AGLI

Recortes de Prensa     Martes 26 Julio 2005
Nación, soberanía, autonomía
ABC  26 Julio 2005

La tolerancia en beneficio del terrorismo
EDITORIAL Libertad Digital  26 Julio 2005

Una Europa más segura
VALENTÍ PUIG ABC  26 Julio 2005

Tirar a matar
CARMEN MARTÍNEZ CASTRO ABC  26 Julio 2005

Contra la barbarie
JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL ABC  26 Julio 2005

El espíritu de Munich
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 26 Julio 2005

Insaciables
Editorial ABC  26 Julio 2005

De manual
Editorial ABC  26 Julio 2005

EL SILENCIO VASCO
EDURNE URIARTE ABC  26 Julio 2005

Teoría del caos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 26 Julio 2005

La herencia de Pujol
ANTONIO PAPELL El Correo  26 Julio 2005

El largo y cálido verano de Zapatero
Lorenzo Contreras Estrella Digital  26 Julio 2005

En el tobogán del error
José Javaloyes Estrella Digital  26 Julio 2005

En la recta final del curso
Pablo Sebastián Estrella Digital  26 Julio 2005

Batasuna reconoce que reactiva la «kale borroka» para ganar poder político
JORGE SÁINZ ABC 26 Julio 2005

Iñaki Ezkerra pide la creación de «otro partido socialista nacional»
Redacción LR 26 Julio 2005

El confidente Cartagena: "¿Cómo es posible que haya ocurrido algo así con lo que yo os he contado?"
Libertad Digital 26 Julio 2005

Marín: "Todos los grupos se querían cargar al personaje y aquello funcionó como un tiro"
Europa Press Libertad Digital 26 Julio 2005

Telesforo Rubio aparta a la cúpula antiterrorista para colocar a personas de confianza sin experiencia
Libertad Digital 26 Julio 2005

La Generalidad blinda el uso del catalán en su Plan de acción de Política Lingüística
Europa Press Libertad Digital 26 Julio 2005

Los lugares más turísticos serán señalizados en japonés
M. D. M. ABC 26 Julio 2005

 

Nación, soberanía, autonomía
POR MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS ABC  26 Julio 2005

... Acaso resulte aconsejable, en determinados casos, ir en la dirección opuesta, o sea que el Estado recupere determinadas competencias antes cedidas. Ortega, en 1932, lo tenía claro y así lo exponía. En la presente situación española debemos recordar...

CONVIENE emplear las palabras con precisión, dando a cada una de ellas su contenido propio, según el contexto en que se inserten. El debate se hace estéril si los interlocutores olvidan, o menosprecian, las reflexiones anteriores sobre la materia. Y el debate nos lleva a la confusión total cuando las opiniones se emiten sin tener en cuenta la realidad que da fundamento a nuestros saberes.

La Nación es un concepto elaborado a lo largo de varias generaciones de estudiosos de la política. Simultáneamente a estos propósitos de exactitud conceptual ha habido poetas y propagandistas entusiasmados con la idea de movilizar las voluntades ajenas mediante la utilización de los sentimientos profundos de los pueblos.

Se llega así a una idea de Nación que es homóloga con la idea de Nación de la ciencia política. No es la misma, ni es análoga. Es homóloga.

Al afirmar que son piezas del discurso homólogas entre sí, ni análogas, ni parecidas, estoy admitiendo que corresponde a las estructuras proporcionar sentido definitivo a sus componentes. Veamos. Un cuadro de madera, por ejemplo, puede ser el asiento de una estructura que llamamos sillón, y ese mismo cuadro de madera puede ser la tapa de otra estructura que llamamos caja. «Asiento» y «tapa», siendo el mismo cuadro, no son lo mismo. Resultan piezas homólogas entre sí.

La Nación en el texto constitucional español, como componente básico del Ordenamiento, tiene en esa estructura un significado distinto del que posee en una oda literaria o en un discurso de propaganda política. La Nación, en una normativa jurídico-política (como es la normativa constitucional), no debe entenderse como simplemente jurídica, ni tampoco como simplemente política.

He de repetir aquí algo que tengo dicho. La Constitución es una norma jurídico-política que se proyecta sobre una realidad jurídico-política. No es una mera norma jurídica. Ni un precepto político.

La Nación, en el Ordenamiento español de 1977, entidad jurídico-política, es la titular de la soberanía, y así se proclama en las primeras líneas del preámbulo. Y la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles, ocupa el lugar de los cimientos del edificio, y realiza su cometido como tal, conforme a lo establecido en el artículo 2.

No es lícito utilizar la idea constitucional de Nación para aplicarla a realidades que han sido generadas por decisión soberana de ella. La autonomía no es soberanía, sino un fruto o producto de la soberanía.

El 13 de mayo de 1932, cuando se discutía en las Cortes el Estatuto de Cataluña, don José Ortega y Gasset pronunció un discurso que, más de 70 años después, conserva actualidad, con una gran fuerza de convicción. «Recuerdo -afirmó el gran maestro- que hubo un momento de extremo peligro en la discusión constitucional, en que estuvo a punto, por superficiales consideraciones de la más abstrusa y trivial ideología, con un perfecto desconocimiento de lo que siente y quiere, salvo breves grupos, nuestro pueblo, sobre todo, de lo que siente y quiere la nueva generación, se estuvo a punto, digo, nada menos que de decretar, sin más, la Constitución federal de España».

La fórmula federal le aterraba a Ortega. Y se lamentaba de la imprecisión, fruto del desconocimiento, con que se empleaban una serie de vocablos: soberanía, federalismo, autonomía. «Soberanía -puntualiza- significa la voluntad última de una colectividad. Convivir en soberanía implica la voluntad radical y sin reservas de formar una comunidad de destino histórico, la inquebrantable resolución de decidir juntos en última instancia todo lo que se decida... Una amenaza a la soberanía unida, o que deje infectada su raíz, es el camino por el que iríamos derechos y rápidos a una catástrofe nacional».

¿Y qué es, entonces, la autonomía? La respuesta de Ortega es rápida, directa: «Autonomía significa, en la terminología jurídico-política, la cesión de poderes; en principio no importa cuáles ni cuántos, con tal que quede sentado de la manera más clara e inequívoca que ninguno de esos poderes es espontáneo, nacido de sí mismo, que es, en suma, soberano, sino que el Estado lo otorga y el Estado lo retrae y a él reviene. Esto es autonomía».

Volvamos a la Nación, una idea de la que se computan ahora las numerosas acepciones de la misma. Es cierto -y se recoge en los manuales al uso de Derecho Político- que hay varias maneras de entender la Nación. En la historia del pensamiento los autores nos han ofrecido interpretaciones distintas de la Nación.

Pero esto no debe llevarnos a afirmar que en el vigente Ordenamiento constitucional español la Nación puede entenderse de diferentes modos. La Nación en la presente estructura jurídico-política de España es la titular única e indivisible del poder constituyente. No tienen cabida, en nuestro Ordenamiento, varias Naciones.

La variedad de ideas sobre la Nación es consecuencia de su inserción en diferentes estructuras. Si retomamos el ejemplo del cuadro de madera que puede ser asiento o tapa, según que esté en un sillón o en un cajón, la Nación en una estructura preestatal, en una federal o en una confederal, no es lo mismo que en nuestro Estado de las Autonomías. Y fuera de las organizaciones jurídico-políticas, la Nación se emplea con significados plurales en la literatura narrativa, en los discursos propagandísticos y en la poesía.

Pero la Nación, en el actual Ordenamiento español, tiene un significado preciso y juega en él un papel que no cabe constitucionalmente desvirtuar.

Y nos queda una última anotación sobre la autonomía, en la línea trazada por Ortega en las Cortes republicanas. Con la autonomía se ceden competencias por el Estado, el cual puede ampliarlas, siempre que la Constitución lo permita, y puede el Estado recuperar competencias cedidas por error o con efectos indeseados. El proceso de transformación del Estado de las Autonomías no ha de marchar necesariamente en la dirección de aumentar las transferencias de poder a favor de las comunidades. Acaso resulte aconsejable, en determinados casos, ir en la dirección opuesta, o sea que el Estado recupere determinadas competencias antes cedidas. Ortega, en 1932, lo tenía claro y así lo exponía. En la presente situación española debemos recordar la buena enseñanza.

La tolerancia en beneficio del terrorismo
EDITORIAL Libertad Digital  26 Julio 2005

La policía británica ha identificado este lunes a dos de los supuestos terroristas que participaron en los atentados cometidos el pasado día 21 contra tres estaciones de metro y un autobús. Todavía no se ha hecho público su perfil biográfico, pero dada su juventud –24 y 27 años- no es improbable que, al igual que los detenidos por la masacre del 7-J, se traten de hijos de inmigrantes, nacidos ya en Gran Bretaña.

