AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 6 Agosto 2005
Nuestro Gandhi en Lanzarote
Luis Hernández Arroyo Libertad Digital 6 Agosto 2005

La «última carta» de ERC
Editorial ABC 6 Agosto 2005

Ingenuidades
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Agosto 2005

Ojalá fuera farol...
Pilar Cernuda ABC 6 Agosto 2005

Una política sin rumbo
Editorial HEraldo de Aragón 6 Agosto 2005

Alianza de dictaduras
Pío Moa Libertad Digital 6 Agosto 2005

2. El final del ciclo expansivo
Alberto Recarte Libertad Digital 6 Agosto 2005

Zaplana acusa al Gobierno de dar luz verde a un proceso de desmantelación del Estado
Agencias Libertad Digital 6 Agosto 2005

La «escuela» donde se adoctrinaron los terroristas del 11-M
F. Velasco, Ricardo Coarasa y Enrique Fuentes La Razón 6 Agosto 2005

Alianza de civilizaciones
Nuestro Gandhi en Lanzarote
Luis Hernández Arroyo Libertad Digital 6 Agosto 2005

En verano el sol reverbera en los objetos, el aire vibra, la conciencia se disipa; se hace difícil pensar en problemas complejos... Pero nuestro Presidente se va a miles de kilómetros a preparar su cumbre sobre la Alianza de Civilizaciones. Dios se lo premie (por irse tan lejos). Su empecinamiento en la idea demuestra que para él no es cosa baladí, y que, a falta de claridad, contiene una nobilísima intención: quiere ser un nuevo Gandhi; se ha propuesto corregir nada menos que El fuste torcido de la humanidad... Un vencedor sin ejército, un pacificador, un fundador de una nueva humanidad. Nada más fácil.

Gandhi, el genuino, fue un zorro que logró expulsar de la India a los ingleses gracias al astuto uso del victimismo, que puso a la opinión pública mundial a su favor. Lo cual le hace nada menos que fundador de una nueva nación. Casi todos los fundadores de imperios y naciones son seres legendarios, pero si hay un fundador real, ése es Gandhi.

En cambio, nuestro Gandhi, es un refundador mundial: la ruptura de una nación con más de cinco siglos de historia no es más que un paso en su carrera. Claro que, para él, esa ominosa historia de España debe rectificar su curso y entroncar con la República. Es lo que podríamos llamar el síndrome azañista. Azaña, en sus memorias, se plantea reiteradamente si será capaz de enderezar el torcido fuste de España, tan impregnado de catolicismo fanático. Así, en algún pasaje de su obra, ante la contemplación de una puesta de sol en el Guadarrama, se vuelve místico y se pregunta (marzo 1932): “Por la tarde...el anochecer es prodigioso. El valle y la sierra, de rosa y nieve. Todo está de una grandiosidad triste. La emoción de la historia y del natural se combinan. Sobre esto, ¿podrá levantarse una historia nueva?” (Parece ser que los españoles no éramos merecedores ni de un potable paisaje)...

Azaña, no es exageración, llegó a creerse un ser predestinado, y si fracasó fue por culpa de todos los demás españoles, que no estuvieron a la altura de su magno designio. A poco que se piense, “La velada de Benicarló”, como gran parte de su obra, no es más que un lamento, exculpatorio para él y la República, sobre la incapacidad de España para estar a su altura de miras. Por ejemplo: “... tenía que esquivar la anarquía y la dictadura, que crecen sin cultivo en España... Por lo visto nuestro clima no es favorable a la sabiduría política... La República, dando bandazos, ha venido a estrellarse en los abruptos contrastes del país”. Es claro que no amaba a España, madrastra ingrata. Había que levantar una historia nueva y sólo él estaba llamado a hacerlo. Como decía Unamuno, Cuidado con Azaña que es un escritor sin lectores, y sería capaz de hacer una revolución para tenerlos. A fe que la profecía se cumplió.

Nuestro Gandhi, mucho más ambicioso (pues su afán es cambiar el mundo), no es, a diferencia de Azaña, un escritor sin lectores. Él no necesita escribir; ni pensar, si vamos al caso (reconozcamos que un diario de nuestro particular Gandhi sería un regalo de los dioses. Un betseller seguro). Sus objetivos, aunque grandiosos, son simples y directos. Ha descubierto el camino recto hacia la paz universal: la Alianza de Civilizaciones. Parece una reedición light de aquel lema, “Proletarios del mundo, uníos”, que todavía debe resonar en su cráneo privilegiado.

