AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 30 Julio 2005
El siniestro juego de ETA
Editorial ABC 30 Julio 2005

El sonido de la ira
Fernándo García de Cortázar ABC 30 Julio 2005

El inaudito comportamiento del juez Del Olmo
EDITORIAL Libertad Digital 30 Julio 2005

¿Alianza, diálogo o convivencia de civilizaciones?
GUSTAVO ARÍSTEGUI ABC 30 Julio 2005

¡Qué miedo!
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 30 Julio 2005

Un invento perverso
M. MARTÍN FERRAND ABC 30 Julio 2005

¿Quién nos puso en la diana?
Pío Moa Libertad Digital 30 Julio 2005

Cómo perder una guerra
Victor Davis Hanson Libertad Digital 30 Julio 2005

Tirar a matar
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 30 Julio 2005

Policía política
GEES Libertad Digital 30 Julio 2005

La doble quinta columna
Por Enrique de Diego Época 30 Julio 2005

Fuera del tiempo
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 30 Julio 2005

Terror autista
Editorial El Correo 30 Julio 2005

El Estatuto de Cataluña
Editorial Heraldo de Aragón 30 Julio 2005

Gotzone Mora: "La campaña de verano de ETA ha comenzado para presionar a Zapatero"
Libertad Digital  30 Julio 2005

La Policía británica detiene a los tres terroristas del atentado del 21-J que quedaban en libertad
MARCELO JUSTO. SERVICIO ESPECIAL ABC 30 Julio 2005

ETA hace estallar dos bombas en Toledo en plena operación salida
MELCHOR SÁIZ-PARDO/COLPISA. MADRID El Correo 30 Julio 2005

El PP llevará a los tribunales al Ayuntamiento de Guecho por marcar a los vascoparlantes
M. LUISA G. FRANCO ABC 30 Julio 2005

LA PAREJA LINGÜÍSTICA
XAVIER PERICAY. ABC Cataluña  30 Julio 2005

 

 

 

El siniestro juego de ETA
Editorial ABC 30 Julio 2005

COMO hiciera el pasado año al comienzo del puente de la Constitución, la banda terrorista ETA alteró la «operación salida» desde Madrid. Aplicando la ley del mínimo esfuerzo con máximo rendimiento, con dos artefactos explosivos colocados en los arcenes de las autovías de Andalucía y Extremadura, en las provincias de Ciudad Real y Toledo respectivamente, los terroristas lograron atrapar a decenas de miles de conductores que habían iniciado su tiempo de vacaciones estivales. El terrorismo siempre busca amplificar los efectos de sus atentados con una valoración estratégica del lugar y del tiempo en que se van a cometer. Por eso es presumible que el Ministerio del Interior, tuviera en cuenta el antecedente del pasado mes de diciembre y que, aun siendo previsibles, estos atentados hayan sido inevitables. El resultado es que ETA domina nuevamente una jornada de especial significación y condiciona negativamente la vida diaria de miles de ciudadanos, haciéndose presente con un método de dosificación de su violencia que actúa como recordatorio de que nada de lo anunciado por el Gobierno sobre ese inédito proceso de paz sucederá en contra o al margen de su voluntad.

La intención actual de ETA es seguir jugando con el Gobierno y continuar en la cómoda situación que le ha creado el discurso del PSOE, cuyos portavoces han hablado de una tregua tácita que no existe y han juzgado esperanzador, aunque gesto insuficiente, el repulsivo indulto parcial de los etarras a los cargos electos. ETA ha vuelto a ubicarse políticamente y sin coste alguno a su cargo. Parece sensato que el presidente del Gobierno, en la misma medida que pidió confianza para sus conocimientos personales sobre las intenciones de ETA, ofrezca a la opinión pública su pronunciamiento sobre una continuidad terrorista que desmiente las expectativas de paz anunciadas por el Ejecutivo. Porque, en estas condiciones, tregua no será sinónimo de paz.

Es hora de que el Gobierno haga balance público de su política sobre terrorismo y, en vez de actos de fe, ofrezca a la opinión pública, al principal partido de la oposición y a los medios de comunicación juicios concretos que puedan ser sometidos a la crítica democrática que la opacidad del Ejecutivo está haciendo imposible.

Ya no es suficiente que el Gobierno y el PSOE manifiesten que sólo esperan de ETA el abandono de las armas. Para ese objetivo no era necesario dejar sin efecto el Pacto Antiterrorista, ni diluir la Ley de Partidos, instrumentos ambos absolutamente eficaces en la lucha contra ETA y su entorno, que ahora ha vuelto a hacerse con el control de la calle en el País Vasco. Todo esto ha sucedido como piezas de una estrategia que para el Ejecutivo aún debe consumarse, pero que para los ciudadanos corre visos de convertirse en un fracaso.

Rodríguez Zapatero debe explicar cuáles son o van ser los beneficios del nuevo proceso emprendido; por qué la paz estará más cerca si el Gobierno tiene de aliado en esta materia a Carod-Rovira y no a Rajoy; o por qué se habla de esperanzas de paz cuando ETA lleva un año jalonando de bombas el territorio nacional, excepto Cataluña. El presidente del Gobierno habría podido hacerse acreedor de la confianza general si hubiera concretado sus intenciones sobre el proceso de paz que dice liderar. Habría sido suficiente que mantuviera una política antiterrorista que ya estaba bien asentada en el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, y que hubiera implicado con lealtad a su principal adversario político, incluso en el abordaje, aun cuando fuera meramente especulativo, de un proceso de paz que contemplara, a su término, medidas concretas en materia penitenciaria. En cambio, crece la incertidumbre: se dispara la «kale borroka», aumenta la influencia de la izquierda proetarra, el Gobierno vasco es tan soberanista o más que en la anterior legislatura, las víctimas entran en discordia y el constitucionalismo vasco se siente abandonado.

La estrategia de ETA es clara, porque es la misma de siempre. Aunque debilitada por la eficaz actuación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que siguen deteniendo comandos, la banda terrorista se aplica en cumplir una táctica siniestra cuyo objetivo último -que nadie se engañe- sigue siendo doblegar al Estado.

El sonido de la ira
Por Fernándo García de Cortázar, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto ABC 30 Julio 2005

... Vivimos, cada día más, una reverberación imperfecta del pasado. Vivimos, contra lo que podamos pensar, en los negros años del siglo XX. En cierto modo, es lícito afirmar que el ambiente de la Transición era racional...

LAS palabras no matan, pero siembran la confusión y la mentira, ocultan la realidad y alimentan el fuego de la discordia, y llegado el caso ofrecen coartadas para ejercitar la ciencia del disparo. Hay palabras tan asesinas como las cámaras de gas. Las palabras armaron a los asesinos de Rathenau, convencidos de la pertenencia del político berlinés a los trescientos sabios de Sión, de su «bolchevismo rastrero» y del carácter nocivo del judaísmo. Las palabras empujaban en las retaguardias a muchos de los pistoleros de nuestra vieja y todavía no superada última guerra civil. El régimen del mariscal Pétain es un pleonasmo de las palabras con las que Brasillach, estrecho colaborador de la Gestapo, llamaba al genocidio y a la delación. Stalin, horrendo en públicos verdugos y en secretos espías, una trascripción de los versos de Aragon, Elouard y otros utópicos poetas.

Las palabras no son inocentes. Tampoco inocuas. Dichas o escritas ya no hay manera de rescatarlas para el silencio anterior en el que aún no existían, en el que se estuvo a tiempo de evitar el dolor o la injuria. Cuando, concluida la guerra de Yugoslavia, el escritor bosnio Dzevad Karahasan se preguntó por las causas de la barbarie unánime que había devastado su país, por qué todo aquel horror generalizado, aquella colmena violenta y enloquecida, llegó a la siguiente conclusión:

«Vengo de un país devastado y la culpa la tiene la mala literatura».

Su libro Sarajevo, diario de un éxodo exhorta a recordar nuestra humanidad esencial y a leer con precaución a los literatos e intelectuales que presentan la comunidad política como divinidad, y la pertenencia a ésta, como el valor más sublime y preciado que el hombre, en tanto individuo, puede tener, desear, creer, soñar o crear. Karahasan habla largamente, pero me clava al sillón tres veces. Cuando dice que esta mala literatura se comporta como si todo le estuviera permitido, invitando a los hombres a arrojar a la hoguera a sus hijos vivos, llamando al ajuste de cuentas definitivo con creyentes de otras religiones y explicando que todo el mal que sufre un colectivo procede de otro. Cuando declara que debido a esta literatura y en nombre de los valores que ha creado, articulado, impuesto, se envilece y destruye todo lo humano. Cuando añade: «Y los hombres que queman ciudades, mutilan niños y fecundan por la fuerza a las mujeres están inspirados directa o indirectamente por esta literatura, directamente si la han leído, e indirectamente si no lo han hecho y sólo han asumido los valores que ha creado».

Lo que ocurrió en la extinta Yugoslavia revela el peso terrible del pasado y la historia. El suplicio del hombre cruelmente empalado, con el que comienza Un puente sobre el Drina, no pareció cosa del siglo XVI sino de entonces mismo. En un país como España, esta España donde son tantos los que miran al pasado para reinventar la historia y sacar partido de ella desde su supuesta inocencia y bondad primigenia, donde los periódicos se han convertido en partes de guerra y muchos piensan que un hecho ha acontecido porque está impreso en grandes letras negras, confundiendo la verdad con el cuerpo doce, conviene reflexionar sobre las páginas de Karahasan, sobre el uso y responsabilidad de la palabra, sobre el triunfo de lo irracional en perjuicio de lo racional, sobre el peligro de resucitar los espectros fratricidas.

Vivimos, cada día más, una reverberación imperfecta del pasado. Vivimos, contra lo que podamos pensar, en los negros años del siglo XX. En cierto modo, es lícito afirmar que el ambiente de la Transición era racional y el de estos años, después de un cuarto de siglo de exaltar agresivamente las diferencias que los viajeros no llegan a distinguir, y en inventarlas cuando no existen, antirracional. Lenguajes como el de Oriol Malló, verdadero pleonasmo del cura Merino y fulminador de los intelectuales que disienten de la llamada oscura de la nación catalana quizá sean novedosos, pero los prejuicios, relatos imaginarios y odio secular del que brotan, no.

