AGLI

Recortes de Prensa    Lunes 5 Septiembre 2005
Entre dos aguas
Editorial ABC 5 Septiembre 2005

El diálogo cínico
EDITORIAL Libertad Digital 5 Septiembre 2005

La madre patria de Manuela
José García Domínguez Libertad Digital 5 Septiembre 2005

El circo zapateril
Isabel Durán Libertad Digital 5 Septiembre 2005

«¡Visca Catalunya lliure!»
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 5 Septiembre 2005

Coraje político o nihilismo
Agapito Maestre Libertad Digital 5 Septiembre 2005

Las crisis de los dos grandes
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 5 Septiembre 2005

La técnica del golpe de Estado
M.A. Email 5 Septiembre 2005

La Caixa contra Endesa.
LAS PESQUISAS DE MARCELLO Estrella Digital  5 Septiembre 2005

Entre dos aguas
Editorial ABC 5 Septiembre 2005

A pesar del esfuerzo integrador desplegado por Rodríguez Zapatero, el debate en el Comité Federal confirma las graves discrepancias entre diversos sectores socialistas sobre la cuestión territorial. De acuerdo con su estilo peculiar, el presidente del Gobierno ha dejado a todos un poco contentos y un poco inquietos. De hecho, unos interpretan que ha parado los pies a Maragall mientras que otros aseguran que el PSC obtuvo un fuerte respaldo de cara a la reforma estatutaria. Es muy propio del personaje utilizar fórmulas retóricas que le permitan nadar entre dos aguas. Dice que sería bueno «desdramatizar» el debate y marca un rumbo que no permite ni el «inmovilismo» ni las «aventuras egoístas e insolidarias». ¿Adónde conduce, entonces? Es evidente que el presidente ha actuado con ligereza en asuntos esenciales y ya no puede dar marcha atrás en el terreno de los conceptos. Una vez admitido que Cataluña es una «nación», pretende ahora que los nacionalistas radicales no extraigan consecuencias políticas de tan absurda concesión semántica. Es evidente que la falacia de la «nación de naciones», la ocurrencia -ya abandonada- de las «comunidades nacionales» o la falsa doctrina de un federalismo integrador no sirven para limitar las exigencias de sus socios independentistas.

Por su parte, CiU se mueve con comodidad en este ambiente confuso, puesto que desea más que nadie evitar que el PSC llegue a las próximas elecciones con el activo de un nuevo y ventajoso estatuto. El caso es que -al amparo de las razones jurídicas esgrimidas por el Consejo Consultivo- se caen por su base tanto la financiación prevista como los supuestos derechos históricos que permitirían blindar las competencias autonómicas. En este punto intenta Zapatero buscar el encuentro entre Maragall y los barones «españolistas». Por ello, ofreciendo su versión más prudente, el presidente de la Generalitat afirma que el estatuto debe ser «políticamente realista y jurídicamente constitucional», a la vez que Manuela de Madre pone en juego todo su indiscutible activo político para asegurar, ante los aplausos de sus compañeros, que el PSC defiende la Constitución más que nadie. Este malabarismo conceptual no puede ocultar que un sector notable del PSOE mantiene posiciones inequívocas sobre la unidad de España y la validez del sistema autonómico. Con diversos matices, muchos líderes territoriales ofrecieron ante el Comité Federal una batería contundente de argumentos. El tiempo pasa y el presidente del Gobierno no ha conseguido encauzar razonablemente un debate que, según las encuestas, preocupa más a los políticos que a los ciudadanos. No se perciben posibilidades concretas de acuerdo en Cataluña. La situación en el País Vasco no sólo no mejora, sino que la nueva marca política del terrorismo ocupa una posición determinante en el Parlamento. Es fácil vaticinar que habrá desencuentros en Galicia entre Touriño y sus aliados del Bloque. En materia de financiación sanitaria, las reticencias de los suyos (además del rechazo frontal de la oposición) llevan al Gobierno a mover ficha con timidez, anunciando ahora rebajas del IRPF y preparando la cartera para poner más dinero encima de la mesa en la inmediata Conferencia de Presidentes.

