AGLI

Recortes de Prensa     Martes 19 Julio 2005
El horizonte se estrecha
Álvaro Delgado-Gal ABC 19 Julio 2005

Impunidad por culpa de los gobiernos
LUIS IGNACIO PARADA ABC 19 Julio 2005

Ejemplaridad británica
JOSÉ MARÍA LASSALLE ABC 19 Julio 2005

Terroristas, gente común y corriente
Pablo Kleinman Libertad Digital 19 Julio 2005

La gran jaula del PP
VALENTÍ PUIG ABC 19 Julio 2005

Reflexiones testiculares
José García Domínguez Libertad Digital 19 Julio 2005

¿Qué es Castilla-La Mancha?
Agapito Maestre Libertad Digital 19 Julio 2005

El “gallinero” del PSOE
Lorenzo Contreras Estrella Digital  19 Julio 2005

La Nación y el Estatut
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 19 Julio 2005

La guerra civil según Amnistía Internacional
José Vilas Nogueira Libertad Digital 19 Julio 2005

El Estatut y el “gallinero”
Pablo Sebastián Estrella Digital  19 Julio 2005

Terrorismo, Derecho y culturas
José Javaloyes Estrella Digital 19 Julio 2005

El PP lamenta lo permisivo que es el Gobierno vasco con los homenajes a los miembros de ETA
Europa Press Libertad Digital 19 Julio 2005

Los medios gallegos mantendrán sus ayudas
Periodista Digital 19 Julio 2005

El horizonte se estrecha
Por Álvaro Delgado-Gal, escritor y periodista ABC 19 Julio 2005

... La presión constante sobre la Carta Magna ha provocado tantas lecturas sorprendentes, y tantas interpretaciones forzadas, que ya no nos hacemos una idea concreta sobre lo que significa «constitucional»...

ESPAÑA enfila la canícula en un estado de incertidumbre considerable. No sabemos qué resultará de las carambolas que ahora se ensayan en Cataluña; desconocemos la capacidad del Gobierno para resistir las pretensiones de sus socios más peligrosos; nos hallamos en ayunas sobre lo que se cuece, o no se cuece, en la perola vasca, y así sucesivamente. En esta sazón, el PP ha paseado como un gran éxito el estatuto alumbrado en Valencia. La euforia popular se apoya en dos puntos. Primero, el consenso con los socialistas. Segundo, el encaje del documento en la Constitución. Lo último es especialmente importante, por cuanto podría señalar los derroteros por los que sería deseable que discurrieran los estatutos que con distintos grados de maduración se preparan o avizoran en otras autonomías. Prevengo al lector de que no sé nada sobre Derecho Constitucional. Pero acumulo dosis de sentido común no inferiores a las de un español medio, y me considero por tanto autorizado a hacer dos observaciones solitarias, y sacar de ellas las conclusiones pertinentes.

La primera observación no reviste en absoluto un carácter técnico. En un país normal, a nadie se le antojaría urgente obtener seguridades sobre la constitucionalidad de una ley. La última se dará por supuesta, o mejor, se fiará la corrección de posibles irregularidades a los mecanismos de control oportunos. En España, por desgracia, estos aplomos no están justificados. La presión constante sobre la Carta Magna ha provocado tantas lecturas sorprendentes, y tantas interpretaciones forzadas, que ya no nos hacemos una idea concreta sobre lo que significa «constitucional». Citaré un ejemplo, tomado de un contexto no relacionado con el territorio. El artículo 32.1 reza lo siguiente: «El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica». Un usuario corriente del español entendería que aquí se está hablando de un hombre por un lado, y de una mujer por el otro. Pues bien, resulta que esta interpretación peca de ingenua. A lo que parece, no se dice que una mujer y un hombre tienen derecho a matrimoniarse entre sí con plena igualdad jurídica, sino que se ha convertido a la mujer, y al hombre, en sujetos de una acción, la acción de contraer matrimonio, cuyo complemento queda sin especificar. El complemento de la acción puede ser, indistintamente, una mujer o un hombre, o bien otra cosa. Con independencia de que aprobemos o no el matrimonio entre individuos del mismo sexo, está claro que se ha extraído de la chistera constitucional un conejo gramaticalmente estrafalario. Tales originalidades mueven, a partir de determinado instante, al escepticismo. Nos sucede lo mismo que si tuviésemos que jugar al fútbol en un campo de dimensiones elásticas. Como los límites oscilan, terminaremos por abrigar dudas sistemáticas sobre cuándo ha salido la pelota del perímetro convenido. Y nos pondremos en lo peor. En materia territorial, ponerse en lo peor equivale a maliciar que la jurisdicción reclamada por una comunidad autónoma cabrá en la Constitución a poco que ésta alcance a desvirtuar su geometría original sin incurrir en contradicciones demasiado flagrantes.

La lectura del texto valenciano no contribuye a aquietar las ansiedades del suspicaz. Una declaración de derechos, algunos extemporáneos, infunde al estatuto un empaque, unos visos fundacionales. Y es permanente, es tenaz, la propensión de los estatuyentes a entrometerse en las competencias del Gobierno central. En el artículo 44, sin ir más lejos, se establece el derecho de la Generalitat a dictar normas que se anticipen a lo legislado en las Cortes, y que sólo serán derogadas al entrar en vigor las de rango estatal. Se incluye asimismo la facultad del Consell de acudir, en casos de urgencia, al decreto-ley. La disposición adicional segunda proclama finalmente que el Estatuto incorporará cualquier ampliación que interese con carácter general a las CC.AA. La declaración es retórica, puesto que no está indiciada a artículos o exigencias concretas. Pero obliga a la oposición, sea cual fuere su signo, a reprochar al gobierno autónomo de turno falta de celo autonomista si no reivindica de oficio los máximos que permite la Constitución.

La estabilidad del territorio exige dos requisitos. Primero, una delimitación clara de las competencias del Gobierno central, y complementariamente, de las competencias correspondientes a la administración autonómica. Segundo, la voluntad de no ingresar en una puja al alza. El estatuto no satisface ninguna de las condiciones. Es difícil, muy difícil, descubrir en él las virtudes invocadas por el PP.

¿Por qué se ha metido la derecha en este laberinto? Me han llegado versiones varias, casi todas de sabor conspirativo, sobre las razones que abocaron a la redacción del documento. Imagino que son ciertas, aunque no sé si importantes. Lo importante, y por otra parte obvio, es que el partido, tras la pérdida del poder, no está en grado de contener las ambiciones de sus barones. Existen dentro del PP corrientes favorables a defender la causa nacional. A esta alturas la causa nacional no se puede defender ni en la línea de Aznar, la cual consistió en congelar la Constitución a golpe de mayorías absolutas, ni revirtiendo al viejo modelo centralista. La única alternativa es proponer una reforma constitucional profunda, que aproxime nuestro diseño al de los estados federales auténticos. Éstos distinguen con pulcritud las partes del todo, y confían al todo, es decir, al Gobierno y al Parlamento central, la protección y tutela de los intereses generales. La consecución de este objetivo implicaría negociar, cuando llegue el momento, con los socialistas. Esto es, armarse de paciencia, dar tiempo al tiempo, y subordinar las tentaciones de tocar poder de cualquier modo a un proyecto que puede tardar más de dos o tres años en llegar a granazón.

