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Recortes de Prensa     Sábado 13 Agosto 2005
Un libro para entender
GREGORIO SALVADOR ABC 13 Agosto 2005

Lacayos del nuevo régimen
JUAN MANUEL DE PRADA ABC  13 Agosto 2005

Infamia en Amurrio, mentiras en la ETB
EDITORIAL Libertad Digital  13 Agosto 2005

Aplaudir al terrorista
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital 13 Agosto 2005

Batasuna toma la temperatura
TONIA ETXARRI El Correo 13 Agosto 2005

Impunidad en Euskadi
Editorial El Ideal Gallego  13 Agosto 2005

Juan José Linz: «ETA no es un actor político para negociar, es un problema criminal»
ROBERTO PÉREZ ABC 13 Agosto 2005

«El español tiene una base muy firme: su potencia demográfica»
BEATRIZ BENÉITEZ ABC 13 Agosto 2005

Un libro para entender
POR GREGORIO SALVADOR, VICEDIRECTOR DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA ABC 13 Agosto 2005

... Ahora que se cierne sobre esta desvalida España la amenaza de otra ley, la LOE, yo me atrevo a pedirles a todos nuestros representantes parlamentarios, que la han de votar y discutir, que lean el libro de Orrico, que no depositen su voto sin leerlo...

LEO una columna de Ignacio Sánchez Cámara, una cabeza clara donde las haya, en que advierte sobre el hecho de que ocupen el primer plano de la atención nacional cuestiones de gran apariencia: reforma de la Constitución, concordia y unidad nacional, que deberían estar resueltas y que, si bien se mira, lo están suficientemente, por el momento, como para distraerse en debatirlas, olvidando los problemas normales de la política en un sistema democrático consolidado, lo que esencialmente importa para la convivencia y la seguridad: en primer lugar, la educación, y después la justicia, que son los verdaderos pilares del Estado. Si fallan, todo lo demás se cuartea. Y como en esa columna, trazado el planteamiento, se ocupaba él de un asunto referido a la justicia, voy yo ahora a ocuparme de la educación, que ha sido para mí un tema recurrente en estos últimos años y sobre el que he escrito aquí mismo más de una vez. Hasta 27 artículos míos sobre esas cuestiones reuní en un libro, El destrozo educativo, que publiqué el año pasado.

Y de lo que quiero hablar hoy es de otro libro publicado recientemente, con un título muy parecido, La enseñanza destruida, del que es autor un catedrático de lengua y literatura de institutos, que a la vez es periodista, Javier Orrico, y al que avala un prólogo de Francisco Rodríguez Adrados. Llegó a mis manos y me llamó la atención su título, tan parecido al del mío, me puse a leerlo y ya no paré. Ese es el libro para entender a que alude el título, el libro más indicado para comprender lo que ocurre en la educación, lo que viene ocurriendo desde hace muchos años, cada vez a peor, y que debiera tenernos a todos bastante preocupados por la situación, cuando no soliviantados, si nos paramos a pensar en sus inevitables repercusiones futuras. Porque imaginar la España de un porvenir cercano, con plena acción y presencia de esas generaciones que hayan padecido en los años clave de su formación los efectos devastadores de la Logse, produce escalofríos. Una calamidad reiteradamente denunciada desde la implantación de esa ley, hace ya quince años, que fue legislada neciamente por los unos y mantenida torpemente por los otros, salvo el tardío y tímido remedio de la llamada Ley de Calidad, que nuestro actual Gobierno anuló, tan pancho, en cuanto llegó al poder.

