AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 4 Septiembre 2005
La España centrifugada
Ignacio Camacho ABC  4 Septiembre 2005

La ratonera del federalismo (La peligrosa oscilación pendular del sistema constitucional)
José Antonio Zarzalejos ABC  4 Septiembre 2005

El año de la verdad para Rajoy
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Septiembre 2005

El nuevo curso político
Ignacio Cosidó Libertad Digital 4 Septiembre 2005

Mi «no a la guerra» (civil)
Por Antonio Burgos ABC 4 Septiembre 2005

Diálogo y soberanismo
Editorial El Correo  4 Septiembre 2005

La Fiscalía no acusa y el juez investiga
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital 4 Septiembre 2005

Nuevo curso político y artes circenses
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 4 Septiembre 2005

EDITORIAL: Batasuna-ETA amenaza
El Ideal Gallego 4 Septiembre 2005

Las reformas estatutarias
EDITORIAL El Ideal Gallego 4 Septiembre 2005

Acebes señala el Estatut como el «caballo de Troya» de la Constitución española
Redacción La Razón 4 Septiembre 2005

La España centrifugada
Por Ignacio Camacho ABC  4 Septiembre 2005

La gran capacidad de distribución de recursos y servicios en manos de las autonomías las ha convertido en gigantescos mecanismos clientelares sobre los que se han asentado nuevas modalidades de caciquismo. El reciente debate sobre la financiación de la sanidad no es más que la consecuencia de esta irresponsable centrifugación del poder público.

MUY mal deben de andar las cosas en el Partido Socialista para que una minoría tan sectaria como han sido habitualmente los guerristas haya acabado convertida en la última esperanza de racionalidad sobre el desquiciado modelo autonómico que se le escapa visiblemente de las manos al presidente Zapatero. Pocos factores, sin embargo, aportan en política tanta lucidez como el alejamiento del poder, y es evidente que la casi completa laminación del guerrismo en el actual «statu quo» del PSOE ha provocado un efecto de distanciada clarividencia en los antiguos guardianes de la ortodoxia del partido.

Nada debería extrañar la existencia de voces jacobinas en el seno de un partido teóricamente caracterizado por la defensa de un proyecto de izquierda nacional, si no fuera por la insensata deriva centrífuga a la que parece entregado un Gobierno incapaz de contener la voracidad de los nacionalismos. Aquel «carajal autonómico» del que habló Borrell -otro jacobino clásico- en sus tiempos de candidato malogrado se ha agudizado de una manera tan alarmante que ahora hemos de asistir a la estupefaciente discusión de un texto estatutario como el de Cataluña, en el que se propone con toda tranquilidad fijar con carácter blindado no sólo las competencias que ha de tener la comunidad autónoma, sino... ¡las que puede o no conservar el Estado! Ante semejante escalada del disparate, disfrazado de federalismo o abiertamente secesionista como el nunca difunto plan Ibarretxe, lo menos que se puede pedir es que algunos socialistas conserven el grado mínimo de sensatez para tratar de impedir la desaparición de España como concepto.

Conviene recordar, por lo demás, que Guerra tuvo siempre reparos al auge autonomista, que en tiempos del gonzalismo trató de contener con aquella LOAPA finalmente encallada en la pinza de las reclamaciones nacionalistas y de la propia liberalidad del texto constitucional. Por desgracia, la perspectiva del tiempo le ha dado la razón ante la evidencia de un mapa político despiezado en el que el Estado va quedando reducido a un mero mecanismo legislador al que ni siquiera se respeta la potestad de velar en todo el territorio por el cumplimiento de las leyes que elabora.

En su ya célebre entrevista del número 126 de la revista «Temas», cuyo consejo editorial controla e inspira, Alfonso Guerra pronunció frases de una contundencia tan irrebatible como desgraciadamente ausente en el debate político del PSOE. Me permito recordar algunas, al hilo del debate planteado este fin de semana en el Comité Federal: «No se puede descalificar como inmovilistas, centralistas o franquistas a quienes dicen que no quieren cambiar la Constitución». «España es el tercer país más descentralizado del mundo, después de Canadá y Australia». «El que sostenga que hay mucho margen para incrementar las competencias es porque busca la desaparición del Estado». «Se están derivando los derechos individuales hacia los derechos territoriales, y se está fragmentando la soberanía». «La reforma que se está haciendo a través de los estatutos implica una sistemática violación de los preceptos constitucionales». ¿Qué diría cualquiera de los socialistas en el Gobierno si estas opiniones procediesen de un miembro del PP, que, por otra parte, podría suscribirlas sin ningún género de dudas?

Por alguna razón, sin duda de índole coyuntural, de apoyos parlamentarios, pero también quizá de origen conceptual -el proyecto rupturista o revisionista de Zapatero, basado precisamente en la concepción federal a la que González tuvo que renunciar por pragmatismo, y recuperada por este presidente para aislar al PP y cimentar una nueva mayoría con los nacionalistas-, esta clase de consideraciones está cayendo en saco roto dentro de la actual mayoría dominante del PSOE. Se trata de afirmaciones plenamente coherentes con la tradición nacional del partido, pero su aceptación implicaría de modo inexorable la búsqueda de una alianza estratégica con el Partido Popular para sujetar el control de lo que queda -que no es mucho- del Estado.

Paradójicamente, la aplicación de los programas de reformas estatutarias en marcha, auspiciados o tolerados por el Gobierno, podrá consolidar a Zapatero en el poder pero conduce hacia la merma de autoridad y poder del propio Gobierno, que a la larga quedará reducido a la condición de un mero gabinete de coordinación, como son ya, de hecho, ciertos ministerios vaciados de contenido por la descentralización autonómica: Cultura, Sanidad, Vivienda, Medio Ambiente, Educación...

Porque lo que viene ocurriendo en España en los últimos veinte años, con la anuencia de todas -todas, insisto- las fuerzas políticas, no ha sido otra cosa que la configuración de unos poderes autonómicos que han reproducido, con gran velocidad y enorme voracidad de gasto, el aparato a escala del Estado central. La gran capacidad de distribución de recursos y servicios en manos de las autonomías las ha convertido en gigantescos mecanismos clientelares sobre los que se han asentado nuevas modalidades de caciquismo social y político.

