AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 9 Julio 2005
Casa de locos global
BENIGNO PENDÁS ABC 9 Julio 2005

El ejemplo británico
Editorial ABC  9 Julio 2005

¿Qué valores ¿qué principios
JUAN MANUEL DE PRADA ABC  9 Julio 2005

De dos ataques terroristas
EDITORIAL Libertad Digital  9 Julio 2005

Carrusel de culpas
Cristina Losada Libertad Digital 9 Julio 2005

Para salir corriendo
Ignacio Villa Libertad Digital 9 Julio 2005

EL CRISTAL ESTÁ ROTO
Editorial ABC  9 Julio 2005

Lo de Cebrián
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 9 Julio 2005

El Estatut que viene
Editorial Heraldo de Aragón 9 Julio 2005

Blair cree que hay que arrancar de raíz las causas del terrorismo porque la seguridad no es suficiente
Agencias Libertad Digital 9 Julio 2005

Jon Juaristi y Arcadi Espada denuncian el peligro del «nacionalismo intimidatorio»
JORGE SÁINZ ABC 9 Julio 2005

Los empresarios vascos rechazan las «amenazas y chantajes» de la banda
R. N. La Razón 9 Julio 2005

«Improvisada, inapropiada, innecesaria»
Diana Valdecantos La Razón 9 Julio 2005

Guerra avisa que la «fiebre» por cambiar Estatutos amenaza la existencia del Estado
S. N. ABC 9 Julio 2005

Los directores de la RAE y el Cervantes aplauden la ley que llevará el español a las escuelas de Brasil
ABC 9 Julio 2005
 

Casa de locos global
POR BENIGNO PENDÁS PROFESOR DE HISTORIA DE LAS IDEAS POLÍTICAS ABC 9 Julio 2005

... Hay que reforzar la pedagogía de la libertad, la convicción de que somos mejores y estamos en condiciones de demostrarlo. Pero sólo se defienden con firmeza los valores en que uno mismo cree, desde la recta razón y desde la conciencia honrada...

SOMOS muy vulnerables. Vivimos en la civilización menos injusta de la historia, pero las clases medias pagan con sangre el tributo derivado de su prosperidad relativa. Se habla de «sociedad del riesgo». En realidad, se trata -diría Eric Voegelin- de una «casa de locos global». Otra vez las escenas de sangre, caos, incertidumbre, ahora muy controladas, con buen criterio. Transportes colapsados, móviles inservibles, condenas en serie. Nos devuelven al estado de naturaleza. Vista la condición humana, llegará un día en que el clamor por la seguridad va a ser irresistible. No es extraño. Thomas Hobbes explica que resultan insoportables la violencia latente, el enemigo invisible, la guerra de todos contra todos. Allí padece el ser humano una vida «solitaria, pobre, desnuda, brutal y breve», concluye el autor del «Leviatán», ese monstruo político construido como un artefacto destinado a establecer el orden y la regularidad. Los terroristas alteran nuestro equilibrio inestable. Festejamos el bienestar, pero estamos huérfanos de principios sólidos. Ellos no son nihilistas. Son fanáticos cargados de bombas asesinas. Nosotros aportamos otros fanáticos, armados de palabras sin sentido. Pasado el horror transitorio y el coro sincero de los lamentos, habrá que soportar una vez más la falacia de los falsos profetas: «Algo habremos hecho...», «si el mundo fuera justo...» , «el G-8 provoca...». Prefiero no recitar la literatura antiamericana surgida del 11-S, gracias -faltaría más- a la libertad de expresión, sagrada en democracia. Dentro de unos meses, la culpa será de Bush, de los «neocons» y de los «teocons». Acaso los nihilistas somos nosotros, que parecemos no creer seriamente en nuestra civilización, menos irracional que otras, aunque no menos desquiciada. Hay que reforzar la pedagogía de la libertad, la convicción de que somos mejores y estamos en condiciones de demostrarlo. Pero sólo se defienden con firmeza los valores en que uno mismo cree, desde la recta razón y desde la conciencia honrada.

Es tiempo de políticos valientes y de pensadores que digan la verdad, no de gestores de consensos mínimos y de intelectuales ficticios. Hay síntomas evidentes de una fiebre helenística, mezcla de hedonismo con frivolidad. Y sin embargo, somos una generación privilegiada, que sólo conoce las guerras en casa por el testimonio de la historia. Tenemos a cambio nuestra propia fórmula posmoderna, la guerra fragmentaria, mediática e instantánea. Sin reglas, sin convenciones, sin respeto hacia los más débiles. Todo lo contrario. Los grandes del mundo se atrincheran bajo una muralla inaccesible. Los pobres viven por debajo del umbral de la dignidad. Las víctimas son, casi siempre, esas buenas gentes machadianas «que viven, pasan y sueñan», esa inmensa clase media que garantiza la estabilidad social y económica. Suben en ascensor por las torres gemelas; esperan el tren en Alcalá de Henares; llenan los andenes de King´s Cross, la estación londinense que conoce la magia «nueve y tres cuartos» de Harry Potter... Decimos terrorismo, pero es una forma de guerra por fascículos. Nueva York, Madrid , Moscú, Londres... No es la relación -ahora ya anecdótica- de las candidaturas olímpicas. Es una lista (incompleta, por supuesto: también Bali, Estambul, Casablanca...) de ciudades agredidas. Parece probable, aunque nos duela reconocerlo, que el siglo XXI sea capaz de superar los horrores de su predecesor. Sólo estamos en 2005: en 1905 no existían Hitler ni Stalin, por poner un ejemplo.

