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Recortes de Prensa     Miércoles 6 Julio 2005
El “error Piqué” viene de lejos
EDITORIAL Libertad Digital 6 Julio 2005

El enigma del catalán simpático
José García Domínguez Libertad Digital 6 Julio 2005

Renovación de discurso y líderes
Agapito Maestre Libertad Digital 6 Julio 2005

Para pasado, Piqué
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Julio 2005

Piqué quiere morir matando
Lorenzo Contreras Estrella Digital  6 Julio 2005

Hablar con ETA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 6 Julio 2005

Vidal Quadras cree que la imprudencia de Piqué tiene el agravante de dar nombres y apellidos
Europa Press Libertad Digital 6 Julio 2005


 

El “error Piqué” viene de lejos
EDITORIAL Libertad Digital 6 Julio 2005

Podríamos retroceder más en el tiempo, pero baste recordar la silenciosa y, sobretodo, silenciada reunión de la cúpula del PP, celebrada a principios de enero en Sigüenza, para constatar que Piqué, de la mano de Gallardón, viene siendo un contraproducente “verso suelto” en el partido, desde mucho antes de las polémicas y recientes declaraciones en las que el dirigente catalán acaba de identificar a Acebes y a Zaplana “con el pasado” del PP.

Piqué y Gallardón no fueron, sin embargo, versos tan sueltos en aquella ocasión, pues Rajoy los primó en su pugna –estratégica, que no personal- con Mayor Oreja y Acebes, respecto al perfil de oposición que debería mantener el partido. Si de esta reunión salió la disposición popular al inconsistente pacto que, días después, celebraron Rajoy y ZP frente al Plan Ibarretxe —efímero pacto que sólo sirvió para que los socialistas prosiguieran su linchamiento contra el PP—, también vino a soslayar el hecho de que, tal y como se había atrevido a sostener Mayor Oreja, no hay uno sino dos desafíos –el vasco y el catalán- contra la Constitución y la unidad nacional; desafíos que, por mucho que tengan diferentes ritmos, tienen ambos el visto bueno de ETA.

A raíz de ese desenlace en Sigüenza, Patxi López no dudó, días después, en aprovechar su oposición a recurrir el Plan Ibarretxe en Bruselas para elogiar a Piqué y decir que en España “la extrema derecha es Acebes”...

Tampoco habría que olvidar la afirmación del ministro Montilla, llevada a portada en varios diarios, de que “hasta Piqué está de acuerdo en que Cataluña es una nación”; afirmación que no fue desmentida por el propio Piqué, en un lamentable “quien calla otorga”.

Hay que valorar, sin duda, las excusas ofrecidas por Piqué tras estas últimas declaraciones contra Acebes y Zaplana en las que ha vuelto a primar, objetivamente, los intereses del PSOE. Pero, es exigible también el propósito de enmienda. Y el primero que se lo debe exigir, y de forma permanente, es el propio líder del PP, Mariano Rajoy.

El propio Rajoy, desde su formidable discurso en el Debate sobre el Estado de la Nación, ha sabido mejorar, en términos generales, el perfil de su oposición y parece decidido a explotar sus talentos. Pero tiene que insistir en el esfuerzo de comunicación y de pedagogía política y procurar que su batuta, como líder de la oposición, sea claramente visible para todos los miembros de su partido.

Especialmente necesario es ese esfuerzo en Cataluña. Que desde la sociedad civil catalana haya quienes se planteen la necesidad de crear un nuevo partido, ante la deriva de la clase política en aquella comunidad, denota en parte cómo el PP ha desatendido la necesidad de plantear una alternativa real y desacomplejada frente al nacionalismo. Es precisamente en los “inviernos mediáticos” donde más funestas son las tentaciones acomodaticias de los tecnócratas y más necesarias son las convicciones, las ideas, los principios.

Bien es cierto que, en la tarea de liderar la unidad en la firmeza del PP, poco ayuda a Rajoy la esquizofrenia de algunos medios de comunicación, que insistentemente apelan al partido a la “moderación” y al "centro”, salvo cuando se trata de que los populares respalden con contundencia sus líneas de investigación –únicas, por otra parte, en la prensa española- o sus quejas –también plausibles- ante el descarado servilismo del Gobierno ante Prisa.

