AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 11 Julio 2005
Los españoles y los tejemanejes ZP-ETA
EDITORIAL Libertad Digital  11 Julio 2005

La maldad occidental
Agapito Maestre Libertad Digital 11 Julio 2005

Con Alfonso Guerra
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 11 Julio 2005

Terrorismo y culpas
Carlos Rodríguez Braun Libertad Digital 11 Julio 2005

Un mar de injusticia universal
JUAN MANUEL DE PRADA ABC  11 Julio 2005

¿Qué seguridad frente al terrorismo
José Javaloyes Estrella Digital  11 Julio 2005

La derogación de la Constitución
Rubén Osuna Libertad Digital 11 Julio 2005

Esperando la protesta de Piqué
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 11 Julio 2005

Racionalidad económica y guerra preventiva
Alberto Recarte Libertad Digital 11 Julio 2005

El espejito mágico de Zetapé
José García Domínguez Libertad Digital 11 Julio 2005

Un mar de ignominias
José Carlos Rodríguez Libertad Digital 11 Julio 2005

La pobreza no causa terrorismo
Jorge Valín Libertad Digital 11 Julio 2005

Cataluña: ¿nación o nacionalidad
JAVIER TAJADURA TEJADA El Correo 11 Julio 2005

Cuestión de lealtad
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 11 Julio 2005

Cuando los vascos dominaban la Tierra
JUAN BAS El Correo 11 Julio 2005

Los renglones torcidos de la Justicia
Ricardo Coarasa La Razón 11 Julio 2005

De Parga augura que las reformas de los estatutos «destruirán» el Estado
Ismael Del Prado La Razón 11 Julio 2005
 

Los españoles y los tejemanejes ZP-ETA
EDITORIAL Libertad Digital  11 Julio 2005

Mientras la unitaria y firme reacción británica a los atentados islamistas en Londres no está haciendo más que poner en evidencia, tal y como temía Cebrían, la infamia perpetrada del 11 al 14M por el PSOE y Prisa contra el gobierno del PP, ETA prosigue dejando en evidencia la no menos infame pero más reciente disposición del gobierno del 14-M de negociar “la paz” con esta organización criminal.

Por un lado, se ha sabido que ETA, un mes antes del atentado de la Peineta, anunció al Comité Olímpico Internacional que boicotearía la candidatura de Madrid 2012. Que una organización secesionista y criminal como ETA quiera impedir que la capital de España sea sede olímpica es perfectamente lógico. Lo que no lo es, en absoluto, es que formaciones independentistas, como Esquerra Republicana de Cataluña, que también han boicoteado esta candidatura y que acordaron en su día con ETA en Perpiñan “estrategias en pro de la desestabilización del Estado español”, sean, a su vez, los principales socios parlamentarios del gobierno de España.

Si esta noticia respecto al COI y el propio atentado de la Peineta dejan en evidencia la poca disposición de ETA a abandonar definitivamente la violencia, no menos lo hace la noticia de que la organización terrorista acaba de expulsar de su colectivo de presos a quienes se han manifestado partidarios de que la banda practique exclusivamente la “lucha institucional” abandonando la “lucha armada”.

Ciertamente, la abyecta oferta de impunidad inherente a cualquier oferta de "diálogo" con los terroristas sólo puede, acaso, resultar tentadora para aquellos terroristas que ya están recluidos en prisión y ya no pueden causar más daño. Sin embargo, para los terroristas que todavía están en disposición de cometer más atentados, el “atajo” que ZP propone al margen del Estado de Derecho sólo se traduce en una reducción de la disuasión que sobre ellos ejercen las penas y en un reforzamiento de su creencia en que pueden obtener más nueces del Estado que la mera excarcelación de sus compañeros. La oferta de impunidad no es sólo una clara fractura del Estado de Derecho, sino un error básico en estrategia antiterrorista, por muy pragmática que se quiera.

Por mucho que los mayoritarios medios de comunicación secunden el apaciguamiento promovido por ZP, lo cierto es que la sociedad española -que frente a ETA siempre se ha comportado como los británicos ante cualquier clase de terrorismo- no se fía del presidente del gobierno en este asunto. Así lo refleja el sondeo publicado este domingo en ABC, que deja claro que, pese a la popularidad que todavía conserva este presidente, la mitad de los españoles no está dispuesta a darle un cheque en blanco de cara a ETA.

Quizá el dato más significativo de esta encuesta es que un 55 por ciento, frente a un 35 por ciento de los consultados, opina que, ni siquiera en un escenario definitivo sin atentados, los reclusos merecerían medidas de “reinserción”, lo cual supone un mayoritario rechazo ciudadano a la oferta de ZP a ETA, en el que se incluye la mayoría de los propios votantes del PSOE.

En cualquier caso, ETA sigue esperando del gobierno del 14M, tal y como la propia organización terrorista anunció a ZP pocos meses después de su llegada al poder, “gestos para con Euskalherría tan valientes como los dados en Irak”. La diferencia está en que los españoles, al menos todavía, no quieren ver tan satisfechos a los etarras, como lo estuvieron El Egipcio y los suyos tras el 14M. Lo que no hay duda, es que, con ZP en el gobierno, galgos y podencos han recuperado la esperanza.

Terrorismo
La maldad occidental
Agapito Maestre Libertad Digital 11 Julio 2005

El mundo occidental soporta una guerra durísima y nueva. Declarada unilateralmente por el terrorismo islamista, sólo podrá terminarse con ella el día que hayamos logrado vencer a sus aliados occidentales. ¿Aliados occidentales? Sí, esa gente que es incapaz de reconocer que nos mata el moro. Mientras que el mundo occidental no tenga claro la perversidad del fundamentalismo islamista, seguirá culpando al occidental del terrorismo jihadista. He ahí la desgracia: nos asesinan los jihadistas y responsabilizan al capitalista. Nos aniquilan los islamistas y les dan la razón a los asesinos. Damos miedo. El hombre occidental, o mejor, un determinado tipo de hombre, especialmente el que representa la “izquierda” española, es el más inhumano de todos los animales del planeta. Se avergüenzan de sus instintos. Quieren caminar como si fueran “ángeles” pero, en realidad, les causa tanta repugnancia la alegría como la inocencia del animal. No tienen coraje para enfrentarse a la verdad: estamos en una guerra y quieren retirarse a su madriguera.

El verdadero animal, el genuino hombre occidental, reacciona instintivamente contra la barbarie islamista defendiéndose de un tipo de acción bárbara, que algunos llaman “civilización” islamista. O nos enfrentamos o nos matan. Sin embargo, todavía hay pedantes que hablan de guerra psicológica. Son los “inhumanos” izquierdistas, que pretenden permanecer impasible ante el avance de un tipo de “civilización”, una triste y retrasada forma de vida, donde la mujer apenas es algo más que un objeto y la muerte no es algo opuesto a la vida. Ese personal empieza a dar miedo. Su cobardía es propia del hombre inhumano. Siento miedo ante unos individuos, generalmente intelectuales, que culpan antes a las víctimas que a los verdugos. Siento miedo ante el hombre-masa español que censura antes a los obispos por asistir a una manifestación que a un imán fundamentalista. Siento pavor ante quién duda de cómo enfrentarse al terrorismo islamista.

Estamos en el camino de la mayor de las crueldades: negar la evidencia. El islamismo quiere acabar con la civilización occidental, pero hay gente en Occidente que no quiere reconocerlo. Ni siquiera admiten que estamos en guerra. Incluso hay quienes, con lenguaje tan impreciso como cainita, niega que exista una guerra real y habla, reitero, de conflicto psicológico entre civilizaciones o, peor aún, de “alianza de civilizaciones”. ¡La cobardía, ay, siempre es pedante! La alianza de civilizaciones es imposible, so pena de que quiera terminarse con la idea de civilización occidental. Sin embargo, Rodríguez Zapatero, lejos de estar triste, abatido y deprimido por los sucesos de Londres, sigue hablando de Alianza de Civilizaciones para justificar indirectamente al fundamentalismo islamista. La crueldad de algunos no tiene límites.

