AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 3 Septiembre 2005
Zapatero tendrá que elegir
EDITORIAL Libertad Digital 3 Septiembre 2005

¡Dejadme solo!
Por Manuel Ángel Martín ABC  3 Septiembre 2005

Un debate previo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Septiembre 2005

Los vagos se examinan en septiembre
Pablo Molina Libertad Digital 3 Septiembre 2005

Pagando por el pecado
Gorka Echevarría Libertad Digital 3 Septiembre 2005

Desconcierto
JOSEBA ARREGI El Correo  3 Septiembre 2005

Un juez deja en evidencia a Zapatero, López Aguilar y Conde-Pumpido
Editorial Elsemanaldigital.com  3 Septiembre 2005

Zapatero tendrá que elegir
EDITORIAL Libertad Digital 3 Septiembre 2005

El juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska tomará declaración en los próximos días a siete miembros del Partido Comunista de las Tierras Vascas por su presunta vinculación con la banda terrorista ETA. ¿Hemos de alegrarnos? Sin duda, tal y como están las cosas en este país en trance de perder el nombre y la sustancia y que gusta de cercar con pullas e indiferencia a los guardianes de la sensatez y el sentido común. Que se lo digan al vilipendiado Francisco José Alcaraz, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo: sin él y los suyos Marlaska no podría estar cumpliendo con su deber. Alcaraz, optimista pese a todo, ya se mostró confiado en que “el sentido común triunfaría” cuando el magistrado decidió, en julio, admitir a trámite la querella de la AVT contra el PCTV.

Si éste fuera un país gobernado por adultos –por utilizar la celebrada expresión de nuestro columnista José García Domínguez– no habría motivo alguno para la satisfacción, pues duele constatar que nos encontramos ante el deprimente espectáculo de un Ejecutivo descolgado –voluntariamente– del ritmo que marca... no el Poder Judicial, sino un juez a quien el Ministerio Público desasiste. Con ser esto grave, más lo es ponerse en lo peor, es decir, en que el presidente Zapatero responda a los renovados llamamientos en pro de la ilegalización de la última franquicia de ETA asumiendo el papel del Bartleby de Melville, que a todo respondía con un lapidario: “Preferiría no hacerlo”. Lo secundan y remedan el fiscal general del Estado, Cándido Conde Pumpido, y el ministro de Justicia, Juan Fernando López-Aguilar. Por cierto, este último rechazó comparecer ante el Parlamento después de la admisión a trámite de la querella de la AVT contra el PCTV porque no había, a su entender, “ninguna novedad” en lo relacionado con los vínculos entre ETA-Batasuna y la franquicia llamada "de las Nekanes". ¿Qué dirá ahora?

Cabe ponerse en lo peor porque este presidente nuestro por accidente está, desde que llegó al poder, empeñado en desbaratar la política que puso a ETA en los peores momentos de su historia. En tender la mano a todos menos al PP, en dialogar con los asesinos y con quienes tienen por meta la desmembración de España. Está, en fin, metido en la tarea de demoler el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que no se cansó de prohijar cuando estaba en la oposición, y en meter palos entre las ruedas de la Justicia cuando a algún magistrado le da por cumplir con su deber.

Habremos, pues, de administrarnos la alegría con cautela. Porque la obra de ZP en los meses que lleva de Gobierno se refleja en el panorama que padecemos: los proetarras crecidos y los parlamentarios vascos de la última franquicia de ETA disfrutando de la condición de aforados (Marlaska no les podrá hincar el diente, sólo el Supremo), con el ministro de Justicia y el fiscal general del Estado haciendo alardes de tancredismo y con el jefe del Gobierno preparando la próxima reunión con el lehendakari Ibarretxe, que le pedirá el acercamiento de los presos, la legalización de Batasuna y el diálogo con los que no se arrepienten de su historial asesino.

