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Recortes de Prensa     Viernes 5 Agosto 2005
Fanatismo e intolerancia
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 5 Agosto 2005

La disuasión 60 años después
GEES Libertad Digital 5 Agosto 2005

La gran mudanza
M. Martín Ferrand ABC 5 Agosto 2005

Pérez Touriño y la Segunda República
Agapito Maestre Libertad Digital 5 Agosto 2005

Elevar el listón
Editorial ABC 5 Agosto 2005

Comprar a los militares
GEES Libertad Digital 5 Agosto 2005

Rumbo fijo
Editorial El Correo 5 Agosto 2005

Arabia Saudí debe preocuparnos
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR  El Correo 5 Agosto 2005

Fanatismo e intolerancia
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 5 Agosto 2005

El reciente atentado de Londres nos ha hecho recordar a los españoles otra acción terrorista: la masacre ocurrida en Madrid hace año y medio. Cuando presenciamos semejantes carnicerías humanas, lo lógico es que nos preguntemos qué es lo que hace que haya unas personas capaces de provocar tales matanzas.

Ante el horror, como seres racionales que somos, intentamos buscar respuestas que den sentido a lo que vemos. Algunos buscan explicaciones invocando la existencia de determinados conflictos, o una historia de desigualdades, humillaciones e injusticias, tesis contra la que combaten algunos intelectuales como el vasco Antonio Elorza o el italiano Giovanni Sartori. Este último sostenía recientemente que «la raíz del problema no es la desigualdad económica ni el hambre. Es el fanatismo religioso, el fundamentalismo, la exacerbación».

Con la misma explicación -la del fanatismo, aunque no sea religioso- nos encontramos cuando tenemos que buscar respuestas a otro terrorismo mucho más cercano, el de ETA que desde hace 46 años azota a España y que ha provocado cerca de novecientos muertos, miles de heridos, daños económicos cuantiosos y que ha puesto la convivencia civil en el País Vasco al borde de la quiebra.

A menudo hemos buscado para el terrorismo de ETA razones históricas, ideológicas, políticas y hasta sociológicas. Hemos hablado de la opresión del franquismo, de la ideología sabiniana, de las influencias de los movimientos de liberación o del conflicto de cohabitación entre el País Vasco y el resto de España tratando de encontrar respuestas. Hemos buscado muchas explicaciones, pero hay una que casi siempre hemos dejado de lado y es la existencia de un brote de fanatismo e intolerancia en un sector de la población.

El teólogo Alfredo Tamayo Ayestarán cuenta que una vez escuchó a un obispo decir que el País Vasco estaba enfermo y eso le llevó a reflexionar para tratar de ver si el prelado estaba en lo cierto. La conclusión a la que llegó es que el País Vasco «seguramente no está enfermo, pero es un país en donde hay muchos enfermos que adolecen de narcisismo grupal de carácter maligno que distorsiona las conciencias, lleva a la intolerancia y la agresión y no acepta la contradicción». «En otras palabras -añadía Tamayo-, a esto se le suele llamar fundamentalismo o fanatismo».

El jesuita donostiarra, que recogió sus reflexiones en el libro 'Nacionalismo, psicoanálisis y humanismo', denunciaba la exacerbación de ese narcisismo colectivo («nuestra nación, nuestro pueblo, nuestros orígenes, nuestros dioses, nuestra raza, nuestro genoma, nuestra historia, nuestra lengua...») y llamaba la atención sobre el parecido de estas actitudes con el nacionalismo español franquista o el alemán de los tiempos de Hitler.

En este punto cabe hacer un inciso para señalar que nadie tiene la exclusiva de la intolerancia: ni el terrorismo islamista, ni el etarra, ni ningún otro. El escritor israelí Amos Oz ('Contra el fanatismo') ha señalado acertadamente que «el fanatismo es más viejo que el Islam, que el judaísmo y el cristianismo. Más viejo que cualquier Estado, gobierno o sistema político. Más viejo que cualquier ideología o credo del mundo. Desgraciadamente, el fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza humana. Un gen del mal, por llamarlo de alguna manera».

