AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 15 Agosto 2005
La democracia según Batasuna
EDITORIAL Libertad Digital 15 Agosto 2005

Como en los viejos tiempos
Editorial ABC 15 Agosto 2005

Desprecio a la legalidad
Francisco MARHUENDA La Razón 15 Agosto 2005

Depurar responsabilidades
Editorial Heraldo de Aragón  15 Agosto 2005

La España incómoda
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 15 Agosto 2005

El activista en meyba
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 15 Agosto 2005

Al servicio de los nietos
Pío Moa Libertad Digital 15 Agosto 2005

El mal político
Agapito Maestre Libertad Digital 15 Agosto 2005

Asimétricos
IÑAKI EZKERRA El Correo 15 Agosto 2005

La foto que buscaban los proetarras
Editorial El Ideal Gallego 15 Agosto 2005

Amurrio: la desazón de las víctimas
La Razón 15 Agosto 2005

La marcha ilegal de Batasuna degenera en una batalla campal en pleno centro de San Sebastián
ANA ANTOLÍN ABC 15 Agosto 2005

La democracia según Batasuna
EDITORIAL Libertad Digital 15 Agosto 2005

Ayer por la tarde Iñigo Balda, promotor de la manifestación ilegal de San Sebastián, se felicitaba por el éxito de la convocatoria, por haber desfilado, pese a la prohibición expresa de Vitoria, por el centro de la ciudad y haber llevado de nuevo el nombre Batasuna a la primera plana de los informativos. Acto seguido, tras la encendida intervención de Joseba Álvarez en la Plaza Zuloaga, dio comienzo el segundo acto. Grupos dispersos de manifestantes encapuchados la emprendieron con la policía y con el mobiliario urbano. Nada de especial, la estrategia que siempre ha utilizado el nacionalismo radical vasco para hacer notar su presencia en la calle, con una sutil pero no menos importante diferencia. Batasuna es, al menos con ese nombre, un partido ilegal y las algaradas callejeras eran hasta hace sólo unos meses un mal recuerdo para los donostiarras.

¿Cómo se ha producido semejante involución?, ¿por qué, después de tener contra las cuerdas a la ETA y su siniestro entorno, hemos de ver como esa hidra de mil cabezas se rearma y hace la calle suya de nuevo? No se debe, como cabría esperar, a que los radicales se han encontrado con un inesperado y repentino apoyo popular. Muestra fehaciente de ello es el escaso número de participantes que se dieron cita ayer en la manifestación. Nada de eso. Si la ETA y todo lo que le rodea se han envalentonado de un tiempo a esta parte, la causa hay que buscarla en la errática política vasca del Gobierno Zapatero y en el juego a tres manos que realizan los nacionalistas de Ibarretxe.

Los malabarismos de Zapatero en el País Vasco, distanciándose de su socio natural y buscando alianzas con nacionalistas de todo pelaje, sólo pueden producir que sean éstos los que consideren que, al fin y al cabo, han ganado la batalla. Pocas veces el nacionalismo –desde el PNV hasta Batasuna- se las había prometido tan felices. No hay que ser muy sagaz para atisbar que la manoseada negociación que ofrece Moncloa no es más que una rendición a plazos, una capitulación en toda regla a falta de fecha para hacerse efectiva. En este río revuelto la ganancia es, como siempre, de los pescadores avispados. Tanto el PNV a su manera como Batasuna a la suya saben que no pueden desaprovechar esta oportunidad, este regalo sorpresa que les ha llegado desde Madrid. Con el bloque constitucionalista hecho añicos y el Partido Popular demonizado hasta el absurdo, los unos y a los otros -nacionalistas todos- no tienen más que aplicar su noción de democracia. Para el PNV es la ruptura pactada del Plan Ibarretxe, para Batasuna es la insurrección violenta, único modo en el que entiende la acción política.

En este tablero en el que dos jugadores llevan ventaja y el tercero se está retirando hay fricciones fingidas o reales. La pantomima de la consejería de Interior prohibiendo la manifestación primero y midiendo mucho la actuación de la policía después para evitar que se celebrase, evidencia que la ineficacia del Gobierno vasco es absoluta en ciertos asuntos. La marcha de ayer, con su corolario de heridos y contenedores quemados, se hubiera podido evitar tomando las decisiones adecuadas en el momento en que empezaron a reunirse los manifestantes en la parte vieja de San Sebastián. De nada sirve anunciar depuraciones en las responsabilidades penales de los organizadores, tal y como ha hecho el Gobierno vasco una vez se ha encontrado sobre la mesa el titular de prensa y dos turistas extranjeros heridos –uno canadiense y otro austriaco- por las pelotas de goma de la Ertzaintza. De lo que pasó una vez iniciados los disturbios la culpa la tiene Batasuna, y nadie más, pero no se hubiera llegado a eso si no fuese por el irresponsable concurso del Gobierno vasco y, en la lejanía, por la inconsciente dejación de Zapatero.

