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Recortes de Prensa     Miércoles 3 Agosto 2005
Malos augurios
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  3 Agosto 2005

«Kale borroka», vuelta atrás
Editorial ABC 3 Agosto 2005

De isla en isla
BENIGNO PENDÁS ABC 3 Agosto 2005

Comienza la era Touriño
EDITORIAL Libertad Digital  3 Agosto 2005

Radicales, pero prácticos
EDURNE URIARTE ABC 3 Agosto 2005

Todos los fuegos
Cristina Losada Libertad Digital 3 Agosto 2005

Lógica secesionista
I. SÁNCHEZ CÁMARA ABC  3 Agosto 2005

El lío de las alianzas
José Javaloyes Estrella Digital 3 Agosto 2005

La fiesta en paz
TONIA ETXARRI El Correo 3 Agosto 2005

La diplomacia estrafalaria
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Agosto 2005

Ni contigo ni sin ti
GEES Libertad Digital 3 Agosto 2005

Malos augurios
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  3 Agosto 2005

Un buen día, a no tardar mucho, una buena parte de los españoles comenzará a preguntarse cómo pudo ser posible que no se viera con claridad que las políticas de Zapatero tenían que conducir necesariamente al desastre. Se hará entonces un repaso de todos los disparates del Gobierno que hemos ido aceptando como normales, pero para entonces ya será tarde. Ni siquiera será posible la intervención de un cirujano de hierro porque, ante la fuerte crisis económica, las regiones se habrán enrocado en el egoismo sin que pueda imponerse autoridad central alguna.

Esta previsión pesimista -negra para decirlo con propiedad- es temida por algunos e intuida por más, pero se desecha porque de momento «las cosas de la economía no van tan mal, que es lo que verdaderamente les importa a las gentes». Más allá de los datos que permiten lecturas distintas de la marcha económica y de los estados de opinión en relación con ella, como el récord de la venta de coches o la subida del paro ¡en julio!, economistas como el profesor Velarde no se cansan de repetir que no cumplimos ni una sola de las condiciones que se le exigen a una economía para ser eficazmente competidora como son la investigación, el desarrollo de las comunicaciones y de las nuevas tecnologías. Pero, apunté antes, la incompetencia en este campo no sería tan grave si fuera meramente técnica: el problema se agrava porque Zapatero está llevando sus aberrantes concepciones nacionales (antinacionales) a la política económica y hacendística. Está llevando la ideología y el odio a este campo. Aconsejado sin duda por Suso del Toro, se está dedicando a castigar a la Comunidad de Madrid para que ésta no pueda seguir cumpliendo su papel de locomotora. Zapatero no puede soportar la «ejemplaridad» de Madrid. Se le rompen los esquemas, se le derrumba todo el discurso sobre el que se ha montado su teoría de la pluralidad de naciones que, en realidad, no es sino la más perversa rebelión de las provincias.

Un buen día, a no tardar, se verá que este presidente, que fue el fruto de un partido agotado y que luego llegó al poder como llegó, decidió recurrir, precisamente por la rareza de su ascensión, a los apoyos más espurios tanto partidarios como de grupos. Quiero decir que eligió como aliados a todos aquellos que están en contra de la lógica de la Nación y en contra de los intereses generales.

Con el tiempo, digo, se verá que toda esta retórica de Zapatero entre obvia y delirante, vacía y esdrújula, es propia de alguien que carece de sentido del trabajo, del esfuerzo y de la pasión. Serán muchos los que dirán entonces que ya ellos lo habían visto claro desde el principio aunque, para ser fieles a si mismos, tampoco alcanzarán a ver que todas las desgracias vienen de haber sofocado la fuente de la Nación.

«Kale borroka», vuelta atrás
Editorial ABC 3 Agosto 2005

LA violencia urbana ha vuelto a las calles del País Vasco con la intensidad de los viejos tiempos, cuando la coacción masiva a ciudadanos, la destrucción de bienes públicos y la intimidación a partidos políticos se consideraban actos delictivos comunes y sus responsables eran juzgados en los tribunales del País Vasco. Tiempos en los que los «chicos de la gasolina», como los llamó Arzalluz, eran considerados jóvenes impetuosos y no aprendices de terroristas. Pero gracias a la legislación aprobada en la anterior legislatura, esa que el Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, ha ensalzado como causa directa del debilitamiento de ETA, y a la determinación judicial de que la banda terrorista y Batasuna eran la misma realidad y que debían responder penal y económicamente de los daños causados por la «kale borroka», la violencia urbana proetarra había descendido a niveles marginales. Hasta ahora. El repunte sostenido de los actos de terrorismo callejero ha llevado a la vicelendakari del Gobierno vasco, Idoia Zenarruzabeitia, a decir que no hay proceso de paz posible «si se pretende utilizar la «kale borroka» como sustitutivo de la violencia de ETA», que es exactamente lo que pretende hacer, y ha anunciado, Batasuna. La queja tiene mucho de farisaica, porque no será gracias al apoyo del nacionalismo por lo que el Estado de Derecho pudo armarse legalmente para combatir esta modalidad terrorista.