Y esto es válido tanto para las comunidades gobernadas por el PSOE como por el PP, y por supuesto aún más en las sometidas al imperio nacionalista. De hecho, no hay más que comprobar cómo los discursos de gobierno y oposición resultan perfectamente intercambiables según la condición de cada cual en cada territorio: el PSOE que denunciaba la longevidad de Fraga no ha sido capaz de encontrar recambio para Chaves o Rodríguez Ibarra; las denuncias de clientelismo formuladas contra el PNV o el pujolismo son las mismas que recibía Bono en sus tiempos de presidente manchego; Zaplana o Gallardón, cuando gobernaban en Valencia y Madrid, eran acusados del mismo derroche y endeudamiento que su partido ataca en Andalucía. Sólo las alternancias operadas en algunas comunidades han permitido aliviar la degradación política... hasta que se consoliden los sustitutos mediante idénticos mecanismos de despilfarro, abuso de poder e institucionalización de los partidos.

El reciente debate sobre la financiación de la sanidad no es más que la consecuencia de esta irresponsable centrifugación del poder público. Nadie ha puesto diques al gasto disparado en las autonomías -nacidas, no se olvide, para racionalizar la gestión- y a su insaciable voracidad financiera, y nadie está dispuesto, y ellas menos que nadie, a asumir el coste político de la corresponsabilidad fiscal para sufragar sus caprichosas políticas de clientela. Que pague el Estado. Un Estado al que los más osados quieren arrebatar también la potestad tributaria, para mejor desligarse de cualquier compromiso de solidaridad nacional, que es, al fin y al cabo, lo que sostiene o ha sostenido hasta ahora el proyecto que conocemos como España.

Y eso es lo que está en juego bajo la deriva de los nacionalismos excluyentes y sus reformas estatutarias: el concepto de una nación dispuesta a sostenerse como un marco de igualdad de derechos para todos sus ciudadanos. Lo trágico del caso es que sólo el PP y una minoría socialista desplazada parecen advertirlo mientras el Gobierno baila del brazo de unos aliados irresponsables que quieren acabar bailando solos... y no pagar a la orquesta.

director@abc.es

La ratonera del federalismo (La peligrosa oscilación pendular del sistema constitucional)
Por José Antonio Zarzalejos ABC  4 Septiembre 2005

... Recitemos, pues, a Maragall y su «Oda a España», pero también a Hernández y sus «Vientos del pueblo me llevan». Porque esa es la España plural; la auténtica y la más libre de todas las posibles, aquella que logra la síntesis...

PASQUAL Maragall no es necio, ni ignorante ni destructor. Pero sí ingenuo, y, por lo mismo, resulta políticamente frívolo. Su propuesta de construir una España federal sería, según ha argumentado en un artículo de prensa, la forma de convencernos de las bondades de la convivencia entre todos los ahora llamados españoles, en tanto que mantener la actual estructura o modelo territorial del Estado -unitario autonómico- sólo permitiría conllevarnos, que es lo que desearían, dice, los nacionalistas. Así pues, el verdadero español -por supuesto, no nacionalista hispánico- habría de profesar en el federalismo. El presidente de la Generalitat de Cataluña está refutando así a José Ortega y Gasset, que en el debate parlamentario sobre el estatuto catalán, en 1932, arguyó, y lo hizo bien, que la aspiración de conllevarnos sería suficiente en un país como el nuestro con graves tensiones segregacionistas. Por eso, la II República no optó por el modelo federal -la Constitución de 1931 se refiere a España como Estado integral- y tardó en conceder estatutos autonómicos hasta el punto de que los del País Vasco y Galicia se aprobaron en plena guerra civil.

El federalismo, que de adoptarse en España requeriría un cambio radical de la Constitución de 1978, es una trampa, una auténtica ratonera. Y no sólo por la malhadada experiencia española del siglo XIX, sino porque el modelo federal por excelencia, el alemán, se ha venido abajo con estrépito. «Alemania ha perdido su capacidad de reforma; la tercera potencia industrial de la tierra parece, hoy por hoy, ingobernable», escribe el jurista y periodista germano Thomas Darnstädt en su interesante ensayo «La trampa del consenso». La obra ha sido prologada por el catedrático Francisco Sosa Wagner, que, tras constatar que la Ley Fundamental de Bonn de 1949 «ha ejercido una influencia grande en nuestra Constitución», sostiene que en Alemania «ante una cuestión conflictiva, nadie puede decir de manera definitiva sí pero hay muchos con autoridad suficiente para decir que no. ¿Nos suena todo esto a los españoles?». Nos suene o no, lo cierto es que el Estado federal alemán -una imposición de los aliados que ganaron la II Guerra Mundial, especialmente querida por Francia para ralentizar a su vecino- ha entrado en la senda del fiasco operativo. La Comisión para la modernización del orden federal creada en 2003 ha fracasado -en particular por el desacuerdo sobre las competencias en materia de educación- y la pelea carnicera entre el Bund (federación) y los länder (estados federados) continúa paralizando la gobernación del país, que atraviesa por una grave crisis que a partir del próximo día 18 deberá administrar la democristiana Angela Merkel. ¿Cómo logrará la CDU atacar el mecanismo de bloqueo del Estado federal que consiste en que el sesenta por ciento de las leyes puede ser paralizado por el Consejo Federal o Bundesrat? No hay que arrendarles la ganancia electoral a los conservadores germanos, porque, como bien escribe el ya citado Darnstädt, la vieja máxima del federalismo alemán se resume en lo siguiente: «Existe federalismo cuando la instancia central no tiene nada que decir». Y eso es lo que pretenden los nacionalismos periféricos españoles y no alcanzan a percibir algunos socialistas et alii que tratan de vendernos el Estado federal como «el bálsamo de Fierabrás»que curaría todos los males y tensiones en nuestra convivencia.