Desde los tiempos de Cervantes se viene reflexionando sobre el modo en que a veces los libros trastornan la imaginación de quien se encierra obsesivamente con ellos, como don Quijote o Emma Bovary. De lo que no cabe duda es de que hay palabras y relatos que tienen sobre la realidad un efecto perverso y menos ambiguo del que se cree. No es chocante que la sapiencia o el respeto adjudicados a los terroristas aumenten en el País Vasco en cuanto las bombas se politizan. Resulta desolador ver cómo aquí un fatuo, un aspirante a campeón de mus en el mejor de los casos, farfulla grandes vocablos ante la concurrencia ceremoniosa de los periodistas: «Soy un enemigo del gobierno español y fascista...» o «mi posición respecto a la paz en Euskadi...» o «creemos que la normalización política sólo es posible a través de un diálogo sin exclusiones...». Tampoco es extraño que las descabelladas metáforas del letraherido Malló no hayan suscitado la condena unánime de los políticos catalanes. Las voces y la mística de la cábala nacionalista, que es la de la exclusión y marginación del inconformista, la señal a fuego o a silencio del que rompe la disciplina del rebaño, hace tiempo que campean como soberbios fantasmas tutelares por el país de Companys. Como en el País Vasco, aunque sin el terrorista con pastoral derecho al diálogo, la mayoría acata, o comparte, o duda, o calla. O peor aún: piensa que formular un temor es colaborar con el enemigo, con el quintacolumnista que desea que los catalanes se suiciden en grupo o abracen la fe española.

En este paisaje moral donde el vigor y la legitimidad de la razón se ven casi siempre amañados por la presión política, sorprendentemente quedan intelectuales capaces de mirar con ironía la insignificancia y vanidad de sus gobernantes, el egoísmo y la rabia del chovinismo, la inflación de los símbolos y los signos, el mal gusto de los discursos y ceremonias, el populismo primitivo y el falso mesianismo.

Increíblemente no son nacionalistas, porque casi todos sus colegas lo son, aunque lo nieguen o lo ignoren. Desde hace tiempo escasea el publicista que no opine que el hecho inevitable y trivial de haber nacido en una determinada región y de pertenecer a tal pueblo no sea un privilegio singular y un talismán suficiente. Vindicadores de la democracia y del pluralismo, que se creen muy diversos de Goebbels por no exaltar la raza, instan a sus lectores a escuchar los latidos de un corazón que recoge los íntimos mandatos de la sangre y de la tierra. Unos se declaran federalistas y republicanos; otros, independentistas; otros marxistas; todos, hablan con fervor de la identidad, del pueblo, de la lengua. Lejos o fuera de la comunidad política soñada por estos portavoces de la frontera, no hay sentimientos ni deseo ni pensamientos ni actos. Lejos o indiferente a lo trágico y sublime de la comunidad política que sueñan, solo vacila el hereje.

Traicionar la individualidad humana y traspasar la medida del hombre es el pecado original que se ha cometido en todas las épocas de la historia. En la tragedia griega existía el coro como medida humana y testigo del gran pecado de aquellos que habían querido traspasarla. La actualidad candente que nos exaspera y exalta y alguna vez nos aniquila no es otra cosa que un reflejo imperfecto de este viejo y gran error histórico contra el que los dramaturgos helénicos trataban de inmunizar al espectador. Traicionar la individualidad es justo lo que estamos haciendo hoy en España, jovial y pluralmente.

En vano se recuerda que fueron los ídolos de la sangre, de la tierra y de la pasión los que en el pasado sumergieron este país en varias y terribles guerras civiles. En vano se escribe que las diversidades, justamente apreciadas como variantes de lo universal humano, se convierten, si se absolutizan, en la negación y destrucción de éste. Vanamente se repite que las palabras conducen a la violencia y que son palabras, palabras melancólicas y pastoriles, palabras que enseñan que la culpa de todo la tienen los otros, las que arman a los terroristas vascos. En España, a pesar de lo que dice la Constitución, continúa escaseando el laicismo. Laicismo no sólo frente a la Iglesia católica, sino también frente a la nacionalidad entendida como fetiche y religión. Laicismo como el que profesó el autor de Los viajes de Gulliver «Siempre he odiado a todas las naciones, profesiones y comunidades, y todo mi amor va dirigido hacia las personas concretas». O como el feroz Nietzsche «¿Por qué ser hostiles con el vecino, cuando en mí y en mis padres hay tan poco que amar?»

El inaudito comportamiento del juez Del Olmo
EDITORIAL Libertad Digital 30 Julio 2005

La relación del Partido Socialista cuando está en el Gobierno y los medios de comunicación no adictos suele ser harto tormentosa. Lo vimos durante los años de plomo del felipismo. Época de infamia en la que desde Moncloa se supervisaba la labor de los profesionales de la información y se sometía a cuidadoso escrutinio a sus responsables. En aquellos años, la primera cadena de radio del país fue aniquilada mediante una fusión ilegal que escondía oscuros intereses a los que la presidencia del Gobierno no era ajena. La prensa escrita que no comulgaba con el régimen o que, simplemente, osaba denunciar los desmanes, fue cercada y, en ocasiones, silenciada sin el menor miramiento. Aunque parezca una eternidad el tiempo transcurrido desde entonces tan sólo han pasado diez años.

Tras el regreso al poder de un partido cuya obsesión por la prensa libre es tan notoria no podía esperase más que intromisiones, zancadillas y algún que otro ridículo. De lo primero, de las zancadillas, la cadena COPE se ha convertido en involuntaria protagonista a lo largo de los últimos meses. De lo segundo ha tenido que ser un juez de la Audiencia Nacional el que lo escenificase. La tarde del jueves el magistrado Del Olmo requirió al director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, toda la documentación del sumario del 11-M que consta en poder de su periódico. Los términos fueron tajantes; o Ramírez accedía en el plazo estipulado a la solicitud del magistrado o sería acusado de un delito de desobediencia.

Ni Pedro J. Ramírez ni el diario El Mundo tienen la obligación legal de acceder a esa petición. Conforme a lo establecido por el Código Penal, no es constitutivo de delito revelar secretos sumariales cuando el que lo hace no está personado en el proceso. El Mundo no lo está, por lo tanto le asiste el derecho de seguir publicando todo lo que sabe sobre ese sumario. Hasta aquí una aclaración jurídica que Del Olmo parece desconocer. Además, y por si lo anterior no fuese suficiente para desmontar los débiles argumentos sobre los que el juez ha edificado su delirante solicitud, a los periodistas de El Mundo les asiste otro derecho no menos importante recogido en el vigésimo artículo de nuestra Carta Magna. Pedro J. Ramírez, como informador, tiene pleno derecho a difundir una información, siempre y cuando sea veraz, y a no revelar sus fuentes. Esto también debería saberlo el juez Del Olmo.

Una vez perpetrado el dislate por el magistrado de la Audiencia Nacional no nos queda más que concluir que alguien está nervioso en La Moncloa, y cuando esto sucede la Fiscalía General del Estado, la encarnada en Candido Conde Pumpido, actúa como un preciso resorte para aminorar la carga de preocupaciones de su inquilino. Nunca antes, ni en los peores tiempos de la corrupción y el crimen de Estado felipistas, un juez había llegado a solicitar documentación a un periódico en esos términos. ¿A quién incomoda de tal manera las informaciones sobre el 11-M que viene dando El Mundo desde hace más de un año?, ¿por qué ahora que se ha cerrado en falso la Comisión parlamentaria, pone el juez que lleva el caso los ojos sobre un simple diario?

El Mundo se ha negado a entregar esos papeles al juzgado buscando el amparo que brinda a los periodistas el artículo 20 de la Constitución. Pero no sólo eso, el sentido común más elemental, el respeto a la legalidad y la sagrada misión de informar obligan al rotativo madrileño a seguir en la línea de investigación del 11-M. Si nadie lo impide, los ciudadanos podrán estar al tanto de las revelaciones sobre los mayores atentados de nuestra historia, revelaciones que, dicho sea de paso, superan con mucho a las investigaciones realizadas por la Comisión creada al efecto en el Congreso de los diputados. Si, por el contrario, se termina por imponer el pacto de silencio sobre aquel luctuoso suceso es que algo muy grave está fallando en nuestra democracia.

¿Alianza, diálogo o convivencia de civilizaciones?
GUSTAVO ARÍSTEGUI DIPUTADO DEL PARTIDO POPULAR ABC 30 Julio 2005

El autor mantiene que la erradicación de la pobreza no desembocaría en el final del terrorismo, porque los fundamentalistas pretenden «dominarlo todo». Una «alianza de civilizaciones» sólo es posible entre «democracias que compartimos principios y valores»

EL apoyo del primer ministro británico Blair ha reabierto el debate sobre una cuestión extraordinariamente mal planteada, la de las razones y las causas del terrorismo. Nadie puede dudar de las buenas intenciones de fondo si hacemos abstracción del oportunismo político, pero no se pueden ignorar las perniciosas consecuencias de este inútil y ciertamente arriesgado debate.

El terrorismo ni ha tenido, ni tiene ni tendrá razones, eso que el presidente del Gobierno denomina «el mar de la injusticia universal», que es el perfecto complemento a su «alianza», pues lo segundo sin lo primero no se entendería. No conozco a ningún analista importante que no se haya «sorprendido» (palabra que se usa en el lenguaje diplomático para expresar su rotundo rechazo) ante el planteamiento peligroso y comprometido del mar de la injusticia, que sirve de base a la alianza. Si su base es tan resbaladiza y arriesgada, ¿cómo podemos darle credibilidad y fundamento al remedio que de ella nace? El planteamiento es profundamente erróneo porque presupone que se puede terminar con el terrorismo acabando con sus razones por medio de la alianza de civilizaciones. He ahí el craso error, pues el terror no tiene razones, usa y abusa de pretextos y, si todos los conflictos que le han servido de excusa desaparecieran, ya se ocuparían sus teóricos de inventarse nuevas «razones», a las que sólo cabría oponer la sumisión de la civilización y de la democracia al terror para escapar de su ira. Es evidente que eso no ocurrirá. No hay más forma de terminar con el terrorismo que su derrota, y con la lucha en el terreno de las ideas, pues la superioridad ética y moral de la democracia y el respeto a los Derechos Humanos no admiten duda ni compromiso alguno.

La pobreza genera retraso, muerte y desolación, así como inestabilidad geopolítica y geoestratégica, pero en el continente más pobre del planeta, que es África, no hay movimientos terroristas, hay violencia tribal y guerras civiles así como enfrentamientos entre vecinos como consecuencia de la artificiosidad de algunas de sus naciones. El islamismo radical aumenta en un número creciente de países por el activo -y a veces violento- proselitismo, convenientemente «engrasado» con cantidades ingentes de dinero vergonzante de quienes quieren aplacar sus conciencias o mantener el fenómeno fuera de casa. Conviene subrayar que en esto último han fracasado estrepitosamente.