Con Alfonso Guerra
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 11 Julio 2005

ALFONSO Guerra, una vez más, ha puesto sensatez en el debate sobre la reforma de la Constitución, debate abierto artificialmente por la exigencia de los nacionalistas radicales catalanes que amenazan con romper el gobierno tripartito o su apoyo -¡qué paradoja!- al Gobierno de España. Guerra, además, preside ahora la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, lo cual otorga un valor añadido a sus manifestaciones. Ha dicho lo que pensamos todos, es decir, que aunque la Constitución no sea inamovible, lo que no resulta lícito es intentar modificar la residencia de la soberanía nacional -que son las Cortes Generales- a través de los cambios estatutarios que, como los que se están tramando en Cataluña, esconden un auténtico proceso constituyente.

La respuesta de las «camisas pardas», los fascistas nacionalistas, no se ha hecho esperar. Puigcercós ha exigido a Zapatero que ponga orden «en su corral», y Mas le ha pedido al presidente del Gobierno que destituya a Guerra en la Comisión Constitucional. Éste no se ha enterado, todavía, de que el presidente no puede destituir a quien ha sido elegido por el Parlamento. En el Partido Socialista habrá división de opiniones: los instalados, que tildarán al ex vicepresidente de inoportuno, y la gran base del socialismo, que comulgará al cien por cien con su diputado sevillano. En las filas populares la coincidencia con la argumentación de Alfonso Guerra es prácticamente unánime, unanimidad tan sólo quebrada por la voz extravagante de Piqué. Y en la misma línea de lo dicho por el presidente de la Fundación Pablo Iglesias llevan manifestándose desde hace años los foros de Babel y de Ermua, y ahora esa interesante plataforma de intelectuales catalanes que acaba de aparecer. De hecho, lo que ha dicho Alfonso Guerra conecta transversalmente con lo que piensa la inmensa mayoría de los militantes y votantes no nacionalistas, sean del partido que sean. Y lo que suele decir Piqué conecta, en cambio, sólo con lo que piensan los nacionalistas.

Piqué no se descuelga con esa crítica a Zaplana y Acebes, es decir, esa crítica a Rajoy, por un mero exceso verbal mal calculado. Piqué, desleal primero a Aznar y ahora a Rajoy, intentó con sus palabras herir políticamente a aquellas personas que conectan transversalmente con ese socialismo que sustenta el discurso de Guerra. Ni Acebes ni Zaplana son el pasado, sino un futuro prometedor, y por eso molestan tanto. Cada uno representa sensibilidades distintas y convergentes dentro del Partido Popular. Y Piqué, que yo conozca, no se representa más que a sí mismo. Mejor dicho, representa el criptonacionalismo, el peor de los engaños políticos. Tras el espléndido discurso de Guerra, los dirigentes populares deberán ahora formular el suyo.

Tontería económica de la semana
Terrorismo y culpas
Carlos Rodríguez Braun Libertad Digital 11 Julio 2005

A raíz de los atentados de Londres, poco tardó el pensamiento único en buscar sus raíces económicas. No vaya a ser que creamos que los culpables del terrorismo son los terroristas.

Ignacio Ramonet en El Periódico de Catalunya desbarró primero ligando la acción a la guerra de Iraq, como si no tuviéramos suficientes pruebas de que los terroristas planificaron sus crímenes desde antes. Y después aseguró que los hechos no sólo fueron criminales por las víctimas sino “porque impiden, de momento, reflexionar serenamente sobre las grandes injusticias creadas por la globalización liberal, injusticias que, en definitiva, nutren el terrorismo en el mundo”. O sea, que en realidad las víctimas son culpables. Y la globalización, es decir, el mundo después de la crisis del comunismo, el totalitarismo más cruel y asesino conocido hasta la fecha, es más injusto. Para completar el desatino, Ramonet, ese gran enemigo de los líderes mundiales, coincide puntualmente con Chirac y Schröder en que la mejor manera de reducir la pobreza es (¿no lo adivina?) aumentar los impuestos. Y aunque finalmente ha comprendido que es bueno acabar con el proteccionismo de los países ricos, afirma que ese mismo proteccionismo debe imponerse en los países pobres. Señor, qué disparate.

También Juan Luis Cebrián habló del “exasperante y ciego egoísmo de las sociedades capitalistas”, lo que tiene miga, como ironizó Juan Carlos Girauta aquí en Libertad Digital, y además invita a conjeturar si Cebrián seriamente pretende que pensemos que las sociedades no capitalistas son particularmente generosas. Muy poco después de Cebrián, escribió Rodríguez Zapatero un lamentable artículo en el Financial Times: ¿a que no adivina usted cuáles son según nuestro preclaro líder las causas del terrorismo? ¡La “injusticia” y las “enormes desigualdades”!

Un mar de injusticia universal
JUAN MANUEL DE PRADA ABC  11 Julio 2005

YA sabíamos que Zapatero es, como aquel ángel que San Agustín se tropezó en la playa, propenso a formular conceptos oceánicos que la estricta razón no puede alcanzar. Postular una «alianza de civilizaciones» o predicar unas «ansias infinitas de paz» pertenece, como el propósito de encerrar el agua del infinito océano en un hoyo excavado en la arena, al ámbito de las realizaciones imposibles. Confesaré que, en un principio, achaqué esta propensión de Zapatero a un impulso utópico, pero bienintencionado (aunque ya se sabe con qué adoquines se empiedra el camino que conduce al infierno); en la insistencia con que formula y sostiene estos conceptos oceánicos, aun en las coyunturas más impertinentes o extemporáneas, empiezo a vislumbrar cierto cinismo. En un artículo anterior expresaba mi desconfianza en la capacidad de Europa para defender con determinación unos valores o principios en los que ha dejado inconscientemente de creer; quizá las proclamas de Zapatero, tan rimbombantes en la forma como hueras en el fondo, sean uno de los síntomas más notorios de esa perlesía moral que se extiende por Europa. Que dichas proclamas las emita, además, sin descolgar de los labios esa impertérrita «sonrisa de metal» a la que se refería la semana pasada Ignacio Camacho, incorpora ribetes inquietantes a lo que, de otro modo, calificaríamos de pamplinas.

Acaba de escribir Zapatero que la matanza de Londres debe enmarcarse en «un mar de injusticia universal», aserto que a simple vista enuncia una perogrullada, pues no hay calamidad, desgracia o mero contratiempo que no admita idéntico marco. Pero este concepto tan oceánico y tontorrón de «injusticia universal» es, en realidad, la coartada ingenua que permite a Zapatero lanzar a renglón seguido la insidia: sólo mediante un «esfuerzo colectivo» podremos «comprender las condiciones que facilitan la expansión del fanatismo». Aunque no se atreve a mencionarlo explícitamente, Zapatero culpa a Occidente de dicha expansión; y, puesto que no enumera las condiciones que debemos esforzarnos en comprender, hemos de entender que conforman una amalgama también oceánica, un auténtico mar de injusticia universal que lo mismo comprende la guerra de Irak que los intentos por extender los principios y valores que encarnan nuestra moribunda civilización. Como buen relativista, Zapatero considera que Occidente debe sentirse culpable de exportar sus ideas e instituciones (probadamente beneficiosas para el desarrollo moral, político y económico de los pueblos), pues con ello sólo ha logrado enardecer el fantasma del fanatismo. Como buen relativista, Zapatero concibe el terrorismo como una guerra reactiva, no agresiva; y, por lo tanto, entiende que bastará con que los europeos seamos «comprensivos» con esos otros modos de vida tan respetables como el nuestro, cejando en nuestras ínfulas coloniales, para conjurar la amenaza del fanatismo, que no es sino la consecuencia lógica —morbosa quizá, pero a fin de cuentas lógica— de la injerencia occidental. Como buen relativista, Zapatero considera que todas las culturas poseen el mismo valor ético: la democracia, las declaraciones de derechos, el liberalismo, la separación entre Iglesia y Estado, criaturas típicas, originarias y propias de Occidente, quizá se hayan mostrado provechosas para el desarrollo de los pueblos que las han acogido, pero esta constatación no satisface a un relativista como Zapatero, que siempre considerará que las aportaciones de Occidente al mar de la injusticia universal han sido más numerosas.