Un Estado de naturaleza federal para España, además de requerir la apertura de un proceso constituyente -trámite que forma parte de la ratonera en la que podemos quedar atrapados-, constituye una trampa porque, como en el caso alemán denunciado por Sosa Wagner y Darnstädt, requiere de un consenso permanente en el que nadie puede decir sí y todos pueden decir no hasta el punto de bloquear el Estado, que es lo que ocurre en Alemania. No sólo sucedería tal cosa aquí, sino algo aún más grave: no satisfaría al soberanismo independentista de PNV y de ERC, rompería el carácter nacional español en el que se fundamenta la Monarquía parlamentaria y dibujaría un mapa en el que País Vasco y Cataluña serían las únicas entidades con masa crítica y posibilidades de constituirse en estados federados, dejando al resto en el limbo de los pobres, o de los ahistóricos o de los apátridas. Un despropósito de colosales proporciones. Como bien hace notar uno de los expertos consultados por el Gobierno acerca del proyecto de reforma del Estatuto catalán, y a la vista de algunas de sus propuestas, «estamos viviendo una de estas oscilaciones pendulares, tan peligrosas para todo el sistema constitucional, en la que la reacción frente a un avance centralizador indebido no se manifiesta mediante la pretensión de volver al equilibrio constitucional, sino de generar un nuevo avance descentralizador, algunos de cuyos perfiles pueden resultar también contrarios al orden constitucional». Nítido.

La gran cuestión es que este modelo de Estado -el unitario autonómico- es eficaz, sirve, descentraliza, es solidario y tiene recorrido. No lo quieren los nacionalistas porque consolida la nación que es la piedra angular del sistema, pero ¿y los socialistas? Son débiles y dependen de las fuerzas parlamentarias segregacionistas en el Congreso y de los equilibrios de un régimen interno en su propio partido -PSOE y PSC- que sólo es viable con un fuerte liderazgo central que ahora no se produce como sucediera en tiempos de González. Es cierto que el socialismo español dispone de una morfología organizativa federalista, pero no deja de ser un amaneramiento antifranquista más que una convicción de proyección sobre el modelo de Estado.

Antonio Fontán, desde estas mismas páginas de ABC, denunciaba que el socialismo español de 2005 es renuente a aceptar la legitimidad del gobierno recibido de Aznar y la legitimidad de la monarquía reinstaurada por Franco en 1968 y luego democráticamente convalidada en la Constitución de 1978. Se trata, en consecuencia, de una progresiva tentación socialista de ruptura -la que se desatendió hace casi treinta años- con el aditamento retrógrado de justificar el vuelco con la apelación a la memoria histórica de la izquierda derrotada en 1939. Basta leer a Pasqual Maragall en su artículo de El País del domingo pasado para corroborar esta tesis. En su texto, el presidente de la Generalitat de Cataluña dedica más de la mitad de sus argumentos a la primera mitad del siglo pasado.

Invoca Maragall a su abuelo, el autor de esa maravillosa Oda a España. Pero ¿y si apelamos a la izquierda proletaria española y no sólo a la burguesía catalana? Por ejemplo, al eximio Miguel Hernández, que con un dramatismo poético conmovedor se dirigió a los «asturianos de braveza, vascos de piedra blindada, valencianos de alegría y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas, andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extremeños de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita frutalmente propagada, leoneses, navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería, señores de la labranza, hombres que entre las raíces gallardas, vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que habréis de dejar rotos sobre sus espaldas». Recitemos, pues, a Maragall y su Oda a España, pero también a Hernández y sus Vientos del pueblo me llevan. Porque esa es la España plural; la auténtica y la más libre de todas las posibles, aquella que logra la síntesis.

Nuevo curso político
El año de la verdad para Rajoy
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 4 Septiembre 2005

Mariano Rajoy, que probablemente sería feliz administrando silencios brumosos y propinando elocuentes palizas parlamentarias, hasta ganar la Moncloa a los puntos, afronta, en este curso político que empieza, la hora de la verdad Nunca un gobierno tan malo cosechó tantos desastres en un solo verano. Salvo la hecatombe sanitaria de la colza ucedea (no sé si todavía gobernaba los informativos de la derecha neofranquista y atroz Iñaki Gabilondo) y la hecatombe estética del meyba de Felipe en el Azor, con Cuca Solana coronada como Lady España al fondo, (creo que volvían a mandar los socialistas en RTVE, con el dizque masón Calviño al frente) no es fácil encontrar en la moderna historia de España una sucesión de catástrofes como la concitada por Zapatero en mes y medio, desde Afganistán a Guadalajara. La diferencia es que los telediarios de UCD, con o sin Iñaki, abrían todos los días con el muerto de la colza, y en los telediarios del PSOE, Guadalajara es sólo una ciudad de México cuyo equipo de fútbol es conocido como “Las Chivas rayadas”. Y claro, no sale en TVE.

Pero es que este verano de los desastres zapaterinos, tampoco ha sido el de la conversión de la derecha española al estajanovismo, o sea, a la oposición a destajo. Visto desde el extranjero, que en Internet es como verlo en Madrid, era imposible de entender que el perseguidor de Trillo, el implacable fiscal forense del Yak42, es decir, José Bono, recibiera las condolencias formales y el respaldo político tácito del PP tras producirse la muerte, no sabemos cómo ni porqué, de una docena de militares españoles que, armados hasta los dientes, participaban en una supuesta "misión de paz". Para más atroz paralelismo, la única preocupación del Gobierno, que consistía en que las familias dieran por suyos los restos que se enterraban y no repetir el grotesco sainete del Yak42 promovido por el PSOE y unos cuantos familiares, se vio trágicamente desmentida por la aparición de nuevos restos humanos en el área del accidente apenas inhumados los cadáveres. Identificados como los del Yak, incompletos y probablemente confundidos, también como aquellos, a estos los han dejado descansar en paz, como tiene que ser. Lo que no se entiende es que la oposición haya dejado descansar políticamente en paz a un ministro de Defensa que dice que "prefiere morir a matar". Que se lo pregunten a Trillo.

Que, a diferencia de la tragedia de Guadalajara, en el accidente de Afganistán pueda decirse que la Oposición brilló por su ausencia, es decir, por su complacencia, no es casualidad. Corresponde a las dos caras de la derecha democrática española, a su curiosa manera de hacer y no hacer política, a esa hemiplejia que le lleva a tratar con el rigor necesario ciertos asuntos graves mientras se abandona a una muelle oficiosidad institucional en otros que requieren su "sentido del Estado", es decir, su emasculación política. Es evidente que en la Policía, la Guardia Civil, el CESID y otros estamentos militares el sectarismo socialista es tan feroz que no ha vacilado en ponerse al servicio de esa forma de golpismo posmoderno que el PRISOE inauguró entre el 11 y el 14M. Un golpismo tan distinto del casposo del 23F que explica, entre otras cosas, la distinta reacción de Iñaki Gabilondo, harto más valeroso frente a Tejero (en la hora del adiós es justo recordar su mejor hora) que frente a los terroristas suicidas de Al Qaeda que, como casi todo, incluyendo el intento del PP de que no hubiera elecciones, se inventó la SER.

