AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 8 Agosto 2005
Nacionalismo histórico
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 8 Agosto 2005

Civilizaciones
Benigno Pendás ABC 8 Agosto 2005

Horizontes políticos
Editorial ABC  8 Agosto 2005

Europa, tu nombre es cobardía
Mathias Döpfner ABC 8 Agosto 2005

Las costuras del PNV
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 8 Agosto 2005

El ángel desvertebrador
Fernando R. Genovés LD 8 Agosto 2005

Carod ataca
Por Xavier Horcajo Época 8 Agosto 2005

«En Guecho se ha interiorizado el miedo»
J. Arias Borque LR 8 Agosto 2005

Todo fue propaganda
Agapito Maestre LD 8 Agosto 2005

Negociación con ETA
Cartas al Director ABC 8 Agosto 2005

La Policía dice que no cubrió los ataques de Getxo porque Zarraoa la tiene «recluida»
EL CORREO/BILBAO El Correo 8 Agosto 2005

Pagazaurtundua cree que la sociedad no deja espacio a ETA y que «su fin ha comenzado»
EL CORREO/BILBAO El Correo 8 Agosto 2005

Nacionalismo histórico
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 8 Agosto 2005

Si se cumple el calendario, será en la última semana de septiembre cuando el pleno del Parlamento catalán tenga que debatir y someter a votación el proyecto de 'nuevo' Estatuto de autonomía. El trámite en comisión no ha hecho más que agravar la tormentosa polémica producida por la tacha de inconstitucionalidad que los socialistas, ahora, oponen a elementos sustanciales del proyecto y el cambio de pareja de ERC, alineado con CiU en la reivindicación de unos supuestos derechos históricos como fuente del autogobierno catalán en las dos dimensiones actualmente en discusión, es decir, el blindaje de las competencias que los nacionalistas pretenden que se asuman en el Estatuto y la implantación de un sistema de concierto económico similar al de los territorios forales.

Ya no estamos hablando de conjeturas. El 'nuevo' Estatuto lleva año y medio en la cocina. Lo que hay es lo que se ha decantado en un procedimiento parlamentario que, en contra de la lógica que se le supone, ha ido abriendo a cada paso el abanico de desacuerdos. Incluso si se descuenta lo que haya de forcejeo táctico en esta situación, parece que a alguien se le está escapando el juego de las manos. El juego empieza cuando el hoy presidente del Gobierno anticipa su cita a ciegas con Carod al proclamar con altavoces que aceptará lo que el Parlamento de Cataluña apruebe. Continúa con el 'Pacto del Tinell' que en diciembre de 2003 da origen al tripartito con el compromiso de los firmantes de «no establecer ningún acuerdo de gobernabilidad con el PP en el Govern de la Generalitat» e «impedir la presencia del PP en el Gobierno del Estado» también con expresa exclusión de todo acuerdo. Un juego, en fin, que recientemente alcanzaba su momento más jugoso de puro surrealismo cuando Carod Rovira se presentaba en La Moncloa como garantía de la constitucionalidad del texto.

Lástima que los hechos desmientan a Carod. El texto actual de la propuesta estatutaria para Cataluña es abiertamente inconstitucional. Nada tiene que ver con el modelo autonómico del Estado, que se toma literalmente a beneficio de inventario, y sólo tiene de federal la etiqueta que caprichosamente insisten en ponerle sus patrocinadores para endulzar la píldora. No implica un cambio en el modelo de Estado -lo que sería motivo suficiente para impugnarlo- sino que, de salir adelante, modificaría el Estado mismo mediante el establecimiento de una relación confederal entre éste y una parte de su territorio.

En contra de lo que quiere sostener el proyecto, la Generalitat no se subroga en las competencias del Estado sino que sucede al Estado en Cataluña. El proyecto rompe con la ordenación constitucional de la autonomía y plasma sus exigencias como el resultado del ejercicio de un poder propio y exclusivo sin reconocer límites materiales derivados de un marco constitucional común. El blindaje de las competencias que caprichosamente se atribuyen como exclusivas e íntegras a la Generalitat, la ruptura del poder judicial -que en lo que afecta a Cataluña queda irreconocible como poder del Estado- o la expropiación al legislador estatal de su competencia material en leyes orgánicas, de bases y de transferencia son las manifestaciones más llamativas de la laminación del marco constitucional, bastante grosera, por cierto, a pesar de la sofisticada ingeniería jurídica con la que se ha pretendido revestir.

Nada más traspasar el umbral de la declaración de Cataluña como nación y sin necesidad de invocar derecho histórico alguno, la propuesta deja claro de qué va. El artículo 3 del texto dedicado al «marco político» dispone que «las relaciones de la Generalitat con el Estado se fundamentan en el principio de lealtad institucional mutua y se rigen por el principio general según el cual la Generalitat es Estado, por el principio de autonomía, por el principio de plurinacionalidad del Estado y por el principio de bilateralidad sin perjuicio del uso de mecanismos multilaterales». No será por falta de principios. Lo cierto es que la «lealtad institucional» parece una deliberada rebaja del principio de lealtad constitucional que en el federalismo alemán ha adquirido un contenido jurídico preciso. El principio según el cual la Generalitat es Estado es una proclamación de estatalidad equívoca para justificar el acopio de competencias y la bilateralidad. La Generalitat es Estado pero no es el Estado. Esa misma condición se puede atribuir con idéntico fundamento a la Junta de Castilla-La Mancha, a la Diputación General de Aragón o al Gobierno de Baleares y al Ayuntamiento de Castellón, y no parece que de ahí puedan derivarse los efectos que la propuesta pretende.

El principio de plurinacionalidad del Estado y el de bilateralidad, en cuanto principios, tienen como única base constitucional la que quieran imaginar sus descubridores que, puestos a innovar, podrían haber afirmado el principio de solidaridad asimétrica -por poner un ejemplo- para amparar el sistema de financiación que exigen. Hasta la esperanza de esa modesta referencia al «uso» de mecanismos multilaterales queda defraudada más adelante. Para aclarar posibles dudas, el artículo 170.2 de la propuesta advierte con claridad meridiana y confederal de que «la Generalitat no queda vinculada por las decisiones adoptadas en el marco de los mecanismos multilaterales de colaboración con el Estado y con otras comunidades autónomas respecto a los que no haya manifestado su acuerdo».