Ninguna de las reformas contra la violencia urbana proetarra fueron respaldadas por el PNV, ni por ninguno de los socios del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Pero gracias a esas reformas, la «kale borroka» se tipificó como terrorismo y sus autores, fueran mayores o menores de edad penal, pasaron a ser juzgados por la Audiencia Nacional, aunque tras la sentencia de la Sección Cuarta de su Sala de lo Penal sobre Jarrai pueden plantearse problemas de competencia judicial en el futuro. En plena estrategia de aproximación del PSOE al PNV, el nuevo escenario, sin tregua, con atentados periódicos contra empresas, con coches bomba en Madrid y una extensión general de la «kale borroka», no se corresponde con el optimismo de Rodríguez Zapatero sobre el «final dialogado» de la violencia. Por el contrario, responde a una pauta de comportamiento terrorista perfectamente verificada en otras épocas, cuando ETA y la izquierda abertzale recibían expectativas políticas. Antes de la tregua de 1998 y de los acuerdos de Estella, la violencia urbana proetarra se cebó con el PNV, y éste no tuvo problema en convenir con los terroristas el guión que, desde entonces, se está cumpliendo. Cuando se alienta la «participación política» de Batasuna, el resultado es éste, porque ETA y sus grupos de apoyo entienden la participación en los procesos políticos como una combinación de violencia, intimidación y propuestas chantajistas. Sería temible que aún hubiera políticos no nacionalistas capaces de creer que los terroristas pueden ser domesticados como pacíficos interlocutores y que la reiteración de ofertas de diálogo es la mejor manera de atraerlos a una mesa de negociación. Sin embargo, ésta parece ser la actitud del Gobierno, que, ante el aumento de la actividad terrorista en las calles del País Vasco, no ha adoptado ninguna medida específica ni siquiera ha introducido en el debate un discurso de mayor exigencia, de mayor firmeza legal y democrática, más allá de las condenas de rigor. Un discurso que cancele cualquier esperanza para los terroristas.

La vuelta atrás es evidente y en todos los frentes. Se acerca la temporada de fiestas en las capitales del País Vasco, ocasión históricamente propicia para que la izquierda proetarra relance «la movilización popular y activación de la ciudadanía», eufemismo con el que el batasuno Joseba Permach calificaba en Gara a la «kale borroka». La situación refleja un deterioro que no encuentra respuesta en el Gobierno. Las decisiones del Supremo son papel mojado. La Ley de Partidos está derogada de hecho. El Pacto Antiterrorista ha sido sustituido por un acuerdo parlamentario cuya esterilidad no necesita más contraste. ETA ha radicalizado el Parlamento vasco y vigila la nueva legislatura, jalonando con coches bomba el inverosímil discurso gubernamental del «final dialogado». Las calles del País Vasco vuelven a ser campos de violencia, donde se arremete contra la Ertzaintza, se jalea a presuntos terroristas y se intimida a los partidos democráticos.

De isla en isla
Por BENIGNO PENDÁS ABC 3 Agosto 2005

DE Mallorca a Lanzarote. Si las cosas no empeoran antes de septiembre, es buen momento para meditar y planear estrategias. Llega la hora de la verdad para José Luis Rodríguez Zapatero, pasados los vaivenes del primer año convulso. Salvo la economía (y ya veremos), casi todo va peor. El presidente del Gobierno debería acudir en vacaciones a ese «tren de montaje» del carácter del que habla David Riesman. Se acabó el talante: empieza, sin excusa posible, la parte seria de ese oficio tan difícil. Ante todo, hay que dejar de lado las ocurrencias en política internacional. La alianza de civilizaciones es una doctrina absurda. Ahora anuncia eventos en Mallorca con intelectuales y políticos de vuelta: pésima combinación. Es decir, «manifiestos, escritos, comentarios, discursos...», como diría el poeta que leyó -más bien escuchó- en sus años juveniles el simpático progresista leonés. Propongo, muy en serio, que invite a Huntington y deje en su casa a Noam Chomsky. Pero me temo lo peor: nos espera una dosis letal de retórica meliflua. En ello estamos. Las palabras educadas de Tony Blair en Londres alivian el ánimo, un tanto decaído, de nuestros socialistas. Por cierto: «Pueblos civilizados» -así lo dijo el líder laborista- no son «civilizaciones». Véase cualquier historia rigurosa del Derecho Internacional, que culmina en el actual estatuto del Tribunal de La Haya: principios reconocidos por las «naciones civilizadas». Matiz no sólo para especialistas, que los asesores de Moncloa deberían conocer y ponderar.