La situación, pues, resulta incómoda y embarullada desde todos los puntos de vista. No obstante, el poder ejerce un fuerte atractivo. Ninguno de los intervinientes se fue de la lengua ni llevó las críticas más allá de la prudencia natural. Zapatero no ha dicho ni «sí» ni «no», limitándose una vez más a salir del paso, pero debe ser consciente de que el talante ha agotado sus efectos balsámicos y de que llega la hora de tomar decisiones. En este contexto se sitúa la entrevista de hoy en La Moncloa, a la que acude Mariano Rajoy -como decía ayer en ABC- por «educación y civismo» y con la intención de recordar a su interlocutor que en todos los asuntos concernientes a España debe contar con el acuerdo del PP. Nadie espera gran cosa del encuentro, aunque la oposición va a reiterar su oferta de alcanzar pactos de Estado. Zapatero persiste en el empeño que le ha llevado a un callejón sin salida: la mal llamada «España plural», traducida en un acuerdo de intereses entre socialistas y nacionalistas, pretende formar una mayoría estable que arrincone al adversario con la fórmula reiterada de «todos, menos el PP...». Los socialistas no están dispuestos a cambiar de estrategia, según se confirmó el sábado. Buenas palabras y ningún resultado, porque, en un análisis realista, es claro que la alianza con partidos anti-sistema sólo sirve para agravar el problema territorial a costa de resolver malamente algunas coyunturas parlamentarias.

El diálogo cínico
EDITORIAL Libertad Digital 5 Septiembre 2005

Mariano Rajoy no ha dejado de mostrar un lógico escepticismo ante la reunión que hoy mantendrá en Moncloa con el presidente del Gobierno. El líder popular recuerda que sus "experiencias en anteriores entrevistas no fueron buenas. Trataron de las reformas constitucionales, los estatutos o la financiación, y todavía hoy sigo sin tener claro qué es lo que quiere el presidente del Gobierno".

Para tener constancia de que al día de hoy quien, en realidad, sigue “sin tener claro lo que quiere” es el propio presidente del Gobierno basta contemplar las enormes disonancias que tan claramente se han podido apreciar este fin de semana en el seno del Ejecutivo y del propio PSOE a propósito de la reforma del Estatuto de autonomía catalán. Las discrepancias entre socialistas andaluces, madrileños o extremeños, por un lado, y los miembros del PSC, por otro, han resultado tan clamorosas como la renuencia de Zapatero a fijar una postura común y coherente que las supere. Que Zapatero haya hecho en el Comité Federal del PSOE un llamamiento a abandonar tanto el “inmovilismo” como las “aventuras insolidarias” no es más que una vacua equidistancia con la que eludir la adopción de una toma de postura. Si el presidente ha sido incapaz de hacerlo este fin de semana ante sus propios compañeros de partido, ¿hay que esperar que lo haga hoy ante el líder de la oposición?

No deja, por otra parte, de ser un sarcasmo que venga ahora a rechazar las “aventuras egoístas e insolidarias” quien, como Zapatero, ha dejado de tener claro si España es o no una nación con tal de no perder el apoyo de formaciones independentistas como ERC. ¿O es que le parece a Zapatero poca “aventura” poner en cuestión, tal y como él mismo ha hecho, la condición de nación de España para proclamar como tal a Cataluña? Para aventura, la del propio Gobierno de ZP aliándose con los interlocutores de ETA en Perpiñán u ofreciendo negociación a la propia organización terrorista a cambio de una tregua.

Y es que, también desde el País Vasco, un líder socialista tan destacado como el secretario general del PSE alavés y presidente del Senado, Javier Rojo, ha arremetido este mismo domingo contra la “soberbia” del PP, mientras ha abogado por un gobierno de concentración en Álava y Vitoria en el que se incluya al PNV. ¿Es así, tirando más tierra sobre el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, como Zapatero pretende hacer frente a las aventuras soberanistas de los nacionalistas vascos?

El jefe del Ejecutivo, por su parte, ha enmarcado su presunta “voluntad de diálogo” con el PP asegurando que "estamos en un tiempo de gran estabilidad política en el país”. No parece, sin embargo, muy “estable” la postura del PSOE en asuntos tan elementales como los ya señalados, pero si la “estabilidad” a la que se refiere es a la de su Gobierno, habrá que recordar que se ha basado en el apoyo de formaciones que, como ERC, tienen como objetivos fundacionales acabar con los pilares que sostienen todo el entramado nacional y constitucional de España. Si esta “estabilidad” es la que posibilita a Zapatero sus contactos con Rajoy, el presidente del Gobierno bien podría ahorrarse toda la farsa. Y el líder de la oposición, no dejar de denunciarla.

