AGLI

Recortes de Prensa    Martes 6 Septiembre 2005
"Lenguas y patrias"
Asociación por la Tolerancia 6 Septiembre 2005

El diálogo inservible de Zapatero
Editorial ABC 6 Septiembre 2005

El gabinete de antigüedades
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC 6 Septiembre 2005

ZP pierde el control
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Septiembre 2005

El Consejo Consultivo catalán se queda corto
EDITORIAL Libertad Digital 6 Septiembre 2005

Consenso ¿para qué?
Antonio Martín Beaumont elsemanaldigital  6 Septiembre 2005

A España se le pueden fundir los plomos
José Javaloyes Estrella Digital 6 Septiembre 2005

Internet y nacionalistas: el dominio ".cat"
Ricardo Chamorro elsemanaldigital 6 Septiembre 2005

El Estatut, la Diada, Mayte Martín y el señor Aznar
IVAN TUBAU El Mundo (Cataluña)  6 Septiembre 2005

El juez avala que no luzca la bandera española en Sant Pere de Torelló
El Mundo (Cataluña)  6 Septiembre 2005

"Lenguas y patrias"
Homenaje al profesor Juan Ramón Lodares
Asociación por la Tolerancia 6 Septiembre 2005

Ciclo de Conferencias organizado por la Asociación por la Tolerancia para los próximos 30 de setiembre y 1 de octubre de 2005. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ( CCCB , c/ Montalegre, 5 - 08001, www.cccb.org).

El pasado día 5 de abril de 2005 falleció el lingüista Juan Ramón Lodares, autor de "El paraiso poliglota", "Gente de Cervantes" y "Lengua y Patria". La Asociación por la Tolerancia quiere homenajear con un ciclo de conferencias a la persona que en los últimos tiempos ha denunciado con la fuerza de los argumentos al nacionalismo lingüístico.

La figura de Juan Ramón Lodares (1959-1995) es clave para entender el fenómeno del nacionalismo lingüístico en España en los últimos tiempos. Sus artículos en prensa y sus libros han contribuido a la introducción de dosis de sentido común en las siempre conflictivas relaciones entre lenguas y patrias.

El ciclo "Lenguas y patrias" es un homenaje a su figura y aborda el estudio de su obra desde tres perspectivas.

1. En la primera mesa , "Procesos de normalización lingüística y poder político", se estudiará la utilización de la normalización lingüística como instrumento de construcción nacional por las élites políticas de algunas Comunidades Autónomas. 2. En la segunda mesa, "Enseñanza y lengua materna", se intentará diseccionar los distintos modelos lingüísticos presentes en los sistemas educativos de las Comunidades Autónomas con cooficialidad lingüística.

3. En la tercera mesa, "Falsas suposiciones sobre la expansión del español", se abordará el proceso de tergiversación histórica que ha sufrido la extensión del uso del castellano en España y en la América Hispana, y la proyección universal del español hoy día.

Está confirmada la presencia en el ciclo del vicepresidente de la R.A.E. de la Lengua, Don Gregorio Salvador y de lingüístas, pedagogos, escritores y responsables de los procesos de normalización lingüística.

Viernes, 30 de septiembre (18.00-21.00 horas):

* Inauguración, con un homenaje a Juan Ramón Lodares, a cargo de su maestro, Gregorio Salvador, y de su compañero de Departamento de la UAM, José Polo.

* Primera mesa: "Procesos de normalización lingüística y poder político"

Sábado, 1 de octubre (10.00-14.00 horas):

* Segunda mesa: "Enseñanza y lengua materna"

* Tercera Mesa: "Falsas suposiciones sobre la expansión del español"

* Clausura

El ciclo es gratuito, pero se exige inscripción previa en el correo electrónico (toleran@teleline.es) o en el teléfono de la Asociación (93 265 32 00 , 675 26 29 85). Si la inscripción es por correo electrónico indicar los datos siguientes:
nombre y apellidos, DNI, correo electrónico y teléfono de contacto.
Aforo: 100 personas.