Como en los viejos tiempos
Editorial ABC 15 Agosto 2005

NADA de lo que sucedió ayer en San Sebastián representa una sorpresa. Pese al aviso reiterado de Batasuna de que mantenían la convocatoria de la manifestación prohibida por el consejero vasco de Interior, con el posterior aval del Tribunal Superior de Justicia, se produjeron graves incidentes de orden público con quema de contenedores y destrucción de bienes. Nada nuevo, por tanto, salvo lo que supone, por un lado, de reactivación de un frente terrorista, el de la «kale borroka», que estaba controlado, cuando no extinguido, y de demostración de fuerza e impunidad de Batasuna, pese a su condición de partido ilegalizado por pertenencia a una organización terrorista. Podría resultar hasta un gesto de humor -en todo caso, humor negro- que a los convocantes de la manifestación y a los autores de la violencia callejera se les conminara con aplicarles todo «el peso de la ley», pues, precisamente, si algo les ha devuelto el ánimo a estos secuaces de ETA ha sido la comprobación de que la ley no pesa si no se aplica. Jarrai, según la Audiencia Nacional, no es una organización terrorista y su violencia urbana -planificada, financiada, dirigida por ETA- no es terrorismo. Batasuna está haciendo lo mismo que hacía antes de ser ilegalizada, con una mejora añadida: antes tenía siete parlamentarios en Vitoria y cambió su expectativa de quedarse a cero para pasar a tener nueve, los testaferros del Partido Comunista de las Tierras Vascas.

Los parabienes que ha recibido la decisión del Gobierno vasco de no autorizar la manifestación convocada por Batasuna para el día de ayer no deberían ocultar la gravedad de la situación que se refleja en la insolencia de esta formación. A fuerza de repetirlas, las cuestiones de principio están perdiendo valor político, pero no por ello pierden fuerza moral ni legal. Congratularse de que una administración pública prohíba la manifestación convocada por una organización declarada ilegal por el Tribunal Supremo por su integración en ETA demuestra hasta qué punto se ha retrocedido terreno en la política antiterrorista. Hasta el punto de poner en valor la obviedad más elemental -que unos terroristas no puedan manifestarse-, que ahora importa tanto simplemente porque Batasuna ha vuelto a recuperar la capacidad política que había perdido tras la aplicación sistemática de la Ley de Partidos Políticos. Cabría, además, preguntarse si este regreso de Batasuna/ETA a la actividad política -es un decir- ha traído alguno de los beneficios que suelen anunciar aquéllos que piensan que es bueno que los terroristas tengan un hueco en las instituciones, algo así como una permanente «pista de aterrizaje». El balance, sin embargo, desmiente esa fórmula, ya desprestigiada suficientemente por la experiencia de dos décadas en las que la presencia de la izquierda abertzale en el Parlamento y los ayuntamientos sólo rindió beneficios a ETA. No resultaría excesivo reclamar que los que han defendido la idea -también los que insisten en que existe un «proceso de paz» en marcha y que, ni más ni menos, está en manos del presidente del Gobierno- expliquen por qué no han aparecido tales beneficios y sí se están produciendo los perjuicios de siempre. En concreto, no estaría de más que explicaran qué hay de bueno en que ETA tenga nueve parlamentarios en la Cámara de Vitoria; en que Ibarretxe sea otra vez lendakari gracias al apoyo de los terroristas con un programa soberanista, sin más cambios que los que imaginan algunos socialistas; en que la «kale borroka» campe a sus anchas y cientos de concejales -incluidos algunos nacionalistas- sientan en la nuca la presión terrorista corregida y aumentada; en que los fantoches de dos etarras presos sean nombrados reina y dama de honor de las fiestas en Amurrio; en que el Estado haya abdicado la Ley de Partidos y en que el PSOE cambie al PP por Carod-Rovira como socio de una nueva e inescrutable política sobre ETA, que habrá de llevar a un «final dialogado» de la violencia.

La concatenación de los cambios producidos en el País Vasco se explica por la terrible razón de que el Estado vuelve a ir por detrás de los acontecimientos y es ETA, con Batasuna reforzada, la que tiene en su mano el éxito -con todo el relativismo de este término cuando se aplica a una negociación con terroristas- o el fracaso de la apuesta personal del presidente del Gobierno. Por eso es una lamentable buena noticia que la Consejería vasca de Interior prohibiera la manifestación de Batasuna y la Ertzaintza tuviera que enfrentarse en las calles de San Sebastián con los cachorros de ETA. Como en los viejos tiempos.

Desprecio a la legalidad
Francisco MARHUENDA La Razón 15 Agosto 2005

No hay que sorprenderse al comprobar que Batasuna no respeta la legalidad. No tendría ningún sentido que lo hiciera, porque es una formación que fue ilegalizada por formar parte de una banda terrorista. Ha sido y es el brazo político de ETA. La manifestación que se celebró ayer en San Sebastián es coherente con su estrategia. Batasuna mantiene un pulso permanente con las instituciones y quiere demostrar su fuerza. Al igual que ETA sigue realizando atentados, con la intensidad que le permite su cada vez más escasa capacidad operativa, y sus retoños no han cesado con su «kale borroka». Batasuna es una pieza clave en esta estrategia que tiene la vista puesta en un posible proceso negociador.