En el otro platillo de la balanza está la carrera por apuntarse a techos estatutarios cada vez más altos. Confluyen, en esta carrera, muchos vectores. Para empezar, la proclividad de toda administración a aumentar de tamaño, y de medios y holguras para repartir cargos. En segundo lugar, la emulación, que se traduce en una fuga excéntrica: es el territorio más autonomista el que sienta los mínimos, entiéndase bien, el que señala la meta que los restantes territorios considerarán vejatorio no alcanzar. Siendo ésta la distribución de las fichas sobre el tablero, y sin estar en posesión del palo y la zanahoria que proporciona la instalación en La Moncloa, resulta complicado, o demanda una capacidad de liderazgo fuera de lo común, transmitir a los que tienen vara alta en las regiones el siguiente recado: «Renuncia a logros inmediatos y tangibles, aguanta el empuje de la oposición y probablemente de la opinión local, y espera». Sí, es complicado. El borrador valenciano integra un compromiso bienintencionado, dada la situación de España y del PP dentro de España. Y es también posible que normalice al PP, esto es, que lo sume al movimiento o tendencia dominantes, con una desviación más o menos significativa respecto de las oscuridades en que parece debatirse Zapatero. Pero estas consideraciones inducen más al pesimismo que al optimismo. Hay coyunturas históricas en que las circunstancias mandan. O expresado de otro modo, en que nadie se atreve a hacer lo que querría hacer.

Impunidad por culpa de los gobiernos
LUIS IGNACIO PARADA ABC 19 Julio 2005

ALEMANIA va a dejar en libertad al germano-sirio Mamoun Darkazanli, a quien la Justicia española reclama como presunto miembro de la célula de Mohamed Atta y pieza clave de Al Qaida en Europa. El gobierno de Schröder está forzado a hacerlo, ya que el Tribunal Constitucional alemán declaró ayer nula la Orden de Detención y Entrega, conocida como euroorden, que agiliza la puesta a disposición de terroristas entre los países de la UE, lo que supone el rechazo de su extradición a España. Los jueces no han puesto ninguna objeción a la euroorden. Pero dicen que no pueden cumplirla mientras el Parlamento no haga una nueva transposición de la normativa europea, ya que la vigente se hizo sin respetar las libertades fundamentales de ese país, que incluyen la de que ningún ciudadano puede ser extraditado si cometió el delito totalmente o en buena parte en suelo alemán.

La absurda liberación de Darkazanli, al que se le imputa, entre otros delitos, la compra de un barco para Osama bin Laden en 2001, se va a producir en todo caso porque los hechos ocurrieron antes de que quedara tipificado en Alemania el delito de colaboración con banda armada extranjera, y dado que el artículo 103 de la Constitución prohíbe castigar delitos que se cometieron antes de que estos fueran tipificados. Pero se une a la del marroquí Mzoudi, supuesto colaborador de uno de los pilotos suicidas de las Torres Gemelas. Y eso es gravísimo. Porque ese celo garantista de los jueces es un revés para el Ejecutivo y el Legislativo alemán, que no han hecho la transposición debida, y un golpe bajo para el Gobierno y los tribunales españoles. Pero es, sobre todo, un desastre para la Justicia internacional y para lo firmado por los jefes de Estado y de Gobierno de la UE en el Tratado de Amsterdam y la Cumbre de Tampere, que obliga al reconocimiento y ejecución por parte de un estado miembro de las resoluciones procesales dictadas por otro estado miembro. Así está Europa hoy, indefensa contra el terrorismo.

Ejemplaridad británica
JOSÉ MARÍA LASSALLE DIPUTADO DEL GRUPO POPULAR EN EL CONGRESO ABC 19 Julio 2005

LONDRES ahora. ¿Después...? Esa es la pregunta que muchos se hacen. Poco importa, desgraciadamente. Allá donde golpee Al Qaida nos estará agrediendo a todas las sociedades abiertas. Occidente está sufriendo un acoso más duro de lo que algunos están dispuestos a reconocer. Nueva York, Madrid, Londres... Los ataques terroristas están ahí y habrá que admitir que no van a ser evitados con diálogo ni con gestos de buena voluntad. El terror islamista sólo dejará de agredirnos cuando sea derrotado. Para lograrlo habrá que desplegar una estrategia inteligente basada en la fuerza y la seducción. Habrá que tejer alianzas, muchas veces transversales con las corrientes que dentro del islam luchan por su modernización. Pero todo esto no servirá de nada si al mismo tiempo Occidente no muestra su voluntad decidida de plantar cara al chantaje totalitario de los islamistas.

Al Qaida nos ataca porque nos teme. Estamos ante un movimiento reaccionario que combate, como diría Berlin, la ejemplaridad «decente» de nuestra forma de vida. Al Qaida es una huida hacia adelante violenta que trata de entorpecer lo que ve que es el peligroso contagio de un Occidente disolvente que erosiona el mundo de las estructuras trascendentes, sustituyendo una cosmovisión teocrática por otra democrática y liberal donde la fe, siendo importante para muchos y motivo de respeto para todos, sin embargo, no impregna ni puede legitimar con vocación fundante el discurso político de las sociedades abiertas. Por eso el integrismo islamista quiere evitar lo que ve como un seguro fin si no se obstaculiza o se destruye. De ahí que ataque aquello en lo que los occidentales creemos, aquello que constituye la base de las convicciones que sostienen nuestra libertad.

Quieren que tiremos la toalla de nuestro esfuerzo por seguir haciendo nuestras sociedades más abiertas, más prósperas, más laicas y tolerantes, más cosmopolitas e igualitarias, más técnicas y científicas. Y quieren hacerlo porque saben que, si no lo hacen, sus sociedades también lo serán bajo la corriente imparable de la globalización.

Su visión teocrática del mundo y del hombre se ve amenazada por la energía modernizadora que genera Occidente a su paso. En este sentido, para el islam totalitario la vecindad de una Europa que proyecta la ejemplaridad de sus instituciones es la mayor de las amenazas y la fuente de sus principales inquietudes. Que hombres y mujeres convivan en un mismo espacio público sin privilegios de unos sobre otras. Que el conocimiento científico avance sin pedir permiso a ninguna autoridad religiosa. Que nadie sea discriminado por su sexo o su orientación sexual. Que los contratos tengan fuerza de ley al margen de la voluntad de Dios. Que la libertad de las costumbres genere en su espontaneidad un orden pacífico semejante al que opera en el mercado gracias a la libertad de la oferta y la demanda. O que puedan convivir confesiones sin hostilidad entre ellas gracias a un Estado que respeta el fenómeno de la fe sin más imposición que la que dimana de la primacía de la legalidad... Todo ello constituye la policromía compleja de un cuadro social de factura intolerable para los islamistas. Tan intolerable que tratan de ennegrecerlo a brochazos terroristas con el fin de evitar que su colorido plástico acabe despertando deseos de emulación en las sociedades islámicas.

