los que estuvieron muy, pero que muy cerca de Aznar, se rilan, se amilanan, se acoquinan. Hasta aquí, lógico. Y, fatalmente, se entregan al enemigo por la vía maldita: pasándose a su campo discursivo. En ese momento ya han perdido. Ni lograrán jamás imponer su punto de vista en una dialéctica con las cartas marcadas, ni merecerán el respeto de los suyos. Gallardonear está bien visto por nacionalistas y socialistas; no por los populares. Ni por sus bases ni por sus votantes.

Hay un grado supremo de error, un paso más allá en la renuncia política y moral. Consiste en rilarse, acoquinarse, pasarse al campo discursivo del enemigo y, además, querer promocionarse por contraste con compañeros de partido y de gobierno que han sido repetidamente linchados y calumniados. Se trata de ganarse al verdugo (inútil tentativa) a base de denigrar a los mejores compañeros, las víctimas preferidas del socio-polanquismo, las que le preceden a uno en la cola de la guillotina. A ver si así le perdonan. Lamentable, impropio.

España como convicción
Por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA UNIVERSIDAD DE DEUSTO ABC 5 Julio 2005

¡SE ha perpetrado una conferencia!, escribía en 1920 Joseph Roth, con el tono dramático de quien, en una novela negra, descubre un delito, invitando a buscar al culpable y el móvil. Literato mayor, Roth fue también un prosista de periódico, un hombre que se asoma a los hechos cotidianos de la Europa de las grandes guerras, un escritor al que se entiende y al que vale la pena entender, que expresa la fragilidad de su tiempo, lo ridículo y lo trágico, gracias a la ironía con la que coge los asuntos por los pelos, mirándolos lo suficiente para entender su esencia, sin soltarlos cuando su peso se hace insostenible y sin volverse cuando muestran su rostro de Medusa.

La broma del buen expatriado de Roth, que como hijo de un siglo vinculado al placer de adoctrinar se pregunta qué impulsa cada día a tantos tipos alucinados a verter sobre tantos caballeros un raudal tan torrencial de palabras, agresivas, quiméricas, persuasivas o penosas, según el carácter, el lugar o la circunstancia, la broma del bebedor Roth, que se toma el pelo incluso a sí mismo, destripa un proceso general que, en la sociedad y la cultura, no ha hecho más que crecer en una medida imparable. Sobre todo, en España, inmenso país de la palabrería, que escribía el maestro de periodistas Gaziel .

Hace tiempo que la tierra, en este lugar de diálogos y declaraciones kilométricas, de tertulias políticas, casinillos de barrio, cacharrerías de Ateneo y conciliábulos de oficina, exhala palabras, opiniones, informaciones, comentarios, alocuciones, comunicaciones, burbujas y burbujillas que nos envuelven como una niebla. Los antiguos preceptos -ama a tu prójimo, carpe diem, ¡proletarios del mundo, uníos!... - han dejado paso al eslogan que recorre ruidosamente la actualidad política. Hablemos. Conferencias, debates, mesas redondas... Cuando ocurre algo, los periodistas no indagan acerca de lo ocurrido, que acaba por quedar en un discreto segundo plano o incluso por desaparecer, sino que reproducen declaraciones, opiniones y comentarios de no importa quién sobre lo que ha sucedido. Cuando el País Vasco, frontera movediza, exporta la especia del fascismo en coche bomba y un noble y cíclico aluvión de amenazados, viudas y disidentes llenan de protesta las calles de Madrid, el lehendakari se sube a su tarima y propone debates y mesas y más mesas... mesas sin exclusiones... mesa Ibarreche, mesa Zapatero...

Vivimos, después de tantas aventuras trágicas, en una democracia donde hay leyes hechas y promulgadas, pero algunas no se cumplen: preferimos el estilo viejo, el de las trampas de Cánovas y Sagasta, el fluido de los acuerdos subterráneos, las argucias bajo la mesa, el imperativo del secreto. Hablar, sí, hablar sin tregua, puede distraernos de nuestra mediocridad, puede liberarnos automáticamente de responsabilidades (¿es que no sabe usted con que palabras estoy hablando? Diálogo. Tolerancia etc. ), puede ocultar nuestra falta de ideas y convicciones, puede convertir en hombres de Estado a pobres ignorantes, a profesionales del poder o a un vulgar demagogo, pero es improbable que dé más consistencia a la fragilidad de nuestros sueños o nuestras penas. El apátrida Roth, que en su álbum berlinés abogaba burlonamente por incriminar a muchedumbres enteras de conferenciantes, sabía perfectamente que también hay conferencias que son inteligentes y honestas, capaces de tocar las conciencias y dar testimonio de valores. La pronunciada por el historiador Ferran Gallego hace unos días en el Aula de Cultura de ABC es de estas últimas, reabre una esperanza en un tiempo en el que parece no quedarnos otro papel que el de sepultureros de una idea plural y ciudadana de España.