Gandhi II se alojará en La Mareta, el palacio que Hussein de Jordania le regaló a nuestro Rey. Azaña tenía, en sus momentos triunfales, ensoñaciones alucinatorias en las que se le aparecía un Alfonso XIII al que humillaba sádicamente con lecciones magistrales de buen gobierno. El Rey, humildemente, agradecía la deferencia de tan gran hombre ¿Se le aparecerá a ZP-Gandhi, en tal entorno propicio, algún líder de la historia al que humillar con su Alianza de Civilizaciones? Quizás podría explicarle a un humillado Azaña el verdadero camino que éste no encontró...

La «última carta» de ERC
Editorial ABC 6 Agosto 2005

ESQUERRA Republicana de Cataluña ha presentado su propio proyecto de reforma constitucional: «sin complejos», según ha dicho su portavoz en el Congreso de los Diputados, Joan Tardá. En rigor, se trata de la nueva constitución de la «Federación española» frente a la reforma puramente anecdótica -así la califican- que pretenden los socialistas. El desvarío alcanza límites que hasta hace poco parecían difíciles de superar: proceso constituyente; federalismo plurinacional; derechos históricos; soberanía que se atribuye a las naciones, nacionalidades y regiones; en fin, como guinda de la tarta, reconocimiento del derecho de secesión, igual que en Canadá o en la UE. Mucho más allá de los límites que impone el sentido común, ERC pretende suprimir la función del Ejército como garante de la integridad territorial, modificar de arriba abajo el actual título octavo y configurar las instituciones (en concreto, el Senado, el TC y el Poder Judicial) al servicio de esa extraña realidad compuesta por unas cuantas naciones que -de momento- deciden constituir un estado precario, sin compromiso alguno de continuidad. La propuesta se presenta, como es notorio, en paralelo con la crisis que sufre el proyecto de estatuto catalán, derivada básicamente de las inaceptables exigencias de la propia ERC con el apoyo de CiU, sin duda la formación más interesada en que descarrile la gran apuesta electoral de Maragall. Menos mal que Carod, en su última visita a Moncloa aseguraba que nadie pretende que el estatuto supere el marco constitucional. ¿Qué pediría ERC en caso contrario? Queda, eso sí, un ejercicio de amable posibilismo: en relación con la forma de gobierno, Tardá asegura que su partido se conforma por ahora con la puesta en práctica de «valores republicanos» y no exige la supresión fulminante de la Monarquía. En definitiva, otra vez con palabras de su portavoz, los republicanos catalanes han decidido jugar su «última carta».

No es fácil concentrar en tan poco espacio un número más elevado de disparates históricos, jurídicos y políticos. Las pretensiones de Esquerra (que invita a la «izquierda española» y a «otras izquierdas del Estado» a sumarse a ellas) se califican por sí mismas. En realidad, sólo merecerían la atención marginal que se presta a la apuesta radical de un partido con escasa representación parlamentaria a escala nacional y discreta a nivel autonómico. El problema reside en que dicho partido juega una función determinante en el gobierno tripartito de Cataluña y que Rodríguez Zapatero se ha convertido en prisionero voluntario de este aliado impresentable, que amenaza ahora con romper la baraja en la negociación de los Presupuestos. El sentido común no sobra, por desgracia, en política, pero ¿acaso cabe imaginar que la aprobación de las cuentas públicas se vincule con el derecho de secesión? El grave error del Gobierno socialista al persistir en la búsqueda del apoyo parlamentario de ERC alcanza ahora su máxima expresión con este planteamiento incalificable. No basta con mirar para otro lado y con achacar las declaraciones a razones estratégicas o tácticas. Ni siquiera se trata de un texto maximalista destinado a dar gusto a los escasos sectores independentistas del electorado. Es la expresión oficial y pública de los objetivos de un partido que apoya al Gobierno en el Congreso y que dirige sectores muy relevantes de la administración catalana. El PSOE y el propio PSC deben plantearse seriamente la ruptura de una alianza exótica en el parlamentarismo comparado, en el cual los partidos antisistema -como es el caso de ERC- están condenados por definición a la marginalidad testimonial. Nadie que tenga respeto por sí mismo puede aliarse con gentes que pretenden sin disimulo (lo cual, por cierto, es de agradecer) la ruptura del Estado y de la Nación española. La principal reflexión veraniega que debe hacer el presidente del Gobierno en su retiro de Lanzarote concierne, como es evidente, a la vertebración territorial de España. Los malos principios traen malas consecuencias: aquella debilidad a la hora de entender el concepto de nación y la ausencia de una idea clara acerca de España han derivado en muy poco tiempo en una situación insostenible. Sea cual sea la consecuencia -incluidas las elecciones autonómicas anticipadas- los socialistas no deben mantener ni un minuto más esta alianza inaceptable.