Sabemos quién es el enemigo existencial, mucho más que el simple adversario. Es el fanatismo islámico, dispuesto a golpear en el corazón de la infidelidad. No es el islam, pero es parte del islam. No olvidemos, insisto, el contexto, la barbarie disfrazada de antiglobalización (ayer Seattle o Génova, hoy Edimburgo) y el nacionalismo etnicista. Los enemigos de la sociedad abierta, totalitarios de todos los partidos. ¿Por qué Londres? Era inevitable, contesta una policía educada en el empirismo anglosajón. Pero han escogido mal la diana: los ingleses saben cuánto cuesta adquirir y preservar las libertades. No están dispuestos a rendirse. No lo han hecho nunca: léanse los discursos de Churchill. No van a predicar pacifismo, no van a sugerir negociaciones, no van a dejarse intimidar. Se defenderán mediante leyes «vivas y armadas»: hoy es un día más propicio a Hobbes que a Locke. Podemos confiar en ellos. Al fin y al cabo, la política es un invento de los griegos adaptado por los ingleses a su moderna forma representativa, única posible en esta sociedad de masas donde conviven en igualdad de derechos sesudos lectores del «Telegraph» con poco exigentes consumidores de tabloides. Busquemos el pretexto. ¿Reunión del G-8 en Escocia? Hay buenos motivos: odio a los «ricos» , presencia de Bush, retórica contra la opresión... ¿Acaso el éxito de Singapur? Tampoco faltan argumentos, porque el deporte evoca formas de actuar inaceptables para el fanático intolerante, incluida la exhibición ostentosa de la igualdad de la mujer. ¿Hubiera ocurrido en París? ¿Otra vez, Dios mío, en Madrid? No finjamos hipótesis, porque el arma natural del terrorista es la condición errática y difusa de la violencia, el juego mortal del partisano que golpea sin declaración previa, esto es, la guerra deshonrada por la crueldad infame. 7-J, acción de libro del «Phobos», uno de los caballos que tiran del carro de Ares. Violencia indiscriminada, sistemática, con el fin de amedrentar, con ánimo de provocar un impacto espectacular, incluso -¡qué horror!- con un objetivo «didáctico». Produce una respuesta emocional, ansiedad , miedo en sentido literal. Busca deslegitimar a los poderes públicos, por injustos o por ineficaces. Recupera el miedo como arma política, reivindicado ya en los días más negros de Danton o Robespierre.

Terror totalitario que desvirtúa el sentido de las palabras, exige la sumisión de los espíritus, altera el orden natural de las lealtades. La clave reside en que es capaz de causar un daño inmenso, siempre local y limitado, pero no tiene fuerza para destruir el sistema: lo saben ellos y lo sabemos nosotros. Puede ser asimilado, en definitiva, por esta sociedad indiferente, en la que se vive bastante bien salvo cuando te toca en el reparto ejercer el papel de víctima. Sólo exigirá una decisión radical (a eso se llama ahora Nuevo Orden Mundial) si la sensación de peligro alcanza un nivel insoportable. Mientras tanto, seguiremos en plena tierra de nadie, entre un orden viejo que genera su propio instinto de supervivencia y un tiempo nuevo que espera impaciente la oportunidad. Es el curso mismo de la historia.

Lecciones para España, víctima del terror pero también del rapto moral, preludio de una decepcionante respuesta colectiva. Ojalá no perdamos la brújula de la historia, esta vez quizá para siempre. Retóricas de paz perpetua, tomando en falso el sabio criterio de Kant; alianza con quienes no la desean, en busca de un juego ingenioso de palabras; negociación incierta con los asesinos y sus mandatarios. Nada más deplorable que fabricar sueños ficticios. Nada más inoportuno en estos tiempos fuertes que la torpeza, el simplismo o la credulidad. Habrá que estar muy atentos a la respuesta de los británicos. Resultan muy creíbles desde el primer momento tanto la firmeza de Tony Blair como la actitud ejemplar de la oposición política y mediática. Más vale no comparar con los días posteriores al 11-M. Resulta creíble desde el primer momento la firmeza de Tony Blair. «La tierra sintió la herida...», canta John Milton, en «El paraíso perdido». Es natural. Pero el privilegio de la condición humana consiste en el agónico esfuerzo de la libertad frente al empuje inexorable de la necesidad.

El ejemplo británico
Editorial ABC  9 Julio 2005

LA cadena de atentados cometidos en Londres el 7-J ha reproducido casi milimétricamente la sucesión de debates abiertos tras los ataques terroristas contra Nueva York y Madrid, en 2001 y 2004. Por supuesto, también ha facilitado la ocasión y el motivo para establecer comparaciones que miden a las sociedades víctimas de los atentados en sus capacidades más sensibles de cohesión y firmeza ante una crisis terrorista. En general, junto a las condenas sinceras e inevitables, vuelven a discutirse los tópicos habituales, que enredan más que aclaran a las opiniones públicas y entorpecen el establecimiento de cooperaciones internacionales sólidas y la extensión de una actitud general de compromiso de lucha. Por eso, junto a los llamamientos para evitar reacciones xenófobas -hasta el momento ejemplarmente evitadas-, se está discutiendo que esté abierta una guerra terrorista contra el sistema democrático occidental. Más parece responder este empeño al deseo de que no se vean confirmadas tesis supuestamente conservadoras sobre el conflicto armado que ha desatado el integrismo islamista, que a un diagnóstico objetivo de las características de los agresores. Puede que, en efecto, no haya un choque de civilizaciones, pero sí hay una civilización atacada. En menos de cuatro años, tres grandes capitales del mundo democrático occidental -Nueva York, Madrid y Londres, auténtica letanía del sufrimiento- han sido atacadas de forma indiscriminada, con más de cuatro mil ciudadanos muertos y miles de heridos. Si esto no es una guerra, se le parece tanto que habrá que aceptar varias condiciones para ganarla. La primera es que el terrorismo integrista busca un resultado global: la expansión del islam y la claudicación de las democracias. La segunda es que se trata de un conflicto a largo plazo.

Este segundo rasgo obliga a los Gobiernos democráticos a una tarea responsable y sincera de pedagogía con sus ciudadanos. Blair empezó con ella en sus primeras alocuciones tras los atentados. La amenaza del terrorismo integrista es imprevisible en el tiempo y en el espacio, aunque bien acotada en sus objetivos. Horas después de los atentados en Londres, Dinamarca e Italia aparecían advertidas expresamente en un supuesto comunicado de una facción de Al Qaida como próximas víctimas de sus ataques. Cualquier democracia -y cualquiera de sus aliados musulmanes- puede llenar los puntos suspensivos de esa amenaza de muerte. Lo importante es que los Gobiernos occidentales, las opiniones públicas y las clases políticas asuman la necesidad de rearmarse éticamente para soportar nuevos ataques y para responder individual y colectivamente cuando y donde sea preciso. El 7-J de Londres es una lección positiva de cómo encarar una tragedia terrorista con sentido nacional, solidario y responsable, por parte de los poderes públicos, la oposición, los medios de comunicación y la sociedad misma. Quizá en Londres hayan tomado buena nota de la lección negativa de nuestro 11-M, gracias a la cual se explicaría que nadie proteste porque, 48 horas después de los atentados, el Gobierno no dé oficialmente por cierta la autoría islamista, a pesar de que no hay terrorismo alternativo -el IRA lleva varios años en tregua- y de que la amenaza de Al Qaida era segura, creíble y avisada, según las fuerzas británicas de seguridad. En el diccionario de esta crisis, los británicos han decidido no usar palabras como «imprevisión», «ocultación» o «mentira». También el antecedente del 11-M explicaría la confiada y segura actuación del Gobierno de Blair en el control de la información y de los mensajes a la opinión pública, gracias a la ausencia de una oposición que no atiza la sospecha en momentos de extrema sensibilidad ciudadana y a la colaboración de unos medios identificados con la situación. Por supuesto, ningún ministro británico se está viendo obligado a vaciarse los bolsillos cada tres horas ante las televisiones para demostrar que no se guarda información. Tampoco hay quien infiltra subliminalmente en la opinión pública la idea de que los atentados son respuestas desesperadas a las injusticias perpetradas por Occidente.