La palabra problema puede ser una insidiosa petición de principio. Hablar, por ejemplo, del problema judío es postular que los judíos son un problema; es vaticinar (y recomendar ) las persecuciones, la expoliación, los balazos, el degüello, el estupro y la lectura de la prosa del doctor Rosenberg. Otro demérito de los falsos problemas es el de promover soluciones que son falsas también. En el libro octavo de su historia natural al original Plinio no le basta fabular que los dragones atacan en verano a los elefantes: aventura la hipótesis de que lo hacen para beberles toda la sangre que, como nadie ignora, es muy fría. Consciente de vivir en un país de Plinios (¡cuantos artículos y libros artificiosos sobre España y el problema-hecho catalán, España y el «conflicto» vasco, Españas y el problema español, etc.!, consciente de que las palabras tienen dueños pero también esclavos, Ferran Gallego tituló su conferencia «España y el nacionalismo catalán».

Luego dijo... «Desde la transición no se conoce una crisis igual. Estamos en la batalla cultural más importante que se ha vivido en nuestro país desde 1978: asistimos al mayor proceso de impugnación de la nación española que se ha producido desde la aprobación de la Constitución. Y ese tipo de batallas se hace con palabras, con el uso que se les da, con el sentido que se normaliza, deformando lo que siempre han querido decir». Para que no quedaran dudas remató ... «La impugnación de la idea de España elemento central de la teoría y la práctica nacionalista, ha pasado a constituir la única base de acción de la izquierda española para legitimar su posición en el poder, como lo hizo en la oposición...».

Los nacionalistas, desde el punto de vista conceptual, no plantean mayores novedades. Como decía Plutarco al burlarse de quienes declaraban que la luna de Atenas era mejor que la luna de Corinto, son como los niños, persiguen el mismo objetivo que el niño: singularidad y atención preferente de todos. Lo que ocurre es que la traslación de su sentimiento a la política, al menos en la versión de los que por aquí pululan, es dinámica. Hace años pataleaban. Hoy ya son pequeños tiranos. La España plural ya está hecha... pero no es suficiente, no basta, de lo que se trata ahora (ay, Zapatero... ay, Llamazares) es de liquidar el gran acuerdo de la Transición; borrar la existencia misma de España como la entendimos entonces, como una nación de ciudadanos en la que todos debíamos ceder en algo; crear un frente constituyente que ha colocado a la mitad de los españoles fuera de los márgenes de la legitimidad política, propagando la ficción de que a partir del 2004 se ha iniciado una verdadera transición para restablecer la democracia perdida. En este nuevo ciclo, la memoria histórica no se utiliza más que como un instrumento de deslegitimación del adversario considerándolo heredero de los vencedores de la guerra civil y, a su vez, el pacto con los terroristas se reviste de unión de dialogantes frente a los tercos partidarios de una solución policial .

¿Qué hacer? Coincido con Ferran Gallego. Invocar una nación que se hace y no que se ha vivido, una España conjugada en presente y pensada en futuro, no en estado de derribo o de cierre por defunción política de sus ciudadanos y de sus representantes. Inventar una tradición ciudadana que falta. Levantarse en nombre de la pluralidad y del espíritu de la Transición ya hecha, de la reconciliación lograda entre los españoles y de la construcción de una nación de individuos libres, no de una suma de pueblos unánimes. Hay que salir del territorio donde la paciencia adquiere la forma de la abulia, la resignación va cobrando el aspecto del descreimiento y la resistencia los perfiles del cinismo.

Volviendo a uno de los grandes temas de su literatura, el derrumbamiento del imperio austro-húngaro, Joseph Roth escribía: « Tal vez entonces, mucho antes de la caída de la monarquía, intuyera que los comentarios a la ligera pueden resultar más mortíferos que los atentados de los criminales y los discursos solemnes de ambiciosos y revolucionarios individuos que pretenden arreglar el mundo. Pues la vieja monarquía austro-húngara, desde luego, no murió por culpa del patetismo hueco de los revolucionarios, sino por culpa del escepticismo irónico de quienes deberían haber constituido su fiel apoyo».

ESTAMOS PERDIENDO EL NORTE
Por ANA MARÍA VIDAL-ABARCA ABC  5 Julio 2005

Desde hace casi 40 años, ETA ha asesinado a españoles de toda clase y condición. Ha sido y es el auténtico enemigo común al que nos enfrentamos, sea cual sea nuestro color político. En la Asociación de Víctimas del Terrorismo siempre lo supimos.

