AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 7 Agosto 2005
La «Mareta» y la memoria histórica de la izquierda
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 7 Agosto 2005

ZP, su chaqueta y la percha
ANTONIO BURGOS ABC 7 Agosto 2005

Teoría del descarrilamiento
IGNACIO CAMACHO ABC 7 Agosto 2005

2. ¿Participó Al-Qaeda en los atentados del 11-M?
por Luis del Pino LD 7 Agosto 2005

Palabras
JON JUARISTI ABC  7 Agosto 2005

El escorpión de Carod-Rovira
M. MARTÍN FERRAND ABC  7 Agosto 2005

¿España rota?
IMANOL ZUBERO El Correo 7 Agosto 2005

Conmovedor
Editorial ABC 7 Agosto 2005

Autodeterminación
Gonzalo Zorrilla-Lequerica/Bilbao Cartas al Director El Correo 7 Agosto 2005

La Policía Local de Getxo dice que no actuó porque Zarraoa les tiene "recluidos" para que los ciudadanos no vean su descontento
EUROPA PRESS / BILBAO El Correo 7 Agosto 2005

Tres mineros avisaron un mes antes del 11-M del robo de cinco cajas de explosivos
La Razón 7 Agosto 2005

Las bombas que usan los terroristas en Iraq se fabrican y transportan desde Irán
Marta Torres / M. S. H. La Razón 7 Agosto 2005

Antonio Fontán: «El independentismo catalán no tiene ningún futuro»
JESÚS GARCÍA CALERO ABC 7 Agosto 2005

La «Mareta» y la memoria histórica de la izquierda
POR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 7 Agosto 2005

... Mientras el presidente del Gobierno elija una residencia de Patrimonio Nacional (utilizada de forma señalada por la Familia Real) para disfrutar de su descanso estival, no parece que el revisionismo izquierdista sea especialmente creíble; tampoco parece que los hábitos políticos hayan registrado giros copernicanos...

HUBO un tiempo en que la memoria de los españoles consistió en un olvido conciliador. Ahora, la vaciedad ideológica de los distintos nacionalismos periféricos y la inanidad de la izquierda en el Gobierno, pretenden camuflarse en el manido recurso de la «recuperación de la memoria». Creen que con ese procedimiento de recurrente agresividad paralizan la oposición de la derecha democrática que estaría sometida todavía a la mala conciencia de un pasado acomplejado por sus muchos yerros e injusticias. No han reparado estos estrategas de la tensión y del enfrentamiento que el «socialismo real» se vino abajo en 1989 y que ahora estamos comenzando a saber lo que de verdad representaron los modelos políticos en los que, durante mucho tiempo, se inspiró la izquierda europea.

Por decirlo rápido y sin circunloquio: lo que estamos conociendo del comunismo soviético y del maoísmo chino no se diferencia, en su brutalidad criminal, del genocidio practicado por los nazis, antisemitismo incluido. Ya nos advirtió Martin Amis en su «Koba el Temible» -retrato biográfico aterrador de José Stalin, «padre, maestro y camarada» según versos imperecederos de nuestro también imperecedero poeta Rafael Alberti- que los veinte millones de muertos atribuibles a la política del georgiano «no tendrán nunca la dignidad fúnebre del Holocausto». El autor lo imputa, entre otras razones, a la «asimetría de la tolerancia» (expresión que toma de Ferdinand Mount) y en la que se ha venido amparando determinada izquierda para amordazar a la derecha.

Lo cierto y verdad, sin embargo, es que hasta bien entrados los años cincuenta del pasado siglo, la URSS y China eran dos perfectas máquinas de represión política, dos dictaduras expansivas que gozaron de una respetabilidad internacional propiciada activamente por la izquierda europea asumida, acomplejadamente, por la derecha democrática continental. La suposición de que así de terribles eran las cosas en aquellos países ha dejado paso a la certeza de que la tragedia represora fue de dimensiones atroces. A obras como «El vértigo» de Eugenia Ginzburg o a la edición completa del colosal testimonio de Alexander Solthenitsyn -«Archipiélago Gulag»-, se añadirá la próxima aparición en España de «Mao, la historia desconocida» del matrimonio de historiadores formado por la china Jung Chang y el británico Jon Halliday, según los cuales, el dictador asiático, antes de fallecer indignamente en 1976, indujo al asesinato de más de setenta millones de personas. Es verdad que los procedimientos de exterminio de soviéticos y chinos fueron peculiares (aunque no despreciaron los convencionales) tales como las hambrunas provocadas desde los poderes públicos o las grandes migraciones demográficas, pero, en esencia, su perversión era idéntica a la de sus monstruosos adversarios, fueran éstos, en su momento, los nazis o, después, otros regímenes dictatoriales.

Hete aquí que por alguna razón -seguramente, por esa «asimetría de la tolerancia»- Amnistía Internacional se preocupa por la «deuda pendiente con las víctimas de la guerra civil española y del franquismo». Pero, casualidad, la preocupación por esas víctimas -¿por qué no de todas?, que muchas provocó el régimen republicano desde 1931 a 1936, y durante la contienda civil- es la misma que muestra el Gobierno de Rodríguez Zapatero interesado en crear un Centro Nacional de la Memoria secundado en el empeño -¿o precedido?- como no podía ser de otra manera, por la Esquerra Republicana de Cataluña que pretende conmemorar anualmente la proclamación de la II República y que ya ha solicitado formalmente que el edificio de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona acoja el «centro memorial de la represión franquista». Joan Tardá, el memorialista oficioso de ERC, no ha aclarado todavía si en la conmemoración republicana hay que incluir la traición de Lluis Companys al régimen que presidía Niceto Alcalá Zamora, perpetrada con premeditación y alevosía en 1934, o los crímenes que se sucedieron en Cataluña bajo su mandato y, en particular, los fusilamientos sumarísimos en Barcelona en julio de 1936.

Cuando se lee que el nuevo presidente de la Junta de Galicia, Pérez Touriño, se declara heredero del «galleguismo cívico de los republicanos y de los federalistas», (debe hacerse con urgencia, para aclararse, con «El colapso de República» de Stanley G. Payne) y se analizan las provocaciones de ERC y del PNV -siempre sin respuesta gubernamental-, y vuelve a la actualidad el ascendiente asesinado del presidente del Gobierno y se leen los informes de Amnistía Internacional, y sale al mercado la prescindible obra de Pío Baroja («La guerra civil en la frontera») con ínfulas catárticas -al menos por algunos de los que jalean la peor obra del de Vera de Bidasoa- y todo esto lo hacen los que manifiestan un «ansia infinita de paz», y procuran «alianzas de civilizaciones» y se declaran militantes incombustibles del diálogo aún con los etarras y con partidos que -como en la época de los nazis- permiten a sus cargos públicos que distingan en Guecho a los ciudadanos que hablan euskera de los que no lo hacen, entonces, digo, la reflexión tiene que ser muy seria y, sobre todo, muy comprometida. Porque se llega así a la conclusión de que todo este memorialismo es una impostura propia de perversos o de indocumentados y, en consecuencia, sean lo uno o lo otro, merecen el desafío de aceptarse el reto. ¿Quieren memoria? Pues hagamos memoria.

La que se está haciendo en el mundo intelectual occidental no va en la dirección apetecida por estos anacrónicos portavoces de las revoluciones de juguete con las que quieren emboscar su insolvencia en la gestión de los asuntos públicos. La memoria histórica para estos retrógados de la izquierda y de los nacionalismos pequeño-burgueses no es más que un ardid, un farol propio de malos jugadores de mus que trampean como nuevos tahúres en la política española.

No creo, sin embargo, que haya demasiado motivo de alarma. Porque mientras el presidente del Gobierno elija una residencia del Patrimonio Nacional, «La Mareta», (utilizada de forma señalada por la Familia Real) para disfrutar de su descanso estival, no parece que el revisionismo izquierdista sea especialmente creíble; tampoco parece que los hábitos políticos hayan registrado giros copernicanos porque en España hay gente que sigue muriendo en incendios forestales y en cuartelillos de la guardia civil, y retorna impune el terrorismo callejero, y Rodríguez Zapatero sigue sonriendo en una España que se muere de sed y que arde en pompa. Todo lo malo que creímos superado reaparece mecido por la banalidad de los necios. Lo son tanto -tan necios- que apelan a la memoria que, según el sabio refranero popular, es la inteligencia de los tontos.