Los terroristas buscan destruir nuestra resistencia. Conocen bien nuestros malos humores colectivos. Digamos que han leído a Hobbes y lo han reinterpretado en clave posmoderna. Quieren que Occidente renuncie a su identidad liberal e igualitaria, a su proyecto colectivo de progreso cosmopolita. Buscan inocular el miedo entre los occidentales. Desean que éstos anhelen refugio bajo las alas protectoras de los nuevos populismos que a derecha e izquierda tratan de edificar una suerte de Leviatán transversal a través del cual Occidente sufra la impostura de renunciar a sí mismo: bien transformarse en una especie de Arcadia conservadora que la «bunkerice» frente al exterior cultivando internamente una falsa fortaleza unitaria en torno a esencias superadas gracias a la Ilustración y la Modernidad, bien convirtiéndose en una pseudo-utopía «finlandizada» que nos haga vivir instalados en una cultura de apaciguamiento que doblegue nuestro orgullo de sociedades libres y abiertas.

En este sentido, los ataques islamistas buscan provocar nuestro miedo. Saben que a través de él los fantasmas de Occidente pueden volver a poblar nuestros imaginarios políticos. Son conscientes de que, como decía Popper, la civilización liberal puede perderse con el hecho de que una sola generación renuncie a ella al no estar a la altura de su merecimiento. Es más, creen que nuestro hedonismo utilitario y el clima de bienestar generado por el capitalismo técnico en el que vivimos instalados han secado las fuentes de nuestra fe en la libertad y en los principios anudados a ella: la igualdad, la tolerancia y el pluralismo.

Se equivocan. El Reino Unido nos ha dado una lección de libertad y heroísmo liberal tras el 7-J. Incólume ante la adversidad, segura de sí misma y consciente de la superioridad moral de los valores que sostienen su modo de vida y sus instituciones democráticas, la sociedad británica ha soportado el embate del terror con unidad, entereza y dignidad. Han sufrido, pero no se han visto traumatizados por el dolor colectivo. Han respondido a la agresión con la normalidad, insistiendo en que la defensa de la libertad no exige golpes de pecho sino esa «pasión sosegada», en palabras de Hutcheson, que la afirma en el día a día de una cotidianidad que habla el lenguaje de quien no está dispuesto a renunciar a seguir viviendo dentro de la benevolente atmósfera colectiva de una sociedad abierta.

Quien crea que va a doblegar a Occidente, que piense que son muchos los que nos vemos representados en lo que ha sucedido en el Reino Unido tras los atentados de Londres. Los británicos tienen defectos, y muchos. Pero a la vista de su historia hay algo que resulta motivo de sana envidia: son orgullosamente libres, y eso se nota. A buen seguro que los leones de la plaza de Trafalgar sintieron en su piel la mordedura cobarde de Al Qaida, pero respondieron tensando su rostro y acerando un poco más su desafiante mirada hacia el incierto destino. Lo dicho: toda una lección.

Londres 7-J
Terroristas, gente común y corriente
Pablo Kleinman Libertad Digital 19 Julio 2005

Tony Blair dijo estar conmocionado porque los suicidas del atentado en Londres el 7 de julio son ciudadanos británicos. Es un comentario ingenuo y poco honesto. El Reino Unido, al igual que Francia y muchos otros países de la Unión Europea, está lleno de ciudadanos, en su mayoría hijos o nietos de inmigrantes, que por razones socioculturales sienten un profundo rechazo por su país.

A pesar de la reticencia de políticos e intelectuales europeos a hablar del asunto, la realidad es que una proporción significativa de los musulmanes se ha integrado muy pobremente a la sociedad. En Francia, los ciudadanos musulmanes representan entre 5% y 10% de la población, pero constituyen cerca de 75% de la población carcelaria y una estadía en una cárcel francesa puede ser tan útil para los que reclutan y aleccionan terroristas como una temporada en un campo de entrenamiento de Al Qaeda. La mitad de los jóvenes musulmanes en Francia no trabaja ni estudia. Recientemente, una manifestación de estudiantes en París fue atacada y asaltada por hordas de jóvenes de origen africano y árabe. Según el testimonio de algunos al diario Le Monde, su objetivo era darle su merecido a los franceses (como si ellos no lo fueran, ya que utilizan el término “franceses” como sinónimo de “blancos” o “católicos”).

Lo sorprendente es que parece haber una gran diferencia entre la actitud de muchos hijos de inmigrantes y la de sus padres. Los inmigrantes llegaron a Europa en busca de oportunidad y trabajo y se esforzaron por prosperar. Sus hijos, en cambio, se sienten discriminados y rechazados, por lo que se rebelan “convirtiéndose” al Islam más extremo. Esto no lo explica todo, ya que los asesinos de Londres, al igual que muchos miembros de Al Qaeda, no provienen de las cárceles ni de los guetos europeos sino de escuelas prestigiosas y barrios de clase media.

Durante el otoño de 2002, mientras terminaba mis estudios en London Business School, solía frecuentar la zona de Edgware Road, predominantemente árabe y escena de uno de los recientes atentados. Un domingo decidí entrar en uno de los cafés árabes para tomar té dulce y fumar tabaco libanés mientras terminaba de escribir un ensayo. La atmósfera era muy placentera y me sentí como si estuviera en un microcosmos de El Cairo subtropical, en medio de la fría Londres.

No tuve oportunidad de escribir, ya que a los pocos minutos un grupo de jóvenes universitarios sentados en la mesa de al lado me comenzó a hablar. Todos ellos habían nacido en Londres, aunque sus padres eran todos inmigrantes árabes. Hablamos de los estudios, de política, de mis viajes al Medio Oriente. Ninguno de ellos había estado en Nueva York, pero les parecía un sitio fascinante.

Pero nada pareció fascinarles más que cuando les dije que soy judío. Su reacción fue de incredulidad. Inmediatamente, tres de ellos se pasaron a mi mesa y la conversación se volvió más política, pero curiosamente, también más íntima. Uno de ellos, Nabil, de origen libanés, me mostró una foto de su esposa, con la cabeza cubierta. Me llamó la atención porque él estaba vestido con vaqueros y camiseta de fútbol. Me contó que su mujer, de 23 años como él, utiliza guantes cuando sale porque “las manos [son] algo muy delicado que sólo debía ser visto por el marido”. Ella también nació en Londres y pertenece a una familia de clase media tradicional no muy religiosa. Su consejero matrimonial era un imán. El interés de Nabil en la religión era relativamente reciente y relacionado al profundo rechazo que manifestaba hacia los británicos.

El sentimiento antibritánico era unánime entre mis interlocutores aquella tarde, a pesar de haber nacido y vivido toda su vida en Londres, de haber estudiado allí y de haber visitado el mundo árabe sólo de vacaciones. Todos afirmaron recibir sus noticias de Al Manar, el canal de televisión vía satélite del Hezbolá que emite contenidos profundamente antioccidentales y antisemitas, porque “Al Yazira es propaganda sionista”. A mi me trataron con total amabilidad y cuando nos íbamos, no me dejaron pagar la cuenta y se despidieron muy cordialmente. Durante nuestra conversación, siempre midieron sus palabras para evitar ofenderme. Para ello centraban su atención en la figura de Bush como símbolo de todo lo que odian de los Estados Unidos; de Israel casi no hablaron, aunque uno de ellos había estado de visita.