Rajoy, tan distinto y tan distante de Fraga como Leopoldo de Suárez, pero que, como él, posee también una personalidad estructural y casi geológicamente de derechas, padece el clásico estrabismo cívico-militar que tiende a perdonar en un uniforme todo lo que jamás toleraría de paisano. Si al uniforme le ponemos detrás la bandera nacional a media asta, entonces, el político español de derechas se enternece hasta la licuefacción. Y, sin embargo, es muy probable que los muertos de ese helicóptero "Cougar" que volaba en misión de paz pero curiosamente armado y artillado hasta las hélices, lo hayan sido —políticamente hablando— por culpa de un Gobierno que está forzando en Afganistán la participación militar española para así camuflar su deserción de Irak. Así que, en vez de tanto y tan pomposo "sentido institucional", los ciudadanos echamos en falta ese sencillo patriotismo que consiste en buscar la verdad de los hechos y, después, en lograr que coincida con los valores que deben presidir la vida nacional. El primero, insisto, el respeto a la verdad. Pero diríase que a ciertas verdades escondidas bajo el uniforme o las medallas, el PP les tiene menos respeto que a las medallas y el uniforme. Mala costumbre para un partido como el PP, que, en la mejor estela canovista restaurada por Aznar, dice creer en la supremacía del poder civil por encima de todos los poderes fácticos, con uniforme o tras él. Dice. Claro que también dice que hay un Poder Fáctico Fácilmente Reconocible capaz de cambiar un resultado electoral y no se atreve a decir cómo se llama. O sea, que hay mucha diferencia entre lo que dice y lo que calla.

Mariano Rajoy, que probablemente sería feliz administrando silencios brumosos y propinando elocuentes palizas parlamentarias, hasta ganar la Moncloa a los puntos, afronta, en este curso político que empieza, la hora de la verdad. De su verdad como líder de la Derecha española, se entiende. Que pasa por ser el líder del Partido Popular, y esto, me temo, se entiende bastante menos. A veces, parece que ni lo entiende Rajoy.

Esa impresión no se traduce en el Parlamento, donde Rajoy se ha consagrado como el mejor orador de la democracia y donde el grupo parlamentario del PP combate en solitario todas las fechorías legales del zapaterismo y sus aliados, que son infinitas. En cambio, los poderes territoriales o autonómicos en manos del PP parecen actuar cada uno por su cuenta, sin criterios comunes previamente acordados y vigilados desde la calle Génova. Si en Galicia la sucesión de Fraga —cuya irresolución seguramente le ha costado las elecciones al PP— parece encaminarse hacia una fórmula tardorromana más que visigótica, pero siempre entre nieblas, tampoco hay en Valencia claridad para explicar a los ciudadanos la necesidad de un estatuto que, si naufraga el innecesario de Cataluña, los propios socialistas valencianos se encargarán de echar a pique. Los retos y desdenes de Piqué contra Acebes y Zaplana, que en un partido serio le hubieran costado el despido, han sido afrontados por Rajoy de forma dudosamente ecuménica: abrazando a los unos y palmoteando al otro. Nunca un concilio ha sido Papa.

Pero el colmo del liderazgo entendido como caos es la forma en que el votante o militante del PP ve, en veraniegas imágenes de prensa o televisión, las consecuencias de la fracasada operación de Gallardón para impedir que Esperanza Aguirre presidiera el PP de Madrid y cercar el sillón de Rajoy. Si uno estuviera dispuesto a creer eso que ve, diría que Don Mariano, monarca demediado, se siente más a gusto con Vellido Dolfos que con el Cid. Con la curiosidad añadida de que ni el uno puede esconder su cuchillo ni el otro, es decir, la otra, envaina su espada. Incluso muerto, el Cid seguía defendiendo Valencia, ¿pero quién recuerda a aquel Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido? Después de Santa Gadea, ni siquiera el Cantar de Mío Cid. Otra hubiera sido la historia si el Cantar fuera de Mío Vellido. Pero aún no la reescribía Cebrián y la historia es la que es. Rajoy tiene buenos vasallos; los mejores. Pero en este año político decisivo no les puede fallar como señor. En la España menguada de Zapatero, en esta Polanconia fosca que se nos viene encima, los vasallos ya no serán lo que eran. Ni siquiera sabemos cuántos son.

Apoyos políticos
El nuevo curso político
Ignacio Cosidó Libertad Digital 4 Septiembre 2005

El nuevo curso político tiene tres asuntos claves en su agenda. El primero será la concreción legislativa de los anunciados procesos de reforma estatutarios y de la propia Constitución. El segundo será la aprobación, o no, de los Presupuestos Generales del Estado para el año 2006. El tercero será la continuación de la contrarreforma social que ha impulsado Rodriguez Zapatero desde su llegada al poder. Pero por encima de toda esa agenda planea la cuestión de si el PSOE podrá mantener la coalición parlamentaria con ERC e IU que le permite gobernar, si en su defecto será capaz de generar una mayoría alternativa o si el Gobierno perderá definitivamente en este curso la precaria mayoría parlamentaria que lo sustenta.

Las reformas del modelo de Estado es probablemente la asignatura más difícil que tiene planteada el Gobierno, aunque también con certeza la más trascendente, pues está poniendo en tela de juicio el propio concepto de España como Nación y en serio peligro la viabilidad misma del Estado. En este terreno, el examen más complicado que deberá aprobar el Gobierno es el del nuevo Estatuto para Cataluña. El dilema para Rodriguez Zapatero es que si cede a las exigencias de ERC puede no solo soliviantar a una mayoría de los españoles que no asumen el chantaje de los independentistas catalanes, sino enfrentarse a una rebelión dentro de su propio partido. Por el contrario, si el Presidente se mantiene firme en la defensa de los principios constitucionales, se arriesga a perder los apoyos parlamentarios necesarios para seguir gobernando.