ZP, su chaqueta y la percha
ANTONIO BURGOS ABC 7 Agosto 2005

INQUIETANTE. Es el adjetivo que más le cuadra al inventor de la Alianza de Civilizaciones. Viene pidiendo mármol de lápida conmemorativa. Cuando irrumpió Curro Romero en el cañabatesco planeta de los toros, Gonzalo Carvajal le dijo en una crónica: «Viene pidiendo poetas». ZP no viene pidiendo poetas, aunque los poetas oficiales de las pegatas del «nunca mais» y del «no a la guerra», los que ahora se desgañitaron protestando por lo de Guadalajara (miren cómo se me queda el dedo), estarían encantados de escribirle las mil mejores poesías. ZP viene pidiendo mármol. Pasar a la Historia. A costa de lo que sea. La Alianza de las Civilizaciones es el cincel del mármol. Quiere pasar a la historia como Pacificador. Lo que logró el general Primo de Rivera con la guerra de Marruecos, pero sin desembarco de Alhucemas.

Si le da cuerda a los chicos de la gasolina es por eso: para que los galácticos del tiro en la nuca vean lo bien que se porta dando impunidad a sus juveniles y entreguen las armas a la irlandesa. Cree que por halagar a los niños etarritas va a conseguir lo que quiera de sus padres. Hace como los comerciantes cuando entra una señora en la tienda con el carrito y para congraciarse con la madre se ponen a decirle al niño, feísimo: «Ay, ¡qué niño más majo!». ZP, cuando queman las cosas que suelen los aprendices de terroristas, les dice, para halagar a los padres «¡Qué borrokitos más majos!». Cree que así va a pasar a la Historia, cuando los halagados padres dejen de matar, tras haberles dado cuanto piden. Porque la ETA no pide Gibraltar que, si no, también se lo daba.

Mientras tanto, quiere entrar en la Enciclopedia Británica, en el Guinness Book, en Google, en donde sea. Para lo que inventa la Alianza de Civilizaciones. Con países de lo más rarito, más ese tío de la ONU que tiene tales enjuagues en su biografía que es como Juan Guerra pintado de negro para salir de rey mago en la Cabalgata de la Corrupción. ¿Qué civilizaciones alía la Alianza? No importa. Lo malo es cuando lo explica. Debería existir el Diccionario Zapatero-Español para entender el cantinfleo que se trae. Ha superado ampliamente a González en el arte del similiquitruqui. Verbigracia: «El único destino de la violencia es su final». Sería para responder «¡la gallina!»... si no sonara tan descaradamente a plagio falangistón de José Antonio.

O esta otra frase-tipo: «La Constitución es el marco democrático donde la ciudadanía debe contemplar el diálogo de los que están obligados a hablar para poder entenderse». ¿Pero qué dice que vende? Ha logrado un dominio difícilmente superable en el arte de hablar sin decir nada. Urge ese Diccionario Zapatero-Español para que lo podamos traducir. Como cuando sale por la tele un catalán largando le ponen los rotulitos de su traducción al castellano, a ZP también lo deberían subtitular. Que saliera hablando y hablando y hablando, y el subtitulo dijera: «Tranquis, troncos, que este tío no ha dicho absolutamente nada». Nada con Alianza de Civilizaciones.

Y si me inquieta lo que dice, más ese cuerpo que lo dice. En esto sí tengo la solución. Sin diccionario. ¡Ya sé por qué parece que ZP se deja la percha dentro cuando se pone la chaqueta! Se vio perfectamente cuando se acercaba al Rey en la escalinata de Marivent. La cabeza le llega media hora antes que los hombros. Lleva la cabeza por delante, al galapaguesco modo, y los hombros detrás, como concha de quelonio desde donde le asomara la gaita. Lleva la cabeza hacia adelante como si estuviera pegando el arreón final en la carrera de los 100 metros lisos. Se deja los hombros atrás. Lleva la cabeza como en ariete, como si siempre fueran a hacerle la «foto finish». Quizá son las prisas por querer meter la cabeza en la Historia como Pacificador. En esas ansiosas prisas, se deja atrás lo que haga falta: los hombros o España, le da lo mismo.

Teoría del descarrilamiento
IGNACIO CAMACHO ABC 7 Agosto 2005

Moncloa, con la complicidad del sector más «españolista» del PSC, encabezado por el ministro Montilla, habría podido apelar a Carod y sus alegres muchachos republicanos para descarrilar el Estatuto catalán en el propio Parlamento autonómico. Y Esquerra habría decidido sin ambages cambiar poder por Estatuto
HASTA los más avisados partidarios de la teoría del «descarrilamiento provocado» del Estatuto catalán han debido de hacerse cruces esta semana ante la osada propuesta de reforma constitucional expuesta por los representantes de Esquerra Republicana. Un documento al que, desde luego, no cabe negarle la virtud de la falta de claridad, con el que los aliados independentistas del presidente Zapatero han elevado a la grande su órdago separatista, en lo que no se sabe si constituye una demostración de fuerza e impunidad política o por el contrario representa un desahogo pactado destinado a demostrar ante sus electores el vigor de su posición como bisagra del Gobierno socialista.

La propuesta presentada por el siempre provocador diputado Joan Tardá contiene, desde luego, elementos capaces de desequilibrar cualquier alianza de Gobierno. Bastaría alguno de sus elementos nucleares -reconocimiento del «derecho a la secesión» (sic) o la abracadabrante idea del control por las Autonomías de las Fuerzas Armadas estacionadas en cada territorio- para que un poder ejecutivo mínimamente respetable se zafara de tan errático socio con un papirotazo de dignidad política aplaudido por la mayoría de la nación. Pero un programa tan de orates que, de hecho, convierte en moderado y posibilista el Plan Ibarretxe, no puede ser alumbrado sin un cierto viso de estrategia ni siquiera por una fuerza como ERC, acostumbrada a sacar partido del pintoresquismo político a fuerza de convertir a su líder, Carod-Rovira, en la nueva bestia negra de la escena pública española, sucesor por méritos propios de Xabier Arzallus en la iconografía negra del electorado medio nacional.

No son pocos los dirigentes socialistas que consideran al respecto -entre el secretismo que rodea los manejos del presidente- la posibilidad de que Zapatero haya llegado a establecer con Carod una suerte de pacto de conveniencia destinado a aliviarse de la insoportable dinámica nacionalista establecida por Pasqual Maragall al frente del gobierno tripartito de Cataluña. Esta «teoría del descarrilamiento» parte de la base de que los republicanos de ERC son bastante menos torpes de lo que dan a entender sus declaraciones bravuconas, y están dispuestos a sacar el máximo provecho de su papel de «malos» oficiales de la política española.

Según esta interpretación, que yo mismo he escuchado en boca de algún socialista nada desorientado por lo general, Esquerra habría decidido sin ambages cambiar poder por Estatuto, con la complacencia de una Moncloa apurada ante la posibilidad inquietante de encontrarse en septiembre con un texto de reforma estatutaria inasumible en el Congreso de los Diputados, en pleno debate de Presupuestos de 2006 y con el riesgo cierto de provocar un severo conflicto interno en las filas de un PSOE dividido.

Dicho de otro modo: Contra toda evidencia, Moncloa, con la complicidad del sector más «españolista» del PSC, encabezado por el ministro Montilla, habría podido apelar a Carod y sus alegres muchachos republicanos para descarrilar el Estatuto catalán en el propio Parlamento autonómico. ¿Cómo? Pues forzando la ruptura del consenso básico a través de ERC, que de repente ha elevado el techo de reivindicaciones hasta un listón inalcanzable para los socialistas, y ha establecido una alianza coyuntural con Convergencia i Unió que puede permitir a las dos fuerzas nacionalistas salvar la cara ante sus electores culpando del fracaso a un PSC que, desde luego, no podría sentirse avergonzado de rechazar disparates tales como los llamados «derechos históricos», por los que se pretende reclamar competencias actuales en base a supuestas opresiones sufridas por Cataluña... ¡en el siglo XVIII!

Siempre según una hipótesis cuya verosimilitud deberá juzgarse a tenor de sus resultados finales, lo que ERC sacaría de este insólito giro sería la consolidación de su relevancia en la autonomía catalana -en la que controla la gestión de alrededor de 7.000 millones de euros-, un amplio paquete de beneficios presupuestarios en 2006 y una perspectiva razonable de crecimiento si ha lugar a elecciones anticipadas. El pagano de la operación, como es obvio, no sería otro que el propio Maragall, a quien un sector del PSOE parece ya decidido a sacrificar antes de que arrastre en su deriva el escaso crédito que le queda al partido en materia de modelo de Estado. Y el beneficiario final, un Montilla reforzado en su aura de sensatez pragmática al frente del socialismo catalán.