Me olvidé de este episodio hasta el año siguiente, cuando leyendo el libro “¿Quién mató a Daniel Pearl?” del filósofo francés Bernard-Henri Lévy, me llamó la atención la similitud entre la persona de Omar Sheikh, el presunto asesino del periodista del Wall Street Journal y la de Nabil y sus amigos. Omar Sheikh también nació en Londres, en 1973. También musulmán aunque no era de origen árabe sino paquistaní, de clase media, estudiante del London School of Economics, su hermana se graduó de Oxford y su hermano de Cambridge. Omar, como Nabil, hijo de prósperos inmigrantes, producto de lo mejor de la educación británica, pero desarrolló una violenta aversión hacia el medio en el que se crió.

Lo más notable acerca de los terroristas suicidas de Londres es que son sujetos comunes y corrientes, estudiantes, graduados y hasta un maestro de escuela y padre de un bebé de ocho meses. Como ellos hay decenas de miles en el Reino Unido y cientos de miles en todo Occidente. Sus padres vinieron a nuestros países en busca de oportunidades, de trabajo y de libertad. Ellos se criaron entre nosotros pero ahora nos rechazan y desprecian. Algunos, como los que atentaron en Londres, nos quisieran destruir. La pregunta del millón es: ¿qué podemos hacer para protegernos?

© AIPE
Pablo Kleinman es director general de El Iberoamericano.

La gran jaula del PP
VALENTÍ PUIG ABC 19 Julio 2005

LA bicefalia lleva los partidos políticos a una fase agónica, como saben muy bien los electores españoles. Para la derecha que históricamente fue un paradigma de desunión, la carencia de liderazgos plenamente consolidados -en el parlamento, mediáticamente, en la opinión pública, entre caricaturistas y sobre todo ante los enemigos internos- tendría actualmente más gravedad que en un PSOE que cuenta con siglas y homologaciones mucho más perdurables en el tiempo, y con una ideología que ya significa más bien poco pero que le es útil como etiqueta y franquicia. De no poco le sirvió al socialismo español evocar el «dóberman» franquista por contraste con los lirios y gladiolos de sus cien años de honradez.

En su «Historia de las derechas españolas», el profesor Pedro Carlos González Cuevas cita la definición que el espléndido personaje que fue Antonio Alcalá Galiano hizo de la Unión Liberal y de su líder el general O´Donnell. La veía como una familia feliz, comparándola a lo que había visto de adolescente en la feria de su pueblo, una gran jaula en la que convivían cordialmente ovejas, lobos, perros, gatos, gallinas, zorras y toda clase de animales antitéticos, gracias a las habilidades del domador que los alimentaba y les enseñaba el látigo. La mayor eficiencia y durabilidad del centro-derecha en España se ha dado siempre cuando las cosas andaban así en la gran jaula que sería de alguna manera el equivalente de la «gran tienda» -la carpa- que permitió por suma ideológica las victorias de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher. Quizá por eso la universidad de verano de FAES en Navacerrada este año estrenaba carpa junto a la piscina, con el aire refrigerado a chorro. Por lo mismo debió de ser por lo que Rajoy clausuró los cursos de Navacerrada anunciando ante Aznar sus ejes de acción para el próximo curso político. Pasen, señores, pasen: el domador Mariano Rajoy va a poner a cada fiera en su sitio procurando evitar pisotones. Prosigue la lluvia fina, pero de vez en cuando caerá un chubasco. Rajoy ha elegido las contradicciones de la morfología política de Zapatero para dar un paso que no sea en dirección unívoca al gran agujero del 11-M. La terapia es elemental: que el PP pase de no saber por qué perdió el poder a pensar que puede recuperarlo.

Con el estatuto de autonomía catalán, la jaula del PSOE está levantisca: un día es Guerra, otro Bono, anteayer Chaves. Ya se sabe que el nuevo Estatuto catalán importa escasamente a la opinión pública, pero sirve de pretexto para otras cosas, generalmente ajenas a la realidad y embutidas por la virtualidad de la «play station». En estos momentos, la política catalana es una charada y nadie se acuerda de quien la puso en circulación. De no captarlo el «establishment» político, querrá decir que el particularismo le ha blindado la autoestima a prueba de bomba. Pero no es del todo así, porque la autoestima anda muy devaluada por los salones de Barcelona.

En la escenificación quirúrgica del pacto del Tinell, el tripartito catalán vio la luz: en su partida de nacimiento una cláusula muy explícita conjuraba a los nuevos gobernantes de Cataluña a dejar al PP totalmente al margen del juego, como antiguamente se dejaba a los presuntos apestados en el lazareto, a la entrada del puerto. Asombra que esas cosas se olviden tan fácilmente. O tal vez sólo se habían olvidado transitoriamente y por eso ahora Rajoy dicta una enmienda a la totalidad del nuevo Estatuto catalán, más equiparable al arca de Noé o a un catálogo de venta por correspondencia que a un texto jurídico. Enmienda, que algo queda. Pasen, señores, pasen: el jefe de pista chasquea el látigo, rugen las fieras, palidecen los aspirantes de siempre, sacan pecho los elegidos. En el otro circo, la gacela todavía en cierto estado de gracia va sacando los dientes.
vpuig@abc.es

Chaves
Reflexiones testiculares
José García Domínguez Libertad Digital 19 Julio 2005

Cuando una tarde en Sevilla –la Sevilla todavía peligrosa de las arengas radiofónicas de Queipo de Llano– Ernesto Giménez Caballero se topó con Jorge Guillén lo arrinconó en una esquina y le espetó: “¿Lo ve usted, don Jorge? Hay que pensar con los testículos.” A lo que el poeta replicó con sutil ironía: “Claro, claro. Lo he dicho mil veces. Eso es lo que ha hecho usted toda su vida.” Resulta inevitable, cada vez que Chaves pone esa cara como de haberse olvidado los donuts en casa y clama que Cataluña no es nación, a uno le vuelve a la mente aquella anécdota chusca del padre putativo de la vanguardia hispana.

Porque el Chaves que ahora simula despertar de una siesta que ya dura un cuarto de siglo, es el mismo pensador que, no hará ni un mes, auguraba que su cortijo también se proclamaría nación, faltaría más. Y es que, aquí, hasta que a alguno le mentan la cartera, todos parecen decididos a continuar jugando con los significados de las palabras de por vida, eternamente, con la angelical irresponsabilidad de los bebés. De hecho, ése –y no el soduku– es el entretenimiento que causa furor entre nosotros. Derecha e izquierda, nacionalistas y no nacionalistas, llevan veinticinco años practicándolo sin pausa, todos los días del año. Y no se cansan.