Se anuncia en el cartel la presencia de Turquía y de Naciones Unidas. Buena pareja. Turquía, centro del caos geopolítico universal, cuenta con un gobierno islamista inteligente, dispuesto a aprovechar -como es lógico- cualquier ocasión que se le presente. La ONU está muy lejos de su mejor momento, y no sólo por las andanzas familiares del secretario general. Es un problema de fondo. Producto maduro de la guerra fría, sobrevive hoy por razones de inercia y de mal menor, aunque es incapaz de encauzar su propia reforma. Salvo un barniz todavía útil de multilateralismo, no tiene ya gran cosa que aportar al nuevo orden mundial. Pero siempre hay un consuelo: la alianza de civilizaciones es una ocurrencia tan inocua que sólo hace daño por omisión, porque quita tiempo para asuntos más serios. Sobre la vertebración de España debe meditar especialmente Zapatero bajo la hermosa luz atlántica, tal vez navegando hacia La Graciosa. Porque, de lo contrario, saltando de isla en isla, no es imposible que el viaje llegue a su fin en alguna ínsula Barataria.

Comienza la era Touriño
EDITORIAL Libertad Digital  3 Agosto 2005

Ayer se celebró la investidura del cuarto presidente autonómico de la historia de Galicia. Emilio Pérez Touriño, un político que no ha sabido nunca ganar unas elecciones a la Xunta ha sabido, sin embargo, arreglar un buen pacto en la derrota y presentarse ante los gallegos como el gran vencedor que no es. Hace poco más de dos meses nos preguntábamos desde esta misma tribuna hasta dónde podía llegar el PSOE con tal de hacerse con la Comunidad gallega, cuánto estaba dispuesto a entregar con tal de aventar a Manuel Fraga del poder e inaugurar lo que, a juicio de los socialistas gallegos, será el “gobierno del cambio”. Hoy ya lo sabemos. El PSdG ha concedido a los nacionalistas de Quintana cuatro consejerías y una vicepresidencia reforzada para su líder. Un negocio político redondo para un partido en franca decadencia que había cosechado unos pésimos resultados en las urnas.

Dejando a un lado el cambalache de poder y el mercadeo de intereses que se ha movido durante el mes de julio entre socialistas y nacionalistas –pareja de hecho que, a este paso, tiene visos de adueñarse del país entero-, lo cierto es que el tiempo político que dio comienzo ayer en Galicia se promete movido e inestable. Las coaliciones entre el PSdG y el BNG, la misma que ayer presumía Pérez Touriño en Santiago de Compostela, han sido por lo general un desastre político y un dolor de cabeza para los ciudadanos que las han padecido. Los vaivenes en el ayuntamiento de Vigo quizá constituyan el ejemplo más gráfico pero no el único.

El PSOE en Galicia no es un partido tan fuerte como en otras partes de España, hasta hace bien poco tiempo, distintas facciones se enfrentaban a cara de perro en trifulcas que solían terminar con la mediación in extremis de Ferraz. Zapatero lo sabe bien porque hace unos años hubo de enviar a José Blanco a apaciguar los ánimos de sus barones en la región. El BNG, por su parte, es un partido muy radicalizado y escorado hacia posiciones nacionalistas de izquierda al estilo de la Esquerra catalana. A pesar de que Anxo Quintana ha tratado desde la jubilación de Beiras de imprimir cierta moderación al discurso, no existe un solo motivo que haga pensar que los del Bloque hayan suavizado un ápice unos planteamientos demasiado cercanos al soberanismo irredentista tan en boga en regiones como Cataluña o el País Vasco. El Partido Popular, por su parte, es la primera formación política de Galicia, la más votada y la que más afiliados tiene. Una vez haya resuelto la hasta ahora difícil sucesión de Fraga, el PP gallego puede convertirse, si exorciza los fantasmas internos, en una pesadilla parlamentaria diaria para el nuevo Gobierno.