La prueba de fuego para constatar la fortaleza parlamentaria de este Gobierno será la aprobación de los próximos presupuestos generales. Moncloa ya ha dado instrucciones a su grupo parlamentario para buscar alternativas al apoyo de ERC en el caso, nada improbable, de que el debate sobre el estatuto catalán termine por explotar. El único constreñimiento es no pactar por el momento con CiU, para no evidenciar la crisis anunciada del tripartito de Maragall, al que en buena medida Rodriguez Zapatero ha ligado su suerte. Por el contrario, el Gobierno corteja sin disimulo al hoy radicalizado PNV, aprovechando la sintonía que existe entre ambos gobiernos sobre la negociación con ETA. Con el resto de grupos minoritarios es más fácil llegar a acuerdos sobre la base de una amplia generosidad territorial con las inversiones.

En todo caso, no será fácil para el Gobierno aprobar en el Parlamento el nuevo presupuesto. Los independentistas catalanes mantendrán, como ya hicieron el año pasado, la presión hasta el último momento, con el agravante de que cualquier concesión que el Gobierno les otorgue deberá ser generalizable al resto de comunidades, si no se quiere azuzar un generalizado sentimiento de agravio. El PNV exige, por su parte, no solo reciprocidad en el apoyo socialista al presupuesto que se apruebe en el Parlamento de Vitoria, sino un sustancial aumento de las inversiones estatales en el País Vasco y saldar todas las facturas reclamadas por Ibarrtxe.

Si a esta debilidad política del Gobierno le unimos su vulnerabilidad social, la escasa capacidad de Rodriguez Zapatero para poder aguantar la presión de cualquier colectivo, el resultado puede ser un incremento del gasto público que termine por arruinar el rigor económico que trata de imponer el Vicepresidente Solbes a la política del Gobierno. Así, el riesgo de pagar todos los peajes políticos y sociales en el presupuesto del 2006 puede ser poner en riesgo la estabilidad y el crecimiento económico a medio plazo.

Por último, es previsible que Rodriguez Zapatero continúe en este curso con su proceso de reformas sociales radicales para intentar dar un contenido progresista a un Gobierno que carece de un proyecto político definido. Le toca ahora el turno a una contrarreforma educativa que va a generar una resistencia social muy amplia por parte de muchos padres de familia que defienden la calidad y la libertad en la educación de sus hijos. Aunque el Presidente ha hecho de la confrontación social uno de los ejes de su estrategia política, el Gobierno debería calibrar que grado de movilización en su contra empieza a ser peligroso para sus propios intereses.

El curso que ahora empieza va a ser, por tanto, determinante para marcar la duración de la presente legislatura. Si Rodriguez Zapatero no logra sacar adelante los presupuestos para el próximo año, el camino para unas elecciones anticipadas quedaría expedito, máxime si el desgaste de este Gobierno se mantiene tan intenso como el sufrido durante el verano, la economía empieza a dar algún signo de debilitamiento y las reformas constitucionales y estatutarias se terminan convirtiendo, como es previsible, en un lío irresoluble.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular

Mi «no a la guerra» (civil)
Por Antonio Burgos ABC 4 Septiembre 2005

EA, pues ya les han pagado la factura que tenían al cobro desde la pegatina del «no a la guerra». Hablo de la foto de familia de los que ocupan la «pool position» en la parrilla de salida de la nueva programación de TVE. La foto es intercambiable con la de los pegatineros de los Goya. Son los mismos. Han ganado. La foto de los que se arriman al perol de TVE es el desfile de la victoria de los camisas viejas del «no a la guerra». Todo el que ayudó a derribar al Gobierno del PP tiene su premio. Pilar Bardem tiene su programa. Loles León va de estrella. Rosa María Sardá cobra las rentas del cortijito marciano de su hermano el latisueldista. Nunca un multimillonario ridiculizó tanto a Aznar, insultó tanto a la derecha a la que pertenece por renta y patrimonio. La programación de TVE es el camión-escoba que se lleva todas las basuras abandonadas por «Crónicas Marcianas». Rescatan a Pepe Navarro. Será para hablar de libros. Qué raro, faltan Ana Belén y Conchita Velasco.

Y tras el desfile de la victoria del «no a la guerra», otra guerra, en los anuncios de TV: la civil española. La que ahora resulta que tienen que ganar los rojos, por co... leccionables. En un solo bloque de publicidad, hasta tres anuncios, tres, con la comercialización de nuestra guerra. El machadiano trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín es el Planeta Agostini. Este Gobierno, en apenas un año, tiró por la borda todo lo que creíamos superado, olvidado, perdonado, con las tres C de la transición: Constitución, Consenso, Concordia. Las piquetas de los gallos cavaron las fosas comunes buscando la aurora roja de los fusilados. De un bando solamente, claro. Desenterraron el odio. Exhumaron las dos Españas. La guerra olvidada y perdonada volvió a estallar.

Y ahora, lo que faltaba: se comercializa el filón demagógico del revanchismo, la herida abierta de la memoria. Aquí no hay Pacto de No Intervención Comercial. Aquí gusta mucho traficar con desgracias ajenas. Han visto que la guerra civil sigue siendo un filón, que el odio mueve montañas y millones, ya están aquí los fantasmas, los viejos fantasmas de la guerra, en los libros del oportunismo, en la mercadería del quiosco. En un anuncio hasta sacan a dos figurantes disfrazados de las dos Españas: un falangista de guardarropía que con su mono azul más bien parece un mecánico de chapa y pintura; un miliciano que me recuerda demasiado a un galáctico del Real Madrid con gorra anarquista y pañuelo rojo. ¿Para qué? Para vendernos un libro de Reverte sobre la batalla del Ebro. Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero: el quiosco de la esquina, coleccionables a un euro. Y otro anuncio nos venden la serie de los protagonistas, los desaparecidos. Vamos, las fosas famosas. Así se llama el libro que sale a toda pantalla: «Las fosas del silencio». En la portada, una foto del patio del Cuartel de la Montaña sembrado de cadáveres de sus heroicos defensores. Buen título: sobre los asesinados por los rojos sí que hay una fosa de silencio. Se vuelven a inventar los fascículos coleccionables de Ricardo de la Cierva. Con los libros, pronto darán retractiladas en el quiosco las piezas para armar el crucero «Baleares». El próximo Planeta lo ganará una reescritura del millón de muertos de Gironella. Han hecho de la guerra civil un parque temático. La factoría Disney está al llegar al Jarama, a Teruel. En Paracuellos podría hacerse un parque temático muy instructivo, un Terra Trágica.