El diálogo inservible de Zapatero
Editorial ABC 6 Septiembre 2005

LA cuarta reunión entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy ha mostrado la amplitud de las distancias que separan al Gobierno socialista del primer partido de la oposición. Lo previsible del resultado, anunciado por el escepticismo previo de ambas partes, también es un síntoma de cómo ha arraigado la inviabilidad de una política de Estado, es decir, del reconocimiento entre ambas formaciones de criterios comunes para problemas que trascienden la alternancia política. Esta es una grave carencia que no se soluciona ni se maquilla, como pretende el Gobierno, con ofrecimientos de «marcos estables de relaciones» ni con actitudes paternalistas hacia el líder de la oposición, que incluyen recomendaciones de «autonomía política» o contra «el inmovilismo». Si se valora con objetividad la dimensión de los asuntos que están en la mesa de la actualidad política -terrorismo, política exterior, reformas estatutarias, sanidad, educación-, la falta de acuerdos entre el Gobierno y la oposición popular -que representa a casi diez millones de votantes- empieza a ser dramática para un país que necesita poner fin a polémicas constantes sobre cuestiones esenciales para su estabilidad. La ausencia de luz y taquígrafos durante la larga reunión de ayer descarga en las versiones de los asistentes las únicas opciones para formarse opinión al respecto, pero tras año y medio de gobierno socialista y la frustrante experiencia de reunión de enero pasado -en la que se anunció una comisión bilateral para abordar las reformas estatutarias- cabe concluir que Rodríguez Zapatero ofrece protocolariamente diálogo al PP, pero sólo está dispuesto a pactar con minorías radicales y nacionalistas.

Que Rajoy saliera de la reunión diciendo que no había podido saber para qué le había convocado el presidente del Gobierno, aparte de una sacudida a la fama del talante presidencial, concuerda con el guión del Ejecutivo, o mejor dicho, con la ausencia de guión, porque está dando muestras de carecer de un estrategia definida sobre los principales problemas del país. Dejando a un lado la política de chequera que despliega el Gobierno en tiempos de zozobra, la improvisación empieza a predominar en las declaraciones gubernamentales y del PSOE. Así, en apenas una semana ha ofrecido una financiación sanitaria para luego retirarla y ha pasado a advertir contra «aventurerismos» estatutarios después de dos años de alentar al tripartito y jalear las virtudes del pacto con Esquerra, cuyo líder, Carod-Rovira, reclamaba ayer mismo la reforma de la Constitución.

Las posibilidades de pacto con el PP son prácticamente inexistentes en tanto el PSOE no decida un cambio de política y, sobre todo, de socios. Ofrecer diálogo al PP, cuando el daño ya está hecho en política antiterrorista o a punto de consumarse en las reformas estatutarias, en la educación o en la financiación sanitaria es una manera de inutilizar unos recursos imprescindibles de la clase política para dar seguridad a la sociedad: la coherencia y la sinceridad. La política de tierra quemada que el Gobierno socialista está practicando en muchos ámbitos de la «herencia» de la etapa anterior no sólo hace impracticable cualquier voluntad de cambio, sino que acentúa la dependencia del Ejecutivo respecto a sus socios más extremistas. Ahora bien, la lealtad institucional de Mariano Rajoy al acudir a todos los llamamientos del jefe del Ejecutivo también sirve para poner de manifiesto la voluntariedad con que Rodríguez Zapatero persevera en la elección de socios políticos, principalmente Esquerra, a la que el PSC -y, por extensión, el PSOE- aceptó la condición de no pactar con el PP ni en Cataluña ni en Madrid. Zapatero está con ERC porque quiere.

Habrá, por tanto, mucho de impostura en la oferta de diálogo que el Gobierno ha hecho al PP, mientras las decisiones políticas principales que adopta el Gobierno dependan de la transacción de intereses con fuerzas declaradamente desleales al Estado y a la Constitución y de alambicadas visiones tácticas que están beneficiando, a ojos vista, a organizaciones declaradas ilegales por ser terroristas.

El gabinete de antigüedades
POR FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA. UNIVERSIDAD DE DEUSTO ABC 6 Septiembre 2005

... Lo moderno es descubrir en la diversidad un conjunto de partes que se comprenden en mutua existencia, no unas realidades que cobran vida al separarse de otras. Lo moderno es valorar la pluralidad, no confundirla con una suma de entidades que se dan la espalda...

HOY, tal como se está practicando en España, la política es puro anacronismo. No hay la menor correspondencia entre lo que el país es y este debate hiperbólico de los derechos históricos que emplean los nacionalistas catalanes para atar el gobierno Zapatero a las corrientes subterráneas del pasado. Oyendo lo que dicen en la tribuna, y viendo lo que hacen para resolver los problemas reales de la vida pública -ay, El Carmelo, ¿recuerdan? -, se tiene la triste impresión que nos produciría un músico que pretendiera hacer bailar a la gente moza del siglo XXI tocándole las mazurcas, polcas y rigodones de nuestros abuelos. Es inverosímil lo que los políticos catalanes se parecen a una vieja orquesta de género chico, con música del maestro Chapí. Como hay museos jurásicos, museos egipcios, museos góticos, museos renacentistas y museos románticos, podríamos tener una especie de exposición permanente de la política decimonónica, de la política hueca, con la enorme ventaja de que no sería un museo como los demás, frío y muerto, sino un museo viviente, un auténtico trozo de vida en conserva.