En el análisis del fenómeno terrorista podemos hablar de factores que favorecen la expansión de las ideologías violentas y totalitarias, que alimentan al terror y le sirven de combustible diabólicamente eficaz. En este proceloso océano naufraga el «mar de la injusticia universal», pues son docenas los factores que han incidido en la expansión del fanatismo. Sólo mencionaré algunos: el colonialismo y las profundas heridas que dejó en los países sometidos; la descolonización mal diseñada y peor ejecutada; la falta de perspectivas personales, económicas y laborales; las crisis personales y de identidad; una educación rígida y retrógrada, que manipula la historia y siempre le echa la culpa de todas sus desgracias a Occidente y que enseña frustración y rabia, que engendran odio y fanatismo; el socorrido victimismo que aliena y adormece la autocrítica y el afán de superación; el fracaso de los sistemas políticos que han sido impuestos a esos pueblos desde las dictaduras de extrema derecha a las de extrema izquierda, pasando por los regímenes de partido único o las supuestas teocracias. No puedo extenderme más, pero queda claro que el análisis es un poco más complejo que el «mar de la injusticia universal» y su hermana la «alianza de civilizaciones».

Erradicando la pobreza le haremos un gran servicio a la humanidad. Es una tarea urgente y que provocará un salto espectacular en el bienestar y en el crecimiento económico y la prosperidad del mundo, lo que redundará en mayor estabilidad y paz. Pero lográndolo no terminaríamos con el terrorismo, pues al fanatismo y al odio que inspiran a las ideologías que nutren al terrorismo no les preocupa la pobreza; sólo pretenden perpetuarse y lograr cotas crecientes de poder hasta dominarlo todo.

La «Alianza de Civilizaciones» es un «refrito» mal digerido de ideas ajenas, generalmente mejor planteadas que esta iniciativa, que se sustenta en un análisis muy simplista de fenómenos muy complejos y que comete el error de creer que hay razones y causas que provocan el terrorismo. Contra el terror sólo se puede luchar con una estrategia multidimensional que incluya, entre otras muchas, la dimensión de seguridad; de reformas legales; de cooperación internacional, de coordinación y trabajo en equipo de los servicios de inteligencia; de políticas educativas que fomenten la tolerancia y el pluralismo como valores esenciales; de una eficaz lucha contra la financiación del terror; de políticas penitenciarias que rompan la disciplina interna de las organizaciones y que permitan una verdadera y completa rehabilitación del terrorista, aunque yo tenga mis dudas de que eso sea posible, y promoviendo -no imponiendo- la democracia y el respeto a los Derechos Humanos. Todo esto habría que complementarlo con un eficaz catalizador: el diálogo de civilizaciones, muy crítico cuando las circunstancias lo requieran, que es a lo que ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo la Unesco, y que fue retomada por el ex presidente iraní Mohamed Jatamí. Alianza sólo puede haber entre democracias que compartimos principios y valores. La derrota del terrorismo y el diálogo para lograr una pacífica convivencia entre civilizaciones fomentarán el avance de la democracia y de los derechos y libertades fundamentales a los que tiene derecho todo ser humano. Sin embargo, en esta angustiosa carrera por lograr un mundo mejor, nos han tomado una preocupante delantera el fanatismo, el odio, el extremismo y su hijo primogénito y heredero: el terrorismo.

Sumario 11-M
¡Qué miedo!
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 30 Julio 2005

Si un gobierno pudiera decente y legalmente usar al fiscal general para que los jueces dieran trámite a apremiantes ultimatos a la prensa no bizcochable, a lo mejor los socialistas se hubieran ahorrado las consecuencias penales y políticas del GAL y de Filesa. Siempre y cuando, claro está, que dicha prensa –que se reducía entonces básicamente a un diario y a una emisora de radio– se hubiera echado a temblar ante la posibilidad de que el juez determinara “la oportuna deducción de testimonio de particulares por presunto delito de desobediencia a la autoridad judicial”. Pero ni siquiera a la politizada fiscalía del Pollo del Pinar –¡qué época!– se le ocurrió excitar a los jueces de la Audiencia con tales fines.

Es el caso que otra prensa, sin ninguna consecuencia, sin ninguna admonición, sin levantar invocaciones al Código Penal, ha largado de lo lindo sin reparar en el secreto de sumario en circunstancias menos lesivas para los herederos de Pablo Iglesias. Y hace bien, pues el secreto obliga en todo caso a las partes y a sus representantes. Llegada la información sensible a un periodista, lo incomprensible y lo reprobable desde el punto de vista profesional sería traicionar a su audiencia (no a su Audiencia). Y lo deontológicamente condenable sería revelar sus fuentes.

Artículo 20 de la Constitución Española: “1. Se reconocen y protegen los derechos: d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades. 2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.” Así que aquí lo único que importa es si la información publicada por El Mundo es veraz. Y a la vista de los antecedentes, debe serlo.

No se entiende que un magistrado se exponga a aparecer en la portada de un diario un día, dos, tres. Allá él, porque en este caso no tiene absolutamente ninguna posibilidad de forzar al diario El Mundo a violar el secreto profesional y a revelar sus fuentes, ni de empapelar a nadie por ello. Jamás la noticia debería ser el juez. La noticia es que las siglas PSOE siguen apareciendo relacionadas con el último asunto en el mundo al que deberían rozar. Por cierto, no vean lo asustado que está Pedro J. Pero a esta gente del gobierno, ¿quién demonios la asesora?

Un invento perverso
M. MARTÍN FERRAND ABC 30 Julio 2005

GUECHO, o Getxo, en la orilla derecha de la ría del Nervión, es un buen retrato de lo que ocurre en Vizcaya y, por extensión y con matices, en todo el País Vasco. Se trata de una de las mejores zonas residenciales de Bilbao y sus distintos barrios -Algorta, Las Arenas o Andra Mari- alojan a clases medias, instaladas y tradicionales. El alcalde Iñaki Zarraoa, pertenece al PNV y, siguiendo el patrón establecido en el territorio, la mitad de la población no es nacionalista. Sin embargo, una minoría alarmantemente independentista impone su ley y, como ayer valoraba en estas páginas Marisa Arrúe, senadora y portavoz del PP en el Ayuntamiento de Guecho, es peligroso para alguien que no comparta el fervor separatista acercarse a las fiestas del lugar.

En ese caldo de cultivo no resulta raro, aunque sí indignante, que el alcalde haya dispuesto adornar el pecho de los buenos vecinos, los que hablan vascuence, con un pin que acredite su conocimiento lingüístico y, de paso, marque una frontera con los ignorantes del euskera que, se supone, por serlo no merecen la consideración de residentes respetables. En otras circunstancias, el asunto sería menor y mucho más para la risa que para la irritación; pero los excesos nacionalistas, tan crecientes, comienzan ya a debilitar la paciencia de quienes, con el amparo de la Constitución, nos limitamos a ser españoles y, sólo en un plano antropológico y sentimental, le añadimos a esa condición la regional que nos haya tocado en suerte.

Es un tópico afirmar, al hilo del disparate de Guecho, que desde la Alemania nazi en su trato con los judíos no se veía por Europa un caso tan claro de discriminación ciudadana. Eso asusta. La esencia del pensamiento de Sabino Arana, con perdón por la ligereza en el uso de la palabra pensamiento, se destila de un orgullo vizcaitarra racista, xenófobo y distante de todo cuanto no cabe entre las cuatro paredes del caserío. Saber vascuence está muy bien; pero eso no puede ser, ni desde la ley ni desde el sentido común, una nota de distinción para el establecimiento de una clase de ciudadanos de primera en desprecio de los de segunda, quienes no están tocados por el don de lenguas y desconocen tan primitivo como escaso idioma.

El pin del alcalde de Guecho es un invento perverso, discriminador y alarmante. Es el síntoma de una situación en la que la mitad de la población quiere anular -¿expulsar?- a la otra media. Es la apología de un marco en el que, después, puede incrustarse el cuadro terrorista y, desde el asesinato hacia abajo, toda la patología social que cursa con estos fervores de aldea en un tiempo y en un mundo en el que, por las buenas o por las malas, estamos llamados a la globalización. Es el retorno del radicalismo que, kale borroka incluida, le sirve de placenta al último de los grupos terroristas de Europa.

Terrorismo islámico
¿Quién nos puso en la diana?
Pío Moa Libertad Digital 30 Julio 2005

Cuando la matanza del 11-M, la izquierda socialista y comunista, más los separatistas lograron que millones de ciudadanos exculpasen a los asesinos y cargasen las responsabilidades sobre Aznar, con el argumento de que éste nos puso en la diana del terrorismo, al haber intervenido en la guerra para derrocar al genocida Sadam Husein. España sólo intervino en la guerra con apoyo político y moral, pero bastaba y, ello junto a la propaganda anti PP logró crear la impresión de una intervención española armada. Pero eso es lo de menos. Para los acusadores, Sadam no era un tirano genocida, sino un líder representante de su pueblo; y los terroristas no eran tales, sino vengadores del “mar de injusticia” causado por las democracias. En consecuencia, la matanza de Madrid, aunque retóricamente condenable, no dejaba de tener una faceta justiciera, mientras que la postura de Aznar carecía de cualquier justificación: él nos había atraído la venganza de los oprimidos.

La torpeza extraordinaria de la derecha, su costumbre de replicar a las estocadas con alfilerazos, le impidió aclarar debidamente la realidad, facilitando con ello la confusión sembrada por la alianza izquierdista-separatista.

Ante todo conviene insistir hasta meter en la cabeza de todo el mundo que España está, de modo general, en la diana del extremismo islámico, por cuanto éste, en sus propias palabras, lucha contra el mundo que llama cristiano. Dentro de ello, la posición de España como objetivo terrorista empeora, porque en el imaginario musulmán –y no solo en el extremista– España es Al Andalus, un territorio a reconquistar si Alá lo permite, que bien pudiera permitirlo en un futuro próximo. Los atentados de Nueva York y otros realizados en España precedieron a la guerra contra Sadam, no reaccionaron a ésta.

Ello, como consideración general, pero ¿y en concreto? ¿Algún factor ha animado especialmente a los asesinos a golpear en Madrid y en el período electoral? Ante todo debemos observar que el terrorismo islámico no es tan ciego como algunos pretenden. Sus promotores se consideran en guerra contra el Occidente democrático y “cristiano”, y su estrategia está definida en el concepto de guerra de cuarta generación, que no diferencia entre objetivos militares y civiles, y en la que el impacto sobre la población a través de los medios de masas vale más, por su efecto de descomposición social, que grandes unidades del ejército. Ellos mismos han explicado esta concepción, y la experiencia demuestra que saben aplicarla. Dentro de esa orientación, el objetivo esencial actualmente parece consistir en hacer de Irak un segundo Vietnam para Occidente (y no sólo para Usa, pues de un fracaso en la estabilización de Irak resultaría especialmente perjudicada Europa). A ese fin tiene suma importancia romper la alianza que trata de proteger al pueblo iraquí de déspotas y terroristas.