Carod-Rovira
Ingenuidades
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Agosto 2005

Más locuaz de lo que quisieran sus amigos socialistas, Carod ha venido a confirmar la existencia de negociaciones gobierno-ETA: “se está haciendo lo que se tiene que hacer”. Además, ve posible “la superación de todas las violencias”: la de ETA y “la que impide que todos los partidos puedan concurrir a las elecciones o que los diarios salgan a la calle”. Obviamente se refiere a Batasuna y a Egunkaria. Pero lo que impide tales extremos son leyes y sentencias judiciales. ¿Qué concepto tiene Carod de los poderes legislativo y judicial para equiparar sus actos con los de ETA? Por fin, sigue orgulloso de su entrevista en Perpignan: “Hice lo que tenía que hacer”.

Mientras, Tardá nos informa de la existencia de una “tercera pata” tras el cambio del gobierno catalán y la aprobación del nuevo Estatut. La pata, que más bien es un paso, consiste en una reforma constitucional que elimina el artículo 2 y el papel del ejército como garante de la integridad territorial, además de reconocer el derecho de secesión, el de las comunidades autónomas a federarse y la oficialidad de catalán, gallego y vascuence en todo el territorio español. La monarquía se libra de momento porque, asegura, “no somos ingenuos”. De lo que se deriva que los anteriores puntos sí los ve ERC perfectamente razonables y viables.

Nadie les ha hecho mucho caso porque, aunque el PSOE enloqueciera definitivamente, sin el PP no hay reforma constitucional que valga. Se pasa por alto la gran diferencia estratégica entre ERC y el resto de partidos: los de Carod tienen un plan, en el que avanzan sin cesar con sus tres patitas. Un plan que culmina con la independencia de Cataluña. No hay retórica, lo creen en serio. Carod está convencido de que verá una Cataluña independiente antes de jubilarse y de que, por supuesto, la presidirá él.

Son el tipo de insensatos que España no veía –o los veía como curiosidades marginales- desde hace muchísimos años. Exaltados perfectamente reconocibles en la historia que consagran sus carreras a destruir los equilibrios que otros -y a veces ellos mismos- han logrado con esfuerzo, renuncia y transacción. Tienen una percepción completamente errónea del país en el que viven. Creen que tenemos un poder judicial único y un ejército que garantiza la integridad territorial porque lo dice un documento, y que con una goma de borrar moldearán la realidad a su antojo. Pero España no es una nación unida e indivisible porque esté escrito en ningún sitio. El artículo dos no es un fruto de la Constitución sino su fundamento; lo que recoge es previo a ella y le da sentido.

En una cosa tienen razón, no son ingenuos. Cuentan con la desidia, la ignorancia, el cálculo, la debilidad o la suficiencia de socios y adversarios, que no ven la necesidad de refutar sus tesis a partir de principios y con las mismas ganas y empeño que esos representantes del 2’5 % del electorado español demuestran todos los días.

¿Van en serio las propuestas de ERC o son un brindis al sol?
Ojalá fuera farol...
Pilar Cernuda ABC 6 Agosto 2005

ME fío poco de Carod y de los suyos, y bien que siento tener esa opinión de un político. Respeto a quienes defienden sus ideas con argumentos y aceptando el resultado de las urnas, pero embargo abomino de los que mercadean con sus apoyos, como ocurre con la mayoría de los nacionalistas, y sobre todo abomino de los que apoyan o se amparan en la violencia, que desgraciadamente son demasiados. Y luego está el caso de Esquerra, que de vez en cuando coquetea con quienes defienden la violencia; la prueba es la famosa reunión de Perpiñán o las excelentes relaciones de Carod con Otegi.