Cataluña
La madre patria de Manuela
José García Domínguez Libertad Digital 5 Septiembre 2005

Aunque Manuela de Madre supiese quién fue Joyce, tampoco podría haber reclamado la palabra en el Comité Federal del PSOE para repetir ante su selecta audiencia: “Quiero tanto a mi país que no puedo ser nacionalista”. Porque atreverse a pronunciar esa frase le exigiría una ascesis previa: empezar a quererse un poco a sí misma, comenzar a respetarse una miaja, como dicen en su patria chica, Andalucía. Pero Manuela, que ha saltado sin solución de continuidad del pobre Francisco Candel al listo de Paulo Coelho, también ignora al jesuita Gracián, que aconsejaba a los prudentes: “Llegue a temerse, y no necesitará del ayo imaginario de Séneca”. De ahí que ni ella se asustara, ni que el yayo Maragall sintiese miedo alguno, aunque sólo fuera al ridículo, al disfrazarla de Edmond de Valera y empaquetarla hacia Madrit con esa buena nueva de que los de Santa Coloma de Gramanet son una nación.

Y es que, por desconocer, hasta ignora Manuela que si Irlanda se pudo decir nación fue, entre otras cosas, porque apellidarse De Valera o De Madre no incapacitaba a nadie para alcanzar la Presidencia de la República. Al contrario de la norma que rige en Casa Nostra, donde todos los valeras y todas las manuelas han leído al otro lado de la línea invisible que separa Hospitalet de Barcelona, ese enorme cartel luminoso que les advierte: “Vuestro reino no es de este mundo”. Así, la prueba del nueve que confirma que Cataluña no es una nación ni siquiera de la Señorita Pepys, la ofrecen precisamente ellos, los montillas y las manuelas. Por omisión, claro: llenan tres cuartas partes del listín telefónico, y ni a uno se le permitirá ocupar jamás de los jamases la Alcaldía de Barcelona. Ni dirigir la más insignificante consellería de la Generalitat. Por los siglos de los siglos. Nunca. Antes pasará un camello por el ojo de una aguja que una Manuela de Madre por el arco sagrado de la Casa dels Canonges.

Manuela no lo sabe, pero Cataluña será una nación el día que Pepe Montilla no sienta esa necesidad imperiosa de exagerar teatralmente el leve acento catalán de su voz. Es decir, el día que Maragall renuncie a utilizar el castellano en la intimidad del partido para humillar al sufrido concejal Francesc Narváez, que ya no quiere reconocerse Paco ni frente al espejo del cuarto de baño. Vaya, el día que el Avui deje de exigir a la cantaora barcelonesa Mayte Martín que pida perdón por no entonar las soleares bajo la norma de Pompeu Fabra. En fin, el día que Julia Otero no esconda que se licenció en Filología Hispánica. Ese día que el PSC rehúse enviar al charnego agradecido de turno cuando se trate de engañar al Comité Federal del PSOE. Y, claro, el día que el ochenta por ciento de los catalanes dejemos de pensar que somos una región más de España. O sea, nunca.

Entrevista con Rajoy
El circo zapateril
Isabel Durán Libertad Digital 5 Septiembre 2005

Ahora va José Luis Rodríguez Zapatero y asegura que bajar los impuestos es de izquierdas y que subirlos, como medida disuasoria, también. Pero no se queda ahí. Durante la reunión del Comité Federal del PSOE ha proclamado además que “disuadir del consumo del alcohol y del tabaco es de izquierdas” y que su Gobierno “declara la guerra a los accidentes de tráfico”. De no ser por su semblante serio, lo declarado por el presidente parece salido de un concurso de sandeces para ver qué provoca más risa.

Esto empieza a ser grave. Zapatero cada vez se parece más a Ángel Cristo. Él solito se mete día a día de manera voluntaria en la jaula de las fieras y, aunque no tiene ni para darles de comer, arrima mimosamente la mejilla para que le aticen un zarpazo feroz o se lo atiza el solito para distraer al personal. Ahora le ha tocado el turno al gasto sanitario y las carreteras, después será de nuevo el asunto de los Estatutos, el parto de las naciones, la función de la educación, el agua, los fuegos, en fin, un circo completo.

