AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 27 Julio 2005
Respuesta al terror: del 7-j al 11-m
Editorial ABC 27 Julio 2005

Un país roto
Agapito Maestre Libertad Digital 27 Julio 2005

Donde esté un buen prejuicio
GEES Libertad Digital 27 Julio 2005

Dos independentistas
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 27 Julio 2005

Un serio aprieto constitucional
JUAN JOSÉ SOLOZÁBAL ABC  27 Julio 2005

El invento de Carod
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 27 Julio 2005

La reforma de la que apenas se habla
Lorenzo Contreras Estrella Digital  27 Julio 2005

La denuncia de Rajoy
Pablo Sebastián Estrella Digital 27 Julio 2005

Al islam como a eta
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  27 Julio 2005

Agua, fuego, votos, leyes
Por BENIGNO PENDÁS ABC 27 Julio 2005

Los costes de la demagogia
Jorge Vilches Libertad Digital 27 Julio 2005

Tirar a matar
José Javaloyes Estrella Digital 27 Julio 2005

Arde el Estado
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital 27 Julio 2005

Guerra o alianza
Cartas al Director ABC 27 Julio 2005

El Ayuntamiento de Guecho creará un distintivo para diferenciar a los ciudadanos que hablan euskera
J. Arias Borque La Razón 27 Julio 2005

Alonso de los Ríos cree que la izquierda "se ha inventado una teoría antiderecha, definiéndose a partir de la negatividad"
Europa Press Libertad Digital 27 Julio 2005

Respuesta al terror: del 7-j al 11-m
Editorial ABC 27 Julio 2005

PARTE esencial de la estrategia criminal del terrorismo depende de su capacidad para provocar un estado de pánico colectivo que lleve a las sociedades democráticas al desistimiento. Los ataques terroristas de Londres, como antes los de Madrid o Nueva York, tienen idéntico fin: crear un clima de opinión favorable a la claudicación ante la violencia, desde el convencimiento de que somos vulnerables y no hay solución ante el terror indiscriminado.

Ante un mismo fenómeno terrorista, la reacción no es idéntica, porque la respuesta de los gobiernos, partidos y organizaciones sociales es dispar y porque el clima político varía sustancialmente en función de múltiples circunstancias internas. La reacción de la sociedad española tras el 11-M pasó factura en las urnas al anterior gobierno, en parte porque el PSOE trasladó a la opinión pública, tras el atentado de Casablanca, un mensaje que hizo mella en distintos sectores y que hoy se revela como altamente peligroso: que Aznar había colocado a España en el punto de mira del terrorismo internacional. La relación entre la guerra de Irak y el atentado del 11 de marzo cuajó en la conciencia colectiva de una parte de los españoles que, al margen de otras consideraciones sobre la gestión política de aquellos días, estableció una relación directa entre ambos acontecimientos, culpabilizando, más o menos directamente, al Ejecutivo del PP.

Radicalmente distinta parece ser la respuesta del pueblo británico, a tenor de las últimas encuestas. El sentimiento de que la participación en la guerra de Irak incrementa el riesgo de atentados en Gran Bretaña crece hasta el 64 por ciento, pero -y aquí radica la diferencia- la valoración de Tony Blair -que ayer se reunió con los líderes de la oposición para consensuar las líneas de la política antiterrorista- se ha incrementado sensiblemente en las dos últimas semanas. Los británicos no parecen considerarle responsable de lo ocurrido y cierran filas con su Gobierno, al igual que el resto de fuerzas políticas. Lo urgente en Gran Bretaña es mantenerse unidos frente a la violencia, lo que ya constituye en sí mismo un ejemplo de supremacía ética frente al terrorismo.

País Vasco
Un país roto
Agapito Maestre Libertad Digital 27 Julio 2005

Mi amigo ha ido a dar una conferencia al País Vasco. Regresa a Madrid, como si hubiera visitado otro país. La gente, la lengua, la frialdad, en fin, la atmósfera ambiental lo han hecho sentirse extraño, casi un extranjero, en San Sebastián. Su visita al barrio viejo de la ciudad fue frustrante. Nada de lo allí vivido le invitaba a visitar de nuevo la ciudad. Me pareció duro lo que decía, pero terriblemente sincero, pues, cuando un escéptico, y mi amigo es un escéptico, de verdad, no de impostura, mantiene este tipo de posiciones es para tomárselo en serio. Le va en ello la vida.

De repente, como si todo estuviera perdido, mi amigo nos dijo con tristeza y cabizbajo:

- No puede hacerse nada, amigos. Quizá a mediados de los ochenta aquello hubiera tenido solución. Hoy, insiste, todo está perdido.

- ¿Lo dices por la lengua?, le pregunta otro que participa en la conversación.

- No sólo por la lengua y las ikastolas, sino por su manera de comportarse, de poner distancia entre ellos y los otros… Por su manera de mirar. Todo es violencia. Odio a España.

- Quizá cabría todavía una solución, insiste el oyente ficticio, si el PSOE fuera un partido genuinamente nacional, vamos, si se pusiera de acuerdo con el PP en la política antiterrorista…

- No sé, contestó el escéptico, pero ya es tarde. Muy tarde. Los políticos de España están fuera de juego. No están ni son.

- Pero, la sociedad civil, especialmente la sociedad emprendedora económicamente, está a la cabeza de Europa. O sea, si la economía de este país funciona, entonces porqué no pensar que algún día funcione el Estado.

- Desengáñate, eso forma parte del orden más o menos natural, pero cuando se trata de España, España nación y democrática, hemos de contar siempre con lo inesperado, lo extraordinario, lo paranormal y, en cierto sentido, sorprendente.

- Cierto, porque más inesperado que Zapatero, no creo que haya otro en el mundo.

- El problema, sin embargo, terció el escéptico con ánimo de cerrar el diálogo, no es sólo de hombres, sino de un país que sólo los locos parecen cuerdos.

En este momento, el escéptico guardó silencio, y pensó que caricaturizaba, pero, él que es un lector atento de Azaña recordó las siguientes palabras de “La velada en Benicarló”: “Las caricaturas crueles revelan mucho. ¿Ha probado usted a conocer su semblante mirando las que le hacen?”

Occidente y el Islam
Donde esté un buen prejuicio
GEES Libertad Digital 27 Julio 2005

No hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor comentarista que el que no quiere enterarse de la realidad. Los argumentos están cerrados, el análisis es tan claro como meridiano: toda la culpa es de Estados Unidos y de sus adláteres que, para más inri, quieren aprovechar la amenaza que se han inventado para limitar las libertades.