El terrorismo causa inmenso dolor, pero también puede descubrir la fortaleza de la víctima, cuando la víctima es fuerte y, sobre todo, está bien liderada. Las democracias pueden ser -y son- vulnerables, pero no tienen que ser débiles ni hacerse perdonar por sus enemigos. Gran Bretaña está reaccionando como sabe hacerlo una nación que se respeta a sí misma y no quiere rendir su dignidad a los enemigos que la han atacado.

¿Qué valores? ¿qué principios?
JUAN MANUEL DE PRADA ABC  9 Julio 2005

EN su primera comparecencia ante los medios tras la matanza, un consternado Blair afirmaba que «nuestra determinación para defender nuestros valores y nuestro modo de vida» es mayor que el ímpetu destructivo de los terroristas. En un tono algo enfático, Zapatero se pronunciaba en el mismo sentido: «Los terroristas no conseguirán jamás que abandonemos nuestros principios y nuestros valores». Ambas aseveraciones, irreprochables en su formulación y muy eufónicas, constituyen un desidératum, una aspiración muy loable; ambas adolecen, sin embargo, de un candor y un idealismo atroces. Pues, a la postre, el terrorismo islámico que azota Europa se alimenta precisamente de nuestra incapacidad para defender nuestros valores, nuestros principios, nuestras formas de vida. Europa ha perdido la fe en la validez universal de su cultura; quizá siga aferrada a afirmaciones retóricas y pomposas que proclaman lo contrario -apelaciones vacuas a la democracia, al muy manoseado Estado de Derecho, etcétera-, pero ese espejismo semántico no debe distraernos de la verdad pavorosa: también los romanos seguían invocando a sus dioses y ofrendándoles rutinarios sacrificios cuando ya habían dejado de creer en ellos.

Europa está enferma de relativismo; y esta enfermedad, instilada y sostenida por el pensamiento dominante, acrecienta cada día su debilidad. Lejos de mostrar una determinación inquebrantable en la defensa de sus valores, Europa proclama que no existen valores y principios de validez universal, sino más bien valores particulares que no deben confrontarse con los valores procedentes de otras culturas. Defender los valores propios se convierte automáticamente en un ejercicio de prepotencia intelectual, de arrogancia fundamentalista, de imperialismo cultural; naturalmente, cualquier intento de exportar esos valores se considera una imposición inaceptable, puesto que todos los modos de vida son igualmente legítimos y respetables. Europa ha dejado de creer en su superioridad moral; y, paralelamente, ha desarrollado una suerte de apatía o desistimiento que la corrección política disfraza de «tolerancia» hacia otros valores y formas de vida. Todo ello acompañado, además, de un brumoso y atenazador complejo de culpa que ha sumido a Europa en un estado de parálisis, de crisis de identidad, de falta de confianza en el futuro. Esta atonía espiritual se manifiesta, paradójicamente, acompañada de una mayor prosperidad material, de un disfrute ensimismado y onanista de las ventajas que esos valores y formas de vida nos proporcionan: pero ya se sabe que los pueblos que exprimen y saborean con fruición las ventajas de sus formas de vida, sin preocuparse de defenderlas, están condenados primero a la decrepitud y después a la mera extinción. Europa ha encontrado en su progreso material el pasatiempo que le permite descuidar su decadencia espiritual. Los terroristas islámicos, más atentos en el diagnóstico de la enfermedad que nos corroe, redoblan sus ataques porque saben que Europa se ha debilitado, porque saben que en su relativismo se esconde la semilla de la rendición.

¿Qué determinación puede oponer una sociedad que ha dejado de creer en su identidad espiritual frente a una fuerza hostil que pretende imponer sus formas de vida? Los pronunciamientos de los políticos en esta hora luctuosa insisten patéticamente en invocar un cadáver que el pensamiento dominante no quiere resucitar. Si en verdad Europa aspira a defender sus principios y valores, deberá empezar por recuperar la fortaleza espiritual que impulsó su nacimiento. Hoy esos principios y valores son letra muerta, despojos zarandeados por el oleaje manso del relativismo; vivificarlos exige un previo esfuerzo de fe para el que dudo mucho que los europeos estemos preparados.

De dos ataques terroristas
EDITORIAL Libertad Digital  9 Julio 2005

El tiempo transcurrido desde la explosión de las bombas de los terroristas permite hacer un primer balance de las consecuencias que ese ataque ha tenido en Gran Bretaña y señalar algunas de las diferencias con el 11M. Aunque tanto la respuesta ciudadana y de los servicios de emergencia de la capital española no tienen nada de qué avergonzarse, hay otros aspectos en los que políticos, periodistas y ciudadanos han demostrado haber aprendido las lecciones de aquel fatídico día. O, más probablemente, estas reacciones demuestran que forman parte de una cultura más madura que la nuestra.