Y es que el espectáculo constante en que se ha convertido el Ejecutivo circense zapateril es de una profusión en cuanto a payasadas apabullante. Al circo de ZP no le falta de nada. El carrusel de desatinos gubernamental, el posado de las chicas en la carpa monclovita tan realzador del papel de la mujer hoy, funambulistas territoriales, saltimbanquis y acróbatas, escapistas por doquier, pantomimas y mucho teatro. Zapatero ha convertido el arte de gobernar en una pura técnica circense. Lo malo es que mientras el gran clown y su troupe ríen y juegan, el país --que no el Gobierno-- está en la cuerda floja por su miope, sectaria, incompetente e ineficaz gestión.

Lo peor de todo es que los leales receptores de las prebendas de Zetapé –artistas invitados, figurantes anti-Bush y contorsionistas mediáticos incluidos–, y su propia soberbia, le impiden ver que no tiene ni un solo conejo en la chistera, que su circo no tiene red en el trapecio y que no se trata de ningún ensayo. Porque lo único de lo que dispone en realidad el presidente es del apoyo del líder del principal partido de la oposición dispuesto a hacer de tripas corazón debido a su sentido de Estado. Zapatero debería dejarse de verborrea política y de ejercitar un equilibrismo impracticable para dedicarse al gobierno de todos los españoles, que es a quienes se debe en primer y único lugar, e iniciar, por tanto, una nueva etapa recogiendo la mano tendida de Mariano Rajoy. Representación ésta, que por desgracia, no parece que lleguemos a ver jamás más allá de la propaganda y el bombo circense a conveniencia de La Moncloa.

«¡Visca Catalunya lliure!»
Por JORGE TRIAS SAGNIER ABC 5 Septiembre 2005

ESE grito, en español, significa «¡Viva Cataluña libre!». Se usó mucho durante el franquismo y todos pensábamos que con ello quería expresarse el deseo de liberarse de la dictadura. Bien. Era un deseo compartido por muchos, ya que todos queríamos superar las consecuencias dramáticas de la Guerra Civil. Pero lo que nunca se nos pasó por la imaginación es que el grito acabaría convirtiéndose en un reclamo para la secesión. Ahora, con esa exclamación de la que se han apropiado los nacionalistas, se apela a una Cataluña libre de España, ¡como si España hubiese oprimido alguna vez a nuestra tierra!

El próximo domingo volverá a oficiarse, una vez más, esa ceremonia de la confusión nacionalista en la que se ha convertido el 11 de septiembre, la celebración de una derrota en una batalla dinástica, que abrió, con la monarquía borbónica, la posibilidad de crecimiento y enriquecimiento de Cataluña y de los catalanes. Con los Borbones es como si Cataluña se hubiese, otra vez, abierto al mundo. Quizás en el subconsciente se celebra esa derrota porque, gracias a ella, Cataluña salió de la postración en la que se encontraba desde hacía varios siglos y se unió al carro de la modernidad.

Pero todavía hay catalanes, tanto los que viven dentro de esa región como los que habitamos fuera de ella, que queremos, de verdad, una Cataluña libre: libre de nacionalismo excluyente, libre de sometimiento a un pensamiento único, libre de etnocentrismo lingüístico, libre de quienes impiden a quienes no piensan como ellos expresarse con libertad, libre, en suma, de fascistoides y chantajistas. ¿Quién podía sospechar que aquéllos que tanto gritaban esas palabras tan bellas como «libertad», «amnistía» y «estatuto de autonomía», iban a apoyar o a servirse del terrorismo para la consecución de sus objetivos?

Alejo Vidal Quadras, un referente de libertad e independencia política e intelectual, me ha pedido que el jueves próximo le «presente» en la conferencia que pronunciará sobre el proyecto de Estatuto de independencia que se está debatiendo en Cataluña. Ya le he dicho que yo no puedo «presentarle», puesto que sería petulante por mi parte. Pero con sumo gusto arroparé su disertación con unas palabras introductorias. Hay que decir «¡Basta ya!» a tanta insensatez. Un partido no es una organización donde las voces puedan ser disonantes. Alejo Vidal Quadras, Jorge y Alberto Fernández, Dolors Montserrat, Ignasi Llorens, por poner unos ejemplos, y tantos otros que, de una u otra forma contribuimos a hacer grande y respetable ese partido en Cataluña, sabemos que se pueden tener diferentes sensibilidades pero que hay que interpretar el concierto con la misma sintonía. Y éste es el único sentido del retorno de Vidal Quadras, ahora vicepresidente del Parlamento Europeo, a Cataluña. Hay que poner las cosas en su sitio.

