AGLI

Recortes de Prensa    Sábado 10 Septiembre 2005
«Nación étnica contra nación cívica»
R. N. La Razón 10 Septiembre 2005

Pluralidad y sabotaje en el PP de Cataluña
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Septiembre 2005

El PP catalán aún tiene mucho que decir
EDITORIAL Libertad Digital 10 Septiembre 2005

Moncloa se olvida la bandera
Ignacio Villa Libertad Digital 10 Septiembre 2005

¿Está ya en decadencia el terrorismo internacional?
FERNANDO REINARES El País 10 Septiembre 2005

Falsificaciones y réditos de 1714
Editorial ABC 10 Septiembre 2005

Ganas de enredar
TONIA ETXARRI El Correo 10 Septiembre 2005

La Diada, ariete del proyecto de Estatuto
Editorial Elsemanaldigital  10 Septiembre 2005

Amenazas nacionalistas
Editorial el Ideal Gallego 10 Septiembre 2005

¡Qué horror, una "flamencorra" cantando en castellano en la Diada!
Antonio Martín Beaumont elsemanaldigital  10 Septiembre 2005

La raza que mece la cuna
ABC 10 Septiembre 2005

Conferencia de Aleix Vidal-Quadras en el Hotel Ritz de Barcelona
«Nación étnica contra nación cívica»
- «No estamos ante una reforma estatutaria, el tripartito nos invita a la apertura de un proceso constituyente encubierto» - «Maragall y Carod deshacen por debajo lo que como miembros de la Unión estamos construyendo por arriba»
Por su interés reproducimos una parte de la conferencia que pronunció en Barcelona el vicepresidente primero del Parlamento Europeo Aleix Vidal- Quadras sobre la reforma del Estatuto de Cataluña.
R. N. La Razón 10 Septiembre 2005

Madrid. Creo, y lo creo sinceramente, que en el choque de trenes que se avecina una parte acierta completamente y la otra se equivoca sin remisión, que el lado de los que quieren preservar la Constitución de 1978 es el bueno y el de los que quieren dinamitarla es el malo. [...]

No hay nadie en este recinto que no sepa a qué amenaza me estoy refiriendo. El proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña no es una reforma, ni estructura una Autonomía. Se trata de liquidar el Estatuto vigente para alumbrar un texto aberrante que hace desaparecer el Estado español de esta Comunidad, abre el camino a la secesión, rompe con el espíritu de la transición, destruye la cohesión nacional, vulnera el acuerdo que hace un cuarto de siglo permitió la recuperación de la democracia e invocando una concepción federal transforma España en una Confederación de supuestas naciones inconexas entre sí. Y para mayor escarnio, los autores de semejante disparate, pretenden que se ajuste a la Constitución. [...]

El proyecto de reforma del tripartito contiene doscientos dieciocho artículos, siete disposiciones adicionales, cuatro disposiciones transitorias y cinco disposiciones finales. En gran formato ocupa cuarenta y seis páginas, es decir, abarca una extensión casi cuatro veces la del Estatuto actual. Pero no sólo son las cifras globales las que resultan llamativas. [...]

Ya he dicho que no estamos ante una reforma estatutaria; el tripartito nos invita al entierro del Estatuto de Sau y a la apertura de un proceso constituyente encubierto con un Estatuto de nuevo cuño que no modifica y perfecciona el del 79, simplemente lo tira a la papelera por inservible y arranca de cero, como si un cuarto de siglo de avance del autogobierno no hubiese servido para nada. Este adanismo desestabilizador y agresivo ha sido calificado, con el cauto lenguaje de los juristas, como «una de esas oscilaciones tan peligrosas para el sistema» por un constitucionalista prestigioso al que el Ministerio de Admi- nistraciones Públicas ha solicitado un dictamen sobre la reforma. En efecto, nuestra arquitectura institucional y las equilibradas reglas de juego que nos dimos a nosotros mismos libremente los españoles en 1978 saltarán por los aires si la reforma nacionalista acaba triunfando. Que el proyecto del tripartito aprobado por la ponencia estatutaria en el Parlamento de Cataluña es inconstitucional no es un objeto de polémica, es un dato objetivo, según han probado con todo rigor tanto el equipo de constitucionalistas y administrativistas contratado por Jordi Sevilla para pronunciarse al respecto como el propio Consejo Consultivo de la Generalitat. [...]