¡Qué drama el de España!, ver siempre frustrada la nación liberal por los integrismos tradicionalistas, y, por supuesto, ver cómo nuestras desdichas se tejen en el telar de las falsas y pintorescas ilusiones de un tiempo imposible. Hace ya muchos años que en sus «Meditaciones del Quijote» Ortega se decía: «¿No es cruel sarcasmo que luego de tres siglos y medio de descarriado vagar, se nos proponga seguir en la tradición nacional? ¡La tradición! La realidad tradicional en España ha consistido en el aniquilamiento progresivo de la posibilidad de España». Las palabras del filósofo no han envejecido, nuestros tradicionalistas de hoy no permiten que envejezcan.

Sábelo: -dice el criado de «Las Coéforas»-, los muertos matan a los vivos. Importa recordar esta advertencia. Importa recordar que la influencia de los muertos puede ser tan perniciosa hoy como ayer, cuando Ortega trataba de liberar a sus contemporáneos de los fantasmas de El Escorial y el Castillo de Montjuich y el Cid Campeador y Carlomagno y los celtíberos, que adoraban a la muerte. Importa decir que el reaccionarismo radical no se caracteriza por su desamor a la modernidad, sino por la manera de tratar el pasado, y que esto es lo que da a nuestros nacionalistas y a muchos de nuestros progresistas la apariencia decimonónica y rancia de los más grotescos personajes de Galdós.

Toléreseme un apunte: la alusión a los derechos históricos procede de dos desdichadas operaciones realizadas con el pasado, el fatalismo y el anacronismo. Considerar que las cosas solamente fueron como debían ser es quitar a los hombres su voluntad en la historia, cuando ésta, como recuerda Raymond Aron al subrayar la necesidad de plantearnos futuribles, es siempre un proceso abierto. Imponer como derecho lo que fueron privilegios de una minoría medieval es devolver las sociedades al reino del agravio; es arrancar a los viejos, viejísimos, antepasados de su antigua esfera de vitalidad, sentándolos en su trono, bien muertos, para que rijan las almas; y, por supuesto, es decir a la gente que vive en nuestro tiempo que los problemas que tiene fueron vividos de la misma forma por aquellos. Como si habláramos de un carácter eterno sometido a una sola y perpetua manera no sólo de comprender la vida, sino de resignarse a ella.

No es la comunidad anterior, pretérita, tradicional e inmemorial la que proporciona título para la convivencia política, sino la comunidad futura en el efectivo hacer. No lo que fuimos o soñamos que fuimos ayer, sino lo que vamos a hacer mañana juntos. De aquí la Unión Europea. También de aquí que España no halle solución mientras sus políticos, o al menos los que gobiernan, no hablen y actúen como gentes verdaderamente contemporáneas que sientan bajo sí palpitar todo el subsuelo histórico, que conozcan la altitud presente de la vida y repugnen todo gesto arcaico y silvestre. Necesitamos de la historia íntegra para ver si logramos escapar de ella, no recaer en ella. Lo que conviene es su desdramatización, arrebatarle su lógica providencial, además de otoñar esa mirada interesada que sólo responde a intereses actuales, nunca a impresiones reales de nuestros antepasados, a quienes los malos literatos casi siempre hacen partir para la guerra de los Treinta Años.

Desdramatizar significa también acabar con uno de los mitos que amargan nuestra existencia: la anomalía de España. ¿Por qué es tan diferente esta España plural? ¿Por qué habría de ser distinta la construcción nacional de España a la conflictiva construcción de naciones como la alemana, la francesa o la italiana? España es tan plural como puede serlo Alemania, o como lo es Italia, y Francia. Hay que recordar que sólo la casualidad histórica y las almas armadas han hecho que Baviera o Nápoles no sean estados independientes, de la misma forma que han hecho que Irlanda lo sea, mientras que Gales no. ¿Deseamos vivir una Europa en la que todos los europeos tengan motivos para levantar sus identidades premodernas, su ser privilegiado, su diferencia jerárquica de Antiguo Régimen frente a los estados nacidos de las revoluciones liberales?¿Queremos hablar de castas reinantes en las Dos Sicilias, en Borgoña, en Baviera o en Escocia como sujetos europeos? ¿O aceptaremos que el único sujeto moderno es el que ha conseguido saltar sobre esos pretendidos derechos históricos para construirse sobre empresas colectivas de nacionalización, de igualación de ciudadanos, de abolición de privilegios? ¿Cuándo reconoceremos que el proyecto de nación liberal no planteó la ruptura de diversidad alguna, sino la quiebra de privilegios sustentados sobre coartadas identitarias previas a la democracia moderna, y que ésta, como bellamente define María Zambrano, es la sociedad en la cual no sólo es posible sino exigido el ser persona? ¿Hay que repetir y repetir lo obvio: que Cataluña, efectivamente, no fue inventada por la Segunda República, pero que ésta fue la principal fuente de legitimidad de la Generalitat reconstruida por Tarradellas y la reivindicación del Estatuto del 32, y que lo que existió en aquella recordada Monarquía de los Austrias fue el resultado de otra cosa que se llamaba Corona de Aragón?