Aunque el reglamento del genuino deporte patrio no resulte idéntico para todos. Porque el Como Si, que ése es su nombre, ofrece dos modalidades a los aficionados: la llamada Como si fuera en broma, la de patio de colegio, que es la practican hoy los chaves y los zapateros; y la variante profesional, el Como si fuera en serio, una regla muy exclusiva, únicamente al alcance de iniciados, ésa que dominan Maragall, Carod, Ibarretxe y la Eta. Por ejemplo, cuando el President, como antes hiciera Pujol, exige que a ningún ministro del Gobierno se le ocurra acercarse por Cataluña bajo ningún concepto, está jugando al Como si fuera en serio. Al igual que Quico Homs, el representante de CiU en la ponencia del Estatut, cuando alardea de velar personalmente para que sus hijos no aprendan a hablar en castellano. O como el portavoz del PSC, uno que pregona a sus fieles del extrarradio que Cataluña todavía vive sojuzgada por el Decreto de Nueva Planta de Felipe V.

Y mientras, Guerra, González y Aznar, creyéndose aún estrellas del Como Sí. Los unos, olvidando que precipitaron el desastre al ordenar al Constitucional que facilitase a Pujol la expulsión total del castellano de la vida pública en el Principado. El otro, sin admitir jamás que fue él quien retiró a la única fuerza nacional que restaba en la región –el Partido Popular– de la confrontación política, ideológica y cultural frente al secesionismo. Felices los tres. Como si fuera en broma.

Incendio de Guadalajara
¿Qué es Castilla-La Mancha?
Agapito Maestre Libertad Digital 19 Julio 2005

Castilla-La Mancha es una Comunidad Autónoma al servicio del PSOE. No al revés. A las pruebas me remito. La gestión socialista del incendio es tan indecente que parece no preocuparles la Comunidad de Castilla-La Mancha. Ante una tragedia como la de Guadalajara bien podemos decir que Castilla-La Mancha apenas es nada. Una Comunidad que dejó, permítanme el casticismo, hecha unos zorros el actual ministro de Defensa, que se ha quitado de en medio como si la cosa no fuera con él. No, señor Bono, hace mal en hacer mutis por el foro. Pues que si usted dice que los ejércitos están para ayudar y no para matar, entonces usted debería haber estado inmediatamente allí, exactamente, donde estaba el peligro. ¡Qué cosa es esa de que a usted nadie lo llamó! No le pido coherencia, porque usted desconoce el significado de esa palabra, pero sí un poco de valentía para reconocer alguna responsabilidad en el pasado y, sobre todo, en el presente.

Oír a los vecinos de Guadalajara es llorar. Oír los lamentos de los ciudadanos es una manera dramática de juzgar a nuestros gobiernos. Oír las excusas de quienes deberían haber gestionado la tragedia Guadalajara da vergüenza ajena. Tiempo habrá, sin embargo, de exigir responsabilidades a las autoridades políticas por su ineficaz gestión Tiempo habrá también de criticarlas por eludir arteramente sus responsabilidades. Y, por supuesto, tiempo habrá para exigir ceses y dimisiones por su actuación fatal. Por tanto, estoy de acuerdo con quienes creen que antes de criticar hay que matizar. Bien, ábrase una investigación seria y profunda sobre lo que ha pasado y depuremos, como se dice en lenguaje forense, responsabilidades.

Pero ninguno de esos razonamientos y proyectadas tareas nos libera de tener la sensación de vivir en una nación donde en cualquier momento puede pasar cualquier cosa. Vivir en un sitio donde todo es posible, no lo duden, es vivir a las puertas de una sociedad totalitaria. ¡Desconfíen de las sociedades sin “imposibles”! No se trata de que los ciudadanos estén sometidos a la contingencia, sino que esto parece un país de cartón piedra. Es de temer un Estado con una vertebración tan débil, pues es presa fácil de politicastros obtusos y populistas. En la tragedia de Guadalajara hay, en concreto, dos noticias que me han hecho pensar, primero, en la miseria humana y, luego, en la estulticia de los dirigentes de Castilla-La Mancha. La primera se refiere a que la Comunidad de Castilla-La Mancha, a pesar de tener un convenio de colaboración contra incendios con la Comunidad Valenciana, no utilizó los servicios de esta Comunidad. La segunda es similar a la anterior pero, ahora, la rechazada fue la de Madrid. Tampoco los de Castilla-La Mancha quisieron disponer de la ayuda que la Comunidad de Madrid le ofreció para sofocar el incendio.

El “gallinero” del PSOE
Lorenzo Contreras Estrella Digital  19 Julio 2005

La situación política se hace a veces esperpéntica. Cuando Manuel Chaves y José Bono descalifican el concepto de nación aplicado a Cataluña en el proyecto de reforma del Estatut, Zapatero ordena silencio a todos los opinantes del PSOE, basándose en la idea idea de que el proceso negociador de esa reforma todavía no ha comenzado prácticamente, o ha comenzado “apenas”, con lo cual cercena el lógico predebate, que en el fondo es otro momento de la discusión sobre algo tan importante como es la transformación de un texto que arroja sombra de invalidez sobre la Constitución misma. Suena raro y descortés eso de que el secretario general del partido mande callar al presidente de la organización, precisamente Chaves, elegido como tal en el XXXV Congreso que convirtió a ZP en líder efectivo y, por tanto, en dueño de las riendas. Y más raro y estrambótico parece todavía que ZP omita la misma orden o petición cuando el que habla y pregona la intención de introducir en el Estatut ese concepto “herético” de nación es un tal Pasqual Maragall, presidente de la Generalitat de Cataluña, que ha sido quien ha puesto en marcha la polémica, el debate, el predebate o como quiera llamársele.

Inmediatamente aparece también en escena, como la voz de su amo, José Blanco, secretario de Organización, que atribuye a los opinantes díscolos o críticos falta de seriedad, penuria intelectual, ausencia de rigor, insensatez, irracionalidad e incoherencia. Da lo mismo que haya suavizado el tono de sus palabras, porque las descalificaciones personales son las que son. Por otra parte, cuando Carod-Rovira, tras visitar a Zapatero en la Moncloa, aseguró que el presidente del Gobierno consideró, junto con él, una propiedad “buscar el máximo consenso”, siempre que el máximo necesario sea entenderse con CiU y no tanto con el PP, aunque ello fuese conveniente, estaba tiñendo de nacionalismo rabioso su mensaje. Pero ZP no hizo matizaciones ulteriores a estas palabras, aunque pueda aducir, si le parece, que el presidente del PP catalán, Josep Piqué, ha presentado enmienda de totalidad al proyecto de Estatut y, por consiguiente, se encuentra en sintonía con la línea de Gobierno. Ahora bien, se trata de una sintonía sui generis, inquietante para Rajoy, líder del PP nacional, porque Piqué anticipa que, pase lo que pase, él no romperá la baraja, que es más o menos lo que la dirección de Génova, 13 advierte que ocurrirá si el marco constitucional se rebasa.

No consta que Zapatero en sus reconvenciones se haya referido con mombres y apellidos a sus “súbditos” del partido, pero a buen entendedor, ya se sabe. Un ejemplo de discreción, por ejemplo, lo dio con Alfonso Guerra, presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, cuando éste rechazó en declaraciones públicas los planteamientos básicos del Estatuto catalán. Y menos aún se detuvo a analizar críticamente las objeciones y reservas que en alguna ocasión reciente expuso el mismísimo Felipe González.