Desde el principio, nuestra razón de ser fue defender los derechos y la dignidad de las víctimas, que tan desamparadas quedaban. Reclamábamos el reconocimiento que merecían las viudas, los huérfanos, los militares, los civiles que eran asesinados diariamente ante la indiferencia general. Fueron muchos años de esfuerzo hasta conseguir que la sociedad española mostrase de forma unánime su apoyo a las víctimas del terrorismo y que el Estado garantizase plenamente sus derechos. En 1999 los partidos políticos reconocieron públicamente el sacrificio de tantas vidas entregadas al servicio de España, con la Ley de Solidaridad, que entonces pareció que sería un punto de inflexión definitivo. El acuerdo entre los dos principales partidos para crear el Pacto Antiterrorista parecía el colofón al clima de entendimiento necesario para terminar con la lacra del terrorismo.

Contemplo con dolor cómo ahora se desteje todo el trabajo hecho, cómo se rompe la unidad en la lucha antiterrorista, cómo se olvida que el verdadero enemigo es ETA, cómo en definitiva «estamos perdiendo el norte».

Son muchos los años de experiencia en la lucha contra ETA. No se debe caer en errores antes cometidos por otros, sino aprender del pasado. Y por favor, no utilicen ni desacrediten a las víctimas.

Una razón particular ha pesado en mi decisión de dimitir. En 2001 fui alertada de que en la AVT, de la queyo era vocal, había indicios de mala gestión. Al no ser apoyada en mi solicitud de que se realizase una auditoria, presenté mi dimisión. Posteriormente, al constatarse la existencia de irregularidades, la AVT ha decidido presentar una demanda civil contra la anterior junta directiva en bloque, sin tener en cuenta que muchas de las personas que formábamos parte de ella no teníamos ninguna responsabilidad legal sobre los aspectos financieros de la entidad. Considero absolutamente injusta la forma de actuar de la AVT, que pone en cuestión el buen nombre de personas de trayectoria intachable.

Después de veinticinco años al servicio de las víctimas del terrorismo, me voy con tristeza y preocupación. Apelo a la responsabilidad del Gobierno para que se recupere el espíritu del Pacto Antiterrorista. Las víctimas y todos los españoles lo necesitamos.

Bono
La herencia de Narcís Serra
GEES Libertad Digital 5 Julio 2005

José Bono, como político con grandes ambiciones, le gusta jugar el papel del disonante en el gabinete radical de Rodríguez Zapatero, pero Bono, como ministro de Defensa, está siguiendo los pasos y culminando la política socialista que en su día arrancó Narcís Serra.

En efecto, culminada la desmilitarización de las fuerzas armadas y pasadas éstas a servir de ONGs con una naturaleza robusta, el gran diseño surgido del felipismo para acabar con el “problema militar” en España, ahora toca una vuelta más de tuerca: la desnacionalización de la defensa. En un país cuyo gobierno se entrega de pies y manos a los grupos nacionalistas e independentistas, la defensa nacional deja de tener sentido. El hecho de que la Ley Orgánica de la Defensa que promueve José Bono se apoye en los socios más radicales del gobierno, como ERC, que rechazan la idea de España como nación, no deja de tener sus consecuencias. Todas ellas altamente preocupantes. No es inimaginable que Carod y otros demanden del gobierno la retirada de las unidades que aún quedan del ejército español en Cataluña y País Vasco, por ejemplo. Ni que impongan su lengua sobre el español en todos aquellos acuartelamientos más allá de las fronteras castellanas.

Diga lo que diga Bono y quiera lo que quiera Rodríguez Zapatero, es insostenible que la defensa se base en acuerdos parlamentarios con fuerzas políticas que no sólo cuestionan el papel de las fuerzas armadas, sino que discuten la entidad de España.

Pero hay más, lo que ocurre en el plano interno también tiene su traducción en el plano internacional. Cegados por su rencor sobre el papel de España en la crisis de Irak, la formalización con rango de Ley de que cualquier envío al exterior de tropas nacionales deba contar con el amparo y resolución de la ONU o de otro organismo internacional, más la aprobación del Congreso de los diputados, no sólo establece un sistema de doble llave difícil de superar, sino que reconoce y admite algo mucho peor: la pérdida de soberanía nacional, de autonomía nacional de decisión en materia de defensa. El gobierno de Rodríguez Zapatero y la política de José Bono aspiran a que España no pueda decidir por sí sola en un tema que tiene que ver con su seguridad y su existencia.