Juicios y pareceres estos que no pueden sorprender a los lectores asiduos de esta página, porque no es la primera ni la segunda vez que los enuncio en ella, durante estos últimos años, en artículos incidentales luego recogidos en ese libro que dije, posibles lectores a los que ahora recomiendo el libro de Orrico, porque es más completo y más contundente que el mío. Diré por qué. Lo que yo hice fue reunir, en orden cronológico, una serie de artículos dispersos referidos a la enseñanza, en todos sus grados, al hilo de alguna noticia, de algún comentario o de algún hecho concreto que se me había relatado. Apuntan todos, de algún modo, al destrozo educativo que da título al último de la serie. Es, pues, una información anecdótica, no necesariamente concatenada, casi una colección de ejemplos, pero sin trabazón argumental. La enseñanza destruida, de Javier Orrico, es también en su base una colección de artículos periodísticos, pero más trabada y estructurada, actualizada con notas, dividida en capítulos, convertida en un ensayo sin resquicios, sin huecos ni lagunas, donde todo se explica con una prosa clara y luminosa, exacta y elegante, un verdadero regalo literario. Yo escribía con cierta distancia de ese mundo que había sido el mío y él lo hace desde dentro, pues en él se halla todavía, con entusiasmo vocacional y con inevitable ardor ante tanta estulticia doctrinaria y tanta necedad política como viene padeciendo el sistema educativo. Bienvenida su voz, tan viva e inteligente, a este desierto de estériles clamores.

El libro de Orrico resulta esencial para darse cuenta de todo lo que ha pasado y lo que está pasando, para advertir con nitidez la clase de formación que se les está dando a nuestros niños y adolescentes y poder así prever lo que va a ser de ellos y de esta nación que formamos todos, incluso de las nacioncillas que se quieren desgajar y que hacen uso partidario de la Logse, atropellando derechos de más alto rango, para llevar agua a su molino. También de las motivaciones y los intereses que han dado lugar a esta situación, de quienes han tenido papel en el drama, sin eludir nombres propios, cuando la evidencia lo exige, porque indudablemente la historia queda ahí para ser juzgada y no conviene que algunos salgan de rositas de ese trance, por mucho que tarde en restituirse la verdad y todos estemos ya, acaso, muertos. Que las generaciones futuras le atribuyan a cada cual el epíteto que le cuadre.

Hago relación de los títulos que encabezan los ocho capítulos del libro, lo que ya puede orientar sobre el carácter de su contenido: La losa que vino, El adoctrinamiento, La irresponsabilidad, El velo multicultural, Los «medios» y los fines, Las termitas de la enseñanza, La batalla de la ley de calidad y La enseñanza que se fue. Tiene notable destreza Orrico para titular y que me perdone lo de destreza, hermosa y precisa palabra castellana («habilidad, arte, primor o propiedad con que se hace algo»), que a él probablemente le suscite ya el siniestro recuerdo de su uso impropio, de semántica anglicada, con que se repite sin tasa en la jerga logsiana; pero el hecho es que él titula hábilmente, con arte, primor y no sin ironía los distintos artículos que constituyen el texto articulado de los capítulos: ¡Paren E.S.O.!, La Historia y las historietas, El miedo a la libertad, L´egalité y legalité, Lucha de clases en la enseñanza (Astracanada sindical), Elogio de los estafados o Regreso al futuro, por poner unos cuantos ejemplos entresacados del índice.

Una verdadera delicia la lectura de este libro excepcional, no exento de sarcasmo y de pasión, donde se dicen verdades como puños y, después de tanta doctrinaria pamplina psicopedagógica, de tanta palabrería vacua, se nos recuerda que la educación es fundamentalmente enseñanza, que la enseñanza se basa en contenidos y que los saberes se adquieren poniendo en juego la memoria, el entendimiento y la voluntad, las tres potencias del alma, que las llamábamos en otro tiempo, y que son las que ha de activar cualquier sistema educativo que se precie; pero el que padecemos es «trivial, cómodo y audiovisual», en palabras del autor, y posiblemente eso permita achacar todos sus fracasos y carencias, como se hace, a la falta de presupuesto, porque eso sí que cuesta dinero, el no educar para la libertad responsable, que es lo exigible, sino para la esclavitud del capricho, la llamada enseñanza lúdica, que no es ni mucho menos el clásico «enseñar deleitando» horaciano, pues se trata del mero juego sin enseñanza, puesto que «no enseñar nada a todos», el igualitarismo absoluto a ras de suelo, se estima como un logro destacable del sistema, una prueba inequívoca de su equidad.

De su iniquidad deberíamos decir, puesto que de él solo pueden escapar los más pudientes y se le han cerrado las vías de la ilustración a la clase trabajadora. Creo que lo que más indigna a Orrico -¡y a cualquiera!- es que tan perverso producto haya sido manufacturado por la izquierda política, que se supone y se proclama protectora de los humildes.

