AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 21 Julio 2005
Víctimas cada vez más sumisas
Editorial ABC  21 Julio 2005

La alianza de vacilaciones
Jorge Vilches Libertad Digital 21 Julio 2005

Las mentiras del Gobierno
GEES Libertad Digital 21 Julio 2005

Zapatero y el surrealismo
M. MARTÍN FERRAND ABC  21 Julio 2005

Una sonrisa quemada
EDITORIAL Libertad Digital 21 Julio 2005

Un oficio de narices
MANUEL DE LA FUENTE ABC 21 Julio 2005

El verdadero conflicto vasco
EMILIO GUEVARA SALETA El Correo 21 Julio 2005

Ahora, prisiones
Editorial ABC 21 Julio 2005

Falso compromiso
Editorial Heraldo de Aragón 21 Julio 2005

Víctimas cada vez más sumisas
Editorial ABC  21 Julio 2005

Nunca frenaremos el asalto de ningún terrorismo si no somos capaces de entender cómo razonan. Qué lógica les lleva a matar. Y eso se da con mucho mayor rigor en el caso de los islamistas. ¿Qué les llevó el 7-J a creer que era el momento de atacar y que con ello tendrían posibilidades de alcanzar algunos de sus objetivos? La comparación con otros tres ataques que fueron similares en el objetivo y el método pueden ayudarnos a entender. Porque el factor común es que en todos los casos se habían dado muestras de debilidad que los terroristas entendían como signos de apocamiento.

En 2001 los Estados Unidos salían de la Presidencia Clinton en la que se había rechazado la posibilidad de atacar Al Qaida en sus bases. Sólo los atentados del 7 de agosto de 1998 en Nairobi y Dar es-Salam merecieron una respuesta tímida que no causó ningún daño sustancial. Clinton estuvo mal asesorado y eso le impidió transmitir a sus conciudadanos la gravedad de la amenaza. Los promotores del terror percibieron flaqueza y atacaron el 11-S.

A principios de 2003 Turquía cortó su colaboración con la invasión de Irak, lo que supuso un grave problema logístico. Adujeron desacuerdos con el futuro estatuto de los kurdos -que sin duda existían- pero el rumor popular en el país era que el Gobierno temía los ataques terroristas de islamistas. Aún con la retirada, los ataques llegaron en noviembre de 2003 a Estambul: bombas en una sinagoga, el consulado británico y un banco occidental.

Y al fin Madrid, el 11-M. No hará falta extenderse explicando cuál era el mensaje de la oposición al Gobierno Aznar. Mensaje que sintonizaba con el de la mayoría de la población española. Algo percibido por los islamistas como un signo indiscutible de debilidad. La intervención de los terroristas coincidió con el resultado de todos conocido.

¿Qué tiene esto en común con lo visto en Londres? En todos los casos citados el desencadenante no fue una nueva postura de fuerza contra los promotores del terrorismo, sino signos de debilidad. Signos que en los últimos meses se están dando en el Reino Unido.

En los medios de entretenimiento de masas, a los que los cuatro terroristas británicos eran tan aficionados -según las investigaciones- se extiende una nueva visión del mundo post 11-S en la que Londres no es un aliado con responsabilidades en lo bueno y malo de Irak, sino una inocente herramienta manipulada por Estados Unidos, un país al que se está acosando y forzando a aparecer junto a Washington. Como ha dicho Caleb Carr («The Smell of Fear», WSJ 19-07-05), «los psicópatas obtienen su máximo placer atacando víctimas sumisas». Y cada vez lo parecemos más.

Tras el 7-J
La alianza de vacilaciones
Jorge Vilches Libertad Digital 21 Julio 2005

¿Por qué la izquierda se ufana en repetir que los atentados terroristas en Madrid y Londres son una respuesta a la guerra de Irak? Políticos y medios de comunicación progresistas insisten en relacionar el ataque contra Sadam Husein con las masacres en las capitales europeas. Es la contestación a la foto de las Azores, dicen, pero los atentados se producen en países árabes y occidentales que estuvieron contra aquella guerra, incluso antes de que tuviera lugar. La insistencia del progresismo occidental se debe a que esta interpretación es válida para criticar al adversario político, y responsabilizarle, al menos de forma indirecta, de los atentados.