La actitud del Gobierno vasco no deja de sorprender, aunque sea coherente con la calculada ambigüedad que mantiene en sus relaciones con la izquierda abertzale y la banda terrorista. Otegi y sus compañeros, como Álvarez, Barrena y Petrikorena, se comportan como si fueran los amos y señores del País Vasco. Con su arrogancia habitual, los tres últimos negociaron con la Ertzaintza, para mantener la manifestación. Y, finalmente, se celebró. Los terroristas y sus colaboradores solo entienden la firmeza. El respeto a las leyes y las resoluciones judiciales es un valor supremo, pero Ibarretxe permite su incumplimiento en función de sus intereses partidistas. Es lamentable que la manifestación se celebrara finalmente, al margen de que asistieran los de siempre y no aportaran nada nuevo. Porque es un síntoma de la ausencia de principios del Gobierno vasco.
La paz es muy importante, pero no se puede alcanzar a cualquier precio y mucho menos renunciando a la legalidad. Una vez más, el PSOE actuó en función de sus intereses partidistas, que hacen que voces de antaño que rechazaban las cacicadas del PNV, como el presidente del Senado, se expresen ahora de forma distinta. La situación del País Vasco está muy alejada en el fondo y en la forma, de la de Irlanda del Norte. Los acontecimientos demuestran, además, que Otegi no es Adams, y me temo que Zapatero no es Blair.

La manifestación finalizó con incidentes. La Policía vasca tuvo que intervenir, algo que es consustancial a la trayectoria de Batasuna y sus cachorros de la «kale borroka». Les gusta la violencia, porque nacieron de ella y no entienden otro lenguaje. Por la mañana rendían homenaje a Imanol Gómez, el etarra muerto en Francia el 20 de julio, y por la tarde salían envalentonados a las calles, bajo el lema «ahora el pueblo, ahora la paz», con el único fin de reirse de las instituciones y hacer una nueva demostración de fuerza.

La clave de lo que suceda en el futuro estará en Zapatero. Su debilidad parlamentaria, que le hace buscar acuerdos con formaciones independentistas como ERC y BNG para aprobar los presupuestos es un pesado lastre. Todo indica que se cederá ante las exigencias del PNV, que tiene el mismo objetivo de Batasuna, para logar su apoyo. ETA ya consiguió una gran victoria con el fantasmagórico Partido Comunista de las Tierras Vascas. Ahora puede obtener su éxito final, si con la excusa de la búsqueda de la paz y con la «ayuda» de sus atentados y la «kale borroka» logra que Otegi participe en una mesa negociadora.

ETA y las organizaciones que forman su entorno político y social sólo cesarán en sus actividades criminales cuando se culmine su derrota. Estos estertores finales, en los que los intereses partidistas del Partido Nacionalista Vasco y Partido Socialista actúan como valor de oxígeno son muy peligrosos, pero lo es más que algunos piensen que la victoria pasa por renunciar a principios fundamentales. Es sólo por medio de la actuación judicial, policial e internacional como se logrará el final del terrorismo.

Depurar responsabilidades
Editorial Heraldo de Aragón  15 Agosto 2005

LOS dirigentes de la ilegalizada organización mantuvieron la convocatoria de la manifestación y, cuando la Ertzaintza les impidió desfilar por donde tenían previsto, se desplazaron a las calles del viejo San Sebastián, por donde marcharon y donde terminaron celebrando un acto no autorizado. Después, se registraron diversos incidentes en la capital donostiarra. Pese al fracaso de asistencia, lo sucedido responde a la provocación de una formación que, como se ha recordado estos días, fue ilegalizada por terrorista.

Batasuna lleva meses intentado tensar la cuerda y recuperar su protagonismo en la calle. El homenaje a un etarra muerto en accidente de tráfico en Francia cuando huía de la Policía francesa, los actos de exaltación terrorista en Amurrio y el resurgimiento del terrorismo callejero, por citar algunos ejemplos, forman sin duda parte de una estrategia encaminada a dificultar las conversaciones entre PSOE y PNV y a impedir la normalización de la vida política y social en el País Vasco. El Ejecutivo vasco difundió ayer un comunicado en el que anuncia su intención de depurar las responsabilidades administrativas y penales por lo sucedido tras la convocatoria. Conviene, en efecto, a la causa de la paz, la convivencia y la justicia aclarar lo sucedido y descargar todo el peso de la ley contra los responsables de los incidentes, contra quienes los han fomentado y también contra quienes participaron en unos hechos que están claramente fuera de la ley.