Tan alambicada operación, aparentemente demasiado sofisticada y con la debilidad evidente de un manifiesto cortoplacismo, cuenta a favor de su credibilidad con el dato real de la existencia de ofertas previas de dirigentes del PSC al mismísimo Partido Popular catalán para descarrilar el Estatuto, amén de la repentina crecida en el seno socialista de movimientos críticos «españolistas» escandalizados ante la deriva maragalliana. Quienes sostienen la conjetura de este pacto se apoyan, además, en la larga reunión mantenida por Zapatero y Carod en Moncloa semanas atrás, cuyos contenidos fueron, según todos los indicios, bastante más allá de la clásica negociación presupuestaria.

Claro que en esa reunión podrían haberse tratado, asimismo, asuntos bastante más delicados, de los que el propio Carod, cuya sintonía personal con Zapatero es manifiesta, gusta de presumir mediante sugerencias e insinuaciones. A nadie se le escapa que, en buena medida, la estrategia del presidente del Gobierno para el llamado «proceso de paz» en el País Vasco sigue, de forma casi lineal, el guión de la famosa cita de Perpignan entre el líder de ERC y la cúpula etarra, y que la ausencia de contactos entre Gobierno y ETA no presupone -según la veterana ley de las estrictas acepciones verbales- que no se estén produciendo relaciones entre la banda y cualesquiera otros intermediarios.

La suma de todos estos datos puede aportar una luz inesperada a la soltura con que los chicos de Esquerra campan por sus respetos a la hora de exhibir su fuerza con talante retador en la escena pública. Esto no significa, naturalmente, que en el Gobierno o en el PSOE quede alguien tan desavisado como para avenirse a negociar la demencial propuesta de reforma constitucional esbozada por Tardá, pero sí que ERC ha recibido en todo caso, de forma suicida, el suficiente impulso como para chulear sin remilgos a sus aliados, en una crecida que, pactada o espontánea, pone de manifiesto la debilidad del Gobierno en su empeño por alejarse del PP en las cuestiones claves del modelo del Estado.

De forma complementaria, el plan de acercamiento socialista al PNV, conocido esta semana, vendría a apuntalar por otro lado la presumible situación de debilidad a que podría abocar una convocatoria anticipada de elecciones en Cataluña. Si esa hipótesis se produjese en otoño, ERC tendría que alejarse cautelarmente de sus benévolos socios, que necesitarían de un apoyo aritmético similar para sacar adelante la ley presupuestaria del Estado. El PSOE haría del vicio virtud al acercar al nacionalismo vasco a su plan de negociación política con el mundo etarra-batasuno y, fracasada la ejemplarizante «vía catalana» que trataba de ofrecerse como salida a Ibarretxe, daría una vuelta de tuerca al plan de Zapatero para aislar electoralmente al PP mediante pactos con los nacionalismos de toda laya.

¿Contradicciones? Las necesarias. En política muchas veces las prioridades no se corresponden con los deseos, y la prioridad de Zapatero para septiembre es evitar el incómodo expediente de un Estatuto catalán imposible de asumir, como prometió, en unas Cortes en las que no contaría ni siquiera con la anuencia de los guerristas, los más críticos con el dislate inconstitucional alumbrado por Maragall y sus socios. A Esquerra, por su parte, le ha gustado la experiencia de poder, y maneja un pragmatismo muy superior a sus proclamas excéntricas de maximalismo independentista. Además de saber que, en las actuales circunstancias, seguirá siendo fuerza determinante en Cataluña.

Lo único que está claro es que, con cualquiera de las fórmulas que finalmente se lleven a efecto, Zapatero -cuyo desconcierto sobre el modelo territorial carece ya de paliativos- puede mantener su esquema de supervivencia en el Gobierno, pero a costa de elegir los peores socios posibles. Aquellos que menos creen en la España cuyo Gobierno preside.

director@abc.es

LOS ENIGMAS DEL 11-M
2. ¿Participó Al-Qaeda en los atentados del 11-M?
por Luis del Pino LD 7 Agosto 2005

En el capítulo anterior nos preguntábamos quién contrató a los mercenarios que murieron en Leganés. ¿Fue Al-Qaeda, como sostiene la versión oficial, quien les reclutó y les encargó el atentado? Curiosamente, ésta es una de las pocas preguntas para la que disponemos de una respuesta plausible, y esa respuesta no corrobora precisamente la versión oficial. En un tema como el del 11-M, donde los enigmas son mucho más numerosos que las certezas, una de las pocas cosas que ha estado clara desde el principio es que no se trató de un atentado de Al-Qaeda como tal, por mucho que algunos se empeñaran en sostener lo contrario. El atentado del pasado 7-J en Londres ha vuelto a plantear ante la opinión pública, para consternación del gobierno, el debate sobre quién ideó los atentados de Madrid, porque las diferencias entre ambos atentados son tan evidentes que resulta difícil pasarlas por alto. En realidad, el 11-M difiere no sólo del de Londres, sino de todos los atentados realizados por Al-Qaeda anterior y posteriormente. Son varios los aspectos que diferencian al de Madrid de todos los demás ataques reivindicados por esa organización terrorista:

1) La inexistencia de terroristas suicidas
¿Por qué Al-Qaeda, que ha utilizado terroristas suicidas en Nueva York, en Casablanca, en Pakistán, en Túnez, en Yemen, en Londres... iba a actuar de forma distinta en Madrid? Éste es uno de los aspectos más chocantes del 11-M. Al-Qaeda utiliza comandos formados por personas enormemente fanatizadas, convencidas de que tras el atentado suicida accederán al Paraíso. ¿Por qué en España iba a cambiar Al-Qaeda su modus operandi, utilizando terroristas no suicidas? Desde determinados medios de comunicación se difundió el 11-M, de hecho, la falsedad de que había suicidas en los trenes precisamente porque ese indicio es el que hubiera certificado con más fiabilidad la participación de Al-Qaeda. Pero en los trenes no había suicidas.

2) La participación de personas no musulmanas
En España, a diferencia de lo que ha sucedido en todos los atentados de Al-Qaeda, los terroristas utilizaron a españoles (la trama asturiana) para aprovisionarse de explosivos. No resulta comprensible. Los terroristas de Al-Qaeda, fanáticos integristas, no recurren jamás a una persona no musulmana para organizar un atentado, por la simple razón de que no se fían de quien no comparta sus mismos planteamientos religiosos extremistas, y mucho menos iban a fiarse de un "cristiano". Y eso nos indica, precisamente, que quien atentó en España no tenía los escrúpulos de carácter ideológico y religioso que caracterizan a los terroristas de Al-Qaeda. Si eran integristas quienes encargaron los atentados, eran unos integristas muy peculiares.

3) La presencia de confidentes policiales
En los atentados de Madrid, la trama entera está cuajada de personas vinculadas a las fuerzas de seguridad. El número de confidentes de la Policía, de la Guardia Civil o de algún servicio de inteligencia presuntamente implicados en la trama es enorme: Antonio Toro, Carmen Toro, Suárez Trashorras, Rafa Zouhier, ... A ellos se unen otros confidentes que, sin estar implicados en la trama, avisaron de lo que se preparaba cuando tuvieron conocimiento de ello: Lavandera, el libanés Joe, el imán Cartagena, ... Para terminar, los teléfonos supuestamente utilizados en las mochilas bomba fueron liberados en la tienda de un policía español de origen sirio, Maussili Kalaji, que tenía (una de las muchas "casualidades" del 11-M) relación con los miembros del comando de Virgen del Coro. ¿Puede alguien seriamente sostener que Al-Qaeda, especializada en la ejecución de ataques suicidas por sorpresa, montó esta trama donde a cada paso que damos aparece un nuevo confidente, sin vinculación ninguna con el integrismo? Si Al-Qaeda actuara de una manera tan permeable a las infiltraciones, hace tiempo ya que los servicios secretos americanos tendrían a Osama Ben Laden en una celda de Guantánamo.