No menos claro es el texto al tratar la participación de Cataluña en la formación de la voluntad estatal en la Unión Europea. Sobre este particular el artículo 180.3 del texto dispone tajantemente: «La posición expresada por la Generalitat es determinante para la formación de la posición estatal cuando afecta a sus competencias exclusivas y compartidas. En otros casos -continúa el artículo aunque, a la vista del listado de competencias, es difícil adivinar cuáles-, esta posición ha de ser escuchada por el Estado». La nueva interpretación de las competencias compartidas es, sin duda, uno de los aspectos más creativos del proyecto de Estatuto. Porque aunque sean compartidas, «en el ejercicio de estas competencias, la Generalitat puede establecer políticas propias en el marco de los principios, los objetivos o los estándares mínimos fijados por el Estado en normas con rango de ley» y, además, esto habilita para atribuir al Parlamento la potestad de «concretar mediante una ley» ni más ni menos que la «efectividad normativa y el despliegue de estas disposiciones estatales».

Mientras se rompían las costuras de la negociación estatutaria en Cataluña, el PSOE se reunía consigo mismo y con el PNV para analizar las perspectivas de «pacificación», «normalización» y mesa de diálogo. Después de tantos meses de instarnos a asimilar las enseñanzas catalanas es hora de equilibrar la partida. Si en Cataluña los nacionalistas quieren ahora el reconocimiento de los derechos históricos, recordemos que hace veintisiete años la Constitución los reconoció para los territorios forales. Si allí exigen un sistema similar al Concierto, aquí lo tenemos hasta indefinido. Si para recuperar sus propias ficciones en forma de memoria histórica, allí quieren derogar los Decretos de Nueva Planta de Felipe V, en nuestro caso esa cuenta la saldó la propia Constitución derogando las leyes de 1839 y 1876 de modo que los nacionalistas no tuvieran que oír eso de «la unidad constitucional de la Monarquía» que tanto les enerva y, de paso, quedase borrada la paternidad canovista de los conciertos económicos. Años después, Ibarretxe ponía todo esto, y mucho más, en una perspectiva tan clarificadora como su proyecto de ruptura. Así estamos. En pleno debate estatutario en Cataluña, el nacionalismo vasco convertido en principio de realidad. Quién lo iba a decir.

Civilizaciones
... Occidente no se libra de defectos. Pero sus señas de identidad (filosofía griega, derecho romano, religión cristiana, ciencia moderna) ofrecen signos de alta calidad humana. Por eso sabemos que la democracia constitucional es mejor que el despotismo...
Por Benigno Pendás Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 8 Agosto 2005

EN el principio fue el «cives» romano, titular orgulloso de un derecho particular. Civilización es el orden moral y jurídico de la ciudad, frente a la barbarie, el caos, el imperio de la pura fuerza. Siglos después, los Estados de condición cristiana aplican entre sí un regimen de derecho y viven, en cambio, en estado de naturaleza respecto de quienes no acreditan esa cualidad concurrente: la Cristiandad o Europa, diría el poeta. Surge así en Westfalia una sociedad de Estados que comparten una misma civilización. En ese ámbito se sitúa la reflexión amable de Tony Blair ante su asombrado interlocutor: alianza de naciones civilizadas. Los principios generales «reconocidos» por ellas son hoy día fuente del ordenamiento internacional, de acuerdo con el estatuto del Tribunal Internacional de Justicia. Por su parte, los filósofos de la historia nos obligan a pensar en términos categóricos. Decadencia de Occidente, anuncia O. Spengler, pésimo profeta. A. Toynbee, a su vez, maneja demasiadas entidades, no todas de mérito equivalente: los lectores de «Blanco y Negro» a finales de los sesenta recuerdan todavía algún artículo brillante del gran maestro británico. La escuela francesa, sobre todo Braudel, traduce muchos lustros de positivismo aséptico en una relación poco convincente de las civilizaciones actuales. Esa mentalidad igualitaria, con mezcla de relativismo postmoderno, inspira -tal vez sin saberlo- la propuesta de Zapatero. Por ahí se empieza a entender algo.

La polémica reciente surge con S. Huntington y su alternativa a la discutible teoría del fin de la historia. Ya no habrá, dice, choque de ideologías. Es tiempo para el «clash» de civilizaciones, formas antagónicas de ver el mundo más allá de las meras preferencias subjetivas. No dice que «debe» haber tal choque. Predice que «habrá» un conflicto. Luego, empeora su imagen con una doctrina (más emotiva que racional) sobre el elemento hispano en los Estados Unidos. Algún titular de prensa y bombas aquí y allá fijan los términos del enfoque simplista: para la izquierda biempensante, Huntington representa al imperialismo agresivo.

Entra en el saco de los «neocons» y «teocons», fundamentalismo protestante, complejo militar-industrial, guerra por el petroleo, fase superior del capitalismo y otras reliquias de la ortodoxia marxista-leninista. Otra vez el enemigo a batir, como si la puerta de Brandemburgo no recordara los sucesos de aquel 9 de noviembre. Resucitan viejas glorias en forma de N. Chomsky, de Toni Negri y de otros más jóvenes pero no más modernos. Ocurrente -como buen español- algún asesor del presidente encuentra la fórmula mágica. Alianza de civilizaciones suena bien en los discursos, hace pareja con el talante, vende marca registrada. Sobre el contenido ya hablaremos, previa convocatoria de una comisión «ad hoc».

La política es retórica, no geometría. Las palabras circulan cargadas de malicia, con sentido favorable o peyorativo, y nada significan fuera del contexto particular. Conviene, sin embargo, emplear los términos con prudencia y propiedad. Por ejemplo, sería muy conveniente leer «El proceso de la civilización», de Norbert Elias, un libro excelente, camino de convertirse en un clásico. Nadie espera que Zapatero discuta sobre bases tan rigurosas. Pero algunas precisiones podrían ayudar al ciudadano abrumado a situar los elementos del problema. Ante todo, insisto, el contexto: lejos del mundo de las ideas platónicas, alianza de civilizaciones es -aquí y ahora- otra forma de decir «no» a la guerra de Irak. Lleva implícita, por tanto, una dosis notable de antiamericanismo y, ya sin disimulo, se dirige contra Bush y los suyos. Enlaza con el llamado «multilateralismo», con la apología del diálogo y del poder «blando», con el rechazo a la defensa enérgica de Occidente frente a la agresión del Islam radical. Esto es, refleja la opinión reiterada de una izquierda comprensiva hacia los dictadores que plantan cara (a veces sólo aparente) al hegemón americano. Letanía de quejas para acabar en el mismo sitio: la verdad irrita sin remedio a los espíritus sensibles.