Si se produce un atentado en Madrid, es porque Aznar estuvo en las Azores. Si ocurre en Londres es porque Blair además de visitar las Azores estuvo en la invasión de Irak. Si donde golpean es en Egipto es porque Mubarak es un fiel aliado de Estados Unidos, aunque estuvo en contra de la Guerra de Irak. Siempre hallarán un argumento, por rocambolesco que resulte, para obviar lo evidente, que los islamistas odian Occidente y harán todo lo que esté a su alcance para humillar y destruir una civilización que les “contamina”. Para ello contarán con la colaboración –consciente, semiconsciente o inconsciente– de todos aquellos europeos que también odian Occidente, que son muchos, y están dispuestos a socavar sus cimientos, tan antiguos como reaccionarios.

Ya tienen un nuevo tema para discutir, las declaraciones del Presidente del Consejo General del Poder Judicial sobre las medidas antiterroristas adoptadas en el Reino Unido. Lo que ha dicho es de puro sentido común, pero resulta intolerable para quien considera que seguridad y libertad son términos antitéticos: o uno u otro. La realidad es exactamente la contraria: no hay uno sin el otro. No hay libertad sin seguridad. En Londres se ha producido una merma de libertad ante el miedo, fundado, de que tomar un metro o un autobús suponga la muerte. Para restablecer esa libertad es necesario incrementar la seguridad. A mayor seguridad mayor libertad.

La naturaleza no se detiene, la vida fluye y cambia sin parar. Las especies tienen ante sí el reto cotidiano de adaptarse al nuevo entorno. El ser humano, un animal al fin y al cabo, no puede aferrarse a un mundo extinto, porque su futuro depende de que sea capaz de sobrevivir. Occidente ha sido superior, pero si quiere seguir siendo una civilización dinámica y abierta al futuro tiene que ser capaz de actuar en unas nuevas circunstancias. Cuando se está en guerra, y nosotros lo estamos disguste a quien disguste, y el enemigo está en nuestro propio territorio hay que incrementar la capacidad de acción de los servicios de seguridad para poder combatirle eficazmente. O nos adaptamos al nuevo entorno o sucumbiremos.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.
 
Tardá y Abd el Krim
Dos independentistas
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 27 Julio 2005

¿Qué tendrá el Rif que le quita el sueño, qué tendrá el valle, qué tendrá la sierra de Ketama? ¿Qué ha llevado allí a Tardà? Que no cunda el pánico: ha ido a comprobar las secuelas de la guerra con España.

Aunque también podría haber ido, sensible como es, tras las huellas de Fortuny, el pintor de Reus que siguió a los voluntarios catalanes, por encargo de la Diputación de Barcelona, en una guerra anterior. Era decir África y ya estaban nuestros abuelos inmersos en la morería romántica, en los escenarios de Fortuny, que animó a los catalanes a repetir las hazañas de “aquellos audaces aventureros que lucharon en Oriente”.

Las hazañas de Tardá siguen siendo estrictamente románticas, aunque menos audaces que las gestas almogávares invocadas por el artista. Se culminan sobre moqueta: minar el prestigio de España, debilitar sus instituciones, desequilibrar sus poderes y, de vez en cuando, ponerla de rodillas. Quiere que España pida perdón por la “guerra de agresión” que siguió al desastre de Annual, una guerra que, dice, perseguía “acabar con el movimiento independentista rifeño acaudillado por Abd el Krim”. El adjetivo “independentista” es un guiño que le permite sentirse un poco víctima por lo acaecido hace ochenta años al otro lado del Estrecho. Y gratis, sin necesidad de leer el Expediente Picasso, que creerá un informe sobre pintura cubista.

La desgraciada iniciativa podría despertar un nuevo interés por la figura de Abd el Krim, y así sabrían los nenes de la Logse que aquel alumno de la escuela musulmana de Fez combinaba ya el Corán con las armas de fuego, que estudió en España y en escuela española, que su hermano, becado, se hizo ingeniero en Madrid, que tuvo cargos en periódicos y en organismos oficiales españoles. Qué moderno suena, ¿verdad?

Annual nos dejó más de trece mil muertos y supuso –como apunta César Vidal en su imprescindible España frente al Islam–, “la aniquilación de toda la obra civilizadora de España en Marruecos”. Pero llegó el contraataque, que es lo que trae por el camino de la amargura a Tardá.

Abd el Krim era tratado con gran respeto por la prensa europea, asesorado por delegados de la Komintern y respaldado por el Partido Comunista francés cuando ascendió al poder el dictador Primo de Rivera, un subproducto de Annual, con la bendición de los catalanistas. Los hechos por los que España ha de pedir hoy perdón se inauguran con un macabro hallazgo: miles de cadáveres de españoles mutilados, empalados, castrados por los “independentistas”.

A ver si al final lo que le duele a Tardá es la victoria de Alhucemas, por la que Franco eclipsó en prestigio al caudillo berebere. Aquí nadie tiene que pedir perdón a nadie porque todos están muertos. Si acaso Tardá, por jugar a los anacronismos con la que nos está cayendo desde el norte de África.

Un serio aprieto constitucional
Por JUAN JOSÉ SOLOZÁBAL CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA ABC  27 Julio 2005

Explica el autor que el estatuto catalán debe estar subordinado a la Norma Fundamental, no puede pretender sustituirla o rebasarla. «Lisa y llanamente -advierte- este proyecto necesita de serias correcciones para observar el dintel constitucional. Lo deseable sería que esas correcciones se hicieran antes de la aprobación del proyecto en el Parlamento catalán»

NO contemplo precisamente con complacencia las dificultades constitucionales del estatuto catalán. Creo que hay sobrados motivos para acometer su reforma, habida cuenta del tiempo transcurrido desde su aprobación y las especiales oportunidades que de cara al refuerzo de su legitimación ofrece, para las nuevas generaciones especialmente, la ratificación del estatuto por el cuerpo electoral. De otro lado, en la regulación estatutaria hay cuestiones que la experiencia ha demostrado pueden ser mejoradas, por ejemplo las que se refieren a la relación entre el Parlamento y el Gobierno, lo que se suele llamar forma de gobierno, o las que tienen que ver con la precisión competencial o la regulación de algunas instituciones, como el sistema electoral.

La cuestión está en llevar a cabo una reforma que sea acorde con la posición que en nuestro sistema corresponde al estatuto de autonomía, de manera que la modificación estatutaria sea utilizada con todas sus posibilidades, pero sin desnaturalizar su carácter ni superar sus obligados límites. Hay una idea capital al respecto, y es la de que el estatuto tiene una condición cuasi constitucional, de ahí su importancia en el ámbito territorial, en el que es «norma institucional básica», y el que pueda determinar las competencias incluso del propio Estado (precisamente por ello su incumplimiento supone una vulneración de la misma Constitución). Pero el estatuto está subordinado a la Norma Fundamental, de modo que no puede ni sustituirla ni rebasarla.

