AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 31 Agosto 2005
Ahora le toca a Zapatero
Editorial ABC 31 Agosto 2005

El eterno culebrón estatutario
EDITORIAL Libertad Digital  31 Agosto 2005

Los contentitos
ANTONIO BURGOS ABC 31 Agosto 2005

Política debajo de la mesa
LUIS IGNACIO PARADA ABC 31 Agosto 2005

Zapatero tendrá que decidirse
Ignacio Villa Libertad Digital 31 Agosto 2005

Ideas contra ocurrencias
BENIGNO PENDÁS ABC 31 Agosto 2005

Ibarretxe toma ejemplo del PSE
Editorial ABC 31 Agosto 2005

Rodríguez Siatodo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 31 Agosto 2005

La mentira nacionalista
Agapito Maestre Libertad Digital 31 Agosto 2005

Hartos
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 31 Agosto 2005

El regreso de Zapatero
Isabel Durán Libertad Digital 31 Agosto 2005

El gran atasco
Fernando R. Genovés Libertad Digital 31 Agosto 2005

La Conferencia Autonómica, hacia la confusión
Editorial Elsemanaldigital.com  31 Agosto 2005

Afganistán e Irak: "juegos de paz" de ZP
Carlos Ruiz Miguel www.elsemanaldigital.com  31 Agosto 2005

El lauburu
Ramón Pi El Ideal Gallego  31 Agosto 2005

El etarra Erro Zazu "Pelos" se licenció en Políticas en la UPV con DNI falso y sin cubrir los requisitos de acceso
EFE Libertad Digital 31 Agosto 2005

Ahora le toca a Zapatero
Editorial ABC 31 Agosto 2005

EL encuentro fijado para el próximo lunes entre Zapatero y Rajoy es una buena noticia para la España constitucional. Debería ser normal, o rutinario, que los dos grandes partidos mantuvieran una relación fluida al más alto nivel. Sin embargo, las circunstancias singulares de nuestra vida política otorgan a la entrevista un significado propio. El presidente y el líder de la oposición se reencuentran después de varios meses de ásperos debates. El Gobierno ha perdido fuelle, en parte porque carece de un proyecto sólido y en parte porque le atan sus acuerdos con unos socios inaceptables. El Estatuto catalán provoca tensiones irresolubles entre el PSOE y sus aliados, y también en el seno del propio partido. En el País Vasco la situación empeora día a día, sin que se hayan cumplido las expectativas derivadas del giro radical de los socialistas. Agosto no ha dado tregua a un Ejecutivo acosado por todos los flancos (Guadalajara, Roquetas, Afganistán) y con un difícil calendario para los próximos meses. Ahora es cuando Zapatero se acuerda de la oferta de diálogo institucional que Rajoy le planteó hace ya tiempo. No es un juicio de intenciones, sino una realidad: para los grandes temas de Estado, el Gobierno sólo cuenta con un aliado leal a las señas de identidad del sistema constitucional vigente. Rajoy ha dejado claro su punto de vista, ahora le toca hacerlo a Zapatero. En este marco se sitúa la entrevista, a la que el líder del PP acude con la idea de distinguir entre el interés nacional y la coyuntura partidista; por eso advierte al presidente que no cuente con él para tapar sus «desaguisados». Porque Zapatero sólo accede a entrevistarse con Rajoy cuando se siente acuciado por problemas de hondo calado. Ocurrió en enero, en plena ofensiva del Plan Ibarretxe, y ocurre ahora ante la zapatiesta territorial que se cuece en Cataluña.

Llega además Rajoy después de una notable apertura del curso, anunciando nuevas alternativas y con la estrategia bien definida por el «cónclave» inminente de los primeros espadas de su partido. Por el contrario, Zapatero tendrá que afrontar en los órganos internos del PSOE un debate sin cuartel con los sectores más reticentes ante la deriva que adopta la política autonómica.

La lucha contra el terrorismo será una cuestión nuclear. En rigor, el Gobierno es el que debe mover ficha, porque el PP ha seguido y sigue aferrado a la letra y al espíritu del Pacto por las Libertades, eje de una etapa fructífera en la lucha contra ETA y sus secuaces. Sería ingenuo pensar que el Pacto puede seguir adelante como si nada hubiera ocurrido, porque ahora los terroristas tienen una presencia determinante en el Parlamento vasco. El PSOE debería analizar con frialdad los resultados de su rumbo actual: desafío en la calle por parte de los radicales y un PNV que no ha cedido ni un milímetro en sus pretensiones soberanistas. Ahora, Zapatero ni siquiera cuenta con la alternativa del «plan Maragall». ERC, partido antisistema, pide lo imposible y exige que se mantenga aislado al PP. Los populares, sin embargo, han sabido maniobrar con habilidad. El modelo valenciano parece mejor enfocado que cualquier otro, mientras el PSOE se encuentra atrapado en una red que no le permite apostar por una salida razonable. He aquí las consecuencias de una política oportunista que no se sustenta en una idea clara sobre la nación española.

En un plano más concreto, la proximidad de la conferencia de presidentes autonómicos explica también las prisas gubernamentales para concertar el encuentro. Esta vez no bastará con la foto de familia ni con plantear asuntos relevantes pero específicos -como la financiación de la sanidad- porque está en juego nada menos que la validez del modelo actual. Esta vez es necesario que Zapatero responda con propuestas concretas que se alejen de los arreglos cosméticos de las anteriores reuniones con Rajoy, de las que el líder de la oposición salió con acuerdos no escritos (en materia de terrorismo o de unidad de España, nada menos) que luego no se vieron acompañados por la gestión política del presidente. La relación entre el PP y PSOE debe ser fluida en estas cuestiones, pero ha de estar amarrada con propuestas específicas. Es hora de que Zapatero recupere su capacidad de alcanzar acuerdos, como hizo en la oposición con los pactos en materia de justicia y antiterrorista, o con la ley de partidos. Por desgracia, y vistos los antecedentes, no hay demasiadas razones para el optimismo, y aunque la gran mayoría de los ciudadanos desea que la entrevista del lunes sea el punto de partida para un enfoque razonable de los grandes temas de Estado, puede que se convierta en un «no hay dos sin tres» decepcionante.