4) La utilización de delincuentes mercenarios
¿Cómo es posible que en Madrid se utilizara, para cometer el atentado, a un conjunto de delincuentes de poca monta (los suicidas de Leganés), cuando Al-Qaeda nunca emplea a gente del hampa, por los riesgos que conlleva? Dejando aparte la probabilidad (certificada en el caso de Madrid) de tropezarse con un confidente, la utilización de delincuentes comunes pone en riesgo cualquier operación. Sabemos, por ejemplo, que El Chino participó en un ajuste de cuentas por droga en diciembre de 2003, pegándole un tiro en la pierna a un presunto traficante en Bilbao. ¿Iba Al-Qaeda a utilizar a un sujeto como El Chino para organizar el atentado, sabiendo que le pueden detener en cualquier momento y que puede comprar un trato favorable de la Policía a cambio de contar lo que sabe de un futuro atentado integrista? Hace escasos días, los medios de comunicación nos contaban cómo un semanario iraní había reclutado decenas de miles de voluntarios para realizar atentados suicidas. Sin embargo, en Madrid se contrata a vulgares camellos para cometer los atentados. ¿Alguien puede seriamente sostener la hipótesis de que fue Al-Qaeda (a quien le sobran fanáticos suicidas) quien contrató a esos hampones mercenarios?

5) La finalidad electoral de los atentados
Al-Qaeda es una organización para quien poca diferencia existe entre unos partidos políticos occidentales y otros. Todos ellos son, a ojos de Al-Qaeda, representantes de ese poder occidental decadente que pretenden destruir. A Osama Ben Laden le importa poco quién gobierne en un país, y la mejor demostración es la elección de fechas para el atentado de Londres. En lugar de atentar unas semanas antes, en plena campaña electoral británica, Al-Qaeda seleccionó una fecha para el atentado con mucha más repercusión internacional, en plena reunión del G8 en Escocia. Porque Al-Qaeda pretende crear una sensación indiscriminada de terror, no inmiscuirse en unas luchas políticas que, en el fondo, desprecia. Sin embargo, los atentados de Madrid perseguían influir decisivamente en un resultado electoral y estaban dirigidos a provocar la salida del PP del gobierno, lo que nos indica que la motivación de quienes concibieron el 11-M era mucho más "cercana" a la mentalidad occidental, para quien esas luchas políticas sí tienen sentido.

6) Los detalles logísticos
Los terroristas de Al-Qaeda no corren nunca riesgos innecesarios que puedan poner en peligro su misión. Si necesitan un coche, lo compran o lo alquilan, pero nunca se les ocurriría robarlo, porque cualquier casualidad (por ejemplo un control rutinario de la Policía) podría dar al traste con toda la operación. En Londres, los terroristas alquilaron el vehículo en el que se desplazaron hasta la estación donde tomaron el tren; en Estados Unidos, gastaron el dinero a espuertas para todo aquello que necesitaron, desde clases de vuelo hasta alquileres de pisos y de vehículos. De la misma manera, los terroristas londinenses fabricaron sus propios explosivos utilizando fórmulas químicas fáciles de encontrar en numerosas webs radicales islámicas y empleando compuestos de fácil adquisición en los comercios, porque es ésta una forma de conseguir explosivos mucho menos arriesgada que tratar de introducirlos en Inglaterra desde el exterior o que adquirirlos a algún delincuente local. Sin embargo, en España, los terroristas adquirieron los explosivos a suministradores locales no musulmanes que, además, eran confidentes de las fuerzas de seguridad. No contentos con eso, transportaron los explosivos desde Asturias en un coche robado, con placas de matrícula dobladas y llevando documentación falsificada, arriesgándose a que la Guardia Civil pudiera pararles en cualquier momento por simple casualidad (como así sucedió, aunque inexplicablemente los terroristas pudieron seguir su viaje). De nuevo, una manera de actuar que no se corresponde con el comportamiento habitual de Al-Qaeda.

7) La desinformación
Si algo sorprende en el atentado de Londres, al compararlo con el de Madrid, es la perfecta claridad de los sucedido. Sabemos ya, con un alto grado de precisión, quiénes pusieron las bombas, cómo llegaron hasta sus objetivos, qué explosivos utilizaron, cómo los fabricaron. En España, no sabemos quién puso la bombas en los trenes, ignoramos cuál era la composición de las bombas, carecemos de datos sobre cómo llegaron los terroristas a Alcalá, tenemos dudas sobre cómo pudieron obtenerse los explosivos, ... y esto después de diecisiete meses de investigaciones policiales, judiciales y periodísticas. Y la razón de que no sepamos nada de nada es que, en cuanto se produjeron los atentados, se puso en marcha una campaña de desinformación que quienes idearon la masacre habían previsto hasta en sus mínimos detalles: furgonetas llamativas, oportunas cintas coránicas, mochilas bomba que aparecen por ensalmo, pistas que conducen a personas que son detenidas en plena jornada de reflexión para luego ser puestas en libertad a las pocas semanas, ... Quien ideó el atentado no se limitó a planificar la masacre, sino que también urdió cuidadosamente el conjunto de cortinas de humo que pudieran dirigir rápidamente a la opinión pública y al juez en la dirección que hacía falta. Ese dominio de las técnicas de desinformación no apunta precisamente a Al-Qaeda, sino a otro tipo de elementos para quienes esas técnicas son sólo parte de su arsenal de herramientas cotidianas de trabajo.

¿Qué fue lo que sucedió en Madrid?
Es poco todavía lo que sabemos de los atentados de Madrid. Como ya apuntábamos en el capítulo anterior, ignoramos incluso qué explosivos se utilizaron en los trenes. Pero el atentado de Londres ha resaltado todavía con más fuerza una de esas pocas cosas de las que podemos estar seguros: que el primer sorprendido al recibir las noticias de España el día 11 de marzo fue, seguramente, el propio Ben Laden.

Eso no quiere decir que no hubiera participación de elementos integristas en el atentado de Madrid. Por supuesto que la hubo. Está constatado que algunos de los participantes en la trama (concretamente, varios de los miembros del comando de la C/ Virgen del Coro) pertenecían a círculos más o menos conectados con la periferia de Al-Qaeda, personas dedicadas al reclutamiento, a la recaudación de fondos y al soporte genérico a las actividades de dicha organización terrorista. Pero las evidencias apuntan a que esos elementos integristas no actuaron al dictado de la dirección de Al-Qaeda, sino que fueron convenientemente manipulados (y utilizados) desde otras instancias que contaban con un grado de conocimiento de la realidad política española y de las posibles reacciones de la opinión pública ante los atentados mucho mayor del que Ben Laden pudiera llegar jamás a tener.

Próximo capítulo: ¿Participó ETA en el 11-M?

Palabras
JON JUARISTI ABC  7 Agosto 2005

NADA más, dice Rodríguez. En agosto, mes de propina, leo a mis clásicos catalanes olvidados. Este año, rescato al presbítero don Félix Sardá y Salvany, un moralista implacable, anterior a los nacionalismos periféricos, cuyo ensayo El Liberalismo es Pecado. Cuestiones Candentes, el gran best-seller tradicionalista de la segunda mitad del siglo XIX, tuvo, sin embargo, una influencia decisiva en el surgimiento del nacionalismo vasco. Probablemente, fue uno de los cuatro libros que consiguió leer completos, a lo largo de su vida, Sabino Arana Goiri. Hace tiempo, el profesor Elías Díaz tuvo una luminosa intuición: Arana, durante sus años de estudiante en Barcelona, habría asistido a las clases de Durán y Bas sobre la Filosofía Histórica del Derecho de Von Savigny, adquiriendo en ellas los fundamentos teóricos para la elaboración de la doctrina abertzale. Es una hipótesis piadosa. Durante sus años barceloneses, Sabino Arana no pisó la Facultad de Derecho ni otra Facultad alguna, porque, como él decía, tenía cosas más importantes que hacer. Por ejemplo, vender por las calles el librito de Sardá y Salvany y liarse a garrotazos con los federalistas que trataban de impedirlo (entre ellos, supongo, el propio Valentí Almirall).