En cualquier caso, baste echar un vistazo al sondeo que publicaba hace unos días The Daily Telegrah para darse cuenta nuevamente de que en Europa se abren las puertas y se inculca el odio contra la propia civilización occidental. Nada menos que la cuarta parte de la población musulmana británica, segun el sondeo, “simpatiza con los motivos” de los terroristas suicidas. Casi un tercio de los británicos de religión musulmana cree que la sociedad occidental es “decadente e inmoral” y que es preciso ponerle fin, aunque “sólo” un uno por ciento de quienes así piensan reivindican la violencia para llevarlo a cabo. En cualquier caso, un 16 por ciento de los musulmanes británicos no sienten “lealtad alguna” hacia el país que les ha acogido y del que son ciudadanos.

A la vista de estos datos, se pone nueva y dramáticamente de manifiesto hasta qué punto el principio popperinano de que “debemos ser intolerantes con los intolerantes” es una proclama tan lógica como carente aún de aplicación práctica. En nombre del pluralismo y de la libertad religiosa se está dando cancha, en realidad, a quienes predican –y practican- en nuestro propio suelo la lucha contra el “infiel”. El Islam es una religión que, literalmente, predica la lucha contra los valores occidentales. Europa debería cerrar sus puertas, expulsar y negar la ciudadanía a todo aquel que haga una lectura ortodoxa del Corán y que no esté dispuesto a desviarse del Libro en pro de una pacífica convivencia con los ateos, los cristianos, los judíos o cualquier otra confesión religiosa. El mundo libre no puede ser una sociedad abierta al totalitarismo.

De la misma forma que la libertad política ha exigido escrutar, detectar y denunciar los rasgos liberticidas en algunas ideologías políticas como el nacionalsocialismo, la libertad religiosa reclama eso mismo frente a confesiones con pulsiones totalitarias tan expresas como las que manifiesta el Islam. De la misma forma que la izquierda abertzale estaba –y debía seguir estando- acosada legal y policialmente para impedir su apoyo y su apología del terrorismo nacionalista, los islamistas deberían ser vigilados para que sus prédicas no deviniesen en apoyo y apología del terrorismo islámico.

Eso, por no hablar de los sectores políticos y mediáticos occidentales que, ajenos a motivaciones religiosas, comparten, sin embargo, con los islamistas su odio a la civilización occidental. Ese odio compartido les lleva a justificar las masacres terroristas como respuesta a unos supuestos agravios perpetrados por los occidentales fuera de sus fronteras: Bien sea en una guerra, como la que, después del 11-S, libró a Irak del genocida de Sadam Hussein, bien sea por el “mar de injusticias” del que nos hablara ZP.

Lo que está claro es que Atenas no sobrevivirá si alberga en su seno a tanto partidario de Esparta.

Una Europa más segura
Por VALENTÍ PUIG ABC  26 Julio 2005

LA suma de los atentados de Londres y la crisis europea del «no» francés y holandés es turbadora, tanto por el elemento del islamismo radical enquistado como por una irresolución equiparable al fracaso de la Comunidad Europea de Defensa en los años cincuenta. Toda la trama terrorista que dimana de los Hermanos Musulmanes y llega hasta Al Qaida es la peor amenaza para la Unión Europea y para Occidente, para sociedades abiertas cuyos valores compartidos no excluyen la obviedad del miedo y de la inseguridad. Después del fin de la guerra fría, Europa necesita más que nunca sentirse segura. LA OTAN es algo realmente curioso: fue fundada para contrarrestar el expansionismo soviético, pero en su más de medio siglo de existencia la única invasión perpetrada en el territorio de uno de sus paísesmiembro fue en el Atlántico Sur, cuando Argentina intentó ocupar las Islas Maldivas. Otro rasgo curioso: cuando con el 11-S la OTAN invocó el artículo 5 -es decir, que un ataque contra uno será considerado como un ataque contra todos- aquel macroatentado terrorista no procedía de una nación identificable.

Frente al buenismo y la lírica universalista, no es retórico insistir en la indisolubilidad del binomio libertad-seguridad. Entre otras cosas, ese fue el fundamento racional o moral de la constitución de la Alianza Atlántica, de cuya razón de ser pueden dimanar soluciones a los retos de la Europa actual y para el conjunto de Occidente, en el sentido de naciones-Estado que conviven bajo el imperio de la ley, como sociedades abiertas. Frente a esa realidad están los hermetismos ancestrales, la confusión integrista entre las lindes del Estado y de la Iglesia o la falta de sustanciación cotidiana de los derechos del individuo ante los efectos de succión de una comunidad basada en una u otra noción absolutista. De esas cosas saben mucho los países que estuvieron bajo la férula del pacto de Varsovia y hoy acuden a Bruselas para negociar cupos en la política agrícola o para reafirmar principios elementales de seguridad colectiva.

La entrada de los tanques soviéticos en Praga, en 1948, acaba con el intento de Truman de incorporar Rusia al proceso europeo. Nace la OTAN en 1949. A principios de los años cincuenta, en plena guerra de Corea, Francia propone la Comunidad Europea de Defensa, la CED, consistente en un ejército supranacional europeo que sustituía los ejércitos nacionales. Es decir: para que Alemania no se rearmase, la salida era que los alemanes participasen en una fuerza militar europea. El proyecto, con el visto bueno de Washington y Londres, había sido asumido por seis países: estaban Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Luxemburgo e Italia. Después de concebir el proyecto, París exige y negocia cláusulas de todo tipo, pero sin una previsible mayoría parlamentaria suficiente. Al final, el dilema fue a parar a manos de Pierre Mendés-France. Sin entusiasmo, puso el asunto a votación. La sesión fue muy agitada y la Asamblea Nacional rechazó la CED. Los diputados partidarios del rechazo neutralista cantaron «La Marsellesa» desde sus escaños. Entre otros, habían votado juntos comunistas y gaullistas.

En sus memorias, Aron dice que esa fue la más grande querella ideológico-política en Francia desde el asunto Dreyfus. Al final, Washington y Londres dieron las garantías necesarias a París, para que Alemania ingresara en la OTAN en mayo de 1955: se preparaba el Tratado de Roma. Aquella situación tiene algunas semejanzas con la crisis actual. En el «Wall Street Journal» Simon Serfaty ha escrito que, como ahora, no se trataba para Washington o Londres de aprovecharse de la desazón francesa, sino de mostrar el liderazgo de confianza que era del todo necesario en aquella fase crítica. Luego, vino la Unión Europea Occidental, que, como es sabido, sirvió de poco. Para ser útil ya estaba la OTAN.

vpuig@abc.es

Tirar a matar
Por CARMEN MARTÍNEZ CASTRO ABC  26 Julio 2005

MIRAR a Londres este dramático mes de julio resulta tan sobrecogedor como instructivo; allí se está desarrollando a toda velocidad un modelo de respuesta de las democracias occidentales en su guerra contra el terrorismo yihadista y a nosotros, que fuimos incapaces de elevarnos sobre la magnitud de la tragedia del 11-M, nos ofrece un espléndido objeto, si no de emulación, al menos de análisis y estudio.

La última lección del manual que se empezó a escribir el 7-J tiene por título: «Tirar a matar». Más allá de la muerte accidental y trágica de un ciudadano inocente, que tendrá que ser investigada hasta el final, lo que está en discusión son las instrucciones de la Policía británica para hacer frente a la amenaza terrorista. Los agentes tienen orden de «tirar a matar». Muchos consideran que se ha consagrado el estado policial y que Gran Bretaña ha sido la primera democracia en sucumbir al ataque del islamismo criminal. El análisis podría ser válido si no olvidara algo fundamental, como es la naturaleza del riesgo al que hacen frente los policías británicos. No están ante un peligro lejano, genérico e inconcreto, sino ante la certeza de que otro comando terrorista anda suelto en Londres con la intención de provocar una nueva matanza similar al 7-J. No se trata de un debate conceptual sobre la manera de atajar el extremismo islámico, se trata de evitar que quienes fracasaron la semana pasada puedan lograr su macabro objetivo cualquier día de estos. Ésa y no otra es la naturaleza de la amenaza: el asesinato inmediato de varias decenas, tal vez cientos, de personas. Desde esa perspectiva, acaso la respuesta de Scotland Yard no resulte tan desmesurada.

Curiosamente la sociedad británica parece estar mucho menos alarmada que nosotros por la calidad de su democracia, tal vez porque nunca han dudado de ella. Tampoco cuestionan su política exterior, sus intereses nacionales o su historia. Aquí, por el contrario, andamos enfangados en la revisión permanente, en la estéril tarea de tejer y destejer los consensos más elementales. Del mismo modo, nos pasamos la vida extendiendo y retirando certificados de pureza democrática, ahora también a los ingleses y siempre a las Fuerzas de Seguridad. Cualquier individuo uniformado en España está obligado a demostrar en todo momento su impoluta fe democrática. Treinta años después de la muerte de Franco tantos recelos resultan miserables; en democracia el policía no es un enemigo, ni un sospechoso liberticida, es el funcionario que garantiza nuestra seguridad y, por tanto, nuestra libertad.