Tras el análisis, las objeciones. La primera es de naturaleza conceptual. Las civilizaciones actúan como organismos que nacen, crecen, se desarrollan y -no se olvide- también mueren. Funcionan como átomos, a veces coexisten o se yuxtaponen, viven vidas paralelas. Nunca se mezclan, porque su principio vital es singular e irreductible. Hay bibliografía abundante, pero esta impresión general no conoce excepciones relevantes. Convivencia, quizá. Alianza, imposible. La segunda, y tal vez la principal, resulta ser una objeción de orden moral. No todas las civilizaciones son igualmente valiosas ni cabe mantener ante ellas un relativismo indolente. La nuestra es menos injusta que las demás. Otras han admitido o admiten el canibalismo, la esclavitud o la inferioridad de la mujer. Injusticia universal, quiza, aunque en grados diferentes. Occidente no se libra de defectos. Pero sus señas de identidad (filosofía griega, derecho romano, religión cristiana, ciencia moderna) ofrecen signos de alta calidad humana. Por eso sabemos que la democracia constitucional es mejor que el despotismo y que los derechos de la persona valen más que las arbitrariedades del poder. Crisis, por supuesto. Fiebre helenística, que paraliza las ideas. Escépticos, cínicos y epicureos (con algunos falsos neoestoicos) apenas alcanzan el nivel de los epígonos. Viejo orden mundial que se resiste a desaparecer. Naciones Unidas, hija de la paz imperfecta, instrumento de la guerra fría, motor de la descolonización, es incapaz hoy día de encauzar su propia reforma. Es lógico el interés de la burocracia internacional hacia la sugerencia española: prolonga su discurso fragmentario y aséptico, cuajado de lugares comunes en forma de tolerancia, diálogo o solidaridad. Anuncia más comités de expertos, congresos y exposiciones, libros colectivos y jornadas de reflexión. He aquí el hábitat natural de la clase ociosa contemporánea: intelectuales, ex mandatarios, sedicentes líderes de opinión. Siempre los mismos, por cierto. Defectos, en fin, hay en Occidente por todas partes. Pero al menos la gente come, vota y vive a medias en paz -si así lo quiere- con Dios y con los hombres. No es poca cosa, vista la condición humana y consultada la experiencia, «el guía menos engañoso de cualquier opinión», como decia Jefferson.

Tercera objeción, la última por hoy. Alianza conlleva acuerdo firme de voluntades, mutua dependencia, lealtad recíproca. Leo en la prensa inglesa, con grandes titulares, las palabras de líder mediático de Al Qaida : «Caerán más bombas sobre Londres: es la voluntad de Dios», «Lo que ha ocurrido hasta ahora no es nada comparado con lo que vendrá» y otras amenazas semejantes. Dice hablar en nombre del Islam . No es verdad, pero tampoco se trata de una minoría irrelevante : una parte significativa de los musulmanes comparte sentimientos análogos. No obstante, un liberal es incapaz de razonar mediante prejuicios y generalidades. Son las personas (no las ideas, ni las religiones, ni siquiera las civilizaciones) las que ponen las bombas, odian a sus víctimas, siembran daños y terror. No pretenden ganar. Saben, porque son inteligentes, que nunca van a ganar. Pero utilizan el fanatismo para dar rienda suelta a esa superstición que no sabe convivir con la libertad, ni siquiera con esta libertad ingrávida y farragosa que nos otorga una sociedad subyugada por la estadística. La alianza de civilizaciones supone así un respiro para el enemigo existencial, mucho más que un simple adversario. Los autores de la idea deben recordar la exigencia que se plantea, «bajo el volcan», el personaje de M. Lowry : cada uno debe estar a la altura de su propia metafora.

Horizontes políticos
Editorial ABC  8 Agosto 2005

EL mes de agosto apenas ha rebajado la intensidad del debate político sobre las cuestiones fundamentales de la agenda del Gobierno y de la oposición. Las propuestas secesionistas de ERC, el incremento de la «kale borroka» y la pugna entre jueces y Ministerio de Justicia en torno a la constitucionalidad de los matrimonios homosexuales, sintetizan el nivel de desencuentro alcanzado sobre modelo territorial, política antiterrorista y reformas sociales. Nada hace pensar que a la vuelta de vacaciones las cosas vayan a cambiar sustancialmente. El PSOE, por el contrario, está dispuesto a mantener su estrategia de alianzas con los partidos nacionalistas, en la medida en que propician el aislamiento del PP. No será por otros beneficios, porque la experiencia de la vía catalana ha demostrado que la colaboración política con el nacionalismo radical es una senda de problemas y conflictos. Sin embargo, el nuevo gobierno gallego y el empeño del PSOE en pactar con el PNV desmienten cualquier posibilidad de rectificación de los socialistas, pese a que el balance de este primer año de gobierno la hace muy aconsejable. Los dos grandes argumentos de la cooperación con los nacionalistas han quedado desmontados por los hechos: el Gobierno no ha logrado el apaciguamiento de los nacionalismos ni la política de concesiones ha suavizado la «tensión territorial». El Bloque Nacionalista Gallego accede al poder autonómico y logra que el PSG secunde su concepto nacional de Galicia. El PNV forma gobierno gracias a la izquierda proetarra y con un programa soberanista digno de Estella y también logra que el PSOE llame a su puerta. Esquerra Republicana de Catalunya forma frente nacionalista con CiU contra Maragall, propone un proyecto estatutario inconstitucional y aboga por una reforma constitucional inverosímil, y, aun así, sigue siendo el socio de referencia de Rodríguez Zapatero. No es previsible rectificación alguna porque en el PSOE prima el mensaje de que el PP se ha quedado solo y cualquier modificación de la política de alianzas con el nacionalismo sería el reconocimiento de que los populares tenían razón al denunciarlas. Otra cosa será el capítulo de las llamadas reformas sociales, cubierto, por ahora, con la extensión del matrimonio a las parejas homosexuales y donde el PSOE ha comprobado, de manera probablemente imprevista y sin muchas ganas de repetir, la capacidad de movilización ciudadana del centro-derecha.

En todo caso, al PSOE tampoco le está saliendo bien el aislamiento de los populares. Por el contrario, la política de los socialistas ha conseguido galvanizar a los electores del PP, cuyo respaldo, según las últimas encuestas, se mantiene estable en torno al 39 por ciento. Es difícil que un partido que tiene ese porcentaje de apoyo -cerca de diez millones de votos- pueda ser arrinconado socialmente en algún momento. Pero, además, es que el radicalismo de la política gubernamental ha hecho desaparecer la lucha por el centro, dejando al PP con un margen de maniobra que no siempre aprovecha por la falta de matices de su discurso y por una secular incapacidad para trasladar nítidamente sus mensajes. El pésimo balance de política exterior, el acoso a la Justicia, los interrogantes de la política inmigratoria, la debilidad en Europa y el retroceso en la política antiterrorista no son precisamente bazas de un Gobierno que pretende gobernar sin oposición y sí, en cambio, terrenos abonados para una oposición que se ha conjurado para volver a gobernar en 2008. Pero el PP debería saber que nada va a recibir de forma espontánea y que tendrá que superar no sólo los efectos políticos del 14-M, sino también la imagen de derecha intransigente que aún perciben muchos electores potencialmente suyos.