Don Félix era un panfletista poco interesado en la originalidad literaria. Fusila páginas enteras del dominico Mamachi y de La Civiltà Católica, publicación donde, por cierto, se sigue defendiendo hoy día al nacionalismo vasco contra la opresora España liberal. Pero brilla especialmente cuando se copia a sí mismo. Por ejemplo, en este párrafo procedente de un opúsculo suyo anterior (Cosas del día) que no me resisto a reproducir: «Que las palabras, dices, no tienen importancia. Más de lo que te figuras, amigo mío. Las palabras vienen a ser la fisonomía exterior de las ideas, y tú sabes cuán importante es a veces en un asunto su buena o mala fisonomía. Si las palabras no tuviesen importancia alguna, no cuidarían tanto los revolucionarios de disfrazar el Catolicismo con feas palabras; no andarían llamándole a todas horas oscurantismo, fanatismo, teocracia, reacción, sino pura y sencillamente Catolicismo, ni harían ellos por engalanarse a todas horas con los hermosos vocablos de libertad, progreso, espíritu del siglo, derecho nuevo, conquistas de la inteligencia, civilización, luces, etc., sino que se dirían siempre con su propio y verdadero nombre: Revolución. Lo mismo ha pasado siempre. Todas las herejías han empezado por ser juego de palabras, y han acabado por ser lucha sangrienta de ideas». Del enemigo, el consejo. Terrible debelador del liberalismo y, sobre todo, de lo que él llamaba con fórmula de cuño propio «catolicismo liberal», Sardá y Salvany acertaba en cuestiones que podríamos llamar de sentido común (es decir, del sentido que tenían en común él y sus adversarios). Por ejemplo, ésta de la importancia de las palabras. La España del XIX, transida de violencia, fue un foro de polemistas rabiosos que aprendieron en sus propias carnes una lección básica: los juegos de palabras pueden derivar en luchas sangrientas.

Desde las Cortes de Cádiz, el liberalismo español optó por fijar los usos de la terminología política en constituciones avaladas por consensos mayoritarios de la ciudadanía. Su historia es la de una sucesión de fracasos morrocotudos hasta el gran acuerdo nacional de 1978. Los trompazos anteriores nada tienen de excepcionales: en Europa, observaba Hannah Arendt, las revoluciones fueron obra de muchedumbres empobrecidas y sin voz que no luchaban por un espacio de libre expresión sino por el reparto del pastel, lo que propició la demagogia. También la angustia y la incomprensión de los campesinos, para quienes el nuevo vocabulario político sonaba a duro falso: Fernando García de Cortázar se ha referido estos días a ese paradigma de empecinamiento en la derrota que fue el carlismo. Sobrevivió éste a lo largo de siglo y medio, alimentándose de palabras. Divinas palabras como las evocadas por Valle-Inclán, rencorosas palabras como las de Sardá y Salvany. En 1978, los españoles descubrieron que era imprescindible para una convivencia en libertad el lenguaje común de la democracia, el método menos doloroso para resolver los conflictos de intereses. Cuando incluso esto se pone en duda, merece la pena recordar lo que pensaba sobre este asunto Sardá, fuente lejana de Tardá, venero histórico de Ibarreche.

El escorpión de Carod-Rovira
M. MARTÍN FERRAND ABC  7 Agosto 2005

JOSEP Duran Lleida, secretario general de CiU, ha dicho, desde la autoridad que le confiere la veteranía en la causa nacionalista, que ERC «ha perdido el norte». Se equivoca Duran. Nadie puede perder lo que ni tiene ni tuvo. El partido que preside Josep Lluis Carod-Rovira, remedo de otro anterior del mismo nombre, es una mera burbuja que, aún siendo determinante y definitiva en el actual momento de la vida catalana, carece de contenido, rumbo y enjundia. Es una pieza excéntrica que sabe aprovechar la oportunidad aritmética que le brindan las circunstancias o, si se prefiere expresar la idea con menos delicadeza, el clavo ardiente al que se asió Pascual Maragall para conseguir ser, como en el programa de TVE que producían los estudios de Miramar, «Reina por un día». Presidente por un ratito, que la razón del ser político del líder socialista es la de llegar a parecerse, una pizquita por lo menos, a Jordi Pujol.

La ambición biográfica de Maragall, unida a la perentoria necesidad de apoyos parlamentarios para poder instalar a José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, incubaron el huevo del que surgió el monstruo. Ahí está su fruto. ERC, más allá del independentismo que se le supone, quiere convertirse en enemigo y bombardear la Constitución vigente para dar paso a una nueva, la de la «Federación española», en la que, roto el Estado y troceada la Nación, una ridícula minoría pueda implantar su ley y su capricho.

Se cuenta en Cataluña, en el equívoco que separa la anécdota de la caricatura, que Carod, de excursión por el Montseny, sufrió la picadura de un escorpión. Joan Tardá, que le acompañaba, se alarmó con los síntomas y remitió un SMS a Joan Puigcercós para ponerle al corriente de la situación al tiempo que atribuía la picadura a la acción de grupos anticatalanes y hostiles a cualquier idea republicana y progresista. El receptor, más sereno y experimentado, mejor conocedor de las condiciones de su líder, respondió sin perder minuto: «Enterado. ¿Cuál es el estado del escorpión?».

En condiciones de normalidad, con un procedimiento electoral más amplio y menos oportunista, dentro de un juego democrático más auténtico, ERC no pasaría de ser un grupúsculo testimonial, con más aromas históricos que realidad presente: algo que, numéricamente, podríamos considerar como marginal. En esos grupitos se forja el músculo de la resistencia y hasta los suspiros sirven de palanca. En ellos tiene sentido inquietarse más por la salud de un escorpión agresor que por la de un líder agredido. Quiero decir que el disparate no reside en que Carod y los suyos, en arrebato, quieran acabar con la constitución y, más concretamente, con España. Del mismo modo que el escorpión del cuento quiso suicidarse al picar al motor de ERC, Maragall y Zapatero introdujeron el mal en el sistema para solucionar su falta de estatura. Y esas cosas se pagan.

¿España rota?
IMANOL ZUBERO El Correo 7 Agosto 2005

Es cierto que la característica esencial del nacionalismo, de cualquier nacionalismo, es su holismo, su (con perdón de la Real Academia) «totalitarismo»: sólo puede concebirse a sí mismo como expresión fundamentalmente unánime de toda la nación, como afirmación de la voluntad básicamente acorde de todo el pueblo. ¿O acaso cabe imaginar una organización nacionalista que se denomine 'Unidad nacional de unos cuantos vascos', o 'Partido nacionalista de muchos catalanes', o 'Unión del pueblo de algunos gallegos'?

Este unanimismo es muy contagioso, como pudimos comprobar al leer la entrevista con Joaquim Nadal, portavoz del Gobierno catalán, publicada por este diario el 26 de julio: «Si no hay nuevo Estatuto Cataluña se radicalizará», decía Nadal. ¿Toda Cataluña? ¿Por sí sola? ¿Y qué harán entonces las y los catalanes?

Pero una cosa es no bajar la guardia ante la tentación de construir totalidades identitarias trazando fronteras que distingan a los auténticos nacionales (los de sangre, alma y voluntad) de los otros (los ciudadanos sólo de derecho), operación que unos pretenden hacer mediante 'pins' en la solapa y otros mediante manifestaciones callejeras que afirmen una supuesta mayoría moral; y otra, muy distinta, tomarse en serio argumentos más propios de un 'thriller'.

Como esa historia que últimamente nos cuenta Mayor Oreja, sobre una ETA con un plan para hacerse con el control del País Vasco en 2012, control que serviría como palanca para romper España con la complicidad de una Cataluña hechizada en Perpignan y la pasividad de un PSOE que oscila entre el 'tontoutilismo' de quienes sueñan con aliar civilizaciones también en el seno de este país y el maquiavelismo de quienes sólo aspiran a mantenerse en el Gobierno en Madrid o a retornar al Gobierno de Vitoria en coalición con el PNV, aunque sólo sea hasta el año 2012.

A diferencia de las bicicletas, el alarmismo no es para el verano; ni para el otoño, aunque éste se anuncie caliente. Hoy por hoy, lo único que está agrietándose es el otrora firmísimo proyecto nacionalista para Euskadi y para Cataluña. Y es que todos los nacionalismos, todos, acaban naufragando al chocar con el mismo escollo: esos vascos, catalanes o españoles cuya singularidad ninguna totalidad puede resumir.

Conmovedor
Editorial ABC 7 Agosto 2005

LA adaptación al medio más políticamente correcto obra milagros que, en el caso del presidente del Senado, Javier Rojo, conmueven en un mundo marcado por el relativismo. La fe con la que el secretario general del PSOE alavés defiende ahora un «gran pacto» con el PNV resulta sobrecogedora. Antes, Rojo decía: «Hoy, ayer y mañana es imposible que el PSOE entre en la senda nacionalista, eso sería ir contra el Estatuto». Luego,dijo: «Estamos con la Constitución, los que tienen que cambiar son ellos». Hoy, dice: «Existe un giro en la política del PNV, sería una irresponsabilidad no buscar acuerdos». Quién le ha visto y quién le ve. Si alguno de los que ya no están levantara la cabeza...