Bono dirá cuanto quiera, pero la realidad es que es un fiel heredero del antimilitarismo del primer PSOE. No contempla papel alguno digno para un militar; no ve utilidad alguna en las fuerzas armadas. Eso sí, como sabe que los militares son un colectivo numéricamente relevante, recurre a los mismos caramelos que ya empleó en su día Narcís, entregarles a los Estados Mayores la modernización de su material. Si hipotecando el futuro de los ejércitos obtiene su silencio actual, qué más da. Ya veremos quién acaba mandando sobre el destino de nuestra defensa.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Ibarretxe se fue de la lengua
Lorenzo Contreras Estrella Digital  5 Julio 2005

Las declaraciones de Ibarretxe al periódico nacionalista Deia han causado alguna conmoción, aunque no estrictamente sorpresa. Los contactos e incluso las prenegociaciones del PSE, la rama vasca del PSOE, con la mismísima ETA, a través de Batasuna, por intermediación del dirigente socialista Jesús Eguiguren, circulan de boca en boca por los medios políticos. Y quien dice Eguiguren dice también cualquier otro nombre significativo. Ese rumor, o algo más que rumor, es compatible con los continuos desmentidos del Gobierno central, sobre todo por boca de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. De ahí que ahora las declaraciones del lehendakari hayan servido para profundizar las sospechas o, si se prefiere, los convencimientos de que “algo hay” e incluso de que hay mucho. Porque Ibarretxe lo que ha hecho ha sido confirmar, sin ambages ni ambigüedades, que los “diálogos” se están produciendo a tres bandas, Gobierno, PNV y Batasuna. Y decir Batasuna, la formación ilegalizada que ha visto recientemente detenido y encarcelado a su portavoz Arnaldo Otegi, es decir ésta con su más conocido e indiscutible intérprete político. Una detención, con posterior libertad bajo fianza, que ya empieza a no significar gran cosa ni una voluntad de mantener a raya al entorno aterra, sino más bien una operación de distracción en la que entra el mundo judicial con su vitola de independencia interferida por el celo de los fiscales, el estamento de la Justicia más asequible a las presiones e incluso “excitaciones” del Gobierno.

El PP aprovecha las declaraciones de Ibarretxe para exigir aclaraciones y diafanidad al Gobierno. Sólo han transcurrido diez días desde que la banda terrorista hizó estallar un coche bomba de reducida pero significativa potencia junto al estadio de La Peineta, que es el “buque insignia” del proyecto del Madrid 2012. El atentado, más o menos simbólico, estaba cargado de perversas intenciones para hacer abortar las aspiraciones olímpicas de Madrid. Juan Antonio Samaranch, ex presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), admitió la posible influencia del hecho sobre lo que se decida en Singapur, por más que el alcalde madrileño, Alberto Ruiz-Gallardón, restara importancia al suceso, cuando el pasado 5 de mayo afirmaba que un atentado de ETA sería en esta coyuntura lo peor para aquellas pretensiones.

Con atentados de este tipo, calificados todos ellos hasta ahora como “de baja intensidad”, las negociaciones vergonzantes incoadas y no reconocidas oficialmente van a continuar. Zapatero quiere ser el Espartero de la última “guerra carlista” y asegurarse un puesto en la Historia. Con Espartero, aquel “abrazo” pacificador no tuvo contrapartida de precios políticos exigibles a Madrid porque las circunstancias eran otras y los carlistas eran, a su modo, tan españoles como sus adversarios dinásticos. En este nuevo escenario español los precios pueden ser muy onerosos y graves, ya que está en juego el modelo del Estado e incluso la integridad territorial del país. O sea, la unidad de España.

Desde el entorno etarra llegan continuas referencias, perfectamente captables dentro de su aparente sordina, a la necesidad de que los “diálogos”, por no decir negociaciones, se vayan consolidando con la más estricta discreción. Así ha venido a expresarse hace días el dirigente etarra, camuflado, de sindicalista de LAB, Díez Usabiaga. El sindicato LAB ha abundado en ello, como queriendo indicar que los atentados y exteriorizaciones del activismo etarra son perfectamente compatibles con el funcionamiento de una mesa de negociaciones en toda regla. O contra toda regla.

La esencia del pacto
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 5 Julio 2005

El lehendakari Ibarretxe ha dicho, mi señor Zapatero, que su partido (el de usted) está negociando con el partido ilegalizado Batasuna. Yo no me lo creo, como le digo una cosa le digo la otra. Usted declaró hace dos meses: «El Partido Socialista no ha mantenido ninguna relación con personas que puedan representar a la extinta Batasuna. No ha habido relación alguna, ningún diálogo» (El País, 24-04-2005). ¿Cómo no voy a creer yo a mi presidente? El señor Rubalcaba explicó que los españoles nos merecemos un gobierno que no nos mienta y yo creo que tenía razón.