Con estos mimbres tendrá que gobernar Pérez Touriño. Una coalición cogida por los pelos y atada en falso por cuatro consejerías y un poderoso partido enfrente que, al menos por ahora, parece tener las cosas claras. El primer obstáculo que tendrá que vadear el presidente será el de la reforma estatuaria. Habrá entonces de enfrentarse a un doloroso dilema; o respetar la Constitución o respetar a su aliado. Quintana ya ha puesto sobre la mesa que uno de sus puntos programáticos esenciales en el reconocimiento de Galicia como Nación. Como Nación sólo hay una que se llama España y Galicia forma parte de ella, Touriño habrá de ingeniárselas para convencer a su vicepresidente de lo obvio o verse abocado a una crisis en el gabinete que podría precipitar un seísmo político sin precedentes en los últimos 16 años.

Las buenas intenciones y la palabrería son buenas compañeras cuando se está en campaña electoral pero no cuando un dirigente ha de enfrentarse a la siempre difícil tarea de gobierno. Touriño ha elegido este camino porque lo único que le interesaba era desbancar a Fraga a cualquier precio. Satisfecha la factura que le presentó su necesario compañero de viaje, tendrá ahora que poner la mejor cara que pueda a las embestidas de una realidad que él y las ansias desmedidas de poder de su partido han creado.

Radicales, pero prácticos
EDURNE URIARTE ABC 3 Agosto 2005

CUESTA creer que ERC vaya a poner en peligro el impresionante trozo de poder que ha conseguido con tan limitada representación electoral. Mandan en Cataluña y condicionan en Madrid. Hasta ganan concursos de belleza; a Puigcercós lo acaban de nombrar guapo oficial del Congreso. Son estrellas en ascenso, protegidas en Cataluña y mimadas en Madrid. ¿Por qué poner en riesgo tan deliciosa coyuntura política con una ruptura del tripartito? Es cierto que podrían salir bien parados de unas posibles elecciones anticipadas, pero les conviene más aguantar la legislatura y dejar para el último tramo la competición por el radicalismo nacionalista con CiU.

Los republicanos son radicales, pero prácticos, como todos los nacionalistas. Es algo que se nos escapa demasiado a menudo a los demás. Nos despistamos con tanto análisis ideológico y tanta trascendencia identitaria. Vemos el envoltorio y no lo que va dentro. Porque a estas alturas de nuestra democracia está bastante claro que el motor de la presión nacionalista es antes el amor al poder que a la nación. Otra cosa es que la nación sea el reclamo electoral, y que, en ese juego, CiU acabe siendo más hábil y arrastre a ERC a una demostración pública de la pureza de su nacionalismo y a la ruptura con el PSC. Pero será muy a su pesar.

Terrorismo callejero
Todos los fuegos
Cristina Losada Libertad Digital 3 Agosto 2005

Mientras ZP se va de vacaciones con siete libros, siete, que los ha contado, como un colegial al que le mandan lectura en verano, los chicos de la gasolina se aplican en el País Vasco a la asignatura del diálogo. Esa que ha impartido durante el curso el susodicho lector de ocasión con ayuda de los jueces del peine. Las lecciones han sido provechosas y se están batiendo récords de terrorismo callejero. El mismo que había decrecido gracias a las reformas del Código Penal y de la Ley del Menor. Pues el que cree que el único destino de la violencia es su fin, no se siente concernido por el recrudecimiento que haya que soportar entremedias. Todo sea por el diálogo.

Y todo es, en verdad, por el diálogo, que no otra es la cerilla que ha dado nuevo aliento al fuego. Un fósforo que aplicado a las bandas terroristas provoca incendios que, en el País Vasco, tienen que apagar los propios ciudadanos como pueden, que no hay policía ni bomberos que los asistan a tiempo. Nada más efectivo para avivar las llamas de la presión y la amenaza que abrirle al terrorismo expectativas de sacar tajada de su actividad criminal y ofrecerle otra vez espacio político, que es lo que ha hecho el gobierno. Que eleva el diálogo a valor absoluto y hace de él plañido y mantra.

O experimento. Probando, probando, que nada se pierde por intentarlo. Era la tesis del director del CNI, quien decía en El País que “si el diálogo acelera el fin de ETA hay que intentarlo” y si no sale, recogemos velas y “será un intento frustrado como otros”. Se ve que no es lo suyo la dinámica o no le importa que se crezcan entretanto los etarras. Aunque lo que uno se pregunta es por qué diablos el jefe del espionaje español tiene que pringarse en materia política volátil.