Autodeterminación
Gonzalo Zorrilla-Lequerica/Bilbao Cartas al Director El Correo 7 Agosto 2005

Los nacionalistas hablan tanto de la autodeterminación del pueblo vasco que al final nos acaban aburriendo, pero lo más grave es que no dicen toda la verdad. El nacionalismo gobernante jamás menciona que para Naciones Unidas la autodeterminación de los pueblos sólo es posible en aquellos territorios que en el pasado hayan sido colonias. Según el presidente del PNV de Guipúzcoa, Joseba Egibar, «el derecho de autodeterminación corresponde a los pueblos de igual manera que el derecho de la vida a las personas». Frase reveladora de que el señor Egibar valora en exceso los pueblos o valora muy poco a las personas. Si fuese una valoración en exceso para los pueblos, supongo que ni el señor Egibar ni su partido tendrían ningún reparo en conceder este derecho a los pueblos vizcaíno, guipuzcoano o alavés, por separado; no creo que tuvieran problemas en conceder el derecho de autodeterminación también a los pueblos del territorio vizcaíno: Bilbao, Barakaldo, etcétera. Y rizando aún más el rizo, tampoco pondrían ninguna pega a que cualquiera de los barrios pudiera ejercer este derecho. Joseba Egibar presume de la claridad de los conceptos recogidos por el PNV en su doctrina desde hace 110 años. Quizás de lo que debiera presumir es de tener una mentalidad de hace 110 años, cuando nos habla de siervos o de independencia.

'kale borroka' en fiestas de algorta
La Policía Local de Getxo dice que no actuó porque Zarraoa les tiene "recluidos" para que los ciudadanos no vean su descontento
Acusa al alcalde de "desmotivar" y "dejar en mal lugar" a los agentes ante la opinión pública que cree sus mensajes
EUROPA PRESS / BILBAO El Correo 7 Agosto 2005

Los sindicatos convocantes de las movilizaciones de la Policía Local del Ayuntamiento de Getxo, ELA, CSIF, UGT, CC.OO. Y UGT, han acusado al alcalde de la localidad, Iñaki Zarraoa, de "desmotivar" y "dejar en mal lugar" a los agentes ante la opinión pública y han rechazado sus críticas tras los incidentes de 'kale borroka' registrados la semana pasada en Algorta, ya que, según han explicado en un comunicado, si no intervinieron fue porque el propio Zarraoa les tiene "recluidos en la jefatura y en puntos absurdos del municipio" para que los ciudadanos no vean su "descontento".

Así, los sindicatos han instado al primer edil a comportarse como en 2001, cuando los agentes se encontraban también en conflicto y Zarraoa negoció y llegó a un acuerdo "satisfactorio para ambas partes", y han asegurado que en estos cinco años han sido los agentes quienes "han conseguido sacar a flote la Policía y hasta la imagen del cuerpo". "Ahora, no se sabe por qué, cuando se pide un diálogo nuevamente y un reconocimiento, él se niega a que ese compromiso del buen hacer y calidad conseguida no sea reconocida y compensada", han censurado los sindicatos, para reconocer que el comportamiento del alcalde hacia la Policía "va a producir un daño de difícil reparación".

En esta línea, han reprochado a Zarraoa la apertura de expedientes de forma masiva, ya que, han señalado, "ha conseguido desmotivar a los agentes y dejarlos en mal lugar ante la opinion publica que cree sus mensajes", y han reclamado una negociación de la plataforma general y no sólo de la Policía Local.

Mentiras
Los sindicatos convocantes de las movilizaciones han acusado también a Zarraoa de mentir "descaradamente" y han censurado sus críticas tras los incidentes de 'kale borroka' registrados en Getxo la semana pasada, cuando el alcalde reprochó la ausencia de los agentes municipales en la zona afectada. "Que sepa el pueblo de Algorta que si no estuvieron allí es porque él los tiene recluidos en la jefatura y en puntos absurdos del municipio, para que los ciudadanos no se enteren de que están descontentos y protestan su autoritarismo", han indicado los sindicatos.

Asimismo, han acusado a Zarraoa de mentir al afirmar que no ha desobedecido la orden de la Subdelegación del Gobierno y que en la mesa permanente se están tratando muchos temas, puesto que, según han explicado, "en esa mesa sólo se habla de lo que él quiere y, además, lo que hacen es dar cuenta". "Miente también cuando dice que los sindicatos están haciendo un sindicalismo muy poco apropiado. Solamente nos faltaba que nos diga qué tipo de sindicalismo tenemos que hacer y, a ser posible, el que él nos recomiende", han añadido. Por ello, han instado al edil nacionalista a dejar de "perder el tiempo" y "hacer como hizo en el 2001 y verá cómo todo se soluciona y es más sencillo para todos".

Tres mineros avisaron un mes antes del 11-M del robo de cinco cajas de explosivos
La investigación Uno de los imputados declaró que «en enero o febrero de 2004» advirtió al vigilante de la «mina Conchita» de la desaparición del material
Sólo unas semanas antes del 11-M, al menos tres mineros avisaron de la desaparición de «cuatro o cinco cajas» de explosivos al vigilante de la «mina Conchita», donde el control sobre la dinamita era inexistente.
La Razón 7 Agosto 2005

Madrid- Apenas un mes antes del 11-M, tres mineros de la «mina Conchita» (de donde salieron los explosivos que se utilizaron en la masacre) avisaron, tras incorporarse al trabajo después del fin de semana, de que faltaban varias cajas («cuatro o cinco») de dinamita en una de las galerías. «Vale», se limitó a decir el vigilante de la misma, Emilio Llano (en prisión desde junio del pasado año por su presunta responsabilidad en la venta de la goma-2 eco a los terroristas). Eso es al menos lo que declaró al juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo –que instruye el sumario de los atentados– Daniel Fernández, otro de los imputados en la «trama asturiana» que permitió a la célula que cometió la masacre abastacerse del material explosivo. En su declaración del pasado 18 de abril, este minero –al que se le imputa un presunto delito de favorecimiento y tráfico ilícito de sustancias explosivas– aseguró que «sobre enero o febrero de 2004» se percató de que «un viernes a las 14 o 14:30 horas había cuatro o cinco cajas en el 2º nivel» y cuando volvió el lunes al trabajo «ya no estaban allí». En cada una de ellas se almacenaban, calculó, 25 kilos de dinamita. Ante semejante descubrimiento, el minero (que trabajó allí desde noviembre de 2001 a mayo de 2004) llamó la atención del vigilante, Emilio Llano, y le dijo «que habían desaparecido las cajas y que esto mismo sabe que se lo comentaron Morán y Asturias». «Vale», recuerda que le contestó el vigilante de la «mina Conchita». Además de estos dos compañeros, también se percató de que habían desaparecido las cajas un cuarto minero «del que no recuerda el nombre». Incluso, la declaración recoge el hecho de que «cuando fueron el lunes a trabajar se dieron cuenta de que no estaban las cajas cuando fueron a utilizarlas, y entonces tuvieron que bajar a pedir dinamita para poder trabajar», que depositaron a unos diez metros de la entrada de la bocamina.

«No se recogían».
El declarante explicó que «en todas las bocaminas» siempre había cajas con explosivos (que debían estar almacenadas en los minipolvorines) «porque los que quedaban de sobra los dejaban allí, y según los necesitaban los iban cogiendo». Cajas y bolsas, añade, «siempre había, no se recogían después de la jornada». Sin embargo, y pese a las facilidades evidentes para que el material «desapareciese» de un día para otro, Fernández mantuvo que nunca vio a nadie llevarse sustancias explosivas de la «mina Conchita». El minero relata que, cuando se percató de que faltaban cajas, además de sus tres compañeros «en ese nivel había más gente trabajando», aunque desconoce si se dieron cuenta o no de lo sucedido. Nadie pareció dar ninguna importancia a la falta de las cajas hasta después del 11-M, cuando «se comentó en la mina si sería la dinamita que había faltado en la mina con la que habían realizado el atentado». Cuando fue detenido José Emilio Suárez Trashorras (uno de los presuntos responsables, junto a Antonio Toro, de la venta de los explosivos a la célula islamista) «lo único que comentaron es si la dinamita sería de allí, porque estaba muy loco. La mitad del tiempo que estaba en la mina lo pasaba durmiendo». Poco después, «unos cuantos compañeros» encontraron en la mina unas etiquetas de mochilas de Carrefour, «pero no puede precisar que fuera antes o después de los atentados, aunque sabía que eran de mochilas porque lo ponía en la etiqueta, y una vez las vieron las volvieron a tirar».

