AGLI

Recortes de Prensa     Martes 12 Julio 2005
Los terroristas no quieren que cunda el ejemplo británico
EDITORIAL Libertad Digital 12 Julio 2005

Lo que se mueve en eta
Editorial ABC 12 Julio 2005

Islam externo o islam interno
VALENTÍ PUIG ABC  12 Julio 2005

Respuesta británica
Editorial ABC  12 Julio 2005

Londres, objetivo secundario
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR El Correo 12 Julio 2005

La kale borroka de los sentimientos
José García Domínguez Libertad Digital 12 Julio 2005

Airados preventivos
Cristina Losada Libertad Digital 12 Julio 2005

De la mentira a la indignidad
Ignacio Villa Libertad Digital 12 Julio 2005

Rubalcaba: recuerda Perejil
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 12 Julio 2005

Exportación de terrorismo
GEES Libertad Digital 12 Julio 2005

“Nosotros matamos más”
Serafín Fanjul Libertad Digital  12 Julio 2005

La batalla contra el reformismo estatutario
Lorenzo Contreras Estrella Digital 12 Julio 2005

Resistencia o cobardía
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 12 Julio 2005

Carod y la Ley del Silencio
Las pesquisas de Marcelo Estrella Digital  12 Julio 2005

Parábola del buen capitán
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 12 Julio 2005

ETA hace estallar cuatro bombas contra la central eléctrica de Amorebieta
Libertad Digital 12 Julio 2005

El Foro de Ermua advierte contra el diálogo con ETA en el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco
Libertad Digital 12 Julio 2005

Descontrol autonómico
Cartas al Director ABC 12 Julio 2005

La Ley de Lenguas aragonesa acabará en los tribunales si reconoce derechos al catalán
ROBERTO PÉREZ ABC 12 Julio 2005

Somos Catalanes
Ágora Socialista. ABC Cataluña  12 Julio 2005
 

Los terroristas no quieren que cunda el ejemplo británico
EDITORIAL Libertad Digital 12 Julio 2005

Las incesantes muestras de unidad y firmeza con las que gobierno y oposición están reaccionando en Gran Bretaña a los ataques terroristas del 7-J, no hacen más que desacreditar, dentro y fuera de nuestras fronteras, la infame utilización política que, para regocijo de los terroristas, hicieron del 11-M el PSOE y Prisa contra el gobierno del PP.

El primer discurso de Blair tras la masacre, en el que aseguró a los terroristas que Gran Bretaña permanecería unida, inmutable y firme frente a sus pretensiones intimidatorias, no sólo fue la respuesta adecuada a las esperanzas de los autores de la matanza, sino también todo un contra ejemplo de lo que había sucedido en España tras el 11-M.

Este lunes, el lider de la oposición, el conservador Michel Howard, ha felicitado a Blair y ha dicho sentirse “orgulloso” de su gobierno. Y eso que Blair, “por razones obvias” no ha querido ofrecer detalles de la investigación policial, en unos momentos en que ni siquiera se ha dado una cifra oficial y definitiva de fallecidos. No creemos que haya que recordar, por el contrario, la carencia de escrúpulos y la activa intervención de la oposición y de sus medios de comunicación que, en España, hicieron posible que los terroristas pudieran contemplar regocijados –aquí sí– cómo, tras la matanza, se producía una histórica división ciudadana y un histórico cambio de gobierno, de política exterior y de política antiterrorista. Y eso que aquí, el gobierno de entonces retransmitió, prácticamente en directo, la información que le iba llegando de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

No nos cansaremos de recordar esos días de infamia protagonizados por el PSOE y sus medios de comunicación. Más aún cuando Rubalcaba ha tenido este la lunes la desfachatez de tratar de hacérnoslos olvidar, al afirmar que en España “nadie acusó al Gobierno de imprevisión”. Podemos, ciertamente, acudir a la fonoteca de la SER para demostrar que eso mismo hizo el ministro Alonso el 27 de abril de 2004. Sin embargo, debemos insistir en que el PSOE y Rubalcaba hicieron algo todavía mucho más abyecto y, sobre todo, más apreciado por los terroristas, como fue acusar al Gobierno del PP de mentir para poder acusarlo, a su vez, de su supuesta responsabilidad política de la masacre por su alineamiento con los EE UU en Irak.

Un día antes de violar la jornada de reflexión y de acusar abiertamente al Gobierno de mentir, el propio Rubalcaba ya dejó caer el insidioso comentario de que, ante una hipotética autoría islamista, sí que cabría exigir una “responsabilidad política” al PP por su alineamiento con Bush. Esa fue, de hecho, la misma reacción que, meses antes, había tenido Felipe González en las páginas de El País, pocos días después de los atentados de Casablanca.

Que ahora Rubalcaba pretenda hacernos creer que nada tuvo que ver su partido y sus medios de comunicación en el acoso a las sedes del PP y en la culpabilización de Aznar, -que tanto entusiasmo provocaron, por cierto, en terroristas conocidos del 11 M como El Egipcio- es el colmo de la impostura; como lo sería olvidar los elogios de todas las organizaciones islamistas –y también de ETA- al gobierno del 14M por la precipitada retirada de Irak; como lo sería olvidar que han sido autores del 11M los que han puesto a España como “ejemplo” de lo que los terroristas podían conseguir políticamente si hicieran un atentado similar en Italia; como lo sería olvidar que ZP hizo un llamamiento a los aliados de Bush a desertar de Irak, que es exactamente lo que pretendían los terroristas que, en esos momentos, decapitaban en directo a ciudadanos de países cuyos gobiernos permanecían firmes.

Ciertamente, los terroristas, sean galgos o podencos, querían y todavía quieren que cunda el claudicante y apaciguador ejemplo de ZP. A la vista está que -al menos, por ahora- no lo han conseguido en Gran Bretaña.

Lo que se mueve en eta
Editorial ABC 12 Julio 2005

LA «suspensión de militancia» que ha decretado la banda terrorista ETA contra Francisco Múgica Garmendia, alias «Pakito», y otros terroristas encarcelados que, como él, pidieron el abandono de la «lucha armada», es una noticia que dice poco de la oportunidad para la paz a la que tanto se refiere el Gobierno. Se trata, por el contrario, de una depuración de pusilánimes para preservar la ortodoxia del sector duro de ETA, que realmente es el único que existe. El consejero vasco de Interior, Javier Balza, resumió con acierto la valoración de la purga de «Pakito» como la prueba de que «ETA no cambia». Por eso es arriesgado interpretar esta decisión de disciplina terrorista como una crisis interna o un síntoma de debate. También es un mensaje engañoso para la opinión pública, porque desavenencias en ETA las ha habido y se han resuelto con escisiones -como en su día las de los «poli-milis»- o con asesinatos, como el de Dolores González Catarain, alias «Yoyes», cuya muerte fue ordenada por el propio «Pakito». La defenestración de estos críticos más bien se trata de lo contrario, de la consecuencia directa de una reanimación de la banda etarra en un escenario sorprendentemente favorable y en el que también sobran los «michelines», según afamada expresión de Xavier Arzalluz aplicada a los críticos del PNV.

En todo caso, si alguna lectura positiva puede extraerse de este episodio es que los más propensos a renunciar a la violencia son los etarras presos, lo que, por un sencillo silogismo, debería extender la convicción, sobre todo, en el Gobierno, de que nada mejor que encarcelar al mayor número posible de terroristas para acabar con el terrorismo.

Sea lo que fuere, lo que se mueve en ETA -nada ilusionante, por otro lado- tiene mala correlación con las expectativas abiertas por el Gobierno. No sirve utilizar discursos discontinuos y pasar de la defensa del final dialogado a esperar sólo el abandono de las armas. En todo caso, la depuración de «Pakito» indica que ETA se está fortificando ideológicamente y un terrorista convencido aún es más peligroso que un terrorista armado. Y si al mismo tiempo está convencido y armado, entonces es que algo está fallando gravemente en la política antiterrorista, que es algo mucho más ambicioso que la mera detención de «comandos». Es un abordaje implacable de las bases operativas y organizativas del terrorismo para desmantelarlas, sin perder mucho tiempo en analizar sus causas y contextos. Se puede decir que ETA ha encontrado un tiempo muerto en la presión del Estado para reparar desperfectos y si la confesión de parte aún tiene algún valor jurídico -sobre lo que Conde-Pumpido, ilustre magistrado antes que fiscal general del Estado, podría disertar ampliamente-, los propios terroristas han reconocido cómo han aprovechado el tiempo. En su último «Zutabe» -boletín interno de ETA- los etarras explican cómo el Partido Comunista de las Tierras Vascas representa la continuidad de Batasuna, expresa la victoria de la izquierda abertzale sobre la «estrategia de la ilegalización» (es decir, la ley de Partidos Políticos) y les permite «hurgar en la herida de la crisis del Estado español». ETA, siguiendo su estrategia básica, vuelve a «acumular fuerzas».

Frente a esta insolencia humillante, el Gobierno no puede eludir su responsabilidad política insistiendo en que sólo espera el abandono de las armas. En primer lugar, porque no es cierto. El Gobierno espera algo más, y por eso se ha embarcado en una aventura sin mapa ni destino, comprometiendo al Parlamento, dando satisfacción a los detractores de la política anterior contra ETA (ERC, PNV, Izquierda Unida) y rompiendo el Acuerdo Antiterrorista con el PP. En segundo lugar, porque sobran los emplazamientos a una organización terrorista que ya ha dicho que ni entrega las armas ni deja la violencia si no se cumplen sus condiciones, que son las mismas de hace treinta años y tan inaceptables como entonces. El cambio de rumbo parece más urgente cada día.