La calidad literaria del libro ya la dejé apuntada. Si se me pide que señale unas páginas absolutamente excepcionales a ese respecto, llamo la atención sobre el artículo titulado Wilmer, nombre de un alumno ecuatoriano, inmigrante, del autor, donde brilla luminosa la claridad de juicio y la emoción se desborda.

Ahora que se cierne sobre esta desvalida España la amenaza de otra ley, la LOE, que no remedia, al parecer, los estragos producidos por la Logse sino que, acaso, más bien los empeora, yo me atrevo a pedirles a todos nuestros representantes parlamentarios, que la han de votar y discutir, que lean el libro de Orrico, que no depositen su voto sin leerlo. Me temo que si no lo hacen, no van a entender bien la trascendencia de lo que votan y su voto dejará mucho que desear. Acabo con un párrafo del libro, que plenamente asumo: «Mezquina y detestable concepción de la enseñanza (y de la vida) tienen quienes reducen los deseos, la ilusión, la curiosidad, el sentido del deber, el amor a la verdad a una cuestión de presupuestos. Ahora nos espantamos por haber construido una generación de jóvenes calados de aburrimiento hasta el alma, incapaces de entender sus sentimientos porque les hemos negado esa educación sentimental que las humanidades nos dieron a nosotros. Viven sin mapas del mundo ni de sí mismos. Y nadie los suspendió por no saberlos».

Lacayos del nuevo régimen
Por JUAN MANUEL DE PRADA ABC  13 Agosto 2005

A nadie se le escapa que el adoctrinamiento de las mentes infantiles produce a medio plazo unos opíparos réditos electorales; a nadie se le escapa que todo régimen político que anhela perpetuarse dedica especiales esfuerzos a las tareas de proselitismo y propaganda entre los más jóvenes, pues con ello se asegura un granero de votos. La hegemonía inatacable del nacionalismo vasco, por ejemplo, no podría explicarse sin la muy calculada estrategia de adoctrinamiento que incluye no sólo las célebres «ikastolas», sino sobre todo una «lluvia fina» de conceptos tergiversadores y falsificaciones históricas que impregnan programas educativos y libros de texto y que, de modo más o menos tosco o subliminal, extienden su gangrena entre sus tiernos destinatarios. Toda esta morralla de mistificaciones, convenientemente archivada en el disco duro de la memoria, alimentada de rencor y paranoias varias, proporciona al nacionalismo sucesivas remesas de votantes a piñón fijo que garantizan ad infinitum el recambio generacional.

La idea carece de novedad; la han enarbolado como propia todos los totalitarismos que en el mundo han sido. Ahora se dispone a adoptarla el Gobierno de Zapatero, mediante la incorporación a los planes de estudio de una disciplina que irrisoriamente se ha denominado «Educación para la Ciudadanía», sintagma muy cursi y pomposo que a los más viejos del lugar quizá les recuerde aquella Formación del Espíritu Nacional que se incluía a modo de catecismo laico en las enciclopedias Álvarez. Me sorprende que la inclusión de tan aberrante instrumento de propaganda al servicio del Nuevo Régimen no haya provocado mayores muestras de indignación. Señal inequívoca de que la fruta está madura y de que el Nuevo Régimen puede disponerse sin mayores embarazos a arrojar sus redes al mar: la pesca será, sin duda, copiosa y muy fructífera para sus anhelos de perduración. ¿Alguien se ha detenido a analizar la naturaleza y los propósitos de este nuevo bodrio educativo? En una Tercera aterradoradamente lúcida nos recordaba ayer Andrés Ollero una de las acepciones más divulgadas del verbo «adoptar»: «Recibir, haciéndolos propios, pareceres, métodos, doctrinas, ideologías, modas, etcétera, que han sido creadas por otras personas o comunidades». A través de esta asignatura de Educación para la Ciudadanía (las mayúsculas que no falten), nuestros hijos adoptarán como propio el catecismo del Nuevo Régimen, que naturalmente no se limitará a incluir unas normas de convivencia cívica, sino que sobre todo se preocupará de imponer una «moral pública» que tuerza y pisotee la moral que los padres, legítimamente, intentan transmitir a sus hijos. Y así, por ejemplo, se entonarán las loas del «derecho a elegir libremente la opción sexual» (el otro día me contaba un maestro que un niño de doce años le había anunciado su pretensión de hacerse homosexual, dado que las niñas no le hacían caso) y se les explicarán los muy benéficos logros que deparará la experimentación con embriones, que nos va a hacer a todos inmortales. Todo ello, naturalmente, aderezado con apelaciones a la «recuperación de la memoria histórica» y demás mitologías del Nuevo Régimen. La formación de nuevas generaciones de lacayos está asegurada.