El derecho que nace de la historia es a crear un futuro, no el derecho tradicionalista a heredar un privilegio. Hacer castillo de los derechos históricos es fijar España a su pretérito. Vivir gobernados y oprimidos por una oligarquía de muertos. Vivir una cornucopia de diferencias de rango, de oxidadas alcurnias y vejatorias exigencias de primacía. Vivir en las anticipaciones de quienes no pudieron construir el futuro y en las estrecheces mentales de quienes trataron de preservar el pasado, fantasía siempre inútil y utópica.

Lo dramático de todo esto es que, como siempre que una palabra nueva con un contenido viejo cae en el mar de las muchedumbres, cuando catalanes y vascos hablan de derechos históricos irrenunciables se produce una gran y pintoresca confusión. Los nombres de las cosas cambian artificialmente, y de pronto ( y así desde la Transición ) se llama progresista a lo que es reaccionario, nacional a lo que es localista, solidario a lo que es celador de privilegios, y soberano a lo que es apropiación de un territorio por una oligarquía regional. Lo arcaico aparece entonces como moderno y lo moderno como una cultura enmohecida donde se pudren los deseos ciudadanos. Cuando, en realidad, lo moderno es todo lo contrario. Lo moderno es descubrir en la diversidad un conjunto de partes que se comprenden en mutua existencia, no unas realidades que cobran vida al separarse de otras. Lo moderno es valorar la pluralidad, no confundirla con una suma de entidades compactas que se dan la espalda.

Impulso de dirección opuesta al siglo en que vivimos, los derechos históricos sólo son una nueva excusa para hacer recaer sobre los ciudadanos algo que no depende de su voluntad. Un designio providencial, las imposiciones de los muertos. Con normas tan altas se podría deshacer todo el mapa de Europa, levantando nuevas divisiones y fronteras, librando viejos fantasmas de opresión y limitando o liquidando las libertades individuales y concretísimas de que disfrutamos. La historia, sin embargo, y conviene escribirlo aquí, en España, país rico en reaccionarios de todo pelaje, no decide nada. Los hombres y las mujeres libres del presente, su voluntad de ser ciudadanos libres, es el único derecho histórico a aceptar. La única garantía a exigir.

ZP pierde el control
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Septiembre 2005

El desacuerdo –estruendoso en todos sus términos– era previsible en cualquier guión escrito. Lo que no parecía tan fácil es que esa ruptura se escenificara sin ningún margen para la duda. Y así se ha hecho. Cuarta reunión entre Zapatero y Rajoy, y ya veremos sí será la última. Ya no es una cuestión de preocupación o de acuerdo. El gran problema que se ha certificado es que el Gobierno y la oposición caminan por dos trayectos radicalmente diferentes.

Esa diversidad de objetivos se podría interpretar como una cuestión estratégica. Pero desgraciadamente la realidad es muy diferente. A nadie se le oculta que la situación política del actual Gobierno es altamente complicada. Con una exigua minoría parlamentaria, hipotecado por los nacionalistas, a remolque del tripartito catalán Zapatero se presenta en el ecuador de la legislatura sin dirección, sin norte, sin orden y sin concierto. Y así es difícil gobernar y gestionar.

El "cantado" desencuentro entre Zapatero y Rajoy nos deja la imagen de un presidente del Gobierno que ha perdido el control de la situación. Hasta ahora el jefe del Ejecutivo pensaba que con un poco de suerte y un poco de imagen solucionaba los problemas; además sí las cosas se ponían feas echaba la culpa al PP y punto. Los meses pasan y las estrategias desaparecen. Zapatero se ha encontrado, de golpe y porrazo, desarmado y sin capacidad de reacción. De pronto –no es casualidad– lo que era un mundo feliz se ha convertido en un torbellino permanente; con el agravante de que no se perciben soluciones en el horizonte.