Menos locuaces ante el juez se mostraron otros dos mineros que declararon ante el magistrado el pasado 27 de abril. Uno de ellos, José Ángel Morán Suárez, de 38 años, no recordaba nada de la falta de varias cajas. «¿Recuerda si un viernes entre enero y febrero de 2004, al salir de trabajar, vio en la bocamina de alguno de los niveles varias cajas de dinamita y el lunes, cuando volvieron a trabajar, ya no estaban?», le preguntó el magistrado. Su respuesta no deja lugar a dudas: «Al no trabajar con explosivos no miraba si había más o menos cajas, y si estaban llenas o vacías, porque no le interesaba». A Morán se le imputa un presunto delito de colaboración con organización terrorista islamista por facilitar la dinamita y los detonadores que pudieron utilizarse el 11-M. Según el minero, «en ninguna ocasión cogió sustancias explosivas o detonadores ni se las ha llevado ni las ha dejado en ningún sitio para que otra persona se las recogiera».

Tampoco recordaba nada cuando compareció ante Del Olmo el minero Manuel Javier González, de 39 años y natural de Avilés (sobre el que pesaba idéntica acusación y que igualmente quedó en libertad). A González, que trabajaba de barrenista, el juez le hizo la misma pregunta en relación con la desaparición de varias cajas de explosivos unos meses antes de la masacre. «Está cansado de ver cajas en el exterior de las bocaminas –consta en el sumario que contestó–, que desde el 23 de enero de 1995 en que empieza a trabajar en la mina hasta el 22 de marzo de 2004 siempre vio cajas de dinamita en las entradas de las bocaminas, aunque después de esa fecha no». La cantidad de cajas, en todo caso, dependía de cuántos días habían pasado desde que llegara el suministro. Si era el primer día después de recibirlos «en el primer nivel podría haber 15 ó 16 y de ahí los del segundo nivel si necesitaban pedían a los del primero». Pese a semejante trasiego, al final del día «quedaban cajas; los de jornal las introducían para dentro, pero algunas veces quedaban».

Las bombas que usan los terroristas en Iraq se fabrican y transportan desde Irán
Ahmadineyad anuncia que no aceptará una «claudicación» ante Occidente tras jurar como presidente
El mismo día en que el nuevo presidente iraní tomaba posesión, y en medio de la negociación nuclear con la UE, en EE UU se filtraba a la Prensa un informe que revela que las bombas terroristas en Iraq se fabrican y transportan desde Irán.
Marta Torres / M. S. H. La Razón 7 Agosto 2005

Nueva York / Teherán- Gran parte de las últimas y sofisticadas bombas utilizadas para atentar contra las fuerzas estadounidenses y del Gobierno en los caminos y carreteras de Iraq proceden de Irán. Fuentes de los servicios militares e inteligencia, citadas por el diario «The New York Times», han explicado que es allí donde se diseñan los artefactos más poderosos para después enviarlos a Iraq. El informe apunta también que los atentados son cada vez más sangrientos, conforme se desarrollan técnicas más especializadas en la fabricación de bombas.

Los terroristas iraquíes han utilizado este tipo de bombas durante los dos últimos meses. La llegada de este tipo de explosivos se produce mientras EE UU se ocupa de centrar sus esfuerzos en frenar la entrada de nuevos terroristas y armamento desde Irán y Siria. Hace diez días, agentes iraquíes fronterizos interceptaron un gran envío de armas, que se sospecha procedían de Teherán. Las cifras y estadísticas revelan que este tipo de bombas, utilizadas para matar a los soldados estadounidenses en caminos y carreteras, representan hasta ahora el método más mortífero contra el que ha tenido que hacer frente el contingente de EE UU.

La cifra de soldados fallecidos en este país árabe se acerca ya a los 2.000 en una semana especialmente sangrienta para el Ejército. Aun así el presidente, George W. Bush, expresó el pasado miércoles en una reunión en Dallas (Texas) con juristas, empresarios y expertos en política conservadores su decisión de mantenerse firme. Reiteró que no retirará las tropas de Iraq hasta que se complete la misión y recordó que «estamos en guerra. Nos enfrentamos a un enemigo implacable».

Con el hecho de que las bombas con las que los terroristas matan a los soldados estadounidenses procedan de Irán, aparece en escena una atípica cooperación entre chiíes iraníes y suníes iraquíes a los que les uniría un objetivo común: echar a las fuerzas estadounidenses de Iraq.

Muy diferente de las armas improvisadas con las que atacaban los iraquíes a las fuerzas de Estados Unidos, el nuevo material de ataque está diseñado para traspasar el revestimiento acorazado de los vehículos norteamericanos.

Mientras, el nuevo presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, advirtió ayer tras su toma de posesión ante el Parlamento que su país respeta la ley internacional, pero que no aceptará una violación de sus derechos ni una «claudicación» ante los deseos extranjeros, informa Efe. En su discurso de juramento, el líder ultraconservador subrayó que «los iraníes no aceptaremos que se violen los derechos de nuestra nación». «Es un principio irrenunciable de nuestra política. Nunca sacrificaremos nuestra dignidad», agregó.

La declaración es entendida como un rechazo implícito de la nueva propuesta negociadora presentada el viernes por la UE para resolver el pulso que Irán mantiene con la comunidad internacional a causa de sus ambiciones nucleares. «Respetamos las reglas internacionales, pero nunca emprenderemos una política que se oponga a nuestros intereses como nación», insistió. Bruselas presentó el viernes una nueva propuesta de negociación en la que reconoce el derecho de Irán al uso civil de la energía atómica y se compromete a facilitarle su acceso siempre y cuando Irán abandone toda actividad nuclear sospechosa.

Antonio Fontán: «El independentismo catalán no tiene ningún futuro»
A punto de cumplir 82 años, Antonio Fontán se asoma a la actualidad desde la vasta experiencia que ofrece su paso por la dirección del diario «Madrid», por el Gobierno en tiempos de UCD y por la dirección de «Nueva Revista», que lleva 100 números iluminando el debate político
JESÚS GARCÍA CALERO ABC 7 Agosto 2005

Político, periodista, profesor emérito de la Universidad Complutense y editor de «Nueva Revista»

MADRID. Fontán nos recibe en su despacho de «Nueva Revista», una publicación de referencia en el debate de las ideas desde presupuestos liberales y de humanismo cristiano. Con una notable constelación de colaboradores que dirige Rafael Llano, su prestigioso presidente y editor subraya la importancia de las publicaciones en la historia de España. La suya se subtitula «de política, cultura y arte», una muestra de su ambicioso proyecto intelectual.

-En el número 100 alerta contra la intención de reformar los estatutos autonómicos. ¿Por qué?
-Yo hice las primeras transferencias de la democracia, como ministro, al País Vasco y a Cataluña, con Carlos Garaikoetxea y Tarradellas. Hablo con conocimiento de causa.

-Afirma que no debe hacerse «ni en este momento ni en este ambiente». ¿Por qué?
-Porque Esquerra Republicana y los independentistas declarados son un porcentaje relativamente pequeño dentro de la vida y la cultura catalanas, el 15 por ciento, o el 12. Pero ERC es un partido anárquico, es un partido asambleario, que recuerda a los estudiantes del 68. Cualquiera de las cosas llamativas que dicen Carod Rovira o Puigcercós, sale de una reunión de cien personas en las que se levantan siete y hablan cuatro.

-Van a por la secesión.
-El independentismo catalán no tiene ningún futuro.