El eterno culebrón estatutario
EDITORIAL Libertad Digital  31 Agosto 2005

El curso político comenzará en septiembre con el mismo asunto sobre la mesa con el que terminó el anterior y transcurrió el verano. El nacionalismo catalán sigue intentando hacerse aprobar un Estatuto abiertamente inconstitucional aprovechándose de un compromiso electoral hecho por un Zapatero que no pensaba ganar ni en sus sueños más atrevidos. Este culebrón hubiera terminado hace mucho si el presidente del Gobierno hubiera tenido el valor de decir desde el principio que ese compromiso no incluiría la destrucción de las instituciones españolas. Pero era más sencillo aterrizar en La Moncloa tirando de Irak, esa carta marcada que emplea cada vez que se ve en dificultades.

Maragall ha impulsado las peores tendencias del nacionalismo, convirtiendo lo que antes se tenía por radical en la moneda de curso legal en Cataluña. El Estatuto deja de ser así una propuesta de regulación de la comunidad autónoma catalana para convertirse en un arma con la que atacar a Madrid, fuente de todos los males del imaginario nacionalista y, en esta nueva etapa, también socialista. De esta manera se intenta ocultar la inactividad, cuando no incompetencia, de un gobierno con respecto a los problemas que interesan realmente al ciudadano catalán, un gobierno y una clase política que quedó retratada a la perfección con El Carmel y el 3%.

Los políticos catalanes se han metido en una carrera por ganar el trofeo al más nacionalista que a nadie en Cataluña, periodistas aparte, parece importar quien gane. Las encuestas, alguna de periódicos de intachable trayectoria de adicción al poder como La Vanguardia, muestran un interés de los catalanes por el Estatuto similar al que este periódico profesa por los asuntos del corazón. Esta intensa separación entre el interés público y el publicado sólo puede hacer crecer la desconfianza en la política y la democracia, un camino en el que es fácil entrar pero muy costoso salir.

Maragall ha demostrado durante sus años de gobierno que no ha sido Carod y ERC quienes lo han forzado a posiciones ultramontanas, si no que ser el más peligroso de los nacionalistas forma parte de sus convicciones más íntimas. De este modo acentúa las contradicciones de una organización que demuestra cada día ser más una federación asimétrica de baronías regionales que un partido nacional. Hoy, Ibarra ha vuelto a enfrentarse a la doctrina oficial del PSC. Quizá mañana lo haga Bono. Pero el único que podría dejar claro que las declaraciones de estos políticos son algo más que un escaparate pensado para el socialismo moderado es Zapatero, y lleva un año sin hacerlo. Por algo será.

Los contentitos
Por ANTONIO BURGOS ABC 31 Agosto 2005

SI estamos en Afganistán por las mismas razones por las que nos fuimos de Irak (y no es ¡la gallina!, aunque los polacos nos despidieran a cloqueos), Zapatero debe de estar ya en Madrid por las mismas razones por las que se fue a Lanzarote. Por lo contentito que está de haberse conocido. Las Islas Afortunadas transmiten su suerte a cuantos pisan el vergel de belleza sin par. ZP ha sido bastante afortunado durante su estancia en Lanzarote. Pudiendo haberse estrellado dos helicópteros (que ésta es la hora en que aún no nos han dicho qué misión humanitaria de paz estaban desempeñando en Afganistán cargados de explosivos), solamente se estrelló un Puma. Pudiendo haber muerto calcinados por las imprevisiones e incompetencias transferidas en el incendio de Guadalajara lo menos cincuenta guardas forestales, solamente la palmaron once. Pudiendo haber igualado al Caso Almería, sólo hubo un cadáver en el cuartelazo de Roquetas de Mar. Sumen, como si estuvieran haciendo el Sudoku de la ventura estival: 17+11+1= 29 muertos. Casi a muerto por día de agosto. No está mal. Pero no pasa nada. Los contentitos están contentísimos.

Zapatero dijo en La Laguna que está haciendo un país más libre, mejor, para que viva el mejor tiempo de su Historia, que es lo que se merecen los españoles. Usted lo ha dicho. Choque esos cinco. Los españoles tenemos lo que nos merecemos. El Gobierno de los contentitos, encantados de ejercer el poder. Tocan un botón y se abre el Sésamo de una casa de veraneo del Rey de España: ¡nada, el verano que viene, a Marivent! Y aparece además este país de ensueño pintado en La Laguna, donde nuestra presencia militar exterior es pacifismo humanitario; donde no existe Roquetas; donde no hay fleco ninguno del 11-M redoblando las conciencias; donde no arde media España y la otra media se muere de sed; donde los jueces y los gobiernos aplican a rajatabla la ley, sin que les tiemble la mano, de modo que no hay barra libre para los etarras de Batasuna, ni se pueden manifestar libremente, ni se sientan en los parlamentos autonómicos disfrazados de tías vascas, ni nada.

En Lanzarote, ZP no sólo ha debido de vivir un tiempo distinto al de muchos españoles, otro almanaque, sino otro espacio, otra nación. Resulta que paradójicamente los que no dan una a derechas son los que va ya para año y medio que no están en el poder. Los que gobiernan sí que lo hacen todo a derechas, que para eso son de izquierdas y tienen la legitimación absoluta que se concede a esa ideología. La derecha es facha aunque demuestre lo contrario; la izquierda tiene toda la legitimidad de origen y de ejercicio por muchos desaguisados que organice, y no tiene que demostrar nada. Para eso son los nuestros. Aunque le ardan los montes, se le caigan los helicópteros militares, se le muera la gente en los cuartelillos, ya digo, 29 muertos, la izquierda lo hace todo divinamente. Y mejor que lo va a hacer.

Por eso están todos tan contentitos. Si contentito está siempre el presidente Rodríguez con sus desaguisados, más contentita está Cristina Narbona con sus fuegos y sus sequías. Todo bajo control. Qué pedazo de Observatorio de la Sequía hemos montado, qué bien que se ve desde aquí que ya mismito tenemos restricciones de agua. Y nada digo cuando en otoño montemos el Observatorio de la Unidad de España: lo bien que vamos a ver el rompimiento de gloria de los separatismos desde el sillón de los contentitos. Otros, con este panorama, con 29 muertos, sin agua, con media España no queriendo serlo, se habrían acostado y se habrían tapado la cabeza, deprimidos, derrotados. Ellos, no. Ellos asoman la gaita, tres cabezas por delante de los hombros, y muestran su sonrisa de sesión continua. ¡Qué maravilla ser del bando de los contentitos, y no de esos amargados como Rajoy, que cada vez son menos, pero están más cabreados, porque ven poco el telediario del hermano de la Milá!