El equipo que ha ilustrado al Ministerio de Administraciones Públicas ha apuntado que Maragall nos quiere colar «un sucedáneo de reforma constitucional», un cambio constitucional vía reforma estatutaria sin acudir al proceso que la propia Ley de leyes establece. En otras palabras, el tripartito se propone estafar a todos los españoles y traicionar el espíritu de la transición. Su proyecto de nuevo Estatuto es más que inconstitucional, es venenosa y arteramente anticonstitucional. La inconstitucionalidad puede derivar de una interpretación errónea de la Constitución que, sin mala intención, conduzca a desbordarla en un precepto específico. La anticonstitucionalidad, que es lo que practica el tripartito, es algo diferente, es la voluntad maligna y corrosiva de destruir nuestra Ley Fundamental, de demoler el pilar de nuestra paz civil, de nuestro progreso y de nuestra supervivencia como sociedad integrada y solidaria. No es lo mismo derrapar de buena fe en una curva de la Constitución que colocarse a sabiendas contra ella, como hacen Maragall y sus socios secesionistas. [...]

Supongo que todos estamos de acuerdo, empezando por las organizaciones empresariales catalanas, que en España es conveniente que exista unidad de mercado. Pues bien, en el artículo 144 del proyecto de reforma, Corporaciones de Derecho Público y profesiones tituladas, se asigna a la Generalitat la competencia exclusiva en la determinación de requisitos y condiciones del ejercicio de profesiones tituladas y de acceso al ejercicio profesional, el establecimiento de los derechos y obligaciones de los profesionales titulados y su régimen de incompatibilidades. Si se contrastan estas disposiciones con el artículo 9.23 del Estatuto actual, plenamente respetuoso con la Constitución, y con los artículos 36, 149.1.30 y 139 de nuestra Ley Fundamental de 1978, se advierte hasta dónde llega la insania intervencionista e inconstitucional del tripartito. ¿Es que un profesional titulado español ha de encontrar obstáculos a su movilidad laboral en el interior de las fronteras de su país? Mientras a nivel europeo se toman medidas para que desaparezca cualquier barrera académica o administrativa para la libre circulación de profesionales, Maragall y Carod deshacen por abajo lo que como miembros de la Unión estamos construyendo por arriba. [...]

Pero no os pido que creáis lo que os estoy contando, os pido que lo leáis y saquéis vuestras propias conclusiones. Y una vez hayáis advertido directamente, sin intermediarios políticos o periodísticos, que el tripartito os arrastra a la ruina con este Estatuto obsesivamente intervencionista, rabiosamente anticonstitucional y enloquecidamente subversivo, movilizaos contra él, defendeos de Maragall y de Carod, contratacad, explicad a vuestros compañeros de trabajo, a vuestros vecinos y a vuestros amigos de tertulia lo que a Cataluña se le viene encima. Es así de sencillo: o acabamos con el Estatuto nacionalista o el Estatuto nacionalista acaba con todos nosotros. [...]

Es obvio que estas disposiciones impiden en la práctica que ningún juez o magistrado oriundo de las Comunidades monolingües en castellano, que son doce, desempeñe su labor en Cataluña, con la consiguiente discriminación intolerable y el inevitable empobrecimiento de la calidad y de la independencia de la justicia en el territorio del Principado. [...]
En la era de la globalización, nuestros micronacionalistas desperdician preciosas energías en levantar murallas inútiles frente a una España a la que Cataluña pertenece por historia, por demografía, por interdependencia económica, por vínculos de afecto que son demasiado vivos, demasiado intensos, para ser borrados por operaciones mezquinas de ingeniería social a cargo de un puñado de filólogos de tres al cuarto. [...]