Será porque hasta hace dos años, lo suyo eran los incendios. Pues si el MI5 tiene como directora a una mujer que lleva veinte años en la lucha antiterrorista y al frente de la CIA hay un tipo experto en Inteligencia, el director del CNI es un ingeniero de montes que atesoró su experiencia como cuidador del medio ambiente castellano-manchego. Y lo dejó de tal guisa, que fue irse él y arder los montes de Guadalajara con furia incontenible, llevándose además once vidas un fenómeno llamado ¡plaf!

Y es que la España de Zetapé daría para una nueva entrega de la Historia de la Frivolidad de Ibáñez Serrador, con sus destapes políticos por aquí y sus vestidos insinuantes por allá, como los que lucían las ministras para darle morbo a la fachada de La Moncloa. Con su peña de jugadores que ponen y quitan el comodín de la nación y sus jefes de espías promoviendo la negociación con los terroristas. Arde Guadalajara y el presidente en China. Arde el País Vasco y ZP toca los libros.

Lógica secesionista
I. SÁNCHEZ CÁMARA ABC  3 Agosto 2005

EL Gobierno de Maragall se encuentra acorralado por ERC, que no puede dejar pasar la regalada ocasión para imponer sus minoritarias y anticonstitucionales exigencias a la mayoría de los catalanes. Sus amenazas son un órdago, pero no va de farol. Quien manda, manda. Es verdad que le costará romper una alianza tan ventajosa como la que representa un tripartito con el PSC, cautivo de su propio afán de poder. Pero es el momento de imponer las reivindicaciones soberanistas en el proyecto de nuevo estatuto de autonomía. La debilidad de Maragall sólo es comparable a su afán de mantenerse a toda costa en el poder.

Pocas veces una minoría radical tuvo tan acogotada a una mayoría minoritaria y precaria. Es la consecuencia fatal del modo de gobernar adoptado por Zapatero. La lógica secesionista del separatismo republicano aconseja no desaprovechar una ocasión tal vez repetible, pero no mejorable. Y encima, con la complicidad de CiU y la marginalidad del PP. No estamos ante un farol, sino ante la imposición antidemocrática de la lógica secesionista del independentismo republicano. Mientras tanto, la democracia es escarnecida y envilecida, y el PSC claudica y desprecia la voluntad de la mayoría de sus votantes.

El lío de las alianzas
José Javaloyes Estrella Digital 3 Agosto 2005

Acaso porque en los dos escenarios anda de por medio el terrorismo – el islámico y el nacionalista vasco – el presidente del Gobierno se hizo un lío en su día, y en ello sigue. Cada vez más lejos de la alianza natural con los constitucionalistas del Partido Popular y de los muchos socialistas – de voto o de carné -, y cada vez más cerca de los aliados políticos en la gran causa nacionalista contra España. Y al propio tiempo, mientras los aliados y socios europeos miran a otra parte, o como Blair abren un turno de cortesía política, Rodríguez continúa erre que erre con lo de la Alianza de Civilizaciones y anuncia, encantado, que el próximo noviembre celebrará en Baleares, con los turcos, una reunión al respecto.

Quizá sea lo de menos esa ocurrencia de la Alianza de Civilizaciones, en la que de verdad sólo están interesados quienes quieren escurrir el bulto de acusaciones - como en el entorno del actual secretario general de la ONU -, o como los turcos, que insisten en la adhesión a la Unión Europea mientras ni hacen ni dicen nada de marcharse de la parte de Chipre que ocupan desde 1970. Cosa que le acaban de recordar los franceses, con toda la cortesía y la contundencia que les caracteriza.

Junto a las causas perdidas están las cosas ociosas, como esta alianza que Rodríguez propugna con los islámicos, para supuestamente atajar el terrorismo brotado de sus fermentaciones. Y junto a las ociosas iniciativas y las perdidas causas, están también esas defecciones políticas que rompen las necesarias alianzas y los exigidos entendimientos con los constitucionalistas. Sin ello será imposible combatir, reducir y acabar con el terrorismo etarra.

¿O es que el terrorismo etarra pertenece a nuestra misma civilización política y a nuestro universo moral, por lo que no precisa de otra acción que la del ofrecimiento de diálogo sin condiciones, por si alguna vez se les ocurre dejar las pistolas, como el IRA? ¿O acaso son los puñaditos de votos nacionalistas la masa crítica que necesita nuestra democracia para apurar su perfección, aunque con ello sucumban, por descuartizamiento, la idea y la realidad de España?