El nuevo curso político tendrá una asignatura fundamentalmente territorial, lo que implica un área solapada con la política sobre terrorismo. Ahí es donde el PSOE, al haber contribuido a mezclar ambos asuntos, se arriesga de forma decisiva ante la sociedad española, pues no es posible ocultar el interés de los nacionalismos asociados al PSOE en enganchar el «final dialogado» de la violencia -que no garantiza el final absoluto de ETA, como se está demostrando en el caso del IRA- con la revisión del modelo de Estado para llegar a esa fórmula inefable del Estado plurinacional. Y es también la encrucijada donde el PP debe asumir su papel de oposición, con la carga añadida de que no siendo posible otra cosa que la confrontación con el Gobierno, debe gestionarla con discursos y formas que lleguen a sectores sociales ahora renuentes a su mensaje.

Europa, tu nombre es cobardía
Mathias Döpfner Presidente de Axel Springer, grupo de Comunicación alemán ABC 8 Agosto 2005

HACE poco, el escritor Henryk Broder formulaba una mordaz acusación: «Europa, tu apellido es Apaciguamiento». Esa frase se nos queda grabada porque es terriblemente cierta. El apaciguamiento costó la vida a millones de judíos y no judíos mientras Inglaterra y Francia, por aquel entonces aliados, negociaban y titubeaban demasiado tiempo antes de darse cuenta de que había que combatir y derrotar a Hitler, ya que no se le podía amarrar con acuerdos inútiles. Más tarde, el apaciguamiento legitimó y estabilizó el comunismo en la Unión Soviética, luego en Alemania Oriental, y después en el resto del este de Europa, donde se glorificaron gobiernos inhumanos, represivos y asesinos durante décadas. El apaciguamiento paralizó a Europa de forma similar cuando el genocidio proliferaba en Bosnia y Kosovo. De hecho, aunque teníamos pruebas irrefutables de continuos asesinatos masivos en esos países, nosotros, los europeos, debatimos y debatimos, y luego debatimos todavía más. Seguíamos debatiendo cuando, finalmente, los estadounidenses tuvieron que recorrer medio mundo hasta Europa para hacer el trabajo por nosotros, una vez más.

Europa todavía no ha aprendido la lección. En lugar de proteger la democracia en Oriente Próximo, el apaciguamiento europeo, camuflado tras el difuso término «equidistancia», a menudo parece aprobar los atentados suicidas en Israel perpetrados por palestinos fundamentalistas. De forma similar, genera una mentalidad que permite a Europa hacer caso omiso de las casi 500.000 víctimas de la maquinaria de tortura y asesinato de Sadam y, motivada por la pretendida superioridad moral del movimiento pacifista, acusar a George W. Bush de belicista. Esta hipocresía prosigue, a pesar de que se haya descubierto que algunos de los detractores más ruidosos de la acción estadounidense en Irak ganaron ilícitamente miles de millones -y, de hecho, billones- de dólares en el corrupto programa «Petróleo por comida» de la Organización de Naciones Unidas.

En la actualidad, nos enfrentamos a una forma especialmente grotesca de apaciguamiento. ¿Cómo está reaccionando Alemania ante la escalada de violencia de fundamentalistas islámicos en Holanda, Gran Bretaña y el resto de Europa? Insinuando -atención- que la respuesta adecuada a dicha barbarie es iniciar una «festividad musulmana» en Alemania. Ojalá lo estuviera diciendo en broma, pero no es así. Un sector considerable del Gobierno alemán -y, si nos creemos los sondeos, del pueblo alemán- realmente piensa que crear una festividad oficial musulmana nos librará de algún modo de la ira de los islamistas fanáticos. No puedo evitar acordarme del británico Neville Chamberlain a su regreso de Múnich, ondeando aquel risible tratado firmado por Adolf Hitler y declarando el advenimiento de «la paz en nuestra era». ¿Qué atrocidad tiene que acaecer para que la ciudadanía europea y sus líderes políticos comprendan lo que verdaderamente está ocurriendo en el mundo? Se está tramando una especie de cruzada, una campaña especialmente pérfida que consiste en ataques sistemáticos perpetrados por islamistas contra civiles, que va dirigida contra nuestras sociedades occidentales libres y abiertas, y que tiene la firme intención de destruirlas por completo.

Nos hallamos frente a un conflicto que, con toda probabilidad, durará más que cualquiera de los grandes enfrentamientos militares del siglo pasado, un conflicto dirigido por un enemigo al que no se puede domar con «tolerancia» y «adaptaciones», puesto que ese enemigo en realidad se ve alentado por dichos gestos. Semejantes respuestas han demostrado ser signos de debilidad, y los islamistas siempre los percibirán como tales. Sólo dos líderes estadounidenses recientes han tenido el coraje necesario para rechazar el apaciguamiento: Ronald Reagan y George W. Bush. Los que se muestran críticos con Estados Unidos pueden cuestionar los detalles pero, en el fondo, los europeos sabemos la verdad, porque la hemos conocido de primera mano. Reagan puso fin a la Guerra Fría y liberó a media Europa de casi 50 años de terror y esclavitud. Y el presidente Bush, que actúa con convicción moral y con el único respaldo del socialdemócrata Tony Blair, reconoció el peligro de la guerra islamista actual contra la democracia. Mientras tanto, Europa se recuesta en el rincón multicultural con su habitual y despreocupada confianza en sí misma. En lugar de defender valores liberales y actuar como un centro atractivo de poder en el mismo terreno de juego que las verdaderas grandes potencias, Estados Unidos y China, no hace nada. Por el contrario, los europeos nos presentamos, a diferencia de los supuestamente «arrogantes estadounidenses», como paladines mundiales de la «tolerancia», que incluso el ministro del Interior alemán, Otto Schily, critica justificadamente.

¿De dónde proviene esta reacción de satisfacción con nosotros mismos? ¿Nos viene por ser tan morales? Me temo que deriva del hecho de que los europeos somos muy materialistas, de que estamos totalmente desprovistos de guía moral. Con su política de enfrentarse frontalmente al terrorismo islámico, Bush se arriesga a la caída del dólar, a un gran aumento de la deuda nacional y a una enorme y persistente carga para la economía estadounidense. Pero lo hace porque, a diferencia de gran parte de Europa, es consciente de que lo que está en juego es, literalmente, todo lo que de verdad importa a la gente libre. Mientras criticamos a los «magnates capitalistas y ladrones» de EE.UU. porque parecen estar demasiado convencidos de sus prioridades, defendemos tímidamente nuestros Estados de Bienestar. «¡Mantengámonos al margen! Podría salirnos muy caro», gritamos. Así que, en lugar de actuar para defender nuestra civilización, preferimos debatir la reducción de nuestra jornada laboral de 35 horas semanales, la mejora de nuestra póliza dental o la ampliación de nuestras cuatro semanas de vacaciones pagadas al año. O a lo mejor escuchamos a los pastores televisivos predicar sobre la necesidad de «tender la mano a los terroristas», de comprender y perdonar. Actualmente, Europa me recuerda a una anciana que, con las manos temblorosas, esconde frenéticamente sus últimas joyas cuando ve a un ladrón asaltar la casa de un vecino. ¿Apaciguamiento? Eso no es más que el principio. Europa, tu nombre es cobardía.