Por otra parte, Zapatero se ha tragado literalmente lo expresado por el portavoz parlamentario de Esquerra Rupublicana (ERC), Joan Tardá, según el cual algunos miembros del PSOE —ya se sabe quiénes— han organizado “un gallinero” en torno al contenido del proyecto de Estatut.

Así está el clima del cotarro político. Zapatero, la verdad sea dicha, procura no dar la cara en ciertas ocasiones. Tal ocurrió cuando, tras citarse con Carod en la Moncloa, no salió a la escalinata para recibirlo, esa mínima solemnidad que tributa a sus “socios” parlamentarios, de cuyos votos depende en las Cortes Generales.

Curiosamente, ya es casualidad, las dos comunidades rechazadas están gobernadas por el PP. No quiero ni pensar, sobre todo por piedad a las familias de los fallecidos, que no se recurrió a la ayuda de estas comunidades por motivos partidistas, pero, si así hubiera sido, la gestión del incendio de Guadalajara más que trágica es miserable. Si es verdad que los responsables del gobierno de Castilla-La Mancha rechazaron las ayudas ofrecidas por las de Madrid y Valencia por partidismo, entonces habría que criticarlos por algo más que obtusos, ineficaces e ineptos en la gestión de una tragedia. Por malvados.

La Nación y el Estatut
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 19 Julio 2005

Poco a poco empiezan a aflorar en su partido, mi señor Zapatero, las señales de un cierto malestar que hace diez días expresaba Alfonso Guerra en los cursos de El Escorial y este domingo el mismísimo presidente del partido, Manuel Chaves, sumando sus cualificadas opiniones a una protesta que hasta ahora venían expresando muy poquitos y casi siempre con sordina.

Lógico. No es razonable que la militancia de un partido de gobierno, apoyado por 10.909.687 votos, asista impasible un día tras otro a la humillación a la que le somete la pandilla de perdononavidas de Esquerra que le acompaña en el Congreso, en representación de 649.999 votos catalanes.

No es de recibo que antes de cada visita del jefe a La Moncloa tenga que salir uno de sus Tardás a marcar paquete frente al presidente, en plan «o pones orden en el gallinero o no te vamos a aprobar los presupuestos». Puigcercós, esa prodigiosa síntesis de Fernando VII visto por Francisco de Goya y Paco Cascos visto por un 'campanu', había bordeado el mismo campo semántico, al instarle unos días antes a apaciguar el corral.

El mandamás de la cuadrilla, un acierto de casting para 'Blancanieves' si lo llega a conocer Walt Disney, dijo que el Estatut «se adecuará a la Constitución», razón por la que no es preciso que el Congreso lo retoque. Me gustaría tener espacio, presidente, para glosarle una a una las siete razones de inconstitucionalidad que Guerra señaló en su intervención, y que harían necesaria la reforma de la Constitución para hacer posible el encaje. No parece que la definición de Cataluña como Nación sea compatible con «la indisoluble unidad de la Nación española» del artículo 2º, pero hoy las fronteras de los conceptos son borrosas, como usted mismo sostiene: la misma idea de Nación es discutida y discutible y «las palabras han de estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras». Ambas expresiones proporcionan a Carod-Rovira, pertinaz caganer de este belén, margen de maniobra suficiente para decidir por sí mismo qué es lo que cabe en la Constitución, que va a ser todo, hasta su propia derogación.

La Nación y la financiación son los dos principales escollos que va a tener que sortear el nuevo texto y si el primero puede salvarse con una lectura provechosa de Orwell y Lewis Carroll, en el segundo van a chocar con las matemáticas: la suma de las partes de un todo es el cien por cien; ni un solo euro más. Hay más conceptos de Nación, claro: Oriol Malló reclamaba hace veinte días en un artículo de 'Avui' el derecho de extermi-Nación para un grupo de intelectuales catalanes y todo el proceso catalán en su conjunto.

Parece, con permiso del clásico David Wark Griffith y el castizo Luis Ciges «el nacimiento de una descojo-Nación».

Muertos a vindicar y muertos a matar (otra vez)
La guerra civil según Amnistía Internacional
José Vilas Nogueira Libertad Digital 19 Julio 2005

Mamá Cabra se fue a hacer los mandados. Advirtió a sus hijitos que no abriesen la puerta, pues podría venir el lobo y se los comería. Y vino el lobo, pero los cabritillos que eran muy listos reconocieron su ronca voz, y no le abrieron. Y volvió el lobo, pero los cabritillos descubrieron su negra pata, y no le abrieron. Mas el lobo no sólo era malvado; también era porfiado y astuto. Aclaró su voz con claras de huevo; blanqueó su pata, enharinándola. Si el lobo fuese bueno, con tanto huevo y tanta harina podría haberse hecho un hermoso pastel, y haber saciado con él su hambre. Pero como era malo, porfiado y astuto acabó engañando a los cabritillos, y se los zampó.

Amnistía Internacional-España acaba de publicar un informe con el título: “España: poner fin al silencio y a la injusticia. La deuda pendiente con las víctimas de la guerra civil española y del régimen franquista”. Y ha urgido perentoriamente al Gobierno a que repare sin demora el silencio y la injusticia denunciados y a que satisfaga con no menor celeridad la proclamada deuda. Primera observación, y primera superchería. En realidad, no es Amnistía Internacional (AI) la que está induciendo al Gobierno a practicar este tipo de actuaciones, pues tal intención ya había sido avanzada desde hace meses por el propio Gobierno. En realidad, el propósito de AI es meramente ofrecer cobertura ideológica adicional al propósito guerracivilista de Zapatero y sus fieles.

Segunda observación, y segunda superchería. A estos efectos, no se pueden meter en el mismo saco la guerra civil y el régimen franquista. En una guerra, y más si es una guerra civil, resulta poco creíble reducir las atrocidades a sólo uno de los bandos en contienda. En particular, esta sería la hipótesis exigible de una organización humanitaria no partidista, como se pretende AI. Pero, además sabemos que efectivamente fue así. Puede acometerse la macabra aritmética de quiénes asesinaron más. Quizá hasta deba averiguarse. Sin embargo no sería tarea adecuada para Amnistía. Tampoco podría hacerla, para ellos las barbaridades se reducen al bando nacional. Así se desprende de su informe. Por ejemplo, hablan de los fusilamientos de Badajoz, pero ni una palabra de los de Paracuellos del Jarama. Como era de esperar, tampoco dicen nada de la liquidación masiva por los comunistas de los militantes del POUM y de muchos anarquistas (que no eran precisamente “nacionales”). Se escandalizan ante el bombardeo por aviones alemanes e italianos de Guernica, Barcelona y otras ciudades, pero lo único que los escandaliza es la nacionalidad de los bombarderos. Se comprende que en la época el bombardeo de poblaciones civiles produjese estupor e indignación, pero lamentablemente este precedente alcanzó en muy pocos años total universalización. Desde entonces, gobiernos demócratas y despóticos, de derechas y de izquierdas, occidentales y no occidentales, modernos y atrasados, han utilizado y utilizan este recurso en todas las guerras, civiles o internacionales.