No parece que Inglaterra se vaya a despeñar por los abismos del totalitarismo; no estamos ante la resurrección del estado policial sino ante el desentumecimiento de una sociedad en guerra por su legítima defensa. Ellos ya han comenzado, nosotros seguimos sin enterarnos.

Contra la barbarie

Por JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL PROFESOR DEL INSTITUTO DE EMPRESA ABC  26 Julio 2005

Si la base ética de la integración europea reside en el respeto al otro y el rechazo al odio y a la xenofobia -el autor toma la idea de Joseph Weiler-, «imponer un estado policial sería dar la razón a los terroristas»

LOS atentados de Londres y de Sharm el-Sheij han vuelto a poner de relieve que el terrorismo islamista no conoce fronteras y que está cada vez más presente en el escenario de la globalización. Se trata de una lucha de fanáticos totalitarios contra moderados dentro del Islam y un desafío a la libertad en los países occidentales. Es urgente acertar con las medidas y no será sencillo, puesto que muchas de éstas deben ser europeas o fruto de la cooperación internacional entre democracias. Por otra parte, no valen las respuestas que desprecian los límites éticos y legales, ni tampoco las que se apoyan en el discurso relativista sobre la validez de los valores occidentales.

Vayamos por partes. El terrorismo ataca las raíces mismas de la democracia y es lógico responder en primer lugar desde los gobiernos, celosos a la hora de proteger a sus ciudadanos. Sin embargo, no pocas medidas necesarias en la lucha antiterrorista superan el nivel nacional, que se queda corto en este terreno. La Europa de veinticinco estados tiene algo de avanzadilla de la globalización y sus altas cotas de libertad la hacen estar muy expuesta los ataques. Las oportunidades para el terror son mayores en un espacio económico muy unificado con libre circulación de personas, que recibe cada vez más inmigrantes de países musulmanes en el seno de sociedades multiculturales y abiertas. El problema es que los esfuerzos de los países europeos por combatir mejor al terrorismo, además de coordinación y asistencia mutua, requieren un mayor grado de integración política, justo en el momento en el que la Unión atraviesa una crisis de confianza ciudadana profunda, apenas hay líderes y predominan las lógicas nacionales sobre las visiones europeas.

La buena noticia es que la presidencia británica de la UE va a concentrar sus esfuerzos en llevar a cabo políticas concretas. Este giro tal vez presagie la vuelta a la clásica legitimidad europea basada en resultados, siguiendo la mentalidad de pequeños pasos y el objetivo de la solidaridad de hecho propuesto en los orígenes del proceso integrador. La idea inicial británica era dar prioridad en la agenda semestral a las reformas económicas y sociales pero, a la vista de la ofensiva terrorista global, las cuestiones de seguridad y la cooperación policial y judicial deben ocupar ahora toda la atención europea.

Un problema patente es que Bruselas aún no tiene los procedimientos ni los instrumentos adecuados para responder con eficacia al terrorismo, como estamos viendo en la difícil aplicación de la orden europea de detención y entrega. En el llamado «tercer pilar» apenas participan la Comisión, el Parlamento y el Tribunal de Justicia, no se puede legislar por mayoría en el Consejo y todavía los jueces nacionales no actúan como jueces europeos en esta materia. Aun así, en estos últimos años se han dado pasos importantes en la lucha antiterrorista desde la Unión y se puede hacer más con voluntad política y esfuerzo sostenido. La ironía es que el verdadero salto cualitativo lo daba la Constitución europea, que consagraba las ideas españolas sobre creación de un espacio de libertad, seguridad y justicia de carácter federal.

Por otra parte, en cuestiones de inteligencia todos los occidentales, y no sólo los europeos, caminamos a tientas. Es necesario generar y compartir nueva inteligencia sobre el terrorismo islamista. Hace años un informe del Congreso de EE.UU. sobre las amenazas a la seguridad mundial tras la guerra fría alarmaba sobre aquello que «no sabemos que no sabemos». La falta de información y análisis sobre el terrorismo islamista de origen europeo parece confirmada por los atentados de Londres del 7 de julio, realizados por ciudadanos británicos suicidas bien integrados en su país.

En un plano más general, ha llegado el momento de superar las absurdas divisiones entre europeos y entre ambas orillas del Atlántico que merman la eficacia de la cooperación en este terreno. En el interés de todos los países occidentales está ganar la paz en Irak, hacer avanzar al proceso palestino-israelí y promover reformas democráticas en los sistemas de gobierno de los países musulmanes, también mediante la influencia sin complejos para que los medios de comunicación y los sistemas educativos promuevan un modelo de sociedad compuesta por individuos iguales y libres.

Finalmente, cualquier medida debe afirmar valores occidentales en su planteamiento y no sólo en su justificación. El terrorismo es un ataque a la dignidad humana, a la libertad y la tolerancia y a los derechos fundamentales. La respuesta europea debe simbolizar todo este mundo axiológico. Joseph Weiler ha sugerido que la esencia ética del proceso de integración europeo es el tratamiento respetuoso del otro, desde la no discriminación hasta el rechazo de la xenofobia y el odio colectivo. Los europeos hemos aprendido que contra el terrorismo no sirven los atajos. Imponer un estado policial sería dar la razón a los terroristas, más aún cuando se trata de una lucha en la que la victoria completa sólo aparecerá a largo plazo, los resultados positivos son poco vistosos y las buenas noticias con frecuencia no son noticia.

Al mismo tiempo, el enemigo está en casa no sólo bajo la forma de minorías fanáticas. En Europa debemos combatir la barbarie por la que se deconstruye en clave postmoderna cualquier visión sustantiva de los valores democráticos. No hay justificación posible de ningún terrorismo. Parte del problema para vencer esta forma de crimen organizado son el relativismo de nuestras sociedades y la falta de creencia en los valores ilustrados que deberían cohesionarlas. Como ha explicado Alain Finkielkraut, este relativismo lleva a igualar de modo adolescente y peligroso a las civilizaciones y culturas y desemboca en el elogio de la servidumbre y la prevalencia del grupo arcaico sobre el individuo.

Volvamos al principio. La actual crisis de la Unión en buena medida es una crisis de identidad, relacionada con el crecimiento imparable de competencias y de número de estados en los últimos veinte años. Se critica a Bruselas porque hace demasiadas cosas, pero también por sus omisiones. La falta de eficacia en la lucha contra el terrorismo del nivel europeo dañaría aún más su aceptación social, mientras que el acierto en este terreno sería su mejor justificación. Permitiría a medio plazo dar el paso de una Unión concebida como un conjunto de políticas a una Europa imaginada como una comunidad política atractiva.

Carta de París
El espíritu de Munich
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 26 Julio 2005

Ante la nueva ofensiva del terrorismo islámico en el Reino Unido, en Egipto y en otros lugares, la opinión pública, los medios y la clase política reaccionan como siempre: con cobardía y espíritu muniqués cargado la culpa de todo a los Estados Unidos y a sus aliados. Ya sea Inglaterra o Israel, Dinamarca o Egipto. Porque después de los atentados de Sharm el Sheij, que han matado a más de noventa personas, nos hemos enterado por la prensa gala que Egipto es un firme aliado de los americanos. En el editorial de Gerard Dupuy en Liberation se asegura que el trágico error de Scotland Yard matando a un brasileño que, por lo visto, no tenía nada que ver con el terrorismo, así como la brutalidad de la policía egipcia tras el atentado de Taba constituyen peores remedios que la enfermedad, que nutren y justifican el terrorismo. O sea, implícita pero claramente, se nos dice que para luchar contra el terror lo mejor es no hacer nada. Opinión ampliamente compartida aquí.

Tras la condena diplomática y ritual del terrorismo y los mensajes de pésame a los pueblos británico y egipcio, las autoridades francesas mantienen la misma postura hipócrita y embustera, puesto que la guerra de Irak es la que ha desencadenado todo. Puesto que Francia ha condenado dicha guerra y apoyado (inútilmente) a Sadam Hussein está a salvo del peligro terrorista, y si no totalmente, mucho más que los aliados de Estados Unidos. Resulta, sin embargo, que Egipto no ha enviado tropas a Irak (envió un embajador y lo decapitaron). Formó parte de la coalición en el primer acto de la guerra del golfo, pero Francia también. Por si esto fuera poco, en un reciente mensaje de Al-Qaeda, la banda amenaza a toda Europa con represalias y se la acusa de sangrientas agresiones imperialistas contra el mundo musulmán, particularmente en Irak, sí, pero también en Afganistán y Palestina. Francia curiosamente participa de la “agresión” imperialista en Afganistán aunque bien es cierto que apoya política, mediática y militarmente a los palestinos desde hace decenios. Pero no ha roto sus relaciones con Israel y, para colmo de la provocación, va a recibir a Sharon en visita oficial estos días. O sea, que la duda comienza a instalarse.