Una de las principales armas con las que cuenta el terrorismo es la propaganda. Los cuerpos mutilados y ensangrentados no han aparecido ni en televisión ni en la prensa y nadie ha protestado ante esta contención aduciendo falaces consignas sobre la libertad de expresión o el derecho a saber. Tampoco han logrado cambiar la vida de los británicos que, en lugar de aterrorizarse, concentrarse y manifestarse, han acudido hoy a trabajar como si fuera un día cualquiera. Ni siquiera han sembrado la semilla de la división, pues la oposición ha cerrado filas en torno al gobierno, en lugar de acusarlo de mentir. Sólo George Galloway, el diputado acusado de recibir sobornos de Sadam Hussein, ha culpado al gobierno asignando a las guerras de Irak y Afganistán las causas del ataque. No hay duda de que, de no haberse declarado éstas, el responsable habría sido el sistema económico mundial y las injusticias cometidas con los palestinos. Porque todos somos culpables menos los terroristas. Pero mientras en Londres estas afirmaciones resplandecen por su excepcionalidad, en nuestro país fueron y son moneda de cambio utilizada contra el Gobierno.

Y es que aunque no se conocen detenciones, no se sabe qué explosivo se ha utilizado ni quién los ha colocado, no hay lista oficial de muertos ni se conoce aún el número exacto, tampoco hay concentraciones espontáneas contra el Gobierno, acusaciones de ocultación ni presiones a los ministros. ¿Quién ha sido? Los terroristas. Eso es, al parecer, lo que le ha contestado Tony Blair a un veterano informador –no británico, claro– que intervino en la rueda de prensa que se celebró al término de la reunión en Gleneagle.

Y esas son las diferencias que ha recalcado hoy Rajoy. Un recordatorio que a De la Vega parece haberle molestado mucho, pues se ha precipitado a protestar por el uso partidista del terrorismo. Y es que a la vicepresidenta que se manifestó en Leganés, entre gritos de “Esto nos pasa por un gobierno facha” o “Aznar, culpable, eres responsable”, parece que la verdad le ofende. La verdad de que, en España, son los Galloway quienes se sientan en el consejo de ministros.

Ataque a Londres
Carrusel de culpas
Cristina Losada Libertad Digital 9 Julio 2005

Era una rueda de prensa multitudinaria, la que daba Blair un día después de los atentados en Londres y al término de la cumbre del G-8. El corresponsal de El País hizo una pregunta. ¿Qué ha fallado, quiso saber, para que estos atentados se hayan producido? El premier británico meditó unos segundos, como si calibrara la profundidad de la trampa. Pienso, dijo, que quienes han perpetrado ese salvaje atentado contra personas inocentes son los únicos responsables. Nada añadió. Como si quisiera subrayar que la evidencia que acababa de decir, no es evidente. Y que se dieran por aludidos quienes, en estos trances, han proyectado y proyectan la culpa, y hacen de los verdugos, víctimas.

Como ya ocurrió el 11-S, como ya ocurrió el 11-M. De nuevo se pone en marcha el diabólico carrusel en el que son culpables todos menos los asesinos. Ken Livingstone, el alcalde de Londres, que sus buenos cables les ha echado a islamistas predicadores del odio, nada contestó cuando le preguntaron, en otro lugar, si la guerra de Irak sería la matriz que hubiera engendrado los últimos golpes del terror. Ken el Rojo calló, a pesar de haberse opuesto a la guerra. En España, en cambio, y en otros países, los parlanchines seguían la ruta discursiva de Galloway, el diputado que recibía dinero de Saddam.

Una ruta unidireccional y tapiada a ambos lados, en la que el culpable es uno, aunque multiforme: el Occidente rico, la economía de mercado, Estados Unidos. La culpa, decía un neoestalinista, es de Bush y Blair, que están matando a mujeres y niños en Irak. No los de los coches-bomba. El mundo, dicen frotándose las manos los que practican esa perversión moral, es menos seguro después de la guerra contra Sadam. Una guerra que no levantó en el mundo musulmán las protestas populares que surgieron cuando la del Golfo, y que ha abierto oportunidades democráticas en Oriente Próximo. ¿Acaso pueden decir qué hubiera ocurrido de no librarse? No hay caso. Las bombas de Bagdad, proclaman, estallan en Madrid y Londres. ¿Y en Nueva York? Ah, esos ya habían hecho del mundo un infierno.

Pero el infierno cuyas bombas nos azotan es de la especie de aquel que describió Joseph Roth. Quien también observó cuál era el boquete por el que entrarían las llamas: Europa se rinde. “Por debilidad, por desidia, por indiferencia, por irreflexión”. Eso era frente al III Reich. Ahora, los sucesores de quienes entonces aceptaron el pacto soviético con los nazis, aquellos que odian más al capitalismo de lo que aman la libertad, valor que para ellos es mercancía retórica, han agrandado el boquete. Ahora, han conseguido que millones de personas crean que los culpables de los ataques son los atacados: sus gobiernos elegidos, nuestra prosperidad, nuestra civilización. Han interiorizado el mensaje de los agresores.

Las manifestaciones contra la guerra de Irak, la presión a los gobiernos para que retiraran las tropas tras los secuestros, la decisión de ZP de salir de allí tras los atentados del 11-M, han puesto al descubierto el flanco débil de Occidente. Lo han hecho más vulnerable. El terrorismo crece cuando vislumbra victorias, y eso es lo que millones de personas e irresponsables gobernantes, como el nuestro, han dado a entender. Ya lo dijo Ben Laden en febrero del 2003: “Los intereses de los musulmanes y los intereses de los socialistas coinciden en la guerra contra los cruzados”.

El 11-S se abrió la disyuntiva para la izquierda, como para todo el mundo, de defender la democracia y la libertad frente a la amenaza islamofascista o de seguir la tradición y mantener como principal enemigo al de siempre. Una parte sustancial de la izquierda optó por lo segundo. Tanto le da que los islamistas hayan declarado la guerra a Occidente y a valores que la propia izquierda dice defender. Pues se ha cerrado el círculo de su evolución: no sólo abomina del capitalismo; es la civilización occidental, de la que ha nacido, la que desea ver en el basurero de la historia.

Ataque a Londres
Para salir corriendo
Ignacio Villa Libertad Digital 9 Julio 2005

El nerviosismo que, desde el pasado jueves, transmite el Gobierno español es la muestra más clara de que los atentados terroristas de Londres han dejado al descubierto la ineptitud, la manipulación y la maldad de este Ejecutivo. Los atentados registrados en la capital británica, y la respuesta política y social en el Reino Unido muestra la evidencia de una realidad: el PSOE utilizó y manipuló los atentados del 11 de marzo de una manera que no se recuerda en una democracia moderna.