La España incómoda
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 15 Agosto 2005

| VADE MECUM |
CUANDO Zapatero llegó al poder aseguró que «todos» iban a sentirse cómodos y no como antes, cuando sólo se sentían bien unos pocos (sic). Es cierto que, en su análisis, el recién llegado se olvidaba de la mayoría absoluta que había obtenido Aznar en 2000, pero eso era ya anecdótico pues «la calle» había demostrado lo que quería «el pueblo», que sentenció a los populares el 14 de marzo de 2004 por su responsabilidad en el asesinato de 200 personas en Madrid. ¡Aznar era culpable y Zapatero iba a hacer posible el milagro!, se anunció. «Todos», en España, iban a volver a sentirse cómodos.

Pero como desconfiábamos de tanta dicha, enseguida nos preguntamos quiénes iban a ser esos «todos». Y muy pronto obtuvimos la respuesta. Serían los que Aznar había arrinconado a lo largo de sus ocho años de gobierno: los nacionalistas radicales de Herri Batasuna y de la Esquerra Republicana de Catalunya, ambos grupos apoyados directamente por el terrorismo, que volvieron a respirar después del ahogo legal a que habían sido sometidos; los nacionalistas no menos radicales del PNV y de Convergencia que tienen otra vez un papel, y a enarbolar sus planes secesionistas; los socialistas catalanes de Maragall que amarraron la frágil gobernabilidad de ese engendro de gobierno tripartito que tan cómodo comenzó a sentirse; Izquierda Unida, que pudo resucitar y volver a existir; y, en fin, cualquier grupo, grupito o grupúsculo, por absurdo que fuese -¿conoce alguien algo más tonto, por ejemplo, que el nacionalismo gallego?- a los que se les dio carta de naturaleza. En la simpleza del razonamiento, se argumentó del siguiente modo: como eran «muchos» los partidos y grupos postergados por Aznar de la tarta del poder, aunque representasen a muy pocos, a ellos había que favorecer.

Ahora ha llegado la hora de la verdad, la hora de las preguntas. ¿Es esa la España cómoda que se nos brinda, una España fragmentada y débil? ¿Es la España de los nacionalistas fanfarrones que ayer infectaron de odio y miseria moral, una vez más, las calles de San Sebastián la que ha renacido? ¿Es una España con la oposición alelada, como la que quiere Alberto Oliart, a lo máximo que podemos aspirar? César Alonso de los Ríos puso el dedo, una vez más, en la llaga de pus al retratar al ex ministro «centrista» hace unos días. Al gobierno y a sus corifeos mediáticos les gustaría que hubiese una oposición inane. Lógico. Personajes broncos y astutos como el diputado del PP por Guadalajara Rafael Hernando, capaces de pararle los pies a los excesos impunes de un Rubalcaba, por ejemplo, les son incómodos a estos exquisitos que no toleran la discrepancia. España, no lo dudemos, es hoy una nación incómoda porque Zapatero, en lugar de pactar cuestiones que son fundamentales porque afectan a la Constitución o a los derechos de los ciudadanos, pretende imponer su criterio sectario. Si esta es la España cómoda que se nos viene encima, auguro un futuro negro y violento.

Joan Puig
El activista en meyba
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 15 Agosto 2005

El rescate de eso que los socialistas y su guarnición llaman “la memoria histórica” no se entiende sin la previa mistificación, la ocultación de datos esenciales, las interpretaciones de parte y, en fin, la conversión de la historiografía en una rama de la propaganda. Así puede la Calvo acabar de torcer el contencioso de los papeles de Salamanca trazando sobre la España del siglo XXI burdas líneas divisorias de un pasado que, por supuesto, desconoce: “La derecha española ya tiene sus papeles porque se los devolvió Franco.” Tratándose de documentos de particulares, la afirmación equivale a presuponer que los dos bandos de la Guerra Civil no se han movido, que todos los descendientes de los nacionales siguen siendo nacionales y los de los rojos, rojos. Que hay nacionales y rojos. Hay que ser mendaz, o irremediablemente ignorante, o malvada. O todo a la vez.

Así puede también un sujeto con el carné de diputado en la boca, el mismo activista con corbata que atribuyó a Aznar el deseo de un gran atentado terrorista, asaltar en meyba el domicilio del director de un diario molesto. Quiera el destino que esta puesta al día de la acción directa -comunicados y fotógrafos mediante- no acabe haciendo a los suyos responsables de una profecía autocumplida. El mayor problema es que su socio es presidente del gobierno español, por mucho que parezca un curioso maniquí con dispositivos para agitar los dos brazos a la vez y enfatizar con esdrújulas las consignas que le graban sus asesores. Un presidente legítimo consagrado a transformar el concepto de legitimidad, empeñado en obviar la Transición, en negar su valor a la providencial solución “de la ley a la ley” que convirtió a España en ejemplo de democratización sin fratricidio y en espejo para las naciones en busca de libertad.