Cada día que pasa se hace más evidente que Zapatero ya ha tocado fondo. Sin solución para los problemas, busca fotografías que ya no le resultan tonificantes. Hace unos meses quizá una imagen con Rajoy le hubiera servido para vender el carácter dialogante del Gobierno. Ahora cuando ya se ha demostrado que el diálogo es un "bluf", muestra el lado más radical e intransigente.
La realidad es que a Zapatero se le acumulan los problemas encima de la mesa. Antes aunque no los afrontaba ofrecía gestos de frescura. Ahora ya ni eso. Estamos ante un presidente del Gobierno sin imaginación y sin resortes; al pairo del Gobierno catalán y "vendido" en el País Vasco. Estamos ante una situación terminal, que nos llega mucho antes de lo previsto. La pregunta es saber como va a reaccionar el propio Zapatero. En una situación así, surge el peligro por todas partes. Las reacciones se hacen incontrolables.

El Consejo Consultivo catalán se queda corto
EDITORIAL Libertad Digital 6 Septiembre 2005

Bien está que, desde el PP, se señale la casi veintena de preceptos inconstitucionales que el Consejo Consultivo de Cataluña ha detectado en el borrador de reforma del Estatuto de Cataluña. Si hasta un organismo como este, tan mayoritariamente dominado por juristas nombrados por formaciones nacionalistas, considera que el borrador rebasa claramente los límites de la Constitución en campos tan diversos como la educación, cultura, inmigración, infraestructuras de transportes y de comunicaciones, promoción y defensa de la competencia, régimen local, sanidad, seguridad pública, medio ambiente o régimen jurídico de las administraciones públicas catalanas, sería absurdo que el PP no lo utilizase para denunciar la radicalidad en la que se ha embarcado la vida política catalana a propósito de esta reforma del Estatuto, tan ajena a nuestra Carta Magna como a las prioridades e inquietudes de la inmensa mayoría de la sociedad civil catalana.

Ahora bien, no debería invocar el PP este dictamen como única fuente de autoridad para denunciar la inconstitucionalidad del proyecto, mucho más clamorosa, en realidad, que la que viene a reconocer el Consejo Consultivo de Cataluña. Empezando, porque ese dictamen no destaca entre los preceptos claramente inconstitucionales el articulo 1 del borrador referido a la proclamación de Cataluña como nación. Esta es la verdadera piedra de toque de todo el proyecto, y si de ella hacen los independentistas su conditio sine qua non para respaldar la reforma, también debería ser denunciada como tal por todos los que defienden los pilares de nuestra Carta Magna. Al fin y al cabo, no es el Consejo Consultivo el que dictamina la constitucionalidad de los preceptos, sino el Tribunal Constitucional, tanto en Cataluña como en el resto de España.

El Consejo Consultivo –que señala 39 preceptos que, en función de la interpretación que se dé a su redactado, podrían albergar elementos de inconstitucionalidad- rehuye incluir entre los que sí ve claramente inconstitucionales el referido a Cataluña como “nación”, arguyendo el carácter “polisémico” de esta palabra. Bien es cierto que el dictamen advierte que “el sentido que se emplee –de la palabra nación- en el estatuto ha de ser diferente del que la Constitución predica de la nación española, porque, en caso contrario, entrarían en contradicción y no sería entonces posible hablar de “nación de naciones” o de un “Estado-nación plurinacional”.

Vaya por delante, sin embargo, que esas sandeces del “Estado-nación plurinacional” o “nación de naciones” para referirse a España, aunque fueran utilizadas ciertamente por algunos oradores en el debate constituyente, jamás tuvieron, afortunadamente, reflejo en la letra de nuestra Carta Magna. Lo más que afrentó la Constitución del 78 al sentido común, a la historia y al lenguaje, con tal de satisfacer estérilmente a los nacionalistas, fue la de admitir como sustantivo el término “nacionalidades”, para situarlas –eso, sí- junto a las “regiones”, como partes de la “nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.

Si lo que se trata es, precisamente, de rehuir que haya contradicción entre el nuevo Estatuto y la Constitución, -tal y como supuestamente pretende el Consejo Consultivo catalán- su contribución para eludir las confusiones sería haberse negado a que el proyecto empleara la misma palabra “nación” para referirse a realidades jurídicas políticas e históricas distintas como, los son la parte y el todo.

Ni el termino “nación” para referirse a una comunidad autónoma, ni el Consejo Consultivo de Cataluña no rechazándolo de plano, han cumplido con una de las funciones principales del lenguaje jurídico-político: la precisión para establecer unas normas de juego claras.