Islam externo o islam interno
Por VALENTÍ PUIG ABC  12 Julio 2005

EL documento «Jóvenes musulmanes y extremismos» -filtrado ahora y elaborado por el Gobierno británico a mediados de 2004- no hacía más que confirmar la tesis de que parte de la segunda y la tercera generaciones de inmigrantes musulmanes tiende a radicalizarse en toda Europa. La captación de esa juventud es sistemática, al modo de la pesca de arrastre, desde los caladeros suburbanos de la Europa de baja natalidad hasta los campos de entrenamiento de la yihad. Algunos analistas subrayan que si, según el informe, un 1 por ciento de esa población musulmana cae en las redes del islamismo, en el caso de los 1.600.000 musulmanes que viven en Gran Bretaña, el total de terroristas potenciales es de 16.000. Los autores del atentado quizá sean células foráneas, pero lo cierto es que existe un vasto islam interno que también dispone de activistas entrenados para la violencia y la destrucción en nombre del totalitarismo islamista.

Las políticas angelicales de inmigración, sumadas a una tan laxa noción del asilo político, han originado esa presencia masiva en Europa, consecuencia de programas incontrolados de reagrupamiento familiar o de conversión de trabajador temporal en residente fijo. Ese fue el caso del Reino Unido. En Francia, los seis millones de residentes musulmanes pueden duplicarse en horizonte de veinte años. Entre 15 y 20 millones, en Europa representan entre un 5 y un 10 por ciento de la población. En sus sectores juveniles más insatisfechos, que pueden paradójicamente ser los más marginados y los que tienen buena formación universitaria, Al Qaida recluta todos los días. Es como para irlo repitiendo una y otra vez, a modo de letanía: Al Qaida está aquí y no va a irse por las buenas.

La adhesión del islam radical británico a la condena de muerte contra el escritor Salman Rushdie por el ayatolá Joneimi desde el Irán fue un ensayo general que llevaba tiempo preparándose en las mezquitas de Londres, Birmingham o Bradford. Los mismos imanes predicaron a favor de Sadam Husein en plena primera guerra del Golfo cuando los soldados británicos -el hijo del vecino, por así decirlo- podían caer en el frente. Como se repite estos días, Londres tiene reputación tanto de bastión en la guerra con el terrorismo como de paraíso para extremistas. La yihad ocupa el lugar del submundo anarquista que presentó Conrad en su novela «El agente secreto». Ahí están la guerra santa por internet, las cuentas de la GIA argelina, el cantante Cat Stevens convertido en Yusuf Islam, la pedagogía del califato mundial, el «Parlamento musulmán» instituido en 1992, el imán de brazos amputados, fondos de financiación salafista, toda la parafernalia metodológica del odio. En el Reino Unido, la práctica religiosa del islam es una de las más elevadas de toda la Unión Europea.

En cierto modo como opinión oculta o algo así como desactivada, un significativo porcentaje de la sociedad británica -especialmente en Inglaterra, con más inmigrantes de Gales o Escocia- lleva tiempos presintiendo que la entrada masiva de inmigrantes tendría en algún momento consecuencias inesperadas y seguramente negativas. Ese es el voto que hubiera generado una extrema derecha a no ser por la capacidad de ósmosis del partido «tory».

Como consecuencia del ataque contra las torres de Manhattan, una nueva legislación antiterrorista dio paso a la prohibición de unos veinte grupos del islamismo radical: esa nueva ley permite actuar contra «la incitación a actos terroristas en el extranjero desde Gran Bretaña». Ese fue un gran avance. Por desgracia, será a causa del atentado de Londres que otras medidas legítimas vayan a ser tomadas, quizá con retraso. No parece que a los británicos se les tengan que dar lecciones sobre cómo garantizar los ámbitos de la libertad incrementando las garantías de seguridad. Suene bien o mal, a eso se le llama tolerancia cero.
vpuig@abc.es

Respuesta británica
Editorial ABC  12 Julio 2005

LA comparecencia de Tony Blair ante la Cámara de los Comunes ha confirmado la firmeza del primer ministro frente a la agresión terrorista, así como el apoyo incondicional de la oposición conservadora al Gobierno ante una situación de máxima gravedad. Es notorio el contraste con los días posteriores al 11-M en Madrid, si bien es innegable que la coyuntura política es muy diferente en uno y en otro caso. Pero está claro que a Blair nadie le exige resultados inmediatos en la investigación, ni siquiera se le reprocha el «apagón informativo» o la gestión a cámara lenta de la crisis. Hasta ahora, la tradicional flema británica (de «estoicismo» hablaba ayer el primer ministro) hace honor al tópico, aunque empiezan a escucharse algunas voces críticas ante la evidencia de que, pasados cinco días, no hay una cifra definitiva de víctimas y no se hace oficial la identidad de las mismas, dando lugar a una «espera perturbadora». También los medios de comunicación ingleses han preferido renunciar al impacto informativo para contribuir a la visible normalización de la vida ciudadana. Si los terroristas pensaban que Londres iba a ser vulnerable -social o políticamente- ante la violencia indiscriminada, es obvio que estaban muy equivocados y que no se va a alterar ni un milímetro el rumbo de la política interna o internacional del Reino Unido.

Otra cosa es que la magnitud del acontecimiento tenga una inevitable repercusión a medio plazo. Habrá, sin duda, un debate serio sobre la necesidad de equilibrio y ponderación de intereses entre la eficacia policial, el respeto a la intimidad y el derecho de la opinión pública a conocer la evolución de los hechos. Por otra parte, el modelo de multiculturalismo a la inglesa (que convierte muchas zonas de Londres y de otras ciudades en verdaderos territorios exentos) ha entrado en crisis después del 7-J. La actividad de ciertos líderes religiosos musulmanes y sus prédicas contra Occidente empiezan a ser cuestionadas incluso en un país donde el respeto a las libertades públicas constituye desde hace siglos su principal seña de identidad. En definitiva, Tony Blair sale por ahora reforzado políticamente, pero el ambiente podría deteriorarse si no llegara pronto una información razonable y satisfactoria -en el estado actual de las cosas- que permita a la sociedad hacerse cargo del excepcional desafio al que se enfrenta y prestar su apoyo a las «nuevas leyes» anunciadas ayer en los Comunes.

Londres, objetivo secundario
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR/HISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRBABE El Correo 12 Julio 2005

Londres ha padecido su propia versión de la matanza de Atocha, aunque afortunadamente con menos muertos. La pregunta clave en ambos casos es: ¿Por qué? El terrorismo islamista tiene poco o nada que ver con Occidente, aunque las circunstancias nos impulsen a creer lo contrario. Al fin y al cabo los terroristas nos atacan, de manera que parece muy natural pensar que se trata de una lucha entre el Islam y Occidente, o por lo menos entre los musulmanes más fanáticos y Occidente. En realidad, todos estos horrores no son más que salpicaduras de un conflicto interno de musulmanes contra musulmanes, donde los occidentales hacemos el papel de útiles chivos expiatorios.

Hubo un tiempo en que el califato islámico era la gran superpotencia mundial, pero esa época es ya tan remota que parece un sueño lejano, aunque algunos siguen todavía viviendo en el sueño, convirtiéndolo en pesadilla para los demás. Muchas naciones han gozado de momentos culminantes de gloria y poderío, para perderlos después. El recuerdo agridulce de aquel apogeo, unido al deseo, a veces obsesivo, de restaurar la perdida edad de oro, se convierten en un veneno para el espíritu que puede corromper culturas enteras e inducirlas a una espiral suicida de autodestrucción. Ha sucedido en muchos lugares sin relación alguna con el Islam. Sin embargo, estas actitudes tienden a ser minoritarias. La nostalgia no sirve para afrontar los nuevos problemas. Al final sólo se puede mirar hacia delante. Sólo en coyunturas de crisis grave pueden las fuerzas arcaizantes e inmovilistas obtener audiencia entre unas masas que no ven futuro ante sí.

La crisis estructural total que sufre el Islam ha llevado a muchas personas corrientes a la desesperación, pero esta crisis es una fase que puede ser superada. El terrorismo no viene de ahí, sino de una fuente muy distinta. Para los terroristas, lo que está en juego es el poder, quién lo ejerce y cómo se organiza. No se trata de la cultura islámica tradicional, ni siquiera de la religión, sino del poder. El integrismo surgió con el propósito de ser algo parecido a un estandarte que se ondea en la batalla, para que los musulmanes lo vean y se agrupen a su alrededor plantando cara todos juntos al enemigo común que, por supuesto, ha de ser siempre alguien de fuera. En realidad, ha sido un factor de división, porque los integristas no defienden la pureza del dogma. Todo lo contrario, lo tergiversan de forma arbitraria y, si es preciso, se lo inventan. Por ejemplo, la música. Todas las facciones integristas insisten en que la música es pecaminosa, 'haram', pero ni el Corán ni los Hadits dicen ni una sola palabra al respecto. La musicofobia integrista nada tiene que ver con el Islam. Guarda más relación con la estructura de la mentalidad ultra autoritaria, cuya plasmación política es la sociedad cerrada, jerárquica, totalitaria, invasiva, que le niega al individuo cualquier autonomía personal incluso en la vida privada. La ideología del momento, nazi, estalinista, maoísta, integrista, no es más que un disfraz.