La banalización del análisis es evidente, ya que se trata de una amenaza global y mucho más profunda. La raíz se halla en un pensamiento totalitario, similar a los que padecimos en el siglo XX, que no se resuelve con una dosis demagógica de “alianza de civilizaciones”. El islamismo integrista es una conciencia asentada desde siglos, resucitada por el egipcio Sayyid Qutb a principios del XX, y alimentada por el wahhabismo y los imames desperdigados por Occidente. Este sentimiento no se puede eliminar, pero sí disminuir los efectos perversos de su traducción terrorista.

Los atentados que se vienen produciendo en Occidente y en el mundo árabe y musulmán desde, al menos, el 11 de septiembre de 2001 responden a una ofensiva bélica. Su objetivo no es responder a la guerra de Irak, sino convertir a la humanidad al Islam. Los enemigos del yihadismo son los apóstatas, los traidores y los infieles; es decir, los musulmanes que no viven bajo la sharia, los irreligiosos y los fieles de otras comuniones. En su fanatismo, la vida humana, incluida la propia, es un valor secundario. Sólo desde la comprensión del fin último de este totalitarismo del siglo XXI se le puede hacer frente.

La ofensiva yihadista supone que estamos en guerra y, como tal, desgraciadamente, lo peor está por venir. La declaración de guerra se produjo tras la primera guerra del Golfo, en 1991, y el 11-S, el atentado de Bali, Afganistán, Irak, y las masacres de Madrid y Londres no han sido más que episodios de la misma. Este enfrentamiento tiene un escenario mundial, en el que cualquier lugar –transporte público, centro comercial, central nuclear, organismo oficial,…– o persona –político, intelectual, director de cine, periodista,…– es un objetivo. Las ventajas de los yihadistas, además, son que han tomado conciencia del conflicto mucho antes, y que el multiculturalismo indiscriminado de nuestras sociedades abiertas ha permitido la creación de una “quinta columna” de muyahidines.

La respuesta de Occidente ha de ser, por tanto, interior, para controlar a estos quintacolumnistas, y exterior, para cortar vías de financiación, armamento y reclutamiento. El occidente democrático no puede actuar en esta guerra como una ONG, o la Cruz Roja. La “alianza de civilizaciones”, demagógica y vacía, no deja de ser un decálogo de buenas intenciones. Pero es que, además, su puesta en práctica no haría sino potenciar el terrorismo en aquellos países árabes o musulmanes no totalitarios que colaboraran con Occidente.

Una campaña contra el hambre y las desigualdes no tiene nada que ver con el problema del terrorismo. Enfrentarse al terror globalizado y tecnificado de Al-Qaeda desde el punto de vista marxista leninista de la lucha de clases y la fase superior del imperalismo, en una especie de nuevo enfrentamiento entre ricos y pobres, es hacer el ridículo internacional y fortalecer a los terroristas. Y moverse sin una determinación decidida contra el origen y las consecuencias del problema, es la vacilación que beneficia al enemigo.

Negociación con ETA
Las mentiras del Gobierno
GEES Libertad Digital 21 Julio 2005

Esta semana se ha conocido la existencia de un plan de negociación de ETA elaborado por el que fue su máximo líder, Mikel Antxa, hasta su detención en octubre de 2004. La documentación incautada a este líder terrorista planteaba un proceso negociador a largo plazo que abarcaría al menos hasta el año 2012. En este plan se incluían importantes demandas políticas por parte de los terroristas, como el reconocimiento del derecho de autodeterminación y la incorporación de Navarra y el País Vasco francés. Muchos de los términos empleados en el mismo han sido posteriormente asumidos por Batasuna y por el propio Gobierno. La lectura de este documento pone de relieve algunas de las mentiras con las que el Gobierno ha tratado de encubrir hasta la fecha la existencia de este proceso de negociación.

En primer lugar, queda claro que la iniciativa de la negociación está en manos de ETA y no del Gobierno. Zapatero siempre ha afirmado que la propuesta de negociar con los terroristas ha sido una iniciativa casi personal a la vista de la información de la que dispone como presidente del Gobierno. La realidad es que ZP se ha limitado a morder el anzuelo que hábilmente le ha tendido la banda terrorista. El Gobierno sigue la estrategia de ETA, no son los terroristas los que siguen la iniciativa del Gobierno.