Consenso ¿para qué?
Antonio Martín Beaumont elsemanaldigital  6 Septiembre 2005

Hay palabras con una carga positiva. "Consenso" es una de ellas desde la Transición, y ningún político parece capaz de hacer un discurso sin hablar de "consenso". El consenso se desea universalmente, se ofrece y, en todo caso, se reprocha al adversario político que "se niegue al consenso". La máxima cualidad que parece adornar a un gobernante es la "capacidad de lograr consenso", y así sucesivamente. Pero seguimos sin saber qué es esto del consenso, en realidad.

La verdad es que alguna experiencia vamos teniendo, y no es tan buena. El consenso suele consistir en renunciar a parte de las convicciones y al programa electoral votados por los ciudadanos para aplicar en definitiva las políticas del adversario político. Es decir, que el consenso asegura una convivencia cómoda entre políticos y mucho talante.

Lo puso en práctica Adolfo Suárez en los Pactos de La Moncloa, y hora es ya de decir que no todo lo que salió de allí fue bueno. Lo intentaron en los ochenta en el entorno de don Manuel Fraga, al que la cosa no le cuadraba bien. Con Felipe González y con José María Aznar, personalidades fuertes ambas, consensos los justos. Y ahora José Luis Rodríguez Zapatero quiere envolver a Mariano Rajoy en una red de consensos cuando los aires soplan mal para él y sus huestes socialistas.

El consenso beneficia en buena medida a quien tiene el poder -porque anula y domestica a la oposición- o a quien controla la cultura y los medios de comunicación -porque permite dar una determinada imagen "de talante"-. El PP, a día de hoy, no tiene ninguna de las dos cosas. ¿Es el "consenso" parte de la receta mágica que va a transportar a Rajoy a La Moncloa?

Parece que no. Una cosa son los acuerdos en cuestiones de Estado, esenciales -la unidad del país y su defensa, la estructura constitucional y muy poco más-, y otra aceptar un "diálogo permanente" que permita pasar como consenso las imposiciones de una parte a cambio de modestas dádivas, más aún cuando quien gobierna está en manos de partidos radicales y cualquier cambio de la política que practica le llevaría a tener que precipitar su calendario electoral; o, lo que es lo mismo, cuando tiene las manos totalmente atadas. El PP está y siempre ha estado en lo primero; no en lo segundo, porque los españoles, y no sólo los que ya votaron a Rajoy en marzo de 2004 sino también quienes lo harán en el futuro, quieren respuestas y alternativas. Talante, todo el que se quiera, pero consenso el justo y necesario, porque el resto es un regalo a Zapatero.

A España se le pueden fundir los plomos
José Javaloyes Estrella Digital 6 Septiembre 2005

No nos preguntemos qué piensa el presidente Rodríguez. Malo si no piensa nada. Y si ha pensado en darle luz verde a la fagocitación catalanista de Endesa, peor. La OPA hostil presentada por Gas Natural es la más aguda y beligerante presión del poder de La Caixa sobre el mundo español de la energía, luego de la operación fallida del propio Gas Natural sobre Iberdrola, practicada de la mano de Antoni Brufau, actualmente en la presidencia de Repsol YPF, hombre también de la Caja cuyo logotipo figura en la proa del barco en que regatea Su Majestad el Rey.

Más allá de que esta operación sobre la primera eléctrica española sea o deje de ser la “Cara B” del debate estatutario, en la que se la juega el mismo Pasqual Maragall, que dijo “ni una gota del Ebro para el Sudeste” (votante del Partido Popular), lo incuestionable es que su delegado en el Gobierno de la Moncloa, el ministro Montilla, ejecuta una tras otra las instrucciones del tripartito catalán, que lleva sobre sus hombros el Gobierno de Rodríguez de la misma manera que la Esquerra Republicana de Carod-Rovira porta sobre el suyo, a muy buen precio, el Govern del Palacio de Sant Jaume.

El Montilla que se llevó a Barcelona la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) y que ha cerrado el acceso de Telemadrid a un segundo canal, pone en franquía la ambiciosa operación de situar el control del mundo energético español, tocado con la barretina, bajo el signo de la butifarra que pasa por las narices de las grandes mayorías nacionales.

Desde luego no era para informar de esa operación de vaciamiento del centro de gravedad económico de España la razón, causa o motivo de la cita en la Moncloa a la que Rodríguez convocó al presidente del Partido Popular. El civismo y la buena crianza tienen sus costes. Si Rajoy no hubiera acudido al encuentro, desde la fundada presunción de que no serviría para nada, no habría cooperado involuntariamente a que sirviera para que la foto enmarcara en un contexto de normalidad política nacional el asalto catalanista al desmantelamiento de los equilibrios económicos de España mientras espera su turno el desguace estatutario de los equilibrios políticos.