Política debajo de la mesa
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 31 Agosto 2005

PUEDE que, en su origen, la obra capital de Maquiavelo fuese una sátira contra la tiranía, como sostienen Napoleón, Cromwell, Hobbes y los jacobinos. Pudo serlo por su contexto histórico, por los tipos de gobiernos que existían en el siglo XV y porque el territorio al que el autor se refería estaba dividido y vivía una situación al borde de una guerra. Pero la Historia ha demostrado que lo que hemos dado en llamar maquiavelismo es la falta total de principios morales en la acción política, como se han encargado de demostrar Bacon, Rousseau, Montesquieu, Diderot, Bodino y, sobre todo, esa aberración que pretende demostrar que «el fin justifica los medios».

Hoy no se puede sostener la doble moral, la del gobernante que valora la bondad de los resultados y el éxito obtenido en la conservación del poder -para lo que puede mentir y emplear la astucia de la zorra y la fuerza del león- y la del ciudadano, que ha de ser respetuoso con las leyes; una que da derecho a no ser bueno, utilizar el poder en beneficio propio y olvidar las promesas cuando el cumplimiento va en nuestra contra, y otra, la de quienes deben actuar siempre entre el amor y el temor para evitar ser odiados. Un gobernante así ni siquiera necesita poseer todas esas cualidades, sino solamente aparentar que las posee y evitar que los apoyos que compra se desvanezcan en los momentos que más se necesitan.

Ibarretxe ha elegido como aliado a Otegui para tratar de escapar de su callejón sin salida: por detrás, su fracasado plan; por delante, las posibles conversaciones del Gobierno con ETA. Pero como no puede hacerlo con luz y taquígrafos, porque Batasuna está ilegalizada, pretende convocar una ronda de reuniones con los distintos partidos políticos que incluirá a Batasuna y que, según dice, será discreta pero no secreta. O sea, que su maquiavelismo naif ha reinventado la política por debajo de la mesa. Problema moral y legal aparte, ¿a quién representa entonces el Parlamento vasco?

Estatuto catalán
Zapatero tendrá que decidirse
Ignacio Villa Libertad Digital 31 Agosto 2005

Zapatero ha terminado al fin sus vacaciones. Y nada más aterrizar en Moncloa tiene la primera patata caliente, la primera de una larga lista. El presidente del Gobierno va a tener que afrontar de inmediato la reforma del Estatuto catalán; una historia que él mismo puso en marcha y alentó por su debilidad política y en la que ahora se siente atrapado por sus propias limitaciones.

El presidente del Gobierno no puede escudarse más en una promesa fruto de un calentón electoral. Recuerden que Zapatero ha repetido hasta la saciedad que no quiere hablar sobre esa reforma hasta que no llegue al Congreso, para añadir más tarde que la propuesta que se registre en el Parlamento español no será retocada. ¿En qué quedamos? ¿Se habla o no se habla? ¿Se retoca o no se retoca? Y lo que es más, ¿qué poder se atribuye el presidente para despreciar así la opinión del Congreso de los Diputados? ¿Tan poco le importa a Zapatero la opinión de los distintos grupos parlamentarios?

El gobierno se encuentra ante un jardín cultivado y regado por ellos mismos desde la demagogia y la frase facilona. No tienen una escapatoria fácil, especialmente cuando entre ellos mismos comienzan a surgir importantes discrepancias. Opiniones muy dispares que no se pueden tapar fácilmente con unas palabras simplonas y cursis del jefe del Ejecutivo. Han ido tirando de la cuerda y se está quedando con todo el ovillo en la mano.

Zapatero tiene esta semana cuatro citas políticas importantes en las que no puede pasar de puntillas. En Madrid la Ejecutiva Federal, el Comite Federal y Consejo Territorial y en Léon el tradicional encuentro con los mineros de aquellas cuencas de comienzo de curso. Cuatro actos públicos en los que no puede limitarse a sus habituales vericuetos demagógicos.

Zapatero tiene que mojarse ya. Queremos saber que opina el presidente del Gobierno de un tema crucial para la Constitución, para el modelo nacional y para el futuro de España. Zapatero no puede seguir jugando entre sonrisas con la estabilidad de todos. Pero, por el momento, estamos viendo mucha cursileria y demasida flojera. Estamos viendo que en Moncloa no hay principios, y cuando hablamos de la estabilidad institucional no se puede seguir dando vueltas. Zapatero no puede seguir de oyente.

Ideas contra ocurrencias
Por BENIGNO PENDÁS ABC 31 Agosto 2005

LLEGA con ganas el nuevo curso. Flojea tanto el Gobierno que podría ser «el año de la oposición», decía ayer un editorial de ABC. Rajoy lleva razón. Es imprescindible aportar alternativas. La idea de convocar una convención para «actualizar» el proyecto popular supone entre nosotros una venturosa novedad. Política de ideas, estrategia a medio y a largo plazo, en contraste con el oportunismo coyuntural y la supervivencia del día a día. Lo mejor es la relación de asuntos que exigen pensar en serio. La idea de España, la vertebración territorial y la proyección exterior. La economía y la competencia en un mundo globalizado. Libertades públicas: atención a las minorías e integración de inmigrantes, dos apuestas inteligentes. Educación, una y mil veces: «Esfuerzo» y «mérito» frente al pacto igualitario de los mediocres. Habría que insistir en las reformas institucionales, en particular en el sistema electoral. Asunto delicado pero inaplazable por razones de higiene democrática. La convención que se anuncia es una gran ocasión para abrir las puertas del PP a nuevos sectores sociales. Hay mucha gente valiosa esperando que alguien despierte su ilusión adormecida. He aquí un desafío ilusionante: en un libro notable de la Universidad de Cambridge, el especialista encargado del sistema político español lo define como un «caso de manual» en materia de partitocracia.

La política mira al futuro, como la vida misma. Porque el mundo se mueve a velocidad de vértigo y reclama pensadores libres y políticos valientes: en el fondo, dos caras de la misma moneda, como bien explica H. Arendt. Cuidado, sin embargo, con la confusión de conceptos. Las ideas se distinguen por el rigor, por la hondura, por la precisión: pueden y deben ser objeto de contraste con la realidad, según la vieja teoría de Karl Popper, a veces muy mal entendida. No tienen nada que ver con las ocurrencias, «dicho agudo u original que ocurre a la imaginación», de acuerdo con la Real Academia. Son, pues, productos del ingenio, fórmulas para salir del paso cuando no se sabe qué decir. Ejemplo pertinente: «Alianza de civilizaciones» es una ocurrencia en sentido estricto. Verán ustedes el triste destino que le tiene reservado a su promotor el próximo debate de Naciones Unidas sobre el futuro incierto de la organización. En el ámbito doméstico, «nación de naciones» o «comunidades nacionales» son ocurrencias que no van a ningún sitio: ni siquiera son aceptables para sus eventuales beneficiarios. Ideas, en fin, para un partido que debe ganar el «centro» sin perder a la «derecha». Todos nos entendemos, aunque me consta que estas expresiones convencionales no gustan a los amantes del espíritu cartesiano.