Por el contrario, naturalmente bajo el régimen franquista las víctimas de la violencia fueron antifranquistas. Advertirlo es mera redundancia. No lo es, avisar que habrían sido franquistas si la guerra hubiese tenido desenlace opuesto. La inquina guerracivilista de AI, Zapatero y compañía es la mejor demostración. Por eso es bueno olvidar, tan pronto se pueda, las guerras civiles. Integrar la guerra civil y el régimen franquista en un mismo proceso de “reparación” persigue la malévola finalidad de reducir las violencias reprobables, los crímenes de la guerra civil a solos los cometidos por los nacionales.

Tercera observación: han pasado casi setenta años desde la guerra civil. ¿Tienen algún sentido estos propósitos revisionistas? Desde fechas ya lejanas, la llamada oposición democrática (con mucho optimismo, pues su principal componente era el Partido Comunista que, si nunca ha sido muy democrático, en aquellos años lo era menos todavía) intentó promover el restablecimiento de la democracia. Lo relevante de aquellos intentos, a los efectos que aquí interesan, es que incorporaban todos, bien que con distinto énfasis según el momento, un propósito de olvidar el enfrentamiento civil, para evitar que se repitiese. Y cuando finalmente se consiguió la transición a la democracia, la integración de las elites postfranquistas y la oposición en un marco político de convivencia, se basó en este espíritu de olvido y concordia. ¿Fue sólo hipocresía por parte de la oposición sedicentemente democrática? La conducta de AI, ZP y compañía abona esta triste hipótesis.

Cuarta observación: en cualquier caso si, como dice AI, el transcurso de tantos años no dispensa de la necesidad de revisar las pasadas injusticias, ¿quién y dónde sitúa el límite temporal? ¿Por qué no se incluye en el proceso de revisión la II República? Bajo este régimen, ante la impotencia de casi todos los gobiernos y con la complacencia de muchos de los de izquierda, los crímenes políticos impunes fueron fruto diario. Proclamada la República un 14 de abril, un mes después las turbas quemaban iglesias y conventos. En los pocos meses de gobierno del Frente Popular anteriores al estallido de la guerra, los crímenes y violencias políticas fueron incontables. Enumerarlos en el Parlamento le costó la vida a don José Calvo Sotelo, la víctima más famosa de este período.

La misma proclamación de la República fue ilegítima. Se hizo como consecuencia de unas elecciones municipales (¡!) que, además, ganaron los monárquicos, salvo en las ciudades. Quizá deberíamos seguir más. ¿Habrá que reparar a los moriscos y judíos expulsados? ¿Quién y cómo decidirá el punto del pasado en que ha de detenerse la voluntad reparadora? Amnistía Internacional no nos lo aclara. Sí se ha enfundado mono miliciano y se va a la guerra. Le esperan Zapatero, Peces-Barba, Pilar Manjón, Pilar Bardem, etc., mucho miliciano y mucha miliciana. Bailarán con los muertos buenos, y matarán a los muertos malos. Los asesinados por los comunistas y por los socialistas, los asesinados por los etarras, muertos malos que no se mueren nunca del todo, muertos que hay que matar todos y cada día. Muertos sin Amnistía. Muertos sin compañía. “Dios mío, que solos se quedan los muertos”, escribió con menos motivo Gustavo Adolfo Becquer.

Aflautada la voz por las claras de huevo, blanqueada la pata con harina, Amnistía Internacional me ha tenido engañado. Felizmente, he descubierto sus estratagemas y sus afeites. Tras la seductora proclamación de ideales humanitarios sólo habita un agresivo sectarismo izquierdista. Podrá comernos, pero este lobo, que baila con muertos y mata muertos, no puede engañarnos; él mismo está muerto. Ha muerto de odio.

José Vilas Nogueira es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela

El Estatut y el “gallinero”
Pablo Sebastián Estrella Digital  19 Julio 2005

La aparente moderación de Josep Lluís Carod-Rovira durante su reciente visita al palacio de la Moncloa, donde se entrevistó con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha durado sólo unas horas. Después de que uno de sus diputados en Madrid, Joan Tardá, le dijera a Zapatero que tenía que poner orden dentro del “gallinero” del PSOE, por las críticas que otros dirigentes socialistas han lanzado contra el nuevo proyecto de Estatuto catalán, otro de los diputados de ERC, Joan Puigcercós, ha pedido al líder del PP catalán, Josep Piqué, que abandone los debates del Parlamento catalán por haber presentado una enmienda a la totalidad del nuevo proyecto aprobado en la comisión de la Cámara catalana.

De esta manera, los dirigentes de ERC no sólo quieren poner patas arriba el Estado español, sobre la base y el poder que les otorgan sus sólo ocho diputados en el Congreso de los Diputados, sino que quieren imponer una ley de silencio en el PSOE y de paso expulsar al PP del Parlamento catalán. Lo que confirma el nivel de desvarío y disparate que está provocando la presencia de un partido como ERC tanto en las instituciones catalanas como en el seno de la coalición parlamentaria que sustenta el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Una crisis en la que el presidente Zapatero tiene la mayor responsabilidad por el compromiso que contrajo en las pasadas elecciones autonómicas catalanas, cuando prometió aprobar en Madrid el texto estatutario que se acordara en el Parlamento de Cataluña. Y por haber aceptado toda una serie de concesiones previas al Estatuto, aquí incluido el término “nación”, que tendrá que rectificar.

Y no sólo en esta cuestión, sino también en otras importantes propuestas de corte soberanista e inconstitucional que tanto ERC como el PSC han incluido en el borrador del Estatuto, dañando la autoridad y actual estructura jurídica, económica y política del Estado y destruyendo la solidaridad nacional y la propia definición de España como nación.

Lo ideal para todos sería que el nuevo Estatuto, al igual que ocurrió con el ahora vigente en Cataluña, contara con el consenso global de todos los partidos catalanes, PP incluido, y que lo mismo ocurriera en Madrid. Pero esta posibilidad no es al día de hoy algo factible, porque si bien hay un principio de acuerdo entre ERC y el PSC-PSOE, faltan por negociarse enmiendas cruciales de los socialistas y otras iniciativas todavía más duras en el ámbito nacionalista como las que ahora propone CiU, sin olvidar el rechazo frontal al proyecto de Estatuto que en Cataluña lidera el PP.

En esas circunstancias es muy difícil que se cumpla el calendario inicial con el que soñaba Maragall, que tenía previsto la aprobación en la comisión del Parlamento catalán del proyecto de Estatuto el día 29 de julio, y su ratificación en el pleno del día 11 de septiembre, para su posterior envío a las Cortes en Madrid y su tramitación y aprobación a finales de año, y luego confirmarlo en referéndum catalán en la primavera del 2006.

Hoy día ese calendario suena al cuento de la lechera si antes no se produce una rectificación a fondo de los objetivos y contenidos del borrador sobre el que se trabaja, porque ni el PSOE lo va a aprobar, ni CiU ni el PP, por motivos enfrentados, tampoco. Y si la crisis se produce en Cataluña —lo que sin duda prefiere Zapatero en vez que el Estatuto le estalle en Madrid, como ocurrió con el Plan Ibarretxe— el escenario será otro.