Esta asignatura de Educación para la Ciudadanía conculcará el derecho que la Constitución reconoce a los padres para que sus hijos «reciban la educación moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». ¿Tendremos valor para acudir a los tribunales, vindicando este derecho? Convendría, en cualquier caso, que nos apresurásemos a hacerlo; de aquí a unos años, los tribunales ya estarán ocupados por lacayos del Nuevo Régimen, satisfechos y orgullosos de su educadísima ciudadanía.

Infamia en Amurrio, mentiras en la ETB
EDITORIAL Libertad Digital  13 Agosto 2005

Santos Berganza Zendegui, antiguo miembro de la Ertzaintza condenado a 16 años de prisión por facilitar información sobre militares y policías a la banda terrorista ETA. José Ángel Biguri Camino, terrorista convicto que cumple condena desde hace 14 años por participar en un atentado contra la Casa Cuartel de Llodio. Ambos terroristas son, desde anteayer, “reina” y “dama de honor” de las fiestas del pueblo alavés de Amurrio. Y no es una broma. El infame homenaje realizado en efigie en el mismo balcón del ayuntamiento ante un nutrido grupo de radicales que vociferaban consignas abertzales se lo deben a la generosidad de su alcalde, Pablo Isasi, miembro de la coalición PNV-EA.

Nuestro Código Penal no deja lugar a equívocos. Enaltecer o justificar públicamente los delitos de terrorismo o a quienes hayan participado en su ejecución está castigado por la Ley. Esto, trasladado al lenguaje de la calle, significa que si un individuo patrocina homenajes a etarras puede –y debe– ser denunciado y puesto ante los tribunales. El alcalde de Amurrio ha violado lo contenido en el Código Penal auspiciando un aquelarre dentro de la corporación que preside porque, si bien es cierto que los habitantes de Amurrio pueden elegir como reina de las fiestas a quien les parezca conveniente, no lo es menos que otorgar semejante honor a una pareja de terroristas choca frontalmente con lo dispuesto por el legislador, con el sentido común y con el respeto a las víctimas. Pablo Isasi, alcalde nacionalista que, a la vista está, regenta el municipio sólo para los que le votaron y para la minoría proetarra, tendrá ahora que enfrentar las derivaciones legales de sus actos.

Siendo del todo intolerable la insensibilidad del primer edil de Amurrio, es más insultante aún el tratamiento que esta información ha tenido por parte de los servicios informativos de la televisión autonómica vasca. En la noticia que publicaban ayer por la mañana en su sitio web, la nota de redacción de ETB decía textualmente: “Las fiestas de Amurrio han dado comienzo llenas de polémica, y es que, dos presos políticos han sido nombrados "reina" y "dama de honor" de estas fiestas por una cuadrilla.” Si no fuese porque la cadena televisiva del Lehendakari nos tiene acostumbrados a episodios similares de fraude informativo y manipulación desvergonzada hasta nos sorprendería ver por escrito que a dos miembros de la ETA se les rebautiza como “presos políticos”.

No es esto, sin embargo, óbice para que recordemos desde aquí a Jaime Otamendi, jefe de Informativos de ETB, que, mal que le pese, en España no hay presos políticos. Nadie es llevado a prisión en nuestro país –que es el mismo que el de Jaime Otamendi– por expresar sus ideas políticas. Los así llamados por la ETB “presos políticos” están entre rejas por fijar los objetivos a la ETA facilitando información de sus futuras víctimas o por atacar con granadas un cuartel de la Guardia Civil. Desde que recobramos la democracia no tenemos, en definitiva y por fortuna, que ver como a alguien se le encarcela por pensar diferente y exponerlo por medios pacíficos. Muy al contrario, en el “paraíso” nacionalista que han construido, entre otros, gentes como Isasi u Otamendi, muchos se han visto privados de libertad y enterrados durante meses en zulos para mayor gloria de una nación vasca que no existe más que en los febriles sueños de quienes han secuestrado a punta de pistola a una región que se merece mejores políticos sí, pero también mejores periodistas.