Produce un poco de bochorno que un señor con responsabilidades de Gobierno albergue tamaña empanada mental.

¿Qué seguridad frente al terrorismo?
José Javaloyes Estrella Digital  11 Julio 2005

Tardarán en olvidarse los diferenciales de reacción —políticos, psicológicos y morales— habidos ante los atentados terroristas de Londres, el Día de San Fermín, y los del 11 de marzo del 204 en Madrid. Había en los dos escenarios nacionales, el británico y el español, el mismo debate sobre la guerra de Iraq; pero en el caso británico las tropas (más de 80 bajas mortales hasta ahora) combatían desde el primer día de la guerra, mientras que los soldados españoles estaban asignados a misiones de reconstrucción del país en todos los órdenes, habiéndose producido sus bajas siempre en ocasiones incidentales y nunca en acciones propiamente bélicas. También en el caso británico el debate social sobre la guerra había tenido sus protestas y sus manifestaciones, como en España; aunque el discurso del rechazo nunca registró componentes foráneos ni impulsos derivados de una óptica política extranjera; tampoco los disidentes llamaron asesinos a los gobernantes y, mucho menos, nadie ha cargado sobre el Gobierno la responsabilidad del crimen terrorista. Queda en el aire, sin embargo, la pregunta de si los atentados en Londres hubieran estado adosados por delante a las últimas elecciones el resultados de éstas hubiera sido distinto al que fue. Por lo visto ahora, más bien parece que no.

Inglaterra ha aguantado el tirón brutal del terrorismo, pero España ve que los explosivos islamistas se han llevado por delante el status político de casi 30 años, mientras crujen las cuadernas constitucionales, en el baile de los estatutos autonómicos a impulsos de minorías nacionalistas aliadas del terrorismo. Inglaterra ha encajado el golpe y metabolizado en su genio nacional el impacto monstruoso de los asesinos islamistas, y España, por el contrario, ha visto cómo las bombas del 11M abrían las cicatrices del peor de nuestros pasados y afloraban a los muertos en orden de combate y a beneficio de inventario por parte de los desenterradores. Inglaterra se alza de la catástrofe asesina con un espíritu nacional fortalecido, en medio de su reconducción de la política europea, mientras en España lo nacional se difumina en sus perfiles, perdiendo cuerpo, y la política exterior ha descendido tan a los infiernos de la nada que hasta el caniche francés de Mónaco se hace pis, olímpicamente, por las alfombras del Palacio de Santa Cruz.

Pero el diferencial más expresivo de todos se sitúa en la respuesta política al hecho del terrorismo. El primer ministro británico agota el análisis del problema en la consideración de que las respuestas al mismo no se agotan en el nivel de la seguridad que debe disponerse frente al mismo, es decir, en el plano de la reacción, de las respuestas replicantes, sino que debe instalarse sobre el principio de la acción extirpatoria, como actuación no sólo represiva sino preventiva también. Frente a ello, por parte nuestra, no salió otra cosa de esa Moncloa donde suelen alterarse las brújulas de sus huéspedes, que la sansirolada de la “alianza de civilizaciones”, cosa en la que tan cumplidamente se confunde el culo con las témporas. Ocurre que el problema terrorista surge de una cuestión interna del mundo islámico. Habiéndosele de constreñir a que lo resuelva de la manera que lo hacen, por ejemplo, países como Túnez. La civilización de los derechos humanos, que es la occidental, no podrá prevalecer si fuera de la misma, en la islámica, no se castiga a sus terroristas con los medios suficientes, sin reparar en gastos ni sacrificios. Como en cirugía.

Este concreto punto de la propuesta terapéutica extirpatoria, quirúrgica, frente al terrorismo es lo más significativo de la respuesta del Gobierno británico. Tras de insistir Tony Blair en que la “seguridad no basta”, pues para evitar atentados como los de Nueva York y Washington, Madrid y Londres sería menester que la seguridad fuera absoluta, suponiendo tal cosa un coste infinito, lo que parece plantearse por el Premier es el llevar la lucha antiterrorista a los niveles de la guerra preventiva en el seno del mundo islámico, implicando en ello a ese mismo mundo.

Se cierra el círculo y prácticamente llegamos, de la mano de Blair, a lo mismo que el presidente Bush. Ya no es aquello de “si quieres la paz prepárate para la guerra”, sino lo otro: “si quieres la paz (y la seguridad frente al terrorismo) haz la guerra” a los terroristas, estén donde estén y se encuentren donde se encuentren. Empero ¿cómo hacer la guerra a los terroristas? Queda claro que la guerra convencional no parece servir, en principio, si no se la implementa adecuadamente con criterios políticos de espectro suficiente.

A este respecto, y para terminar con las comparaciones, no es presumible que el primer ministro británico esté pensando hacer con el terrorismo islámico lo que el presidente del Gobierno español hace con el terrorismo etarra. Sabe Blair que ese enemigo, como Lorenzo Contreras escribía el otro día, “está dentro”. Hay que extirparlo como se extirpa un tumor: con la guerra quirúrgica, antes de que el tumor nos devore. Los imanes de las mezquitas han de ser militantes contra el “yihadismo”. La guerra contra el terrorismo islámico ha de comenzar a la sombra de los minaretes. Hay precedentes y existen paralelismos.
jose@javaloyes.net

Estatuto catalán
La derogación de la Constitución
Rubén Osuna Libertad Digital 11 Julio 2005

Empieza a conocerse el proyecto de nuevo estatuto catalán que llegará al Congreso en breve. CiU se abstiene, pero como estrategia para forzar un texto aún más radical. El PSC y ERC han planteado un proyecto de Ley que, de aprobarse en Cortes, dejaría muerta y enterrada a la Constitución de 1978. A partir de este punto cualquier cosa cabría en ella y de cualquier forma podría reformarse. Alfonso Guerra ha dado un aviso pero, sorprendentemente, la Vicepresidenta De la Vega le ha mandado callar. Ibarra amenaza con represalias, si bien su margen de maniobra es escaso y es sabido que nunca pasa del berrido. Por su parte, Manuel Chaves retrasa el proyecto de nuevo estatuto andaluz a la espera de lo que pase con el catalán, pues podría volver a ocurrir que aquél acabe copiando éste palabra por palabra.

El Partido Popular lanza mensajes confusos y contradictorios, como siempre. Primero, tendrían que explicar a su base electoral qué pueden hacer realmente por frenar esto en las presentes circunstancias, y hasta dónde están dispuestos a llegar. ¿Pueden frenarlo en las Cortes? ¿Se puede confiar en el Tribunal Constitucional si se plantea un recurso? Después tendrían que explicar qué harían si no pueden parar este proceso. Han intentado vender la inoportuna reforma del estatuto valenciano como una alternativa, cuando la verdad es que todos estamos supeditados a lo que acabe pasando con el estatuto catalán. Si éste sale adelante en su forma actual el siguiente será el vasco, que adoptará las “conquistas” del catalán de forma automática, como mínimo, lo que supone en la práctica lo sustancial del plan Ibarreche. Con dos de las regiones más ricas desconectadas del régimen fiscal común (y veremos qué acaba pasando con la Seguridad Social si les conviene), y habiendo formado estados dentro del estado, con soberanía propia y capacidad de condicionar políticamente a los demás sin reciprocidad, la papeleta del resto de comunidades autónomas será muy difícil. Aquí ya no cabrán paños calientes, segundas vías ni cuentos chinos. No hay otra que el sálvese el que pueda.