La segunda mentira que se pone de manifiesto en los documentos internos de ETA es la existencia no sólo de contactos a tres bandas entre Batasuna, PNV y el Partido Socialista en el País Vasco, sino que ya a principios de 2004 se habría producido un primer contacto indirecto con el Gobierno a través de Batasuna. La voluntad de ETA era además perseverar en ese dialogo. Todo ello pone de manifiesto que el Gobierno ha estado engañando sistemáticamente a la opinión pública al negar la existencia de estos contactos previos con ETA.

ETA planeaba además que el Gobierno realizara en este año 2005 una declaración de intenciones sobre su voluntad de negociar con los terroristas y, a cambio, los terroristas declararían un alto el fuego temporal. En este punto, los etarras pecaban de pesimistas. Zapatero les ha dado mucho más de lo que pedían a cambio de nada. La declaración para abrir una negociación ha sido del propio Congreso de los Diputados, no del Gobierno, y a cambio ETA ni siquiera ha tenido que declarar una tregua provisional.

Una segunda exigencia de ETA para poder avanzar en el proceso era la legalización de Batasuna. En realidad, la presencia del fantasmagórico partido de las Tierras Vascas en el Parlamento de Vitoria devuelve a Batasuna el protagonismo político que la Ley de Partidos le había negado en los últimos años. El Gobierno, de nuevo, concede a ETA lo que pide antes de exigirle ninguna contrapartida.

Habrá que ver hasta que punto Zapatero se sigue plegando en los próximos meses al calendario diseñado por Mikel Antza. Por el momento, el Gobierno ha cumplido fielmente con todas las exigencias de ese calendario sin que ETA haya correspondido asumiendo los compromisos que ella misma se impuso. El frente negociador diseñado por los terroristas está produciendo para ETA muchos más frutos de lo que ellos mismos imaginaban en sus más dulces sueños.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Zapatero y el surrealismo
Por M. MARTÍN FERRAND ABC  21 Julio 2005

LO peor de la vida pública española, tras el mazazo del 11-M, es que aquí ya nadie se sorprende por nada. El talante presidencial, hermoso contenedor del vacío absoluto, sirve de narcótico colectivo mientras un PP desconcertado y sin rumbo aporta la almohada para una inmensa siesta nacional. Aquí no pasa nada. Hemos llegado a un punto de insensibilidad tan alarmante que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero se permite escribir en el Financial Times que el terrorismo es fruto de «un mar de injusticia universal» y no suenan las sirenas ni repican las campanas para avisarnos de la proximidad del peligro. ¿Se puede decir impunemente, desde un país que lleva más de treinta años soportando el terrorismo etarra y que conoce la brutalidad del islámico, que ese es un fruto de la injusticia universal? Por respeto al presidente del Gobierno estamos obligados a sospechar que su equipo de amanuenses interpretó mal, muy mal, las ideas de Zapatero y que su trascripción para tan prestigioso periódico internacional no refleja, ni de lejos, el pensamiento del líder leonés.

Si se toma en serio lo escrito, o firmado, por Zapatero no le falta razón a Mariano Rajoy para, después de calificarlo como una «tontería muy importante», decir que eso, además de buscarle excusas a los asesinos, es tanto como «decir que la culpa, en el fondo, es de las democracias occidentales». Quizás ocurre que la vocación tercermundista tantas veces evidenciada por el presidente del Gobierno y muchos de sus próximos, la que le lleva a halagar a Fidel Castro o a Hugo Chaves y a ofender a George Bush, ha alterado en su cabeza el orden en la prioridad de los valores. Parece que los que nos corresponden, los occidentales, los de la tradición cultural grecolatina y cristiana, le resultan distantes y prefiere otros que, para mayor incomprensión del momento, no nos confiesa ni predica.