Ojalá Carod-Rovira fuera de farol con sus declaraciones sobre el Estatut y una nueva constitución para Cataluña que recoja la posibilidad de secesión. Que va en serio lo demuestra que a las pocas horas es Tardá quien abunda en la idea. No estamos por tanto ante un «calentón» verbal de Carod-Rovira, sino que tenemos ya sobre la mesa el objetivo de ERC. No debería ser una sorpresa, pero provoca cierta incomodidad que nos lo presenten tan abiertamente. Por otra parte es lógico que los portavoces de ERC se sientan crecidos, ahora que Maragall y Zapatero les han dado tanta cancha, tanto protagonismo, tanto poder. Es peligroso jugar con fuego como han hecho el presidente catalán y el presidente de todos los españoles. Se van a quemar. Se están quemando.

Una política sin rumbo
Editorial HEraldo de Aragón 6 Agosto 2005

CONVERGENCIA i Unió cayó recientemente en la tentación de querer incluir el derecho de autodeterminación en el proyecto de Estatuto, basándose en una cerrada defensa de unos supuestos "derechos históricos" de la "nación catalana". Para ello no dudó en pactar su defensa en el Parlament con ERC. El resultado, sin embargo, no puede ser más desalentador. Los republicanos de Carod-Rovira han optado por escenificar un mayor radicalismo proponiendo ahora, con el apoyo de CHA, que la Constitución reconozca el derecho de secesión. Calificada como una escentricidad o como una provocación, la última iniciativa de Esquerra no hace más que aportar mayores dosis de incertidumbre a la política catalana y, por añadidura, a la española en su conjunto.

El propio secretario general de CiU, Duran i Lleida, no ha dudado en reconocer que todos los partidos políticos han perdido el norte, "pero ERC -ha añadido- de una forma más evidente". Aunque las veleidades secesionistas de Esquerra son inviables, su solo enunciado aporta un punto más de inestabilidad al complicado equilibrio en que se mueve el tripartito catalán y convierte en imposibles las ya de por sí difíciles conversaciones para la reforma del Estatuto y del complejo asunto del modelo de financiación.

Pueden Maragall y el PSC seguir mirando para otro lado si quieren, pero algunos de los más importantes objetivos de la legislatura parecen abocados al fracaso. Aunque el dirigente republicano aseguraba recientemente que el Estatuto sería plenamente constitucional, está claro que sus pretensiones secesionistas desbordan los límites de la Carta Magna y situan a ERC en una posición de deslealtad ante su socio del tripartito. Con una política sin rumbo, habrá que ver cuánto tiempo es capaz de resistir el Gobierno catalán en estas condiciones.

Política exterior
Alianza de dictaduras
Pío Moa Libertad Digital 6 Agosto 2005

Como señalé en el anterior artículo, los “mares de injusticia y pobreza” que tanto preocupan a nuestro actual presidente, tienen seguramente alguna relación, y fuerte, con los regímenes dictatoriales y corruptos existentes en la mayor parte del mundo. Pero el chico de las sonrisas no lo ve así, o en todo caso le parece un factor despreciable, y para remediar tanta injusticia se ha inventado la “alianza de civilizaciones”. La expresión suena bien de entrada, como suele ocurrir con las frases demagógicas, pero en cuanto la analizamos fríamente sólo puede invadirnos la alarma. Ya su formulación pomposa y desproporcionada indica unas manías de grandeza siempre peligrosas en los políticos, y más cuando van acompañadas de la simpleza e ignorancia patentes en todas las declaraciones ideológicas del personaje.

Si entendemos el famoso “choque de civilizaciones” como una tendencia natural entre culturas muy difícilmente armonizables, entonces la expresión describe un hecho objetivo, un peligro evidente. La tendencia no tiene por qué concluir forzosamente en choque, pero el reto es de gran envergadura y evitar la catástrofe va a exigir grandes dosis de habilidad, comprensión y firmeza. El primer problema podría definirse así: ¿cómo proceder con los regímenes despóticos predominantes en otras culturas, en especial la islámica? Podríamos desentendernos de ellos, considerándolos un rasgo cultural típico y ajeno. Además sabemos que, por lo común (pero no siempre), la democracia no puede ser impuesta por la fuerza desde el exterior, y que esos países sólo podrán emanciparse de la miseria y el despotismo en un proceso largo y nada fácil. Como, por lo demás, ha ocurrido en el mismo Occidente.

Dos factores, sin embargo, nos impiden desentendernos del problema. Esos regímenes condenan a sus pueblos a la pobreza y a la convulsión política, lo cual repercute sobre nosotros de muchas formas, en especial en zonas vitales para las democracias, por razones económicas u otras. En segundo lugar, un sector especialmente agresivo de esas culturas ha declarado a Occidente un tipo de guerra que tiende a descomponer nuestro modo de vida y en el que las matanzas indiscriminadas, los medios de masas y la complicidad de diversos partidos y orientaciones políticas en los propios países agredidos tienen más valor que divisiones y cuerpos de ejército. Afrontar esos retos impone decisiones complejas y arriesgadas.