Obviar la Transición para sacar del baúl de los recuerdos malditos la legitimidad sin distingos de la Segunda República. Pero no hay legitimidad sin distingos en esa historia ensangrentada. ¿Se trata de la “legitimidad” de los de octubre del treinta y cuatro o de la legitimidad de los que defendieron las leyes republicanas? ¿La de los socialistas que fueron a buscar a Calvo Sotelo para meterle dos balas o la del asimismo socialista Besteiro?

El cabecilla de los asaltantes de Mallorca habrá considerado que, con un hombre como Zapatero en La Moncloa, es posible forzar algunas cosas, saltarse algunas normas. Y se habrá reafirmado al ver que las fuerzas de seguridad no se lo impedían. En fin, si se empeñan en seguir mirando hacia atrás con ira, no pierdan de vista que sus nombres –Esquerra, PSOE- son demasiado explícitos.

Memoria histórica
Al servicio de los nietos
Pío Moa Libertad Digital 15 Agosto 2005

Juan Luis Cebrián ha afirmado en El Escorial que la recuperación de la memoria es “un derecho de todas las personas”, escandalizándose de que “a alguien se le niegue el derecho a desenterrar a su abuelo”. Hablaba, claro está, de la llamada “memoria histórica”, es decir, del conocimiento veraz del pasado. Nadie podrá estar en desacuerdo con tan virtuosa exposición: recuperar la verdad sobre el pasado común es un derecho elemental. Por desgracia, él y su empresa han conculcado de modo muy reiterado ese derecho, difundiendo con obstinación versiones del pasado probadamente falsas, y censurado inquisitorialmente otras mucho más próximas a la verdad. ¿Anuncian las palabras del señor Cebrián un cambio de conducta? Para ser sincero, me temo que no.

Lo mismo puede decirse de su edificante observación sobre el “derecho a desenterrar al abuelo”. Pero ¿quién niega ese derecho? Nadie. Él alude con tan buenas palabras a las campañas en marcha, bien arropadas con dinero público, para falsear el pasado y desenterrar más odios que huesos. El fraude reviste tres formas, empezando por la pretensión de reducir la historia de la guerra a su aspecto más tenebroso, el terror. Hubo mucho más que eso. En segundo lugar se da la máxima publicidad y detalles a los crímenes cometidos por el bando derechista durante la guerra, y dejando en la oscuridad los perpetrados por las izquierdas, tanto contra las derechas como entre ellas mismas. De este modo la realidad queda radicalmente desvirtuada y se provoca el rencor contra los “asesinos” y sus descendientes, identificados con el PP. El tercer embuste de base consiste en la argucia con que se justifican los corruptores de la memoria: durante cuarenta años las únicas víctimas recordadas habrían sido las de la derecha, y ya es hora de hacer lo mismo, y honrar, a las del otro bando. La realidad es la opuesta. Desde los años 60, por lo menos, el franquismo puso poco énfasis en el recuerdo de la guerra. Y después de la transición, y aun antes, han sido las víctimas izquierdistas (salvo las causadas por las mismas izquierdas) las recordadas y homenajeadas incesantemente. Baste citar la explotación hasta la náusea del asesinato de García Lorca. Por cierto, a esa explotación demagógica se ha sumado la propia derecha, sin exigir una reciprocidad que ni siquiera ha sido insinuada por la izquierda.

El sectarismo y desvirtuación del pasado, tan evidentes en esa campaña, han recibido bastantes críticas, poniendo a la defensiva a sus organizadores. Ello les ha obligado a inventar nuevas argucias. La última, por ahora, es la de los nietos. Los desenterradores de odios obrarían con el más inocente de los motivos, ponerse al servicio de los nietos, de su deseo a saber la verdad sobre sus abuelos ¿Puede concebirse intención más simpática, humanitaria y ética? Al final los culpables de la manipulación serían…los nietos. Debemos admitir la pericia de la extrema izquierda (la izquierda en España siempre ha sido extrema, y hoy vuelve por sus viejos fueros) para diluir su responsabilidad. Así, una versión muy difundida asegura que el terror de la guerra y aun de antes, demostradamente predicado, organizado y practicado por los partidos y políticos izquierdistas, no habría sido responsabilidad de ellos, sino obra espontánea de un pueblo indignado justamente ante el criminal levantamiento contra el gobierno legítimo. Y como, según dicen, el pueblo siempre tiene razón, pues no habría más que hablar. Ahora sería la justa y humana exigencia de los nietos lo que justificaría esta campaña de falsificación.

El mal político
Agapito Maestre Libertad Digital 15 Agosto 2005

Los historiadores del futuro lo dirán más o menos así: “Un hombre muere en un cuartel de la Guardia Civil. Gravísimo. Pero no dimite el ministro ni siquiera el director General del Instituto Armado. A los veinte días del luctuoso suceso, la Guardia Civil no impide que un grupo de salvajes, liderados por un diputado nacional, invada la casa de un ciudadano. Gravísimo. Pero nadie cesó ni dimitió ni fue destituido. No pasó nada. Los socios de Rodríguez Zapatero, seguirán diciendo los historiadores, asaltaron el domicilio privado de un director de un periódico nacional, pero ningún periódico al otro día resaltó la noticia. No dijeron ni pío. ¡Bochornoso! Excepto Anson, en La Razón, que denunció la tropelía del diputado de ERC y sus acompañantes, la prensa del domingo -el asalto fue el sábado- pasó de largo de un suceso que ponía en cuestión el mínimo Estado de Derecho existente en esa época en España. Ya se sabe, cuando la prensa silencia, alguna enfermedad grave padece la democracia de opinión pública.”