La concentración en los debates accesorios, los que no coinciden con la tabla principal de las inquietudes ciudadanas, como es el caso del Estatut que concentra las energías del Parlament, está desviando la atención y el entendimiento de lo principal. Eso, que ya sería perturbador en la dirección de un club de amiguetes, pasa a ser grave cuando afecta a la gobernación de un Estado complejo y empuja al surrealismo. Si alguien recuerda Las tentaciones de San Antonio, de Salvador Dalí, España es hoy como el santo desnudo del lienzo que trata de parar el avance de una rara fauna de patas largas, formas inquietantes y caprichosas y colores agresivos como impone la dictadura del realismo fantástico. La diferencia reside, únicamente, en que el santo de Dalí tiene una cruz en la mano y Zapatero se basta con el talante. Sabemos que San Antonio, que era egipcio y se llama Abad, superó sus tentaciones; pero Zapatero, pobrecito, parece dispuesto a caer en todas.

Una sonrisa quemada
EDITORIAL Libertad Digital 21 Julio 2005

Cuatro días ha tardado José Luis Rodríguez Zapatero en dar la cara y en evaluar ante la opinión pública el incendio que ha causado en Guadalajara once muertos y arrasado cerca de 13.000 hectáreas. Si el escueto comentario presidencial interceptado el martes por los micrófonos de Telecinco –“Se metieron en una zona de riesgo, viene una racha de viento y, en segundos, plaff”-, era toda la valoración que, hasta ahora, conocíamos del presidente del Gobierno ante uno de los mayores desastres ecológicos de nuestra historia, su tardía comparecencia pública de este miércoles apenas ha añadido algo. En esa línea de no asumir ni exigir responsabilidades, el presidente del gobierno, básicamente, ha dedicado su tardía comparecencia a descargar todas las responsabilidades en las “circunstancias adversas” y en señalar que el gobierno ofrece contra los incendios todos los medios de los que dispone “una vez con más rapidez y otras con menos”.

Olvídense los lectores de encontrar en la intervención de ZP respuesta alguna a las decisivas preguntas que hacía nuestro colaborador Juan Carlos Girauta en estas mismas páginas. Lo único que ha aportado el presidente ha sido un previsible endurecimiento de las sanciones para quienes violen las medidas de protección de los bosques –no sabemos aun si las vigentes u otras nuevas-, y un compromiso “sine die” de visitar las zonas afectadas y un plan para “reforzar la coordinación entre las distintas administraciones.”

Lo de posponer su presencia en las zonas afectadas es, con todo, “pecata minuta” comparado con la renuencia de ZP a tomar cartas en el asunto y presidir el gabinete de crisis que, dos días después del inicio de la tragedia, convocara la vicepresidenta De la Vega. Si de aquella reunión del lunes salió el compromiso de los ministros de elevar “en cuarenta y ocho horas” una “propuesta de estudio” a fin de mejorar la eficacia en la prevención y respuesta a los incendios, este miércoles lo que hemos presenciado es a Zapatero posponiendo todo al próximo consejo de ministros. Veremos en que queda.

Mientras tanto, no sabemos si entre las “circunstancias adversas” en las que ZP tanto se escuda, está el hecho de que los gobiernos autonómicos que ofrecieron inmediata ayuda a las autoridades de Castilla-La Mancha fueran todos del PP. Tal vez ese matiz político sea una “circunstancia adversa” que, para ZP, justifica que las autoridades castellano-manchegas rechazaran ese ofrecimiento de ayuda en momentos tan críticos; Lo que no debe caber duda es que se trata de una negligencia criminal.

¿Y como pretende explicar ZP las evidentes contradicciones en las que han incurrido las autoridades castellano-manchegas y el gobierno sobre las horas en que fueron conociendo los pormenores del mortal incendio y el momento de decretar la alerta dos?

La negligente política, tanto en prevención como extinción de incendios, ha relucido en Guadalajara tanto como las llamas. Y eso debe exigir modificaciones politicas y dimisiones. ZP siempre trata de camuflar su desastrosa gestión de gobierno a base de mucha propaganda y mucha sonrisa. Pero lo cierto es que hasta eso se ha quemado en este mortal incendio.