Rompió el presidente Rodríguez el pacto contra el terrorismo que tenía con los constitucionalistas, para aliarse con los nacionalistas que quieren Estatutos nuevos, soberanía y bajar la guardia con los terroristas de ETA, y ahora pretende aliarse con los islámicos para acabar con el yihadismo, posiblemente también a través del diálogo. Como si este terrorismo en nombre de la Media Luna fuera un problema entre Oriente y Occidente, cuando en realidad es problema intestino del mundo coránico: disputa entre los musulmanes que se quieren abrir a la democracia y la modernidad, y los radicales que, simplemente, suspiran a bombazos por volver a la Edad Media.

No sé que será peor en todo esto, si un sinsentido o una estrategia de confusión, como la tinta del calamar, para ocultar los motivos verdaderos de las concesiones a los nacionalismos: el pago a la anti-España de ERC por el sustento que le da para mantenerse en el Gobierno. Y encima dicen que el CIS dice que a Rodriguez le aplauden más.

Como los sondeos no son votos, merecedores de respeto y acatamiento, me permito dudar de que sean ciertos y, de ser ciertos, que la gente esté en sus cabales. Ese lío de las alianzas, y todo lo que envuelve, no es de recibo para una opinión pública normalmente constituida.

jose@javaloyes.net

La fiesta en paz
TONIA ETXARRI El Correo 3 Agosto 2005

Si de la opaca reunión mantenida entre el PNV y los socialistas, hay que concluir que este tipo de encuentros «forman parte de un proceso», bueno será que, en ese intercambio de cromos, se ponga minúsculas a la pacificación. Ha reconocido el nacionalista Josu Erkoreka que se habló de cosas más serias que de la gobernabilidad. Cabe esperar que consideren «más serio», por ejemplo, la unidad frente al terrorismo que, en su versión de vandalismo callejero, ha rebrotado en Euskadi con una brutalidad ya conocida en años anteriores, durante las fiestas de verano. Esa es la violencia cotidiana que siguen padeciendo los ciudadanos. Porque si se van a entretener en buscar un punto intermedio entre el estatuto y el plan Ibarretxe, no es que esté mal pero se les va a volver a pasar el arroz.

Imaz, por si acaso, se decanta por un nuevo juego estival, que no es otro que el 'trabalenguas político'. A saber: sin que Euskadi sea, primero, una nación soberana, ya vamos a 'cosoberanos' (con perdón) con España, Francia y todo país europeo que se precie. Es decir; independientes sí, pero sin que se note todavía; autosuficientes y/o pactistas. Un lío. Habrá querido dedicar un gesto de flexibilidad a su interlocutor del PSOE, pero que nadie más, salvo Egibar (que habrá entendido que eso ya lo dice él pero sin circunloquios) le ha pillado el punto.

Los socios de EA le dan el alto porque creen que no es hora de que el PNV se raje ahora que el radicalismo abertzale va ampliando sus zonas de influencia. Y desde la ilegalizada Batasuna, que tiene a su alrededor más altavoces que los vigilantes de la playa, le señalan la contradicción. ¿Pero, hombre, ¿cómo se va a renunciar a algo que todavía no se tiene?!

Mientras se siguen pasando gestos por debajo de la mesa y por encima de la prensa, el personaje más solicitado no es otro que el consejero Javier Balza. Después de que los vándalos atacaran Algorta, se ha disparado la alarma en las poblaciones que comienzan a celebrar sus fiestas patronales. No es que el Gobierno vasco tema que se puedan volver a dar escenas tan abominables como las de Algorta; es que están «en alerta», aseguran, «como hace años». Por eso rechazan que hubiera imprevisión ante el ataque de los encapuchados, a pesar de la queja mayoritaria de que la Er-tzaintza llegó tarde y no practicó detenciones. Siguen investigando. Hace un par de veranos, 120 personas implicadas en este tipo de delincuencia, acabaron en la cárcel; ahora, el equipo de Balza se muestra convencido de que «los de Algorta pasarán, más pronto que tarde, a disposición judicial. Han cometido un delito de terrorismo».

Desde luego, no parece lógico que,a los que siembran el pánico en las calles, se les acabe condenando por asociación ilícita. Pero eso ya dependerá del juez de turno.