Lo que no puede hacerse en modo alguno es apoyar por sistema a las dictaduras y los terroristas, so pretexto de diversidad o pluralismo cultural. Pues bien, ese es el contenido, precisamente, de la “alianza de civilizaciones”. El actual gobierno español está trenzando pactos y predicando la complacencia, con tiranías tan brutales como la cubana, la marroquí o últimamente, la china, con despotismos demagógicos como el venezolano, etc. En aras de esos pactos y complacencias ha defendido al genocida Sadam Husein, despreocupándose de guerras mucho más sangrientas entre dictadores o aspirantes a serlo en otros países; ha premiado a los autores de la matanza de Madrid poniendo a sus pies a los iraquíes, en lo que de él dependía, y ha incitado a los miembros de la coalición presente en Iraq a imitarle, saboteando de mil modos el proceso de democratización de Iraq y de estabilización de la zona; en cuanto a Israel, constantemente respaldó al corrompido terrorista Arafat; en el conflicto suscitado por el tirano de Rabat, en tiempo de Aznar, ayudó al tirano, al cual está sacrificando los derechos de los saharauis, y no faltan indicios de que se prepara bajo cuerda a entregarle las ciudades españolas Ceuta y Melilla; no ha cesado de reforzar la posición exterior e interna del sombrío dictador Fidel Castro. Y así sucesivamente. Obviamente su política beneficia tanto a las dictaduras como perjudica a los pueblos que las padecen y a los propios países occidentales. Las alianzas son algo más que formas normales de convivencia: se establecen siempre contra algo o alguien a quien se juzga peligroso. Y no es difícil ver contra qué peligro se dirigen las actuaciones del megalómano: contra las democracias y a los intentos de derrotar al terrorismo.

Cabe preguntarse cómo un gobierno democrático puede impulsar tal alianza. Para contestarla debemos preguntarnos primero si es democrático el gobierno del sonriente iluminado. Pues, ¿cómo se concilia con la democracia su alianza interior con partidos de fondo totalitario tipo PNV o ERC, empeñados en acabar con las libertades en sus respectivas regiones y en desmembrar España? ¿O el hostigamiento permanente a las asociaciones de víctimas del terrorismo? ¿O la ilegal legalización de los asesinos etarras, las continuas cesiones a ellos, devolviéndoles el triunfalismo después de haberse visto acorralados por la política legal y democrática de Aznar? ¿O la creciente politización de la justicia? Por poner sólo algunos ejemplos. La política de este gobierno marcha hacia la llamada “segunda transición”, una transición de la democracia a la demagogia y a la desarticulación de España, liquidando la Constitución por medio de sucesivos hechos consumados.

Para ser democrático, un gobierno necesita algo más que los votos o el acceso legal al poder, pues de otro modo Hitler, Allende o Chávez y otros por el estilo serían perfectos demócratas. El gobierno actual ha llegado al poder por vía de los votos, pero sus concepciones le llevan a socavar y hundir desde el poder las reglas del juego y la moderación necesarias en un sistema de libertades. Su solidaridad con los enemigos internos y externos de la libertad coincide, por lo demás, con la tradición histórica liberticida y guerracivilista de su partido, que pareció superada durante la transición… pero no mucho, como constatamos.

Hace poco Cristina Alberdi hablaba de “alta traición” en referencia a las fechorías del gobierno actual. Exactamente. Los hechos ocurren ante nuestros ojos y muchos rehúsan mirarlos. Algo común tienen las catástrofes políticas: después de ocurridas todo el mundo entiende hasta qué punto eran predecibles, y cómo las personas decisivas se negaban a obrar cuando aún había tiempo para evitarlas. Que no ocurra ahora.

España: el tórrido verano de 2005
2. El final del ciclo expansivo
Alberto Recarte Libertad Digital 6 Agosto 2005

Es posible, en teoría, que la expansión continúe, pero para que eso ocurriera haría falta que se mantuvieran, con un mayor nivel de intensidad, los siete factores de los que hablábamos en la primera parte; lo cual es muy improbable. La economía española se va a parar y lo que hace falta es que lo haga suavemente, pues si se reproduce el ciclo brusco depresivo que sufrimos entre 1990 y 1993 nos podemos encontrar, en pocos meses, con un auténtico caos que produciría, entre otras consecuencias, un aumento del paro de 2 ó 3 millones de personas, que habría que sumar a los casi 2 millones que tenemos en la actualidad.