La subordinación a la Constitución no es compatible seguramente con una reforma estatutaria contemplada con una exhaustividad que cuestiona la complementariedad del estatuto y que parece presentarse con un propósito más bien sustitutorio de la Norma Fundamental. Discutible parece ser la tendencia a contemplar las competencias no como poderes a ejercer según técnicas de reparto y colaboración, sino según un modelo de exclusivismo y, como se dice con un vocablo horrible, bloqueo. En este sentido se pretende dejar sin espacio el ejercicio competencial por parte del legislador central de las bases, devolviendo con la asfixia del desarrollo la anterior denuncia justificada del estrangulamiento autonómico llevada a cabo en el establecimiento de la actuación estatal. Tampoco parecen fácilmente asumibles decisiones estatutarias que vienen a imponer la administración única o que suponen injertos confederales, como ocurre con alguna comisión mixta Estado-Generalidad.

En el terreno de los principios, se satura el estatuto de definiciones identitarias seguramente no imprescindibles y se incluye una imposición claramente inaceptable acerca de la obligatoriedad de conocer el catalán, puesto que, sea cual sea la efectiva voluntad de los autores de la propuesta, sobre cuya voluntad no abrigo reserva alguna, al fin, se lleva a cabo en un texto jurídico, de modo que dicha obligación no puede constreñirse a un terreno meramente programático o «moral».

La cuestión ¿qué hacer con el texto estatutario? sólo cabe ser respondida si se formula adecuadamente como pregunta previa la de ¿qué se puede hacer? Lo primero es caer en la cuenta de la gravedad de la situación: hay en efecto, aun reconociendo que se ha hecho un meritorio esfuerzo por reducir al menos su número, en el momento actual del proyecto muchos problemas de constitucionalidad que sólo falsamente pueden ser resueltos de modo verbalista afirmando la voluntad de constitucionalidad del intento, por muy flexiblemente que se interprete el marco constitucional. Lisa y llanamente, este proyecto necesita de serias correcciones para observar el dintel constitucional.

Lo deseable sería que esas correcciones se hicieran antes de la aprobación del proyecto en el Parlamento catalán. Si ello no ocurriese así, la oportunidad para verificar el ajuste correspondería a las Cortes Generales. No olvidemos que el estatuto de autonomía es una norma también estatal, y que no lo es de cualquier tipo, sino, como hemos dicho antes, de carácter cuasi constitucional; por ello las Cortes no pueden renunciar, pese a quien pese, a ejercer su competencia de revisión parlamentaria de la corrección del estatuto. No se trata de una intervención de las Cortes propiamente política, en el sentido de partidista o ideológica, sino institucional, llevando a cabo el control de constitucionalidad parlamentaria de la iniciativa de reforma estatutaria.

Lo que debería quedar claro es que la adecuación estatutaria a la Constitución (su adecuación a la voluntad política de la comunidad autónoma queda asegurada en virtud de la intervención obligada del cuerpo electoral, que es el que finalmente ratifica o no el proyecto de estatuto) es una exigencia que obliga a los poderes del Estado, incluyendo a las Cortes Generales y, en su caso, en una intervención exclusivamente técnica, al Tribunal Constitucional, ante quien se podría, y debería, impugnar el Estatuto de autonomía, si se entendiese por los órganos legitimados al efecto que se incurría en inconstitucionalidad. Como viene mostrando la experiencia constitucional, y ha quedado corroborado recientemente, lo que es evidente es que en nuestro Estado de Derecho no hay lugar para espacios exentos o supuestos privativos a los que no llegarían ni la fundamentación ni los límites constitucionales.

Así pues, ni el Estado de Derecho conoce lagunas ni la seguridad jurídica excepciones. El respeto al Derecho sólo se puede exigir si se comienza, más en el terreno fundacional, observándolo.

El invento de Carod
Por M. MARTÍN FERRAND ABC 27 Julio 2005

EMILIO Lledó, que es mucho más «sabio» cuando habla de lo suyo -el pensamiento y la cultura- que cuando perpetra, en compañía de otros, un modelo inservible de televisión pública se ha subido hasta Cantabria y, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, ha lanzado al aire un hermosísimo pregón sobre el amor a la lectura. Ahí está la clave para enfrentarnos al problema de nuestro tiempo, precisamente en la lectura. A falta de ideas nuevas, especialmente en el páramo intelectual de la política, los libros nos ofrecen un stock de conceptos y opiniones que son el jugo de la inteligencia humana a lo largo de la historia. Por si ello fuera poco, el libro es, además, el ocio perfecto: sin cortes publicitarios ni programaciones encaminadas a moldearnos la identidad.

A propósito de identidad: el profesor Lledó, brillante y sutil, recordó en su intervención veraniega algo que nos servirá para todo el año: «Identidad es algo en lo que uno se escuda para no ser uno mismo». Oportuna valoración para ayudarnos a entender algo de lo que nos pasa en el efervescente momento nacionalista que padecemos con los mismos dolores y sofocos con los que padecimos, cuando niños, el sarampión. Son enfermedades infecciosas que suben mucho la temperatura y empujan al delirio.

Josep Lluís Carod-Rovira, profesional de la identidad catalana, es uno de los españoles que más saben de «identidades». El presidente de ERC, sostén de Pasqual Maragall y soporte de José Luis Rodríguez Zapatero, nos aporta ahora la identidad de intensidad variable. Un concepto perverso al que cabe aplicarle la definición de Lladó -¿quién será Carod?- y que retrata a quienes le aceptan como portor. Dice el líder independentista para que nadie se llame a engaño que el Estatut que tan trabajosamente tratan de elaborar en Cataluña «no es para treinta años». La idea revolucionaria que aporta el pájaro busca todo lo contrario de la certeza jurídica que se pretende en un Estado de Derecho: una modalidad de norma elástica que depende del crecimiento del peso parlamentario de su formación.

Lo verdaderamente grave no es que Carod, a fin de cuentas respaldado por los votos de un pequeño, pero respetable, número de catalanes, diga lo que dice. Lo que convierte el asunto en alarmante es que otras formaciones, como la socialista, elegidas para la defensa de todo lo contrario de lo que postula el independentista republicano, lo asuman y, de hecho, lo sostengan con el gozo del sostén que él les proporciona. Habrá que seguir el sabio consejo de Lledó y dedicarse a la lectura. Nada de actualidad, novelones del XIX en los que las historias rezuman pasiones humanas y no majaderías identitarias y soberanistas. Lo de Carod sería de mucha risa de no ser por la seriedad con la que se lo toman sus acompañantes y beneficiarios.