Aunque prefiriera no hacerlo y dar la razón a todo el mundo, Zapatero tendrá que elegir entre Ibarretxe, Otegi, las franquicias de ETA y Carod o el sentido común, la Justicia y las víctimas de ETA, entre las que, recordemos, no eran pocas las que militaban en su propio partido. Pero para que el sentido común triunfe no basta con el voluntarioso empeño del vilipendiado Alcaraz. En este caso hace falta también que los beneficiarios de su victoria enarbolen convencidos y sin pedir perdón el estandarte de la decencia.

¡Dejadme solo!
Por Manuel Ángel Martín ABC  3 Septiembre 2005

DE la última reunión de la Ejecutiva Federal del PSOE ha salido el encargo o la generosa disposición de su secretario general de oficiar de conductor de un proceso de conciliación entre los suyos para encontrar una vía que cuadre el círculo del Estatut catalán. Esta implicación personalísima del presidente Rodríguez Zapatero tiene algo de gesto torero, coherente con su apreciación subconsciente de que «no se trata de lidiar con las reformas estatutarias, las reformas estatutarias son algo nuestro», aunque lo de tomar «las riendas» nos remite más bien a la suerte de varas o al rejoneo. Guste o no, la Fiesta Nacional es fuente inagotable y facilona de metáforas polivalentes, así que todos hemos entendido que el berenjenal estatutario lo ve el presidente como una punta de morlacos astifinos que hay que lidiar y que los más sensatos añoran la presencia de un jefe de lidia. Subalternos fuera, basta de marear al animalito, por favor, dejadme solo.

Las tensiones entre los socialistas al respecto son tan evidentes que ya ni siquiera da resultado la sistemática y universal culpabilización del PP como táctica de distracción. La reforma de los Estatutos y su encaje constitucional no se ve ya -aunque técnicamente lo sea- como un asunto de Estado que debe ser fruto del consenso nacional, sino como un problema previo que tienen que resolver los socialistas del PS seguido de diferentes siglas que lo hacen distinto según a qué intereses autonómicos sirvan.

Estamos ante un juego «suma cero» donde lo que algunos ganan, lo pierden otros, y es tarea de titanes vender la idea contraria cuando cada cual necesita convencer a su clientela regional precisamente de que se ha ganado a costa del conjunto. Nada es gratis, y las negociaciones en las que, al final, todos ganan y nadie cede, suelen estar reservadas a los genios o a los milagros del cambio tecnológico. Si alguien pensaba que el dinero para tapar el agujero de la sanidad pública iba a caer del cielo y no del bolsillo de los ciudadanos, estaba en la inopia.

En esto de los estatutos también pagarán los ciudadanos, aunque los de un sitio más que los de otro, y en esta discriminación el igualitarismo y hasta la solidaridad socialista se quiebran. Estaría bien que Zapatero se implicara personalmente y tratara de poner orden en su turno y cuadrilla, porque si lo consigue lo demás puede ser más llevadero. El viejo chiste contaba que el matador seguía gritando ¡dejadme solo! cuando ya el ruedo estaba vacío de subalternos, y así se lo hicieron ver. Señaló al toro y se quejó: «Y ése, ¿qué hace ahí?». Pero a nuestro toro autonómico ya no hay quien lo devuelva al corral y échele usted un galgo a quien le abrió el toril. Sólo nos queda lidiarlo civilizadamente.

Déficit sanitario
Un debate previo
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 3 Septiembre 2005

El plan con que el Gobierno trata de enjugar el déficit sanitario debería suscitar un gran debate acerca de la política de hechos consumados de algunos gobernantes periféricos, de la irresponsabilidad con que han acumulado déficit sin control durante lustros. En el caso catalán, habría que examinar con espíritu crítico la manera en que el pujolismo financió su programa de construcción nacional, pavorosamente clientelista, quemando recursos que, sin el comodín del déficit, habrían ido a partidas menos rentables políticamente. Como la sanidad.