Todos en la economía española –el Gobierno de la nación, el conjunto de las administraciones públicas, los bancos, las empresas y los consumidores– estamos viviendo, con alegría y confianza, en el filo de la navaja, con grandes riesgos tanto de naturaleza política como económica.

Los riesgos políticos. Pueden materializarse después del verano, por obra y gracia de una presidencia del Gobierno que está actuando de forma rencorosa, con gran incultura y enorme atolondramiento. La mayoría de los españoles podrían no tener razón y las amenazas de ruptura del orden constitucional sustanciarse después del verano. En ese caso, tendríamos problemas políticos con repercusiones económicas inevitables:

1º. Es posible que tengamos estatutos autonómicos inconstitucionales, aprobados por las respectivas asambleas regionales en Cataluña, País Vasco y, si tienen tiempo, en Galicia. Estatutos que podrían ser ratificados por las Cortes generales, a pesar de la protesta de los socialistas no nacionalistas y del insuficiente voto opositor del PP. Y, en este caso, es posible que el Tribunal Constitucional decida, en contra del espíritu y la letra de la Constitución, que respetan el orden legal. España habría pasado a ser una Confederación. Pero aquí no termina la historia, sino que empieza; pues la soberanía nacional que conseguirían las autonomías sería el instrumento para que los partidos nacionalistas impusieran un tipo de estado incompatible con la libertad de las personas y el estado de derecho.

Habría desplazamientos de población, desorden legislativo, corrupción y favoritismo. ETA y sus cómplices habrían ganado la guerra, aunque su objetivo último sería eliminar, físicamente, a los no nacionalistas. Todo este proceso no ocurriría instantáneamente. Y mientras ¿qué ocurriría en el resto de España? ¿Se uniría para defenderse o seguiría dividiéndose para que las clases políticas autonómicas disfrutaran de un poder semejante al de los secesionistas? El fantasma de la I República se esconde tras Rodríguez Zapatero y los partidos nacionalistas. Y la crisis económica que se desencadenaría sería imposible de evitar.

2º. Podríamos encontrarnos con un nuevo sistema de financiación autonómica, que provocaría envidias, enfrentamientos, sectarismos y desunión entre las autonomías españolas:

– El actual Gobierno derogó el plan hidrológico nacional para castigar a Valencia, Murcia y Almería, por votar al PP, y dar satisfacción al pequeño partido de ERC y a la mayoría de los aragoneses que, inconcebiblemente, pensaron que el Ebro era de ellos y que aunque se trasvasara agua desde la desembocadura, como era de ellos, podían negarse a compartirla con los demás. Un buen ejemplo de dónde podrían llegar las luchas fratricidas en España, y que tan bien maneja Rodríguez Zapatero.

– El actual Gobierno también derogó la reforma educativa, para contentar a los partidos nacionalistas, que se oponían a la enseñanza de la lengua y la historia de España, y a sus militantes de izquierda radical, que reclamaban una política anticlerical y una enseñanza sin exámenes ni exigencias.

– El actual Gobierno premió al PSOE andaluz, pagando, de una vez, una enorme suma de dinero por ajustes en las transferencias estatales.

– El actual Gobierno ha comenzado a discriminar en la construcción de obras públicas en las autonomías del PP –”el plan Galicia de mierda” de la ministra de Fomento, la recalificación de Mintra en la Comunidad de Madrid y la liquidación definitiva a esta misma Comunidad de la parte que le corresponden de los impuestos estatales de 2003, son tres buenos ejemplos.

– El actual Gobierno ha modificado el plan de estabilidad para permitir déficits autonómicos.

En fin, el actual Gobierno está dispuesto a modificar la financiación autonómica con los mismos criterios que está empleando la Unión Europea para elaborar los presupuestos para 2007-2014, limitando las transferencias de los más ricos a los más atrasados, porque parece considerar que España no es una nación, sino un tipo de unión aduanera que ha ido más allá de lo que debía. Y mientras en la Unión Europea Rodríguez Zapatero defiende que “Europa necesita una constitución y el liderazgo de Francia”, en España, de la mano de los nacionalistas y los populistas de izquierda, defiende la desaparición de España como nación. Y si estas fuerzas centrífugas se desencadenan, por supuesto que tendremos problemas económicos.