En el Reino Unido trascurren las horas; todavía no se conocen los datos oficiales de los fallecidos, hay datos confusos sobre la autoría, las investigaciones siguen abiertas y los trabajos de rescate se prometen largos. Pero nadie levanta una voz; nadie acusa al Gobierno de mentir o de cambiar la realidad. Los británicos han dado una lección de normalidad y de sentido común ante los tremendos atentados terroristas.

Por su parte, el primer ministro británico Tony Blair ha demostrado con todas las letras que es un estadista de primera categoría, que tiene una importante capacidad de liderazgo en las situaciones complicadas y que, además, mantiene un sólido y solvente discurso antiterrorista. Blair ha dejado claro cuáles son los valores de la democracia y cómo hay que defenderlos.

Tan clara ha sido la lección ofrecida al mundo entero desde el Reino Unido, tanta la diferencia con lo sucedido en España, que es como para salir corriendo a vivir a tierras británicas. Y es que es difícil ver tanta irresponsabilidad, tanta demagogia y tanta bazofia como en nuestro país. Los burdos montajes del PSOE difundidos desde el Grupo Prisa, la incitación para que los ciudadanos se manifestaran en la calles contra el Gobierno, la repetición hasta el límite de que el Ejecutivo mentía o la violación -sin precedentes- del día de reflexión son algunos ejemplos de las diferencias entre lo ocurrido en España y en el Reino Unido.

Además, mientras que las grandes potencias del mundo hablan de derrotar al terrorismo; Zapatero insiste en hablar con ETA para buscar un acuerdo desde la cesión del Gobierno. Todos hablan de ganar la batalla al terrorismo y él sigue con sus fábulas de la alianza de civilizaciones.

Por todo esto y por mucho más el Gobierno Zapatero está inquieto. Han recibido una lección de verdadera democracia que no les ha gustado nada. Y además han quedado al descubierto todas sus artimañas perversas. La lección ha llegado desde Londres, y en Moncloa se han sentido desarmados.

EL CRISTAL ESTÁ ROTO
Editorial ABC  9 Julio 2005

Tony Blair se había apuntado grandes éxitos en Singapur y en la reunión del G-8 cuando unas mochilas asesinas le enfrentaron con la Historia despiadada. Los enemigos de la libertad nos han declarado la guerra. Es imposible sustraerse al momento. Más aún en un Madrid, en el que el 11-M sigue dividiendo a las dos Españas hasta helarnos el corazón. Pero podemos aprender algo de la frialdad británica, de un país firmemente anclado en su modelo popperiano de sociedad abierta que no necesita exhibiciones públicas de unidad ni compromiso democrático. Además de dolernos con ellos.

Los atentados de Londres han puesto automáticamente en funcionamiento el consenso antiterrorista fraguado en los duros años de resistencia al IRA. Contrasta clamorosamente esa actitud con los episodios vividos en España. La política informativa ha estado en las antípodas. Se ha fortalecido el pacto de silencio de los medios de comunicación para no dar imágenes cruentas. El gobierno ha hecho gala de una parquedad impresionante. Tanta que no hay gobierno español que la hubiera resistido. Pero los británicos han aplaudido la actitud de su primer ministro porque existe un fuerte consenso social. Consenso sobre que la información es una arma más para ganar la guerra al terrorismo. En España, los medios de comunicación, lastrados por años de censura, exhibimos un purismo excesivo. No nos consideramos parte integral de la estrategia antiterrorista, sino observadores neutrales. Consenso político en que los únicos responsables son los terroristas. No se oye en el Reino Unido más que alguna voz aislada, y estigmatizada, que culpa a Occidente por sus agresiones múltiples al mundo árabe, o a la guerra americana contra Irak y la foto de las Azores. Entre nosotros, son sin embargo legión los que comparan con equidistancia aséptica a las víctimas de los atentados con la población civil iraquí. De ahí a comparar a Bush con Ben Laden hay un pequeño paso que se salta con demasiada frecuencia. Consenso y legitimidad que llevan a confiar en el gobierno en momentos de tensión nacional. Aquí hemos acusado tantas veces, y de cosas tan graves, a todos los gobiernos desde los tiempos de Suárez que nadie está legitimado para pedir un margen de confianza. Y si lo hace es un ingenuo, o un cínico.

Ya sabía yo que la frágil imagen de unidad nacional exhibida en Singapur no iba a resistir mucho. Pero me atrevo a proponernos una tarea como sociedad estas vacaciones; empezando por el gobierno y la prensa a quienes compete una especial responsabilidad. Dejemos de buscar culpables. Hagamos como el niño del anuncio que llama a un cristalero porque una pelota ha roto una ventana. Busquemos al cristalero, no la pelota que rompió el cristal. Porque el cristal de la convivencia está roto y conviene arreglarlo antes del invierno.

Artículo en El País
Lo de Cebrián
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 9 Julio 2005

En su artículo Bajo las bombas, Juan Luis Cebrián reflexiona “sobre la respuesta de las democracias” a los atentados londinenses, no sin antes agradecer a Dios que ni “nuestros iluminados comentaristas de domingo” ni los “parlanchines portavoces” del PP culparan esta vez a ETA. No consta que se alegre por no haber encontrado la SER terroristas suicidas depilados en el tube ni por no haber alentado su televisión el acoso a las sedes del partido laborista.

La respuesta, afirma, “no puede ser, de nuevo, una guerra indiscriminada y cruel como aquella en la que se embarcó el trío de las Azores”. Dejémoslo en que la respuesta no es la guerra, porque si ha habido alguna no indiscriminada, es precisamente la de Irak. ¿Cuánto cree que le duraría a los Estados Unidos una guerra sin discriminación de objetivos? En cuanto a la crueldad, pregúntele el académico a los iraquíes de a pie cómo se las gastaba Sadam cuando en Irak no había elecciones.

Las respuestas a un terrorismo de “carácter internacional” tendrán que basarse en “acuerdos y decisiones de idéntico significado, lo que enfatiza la necesidad de recuperar el papel de la ONU”. Nada dice de la absoluta incapacidad de la ONU para enfrentarse a tiranos armados y agresivos decididos a llevar adelante sus planes de dominación, rearme, expansión territorial y genocidio. Por no hablar de la corrupción que ha acompañado la gestión del programa petróleo por alimentos, de la congénita corrupción de la organización.