Las comunidades relativamente más pobres querrán permanecer en un régimen fiscal común en el que queden al menos algunas comunidades ricas, especialmente Madrid y Valencia. Pero éstas acabarán adoptando el modelo catalán tarde o temprano, pues será muy difícil que los residentes en estas comunidades acepten renunciar a los privilegios de catalanes y vascos, y soportar solos el peso de lo que quede del estado. Ya no habrá argumentos para aceptar los sacrificios de una convivencia, y ni la solidaridad ni el marco legal vigente tendrán fuerza alguna. En definitiva, pulverizada la clave que sostiene el arco del estado todo es posible, todo vale, todo es cuestionable y negociable, pero para todos y en los dos sentidos. Si se cede en esto pasaremos de un orden civilizado a otro regido por la ley del más fuerte, donde habrá que tener los ojos muy abiertos para no ser el plato del día. No veo yo a los líderes políticos ni a la ciudadanía muy al tanto de lo que eso supone, pero ya iremos espabilando por la cuenta que nos trae.

PP
Esperando la protesta de Piqué
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 11 Julio 2005

¿Cómo iba él a adivinar que el PSOE y Prisa aprovecharían sus declaraciones para debilitar al PP? Habló de buena fe, y hay que ver la sorpresa que se llevó al conocer la reacción de Rajoy. No imaginaba que Blanco, un tipo sin malas intenciones, entraría al remate, que la SER encontraría su material preferido, que Rubalcaba abandonaría su proverbial inocencia, que El País, en fin, publicaría algo tan terrible como lo que Pilar Marcos puso el domingo en su boca en el artículo “Jaque a la cúpula del PP que gestionó el 11 M”.

Piqué protestará, claro, ejercerá su derecho de réplica, dejará claro que nunca ha pronunciado las palabras que El País le atribuye, entrecomilladas, sobre Acebes y Zaplana: “hablen de lo que hablen su imagen rememora el crespón negro y todo lo demás” porque son la “imagen pública” de la “gestión política de esos días”. Esos días son, nos aclara Pilar Marcos, “tres días de marzo de 2004, del 11 al 14”. Y aunque eso son cuatro días, así lo cuenta la periodista que entrecomilla a Piqué. Entrecomillar es una cosa muy seria; significa que el líder popular catalán ha dicho textualmente que la imagen de Acebes y Zaplana, hablen de lo que hablen, rememora el crespón negro y todo lo demás.

Lo peor es “todo lo demás”. El crespón negro es una atribución de lo fúnebre a sus compañeros. Tan injusta, lamentable y gratuita que tiene que ser falsa. Si la imagen de Acebes y Zaplana le sugiere a alguien crespones negros, ese alguien está enfermo. Significaría que no hay que dar la cara ante las tragedias, so pena de quedar anulado para el futuro, perseguido por las mariposas del cementerio, por la sombra del ciprés, por el crepitar de los ataúdes. Significaría que hay que dejar que otros se adentren en el túnel oscuro. Piqué lo desmentirá.

Lo peor, sí, es “todo lo demás”. Es decir, que no son los nombres de Blanco, Rubalcaba y Gabilondo los que nos recuerdan la campaña de manipulación concentrada, la agitación, la violencia desbordándose, el acoso a un partido, las consignas, la ira, la inculpación de un gobierno democrático por unos atentados terroristas, la rendición, el golpe posmoderno, el Aznar asesino, esto nos pasa por un gobierno facha, la paz civil a punto de quebrarse, la sobredosis de injuria y de mentira de “esos días”. Es decir, que no son los socialistas ni sus socios separatistas, comunistas y mochileros, ni El País ni la SER los que nos recuerdan el apagón informativo, la traición a los aliados, el bloqueo a la comisión de investigación, las acusaciones de imprevisión (cuya injusticia se habrá hecho nítida a los más cerriles tras los atentados de Londres), la dulcificación de ETA (ETA no haría una cosa así, ETA siempre avisa) que, mira tú por dónde, venía propiciada por contactos previos. No. El hedor de la cloaca del “todo lo demás” le alcanza a uno cuando ve a Acebes y a Zaplana. Piqué no puede haber caído tan bajo, Piqué no es un traidor.

Ataque a Londres
Racionalidad económica y guerra preventiva
Alberto Recarte Libertad Digital 11 Julio 2005

Tras los atentados de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, las principales bolsas bajaron un 17%, pero al cabo de 18 sesiones se había recuperado el nivel previo de antes de la masacre; la tendencia de fondo no sufrió alteraciones. El atentado de Madrid, el 11 de marzo de 2004, provocó una caída del Eurostock del 9%, pero tras 18 sesiones se recuperó el nivel previo, y tampoco hubo cambios en la tendencia de fondo.

En esta ocasión las bolsas europeas cayeron un 4%, pero cerraron el día con un descenso en torno al 2%, y Nueva York, con más tiempo para digerir la noticia, cerró al alza.

La experiencia de los últimos grandes atentados, los tres a los que he hecho referencia, más el de Bali, en Indonesia, y los que han sufrido los rusos y los turcos, es que sus efectos en la actividad económica son temporales y limitados; excepto en el caso del de Nueva York, que afectó gravemente a la aviación comercial, cierto tipo de turismo y la industria del seguro.

En esta ocasión lo único que ha provocado el atentado de Londres es el dolor de las víctimas y sus familiares, la indignación de los británicos y la unión de sus partidos políticos en la defensa de cualquier política que se esté desarrollando, interior o exterior. Y seguro que en la adopción de políticas que den una respuesta contundente a los que les han atacado.

Las organizaciones terroristas también ponderarán estos datos y llegarán a la conclusión de que este tipo de atentados, con este tipo de explosivos, en algunos países, como Estados Unidos, Gran Bretaña e incluso en Rusia e Indonesia, no sirven a los fines que persiguen: provocar el terror y modificar la política en relación con el islamismo criminal y los estados que amparan, protegen y animan a esas organizaciones. Caso distinto del de Madrid, que provocó el cambio de política de un gobierno sin principios. Pero, hoy, los Chávez y Castro y las dictaduras de Corea del Norte, Irán y Siria deberían estar más inseguros que ayer, porque debería haber una respuesta a la agresión.

La segunda consideración que probablemente harán los terroristas es que necesitan escalar la magnitud de sus atentados. Y la forma más segura de lograrlo es emplear armas biológicas, químicas o nucleares. Su utilización sí provocaría una situación caótica y una profunda crisis en todo el mundo. Lo que refuerza la necesidad de acabar por todos los medios políticos y militares con los estados que amparan, o podrían amparar, este tipo de terrorismo, como lo era el Irak de Sadam Hussein.

El gran peligro para la civilización son las armas de destrucción masiva. Los terroristas han demostrado una vez más que se consideran legitimados para matar indiscriminadamente. Pero esta vez no han logrado siquiera una caída temporal de las bolsas. La única conclusión lógica es que la próxima vez lo intentarán con otro tipo de armas, que sólo pueden conseguir si colabora con ellos algún estado soberano. Lo que obliga a las democracias a tomar las acciones preventivas necesarias. El riesgo es global; el derecho internacional tradicional no contempla estas situaciones y debe ser modificado. Ya no hay fronteras y no pueden ni deben respetarse supuestas soberanías nacionales, porque los posibles afectados somos todos.

Terrorismo
El espejito mágico de Zetapé
José García Domínguez Libertad Digital 11 Julio 2005

Sólo en una sociedad encadenada al mando a distancia, tan modélica alumna del magisterio de Belén Esteban y Ernesto Ekaizer como discípula avezada en las cátedras de Boris Yzaguirre y Cebrián, sólo en una comunidad infantilizada al extremo de agrietarse las palmas de las manos aplaudiendo a cualquiera que prometa todos los derechos y ningún deber, persuadida de que libertad significa “yo hago lo que me da la gana”, y de que esfuerzo y sacrificio son dos sinónimos del adjetivo fascista, una colectividad en la que la consideración social se gradúe por el modelo de móvil que se exhiba en la mesa del bar, y donde pesen más las sentencias de un actor analfabeto que todos los dictámenes académicos del mundo, es decir, sólo en la España de hoy, la cobardía podía haberse convertido en atributo ejemplar de los gobernantes. Porque sólo en los países sin pulso moral el liderazgo recae no en los capaces de dirigir a la sociedad, sino en los inanes que se dejan arrastrar por ella. He ahí la diferencia entre Blair y Zapatero, pero también —no lo olvidemos— el océano que separa a Inglaterra de España.