Cuando el Islam supere la presente crisis, la sociedad tradicional estará muerta y enterrada. El poder político se organizará de otra forma y lo ejercerán otras elites, que no serán seleccionadas con los criterios actuales. Por eso existe un movimiento integrista, para impedir que este futuro llegue a nacer. La desesperación, la pobreza, la ignorancia, la represión política, el miedo al futuro proporcionan una amplia cantera de potenciales reclutas, que se captan mediante una enérgica propaganda y adoctrinamiento fanático. ¿De dónde surgieron los talibanes? De los orfanatos afganos controlados por los integristas y herméticamente aislados del mundo exterior. Pero estas legiones fanáticas se dedicaron a luchar sobre todo contra otros musulmanes. La teoría del 'choque de civilizaciones' es errónea. El objetivo militar y político del integrismo es el propio Islam, no Occidente. El choque cultural no se da entre dos civilizaciones diferentes, sino en las escisiones internas de una misma civilización. Al final lo que esta en juego no es la cultura, ni siquiera la economía, sino el poder.

Una vez aclarado esto, queda todavía la pregunta inicial: ¿Por qué atacar a Occidente? Porque Occidente es visto como el eterno adversario histórico. Para los integristas, nosotros usurpamos una posición hegemónica que les corresponde a ellos. No envidian nuestras libertades o nuestra cultura dinámica y abierta. Envidian nuestra riqueza, nuestro poder militar y político. Occidente es además el modelo para el cambio, y ellos están en guerra contra el cambio. Si los atentados logran que Occidente parezca débil, sería un modelo menos atractivo. También podrían buscar el inicio de una escalada de represalias mutuas, cuyas primeras víctimas serían las comunidades de inmigrantes. No puedes predicar el odio eterno contra el enemigo exterior cuando cientos de miles de los tuyos viven tranquilamente con ese supuesto enemigo exterior. Además, esos colectivos de inmigrantes, al vivir en estrecho contacto con la cultura occidental, son la punta de lanza de la evolución social que los integristas pretenden evitar a toda costa.

Lo más llamativo del terrorismo islámico es su debilidad estructural. En Europa han existido potentes movimientos terroristas que han cometido decenas, cientos de atentados, extendiendo por doquier la muerte y la intimidación, pero todos han fracasado. ¿Pueden los integristas obtener mejores resultados cometiendo un solo atentado espectacular muy de vez en cuando? Parece evidente que no.

Zapatero
La kale borroka de los sentimientos
José García Domínguez Libertad Digital 12 Julio 2005

Primero está la troupe de los traficantes de sentimientos al por mayor, los profesionales del nunca máis global. Es el honorable gremio de los avispados comerciantes que un día descubrieran que la opinión literaria de un gran economista no importa a nadie y que, sin embargo, las sentencias económicas de cualquier Saramago, Gala o Sabina valen su peso en oro en el Telediario de las nueve. Detrás de ellos, en la cocina, aparecen los chefs mediáticos que han de condimentar cada mañana la sopa boba intelectual para toda la tropa, el plato único con que alimentar cotidianamente a los catequistas del “no es eso, no es eso”.

Ahí, entre los fogones, habitan los ramonets, los estefanías y los francos que madrugan para adoctrinarnos en materia de océanos de injusticia, conjuras imperialistas del G-8, expolios planificados contra el Tercer Mundo, y todos los detalles del pérfido complot capitalista y etnocéntrico contra “las otras culturas”. Su retaguardia la forman nuestros rebeldes sin causa –pero con barriga– de toda la vida; esa izquierda española dispuesta desde que cayó el Muro a cuadrarse ante la bandera de cualquiera que odie los valores ilustrados y liberales de Occidente. Fuera, en el jardín, corretean los más jóvenes, los chicos del pasamontañas y el cóctel Molotov. Y más allá aún, en la penumbra, contemplándolos a todos con sonrisa paternal, se deja entrever el almuecín de las bellas palabras.

Y es inútil hacer acopio de argumentos racionales frente a ellos, porque mercadean con la irracionalidad en estado puro. Así, los artificieros de esa kale borroka sentimental que capitanea Rodríguez saben perfectamente cuál es el único secreto del éxito: la habilidad para sustituir el razonamiento objetivo por las emociones. De ahí que la guerra argumental de Zetapé no se desarrolle jamás en el campo de las cifras, los modelos económicos y el contraste estadístico, sino en el de las bellas palabras y la mala conciencia. Ocurre igual desde que Rousseau, el genio que descubrió la gran veta y empezó a explotarla, enseñó el arcano a todos los barrosos y los rubalcabas del mundo que han de ganarse el pan llenando de humo trajes vacíos. Porque suyo fue el hallazgo de que las bellas palabras, para funcionar, han de hurgan obsesivamente en la caja de Pandora de los sentimientos de culpa.

De ese modo, cuando el aplicado alumno Rodríguez perora sobre economía internacional, parece utilizar un lenguaje laico; diríase que, en su ignorancia, anida en la cabeza la intuición pueril de que se trata de un juego de suma cero, una institución en la que si uno gana, necesariamente, otro tiene que perder. Pero sólo es la apariencia; detrás de ese velo seglar, el almuecín de las bellas palabras jamás renuncia a apelar al chantaje emocional del Pecado, la carta marcada de su triunfo. De ahí los océanos de injusticia en los que quiere purificar las bombas Al Qaeda. Lástima que flojee al elegir título para sus artículos en el FT. Y pensar que todavía se puede ver en una calle de Vigo aquella pintada, “Osama, mátanos”.

7-J y 11-M
Airados preventivos
Cristina Losada Libertad Digital 12 Julio 2005

No va esto de airados por la alusión de Cebrián al IRA en su artículo del día después de los atentados en Londres. Aunque, bien mirado, si hubiera de tomarse en serio su bufonada de que Tony Blair no había acusado al IRA de la masacre, él mismo debería de alertar a ZP de la inutilidad de procesos de paz como el de Irlanda del Norte. Pues de haber tenido Blair la tentación de culpar al IRA, como escribía el académico, significaría que esa banda mantenía su capacidad de ataque incólume, si no centuplicada. Y esto a pesar de unos famosos acuerdos de paz que aquí sirven de percha a ZP y a otros, para colgar con trazas respetables su apuesta por la negociación con ETA.

No, Cebrián no pretendía hacer ni hacía un análisis serio del comportamiento del gobierno británico ante el 7-J y del español ante el 11-M. Lo suyo era la primera andanada de algo que, parafraseando un concepto distorsionado por la izquierda española, puede llamarse el enfurecimiento preventivo. Por si las moscas. Por si muchos se percataban del modo tan distinto en el que una oposición, unos medios de comunicación y un pueblo entero hacían frente a un ataque terrorista masivo. Una distancia que volvía a quedar patente en la Cámara de los Comunes este lunes, donde la oposición felicitó al gobierno por su gestión y no le reprochó siquiera la lentitud del rescate y de la información. Howard metió entre algodones su propuesta de investigación: que sea cuando el gobierno la considere oportuna.

Lo de Cebrián fue una voz de alarma. Para marcar la pauta que seguirían después los portavoces socialistas. Era lo suyo un viejo truco, habitual en pendencias: antes de que puedan echarle en cara la infamia, se levanta el malandrín y vocifera acusaciones. El acusado se alza acusador. Es más, proyecta las mismas acusaciones que pueden hacérsele. Como eso de Fernández de la Vega de que el PP utiliza “todo, incluso la mentira y la falsedad, para arañar un puñado de votos.” Si lo sabrá ella, que su partido hizo exactamente eso entre el 11 y el 14. Los dirigentes socialistas son adictos al bumerán.

También son duchos en compartimentar la realidad, preludio de su falseamiento. Pues es cierto que el PSOE no acusó en un primer momento al gobierno del PP de imprevisión. Tal cosa vendría acto seguido. Lo acusó de algo peor: de mentir. Sin que ello obstara para que Rubalcaba, el 13-M, añadiera el estrambote de que “nunca utilizaremos el terrorismo en la confrontación política”. Negaba en una línea lo que acababa de afirmar en la anterior. Así está escrita la historia.

Y el que no la recuerde, que acuda al relato que Mario Noya hacía en La Ilustración Liberal de los tres días de marzo de la Ser. Al leerlo hoy aún resulta más espeluznante. Y uno concluye al repasarlo, que la diferencia entre la reacción británica y la reacción española no proviene de que ZP no sea Blair, ni Howard ni Kennedy, el liberaldemócrata. Aunque eso salta a la vista. No se deriva sólo de que el pueblo británico goza de mayor madurez democrática y sus políticos y ciudadanos consideran que la nación no es una mera palabra, sino la garantía de su libertad y su modo de vida. El elemento crucial es otro: en el Reino Unido no hay una Ser y una Prisa, dispuestos a levantar a la población contra un partido y a culparlo del atentado, como habían venido endilgándole cuantas catástrofes ocurrían. Mientras el grueso del PSOE se quedaba entre bambalinas, ellos hacían el trabajo. Sucio.

De la mentira a la indignidad
Ignacio Villa Libertad Digital 12 Julio 2005

Ciertamente en estos últimos quince meses hemos escuchado muchas mentiras, hemos asistido a muchas manipulaciones y hemos sufrido muchas artimañas del Gobierno Zapatero. Pero quizá la última entrega, sin ser la más llamativa, es la gota que hace rebosar el vaso. Tener que escuchar a Alfredo Pérez Rubalcaba repartiendo "certificados de verdad o mentira" rompe la paciencia de cualquiera. Ahora resulta que el que fuera portavoz del Gobierno de los GAL, el mismo que defendió a Felipe González cuando la maquinaría del Gobierno se caía a golpe de corrupción, el mismo que utilizó políticamente de forma torticera los atentados del 11 de marzo, el mismo que rompió el día de reflexión del 13 de marzo, llega y nos dice lo que está bien y lo que está mal.