Sin embargo, el objetivo es claro y debe ser preservar la unidad del partido, llevando a cabo la contundente oposición que bien merece la forma en que llegó el PSOE al gobierno y la forma en la que está gobernando.

Piqué
El enigma del catalán simpático
José García Domínguez Libertad Digital 6 Julio 2005

Para mí tengo que el único gran enigma de la Historia que aún no ha revelado César Vidal en su imponente obra es ése que podríamos bautizar el misterio del catalán simpático. Trátase de un fenómeno con tintes paranormales que nunca deja de asombrarnos a los autóctonos y del que ya Pla, entre admirado y perplejo, escribiera páginas sembradas de envidia e intriga al cincuenta por ciento. Porque ocurre que ciertos catalanes, guardianes celosos de un arcano ignorado por el resto, logran de Madrid patente de corso, sin necesidad de hacer absolutamente nada; es decir, sin haber de demostrar que sean buenos, malos o mediopensionistas en empeño alguno. De tal guisa, a esos pocos iniciados en el secreto les basta con imprimir el gentilicio en las tarjetas de visita, meter una muda limpia en la maleta, sacar el billete del puente aéreo, y ya está: todo lo demás se les da por añadidura al aterrizar en Barajas.

Entre esos elegidos por la fortuna, nadie lo dude, está Josep Piqué. De ahí que considere don Josep que las hazañas centristas del Partido Popular de Cataluña han de servir de modelo, guía y ejemplo para que la derecha española recupere La Moncloa. Porque no existe organización regional del Partido Popular más centrista, centrada y centrifugada que la catalana. Por ejemplo, en lugar alguno de nuestro territorio se dan centristas tan centrados como esa diputada del PPC que acude a los programas domésticos de televisión a proclamar que su nación es Cataluña, no España. Ni nadie habrá visto jamás a dirigentes tan, tan de centro como ésos que ordenan retirar las banderas españolas de los actos del PPC antes de que sean descubiertas por los periodistas locales de Gerona.

Sin embargo, por alguna extraña razón, tampoco hay territorio peninsular en el que los conservadores cosechen peores resultados electorales, comicio tras comicio. Y es que, como decía el del zurrón, de un tiempo a esta parte vamos camino de nada. Eso sí, cada vez más centraditos, cada vez más respetablemente catalanistas, cada vez con más puntos para recibir la soñada invitación al “suquet” estival en la masía de Pere Portabella. Y cada vez peor, claro. Al punto de que, a poco que sepan organizarse en partido los promotores del Manifiesto, el PPC podrá darse con un canto en los dientes si termina convertido en la Unidad Alavesa de Pablo Mosquera.

Mas desde esa central medianía se impartirá ahora la doctrina canónica. Así, a pesar de que algunos prefiramos el epitafio de Elsa Maxwel –”Nunca te quejes, nunca te expliques, nunca te disculpes”–, hay quien se siente más seducido por el Scott Fitzgerald que decía hablar con la autoridad que le daba el fracaso. Aunque una cosa era sentar cátedra tras firmar El gran Gastby, y otra algo distinta sea pretender lo mismo sin haber pasado del doce por ciento de los votos ante estadistas de la talla de Carod, Mas y Maragall. En fin, difícil lo va a tener César cuando se decida a descifrarnos tamaño entuerto telúrico-histórico.

PP
Renovación de discurso y líderes
Agapito Maestre Libertad Digital 6 Julio 2005

Es necesario un PP con más vitalidad. Un genuino partido político que crea en sus bases y en su discurso. Lo peor que le puede pasar a un partido es que esté satisfecho con la oposición que ejerce. Esto le ha pasado al PP en muchos lugares de España, especialmente en la trágica Andalucía. También el PP de Cataluña adolece de ese defecto. Y, por supuesto, en esa indolencia reside el peor riesgo que corre el PP en su manera de hacer oposición en el Parlamento, sobre todo si somos conscientes de que Rajoy, el jefe de la oposición, es el hombre que hace no sólo los mejores discursos del Congreso de los Diputados, sino que destroza argumentativamente a un jefe de Gobierno que basa su éxito en los tendidos de sol, el populismo barato, y en los efectivos medios de comunicación que confunden la genuina política con el espectáculo circense. O sea, Rajoy bien en el Parlamento, e incluso fuera de la institución también ha hecho declaraciones serias y contundentes contra el populismo que infecciona la nación, pero nada de eso es suficiente, ni de lejos, para mostrar que estamos al borde de un precipicio.