La reforma de la que apenas se habla
Lorenzo Contreras Estrella Digital  27 Julio 2005

En medio de tantos impulsos dirigidos al intento de poner patas arriba la organización del Estado y el esquema de sus instituciones, apenas se habla de la necesidad de reformar la ley electoral general, que tanto daño viene causando al correcto funcionamiento del propio Estado. Con mayoría absoluta o sin ella, no hay partido gobernante que decida emprender esa reforma, ni siquiera abordarla tímidamente. Cuando se está en el poder, el partido correspondiente, con su Gobierno, sólo piensa, si carece de mayoría absoluta, en esperar el momento de mejorar su posición para seguir manteniendo todo sin el menor atisbo de mudanza. y si tiene mayoría absoluta, ¿para qué modificar la ley?

Cuando José María Aznar careció de mayoría absoluta, se entendió hábilmente con los nacionalistas para ir manteniendo el poder precariamente logrado en 1996. Y cuando en el 2000 obtuvo la deseada mayoría absoluta, dejó de entenderse con los nacionalistas, los mantuvo a raya, les dio un corte de manga, los dejó con un palmo de narices y el panorama, naturalmente, se hizo confortable para el Ejecutivo aznarista. Probablemente, con la ayuda pagada de los nacionalistas canarios, Aznar pudo repetir en el 2004, esta vez sucedido por Mariano Rajoy, una mayoría, si no absoluta, confortable al menos. Pero ocurrio lo que todos sabemos, vino el naufragio del Prestige, el juego sucio del PSOE y, nada digamos, la salvaje tragedia del 11M, igualmente aprovechada por sus directos adversarios políticos para encaramarse al poder. Aznar, por tanto, perdió la oportunidad de haber cambiado la normativa electoral, y es lo mismo que va a perder el PSOE, ahora sin mayoría absoluta y mañana también si la consigue, lo cual es cada día menos probable.

El resultado vaticinable es la continuidad, con el color que tenga, de un Gobierno chantajeado por la minorías nacionalistas, que con un puñado de votos y, por tanto, desde su “inmensa minoría”, seguirán siendo capaces de torcer el rumbo de la voluntad mayoritaria. Asistimos, como bien se ve, al espectáculo de una batería de exigencias nacionalistas crecientes que sitúan al Gobierno de turno, hoy el de Zapatero, entre la espada y la pared.

El cambio de la legislación electoral es, sin embargo, cada vez más acuciante. Las minorías en España resulta que son nacionalistas, si se exceptúa Izquierda Unida, que por desgracia es cada día más residual y menos válida para equilibrar el poder del Estado en términos nacionales. Esas minorías no nacionales, sino nacionalistas, no españolas sino catalanistas y vasquistas en la más dura de las acepciones, sólo buscan “lo suyo”, su conveniencia en puro y lógico enfoque soberanista. El único experimento que en España hubo para que una minoría-bisagra cooperara en una política leal al principio constitucional de la unidad española y la solidaridad interregional fue el CDS de Adolfo Suárez, y el Partido Reformista, que Roca falsamente encabezaba, pero que estaba nutrido de personalidades con criterios no catalanistas, sino predominantemente españoles. Por desgracia, el CDS no fue viable por diversidad de motivos. Y el Partido Reformista no alcanzó, por su esquizofrénica distribución de poderes internos, el crédito electoral necesario para evitar el naufragio total.

Lo demás ya se conoce. Estamos como estamos, con un Gobierno socialista secuestrado por minorías radicales que diariamente le pasan, de modo chantajista, ominosas facturas de todo orden.

La denuncia de Rajoy
Pablo Sebastián Estrella Digital 27 Julio 2005

El líder de la oposición, Mariano Rajoy, hizo ayer una completa y razonada denuncia de la debilidad e irresponsabilidad del Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero en los grandes debates y reformas de la vida nacional como son la lucha contra el terrorismo y la hoy incierta y desmesurada reforma de los Estatutos de Autonomía y de la Constitución, liderada y potenciada por el Gobierno central y sus aliados nacionalistas. Advirtiendo el presidente del PP muy seriamente al conjunto de los ciudadanos de los graves riesgos que todo ello comporta para la convivencia nacional, así como para la identidad y estabilidad del Estado.

La denuncia de Rajoy está muy fundamentada y coincide, en un alto porcentaje de lo que en ella se incluye, con el sentimiento mayoritario de los españoles, y aquí incluidos votantes socialistas y muchos dirigentes del PSOE, que están diciendo lo mismo o cosas parecidas en público y en privado. Y buena prueba de todo ello está en los intentos fallidos de este Gobierno de imponer en el seno del PSOE y en los medios afines de comunicación una ley del silencio que permita colar estas innecesarias y arriesgadas reformas que exigen los nacionalistas vascos y catalanes.

El problema que se plantea ante esta severa y a la vez completa denuncia —que en parte o de una manera parcial veníamos adelantando numerosos medios de comunicación— está en que Zapatero y su Gobierno, salvo crisis interna y rebelión en la cúpula del PSOE, intentarán desactivar el mensaje presentándolo ante la opinión pública como una simple descalificación o crítica de la oposición. Como algo natural en las funciones de la oposición de control del Gobierno para buscar su desgaste con un mensaje que Zapatero y su partido calificarán de “catastrofista”, por más que incluya un análisis realista de lo que hoy está pasando en España.

Pero el presidente Zapatero y sus ministros más cualificados —Fernández de la Vega, Alonso, López Aguilar, Solbes y Bono— deberían hacer un alto en el camino y reflexionar sobre esta ciega cabalgada del presidente que jalean sus aliados nacionalistas más radicales y que viaja sin rumbo y sin valorar los verdaderos costes que todo ello tiene para España, e incluso para el Partido Socialista como parte del Estado.

Por qué Zapatero se ha metido en este confuso y a la vez arriesgado laberinto? Para conseguir su investidura en el 2004 con el apoyo nacionalista y de Izquierda Unida y para garantizarse desde ahora la victoria en las elecciones del 2008. Y, de paso y en consecuencia, para aislar al PP y así bloquear la alternancia en el Gobierno.

Es decir, estamos hablando de control del poder a un altísimo precio: la unidad de España y una clara debilidad ante ETA. ¿Y cómo presenta el Gobierno y viste todo ello frente al electorado nacional, y más concretamente ante el del PSOE? Pues, en primer lugar, con un control de los medios públicos y privados de comunicación —el apagón informativo—, y en segundo lugar, haciendo de la necesidad virtud y presentando todas las reformas estatales en curso de manera positiva.

Por ejemplo, diciendo que así es posible integrar a todas las fuerzas nacionalistas en la gobernabilidad del Estado (frente a la bronca del nacionalismo español que lideró José María Aznar) y garantizar por mucho tiempo una “paz constitucional” con los nuevos Estatutos. Lo que ha quedado en evidencia con las últimas declaraciones de Carod-Rovira, en las que afirmaba que el nuevo Estatuto catalán es sólo el principio; es decir, que van a por la independencia partiendo de las nuevas cotas soberanistas que piensan conseguir ahora gracias a la debilidad del Gobierno de Zapatero. Eso si antes no estalla el tripartito catalán por causa del último pacto entre ERC y CiU, lo que significa una traición de Carod a Maragall.