Rajoy
Coraje político o nihilismo
Agapito Maestre Libertad Digital 5 Septiembre 2005

Dos hechos marcarán la política del próximo curso. Primero, todos tenemos la sensación de estar al final de una legislatura. El fracaso político, económico y social del Gobierno socialista no sólo lo ha llevado al desgaste más absoluto, sino que los ciudadanos comienzan a percibir que éste no tiene salida. Ni los propios socialistas creen una sola palabra de las promesas de Rodríguez Zapatero sobre la reforma de Estatutos, menos todavía sobre el apaño con los terroristas, pero todos hacen como si la cosa funcionase. Basta comprobar la contestación de los barones socialistas, en el último Comité Federal del PSOE, a ciertas propuestas del Gobierno para hacernos cargo de su fracaso. Segundo, aunque parezca que estamos al final de la legislatura, el año que viene no hay elecciones previstas y, lo que es peor, la ciudadanía no ve la fuerza del PP para provocar elecciones anticipadas. El PP espera, como agua de mayo, la crisis del tripartito catalán y sus consecuencias directas en el Gobierno de España, pero su labor de oposición deja mucho que desear desde el punto y hora que busca votos en múltiples caladeros sin terminar de satisfacer las expectativas ideológicas y políticas de su fiel electorado.

Las opciones son claras para el futuro inmediato: o más de los mismo, o sea, agitación y propaganda socialista, o más nihilismo pillo como actitud dominante de toda la clase política, o sea, simular que esto es un Estado-nación cuando ya casi nadie duda de que ésta ha sido troceada en 17 partes para beneficio del aldeanismo nacionalista. Sin embargo, si la oposición se dejase de ejercicios gimnásticos sobre el centrismo político, entonces aprovecharía estas circunstancias, las convertiría en las condiciones ideales para crear una “nueva” agenda política capaz de generar entusiasmo en unos ciudadanos cada vez más retraídos en su individualismo de apartamento, litrona y fútbol. Sería, pues, un año decisivo para crear una genuina agenda política para todos los partidos. No hay que ir a La Moncloa, como ha dicho Rajoy, por educación, sino para hacer oposición pura y dura, imaginativa e inteligente. Con coraje. Para decirle a los ciudadanos que Rodríguez Zapatero se resiste a definirse con respecto a todo, porque nada tiene que decir. No es nada fuera de la propaganda y la represión totalitaria que ejerce compulsivamente en el ámbito ideológico y de los medios de comunicación.

El PP no debería seguir jugando al centrismo de cartón-piedra, de amagar pero sin rematar la faena, sino que tiene enseñar los dientes para generar confianza. Rajoy tendrá que aprender rápidamente, insisto, que la confianza no es una creencia, o mejor, no se gana por una acto de fe, como decía en la entrevista de ayer en ABC, sino porque sus votantes, y quienes les observan, sienten que su partido político satisface sus expectativas ciudadanas.

Pondré un asunto, en realidad, es un ejemplo del que no podrá zafarse el PP si no es con coraje cívico. El debate ya está en la calle y condicionará, sin duda alguna, la agenda política. Me refiero a las discusiones abiertas en la sociedad, después de haber sido iniciadas de modo propagandístico por el Gobierno, sobre la Segunda República, la Guerra Civil e, inevitablemente, el significado del franquismo. En torno a ellos nadie podrá escurrir el bulto. Definirse sobre tales asuntos es tanto como determinar el futuro de la política española. Pues que si ésta es una dimensión de la historia, entonces nadie podrá decir qué es lo genuinamente político sin definirse ante nuestro pasado reciente. Hasta ahora, por desgracia, la agenda “política” de Rodríguez Zapatero no ha sido otra que reducir su pésima gestión a propaganda sobre un pasado histórico del que, como todo propagandista de izquierda, nada ha cuestionado o puesto en duda. Actúan con la historia como si de una guerra se tratase. A Rajoy le corresponde contestar cuanto antes tal falacia, si quiere satisfacer no sólo las expectativas de su electorado sino de aquellos ciudadanos que se acercarían a él si fuera más resuelto en estos asuntos.