Tan brutal comienzo del curso político supone un órdago que convoca a la derecha económica a mojarse el culo sin mayores reparos ni contemplaciones. Algo tendrán que hacer y decir, por vía de contra-OPA, esa comunidad bancaria tan cansada de denunciar la injusta asimetría de condiciones con que las cajas concurren y compiten frente a los bancos. El obligado compromiso nacional de los bancos debe entenderse por encima y más allá de esto.

La insolencia de La Caixa, en efecto, es un amargo corolario de esa perversión del sistema financiero español, cultivado más que soportado por la deriva caciquil del sistema de partidos. Inmenso pesebre las cajas para políticos de todos los niveles y partidos, lo que no se debe echar en falta ahora es la capacidad de reacción de la sociedad civil, frente al indecoroso y escandaloso mangoneo que representa el hecho de que menos de un millón de votos le esté cambiando el país, la bolsa y la vida al resto de los españoles.

Si prospera la OPA de Gas Natural sobre Endesa, puede que a España, por añadida y potísima razón, se le fundan los plomos.

jose@javaloyes.net

Internet y nacionalistas: el dominio ".cat"
Ricardo Chamorro elsemanaldigital 6 Septiembre 2005

Cataluña pretende manifestar su identidad en Internet a través del dominio ".cat", desligado del ".es". De hecho, en la actualidad, la Generalidad de Cataluña y el Gobierno vasco utilizan el dominio ".net" para no utilizar el ".es". El resto de gobiernos autonómicos de España utilizan el ".es" después de su denominación.

Esta medida fue, en octubre de 2004, anunciada como inviable por la Asociación de Internautas, que conoce el funcionamiento del organismo internacional regulador de la Red, ICANN. La asociación dijo que este organismo internacional en principio sólo concedía autorizaciones de dominios a Estados reconocidos por la ONU. La asociación de internautas, con un criterio lógico, expresó que el Gobierno podría fomentar los dominios de tercer nivel, de modo que se establecieran los necesarios para cada comunidad autónoma, y en el caso de Cataluña de un dominio "cat.es".

Gracias a los esfuerzos del ministro Montilla, cuya ecuanimidad entre Cataluña y el resto de regiones españolas es mas que dudosa, se ha anunciado en agosto que el ICANN aprobará permitir este dominio para los sitios web relacionados con la lengua y cultura catalanas.

Internet es una inmensa Red que pretende unir vínculos transnacionales en el ámbito comercial y de información. En el mundo hay cerca de cuatrocientos millones de hispanohablantes cuyo acceso a la sociedad de la información va en crecimiento. España es el país donde este lenguaje universal comenzó su historia. También en esta nación surgieron otras manifestaciones del romance que forman parte de la riqueza cultural de España como el catalán o el gallego, e incluso tenemos un lengua prerrománica llamada vascuence o eusquera.

Cataluña quiere emprender un viaje en solitario por la Red desprendiéndose del idioma español que es también suyo, y del supuesto "yugo" que supone la denominación ".es". Cataluña en la inmensidad de la red global es un microbio.

Los dominios que denominan nacionalidades no son los más adquiridos en la Red: de hecho, para dar servicios en la sociedad de la información los dominios mas solicitados son los más neutros ".net", ".com". Igualmente las páginas totalmente en eusquera, catalán o gallego son visitadas por una minoría irrisoria. Las paginas de corte nacionalista mas visitadas están escritas en castellano.

Las webs de empresas catalanas, vascas y gallegas están en castellano, dirigiéndose así a un mercado global de millones de individuos. ¿Por qué el nacionalismo no obliga a estas empresas multinacionales, que de hecho lideran la sociedad de la información en España, a que escriban en sus idiomas regionales y se limiten comercialmente a la estrechez geográfica nacionalista? El nacionalismo prefiere multar a los pequeños comerciantes de las ramblas de Barcelona por poner sus letreros en castellano.

Este tema de los dominios, al igual que las selecciones deportivas, se enmarca dentro del objetivo nacionalista de identificar su independencia en el exterior. Jesús Laínz, en su magnifica obra Adiós, España, lo expresa de la siguiente manera: "El motivo principal es conseguir la participación directa de sus naciones en los organismos internacionales, sabedores de que para que una nación -verdadera o inventada- pueda ser considerada como tal, es fundamental el reconocimiento por parte de la comunidad mundial de su existencia y de su personalidad jurídica internacional. Hacia el mismo objetivo se dirige la por otra parte pueril reivindicación de las selecciones deportivas vasca y catalana, conscientes los nacionalistas del papel de embajadores volantes que en esta época de deportes de masas cumplen...".