El lehendakari que tanto ha reclamado discreción, «hay que hablar menos y hacer más», está que no calla: «Estoy hablando con Batasuna y el Partido Socialista también está hablando con Batasuna. Es bueno que hablemos todos con todos». Que él estaba hablando con Batasuna no podía ser más evidente: Arnaldo Otegi fue convocado como uno más en la ronda de negociaciones previa a la investidura de Ibarretxe.

Esto nos plantea un conflicto de credibilidades, presidente. Si los presidentes no mienten, aunque sean españoles, ¿cómo podría mentir un lehendakari, que por su propia naturaleza y en función de su cargo tiene palabra de vasco? Seguros de que tampoco Ibarretxe miente -todo lo más habrá malinterpretado los datos-, habrá que esperar a que 'Gara' publique algún día la gran exclusiva de los contactos y entonces volveremos a asistir a las virtuosas protestas que ya hizo el partido-guía de todos los vascos (y las vascas, claro) cuando se hicieron públicos, a finales de abril de 2001, los términos de las conversaciones PNV-EA-ETA del verano del 98: ¿A quién creéis más, a ETA o a mí?

Ibarretxe hace dos aseveraciones importantes, presidente. La primera, con esa terminología de la termodinámica aplicada a la resolución de conflictos que le ha prestado Elkarri, de que en la fase resolutiva no puede haber violencia, que sólo es admisible, al parecer, en la fase de maceración. Luego, ya en plan de cocinar, se puede rescatar la pieza y olvidarse del adobo.

La segunda es una observación razonable: El PSOE y el PP «mantenían que el objetivo era la derrota del terrorismo y no un esquema de final dialogado», aunque admite que «eso está cambiando».

En eso tiene razón, presidente. La esencia del Pacto Antiterrorista, que usted interpreta como el apoyo a la estrategia del gobierno está en la siguiente frase del acuerdo: «desde el acuerdo en el diagnóstico y en las consecuencias políticas que del mismo se derivan, ( ) queremos hacer explícita, ante el pueblo español, nuestra firme resolución de derrotar la estrategia terrorista, utilizando para ello todos los medios que el Estado de Derecho pone a nuestra disposición».

Ya no hablan ustedes de derrotar a ETA, sino de aprovechar las oportunidades para un proceso de paz y de diálogo. Den un entierro digno a ese pacto, presidente. Fue bueno mientras duró.

Maragall en el país de nosotros y ellos
Por VALENTÍ PUIG ABC 5 Julio 2005

TANTO despilfarro y detrimento de energía política en Cataluña no se recuerda desde que Verdaguer quiso cifrar en la cumbre del Canigó todo el poder de la voluntad divina. La diferencia es que de la ejecutoria de Pasqual Maragall no es probable que queden estrofas para recitar en casa. Se achaca a Maragall que haya resultado ser más nacionalista que los nacionalistas y que esté cediendo tan a gusto, con tanta complacencia, ante un socio minoritario como ERC: de todo hay, pero también una incapacidad política que no se esperaba tan flagrante en el hombre que pastoreó popularmente la Barcelona olímpica.

En una sociedad generalmente predispuesta a mirar para otro lado cuando las cosas no van como tienen que ir, la política de la Cataluña actual consiste en debatir un nuevo estatuto de autonomía que a nadie le urge, recibir palmetazos del director de la feria de Fráncfort, negar como sea que existe el llamado «Manifiesto de los Quince» y ver cómo aparece de forma impune un Danton independentista llamado Oriol Malló que explícitamente reclama el azote y la guillotina para quien disienta de la llamada oscura de la nación catalana, del ellos y del nosotros. Danton le muestra el Sena a Camilo Desmoulins: «¿Lo ves? Baja rojo de sangre». Al final, acostumbra a entrar en escena un Napoleón. A lo lejos, como las luces del último puerto en la noche, parpadean los balcones del Carmelo y las fosforescencias del tres por ciento, ya puesto funerariamente bajo tierra.

En casos así, la irresponsabilidad pública acostumbra a desparramarse en busca de una cierta presión redistributiva. Por eso a nadie sorprende que en el reciente barómetro de opinión pública -elaborado por una institución adscrita a la Generalitat- más de un 58 por ciento se desinteresan por completo de la política, casi un 53 por ciento no ve con satisfacción el curso de la democracia y un 68 por ciento desconfía drásticamente de los políticos. Si es cierto que el abstencionismo es un mal común de no pocas sociedades, aquí estamos hablando del hundimiento espectacular de las ilusiones de un gobierno tripartito que hasta cierto punto fue pactado más para seducir que para gestionar, más para «estar» que para «hacer». Iba a haber un nuevo caudal de tolerancia, otro modo de practicar la política. Como resultado, estamos de nuevo en una sociedad mitad catalanoparlante, mitad castellanoparlante, abstencionista en las elecciones autonómicas, sin pulso real como opinión pública.