Ibarretxe toma ejemplo del PSE
Editorial ABC 31 Agosto 2005

PUESTOS a sentar cátedra sobre la ciencia del diálogo, Rodríguez Zapatero tiene un serio competidor en Ajuria Enea. Ibarretxe ha captado a la primera que la «relegalización» de Batasuna parece ya un hecho (del que, por cierto, se vanagloriaba el diario «Gara» hace unos días) y ha incluido a los proetarras en la ronda de contactos «discretos» que va a emprender con las fuerzas políticas del País Vasco. Aunque no le hagan falta precedentes, le sirve como coartada que los socialistas vascos hayan mantenido reuniones secretas con el brazo político de ETA, como ayer reconocía Joseba Permach. Que el lendakari cite a Batasuna es un síntoma de que el Estado de Derecho se repliega ante la impunidad de este partido ilegalizado, que se manifiesta, que se exhibe y que se pavonea ante la inacción de los poderes públicos. No son los socialistas los más autorizados para afear a Ibarretxe su decisión, pues ellos fueron los primeros en intuir indicios de «una nueva etapa que puede llevar a la paz». Esto es lo que ocurre cuando se juega con las palabras y los mensajes: los batasunos se envalentonan y el lendakari pisotea las leyes y amaga de nuevo con el referéndum.

Zapatero
Rodríguez Siatodo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 31 Agosto 2005

Para una vez que acierta, todo el mundo quiere hacer callar al pobre Blanco. Lo lógico sería suponer que el secretario de Organización socialista habla en nombre de su partido, y que el señor Rodríguez, como le llama ahora Rajoy, comparte su visión, opinión y táctica. No nos movemos del terreno de las suposiciones porque el presidente padece el síndrome del asentimiento indiscriminado, también conocido como “sí a todo”. Esa rara dolencia ha permitido que Carod saliera en su día tan optimista de la Moncloa como había salido antes Rajoy. Como salen todos. Para un hombre que se convierte en chino cuando visita Pekín, cobrar la apariencia de un independentista radical catalán o de un conservador españolista gallego es cosa de coser y cantar. ¿Qué quieres, Josep Lluís, que el Congreso se abra de piernas y se relaje cuando llegue el estatut? De acuerdo. ¿Qué quieres, Mariano, garantías de que no apoyaremos un estatut de dudosa constitucionalidad? Ya las tienes. ¿No les gusta a los periféricos la ley de partidos? No la aplicaremos. ¿Le parece esa ley indispensable a la oposición? No la derogaremos. Sí, sí y más sí. ¡Sí a todo!

Los libros no recogen un caso similar. Nunca antes un afectado por el síndrome del asentimiento indiscriminado había llegado al poder. Ayunos de casuística, sólo podemos “hipotizar el futurible”, como diría González. En una realidad compleja, como una potencia democrática occidental, un líder semejante puede mantenerse varios años en el poder sin que las contradicciones que genera choquen entre sí provocando la catástrofe. Ha puesto el señor Rodríguez buen cuidado en contentar, por lo pronto, a los grupos más pesaditos para que se callen: pacifistas, ecologistas, cleptocracia cinematográfica, feministas, lobby gay e independentistas varios, incluyendo a los adictos a la Goma 2. Adormecidos quedan pues los focos de agitación que atormentaron al anterior gobierno. A continuación hay que ocuparse del asunto de la estructura del Estado y del concepto mismo de España.

Y llegados ahí, ya lo sabemos, si el país está dividido, más lo está el PSOE. Atado el presidente a sus asentimientos compulsivos y entretenido con sus mutaciones a lo Zelig, alguien tiene que encauzar las expectativas desatadas. Muchos dirán que esa tarea ingente, y aun histórica, le viene grande a Blanco. Pero es lo que hay. Y así está empezando el curso político, con el tutor oficioso o vocero partidario del señor Rodríguez Siatodo tratando de ordenar un poquitín el caos que se desata. Frente a él se han alzado dos lumbreras de la política, dos churchill, dos de gaulles, qué digo de gaulles, dos pericles, dos julios césar, dos alejandros: Nadal y Carod (historia y filología, alcaldía y contubernio, nada y nada), mandándole callar. Pronto se va a reunir el señor Rodríguez con Rajoy, que va a encontrar al presidente a la puerta de Palacio, muy familiar, con gafas y barba, armado de metáforas ciclistas.

Maragall
La mentira nacionalista
Agapito Maestre Libertad Digital 31 Agosto 2005

Esta mañana tenía dos opciones muy claras. O seguir leyendo a Saul Bellow o escribir sobre el cúmulo de tópicos, algunos casi delictivos, de un artículo de Pascual Maragall aparecido el domingo en El País. Opté por la escritura para descargar el enfado producido por las mentiras de Maragall, un político muy localista, siempre menor, que ha hecho de la mentira un método para arrastrarse por la vida. Me refiero obviamente a Maragall concebido como hombre público; su vida privada no me interesa lo más mínimo. Pues bien, Maragall, como político, no ha hallado mejor manera de engañar a su elevado ego que engañarse a sí mismo sobre su condición de español. He ahí el paso ineludible, previo a cualquier otra consideración, para poder engañar a los demás. Es un mentiroso convulso. Le falta inteligencia para poner en movimiento un poco de la hipocresía, el cinismo y la arrogancia de sus mayores. Le falta la casta que alguna vez, muy pocas, exhibieron los nacionalistas de las provincias catalanas. Es un vulgar, acomplejado y triste nacionalista catalán, o sea, odia a España y a los españoles. Odia, pues, a sus propios progenitores.