Si la oposición, el PP, no consigue transmitir a los ciudadanos que esto, la nación, se acaba con el desgobierno de Zapatero y con ella desaparece la identidad del ciudadano español, entonces no esperemos mucho del PP. De momento, por desgracia, la desazón que sienten los más preparados políticamente, incluido los del PP, aún no la sienten la mayoría de la ciudadanía. Es una desgracia, pero en ella basa su fuerza el PSOE. El PP, pues, está fracasando en su tarea de pedagogía política. El PP ha querido hacer visible esta desgracia, que llamamos el fin de la nación española, pero, precisamente, porque hasta ahora no ha sido eficaz en su designio, es necesario una oposición mucho más contundente. Una oposición capaz de distinguir, por ejemplo, que una cosa es el amor, otros dirían frivolidad, entre un parlamentario del PP y una parlamentaria de los socialistas catalanes, y otra muy distinta es la política, la gran política, que tiene que hacerse a todas horas y en todos los lugares posibles y no sólo en los que elija el Gobierno.

Una oposición satisfecha por ser portadora de grandes razones, que no tienen efectos en la opinión pública política, está condenada al fracaso. La oposición, por decirlo en corto y por derecho, que se pliegue a la agenda política que le marque el Gobierno no sólo pierde el tiempo sino que puede ser laminada. Algo parecido a este razonamiento es lo que ha dicho Piqué. Quizá no sea Piqué el personaje más indicado para este tipo de crítica. Vale. Quizá no sea el momento más oportuno. De acuerdo. Quizá no sea la mejor manera de decirlo la utilizada por Piqué. Entendido. Pero no le falta razón a su crítica. Hace tiempo que muchos llevamos clamando porque el PP haga otro tipo de oposición y, quizá, otro tipo de discurso, y sobre todo, es muy necesario ensayar otra manera de comunicarlo y explicarlo a la sociedad. Es menester que el PP haga un uso mejor y más abundante de su banquillo. Es menester que la actual cúpula del PP vincule sus maneras de hacer política a un repaso crítico de su pasado, que no tiene porqué significar una discontinuidad con el discurso de Aznar. Eso sería su suicidio. En fin, es menester que los elorriagas y astarloas de turno, dicho con todo el respeto, que aburren hasta las ovejas, no sean sacrificados, pero, por favor, que dejen sitio a voces y rostros diferentes. Los partidos son “corales” o son aburridos. E ineficientes.

Todo eso no significa que se cuestione a Rajoy, sino que este se atreva a ejercer su liderazgo con un poco menos de indolencia. Zaplana y Acebes, cómo no, son gentes importantes, pero que sean siempre ellos los que están en todas partes empieza a ser peor que aburrido. Piqué, pues, ha dicho, o al menos eso es lo que yo he entendido, que el PP tiene que ejercitar otro tipo de oposición, porque ésta no es eficaz y, además, no recoge ni canaliza todas las energías existentes en el partido y en la sociedad. Punto. Tiempo, manera y oportunidad pueden cuestionarse, pero no el fondo de la cuestión: la necesidad de una oposición más dura y eficaz, más plural y dinámica, en fin, más sugerente y vertebrada de acuerdo con los mejores logros del Gobierno del PP en la etapa Aznar.

Piqué puede ser muy criticado por su pasado, por su presente e incluso por la forma de labrarse su porvenir político, pero nadie puede discutirle que tiene más razón que un santo. Basta pensar que tenemos el Gobierno más indocumentado, perverso y desastre de los últimos veinticinco años, pero esto no parece que tenga traducción en expectativas de votos ni en un “cabreo” ciudadano generalizado contra el desgobierno del PSOE. Ya sé, ya sé, que vivimos en una sociedad lanar, pero también es responsabilidad de la oposición, en este caso más que del Gobierno y de su élite dirigente, sacarlos de la incultura política en la que chapotean.