Sí, el debate sobre el franquismo lo tenemos ya aquí, pero si Rajoy lo deja pasar, o peor, se esconde en lo políticamente correcto, despídase de poder definir la agenda política de “lo que queda de España” para los próximos años.

Las crisis de los dos grandes
Manuel Martín Ferrand Estrella Digital 5 Septiembre 2005

Si, a la vuelta de las vacaciones, siguiera los mandatos de los viejos manuales de periodismo, tan exigentes con la idea de la proximidad, sólo podría hablar de la gran catástrofe en la que Alberto Ruiz-Gallardón, faraón de Madrid, ha convertido la que, en otro tiempo, fue una ciudad acogedora y amable, esponjosa y castiza, llena de gracia y alegría. Ya tendremos tiempo de hacerlo, que lo de Gallardón es crónico y no agudo, y, por razones de trascendencia, parece obligado ocuparse de la crisis que transparentan, sin reconocerla, los dos grandes partidos nacionales, el PP y el PSOE. Es algo que afecta, aun tratándose de la representación de más del ochenta por ciento de los votantes españoles, a la mismísima integridad del Estado.

En mi último artículo en esta ESTRELLA DIGITAL de mis amores —¡cuánta falta hacen tribunas como ésta, independientes!— evocaba a Baura para afirmar que, hablando de política, las victorias sólo son entregas a cuenta para la liquidación final de las derrotas. En ese balance andan nuestros dos grandes y únicos partidos de pretensión nacional.

El PSOE, en la última reunión de su comité federal, celebrada el sábado en Madrid, ha evidenciado el cepo en el que, si no anda listo, puede quedar atrapado José Luis Rodríguez Zapatero. Se llama Pasqual Maragall, el líder del PSC, el partido catalán en el que merma su componente socialista en beneficio de su pasión nacionalista. Maragall es presidente de la Generalitat por milagro y, de rebote, Zapatero lo es del Gobierno de la nación. Maragall está atrapado por un Estatut que, si no prospera, malo y, si lo hace, peor. Si no prospera, el veterano nacionalsocialista tendrá que verse las caras con sus socios y valedores, y si lo hace con sus conmilitones del PSOE, no podrán defender un texto así en la Cámara de la Carrera de San Jerónimo. En cualquiera de los dos casos le será difícil seguir sentado en la plaza de San Jaume y deberá enfrentarse a unas elecciones anticipadas en las que parece poco probable su supervivencia presidencial. Especialmente, si se considera la contestación interna que el personaje, que lo es, experimenta en las filas de su propia formación.

Sería muy largo repasar el muestrario de los problemas que el PSOE experimenta en las distintas circunscripciones autonómicas; pero puede decirse lo que a sus trajes decían los malos sastres de los sainetes: “Manténte mientras cobro”. Nadie le ha sacado más frutos a una sonrisa que Zapatero, pero el truco ya no da para más y, rodeado de un Gobierno de pasotas y aprendices, y de aprendizas, sólo puede confiar en la inercia afortunada de la economía, algo que no durará mucho tiempo en virtud de las circunstancias internacionales, petróleo incluido.

La crisis del PP cursa con mucho menos dramatismo porque lo de la oposición interesa menos que lo del Gobierno y, sobre todo, porque todavía son muchos sus militantes, incluso señalados, que no tienen conciencia de haber perdido el poder y de que, sin grandes cambios, les será muy difícil recuperarlo en el nivel nacional y en el plano de muchas de las Autonomías.

También esta pasada semana Mariano Rajoy se llevó a Segovia, en cónclave, a sus principales, a los que asisten a los llamados “maitines” de los lunes. Como no podría ser de otra manera, el líder se plantea el futuro. El presente, en el que —11M por medio— perdió unas elecciones que suponía ganadas, no es plato apetecido en la formación y, para evitar tensiones —¿necesarias?— confirmó a su diestra y a su siniestra a Ángel Acebes y a Eduardo Zaplana. Al mismo tiempo, como para justificarse, confesó que el partido necesita caras nuevas e ideas más acordes con la situación actual y previsiblemente futuro de España.