Seguramente, la nota anterior, escrita por cualquier historiador honrado dentro de 20 ó 30 años, se extenderá en pormenores sobre cómo llegó al poder el equipo gobernante, cuál era su talante cínico, etc... Pero, por ambiguo que sea el contexto descrito, el lector no olvidará que durante el gobierno de Rodríguez Zapatero, y siendo ministro del Interior José Antonio Alonso, unos desalmados mataron a un hombre que entró en un cuartel a poner una denuncia por un lado, y en pleno verano fue asaltada la casa de un periodista no vendido al poder por otro. La historia es así de cruel. La maquillarán, la falsearán y se aprovecharán de ella, pero, al final, nadie olvidará los datos fundamentales: el PSOE recurre a todo para mantenerse en el poder.

Por supuesto, este asalto al domicilio del director de El Mundo, como suele decir el castizo, traerá cola. De entrada, el comportamiento de la Guardia Civil y la prensa escrita del domingo, excepto naturalmente El Mundo, muestra que España más que un país parece un gentío. ¡Cuánto mamarracho no se habrá alegrado al ver a unos presuntos delincuentes, dirigidos por un diputado nacional, asaltando una propiedad privada!

El asalto a la casa de Pedro J. Ramírez es, seguramente, el acto vandálico más grave que ha sufrido la democracia española en los últimos tiempos. Por lo tanto, salga inmediatamente el presidente del gobierno de España y castigue a los responsables. Salga inmediatamente el presidente del Congreso y abra una investigación contra el salvaje diputado de ERC, que invadió la sagrada privacidad de un ciudadano. La cosa es gravísima. Un fulano, un diputado, que asalta la privacidad de otro ciudadano con el carné de diputado del Congreso de todos los españoles, debe perder inmediatamente su aforamiento o, por el contrario, este país quedará reducido a una democracia de boquilla.

Pedro J. Ramírez vuelve a descubrir dónde está el mal. Después de haber sufrido el asalto de su casa por las gentes de ERC, ni él ni nadie que se precie de demócrata podrá dudar a la hora de detectar el mal. No perdamos el tiempo con habladurías sobre la compra-venta de periódicos. No nos perdamos en vagos matices. El mal viene de otro sitio. Viene de una gente que quiere gobernar el país a golpe totalitario. Viene de los socios de los socialistas. Viene de los enemigos de la libertad. Viene de quien odia a quienes “tienen derecho a hacer, lo que la sociedad no tiene derecho a impedir”. El mal, ya lo sabe Pedro J., está allí donde asaltan nuestra intimidad, nuestra privacidad y, por supuesto, nuestra libertad. Quien se ha visto asaltado en su “libertad de”, como decía el sabio Isaiah Berlin, sabe bien de lo que hablo...

En fin, después del “asesinato”, “homicidio involuntario”, o, sencillamente, muerte de un hombre tras recibir una paliza en un cuartel de la Guardia Civil, el allanamiento de morada de un periodista desafecto al régimen es el acto más grave contra la democracia del último mes.
 
Asimétricos
IÑAKI EZKERRA El Correo 15 Agosto 2005

La utilización que ha hecho Pasqual Maragall del término 'asimétrico' para apellidar a su federalismo no supone sólo una revolución en la teoría política y la gran clave oculta del actual debate estatutario sino una impagable aportación al arte del eufemismo. Hasta que llegó Maragall a la desigualdad se le llamaba 'desigualdad' lisa y llanamente. Desde que llegó él se le llama eso, 'asimetría', y esta innovación léxico-geométrica abre una infinita gama de posibilidades que no tienen por qué ceñirse en exclusiva al campo político-administrativo. A partir de este momento los pobres ya no son pobres sino solamente 'asimétricos económicos'. En un alarde de expresividad verbal y con el sano objetivo de contrarrestar el efecto invernadero del lenguaje técnico podremos hablar, por ejemplo, de alguien que es 'asimétrico de solemnidad' o 'más asimétrico que las ratas' o contar el triste caso de quien 'era tan asimétrico que no tenía donde caerse muerto' o del que 'nació en la más dura asimetría pero logró salir adelante'. Y siguiendo con esa lógica tendríamos que cambiar la letra de la Internacional. Ya me imagino miles de puños alzados en los mítines de IU mientras se escucha el glorioso estribillo renovado: 'Arriba, asimétricos de la Tierra, en pie algorítimica legión...'. Sería acojonante. Si el capitalismo salvaje del XIX llega a descubrir este apabullante eufemismo ni Marx ni Engels habrían tenido nada que hacer.