Esta sociedad, que asumió sin rechistar el argumento más burdo del terrorismo intelectual —quien no se rinda, es un siervo de los americanos— es la misma que ahora, cuando los británicos le han colocado un espejo delante, se avergüenza de sí misma. Ahora, cuando el mismo mando a distancia le acaba de descubrir que los discursos de los estadistas de verdad no los redacta el guionista de Los Lunnis, y que ninguna sede del Partido Laborista está siendo asaltada en estos momentos por la claque de Crónicas Marcianas.

Y sin embargo, quien representa la quintaesencia de esa polis adocenada, el Zapatero que abjuró de la fe en la escolástica socialdemócrata para abrazar el culto beato a lo politically correct, es el único que no se ruboriza al verse reflejado en el cristal. Esa es la explicación a la pregunta ilusionada que le formulaba en el Financial Times de este sábado: “Espejito, espejito ¿quién más que yo podría representar el papel Arnaldo Otegi en esta conflagración mundial contra el terrorismo islamista?” Y es que, con todo el Reino Unido angustiado a la espera de un segundo ataque, apresurarse a deponer que la causa de que unos iluminados multimillonarios árabes quieran destruirnos radica en las “enormes desigualdades en el mundo” es algo más que una soberana estupidez. Es proveer de cobertura ideológica a los asesinos y de legitimación política a sus crímenes.

Por eso, se equivocan quienes creen que lo que está expuesto al público desde el jueves en los jardines de La Moncloa, es un óleo de Chamberlain. Porque no hay que fijarse demasiado para descubrir que se trata del retrato de Dorian Grey.

Desde la cofa
Un mar de ignominias
José Carlos Rodríguez Libertad Digital 11 Julio 2005

José Luis Rodríguez Zapatero ha perpetrado un artículo que resume el pensamiento vano y desinformado ante la realidad del terrorismo e inmoral ante el aspecto más trascendente del mismo. Nosotros estamos acostumbrados a sus naderías, pero ahora son los lectores del Financial Times quienes tienen que llevarse las manos a la cara para tapar su rubor. El que le falta a nuestro presidente.

De acuerdo con el presidente Rodríguez, hay una causa para el terrorismo. Y es que nace en un “mar de injusticias”, que en su código ético sin artículos equivale a “enormes desigualdades”. La desigualdad económica, en sí, no es injusta. Y no es ni puede ser un criterio ético. Pero nuestro presidente identifica desigualdades con injusticia, una equivalencia moralmente perversa en la que Rodríguez sólo sigue a la carencia de verdaderos criterios éticos de la izquierda.

Veamos si no qué presupone igualar injusticia con desigualdad y achacar a ésta la causa del terrorismo. Si el terrorismo no es un comportamiento voluntariamente elegido sino la consecuencia de una causa externa, en este caso las desigualdades, “caer” en él es como deslizarse por un barranco. Un hecho desafortunado, pero sin implicaciones éticas. El terrorismo sería como el moho en el queso. Una secreción no deseada consecuencia de unas condiciones objetivas. Un corolario de esa forma de pensar consiste en vaciar de contenido ético un comportamiento como acabar con la vida de un ser humano. No es ya que sea un error: no hay causas externas objetivas del comportamiento, porque sean cuales fueren las circunstancias, nosotros siempre tenemos la posibilidad de actuar moralmente. No solo es un error; vaciar de contenido ético ciertos comportamientos humanos, especialmente unos tan execrables, es cuando menos una debilidad moral ante ellos cuando no algo peor.

Decir que “nada puede justificar el terrorismo” no añade nada, si por otro lado se rebaja su condena ética al máximo, haciéndolo lógica consecuencia de ciertas condiciones sociales. ¿Tan difícil es decir que cualquier acción de violencia ofensiva es moralmente repugnante? ¿Es que el cursi discurso del presidente Rodríguez no puede combinar las palabras “el derecho a la vida es inalienable y todo ataque al mismo ha de merecer la máxima condena”? Claro, que si dijera eso para luego añadir que está dispuesto a negociar con los asesinos, esas condenas éticas se volverían al instante contra él. Rodríguez prefiere seguir su teoría del terrorismo causado, explicado en fenómenos externos, para prometer que, remozadas las causas, él acabará con el terrorismo. ¿Será ingenuo?

Confiado en su inane posición moral, nuestro presidente va más allá y se permite hacer propuestas políticas. Él, que ha decidido permitir el mantenimiento de ETA en el Parlamento Vasco. Él, que propone una negociación con ETA diciendo a los españoles que solo negociará a partir de una súbita e incausada rendición de la banda asesina. Él, propone que sea la ONU quien acabe con el terrorismo. La ONU es sin duda la única opción posible, dada la altura ética de Rodríguez, porque combina a la perfección algunas de sus características. En un envoltorio formalmente neutro, la ONU ha llegado a otorgar la presidencia de la comisión de desarme a Irak y la de derechos humanos a Libia. Grandes palabras sin contenido, eclecticismo en las formas, indiferencia o equidistancia entre asesinos y víctimas. Rodríguez y la ONU comparten muchas cosas.

Pero lo peor del artículo del presidente Zapatero es lo que no contiene. Nuestro presidente no ha dejado claro que ninguna acción terrorista torcerá la voluntad de las sociedades libres. Que mil ataques como el de Londres tendrán el mismo efecto que si no se hubiera cometido ninguno, porque las sociedades libres jamás tomarán en consideración las exigencias de quienes quieren acabar con ellas. Y no lo ha dicho porque es la última persona indicada para ello.

José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana

Demagogia izquierdista
La pobreza no causa terrorismo
Jorge Valín Libertad Digital 11 Julio 2005

Es una idea comúnmente aceptada entre los izquierdistas que el terrorismo es un subproducto de la pobreza. En un canal de televisión de Cataluña una presentadora, y sus invitados, estaban convencidos que el terrorismo se debe a la pobreza. En la misma línea ha sido un artículo de ZP en el diario Financial Times señalando que la causa del terrorismo es consecuencia de las “enormes desigualdades”. Como siempre, los ungidos de la izquierda se equivocan.

Muchas evidencias nos dicen que los terroristas, por ejemplo, no tienen un nivel bajo de cultura. Según Nasra Hassan, actual directora del servicio de información de Viena de Naciones Unidas, que realizó varias entrevistas a 250 militantes en campos de entrenamiento palestino durante los años 1996 a 1999, todos ellos tenían algún tipo de estudio, la mayoría eran de clase media, vivían de un salario y dos de ellos eran hijos de millonarios.

Otro estudio de Alan Krueger de la Princeton University, y Jitka Malečková de la Charles University llegaron a conclusiones empíricas que muestran como el terrorismo no viene dado por la pobreza: “los hombre bomba palestinos provienen de familias económicamente aventajadas y tienen un nivel educativo relativamente alto”. Y por otra parte, “los activistas judíos que actuaron a finales de los años 70 y principios de los 80 tenían una muy buena educación y ocupaciones muy bien remuneradas”.

Es más, dirigentes como Ayman Al-Zawahiri, Osama Bin Laden, Abu Musab Al-Zarqawi, etc. no son en absoluto iletrados. Tienen carreras universitarias, grandes fortunas e incluso hablan, como mínimo, dos idiomas.

Si el terrorismo fuese la causa de la pobreza países como Malí, Mongolia, Haití, etc. tendrían los grupos terroristas más activos y violentos del mundo. Y si la pobreza es la causa del terrorismo tampoco se entiende por qué España, al que se considera un país rico, ¡tiene un grupo terrorista en activo e internacionalmente conocido en una de sus regiones más prósperas!

¿Y por qué la izquierda y el estado insisten en culpar a la pobreza del terrorismo?