Pero la verdad es que, como denuncia el líder de la oposición —y esto, lo diga Rajoy o Alfonso Guerra, es cierto—, se está vaciando el Estado de muchas de sus competencias, por la vía de la reforma de las leyes específicas. Y como consecuencia de todo ello se quiere destruir la independencia y la calidad del Poder Judicial (con el disparate de los 17 consejos autonómicos del Poder Judicial, la pérdida de poder del Tribunal Supremo como última instancia, la creación de falsos juzgados de proximidad que serán controlados por los políticos, etc.) y la calidad de la Educación en la enseñanza de la Historia y el idioma español, entre otras cosas, y de la Sanidad. Al tiempo que se pretende la reforma de la financiación de las autonomías de una manera absurda e insolidaria —e impropia de un Gobierno de la izquierda— que quita al Estado sus competencias fiscales y financieras.

En cuanto a la lucha contra ETA, Zapatero había pensado en la oportunidad de una paz negociada con el abandono de las armas por parte de ETA, pero el resultado es bien distinto, como lo ha denunciado Rajoy: la kale borroka ha vuelto a las calles del País Vasco, ETA se mantiene en sus posiciones de no abandono de las armas, el Gobierno ha ocultado los comunicados de la banda, como el último de Antxa, la banda ha conseguido, a través del PCTV, controlar hoy día al Gobierno de Ibarretxe en el País Vasco, y se ha creado un clima de relajamiento judicial. Con las pésimas consecuencias que todo ello implica de cara a una pretendida renovación del Estatuto de Gernika.

Cuál es el punto débil de la denuncia de Rajoy? El intentar mezclar estas cuestiones de Estado con otros asuntos de partido y de alternativa de Gobierno que provocan un rechazo general de una mayoría de españoles, como son la guerra de Iraq o las mentiras del 11M, mezclando el pasivo del último Gobierno de Aznar con el activo de esta razonable denuncia política. Quizás por eso el líder del PP pretende, a la vuelta del verano, dar un vuelco a su equipo de dirección dejando de un lado el pasado y mirando al futuro. No se sabe bien si lo conseguirá o no, pero de la misma manera que es cierto lo que Rajoy denuncia ahora, ello no será suficiente si quienes lo difunden y lo trasmiten carecen de la necesaria credibilidad.

Al islam como a eta
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  27 Julio 2005

La respuesta que Rodríguez Zapatero ha propuesto frente al terrorismo islamista es similar a la que viene ensayando con la banda ETA: la negociación en un caso; la alianza de civilizaciones en el otro. Hay que reconocer coherencia y originalidad. Quizá también una temeridad sin límites.

¿Por qué ha elegido el presidente español esta estrategia en vez de las fórmulas antiterroristas que utilizan los gobiernos sensatos en todos los países bien organizados?

En primer lugar, porque como representante de la izquierda ZP no podía ofrecer la misma solución que la derecha. Si fuera así, ¿en qué se distinguiría la izquierda? Para él la movilización de las bases progresistas pasa por la conciencia de las diferencias con la derecha. Ahí está el motor, ahí la motivación.

Pero yendo a los contenidos de la estrategia basada en la negociación y en la mano tendida tanto con ETA como con el islam, ZP piensa que resulta muy atractiva para la mayoría de la sociedad. Esta no está por las confrontaciones ni por los desafíos, ni por las guerras. A juicio de los dirigentes del PSOE, las gentes confían en escapar de las grandes amenazas de nuestro tiempo poniéndose de perfil. Es una actitud que en principio no encaja con la personalidad histórica de la izquierda, sino más bien con lo que antes se llamaba moral pequeño-burguesa, pero ¿acaso se le puede pedir otra cosa a la izquierda cuando la lucha de clases no es ya el motor de la historia ni existe el proletariado como vanguardia ni el internacionalismo obrero? En estas circunstancias de repliegue moral, ¿se le puede exigir algo que no sea resignación, entreguismo, cesiones, dejaciones, traiciones, claudicaciones? Si acaso, el mantenimiento del odio... a la derecha.

Cuando ya no tendrían nada que hacer Pablo Iglesias o Largo Caballero, Rosa Luxemburgo, Jean Jaurés, o Lenin que resucitara, ¿qué podría hacer ya la izquierda sino ganarse a las masas con esta filosofía de la vida hecha de cobardías y cesiones morales, esto sí, disfrazadas de pacifismo y diálogo?

Por un lado, altos grados de populismo y negación de los valores tradicionales (la nación, la defensa del patrimonio y de la cultura) y por otro la identificación frente a la derecha. Un principio básico: huir de las propuestas de la derecha. Esta es el Mal, y por tanto el Bien está en su negación. Ni siquiera en la lucha contra ETA se puede coincidir con la derecha. Ni siquiera contra el fundamentalismo islamista. Esto es básico para Zapatero. Y además es cómodo.

¿Puede dar resultado la estrategia de ZP? En absoluto, a juzgar por las últimas acciones de islamistas y etarras. Pero a corto plazo, a la mayoría de las gentes les va esto de ponerse de perfil.

Agua, fuego, votos, leyes
Por BENIGNO PENDÁS ABC 27 Julio 2005

SCHRÖDER ganó la última vez gracias a la inundación veraniega en Dresde: debe andarse con cuidado Angela Merkel durante el mes de agosto. Sin embargo, el PP iba a ganar -tal vez con holgura- el 14-M, a pesar del «Prestige»; de hecho le fue muy bien en las elecciones locales y regionales. Catástrofes y accidentes no son agentes autónomos, pero la reacción ante la emergencia es el síntoma de una forma de estar en política. Zapatero no perderá las próximas generales por culpa del incendio. Las perderá, supongo, por otras razones: la principal se llama España. Pero Guadalajara marca un punto de inflexión. Los socialistas han sido torpes. No era tiempo de Mozart ni de óperas chinas. Quizá tampoco lo sea de vacaciones en Lanzarote. Lo primero es la gente, la tierra calcinada, el dolor de esa comarca que sólo sale en los medios para contar su tragedia. Mal los asesores, actuando como un coro de «yes men»: empiezan a no atreverse a molestar al jefe. Peor los estrategas, porque una foto a primera hora, incluso con algún insulto moderado, apaga el fuego político: a pesar de todo, muchos reconocen el mérito de la vicepresidenta... Fue un error grave la visita pintada: trampantojo de incendio, alcaldes complacientes, decorado circunstancial. Estilo inconfundible, en fin, de cartón-piedra. Algunos se conforman, pero es porque les basta con cualquier cosa... A pesar de todo, la izquierda tiene suerte. Nadie ha dicho barbaridades. Ciertos medios -que siguen a sus asuntos- se muestran comprensivos. Los afectados lloran, pero no desvarían. En el fondo, es una secuela más de la batalla de las ideas. La derecha regala sin lucha el poder espiritual. Se indigna o se deprime, pero pocas veces razona y se explica. Imagina que el adversario tiene planes secretos y cuenta con instrumentos formidables. Craso error. En realidad, muchos son meros oportunistas, que aplican tácticas de corto alcance y actúan con el mayor cinismo: tantean a la derecha para buscar la forma de que entre al trapo.