¿Estará Francia realmente a salvo del terrorismo? Mucho antes de la guerra de Irak ya sufrió atentados por parte de terroristas iraníes, argelinos y de los grupos de mercenarios del “subcomandante Carlos”. Como en el país de los ciegos los tuertos reinan ese casi apuntaba antes va creciendo y comienzan a leerse y oírse comentarios de quienes temen que Francia no esté a salvo, que el islam radical ha declarado una guerra total a Occidente y que hay que defenderse. En este sentido me llamó la atención que se repita –muy minoritariamente, no nos hagamos ilusiones– el ejemplo de Zapatero, como nuevo Petain, claudicante y colaborador, ofreciendo la “Alianza de civilizaciones” al nazismo como Zapatero al islam terrorista.

Egipto es una potencia árabe pero no tiene un régimen totalmente islámico como el talibán, como Arabia Saudita o Pakistán, pongamos. Egipto apoya la “insurgencia” islámica pero fuera de sus fronteras y no tolera desórdenes y, menos aún, atentados en su suelo. Lo cual implica dos cosas, ¿cómo aliarse con unos países que subvencionan a terroristas y luchan contra otros, todos ellos islámicos? No es inútil señalar, asimismo, que tanto en Egipto como en Indonesia los atentados van esencialmente dirigidos contra intereses y ciudadanos occidentales, y muy concretamente contra el turismo, porque el turismo simboliza la decadencia absoluta y la inmoralidad anticoránica de nuestro podrido occidente.

Insaciables
Editorial ABC  26 Julio 2005

EL comienzo de este breve comentario editorial enlaza con el final del anterior, porque lo que dijo ayer Carod-Rovira es parte de un mismo escenario de múltiples derivadas, que se cruzan o sobreponen en función de las circunstancias. El dirigente de ERC cree que el Estatut no es el fin, sino el comienzo de una larga carrera en la que el listón de las exigencias soberanistas se iría elevando de acuerdo con el momento político. Dicho de otro modo: que esto no ha hecho más que empezar y que van a por todas. Confesión de parte que no sorprende a nadie, pero que pone en evidencia que el problema de España no es semántico, sino de concepto.

De manual
Editorial ABC  26 Julio 2005

BATASUNA lee el libro de instrucciones y cumple fielmente los pasos del manual. El siniestro rigor con que aplica y planea su estrategia deja al descubierto muchos flancos en la táctica desplegada por el Gobierno. La coalición proetarra violenta la calle, donde empieza a campar abiertamente a sus anchas sin que nadie parezca capaz de detenerla. El guión está escrito: tensar ahora para cobrar protagonismo político en un otoño que aparece marcado en el calendario como un tiempo extremadamente difícil. Batasuna tiene claro su objetivo: plantarle cara al Estado forzando al máximo a un Gobierno con demasiados frentes abiertos. Desde Cataluña al País Vasco, pasando por Galicia, que emerge con fuerza propia en el complejo paisaje político.

EL SILENCIO VASCO
EDURNE URIARTE ABC  26 Julio 2005

Hay una diferencia demoledora entre la nueva kale borroka y el renovado protagonismo de ETA en la política vasca y la situación de hace tres o cuatro años. Ahora están rodeados de silencio, de pragmatismo y de resignación. ETA ha perdido una buena parte de su capacidad de atentar, pero ha recuperado poder político. Tanto, que, tras un acto ilegal, reiteradas muestras de apología del terrorismo y agresión de los batasunos a varios ertzainas, Arnaldo Otegi ha amenazado con denunciar a los agredidos ante los tribunales de justicia. ¡Qué terrible burla al estado de derecho, a la democracia y todos los ciudadanos que han resistido al terrorismo durante estos largos años! Como diría Antonio Burgos, dan ganas de pedirse el pasaporte inglés, y aún más cuando analizamos por qué nos pasa esto.

Si Otegi se vuelve a reír con esa desfachatez de todos los demócratas es porque el Gobierno socialista ha puesto patas arriba la política antiterrorista acordada con el PP. Mantiene la lucha policial, sí, pero ignora la ley de partidos. Y el brazo político de ETA ocupa de nuevo la calle, amenaza como en los viejos tiempos, y, sobre todo, controla las posiciones políticas pertinentes para abordar la mesa de negociación sobre la autodeterminación. A estas alturas, las pruebas de las conexiones del PCTV con ETA son abrumadoras. La propia ETA lo proclama con total tranquilidad en el Zutabe, quizá indiferente a una acción del estado que no espera; porque sabe, y ahora también todos los demás, que ésta es una de las condiciones de la negociación.

Y todo esto ocurre mientras el silencio se adueña del constitucionalismo vasco y de aquella movilización antiterrorista que pareció revolucionar la política vasca desde fines de los noventa. El constitucionalismo murió cuando el PSOE prefirió buscar un nuevo acercamiento al PNV, y la movilización antiterrorista se quebró cuando una de sus dos patas esenciales, la de los socialistas, quedó atrapada por la nueva estrategia de Zapatero. Los movimientos cívicos ni entienden ni apoyan sus planes de negociación, pero la izquierda que participa en ellos está confusa y desea evitar una ruptura traumática dentro del socialismo. El resultado es que los etarras se aprestan a dirigir el futuro político del País Vasco y no está claro que quede alguien para impedirlo.

Y el silencio se espesa con tantos y tantos pragmáticos que confían en que toda esta degradación de las reglas democráticas servirá para el fin del terrorismo. Si el fin viene acompañado de su victoria política, es decir, de la negociación sobre el derecho de autodeterminación, bueno...es el coste de la paz. Y a ellos se suman los resignados, los agotados con este problema vasco que parece no tener fin. El silencio se abate como el plomo sobre la libertad, la justicia, la resistencia y todas aquellas palabras. Y los goras a ETA del fin de semana se escuchan con total claridad.

Teoría del caos
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 26 Julio 2005

El meteorólogo Edward Lorenz nos había descubierto hace más de 40 años una brillante formulación de la teoría del caos, según la cual el aleteo de una mariposa en Pekín el día de hoy determina extraordinarios cambios climáticos en Nueva York el mes que viene. En consecuencia, mi señor Zapatero, no debería haber razón para asombrarse de que si un presunto terrorista muere en accidente automovilístico en la localidad francesa de Cahors tal día como un miércoles, las cuatro noches siguientes se produzca en Euskadi un rebrote de la forma de terrorismo conocida como 'kale borroka' con una intensidad desconocida en los últimos tiempos. Asaltos a cajeros automáticos y entidades bancarias, a un juzgado de paz en Amorebieta, un artefacto en la casa del pueblo de Derio, un 'cóctel molotov' contra el domicilio de la concejala socialista de Azpeitia, Manuela Uranga, destrucción del mobiliario urbano en Ondarroa y así.

No ha hecho falta que pasara un mes, pero debemos convenir que Euskadi y Cahors están mucho más cerca que Pekín y Nueva York. Las distancias ya no son lo que eran. Usted mismo estaba el viernes en Pekín y el domingo por la mañana ya se encontraba en Guadalajara, haciéndose cargo de los efectos del incendio que arrasó la comarca del Alto Tajo.

En lo que llevamos de año, presidente, ya se han producido más actos de terrorismo callejero, con perdón del juez Pedraz, que en todo 2004. Si se toma la molestia de examinar los hechos calendario en mano, comprobará que la 'kale borroka' se recrudece a partir del mitin de Anoeta. La estrategia no puede decirse que sea muy sofisticada: a Dios rogando y con el mazo dando. Las expectativas de negociar y la impunidad crean en la actualidad un clima mucho más adecuado para ello que el difunto Pacto Antiterrorista y la derogada Ley de Partidos. Ahí están los hechos que no nos dejarán mentir ni hacernos los distraídos.

Qué paradoja, presidente, que mientras el Gobierno vasco califica de «terrorismo» la barbarie callejera que se ha enseñoreado de nuestras calles estos cuatro días, algunos teóricos de su partido hayan dado con el extraordinario hallazgo conceptual de bautizar como «violencia contenida» el terrorismo etarra, por el hecho de que no se ha consumado ningún asesinato desde el doble crimen de Sangüesa el 29 de mayo de 2003. ¿No lo han intentado? ¿Lo han intentado, pero poco? ¿No han podido? Todo esto forma parte de una discusión académica de poca enjundia. El objetivo principal del terrorismo no es tanto asesinar como imponer sus tesis. El terrorista es también un 'homo economicus' y no empleará un coche bomba si le basta el incendio de un cajero automático para salirse con la suya. No es violencia contenida, presidente. Nos están aplicando el terrorismo en dosis homeopáticas.

La herencia de Pujol
ANTONIO PAPELL El Correo  26 Julio 2005

El futuro de la reforma del Estatuto catalán está lleno de incógnitas. Pero la que se plantea en primer lugar, antes de que la propuesta llegue a Madrid a someterse al inflamado debate que se prepara, está escenificándose en Cataluña: para prosperar, la iniciativa ha de contar con la aquiescencia de Convèrgencia i Unió, ya que de otro modo no dispondrá del respaldo de los dos tercios de la Cámara catalana, exigido por el Estatuto vigente. Y, como se conoce, CiU no parece estar muy dispuesta a secundar una reforma que, de salir airosa, sería indudablemente capitalizada por las fuerzas que forman el tripartito y gobiernan la Generalitat.