Cuando hablamos de fanáticos, intolerantes o fundamentalistas, enseguida pensamos en personas exaltadas, fuera de sí, descontroladas, capaces de hacer cualquier cosa, imposibilitadas para comportarse racionalmente. Es verdad que hay miembros de los grupos terroristas y de ETA en concreto que reúnen caracteres patológicos como los que ha descrito el catedrático de Psicología de la UPV-EHU Enrique Echeburua, que advierte de la importancia que en los terroristas tienen las frustraciones acumuladas en la vida cotidiana «que generan una baja autoestima y de las que se responsabiliza a otros (...). Sentirse protagonista en un grupo terrorista o violento, estimulado por el riesgo y la clandestinidad y aupado por ciertos medios de comunicación, puede resultar muy atractivo cuando en la vida civil una persona se siente mediocre. Las insatisfacciones personales de toda índole encuentran fácil acomodo en los ideales patrióticos exaltados que dan cobertura al resentimiento y a la violencia».

Algunos miembros de los grupos terroristas reúnen este perfil, pero no todos son así y, probablemente, ni siquiera la mayoría. Hace muchos años, un editorial de 'El País' recogía una frase que resultaba particularmente acertada para describir la realidad del terrorismo: «Detrás de cada fanático hay siempre un jefe de negociado». Es decir, detrás de cada pistolero descerebrado hay siempre un grupo de personas frías, reflexivas, que usan la violencia en función de elaborados cálculos de costes y beneficios. La violencia y el terrorismo se practican de acuerdo con estrategias racionales con el objetivo de ser eficaces para el logro de propósitos políticos, para alcanzar el poder o para imponer una determinada visión del mundo.

El esfuerzo por conseguir eficacia es la clave en la que se justifica el terrorismo. La propia ETA deja bien clara esta idea. En un documento elaborado el pasado año ('Reflexiones sobre la lucha armada'), la dirección de la banda afirma que su mayor inquietud es «que su actividad sea eficaz». El documento sostiene que lo importante es analizar «los beneficios» que el terrorismo aporta «al proceso de liberación desde una perspectiva histórica». «Cada acción aporta algo en este largo camino y su impacto se perpetúa en el tiempo -añade-. Ya que, por supuesto, es a largo plazo cuando se puede medir el impacto de cada acción. Instalando de nuevo esta forma de lucha dentro de la globalidad, y a la vista de las consecuencias que engendra, nos damos cuenta de que contribuye a hacer que el proceso de liberación avance».

Pues bien, si queremos hacer frente al fanatismo de los etarras hay que trabajar para hacer que la violencia no sea eficaz. Hay que conseguir que tenga más costes que beneficios, que a los pistoleros el crimen no les compense de ninguna manera, ni a ellos individualmente, ni como grupo, ni para su causa. Frente a la intolerancia que representa el terrorismo, la sociedad tiene que trabajar por conseguir la derrota ideológica, política y social de los violentos. Esto puede parecer una obviedad, pero no lo es tanto. El nacionalismo, por ejemplo, nunca ha querido la derrota de ETA e, incluso, el Estado durante mucho tiempo ha intentado integrarla en el sistema democrático mediante soluciones ambiguas que disimularan esa derrota.

El Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo hizo oficial un cambio de estrategia: el PSOE y el PP mostraban su firme resolución «de derrotar la estrategia terrorista» con los medios del Estado de Derecho. Pues bien, la estrategia de derrota de ETA es antagónica de las políticas que buscan un final dialogado del terrorismo. Al menos así lo dice el lehendakari Juan José, quien, en unas recientes declaraciones, reprochaba al PP y al PSOE haber mantenido «que el objetivo era la derrota del terrorismo y no un esquema de final dialogado». Para el nacionalismo, como se ve, el diálogo es la antítesis de la derrota del terrorismo.

Tras Hiroshima y Nagasaki
La disuasión 60 años después
GEES Libertad Digital 5 Agosto 2005

Se cumplen ahora 60 años del lanzamiento de la primera bomba atómica. Se estaba en la segunda guerra mundial, con un Japón casi vencido pero sin voluntad de rendirse. La bomba sobre Hiroshima y luego una segunda sobre Nagasaki abrirían una nueva etapa en la historia de la guerra y del mundo. Sin embargo, en aquellos momentos, 6 y 9 de agosto de 1945, Little Boy y Fat Man, los dos apodos que llevaban cada uno de los ingenios nucleares, no eran más que dos bombas más eficaces, esto es, más destructivas, pero no algo nuevo y revolucionario. De hecho, los bombardeos incendiarios sobre Tokio habían causado más muertes sin necesidad de recurrir a la explosión nuclear.