Los puros riesgos económicos. Nos quedan los problemas económicos, que se van a presentar y que son de dos tipos: los autoinflingidos por acción del gobierno y los propios del agotamiento de nuestro modelo de crecimiento.

Los provocados por el Gobierno:

– El Gobierno amenaza con hacer una contrarreforma laboral, que puede provocar el despido de cientos de miles de trabajadores, si se confirman las noticias sobre su pretensión de volver a introducir una legislación laboral de tipo franquista.

– El Gobierno amenaza con recortar determinadas pensiones de viudedad, lo que provocará reducciones importantes en la cuantía de muchas cotizaciones de trabajadores que pagan sus contribuciones pensado en sus pensiones y en las de su familia.

– El Gobierno, a pesar del fortísimo crecimiento de los ingresos fiscales, podría incurrir en un déficit importante, a partir de 2006, por aceptar, simultáneamente, la reducción de la contribución fiscal de Cataluña y otras autonomías ricas a las más pobres, y asegurar el mantenimiento del mismo nivel de transferencias estatales a estas últimas, fuera cual fuese el estado de las cuentas públicas.

– No inmediatamente, pero a partir de 2007 y en años posteriores, el gobierno –sea el que sea– tendrá que asimilar la pérdida de la financiación europea para obras de infraestructuras, formación e I+D –alrededor de 7.000 millones de euros anuales– así como los pagos por Kyoto, que pueden suponer, a los precios actuales por tonelada de CO2, en el limitado mercado que existe, entre 2.000 y 4.000 millones de euros anuales; aunque los pagos iniciales no serán de esa magnitud.


"EN OTOÑO NOS JUGAMOS EL FUTURO DE ESPAÑA"
Zaplana acusa al Gobierno de dar luz verde a un proceso de desmantelación del Estado
El portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, declaro que "este otoño nos jugamos el futuro de España" porque el Ejecutivo socialista está vaciando de competencias y cambiando el modelo de Estado. En opinión del dirigente popular, es "triste que no sea prioritario la economía, la política social o las cuestiones cotidianas que interesan a los ciudadanos" y que por desgracia la prioridad sea, "como en la transición, el debate sobre el propio ser" de España.
Agencias Libertad Digital 6 Agosto 2005

En opinión del dirigente popular, las últimas propuestas que han realizado los socios independentistas de Zapatero, sumadas al anuncio por parte de Carod-Rovira de que existen contactos con la banda terrorista ETA demuestra que estos hechos "no son casuales y responden a la ruptura de la España constitucional".

Recuerda el portavoz popular que sí el líder de los independentistas afirma "con tanta seguridad que ha habido contactos, o se lo ha dicho Zapatero, o se lo ha dicho ETA y su entorno, con la que no sería la primera vez que hablaran". A su juicio, si el Gobierno no le desmiente, tanto los populares como los ciudadanos "tienen derecho a pensar que ha habido una negociación, informal pero una negociación, al fin y al cabo".

El representante popular apuntó que todas las estrategias llevadas a cabo por los socialistas prueban que Zapatero "es consciente de seguir una partitura", la cual termina con la desaparición de España.

También se preguntó si, a la vista del "supuesto fracaso del Estatuto de Cataluña, del que hablan los propios socialistas", la bandera de la negociación con ETA será lo que permita al Ejecutivo de Zapatero "mantener su débil estabilidad parlamentaria con sus socios nacionalistas radicales".

En cualquier caso, para el portavoz popular está claro que todo forma parte de un mismo camino que tiene como meta desmantelar al Estado. "Negociar con ETA, vaciar al Estado de competencias y cambiar el modelo constitucional son tres caminos distintos, tres vasos comunicantes que confluyen en un mismo final. No ver que están unidos y que forman parte de una decisión política común es no querer ver la realidad".