En estas circunstancias fue el candidato de las ansias infinitas de paz quien prometió, antes de las elecciones, la retirada de las tropas españolas que ayudaban a los iraquíes a construir una sociedad mejor. Fue indudablemente esa promesa la que nos puso en la diana, no ya como un objetivo general, sino como objetivo concreto y directo. ¿Cómo podían ignorar los asesinos una promesa tan maravillosa para su causa? Si ganaba el candidato de las sonrisas, ellos alcanzarían una victoria de la mayor trascendencia.

Recientemente han salido a la luz unas consideraciones de terroristas islámicos sobre el 11-M, guardadas en el ordenador de uno de los asesinos. La masacre habría sido el medio deliberado para “poner fin al Gobierno del innoble Aznar”. Algunos analistas demasiado sutiles han querido ver en esas palabras una jactancia triunfalista a posteriori, no un proyecto previo, pues, ¿cómo podían saber por adelantado los criminales que su acción iba a provocar la derrota del PP y no un reagrupamiento de la gente en torno a él? Nunca pueden preverse del todo los efectos de un golpe así, cierto, pero en este caso no había muchos riesgos en la profecía. Otros documentos muestran que los terroristas conocían lo que nadie en el mundo ignoraba, es decir, la debilidad de la sociedad española ante el terror islámico, expresando la conveniencia de golpear a España para romper la alianza occidental en Irak. Una debilidad causada por la intensísima propaganda y movilización izquierdista-separatista durante la guerra y después, así como por la casi nula de respuesta del gobierno conservador. La confusión y la demagogia predominaban en nuestro país en mayor medida que en otros de la alianza pro estabilización de Irak. Por lo tanto era alta la probabilidad de que una gran masa de españoles reaccionase contra el PP y no contra los asesinos.

Esta interpretación es coherente tanto con la lógica general del terror islamista como con los documentos disponibles de sus autores. En otro caso deberíamos creer que aquel golpea a ciegas, sin ningún objetivo preciso, achacándole así un grado de estupidez que quizá esté más bien en tales analistas. Al Qaeda hubo de tener en cuenta, forzosamente, la promesa socialista de otorgar al terrorismo islámico una trascendental victoria política rompiendo la coalición democratizadora de Irak.

Victoria aún mayor de la que podía esperar. Pues luego de retirar efectivamente las tropas, facilitando la labor de quienes masacran indiscriminadamente a los iraquíes que aspiran a la democracia, el nuevo presidente español, felicitado efusivamente por “El Egipcio”, llamó a seguir su ejemplo a los países presentes en Irak. Para la historia quedará este hecho decisivo y desastroso: Al Qaeda, con un solo golpe, ha logrado cambiar de arriba abajo la política interior y exterior de una potencia democrática media como España. Un éxito casi increíble a costa de la vida de “sólo” 191 infieles. Zapatero cumple.

Papeles privados
Cómo perder una guerra
Victor Davis Hanson Libertad Digital 30 Julio 2005

Los ataques del 7-J en Londres son otro golpe en la guerra que empezó el 11-S. Sus orígenes son fáciles de comprender a fondo: Una minoría de extremistas musulmanes, que son pocos pero forman una minoría de unos cuantos millones, se resienten profundamente por la erosión de la vida en Oriente Medio y otras áreas musulmanas. Un sistema de comunicaciones globalizado les recuerda a diario lo atrasado que está Pakistán comparado con India, cuánto mejor le va a Corea del Sur o a China pero no a Egipto y qué confortablemente se vive en la infiel América de Norte o en Europa pero no en Siria o Argelia.

Regímenes autocráticos, economías estatizadas, apartheid de género, corrupción, ausencia de una prensa libre, todo eso y más retarda el crecimiento económico desde el Golfo hasta Marruecos. En respuesta, los regímenes teocráticos como el talibán o la mulocracia iraní le echan las culpas a Occidente por su autoinfligida miseria e incapacidad. Pero aún más frecuentemente que eso vemos a dictadores astutos como el baazista Sadam, la familia real saudí, la cleptocracia egipcia o el régimen militar pakistaní dando rienda suelta a los islamistas –por no decir disimulado apoyo– para desviar la culpabilidad de sus propios errores hacia Estados Unidos y los “judíos”.

Un deshonrado mundo islámico –con viviendas deplorables, malnutrido y mal informado– se alimenta de la mitología que dice que lo único necesario es creer ciegamente y regresar al siglo VIII para recuperar las glorias pasadas del Califato y detener la decadente intrusión de la cultura popular y del consumismo occidental.

De modo que, cuando los terroristas atacan en Londres, Bali, Nueva York o Madrid, operan bajo una variedad de supuestos. Puede que los gobiernos de Oriente Medio desaprueben sus métodos públicamente, pero en privado respiran aliviados que todavía no sean sus propias cabezas las que los agentes de Al-Qaeda estén buscando. Los quistes islamistas están profundamente enraizados en el sistema nervioso central de los servicios de inteligencia pakistaníes, por no mencionar la Casa de Saud.

Igualmente, el público musulmán en Oriente Medio puede reprobar el terror pero en privado a menudo se sienten satisfechos cuando también los occidentales son humillados. Su subliminal complacencia en la desgracia ajena tiene su origen en el viejo antisemitismo –siempre pueden decir que el 11-S o el 7-J lo perpetraron los judíos o Israel– así como en la profunda vergüenza que sienten al sentirse atraídos por la opulencia y el consumismo occidental. Por eso, después de un 11-S o un 7-J vemos el escalofriante ridículo de imanes asegurándonos que “El islam no aprueba esas cosas” mientras que las camisetas con la imagen de Bin Laden o las copias de Mein Kampf se venden como churros en el mundo árabe.

Un tercer supuesto importante es la negación de la culpabilidad: Al Qaeda o sus Mcfranquicias en Europa siempre son consideradas responsables de cosas como lo de Madrid o Londres. Parece ser que estos grupos jamás visitaron las áreas fronterizas de Pakistán, nunca cobraron un céntimo de príncipes saudíes, nunca viajaron por Siria de camino a este u otro campo de entrenamiento terrorista. Lo peor es que, además, vemos que ninguna nación que ayuda a los terroristas tiene que rendir cuentas seriamente por ello. Que los ataques sean periódicos en lugar de diarios y que la mayor parte de la reserva petrolífera esté en Oriente Medio facilita que los occidentales convivan con el derramamiento de sangre en lugar de lanzar un ultimátum en serio.

Cuarto y el más importante: los terroristas y sus partidarios entienden que, de manera extraña, Occidente no sólo está dividido sino también que su estrechez de miras va en aumento. Ha perdido la confianza en su vieja devoción al racionalismo, la libertad de expresión y el empirismo, los han cambiado por las deductivas doctrinas casi religiosas de la equivalencia moral y el pacifismo utópico. Los partidarios de Al Qaeda dirán que las víctimas del 7-J fueron asesinadas por lo de Afganistán o Irak, “Bush mintió y miles murieron” y esa estúpida consigna será debidamente repetida por los occidentales en su búsqueda llena de culpabilidad porque “algo habremos hecho nosotros para provocar esto”.

Por eso en lugar de concentrar nuestra atención en las madrasas y las mezquitas que predican el odio, nos esforzaremos en aprender más sobre la cultura islámica, como si nuestra propia insensibilidad fuese la verdadera culpable. Nuestros abuelos podían despreciar el Bushido –el culto al guerrero en Japón— sin preocuparse por si estaban siendo injustos con los budistas; pero nosotros, que tenemos menos convicciones y hasta menos coraje, no podemos hacer lo mismo.

En pocas palabras, ahora ya sabemos que es lo que podemos esperar de los atentados de Londres y de los otros que vendrán. No habrá ningún esfuerzo para castigar a los países que subvencionan a Al Qaeda. Los críticos se aferrarán al mito de que los británicos recibieron lo que se merecían. La obsesión primordial de muchos occidentales será mostrar más sensibilidad hacia el islam, no hacia las víctimas de aquellos que matan en su nombre. Y todos nos consolaremos con la idea que sólo fueron unas cuantas docenas esta vez.

¡Qué manera más extraña de librar una guerra!

*Traducido por Miryam Lindberg

Carta de París
Tirar a matar
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 30 Julio 2005

Dicho así, hay algo que falta o que sobra, porque no se trata de disparar al tuntún, ni de matar a perros rabiosos, se trata de disparar para matar a sospechosos de ser terroristas suicidas que se disponen a cometer atentados; en tal caso resulta a todas luces preferible liquidarles antes de que se hayan hecho explotar, antes de que maten. Claro que siempre hay riesgo, y la sangre fría y el buen juicio de los policías y soldados se verán sometidos a duras pruebas. Las lloronas profesionales y los aliados del terrorismo islámico –por miedo, como odio a la democracia–, han vuelto a poner el grito al cielo ante esta consigna de Scotland Yard a sus policías, después de los atentados de Londres, y para demostrar la inaudita crueldad de esta inaudita represión, añaden que como en Israel –paradigma de la crueldad, para los fervientes admiradores del humanismo de Al Qaeda–, la orden precisa: disparar a la cabeza. Pero ¡so zopencos! No se trata de cuestiones metafísicas, sino de cuestiones prácticas. La larga y trágica experiencia israelí de lucha contra el terrorismo ha demostrado que los dos instrumentos principales utilizados por los terroristas para cometer sus asesinatos son el coche bomba y la persona bomba. Si se dispara al corazón de un hombre o una mujer, con la cintura rodeada de explosivos, el resultado será el de adelantar la explosión prevista de unos segundos o pocos minutos, mientras que si se tira a la cabeza, lo más probable es que el suicida asesino muera antes de que haya logrado desencadenar la explosión. Esto es lo que demuestra la experiencia israelí.

En esta guerra psicológica, que forma parte de la guerra total contra el terrorismo, no es de extrañar si los lacayos del poder intentan aprovecharse del reciente encuentro en Londres de Rodríguez Zapatero con Blair, y del supuesto respaldo de éste a la memez zapaterista de la “alianza de civilizaciones”. Desde luego, puede uno lamentar que el primer ministro británico haya cedido, una vez más, a la costumbre diplomática del acuerdo fingido y de la cortesía cortesana, que ya demostró con Chirac, y que respetando esa tradición de la mentira sonriente, se debía de fingir benevolencia con un camarada de la Internacional socialista, esa mafia burocrática, pero en eso se queda. Que Tony Blair juzgue interesante y de sentido común una “alianza de civilizaciones” contra el terrorismo ( y no de tolerancia con él), no pasa de ser la expresión de buenos sentimientos y de plumas al viento, aunque, si países como Egipto y Pakistán, pongamos, se pusieran a colaborar de verdad y a actuar eficazmente en esta lucha mundial contra el terrorismo, y no sólo en el interior de sus fronteras, sería a todas luces muy positivo. Como sería muy positivo si musulmanes de barriadas europeas, arrinconaran y arrastraran ante los tribunales a extremistas, asimismo musulmanes, que preparan o cometen atentados.