El salto cualitativo vendría después y, sobre todo, cuando los Estados Unidos perdieron su monopolio atómico al hacerse la URSS con idénticos sistemas bélicos. A partir de la bomba H, mucho más destructiva que la A, el escenario de un intercambio termonuclear pasaba a considerar se un suicido mutuo habida cuenta de dos factores: la multiplicación de armas nucleares y la inexistencias de defensas antimisiles eficaces. Fue entonces cuando se descubrió el valor disuasivo de las armas nucleares. Como dijo el estratega del Pentágono, Bernard Brodie, “la función esencial de estas armas no es ganar una guerra, sino evitar que se produzca”. Ahora bien, la disuasión pudo funcionar relativamente bien por dos razones básicas: que los actores nucleares se reducían a dos, inicialmente; y que tanto Washington como Moscú compartían el mismo lenguaje estratégico. Por ello no se produjo nunca una conflagración nuclear. Ese fue el valor esencial de la disuasión, mantener la guerra fría, fría.

Hoy, por el contrario, la disuasión está en entredicho. Ya no hay como enemigo un actor racional, como era Moscú, sino una extraña red de fanáticos religiosos y el elemento básico del juego de la disuasión, el amor a la vida por encima de todo (nadie quiere suicidarse gratuitamente), queda en nada cuando los terroristas están dispuestos a convertirse en mártires si para matar tienen que morir ellos mismos. ¿Puede amenazarse con quitarle la vida a un suicida convencido para evitar que haga daño? Imposible a priori.

Ahora bien, que no se puede ejercer el mismo grado de disuasión sobre un terrorista suicida que sobre otro actor, no significa automáticamente que la disuasión esté muerta. Lo está si sólo se ve en el terrorismo a quien ejecuta los atentados. Pero sabemos que hay más, mucho más, detrás de un ataque. Están quien da cobijo o proporciona ayuda a los terroristas; sus familias que les esconden; los mecenas que patrocinan sus actividades letales; lo servicios de inteligencia que los controlan y, en fin, los gobiernos que en el mejor de los casos los toleran cuando no los promueven o los utilizan. Y sobre ellos el juego de las amenazas sí que puede funcionar. Está comprobado que la disuasión sobre el entorno de los terroristas desincentiva el terror. Lo único que para ejercer el juego de la disuasión sobre la periferia terroristas hay que tener muchas agallas. Israel lo ha podido comprobar en su propia carne. Para ejercer la disuasión sobre los gobiernos que favorecen el terror hay que tener incluso más. Y si no se tiene, es cuando la disuasión es del todo ineficaz y no sirve para nada.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

La gran mudanza
M. Martín Ferrand ABC 5 Agosto 2005

JOSÉ Luis Rodríguez Zapatero dispone, como presidente del Gobierno, de un grupito de mandaderos que le hacen los recados más discretos. Entre ellos destaca José Blanco, gran especialista en la cata y cala de los estados de opinión. Siempre según las instrucciones del líder, su escudero dice aquello que le cuadra a la ocasión y, vista la respuesta, la doctrina se difumina y pasa al catálogo de los olvidos o, por el contrario, se pone en primer plano y marca el rumbo gubernamental. No es un sistema muy solvente para el equilibrio de un Estado; pero es el que hay y, con poco desgaste, a Zapatero le va sirviendo para seguir sentado en el machito, que es, parece, de lo que se trata.

En el ejercicio de tan difícil misión, Blanco ha repetido varias veces en los últimos días, en referencia a la situación vasca, que «hay que conseguir la paz de una vez por todas» y que para ello será necesario «hablar con otras fuerzas». Nunca es fácil descifrar los mensajes del secretario de Organización del PSOE; pero, con la contemplación de los movimientos coincidentes, puede deducirse que el mensaje, aparte del obvio, tiene dos destinatarios distintos y dos sentidos complementarios entre sí. Blanco le está diciendo al PNV, tan encorsetado con sus nuevas compañías de Gobierno, que es posible el entendimiento para que ERC, tan crecida en su situación de fuerza, entienda que no es necesario su apoyo para el sostenimiento de Zapatero en su mayoría minoritaria.