La izquierda tiene un lema que nunca falla: “nadie es responsable de sus propios actos”. Esta visión masoquista, de “yo” soy el culpable de todas las desgracias que ocurren en el mundo, les llevan a posiciones absurdas e inconsistentes con cualquier test racional. Si alguien es pobre no es debido a su falta de sacrificio, esfuerzo, o a las ansias de mejorar su futuro personal; sino de la sociedad. Y la sociedad somos todos, es decir, la culpa es de usted. Si algún desequilibrado se divierte matando a niños la culpa no es del asesino, ¡el es un enfermo! La culpa es de la sociedad que lo ha hecho así, a saber, el culpable es usted otra vez. Y evidentemente, si un grupo de fanáticos se dedica a exterminar a cuantos más cristianos mejor, la culpa no es de los fanáticos, sino de usted también. Se lo mire por donde se lo mire, usted, hombre medio blanco judeo–cristiano es el culpable de todas las desgracias del mundo.

Esta visión es la que impulsan los estados para así poder tomar más control sobre el individuo y sociedad continuando con sus políticas de coerción: más presión fiscal, aumento del estado policial, prohibición de libros según la arbitrariedad del legislador, de periódicos, de partidos políticos, encarcelamiento de personas que no se ajusten a los gustos del estado pese no haber cometido ningún acto criminal. Y todo para financiar la corrupción política, costes de transacción estatales y la ineficiente burocracia.

Pobreza y terrorismo no se deducen la una de la otra. Si queremos eliminar la pobreza eliminemos las barreras al libre comercio, aranceles y empecemos a desmontar por completo el estado del bienestar. Y si queremos acabar con el terrorismo llevemos más allá la liberalización y acabemos con la intromisión internacional de los estados.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

Cataluña: ¿nación o nacionalidad?
JAVIER TAJADURA TEJADA/PROFESOR TITULAR DE DERECHO CONSTITUCIONAL EN LA UPV-EHU El Correo 11 Julio 2005

Aunque intelectualmente me cueste mucho asumir que para determinados políticos pueda resultar una cuestión importante, e incluso crucial, definir a su comunidad política como nación, región o nacionalidad, lo cierto es que este asunto ocupa un lugar central en la agenda política actual. En el presente proceso de reforma de los estatutos de autonomía, la mayoría de los partidos políticos catalanes han acordado que el nuevo Estatuto catalán comience proclamando que Cataluña es una nación. El propósito de este artículo es, en primer lugar, poner de manifiesto la inconstitucionalidad manifiesta de esa pretensión y, en segundo lugar, denunciar el verdadero alcance político e ideológico de la misma.

Jurídicamente inconstitucional
La definición de Cataluña como nación es incompatible con el artículo 2 de la Constitución. En dicho precepto, de complicada elaboración y desafortunada redacción, subyace un consenso básico, que es el que hoy en día está amenazado. Dicho consenso se traduce en definir a España como una 'nación de nacionalidades y regiones'. De ello se derivan varias consecuencias. En primer lugar que existe una sola nación política que es España que se constituye en un Estado social y democrático de Derecho. En segundo lugar, que esa única nación está integrada por nacionalidades o regiones que en el ejercicio del derecho a la autonomía política pueden constituirse en comunidades autónomas. De ello se deduce, con total claridad, que la Constitución permite a las comunidades autónomas optar por una de estas dos denominaciones: 'nacionalidad' (región con mayor conciencia de su singularidad cultural) o 'región', pero en modo alguno les permite calificarse como naciones, que es lo que pretende Cataluña, por estar constitucionalmente reservada esta definición a España.

A esto se suele alegar que 'nacionalidad' y 'nación' es lo mismo y que el profesor Peces Barba -miembro de la Ponencia Constitucional y a quien debemos alguna de las más brillantes intervenciones sobre el particular- empleaba la fórmula 'nación de naciones'. Ahora bien, al explicar el significado de la misma dejó muy claro que con ella quería describir la existencia de una sola 'nación política', integrada por una pluralidad de 'naciones culturales'. Y eso es lo que quedó plasmado en el artículo 2, donde el término nacionalidad, muy discutido e impugnado con sólidos argumentos, fue finalmente incluido con un significado y alcance muy claros: nacionalidad es sinónimo de nación cultural, y en modo alguno equivale a nación política puesto que en ese caso quedaría abierta la puerta al ejercicio del derecho de autodeterminación que fue expresamente rechazado por las Cortes Constituyentes.

La pretensión de determinadas fuerzas políticas de Cataluña de reemplazar el término nacionalidad por nación en su Estatuto de autonomía choca frontalmente contra la literalidad del artículo 2 de la Constitución y, en todo caso, supone romper el consenso constitucional de 1978. Así las cosas, la única manera de considerar constitucionalmente admisible la autocalificación de Cataluña como nación es entendiendo que se trata de una nación cultural y no política. Ahora bien, para ello es preciso que el Estatuto contenga esa adjetivación de 'cultural' puesto que es la única forma de evitar problemas ulteriores. Sin embargo, no es ése el propósito de la reforma del Estatuto catalán y ello por la razón evidente de que sus autores precisamente pretenden trascender la dimensión meramente cultural del término 'nacionalidad' y asumir la condición de nación en su plenitud, esto es, en su sentido político. Dicho con otras palabras, el reconocimiento de que Cataluña es una nación cultural no exige ninguna reforma, ni constitucional ni estatutaria, en la medida en que ya está definida como nacionalidad. Y el reconocimiento de que Cataluña es una nación política no puede incluirse en el Estatuto por ser contrario al artículo 2 de la Constitución.

Políticamente conservadora
Ahora bien, si desde un punto de vista jurídico la propuesta es manifiestamente inconstitucional, desde una perspectiva política resulta profundamente conservadora. Implica la asunción de la ideología de la nación y bebe en las fuentes del nacionalismo romántico con el que la burguesía decimonónica pretendió sacralizar sus intereses. En este sentido, debemos al profesor De Vega una observación fundamental sobre el significado político e ideológico del nacionalismo del siglo XIX y comienzos del XX: «La elevación de la nación a la categoría de mito, y las continuas apelaciones a ellas como justificación ideológica de toda la acción política, para lo único que sirven es para ocultar los problemas reales de una sociedad cada vez más dividida y acosada por sus propios conflictos internos. Desarmada ideológicamente, e incapaz de dar solución a sus múltiples fracturas y contradicciones, la burguesía, aliada con las fuerzas aristocráticas y conservadoras de otra época, intentará crear unidades y armonías ficticias apelando a ese concepto romántico y espiritualista de nación».

Planteemos el problema en toda su crudeza. ¿De qué nación se habla? Para el gran teórico francés de la nación, Renan, «Una nación es un alma, un principio espiritual; dos cosas que, a decir verdad, no son más que una, constituyen este alma. Una está en el pasado, la otra en el presente. Una es la posesión común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento mutuo, el deseo de vivir conjuntamente». Para Mazzini, «La Nación es la tarea que Dios impone a un pueblo en el trabajo humanitario. Y su misión es la misión que debe realizarse en la Tierra para que el pensamiento de Dios pueda llevarse a cabo en el mundo». Así hasta «la Terre et les morts» de los que hablaba Barres o «por la sangre y la tierra» (Blut und Boden) de Adolfo Hitler.

No creo que sea necesario alegar más ejemplos para demostrar que el concepto de nación hace mucho que quedó completamente descompuesto hasta el punto que ha sido y es utilizado por cada autor según sus conveniencias y preferencias personales. La idea de nación es, ante todo y sobre todo, una construcción mítica, y por tanto, irracional. Podemos por tanto afirmar que, Benito Mussolini era mucho más sincero que los nacionalistas de hoy, cuando reconocía: «Nosotros hemos creado nuestro mito (...). Nuestro mito es la Nación. Nuestro mito es la grandeza de la Nación».

En la España de comienzos del siglo XXI es lamentable constatar que la situación no ha cambiado mucho. El nacionalismo, hoy como ayer, sigue siendo la ideología que, ocultando los problemas reales, impide buscar las efectivas soluciones a los mismos. Nadie ha conseguido demostrar con argumentos que los problemas de acceso a la vivienda, desempleo y precariedad laboral, o mejora de la enseñanza y la sanidad públicas, encuentren en la reforma estatutaria su solución.