El argumento que, más o menos explícitamente, subyace a la negativa -evidentemente provisional- de CiU es el siguiente: después de un período de 23 años de hegemonía 'convergente', encarnada por Jordi Pujol, durante el cual no llegó a plantearse la reforma estatutaria, sería absurdo que los epígonos de quien fue el gran constructor de Cataluña, mucho más soberanistas que el patriarca, aceptasen ahora una reforma estatutaria que consideran 'a la baja' y que, por añadidura, llenará de gloria a sus enemigos políticos.

Este planteamiento, además de ruin, es falaz. Porque cuando Pujol ganó precariamente las elecciones catalanas de 1999, las últimas a las que se presentó, y decidió gobernar en minoría sin atender los requerimientos de coalición que pudo haber formado tanto con el PSC como con ERC, acordó con el PP un pacto relativamente cómodo: la formación gubernamental, que poco después conseguiría mayoría absoluta para cumplir otra legislatura, le concedía soporte parlamentario a cambio de una única condición: no proponer una reforma del Estatuto de Autonomía. Ya se sabe que para Aznar la estabilidad, en todos los sentidos, era un valor absoluto. Aquel criterio era la sublimación del conservadurismo.

Pujol aceptó la constricción, pero de sus innumerables manifestaciones se desprendía que el president ya maduraba la necesidad de llevar a cabo una revisión del marco estatutario, que supusiera una reforma del modelo de financiación, que había acreditado sus deficiencias e insuficiencias. Prueba de ello es que el sucesor, Artur Mas, llevaba en 2003 dicha propuesta en el programa electoral de CiU. Pero sus adversarios firmaron el pacto de Tinell para gobernar Cataluña y Mas se convirtió en jefe de la oposición.

Ahora se brinda la posibilidad de que Cataluña incremente sustancialmente su capacidad de autogobierno y mejore su financiación -aunque esta mejora deba llegar probablemente al margen de la reforma estatutaria-; es obvio, además, que el nuevo Estatuto, que habrá de ser el resultado de un pacto entre Cataluña y el Estado, no recogerá todas las aspiraciones de la nacionalista CiU, como tampoco incluirá en su integridad las pretensiones del tripartito. Pero, claramente, superará el marco vigente hasta el límite constitucionalmente posible. Se entendería, pues, mal que CiU frustrase este empeño con el pretexto de que el nuevo Estatuto no satisface todas sus aspiraciones: la situación sería la misma si CiU hubiera sido la fuerza impulsora de la reforma.

Es posible que la negativa actual de CiU a secundar el proceso estatutario sea sólo retórica y tenga por objeto conseguir ciertas compensaciones: en especial, un gran protagonismo en la escenificación del pacto estatutario y la garantía de que el tripartito no consumará su amenaza de reformar la ley electoral catalana en el sentido de acentuar la proporcionalidad, lo que perjudicaría especialmente a CiU. Evidentemente, está su derecho a formular tales reclamaciones, que con toda seguridad Maragall está dispuesto a atender.

No sería, en fin, digno del partido en el que todavía Jordi Pujol desempeña el liderazgo moral el mantenimiento de la intransigencia que exhibe Artur Mas. Hoy, cuando en Madrid existe abierta predisposición a revisar la concepción y la estructura del Estado de las Autonomías -sin permitir saltos en el vacío ni desmesuras anticonstitucionales pero con gran generosidad-, es la hora del posibilismo periférico. Y si importante es la consecución en cada caso del pacto entre el Estado y las comunidades autónomas que se plasme en el documento estatutario, más relevante es aún el pacto interno en cada comunidad para hacer posible que el proceso tenga lugar.

No es probable que CiU lleve sus actuales discrepancias hasta la ruptura del consenso estatutario, pero si Mas estuviera tramando semejante despropósito, debería considerar que su decisión disolvente no va en la dirección marcada por el fundador de su partido, quien siempre entendió magistralmente la necesidad de acomodar los deseos a las realidades.

El largo y cálido verano de Zapatero
Lorenzo Contreras Estrella Digital  26 Julio 2005

El largo y cálido verano ofrece un rico repertorio conflictivo. El incendio de Guadalajara ha hecho regresar precipitadamente a Zapatero de su viaje a China, sin aventurarse a perder más días en su proyectada gira de “negocios” a Japón. Las noticias sobre la impopularidad de su ausencia de España le han motivado a delegar la terminación de la “excursión” diplomática en la persona de su ministro de Asuntos Exteriores, señor Moratinos. El presidente del Gobierno intenta ahora maquillar su imagen, salpicada de protestas políticas, con abrazos, promesas y anuncios de que funcionará debidamente la providencia estatal. Mientras tanto, en las Cortes de Castilla-La Mancha los populares intentan abrir una comisión de investigación sobre las circunstancias que rodearon y rodean la catástrofe de Guadalajara. Era previsible que el PP, una vez mordida la pieza, no la iba a soltar. Es dudoso que la interposición del verano mitigue los ardores políticos. El “circo político” del que hablaba la madre de una de las víctimas del incendio no ha conseguido resolver el problema planteado en el terreno de los sentimientos, por mucho que el alcalde de uno de los pueblos visitados por Zapatero llore sobre su hombro, la gente de a pie no va a olvidar el pésimo funcionamiento de la gestión de esta tragedia, algo más que forestal, ni la evidente descoordinación de las administraciones central, autonómica y local.

Pero a Zapatero le esperan algo más que los rescoldos del incendio del Alto Tajo. Los nacionalistas vascos y su derivación abertzale empiezan a pisar otra vez el acelerador de sus reivindicaciones. Ya les importa menos la futura metodología del proceso soberanista que establecer las rampas de lanzamiento del torpedo que preparan. A ese objetivo final se le llama “proceso de normalización”. Lo ha dicho el dirigente de Batasuna Joseba Permach. Su optimismo sobre la evolución de los acontecimientos le ha producido intensas alarmas al presidente de la Autonomía navarra, Miguel Sanz, cuya primera reacción, previa a las intenciones que temía, fue hace pocas fechas solicitar del presidente Zapatero una entrevista aclaratoria sobre los “diálogos” Gobierno-ETA y la perspectiva de que Navarra entre como precio final en esas negociaciones posibles.

Los nacionalistas, por su parte, se ponen la piel del cordero. La propia Batasuna, en cuanto brazo político verdadero y todavía ilegal de ETA, le ha pedido a Sanz que recapacite y acuda a la mesa del diálogo. ¿Cuál y en qué amplitud de libertad? Eso está por saber. Pero he aquí que, desde el “tripartito”, la secretaria de Comunicación de Eusko Alkartasuna, Onintza Lasa, ha advertido lo siguiente: “Que nadie intente sustituir el verdadero debate por un mercadeo de transferencias”. De eso nada. Ellos no tienen prisas, o por lo menos las prisas encubiertas de ETA. Que el diálogo fluya hasta que aumente su caudal y aparezca el curso torrencial de las realidades. Y entonces veremos hasta dónde llegan los talantes. Y no sólo el de ZP. Porque cabe la probabilidad, cuando no seguridad, de que el Partido Socialista de Euskadi (PSE) se trague el anzuelo de la oferta del Gobierno vasco sobre la necesidad de “completar el Estatuto de Gernika”, mientras el portavoz de la Presidencia, Mikel Arana, insta al secretario general del PSE, Patxi López, para que “presione” a su propio partido en Madrid al objeto de obtener las 37 transferencias pendientes diseñadas en el Estatuto. Pero, ¿en qué quedamos? ¿Eso no es mercadeo?

Una vez más hay que prestar oído a la voz etarra transmitida por sus intermediarios. El ya citado Joseba Permach ha sido nítido en sus últimas declaraciones al diario abertzale Gara. Ha dicho: “Tanto ETA como el Gobierno español, al llevar (este último) la declaración que llevó al Congreso (de los Diputados), parecen evidenciar que puede haber voluntad de iniciar ese diálogo”. “Ese diálogo”, el que ya propuso Otegi desde el Velódromo de Anoeta. ¿Recuerdan? El presidente navarro, Miguel Sanz, al que Batasuna pide que recapacite, va a ser difícil que apague los pilotos de alarma. Se ve que es un exagerado. ¡Pero si todo va camino de la solución! No hay que darle importancia a ciertos síntomas. Lo importante es negociar “sin mercadeo”. Y mirar hacia otro lado cuando la kale borroka de las juventudes etarras reanuda su artillería a base de cócteles molotov.

En el tobogán del error
José Javaloyes Estrella Digital  26 Julio 2005

Del regreso electoral de los parlamentarios del terrorismo a la Cámara autonómica de Vitoria, al terrorismo de intensidad media: a la cloratita y el cóctel Molotov, y a la kale borroka o vandalismo de diseño, para amedrentar a las mayorías urbanas hostiles al nacionalismo en todas sus formas de expresión y de programa.