A eso, a lo que los adictos llaman astucia mientras los espectadores más fríos lo valoramos como enredo, no se le puede quitar importancia en una política yerma de ideas y escasa de proyectos. Zapatero, por si acaso, prepara una gran mudanza. Cuenta con que su anclaje en las rocas del independentismo catalán puede ser sustituido por el amarre en los muelles del soberanismo vasco. La víctima sería, si llega a producirse el movimiento, Pascual Maragall; pero tampoco puede decirse, sin llegar a los límites de la calumnia, que Zapatero sea un sentimental de la política. Maragall ya consiguió, y de milagro, culminar el sueño de su biografía pública en la Generalitat. La vida sigue y Josep Lluís Carod-Rovira es demasiado caro, lo que podría llegar a disculparse, y demasiado incómodo como pedestal. El partido del lendakari Ibarretxe, atormentado en Vitoria por sus forzadas e indeseables compañías de Gobierno, puede relevar la función de ERC y salvarle a Zapatero el trámite del Presupuesto.

No hay quien dé más para una política de día a día y parcheo continuo. La otra, la grande, la de soluciones duraderas y horizontes definidos y ciertos, es algo que no se lleva, por falta de personal, en una Europa cansada, en buena medida corrupta, instalada en la comodidad mejor que en la exigencia y en la que la excelencia, de buscarse, se reduce a la selección del vino para el almuerzo.

Manipulación histórica
Pérez Touriño y la Segunda República
Agapito Maestre Libertad Digital 5 Agosto 2005

Ha bastado poco tiempo para que Pérez Touriño pierda su fama de tecnócrata. El discurso tecnocrático del período electoral lo cambió por el ideológico, por la manipulación de la historia, el día que tomó posesión del cargo. Los discursos de ese día fueron tan ideológicos, falsos y llenos de referencias a una historia idílica, como los cantos al pasado republicano, que entonan cotidianamente Carod-Rovira y su socio Rodríguez Zapatero. El nuevo presidente del Gobierno gallego, Pérez Touriño, siguiendo las consignas de los ideólogos del presidente de Gobierno, ha reivindicado para legitimar su futura acción gubernamental el pasado republicano del “socialismo galleguista” y el “nacionalismo democrático”. ¡Horror! Preparémonos para lo peor. Sustitución de la acción política real por un “discurso” miserable, meramente propagandístico y populista, sobre el pasado republicano. La ideología cubrirá las carencias de políticas concretas.

Sin embargo, la preguntas que cualquier ciudadano de bien necesita responder para no caer en la melancolía son sencillas: ¿Cuál es el poder exacto, casi demoníaco, que ejerce el pasado republicano sobre estos hombres?, ¿por qué un régimen político que llegó al poder de una extraña manera -según algunos, después de un golpe de Estado perpetrado entre otros por Sanjurjo y aceptado por Alfonso XIII; según otros, después de manipular unas elecciones municipales que habían ganado los monárquicos- tiene tantos seguidores?, ¿por qué un régimen político que nos condujo a la más sangrienta guerra civil de todos los tiempos aún es modélico para políticos que se presentan con más o menos sentido común?, en fin, ¿por qué es referencia democrática una República que sólo entre el 16 de febrero al 15 de julio de 1936, alojó en España 192 huelgas generales, se quemaron 196 iglesias, se destruyeron 78 centros religiosos, se asaltaron 10 periódicos y se perpetraron 223 asesinatos políticos?