Por eso yo, aunque nunca me den como premio un programa de TVE, en el espíritu de concordia de la Constitución, propongo solemnemente que los que estamos ya hasta el gorro cuartelero de tanta manipulación y tanta comercialización de la carne y la sangre de nuestra trágica Historia, también saquemos nuestra pegatina. con el desparpajo con que ellos lo hacen. Una pegatina que diga: «No a la guerra (civil)».

Diálogo y soberanismo
Editorial El Correo  4 Septiembre 2005

El inicio del curso político en Euskadi presenta pocas novedades en la actitud de sus protagonistas principales, y ello a pesar de que tanto las elecciones autonómicas como los efectos de la acción policial y judicial frente al terrorismo han introducido cambios notables en la correlación de fuerzas: en lo que es y no es posible en el País Vasco. Tanto la banda terrorista como la izquierda abertzale tratan de eludir las consecuencias de la extrema debilidad en la que se encuentra ETA; intentan obtener nuevo oxígeno para continuar situando en el campo de las fuerzas democráticas y de la sociedad en su conjunto nada menos que la responsabilidad de convencerles, mediante contrapartidas, para que depongan las armas. Por su parte, el PNV ni quiso ni pudo admitir los resultados electorales de marzo en lo que significaron de fracaso para el plan Ibarretxe. Su debilidad se ha transformado así en la continuidad del disenso interno y en el lastre que para su capacidad de maniobra implica la alianza de gobierno que mantiene con EA y EB. Recuperado en las urnas el liderazgo del constitucionalismo por el PSE-EE y frustrado el paso hacia la alternancia, resulta poco probable que socialistas y populares coincidan en algo más que en su negativa -rotunda o condicionada- a facilitar las cosas al Ejecutivo en minoría que preside Ibarretxe.

La sociedad vasca está sorteando el riesgo de ruptura interna y de aislamiento que implica toda aventura soberanista. La paulatina radicalización de los postulados nacionalistas no ha arrastrado tras de sí a la ciudadanía. De ahí que inmediatamente después de los comicios autonómicos, y en paradójica coincidencia con el debilitamiento de ETA, se hayan revitalizado las propuestas y sugerencias que apuntan a la consecución de la paz a cambio de concesiones políticas. El propósito de constituir una mesa de partidos que integre a la ilegal Batasuna responde a esa inclinación. La resistencia del terrorismo y de sus portavoces políticos a admitir su derrota y a abandonar el escenario que ocupan bajo coacción coincide, en este sentido, con el deseo del nacionalismo gobernante de no desaprovechar la eventualidad de un próximo final de ETA sin obtener algún rédito político que satisfaga los anhelos comunes de los abertzales.

Mientras persista el terrorismo, activo o como amenaza latente, todo diálogo al margen de la normalidad institucional y que reconozca explícita o implícitamente las demandas de los terroristas sólo conducirá a una paz victoriosa para éstos. En los últimos días, portavoces nacionalistas han querido soslayar el problema con la fórmula pretendidamente salomónica de que 'el diálogo resolutivo se dará en ausencia de violencia'. Una fórmula profundamente errónea que, lejos de desterrar la sombra fáctica de ETA, la invita a estar presente hasta que ella misma decida que ha llegado el momento del 'diálogo resolutivo'. Ése es el callejón hacia el que la llamada 'declaración del Velódromo' pretende conducir al conjunto del nacionalismo y arrastrar al resto de la sociedad vasca. Si lo que se quiere es evitar la contaminación del diálogo político por el terrorismo sería más recomendable circunscribir ese diálogo al ámbito interinstitucional y parlamentario, evitando la 'estrategia de fases' que en sí misma lleva la ponzoña de quienes pretenden sumir al País Vasco en la revisión a ultranza de su propia trayectoria democrática.

No es fácil que puedan compatibilizarse políticas institucionales que abonen una vía de revisión total de las reglas de juego constitucionales y estatutarias con la más que deseable normalización de las relaciones entre el Ejecutivo de Vitoria y el Gobierno central. Cuando el lehendakari insiste en que una de las condiciones del diálogo es el reconocimiento de la existencia de «un conflicto de naturaleza política» está consagrando, como principio inexcusable, la versión nacionalista de la historia vasca. De hecho, está enunciando algo que el PNV ya no está en situación de administrar, condicionado por sus equilibrios internos y por el marcaje que sobre él ejercen tanto EA como Batasuna. El inicio del curso político está dejando en evidencia no sólo las discrepancias que afloran a diario entre Imaz y Egibar, y que sitúan a Ibarretxe como fiel de la balanza. Está mostrando que los acontecimientos políticos sitúan al PNV ante una disyuntiva ineludible: o mantiene sus compromisos con el resto del nacionalismo, dejándose llevar por las posturas más soberanistas y quedando en definitiva a merced de lo que decida ETA, o restablece los canales de comunicación y refuerza las coincidencias con el no nacionalismo. Ni es posible ni sería deseable que la política vasca se encamine durante el curso que se inicia hacia un terreno de apariencias ambiguas que acabe haciendo el juego al hegemonismo soberanista. Es lógico que el Gobierno de Zapatero trate de contar con la anuencia del PNV para la aprobación de los Presupuestos generales. Como es lógico que el Ejecutivo de Ibarretxe pretenda, a cambio, allanar el camino a las cuentas de la CAPV. Esa eventual coincidencia sería deseable siempre y cuando responda a necesidades sociales de inversión y gasto en el País Vasco y en el conjunto de España. Pero la tramitación presupuestaria en Madrid y Vitoria no puede acabar siendo un paréntesis engañoso que facilite al nacionalismo la recuperación de su aliento soberanista.

PCTV-Batasuna-ETA
La Fiscalía no acusa y el juez investiga
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital 4 Septiembre 2005

Es extraño lo ocurrido con la querella contra siete dirigentes del PCTV. El juez Grande-Marlaska ve un posible delito de colaboración con banda armada donde la Fiscalía no ve ningún tipo de actividad delictiva. Pero de lo extraño pasamos a lo increíble cuando recordamos que la querella fue interpuesta por la AVT y que el Ministerio Público nunca la ha apoyado. Es decir, que la Fiscalía, entre cuyas funciones se encuentra la defensa de la legalidad, entiende que no hay ni un previsible delito de colaboración con banda armada en la actuación del PCTV.