Es un vergüenza para el parlamento español que Pérez Rubalcaba se siga erigiendo en la supuesta conciencia de los españoles utilizando el escaño del Congreso. Resulta difícil de entender que Rubalcaba nos vaya a enseñar a los españoles qué diferencias hay entre los atentados de Madrid y de Londres. El que se pasó los días posteriores al atentado en línea directa con el Grupo Prisa, nos va a enseñar ahora la diferencia entre lo bueno y lo malo. A este hombre deberíaj pararle los pies como merece; desde el Partido Popular tendrían que tomar cartas en este asunto.

Pero en fin, si el señor Rubalcaba está tan interesado en conocer los paralelismos entre Madrid y Londres, le diremos que especialmente hay uno. En el Reino Unido, el principal partido de la oposición se ha comportado con una dignidad que no conoce el Partido Socialista. Es más, desde el Partido Conservador nadie está pasando información al Times antes que al propio Gobierno. Nadie ha calentado los ánimos de los ciudadanos para que salieran a la calle a protestar contra el Ejecutivo. En la Cámara de los Comunes, el portavoz de la oposición no ha salido llamando mentirosos al primer ministro Blair. En la oposición británica, en definitiva, no hay ningún Rubalcaba.

Lo que no se entiende es como el portavoz del PSOE, acostumbrado a saberse quitar del medio cuando no le interesa, se haya zambullido en esta ocasión en una historia que no le puede beneficiar en absoluto. Ya no es cuestión de mentir. Es simplemente un asunto de dignidad.

Rubalcaba: recuerda Perejil
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 12 Julio 2005

Si a Rubalcaba le molesta que Aznar reciba tan amablemente en FAES a los dirigentes del Polisario, buena señal. Lo malo sería que lo aplaudiese, porque revelaría que la derecha está ayudando al zapaterismo a fletar la Alianza de Civilizaciones, ese invento del TBO que se le olvidó al profesor Franz de Copenhague. ¿Que le molesta? Bueno será. Ahora, hay que esperar que el entorno incoloro, inodoro e insípido de Rajoy no se ponga de uñas contra el antiguo Faraón y estropee el efecto irritante de lo que el malvado oficial del socialismo ex-pañol llama “diplomacia paralela”. Lo que debería molestarle es que fuera “perpendicular”, pero si las paralelas no se tocan, ¿donde está el problema? ¿Le habrá afectado finalmente la LOGSE a Rubalcaba? ¿Se le habrá torcido como su criatura al Doctor Frankenstein? Pues que le pida el antídoto a Marchesi.

No se me va de la memoria la imagen de Felipe González con cazadora en Tinduf, dándoles un mitin a los saharauis y prometiéndoles amor eterno. Era la época en que la antigua colonia española era una “ventana atlántica” sobre las Canarias muy apetecida por la URSS, cuya mano actuaba a través de Argelia. El mundo ha cambiado mucho desde entonces. Lo que no ha cambiado es Marruecos. La Marcha Verde hizo un apunte de reedición con la toma de Perejil, prólogo para aventuras mayores en Ceuta, Melilla y, si se tercia, las Canarias. Aznar lo cortó de raíz, Mojamé se puso como una fiera y Zapatero se fue a hacerle carantoñas a la fiera y a jorobar la política exterior de España, que por otra parte es la de siempre con respecto al Sahara, la de la ONU, que Marruecos se niega a aceptar. Zapatero llegó a fotografiarse bajo el mapa neoalmohade de Marruecos que incluye Ceuta y Melilla como aperitivo del festín andalusí. Eso sí que fue diplomacia paralela. En realidad, de no ocurrir tan abajo, habría sido alta traición.

Pero desde que González y Polanco se pusieron a la cabeza del lobby marroquí en España, y desde que Zapatero se enfeudó a Francia, potencia neocolonial en Rabat, aquí ya se nos han olvidado Perejil, Ceuta, Melilla, las Canarias y hasta el 11M, cuya mano de obra no cualificada vino de Marruecos y probablemente estuvo siempre en manos o bajo la mirada protectora de los servicios secretos marroquíes. Por esa cercanía, por esa enemistad tradicional que lo coloca como nuestra principal amenaza estratégica, España debe jugar la carta saharaui contra Rabat. Y si de paso se molesta Rubalcaba, muchísimo mejor. Donde las dan, las toman.

Marruecos
Exportación de terrorismo
GEES Libertad Digital 12 Julio 2005

No es políticamente correcto apuntarlo, pero si, como todo parece apuntar, en los atentados del 7/7 en Londres ciudadanos marroquíes han jugado un papel determinante, al igual que sucedió en Madrid el 11-M, las casualidades comienzan a ser algo increíble. De hecho es más sencillo y lógico pensar que el régimen de Rabat, corrupto como el que más, está convirtiendo Maruecos en un caldo de cultivo del fundamentalismo islámico y en una fábrica de exportar terrorismo a Europa.

A Rodríguez Zapatero y a su ministro de asuntos exteriores, a quienes tanto gusta de buscar en la pobreza y otras injusticias la marea terrorista, el caso de Marruecos debería venirles ni que pintado: un rey débil, desinteresado y acomplejado por la sombra de su propio padre; una situación económica que condena a la mayoría a la pobreza; un liderazgo religioso disputado, cada vez más atraído por la filosofía wahabita radical; y un movimiento fundamentalista que no toma el poder para evitar repetir la experiencia de Argelia en el 91, pero que está ahí, al acecho y a la espera de que su día llegue. Pero sin embargo eligen los gobernantes españoles cegarse ante tal realidad y apostar por la figura del monarca marroquí, el jefe supremo de unos servicios secretos que, en teoría, todo lo controlan. Cosa que o no es verdad o la sombra de duda sobre su conocimiento, o aún peor, implicación, en los atentados de Madrid y Londres cae sobre ellos de manera automática.

Sea como fuere lo cierto es que Marruecos, y más exactamente su gobierno y sobre todo su cabeza visible, el monarca, han estado jugando con fuego. La penetración de los servicios secretos marroquíes en las bolas de emigración tanto en España como en otros rincones de Europa es de sobre conocida. Cierto, en búsqueda de los posibles disidentes del régimen, pero de seguro que advertidos de cualquier otro tipo de manifestación violenta como pueda ser el terror islámico.

Hay quien insinúa que Marruecos dejó hacer el 11-M movido por el deseo de venganza sobre España. Toda vez que aventuras como la de Perejil habían conducido al estrepitoso ridículo, sólo otras vías podían saciar el rencor acumulado durante años. Todo es una especulación. Lo único cierto es que tanto en Madrid como en Londres ciudadanos marroquíes, emigrantes legales en sus respectivos países de acogida, resultaron cruciales para cometer los atentados.

Va siendo hora de que este gobierno que dice que nos gobierna, así como la comunidad internacional, comiencen a pedirle explicaciones al rey de Marruecos y a su gobierno. Tienen mucho que explicar. Y cuanto antes mejor.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Río Cabe
“Nosotros matamos más”
Serafín Fanjul Libertad Digital  12 Julio 2005

En la misma tarde del 7 de julio hube de oír de boca de alguien que se consideraría a sí mismo y sería considerado por la sociedad como “intelectual” la frase terrible que encabeza este artículo. Venía a propósito de los atentados de Londres y es un mero correlato de otras sentencias semejantes proferidas sobre las matanzas masivas perpetradas por los terroristas islámicos en Nueva York y Madrid. Cuando las carnicerías se han producido en otros lugares (Bali, Casablanca, Estambul o la permanente en Irak) cuya lejanía geográfica o psicológica respecto a nosotros es mucha, la opinión progresista hispana –y mundial en términos generales- guarda silencio. No se interesan por esos acontecimientos y, si piensan algo sobre el asunto, se limitan a estimarlos parte de ese confuso magma que es el Tercer Mundo, de cuyos males sólo Occidente es responsable, a salvo los sacamantecas locales, de quienes se habla poco o no se habla en absoluto. Pero los atentados “buenos”, los verdaderamente jugosos, son los que se producen en países occidentales, aquellos que se los merecen en toda la línea.

La crisis de valores que provocó en la sociedad norteamericana la guerra de Vietnam hizo que desde sus campus universitarios se irradiara al mundo libre una oleada de ideología políticamente correcta. Y en eso estamos desde entonces. Y decimos “Mundo libre” porque los países a la sazón comunistas, los escasos que lo siguen siendo, China o los países musulmanes son inmunes a cualquier penetración de este género, a la más mínima sombra de autocrítica o de puesta en discusión de sus actos pasados o presentes. Encantados de haberse conocido, no vislumbran el más leve resquicio de duda acerca de responsabilidades en nada, ni siquiera en aquellas calamidades que ellos inducen y que, pronto o tarde, acaban por repercutir sobre ellos mismos. Pero no son esas oligarquías, esas cosmovisiones fanáticas y ensimismadas, el objeto de nuestra atención ahora. Más bien interesa analizar de dónde proceden entre nosotros actitudes donde se combinan escapismo, ignorancia, cobardía y, en el fondo, indiferencia ante los problemas reales de las gentes del Tercer Mundo, sustituidos éstos por una fanfarria de soflamas desmelenadas que exhibe mucho la palabra solidaridad pero sin apearse jamás de las ventajas de buena vida que ofrece el detestable capitalismo, como si fueran un regalo del cielo, maná siempre renovado y que por derecho propio les corresponde.