PP
Para pasado, Piqué
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 6 Julio 2005

Cuando Aznar designó sucesor a Rajoy, cuando el PP respaldó en su congreso por amplísima mayoría esa elección de Aznar y, muy especialmente, cuando entre los terroristas, Polanco y el PSOE derrotaron a Rajoy el 14M, dije por tres veces que nuestro periódico, sin duda una de las referencias fundamentales del centro-derecha español, no iba a participar en las conjuras previsibles de algunos boyardos y de ciertos bastardos, políticamente hablando, cuyo apetito de poder es inversamente proporcional a su sentido de la responsabilidad.

La unidad y fortaleza del PP –hemos repetido una y otra vez editorialmente y en las colaboraciones firmadas que a diario publicamos– es un bien mayor, uno de los activos fundamentales no sólo de la media España que le vota sino de toda España, que tiene en él a su único valladar nacional e institucional. Naturalmente, criticamos diariamente lo que nos parece mal del PP y elogiamos lo que nos parece bien, dentro de nuestra línea liberal y nacional, pero nunca hemos querido dar cuerpo y publicidad a las intrigas para desbancar a Rajoy hasta ahora planteadas, de las cuales sólo una ha tenido importancia y gravedad: la de Ruiz Gallardón. Que acabó, para nuestra satisfacción, con una derrota aplastante del alcalde de la Villa y Corte a manos de la práctica totalidad del PP madrileño, que respaldó casi por unanimidad a Esperanza Aguirre. Pero que no supo rematar Rajoy al cooptar a Gallardón para el núcleo maitinero de Génova 13. A lo mejor empieza a recoger la cizaña que junto al trigo sembró.

No sabemos si la crisis abierta por Piqué pidiendo la jubilación de Acebes y Zaplana porque, según dice, representan el pasado, es una reedición de la misma conjura gallardonista, aunque ahora quizás cuente con el apoyo de algunos líderes autonómicos, con Poder y sin Poder, del Levante y del Sur, que sienten o están marginados por Rajoy. En todo caso, es sumamente improbable que Piqué haya esperado a que Rajoy estuviera en Singapur para soltar una ocurrencia personal o provocar una mala interpretación de sus palabras, que además hubiera sido facilísimo desmentir. Esto va en serio y va en dos sentidos: contra la línea de oposición dura al Gobierno y contra el liderazgo de Rajoy. La herramienta es la reivindicación del dichoso Centro, que siempre acaba en asumir que el discurso de la Izquierda, o sea, Polanco tiene razón. Pero el efecto inevitable es la puesta en cuestión de la autoridad de Rajoy. Algo que, como sin duda habrán recordado en estas últimas horas los setecientos mil militantes del partido, nadie se atrevió a hacer contra Aznar.

La nota emitida por el PP bastantes horas después del ataque de Piqué y de la defensa de Acebes es de una engañosa contundencia. Si ante un ataque frontal a su Secretario General, que Rajoy eligió como Segundo en el congreso que lo ratificó a él como Primero, y al jefe de su grupo parlamentario, se supone que también elegido por él, lo primero que deja claro es que quiere seguir contando con la colaboración del agresor, sólo caben dos hipótesis: o que la operación la encabeza en la sombra el propio Rajoy, cosa que dudamos, o que no está dispuesta a cortarla de raíz, cosa que tememos.