Si estas preguntas, con los datos en ellas contenidos, no son suficientemente elocuentes para reconocer que la res pública, la República, se había convertido en un bellum civile, incluso antes del Alzamiento militar, entonces tendremos que apelar, una vez más, al poder demoníaco de su propaganda que hace convertir la realidad en ficción. En efecto, porque la República fue la mayor maquinaría propagandística que nación alguna creó en la historia política reciente, aún hoy sigue viéndosela como un “paradigma” revolucionario. Si su maquinaría de propaganda revolucionaria fue tan poderosa que las canciones de guerra, las consignas creadas en su época, los cárteles, los romances, el teatro, etcétera, siguen siendo utilizados en todas las acciones revolucionarias y, por supuesto, totalitarias de hoy, entonces no deberíamos extrañarnos de que un Pérez Touriño, un Carod-Rovira y hasta un Rodríguez Zapatero queden prendados en su delirio. Pues que la Segunda República, como viera con inteligencia insuperable Josep Pla, fue sólo eso, un peculiar delirio. En él, y esa es la tragedia de la nación española, Rodríguez Zapatero y sus huestes pretenden encarcelarnos.

Elevar el listón
Editorial ABC 5 Agosto 2005

ANTE las declaraciones de Joan Tardà, convertido en el «Pepito Grillo» del independentismo nacionalista catalán, hay que tomar distancia: para no ponerse a su altura y para no hacerle el juego. La última propuesta de Esquerra pone de manifiesto cómo se las gastan los socios de Zapatero. ERC pretende que el Congreso de los Diputados reconozca el derecho de secesión de Cataluña. La reforma constitucional de ERC quiere eliminar de la actual Carta Magna el artículo 2 que aboga por la «indisoluble unidad de la nación española» para convertir a España en un «Estado plurinacional y federal». Que nadie se equivoque. Tardà cumple el papel que le exige su partido. Por cierto, España pasaría a llamarse «Federación Española», que tiene un aire deportivo. Será por aquello de elevar el listón... de las exigencias.

Subida de sueldo
Comprar a los militares
GEES Libertad Digital 5 Agosto 2005

El Ministro de Defensa se propone subir el sueldo a los suboficiales de las Fuerzas Armadas con la complicidad de Rodríguez Zapatero y la reticencia del Ministro de Hacienda. Con la demagogia que es consustancial al personaje, Pepe Bono amenazó con dimitir sino conseguía doblegar la resistencia a sus planes del Vicepresidente Segundo del Gobierno y amo del tesoro público.

Bono pretende con este anuncio congraciarse con un colectivo militar cada vez más desmoralizado e indignado con el actual titular del Departamento. La decisión del Ministro de retirar el lema de la Academia del Talar, “A España servir hasta Morir”, fue tan solo la gota que colmó el vaso de un colectivo que recela profundamente de la demagogia del Ministro, inquieto por la deriva pro-independentista del actual Gobierno y perplejo ante las ínfulas pacifistas que exhibe el actual Ministro de la Guerra cada vez que tiene ocasión.

Una parte de este descontento empezaba además a cristalizar en un movimiento asociativo dentro de las Fuerzas Armadas, especialmente intenso entre los suboficiales, que el Ministro de Defensa está dispuesto a abortar aunque para ello tenga que comprar uno a uno a cada uno de sus miembros.

La subida del sueldo es sin duda una medida necesaria, pues nuestros militares habían quedado desfasados retributivamente respecto a otros colectivos de servidores públicos, especialmente los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Sin embargo se equivoca el Ministro si cree que con ello ha solucionado el más grave problema que sufren nuestros ejércitos: la desmoralización de su personal. Aún en mayor medida que dinero, lo que necesitan nuestros militares es recibir unos valores de los que su jefe político carece absolutamente y recuperar un sentido de la vocación militar que el Ministro destruye con cada declaración que realiza. Les gustaría además servir a un Gobierno que crea en la misma Patria por la que ellos están dispuestos a dar la vida si llega el caso.

Es más, la subida retributiva que con argucias parece va a arrancar el Ministro de Defensa puede terminar convirtiéndose en un quebradero de cabeza para el Gobierno. En primer lugar, va a crear múltiples agravios comparativos con otros colectivos de servidores públicos, desencadenando una escalada generalizada de las retribuciones de los funcionarios. Segundo, dentro de las mismas Fuerzas Armadas creará mayores diferencias de sueldo entre las diferentes escalas y destinos lo que se convertirá en fuente de nuevos descontentos. Finalmente, la subida propuesta no solucionará el grave problema de déficit de tropa y marinería que padecen nuestros ejércitos ni el que empieza a atisbarse de falta de vocaciones para las escalas superiores de oficiales. El Ministro debería saber que el espíritu militar no es algo que pueda comprarse con dinero.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Rumbo fijo
Editorial El Correo 5 Agosto 2005