Es habitual escuchar “Todos somos culpables”, “Algo habremos hecho mal” (eso preguntó a Blair un tal Ekaizer a raíz de los atentados de Londres), pero de ahí se da el raudo salto a “Occidente es culpable”, “Estamos en deuda con los árabes” o, el grado máximo en la irracionalidad, “Nosotros matamos más”. Es cierto que en el caso español incide de modo decisivo el masoquismo nacional, ese regustito necio por insultarnos y exhibir a nuestra nación como el ente más despreciable del universo y que anda muy lejos de la autocrítica histórica y social, de las cuales –paradójicamente- tan necesitados estamos. Se ha comentado mucho y muy oportunamente la muy distinta actitud y actuación de la oposición británica ante el gobierno de su país en este momento doloroso frente a la miserable y oportunista que desplegaron en España PSOE e IU y no insistiré en ese sentido porque, por desgracia, está todo demasiado claro y poco nuevo se puede añadir. Sin embargo, la desvergüenza dolosa y el aprovechamiento de la catástrofe nacional y humana que hicieron los socialistas (y otros que no olvidamos) salieron de algún sitio. No sólo del ansia de revancha política a corto plazo, del hambre de ocho años sin Gales ni Filesas que llevarse a la boca, aunque estos factores también determinasen el descubrimiento de suicidas inexistentes, el acoso físico al PP o la avalancha mediática orquestada por los izquierdistas medios de comunicación propiedad de Polanco.

Estaba el “Nosotros matamos más”, la autoinculpación teórica que pone a salvo a quien la formula, por sobreentenderse que está denunciando –ejercicio de honradez intelectual suprema– a su propia sociedad. Si esa denuncia implicase algún riesgo o perjuicio directo y claro para el denunciante sería digna del máximo respeto y apoyo porque, efectivamente, los occidentales (si existe tal grupo homogéneo) tenemos mucho malo que decir sobre nuestro antes y nuestro ahora, pero como de manera invariable los detractores no sólo no corren peligro alguno sino que se están colocando una medalla de honestidad y reciben los pingües beneficios, en especie o metálico, de tanta generosidad conceptual, no queda más remedio que denunciar a estos denunciantes. Primero, hablan de Occidente, o de su civilización, de modo global, absoluto y homogéneo mientras se esfuerzan por resaltar la pluralidad del islam, la relativización de responsabilidades de la otra parte, objetivo que conduce al todo vale, pero lo nuestro menos. Al culpar a toda la civilización occidental de la bomba atómica sobre Hiroshima están equiparando las ermitas románicas lucenses con el presidente Truman que dio la orden de arrojar las bombas. El dislate dialéctico es de tal dimensión que nos ahorra mayores comentarios.

Segundo, si se les tira de la lengua acaban por declararse fervientes partidarios de que Irán –y cuanto enemigo haya de Occidente por el mundo- disponga de armas nucleares “a ver si así, terminan con Israel”. De tal guisa demuestran desconocer de modo enciclopédico cuantas injusticias, abusos y horrores se dan en el Tercer Mundo por causas endógenas y bien endógenas, así como la catástrofe para la Humanidad en todos los órdenes que supondría el triunfo de tales ideologías y religiones, empezando por la libertad de expresión y la capacidad de autocrítica de que disfrutan estos paladines del Buen Salvaje. Pero al despojar de responsabilidad –siempre toda es de “Occidente”- a los musulmanes cuando cometen atentados atroces en Londres, Atocha o Manhattan, les están privando de su naturaleza humana, su libre albedrío y los están condenando a un estado de inferioridad o edad mental infantil en la que ellos, los gallardos denunciantes, operan con su manto paternalista frente al imperialismo, el capitalismo y “Occidente”, con los cuales y de los cuales viven tan ricamente. O, al modo de la ETA cuando argumenta “si Madrid no nos da lo que pedimos, nos vemos obligados a asesinar a un concejal de Málaga”. Los asesinos quedan, pues, instrumental y moralmente cubiertos, como cuando justifican la compra –y uso- de armas por Sadam Husein, y por tantos otros, con el argumento de que otros se las vendían. La responsabilidad directísima de quien utiliza las armas desaparece ante la más lejana de quien se las vendió, con lo cual estamos en el punto de partida: “Nosotros matamos más”. Viva el triunfo de la razón. Pero el disparate aun se puede mejorar culpando de los atentados a quienes combaten a los terroristas. Por combatirlos, claro. Y ahí asoman Rodríguez, insinuando, y la Manjón acusando, de que el verdadero culpable de los crímenes de Atocha fue el presidente Aznar, que no quiso sumarse al infalible método de la rendición preventiva, tan útil de inmediato para consumo interno, tan desastroso a la larga al eternizar la cadena de las rendiciones.

Y perdónenme los lectores, porque ya no tengo espacio ni ganas de empezar a pormenorizar y analizar quién y en qué circunstancias ha matado más a lo largo de la Historia. Baste con establecer el indiscutible axioma de que quien no mató más fue simplemente porque no pudo.

La batalla contra el reformismo estatutario
Lorenzo Contreras Estrella Digital 12 Julio 2005

Era inevitable que las críticas de Alfonso Guerra contra las reformas estatutarias en curso, pero sobre todo contra el Estatuto catalán, levantaran una oleada de comentarios, la mayor parte de ellos elogiosos para los puntos de vista del presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados. No es la primera vez que Guerra objeta ese reformismo, pero nunca lo había hecho con tanta dureza. Es lógico. Se han roto ciertas inhibiciones conceptuales a la hora de expresar, por parte de los nacionalistas, su batería de reivindicaciones. Es probable que con Jordi Pujol al frente de la Generalitat hubiese existido un relativo comedimiento que el “federalista” Maragall y sus amistades peligrosas, encabezadas por Carod-Rovira, consideran anticuado. La prudencia a la hora de exigir ha concluido. Y naturalmente, Jordi Pujol ha estado presto para ponerse al frente de la manifestación. No puede permitirse el lujo de mostrarse moderado y menos presuroso cuando observa que sus rivales políticos catalanes aceleran. Su terreno es su terreno y en ese espacio no admite competiciones. La nació es la nació.

Guerra no se ha mordido la lengua. Ha planteado la gran alarma, propia no ya de algún ideólogo reaccionario, sino de cualquier español que se precie de serlo. Lo que está en peligro, como ha señalado el antiguo dirigente socialista, es la integridad del Estado, que en este caso equivale a decir la unidad de España. Y el guerrismo ha empezado a plantar cara, porque junto al clásico jefe de filas de esa corriente socialista se mueven los Acosta, Rodríguez Ibarra, Simancas y tantos otros. Distinta ha sido la actitud de Izquierda Socialista, cuya apuesta por la radicalidad representa una visión deformada de la realidad política española. ¿A qué piensan jugar ahora? De todos modos, jueguen a lo que jueguen, es demasiado pequeña su dimensión como grupo o sector como para hacer pesar sus criterios.

El hecho de que Simancas haya asumido la postura de Guerra se interpreta como común a todo el socialismo madrileño. A fin de cuentas, se trata del secretario general de la Federación Socialista Madrileña. Es la peor respuesta que el socialista Maragall podía recibir de sus correligionarios centrales, si es que cabe hablar de correligionarios y no de militantes que se hacen pasar por ello. De momento, parece que Piqué, tras desencadenar la tormenta contra el “pasado” del PP representado, según él, por Acebes y Zaplana, no contesta la línea crítica de Guerra contra el Estatut, pero ya veremos, cuando la gran dispersión popular se produzca, en qué paraje aterrizará el ex ministro del Gobierno Aznar.

Es importante que el primer gran clarinazo de alarma haya partido de Alfonso Guerra, que por algo es presidente de la Comisión Constitucional del Congreso. Por su parte, Felipe González no da señales de haberse manifestado, pero conviene recordar que están todavía recientes sus famosas declaraciones sobre la “centrifugación” de España.

Seguramente desde el PP exista sincera satisfacción por la desunión de criterios en el PSOE más que por el apoyo que desde Ferraz se presta a la ortodoxia constitucional frente a la heterodoxia reformista de Cataluña y de otras procedencias. A los populares de Genova 13 no hay quien les quite de la cabeza que son ellos los auténticos depositarios de una españolidad que el reformismo estatutario, incluido el de la Comunidad Valenciana, amenaza o cuestiona. Lo de Valencia, por ahora, parecen perdonarlo o comprenderlo, aunque se supone que Zaplana está bramando por los pasillos.

Carta de París
Resistencia o cobardía
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 12 Julio 2005

Estaban enfrascados en su rabieta porque París no fue elegido como capital olímpica para 2012, y explicando su derrota –si así se puede calificarse tan nimio acontecimiento, en los momentos actuales– por un siniestro complot británico, una tan misteriosa como malévola trampa, típicamente british. Los medios franceses tardaron más de lo normal en anunciar a los criminales atentados de Londres. Hasta pasado el mediodía de aquel jueves negro, bastantes medios seguían aludiendo, deprisa y corriendo, sin darle la menor importancia, a su apagón accidental de electricidad en el metro londinense, como había ocurrido en otras ciudades y recientemente en Moscú, por ejemplo.