Desde luego, es difícilmente comprensible esta actuación de una Fiscalía que, no debemos olvidarlo, se encuentra sujeta a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica. Este principio puede chocar en casos como el actual con el más arriba citado de defensa de la legalidad. Más si vemos que desde el primer momento ni Conde Pumpido ni el Gobierno quisieron actuar contra el PCTV-EHAK, dejándole presentarse a las elecciones vascas cuando tenían todos los resortes legales abiertos —vía Ley Orgánica de Partidos Políticos y Ley Orgánica del Régimen Electoral General— para impedirles que concurriesen. Y eso que es de puro sentido común entender que la marca PCTV-EHAK no es más que la sucesora de HB, de Batasuna y de ese intento fracasado denominado Aukera Gustiak.

El talante tiene estas cosas: si hay que inaplicar una ley o si hay que dejar de perseguir el delito, se hace, no vaya a ser que los socios del Gobierno les achaquen ese gran delito que es el de aplicar las normas jurídicas. Eso sí, las provenientes del Gobierno Aznar, que dio los instrumentos que antes faltaban a nuestros jueces para luchar contra el terrorismo de una manera más eficaz. Menos mal que los jueces defienden la legalidad, sin sujetarse a los principios de jerarquía y unidad de actuación.

Nuevo curso político y artes circenses
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 4 Septiembre 2005

NO ENCUENTRO mejor imagen para describir la política autonómica que ha venido practicando hasta la fecha Zapatero que la de uno de esos prestidigitadores que son capaces de mantener un montón de platos girando al mismo tiempo, mientras el público más proclive a las habilidades circenses aplaude entusiasmado. Pero el arte de la prestidigitación es, ¡ay!, un arte breve.

Y es que, dado que sin una energía impulsora el movimiento no tiende a ser uniformemente acelerado sino todo lo contrario, más pronto que tarde los platos que el prestidigitador ha puesto a rotar, o se recogen, o comienzan a estamparse, uno tras otro, contra el suelo.

Para Zapatero, el momento de decidir qué hacer con sus platos autonómicos llega ahora, con el fin de las vacaciones veraniegas. El más suculento en términos políticos -el del Estatuto catalán- es también el que más se tambalea y ha de ser, por eso, el primero respecto al cual deberá tomar el presidente, ¡al fin!, una relevante decisión.

Y el panorama no es, en ese sentido, alentador. Pues, pase lo que pase, el Gobierno socialista acabará por encontrarse en un aprieto: si el proyecto de Estatuto no se aprobase en Cataluña y se rompiese allí, por ello, el tripartito, Zapatero se vería antes o después privado de un apoyo en el Congreso -el de ERC- sin el cual le sería muy difícil gobernar; si, por el contrario, el proyecto saliese adelante con los votos del PSC y los nacionalistas, el texto acabaría estrellándose en las Cortes, que no podrían dar el visto bueno a un proyecto cargado de inconstitucionalidades. El rechazo del PSOE al Estatut privaría también, probablemente, al Gobierno de Zapatero de los apoyos necesarios para mantenerse en el poder.

Y es que la cuestión del Estatuto catalán plantea en el fondo la mucho más trascendental de si es posible gobernar con partidos con los que, supuestamente, se comparte mucho en el eje izquierda-derecha, pero nada o casi nada en el ámbito de la cuestión territorial. Ese será, sin duda, el asunto central del curso político que acaba de empezar. Y no sólo en la política española, sino también en la gallega, en la que podremos ver en la realidad, y no en la virtualidad de los programas, si el impulso para echar a los que estaban alcanza también, o no, para gobernar en coalición.

Los pactos entre socialistas y nacionalistas tienen mucho de arte circense, desde luego: de prestidigitación, pero también de ilusionismo. Ocurre, sin embargo, que el circo es casi sólo fantasía: pues, como sabemos todos los adultos, nadie puede sacar sin fin conejos de una chistera ni hacer girar eternamente unos platillos. Ni siquiera Zapatero.

EDITORIAL: Batasuna-ETA amenaza
El Ideal Gallego 4 Septiembre 2005

Arnaldo Otegi interpretó de nuevo su papel favorito, el de la intimidación; el portavoz de la ilegalizada Batasuna es poco más que el muñeco de un ventrílocuo, pero no es una persona capaz de hablar a través de su vientre quien lo utiliza para expresarse, sino que es ETA la que se sirve de él. Por lo tanto, la afirmación de que la decisión del juez Grande-Marlaska de citar como imputados a siete dirigentes del Partido Comunista de las Tierras Vascas ha colmado su paciencia hay que interpretarla como una amenaza de la banda terrorista, a la que habrá que contestar con todos los mecanismos de que dispone el Estado de Derecho. Además, las palabras de Otegi ratifican el desprecio que los etarras sienten por la legalidad, ya que aseguró que la izquierda abertzale responderá a todas las agresiones , es decir, que considera el auto del magistrado de la Audiencia Nacional como un ataque a los salvadores de Euskadi. ETA se ha ido creciendo con las últimas concesiones que ha recibido y que si ya de inicio tenían poco sentido, ahora lo han perdido por completo, pues carece de lógica mantener una oferta de diálogo a quienes responden amartillando la pistola. Esperar algo bueno de los nacionalistas vascos asesinos fue siempre absurdo, pensar que podrían abandonar las armas jamás dejó de ser una ensoñación, como ellos mismos se han encargado de demostrar una vez más por boca del portavoz de su brazo político, cuyas declaraciones merecen un examen detenido que quizá podría desembocar en una nueva citación judicial.

Las reformas estatutarias
EDITORIAL El Ideal Gallego 4 Septiembre 2005

Maragall respondió con prontitud a Zapatero; el secretario general del PSOE advirtió de que no tolerará propuestas insolidarias y egoístas para reformar los estatutos de autonomía y el presidente de la Generalitat aseguró poco después que aunque Cataluña podría pedir que se modificase la Constitución no lo hará. La nueva declaración de intenciones del jefe del Gobierno catalán resulta plausible, pero no casa con las que hizo con anterioridad ni, por supuesto, con las de sus socios, pues, por ejemplo, ERC ha repetido hasta la saciedad que su proyecto de nueva norma autonómica está por encima de cualquier consideración. Maragall se halla, por lo tanto, en una encrucijada de la que no le será fácil salir; su deseo de respetar la Carta Magna podría incluso llegar a costarle el sillón presidencial, ya que no se puede olvidar que los republicanos amenazaron antes de las vacaciones con provocar un adelanto electoral si se variaba su borrador de Estatut. La capacidad de negociación será a partir de ahora la clave del futuro de Cataluña.