Alcalde de Amurrio
Aplaudir al terrorista
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital 13 Agosto 2005

Si Balza, consejero de Interior del gobierno vasco, ya ha mencionado que la policía autonómica utilizara, si es necesario, la fuerza para que la manifestación convocada el domingo por Batasuna no pueda celebrarse, el alcalde de Amurrio –de EA, partido coaligado con el PNV– rinde homenaje a dos etarras y la televisión pública vasca les denomina en su página web presos políticos, así, sin entrecomillado. Ya veremos lo que pasa el domingo en San Sebastián, pero es mal precedente lo ocurrido en las fiestas de Amurrio y peor que desde la televisión pública vasca se hable de esos dos terroristas –con condenas de más de 16 años de prisión cada uno– como de presos políticos.

En cualquier caso, en el País Vasco muchas veces se olvida –la famosa equidistancia– que la lucha contra el terrorismo corresponde a todos, y que en este todos se incluye también al alcalde de Amurrio y a la ETB. Y ello obliga a recordar que el Código Penal recoge, en su artículo 578, el delito de enaltecimiento o justificación por cualquier medio de expresión pública o difusión de los delitos de terrorismo o de quienes hayan participado en su ejecución, o la realización de actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares. Precepto éste que debe tener en cuenta el alcalde de Amurrio, pero también la ETB, cuando para dar la noticia utiliza la terminología de los terroristas y olvida que en España no se encarcela a nadie por sus opiniones, por lo que no hay, por tanto, presos políticos, sólo delincuentes comunes que han de cumplir sus condenas. Porque una cosa es dar una noticia –el derecho de información también tiene sus límites– y otra muy distinta es utilizar una terminología falsa que, como mínimo, puede ofender a las víctimas del terrorismo y a cualquier persona con un mínimo de respeto por los derechos humanos.

Batasuna toma la temperatura
TONIA ETXARRI El Correo 13 Agosto 2005

Lo dicho. Si las fiestas de Euskadi no están teñidas de episodios de bronca, parecen no merecer la obtención del 'label folklórico de agosto'. Es como si se tratara de un derecho adquirido de quienes se creen con la autoridad de intimidación suficiente como para utilizar la calle en beneficio propio. Hubo quienes pensaron que, si se aplicaba la ley que impedía a aquellos partidos que no repudian a ETA beneficiarse del juego democrático, el entorno de los grupos terroristas acabaría por darse cuenta de que no tenían nada que ganar con la imposición y la amenaza. No ha sido así. Los de Batasuna, tan tranquilos después de que las elecciones situaran a EHAK con mayor presencia en el Parlamento y tan crecidos al ver la deferencia con que han sido tratados por los nacionalistas del Gobierno (en el Parlamento hablaban de ellos como un partido más mientras el lehendakari les invitaba, a pesar de su ilegalidad, a pisar alfombra palaciega). Y se aprovechan tanto de la incertidumbre que están haciendo su agosto, tensando la cuerda sin disimulo, posiblemente para tentar la capacidad de aguante de Zapatero, aunque a la hora de manifestarse frente a la Policía Nacional en Pamplona, opten por irse de potes por la Parte Vieja para contribuir a la liberación nacional.

Hasta ahora, eran los gobiernos de turno quienes medían a los terroristas. A ver por dónde veían una capacidad de resinserción, un inicio del fin, una contradicción, un no sé... Pero han cambiado las tornas; son ellos, desde las plataformas ilegales y legales, quienes nos toman la temperatura a los demás. Si cuando la ley se aplicaba a rajatabla, los compañeros de Otegi se buscaban una abuelita desconocida, por ejemplo, para pedir permiso para manifestarse, ahora ya se han quitado las caretas. Ni abuelitas, ni cantautores, ni feministas, ni labradores. Ellos mismos. En esta 'España machadiana', de la que habló Iñaki Azkuna, los problemas son tan concretos como que el Gobierno vasco tiene que traer un buque con alfalfa para combatir la falta de pastos. Pero a Batasuna lo que le va es sacar la gente a la calle, para pedir que se cree una mesa de partidos, principal causa de preocupación ciudadana, como revelan las encuestas.