Considérense las necesidades de un Estado del Bienestar como el nuestro, que tiene uno de los mejores sistemas de salud pública del mundo. Si este es el nivel que deseamos, hay que poder financiarlo de modo realista y viable. Si no, lo disfrutaremos durante un tiempo más o menos largo y se irán beneficiando de él cada vez más los inmigrantes, mientras, como sucede en Cataluña, la mayoría suscribe pólizas con mutualidades privadas para los problemas menores, que son los que atascan los servicios. ¿Qué quieren legar nuestros gobernantes autonómicos a las generaciones futuras: economías saneadas y servicios públicos excelentes o hipotecas?

Nuestros médicos, los peor pagados de Europa, se ven obligados a visitar pacientes en pocos minutos mientras las listas de espera se alargan, el número de camas apenas crece y nadie se plantea mejorar los aspectos secundarios de la atención médica, que no lo son tanto en la percepción de los pacientes. En el universo contemporáneo de la gestión sólo existe una medida de la calidad: la valoración del cliente, en este caso usuario. Muchos suspenderán al sistema del que ha recibido sin cargo exclusivos tratamientos médicos con tecnologías punteras. Y lo harán por razones que no tienen nada que ver con el trabajo de los médicos ni con el equipamiento de los hospitales; podrá más la impresión por el estado de muchas instalaciones, el colapso de los servicios de urgencias, la falta de camas, los pasillos donde se acumulan los enfermos… y el trato personal.

Los inmigrantes son usuarios intensivos de la sanidad pública. Según testimonios médicos, muchos se presentan con el diagnóstico ya hecho en su país, a la espera de que España les dé fecha de intervención quirúrgica. Hemos querido una asistencia universal de gran calidad y que no discrimine. Está bien que sea así, pero no es coherente con una gestión de los recursos públicos que imposibilita el sostenimiento de tal nivel de protección.

Un canon sanitario, una cantidad simbólica, transmitiría la idea de que los servicios de salud no son gratuitos, que tienen un coste y que tienen un valor. La consejera catalana del ramo ha insinuado alguna vez la posibilidad de implantarlo, sin éxito. Por cierto, Marina Geli podría ser la próxima ministra de Sanidad del Gobierno Zapatero. Al tiempo.

El blogoscopio
Los vagos se examinan en septiembre
Pablo Molina Libertad Digital 3 Septiembre 2005

Mucho va a tener que esforzarse el presidente Rodríguez para evitar aparecer en su inminente reunión con Rajoy como el típico mal estudiante que se presenta a la repesca septembrina sin haber pegado ni golpe durante el mes de agosto y sin saber qué contestar o qué excusa poner.

Durante el verano, las crisis se han ido sucediendo una tras otra sin que el presidente del Gobierno haya atinado a ir más allá de la onomatopeya: una racha de viento y ¡plaf!, once muertos en Guadalajara. Otra brisa inoportuna y ¡plaf!, diecisiete muertos en Afganistán. Una instalación contaminada y ¡plaf!, dos mil intoxicados por la salmonella, con la responsable del ramo en paradero desconocido. Tan sólo cuando la incompetencia de sus ministros se ha hecho demasiado evidente Rodríguez ha abandonado momentáneamente su modorra estival para darnos alguna dosis terapéutica de pensamiento desnatado sobre pacifismo, filantropía, antimilitarismo y geoestrategia de la señorita pepis: “Estamos en Afganistán por las mismas razones por las que salimos de Irak”, es la afirmación que revela el punto exacto de cocción en el que se encuentra nuestro papel en el mundo y el respeto que a ZP le merece la inteligencia de quienes le votan (lo que opinemos los demás es algo que le trae sin cuidado, como ha demostrado repetidamente, hasta con tres millones de firmas de contribuyentes de por medio).

Veintitrés días en un palacete real, con todas las comodidades, deberían dar para mucho, aunque uno sea un asceta confeso como nuestro Gandhi (“No hablo sólo de frugalidad, de austeridad económica, no sólo de rigor en el gasto. Pido austeridad en el ejercicio del poder". Rodríguez Zapatero, 26-03-04). La reflexión serena y el estudio sistemático en un entorno paradisíaco como el de La Mareta ayudan a vigorizar el arsenal analítico, aunque éste sea tan descriptible como el del presidente del Gobierno. Sin embargo, parece que la actividad presidencial en el bello paraje lanzaroteño ha ido por otros derroteros más prosaicos. La ociosidad, en el caso de Rodríguez, no es una falla del carácter, sino un perfil más de su rica personalidad, cultivado a conciencia a lo largo de una vida dedicada a las cosas de la política.