Nunca hay que asustarse antes las crisis, que son prueba de fuerza vital, pero tampoco conviene relajarse demasiado ante las que viven el PP y el PSOE. La fuerza determinante, aunque no aritmética, de los pequeños partidos y grupúsculos periféricos, sin más ideología posible que el nacionalismo, convierte en fundamental el poder y la coherencia de los dos únicos partidos de ámbito nacional y vocación netamente española.

La técnica del golpe de Estado
M.A. Email 5 Septiembre 2005

Pareja de ases. Zapatero, al igual que la vicepresidenta, dice que el gobierno no está obligado "legalmente" a financiar la deuda sanitaria porque es competencia de las autonomías. Y si no está obligado "legalmente", tampoco lo está "políticamente", lo que quiere decir que los españoles ya no sabemos quién es el responsable social y político del sistema sanitario español y es equivalente a constatar que el Estado español no existe para este tema y que el gobierno en este asunto es un Pilatos cualquiera. Pero ¡ay! la mala conciencia le hace añadir "que el Gobierno no está dispuesto a escurrir el bulto en un problema que afecta al bienestar de los ciudadanos". Nótese el matiz, políticamente no está obligado, pero la "pena" le impulsa a tomar medidas. También Clinton, Busch padre e hijo, están tratando de montar una ONG para ayudar a los dannificados por el huracán, no porque estén obligados, sino porque la caridad es una virtud cristiana. En vez de hacer política, trabajo por el que la sociedad los elige y paga, se dedican a obras de beneficencia, labor a la que los nobles medievales eran muy aficionados.

Unos ejemplos para ilustrar la dinámica. En Andalucía, desde setiembre de 2004, no se puede seguir afiliado a la S.S. tres meses después de haber concluido un contrato laboral, en esto ha quedado la asistencia "universal y gratuita" de hace unos años. ¿Ocurre igual en otras comunidades? ¿Cómo se las arreglarán los ciudadanos en paro? ¿Dónde está la igualdad constitucional de los españoles?.

Debido a la competencia electoral y al diseño "descentralizado" del sistema, cada comunidad decide por sí misma las prestaciones que dará a sus pacientes. Y si el dinero no les llega, lo piden al Estado, que se pone a discutir con ellas sin son galgos o podencos, pero no les piden cuentas de sus iniciativas, gestiones o excesos. El gobierno les propone a todas ellas un único criterio de financiación, sin contemplar para nada estos decisivos factores del déficit, porque además, no está obligado "legalmente". ¿Dónde queda otra vez la igualdad ciudadana para su asistencia y que encima se quiera conjugar el déficit igualitariamente cuando el gasto ha sido desigual y arbitrario y así continuará?. ¡Y dice el presidente que quién se oponga a este desmadre quiere privatizar la sanidad pública, cuando son ellos los que nos llevan de cabeza a tal situación!
¿Durante 25 años no ha habido motivo para retirar a las comunidades ninguna competencia, todas lo han hecho perfecto, no se cumplirá tampoco ahí la Constitución?.

La técnica de este golpe de Estado incluye la dejación de funciones públicas, la quebrantación de la Ley, el olvido de la Constitución, la estafa electoral, la delincuencia política, la profundización de las diferencias, el engaño a los ciudadanos y la persecución de una situación de enfrentamienos y debilidades sociales, que facilite a los poderosos la destrucción de nuestra vida pública. Y todo eso se hace porque saben que nuestro bienestar no está garantizado y quieren que cuando las vacas flacas nos visiten estemos en peores condiciones para defendernos. Este es el secreto desentrañado y crecientemente evidente de cuanto ocurre en nuestro país.

La Caixa contra Endesa.
LAS PESQUISAS DE MARCELLO Estrella Digital  5 Septiembre 2005

Marcello no sale de su asombro, y mira que lo venía advirtiendo. La Caixa, el banco del nacionalismo catalán y puede que en un futuro, si todo sigue como va, el banco nacional de Cataluña, ha decidido lanzar una OPA a través de Gas Natural para hacerse con el control de Endesa después de haber capturado meses atrás a Repsol, con lo que La Caixa pone en sus manos el control de sectores energéticos muy importantes del Estado como son el gas, la electricidad y el petróleo. Naturalmente, La Caixa utiliza a Gas Natural como el caballo de Troya para el asalto de la ciudadela eléctrica de Endesa, y además ha filtrado noticias sobre una presunta connivencia de ciertos sectores de Endesa con la operación, lo que es absolutamente falso porque la eléctrica califica la operación de “sorpresiva e inesperada”, lo que quiere decir operación hostil.