Los expertos en demoscopia detectan en esos porcentajes un plus especial de desafecto hacia la vida política. Es una reacción lógica cuando uno ve derrumbarse el Carmelo, escucha cómo el presidente de la Generalitat exhuma en sede parlamentaria comisiones del tres por ciento por obra pública y luego todo eso se evapora con celeridad mientras el conjunto de la clase política se entretiene levantando el armatoste -posiblemente impracticable- de un estatuto de autonomía que en algo se asemeja al caballo de Troya. De modelo exportable y solución para todo, el maragallismo ha pasado a ser una analogía consecuente del lastre.

No es el «Cercle de Economía» un foro de naturaleza hostil a Pasqual Maragall. Ahí estuvo dando una conferencia hace unos pocos días. Según los cronistas, la selecta audiencia no abarrotó la sala. El presidente de la Generalitat divagó, sin ni tan siquiera uno de esos golpes de efecto que luego resultan más bien enojosos para todos. Peroró. A la hora de cenar, cuando se aviva el debate, todo fue inane, sin preguntas significativas. El acontecimiento concluyó sin pena ni gloria. Al irse, Pasqual Maragall dijo: «No sabéis la suerte que tenéis de tenerme como presidente». Suena a pronunciamiento délfico pero quién sabe si se dirigía a lo que somos nosotros o a lo que somos ellos.

vpuig@abc.es

Regreso al futuro
Por ROSA DÍEZ DIPUTADA DEL PSOE EN EL PARLAMENTO EUROPEO ABC 5 Julio 2005

EMPEÑADOS como estamos siempre los vascos en ser únicos, hemos inventado la versión política de la película «Regreso al futuro». En la versión vasca, la ficción se convierte en realidad y los personajes atrapados en el pasado no sólo se niegan a regresar a su tiempo, sino que quieren llevarse con ellos al resto de sus conciudadanos. Ya habrán supuesto ustedes que me estoy refiriendo a la formación del nuevo Gobierno vasco, aunque para ser más precisa debiera decir a la formación, de nuevo, del viejo Gobierno vasco, del primero que presidió Ibarretxe. Era «el Gobierno de la tregua», constituido tras las elecciones del otoño de 1998. Eran los tiempos en los que el Pacto de Estella, la mayor traición del PNV a la democracia cometida en la segunda mitad del pasado siglo -durante la primera parte ya tuvieron bastante con la traición a la República en el Pacto de Santoña-, estaba recién estrenado. Eran tiempos en los que Ibarretxe pasaba aún por ser un pragmático bienintencionado. Eran los tiempos en los que el presunto pragmático Ibarretxe y el presunto demócrata Atutxa hicieron presidente de la Comisión de Derechos Humanos al terrorista Ternera. Eran los tiempos en que el presunto moderado Urkullu dijo aquello de que era una buena idea que asumiera esa responsabilidad alguien que «tuvo en el pasado una relación en negativo con los Derechos Humanos».

Pronto descubrimos que la tregua había sido sólo una trampa. Pero la respuesta política y ciudadana a la traición del nacionalismo gobernante y a la persecución a la que ETA nos sometía fue ejemplar. En aquellos tiempos se pusieron en marcha las iniciativas más exitosas en la lucha contra el terrorismo y contra el nacionalismo obligatorio. Contra ETA se firmó el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. De ese pacto se derivaron no sólo las acciones de mayor eficacia judicial, policial y de cooperación internacional; también propugnó una cultura de entendimiento entre quienes, desde posiciones ideológicas dispares, nos sabíamos iguales en nuestro compromiso de defender los valores cívicos y la democracia. Y contra el nacionalismo obligatorio surgió Basta Ya, un movimiento cívico en el que se dieron cita todos aquéllos que teníamos como objetivo común defender la libertad y oponernos a un nacionalismo asfixiante y totalitario que trataba de institucionalizar derechos diferentes entre los ciudadanos vascos. Y Basta Ya salió a la calle para reivindicar que se nos aplicara también a todos lo que es de todos, la Constitución; para denunciar que en el País Vasco los derechos fundamentales que en ella están recogidos sólo los disfrutan los que quieren abolirla.