El baloncesto, que parece ser la principal ocupación presidencial fuera del horario de oficina, se convierte así en la metáfora perfecta de la España actual: todo consiste en hacer que las cosas pasen por el aro. El Estado de Derecho por el aro del diálogo con la ETA, la unidad nacional por el aro del estatuto separatista de Pérez el escamot, el desarrollo del Levante español por el aro de las concesiones al nacionalismo cateto y el decoro del Ejército por el aro del silencio, impuesto desde el Gobierno que vino a robustecer nuestras libertades públicas y a dar lustre a una democracia desprestigiada por ocho años de aznarismo.

ZP parece fiarlo todo al poder de la sonrisa y la eficacia del talante, sin embargo, por más que se aplacen las deudas, éstas acaban venciendo y los acreedores no se conforman sólo con “diálogo”. Mariano Rajoy es el cobrador designado por diez millones de clientes para exigir al moroso Rodríguez una respuesta satisfactoria a la tarea que asumió el 14-M. La cita es el próximo lunes, y no parece que el líder de la oposición esté muy dispuesto a dejarse meter por el aro otra vez.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana

Tributos al Estado
Pagando por el pecado
Gorka Echevarría Libertad Digital 3 Septiembre 2005

El gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, que hizo de la bajada de impuestos su bandera y del tipo único en el IRPF su fórmula económica, ha incumplido sus promesas. Hasta cierto punto es lógico, puesto que el socialismo pretende esquilmar al ciudadano para redistribuir su dinero entre sus votantes, especialmente los más ricos (artistas e intelectuales, empresarios de los medios de comunicación, etcétera).

Se van a subir los impuestos sobre el alcohol (10%) y el tabaco (5%). Asimismo, se concede a las Autonomías la facultad de incrementar en un 2% el impuesto sobre la Electricidad. El pretexto de estas medidas no es otra que cubrir el dichoso déficit sanitario, especialmente el de Cataluña.

En primer lugar, no hay que olvidar que subir los impuestos indirectos viene a demostrar que la izquierda odia a sus votantes. Al final son los más desfavorecidos los que pagan el pato, ya que son este tipo de impuestos los que inciden en el consumo. Es más, se denominan “impuestos del pecado” (sin taxes), porque pretenden cambiar los hábitos de la gente al incidir sobre productos que se califican como “vicios”. La izquierda, tan preocupada por la libertad, quiere llevar a cabo políticas puritanas-victorianas y convertirnos en “hombres nuevos”, sin ningún tipo de vicios malsanos.

Por otro lado, desde el punto de vista meramente fiscal, estas subidas tienen un doble efecto recaudatorio. Como los impuestos especiales sobre el tabaco, la electricidad y el alcohol se adicionan al precio del producto y el IVA se aplica a la suma del precio y los impuestos fijados, no sólo se incrementa la recaudación en los porcentajes señalados, también el Impuesto sobre el Valor Añadido. De hecho, recientemente hemos podido saber que el incremento de precio de la gasolina ha permitido al Estado embolsarse 1.800 millones de euros adicionales por IVA e impuestos especiales. Así pues, resulta un tanto extraño que, a pesar de que el precio del petróleo sigue subiendo y, por tanto, el Gobierno vaya a recaudar más impuestos, pretenda elevar otros tributos.