Un oficio de narices
Por MANUEL DE LA FUENTE ABC 21 Julio 2005

Generalmente, para los ciudadanos de a pie la política no pasa de ser un mal chiste que puñetera la gracia que tiene. Descreídos, piensan que es un circo en el que no dejan de crecer los enanos y donde por mucho que el jefe de pista se empeñe todos acaban haciendo el payaso. Incluso, opinan que en los países más civilizados los papeles de payaso blanco y payaso de las bofetadas se alternan cada cuatro años, aunque se han visto casos de perseverancia insólita, esto es, seguir dándole a la triperina detrás de las bambalinas una vez que ya se ha hecho democrático mutis por el foro de la política activa. Hasta los belgas, gente de habitual sobrio y sensato, dictado por su dieta de coles y mejillones, se lo acaban pasando de narices, incluso ahora que cuentan que son los flamencos los que no paran de dar el cante por alegrías y se empeñan día sí día no en echar valones fuera. Al prócer belga (obviemos que le urge una ortodoncia) le ha debido dar en la nariz que la bromita puede valerle un puñado de votos. Por aquí, el país de las barbacoas asesinas, a los políticos ni siquiera les hace falta que sea fiesta para comprarse el postizo, porque muchos son quevedianos hombres a una nariz pegados, Es algo natural. Y además les crece (se les pone superlativa, vamos) que no vean. Mientras, al resto, generalmente, se nos inflan (las narices)

El verdadero conflicto vasco
EMILIO GUEVARA SALETA El Correo 21 Julio 2005

Se ha escrito y dicho tanto sobre el manido 'conflicto vasco' que al final hemos acabado por creer que la culpa de su existencia la tienen España y los españoles, que no han sabido ofrecer una estancia cómoda y suficiente a esos vascos oprimidos por Madrid y París.

Sin embargo, el 'contencioso' surge básicamente de ese invento sabiniano de Euskadi como nación política con soberanía originaria propia. El invento ha funcionado y funciona por una serie de factores que conforman el atractivo que el nacionalismo todavía hoy presenta. Unos ven en esta ideología una forma romántica, superior y generosa de defender a esa mítica patria vasca. A otros se les conquista presentando al nacionalismo como el movimiento que garantiza que el futuro de cada uno lo va a decidir él y nunca los de fuera. También atrae a muchos a ese campo el argumento de la descentralización y de la autonomía, de las que el nacionalismo se presenta como único valedor. Y luego está la legión cada vez más numerosa de los aprovechados que viven y prosperan gracias a ese conflicto generado a partir del mito, de la falsedad histórica y de la invención. Son los que jamás harán nada por una solución definitiva transaccional, porque utilizan el nacionalismo para mantener el poder o para adquirir un estatus profesional o económico que de otra manera no hubieran alcanzado. Es esa especie -no exclusiva por supuesto de Euskadi- en la que pensaban Samuel Johnson cuando decía que el patriotismo es el último refugio de los bribones, y Ambrose Bierce cuando, más lúcido, puntualizaba que probablemente era el primero. Si todo ello se produce, además en un momento histórico en el que vives más seguro, tranquilo y cómodo siendo nacionalista, la pelmada del 'conflicto' adquiere una dimensión más preocupante.

Si una lección podemos extraer de la transición política española es la de que no hay motivos objetivos para la permanente y cada vez más agresiva insatisfacción nacionalista, salvo la que ya he indicado: necesitan del conflicto para mantener su razón de ser y su hegemonía electoral, y por ello nunca se podrá llegar a una transacción con ellos. En la transición, al PNV se le dieron todas las ventajas y ayudas políticas, informativas y financieras posibles, creyendo que la solución del problema pasaba por ese partido. Se puso en libertad a todos los presos vascos. Se constitucionalizó un sistema de financiación privilegiada. Se reconocieron en el Estatuto de Autonomía competencias considerables que en la práctica han venido funcionando como exclusivas, incluso cuando legalmente eran compartidas o subordinadas, de manera que no hay Estado federado con mayor capacidad de autogobierno y de autofinanciación. Se aceptaron los símbolos nacionalistas para identificar a la Comunidad Autónoma. Todo cuanto afecta a nuestra condición de vascos lo podemos regular, organizar y pagar sin limitación o ingerencias. Cuando se dividió el PNV, el PSE acudió en socorro de la rama más gruesa -o del tronco, que da igual- gobernando con ellos en coalición hasta que fue traicionado y expulsado del Gobierno. Y sin embargo, ahora quieren una segunda transición, y luego querrán otra o todas las que hagan falta hasta conseguir la independencia en bandeja de plata y con un cheque-regalo.