Las costuras del PNV
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 8 Agosto 2005

Xabier Arzalluz lo dejó claro el 17 de enero de 2004 después de que la IV Asamblea General del PNV aprobara la ponencia política, aquel documento que contaba la historia del último godo: la ponencia, dijo, constituye una «hoja de ruta» con la que Josu Jon Imaz, que iba a ser elegido presidente del EBB unas horas más tarde, «evidentemente tiene que gobernar». «Ésta es nuestra ley», afirmó el presidente saliente pensando, quizás, que todo quedaba atado y bien atado.

La asamblea del PNV dio el visto bueno por «unanimidad, aclamación y aplauso» a un texto ideológico salido de la pluma y la inspiración de Xabier Arzalluz como un traje hecho a la medida de Joseba Egibar, la persona que, en palabras del anterior líder nacionalista, «mejor puede llevar adelante la ponencia política». Sin embargo, los militantes del PNV no votaron a Egibar, sino que eligieron para gestionar la ponencia y dirigir el partido a Josu Jon Imaz, a quien aquel traje no le quedaba tan bien como a su rival.

Un año y medio después de aquel episodio, Imaz empieza a dar señales de que le aprietan las costuras del traje cosido por Arzalluz y busca la forma de hacerle algunos cambios que le permitan estar más cómodo y lo adapten a su talla política y a la de su equipo. Además, tiene que hacer el cambio mientras afirma su fidelidad a las raíces del partido, a sus documentos programáticos y a los conceptos ideológicos manejados en los últimos tiempos, lo que hace que el intento tenga una especial dificultad. ¿Cómo realizar la adaptación si el lenguaje que se emplea para explicarla es prácticamente similar al utilizado hasta ahora y las ideas de fondo también se parecen a aquéllas de las que se quiere distanciar? Y sin embargo, pese a esas limitaciones, los adversarios al cambio existentes dentro del PNV y los socios de EA perciben una modificación sustancial de la estrategia seguida hasta ahora. Y se oponen a ella.

El candidato derrotado el pasado año, Joseba Egibar, no está dispuesto a ponérselo fácil a Imaz y le recuerda que la «hoja de ruta» es sagrada y nadie, ni siquiera el presidente del EBB, puede introducir cambios en el intinerario a mitad de camino.

Ésa es, esquemáticamente, la situación en el PNV, donde los dirigentes lo más que admiten es que discuten. Nadie reconoce en público grandes divergencias y todos reafirman la unidad y cohesión del partido-banda de jazz, según metáfora de la secretaria del EBB. El jazz, el único género musical donde abunda la improvisación.

A los batzokis, el inicio de la polémica les ha pillado a medio gas por las vacaciones y ello ayuda a que no hayan aparecido todavía síntomas de agitación interna. En cambio, donde ha prendido el debate entre nacionalistas ha sido en Internet y, en ocasiones, lo ha hecho con un tono incendiario. Habrá que esperar unas semanas para ver si baja de la red a los batzokis.

La imagen de ZP
El ángel desvertebrador
Fernando R. Genovés LD 8 Agosto 2005

Ha pasado un ángel. Observo con inquietud, no exenta de un cierto fastidio, la constante remisión que se hace por babor y estribor de la figura del actual presidente del Ejecutivo de España, José Luis Rodríguez, a tiernos referentes de corte angelical, presentándolo como un individuo modosito y gentil, que no hace mal a nadie y que, en el fondo de todo, es un pedazo de pan. Que si cara de ángel y sonrisa de serafín, que si perfil amable emisor de mensajes candorosos, que si político utópico postulante de alianzas de civilizaciones, que si talante con gracejo por aquí, que si alma dialogante por la gracia de Alá. No es extraño que con tanta lisonja esté tan campante y tan fresco, y observe con sumo regocijo cómo ha funcionado el camelo y cómo todo presagia que su historia de zapatero primoroso tiene tinte de convertirse en un cuento de nunca acabar, legislatura tras legislatura.

La cosa es especialmente preocupante porque resulta que este dulce discurso dirigido al señor presidente proviene por lo general de aquellos que pretenden provocarlo y aun afrentarlo con semejantes calificativos traídos desde las alturas, más allá de las nubes. Y añado asimismo que no deja de ser el caso muy cargante porque, amén de aburrido y empalagoso, el argumento termina siendo asaz gratificante y provechoso para el aludido. El recurso al ingenio sobre este asunto no parece tener fin. El actual presidente socialista es llevado en volandas por cronistas, columnistas y público en general desde el limbo al territorio zen, desde las hornacinas hasta las praderas donde brincan las túnicas color azafrán del Hara Krishna, y se considera una grave descalificación política catalogarle de tipo cándido que se cree firmemente todo lo que pregona. Equiparado a menudo a hombres santos y virtuosos, a Premios Nobel de la Paz y a personalidades modélicas en el ejercicio de la piedad y el sacrificio, a dechados de pacifismo, humanidad y caridad, ¡cómo extrañarse de que se sienta en la gloria en la cima del poder!

Por si esto fuera poco muchos de sus más fervientes opositores lo presentan en la política doméstica como un reo del nacionalismo insolidario, una víctima de las minorías arrebatadas, un hombre tranquilo que se deje llevar y traer (el muy ingenuo) por socios, ellos sí, muy temibles y muy extremistas, que se aprovechan de que es como es, o sea, un alma bendita y un buenazo, después de todo, para levarlo por el camino equivocado. De tal guisa se cuece el almibarado guión del “buenismo”, esa filosofía propia de la LOGSE que algunos despistados asignan al presente ministro de Defensa, cuando éste es sólo un mandado que sigue al timonel. Con tales mimbres se teje, en fin, la monserga que aspira a consolidar el doctrinario del socialismo ético y la corrección política sin fronteras (empezando por las que hacen a España). Hasta sus más firmes oponentes coinciden en el estribillo: el Presidente es, en el fondo, un hombre agradable, educado y encantador. ¡Lástima que esté tan mal aconsejado y frecuente malas compañías! El infierno, por consiguiente, son los otros.

Ni él mismo ni sus asesores de imagen podían imaginarse con qué facilidad y simplicidad cuajaría entre el personal el artificioso producto del ZP coronado bajo orla de querubín, ni que la campaña propagandística del Presidente arcangélico y blandito acabaría siendo orquestada por sus rivales. ¡Así ya puede ir por la vida de antiamericano impasible y de rompepatrias plural, seguro de que la ciudadanía se conmueve ante su infinita bondad y su buen corazón, y se indigna al verle maltratado por un rudo tejano que no lo recibe en su rancho (el muy grosero) y por una oposición reluctante e inmovilista que no le hace coro (los muy radicales)!