-Pero nadie habla de otra cosa. Tienen mucho peso en la política...
-Pero es un peso artificial, el que da a las minorías de izquierdas en el Parlamento catalán y en el Parlamento nacional formar parte de la mayoría de Gobierno. Tienen la llave y van empujando todo lo que pueden verbalmente. De hecho no han arrancado del parlamento Español ni del Catalán nada consolidado ni importante. Ni siquiera la reforma del Estatuto, o más bien el nuevo Estatuto que plantean. Personalmente creo que no hay que reformar los estatutos, que tienen más tiempo de vigencia. Los sondeos revelan que no hay una demanda social. Por otro lado, la economía catalana, y su vida real -los catalanes son muy realistas- está tan implicada con la economía y la vida de España que la gran mayoría de los catalanes no quiere que esa relación se toque. Y su papel en la UE es a través de España. Las industrias catalanas son recibidas fuera como industrias españolas, el turismo que va a la Costa Brava es un turismo que viene a España. La Caixa es el segundo o tercer banco de España, no el primero de Cataluña. Está en el núcleo duro de Telefónica. La ruptura sería mala, para Esapaña y para Cataluña, pero además no se puede hacer.

-Lo que sí ha conseguido ERC del Parlamento ha sido la segregación del Archivo de Salamanca.
-Eso es una muestra de ignorancia por parte del Gobierno que lo ha promovido. Es una reivindicación que forma parte de lo verbal. Esos papeles no los va a leer nadie de ERC. Es una cosa ridícula. Un mal paso que hace sufrir a la memoria histórica de Cataluña. Los papeles de la Generlidat no son documentos de un Estado, son documentos de la historia de España. Es que la guerra civil no fue de Cataluña contra España, eso no se le ocurre ni a Rovira, que durante media vida ha pasado bajo un cartel en el que ponía «Todo por la patria».

-A diferencia del vasco, el independentismo catalán no actúa con violencia.
-El independentismo catalán no mata, no. Yo no acusaría de terrorismo a esos terroristas verbales, pero es porque la gente tampoco lo consentiría. Cuando tirotearon en las piernas a Federico Jiménez Losantos se vio que aquello era más bien un resto de anarquismo.

-Cómo ve nuestra política exterior, ¿está en periodo de corrección?
-Es el Gobierno español el que está en periodo de corrección desde el día siguiente a su nombramiento. El día que alguien se tome la molestia de poner en una columna las declaraciones de los ministros y en otra columna sus rectificaciones, se quedará verdaderamente asombrado. Si hasta el presidente del Gobierno acaba de decir recientemente que los atentados de Londres y Madrid no tienen ninguna relación con la guerra de Irak. Algo que muchos ya sabíamos.

-¿Pero esos cambios son buenos?
-Por lo menos van hacia cosas menos malas. Pero no consiguen la normalización de la relación estrecha que llegó a haber con las potencias activas de occidente, y no me refiero sólo a Gran Bretaña, sino a Alemania en un futuro inmediato y cualquier día también con Sarkozy en Francia.

-¿Qué opina de la alianza de civilizaciones?
-Creo que es una frase.

-Blair dijo que unamos a las personas civilizadas. ¿Es más práctico?
-Justamente, las civilizaciones son distintas y lo que hay que intentar es que no se enfrenten.

-¿Con tanta bronca política, peligra el legado de la Transición?
-Se está jugando demasiado con ello, se está jugando con fuego con temeridad. No creo que salga un incendio pavoroso, tipo el de Guadalajara, pero sí tiene pinta de que saldrá una buena chamusquina. Eso nos llevará a una gran decepción.

-¿Se acuerda de cómo nació la actual bronca política?
-Parece que el Gobierno hace oposición al Gobierno de Aznar, que ya no existe. La oposición se dedica a defender el legado de Aznar, que ya no existe...

-¿Y el resto de partidos?
-Hace oposición al partido de la oposición. Pero desengañémonos: no hay más que dos partidos, el PP y el PSOE. El resto de formaciones, las que salen en los periódicos cuando se critica que el PP se queda solo frente a todos, son partidos subvencionados, políticamente o económicamente.

-¿Subvencionados?
-¿Quién tiene más diputados en el Parlamento Catalán? CiU, el que mejor resultado en votos obtiene. ¿Y en Galicia? El PP. En Cataluña el Gobierno lo han formado el segundo y el tercer partido, unidos contra el primero, y eso hace que el Gobierno tenga problemas de estabilidad. Y en Galicia ha pasado lo mismo. Entonces, el tercero está a tanta distancia del primero que algo tienen que hacer, tiene que morder a sus socios. ¿Y Coalición Canaria? Era casi una sucursal del PP. Pero depende de quién manda en el Gobierno de Madrid. Y Esquerra tiene en Cataluña una proporción mayor de lo que corresponde, porque eso implica muchos empleos políticos, asesores y directores generales, concejales, etcétera. Ese conjunto, los dos mil o los tres mil de Esquerra, se agarran a la situación como lapas.

-¿Debe el PP hacer esfuerzo de diálogo con los demás?
-El PP puede gobernar con mayoría absoluta o puede gobernar como en el primer mandato de Aznar, con CiU y Coalición Canaria, porque pertenecen a la misma órbita cultural que la mayor parte del PP.

-¿Así sería posible el cambio?
-Vendría por una minoría mayoritaria formada por varios partidos. Lo que ocurre es que Coalición Canaria, si me permite la expresión, es un partido de alquiler, y Convergencia ha tenido un retroceso relativo, debido a que es muy difícil sustituir a Pujol.

-¿Era fácil esa convivencia?
-Mire, durante el primer mandato de Aznar se quiso que Joan Rigol, que era vicepresidente primero del Senado, fuera nombrado presidente, pero Convergencia no lo aceptó. Porque si el presidente del Senado va a Barcelona o Tarragona pasa, como alta autoridad del Estado, delante del presidente de la Generalitat. Y claro...

-¿Cree que nos falta una visión de Estado en España, en asuntos como la educación?
-Es un asunto social e ideológico, porque los socialistas, la izquierda social, tiene una vocación para establecer en España una cultura laica. Y se da la circunstancia que esa cultura la alienta Gregorio Peces Barba, que fue discípulo de Joaquín Ruiz Giménez.

-¿Y no sería posible una ley de Educación que dure?
-En el fondo hablamos del modelo de sociedad que queremos. Los valores que se anteponen y que entrañan una ética pública distinta en cada caso. Los dos ejes en los que se basa esta polémica son la libertad y la igualdad. A mi modo de ver la igualdad sin libertad conduce a una sociedad plana que se nos quiere imponer.

-¿Plana y laica?
-Laica no parece sinónimo de aconfesional. Nos abocan a un laicismo como confesionalidad.

-¿Cree que leyes como la del matrimonio gay han desdeñado la opinión de buena parte de la sociedad y de instituciones como la Iglesia?
-La Iglesia puede adoptar ante determinadas disposiciones una postura de tolerancia, en el sentido de no agresividad, pero siempre tendrá una disposición de defensa cuando se ataquen los valores de lo que entendemos como una sociedad cristiana. La Iglesia no va a ceder en su docrtrina ni en sus tesis. No va a pedir que metan en la cárcel a los homosexuales, ni que se castigue o multe su conducta, pero no va a ceder. Porque entre los valores esenciales que la iglesia quiere que prevalezca en la sociedad humana está la familia, la dignidad de las personas.

-¿Qué le parece cómo ha respondido la sociedad a esa política?
-Quién iba a decirnos que una manifestación como la de la familia iba a ser tan exitosa y multitudinaria. Casi podemos decir que ha sido un gran éxito del Gobierno movilizar así a la gente.

-¿No teme una radicalización, una nueva edición de las dos Españas?
-No existían ni siquiera antes. Había dos proyectos de España pero España no hay más que una. La que existe desde los Reyes Católicos. Uno de los proyectos se agota con Primo de Rivera, después de no haberse modernizado el sistema canovista y dar lugar a un entramado caciquil. Y el otro en la República, que no fue tan paradisiaca como algunos creen. Los republicanos llegaron como una revancha.

-¿Por qué entonces se reivindica como utopía desde la izquierda aquella República?
-Porque no la conocen y porque hasta cierto punto han ganado la batalla ideológica por el peso del franquismo en nuestra generación, que actúa como un complejo. ¿Por qué quitan las estatuas de Franco y no las de Espartero?

-Usted vivió la República.
-Un día hablando con Carrillo, otro veterano, sobre cuántos años llevábamos en esto, le dije que me empecé a interesar en la política en 1931. Un día de mayo iba a hacer la comunión y dos días antes quemaron mi colegio, el de los jesuitas.

-¿Y por qué se reivindica ahora?
-Ahora una parte del entorno de Zapatero quiere recoger la legitimidad de aquella República, para no heredarla de la democracia actual, porque para ellos es intolerable recogerla de Aznar; ni recogerla de la Monarquía actual, porque para ellos la trajo Franco.

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