En cualquier caso, lo que apesta ideológica y moralmente es que Piqué, que fue muchos más años ministro de Aznar que Zaplana y que, sobre no hacer nada en Ciencia y Tecnología, fue mucho peor ministro de Exteriores que Acebes de Interior, pretenda jubilarlos porque “conectan con el pasado”. Es lo mismo que dirían Zapatero, Polanco o Cebrián. Es una forma de interiorizar el arrepentimiento por haber protagonizado ocho brillantes años de Gobierno, salvo en el terreno de las ideas y de la comunicación, donde el pragmatismo centrista ha tenido efectos letales. Acebes y Zaplana no eran más ministros de Aznar, sino menos, que el Vicepresidente Rajoy. ¿Quiere Piqué eliminarlos como cabezas de turco del 11M, tal y como quería el PSOE? ¿Es el “pasado” del PP del 11 al 14M lo que quiere estigmatizar Piqué echando al Ministro del Interior y al Portavoz del Gobierno, en vez de acusar al PSOE por su infame comportamiento en esas fechas? Desde luego, si no lo es, lo parece. Y conecta claramente con la proclama gallardoniana en la conjura anterior de que algo habría hecho mal el PP para perder las elecciones, que era una forma de asumir las tesis aznaricidas de Polanco y el PSOE. Se portó mejor el PP con Piqué cuando Polanco pedía su cabeza por el Caso Ercros que ahora Piqué con el PP, pidiendo eliminar los vestigios del pasado. Para pasado, Piqué. Que además, salvo que Rajoy deje de templar gaitas y saque la cimitarra, nos devuelve a la época de Mancha y Herrero de Miñón, aquellos tristes años de hierro de la Derecha, cuando se hacían líderes por meses y cada medio de comunicación facturaba uno al año.

Piqué quiere morir matando
Lorenzo Contreras Estrella Digital  6 Julio 2005

La gran cuestión subyacente en el PP tras la derrota electoral del 14M es saber cómo adaptarse a la nueva situación de partido que ya no gobierna, sino que se opone al Gobierno socialista que tomó la alternativa. Con Mariano Rajoy esa cuestión está “durmiente” y Piqué se ha encargado de recordárselo. El error del presidente del PP catalán ha consistido en dar nombres de significados miembros dirigentes del partido nacional, concretamente los de Acebes y Zaplana, el primero secretario general y el segundo portavoz parlamentario. A uno y otro los ha situado en “el pasado”, con lo cual ha dado a entender que se han quedado obsoletos. Y como el propio Piqué se ha cuidado muy mucho de no instalarse en esa categoría de político rebasado por el tiempo y por las nuevas realidades, quiérese decir que él, en persona, se sitúa en el futuro. Pretenciosa manera de establecer que el mañana le pertenece en la proporción que las circunstancias puedan determinar. Acebes y Zaplana estarían políticamente jubilados, según se desprende de las palabras de Piqué.

Ahora bien, si se analiza con un poco de profundidad, la cuestión no se relaciona tanto con los dos dirigentes populares mencionados, sino con José María Aznar. Ni siquiera con Mariano Rajoy. Para la dialéctica de Piqué, aunque no lo haya dicho, el “pasado” se llama Aznar. Y ahí puede estar la injusticia del enfoque. Porque Aznar no tiene por qué ser el pasado, sino “otra manera” de atisbar el futuro, que sólo un accidente marcado por el terrorismo logró desviar de su trayectoria.

Acertado o equivocado, Aznar trazó una política con muchos partidarios y algún que otro derrotero en la dirección correcta. En el cómputo de aciertos y errores, probablemente son más numerosos los primeros que los segundos. Algo que Piqué, dos veces ministro del Gobierno de Aznar, tendría que haber meditado, incluso para tener la humildad de adjudicarse una parte de los yerros cometidos.

El problema de Piqué es que está políticamente afincado en Cataluña, es decir, está condicionado por su necesidad de competir con el Gobierno de la Generalitat, cuya velocidad de cambio heterodoxo, más allá de los límites que marca la Constitución, le han aislado y descolocado. Para Piqué lo urgente parece ser alejarse de España y acercarse a Cataluña, si es que partimos de la hipótesis de que la “nación” catalana no es la nación española.

Ocioso es pensar a estas alturas que Piqué fue miembro del PP a regañadientes porque no tenía sitio ni posibilidad de brillo en CiU ni en el PSC. Fue la generosidad de Aznar la que hizo posible que el antiguo comunista del PSUC, transformado en capitalista ortodoxo, encontrara hospitalidad política en Génova, 13. Ahora, con Aznar alejado del poder, aunque no de la política ni de la posibilidad de influir en ella, Piqué se ha atrevido a dar un paso hacia ninguna parte. Probablemente, un día ya cercano, cuando algún despistado pregunte por él en Génova, 13, escuche esta respuesta: “No está ni se le espera”.