No se trata de lo que Cebrián -y la izquierda española a la que ilumina y guía- prefiera. Aunque el más riguroso multilateralismo fuera deseable (que no lo es), es imposible evitar que la única superpotencia del mundo se proteja de acuerdo con su percepción del peligro una vez ha sido atacada (cruel e indiscriminadamente, esta vez sí) en su propio territorio. El deseo de evitarlo está contaminado por el prejuicio antiamericano; ahí está el titular de El País que siguió al 11-M: el mundo no estaba en vilo por lo que el islamismo estaba haciendo sino por la posible respuesta de la primera democracia del mundo.

El artículo es una reafirmación del mecanismo de inversión de la culpa propio de la izquierda opulenta: la batalla se ha de dar en los frentes judicial y policial (no en el militar), “pero también en el cultural, en el educativo y en el religioso. Atañe (…) a la lucha contra las desigualdades económicas y a la eliminación del exasperante y ciego egoísmo de las sociedades capitalistas”. Una nueva llamada a la autoinculpación, al desarme -en sentido moral y en sentido estricto-, ante los que nos han declarado la guerra para imponer un totalitarismo teocrático. Que al hombre fuerte de Prisa le exaspere el ciego egoísmo del capitalismo tiene miga.

¿Qué más pueden hacer nuestras sociedades en los “frentes” cultural o religioso que no estén haciendo ya, toda vez que ningún estado musulmán, fundamentalista o no, respeta los mínimos de reciprocidad culturales y religiosos? ¿Y qué tendrán que ver las desigualdades económicas con una red terrorista impulsada y financiada por familias y organizaciones con recursos financieros inagotables? ¿No le merece ninguna reflexión que los países más pobres del mundo no están implicados en el terrorismo internacional sino intentando sumarse a una globalización que la izquierda occidental aborrece?

El Estatut que viene
Editorial Heraldo de Aragón 9 Julio 2005

EL PRESIDENTE de la Generalitat catalana usa cada vez más la jerga nacionalista. Ayer en el Centre d"Investigacions Tecnológiques de Talarn (Lérida), leyó un texto institucional para asegurar que, sobre el nuevo Estatuto de autonomía, habrá "una amplísima mayoría nacional", en referencia a Cataluña, manifestando, además, su certeza de que "el Gobierno del Estado" mostrará un actitud muy positiva. Mientras Artur Mas (CiU) funge en la oposición como sumo pontífice nacionalista, Carod-Rovira (ERC) se atiene de momento al guión pactado y retrasa sus anhelos de independencia para mejor momento. Maragall ha elegido la vía de ceder en otros puntos a cambio de que la Moncloa acepte que Cataluña es nación distinta de España, aunque integrada en el Estado. Con la ductilidad de Rodríguez Zapatero contrasta fuertemente lo dicho por el presidente de la Comisión Constitucional del Congreso y ex vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, que concede "muy pocas posibilidades de progresar" a un texto que "desanda el largo camino que condujo al Estado democrático" e introduce el término nación como antesala de problemas futuros, ante los que no cabe ser ingenuos. Lo que ha llevado a la vicepresidenta Fernández de la Vega a respaldar tácitamente la posición de Maragall. Al socialismo español le espera un amargo trance.

ABOGA POR LUCHAR CONTRA EL FANATISMO RELIGIOSO
Blair cree que hay que "arrancar de raíz" las causas del terrorismo porque la seguridad "no es suficiente"
El primer ministro británico ha alertado de que las medidas de seguridad no son suficientes para proteger a los británicos del terrorismo y que hay que buscar sus causas y "arrancarlas de raíz". En una entrevista a BBC Radio, Tony Blair ha explicado que "toda la vigilancia en el mundo" no puede evitar que la gente se suba a un autobús para matar a personas inocentes, de ahí la necesidad de abordar "la horrible perversión de la verdadera fe del Islam".
Agencias Libertad Digital 9 Julio 2005

El primer ministro explicó, como ya han hecho otros responsables británicos, que era "inevitable" que los terroristas intentaran atentar en el Reino Unido. "Es trágico que lo hayan conseguido", apuntó. Sin embargo, aclaró que la sociedad británica está orgullosa de ser "abierta, multirracial, multiconfesional y de tener un estado con poderes limitados", y los terroristas sólo vencerían si revirtieran su liberalismo". El primer ministro destacó la "resistencia" de los británicos ante lo ocurrido, y calificó la respuesta de los londinenses de "extraordinaria". "Creo que seguiremos con nuestro modo de vida" y "aunque lloremos las vidas de los muertos de forma tan brutal e innecesaria, el sentimiento, creo y espero, en el país es seguir adelante juntos y asegurarnos de que no pueden dividirnos", concluyó.

Blair indicó que el Gobierno seguirá adelante con el debate sobre medidas como la creación de carnets de identidad para ayudar a controlar la inmigración ilegal y la delincuencia, pero, añadió, "probablemente con este tipo de terrorismo la solución no puede ser sólo las medidas de seguridad". Y, aunque "nunca he dudado de ello" y la prioridad sea el garantizar la seguridad de los ciudadanos, "las cuestiones que subyacen tienen que ser abordadas también para intentar controlar esta horrible perversión de la fe del Islam que es el fanatismo religioso". "En cualquier caso lo que ahora sabemos, si no lo sabíamos ya, es que donde hay extremismo, fanatismo o formas agudas de pobreza en un continente, las consecuencias ya no se quedan en ese continente, sino que se extienden al resto del mundo".

El mandatario aclaró que no cree que la guerra en Irak haya podido motivar a los terroristas. En este sentido, subrayó que los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos ocurrieron antes de esa guerra, y los terroristas responsables de los atentados en Madrid planeaban más atentados incluso después de que España retirara las tropas del país árabe.

Jon Juaristi y Arcadi Espada denuncian el peligro del «nacionalismo intimidatorio»
Los intelectuales aseguraron ayer que los dos Ejecutivos regionales excluyen con su discurso a cualquiera que no «haga del nacionalismo su prioridad»
JORGE SÁINZ ABC 9 Julio 2005

NAVACERRADA. Una Cataluña que excluye a cualquiera que no haga del nacionalismo la prioridad de su agenda política y un País Vasco que empieza a imitar el modelo catalán debido a los nuevos vientos que soplan desde el PSE de Patxi López. Dos diagnósticos, el del periodista y promotor del Manifiesto catalán contra el soberanismo Arcadi Espada y el del historiador vasco y colaborador de ABC, Jon Juaristi, respectivamente, fruto de un diálogo profundo y meditado en torno al debate territorial, la nacionalidad y la nación.