La semana negra que afrontan las tropas estadounidenses en Irak -38 soldados han perdido la vida en los últimos diez días- ha vuelto a poner de manifiesto que la guerra iniciada en marzo de 2003 pudo ser un paseo para los marines, pero la posguerra se está convirtiendo en un auténtico calvario para Estados Unidos. La prueba es que la mayoría de los más de 1.800 muertos en combate lo hayan sido después de darse por terminadas las operaciones militares principales. El continuo goteo de féretros ha hecho que en los últimos sondeos de opinión un 54% de los norteamericanos se muestren muy preocupados por las bajas sufridas en Irak, y que un 52% de la población se declare contraria a la intervención militar. Esta tendencia crítica y ascendente sobre el cómo marchan las cosas seguramente explica el flujo de mensajes e informes contradictorios que se han cruzado en las últimas semanas desde diferentes instancias. Sólo el presidente y su círculo próximo parecen mantener el rumbo que ellos mismos han trazado. Horas después de que 14 marines perdiesen la vida en un ataque, George W. Bush repitió su mensaje de perseverar y asimilar que se hace frente a un «enemigo despiadado».

Despiadado sí, y terriblemente inteligente. Su estrategia de atacar por igual, y con idéntica saña, a tropas de la Coalición o a indefensos civiles -hasta 25.000 podrían haber muerto ya- está minando las esperanzas de los iraquíes y la moral de las tropas de Washington por igual. La reserva en apariencia interminable de terroristas suicidas disponibles por los terroristas yihadistas y su falta absoluta de humanidad les dan una obvia ventaja táctica ante la que la sociedad iraquí y la retaguardia norteamericana acusan ya un desánimo evidente. Si la población se desespera ante la incapacidad de sus nuevas fuerzas de seguridad para protegerla, al otro lado del mundo no pueden dejar de recordar la desastrosa campaña de Vietnam y la división social que produjo en su momento, aunque el conflicto no sea comparable todavía.

Para EE UU, todavía pesa más el reconocimiento de lo conseguido y la importancia de avanzar en el futuro más inmediato que la tentación del desistimiento. La población iraquí, con el tiempo, deberá valorar si verse libre del sanguinario Sadam Hussein y haber sido capaz de emprender un proceso institucional de incierto futuro en este momento mereció el peaje de tanta muerte y dolor. Pero ahora, sin cerrar los ojos ante las evidentes dificultades existentes, Bush no puede sino lanzar mensajes de inquebrantable voluntad. Abandonar Irak a su suerte para evitar más bajas o mayor impopularidad política equivaldría a convertir el país en un santuario del terrorismo. Y ésta no es una opción.

Arabia Saudí debe preocuparnos
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR /HISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRABE El Correo 5 Agosto 2005

Muchos años llevaba ya enfermo el rey Fahd de Arabia Saudí, y el gobierno efectivo del reino estaba ya desde tiempo atrás en otras manos. El sistema de gobierno del reino saudí, el único país del mundo que lleva el nombre de la familia gobernante, es un suave despotismo ejercido colectivamente por el núcleo de los Saud a la manera tradicional beduina. El rey reina y gobierna, pero en última instancia necesita el consenso de los líderes del clan o tribu, que forman un consejo informal, cuya censura puede derribar sin violencia al monarca reinante. Eso fue lo que sucedió cuando el rey Saud, segundo de la dinastía, acumuló tantas incompetencias, derroches y extravagancias que sus parientes le forzaron a entregarle el poder efectivo a su hermano Feisal, que al cabo de algún tiempo no tuvo más remedio que sustituirle. Por lo tanto, la muerte del rey Fahd no debería provocar ningún trastorno, en teoría...

Arabia Saudí ofrece exactamente la imagen tópica que tiene la mayoría de la gente de un país árabe. Hay arena, algunos oasis y, por supuesto, petróleo, muchísimo petróleo. La producción saudí es tan sólo ligeramente mayor que la rusa o la norteamericana, pero su reducido consumo les convierte en el principal exportador mundial. Sus reservas son, sin discusión, las mayores del mundo, y seguirán produciendo a buen ritmo cuando las de otras muchas naciones estén secas del todo. Los sucesivos gobiernos españoles han mostrado la sabiduría de diversificar al máximo nuestras fuentes de abastecimiento: nuestro petróleo llega desde al menos doce naciones distintas, pero aún así, cuando el lector va a la gasolinera a llenar el depósito, el 12% de esa gasolina procede de Arabia Saudí, y si allí pasa algo, subirán los precios de todo el mundo.