Al margen de los cumplidos y de la hipocresía, la política de Reino Unido y la de España, hoy, son radicalmente opuestas. Pese a los atentados en Londres, Blair mantiene sus tropas en Irak, Zapatero desertó. Frente a los atentados en su suelo, Gran Bretaña responde con firmeza, y no claudica, como el gobierno español, y por eso los plumíferos zapateristas insultan a Blair, al mismo tiempo que se mofan de su exagerada tolerancia. Es cierto, que la tradicional tolerancia británica, tan admirable en tiempos de paz, se ha convertido en complicidad, tácita o activa, en tiempos de guerra. Puede incluso afirmarse que han tardado demasiado en reaccionar, pero están reaccionando y la orden “tirar a matar”, es uno de los síntomas de esta reacción de legítima defensa.

Ya que Irak permanece en el centro de la polémica, no es baldío recordar algunas evidencias. Se nos sigue diciendo que la intervención militar aliada en Irak fue lo que, justificadamente, desencadenó el terrorismo, inexistente antes, y esta mentira se sigue utilizando tranquilamente, porque se considera argumento propagandístico eficaz en esta guerra sucia, solapada, cobarde, de tantos contra los Estados Unidos. Utilizada tanto por Presidentes y primeros ministros europeos, como por los mercenarios del Imperio Polanco. El terrorismo islámico, con los Hermanos Musulmanes, por ejemplo, y otros grupos, comenzó mucho antes, y para dar algunos ejemplos recordaré que los islamistas radicales asesinaron a Anuar el-Sadat, en Egipto, a Indira Ghandi, en India, masacraron multitudes en Sudán, en Argelia, en Indonesia, en Filipinas, etcétera, sin hablar de Israel, donde el terrorismo palestino (islamista, o “marxista”), apoyado, armado, controlado y subvencionado por la mayoría de los países árabes, existe desde que Israel existe, o sea 1948. Afirmar que la intervención militar aliada en Irak –y subsidiariamente en Afganistán– constituye la parturienta del terrorismo islámico, no sólo es mentira, es criminal, porque la complicidad con el crimen es asimismo criminal.

Lo que en cambio es cierto, es que desde hace unos veinte o treinta años, los sectores más radicales del Islam han pasado a una ofensiva generalizada contra los “infieles”, los judíos y las democracias occidentales, calificadas de “nuevos cruzados”, pero también, como está visto, contra los países y sociedades musulmanas que no comulgan con las mismas ruedas del molino coránico, y es así como sunitas y chiítas se matan y no sólo en Irak. La creación del Al Qaeda, los tremendos atentados de Nueva York y toda la larga y sangrienta lista de atentados que han seguido, demuestra la peligrosa realidad de esta ofensiva generalizada del Islam contra la libertad y la tolerancia, contra la civilización, en una palabra. La respuesta necesaria a esta ofensiva, no podía, ni puede ser únicamente militar, pero tiene que ser también militar, y en este sentido la intervención aliada en Afganistán e Irak se justifica plenamente. Porque no es la guerra de Irak la que ha hecho surgir el terrosismo de la nada, es la ofensiva terrorista, la que exigía la guerra en Irak. Ocurre que todos los grupos terroristas islámicos, con Al Qaeda a la cabeza, han decidido convertir Irak en el frente principal de esta guerra mundial, pero no el único, como se ha visto en Madrid, Londres, Sharm el Sheik, etcétera. Si resulta casi imposible evitar los atentados cometidos con coches bombas y con terroristas suicidas, procedentes de varios países árabes, como del propio Irak, dichos explosivos y dichos “locos de Alá” forman parte de redes terroristas, se benefician de apoyos y subsidios de Al Qaeda, como de ciertos estados árabes o musulmanes. Lo que francamente no entiendo es por qué las tropas norteamericanas presentes, junto a elementos militares y policiales iraquíes disponibles, no se han lanzado a una ofensiva generalizada contra esas redes terroristas, sus depósitos de explosivos, su contrabando de armas, sus militantes fanáticos, ya lo han hecho, con buenos resultados, pero insuficientemente, como los cadáveres por las calles lo demuestran a diario. Cínicamente podría afirmarse que Bin Laden tiene razón: una derrota de los aliados en Irak, constituiría una gran victoria para el terrorismo y un gigantesco impulso a su desarrollo en el mundo entero.

Estamos en una guerra, una guerra sucia, diferente, militar como política, policial como ideológica, cuyas primeras víctimas son civiles. La democracia también se defiende con argumentos, debates, polémicas, la defensa de los valores democráticos no admite censuras, pero no tolera –no debería, al menos–, complicidad abierta con los asesinos. Y las circunstancias demuestran que, muchas veces, hay que tirar a matar.

Comisaría General de Información
Policía política
GEES Libertad Digital 30 Julio 2005

El escándalo surgido esta semana en la Comisaría General de Información es al mismo tiempo previsible y significativo. Previsible porque el PSOE siempre ha intentado politizar la policía como un instrumento al servicio de los intereses del Partido. Significativo porque ningún otro error de este Gobierno dañará más nuestro sistema democrático que el creciente uso partidista del Cuerpo Nacional de Policía.

El nombramiento del Comisario General de Información tuvo mucho que ver con el pago de favores durante los años de oposición socialista. Las estadísticas de delincuencia eran conocidas por la oposición incluso antes que por el propio Gobierno. Con esa información privilegiada, y no poca demagogia, el PSOE montó una tremenda campaña sobre la inseguridad ciudadana que constituyó uno de sus escasos éxitos como oposición a los gobiernos de Aznar.

Tras los atentados del 11 de marzo dos hechos resultaron determinantes para la victoria del PSOE en las elecciones del 14. Primero, el tremendo error policial de atribuir en un primer momento con total seguridad los atentados a la banda terrorista ETA. Sin esa contundencia en la acusación policial inicial es muy posible que la actuación política del Gobierno Aznar en esos tres días hubiera sido muy distinta y el resultado electoral también. Pero aún más grave fueron las continuas filtraciones al PSOE de las investigaciones posteriores, lo que permitía a los socialistas acusar al Gobierno de no dar una información de la que incluso aún no disponía.

Una vez en el poder, el uso de la policía ha sido desvergonzado. La detención ilegal de dos afiliados del PP por unas falsas agresiones al ministro Bono es solo la punta del iceberg. Una actuación de ese tipo resulta inadmisible en una democracia, pero aún nadie ha respondido políticamente de semejante atropello.

En el Cuerpo Nacional de Policía hay miles de buenos profesionales, muchos de los cuáles sufren en sus carnes el sectarismo, la prepotencia y los abusos de algunos de sus mandos políticos. Como el inspector que se negó a detener ilegalmente a dos ciudadanos de Majadahonda o como los componentes de la Comisaría de Información que son desplazados, destituidos o marginados por el mero hecho de no tener carné o no dar suficientes muestras de servidumbre y pleitesía a sus nuevos jefes. La inmensa mayoría de los policías son victimas de este proceso de politización que bajo la batuta del Ministro Alonso se está llevando a cabo.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

La doble quinta columna
Por Enrique de Diego Época 30 Julio 2005

Editado por Javier Sánchez Bujanda (PD)

EL 11-S fueron saudíes y egipcios de clase alta, estudiantes de posgrado en Hamburgo y formándose como pilotos suicidas en Miami; el 11-M, marroquíes, acogidos en España, con pequeños negocios, algunos narcotraficantes y otros incluso becados por el Estado español; el 7-J han sido ciudadanos británicos, cuyos padres emigraron desde Pakistán y Jamaica y, a fuerza de trabajo, consiguieron una cómoda situación económica, que les permitió dar estudios universitarios a sus suicidas hijos.

Flatus vocis esas definiciones nacionales: son musulmanes. La lección es que la generosidad occidental está siendo utilizada, de modo perverso y diabólico, para montar una quinta columna genocida, cuyo objetivo es el exterminio universal de occidentales, demócratas, cristianos. Ante esto hay que reaccionar y posicionarse de manera nítida, exigiendo a los gobiernos respuesta contundente, saliendo de cualquier anestesiante complejo de culpa progre.

Siendo muy alta mi valoración de los británicos, a los que la causa de la libertad debe tanto, no puede dejar de constatarse las imprevisiones previas que han llevado a que Inglaterra sea foco de islamismo integrista. Imprevisión hubo en Estados Unidos, donde George Bush ha calificado de “vacaciones” la década de los mandatos de Bill Clinton. Londres fue denominado Londonistán por su integrismo evidente, con guetos islámicos de mujeres veladas con chador y burka.

En Bradford se hizo -a lo nazi- la primera quema de ejemplares de Versos satánicos de Salman Rushdie. En Londres se acogió la dirección del sádico GIA argelino y desde allí se editaba su periódico y emitía su radio. Por las calles londinenses se ha predicado el exterminio de los occidentales. Parafraseando a John Stuart Mill, hemos de estar dispuestos a dar nuestra vida porque toda opinión pueda ser escuchada. Claro,menos la incitación al asesinato y al genocidio.

La estupidez europea es tan peligrosa como el integrismo islámico. Éste ha crecido por aquélla. La estupidez es el paisaje más extendido en el mundo postotalitario en que vivimos. Hace años el entonces director general de la Policía, Juan Cotino, organizó una sesión privada para periodistas de postín y de festín para enseñarles lo incautado a un grupo islamista.

No se podía hacer público, avisó, porque “te llaman racista”. Esa estupidez se la he escuchado a alcaldes populares cuyos ayuntamientos han sido tomados, literalmente, por islamistas. Los Gobiernos de Aznar tienen no poca responsabilidad en la instalación en España de esa quinta columna que perpetró la masacre del 11-M. El nacionalismo catalán ha llevado la estupidez a niveles asnales (el burro, al fin y al cabo, es su icono zoológico).

La islamización de Cataluña es a causa de la preferencia por emigrantes que no fueran castellano parlantes. Luego ¡Pujol se lamentó de que los dirigentes islámicos no hablaban catalán, sólo árabe! Mucha responsabilidad tienen los medios de comunicación que han asumido una ideología mediática, llena de tópicos y pequeñas consignas estultas, para desarmar y cegar a la sociedad.

Desde El Mundo a El País, pasando por este Abc de centroizquierda, los terroristas de Irak, bestias capaces de asesinar a decenas de niños, son presentados como “insurgentes”. ¡Qué depravación del periodismo! ¡Qué bobalicón instinto suicida! ¡Qué abyecto papanatismo! Ha escrito, tras el 7-J, Oriana Fallaci: “Hace cuatro años que hablo de nazismo islámico, de guerra contra Occidente, de culto a la muerte, de suicidio de Europa".