Tal vez cuando muchos descubran al Mister Hyde que se oculta tras la máscara de Doctor Jeckyll sea ya demasiado tarde. Estamos hablando de un personaje oportunista que llegó a la presidencia del partido socialista como resultado dialéctico de una lucha de contrarios en propia casa, y que accedió a la presidencia del Gobierno de España, tras encabezar una feroz oposición de extrema izquierda, catapultado por un eficaz atentado terrorista. He aquí unos antecedentes y unas credenciales que le hacen mantenerse coherentemente en una línea dura condescendiente con extremismos y terrorismos de toda laya. Nos las tenemos, en suma, con un sujeto que, desde las más las más altas instituciones, dirige el proceso de desvertebración de la Nación, que margina y afrenta a la mitad de su población, colocada por su graciosa voluntad a los pies de los revividos jinetes del odio y del resentimiento.

Los españoles estamos a merced de un parlamentario gris, elevado a la colina de La Moncloa por desgracias nacionales y otros cantos muy poco celestiales, que no ha condenado todavía la violencia que le llevó a donde se encuentra, que se protege tras las faldas de sus ministras y se da importancia con la lectura de discursos cursis escritos por serviciales aduladores, que busca legitimidad en los falsarios informes firmados por “comités de expertos” y confirmación en las palmaditas en la espalda que le propinan altas autoridades colocadas ad hoc, que promueve el pacto con ETA y el entendimiento con las dictaduras tercermundistas…

Con todo, su nivel de popularidad no decae, y pocos se atreven, en público y en privado, a contrariarle y a contradecirle. Dígame usted, querido conciudadano, ¿cree sinceramente que el actual presidente del Gobierno es una calamidad para España? Silencio. España desvertebrada. Ha pasado un ángel.

LOS PERFILES DE ÉPOCA / Josep Lluis Carod-Rovira
Carod ataca
Por Xavier Horcajo Época 8 Agosto 2005

Editado por Javier Sánchez Bujanda (PD)

¿Qué siente el independentista radical catalán Josep Lluís Carod-Rovira cuando hemos visto a dirigentes del PSOE mantener contactos con ETA, cuando la tregua parcial “sólo para Cataluña” del 18 de febrero ha sido extendida por los terroristas “a todos los cargos electos”, por ejemplo?

Carod- Rovira ha pasado de estar a la defensiva, desorientado, buscando pistas y documentos de otros que se han visto con ETA, al ataque. Ha autojustificado sus errores y ahora exige reparaciones. La primera: volver, por la puerta grande, al Govern del tripartito.

El 26 de enero de 2004, Abc publicaba que Carod-Rovira mantuvo una reunión de tres horas con ETA, cerca de Perpignan, y a espaldas de Maragall, su president, que estaba de viaje en Turquía. Por suerte para él, nunca aparecieron las temidas fotos.

Esa misma noche, José Luis Rodríguez Zapatero exigió a Maragall que cesara a Carod como conseller en cap. El 27 de enero, Carod aceptaba su dimisión y anunciaba que sería cabeza de lista de Esquerra Republicana de Cataluña en las elecciones del 14-M. Pero dejaba abierta una puerta a su posible retorno. Su penitencia empezó con un cambio de aspecto: se recortó el bigote y el pelo para hacerse más burgués Josep Lluís Carod-Rovira (Cambrils, 1952) cree que su travesía del desierto ya ha sido suficientemente larga. Durante la misma, no ha encontrado su papel como líder de ERC. Incluso le han metido en líos en los que no quería estar, como ese infame momento en el que un jocoso Pasqual Maragall le impuso una corona de espinas de una tienda de souvenirs en Jerusalén.

El significarle como un Ecce Homo levantó las iras de numerosos católicos y forzó al tripartito a disculparse, uno de los protocolos que mejor conoce el gobierno de Maragall (3%, caso Carmelo...). Durante todo ese espacio de tiempo, Carod ha endurecido su discurso.

Ése que choca y cautiva a los jóvenes secesionistas catalanes de los institutos y las facultades. Ése que les propone que beban en herriko tabernas independentistas montadas bajo el manto del propio partido Esquerra Republicana de Cataluña.

Muchos se preguntan cómo conseguirá Carod-Rovira que los de la “In-de-pen-denzia!” traguen con la rebaja de planteamientos que exige el Estatut para pasar por las puertas de la política de Madrid y por los soportales de la Constitución. Ahí tiene Carod un buen problema: en sus bases.
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«En Guecho se ha interiorizado el miedo»
- La famosa oligarquía vasca de Neguri y Las Arenas desaparece a golpe de coche-bomba - «Te pueden echar del trabajo por hablar más de la cuenta» - Zarraoa, el alcalde, se ha erigido en el máximo valedor de Batasuna
J. Arias Borque LR 8 Agosto 2005

Vitoria-
Las cosas han cambiado. Lo que fue considerada durante la década de los ochenta y parte de los noventa como la sede de la oligarquía vasca ya no es lo que era. Guecho, y sus archiconocidos barrios de Neguri o Las Arenas, han perdido el olor a dinero que otrora se podía percibir por sus calles. Cada bombazo de ETA y cada carta de extorsión han dejado casas en venta en los mejores barrios. Aun así, la sabia del emprendedor no se ha perdido, y son multitud los pequeños y medianos empresarios que residen en la localidad, pero también se ha extendido otra figura: la del engominado que ha hecho su pequeña fortuna al calor de su militancia en el PNV.

A excepción de los dos grandes barrios residenciales, el resto de las calles de Guecho no se diferencias en exceso de cualquier otra localidad vasca. El mayor éxito de los proetarras fue en las elecciones municipales de 1979, cuando obtuvieron cinco de los veinticinco ediles del consistorio. Desde ahí, todo ha sido cuesta abajo.

Alcalde controvertido.
Eso sí, su poco tirón electoral es inversamente proporcional a su presencia en las calles. Pintadas y pancartas por todas las partes, así como manifestaciones a favor de los presos, es algo ya normalizado en el día a día. El punto culminante es una estatua en recuerdo del terrorista de ETA Txikia. Eso, y la actitud del alcalde de la localidad, Iñaqui Zarraoa, de quien se dice que si las elecciones fueran por barrios tan sólo gobernaría en Algorta y Andra Mari.