La «escuela» donde se adoctrinaron los terroristas del 11-M
«El tunecino» y los hermanos Almallah daban cobijo a jóvenes musulmanes para instruirles en la «Yihad»
F. Velasco, Ricardo Coarasa y Enrique Fuentes La Razón 6 Agosto 2005

Madrid- «Sólo aceptamos lo que Dios nos ordena y el que no lo hace lo lamentará». Recién llegados a España, con escasos recursos y con una entrada ilegal en el país a cuestas, los jóvenes musulmanes –en su mayoría magrebíes– que caían en la red de «acogida» formada por Sarhane «el Tunecino» y los hermanos Mohannad y Moutaz Almallah eran presa fácil de este tipo de mensajes, que los tres implicados en los atentados del 11-M utilizaban insistentemente para convencerles de su «deber» de luchar a favor de la «yihad» en todos los frentes abiertos. Según un informe de la Policía incluido en el sumario del 11-M, «El tunecino» y los hermanos Almallah montaron en Madrid una verdadera «escuela de muyahidines» en varios pisos de Madrid donde, amparados en una supuesta actividad caritativa de alojamiento y acogida de personas en tránsito, «exhibían vídeos de exaltación de la “yihad”» y celebraban charlas y reuniones sobre dicho concepto con el objetivo de reclutar adeptos «con una actitud dispuesta a cometer acciones violentas en defensa de su idea del Islam».

Sarhane «el Tunecino», considerado el «cerebro» de la matanza –el informe señala que es «la persona con más capacidad intelectual, religiosa y de liderazgo de la célula responsable del 11-M–, tenía como referentes ideológicos precisamente a los hermanos Almallah, «cuya labor de captación, alojamiento y apoyo, y de soporte financiero, les convierte en una referencia fundamental insustituible del proceso manipulador que desembocó en los atentados».

Uno de los hermanos, Moutaz –detenido en Londres el pasado mes de marzo por orden de Del Olmo y pendiente de extradición– llegó a España en 1989 desde su tierra natal, Siria, para continuar con sus estudios de ingeniería electrónica. Aquí creó la empresa Airesisa S. A., dedicada al mantenimiento de electrodomésticos, donde empezó a trabajar su hermano Mohannad, ex militante del PSOE que fue detenido y quedó en libertad condicional tras prestar declaración ante el juez. Las actividades de ambos llamaron la atención de la Policía, que en julio de 2003 empezó a vigilar el local que tenían alquilado en la calle Vírgen del Coro, «donde se venían celebrando reuniones periódicas y frecuentes, entre individuos de corte radical islámico, mostrando cintas de vídeo sobre la actividad en campos de entrenamiento militar y charlas de líderes radicales islámicos». Paralelamente, en el piso de «El tunecino», en el número 41 de la calle Francisco Remiro, también se celebraban «reuniones similares de adoctrinamiento», a las que acudían la mayoría de las 17 personas censadas en este piso.
El grupo creado en torno a «El tunecino» y los Almallah seguía a rajatabla las medidas de seguridad impartidas por la red de Al Qaida en lo tocante a desplazamientos y a la utilización de un lenguaje en clave en sus conversaciones telefónicas ideado para no dejar pistas. Para la Policía, estas precauciones demuestran que el trío estaba «en el centro de la captación y liderazgo de jóvenes en España», ya que «meros miembros de células terroristas, como sería el caso de los suicidados en Leganés, no llevarían a efecto estas medidas».

Tanto Moutaz como Mohannad Almallah llevaban hasta el extremo sus principios radicales. Los agentes encontraron en sus coches tres cintas de cassete etiquetadas con títulos tan sugerentes como «La caravana de los mártires». En una de ellas, «Fiesta del grupo de canto revolucionario palestino Al-Yarmuk», se escucha a un grupo de jóvenes cantando «Sólo aceptamos lo que Dios nos ordena y el que no lo hace lo lamentará» o «Volveremos a la lucha (yihad) sin temor a la muerte, volveremos como una tormenta de ira. Venimos de todas partes». En otra cassete, un «cheij» –sabio religioso– pontifica que «el deber de todo musulmán que viva en el ámbito de una comunidad incrédula es abandonarla y unirse a las filas de los “muyahidin”».

Por si las palabras no fueran suficiente, Moutaz también recurría a la imagen. Otro de los detenidos por su implicación en el 11-M, Mohamed Kafarna, aseguró en su declaración que Moutaz le puso un vídeo de un minuto «en el que se veía como una persona vestida de soldado degollaba a otra; me dijo que era un serbio matando a un bosnio o musulmán».
Otro detalle que habla del fanatismo de los Almallah lo proporcionó un testigo protegido, que relató a los agentes cómo ambos «veían bien» los robos cometidos a españoles y la delincuencia común siempre que estuvieran a favor de la causa de la «yihad». Esta teoría, según los investigadores, «involucraría directamente en la planificación del 11-M a la banda de delincuentes de Jamal Ahmidan «el Chino», dando sentido a su participación en los atentados». Una información elaborada por F. Velasco, Ricardo Coarasa y Enrique Fuentes

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