En consecuencia, aunque el esfuerzo fiscal de una Comunidad modesta sea inferior al de Cataluña, negarle un nivel equiparable de sanidad, educación y bienestar social a cargo de fondos públicos es una muestra de egoísmo repulsivo y de falta absoluta de conciencia nacional. En mi opinión, éste es un rasgo del modelo diseñado por el tripartito que más claramente pone en evidencia no ya la mofa que de la Constitución hacen Maragall y sus socios separatistas, sino la radical inmoralidad de sus concepciones políticas. El mero hecho de poner negro sobre blanco semejante abuso representa una provocación peligrosamente desestabilizadora. El tratamiento confederal de la distribución de recursos que pretende el tripartito no es de recibo y equivale a una bofetada al resto de Autonomías, a las que se trata, de facto, como inferiores. [...]

La Constitución de 1978 se erigió sobre una hipótesis que el tiempo ha revelado trágicamente falsa: la de que los nacionalismos identitarios eran opciones políticas como las demás, que pugnarían por el poder sin romper las reglas, trabajando dentro del sistema, sin quebrar el marco común. Las evidencias se han ido acumulando, pero tras el Plan Ibarretxe y el Estatuto de Carod, negarse a reconocer la imposibilidad de gobernar una Nación con la colaboración de aquellos cuyo objetivo es destruirla o es ceguera o es traición. [...]

Nos encontramos en un trance que sólo puede ser calificado como de emergencia nacional. El momento es de extrema gravedad porque la Nación no está amenazada únicamente en su seguridad, en su prosperidad y en su estabilidad, sino en su misma existencia. Si el Gobierno central y una mayoría en el Congreso de los Diputados avala la creación de una nación étnica en el seno de una Nación cívica, si el artículo primero del proyecto de Estatuto de Cataluña, ese que postula que Cataluña es una nación, haciendo trizas el artículo segundo de la Constitución, pasa a formar parte de nuestro ordenamiento, se iniciará indudablemente una nueva etapa en la historia de España, la de su desaparición. [...]

Con los nacionalistas no hay que dialogar, hay que hacerles morder el polvo en las elecciones y poner en evidencia sus miserias. [...]

Pluralidad y sabotaje en el PP de Cataluña
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Septiembre 2005

Cuando se critica la pérdida de votos y, por tanto, de influencia política del PP en Cataluña si comparamos la actual época de Piqué con la más boyante de Vidal Quadras (defenestrado por Aznar –conviene recordarlo- para agradar a Pujol en una de las decisiones más catastróficas de su Presidencia), suele argumentarse que en el PPC deben caber votantes y militantes de una “sensibilidad” cercana al “nacionalismo moderado”, que es lo que representa Josep Piqué y, de forma mucho más radical o más desvergonzada, su “número dos” Francesc Vendrell. Pero estos dos dizque conceptos, “sensibilidad” y “nacionalismo moderado”, están absolutamente desmentidos por la realidad y son sólo una muestra de la patología ideológica que aflige a la derecha española, especialmente madrileña, desde la Transición. Eso de las “sensibilidades” es una mamarrachada del PSOE que hoy sólo sirve para ocultar contradicciones insolubles entre separatistas y españolistas. En cuanto al “nacionalismo moderado”, no tiene un solo partido, ni un solo caso, ni una sola trayectoria duradera en este cuarto de siglo que lo avalen. Ni el PNV ni CiU han demostrado jamás moderación en el ejercicio del Poder ni en su “pedagogía del odio” contra España, incluida la parte de Cataluña que es y se siente española. Lo único que han hecho es negociar lo que no podían imponer. Y hoy constituyen el grueso de una doble estrategia separatista cuyas puntas de lanza son la ETA y ERC, los socios de Perpiñán.

Pero esto de que el PP debe albergar en su seno al “nacionalismo moderado” de Cataluña (identificado con CiU, pero que no se aplica al PNV en el País Vasco pese a que su comportamiento es muy similar, o al BNG o a CC) forma parte de esa siniestra superchería ideológica denominada centrismo, que, además del simple oportunismo del trepa-carca o carca-trepa de los complejos de nuestra Derecha política, desde el ex-falangista Suárez hasta los aznaristas egipcios y los rajoyistas de cátedra. Incluso dentro del PP, formidable construcción política del grupo de Aznar (Rajoy incluido) que organizó a todo el centro derecha en torno a la idea de España y al liberalismo, ese centrismo traducido en debilidad ideológica suele transmitirse a toda la nación desde la propia dirección central, quizás por la sempiterna asesoría de un teórico del tocomocho como Pedro Arriola, otra incomprensible debilidad de Aznar durante su fructífera Presidencia que continúa influyendo de forma nefasta en el actual mandato de Rajoy.