Lo duro es que el protagonismo que Herri Batasuna y el entramado de ETA no ha tenido en votos se lo otorga día a día el alcalde con su actitud. Él ha conseguido que la izquierda abertzale tenga una presencia desmedida en la localidad. Zarraoa desembarcó en 1999 después de ser director general de EiTB. Su primera medida fue subirse el sueldo un doce por ciento, hasta los 71.500 euros anuales, y enviar los despachos de la oposición a un sótano del consistorio que carece de ventanas. Desde entonces, sus apoyo a Batasuna ha sido claro y rotundo. Permite a Getxo Bizia participar en los plenos y ha llegado a expulsar a los ediles del PP y PSE cuando le han recordado su ilegalización; ha organizado actos a favor de las selecciones vascas; contrató a un etarra, tras salir de prisión, para que trabajase en el ayuntamiento, después volvería a ser detenido y a ingresar de nuevo en la cárcel. A pesar de ser uno de los municipios que ha sufrido más atentados de ETA y el que más secuestros ha sufrido el consistorio nunca ha realizado un homenaje a las víctimas del terrorismo. Incluso, ha llegado a expulsar del consistorio a la oposición, cuando intentaban entrar en un acto institucional del ayuntamiento. Su última iniciativa es el «pin» euskaldún.

El glamour que en otros tiempos tenía la ciudad gracias a sus notables vecinos se ha diluido en el silencio que provoca el miedo. «Los que nos consideramos españoles vivimos como en un campo de concentración, nos hacen la vida imposible. La gente tiene mucho miedo y no sabe qué hacer, te pueden echar del trabajo por asistir a determinadas concentraciones o hablar más de la cuenta en público». Así habla Yolanda Couceiro, una periodista getxotarra que semanalmente se reúne con un grupo de vecinos de la localidad para hablar de la vida en la ciudad y darse ánimos mutuamente. Para ella «el protagonismo que concede el alcalde a Batasuna es total, de hecho el año pasado aportó 18.000 euros para visitas a presos de ETA. Zarraoa se pasea sin escolta por todo el pueblo mientras, por ejemplo, Gotzone Mora tiene que ir con cuatro escoltas».
En pleno contacto con la población no nacionalista está siempre Gotzone Mora, la portavoz del PSE en la localidad. «Guecho es un municipio que se utiliza como avanzadilla del plan Ibarretxe. Los ciudadanos ya han asumido que para no tener problemas hay que aceptar lo que dice el PNV.

Para no tener problemas hay que callarse, se ha interiorizado el miedo. La gente está amordazada, no se mueve. Sé de gente que ha vendido su casa». La razón no es otra que se enfrentan con el ala más radical del PNV, el sector que propugna ir de la mano con Batasuna.

Segunda República
Todo fue propaganda
Agapito Maestre LD 8 Agosto 2005

Me escribe un lector quejándose de mi última columna. Rechaza tanto mi crítica a la Segunda República como cuestiona que el socialismo busque su legitimidad en aquella experiencia historia nefasta para los españoles. Me reprocha sobre todo que fui duro con un régimen político que, al margen de sus resultados, tuvo buenas intenciones y pretendió modernizar a España. A lo que sólo puedo contestar que quizá tenga razón sobre las intenciones de los republicanos, pero quien escribe de política, que no es sino una dimensión de la historia, está obligado a evaluar más obras, acciones y hechos que intenciones. Reconstruir con un mínimo de dignidad una historia, la que sea, para no repetir sus errores requiere eludir cualquier conjetura sobre lo que hubiera podido ser si las cosas hubieran sucedido de otro modo.

Porque me niego a caer en las trampas de las cientos de “historias” contrafácticas, o sea, ideológicas, le aconsejo cariñosamente a mi lector que mire la historia de frente, conozca sin anteojeras los hechos y júzguelos libremente. La “historiografía” de conjeturas no es verdadera historia sino un divertimiento para gentes con mala conciencia o, peor todavía, que quieren ocultar los males pasados. Juzgue, por favor, a Azaña más por sus acciones, malas o buenas, que por las exculpaciones de las malas llevadas a cabo en sus Diarios. Hacer historia de intenciones es la peor manera de contribuir al proceso, siempre necesario de todos los pueblos libres, para clarificar su pasado, pulir su fuerza histórica y traducirlo en potencias y derechos de sus ciudadanos. Los catálogos de conjeturas son la mejor manera para comprender lo real, la verdadera historia.

Por lo tanto, querido lector, me reitero en dos certezas. Primera: los socialistas del entorno de Rodríguez Zapatero no dejan de buscar su legitimación citando permanente y elogiosamente a la Segunda República, a veces, incluso remitiéndose antes a esas “historias” que al proceso de transición democrática. Segunda: la República fue un régimen político desastroso. Llegó con un “golpe” de Estado, si usted quiere “progesista”, pero golpe al fin y al cabo. Evolucionó pronto expulsando de la propia República a genuinos republicanos. Hombres, por ejemplo, como Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, sin cuya ayuda no hubiera llegado jamás la República, no sólo protestaron contra el régimen sino que fueron rechazados, expulsados e, incluso, mandados al exilio.

La República quiso hacer dos revoluciones a la vez y fracasó. Comprendo, sin embargo, que su principal arma fue mortífera para el pueblo, incluso hoy hace mella en las nuevas generaciones de “izquierda”: la propaganda. Para los republicanos la realidad no importaba. Terrible error del que aún viven muchos españoles. La economía no existía. La banca no se nacionalizó pese a la verborrea propagandística sobre el asunto. Olvidaron la reforma fiscal. Las obras públicas las dejaron para el futuro. El primer gobierno de la República excluyó a los economistas y a los ingenieros. Un periodista, Prieto, fue el ministro de Hacienda. ¡Ahí debemos, por lo tanto, hallar los orígenes de ese arma mortífera que es la propaganda, falsa, que dirigió a los republicanos hasta confundir sus deseos con la realidad! ¡Ahí está el germen de un movimiento revolucionario de carácter totalitario, cuya principal arma fue la propaganda, que consiguió parar un golpe militar para sacrificar a la población en una guerra civil que los “llevaría” a la revolución!

Negociación con ETA
Cartas al Director ABC 8 Agosto 2005

Si es posible acabar con ETA mediante la aplicación rigurosa de leyes adecuadas, no se entiende qué necesidad hay de negociar con una banda de criminales. Porque el gran problema de este tipo de negociaciones es determinar qué cabe tratar con unos asesinos.

El terrorismo consiste en el uso del crimen para obtener objetivos políticos. El simple hecho de avenirse a negociar con los terroristas concesiones políticas significa reconocer que han vencido y herir de muerte la democracia.

¿Qué es lo que se pretende negociar? ¿Indultos para los terroristas ya condenados? ¿Dejar de perseguir a los que siguen libres? Eso sí que sería ofender la memoria de las víctimas, quebrar el Estado de Derecho y cubrir de ignominia para siempre a la democracia española.