El campus de verano de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) reunió ayer a ambos intelectuales, moderados por el ex secretario de la presidencia del Gobierno, Javier Zarzalejos, para confrontar sus reflexiones sobre la radicalización paralela de los discursos de los Ejecutivos de las dos Comunidades.

Para Arcadi Espada, el año largo de Gobierno Maragall ha abonado el terreno que sembraron los sucesivos gobiernos de CiU en la Generalitat. El escritor considera que la izquierda que representa el PSC ha apuntalado un «nacionalismo intimidatorio», que coloca en los «extramuros» a todo aquel que «no hace de la nación catalana la base de sus aspiraciones políticas». Y lo peor de todo, dice Espada, es que cuando busca una justificación a estas teorías, las únicas respuestas que obtiene constituyen vagas «disgresiones sobre la historia o el idioma». «Nadie ha sabido definirme qué necesidad hay de reformar el Estatuto o por qué Cataluña debe convertirse ahora en una nación, pero la realidad es que el Pacto Constitucional está a punto de saltar por los aires», cuenta.

Pero Espada va más lejos y crítica al PP por «haber seguido el juego a estos planteamientos» participando en la ponencia de reforma: «Salvo en la época de Vidal Quadras, los populares han cometido el error de entrar en este círculo vicioso». Coincide con él Jon Juaristi que advierte una cierta «catalanización» del nacionalismo vasco por culpa de las renovadas tesis del PSE. Cree, sin embargo, que es una situación coyuntural motivada por los «pactos de gobierno imposibles» del PSOE con los nacionalistas minoritarios.

El historiador explica que el ideario del PNV siempre había apostado por el romanticismo que conlleva el término «pueblo vasco y no nación vasca». De hecho, recuerda que fue ETA, allá por los años 60, la encargada de «generalizar una aspiración» que provenía directamente del movimiento republicano irlandés. «Aunque parezca lo contrario, el PNV considera una carga la soberanía. El tan polémico plan Ibarretxe -añade- define el territorio como una Comunidad, que no país o nación, con capacidad de asociarse libremente a España». A pesar de ello, Juaristi denuncia que sigue habiendo un gran número de personas que se ven «obligadas a abandonar el País Vasco por culpa de la intimidación nacionalista».

Los empresarios vascos rechazan las «amenazas y chantajes» de la banda
San Gil carga de nuevo contra la «mezquina y deleznable» tregua parcial
R. N. La Razón 9 Julio 2005

A las tres bombas en el metro se sumó la que estalló en un autobús en Russell Square

Madrid- Los terroristas de ETA han vuelto a dejar claro en su último «Zutabe» que los empresarios vascos siguen en su punto de mira «económico». La Confederación Empresarial Vasca Confebask mostró ayer su rechazo a las «inadmisibles amenazas vertidas por ETA contra las empresas vascas que no se pliegan al chantaje terrorista», a la vez que testimonió «su total apoyo y solidaridad a las empresas para las que se pide el boicot». Confebask respondió así a uno de los puntos clave del boletín interno, en el que los etarras incluyen un listado de empresas que no han cedido a su chantaje y pide el boicot para ellas.

Los empresarios de Confebask reafirmaron también su esperanza de que «la lacra del terrorismo desaparezca definitivamente de nuestras vidas», y reiteró «el compromiso del tejido empresarial vasco con el país, con su desarrollo y progreso apostando por seguir en su puesto, pese a las amenazas y chantajes que quieran hacer aún más difícil el esfuerzo diario de afrontar los innumerables retos que ya implica toda actividad empresarial».

También el Círculo de Empresarios Vascos expresó su «más rotundo rechazo» al último Zutabe de ETA que, a su juicio, supone una «coacción permanente» ejercida por «unos verdaderos delincuentes». Asimismo, exigió tanto «el respaldo del Estado de Derecho» como la condena «a estas prácticas mafiosas violentas» por parte de «una izquierda abertzale que siempre calla dolosamente cuando ETA mata o amenaza», informa Ep.
Por su parte, la presidenta del PP vasco, María San Gil, también quiso contestar a los terroristas y volvió a considerar «mezquina y deleznable» la tregua parcial anunciada por ETA, a la vez que reiteró que «mientras haya un solo ciudadano amenazado, estamos todos amenazados». San Gil dijo no sentir «ningún alivio» y denunció la última «amenaza» de la organización terrorista contra Madrid. En la misma línea, el senador del PNV Iñaki Anasagasti consideró que es «un juego macabro» por parte de los etarras decretar una «tregua» política para unos pocos ciudadanos, excluyendo a unos y manteniendo el punto de mira en otros. Anasagasti también consideró «inasumisible» que los terroristas utilicen esta forma de dar la «información con cuentagotas» y mantener la sociedad en vilo.

«Improvisada, inapropiada, innecesaria»
Con estas tres palabras definió ayer José María Aznar las reformas constitucionales previstas por el Ejecutivo de Zapatero, al que acusó de haber convertido el debate actual en algo «absurdo»
Diana Valdecantos La Razón 9 Julio 2005

Navacerrada (Madrid)- Si la aprobación de los distintos estatutos autonómicos parece haberse adentrado en un terreno pantanoso, poniendo en más de un aprieto al presidente del Gobierno, ayer quedó patente que las ya manidas reformas constitucionales anunciadas por José Luis Rodríguez Zapatero serán todavía más controvertidas. El ex jefe del Ejecutivo, José María Aznar, quiso valorar las perspectivas y la situación política actual durante la apertura del curso de la fundación que preside, Faes, titulado «Nación, Estado, Constitución». No parece estar contento. «Improvisadas, inapropiadas e innecesarias». Así de contundente se mostró el ex presidente a la hora de definir las modificaciones previstas del texto constitucional. No se quedó ahí. Para el presidente de honor del Partido Popular el programa de Zapatero está vacío de contenido y por ello trata de confundir a la opinión pública con debates «absurdos».

José María Aznar consideró que «un mal llamado nominalismo va apoderándose de áreas cada vez más amplias del debate político precisamente, puntualizó, «cuando éste debería ser más riguroso» al afectar, en su opinión, a cuestiones nucleares de nuestro marco de convivencia».