Ahora bien, preciso es reconocer que los mitos son rentables. El gran mito de los derechos históricos ha permitido a Navarra y al País Vasco disfrutar de privilegiados sistemas de financiación. En el mito nacional depositan algunos sus esperanzas de lograr un estatus privilegiado respecto al resto de las comunidades. En este contexto, lo verdaderamente preocupante y grave es que las fuerzas políticas de izquierda hayan sucumbido a los encantos de los mitos y traicionado así sus principios y valores fundacionales, esto es, que hayan reemplazado la ideología de la igualdad y de la ciudadanía por la ideología de la nación. Situación esta que explica que las más cualificadas voces del pensamiento verdaderamente progresista hayan reclamado recientemente en Cataluña la creación de un partido político auténticamente de izquierdas, esto es, no nacionalista.

Cuestión de lealtad
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 11 Julio 2005

La reciente polémica suscitada por el lehendakari al afirmar que tanto su Gobierno como el PSOE estaban hablando con Batasuna anticipa uno de los interrogantes que se plantearán si llega a materializarse un escenario de diálogo para conseguir el fin del terrorismo: saber cuál será la actitud que tendrá el nacionalismo institucional ante unas conversaciones directas entre los socialistas y ETA-Batasuna.

Cuando el lehendakari pone en un compromiso al PSOE al asegurar que este grupo está hablando con una formación ilegalizada, trata, en primer lugar, de hacer frente a los reproches que ha recibido previamente de los socialistas por incluir a Batasuna en la anunciada mesa de partidos que quiere poner en marcha después del verano. Juan José Ibarretxe busca de ese modo dejar en evidencia la contradicción que supondría tener un diálogo subterráneo y criticar a quien pretende hacer lo mismo de manera pública.

Es un revés dialéctico de Ibarretxe contra el PSOE, pero para los socialistas no es sólo eso, no es una disputa ocasional propia de los rifirrafes de la política cotidiana. La cuestión suscita dudas en el partido del Gobierno acerca del grado de lealtad con que podrán contar por parte, fundamentalmente, del PNV en el nuevo capítulo del diálogo que quieren escribir.

La memoria trae del pasado episodios poco alentadores a este respecto. En las conversaciones de Argel, el PNV se puso nervioso ante la perspectiva de que se produjera algún tipo de acuerdo entre el Gobierno y ETA o entre el PSOE y HB. La izquierda abertzale ha venido atribuyendo al PNV -injustamente, sin duda- bastante responsabilidad de aquel fracaso. Todavía hace menos de un mes, Pernando Barrena, olvidando la responsabilidad de ETA, recordaba «la experiencia de Argel, donde el PNV quedó fuera y eso tuvo que ver con que no fuera exitosa».

No es el único caso. En 1993, cuando Ramón Jáuregui y Mario Onaindia decidieron abrir su partido hacia el llamado mundo de la cultura vasca, desde el PNV se respondió poniendo fin al boicot económico al diario 'Egunkaria' para dejar en evidencia que cualquier incursión del socialismo en el territorio de la izquierda abertzale podía ser neutralizada con una oferta más alta desde el nacionalismo institucional.

Y esa es la sombra que ahora flota en la aventura en la que se han embarcado los socialistas: saber qué hará el PNV, si entrar en la subasta elevando la puja, contrarrestando de algún modo el posible acercamiento de la izquierda abertzale y los socialistas, o quedarse con los brazos cruzados dando un voto de confianza al PSOE.

Cuando los vascos dominaban la Tierra
JUAN BAS El Correo 11 Julio 2005

Un irónico y avispado amigo me hacía el otro día la siguiente comparación y reflexión, que sin duda a Kafka habría encantado. Como tantas otras cosas, nunca se me había ocurrido.

Tolkien inventó países enteros, geografías y razas en su famosa obra 'El señor de los anillos'; Borges, en su admirable cuento 'Tlön, Uqbar, Orbis Tertius', creó un mundo completo, con su propia historia y religiones, cuya existencia reside en las páginas de una enciclopedia y que se filtra inquietantemente en la realidad. En ambos casos, los brillantes resultados son entelequias literarias que pertenecen al territorio de la ficción, al género fantástico, y tienen ahí su espacio y su límite, no se permeabilizan en el mundo real.

La ejecución de la doctrina de Sabino y Luis Arana, que inventaron el nacionalismo vasco en las postrimerías del siglo XIX, excede y traspasa los límites de la maquinación literaria y se ha materializado en el mundo, en la realidad.

Los hermanos Arana acotaron un país, Euzkadi -como se escribía entonces-, para el que inventaron una bandera, patronímicos y un pasado ancestral de Arcadia feliz consciente de ser una nación independiente.

Sospecho que la fértil imaginación de los hermanos Arana pudo verse abonada por la profesión de Luis, que era boticario y tenía una farmacia, paradójicamente en la plaza de España de Bilbao. Tal vez el láudano, el opio o la cocaína quirúrgica tuvieron que ver con el parto mental de la nación vasca.

El país imaginado por los hermanos Arana, aunque tiene un territorio pequeño, ha llegado mucho más lejos que sus homólogos, planetarios pero de papel. Un siglo después de su invento, el artefacto ideológico y sentimental de los hermanos Arana ha trascendido los límites de la quimera; sus seguidores han conseguido una mutación extraordinaria: convertir la ensoñación en realidad; una rentable realidad. Un mundo que crece, no geográficamente, pero sí gota a gota en entregados adeptos e inquebrantables adhesiones. No deja de resultar chocante.

Los renglones torcidos de la Justicia
Los vaivenes de las resoluciones judiciales: de la polémica sentencia del «caso Jarrai» al procesamiento para evitar que De Juana quede en libertad
Ricardo Coarasa La Razón 11 Julio 2005

Madrid- Los caminos de la justicia son, para muchos ciudadanos, inescrutables. Y algunas resoluciones, para más inri, tampoco ayudan demasiado a los profanos a comprender esos renglones torcidos, y menos aún cuando lo que se aborda son cuestiones relacionadas con el terrorismo. Los dos últimos meses son un buen exponente de esa confusión que la justicia provoca en ocasiones. En ese tiempo, por ejemplo, una sentencia de la Audiencia Nacional ha circunscrito el concepto de terrorismo a la utilización de armas, dejando fuera del mismo a la «kale borroka». El pasado 20 de junio, la sección cuarta de lo penal de la Audiencia Nacional se acogía a este argumento (que rompía el criterio abanderado en el Alto Tribunal por el juez Baltasar Garzón) para condenar a penas menores a 24 de los 28 procesados del «caso Jarrai». El fiscal y la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) pedían que se les considerara autores de un delito de integración en banda armada. Pero los magistrados (Alfonso Guevara, Carlos Ollero y Santiago Pedraz) refutaron esa tesis aduciendo que la actividad «complementaria» de la lucha callejera no se lleva a cabo con armas. ¿Qué es entonces, para estos jueces, un cóctel molotov? La delimitación de qué se entiende jurídicamente por actividad terrorista no es cuestión baladí, teniendo en cuenta que están pendientes de juicio las causas contra Ekin (sucesora de KAS en la coordinación del entramado etarra), Batasuna y Gestoras Pro Amnistía (encargada del control de los presos etarras). Para comprobar qué criterio se impone en la Audiencia Nacional al respecto habrá que esperar, pues, a conocer esas sentencias.

Gestoras, asociación terrorista. Pero la determinación de deslindar a ETA (banda armada) de sus organizaciones satélites (asociaciones ilícitas) pronto tuvo su réplica en el Ministerio Público, cuando el fiscal Juan Moral solicitó al juez Fernando Grande-Marlaska que prorrogase otros tres años la suspensión de actividades de la Asamblea de Electos de Batasuna (Udalbiltza-Kursaal), al considerarla «una asociación ilícita terrorista». Unos días antes, otro fiscal, en este caso Enrique Molina, solicitó diez años de cárcel para 27 miembros de Gestoras Pro Amnistía por su presunta integración en ETA. Para Molina, Gestoras «coordina la lucha complementaria a la del frente armado», una complementariedad que, sin embargo, no impide circunscribir su actividad a la puramente terrorista.