Y ya sin caretas, Otegi se presenta como promotor de la manifestación, con todo lujo de cámaras y micrófonos (que para sí las hubiera querido Gerry Adams cuando la BBC silenciaba su voz durante todo un año) para acabar rematando Joseba Álvarez, portavoz de la ilegalizada Batasuna y reciclado asesor de EHAK en la Cámara vasca. ¿Pobre del Gobierno vasco como aparezca la Ertzaintza!, vino a decir. Este pulso lo ha tomado el departamento de Interior como «una provocación en la que no vamos a caer».

Lo que sí parece claro es que, si el Tribunal Superior de Justicia mantiene la prohibición, la Ertzaintza tendrá que aplicar la ley. No hay nada peor para un gobernante que se le acuse de haber hecho dejación de sus responsabilidades. Y eso, el consejero Balza lo sabe muy bien.

Impunidad en Euskadi
Editorial El Ideal Gallego  13 Agosto 2005

Está claro que, ilegalizada o no, Batasuna sigue marcando el ritmo político en el País Vasco y, por añadidura, en España. Los proetarras han decido que se manifestarán mañana en San Sebastián. Lo han hecho sabiendo que su situación al margen de la ley les impide llamar a cualquier tipo de movilización y, pese a ello, no sólo han convocado una marcha sino que, además, se han permitido el lujo de aconsejar a los responsables del gobierno vasco que no envíen a agentes de la ertzaintza a impedir su concentración, puesto que, en caso de que acudan, podrían producirse incidentes. Una bravuconada que demuestra los modos mafiosos de quienes sirven a la banda terrorista y que, por supuesto, sólo atienden a la ley cuando les beneficia. Hay que reconocer que la respuesta del consejero de Interior vasco ha sido contundente al asegurar que no va a permitir que se creen espacios de impunidad en las calles de Euskadi. Sin embargo, esta afirmación tan categórica la podría haber pronunciado tras impedir la última payasada del alcalde de Amurrio, que nombró reina de las fiestas y dama de honor a dos etarras encarcelados. Por mucho que Balza se empeñe, es evidente que la situación en Euskadi dista mucho de ser la que cabría esperar en un Estado de Derecho, en el que, los ilegalizados tendrían que mantenerse al margen de cualquier actividad pública y política. Resulta sorprendente e incomprensible que a estas alturas todavía haya quien da cobertura a criminales y asesinos confesos y condenados en firme.

Juan José Linz: «ETA no es un actor político para negociar, es un problema criminal»
Catedrático emérito de la Universidad de Yale, Juan José Linz es uno de los pensadores más respetados en el campo de la politología. Crítico con una posible reforma de la Constitución para satisfacer a los nacionalismos, cree un error considerar la negociación política con ETA
ROBERTO PÉREZ ABC 13 Agosto 2005

NUEVA YORK. Juan José Linz Storch de Gracia es un referente en la politología española del siglo XX. Catedrático emérito de la Universidad de Yale, recogió hace unos días en Nueva York el Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política que concede el español Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1987, su magisterio ha recorrido un largo listado de universidades entre Europa y Estados Unidos, incluida la Complutense de Madrid a mediados del siglo pasado. A sus 79 años, tras trescientas publicaciones, entre ellas veinte libros sobre sociología y politología, centra su último trabajo en la relación entre federalismo, democracia y nación.

-España ha abierto el melón del debate en torno a la negociación para el fin de ETA. Usted siempre se ha mostrado contrario a incluir el terrorismo en el ámbito de la política, ¿también en este caso?
-El problema de ETA no es político, es el de una actividad criminal en un Estado democrático. Por eso, hay que tener claro que ETA no es un actor político para negociar. Y centrar el debate político de un país en el terrorismo es un error; el terrorismo no es política, es una desgracia. Sólo una vez que termine el terrorismo podría plantearse el reconocimiento de ciertos beneficios de una negociación, pero sólo en ese momento.