Pero lo triste del caso es que no sólo hay argumentos morales y técnicos para repudiar el impuesto, también utilitaristas, ya que, como todo el mundo sabe, una de las ventajas competitivas que tiene actualmente España para atraer turismo son los bajos impuestos sobre el tabaco y el alcohol respecto de los vigentes en otros países de la Unión Europea. Los restaurantes, bares y discotecas ofrecen una serie de servicios de calidad a precios razonables en comparación con los que repercuten estados como Francia o Inglaterra. Si se incrementan estos impuestos, teniendo en cuenta que, al entrar en el euro, nuestros precios han crecido sustancialmente, el turismo se resentirá notablemente. Los hosteleros tendrán que subir sus precios, por lo que la gente consumirá menos y habrá más paro. Cabe temer que, a partir de ahora, salir por la noche vaya a convertirse en un lujo.

Financiar el gasto sanitario vía impuestos indirectos, como hemos podido comprobar, es un lamentable error. Además, intentar resucitar el ya quebrado sistema sanitario es tanto como querer revivir a un muerto. Por eso, es preferible reformar el sistema drásticamente.

Nuestra salud va en ello. Y ya se sabe que no hay nada más cierto que la muerte… y los impuestos.

Desconcierto
JOSEBA ARREGI El Correo  3 Septiembre 2005

La gran ventaja de ETA y Batasuna frente a los partidos políticos democráticos radica en que siempre han sabido exactamente lo que tienen que hacer, lo que les conviene en cada momento. Uno de los mayores problemas del resto es el desconcierto, las dudas permanentes sobre lo que pretenden ETA-Batasuna, no saber con claridad lo que hay que defender, no percibir que una de las líneas de actuación más importantes de ETA-Batasuna consiste precisamente en crear desconcierto en quienes luchan contra ellos, en ocupar palabras para vaciarlas de sentido, en crear una atmósfera en la que parezca que todos hablan de lo mismo, pero siendo ellos los que controlan la geolingüística.

El problema en la lucha contra ETA-Batasuna no es mayormente una cuestión de progresistas frente a reaccionarios, como quieren hacer creer algunos. El problema de la lucha contra ETA no radica en que unos están a favor del diálogo frente a los que se niegan a él. El problema de la lucha contra ETA-Batasuna no se encuentra en la contraposición de actuación policial frente a actuación política -como si en democracia la actuación de las fuerzas de seguridad no formara parte de la política fundamental del Estado-.

El problema fundamental en la lucha contra ETA-Batasuna radica en la confusión de ideas, en el desconcierto mental, en el vaciamiento de significado de las palabras que se utilizan en el debate público, a beneficio de la claridad de los enemigos de la democracia y de Euskadi, de ETA-Batasuna. Basten algunos ejemplos tomados de la lectura de la prensa a lo largo del mes de agosto. En una entrevista aparece, junto a una gran mayoría de opiniones muy acertadas y compartibles, la famosa idea de que no hay que tener miedo a las palabras, de que no hay que tener miedo a procesos políticos, en referencia a la famosa consulta popular, fórmula que engloba al derecho de autodeterminación. Cuando en el debate político vasco aparece la referencia al miedo a alguna palabra, a algún proceso político, parece que la alternativa al miedo es aceptar la fórmula exigida por ETA-Batasuna para acabar el supuesto conflicto, cambiándole el nombre, integrándola en un contexto en el que parece que no significa lo que sí significa para quienes la exigen.

Pues bien: la alternativa al temor no es la aceptación, ni la trivialización de lo que se discute, ni vaciarlo de contenido y de significado, sino simplemente el respeto por las palabras y lo que significan. Tomarlas en serio. Colocar su significado en el plano correcto y adecuado. Nadie que defienda el Estatuto de Gernika está, ni puede estar, contra la consulta popular, pues el Estatuto fue aprobado en referéndum, la forma más clara de consulta popular. Quienes sí parecen estar en contra de la consulta popular son quienes no han aceptado nunca esa manifestación de voluntad popular, y quienes de manera sobrevenida se han apuntado a esa no aceptación.

La cuestión radica en qué es lo que se somete a consulta popular: en el caso del Estatuto de Gernika, como en el caso de la Constitución española, como de todas las constituciones democráticas, es un acuerdo previo alcanzado por una representación suficiente de la pluralidad de opciones políticas. Lo que en el debate político vasco actual conforma el contenido político de la consulta popular es que, sin acuerdo previo, sea directamente un referéndum el que, a través de la mayoría que se refleje en él, se decida lo que va a definir políticamente al conjunto de la ciudadanía como sociedad. Diferenciar esas dos formas, diametralmente opuestas, de consulta popular debiera ser obligado, al igual que recordar que la segunda forma, radicalmente plebiscitaria, es la que más han utilizado los regímenes totalitarios.