El abandono del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo (descontada la broma de la Alianza de Civilizaciones) y las inhibiciones programadas por la Fiscalía General del Estado, conforme las instrucciones recibidas desde la Presidencia del Consejo, permitieron que los llamados Comunistas de las Tierras Vascas se subrogaran en las urnas y en los escaños de Batasuna. Hicieron que ETA se reinstalara en la respetabilidad de unas instituciones ahora nuevamente burladas.

La violencia callejera y el terrorismo encajado otra vez en el entramado autonómico perturban el juego de la política general, aportan corriente al tendido electro-político de los nacionalismos periféricos y abundan en la desestabilización generalizada que envuelve la pormenorizada estrategia del presidente Rodríguez, en sus pactos con las minorías periféricas. El piropo obsceno que le dedicó Carod-Rovira (“primer presidente no ‘nacionalista’ de un Gobierno español”) orienta e instala en la duda sobre si estamos ante un error de esta Moncloa, o frente a un propósito sostenido y sistémico de amortización de lo nacional.

Por economía de la preocupación y por aplicación del beneficio de la duda, convendría inclinarse por la primera de las hipótesis, la del error, por más que deba recordarse la confesión del presidente del Gobierno, en sede parlamentaria, de que no percibía claridad suficiente sobre el concepto o la idea de nación. En cualquier caso, el dilema rebasa ideológicamente las bardas de la derecha y los límites de la izquierda, los pagos del Partido Popular y los predios históricos del PSOE, cuya E final parece arrastrar como jirón y despojo semántico que no quiere desprenderse.

Las observaciones del presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, Alfonso Guerra, sobre las dudas que le merece la modificación que introduce en las competencias del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana el proyecto de reforma estatutaria, consensuado por el presidente Camps y el socialista Pla (la confusión se generaliza y engulle también a la derecha valenciana), reitera la evidencia de que en el partido fundado por Pablo Iglesias tiene peso incuestionable la percepción suficiente de qué es lo constitucional y lo nacional, y el sentimiento adecuado de adhesión a ese modo de percibir lo español y la Ley Fundamental de la Nación y del Estado.

Lo que Carod dice de Rodríguez no lo podrá nunca decir de una mayoría significativamente representativa de los socialistas, desde Alfonso Guerra a Francisco Vázquez y desde Rodríguez Ibarra a José Bono y Felipe González: nombres que sobresalen en la defensa de lo nacional sobre los miles de afiliados y votantes de ese mismo partido. Una formación, el PSOE, que históricamente ha podido tener gravitaciones federalistas, pero no confederalistas, nacionalistas o austracistas.

Así las cosas, el error o la anorexia emotiva por lo nacional del presidente del Gobierno, terco en una negociación con el terrorismo que sólo ha traído lo que ahora se ve y soporta nuevamente en Euskal Herria, no deja de suponer problema muy grave para el mínimo consenso interno del PSOE. O el partido de Ferraz se define expresamente por la baja percepción de lo nacional desde la que opera la Moncloa, como peaje parlamentario para estar en el Gobierno, o por el contrario asume el disenso, en defensa de la unidad nacional de España, y coloca frente a sus responsabilidades a su secretario general y presidente del Consejo de Ministros.

No es asumible cualquier precio por ostentar el poder, del mismo modo que no es igual ostentarlo que detentarlo. Aun sumado lo incidental de una elección en el último congreso socialista y lo accidental de una victoria en las urnas al pie de los atentados del 11M, como supuestos previos, no cabe deslizarse indefinidamente por el tobogán del error.

jose@javaloyes.net

En la recta final del curso
Pablo Sebastián Estrella Digital  26 Julio 2005

El curso político camina hacia su final con una sensación doble de desasosiego y tensión, en la que han tenido parte destacada dos cuestiones de actualidad que han marcado la legislatura y que están relacionadas con la crisis de las relaciones institucionales y políticas entre el Gobierno y el Estado y las Comunidades Autónomas del País Vasco y Cataluña.

La tensión inagotable y de incierto resultado surgida dentro del propio Gobierno tripartito catalán, que se apresta a negociar y debatir las más de 500 enmiendas al texto inicialmente aprobado en la comisión de la Cámara catalana, da idea de las dificultades del caso, que además pone en entredicho el doble compromiso del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en su responsabilidad estatal y en su alianza con el Gobierno catalán. Lo que le sitúa en primera línea de conflicto en tres frentes simultáneos: el de su Gobierno aliado de Cataluña; el de los dirigentes del PSOE que se resisten a una reforma soberanista; y el puramente nacional, donde el Partido Popular ha encontrado una firme bandera de oposición.

Al día de hoy, el laberinto catalán tiene cerradas todas las salidas. Para empezar, en Cataluña por causa de las exigencias soberanistas de CiU y de ERC, frente a las posiciones del PSC, PSOE y PP. Y si sortean su primer escollo autonómico en las primeras semanas de septiembre tendrán que ver cómo consiguen el consenso nacional en el Congreso de los Diputados, previsto para los primeros días del 2006, o si se estrella en la intentona como le ocurrió al Plan Ibarretxe.

De momento, el coste político de todo ello es muy elevado para el presidente Zapatero, porque los españoles son cada día más conscientes del riesgo de toda esta reforma que, por causa de la minoría dominante de ERC —con sólo ocho diputados en Madrid—, pretende imponer la ruptura del sistema nacional de financiación autonómica, la reforma del poder judicial y la eliminación de la Constitución del concepto de España como única nación, entre otras muchas cosas, como la marginación del idioma español en Cataluña en beneficio del catalán.

Zapatero se precipitó al poner en marcha, con su compromiso ciego, la reforma catalana y ahora se ve en la necesidad de recoger velas en medio de la tormenta si no quiere que naufrague la nave del Gobierno tripartito de Barcelona y puede que a la vez su propio buque insignia, facilitando en cada caso la convocatoria de elecciones anticipadas, lo que nadie debería descartar en Cataluña ni en el ámbito nacional.

Asimismo, la crisis catalana ha ofrecido una clara imagen de debilidad del presidente del Gobierno. Y también de improvisación y precipitación, que es lo mismo que le ha ocurrido en el País Vasco en su intento de domar al lehendakari Ibarretxe y a la vez de abrir un proceso negociador con ETA. Dos cuestiones que están igual de empantanadas que antes, con el agravante de que se reforzó el frente nacionalista vasco al necesitar Ibarretxe los votos del PCTV (la nueva Batasuna) para seguir al frente del Gobierno vasco. Mientras que ETA se dedica más a dar señales de fuerza que de paz, en contra de lo que decía saber Zapatero. Como se ha visto en el último entierro de un etarra, en el que la antigua kale borroka ha vuelto a imponer su ley en la calle, demostrando la pérdida del control democrático que se había alcanzado con la Ley de Partidos y el Pacto Antiterrorista.

En ambos casos, el PP ha levantado la bandera de la oposición y ha coincidido con una mayoría de los españoles. Aunque el PP no haya hecho bien su función opositora en otros terrenos, como los que se refieren a los grandes errores del último Gobierno de Aznar que les llevó a la derrota del 14M tras los atentados de Madrid: la guerra de Iraq y la gestión política del 11M. Empeñado como está el aznarismo en endosar dichos errores al liderazgo de Mariano Rajoy, lo que lastra su despegue político, de ahí que el nuevo dirigente del PP pretenda renovar su equipo de gobierno a la vuelta del verano, dejando a Aznar y a los suyos en el sitial del pasado.

Uniendo estas últimas cuestiones a la política exterior de Zapatero veremos que el Gobierno del PSOE necesita también una renovación de proyectos y de personas; es decir, una crisis de Gobierno, si es que el presidente es consciente de lo que pasa en este y otros de los ministerios a sus órdenes, donde la gestión y los modales están muy lejos de las cotas mínimas exigidas para sentarse en el Consejo de Ministros. Lo ocurrido con los incendios, la energía eléctrica, el agua, la vivienda, agricultura, Fomento, Cultura y otros departamentos deja mucho que desear y merece un cambio de la gestión y de las personas responsables.

Porque si a la tensión vasca y catalana se le suma la de la mala actuación de parte de su Gabinete, el presidente Zapatero se encontrará con un otoño muy complicado. Y ello sin saber si sus socios de ERC le van a votar o no los Presupuestos Generales del Estado, sobre los que ya han lanzado sus amenazas para evitar recortes como los que, desde dentro y fuera del PSOE, se han planteado en cuestiones esenciales del nuevo Estatuto de Cataluña, que son de clara inconstitucionalidad.

De manera que tensión y desasosiego en esta despedida de curso e incertidumbre de cara al nuevo tiempo político que está por comenzar. Aunque de momento habrá que pasar los días que aún faltan del mes de julio, porque vista la dinámica actual de los acontecimientos, y al margen de las decisiones del último Consejo de Ministros —relativas al mundo audiovisual— todavía algún nuevo conflicto puede estallar.