Hoy los malos tiempos del pasado han regresado al País Vasco. Ibarretxe ha reeditado su pacto con el sucedáneo de Batasuna-ETA, cumpliendo minuciosamente un guión escrito hace ya bastante. Nadie debiera tener dudas, salvo que trate de engañarse o justificar lo injustificable, sobre las verdaderas intenciones del PNV. Desde que el PNV, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, decidió asegurar la hegemonía del nacionalismo en vez de defender la democracia y a sus instituciones, todos sus movimientos han obedecido a esa lógica. Hoy como ayer los nacionalistas saben que han de pactar «entre ellos». Hoy como ayer siguen pensando que «los suyos» no son aquéllos con los que gobernaron «tapándose la nariz». Es verdad que «los suyos» van vestidos hoy de «las nosotras», como las llaman en los batzokis a las de las Tierras Vascas. Pero ni los unos ni las otras se equivocan cuando se trata de decidir sobre lo fundamental, eso es, sobre quien es el dueño y el heredero del caserío.

El guión de esta película, que es un drama, estaba escrito tan milimétricamente que nadie se equivocó, salvo la aspirante de Aralar, que no se lo sabía y no recordó que los de ETA no sólo no pagan «traidores», sino que, si pueden, se lo hacen pagar. Así que se quedó fuera del reparto. Y entonces fue cuando las portadoras de la marca legítima le pusieron otra vez a Ibarretxe al mando; bueno, lo del mando es un decir, ya me entienden. Me gustaría destacar otro aspecto del guión que ha pasado desapercibido. Las estrellas principales -excepción hecha de «las nosotras», que no tienen que demostrar nada a nadie-, hablaron únicamente en euskera. ¿Fue una casualidad? No, los nacionalistas no hacen nada por casualidad, nada es dejado a la improvisación. Fue porque querían transmitir un mensaje. Por eso utilizaron un idioma que sólo entiende el 30 por ciento de los vascos. Para que comprendiéramos lo que se avecina. Es el conocido reparto de tareas: unos matan, otros excluyen.

Vienen malos tiempos para la convivencia. Lo peor es que estos nuevos malos tiempos no nos pillan en nuestro mejor momento. Los partidos políticos protagonistas del Pacto, y de los mayores logros en la lucha contra ETA, están a la greña. Los movimientos cívicos también han sufrido el desgaste. Y los ciudadanos nos miran perplejos. Malos tiempos para quedarse parados ante espectáculos tan bochornosos como la reciente sentencia de la Audiencia Nacional en la que tres jueces, más papistas que el Papa, determinaron que sólo es terrorista el que lleva armas. Malos tiempos para quedarse parados mientras los borrokas vuelven a la calle y al Parlamento. No podemos dejarnos arrastrar por la coyuntura, no debemos perder ni un solo minuto más en zarandajas y disputas entre nosotros. Cuando nos unimos somos invencibles. Pero nos falta persistencia. Ésa es nuestra debilidad. Frente a los nacionalistas, que no se rinden jamás, nosotros siempre estamos dispuestos a discutir la progenitura a la primera de cambio. Y, mientras nosotros discutimos, ellos se quedan con el bebé.

Sería imperdonable que no escucháramos todas las llamadas de alerta que nos llegan de la sociedad. Los ciudadanos ya conocen «nuestras razones» para el disenso. Lo que esperan de nosotros es que defendamos la Razón de Estado, que volvamos a ponernos de acuerdo para derrotar a ETA. Reforcemos, desde la primera a la última línea, el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Hoy, con el PNV instalado en Lizarra, con los herederos de ETA en el Parlamento vasco, es lo más urgente. Actuemos con sentido común y con responsabilidad. Respondamos a la petición unánime de la ciudadanía y unámonos, en la defensa de lo fundamental, los que nunca debimos de separarnos. Recuperemos el impulso ahora que ETA está más débil que nunca, antes de que se reorganice, antes de que el nacionalismo institucional le dé más balones de oxígeno, antes de que se aprovechen fatalmente de la ruptura de la unidad de acción de los demócratas. Reencontrémonos por voluntad propia, antes de que puedan provocar que nos encontremos para volver a llorar juntos.

PRESENTÓ AL EX MINISTRO ISRAELÍ NATHAN SHARANSKY
Aznar pide "claridad moral e intelectual" para defender la libertad ante la "tentación de la negociación o rendición"
El ex presidente del Gobierno y presidente de FAES, José María Aznar, demandó este martes "claridad moral e intelectual" para defender la libertad de los españoles ante la "tentación pactista, la tentación de la entrega, del apaciguamiento o simplemente de la negociación o rendición" frente a la banda terrorista ETA. Aznar presentó al ex ministro israelí de la Diáspora Nathan Sharansky que manifestó su oposición al plan de retirada israelí de Gaza porque se trata de un "acto unilateral" que va a generar "más terror".
Agencias Libertad Digital 5 Julio 2005

José María Aznar se pronunció el discurso de presentación de Natan Sharansky, escritor, ex disidente soviético y ex ministro de la Diáspora de Jerusalén (Israel), que participó esta mañana en el Campus de verano de FAES, que tiene lugar en una hacienda rural de Navacerrada, en Madrid.