-Algunos miran a Irlanda y ven en el proceso seguido con el IRA un camino en el que fijarse, ¿comparte esa tesis?
-En Irlanda del Norte se da una realidad específica y no veo utilidad alguna en buscar paralelismos.

-Los nacionalismos constituyen otra pieza clave en el debate sobre el futuro del marco territorial, constitucional y sobre el propio modelo de Estado en España. ¿Qué reflexión le merece?
-El problema de los nacionalismos viene de antiguo en España y era previsible que resultara una realidad complicada. La cuestión es que tienen votos y por eso hay que ser conscientes de que son participantes de la vida política. En 1973 ya apunté esa realidad del nacionalismo, en un país en el que para unos España es una nación, para otros no y para otros incluso un Estado sin legitimidad. Para encauzar lo mejor posible esa realidad se hizo la Constitución con la estructura federal asimétrica de las autonomías. Lo que ocurre es que luego hay otros que quieren ir más allá.

-¿Cree oportuna una reforma constitucional a este respecto?
-La Constitución está bastante bien hecha y debería ser defendida por todos, en vez de discutir tanto sobre ella.

-¿Y el derecho de autodeterminación tan intensamente reiterado desde el mundo nacionalista?
-Para permitir un referéndum de autodeterminación habría que cambiar la Constitución y eso requiere de la voluntad de todos los españoles, no sólo de los de una parte de España. Por eso hablar de derecho a la autodeterminación de un territorio incumbe a todos los españoles.

-¿Cómo encarar una posible reforma?
-Ni una reforma constitucional ni un Estatuto de autonomía ni un referéndum de autodeterminación son lo mismo que unas elecciones, que cada cuatro años dan la oportunidad de cambiar un gobierno. Por eso no se pueden considerar como un proceso electoral sin más en el que valen las mayorías simples. La reforma constitucional, y por tanto también casos como los referendos sobre autodeterminación o reformas estatutarias, requieren de mayorías cualificadas.

«El español tiene una base muy firme: su potencia demográfica»
Juan Carlos Jiménez, secretario del curso sobre el valor de la lengua española patrocinado por Vocento en la UIMP, presentó ayer las conclusiones
BEATRIZ BENÉITEZ ABC 13 Agosto 2005

SANTANDER. El español no vale tanto como lengua en sí misma, sino como elemento cohesionador entre los cuatrocientos millones de hispanohablantes que hay en el mundo. Ésta podría ser la conclusión última del curso «Valor y poder económico de la lengua: una empresa española», que esta semana se ha desarrollado en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander con el patrocinio de la Fundación Vocento. El profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Alcalá y secretario del curso, Juan Carlos Jiménez, fue ayer el encargado de presentar las conclusiones del curso. «El español tiene un gran potencial -asegura- pero hay que seguir trabajando para cuantificar su valor. Por el momento hemos puesto la semilla y hemos sentado algunas bases».

Jiménez explica que el objetivo era «conocer los puntos de partida en lo que al valor del español se refiere», y por ello fueron invitados lingüistas, filósofos, matemáticos y empresarios: «Queríamos conocer el mínimo común denominador». La primera conclusión hace referencia a que «el español tiene una base muy firme: su potencia demográfica. El incremento del número es muy positivo en el caso de una lengua». Es, además, una lengua americana, en la medida en la que allí están su centro de gravedad y su futuro dentro de veinte o treinta años.

Lengua práctica
Otro punto consensuado entre los expertos es que el valor del español no se reduce a una cuestión demográfica, porque es «transmisor y puente». Es, además, una lengua común de una clase media mundial, con un nivel adquisitivo nada despreciable. «Los latinoamericanos son menos pobres que otras áreas del mundo, los españoles están al nivel europeo y los hispanos de EE.UU. son los más ricos de todos nosotros».

También se ha hablado del español como lengua práctica. Jiménez asegura que «para muchos hispanohablantes es la lengua de sus negocios; quien la aprende lo hace por una cuestión de utilidad. La industria del español ya mueve en Estados Unidos alrededor de un billón de dólares». Puestas las bases, el secretario de este curso asegura que hay que seguir investigando. «No es fácil, pero es fundamental trabajar, siempre desde una óptica multidisciplinar, para cuantificar el valor del español».
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