"Una Europa que no es más Europa sino Eurabia y que con su blandura, con su inercia, su ceguera y su servilismo ante el enemigo, se está cavando su propia tumba. Cuatro años que repito al viento la verdad sobre el monstruo, es decir, sobre sus colaboracionistas que, de buena o mala fe, les abren las puertas”.

Fuera del tiempo
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 30 Julio 2005

El grupo terrorista IRA, los primos hermanos y referentes de ETA, han reconocido, con treinta años de retraso, que no hay que asesinar y que se trata de hacer política sin llevarse al contrario por delante. El IRA anuncia que cuelga las armas sin haber conseguido ni uno solo de sus objetivos, con una autonomía de la 'señorita Pepis', comparada con la que aquí tenemos, y con el único consuelo de que sus presos han salido de la cárcel...porque también han salido los del bando opuesto. Parece que hay que estar treinta años pegando tiros y que los jefes del tinglado violento cumplan cuarenta años o más para llegar a conclusiones que son de sentido común para cualquier persona civilizada. ¿Cuánta sangre cuesta llegar a lo obvio!

Un antiguo preso del IRA, Seanna Walsh, ha dicho que a partir de ahora los que fueron terroristas deberán apoyar programas «puramente políticos y democráticos a través de medios exclusivamente pacíficos». Una declaración que hay que celebrar, aunque llegue con treinta años de retraso, después de mas de tres mil muertos, miles de heridos y un océano de sufrimientos que sólo los que los han padecido serán capaces de explicar.

Aquí se ha tratado de hacer paralelismos entre el llamado proceso de paz irlandés y un eventual proceso vasco, que sería una pura mímesis de aquél. No son situaciones comparables en casi nada. En primer lugar, aquí no hay dos terrorismos enfrentados, empatados en terror, empatados casi en muertos y empatados en presos, lo que facilita que gestos que afecten a los dos bandos de forma simultánea puedan desatascar la situación. Aquí hay 829 asesinados por ETA, más de 3.000 heridos, 80 personas que han sido secuestradas, centenares de extorsionados, miles de vascos que se han tenido que ir de su tierra por culpa del clima de terror y frente a ellos setecientos presos de la banda criminal, encarcelados por haber ensangrentado el país; sin posible correspondencia con otros presos u otras víctimas. No se puede devolver la vida a los asesinados a cambio de poner en libertad a los asesinos.

Aquí tenemos un sistema de autogobierno que constituye casi una independencia de hecho: en la hacienda, en lo económico, en la cultura, la educación, los medios de comunicación, la policía autonómica y todo lo que ustedes saben, incluido un control social y un régimen clientelar puesto en pié por el nacionalismo vasco durante años de hegemonía absoluta conseguida también por el clima de miedo creado por el terrorismo. Es difícil aquí dar más, mientras que allí ha habido una autonomía suspendida y un nivel de competencias ínfimo.

ETA ha querido siempre emular al IRA en su capacidad mortífera, en su siembra de odios, en su afán por controlar a los ciudadanos, a los barrios, a los movimientos sociales; en su vocación por erigirse como juez que dicta sentencias inapelables, pero, por suerte, no ha logrado llegar a su capacidad mortífera, y mira que lo ha intentado. Lo único que puede ser válido de lo que ocurre en Irlanda para nuestra situación es la certeza a la que llega gente que lleva pegando tiros desde la adolescencia: hay que dejar de matar y hay que hacer política; el terrorismo tiene que tener un fin, que ya ha llegado, y sólo quedan vías puramente políticas, pacíficas y democráticas. Si tanto afán por emular a sus primos irlandeses han tenido los etarras, no estaría nada mal que copiaran ahora al pié de la letra esa declaración. Ya ha dicho Tony Blair que el terrorismo es antiguo.

Aquí, la dirección etarra acaba de expulsar de la secta a antiguos dirigentes de la banda que han llegado a las mismas conclusiones que el IRA, que se han dado cuenta después de matar, cumplir años y reflexionar en la cárcel, que el Estado había ganado la batalla, que ETA se encontraba en el momento más débil de su historia y que la única forma de salvar los muebles era convertir su actual capital en fuerza política. Por ahí va Aralar, tachada también por los sectarios de ETA como cáncer liquidacionista. No sé qué más datos de la realidad necesitan los 'ternera' y los 'arnaldos' para darse cuenta de que el tiempo del terror ha acabado y que es necesario poner a limpio eso que les gusta tanto decir: hacer política.

El proceso de desarme del IRA empezó hace años. En 1998, los Acuerdos de Viernes Santo inauguran un proceso de paz que ahora se ha relanzado de forma considerable, pero tengo la sensación de que el terrorismo islamista -que acaba de golpear de forma brutal en Londres- ha acelerado esta decisión larvada. Es una especie de principio de Arquímedes aplicado al terrorismo: todo terrorismo nuevo sumergido en un fluido experimenta un empuje hacia arriba igual al fluido de terrorismo viejo que desaloja. El IRA saltó como un resorte después de la matanza del 7-J para decir que ellos no habían sido, que no querían que les confundieran con esa gentuza...que hacía ahora lo que antes habían intentado ellos. Y es que quizá estamos en un momento de desprestigio de la muerte. Es como si ya no nos cupiera ni un muerto más, como si el tiempo de la muerte, lo ha dicho el propio Gerry Adams, se hubiera pasado. Como si a la sangre se le hubiera pasado el arroz.

Aquí, una declaración por parte de ETA y de Otegi, semejante a las que han hecho el ex preso Walls y el que durante años ha sido brazo político de la organización terrorista, crearía 'ipso facto' un proceso de paz. La población vasca, y la del resto de España, ha dado sobradas muestras de generosidad, al aceptar que todos los presos con delitos de terrorismo salieran a la calle en 1977 y al acoger sin más a 144 miembros de ETA-pm, muchos con delitos de sangre, que decidieron, a finales de los setenta y primeros ochenta, que había que dejar de matar, como lo han reconocido ahora los de IRA.

Los que aquí viven del tinglado violento están obsesionados por dejar claro que treinta años de crímenes han tenido que servir para algo, que no pueden dejar de matar sin más. Pues bien, sus hermanos mayores del IRA les muestran un camino que bien harían en seguir. El tiempo de la muerte se ha terminado, a esa conclusión tienen que llegar los terroristas de aquí.

Terror autista
Editorial El Correo 30 Julio 2005

ETA hizo estallar ayer dos bombas en sendas carreteras nacionales a su paso por las provincias de Toledo y Ciudad Real, fiel a su guión criminal y a su afán perturbador de la normalidad ciudadana. Sin su dosis periódica de terror, la banda no existe; y no importa que las explosiones sean para entorpecer la operación salida de vacaciones, chantajear a empresarios o amenazar a políticos o fuerzas de seguridad: el caso es agredir, porque su esencia, su única entraña, es totalitaria y violenta. Pero además, cada día que pasa ETA acrecienta su aislamiento, no sólo ante una sociedad -la vasca y el conjunto de la española- que hace tiempo que la rechaza mayoritariamente, sino ante una comunidad internacional que ha asumido el terrorismo como la mayor sinrazón y la gran amenaza para el progreso y la convivencia. En el mes en que el terror islamista ha golpeado y masacrado en Londres, en Egipto y en Irak, y un día después de que el IRA, su referente durante décadas, anunciara que deja las armas y asume la vía democrática, política y no violenta, ETA confirma su total soledad colocando bombas en los arcenes. El terrorismo no admite adjetivos, pero ETA practica un autismo tan destructor como anacrónico. Aún posee capacidad para hacer sufrir, incluso para matar, pero está abocada a una cierta y próxima extinción.

El Estatuto de Cataluña
Editorial Heraldo de Aragón 30 Julio 2005

UN POLÍTICO usualmente prudente, el líder de Unió Democràtica, Duran i Lleida, se queja de que algunas reclamaciones catalanas "escandalizan demasiado" en el resto de España y las compara con otras equivalentes de la Comunidad Valenciana. Pero el problema no es qué se reclama, sino para qué. La reforma del Estatuto catalán está matizada por el independentismo de Esquerra y, de añadidura, por la reciente actitud de Convergència i Unió que, sin tradición de fuerza opositora en democracia, incurre en imprudencias como querer incluir el derecho de autodeterminación en un texto de esta clase. Cataluña quiere perfeccionar su autogobierno, reforzar su autonomía y encontrar una situación tributaria más adecuada. Pero todo eso es posible sin necesidad de esgrimir hasta la fatiga una reivindicación nacionalista doblemente inoportuna: porque ni concuerda con el catalanismo mayoritario, que no es soberanista, ni acepta claramente el Estado autonómico como la solución definitiva que es y puede ser para la permanencia en España de una de sus partes históricas.

Si el Estatuto ha de hacer honor a su nombre, como todos proclaman -a diferencia, al menos teóricamente, del Plan Ibarretxe-, sólo puede ser una Ley Orgánica aprobada por las Cortes Generales, en las que Cataluña no es cuerpo extraño, sino parte singular y esencial. Cuanto sea eludir ese fin primordial resulta engañoso y nocivo para la estabilidad y el progreso de Cataluña y España. Precisamente la Constitución de 1978 y el Estatuto de ella nacido son la superación histórica, acorde con la voluntad de los catalanes, de reintegrar, en versión actualizada, un Derecho público -el privado ha existido siempre- que no sólo Cataluña, sino Aragón y Valencia, vieron suspendido en razón de una guerra que tuvo tanto de civil como de europea, pero hace la friolera de trescientos años. Nuestro país ya hace tiempo que es otro.

DICE QUE LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO SE SIENTEN SILENCIADAS
Gotzone Mora: "La campaña de verano de ETA ha comenzado para presionar a Zapatero"
La concejal socialista del Ayuntamiento de Getxo, Gotzone Mora, ha afirmado este sábado en la Cadena COPE, que las dos bombas que este viernes colocó ETA en plena operación salida de las vacaciones es un claro indicio de que la campaña de verano de los terroristas ha comenzado y que es "una forma de presionar al señor Zapatero para conseguir más". También ha dicho que cada vez se le da menor importancia a los actos de terrorismo callejero que han aumentado en las últimas semanas.
Libertad Digital  30 Julio 2005

En "La Mañana del fin de semana" de la Cadena COPE, Gotzone Mora ha señalado que "desde hace mucho tiempo dejamos muy claro que la campaña de verano iba a estar en marcha. Ha empezado y seguirán. Claro que van a seguir. Tiene que hacerse presentes. Es una forma de presionar al señor Zapatero para conseguir más. Les parecerá poco lo que están planteando".