Acebes señala el Estatut como el «caballo de Troya» de la Constitución española
Dice que el Gobierno podía haber consultado antes la reforma sanitaria «para no tener que retirarla»
Redacción La Razón 4 Septiembre 2005

Valencia- El secretario general del PP, Ángel Acebes, afirmó ayer que la polémica de la reforma del Estatuto de Cataluña, que, según destacó «busca el desguace de España», «la han creado el Gobierno y sus socios». Acebes criticó, durante su intervención en la jornada celebrada por el PP en Valencia bajo el lema «Populares por la integración», que «el Gobierno se dedica a crear problemas donde no los había y que no preocupaban a nadie como el Estatuto de Cataluña».

En este sentido, lamentó que la reforma del texto catalán haya provocado «división, enfrentamientos y que, en estos momentos, haya cada vez una mayor sensación de riesgo, porque los socios más cercanos que sostienen al Gobierno siguen adelante en un proyecto para desguazar España», aseveró. Acebes incidió en que «los medios dicen que hay más de 20 causas de inconstitucionalidad. Ya se lo dijimos, que ésa no era la dirección, que iba a generar riesgos, enfrentamientos, tensiones entre las comunidades autónomas y efectivamente» –agregó– «eso se está produciendo, un caballo de Troya en la Constitución de todos los españoles, que ha traído convivencia, cohesión y solidaridad».

En lo que al proyecto de financiación sanitaria se refiere, el secretario general del PP afirmó que el presidente del Gobierno, antes de plan-tear su propuesta de financiación sanitaria «podría haber consultado a todos los afectados» que la han rechazado de forma «unánime», para ahora «no tener que retirarla». Acebes lamentó que la «receta» que propone el Gobierno pase por incrementar los impuestos para abordar los problemas de la sanidad que, «bien conoce la Comunidad Valenciana, que tan ligada está al incremento de la población», informa Ep.

Destacó que esta propuesta «ha merecido el rechazo unánime e inmediato de todas las comunidades autónomas», «tanto las gobernadas por el PP como las del PSOE y por los nacionalistas, además de por los representantes de los consumidores, del comercio y de la industria». Asimismo, criticó que «encima», la vicepresidenta del Gobierno, Fernández de la Vega, dijera que «si esto no les gusta que lo retirarán.

El ex ministro de Interior subrayó que «el Gobierno no puede jugar con las políticas fundamentales que afectan al bienestar de los ciudadanos y de los que defienden la política económica, el progreso y la prosperidad de las familias y su calidad de vida», porque, tras la subida de impuestos se iniciará «el círculo vicioso» de subida de impuestos, incremento de los precios y desempleo, es decir, «un cambio en el modelo económico del PP que, con menos impuestos, trajo más crecimiento, más empleo, disminución de los tipos de interés y una economía saneada». A su juicio, éste «no es un Gobierno serio y responsable», sino «un desastre» a tenor de las medidas que plantea.

Por su parte, la secretaria de Política Autonómica del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, pidió a Rodríguez Zapatero que diga «cuál es su idea de España, si la España constitucional que defiende Rodríguez Ibarra o la insolidaria e identitaria que define Pasqual Maragall».

ANTES DE FINAL DE AÑO
ERC pacta con el PSOE el uso en el Congreso del catalán, el gallego y el vasco
El catalán, el gallego y el vasco se oirán de nuevo en el Congreso gracias al pacto entre ERC y el PSOE para permitir el uso de los tres idiomas en la introducción de los discursos ante los diputados, que sería después traducida al castellano. El acuerdo alcanzado con los socialistas no acota la duración de lo que se pueda decir en lenguas cooficiales, según explicó Joan Tardá, portavoz de ERC en la cámara. Ante una posible oposición del PP o de Marín, Tardá contestó que Zapatero "sabrá cómo negociar" con ellos.
EFE Libertad Digital 4 Septiembre 2005

El portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardá, informó de que la formación republicana pretende poner en práctica lo pactado antes de final de año.

Esta regla es similar a la que el presidente del Congreso, Manuel Marín, autorizó el pasado mes de febrero, pero que finalmente revocó debido a los incidentes que tuvo con algunos diputados de ERC, entre ellos Tardá, por la aplicación de este uso. Marín acordó con los grupos que el empleo de lenguas distintas al castellano debía de recogerse en el futuro Reglamento de la Cámara. Sin embargo, todavía no hay consenso sobre él.

Tardá explicó que el pacto cerrado con el PSOE permitirá comenzar los discursos en las lenguas cooficiales, sin acotar la duración de esta introducción, y posteriormente, traducirlo al castellano para que lo pueda transcribir el servicio taquigráfico.

Ante la posibilidad de que Marín o el PP se opusieran a esta regla, Tardá respondió: "No es nuestro problema. Cualquier disfunción naciente que se alejara de aquello que pacta el PSOE con nosotros no nos implica directamente". "Zapatero sabrá cómo negociar con Marín y con Rajoy esta solución. No es nuestro problema. A partir de aquí, él sabrá como hacerlo. Seguro que ya lo habrá contemplado", añadió el diputado catalán.

Según el portavoz de ERC, el acuerdo negociado con los socialistas representa una "gran victoria" para el reconocimiento del plurilingüismo. "Estamos muy orgullosos porque es una asignatura pendiente después de tantos años de democracia", dijo.

Propondrán la oficialidad en todo el Estado
El pacto sobre el régimen lingüístico en el Congreso, que incluye además la traducción a las lenguas cooficiales de la página web de la Cámara, se complementa, según Tardá, con una proposición de ley que ERC ha registrado para extender la oficialidad de estos idiomas al resto del Estado.

A su juicio, los meses transcurridos de legislatura han creado las "condiciones" para que "ahora podamos sacar el Cristo, la imagen grande", en referencia a la aprobación de una ley sobre lenguas de ámbito estatal. De este modo, continuó el portavoz republicano, se habrá "institucionalizado la anormalidad".
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