Esto ocurre en el mismo día en el que Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero se han encontrado en el palacio de la Moncloa para hablar de los peces y las flores, porque Zapatero no está en condiciones de hablar de mucho más a la espera de lo que pase en Cataluña con el nuevo Estatuto. Escondiendo tras su hierática sonrisa las maniobras orquestales que en la oscuridad articula el ministro Montilla en compañía del más radical nacionalismo catalán. En el mismo día en el que Carod-Rovira dice que si el Estatuto catalán no cabe en la Constitución española, lo que hay que hacer es cambiar la Constitución española con la misma facilidad que La Caixa, la punta de lanza financiera de los nacionalistas catalanes, está cambiando a su favor el mapa energético nacional.

Naturalmente, en el Gobierno de Zapatero y en el PSOE se dirá que con estas operaciones se está dando un vuelco a la ocupación que en su día hizo el PP de las empresas privatizadas del Estado, cuyos primeros sectores ya han sido criticados en reiteradas ocasiones tanto por el vicepresidente Solbes como por el ministro Montilla, este último hace sólo muy pocos días. Pero lo que se está produciendo con estas operaciones no es un cambio de control de gestores afines al PP o gestores afines al PSOE, sino más bien por gestores dependientes del nacionalismo catalán, independentistas aquí incluidos.

Por si algo faltara en este escenario energético, político y financiero con el que arranca el curso político, tenemos que añadir la decisión de La Caixa de vetar en Retevisión la posibilidad de que Telemadrid tenga un segundo canal de televisión autonómico. Y lo hace La Caixa en nombre del Gobierno de Maragall, que ya cuenta con tres canales autonómicos en Cataluña para así preparar el desembarco del Grupo Zeta y de productoras afines al socialismo en un nuevo canal de televisión analógica nacional como el que saldrá a concurso en las próximas semanas.

Poder financiero, control energético y de medios de comunicación, he ahí el inmenso poder que emana de Cataluña, que además controla la estabilidad del Gobierno de Zapatero y pone en jaque la unidad del Estado.

No sabemos si Zapatero se da cuenta de lo que está haciendo con todas estas iniciativas que emanan de una Cataluña insolidaria con España, y desde cuyo Gobierno se agrede a España y a la Constitución muchas veces de manera burda y desafiante, como la que practican los dirigentes de la Esquerra Republicana, lo que hace mucha gracia a sus compañeros de Gobierno socialistas pero que, guste o no, son agresiones que en definitiva parten de un sector muy importante del Gobierno catalán. Zapatero sigue sonriendo, sigue acumulando poder, mientras que en el PP no salen de su asombro y parecen incapaces de reaccionar, como los grandes sectores empresariales y financieros de España, que se rasgan las vestiduras en privado en los grandes restaurantes y poltronas de su particular poder pero son incapaces ellos de hacer un planteamiento económico, financiero y mediático que garantice, frente a estas envestidas partidarias y nacionalistas, la independencia de las grandes empresas y medios de comunicación del Estado español.

Y a no olvidar en todo esto que La Caixa sigue patrocinando, como armador, el yate de regatas del Rey, haciendo publicidad de su marca como un guiño a la Corona, y a una presunta españolidad que no se corresponde en nada ni con la política del Gobierno catalán, ni con el comportamiento de los dirigentes nacionalistas que no paran de despotricar.

No sabemos qué hará Endesa ante esta nueva situación ni cuál será la actitud de Caja Madrid, primer accionista de Endesa. Pero estamos asistiendo a un control calculado y premeditado del sector energético español que a corto, medio o largo plazo va a tener importantes consecuencias para la propia unidad nacional. Y tampoco conviene olvidar ahora cómo el Gobierno de Aznar, con Rodrigo Rato a al cabeza, se opuso en su día a la fusión que empresarial y amistosamente plantearon Endesa e Iberdrola. Histórico error, como ahora se ve con toda claridad.

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