Moratinos
La diplomacia estrafalaria
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Agosto 2005

En su Carta abierta sobre el Sáhara, Moratinos se muestra más preocupado por la oposición que por el futuro del pueblo saharaui, las violaciones de los derechos humanos o el éxito del plan de Naciones Unidas. “Algunos detractores de la política española sobre el Sáhara parecen apostar por una crisis profunda de las relaciones hispano marroquíes”, afirma. Curiosamente, no se refiere al gobierno de Marruecos. Pero ahí están, en el pasado reciente, el desabastecimiento de nuestra flota pesquera, incluyendo actos de abierta hostilidad, la retirada unilateral de su embajador, la ocupación del islote Perejil, las dudosas concesiones petrolíferas, la perdurable impresión de tolerancia ante el gran tráfico de droga del Rif y el flujo de inmigrantes ilegales, la falta de colaboración en delicados extremos de la investigación del 11-M, con alguna increíble puesta en libertad, la prohibición de aterrizar o abandonar su avión a varias delegaciones parlamentarias, o el maltrato a españoles encarcelados, como la presa violada con el consentimiento de sus guardias.

Ya sea por impericia, ya por creer que su cosmovisión es generalmente compartida, el ministro de Exteriores y su número dos nos han escandalizado relacionando la necesidad de contribuir al desarrollo de Marruecos con la posibilidad de un nuevo 11-M. Esa política exterior, avalada por el presidente del gobierno, muestra una compulsiva tendencia a llevar los asuntos de España en el sentido contrario al que los llevó Aznar. Hasta ahí llega su sectarismo. Los socialistas acusan ahora de deslealtad a los populares, olvidando la visita de Zapatero a Marruecos en mitad de una gravísima crisis de Estado: dejarse fotografiar junto a un mapa de Marruecos que incluía las Canarias es uno de los momentos estelares del estadista, junto con las ofensas a la bandera americana y la llamada pública a la deserción de Irak. Ya han conseguido que Marruecos se convierta en el aliado preferente de Estados Unidos en la zona. Cuando haya un nuevo Perejil, España lo va a tener crudo para hacer prevalecer sus posiciones, si es que lo intenta siquiera.

En cuanto a Ceuta y Melilla, su reivindicación apremiante sólo es cuestión de tiempo. En el plan de Mohamed VI, va por delante el Sáhara. España podría acogerse simplemente a los principios que ya han establecido las Naciones Unidas, a la vez que mantiene la dignidad nacional denunciando con claridad las agresiones que sufren los habitantes de nuestra ex colonia. Podría limitarse a transitar por esos dos raíles. Pues no. Prefiere transmitir una insufrible debilidad hacia el exterior mientras nos aturde con el humo de un vacuo y contradictorio lenguaje pseudo diplomático en el interior. “Hemos planteado –nos vende en su carta sin destinatario– que pueda visitar el territorio una misión parlamentaria española abierta a todas las fuerzas políticas y con libertad de movimientos, que confío pueda llevarse a cabo”. Pero hombre, Moratinos, ¿aún confía? Eso no es fe en un éxito futuro, eso es decorar su penúltimo descalabro.

Arabia Saudita
Ni contigo ni sin ti
GEES Libertad Digital 3 Agosto 2005

La sucesión en la casa de Saud ha vuelto a traer a las primeras páginas de los periódicos el delicado papel que Arabia Saudí juega en Oriente Medio. De su importancia hay pocas dudas. Desde la crisis del Califato turco, el Reino Unido hizo del destino de esa península el eje del nuevo mapa de Oriente Medio. El tándem formado por sauditas y wahabitas se impuso como elemento de estabilidad a partir del cual afrontar el diseño de otros futuros estados.

Dotados de unas impresionantes reservas de petróleo, su explotación se convertiría en un vínculo entre los intereses de la familia reinante y Occidente. El crudo es el único recurso económico del país, por lo que resulta de interés para ellos vender grandes cantidades, siempre y cuando un exceso de oferta no lleve a una bajada de los precios. Occidente necesita del petróleo tanto como la casa real.

Con su acceso al poder, los Saud se responsabilizarían del control de dos ciudades de enorme simbología para la comunidad musulmana: la Meca y Medina. Su correcto mantenimiento y protección aportarían prestigio a la familia y, sobre todo, tranquilidad al Islam. Ambos hechos eran y siguen siendo objetivo de las potencias occidentales.

Desde la creación de Arabia Saudí hasta la fecha su política exterior ha estado dirigida a frenar tanto la penetración de la ideología comunista como el desarrollo de corrientes heréticas. Occidente encontró su colaboración para combatir a la Unión Soviética y para tratar de contener la Revolución Iraní.

Determinadas crisis han acercado de nuevo a Arabia y Occidente, cuando la primera se ha sentido directamente amenazada. Ese fue el caso de la invasión de Kuwait, que dio paso a la primera Guerra Norteamericana-Iraquí.