Cuando ya la noticia ocupó la primera plana de la actualidad y no hubo más remedio que comentarla, salvo casos muy contados su reacción fue la que se podía esperar, perfectamente cebrianesca. Como no paro en estas cartas de despotricar contra los franchutes, empezaré esta vez por señalar algunas de las opiniones dignas de elogio. Por ejemplo, el sábado 9, el único diario que de vez en cuando publica algo, Le Figaro, en su editorial y sobre todo en una entrevista con Pascal Bruckner, compararon la actitud digna, valerosa, unitaria y patriótica de los británicos frente a los atentados, con la actitud cobarde –humillante, para nosotros– de los españoles después de la matanza de Atocha, quienes eligieron al “muniqués” Zapatero por pánico, y retiraron sus tropas –en realidad, un puñado de soldados– de Irak.

Es poco frecuente, pues la prensa gala está más acostumbrada a aplaudir la cobardía zapaterista. Pero es cierto, y no concierne sólo las firmes declaraciones de Tony Blair y de la Reina –¡sí, señores!– o la impresionante marea humana que invadió este domingo las calles de Londres, con motivo de una celebración de la victoria de 1945 contra los nazis y cuyo lema era: resistimos ayer, resistiremos hoy. El portavoz del Partido Liberal Demócrata, el único partido inglés que se declaro contrario a la intervención aliada contra Irak, jaleado por los periodistas franceses para que declarara que la culpa de todo la tenía Tony Blair por haberse aliado con Bush, se negó rotundamente a hacerlo. De hecho, declaró que en estos momentos, sin dudas, ni contemplaciones, había que cerrar filas, unirse todos a una y apoyar al gobierno de Blair en su lucha contra el terrorismo y en defensa de la democracia británica.

Pero aquí, después de la condena frontal y diplomática de los atentados por parte de Chirac y su gobierno, la mayoría de las opiniones sigue con la nauseabunda retahíla de que “bien merecido lo tienen” o, al menos, que “era inevitable” que esos y otros atentados se produzcan en el Reino Unido. Al fin y al cabo, ya ha “agredido” a Irak aliándose con Bush. El diario popular Le Parisien titulaba el pasado viernes, con implícito regocijo, que “Al-Qaeda castiga Londres”. Y el histriónico y megalómano Jean-François Kahn, director del semanario izquierdista Marianne, que sería peligroso si no fuera tan imbécil, aúlla por doquier que está visto que la locura imperialista de Bush y Blair nos pone en peligro a todos. Pero no vale la pena detallar más bazofia. En resumidas cuentas, los franceses son casi tan “muniqueses” como los españoles. God save the Queen.
Nos enteramos, por un artículo anterior del Washington Post, que existe una célula terrorista montada por la CIA en París, en la que participan agentes del contraespionaje francés, encargada de luchar contra Al-Qaeda, y demás redes terroristas islámicas, que ya funcionaba en pleno delirio antiyanqui francés. Lo que no nos dice ese periódico, ni nadie, es si los agentes franceses están allí para colaborar, o para informarse de la actividad de la CIA en ese terreno.

Carod y la Ley del Silencio
Las pesquisas de Marcelo Estrella Digital  12 Julio 2005

Este Gobierno de Zapatero, con tanto talante y tanto diálogo, está empeñado en poner una mordaza al debate nacional. No quiere Zapatero que los medios de comunicación, los líderes de la oposición y menos aún los dirigentes de su partido hagan declaraciones o participen en debates sobre su intento de negociar con ETA. Tampoco quiere Zapatero que se reabra el debate del 11M ni que se hagan comparaciones con el atentado terrorista de Londres. Y finalmente no quiere Zapatero que se discuta, se hable o comente a propósito del Estatuto catalán, ni en la oposición, ni en la prensa y menos aún dentro del PSOE, donde el guerrismo no deja de hablar y criticar.

Por qué el presidente Zapatero quiere imponer una ley del silencio sobre cuestiones tan importantes para la democracia española? Sorprende que Zapatero no responda nada sobre todo esto en el Parlamento ni a la prensa, pero se entiende que así lo haga, porque si dijera la verdad de lo que ocurre en todos estos frentes la posición de su Gobierno sería embarazosa. Sin embargo Zapatero no consigue silenciar los debates políticos propios de toda democracia e incomprensiblemente vetados por un Gobierno que se dice tan dialogante y tan demócrata. ¿Qué tontería es esa que dice Rubalcaba que no hay que hablar del Estatuto catalán hasta que esté aprobado en el Parlamento de Cataluña? Eso no ocurrió con el Plan Ibarretxe, que fue criticado pro el Gobierno y el PSOE durante su elaboración. La explicación de todo esto es muy sencilla: el Gobierno sabe que una gran mayoría de ciudadanos y de militantes y dirigentes del PSOE se oponen a la negociación con ETA, quieren debatir sobre el 11M y el 7J de Londres y quieren avisar sobre las consecuencias que puede traer para España el nuevo Estatuto catalán ya aprobado en la comisión del Parlamento de Barcelona.

Además, Zapatero y sus aliados catalanes deberían empezar por dar ejemplo. El ministro Sevilla levanta la voz cuando le conviene, Maragall no acaba de hablar y Carod-Rovira tiene una verborrea incontinente como la que le ha llevado a amenazar a Covergència i Unió diciéndoles a los seguidores de Artur Mas que, si no aprueban el Estatuto pactado entre él y Maragall, cuando haya elecciones anticipadas (al no conseguirse la mayoría deseada) ERC nunca negociará con CiU un Gobierno nacionalista de coalición.

Verdaderamente Carod es una bendición del cielo y sería un gravísimo error prohibirle hablar, porque se explica como un libro abierto. El dirigente de ERC ha hecho lo siguiente: ha amenazado a CiU y ha concluido su amenaza con la siguiente frase: “Y el que avisa no es traidor”. Una frase con la que también amenaza y traiciona de paso a sus compañeros de Gobierno, el PSC de Maragall, porque de las palabras de Carod se desprende que, si CiU aprueba este Estatuto, ERC no descarta que más adelante pueda formar Gobierno con los herederos de Jordi Pujol abandonando a Pasqual Maragall.

En todo caso, es sorprendente que Zapatero quiera imponer en España la Ley del Silencio en torno a los grandes debates de la vida nacional cuando donde debería poner el acento o pedir discreción es a sus socios y aliados del Gobierno catalán, y no sólo porque lo que dicen, sino por lo que están incluyendo en ese proyecto de Estatuto, que al día de hoy y a todas luces viola la Constitución.

Parábola del buen capitán
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 12 Julio 2005

Habla una leyenda marinera, mi señor Zapatero, de un viejo capitán famoso por su pericia en el mando de su barco. Con él había atravesado mil veces el Canal de la Mancha y otras tantas el Atlántico Norte por la ruta de los icebergs. Había sorteado mil ciclones tropicales y había surcado mares montañosas y aun confusas sin sufrir jamás el menor contratiempo. Contaban sus tripulantes que tenía un secreto: cada vez que se acercaba una situación complicada, él se dirigía a un cofrecillo que tenía en el cuarto de derrota cuya llave guardaba celosamente. Lo abría y contemplaba unos instantes su interior; después volvía a cerrarlo y tomaba las decisiones que le habían permitido sortear indemne todos los peligros.

Un día, dos de sus oficiales, aprovechando su sueño, registraron su camarote y se hicieron con la llave. Subieron a la derrota y abrieron la arqueta. Dentro sólo había un papel en el que podía leerse: «Estribor a la derecha. Babor a la izquierda».

En agosto de 2004, cuatro terroristas muy cualificados que cumplían condena en cárceles españolas, 'Pakito', 'Iñaki de Lemoa', 'Makario', 'Pedrito de Andoain' y otros dos etarras de menor cuantía, escribieron una carta a ETA.

En ella decían, entre otras cosas, que «la incapacidad de potenciar la lucha armada y la imposibilidad de acumular fuerzas que posibiliten la negociación en última instancia con el poder central nos obliga a replantear la estrategia vanguardista defendida hasta ahora».

Tuvo que ser muy chocante para los remitentes ver que poco después de su carta, el primer representante del poder central afirma públicamente que la negociación sí es posible y lleva al Congreso de los Diputados una resolución que la propugna. ¿Podemos aceptar que infundir grandes dosis de melancolía en el alma de los asesinos es una estrategia ingeniosa para acabar con el crimen?

Aceptémoslo. Sin embargo, la expulsión desmiente su optimismo. Si ETA le ha hecho saber que está dispuesta a dejarlo, no parece congruente que empiece por expulsar a sus portavoces. No era un mensaje de ETA al Gobierno, sino una carta de seis activistas presos a su organización con acuse de recibo implacable: la exclusión. No tan brutal como la respuesta que el propio 'Pakito' dictó hace 19 años contra 'Yoyes', quizá porque a Mujika Garmendia le defiende Instituciones Penitenciarias de la organización que ha perpetuado sus procedimientos. Pero tal vez vaya dirigida también al Gobierno: 'Pakito' y los otros cinco no son los protagonistas de una escisión, sino las víctimas de una purga.

Mucho me gustaría, presidente, que ese cofrecillo mágico del que usted habla a sus visitas y cuyo interior no ha mostrado a nadie, contuviese una observación tan contrastada, razonable y poco discutible como la del capitán de la leyenda: estribor a la derecha; babor a la izquierda.