Entonces estaremos ante un nuevo calendario pero de elecciones anticipadas en Cataluña, y ya veremos si también de elecciones generales en España. Al día de hoy, y tal y como están las cosas, nada se puede ni se debe descartar. Aunque lo que está a la vista de todos es que Zapatero, por debilidad y concesiones insensatas al nacionalismo catalán, causa de los problemas internos que han surgido en el seno de su partido, está en seria dificultad.

Terrorismo, Derecho y culturas
José Javaloyes Estrella Digital 19 Julio 2005

Qué medios y recursos valen contra el terrorismo? Plantea la pregunta la iniciativa del Gobierno laborista británico, apoyada por la oposición conservadora, de tipificar legalmente como delito la “incitación indirecta” a las prácticas terroristas. Y la cuestión se incluye y corresponde al debate sobre libertad y seguridad a propósito de este problema.

No es sólo el asunto de la “apología del terrorismo”, aunque lo incluya. La iniciativa británica va unos puntos más allá, puesto que lo considerado es la “incitación”. Menos novedoso es lo del entrenamiento para el ejercicio de actividades y prácticas terroristas. Lo más relevante de todo es eso de la “incitación indirecta”. De manera muy directa se alerta a los imanes y a toda la tropa de teólogos islamistas que, so pretexto de hablar de religión, se adentran cada viernes por las arengas para el combate contra cristianos y judíos.

La iniciativa británica es de interés general para las sociedades del Occidente europeo que tienen instaladas, e integradas en su seno, comunidades islámicas de peso demográfico muy significativo; comunidades consolidadas e injertadas en un contexto cultural que no es el suyo propio y frente al cual se cierran como las valvas de los mejillones. No se asimilan, en su más significativa mayoría, ni en el fondo ni en la forma, y reproducen dentro de ellas el problema que Huntington advirtió, y calificó de “choque de civilizaciones”, en el seno de las sociedades islámicas del Oriente Próximo.

El problema terrorista en el islamismo no deriva del rechazo cultural de cuanto Occidente significa, sino de la manera, violenta y militante, de rechazarlo. De ahí la imposibilidad de concertar acuerdos o alianzas a propósito del terrorismo y con el propósito de evitarlo. Si impracticable resulta toda política de concertación con el mundo islámico instalado en sus propios ámbitos culturales y geográficos, puesto que ese mundo es la primera víctima del yihadismo
—que considera a sus gobernantes corruptos y apóstatas—, más imposible aun habrá de ser llevar ese espíritu de alianza a las minorías terroristas del islamismo dentro de sus otras comunidades, geográficamente asentadas en Occidente pero culturalmente instaladas en su mundo musulmán de procedencia.

Toda comunidad musulmana en Occidente es potencialmente reservorio de yihadistas, en la misma medida que toda granja avícola es potencialmente reservorio de la peste aviar. El pienso y el justo sustento para todos no resuelve el problema, pues ni siquiera se aproxima a él. Son órdenes temáticos distintos, por lo que insistir en su teórica relación no hace más que abundar en la confusión, complicar el asunto y aumentar su riesgo.

El enfoque del Gobierno británico parece el correcto. Penalizar las prácticas de inducción y el proselitismo de la violencia religiosa es el modo razonable de mantener a raya, reducido en lo posible, el riesgo del contagio. Todo un mundo de medidas preventivas habrá de disponerse en el Occidente europeo para hacer viable la coexistencia entre la cultura judeo-cristiana y la cultura islámica, surgida de las migraciones laborales y del despliegue progresivo de la globalización.

En un cuadro de concurrencia cultural como el presente, la seguridad suficiente contra el terrorismo islámico se erige como la premisa mayor del discurso de la libertad.

Cada cual habrá de hacer frente a sus responsabilidades: los gobiernos europeos elaborando las leyes adecuadas, y las comunidades musulmanas aquí instaladas, asumiendo las suyas propias. Por ahí va la respuesta del Gobierno de Blair con su anunciado programa de contactos con los dirigentes islámicos. Si se pide libertad para todos, a todos corresponderá afrontar la propia cuota responsabilidad. De lo contrario, el riesgo es el de que el multiculturalismo nos estalle entre las manos.

Dentro del mundo islámico, en la mayoría de los casos, se cubren de ese riesgo prohibiendo las otras religiones. En Roma y en Madrid, en París y en Londres, hay numerosas mezquitas. Ni una sola iglesia en Arabia.

jose@javaloyes.net

LO CALIFICA COMO “APOLOGÍA DEL TERRORISMO”
El PP lamenta lo permisivo que es el Gobierno vasco con los homenajes a los miembros de ETA
El PP del País Vasco ha criticado este lunes la "permisividad" del Gobierno vasco con los homenajes "que los simpatizantes de ETA realizan con total impunidad a miembros de la organización terrorista", ya que, según explicó el parlamentario Carlos Urquijo en estos actos se hace "apología del terrorismo".
Europa Press Libertad Digital 19 Julio 2005

Además el parlamentario del PP, Carlos Urquijo, lamentó que el Gobierno vasco sea "tan permisivo con unos actos en los que habitualmente se comete un delito de exaltación del terrorismo etarra y en los que se justifican los crímenes de los terroristas de ETA".

Por ello, indicó que su grupo ha registrado este lunes una pregunta en el Parlamento vasco dirigida al consejero de Interior, Javier Balza, tras la celebración este domingo en la localidad guipuzcoana de Itziar de un homenaje por el aniversario de la muerte de un antiguo terrorista de ETA.

En su iniciativa parlamentaria, Urquijo preguntó si la consejería de Interior tenía conocimiento de la celebración del homenaje por haber sido comunicado a la Dirección de Seguridad y, en ese supuesto, si el Departamento que dirige Balza prohibió el acto.

Por último, el parlamentario del PP insta a la Policía autonómica Vasca a explicar si ha elaborado algún atestado del acto o piensa realizarlo, "a la vista de las pruebas gráficas, alguna investigación en aras a depurar las responsabilidades administrativas a que pudiera haber lugar" ya que "la justificación y la exaltación del terrorismo supone una actuación delictiva".

COMUNICACIÓN / Ascienden a 180 millones de euros
Los medios gallegos mantendrán sus ayudas
Periodista Digital 19 Julio 2005

Las negociaciones mantenidas el pasado viernes entre el líder de PSdeG, Emilio Pérez Touriño, y el de BNG, Anxo Quintana, se han cerrado con el acuerdo de mantener las ayudas a los medios de comunicación gallegos, que actualmente ascienden a 180 millones de euros.

El BNG ha defendido que la prensa “se quede en manos gallegas” como ha sido el caso de La Voz de Galicia que, de no ser por las ayudas públicas, podría haber pasado a formar parte del grupo Prisa o Vocento.

El Partido Popular, por su parte, otorgará dos nuevos canales de televisión siendo la COPE y La Voz de Galicia los principales en las apuestas; aunque un grupo de medios gallegos puede ganar terreno para la adjudicación de estas licencias.

La reunión mantenida entre los dos líderes gallegos acabó, aunque con discrepancias, con la decisión del nombramiento de Dolores Villarino como la primera mujer que presidirá la Cámara autonómica.

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