Al parecer, los socialistas creen que si se consigue el fin de ETA nadie se preguntará después por los medios empleados. Resulta increíble que no se den cuenta de que, por la naturaleza de esa banda terrorista y de sus fines (la independencia y la «territorialidad» del País Vasco), ninguna negociación le podrá dar lo que quiere y sólo servirá para permitirle rehacerse.

Jaime García Nogales. Sevilla.

La Policía dice que no cubrió los ataques de Getxo porque Zarraoa la tiene «recluida»
La guardia urbana acusa al alcalde de mentir sobre el operativo en las fiestas de Algorta y afirma que su objetivo es que los vecinos «no nos vean»
EL CORREO/BILBAO El Correo 8 Agosto 2005

Los cinco sindicatos con representación en la Policía Local de Getxo añadieron ayer algo más de leña a la polémica sobre el operativo de seguridad instalado durante las pasadas fiestas de Algorta y la falta de previsión ante los graves altercados de 'kale borroka' que tuvieron lugar en la última jornada festiva. Una treintena de encapuchados atacó con mazos y artefactos incendiarios una decena de comercios y sucursales bancarias en la medianoche del 1 de agosto.

Las centrales ELA, CSIF, UGT, SVP y CC OO, que promueven diferentes movilizaciones en favor de una mejora salarial para los agentes, acusaron al alcalde de Getxo, el peneuvista Iñaki Zarraoa, de tenerles «recluidos en la jefatura y en puntos absurdos del municipio» para impedir que puedan estar presentes en la calle y que los ciudadanos «les puedan ver».

Los representantes sindicales criticaron con dureza a Zarraoa, al que reprobaron por «mentir descaradamente» cuando calificó de «gran irresponsabilidad» el que los policías municipales no hubieran estado «en la calle» durante las celebraciones patronales de Algorta. El mandatario nacionalista puso en duda la profesionalidad de la guardia urbana y censuró el hecho de que, durante la jornada en la que se registraron los incidentes de violencia callejera, no estuviera trabajando «ningún agente con puesto en propiedad» y que la vigilancia quedara en manos de «poquísimos interinos y auxiliares». «Sabíamos que los agentes nos la iban a hacer», reprochó entonces el primer edil.

«Nos quiere desmotivar»
La contestación de los sindicatos no se ha hecho esperar. A juicio de las cuatro centrales policiales, toda responsabilidad debe recaer en el propio alcalde. «Que sepa el pueblo de Algorta que si (los agentes) no estuvieron allí es porque él los tiene recluidos en la jefatura y en puntos absurdos del municipio para que los ciudadanos no se enteren de que están descontentos y protestan su autoritarismo», explicaron ayer.

Esta supuesta decisión de Alcaldía explicaría, en opinión de los sindicatos, que no hubiera presencia policial en la zona atacada, que no se registrara ninguna detención y que la Ertzaintza fuera el único cuerpo desplazado al lugar una vez que el grupo de radicales se hubo marchado.

Los agentes urbanos ven en los reproches de Zarraoa un intento por desprestigiar su trabajo, «desmotivarles» y «dejarles en mal lugar» ante los vecinos de Getxo. «El comportamiento del alcalde con sus declaraciones va a producir un daño de difícil reparación».

Los cinco sindicatos recuerdan, además, que desde la firma del anterior convenio laboral, en 2001, han sido los agentes quienes «han conseguido sacar a flote a la Policía» y recuperar «la imagen del cuerpo», afectada tras años de confrontaciones laborales con los representantes del Ayuntamiento. Las centrales reclaman una negociación a Zarraoa y le instan a que «deje de perder el tiempo» con acusaciones infundadas. «Verá cómo todo se soluciona y es más sencillo para todos», señalaron.

El grave episodio de 'kale borroka' vivido en Getxo ha abierto una fuerte polémica entre el equipo de gobierno local -formado por PNV, EA y Ezker Batua- y la oposición -PP y PSE-. El grupo municipal popular pretende ahondar esta semana en los contactos con representantes socialistas y de EB para obtener su apoyo de cara a una moción de censura que aleje de la Alcaldía a Iñaki Zarraoa.

La propuesta ha sido rechazada desde Ezker Batua, aunque la dirección de esta formación ha pedido al mandatario getxotarra que impulse «la reconciliación» y ponga fin a este tipo de conflictos.

Pagazaurtundua cree que la sociedad no deja espacio a ETA y que «su fin ha comenzado»
La responsable de la Fundación Víctimas del Terrorismo señala que la banda no debe «obtener nada» en un hipotético desarme
EL CORREO/BILBAO El Correo 8 Agosto 2005

La recién elegida presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundua, está convencida de que «el fin del ciclo etarra ha comenzado» porque «la sociedad ha evolucionado tanto, que no deja espacio a ETA ni a su entorno». La concejala socialista advirtió del «descenso» de apoyos a la banda, «incluso entre quienes les votan, muchos de los cuales están en contra del asesinato y el acoso», y aseguró que los únicos que siguen defendiendo las acciones de los terroristas «son activistas clandestinos que viven en una burbuja».

En una entrevista concedida a 'Efe', la hermana del sargento de la Policía local de Andoain Joseba Pagazaurtundua, asesinado en un atentado en febrero de 2003, acogió «positivamente» la propuesta del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero de establecer un diálogo con ETA siempre que la banda anuncie el abandono definitivo de la violencia, lo que daría lugar «a un escenario muy diferente». «A partir de ese escenario el Gobierno puede hablar sobre cómo realizar el proceso de normalización de la sociedad vasca y tratar los casos de reinserción para aquellas personas que sean reinsertables».

Para Pagazaurtundua, el desarme, del que los terroristas no deben obtener «nada», evidenciaría «que el terror no es eficaz». Además, resulta imprescindible para entablar un diálogo, ya que, «con los terroristas, hablar por hablar no funciona».

Los etarras «tienen que interiorizar que la democracia no va a ceder porque, si no, estaríamos hablando de que el terrorismo es eficaz para conseguir unos objetivos, y eso sentaría un precedente muy grave, sobre todo cuando ha existido el terror de una parte de la sociedad y el resto no ha entrado en esa espiral de violencia», señaló.

«Malentendidos»
La formación de una mesa de trabajo entre todas las fuerzas, incluida Batasuna, «no es viable», a juicio de Maite Pagazaurtundua, porque «pondría las cosas muy fáciles al entorno de ETA y no ayudaría en absoluto a la iniciación de un supuesto proceso de pacificación».

La presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo quiso dejar clara también su postura acerca de la polémica que ha rodeado en los últimos tiempos a los diferentes colectivos de víctimas. «Son malentendidos y una cuestión secundaria porque todas tienen claro que les une lo más importante, que es la defensa de la dignidad de las víctimas», explicó la concejala del PSE, quien negó que estas agrupaciones estén «politizadas».

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