A partir de ese odio, que trata de ocultar hablando de un falso enfrentamiento entre nacionalistas catalanes y españoles, todo le está permitido. Falso es, sin duda, el enfrentamiento, porque el nacionalismo español sólo existe en la mente perversa de Maragall que, como los otros nacionalistas catalanes, quieren imponer al resto de españoles, especialmente a los residentes en Cataluña, una nación al margen de España. Dos grandes mentiras derivan de esa perversidad política. Primera que gracias a la aprobación del nuevo Estatuto de Cataluña –dando por hecho lo que hoy por hoy es una quimera–, comenzará una nueva etapa de relaciones entre la nación catalana y el resto de España. Segundo, y siempre que se apruebe ese Estatuto, ETA dejará de matar gracias al acuerdo que conseguirá con el Gobierno socialista. Gracias, pues, al caso catalán, o mejor, al buen hacer de los catalanes con su nuevo Estatuto podrá resolverse el asunto vasco. Este planteamiento no es ya de cuento de la lechera, sino propio de un mentiroso convulso. La mentira es la divisa política de este individuo.

La inmoralidad de Maragall, sin embargo, no es manifiesta cuando miente sobre sí mismo, sino cuando juzga a los demás, a la humanidad en general, y a determinados actores históricos en particular. Entonces, cuando se disfraza de moralista, resulta tan patético como ridículo, pues que hay que ser muy obtuso para decir que el terrorismo de ETA, que una banda de criminales mate indiscriminadamente en toda España, está causado por la maldad de Franco, que en un Decreto de 1938, en plena guerra civil, suprimió los fueros de las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa. Y, por supuesto, porque se bombardeó Guernica. ¡Por favor, señor Maragall, un poco de piedad con la historia, aunque sospecho que usted no sabe lo que esa palabra lleva adentro! Pues que si usted supiera qué es la piedad, no osaría, como lo hace en su artículo, maniatar la memoria de las víctimas del terror. Sí, señor Maragall, usted, disfrazándose de Zapatero, propone que se elimine la sustancia moral y democrática de las víctimas del terrorismo para integrar a sus asesinos en la vida cotidiana. Más aún, usted estigmatiza la función política, genuinamente democrática de las víctimas del terrorismo, al igualarlos con sus asesinos. Nunca lo imaginé a usted tan inmoral como para escribir: “No digo que no tengan justificación las actitudes machaconas en contra de los que no proclaman diariamente su repugnancia frente al terror. Esas actitudes, que no comparto porque no bastan para vencer en la porfía, tienen una función. Que es la de vacunar a la sociedad contra el olvido –esa sinuosa amenaza-”. ¡Cuánta inmoralidad! Imagínese, o mejor, póngase en la piel de una víctima, de una madre que le hayan matado a su hijo, y dígale usted que olvide, porque la culpa es de la maldad del Decreto de Franco del 38... La inmoralidad de este hombre compite con su estulticia política.

Lo siento. Abandono mi tarea de comentarista. Vuelvo a Bellow para recuperarme de esta salvajada. Si consigo reponerme leyendo algo sobre la Gran Política de Strauss y Bloom, dos de los personajes centrales de la novela de Bellow, prometo volver sobre las mentiras de Maragall.

Hartos
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 31 Agosto 2005

«Que se separen de una vez», decía hace años mucha gente. Estaban hartos de las pistolas, de la cantinela de la independencia vasca, de las complacencias de los partidos estatales con los políticos nacionalistas cuando no de las connivencias con ellos... «Que se vayan de una vez y nos dejen en paz».

Esta salida nihilista fue superada cuando se comenzó a tener la esperanza de que era posible ganar la batalla contra los terroristas de ETA. Ahora han cambiado tan radicalmente las cosas que no sólo no se ha desistido de derrotar a los asesinos, sino que, de alguna manera, se les está dando la razón políticamente en la medida en que el objetivo de todos en este momento es la reducción progresiva del Estado hasta una liquidación que no se quiere reconocer. Ya no se trata de que alguien pueda convertir parte de la casa común en una particular, sino de sustituirla por varias.

Todo el mundo está hoy tan contagiado del mimetismo estatalista que se puede hablar de balcanización. Pero no una balcanización al estilo genuino, salvaje y belicoso, sino una pactada. La España de los nuevos estatutos como troceamiento indoloro, incruento. Es el sueño de Zapatero y, por lo que estamos comprobando, de mucho dirigente del Partido Popular.

El plan es que España se desangre sin sangre; que se desangre institucionalmente. Al lado de esta operación, la transición fue una nonada. Esta desnaturalización controlada del viejo Estado nacional gracias a la aplicación de los nuevos estatutos va a ser cosa que ni han visto ni verán los siglos.

Es el milagro de una clase política sin principios, voraz y caciquil, que, además, pretende justificarse con el argumento de hacer innecesaria la batalla misma contra los asesinos de ETA en la medida en que se les deja sin objetivos. Dicen que si todas las regiones llegaran a lograr un grado tan alto de gobierno, ¿por qué ETA tendría que seguir matando? Pícaros...

Mirándolo bien, esta clase política se ha aprovechado de la presión de los encapuchados de ETA (de sus asesinatos, quiero decir) para sacar ahora este aprovechamiento estatutario. Sin el terror no habrían existido ni Jordi Pujol, ni Maragall, ni Carod Rovira, ni por aún menos estos que ahora defienden la vía de los estatutos como superación del autonomismo. Los estatutos convertidos en cripto-constituciones de diecisiete mini-estados.

¿Y los ciudadanos? Siguen sin entender el trajín que se traen «sus» representantes políticos. Saben que están jugando con su mandato y están a la expectativa. Cada vez más hartos.

Nuevo curso político
El regreso de Zapatero
Isabel Durán Libertad Digital 31 Agosto 2005

Las vacaciones del presidente tocan a su fin. Hace poco más de un año Zapatero desembarcaba en Menorca e iniciaba unas felices y triunfales vacaciones veraniegas encantado de pasear su tanga ante los objetivos de los fotógrafos en el llaud alquilado anteriormente por José María Aznar. Ahora somos una nación, o lo que sea, moderna. Tras cambiar los aznareños posados de Playetas por el desalojo de inmigrantes del centro de internamiento del aeropuerto de Lanzarote -no sea que perturben el descanso presidencial-, hemos asistido a una prórroga vacacional del jefe del Ejecutivo dado que hubo de interrumpir su descanso a causa del desgraciado siniestro de Afganistán que acabó con la vida de diecisiete militares españoles y sobre cuyas circunstancias, quince días después, apenas sabemos nada.