Con el fugaz paso por la cárcel de Soto del Real de Arnaldo Otegi, acusado por la Audiencia Nacional de ocupar «uno de los puestos dirigentes del entramado etarra», y con los dimes y diretes sobre la negociación con ETA en plena ebullición, otra decisión judicial añadió unas buenas dosis de confusión en la opinión pública. El pasado 10 de junio, el juez Santiago Pedraz resolvió no procesar al etarra José Ignacio de Juana Chaos por integración en ETA y amenazas terroristas a cuenta de dos artículos publicados en el diario «Gara». De esta forma, De Juana saldría de la cárcel el próximo 3 de agosto (dado que, pese a que fue condenado a más de 3.000 años de cárcel por once atentados en los que murieron 25 personas, tras 18 años en prisión y gracias a los beneficios penitenciarios, su condena está a punto de extinguirse). Pedraz no apreció indicios de criminalidad en De Juana y aseguró que de los artículos publicados por De Juana «no se puede concluir el apoyo a la lucha armada». Pero lo más sorprendente fue que el magistrado asegurase que ni el Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) ni el «Frente de Makos» (satélite de la banda armada en las cárceles) son identificables con ETA. El fiscal recurrió la decisión y la Sala de lo Penal, una semana después, firmó un auto en el que insistía en que De Juana «hace alarde y exaltación» de su pertenencia a ETA en ambos artículos. Uno de ellos, titulado «El escudo», es para los magistrados «un exordio a la pertenencia a la banda terrorista, a los fines por ella buscados y a su actividad violenta y mortífera».

Para Pedraz, de los dos escritos de De Juana publicados en «Gara» «no puede deducirse un señalamiento de las personas citadas (funcionarios de prisiones) como objetivo para la banda armada», por lo que no acreditan por sí solos que el recluso se haya integrado de nuevo en la organización terrorista. Nada que ver con los argumentos de la Sala de lo Penal, para quien su contenido «revela claramente una posible amenaza terrorista a determinadas personas» que, en su opinión, «no puede tomarse a la ligera».

Pese al «revolcón» de la Sala, Pedraz no se apeó y horas después, en un nuevo auto, insistía en no procesar a De Juana dado que de las pruebas incorporadas a la causa no se podía inferir su pertenencia a ETA. Recurrir a pruebas fuera del sumario, se quejó, sería tanto como «volver al sistema inquisitivo». Pedraz emplazaba al fiscal y a la acusación representada por el abogado de la AVT a demostrar que el sanguinario terrorista se ha integrado de nuevo en la banda y en sus artículos «dice que es de ETA y apoya la lucha armada».

Batasuna y el PCTV.
La controversia, de momento, se ha dirimido después de que el pasado jueves, la sección primera de la Sala de lo Penal ordenara a Pedraz que procese a De Juana por integración en banda armada y amenazas terroristas, lo que podría suponerle hasta 27 años de cárcel. Pero esta decisión, sobre todo, impedirá que el histórico miembro del «comando Madrid» quede en libertad el próximo 3 de agosto.

Al margen del «caso De Juana», otra resolución esperada en la Audiencia Nacional es la que hace referencia a la querella interpuesta por la AVT contra el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV) por colaboración con banda armada. De momento, la Fiscalía ya se ha pronunciado, rechazando «de plano» que esta formación fuese creada por Batasuna y que su origen sea ETA. Esta decisión viene a ratificar la actuación del fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, que en su día se negó a instar la ilegalización del PCTV al no encontrar suficientes indicios. El apoyo moral a actos concretos de terrorismo –mantiene el fiscal Jesús Santos– «por éticamente reprobable que sea», no puede considerarse un delito de colaboración con banda armada, que requiere de «hechos concretos y tangibles». Ahora, la última palabra sobre el particular corresponde al juez Fernando Grande-Marlaska, que deberá decidir si, como mantiene el representante del Ministerio Público, los integrantes del PCTV «no han cometido delito alguno», por lo que pueden seguir actuando mientras acaten las normas democráticas.

De Parga augura que las reformas de los estatutos «destruirán» el Estado
Asegura que la reforma aprobada en Valencia es inconstitucional
Ismael Del Prado La Razón 11 Julio 2005

Navacerrada (Madrid).- «La reforma del Estatuto valenciano es inconstitucional». Así de rotundo se mostró ayer el ex presidente del Tribunal Constitucional Manuel Jiménez de Parga en la conferencia de clausura del segundo curso del campus FAES 2005. Jiménez de Parga centró su intervención en las reformas que están llevándose a cabo en los Estatutos autonómicos, un proceso que en palabras del ponente está adquiriendo una importancia «no admisible» por parte de las Comunidades Autónomas, que están convirtiendo en «auténticas Constituciones» dichas reformas.

Sobre el modelo valenciano, aprobado recientemente por PP y PSOE, admitió «ser consciente de que se trata de una reforma más ortodoxa que otras de las que circulan por ahí, pero van a terminar por destruir el Estado de continuar así».

En palabras del ex presidente del TC, «la reforma solapa los Estatutos nacionales recogidos en la Constitución» algo que, por tanto, «rompe la igualdad proclamada en la norma jurídica de 1978. Para ello, aludió a los artículos 139.1 y 149.1 de la Carta Magna para justificar esta imposiblidad de equiparar las funciones del Supremo. «En el mismo, se habla de la igualdad de todos los españoles», una potestad que sólo debe fijar el Estado. Pero, ¿cómo vamos a ser iguales si en Valencia hay un Estatuto distinto al que está funcionando en Murcia?».

Recuperación de potestades.
Además, dentro de esta vorágine de las concesiones autonómicas, Jiménez de Parga también abogó por otorgar una doble dirección al problema de las competencias como una solución para aquellos casos en los que la concesión ha sido errónea, como por ejemplo en el sistema educativo.

Para Jiménez de Parga, esta recuperación de potestades debe ser un método directo para conseguir la vigorización del Estado, al tiempo que corrigió «a los que aluden a nuestra nación como una especie de federalismo y que, en realidad, no buscan sino una República Federal. Un modelo que no tiene encaje en nuestra Constitución. La consecuencia que podría traer –satirizó– es acudir al Museo de Antigüedades para poder encontrar el Tribunal Supremo».

Otro de los principales marcos en los que movió su interlocución el ex presidente del Tribunal Constitucional fue la denuncia del llamado «‘cesarismo empírico’. Una fórmula de gobierno sin programa claro y que busca resolver los problemas que se plantean a partir de la improvisación». Por esta razón, propugnó para su control saber en todo momento «dónde estamos. Y nosotros estamos en la Constitución de 1978, en el Estado de la autonomías. Si no hay Estado, no hay estado de derecho.Esta es la regla».

Asimismo, Jiménez de Parga diferenció durante su exposición entre las dos Españas que conviven hoy: la oficial y la real, aquella que podemos ver en las encuestas y que no se ajusta a la exactitud de la primera. El problema –concluye– es que la España real interesa mucho menos a la gente».

Ley electoral.
Por otro lado, Jiménez de Parga apostó por realizar cambios sustanciales en la Ley Orgánica el Régimen Electoral General (Loreg) para dificultar las opciones de los partidos nacionalistas de obtener representación parlamentaria en el Congreso.
Según el anterior presidente del Constitucional, «las formaciones que obtienen poco más del 1 por ciento de los votos en unos comicios generales no deberían gozar de representación en las Cortes». Por este motivo, la solución que fija Jiménez de Parga pasa por «modificar el sistema electoral para exigir un porcentaje mínimo del 5 por ciento». Esta circunstancia monopolizaría la presencia de los dos partidos con más poder en España: PP y PSOE, tal y como matizó el ponente.

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