Batasuna reconoce que reactiva la «kale borroka» para ganar poder político
El portavoz del PP en el Ayuntamiento de Bilbao, Antonio Basagoiti, asegura que la formación ilegalizada «prepara las elecciones locales de 2007»
JORGE SÁINZ ABC 26 Julio 2005

MADRID. Batasuna sigue cubriendo etapas en su presión para forzar un proceso de negociación con el Gobierno. Su nueva estrategia apunta ahora al próximo otoño como fecha clave para rehabilitarse como agente político de pleno derecho, para lo cual el entorno proetarra ha optado por relanzar con virulencia la violencia callejera. Así se desprende de una entrevista a Joseba Permach -uno de los portavoces de la formación- en el diario Gara, en la que habla de la vuelta de las vacaciones como el momento «para habilitar dinámicas que garanticen la participación real -de Batasuna- en el proceso» de negociación.

El responsable de la coalición ilegalizada reconoce que los últimos y reiterados episodios de «kale borroka», que tuvieron su punto álgido el pasado domingo en San Sebastián, cuando varios ertzainas se vieron obligados a disparar al aire para repeler una agresión, forman parte del instrumento de defensa de las posiciones de Batasuna que Permach define como «movilización popular y activación de la ciudadanía». Además, Permach no pone en duda la participación de su grupo, pese a no ser legal, en un proceso de «normalización», y vaticina un día concreto, el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) del próximo 16 de abril, como fecha orientativa para «la puesta en marcha de una mesa de agentes políticos vascos».

La visión de Permach no hace sino constatar una recuperación constante que empieza a sufrirse en el País Vasco tanto a nivel institucional como a nivel social. El portavoz del PP en el Ayuntamiento de Bilbao, Antonio Basagoiti, aseguró ayer que la presencia de Otegi y de destacados miembros de la izquierda abertzale en marchas o concentraciones proetarras como la del domingo, autorizadas por el departamento de Interior del Gobierno vasco, «ya no constituye ninguna novedad», y que su objetivo es «preparar las elecciones locales del próximo 2007, a las que aspiran concurrir como un grupo más».

Basagoiti vincula los nuevos bríos de Batasuna a dos puntos de inflexión concretos: «La oferta de diálogo del Gobierno y la no ilegalización de EHAK». «Hemos retrocedido ocho años», recalcó.

Para el vicepresidente del Foro de Ermua, Mikel Buesa, la radiografía sólo tiene una lectura: «Batasuna lleva meses actuando como una fuerza legal». Según Buesa, la «kale borroka» y la vuelta del entorno abertzale a las calles son dos piezas que encajan en una estrategia superior que «busca una posición de fuerza en la negociación con el Ejecutivo». Un extremo que confirma la propia banda terrorista, ya que en su último Zutabe (boletín interno), tal y como adelantó ABC, ETA no duda en felicitarse por el incremento de los actos de violencia callejera.

Consenso en política penitenciaria Por otro lado, el consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, pidió ayer una política penitenciaria «consensuada y flexible», sin esperar a lo que haga ETA. La oferta fue bien recibida por el PSE. Su secretario de Organización, Melchor Gil, manifestó que «es imprescindible consensuar una metodología en los aspectos que hay que tratar con la banda terrorista».

Iñaki Ezkerra pide la creación de «otro partido socialista nacional»
Redacción LR 26 Julio 2005

Madrid- Iñaki Ezkerra, colaborador de LA RAZÓN, pidió ayer, en la inauguración del curso de verano de la Universidad de Cantabria que dirige en Castro Urdiales con el título de «¿Tiene futuro la izquierda?», la creación de «otro partido socialista de ámbito nacional». «Se habla de la necesidad de crear uno de izquierdas no nacionalista en Cataluña para los descontentos con el PSC de Maragall y también en el País Vasco para los descontentos con el PSE-EE de Patxi López». Pero, a su juicio, «ésas serían iniciativas puramente testimoniales, no soluciones. Serían como tiritas ridículas para una gran herida mortal».
Según Ezkerra, mucho más acuciante que esos parches resulta la creación de un gran partido de izquierda de ámbito nacional «para los socialistas descontentos con Zapatero y con una política que es suicida para España. No son sólo Cataluña y el País Vasco los que están amenazados por la política entreguista de Zapatero a los nacionalismos. Es España la que vive una amenaza de descomposición sin precedentes».
La luz verde a la negociación con ETA que dio el Congreso el 17 de mayo demuestra, en su opinión, que sólo hay un partido que tenga conciencia de la verdadera dimensión del desafío terrorista y secesionista. Aunque cree que el PP no puede ser la única referencia. Acto seguido, aseguró que el PSOE ha traicionado a España y antes a la propia izquierda. «Y lo ha hecho sólo para poder gobernar y vengarse de su derrota de 1996 por culpa del GAL y la corrupción. Está dando una patada al PP usando a España como trasero».

LA AUDIENCIA NACIONAL INVESTIGA SU RELACIÓN CON LOS AGENTES
El confidente Cartagena: "¿Cómo es posible que haya ocurrido algo así con lo que yo os he contado?"
Cuatro días después de la masacre de Madrid el colaborador policial “Cartagena” reprochó a sus controladores policiales el no haber impedido la matanza del 11 de marzo: “¿Cómo es posible que haya ocurrido esto con lo que yo os he contado?”, dijo Cartagena, tal y como recoge este martes el diario El Mundo. El juez de la Audiencia Nacional, Fernando Grande Marlaska ha abierto una pieza secreta dentro de la causa contra los terroristas islámicos que querían volar la Audiencia Nacional.
Libertad Digital 26 Julio 2005

La información del diario El Mundo revela cómo el juez de la Audiencia Nacional, Fernando Grande Marlaska, tras conocer la importancia de las informaciones reveladas por el confidente Cartagena desde octubre de 2002, y que han sido claves en las investigaciones y operaciones contra el terrorismo islamista en España, ha abierto una pieza secreta dentro del suamrio contra los terroristas detenidos con planes para volar la Audiencia Nacional.

Cartagena, que mantiene el estatus de testigo protegido en la causa contra estos detenidos, reprochó en una comunicación con la Policía el 15 de marzo a sus controladores la inoperancia policial para evitar los atentados: “¿Cómo es posible que pasara esto con todo lo que yo he contado?”.

Esta reunión posterior a los atentados tuvo lugar, según fuentes de la Audiencia Nacional citadas en la información de El Mundo, en el Parque de Juan Carlos I de Madrid, a escasos metros de donde se había establecido la morgu del 11-M, los pabellones de Ifema. Los especialistas de la Comisaría General de Información sospechan que este confidente, antes de formar parte de la nómina de colaboradores del Cuerpo Nacional de Policía, trabajó para las autoridades marroquíes.

Este informador, prosigue la noticia de El Mundo, proporcionó durante varios años informes muy precisos a la Unidad Central de Información Exterior de la Policía sobre varios de los terroristas implicados en el 11-M; entre ellos, El Egipcio, El Tunecino o Mustapha Maimouni, en cuya casa se montaron las bombas.

EL PRESIDENTE DEL CONGRESO SOBRE LA COMISIÓN DEL 11-M
Marín: "Todos los grupos se querían cargar al personaje y aquello funcionó como un tiro"
El presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín, censuró pactos políticos como el que, según su análisis, guió los trabajos de la comisión de investigación sobre los atentados del 11-M. Desde su punto de vista, en ese órgano investigador "todos los grupos se querían cargar al personaje y aquello funcionó como un tiro", pero se perdió de vista, como en otras comisiones de investigación, el verdadero objeto de la misma.
Europa Press Libertad Digital 26 Julio 2005

El presidente del Congreso de los Diputados, Manuel Marín, en la inauguración del seminario 'Parlamento y modelo de Estado: 20 años de España en Europa', organizado por la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial, mostró su preocupación porque, en su opinión, los ciudadanos están empezando a percibir que la "escenificación" de estos desencuentros responde una "estrategia publicitaria" de las formaciones políticas aplican la máxima de "hoy no tengo noticia, pues me la fabrico con un agravio". "Los ciudadanos perciben que son broncas que se montan deliberadamente", añadió.

Tras insistir en que "es raro el grupo" que no utiliza esta táctica, explicó que la cosa cambiaría si se aplicasen "sanciones" aunque no detalló en qué deberían consistir y se limitó a pedir a los medios de comunicación que, en la medida de lo posible contribuyan también a sancionar estas actitudes poniéndolas en evidencia. "Hay momentos en los que el patoso se elimina porque se impone el sentido de la responsabilidad", dijo, como en su opinión, pasó durante el debate del "Plan Ibarretxe".

Pero Marín también censuró otros pactos políticos como el que, según su análisis, guió los trabajos de la comisión de investigación sobre los atentados del 11-M. Desde su punto de vista, en ese órgano investigador "todos los grupos se querían cargar al personaje y aquello funcionó como un tiro", pero se perdió de vista, como en otras comisiones de investigación, el verdadero objeto de la misma. Marín, quien no obstante calificó de "espléndido" el trabajo realizado por Jordi Jané, portavoz de CiU en la comisión, destacó que el 90 por ciento de las preguntas que formularon los comisionados a los comparecientes ya se habían realizado "hasta dos o tres veces" antes en sede judicial.