LA BANDA AVISÓ AL DIARIO GARA
ETA hace estallar cuatro bombas contra la central eléctrica de Amorebieta
La banda terrorista ETA anunció en una llamada al diario Gara que un total de cuatro artefactos harían explosión en la central de ciclo combinado situada en la localidad vizcaína de Amorebieta. Así fue. Las explosiones se produjeron entre las 14:05 y las 14:15 horas. Los artefactos eran de baja intensidad y estaban colocados en el perímetro de las instalaciones, por lo que no han causado heridos ni daños materiales. La central supone la inversión más elevada acometida en el País Vasco por una compañía extranjera.
Libertad Digital 12 Julio 2005

Un total de cuatro explosiones se han producido entre las dos y las dos y cuarto de esta tarde en la central térmica de Boroa, ubicada en la localidad vizcaína de Amorebieta, sin que de momento haya constancia de que se hayan producido heridos, según informó a Europa Press un portavoz del Departamento de Interior.

Las explosiones se produjeron después de que un comunicante que dijo hablar en nombre de ETA alertara a la DYA y al diario Gara sobre la colocación de varios artefactos explosivos en la instalación. Una vez recibido el aviso, se activó el protocolo y la central fue desalojada. Varios testigos presenciales, entre ellos el alcalde de Amorebieta, David Latxaga, aseguraron a EFE que las explosiones fueron de escasa potencia.

Trabajadores de la central de ciclo combinado confirmaron que recibieron la orden de desalojo sobre las dos menos diez de la tarde y que, posteriormente, se activaron las sirenas de la propia central, por lo que todos salieron de las instalaciones sin problemas.

La inversión más elevada de una empresa extranjera en el País Vasco

La central de ciclo combinado de Boroa entró en fase de pruebas a principios de este año, aunque no prevé su entrada en el mercado hasta el próximo mes de agosto. Esta instalación ha supuesto la inversión más elevada acometida en el País Vasco por una compañía extranjera. En total, 520 millones de euros.

La materialización del proyecto, de la compañía Vizcaya Energía, filial de la empresa pública irlandesa ESB, ocasionó una polémica causada no sólo por la oposición de movimientos ecologistas, sino por fuerzas políticas del propio municipio, que desembocó, en la celebración de un referéndum, sin vinculación oficial. En la consulta, los vecinos que acudieron a las urnas rechazaron el proyecto. En 2001, durante el mandato de la alcaldesa del PNV Begoña Azarloza, la formación nacionalista abrió tanto a esta representante municipal como al resto de sus concejales en Amorebieta, un expediente de expulsión por la convocatoria del referéndum sobre la instalación de la central, aunque más tarde se suspendió el proceso sancionador.

"NO SE PUEDE VOLVER A TROPEZAR EN EL MISMO ERROR"
El Foro de Ermua advierte contra el diálogo con ETA en el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco
El día en el que se cumplen ocho años del asesinato de Miguel Ángel Blanco por ETA, el Foro de Ermua ha reclamado la "derrota" de ETA "sin cesiones ni atajos". En un comunicado, el colectivo transmitió su "afecto" a la familia del concejal popular y pidió a los ciudadanos vascos y españoles que, "en honor al propio asesinado" recuerden "esos días cruciales". Según el Foro, "es necesario recuperar la determinación que nos embargó ante el asesinato de Miguel Ángel y eliminar del horizonte político cualquier posibilidad de diálogo con los asesinos".
Libertad Digital 12 Julio 2005

En su nota con motivo de esta efeméride, el Foro recuerda que "hoy hace ocho años que Miguel Ángel Blanco fue asesinado" y que "en esos tristes días la totalidad de las fuerzas políticas y los ciudadanos demócratas nos negamos a claudicar ante los terroristas". "Tomamos la determinación de no hacer ninguna concesión, ni penitenciaria ni de otro tipo, a cambio de la liberación de Miguel Ángel. ETA le arrebató la vida. ETA fue la única culpable del crimen", manifestó.

Tras hacer llegar a la familia del edil ermuarra el "afecto" de la asociación, pidió a "todos los vascos y a los demás españoles que, en honor al propio asesinado recuerden esos días cruciales". "Tenemos que recordar cuál es la esencia de ETA y de su brazo político. Y también cuál es el fundamento, desde los principios cívicos, de la unidad democrática en la lucha antiterrorista que tan positivos resultados nos ha dado. Estamos ante un asunto suficientemente serio, doloroso y grave como para permitirnos olvidar el pasado y no aprender de la experiencia", dijo.

El Foro de Ermua considera que, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco se impuso "un grito unánime contra ETA y su brazo político, por aquél entonces Herri Batasuna", lo que impulsó a los partidos de la Mesa de Ajuria Enea a declarar la "inviabilidad formal y definitiva de cualquier posibilidad de diálogo". "Los medios de comunicación y la sociedad en general apostaron por un aislamiento sin vuelta atrás de los cómplices de ETA", prosiguió. Para la asociación, esta unidad "desde la firmeza" pudo haber derrotado a ETA", un objetivo que fue impedido "desde el nacionalismo", a su juicio, "siempre presto a perdonar a los asesinos, acercarse a ellos, exculparlos, justificarlos o beneficiarse de sus acciones".

Del Pacto de Estella al diálogo con ETA
"Sólo unos meses después de declarar muerto el diálogo, de hacer público su compromiso para aislar a los terroristas y sus cómplices, firmaron un pacto secreto con ETA (agosto de 1998) en el que se comprometían a romper con las fuerzas democráticas y con la Constitución, para construir de la mano de los asesinos de Miguel Ángel la mítica Euskalherria que tanta sangre, muerte y dolor nos ha costado ya a Euskadi y al resto de España", recuerda el Foro.

Para el colectivo, el PNV y EA "pronto olvidaron las promesas hechas tras el brutal asesinato", ya que, según sus palabras, "mintieron y negaron el pacto con ETA, engañaron a la sociedad, incumplieron su palabra y traicionaron a los demócratas en un asunto de importancia vital, lo que supuso el final del Pacto de Ajuria Enea". "Pero esta claudicación del nacionalismo gobernante no impidió que los grandes partidos de ámbito nacional, acompañados en su iniciativa de multitud de instituciones y asociaciones cívicas, perseveraran en la política de firmeza contra ETA y su entorno", añade el texto.

Recuerda que del discurso político se eliminó cualquier apelación, "por matizada que fuera", al diálogo con los terroristas y, "por el contrario, se apeló constantemente a la derrota de ETA desde la contundencia del Estado de Derecho". "Para que los españoles nos veamos libres del crimen y para acabar con la amenaza fascista que coarta todos los días la libertad ciudadana en el País Vasco es necesario persistir en esa estrategia. ETA ya pretendió engañarnos con una falsa tregua", advierte este colectivo cívico. Para el Foro de Ermua, no se puede volver a "tropezar en el mismo error" ni dar "ninguna esperanza a los terroristas". "No podemos olvidar nuestros firmes propósitos tras ver el rostro real y auténtico de ETA en los días de dolor y rabia de julio del 97", añade. "Hay que recuperar el valor democrático, la confianza en la derrota de ETA exclusivamente desde la acción del Estado de Derecho, sin atajos, sin cesiones. Es necesario recuperar la determinación que nos embargó ante el asesinato de Miguel Ángel y eliminar del horizonte político cualquier posibilidad de diálogo con los asesinos", concluye el comunicado.

Descontrol autonómico
Cartas al Director ABC 12 Julio 2005

La deuda de las comunidades autónomas ha alcanzado un máximo histórico, 54.042 millones de euros, y la lista va encabezada de forma clara por Cataluña. Desde 1990 las autonomías han multiplicado por diez su endeudamiento, mientras que los ayuntamientos y el Estado han hecho notables esfuerzos por contener su deuda o incluso llegar al déficit cero.

Estableciendo un símil familiar, ningún padre decidiría entregar la gestión de su patrimonio a aquel hijo que más gasta y más se endeuda. Por eso, desde el punto de vista de la gestión pública, es difícil entender que se estén transfiriendo tantas competencias y poder precisamente a aquéllos que han demostrado menos control del gasto y mayor capacidad de despilfarro del dinero público.
Juan Sánchez. Barcelona.

La Ley de Lenguas aragonesa acabará en los tribunales si reconoce derechos al catalán
El PP ya ha advertido que no está a favor de que se otorgue al catalán «rango de cooficialidad» y defiende que se protejan las modalidades lingüísticas propias
ROBERTO PÉREZ ABC 12 Julio 2005

ZARAGOZA. El proyecto de Ley de Lenguas que ha preparado el PSOE desde el Gobierno aragonés y que está pendiente de su visto bueno por parte del socio del Ejecutivo, el PAR, acabará en los tribunales si reconoce derechos expresos al catalán. Así lo anunció ayer la Federación de Asociaciones del Aragón Oriental (Facao). Esta organización de las comarcas limítrofes con Cataluña se ha mostrado beligerante ante cualquier reconocimiento del catalán como lengua cooficial en esta Comunidad, ni siquiera en esos territorios.

Como esto ha sido un asunto espinoso, al final el PSOE se inclina por no declarar expresamente el catalán como cooficial, pero sí en reconocerlo en la práctica. Y contra eso también se ha manifestado la Facao. Esta federación entiende que lo de menos es la fórmula que se elija si lo sustancial es que, en la práctica, el catalán tendrá un reconocimiento como lengua en Aragón.

La elaboración del proyecto de Ley de Lenguas y la inclusión del catalán ya fue adelantada por ABC el año pasado y generó también el rechazo frontal de Facao. Esta federación no admite que lo que se habla en estas comarcas sea catalán, sino una variedad dialéctica propia. Otros, sin embargo, lo consideran catalán. Facao teme que sea el primer paso para futuras aspiraciones territoriales de Cataluña.