¿Y después de la visita, qué? Promesas, cómo no. Se dictarán otras normas, muchas leyes nuevas, en esa «inflación incontenible» que denuncia García de Enterría, galardonado ayer -muy merecidamente- con el premio Cristóbal Gabarrón a una Trayectoria Humana. Gana la letra del Boletín Oficial y pierde el espíritu sutil del buen Derecho. En nuestro sistema autonómico, ¿tiene medios el Estado para hacer cumplir sus disposiciones? El asunto es serio, porque Medio Ambiente, y Vivienda y Sanidad y algunos otros, son a estas alturas ministerios puramente nominales, que sobreviven acaso por una política combinada de imagen y de ocurrencias. Los cuatro elementos clásicos -agua, fuego, tierra, aire- no entienden de límites territoriales. Tampoco el terror, dicho sea de paso: las bombas enemigas decía Churchill, no respetan el deslinde de los términos municipales. Viaje tardío. Promesa de leyes nuevas. En una palabra: nada.

Gobierno Zapatero
Los costes de la demagogia
Jorge Vilches Libertad Digital 27 Julio 2005

El plan de ruta etarra para llegar a la independencia, sacado a la luz por El Mundo el lunes pasado, hubiera sido impensable en época del gobierno Aznar. Su existencia revela que los terroristas y sus acompañantes creen que se dan las circunstancias adecuadas en el gobierno y en la sociedad españolas para conseguir su objetivo.

La sociedad parece preparada desde la irrupción del terrorismo islámico en nuestro país. Los atentados del 11-M han hecho creer a los españoles que los gobiernos deben no provocar a los terroristas, o negociar con ellos, para evitar la violencia. Este estado de opinión permite el diálogo con ETA sin demasiada crítica.

La situación idónea del gobierno Zapatero para negociar con los etarras no se debe a su debilidad parlamentaria, que más difíciles las tuvieron González y Aznar. La facilidad se debe a la personalidad demagógica que ZP le ha dado al socialismo español. Los dos últimos años de oposición al gobierno Aznar estuvieron trufados de propuestas maximalistas, sin límite, para todos y en cualquier momento, con un discurso de grandes y huecas palabras. Los socialistas de Zapatero forjaron un programa y una actitud demagógicas que les acercaban al elector común –de centro, si se quiere–, y que les permitían la alianza con los partidos doctrinales: nacionalistas y comunistas.

Una vez alcanzado el gobierno, los acreedores políticos llamaron a la puerta de ZP para cobrar esa demagogia. Y así ha comenzado el debate territorial, el aumento del apetito nacionalista, y la indiferencia presidencial hacia ideas como la de nación española. Los Estatutos de Autonomía no son válidos, resultando, ahora, fórmulas anacrónicas, aceptadas años ha por el ruido de sables, en una Transición que es mejor olvidar. Y se resucita la guerra civil y la represión franquista para decir que el bando derrotado y humillado, la izquierda y los nacionalistas, ha sido olvidado y necesita una reparación. Hay que repensar España, su organización y su ley, creen, sin tener en cuenta a los “herederos del franquismo” que, por supuesto, no son demócratas. Por eso, en la hoja de ruta etarra se cuenta con una reparación histórica a los miembros de ETA; eso si, financiada por lo que quede de Estado español.

Los costes de la demagogia son igual de gravosos en política exterior. España ha pasado de una situación privilegiada con la mayor potencia del mundo, a ser un paria de la tierra abrazado a regímenes dictatoriales. Pero el discurso de la alianza de civilizaciones –nunca se habló más de algo con tan poco contenido– se pasea por medio planeta. La lucha contra el terrorismo islámico se ha sustituido por su justificación al hablar de la existencia de un “océano de injusticia universal”. El europeísmo ciego, con la aprobación a macha martillo del tratado constitucional de la UE, ha sido un fracaso, y no se ve correspondido con los fondos de cohesión, la complicidad de Francia y Alemania, ni con un mayor papel político de España.

La demagogia puede ser útil para alcanzar el poder en países con una opinión pública conmocionada o polarizada, pero tiene la pega de que ha de traducirse en leyes, y la realidad es muy tozuda. Así, lo más probable es que un gobierno demagógico se dedique a la indolencia o a las medidas publicitarias baratas –como los matrimonios gays o la marcha atrás en las políticas del Ejecutivo anterior–. El coste, por tanto, es triple: desgobierno general, inexistencia internacional y envalentonamiento del terrorismo y del separatismo. ¿Alguien da más?

Tirar a matar
José Javaloyes Estrella Digital 27 Julio 2005

Es asunto límite creado por el desafío ilimitado de las acciones terroristas. No se trata de reprimir la fuga de quien intenta eludir un control de alcoholemia, ni de alcanzar a tiros a quien cruza indebidamente una frontera, o el intento de fuga de un delincuente común. Son los contextos lo que aporta sentido, legitimándola o privándola de toda razón, a una orden como la impartida por Scotland Yard, a sus policías, de tirar a matar. Es el principio de proporcionalidad lo que cuenta, de equilibrio entre el daño que puede causarse a uno o varios individuos y el daño colectivo que se pretende evitar, cuando por en medio anda la actividad del terrorismo y las actuaciones de los terroristas.

Una cosa es que el Estado deba ser rehén de los derechos humanos y otra, bien distinta, que se le convierta en prisionero de los protocolos convencionales de actuación policial frente a situaciones convencionales. Se impone, necesariamente, la proporción entre el daño que se puede causar y los daños que quieren evitarse, si se está en una situación que se considera como de guerra, aunque ésta no se haya declarado ni tampoco exista otro Estado que actúa como beligerante. El enemigo es otro poder, esencialmente ilegítimo.

No se trata de aquello de disparar primero y preguntar después. Eso no tiene nada que ver con lo que ahora ocurre en Londres y puede pasar en cualquier ciudad, europea o no, concernida en las amenazas del yihadismo islámico. Ese tirar a matar, apuntando a ser posible a la misma cabeza de quien huye, o de quien se acerca en situaciones críticas a un control policial —como ha ocurrido repetidamente en Israel—, ni cabe entenderlo como sadismo, o como gratuita crueldad y desprecio a la vida humana, ni tampoco es base para montar, obligadamente, el debate de la contraposición entre seguridad y libertad.