Los nacionalistas ibéricos ya han dado muestras, en mas de una ocasión, de que parecen sacados del esperpento o de la ciencia ficción. Lo grave de todo esto es que desde un Ministerio del Gobierno de España se fomenten estas tonterías.

El Estatut, la Diada, Mayte Martín y el señor Aznar
IVAN TUBAU El Mundo (Cataluña)  6 Septiembre 2005

Diego el Cigala, secándose una lágrima negra y acosado por el periodista inmisericorde, confiesa que eso del Estatut le suena a chino. Desde Shanghai, Juan Marsé ya había advertido que ese invento se lo sacaban de la manga los políticos nacionalistas (o sea: más o menos todos los representados en el Parlament) para desviar la atención ciudadana de las cosas que realmente le importaban, como sin ir más lejos el hundimiento del Carmelo -él nunca dice Carmel- y .el 3% de la mordida convergente que en un rapto de lucidez imprevisible el señor MaragaIl tuvo la osadía de pasarle por los morros al señor Mas para después envainársela y pactar con él la congelación de la única patata caliente apetitosa aparecida en Cataluña desde que se autogobierna.

Maragall y todos los demás siguen fingiendo, inasequibles al desaliento, que la bromita del Estatut es un asunto merecedor de ser tomado en serio. ¿Qué importa que el Consell Consultiu de la Generalitat considere inconstitucionales un montón de artículos del, prolijo proyecto de Estatut? ¿Qué importa que, aunque ese texto delirante sorteara el trámite de la cámara regional donde gran parte de los presuntos representantes del ente colectivo que mi compañero Javier Ortiz llama pomposamente «un pueblo que tiene conciencia de serlo» parecen haber aparcado no se sabe dónde sus últimos restos de sensatez, se estrellaría como un plan Ibarretxe cualquiera contra el muro parlamentario del Estado?

No sólo no se dan por vencidos, sino que el PSC lanza una campaña destinada a movilizar a la ciudadanía en favor del Estatut: 200 vallas publicitarias en Barcelona y 500 pancartas repartidas por toda Cataluña: «Guanyem l'Estatut, ara». «Guanyem» se refiere a ellos, claro, porque lo que es la ciudadanía, según las encuestas, pasa muy sensatamente de este asunto. Pero quieren motivarla, dice José Mantilla, natural de Córdoba y en su día gran esperanza blanca de los catalanes de lengua propia castellana, que constituyen la mayoría natural de esta tierra. «Queremos que el Onze de Setembre sea un clamor», añade el hoy ministro español y primer secretario general de los socialistas catalanes. Un clamor en la voz de la flamenca catalana bolerista Mayte Martín, que ha osado anunciar que cantaría en castellano. Lo cual indigna sobremanera a señores llamados Jordi Aznar. Mandan cartas al diario Avui diciendo que cómo se les ocurre invitar a Mayte Martín, habiendo como hay tantos grupos y cantautores que cantan en catalán y siendo la Diada un acto que reivindica «que el catala sigui a Catalunya el que el castella és a Castella». Como el mal ya no hay quien lo pare, el señor Aznar propone que en cuanto Martín empiece a cantar, «tothom cridi: Prou imposició del castellà!». Ese sería el clamor si el Estatut que se está cociendo llegara a aprobarse, no lo quiera el dios de los ateos. No hablo por hablar: lean ese texto y comprobarán que darle el visto bueno significaría legalizar la Cataluña del señor Aznar. Don Jordi, por supuesto.

El juez avala que no luzca la bandera española en Sant Pere de Torelló
El Mundo (Cataluña)  6 Septiembre 2005

BARCELONA.- El juzgado de lo contencioso administrativo número 5 de la capital catalana desestimó ayer la denuncia presentada por la asociación Convivencia Cívica Catalana contra el Ayuntamiento de Sant Pere de Torelló (Barcelona), por no colgar la bandera española en la fachada del Consistorio.

Según informó en un comunicado la Asociación Catalana de Municipios y Comarcas (ACMC) que agrupa a 820 entes locales de toda Cataluña, ésta es la primera, sentencia que resuelve -y lo hace además de forma favorable para el ayuntamiento- una de las demandas presentadas por Convivencia Cívica Catalana contra diversos consistorios por la supuesta ausencia en los mismos de la bandera española.

«La resolución judicial da por buenas las alegaciones presentadas por la defensa y que se fundamentan en la falta de objeto y de legitimidad de los denunciados», manifestó en un comunicado la ACMC, cuyos servicios jurídicos se han encargado de representar a los ayuntamientos en éste y otros casos.



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