En estas condiciones, ha llegado el momento de plantarse y de retar al nacionalismo en todos los planos ideológicos y prácticos, y en todos los ámbitos. Para ellos, cualquier acuerdo temporal no es sino una fase más de una estrategia de ruptura y de secesión. No hay nacionalistas moderados, sino sólo nacionalistas. La metáfora del 'péndulo patriótico' es ya cosa pasada. Los más peligrosos son los más inteligentes, partidarios como el junco de doblarse un poco cuando les vienen de frente para resurgir con más fuerza y arraigo cuando pase el temporal. Van a ser, son ya, contrincantes muy serios, porque parten de una situación de ventaja que se les concedió graciosamente en los primeros años de la transición, creyendo de buena fe, no sólo esos opresores españoles, sino incluso bastantes vascos como yo, que el PNV estaba comprometido con la autonomía de Euskadi dentro de España y en Europa.

Hace veinticinco años quizás no podíamos saber lo que hoy sabemos, Por eso, lo que en 1979 parecía lógico y necesario, hoy sería una auténtica estupidez. Tendremos todavía que convivir muchos años con esta pandemia política, y, como ya advertía Ortega y Gasset, con bastante prudencia, buen ánimo y ninguna resignación o descuido. Y una negligencia inexcusable sería el renunciar, en esa confrontación insoslayable de orden ideológico y cultural, a utilizar los resortes de la economía y de la interdependencia de los mercados para evitar que el nacionalismo consolide una posición y un poder económico al servicio de su peculiar y sectaria concepción de la construcción nacional. Sería una descomunal imbecilidad ayudar al nacionalismo a fortificar sus fronteras, clausurando las otras, y ponerlo a resguardo de lo que al final lo derrotará y le hará desaparecer, esto es, la lógica inexorable de una economía cada vez más libre y globalizada y de unas sociedades cosmopolitas cada vez más interrelacionadas. Y si algo tan elemental no se quiere entender y asumir por quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de defender al Estado, como garante de la igualdad de todos los ciudadanos y de la existencia de un espacio de convivencia, que nos lo digan para que sepamos a qué atenernos.

Ahora, prisiones
Editorial ABC 21 Julio 2005

HACE bien el Gobierno en parar los pies al lendakari, Juan José Ibarretxe, que ha comenzado una ofensiva para hacerse con las competencias penitenciarias en el País Vasco, enmascarada en una batería de reclamaciones que, según el PNV, «completarían el cumplimiento del Estatuto de Guernica». Milagrosamente y después de haberlo denostado tanto, este texto vuelve a ser útil para los nacionalistas cada vez que tienen algo que pedir. No es casualidad que, conociendo el tradicional tactismo peneuvista, la petición se haga en un contexto en el que tanto se habla de una hipotética negociación con ETA, en la que el acercamiento de presos siempre ha supuesto una piedra angular. Esta vez, el Ejecutivo central no cede y acierta en la firmeza y en el no.

Falso compromiso
Editorial Heraldo de Aragón 21 Julio 2005

CON SUS pocos, pero decisivos escaños -8 sobre 350 en Madrid y 23 de 135 en Barcelona-, Esquerra Republicana quiere demostrar que una minoría intransigente puede con las mayorías. El reciente compromiso de Carod-Rovira con Rodríguez Zapatero de que el nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña, aunque fuese de máximos, se ajustaría en todo a la Constitución, parece falso pocos días después de expresado. Con base en un texto de 1931 -que ni siquiera fue aprobado por las Cortes de la II República-, Esquerra pretende asentar el derecho de autodeterminación del "pueblo catalán", separándolo conceptualmente del resto de los españoles y olvidando circunstancias posteriores tales como el nacimiento de la ONU y su regulación de ese derecho, referido exclusivamente a países colonizados por terceros. Es decir, que Esquerra vive un narcisismo que le lleva a tomarse como referencia histórica central, como si Cataluña, España y el mundo estuviesen congelados desde hace tres cuartos de siglo, en el tiempo en que ese partido gobernaba el Principado, apoyado, por cierto, en una milicia propia que en estos tiempos es poco prudente recordar. El respeto a las minorías, esencial en democracia, no puede entenderse como una patente de corso para arrinconar a quienes, por tener más electores, representan mejor a la voluntad ciudadana.

Recortes de Prensa   Página Inicial