Amenaza de desobediencia civil
En el comunicado emitido ayer, la Facao anunció que va a emprender de inmediato e intensificará a partir de septiembre «una serie de protestas y movilizaciones que podrían desembocar en una propuesta de desobediencia civil». Afirman que con la inclusión del catalán en la Ley de Lenguas «se abre la puerta al colonialismo nacionalista» y piden que, llegado el caso, el Gobierno aragonés convoque un referéndum antes de reconocer derechos al catalán en esta Comunidad. Califican la decisión de «descabellada» y aseguran que, si sale adelante, están decididos a llevar la ley a los tribunales ante su posible inconstitucionalidad.

La Facao ha apelado a PP, PAR e IU a que se opongan a esta medida «y no colaboren en este genocidio cultural y lingüístico». En particular, hacen una llamada al PAR, «para que demuestre con valentía que no son lo mismo que PSOE ni CHA, sino que conforman un partido propio y soberano».

Por su parte, el portavoz del PP en materia de Cultura, José María Moreno, recordó que su partido defiende las modalidades lingüísticas propias de cada zona y «nos oponemos a que se pretendan hacer desaparecer sustituyéndolas por una nueva lengua, normalizada y única, el aragonés, que además tenga el rasgo de cooficial», y lo mismo para el catalán.

Somos Catalanes (I)
Ágora Socialista. ABC Cataluña  12 Julio 2005

Otra vez, y desde nuestra condición de catalanes, expresamos
algo obvio: existimos.

En efecto, somos catalanes: ni vamos a pedir permiso para
serlo ni vamos a conceder a nadie la prerrogativa de dudarlo. En
cuanto al origen, unos somos catalanes de Archidona y otros de
Argentona. Nos llamamos Pujol o Cerrillo, Margarida o
Fuensanta, pero todos somos catalanes. No vamos a presumir
ni de número ni de proporción ni de antigüedad, para eso están
los registros y los censos; pero somos catalanes. Ni siquiera
somos "los otros catalanes", no, somos catalanes. Tampoco
somos catalanes porque tenemos voluntad de serlo, que la
tenemos. Lo que nos hace catalanes es simplemente nuestra
existencia, aquí y ahora.

Justamente lo que erosiona nuestra condición de catalanes es
la busca y rebusca de definiciones para saber que somos
catalanes. No hacen falta, somos catalanes. Esto, que es tan
elemental, conviene que lo tengamos claro unos y otros,
especialmente ahora que esta obviedad va a ser de nuevo
torturada hasta hacerla desaparecer en el nuevo Estatuto en
gestación.

Unos, porque apropiarse de la sustancia de un todo desde una
parte es una forma de violencia, sutil pero intolerable. Otros,
porque aceptar y asumir pruebas de naturaleza social añadidas
a la condición de ciudadanía es el camino inexorable para
desembocar en la fe del converso y en la marginación perpetua.
Como marginación perpetua es reproducir nichos aislados de
costumbrismo, subvencionados caritativamente y bajo el
epígrafe de "lo nuestro", como defensa y refugio frente al poder
normalizador.

Lo nuestro, en realidad, es saber que somos catalanes y que
también conformamos Cataluña. Cataluña nos conforma y
nosotros conformamos Cataluña. Hay interacción entre
contenido y continente. Hay dialéctica, temporalidad, historia,
contingencia. Por esa razón hablar de Cataluña en términos de
esencia es no decir nada, si no se añade en qué coordenadas
temporales, sociológicas, económicas o políticas la estamos
situando.

En la Cataluña actual se ha instalado un discurso con vocación
de único y pretensiones atemporales. Es el de la Cataluña
esencial, predefinida, idealizada y perfecta, salvo que está por
realizar. Para alcanzar esa realización plena hace falta disponer
de un territorio, una lengua, una economía suficiente, una
población homogénea y una soberanía y un poder coercitivo, es
decir poder de Estado (de Estado autoritario, incluso dictatorial,
¿recuerdan el discurso final de Heribert Barrera?). Por eso las
llamadas a la conciencia nacional, a la actitud de alerta, a la
exigencia de integración y de asimilación. Esto justifica la
pretensión del nuevo Estatuto y la advertencia de que el que se
pretende ahora es sólo para los próximos 20 o 25 años.

Sin embargo, existen muchos otros catalanes que ven las
cosas de otro modo: para nosotros, esa proyección idealizada
tiene muy poco de realista, pero sobre todo tiene mucho de
amenaza. La propia invasión de ese pensamiento único en la
clase política y en las instituciones tiene efectos perversos:
todos somos catalanes, pero unos se ajustan al perfil y otros
chirrían ante el patrón previamente definido; por ello, en la
práctica, unos acaban siendo más catalanes que otros. Se
consagra la dualidad social por vía de la apropiación de la
legitimidad. Se siembra el convencimiento de que ser "de los de
aquí" es un plus añadido, que antes o después se materializará
en una ventaja sobre los otros, ante un nombramiento, ante una
oposición, ante una subvención, ante el entendimiento con la
administración, ante la ubicación en la pirámide social... ya que
las instituciones catalanas deben ser representadas por
apellidos catalanes, deben ser explicadas mediante expresión
catalana, en definitiva, deben ser "presentables y coherentes".

Es hora de decir que no; que no queremos la segregación
institucionalizada; que no queremos el veneno social sembrado
al amparo de la épica y del idilio. Es necesario redefinir
Cataluña. ¡Comencemos!

Somos Catalanes (II)
Ágora Socialista. ABC Cataluña  12 Julio 2005

Deciamos que es necesario redefinir Cataluña: ¡Comencemos!.
Comencemos por ampliar el concepto de lengua catalana
repudiando el concepto de lengua propia. La lengua propia de
Cataluña la compone el murmullo de los arroyos, el silbido del
viento, el estruendo de las olas o el bramido de las tormentas.
Pero son los catalanes quienes hablan; los humanos no tienen
lenguas propias, tienen lenguas maternas, vernáculas,
aprendidas... y son las instituciones quienes tienen lenguas
oficiales. La expresión "lengua propia" encierra la pretensión de
apropiarse de ella y de convertirla en una herramienta más de
poder. Si somos catalanes y nuestra lengua es el castellano,
nuestra condición de catalanes catalaniza el castellano, lo hace
catalán. Cuando una realidad cultural y social de envergadura
se integra en otra, no lo hace mimetizándose, sino
transformando su naturaleza.

Decir esto no es blasfemar; decir esto es reflexionar y
racionalizar, que son condiciones necesarias para invitar a
pensar, para generar nuevas propuestas en la necesaria
redefinición de nuestra sustancia social y de nuestra estructura
política. Es necesario formular principios que puedan ser
asumidos por todos los catalanes.

El primero de éstos es el principio de naturaleza; debe
asumirse que es tan natural para Cataluña el catalán de los
catalanes como el castellano de los catalanes. Es absurdo e
injusto el predominio de una lengua sobre la otra, cuando
ambas son empleadas de manera indistinta por la mayoría de
la población, en el trabajo, en el vecindario, en el comercio y en
su propio seno por infinidad de familias; por eso ambas deben
ser amadas y cuidadas como partes de un mismo patrimonio.

Debe seguirle el principio de reciprocidad, y éste en sus
vertientes afectiva y legal. Es legítimo esperar el aprecio afectivo
de la lengua de unos por parte de los otros. En realidad esta
circunstancia es fácil de lograr si no se interfiere en la buena
voluntad de las gentes. Sin embargo, es inasumible ser de
lengua castellana, estar percibiendo la hostilidad hacia esa
condición y, al mismo tiempo, ser solicitado hacia una actitud
favorable hacia los que efectúan dicha hostilidad y hacia la
lengua que emplean como ariete. En la aplicación legal debe
perseguirse el mismo principio de reciprocidad en
conocimiento y en uso, pero sin ventajismos ni trampas.

Ello ha de conllevar el principio de la Administración neutra, que
asuma y fomente los dos principios anteriores y que los proteja
de la política partidaria haciéndolos intocables. La
Administración ha de procurar estar al servicio de los
administrados . Es realmente sorprendente y espurio el
comportamiento de la administración en Cataluña, que bajo la
coartada de la protección de la lengua amenazada y de la
reparación de la "injusticia histórica" ha invertido los papeles,
haciendo que sean los ciudadanos los que se pongan al
servicio de la Administración. Obviamente, ello implicará de
manera fulminante la eliminación de la prerrogativa de la
Generalitat de ser juez y árbitro en la concesión de categorías
en el conocimiento idiomático, usurpando este papel a las
instancias académicas. De igual modo, instituciones como el
Institut d'Estudis Catalans o TV3 deben ocuparse tanto del
catalán de los unos como del de los otros, es decir, del
castellano.

En las condiciones resultantes de la aplicación de estos
principios ¿tendría sentido la estúpida e inacabable polémica
sobre la definición de "cultura catalana"? ¿tendría sentido la
manida y recurrente descalificación de unos catalanes sobre
otros tildándoles de "anticatalanes"? ¿no son acaso verdaderos
anticatalanes los que repudian a la mayor parte de la sustancia
humana, cultural y lingüística de Cataluña? ¿cómo pueden
posicionarse como verdaderos catalanes quienes se
avergüenzan de la propia realidad catalana? ¿cómo interpretar,
si no, que los mossos d'esquadra, para irritar al poder,
materialicen sus huelgas comunicándose en castellano?
¿cómo no llamar anticatalana torpe y miserable a la dinámica
que implica desaprovechar energías, entusiasmo, eficacia
laboral, capacidad creadora, sentido de grupo y de pertenencia
de grandísima parte de la sociedad?

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