El ex presidente del Gobierno señaló que la libertad sigue siendo "la mayor fuerza transformadora que pueda conocerse", dado que se sitúa "por encima del miedo y del terror" y que ya ha demostrado ser capaz de terminar por "moderar al régimen más tiránico de la historia de la humanidad". "Hoy sabemos que el terror subsiste, en España lo sabemos bien –adujo Aznar–. Sabemos que en España el terrorismo destruye moral y materialmente nuestra sociedad; sabemos que asesina y explota nuestras debilidades y, frente a la tentación pactista, la tentación de la entrega, del apaciguamiento o simplemente de la negociación o rendición la defensa de la libertad, exige claridad moral e intelectual".

Aznar resumió la trayectoria vital de Sharansky como ejemplo de que el "anhelo de libertad" es suficiente para lograr doblegar a los regímenes totalitarios, sin que sea necesario ceder a sus demandas. "Sharansky fue condenado en 1978 a 13 años de prisión. Fue acusado de traición y espionaje, y enviado como muchos al 'gulag' siberiano –apuntó–. Su mujer buscó en el mundo libre ayuda para su causa. Como suele ocurrir en estos casos, muchos miraron para otro lado y abogaron por el entendimiento. Pero se encontró con algunas personas como el presidente de los EE.UU Ronald Reagan".

Según Aznar, la virtud de Reagan en aquel momento fue atreverse a llamar "las cosas por su nombre" y a calificar al "totalitarismo soviético" de "imperio del mal". "Algunos bromearon con la expresión, como bromearon con todas las cosas que decía Reagan; otros la criticaron por exagerada o belicista. Pero el hecho de que un presidente de Estados Unidos llamara a las cosas por su nombre tuvo un efecto impensable en las prisiones soviéticas, como explica Sharansky. A partir de entonces, algunas cosas fueron distintas porque muchos disidentes entendieron que no estaban solos", agregó.

A juicio del presidente de FAES, el ex ministro de la Diáspora en Israel se ha convertido actualmente en todo un "referente intelectual" que enseña a los demás que no se debe abandonar a "quienes sufren por la libertad". "Es un referente intelectual y moral para todos aquellos que en nuestro país entienden que la libertad es una obligación moral que exige esfuerzo y sacrificio", apostilló. Finalmente, adelantó que la Fundación que dirige ha comprado los derechos de la última obra de Sharansky para poder editarla en español. "Esta obra servirá para hacernos pensar sobre la superioridad de la sociedad libre sobre la sociedad miedo, del Estado de Derecho sobre la violencia y la intransigencia, de la verdad sobre la mentira y del bien sobre el mal, que las dos cosas también existen", concluyó.

Sharansky se opone al plan de desconexión
Por su parte Nathan Sharansky expresó su desacuerdo con el plan israelí de retirada de Gaza y afirmó que se trata de un "acto unilateral" fruto de una "concesión" de Israel, que a su juicio va a generar más "terror". En su intervención, el ex ministro subrayó que, para que Oriente Próximo acceda a la democracia, el "mundo libre" debe "hablar con los disidentes" de los regímenes totalitarios, no con sus dirigentes.

En este sentido, consideró un "error" que el mundo libre haya intentado crear la paz en Oriente Próximo "apoyando a los dictadores" y puso como ejemplo el proceso de paz entre israelíes y palestinos, que en su opinión estaba "condenado al fracaso" cuando el fallecido líder palestino Yasir Arafat empleaba su legitimidad para "fortalecer el odio contra Israel".

Sharansky confió en la instauración de la democracia en esta región porque, cuando a sus ciudadanos se les dé la oportunidad de vivir en libertad, "no querrán volver atrás", y explicó que, al igual que años atrás no se creía que Latinoamérica, Japón o la antigua Unión Soviética pudieran llegar a la democracia, "la historia también ha podido equivocarse con Oriente Próximo". El ex ministro israelí explicó que todos los dictadores, para poder continuar en el poder, necesitan tener "todo bajo control", algo que, según dijo, "no es fácil", porque cada vez existen más disidentes, por lo que el "arma mas potente" de las dictaduras es tener un "enemigo externo" y movilizar al pueblo en su contra.

A su juicio, estos regímenes necesitan mantener la "ideología del terrorismo" para fortalecer su estabilidad, a pesar de que son siempre "débiles" desde dentro, porque deben gastar cada vez más energía para controlar al pueblo. Sin embargo, "necesitan al mundo libre como amigo", continuó Sharansky, y citó como ejemplo los acuerdos de libre comercio suscritos por la URSS con otros países.

Recortes de Prensa   Página Inicial