Pero el término 'asimetría' posee un espectacular carácter multiuso y no hay por qué quedarse en la economía. Por ese camino el franquismo podría haberse autodefinido como 'un sistema asimétrico de libertades' y el maltrato sexista se puede acabar llamando el día menos pensado 'trato asimético de género'. Por ese camino se pueden crear miles de expresiones que guarden contradicciones insalvables como la creada por el propio Maragall. 'Federalismo asimétrico' es un 'oximoron'. Es como decir 'simetría asimétrica' o 'igualdad desigual'. Si algún espíritu late en la ideología federalista es el igualitario, el moderno, el laico, el iconoclasta que aspira a hacer tabla rasa del pasado, de la tradición, del privilegio, del 'derecho histórico'. El verdadero problema es que no se puede ser todo en la vida: el más guapo, el más listo, el más rico y el más 'desgraciao', el más egoísta y el más solidario, el más sufrido y el más enchufado, el más progre y el más carca, el más simétrico y el más asimétrico. No se puede ir de obrero y sacar la genealogía o el acento pijo a la primera de cambio. Hay que dejar algo para los demás. Hay que renunciar a algo. Eso sólo les pasa a los críos, que quieren ser a la vez el Papa y el agente 007.

La foto que buscaban los proetarras
Editorial El Ideal Gallego 15 Agosto 2005

Batasuna ya tiene su foto. La Ertzaintza ha tenido que cargar con material antidisturbios contra un grupo de radicales y estos han hecho lo que mejor saben: quemar contenedores, cruzar coches y, por supuesto, sembrar el caos. Y, además, lo hicieron después de que, pese a la prohibición, se les permitiera recorrer varias calles del casco antiguo de San Sebastián y de que sus líderes, con escenario y todo, arengaran a los congregados. Antes incluso, otra pseudo manifestación había discurrido hasta el Peine de los Vientos para aventar las cenizas y, de paso, homenajear al etarra Imanol Gómez, muerto en un accidente de tráfico en Francia cuando intentaba escapar de un control policial. Es decir, que no sólo se les permitió despreciar la legalidad e incumplirla, sino que lo hicieron por dos veces, homenajeando a un terrorista. Pero daba igual. Los proetarras querían una foto de los agentes de policía empujando a sus gudaris callejeros y la han tenido. En el fondo, los responsables de la banda criminal, que son quienes marcan el ritmo de sus peleles políticos, saben que un período de entendimiento entre el PSOE y el PNV les puede hacer mucho daño. Están débiles y lo estarían más si quienes hasta el momento se han comportado como sus aliados ­manteniéndolos, por ejemplo, en el parlamento vasco­, se pasan al bando contrario. La estrategia era tan simple como efectiva. Así, sus seguidores pudieron corear ­en euskera, no podía ser de otro modo­ consignas tan edificantes como PNV español , vosotros también sois perros o la lucha es el único camino . Ahora sólo falta saber si la Justicia actuará ante unos hechos tan evidentes de apología del terrorismo o si, por el contrario, preferirá dejar que todo siga igual, al menos hasta que la cúpula etarra desde algún lugar de Francia organice otro domingo de algarabía, por supuesto, que favorezca sus intereses criminales y mafiosos.

Amurrio: la desazón de las víctimas
La Razón 15 Agosto 2005

La dirección vasca de Atención a las Víctimas del Terrorismo, Maixabel Lasa, explicó ayer que el homenaje a dos etarras presos que fueron nombrados reina y dama de honor de las fiestas de Amurrio (Álava) supone «ensalzar» el terrorismo como «mérito» para ser objeto de una distinción, algo «inadmisible».

Maixabel Lasa, viuda del ex gobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jauregui, asesinado por ETA, expresó en un comunicado su «malestar» y «desacuerdo» con la Corporación municipal de Amurrio por no «impedir» la elección de los presos de ETA Santos Berganza y José Angel Viguri como reina y dama de honor de las fiestas locales. «Lo ocurrido en Amurrio, al tiempo que no protege la dignidad de las víctimas del terrorismo, fomenta y ensalza como único mérito la participación de dos personas en una organización terrorista, lo cual es inadmisible desde un punto de vista de moral pública», aseveró. Según informa Efe, Lasa consideró «frustrante y descorazonador» para las víctimas y para «cualquier persona con un mínimo de sensibilidad moral» que el alcalde de Amurrio, Pablo Isasi (EA), justifique el nombramiento argumentando que se trata de «evitar problemas y eliminar crispaciones». «Con esta excusa las víctimas del terrorismo siempre pierden», aclaró. Los hechos tuvieron lugar tras el pregón y el lanzamiento del petardo que oficializa el comienzo de los festejos del municipio el 11 de agosto.