A las víctimas del terrorismo, sean quienes lo sufren en propia carne o en la de sus allegados, o los que padecen el miedo creado por los terroristas, no se les puede ir con la pregunta de si prefieren la libertad o la seguridad. Si pierden la seguridad y sufren el zarpazo del terror, ¿qué resquicio real de libertad es el que les queda? Aun valiéndolo todo una vida humana, ¿vale más la vida de un supuesto terrorista en acción que la de las víctimas que ese terrorista, en caso de serlo efectivamente, puede causar con sus actuaciones criminales?

El daño inferido por el terrorista no sólo alcanza a sus víctimas inmediatas o directas, en uno u otro grado de afectación. Incluye también a individuos a los que la Policía puede matar por confundirlo con terroristas, como ha sido el del joven brasileño abatido por la Policía cuando huía de ella. También la guerra contra el terrorismo produce víctimas y “daños colaterales”, como la guerra convencional. Cabe incluso la hipótesis de que unos policías disparen contra otros, en el curso de alguna operación antiterrorista, como ya ha sucedido, en España y fuera de España.

Daños colaterales, pues, y el llamado “fuego amigo”. Igual en la guerra contra el terrorismo como en la guerra convencional. Pero también, junto a eso, el juego ciego del infortunio. Esa desgracia de estar en el peor de los sitios dentro de las peores circunstancias personales, como le ocurrió al joven emigrante brasileño que circulaba con los papeles caducados, en situación irregular, y temió que si la Policía lo advertía podían expulsarlo del país. Al cabo, Jean Charles de Menezes ha sido en Londres la última víctima mortal de los terroristas. Pero podría haber otras similares como consecuencia de esta guerra. Y la culpa sería siempre de la Yihad.

Arde el Estado
Juan Francisco Martín Seco Estrella Digital 27 Julio 2005

La historia se repite tediosamente. Apenas hay variaciones; si acaso, los actores intercambian los papeles que interpretan. Con los incendios de Guadalajara se han sucedido idénticos fenómenos que a propósito de la catástrofe del Prestige: incapacidad del sector público para dar respuesta en tiempo y forma, y unos políticos que se aprovechan e intentan arrimar el ascua a su sardina. Todo, todo vale con tal de desgastar al adversario. Demagogias con las cacerías o con la ópera. Una actividad política planteada en estos términos no puede por menos que dar arcadas. Después se quejan de que la política está desprestigiada.

Sin embargo, y lo mismo que con el Prestige, nadie se ha planteado seriamente el porqué, y el porqué es relativamente simple. En determinados momentos críticos, al margen de la mayor o menor incompetencia de los gobiernos, el Estado no puede dar respuesta por la sencilla razón de que nos hemos quedado sin Estado. Se ha aceptado acríticamente que la descentralización política realizada mediante el proceso autonómico incrementaba la eficacia de la Administración; pero no ha sido así, entre otras razones porque se han destruido todas las economías de escala, y cada una de las Comunidades Autónomas se muestra incapaz de dar respuesta en solitario a determinadas catástrofes o problemas complejos. La Administración central, tras la transferencia de competencias, tampoco está en la mejor de las situaciones y la coordinación de las Comunidades Autónomas con el Estado y de éstas entre sí resulta difícil y llena de obstáculos, complicándose hasta el infinito cuando el diálogo debe hacerse entre gobiernos de distinto signo político.

En casos como el del Prestige o el del incendio de Guadalajara, este déficit de medios y de coordinación se hace patente al gran público. Otras veces, como cuando se trata de política económica, o de sanidad, está más oculto y su inferencia resulta más difícil, pero no por ello es menos cierta y real. Paradójicamente, todos miran al Gobierno central exigiendo soluciones, olvidando que éste apenas tiene ya competencias. Si descontamos la Seguridad Social, la Administración estatal maneja tan sólo el 17% de todo el gasto público.

Pero no ha sido sólo el proceso autonómico el que está deteriorando el Estado, también colabora una ideología liberal que se ha propuesto como finalidad cercenar sus dimensiones privándole de casi todos sus medios. Se le ahoga financieramente reduciendo los impuestos y anatematizando el déficit por pequeño que sea, se condena el gasto público y se defienden las privatizaciones. Al mismo tiempo, se despoja progresivamente a los poderes públicos de toda función reguladora, apostando por que sean los mercados —como se dice eufemísticamente— los que dicten las normas. Se propician uniones como la europea en que, si bien se sustraen competencias de los estados nacionales, no se crean uniones políticas a mayor escala capaces de sustituirlos.

Después de este desmantelamiento progresivo, ¿nos puede extrañar que el sector público sea incapaz de cubrir contingencias como la vejez, la enfermedad o el paro? ¿Por qué pedimos cuentas a los gobiernos por la inflación o la marcha de la economía si antes se les ha desposeído de los instrumentos para controlarlos? ¿Por qué nos asombra que los servicios públicos funcionen deficientemente o sean incapaces de solucionar las situaciones de emergencia si hemos optado por lo privado y saludamos con alegría cualquier programa de jibarización del Estado? Al menos, seamos consecuentes, dejemos de quejarnos.

www.mundofree.com/martinse

Guerra o alianza
Cartas al Director ABC 27 Julio 2005

La última guerra mundial, con ejércitos muy poderosos a ambos lados, fue algo horripilante. Hubieron de morir millones de seres humanos para que ganase la democracia y se eliminase el fascismo. Con una amenazante guerra fría, sin que se pegase un tiro, también se hundió el bando comunista. Dejaron de existir los dos bandos guerreros. Ahora resurge de nuevo el terror sin guerra. Las masacres ocurridas en las Torres Gemelas, en trenes de Cercanías, en líneas de Metro y hasta en el mismo Egipto musulmán, además de las cotidianas de Irak, son hechos vandálicos a los que algunos llaman «guerra de un solo bando». Tememos al fundamentalista educado con varios siglos de retraso, pero equipado para efectuar su incomprensible inmolación a fin de eliminar la civilización occidental. El nuevo orden mundial ha de tomar determinación para parar esta locura.

Por un lado, se habla de guerra y, por otro, se proclaman «alianzas de civilizaciones». A las cumbres de los grandes, donde condonan deudas de los más pobres, acuden minorías que, mezcladas con terroristas, siempre se presentan dispuestas a meter ruido o terror. Pero ¿quién les financia? José Naranjo. Pamplona.