Es obvio que a Piqué no se le va a personar este desplante. En realidad, él mismo ha elegido una manera airada de despedirse. Ha pasado a formar parte del censo confeccionado con los aficionados al victimismo. Querrá alcanzar los laureles de los mártires de la racionalidad interesada después de tantos años de tumbos, maniobras y oscuros negocios.

Hablar con ETA
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 6 Julio 2005

HAY EN todo el nuevo enfoque del Gobierno sobre el fin de ETA un bache argumental que no resiste el contraste con la lógica formal. Dice el Gobierno que sólo tratará con los terroristas tras su entrega definitiva de las armas. La pregunta, a partir de ahí, es de cajón: ¿Por qué debería el Gobierno hablar con ETA si el objetivo de tal trato -el cese de la violencia- ha sido ya alcanzado, en tanto que indispensable punto de partida de cualquier conversación?

Como la contradicción es tan palmaria, el Gobierno trata de salvarla recurriendo a una trampa semántica que encubre una trampa argumental. La trampa semántica es la de la tregua indefinida, expresión excepcional donde las haya, pues asocia dos términos que son inconciliables: una tregua no puede ser, por definición, indefinida, porque si es indefinida ya no es tregua.

Pero esa trampa semántica esconde, y esto es lo importante, una trampa argumental: cuando los partidarios de hablar con ETA reclaman una tregua indefinida, lo que están pidiendo en realidad es otra cosa: una tregua pura y simple, que, como todas, no podrá ser sino provisional. Una tregua que adobada, después, con los elementos retóricos precisos, permita al Gobierno abrir las conversaciones prometidas.

¿Con qué fin? Es obvio, se nos dice: el de acabar con la violencia. Pero, deberíamos contestar, ¿no habíamos quedado en que era el cese de la violencia la condición sine qua non para hablar con los etarras? Seamos claros: el fin de las conversaciones sería el de negociar para convertir en definitiva la tregua provisional antes declarada. Una estrategia esa, afirman sus defensores, que figuraba ya en los pactos políticos previos al antiterrorista.

Aunque admitamos sin más que fuera así, ello no impide preguntarse si tras la firma del único de los pactos que ahora se ha olvidado -el antiterrorista- no existían unas condiciones -la extrema debilidad de los etarras- que eran inimaginables cuando los otros pactos, y entre ellos el de Ajuria Enea, se firmaron. Y es que esos pactos previos partían implícitamente de una hipótesis -la de que nunca derrotaríamos a ETA con la lucha policial y judicial- que el Pacto Antiterrorista y sus efectos demostraron era una falsedad que sólo beneficiaba a los propios terroristas.

El Gobierno sostiene que es precisamente la debilidad actual de los etarras la que hace necesario un cambio de política. Ojalá acierte. Pues el gran riesgo es que ese cambio pueda contribuir objetivamente, y más allá de la buena voluntad de sus impulsores, a romper el círculo de debilidad que había puesto a ETA por primera vez en su larga historia criminal al borde del abismo.

TRAS LAS EXPLICACIONES DEL LÍDER DEL PPC EN LA COPE
Vidal Quadras cree que la "imprudencia" de Piqué tiene el "agravante de dar nombres y apellidos"
Después de que, en la cadena COPE, Josep Piqué pidiera perdón a Acebes y Zaplana por considerarles conectados con el pasado, el presidente del PP catalán insistió en que hay personas que deberían tener más peso. Citó como ejemplo a Elorriaga, Astarloa y Sáenz de Santamaría. Para el eurodiputado Alejo Vidal Quadras –antecesor de Piqué en el PP catalán– el hecho de "personalizar una crítica y ponerle nombre, apellido y rostro ha sido un agravante que tiene efectos explosivos". Además, dice que Piqué se ha "saltado una regla de oro". Acebes, por su parte, da por zanjada la polémica.
Europa Press Libertad Digital 6 Julio 2005

El ex presidente del PP catalán y vicepresidente del Parlamento europeo, Alejo Vidal Quadras, calificó de "imprudencia" las declaraciones del líder del PP catalán, Josep Piqué, relativas a Eduardo Zaplana y Ángel Acebes.