Además, dijo que a muchos nos les interesa comprender que si la democracia da un paso atrás en la defensa de las libertades, los etarras darán un paso adelante. La razón es que sus estrategias están en otra dirección. Además dijo que "aquí que estamos viviendo en una situación de mal vivir porque la kale borroka está continuamente actuando. Se le da cada vez menos importancia a estos actos y se les invisibiliza cada vez más. Eso es lo que se está haciendo pero aquí, yo le puedo asegurar, que hay determinados sectores de la sociedad que estamos viviendo como hace años de mal y cada días más presionados".

Además, ha dicho que Batasuna está preparando un otoño caliente. Señaló que "lo vamos a tener en distintas direcciones. Por ejemplo en la dirección más o menos política que se entrecomilla en muchas ocasiones como dentro del espacio democrático. Ya verá lo que va a dar de sí esa mesa de partidos que han abierto y a través de la cual se va a intentar ir hacia delante en lo que puede suponer toda la estrategia del nacionalismo en su conjunto en la que se incluye la legalización de Batasuna hasta otro tipo de cosas". Agregó que "imagínese qué situación se nos vuelve a plantear aquí en el País Vasco con Batasuna y sus entornos correspondientes llenos de dinero que reciben de los ayuntamientos, del Gobierno vasco por el PCTV. Va a seguir presionando y si en esa presión cae la tregua pues mucho mejor. Para todo ETA y para todo lo que es el nacionalismo".

También habló sobre el nacionalismo de PNV y EA: "lo que están es acostumbrados es a recoger las nueces desde hace muchos años y a beneficiarse de lo que otros hacen y por eso no les interesa tampoco que callen. Ni que callen sus actuaciones ni su presión, que no le hacen a ellos sino a los demás, en nuestras casa, en nuestros pueblos y por donde nos movemos".

Sobre la situación del PCTV
Sobre la contratación por parte del PCTV de Joseba Álvarez, perteneciente del ala más radical de Batasuna y procesado por pertenencia a ETA, Gotzone Mora se preguntó dónde está la Fiscalía del Estado: "no sé qué hace el señor Conde Pumpido. Aquí, lo que representa el Estado de la Nación nos ha dejado totalmente desatendidos porque no les interesa nuestro discurso. Si hay dos cosas que tiene que hacer para seguir hacia delante la estrategia que se han planteado actualmente es invisibilizar y que además no se nos sienta a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y a las personas que verdaderamente podemos estar amenazados por la banda terrorista ETA". Además, recalcó que con lo de Joseba Álvarez "¿no se evidencia a las claras que el PCTV son ETA? Es una tomadura de pelo. Lo peor de todo esto es que hay cada día más miedo y que mucha de nuestra gente de a pie está que no puede aguantar más. Esto es durísimo".

Siguió diciendo que "no les interesa que salga nada que les pueda afectar en lo que se llama conversaciones o contactos, me da lo mismo. El lenguaje se puede manipular de la forma que se quiera para conseguir lo que se quiere. Que no se crean ni el presidente del Gobierno ni su equipo que hablando de que no es negociación y no diciendo que si es contacto o lo que fuera nos estamos creyendo que no pasa nada. Lo estamos viendo.

Discriminación en Getxo
Sobre lo sucedido en el pleno del ayuntamiento de Getxo, Gotzone Mora dijo que "a nivel de presión, de descalificación y de insulto no he vivido en los dos años que llevo nada parecido. Fue durísimo. Ya no tienen ningún miramiento, para ellos no existimos. Si les damos la lata y les decimos que estamos aquí, automáticamente cogen su bota y nos pisan para que no podamos volver a abrir la boca jamás".

Sobre la propuesta del alcalde de Getxo, Iñaki Zarraoa, de identificar con un pin a los vascoparlantes, Mora afirmó que "la iniciativa está adoptada desde el 5 de julio por el consejo de Gobierno sin pasar por el pleno ni comisiones. Nosotros no somos nada para ellos. Entre el PSOE y el PP suponemos el 48 y bastante por ciento de la representación de Getxo. Ellos son el 51 con la impresentable, por no decir más cosas, de IU. El señor de IU, que está en el equipo de Gobierno, dijo que después de oírnos a los portavoces del PP y a mí, se puede distinguir con toda claridad quiénes son los demócratas y quiénes no lo son".

La Policía británica detiene a los tres terroristas del atentado del 21-J que quedaban en libertad
El jefe de la brigada antiterrorista británica, Peter Clarke, justificó la escasa información oficial facilitada por el peligro de entorpecer el posterior juicio
MARCELO JUSTO. SERVICIO ESPECIAL ABC 30 Julio 2005
JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL

LONDRES,ROMA. El cerco se cerró en Inglaterra e Italia sobre los tres sospechosos de los atentados del 21 de julio que permanecían en libertad. En Londres, la Policía detuvo en el oeste de la ciudad a Mukhtar Said Ibrahim, presunto responsable de la bomba en el autobús de la línea 26, y Ramsi Mohammed, aparente autor del atentado en metro de Oval, en el sur de la capital, que aparecía en las imágenes de circuito televisivo con una sudadera que llevaba la inscripción de «New York» en letras amarillas.

Un tercer arresto, realizado en el oeste de Londres, sería el del misterioso quinto hombre, quien aparentemente decidió no ejecutar el atentado y dejó la bomba que llevaba en un parque en el oeste de la capital. En Roma, el Ministerio del Interior italiano informó a media tarde del arresto del somalí Osman Hussain, vinculado al fallido atentado de la estación de Shepherd´s Bush.

El miércoles la Policía había detenido en Birmingham a Yasin Hassan Omar, somalí de 24 años, presunto ejecutor del atentado en el metro de Warren Street.

En una rueda de Prensa en Londres, el jefe de la brigada antiterrorista, Peter Clarke, expresó su satisfacción con la marcha de las investigaciones, pero señaló que no se trataba del final. «Ha sido un día de intensa actividad. Ha habido hechos importantes. Pero lo cierto es que no podemos ser complacientes. Hay que permanecer vigilantes», dijo Clarke.

Jornada «intensa e importante»
Calificar a la jornada de «intensa» y a los hechos de «importantes», parece un ejemplo más de la peculiar parquedad británica. Los operativos en el oeste de Londres, captados por las cámaras de televisión, implicaron un enorme despliegue policial y el aparente desmantelamiento de la célula responsable de los atentados del 21 de julio.

Entre los arrestados figuran las tres personas más buscadas en el Reino Unido. Mukhtar Said Ibrahim, de 27 años, y Ramsi Mohammed. Todos ellos fueron arrestados en un espectacular operativo policial en un bloque de apartamentos en Dalgarno Gardens, muy cerca de donde fue hallada la quinta bomba.

El primero llegó a Londres en 1992 con su familia como refugiado del conflicto en Eritrea. Se sabe mucho menos de Ramsi Mohammed, de aspecto norteafricano, presunto responsable del atentado de la estación de Oval.

El jefe de la brigada antiterrorista Peter Clarke justificó la escasa información oficial por el peligro de entorpecer el posterior juicio. «Es nuestra responsabilidad asegurar que no vamos a influir de manera indebida la realización de un juicio, por lo que hay información que no podemos revelar en este momento», dijo Clarke.

Londres puede respirar un poco más tranquila pero lo cierto es que aún se vive en un clima de extraordinaria tensión en toda la capital. Ayer en la estación de Liverpool Street, una de las arterias que comunica la capital con el resto del país, la Policía realizó un espectacular arresto de dos mujeres.

Según testigos presenciales del hecho, la Policía se lanzó sobre dos mujeres que estaban haciendo cola frente a una de las ventanillas para el tren expreso al aeropuerto. «Todo sucedió muy rápidamente. Se le lanzaron encima, las echaron al suelo, les pusieron las manos a la espalda, las esposaron y las llevaron arrestadas», señaló un testigo de los hechos. Según las leyes antiterroristas, la Policía puede detener hasta 14 días a sospechosos de actos terroristas sin formular cargos.

En cuanto al somalí Osman Hussain, de 26 años, considerado el cuarto terrorista del fallido atentado del 21 de julio en Londres, fue detenido ayer en un barrio periférico de Roma por la Policía italiana en una operación «modelo de perfecta cooperación internacional», según el ministro del Interior, Giuseppe Pisanu. El ministro consideró el arresto «una buena señal, precisamente en el día en que el Senado acaba de aprobar casi por unanimidad el decreto antiterrorismo».

El equipo especial de la Policía detuvo también al hermano del presunto terrorista, propietario de un Internet Point, quien le había acogido en su casa del barrio de Centocelle. Ambos sospechosos fueron interrogados por el jefe de la fiscalía antiterrorista de Roma, Franco Ionta. El gobierno italiano mantiene la alerta ante el peligro de atentados como los de Madrid y Londres.

La pista París-Milán-Roma
El ciudadano somalí -con pasaporte británico- arrestado ayer es el individuo visto en diversos fotogramas de cámaras de vigilancia con una sudadera azul, de la que se deshizo, y posteriormente se le ve con una camiseta blanca sin mangas después. Scotland Yard siguió la pista de su huida en tren hasta París, desde donde continuó viaje a Milán, y quizá a Brescia, antes de llegar en tren a la estación Termini de Roma ayer por la mañana.

La Policía italiana mantuvo la vigilancia y siguió la pista de uso de teléfonos móviles hasta el momento del arresto, a primera hora de la tarde, poco después de que el Senado aprobase en tan sólo dos días el paquete de medidas contra el terrorismo. El proyecto pasó inmediatamente a la Cámara de Diputados, que comenzó su estudio a última hora de la tarde para poder aprobarlo en menos de 48 horas.

Las nuevas medidas incluyen la posibilidad de un interrogatorio rápido inicial a presuntos terroristas sin presencia de su abogado, como se hace con los miembros de la mafia cuando son arrestados, y antes de ponerlos a disposición judicial. Se simplifica también el procedimiento para solicitar escuchas telefónicas, de correo electrónico y de uso de internet, y se establece una prueba inmediata del ADN a los sospechosos mediante una muestra de saliva. Las nuevas medidas agilizan la expulsión de inmigrantes sin permiso de residencia.

ETA hace estallar dos bombas en Toledo en plena operación salida
Los artefactos, dejados en las cunetas de dos carreteras, no ocasionaron daños pero provocaron retenciones que alcanzaron en algunas zonas los 20 kilómetros
MELCHOR SÁIZ-PARDO/COLPISA. MADRID El Correo 30 Julio 2005

ETA volvió a dejar atrapados ayer a miles de conductores en las carreteras de salida de Madrid. En pleno éxodo vacacional, dos pequeños artefactos explosivos colocados de forma estratégica en las cunetas de la A-4 y la A-5 a su paso por Toledo bastaron a la banda terrorista para sembrar el caos en plena operación salida del mes de agosto. No hubo víctimas ni daños materiales, pero las bombas obligaron a la Guardia Civil a cortar durante 90 minutos las dos arterias que unen la capital con Andalucía y Extremadura en plena hora punta del viernes.