Aznar afirmó que es posible considerar España una nación y lo es también no compatir esa idea, «co- mo así lo hacen estruendosamente las minorías a las que se les ha dado la oportunidad de imponer sus reflexiones dogmáticas y antidemocráticas frente a esa inmensa mayoría de los ciudadanos», afirmó. Lo que el ex presidente del Gobierno dice no comprender es «que no se sostenga ni una cosa ni la otra, o que la cuestión se quiera resolver como si fueran juegos de palabras». Para Aznar el debate en la política actual no es más plural sino «absurdo y estéril», ya que se intenta incluir en un mismo texto una idea y su contraria. Así, para el que fuera durante ocho años el jefe del Ejecutivo, se puede estar a favor de mantener el marco constitucional u opinar que se debe reabrir ese debate; lo que en ningún caso se puede entender es que se «considere la Constitución como un «cascarón vacío» en la que todo vale mientras se «mantengan algunas apariencias cosméticas», como, en su opinión, le ocurre a Zapatero.El presidente de Faes aprovechó también la presentación del seminario para expresar su solidaridad con las víctimas de los atentados de Londres. Por ello se guardó un minuto de silencio al inicio del acto y las banderas de España y Reino Unido, con sendos crespones negros, presidieron la mesa redonda durante toda la jornada de ayer.

El ex presidente del Gobierno consideró que mensaje que se les debe enviar a los terroristas no puede ser otro que «aceptar su desafío y persistir hasta su derrota». «Los terroristas son nuestros enemigos y sólo dejarán de serlo cuando sean derrotados», concluyó, antes de dar paso a la historiadora Carmen Iglesias quien hizo un llamamiento para que no se desvirtúen ciertos conceptos, ya que, advirtió, «la idea de patria y de nación es más antigua de lo que parece».

Guerra avisa que la «fiebre» por cambiar Estatutos amenaza la existencia del Estado
El presidente de la Comisión Constitucional advierte de que el nuevo Estatuto catalán «tiene pocas posibilidades» de prosperar y tilda de inconstitucional al valenciano
S. N. ABC 9 Julio 2005

EL ESCORIAL (MADRID). Alfonso Guerra, ex vicepresidente del Gobiercon Felipe González y actual presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados -que tendrá que visar y en su caso desautorizar las reformas de los Estatutos de autonomía- dio ayer un violento aldabonazo al proceso abierto por José Luis Rodríguez Zapatero para revisar el modelo de Estado.

Guerra utilizó el foro de los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid para discrepar abiertamente de los derroteros del llamado debate territorial y, sin complejos, arguyó que el proceso de revisión de la estructura del Estado puesto en marcha por Zapatero no puede pasar por reformas estatutarias como las de Cataluña o la Comunidad valenciana porque son inconstitucionales.

«Balcanización» de España
Guerra utilizó expresiones como «desaparición del Estado», «balcanización» o «fiebre reformadora del sistema de financiación poco explicable» que encierran en sí mismas todo un mensaje que alienta las perspectivas de que el PSOE pueda llegar a dividirse cuando el debate territorial supere la fase autonómica y llegue al Parlamento definitivamente.

Para empezar, Guerra sostuvo que la propuesta que el tripartito catalán incluirá en su reforma estatutaria «tiene pocas posibilidades» de prosperar «a menos que se quiera la desaparición del Estado» por insolidario. «Se ha creado el mito de la insuficiencia económica que yo no comparto», dijo para añadir que no entiende la «fiebre reformadora del sistema» porque no es necesaria en estos momentos, informa Efe. Además, Guerra dejó entrever que si el nuevo estatuto catalán llegara al Congreso y fuera rechazado por inconstitucional, tanto Zapatero como el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, tendrían un problema serio por la previsible pérdida del apoyo de ERC. Guerra dijo textualmente que el fracaso del texto del tripartito catalán podría tener algún «coste político mayor que cero» y recordó que quien tiene la última palabra es el Congreso y no los Parlamentos autonómicos.

Para Guerra, propuestas como la catalana o la valenciana -inconstitucional por eludir el derecho a la enseñanza en castellano- «podrían desandar el largo camino que condujo al Estado democrático». Una financiación como la que propone Maragall «fragmentaría la soberanía del Estado hasta constreñirle la de cada autonomía» y eso «no hay Estado que pueda resistirlo». «La historia constitucionalista española -añadió- no invita a experiencias no apoyadas en el consenso político y social» y lamentó que «se haya instalado la idea de «tonto el último»».

Las advertencias de Guerra no pasaron por alto la «autorización» de Zapatero a que cada Comunidad «se llame como quiera», incluso «nación». «Eso rompe el pacto constitucional y augura una reivindicación posterior, porque hoy somos nación y mañana querremos ser Estado». «No estamos ante una reforma de los Estatutos -lamentó-, sino ante la elaboración de nuevos Estatutos» inconstitucionales porque «están hechos con mentalidad de Estado». Además, auguró que el PP rechazará reformar la Constitución en los términos que plantea Zapatero. Como mínimo, Guerra dijo tener «grandes dudas».

Los directores de la RAE y el Cervantes aplauden la ley que llevará el español a las escuelas de Brasil
García de la Concha destaca que la nueva ley beneficiará a las universidades españolas, y Molina lo califica de «acontecimiento histórico» para la lengua española
ABC 9 Julio 2005

MADRID. El director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, acogió ayer con «gran satisfacción» la ley brasileña que llevará el español a los centros de secundaria, decisión que abre un amplio abanico de posibilidades ante las universidades españolas que podrán contribuir a la formación del profesorado. En declaraciones a Efe, García de la Concha señaló que la nueva ley aprobada ayer por el Parlamento brasileño servirá también para intensificar la relación de la RAE con la Academia de las Letras de ese país, que ya ha mostrado «mucho interés» por conocer los trabajos que se llevan a cabo en el ámbito académico español.

Por su parte, el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, afirmó ayer, a través de un comunicado, que la aprobación de esta ley «constituye un acontecimiento histórico para la lengua española y un impulso decisivo para su difusión como lengua de comunicación internacional». Asimismo, resalta que ésta es la noticia más trascendental de los últimos años, y señala que ahora todos los países hispanohablantes deberían esforzarse por apoyar esta iniciativa, que «abre una oportunidad extraordinaria para nuestras industrias culturales».

Según Molina, la nueva ley supondrá un notable aumento del número de brasileños que hablarán español en el plazo de diez años. Esta cifra estaba prevista en treinta millones, pero ahora se prevé la incorporación «de unos doce millones de alumnos», con lo que se incrementarán «exponencialmente todas las cifras».

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