Claro que los nuevos aires modernistas y progres han pasado por el acondicionamiento previo, como es debido, del palacio de La Mareta. Los seguidores de Paulino Iglesias del siglo XXI han reconvertido el socialismo del Azor de González en el socialismo rosa zapateril que encuentra su mejor acomodo en el fastuoso regalo del rey Fahd de Arabia Saudí al monarca español, tras los imprescindibles retoques de Sonsoles.

Ha bastado sólo un año, el periodo que ha mediado entre los dos primeros veraneos del presidente y el cambio de ZP no se queda sólo en las formas. Zapatero navega definitivamente en las frondosas alturas del poder político, alejado de cualquier realidad, asentado sobre las cenizas de un gobierno que adolece de una colosal pereza, una cósmica falta de rigor, abrumadoras mentiras a granel a los ciudadanos y una escandalosa falta de pudor o incompetencia en asuntos vitales para la ciudadanía.

Pero eso no es lo peor. Lo más grave es que el presidente, tras atravesar un verano caliente, de nefasta gestión gubernamental, anuncia antes de su regreso, enrocado en el limbo monclovita, más de lo mismo. Toca el Congreso del PSOE con los socialistas enfrentados, aunque con la boca pequeña, entre ellos. Es la hora de la votación del Estatuto catalán. Ha llegado el momento de cerrar los presupuestos a golpe de voluntario chantaje. Impera la necesidad de respuestas sobre el 11-M, sobre la detención ilegal de militantes del PP, sobre la muerte de los 17 militares españoles y la vergonzante política exterior de Rodríguez Zapatero. Con todo ello y mientras, el embate de los terroristas y sus apoyos gubernamentales vascos bajo el liderato de Perpiñán es más acuciante que nunca, y a Zapatero sólo se le ocurre decir que su objetivo esta legislatura es “hacer una España del entendimiento”. Claro, después de haberla destrozado.

Nuevo curso político
El gran atasco
Fernando R. Genovés Libertad Digital 31 Agosto 2005

La situación del Partido Popular de cara a este nuevo curso político es, ciertamente, bastante complicada. Transcurrido el primer periodo de la presente legislatura, su estado social y político en el conjunto de la Nación no es confortable ni alentador. No importan demasiado las encuestas y los barómetros demoscópicos ni la disposición de ánimo de muchos de sus cuadros políticos, militantes y simpatizantes: aquí el que no se consuela es porque no quiere. Y así, volvemos a escuchar estos días nuevas interpretaciones de paradójicos viejos diagnósticos: “la situación es desesperada pero no grave, de modo que no perdamos la esperanza”.

No basta, pues, con limitarse a lanzar arengas con las que levantar la moral de los derrotados, como de si un encuentro deportivo se tratase, o con elaborar un listado de propósitos de enmienda y planes para el futuro, según marcan la tradición y la rutina del calendario. Los últimos compases del mes de agosto, como cada fin de año, constituyen un periodo propicio para el ajuste de cuentas con el pasado y con el porvenir, sea para obligarse a aprender inglés de una vez por todas, para hacerse los chequeos médicos pospuestos por las vacaciones, sea para apuntarse al gimnasio, de este trimestre no pasa. La cosa es más seria que todo esto.

¿Por dónde marchar, entonces? ¿Qué camino tomar? ¿Qué estrategia seguir? Lejos de mi intención el decir al Partido Popular lo que debe hacer. No perderé mi tiempo ni el del lector en divertirme con ejercicios abstractos de funambulismo político, basculando entre los riesgos especulativos y las ventajas de ser optimista o pesimista. Tampoco manteniendo una proclama centrista sobre la cuerda floja con la que intentar satisfacer a todos y acabar no contentando a ninguno.

Vivimos en España un momento excepcional desde que entre el 11 de marzo y el 14 de marzo de 2004 se nos paró el corazón y con él, el reloj de nuestra historia. Desde aquellas jornadas funestas, el país todavía no se ha recuperado, porque ni se ha hecho justicia ni se ha restablecido el orden violentamente conculcado. Todo lo contrario: las facciones políticas en el poder no sólo no presentan el menor indicio de rectificación y moderación ni, por otra parte, puede esperarse de ellas portento semejante. Sus mayores esfuerzos se traducen en tapar las bocas que pueden hablar demasiado, en ocultar las pruebas que puedan incriminarles, en taponar todo amago de investigación que les salpique y en difamar e intimidar a los arrojados a la oposición hasta el punto de que ya nunca más puedan gobernar, ni proponérselo siquiera. Este es, me temo, el problema principal, y no otro, de la vida política española.

No sé exactamente qué debe hacerse, pero sí juzgo insensata la tentación de perseverar en un discurso político victimista y de lamentación perpetua. El más estéril e irritante de ellos es el que suele acompañar a los errores y resbalones del actual Ejecutivo: “qué pasaría si en lugar de los socialistas estuviesen en el Gobierno los populares”. Esta letanía, además de revelar una agotada melancolía au contraire, oculta un profundo miedo por lo que pueda venir que poco favorece la normalización política. Hay otras monsergas al respecto, no menos penosas: “¿dónde están ahora los que tanto protestaban y tanto se sublevaban cuando gobernaba el PP?”.

¿Pueden imaginarse ejemplos de dolientes recreaciones del pasado que envuelvan previsiones más angustiosas de futuro? De estar el Partido Popular en el Gobierno, pasaría que sencillamente no se le dejaría gobernar, que volverían los meses terribles del “no a la guerra”, de los prestiges y los yaks, las huelgas generales y los asaltos a las sedes del PP, el “nunca más” y el “hay motivo”, y, con estas gestas, aquellos a quienes ahora se echa de menos y entonces se echaría de más.

He aquí el sombrío telón que sirve de fondo a la travesía política del Partido Popular en la nueva temporada, y la profunda anomalía que ensombrece y ahoga la democracia española. Esta es la gran cuestión que mantiene atascada la situación política nacional: el gran atasco nacional. No se trata de que guste más o menos el volver hacia atrás y el recrearse en el estancamiento. Resulta que estamos necesariamente, desgraciadamente, fijados a aquellos días, mientras los culpables de la felonía no hayan rendido cuentas ante la Nación, no se haya repuesto el orden vulnerado y se den las plenas garantías democráticas de que lo sucedido no volverá a ocurrir. Este planteamiento es en verdad dramático, pero, precisamente por ello, también insoslayable: no es posible seguir adelante —pasar página, echar el cerrojo y a otra cosa— como si nada hubiese pasado.