El petróleo proporciona el 52% de todo nuestro consumo energético. España gasta 1'55 millones de barriles DIARIOS. Por lo tanto merece la pena prestar mucha atención a lo que suceda en Arabia Saudí. Es muy posible que nuestro destino dependa más de la política saudí que de la nuestra propia, y que todos los discursos y polémicas de todos nuestros políticos, que tanto nos obsesionan, resulten ser al final meros espejismos, rotos como frágil cristal bajo el impacto demoledor de un barril de petróleo a 100 dólares o más.

El reino de los saudíes es uno de los países más oscuros, herméticos e impenetrables de la Tierra. Ni siquiera el sector petrolífero es transparente, y sufren represalias los periodistas que intentan indagar en el asunto al margen de las cifras oficiales. Este secretismo dispara las especulaciones sobre la verdadera magnitud de las reservas. Si éstas no fueran tan grandes como se ha creído comúnmente, las consecuencias sobre la economía mundial serían espeluznantes.

Se especula mucho sobre las consecuencias de que llegasen a tomar el poder los integristas en aquel país. Tiempo perdido, pues los integristas llevan ya décadas en el poder. Los saudíes son seguidores del wahabismo, una doctrina ultraintegrista y abiertamente retrógrada. Las riquezas petrolíferas les han permitido mantener estructuras sociales arcaicas, que han sido abandonadas por inviables en otros muchos países islámicos que carecen de petróleo. Como dijo la escritora y socióloga Fátima Mernissi, ésa es precisamente la buena suerte que tienen las mujeres marroquíes, la de vivir en un país sin petróleo. Lo que sucede es que los integristas en el poder conforman un grupo inteligente, culto y con mucho mundo, ablandados por sus riquezas y a los que no les da la gana lanzarse de cabeza a un enfrentamiento suicida con Estados Unidos. Los integristas rebeldes, como Bin Laden, son los 'cabezas calientes' que desean ese enfrentamiento sin medir las consecuencias, unidos a algunos sectores sociales emergentes que carecen de 'enchufe' en los círculos del poder y se sienten marginados en su propio país.

Irónicamente, es precisamente el Gobierno saudí el que ha financiado durante décadas este nuevo integrismo por todo el mundo, con todas sus aristas xenófobas, sexistas, antidemocráticas, antimodernas, con sus predicadores barbudos de ceño fruncido que alientan y justifican los atentados de Nueva York, Madrid o Londres. Cuando los talibanes tomaron el poder en Afganistán, la inmensa mayoría de los gobiernos islámicos se negaron a reconocerlos porque los consideraban unos chiflados peligrosos, cuya versión del Islam constituía una perversión delirante. Las excepciones a esta norma fueron Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, que actuaron a instigación de sus poderosos vecinos. Sin embargo, los norteamericanos han mantenido durante años, y todavía mantienen, una sólida alianza con estos saudíes que deberían ser considerados, con petróleo o sin él, como un enemigo tan implacable y mortal como la antigua Unión Soviética. Se han propuesto diversas teorías, algunas de ellas francamente estrafalarias, para explicar este enigma, pero algunos misterios no tienen respuesta.

Pese a todo su petróleo, el PIB saudí no llega a un tercio del español, y su renta per cápita es poco más de la mitad de la nuestra. El verdadero problema a largo plazo es que Arabia Saudí tiene petróleo, pero nada más. Cualquier otro producto tienen que comprarlo, lo que convierte a su economía en una estructura muy frágil y demasiado vulnerable. Es como un árbol sin raíces, que se mantiene por enormes dosis de riego y abono. Pero a esos árboles, el primer vendaval fuerte se los lleva. ¿Será éste el destino de la casa de Saud, o sabrá el nuevo monarca, Abdulá, usar los beneficios del petróleo para generar una sociedad civil y una economía productiva?

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