La marcha ilegal de Batasuna degenera en una batalla campal en pleno centro de San Sebastián
Batasuna llevó hasta el final su pulso a la legalidad a pesar del llamamiento de Zapatero de que cualquier «solución» debe pasar por el cumplimiento de la ley
ANA ANTOLÍN ABC 15 Agosto 2005

SAN SEBASTIÁN. La Ertzainzta se tuvo que emplear a fondo para impedir que la ilegalizada Batasuna se manifestara en San Sebastián, tras la prohibición del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco y la Consejería de Interior. La respuesta del entorno etarra fue convertir en realidad la amenaza de los dirigentes de Batasuna y sumergir la capital donostiarra en una «batalla campal» durante más de dos horas.

Aunque uno de los principales promotores de la marcha, Arnaldo Otegui,no apareció por el lugar, quince minutos antes de la hora anunciada -las cinco de la tarde- varios miles de batasunos se congregaron en el Boulevard, donde la Ertzaintza había desplegado ya un amplio dispositivo, compuesto por casi una veintena de furgonetas de la unidad de antidisturbios.

En un ambiente cargado de tensión que hacía presagiar lo peor -algunos establecimientos hosteleros optaron por recoger sus terrazas-, los simpatizantes batasunos arroparon con aplausos la llegada de Pernando Barrena y Joseba Álvarez, a los que la Ertzaintza comunicó «in situ» que no les permitiría llevar a cabo la manifestación.

El anunció provocó que los congregados irrumpieran en consignas en apoyo a ETA y de la formación ilegalizada pero, sobre todo, en contra de la Ertzaintza y el PNV. Tras realizar una sentada ante el dispositivo policial, los dirigentes batasunos optaron por manifestarse por el Casco Viejo, ya que los agentes les impidieron cruzar el Boulevard.

Sin que la Policía autónoma lo impidiera, los batasunos realizaron un acto «político» improvisado en la plaza Zuloaga que tuvo a Joseba Álvarez como protagonista. Éste habló de «represión» y abogó por un acuerdo político antes de desaparecer junto al resto de «caras visibles» de Batasuna.

A partir de ahí, los proetarras, en vez de desistir y abandonar el lugar, comenzaron a tomar posiciones a lo largo del Boulevard y de sus dos extremos, el Ayuntamiento y el hotel María Cristina. Una calma tensa se prolongó durante más de una hora, hasta pasadas las seis de la tarde, entre la curiosidad de numerosos turistas y la anormalidad con la que los vascos viven estas situaciones -sorteando a los agentes con capucha y escopeta en mano-, como si formaran parte del paisaje.

Pasadas las seis de la tarde, la situación parecía tranquila y no se habían producido incidentes reseñables, salvo algún pequeño conato entre manifestantes y agentes y la quema de contenedores en una calle adyacente, y algunas unidades comenzaron a abandonar el lugar. Cuando los efectivos policiales se habían reducido prácticamente a la mitad, los aplausos, silbidos y gritos de «fuera» de los manifestantes contra los agentes, dieron paso al lanzamiento de todo tipo de objetos -botellas de cristal, latas, piedras-, contra ellos y sus vehículos. Así, lo que hasta entonces habían sido conatos se convirtieron, al repeler los ertzainas la agresión, en una «batalla campal». Las sucesivas cargas se prolongaron durante más de dos horas y, al final, hubo graves incidentes en los que se detuvieron, al menos, a cuatro individuos y unos diez resultaron heridos -cuatro de ellos fueron trasladados a centros sanitarios-.

Antes de las ocho y media de la tarde, momento del «cañonazo» con el que los donostiarras dan inició a sus fiestas, el ruido del helicóptero de la Ertzaintza y el de los «pelotazos» de goma, se mezclaba con el de los altavoces del Ayuntamiento llamando a la diversión.

Como era previsible, Batasuna llevó hasta el final su pulso a la legalidad democrática a pesar del llamamiento del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de que cualquier solución debe pasar por el cumplimiento de la ley.

SAN SEBASTIÁN. Los agentes de la Ertaintza y los miembros del PNV tuvieron que escuchar todo clase de insultos e improperios de boca de los manifestantes que, a pesar de la prohibición, salieron a las calles de San Sebastián secundando la convocatoria de la ilegalizada Batasuna. Cientos de personas profirieron gritos contra el partido presidido por Josu Jon Imaz como «PNV español», «Alde Hemendik» (Fuera de aquí) o «Utzi bakean» (Dejadnos en paz).

Asimismo, se vivieron momentos de gran tensión cuando los congregados comenzaron a lanzar consignas, fundamentalmente contra la Policía autonómica, que había desplegado un numeroso dispositivo en la zona del Boulevard de la capital donostiarra. Mientras varios dirigentes de Batasuna hablaban con los agentes para que les permitieran celebrar la marcha, el resto de los participantes comenzaron a lanzar amenazas e insultos a la Ertzaintza como «El pueblo no perdonará», «Vosotros también sois perros», «La lucha es el único camino», o la ya clásica en este tipo de concentraciones «Presoak kalera» (Los presos a la calle).

Recortes de Prensa   Página Inicial