Parece, segundo ejemplo, que nunca nos vamos a librar de la referencia a Irlanda del Norte, aunque en algunos momentos hayamos llevado más el camino de copiar el problema norirlandés, la división en dos comunidades, que la solución, el abandono de las armas. En esta cuestión también es preciso subrayar que todo lo que en el Acuerdo de Viernes Santo, en el Acuerdo de Stormont, puede apuntar a la consulta popular, al derecho de autodeterminación de la sociedad norirlandesa, está sujeto al acuerdo previo, al consenso de las dos comunidades: nada puede hacer una contra la otra, ni siquiera sin la otra. Esta necesidad del consenso elimina la solución por la que apuesta el nacionalismo vasco en los últimos años: convocar a la sociedad a un referéndum, para que lo que diga la mayoría en dicha consulta sea lo que defina constitucionalmente al conjunto de la sociedad. Éso es lo que está imposibilitado en el caso de Irlanda del Norte.

La profundización de la democracia, tercer ejemplo, no se produce por su simple afirmación. La aplicación, por ejemplo, del principio de mayoría también a la definición de la sociedad no es profundizar en la democracia, sino abrir la vía al sistema plebiscitario, condenando a una buena parte de la ciudadanía al simple acto de participar en una votación, pero no poder participar en la definición política de la sociedad de la que se es ciudadano. Profundizar en la democracia, por el contrario, se inscribe normalmente en la dirección de no quedarse en la simple participación electoral, sino participar en la definición de políticas concretas -en la discusión del presupuesto de una ciudad, por ejemplo-. Curiosamente, sin embargo, parece que a algunos la profundización democrática les lleva a esto último, pero están dispuestos a permitir que en lo más elemental, en la definición constitucional de la sociedad, la participación de muchos se reduzca a la mera emisión del voto.

Batasuna ha marcado el verano político vasco, con todo lo que ello significa. Es por lo menos lo que se deduce de la lectura de los periódicos y de las manifestaciones de los políticos vascos. Han celebrado, incluso, una manifestación permitida en cuyo acto final un dirigente de un partido ilegal habla y plantea ofertas políticas al presidente del Gobierno. Curioso país el nuestro en el que el portavoz de un partido ilegal habla en público, ocupa los titulares de la prensa del día siguiente como si se tratara del partido mayoritario, como si se tratara del presidente del Gobierno de Euskadi, y no pasa nada.

Pero tan curiosa es, por lo menos -cuarto ejemplo-, la confusión en torno a la valoración de esa presencia pública en manifestación de un partido ilegal, y por tanto inexistente a todos los efectos. Parece que la oportunidad o inoportunidad de la manifestación depende de si se temen o no excesos de violencia callejera. Parece que si la manifestación transcurre sin mayores problemas, con normalidad, todo resulta menos malo, más aceptable. Parece también que si Batasuna hubiera tenido la amabilidad de convocar la manifestación de San Sebastián por persona interpuesta, no de forma tan descarada, también aquella hubiera podido celebrarse. Hay incluso quien ha exclamado que Batasuna es capaz de controlar a sus gentes cuando quiere -con lo cual está claro que no hay duda de quién es el organizador de la manifestación-.

Pero lo grave no son los actos vandálicos, que Batasuna no quiera controlar siempre a los suyos. Lo grave es que en un país democrático, en una sociedad que vive organizada como Estado de Derecho, un partido ilegal pueda aparecer y actuar en público, que su portavoz pronuncie un discurso político en público en calidad de portavoz de dicho partido ilegal. Lo cualitativamente grave es eso. Los actos vandálicos, con toda su gravedad, son secundarios.