La reacción de Vidal Quadras llega horas después de que Josep Piqué explicara largo y tendido en el programa La Mañana de la cadena COPE sus polémicas declaraciones a Catalunya Radio. Su principal rectificación fue pedir perdón a los líderes del PP aludidos de quienes dijo que "se les identifica con una determinada etapa muy concreta que nos conecta con el pasado". Entonces dijo que tenía "algunos nombres". En la COPE, eso sí, aclarando que eran sólo un ejemplo citó a Ignacio Astarloa, ex secretario de Estado de Seguridad y actualmente portavoz en asuntos de Justicia; Gabriel Elorriaga, secretario de Comunicación del PP; y Soraya Sáenz de Santamaría, diputada por Madrid, secretaria de política autonómica del partido.

Parece el baile de nombres ha molestado a Vidal Quadras que en declaraciones a Europa Press, desde Estrasburgo, ha dicho: "Se han hecho unas declaraciones imprudentes y se ha cometido un desliz. Personalizar una crítica y ponerle nombre, apellido y rostro ha sido un agravante, y eso en política tiene efectos explosivos".

La regla de oro: hablar si no es para perjudicar
En este sentido, consideró "lógica" la "tormenta" que se ha generado puesto que Piqué aludió "a las dos figuras más significadas del partido después de Rajoy" como son Ángel Acebes y Eduardo Zaplana.

Tras señalar que esta polémica no ha venido "nada bien" al PP acusó al actual presidente del PP catalán de saltarse una "regla de oro" en política. "Hay una regla de prudencia en los partidos políticos que consiste en que, salvo que se produzca una situación de extrema gravedad, todo lo que se diga en público por parte de un dirigente de un partido ha de procurar no perjudicar a la organización. Es una regla sencilla que casi todo el mundo sigue".

Aunque admitió que a veces hay "circunstancias especiales" en las que "por sentido de la responsabilidad hay que hacer declaraciones o manifestar opiniones que pueden crear polémica e incluso efectos a corto plazo negativos para el partido", recalcó que en este momento no se da "ninguna circunstancia de este tipo" porque el PP "está unido y cohesionado".

Vidal Quadras expresó su sorpresa por que una "persona de la experiencia política" de Piqué haya hecho este tipo de declaraciones. "No me lo puedo imaginar. Espero que sirva de lección y que estas cosas no vuelvan a pasar", aseveró.

Así, recordó a Piqué que en sus declaraciones públicas debe ajustarse a la estrategia del partido y, "por supuesto, evitar cualquier perjuicio, daño o deterioro de la imagen del PP". Y después de lo dicho, Vidal Quadras cierra así el asunto: "El protagonista de la imprudencia ya ha pedido disculpas; efectivamente sus declaraciones fueron inoportunas y creo que el asunto esta zanjado y no da más de sí".

Fernández Díaz apuesta por el "coraje político" contra el nacionalismo
El presidente del PP de Barcelona, Alberto Fernández Díaz, también respondió este martes a las declaraciones de Josep Piqué, señalando que "las cuestiones internas no se han de resolver en los medios sino en el seno del partido".

Fernández recordó a Piqué que la "cohesión interna" ha sido siempre "la fortaleza" del PP, por lo que instó a dejar de lado la polémica y concentrarse en "el debate importante en estos momentos" para Cataluña, que es la reforma del Estatuto. En este sentido, el líder del PP en Barcelona destacó que los populares han de "estar dispuestos a votar que no" al nuevo Estatuto en caso de que "responda más a los intereses del nacionalismo que a las mejoras que necesita Cataluña".

Ante el esfuerzo de Piqué por sumarse al acuerdo de todos los partidos catalanes para la reforma estatutaria, Fernández Díaz advirtió que si el Estatuto "pretende ser" la panacea del nacionalismo "el PP ha de tener el coraje político de decir que no".
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