No basta proclamar enfáticamente que hay que mirar al futuro y no al pasado, por la “dramática” circunstancia de que aquí ya nadie se mueve de su sitio, los puestos de Gobierno y oposición ya no son intercambiables y si alguna señal hay de signo contrario, se vuelve a las andadas. Con este chantaje y con esta amenaza sobre su cabeza, una democracia queda bloqueada y no puede avanzar. Y con esto, de poco sirve que el PP haga votos por hacer las cosas mejor al objeto de ganar las próximas elecciones.

No tengo todas las respuestas y prometí además al principio no decir a cada cual lo que debe hacer. Mas sí vislumbro algunos pasos sin los cuales creo muy difícil reemprender el camino. Para empezar, no resultarían fútiles ni gratuitos ciertos gestos por parte del Partido Socialista como condición para que el diálogo y el entendimiento políticos sean posibles. Por ejemplo, que, en señal de buena voluntad, se desprenda de inmediato de severos lastres que lo atan al pasado y mantienen en alto, en luz roja, en prevención, la coacción reactiva, a saber: las alianzas de poder con grupos incivilizados y extremistas y el retiro forzoso, no incentivado, de sujetos especialmente significados en el brusco cambio de régimen, aunque para ello haya que apuntar hacia altos puestos y cargos políticos.

Por lo que respecta al Partido Popular, creo no exagerar si digo que para ganarse la confianza de la población y volver al Gobierno, precisa, aparte de los votos necesarios que le permitan ocuparlo, de la voluntad y el coraje con los que, una vez en él, poder conservarlo. Para tal fin, nada mejor que hacerse respetar, defender los principios y valores que representa y no ser más hostil con los ideológicamente próximos que con los lejanos. He aquí, con todo, mis buenos deseos para el nuevo curso político.

La Conferencia Autonómica, hacia la confusión
Editorial Elsemanaldigital.com  31 Agosto 2005

El próximo día 10 está convocada una reunión de todos los presidentes autonómicos con Zapatero. Para esa reunión, de momento, sólo hay un programa: propaganda del mismo Zapatero.

El Presidente del Gobierno convocó para el diez de septiembre una Cumbre de presidentes regionales. Es la segunda convocatoria de esta naturaleza, y con ella el PSOE quiere mostrar el diferente talante con el que afronta la cuestión autonómica.

Cuando falta poca más de una semana para la reunión Zapatero aún no ha dicho con claridad qué pretende conseguir con esta reunión. Aparte de la polémica sobre la financiación de la sanidad no hay nada concreto sobre la mesa. Si se va a tratar sólo o esencialmente de la deuda sanitaria habría bastado una reunión sectorial; si se van a afrontar otros asuntos ya es hora de decirlo.

El Partido Popular ha dicho que la fecha de septiembre puede ser precipitada, y realmente con el orden del día que se conoce más que otra cosa puede ser prematura e incluso innecesaria.

Es evidente que Zapatero tiene un problema autonómico, y que con una retórica huera y actos representativos como éste trata de convertir en problema nacional lo que no deja de ser un lastre de su partido y de su propia gestión gubernamental. Zapatero llegó al poder en minoría, con el apoyo de extremistas republicanos y con promesas de acabar con la discordia nacionalista y con el terrorismo que nace de ella. Sus alianzas son una parte esencial del verdadero problema autonómico.

Si hay una cuestión regional en España que deba tratarse en esta Cumbre es, en cambio, la necesidad de conjugar la autonomía con la lealtad nacional, sin continuas polémicas, y de ofrecer sobre todo a los ciudadanos los servicios más cercanos y eficaces. Que los presidentes se reunan para trabajar en esto y no para servir de excusa a la propaganda complaciente y vacía de José Luis Rodríguez Zapatero.

Afganistán e Irak: "juegos de paz" de ZP
Carlos Ruiz Miguel www.elsemanaldigital.com  31 Agosto 2005

Confirmado: el Gobierno no tiene la conciencia tranquila en Afganistán. Sólo así se explican las torpes palabras del presidente Rodríguez el 26 de agosto: "Estamos en Afganistán por las mismas razones que salimos de Irak, por defender la paz y la legalidad internacional" (sic).

El presidente ha querido salir al paso del ocultamiento que practica su Gobierno sobre la muerte de 17 soldados españoles volviendo a su gran obsesión: Irak. Esa obsesión que le ha llevado a cometer lo que él mismo ha reconocido como un error: su llamamiento de Túnez (el 9 de septiembre de 2004) a que todos los países retiren sus tropas de Irak, apenas 3 meses después de que él mismo diera su voto favorable a la resolución 1546 (8 de junio de 2004) que "pide a los Estados Miembros y a las organizaciones internacionales y regionales que presten asistencia a la fuerza multinacional, en particular con fuerzas militares, según se convenga con el Gobierno del Irak, para ayudar a satisfacer las necesidades del pueblo iraquí en materia de seguridad y estabilidad".

Rodríguez no ha aprendido. Mal que le pese, el error no fue el llamamiento a la deserción global sino la retirada de Irak, un error tanto más culpable cuanto que la situación en aquel país se ha deteriorado justamente a raíz de la retirada española.

Al decir ahora que las razones por las que estamos en Afganistán no son las razones por las que fuimos a Irak, Rodríguez se vuelve a suicidar internacionalmente. Una de dos: si es cierto que la presencia en Afganistán es "legal" y en Irak no, vuelve a alimentar así la desconfianza de USA hacia su Gobierno. Si la presencia en Afganistán es "tan legal como" la presencia en Irak, nuestro presidente está mintiendo o ignorando (¡a estas alturas!) una cuestión esencial de nuestra política exterior.

¿Es la presencia en Afganistán legalmente distinta que en Irak? Lean:

- "La provisión de seguridad y estabilidad es esencial para llevar a buen término el proceso político".

- "(Naciones Unidas) acoge también con beneplácito que la Fuerza Internacional (...) esté dispuesta a prestar asistencia en materia de seguridad durante la organización de las próximas elecciones".

- (...) Naciones Unidas (...) autoriza a una fuerza multinacional bajo mando unificado a que tome todas las medidas necesarias para contribuir al mantenimiento de la seguridad y la estabilidad en (...)".

- "(Naciones Unidas) Autoriza a los Estados Miembros que participen en la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad a que adopten todas las medidas necesarias para cumplir su mandato".