Pero este conjunto de intereses comunes nos ha proporcionado durante décadas una imagen errónea, por insuficiente, de la naturaleza del vínculo. La Casa de Saud tiene un gran interés en mantener unas buenas y discretas relaciones con Estados Unidos pero, al mismo tiempo, los fundamentos estratégicos de su política le llevan al enfrentamiento. Como recordaba recientemente el Wall Street Journal, la relación ha sido desequilibrada, pues nosotros hemos mostrado más compresión y simpatía hacia su gobierno que ellos hacia nosotros. No nos podemos quejar, pues nos hemos ganado a pulso la situación en que nos hallamos.

La escuela wahabita es incompatible con los valores occidentales y con la modernización tanto de Arabia Saudí como del conjunto del Islam. La mejor prueba la tenemos en el interior de este último país. A pesar de disponer de ingentes cantidades de dinero y de un alto número de escuelas y universidades, sus licenciados no acceden a puestos relevantes en el tejido empresarial nacional. Tienen que recurrir a importar licenciados. La razón no es otra que el efecto de los ulemas en el sistema educativo. Se elija una u otra carrera, el alumno acabará estudiando teología y su título de ingeniero o de economista carecerá de valor en el mercado. La mujer sigue discriminada y la democracia, a pesar de los tímidos avances ocurridos recientemente, parece muy lejana. La influencia de Occidente es considerada tan nociva como pecaminosa. Para ellos somos “corruptos”.

Mucho se ha escrito sobre el vínculo entre terrorismo y wahabismo. Es evidente que esta escuela no lleva directamente al uso de la violencia, tan cierto como que primero se es islamista y sólo después se llega a la condición de terrorista. El wahabismo ha aportado tres elementos esenciales a la red terrorista vinculada a al-Qaeda: una doctrina fundamentalista que reivindica la vuelta a la ortodoxia y el fin del aperturismo a Occidente, una estructura de mezquitas, escuelas y entidades dedicadas a la caridad a través de las cuales expande su influencia ideológica y, por último, dinero.

Para la Casa de Saud su vínculo con Estados Unidos es tan necesario como peligroso. Con el paso del tiempo ha comprendido que sólo la gran potencia norteamericana tiene los medios y la voluntad para asegurar su integridad, política y territorial, frente a sus rivales regionales. Pero también ha podido comprobar que el credo wahabita es incompatible con ese vínculo demoníaco. El estacionamiento de tropas “impías” en territorio santo, para defenderlos de la amenaza iraquí, llevó a Osama ben Laden a romper con la Casa de Saud y a iniciar la campaña terrorista en su contra. El wahabismo que pregonan se vuelve contra ellos. Más aún, la propia familia real se encuentra dividida y algunos de sus miembros parecen estar entre los que financian a grupos terroristas.

Estados Unidos ha comprendido que la búsqueda de estabilidad en la región a base de aliarse con dictaduras de muy distinto pelaje, sólo ha llevado a una situación tan inestable como antidemocrática. Para combatir el terrorismo ha llegado al convencimiento de que tan importante es la persecución de las redes que lo soportan como dar a estas sociedades un futuro atractivo, lo que pasa por su modernización y democratización. Ante esta nueva estrategia los Saud aparecen como incómodos restos del pasado. Ellos están detrás, y en frente, del terrorismo islamista; ellos se oponen a la democratización de la región, por herética. En el corto y medio plazo es impensable un cambio político en sentido democratizador. La situación de la familia reinante es inestable, pero la alternativa no es más liberal sino todo lo contrario.

Tanto Estados Unidos como Europa son perfectamente conscientes de la responsabilidad saudí en la propagación del islamismo más radical y de hasta qué punto es y va a seguir siendo un obstáculo para la modernización regional. Pero también saben del papel estabilizador que ejerce como guardián de los Santos Lugares, de la necesidad de garantizar la exportación de crudo y de que la alternativa a los saudíes es más islamismo.

No hay más opción que tratar de entenderse con ellos y aprovechar sus vulnerabilidades para presionarles en la lucha contra el islamismo violento. El nombramiento de un ex-director de inteligencia, además de hijo del príncipe heredero, como nuevo embajador saudí en Washington es una señal de que ellos también están preocupados, tanto por la amenaza islamista como por el deterioro de sus relaciones con Estados Unidos, y de que quieren colaborar. En cualquier caso y por distintas razones Arabia Saudí será un problema mayor en las próximas décadas.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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