Los ataques fueron casi un calco de los atentados de ETA del 3 de diciembre de 2004, cuando los terroristas lograron bloquear a miles de conductores durante la operación salida del 'puente de la Constitución' con cinco artefactos en otras tantas gasolineras. Como entonces, un comunicante anónimo que dijo hablar en nombre de la banda alertó de la colocación de los artefactos en una llamada telefónica pasadas las 17.00 horas a la redacción del diario 'Gara'.

El etarra anunció que la primera bomba iba a explosionar a las 18.00 horas y detalló con precisión que ésta estaba colocada en la autovía Madrid-Talavera de la Reina a la altura del kilómetro 75, en el cruce de la calzada que une Toledo con Ávila, en las cercanías del río Maqueda.

El segundo artefacto -dijo el terrorista- había sido programado para estallar a las 18.15 horas y estaba abandonado en la Madrid-Valdepeñas, en un punto del kilómetro 132, en el cruce con la carretera a su paso por la localidad de Puerto Lápice, en Ciudad Real. Este último dato era un error, ya que en realidad la bomba había sido colocada dentro del municipio toledano de Madridejos.

Los responsables del diario avisaron a la Ertzaintza, que, a su vez, se puso en contacto con el Ministerio de Interior. De inmediato, la secretaría de Estado para la Seguridad ordenó el cierre inmediato de ambas carreteras en los dos sentidos, mientras movilizó a centenares de agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil para acordonar las zonas e intentar desviar la circulación por carreteras aledañas. También hasta la zona se desplazaron varias unidades de los TEDAX.

Hora anunciada
La primera de las bombas, la de Maqueda, estalló exactamente a la hora anunciada. El artefacto había sido directamente abandonado el arcén de la vía, en la calzada de sentido a Madrid, muy cerca del cruce con la Toledo-Ávila. Aunque la Guardia Civil no tuvo tiempo de cortar a tiempo la carretera, el estallido no afectó a ningún vehículo.

Diecisiete minutos después del primer atentado hizo explosión la bomba de Madridejos, que estaba colocada en el punto kilométrico 133 de la A-4, a un kilómetro de distancia del lugar señalado por el etarra, en una vía aledaña a la autovía, en sentido Andalucía. En este caso, los agentes sí tuvieron margen para cortar el tráfico en ambas calzadas.

La bomba de Maqueda obligó a cerrar la A-5 durante una hora y media. Las retenciones llegaron a alcanzar los 20 kilómetros de longitud hasta que a las 18.50 horas la autovía fue reabierta. La situación en la carretera de Andalucía fue mucho más complicada y obligó a desviar durante horas la circulación por vías secundarias.

Poco después de las explosiones, el titular del Interior, José Antonio Alonso, condenó los atentados. Mediante un comunicado, el ministro reiteró que «el Gobierno seguirá utilizando todos los instrumentos del Estado de Derecho para poner fin a la violencia terrorista». Alonso hizo un «llamamiento a la unidad de los demócratas en la lucha contra ETA» y solicitó a la sociedad que «mantenga la confianza en la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en su lucha contra el terrorismo».

Búsqueda intensiva
Entre tanto, los servicios de Información de la Policía y la Guardia Civil barajan la posibilidad de que las dos bombas de ayer sean sólo un «anticipo» de otra tanda de artefactos ya abandonados y listos para estallar durante la mañana de hoy, en la segunda fase de la operación salida de agosto.

Fuentes de la lucha antiterrorista desvelaron que la sospecha es que el mismo 'talde' que colocó los artefactos de Toledo haya podido dejar otras pequeñas bombas en carreteras diferentes para estallar horas después, multiplicando así el efecto del atentado con un «coste mínimo».

Ante esta posibilidad, centenares de agentes fueron movilizados para peinar, en la medida de lo posible, los arcenes de las principales arterias radiales de Madrid a la búsqueda de bultos sospechosos.

El PP llevará a los tribunales al Ayuntamiento de Guecho por marcar a los vascoparlantes
La moción del PP, que contó con el apoyo de los socialistas, fue frenada por los votos en contra de PNV, EA e IU, los tres partidos que gobiernan el municipio
M. LUISA G. FRANCO ABC 30 Julio 2005

BILBAO. El Ayuntamiento de Guecho rechazó ayer la moción presentada por el PP y apoyada por el PSE-PSOE para que fuera derogado el acuerdo que tomó la junta de gobierno del Consistorio de habilitar una partida de 26.000 euros para incentivar el uso del euskera en la localidad. Se trata de la campaña que incluye medidas tan polémicas como marcar con un pin a los vascoparlantes para que se reconozcan entre ellos y utilicen en sus conversaciones el euskera y colocar una pegatina en las tiendas en las que se hable la lengua vasca.

La portavoz del PP en el Ayuntamiento de Guecho, Marisa Arrúe, manifestó ayer a ABC que su partido seguirá luchando por parar una iniciativa que, «con la excusa de potenciar el euskera, divide y discrimina a los vecinos del municipio». Su puesta en marcha, prevista para el próximo mes de septiembre, será recurrida por los populares ante los tribunales.

Decisivos votos de IU
La campaña que marca a los vascoparlantes ha recibido el respaldo de los dos concejales de IU en el municipio de Guecho, que forman parte del gobierno local, junto a los nueve representantes del PNV y a los dos de EA. Los trece votos que suman estos partidos rechazaron la propuesta presentada ayer en el pleno por el PP, mientras que los dos concejales socialistas presentes, ya que uno estaba de vacaciones, la apoyaron.

El PP tiene en Guecho nueve concejales, los mismos que el PNV, que gobierna el municipio. Los votos de PP y PSE suman once escaños municipales, los mismos que los del PNV y EA, por lo que fue IU el partido que decidió que Guecho fuera gobernado por los nacionalistas y no por PP y PSE.

El portavoz de IU en el Ayuntamiento, Iñaki Urkiza, se alineó durante el pleno de ayer con los nacionalistas en una medida que el PP considera propia de los tiempos del «nazismo» y reprochó a la portavoz popular, Marisa Arrúe, que, con sus críticas a esta campaña, hiciera «propaganda en contra del municipio».

El concejal Imanol Landa, del PNV, defendió la identificación en Guecho de quienes hablan euskera y acusó a los populares de ir con su actitud en contra de la lengua vasca.

Hubo tensión en el salón de plenos, como ya viene siendo habitual en un Consistorio en el que el alcalde permite, después de las sesiones ordinarias, la intervención de los radicales de la plataforma «Getxo Bizia», que no pudieron presentarse a las elecciones municipales por entender los tribunales que formaban parte del entramado de ETA.

LA PAREJA LINGÜÍSTICA
XAVIER PERICAY. ABC Cataluña  30 Julio 2005

No alcanzo a comprender a qué vienen tantos aspavientos tras el debut de Josep Bargalló como comentarista televisivo en la retransmisión que TV3 hizo el pasado domingo de la carrera del Campeonato del Mundo de Fórmula 1, celebrada en el circuito de Hockenheim, en Alemania. De veras, no sé adónde quieren ir a parar los dos partidos de la oposición con su reclamación al Consejo Audiovisual de Cataluña para que tome cartas en el asunto ante «la posible afectación del principio del pluralismo político», ni qué pretende el Comité Profesional de Televisió de Catalunya calificando la intervención del Consejero Primero de la Generalitat de «error» y considerando que «contribuye de manera negativa a la imagen de politización de TVC». Pero, más incluso que estas reacciones, lo que me llena de asombro es la forma como la propia cadena justificó la presencia de Bargalló en sus micrófonos cuando le fue requerida una explicación: «Participó en la retransmisión estrictamente en función de su condición de presidente del Consorcio del Circuito de Cataluña». ¿Se dan cuenta? Ya estamos con aquello de la doble personalidad del político. Con lo fácil que resultaría afrontar la realidad y admitir, simplemente, que este buen hombre, aunque se dedique a la política, aunque le apasionen los coches, aunque le pongan los castillos humanos, no tiene en el fondo otra vocación que la de filólogo. Y que si el domingo se tiró tres horas delante de un micrófono comentando las incidencias de la carrera no fue por chupar cámara, ni por tratar de arañar unos cuantos votos; fue porque no tiene más remedio que darle a la lengua todo el santo día.

Fíjense, si no, en lo que hizo al día siguiente. Convocó una rueda de prensa junto al secretario de Política Lingüística, Miquel Pueyo, para informar del Plan de Acción de Política Lingüística para el curso 2005-2006. Y no se paró en barras. Que si ha acordado con el ministro Sevilla la creación de un grupo de trabajo para impulsar el uso del catalán en las instituciones que dependen del Estado. Que si resulta contradictorio que la lengua catalana esté reconocida en algunas instituciones de la Unión Europea y no en las de Estado. Que si ahora, con el nuevo Estatuto, ya podrá volver a reformarse -¡otra vez!- la Ley de Política Lingüística. Que si todos los objetivos fijados hasta el momento en este terreno se habían cumplido, y con creces. Y, en fin, que todo lo demás lo iba a explicar el secretario, que por algo también es filólogo.

Y el secretario lo explicó, en efecto. Habló de muchos programas y de muchos millones de euros para llevarlos a cabo. Y se recreó en algunos. Por ejemplo, en uno llamado «Voluntarios por la lengua», que reúne a parejas formadas por un catalanohablante y una persona con conocimientos pasivos de la lengua. O sea, a un activo y a un pasivo, que, como todo el mundo sabe, es una modalidad de pareja bastante extendida en nuestra sociedad y de probada eficacia. Sólo que aquí la pareja es lingüística, lo que significa que el intercambio queda circunscrito, en principio, al terreno de la lengua. De todas formas, hay algo en el programa del secretario que no entiendo. Se supone que la pareja en cuestión tiene como principal y único objetivo que el pasivo se vuelva activo, es decir, su propia destrucción, en la medida en que la pareja dejará entonces de tener sentido. ¿Y si sucediera de forma distinta? ¿Y si resultara que es el activo el que cambia de naturaleza? Por poner un ejemplo cualquiera: ¿y si es el catalanohablante el que se vuelve pasivo como catalanohablante y acaba hablando swahili? Me imagino que ya lo deben de tener previsto, que para eso existen los departamentos de selección de personal. Pero yo, por si acaso, y como simple precaución, propondría a ese par de filólogos tan emprendedores e incontinentes que siguieran el ejemplo del Ayuntamiento de Guecho, que ha decidido identificar con un pin a todos los conciudadanos que hablan vascuence. Así, al menos, en cuanto avistaran a uno con la chapa en la solapa o en el trasero, en seguida podrían interrogarlo y salir de dudas. O sería un traidor o sería un patriota.

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