Los cuatro textos están extraídos de resoluciones de la ONU (1510, 1511, 1536, 1563): dos textos son sobre Afganistán y dos sobre Irak: ¿advierte usted la diferencia?...

Pues nuestro presidente sí...

El lauburu
Por Ramón Pi El Ideal Gallego  31 Agosto 2005

Estuve este fin de semana en Bilbao. Ir a los sitios ayuda mucho a explicarse algunas cosas que pueden parecer incomprensibles. Tal ocurre, por ejemplo, con el fenómeno del nacionalismo vasco. No me refiero a la coartada de los asesinos de ETA, sino a eso que llaman nacionalismo moderado . El caso es que compré los periódicos locales ( Deia , El Correo y Gara ), y en los tres había su correspondiente sección de esquelas mortuorias. Como es habitual, encabezando la mayoría había una cruz; pero también había algunas esquelas, en las tres publicaciones, presididas por un lauburu , esa cruz gamada de orígenes remotos con los bordes redondeados, que el nacionalismo vasco ha hecho uno de sus símbolos. Yo comprendo que la esquela de un no cristiano no esté presidida por una cruz. Incluso entendería que lo estuviera por una media luna o por una estrella de David, si el difunto fuera musulmán o judío.

Comenté estas cosas con un buen amigo con quien se puede hablar con franqueza, y me dijo: "Es cuestión de sentimientos, y los sentimientos no son siempre racionalizables; por eso es posible que alguien dispusiera que en su esquela figurase el escudo del Betis, si fuera lo bastante fanático de ese equipo . Mi amigo había pronunciado la palabra clave: fanático. El fanatismo es una forma de desarreglo mental evidente. Lo que ya no es tan evidente es que el fanático se dé cuenta de que lo es. Y me parece que eso es lo que está ocurriendo en el nacionalismo vasco: el lauburu en las esquelas.

CONDENADO A CIENTOS DE AÑOS POR VARIOS ASESINATOS
El etarra Erro Zazu "Pelos" se licenció en Políticas en la UPV con DNI falso y sin cubrir los requisitos de acceso
El asesino múltiple del grupo "Donosti" de la banda terrorista ETA Ignacio Erro Zazu, detenido en el año 1987, ha cursado la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco sin rellenar los requisitos mínimos de acceso. En su expediente, que es uno de los 47 que investiga la Fiscalía General del Estado no figura la fecha de nacimiento, el número del DNI es falso y no justifica cómo accede a la UPV, es decir, no explica los estudios que tiene para poder matricularse en la Universidad.
EFE Libertad Digital 31 Agosto 2005

Ignacio Esteban Erro Zazu "Pelos", fue detenido por la Guardia Civil el 23 de julio de 1987 como integrante del "comando Donosti". La operación se llevó a cabo en un piso de Pasajes de San Pedro (Guipúzcoa), donde en el enfrentamiento con los agentes resultó muerta Lucía Urigoitia Ajuria.

Erro Zazu ha sido juzgado y condenado a varios cientos de años por diversos delitos, entre otros, el asesinato del teniente retirado del Ejército Oswaldo José Rodríguez; el asesinato del coronel mutilado Luis de la Parra Urbaneja, cometido el 22 de junio de 1981 en Irún; el asesinato del Policía Nacional José Antonio Alvarez Díez, el 14 de marzo de 1986, en San Sebastian; asesinato de dos marinos, así como el atentado contra el Gobierno Militar de San Sebastián.

Según el expediente académico de este etarra, al que ha tenido acceso Europa Press, ha estado matriculado en dos facultades a pesar de que en su documentación de ingreso en la Universidad aparecen numerosas irregularidades. Así, el Documento Nacional de Identidad que figura no es el suyo, sino que aparece un "99999215".

El mismo número ficticio que figura en todas las actas de su expediente, aunque curiosamente aparece el número de la Seguridad Social, dato cuya inclusión no suele ser habitual. La localidad de nacimiento que aparece es el carácter "8" repetido varias veces, al igual que en la casilla de la provincia de nacimiento.

Tampoco se hace constar de qué forma accedió a la Universidad, algo que es "imprescindible" para abrir el expediente académico. Es decir, no aparece si tenía el COU y la selectividad, si había accedido como mayor de 25 años o si poseía otro título universitario. Con estos datos, Erro Zazu ha estado matriculado durante doce años en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, desde 1988 hasa 1997, donde se ha licenciado en Ciencias Políticas. Posteriormente se matriculó en la Facultad de Filología, Geografía e Historia y más tarde pidió el traslado a la UNED.

Se investiga quien firmó las actas repletas de irregularidades El primer curso que se matricula es el de 1988-1989 y lo hace en un grupo de castellano con horario de tarde. Una de las cosas que investiga la Fiscalía es cómo pudo formalizar la matrícula en ese primer curso ya que no figuran datos de acceso, en caso de que no aparezca la documentación pertinente, eso podría invalidar todo su expediente académico universitario. Ese año sólo aprobó una asignatura, la de Economía Política. También se investiga quién firmó el acta de ese aprobado.

El resto de los cursos hasta 1992-1993 fue aprobando algunas asignaturas entre julio y septiembre y en algunas no se presentó, pero no suspendió ninguna. En el curso 92-93 no se presentó a nada y el curso siguiente no se matriculó. Pero en el que corresponde a 1994-95 sí se matriculó, aprobando dos asignaturas en junio y dos en septiembre.

Este es el primer curso en el que suspende por primera vez una asignatura. En aquel curso ya se había firmado el convenio con la UNED, momento a partir del cual se establecieron algunos controles en las matriculaciones y los exámenes. Continuó matriculándose en el resto de cursos y en septiembre de 2001 consiguió licenciarse en Ciencias Políticas con una nota media de 6,09. El año siguiente prosigue sus estudios en la Facultad de Filología, Geografía e Historia. Al haber obtenido un título universitario en la propia universidad, el trámite de admisión es automático.

Ese año aprobó dos de las tres asignaturas a las que se presentó, el año siguiente se matricula de cuatro de primero aprobándolas entre junio y septiembre. El curso 2003-2004 no se matricula y tramita su traslado de expediente a la UNED. La modalidad de traspaso que utiliza es el 7Q, es decir: 7, por pasar de primer ciclo a segundo y Q, por traslado a un segundo ciclo con el primer ciclo acabado. Sin embargo, no tiene el primer ciclo aprobado ya que le queda al menos una asignatura de primero y todas menos una de segundo, ya que utiliza la carrera de Historia para este traslado y no la de Políticas.
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