El Ayuntamiento de Guecho creará un distintivo para diferenciar a los ciudadanos que hablan euskera
- El Consistorio destinará 26.000 euros para sacar adelante esta medida, pese a que sólo cuatro de los 11 ediles de la coalición PNV-EA dominan este idioma
- El PP compara la iniciativa con la decisión de los nazis de marcar a los judíos con un brazalete amarillo
El ayuntamiento vizcaíno patrocinará «pins» y carteles que distingan a los habitantes que hablen euskera y los comercios donde se utilice, a pesar de que sólo cuatro de los once ediles de la coalición PNV-EA dominan el idioma.
J. Arias Borque La Razón 27 Julio 2005

Vitoria- El 23 de noviembre de 1939, la Cancillería alemana envió un despacho a sus generales en Polonia en el que se informaba de que, a partir del 1 de diciembre de ese año, todos los judíos residentes en el Gobierno General (nombre con el que denominaban a la Polonia ocupada) deberían portar en sus vestimentas distintivos blancos con la estrella de David en azul, para hacerles totalmente identificables. Poco después el color azul se cambiaría por el amarillo. El PP ha denunciado que, a partir del próximo octubre, el Ayuntamiento de la localidad vizcaína de Guecho, gobernado por el PNV, lanzará un «pin» con el que los euskaldunes podrán ser perfectamente reconocibles por la calle. Por lo tanto, los no euskaldunes también serán fácilmente identificables. Además, esta medida se extenderá a los comercios, donde un cartel especial constatará el pedigrí euskaldún.

El proyecto municipal fue aprobado en el pleno del pasado 5 de julio y contará con una dotación presupuestaria de 26.000 euros (casi cinco millones de pesetas). La única opción de que esta iniciativa no salga a la luz es la moción presentada por los populares en el Consistorio, que se debatirá en el pleno del viernes. Una iniciativa que tiene pocos visos de prosperar ya que las pasadas elecciones municipales de 2003 otorgaron la mayoría absoluta a los tres partidos que sustentan el tripartito vasco (PNV-EA, once concejales; IU, dos) pese al importantísimo avance electoral de PP (nueve concejales) y PSE (dos ediles). Todo ello a pesar de que tan sólo el ocho por ciento de los ciudadanos de la localidad son euskaldunes.

La oposición puso ayer el grito en el cielo ante el proyecto del alcalde de Guecho, Iñaqui Zarraoa. La senadora y portavoz municipal del PP en la localidad, Marisa Arrue, acusó a los nacionalistas de querer «poner en una lista negra» a las personas que no saben euskera a través de este proyecto. «No se puede usar el euskera como lo usa el nacionalismo, para politizarlo. Desde las instituciones no pueden hacerse campañas para dividir a la ciudadanía, al contrario, deben servir para aglutinar y unir», añadió.

Para la dirigente popular, con esta medida el alcalde «se ha pasado siete pueblos», ya que ha «tachado» y puesto «en la lista negra a los que no saben euskera o no quieren identificarse» como vascoparlantes con un signo externo. «Este proyecto nos recuerda épocas en las cuales se marcaba con una estrella de David a un sector de la población que luego ya sabemos cómo acabó». Una idea que aparece reflejada en la votación presentada por el PP y que se votará el viernes. «Pretende diferenciar a los vecinos de Guecho que hablan o no hablan el euskera, como las estrellas de David de los judíos en la época nazi», añadió.

El euskera del PNV. Arrue denunció, asimismo, que «el PNV no exige a sus cargos electos los niveles de euskera que reclaman a cualquier persona que quiere acceder a un puesto en la Administración autonómica», como demuestra el hecho de que de los once concejales de la coalición nacionalista PNV-EA que están en la Corporación municipal tan sólo cuatro se defiendan en una conversación en vascuence.

Esta medida contrasta con las hasta ahora llevadas a cabo en otras comunidades. En Cataluña, por ejemplo, la Generalitat y los nacionalistas hicieron una fuerte campaña a favor de que los cines proyectasen películas dobladas al catalán, polémica que se originó, sobre todo, con la llegada a la gran pantalla de Harry Potter. Hace unos meses, el Parlament aprobó una iniciativa para que sólo autores que escriben en catalán representasen a Cataluña en la Feria del Libro de Frankfurt de 2008. Propuestas, todas ellas, mucho menos radicales. En el País Vasco, la localidad vizcaína de Lejona, gobernada por el PNV, ya intentó imponer a los niños del modelo educativo D (íntegro en euskera) la utilización del vascuence en los recreos, donde habitualmente utilizan el castellano, y el tripartito intentó obligar a todos los comercios a atender a los clientes tanto en castellano como en euskera.

SIN ALTERNATIVAS TRAS EL FRACASO DEL SOCIALISMO
Alonso de los Ríos cree que la izquierda "se ha inventado una teoría antiderecha, definiéndose a partir de la negatividad"
El escritor y periodista César Alonso de los Ríos participó este martes en Castro Urdiales (Cantabria) en el seminario "¿Tiene futuro la izquierda?". Alonso de los Ríos consideró que "el problema de la izquierda española es que no sabe cómo definirse: acepta el sistema de libre mercado pero se considera anticapitalista, lo que desemboca en una postura esquizoide", y añadió que ante el fracaso del socialismo y la social democracia, la izquierda "se ha inventado toda una teoría antiderecha, definiéndose a partir de la negatividad".
Europa Press Libertad Digital 27 Julio 2005

Este foro se celebra esta semana, bajo la dirección del también escritor Iñaki Ezquerra, en el marco de los XXI Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria. Según Alonso de los Ríos, la izquierda "sabe que no tiene alternativa al sistema capitalista", lo que causa en su seno "desazón y contradicciones internas".

"El socialismo como modelo ha fracasado: el comunismo lo hizo a partir de la caída del muro de Berlín y también lo ha hecho, aunque de manera menos estridente, la socialdemocracia", sentenció. El escritor consideró que, ante esta situación, la izquierda "se ha inventado toda una teoría antiderecha, definiéndose a partir de la negatividad". "Dicen que la derecha no es democrática, niegan el pasado histórico de la misma y niegan también la realidad nacional española, lo que les lleva a la convergencia con los nacionalismos, donde buscan su apoyo", afirmó Alonso de los Ríos.

Según el ponente, columnista del periódico ABC, en el plano internacional la izquierda está marcada por el "antiamericanismo y el palestinismo".

En referencia a la educación, César Alonso de los Ríos consideró "tremendo que la izquierda sea la que está desfavoreciendo más a la enseñanza pública". "Conforme a sus creencias, deberían cuidarla, tanto desde el punto de vista de los presupuestos como desde la perspectiva de la calidad académica, y no trivializarla para dar armas a la privada", señaló.

El curso de verano en el que intervino el escritor contará este miércoles con la presencia del filósofo Gustavo Bueno, quien hablará sobre la previsión de futuro de las izquierdas, y de la periodista Cristina Losada, que ofrecerá una ponencia sobre la izquierda tras el 11-S.
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