El presidente del Congreso, explicó que le resulta difícil juzgar la labor realizada por la comisión del 11-M porque nunca fue partidario de su creación, lo que le llevó a una quedarse "bastante solo", pero se mostró convencido de que el funcionamiento de las mismas es una de las cosas que debería resolver el nuevo Reglamento de la Cámara. Así, subrayó que el parlamento española "no ha sabido solventar el problema de las comisiones de investigación" y que, en su opinión, estos órganos se utilizan fundamentalmente para "ajustar" cuentas entre partidos se afrontan con "un objetivo político prescrito de antemano" y las "ganas" de investigar "realmente" no son muchas.

En este sentido, recalcó que las comisiones de investigación en nuestro país están muy lejos de ser el "maravilloso" instrumento que son el parlamentarismo anglosajón, entre otras cuestiones porque cosas que aquí se consideran un "mérito" político o profesional como filtrar o publicar un documento secreto en otros países constituyen un delito. También se mostró partidario de "priorizar" las investigaciones judiciales sobre las políticas hasta que estas formas de trabajar no cambien porque, según afirmó, no cree "en absoluto en la primacía de la verdad de la política sobre la primacía de la verdad judicial". En este punto, se mostró convencido de que el juez Juan del Olmo, que instruye el sumario de la 11-M en la Audiencia Nacional establecerá una "verdad judicial mucho más intensa" que la política a la que ha podido llegar el Congreso.

Además, adviertió de que el proyecto de dividir la Justicia, contemplado ya en el Plan Guevara y aprobado en Consejo de Ministros, «sería de una gravedad irreparable en el País Vasco. Entregar la administración de la Justicia a quienes no creen en ella sería culminar el camino suicida emprendido con la entrega de las competencias de Educación y de Interior, que han resultado catastróficas. Por eso está tranquilo Ibarretxe, porque el PSOE le está haciendo el trabajo sucio».

MALESTAR EN LA COMISARÍA GENERAL DE INFORMACIÓN
Telesforo Rubio aparta a la cúpula antiterrorista para colocar a personas de confianza sin experiencia
Las quejas contra el comisario general de Información se suceden desde que fue nombrado por el Gobierno del PSOE. Algunos mandos y dirigentes sindicales han llegado a denunciar la "limpieza política" que está llevando a cabo Telesforo Rubio para colocar al frente de las unidades de la Comisaría a personas de su confianza que no tienen experiencia.
Libertad Digital 26 Julio 2005

El malestar que está provocando la gestión de Telesforo Rubio al frente de la Comisaría General de Información llega desde el mismo momento de su nombramiento por parte del Gobierno de Zapatero. Al trascender su nombre, las quejas de los mandos se centraron entonces en que se designara a un comisario sin experiencia para un puesto tan delicado como máximo responsable de la lucha antiterrorista. Previamente había sido jefe de las comisarías de Soria, la Local de Alcorcón (Madrid) y varias de distrito en la capital. Entre sus méritos, sólo figuran la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco y la Cruz al Mérito de la Guardia Civil, también con distintivo blanco.

Desde el primer momento trascendieron los lazos de Rubio con el PSOE, partido con el que colaboró para redactar el programa electoral. Pero lo más llamativo de todo fue que el comisario de Información General preparó su comparecencia en la comisión del 11-M en la sede que los socialistas tienen en Gobelas.

Relevos y ceses encubiertos
Según adelanta ahora La Vanguardia, tras aterrizar en Canillas, comenzó a apartar a buena parte de la cúpula antiterrorista y provocó ceses encubiertos de algunos comisarios e inspectores jefes experimentados en la lucha contra el terrorismo, especialmente el islámico. Se da el caso, sostiene el diario catalán, que "los mandos que llevaron a cabo la investigación del 11-M han sido ya sustituidos por otras personas con la misma categoría, sin formación en materia antiterrorista islámica, pero de plena confianza de Rubio".

La información, que cita a fuentes sindicales y mandos policiales, apunta que "en algunos círculos se ha llegado a hablar de verdadera limpieza política, aunque la mayoría de fuentes consultadas prefiere afirmar que se priman criterios de confianza". Como consecuencia de estos cambios, el trabajo se ha resentido. A esto se une el afán de Telesforo Rubio por controlar todo lo que se hace en la Comisaría, con una excesiva burocracia y sus consecuentes retrasos por la orden del comisario de facilitarle todos los informes que se redactan en Canillas. Como consecuencia de esta lentitud, recientemente se recibió una queja verbal de la inteligencia de Scotland Yard, anterior a los atentados del 7-J.

GASTARÁ 4,5 MILLONES DE EUROS EN CURSOS
La Generalidad blinda el uso del catalán en su Plan de acción de Política Lingüística
El consejero jefe de la Generalidad, Josep Bargalló, dice que "el Estatuto marcará un antes y un después en la Política Lingüística porque proclamará la igualdad de derechos y deberes del catalán y el castellano". Pero a juzgar por lo que ha adelantado este lunes en compañía del secretario de Política Lingüística, Miquel Pueyo, parece que será al contrario. El Plan prevé la omnipresencia del catalán, incluidos cursos virtuales con dotación millonaria.
Europa Press Libertad Digital 26 Julio 2005

La Generalidad de Cataluña pretende impulsar la adopción de las medidas administrativas y legislativas necesarias para garantizar el uso habitual y sin trabas del catalán. Esta es una de las medidas del Plan de acción de Política Lingüística 2005-2006 "El catalán, lengua europea del siglo XXI" que se presentó este lunes.

El consejero jefe –ahora "conseller primer"– de la Generalidad, Josep Bargalló, aseguró que "la herramienta fundamental para lograr este objetivo es la aprobación del nuevo Estatut". "El Estatuto marcará un antes y un después en la Política Lingüística porque proclamará la igualdad de derechos y deberes del catalán y el castellano", añadió. "Hasta ahora no se ha dado la equiparación jurídicamente entre las dos lenguas", por eso "el Estatuto dará las garantías para conseguir la igualdad real de uso social de las dos lenguas". "No es un objetivo retórico sino que por primera vez se puede conseguir si se aprueba el Estatut con el redactado actual", concluyó.

Otra medida que prevé el Plan de acción de Política Lingüística es fomentar el uso del catalán en las actividades de ocio de los jóvenes a través de una campaña que cuenta con la colaboración de la Secretaria de Juventud de la Generalidad, según explicó el secretario de Política Lingüística de la Generalidad, Miquel Pueyo.

Además, Pueyo dijo que la Generalidad también quiere incrementar "sustancialmente" el programa de acogida de población recién llegada en Cataluña y doblar el número de alumnos extranjeros que en el curso 2004-2005 asistieron a los cursos de catalán del Consorcio de Normalización Lingüística. También se reforzará el programa "Voluntarios por la lengua" para aumentar el número de parejas lingüísticas, formadas por un catalanohablante y una persona con conocimientos pasivos de la lengua. Asimismo, se darán subvenciones a entidades sin ánimo de lucro para organizar y seguir parejas lingüísticas.

No es todo. La Generalidad y el Instituto Ramon Llull signarán un convenio para elaborar un método para el aprendizaje del catalán en cuatro niveles. El sistema tendrá un formato virtual y se podrá hacer de forma autónoma a través de Internet o con un servicio de tutoría. "Este programa se podrá utilizar desde cualquier lugar del mundo y puede ser de interés de los estudiantes de catalán o para los estudiantes que estarán con una beca Erasmus en nuestro país", afirmó Pueyo y añadió que "es un sustituto del actual 'Digui digui'".

El curso, que costará a la Generalidad 4,5 millones de euros, estará terminado a finales de 2007 pero a finales del 2006 ya estarán disponibles los niveles inicial y elemental. "El catalán, como lengua moderna, no se puede permitir el lujo de no tener este curso", concluyó Pueyo.

También se pondrá a disposición de las empresas un banco de grabación de voz para que incorporaren el catalán en las aplicaciones de voz de sus productos "que hablen", explicó Pueyo y precisó que cada vez habrá más productos que incorporarán este servicio. También se continuará fomentando el doblaje y la subtitulación de las películas al catalán, al que se destinará 2.160.000 euros. Además se promocionará las películas dobladas en catalán, con 700.000 euros, y las películas rodadas en catalán, con 120.000 euros.

Los lugares más turísticos serán señalizados en japonés
M. D. M. ABC 26 Julio 2005

MADRID. Los japoneses son una de las nacionalidades más deseadas como turistas en cualquier ciudad, y Madrid no es ninguna excepción. Por eso, el Ayuntamiento de la capital va a hacer todo lo posible por atraer los flashes de los ciudadanos nipones a los monumentos y demás joyas madrileñas poniendo en marcha una serie de medidas enmarcadas en el denominado Plan Japón.

Así, ayer se anunció que los turistas nipones que visiten próximamente Madrid contarán con una señalización traducida a su idioma en los itinerarios y los lugares más visitados de la capital, y se hará un especial hincapié en el refuerzo de la vigilancia para incrementar la sensación de seguridad.

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