Por salir de nuestro pequeño país y ver que el desconcierto también campa por otros lares: políticos catalanes, que no se han cansado de proclamar que su proyecto de reforma del Estatuto, o de nuevo Estatuto, puede interpretar la Constitución, que es de todos; que no se han cansado de proclamar que inician la redefinición del Estado, la segunda transición, en definitiva, que están actuando no sólo en lo que a Cataluña se refiere, sino aventurándose en territorio común, pariendo la España plural, actuando sobre cuestiones que afectan al conjunto del Estado, a la Constitución misma, no quieren que nadie que no sea catalán opine sobre lo que están haciendo. Dicen que ahora no toca, que ya tocará. Pero también han proclamado que, cuando toque, no toca cambiar nada de lo que ya hayan decidido ellos. !Viva el desconcierto!

Un juez deja en evidencia a Zapatero, López Aguilar y Conde-Pumpido
Editorial Elsemanaldigital.com  3 Septiembre 2005

Las pruebas que ha empleado el juez para imputar a siete dirigentes del PCTV son las que se le habían sugerido a Zapatero para que impidiese la presencia de ETA en el Parlamento vasco.

3 de septiembre de 2005. El juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska ha citado como imputados, por integración y colaboración con banda terrorista, a siete dirigentes del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV-EHAK). Queda así en evidencia la calculada pasividad ante este grupo proetarra, en los meses cruciales de marzo y abril, del presidente del Gobierno, del ministro de Justicia y del fiscal general del Estado.

Puede alegarse, sin duda, que no estamos ante una condena, sino ante el inicio de un proceso que podría resultar en el sobreseimiento del caso o en la posterior absolución. Pero es que tampoco se le pidió nunca a José Luis Rodríguez Zapatero, a Juan Fernando López Aguilar o a Cándido Conde-Pumpido que dictasen sentencia alguna: sólo que, instando la actuación del poder judicial, le diesen ocasión de pronunciarse ante un manifiesto fraude de ley y engaño electoral que toda España, salvo ellos tres (ciegos ante las exigencias de una estrategia nefasta), vio con nitidez.

Ha tenido que ser una querella de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, admitida a trámite a mediados de julio y que ahora demuestra su sólida base, la que ponga de manifiesto hasta qué punto el Gobierno ha jugado irresponsablemente con las instituciones en beneficio propio.

En efecto, las pruebas que ha empleado el juez para decidir la imputación de los siete filoetarras (el exhaustivo informe de la Guardia Civil, la sentencia de ilegalización de Aukera Guztiak, boletines internos de ETA amparando la estrategia de la "doble lista", etc.), son las que se le habían sugerido a Zapatero desde diversas instancias para que actuase cuando aún era tiempo de impedir la presencia de la banda en el Parlamento vasco.

A él le interesaba más que el 17-A no ganase por mayoría absoluta, si es que así hubiera sido, la coalición abertzale, para tener en su mano la llave de la situación. Señal de hasta qué punto se creían en La Moncloa el lema electoral del PSE: Patxi lendakari.

¿Cuál es el resultado? Juan José Ibarretxe gobierna en Ajuria Enea con los votos de ETA. El PCTV es el árbitro de la política vasca. Arnaldo Otegi vuelve a ser alguien. El PNV juega con Patxi López (ninguneado por todos) presentando una moción de censura contra el PP en la Diputación Foral de Álava y el Ayuntamiento de Vitoria. El Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo ha saltado por los aires. Se ha roto la unidad de acción con el PP, que tan buenos frutos rindió contra la banda. El lendakari desafía al Tribunal Supremo invitando de manera oficial a Batasuna a una mesa de negociación de cuya futura falta de transparencia se jacta incluso. Y los terroristas, crecidos y a lo suyo, se lanzan de nuevo a sembrar de miedo las calles con la kale borroka.

Es un precio demasiado alto para los juegos de salón del presidente, quien pidió a las víctimas "confianza en él", porque "sabe cosas". Pues quien parece saberlas mejor que él es la Audiencia Nacional, que le ha dejado en ridículo.
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