Algún día nos explicarán qué pinta Arriola en las reuniones de la cúpula del PP y a qué sensibilidades representa. De momento, sólo sabemos que “El País” eligió su cara imagen, junto a la de Gallardón y Piqué, para sabotear al PP, su única misión en la vida. En cambio, empieza a ser urgente aclarar el sabotaje permanente de Piqué contra la dirección y la línea política del PP, desde sus manifestaciones contra Acebes y Zaplana, pasando por su apoyo a la OPA de La Caixa, al intolerable boicot decretado por Vendrell, es decir, por Piqué, contra una conferencia de Aleix Vidal Quadras. Creo que Piqué carece de sensibilidad nacional para estar en el PP, pero tiene su sitio si quiere afiliarse. Lo que no tiene sitio ni cabida es que, en la más grave crisis nacional de nuestra historia, el único partido español que nos queda, que es el PP, permita que se censure, persiga o boicotee, en el más siniestro estilo del comisariado político soviético o nacionalista, a uno de sus líderes más consistentes y apreciados, en Cataluña y en toda España. Si ahora resulta que la “sensibilidad” de Vidal Quadras no cabe en el partido qué él hizo grande y a cuya definición ideológica tanto contribuyó, acaba y vámonos.

El PP catalán aún tiene mucho que decir
EDITORIAL Libertad Digital 10 Septiembre 2005

El pasado jueves se celebró en el hotel Ritz de Barcelona una histórica conferencia en la que el eurodiputado y ex líder de los populares catalanes, Aleix Vidal Quadras, hizo saltar las costuras del frágil y artificial consenso que Josep Piqué trata de imponer –sin demasiado éxito- en el PP catalán. Corría la especie por Barcelona de que el partido de Rajoy era del todo incapaz de congregar a mil personas en un acto público fuera de una campaña electoral. Vidal Quadras se encargo de desmentirla. Un discurso sólido, bien fundamentado y centrado en los valores que el Partido Popular defiende a lo largo y ancho de toda nuestra geografía. Porque decir hoy, en Barcelona, que "nos encontramos en un momento de extrema gravedad porque la Nación no está amenazada únicamente en su seguridad, en su prosperidad y en su estabilidad, sino en su misma existencia", es mucho más que desafiar al discurso único, marcado por la alta temperatura ambiente que impone sin rubor el nacionalismo gobernante. Es hacer una llamada al único partido nacional que queda en Cataluña, el único que posee una idea clara de España y del lugar que en ella le corresponde a Cataluña, el único, en definitiva, que permanece fiel al espíritu y la letra de la Constitución.

Fue en la época en que Vidal Quadras ejercía de presidente del Partido Popular de Cataluña, cuando esta formación alcanzó su techo electoral en el Principado. Aquellos resultados, nunca igualados desde entonces, se consiguieron con un programa sencillo, de defensa de la españolidad de Cataluña y abiertamente crítico con el entonces omnipotente pujolismo. La llegada de Aznar al poder y los subsiguientes pactos de gobierno con CiU se cobraron no sólo su cabeza sino la esencia misma del PP catalán que, desde entonces, languidece en tierra de nadie navegando a la deriva entre un nacionalismo templado que no convence a nadie y un constitucionalismo lleno de complejos que irrita profundamente a las bases y a la mayor parte de votantes. El statu quo pujolista se vino abajo hace ahora dos años, pero el PP catalán no ha cambiado el guión a pesar de que el nuevo tiempo político en Cataluña, el que inauguraron los Pactos de Tinell, exige más que nunca la presencia activa de un partido nacional. No hay diferencia entre el nacionalismo catalán, vasco o gallego. No existen, tal y como han querido ver una y otra vez los dirigentes populares en Madrid, nacionalistas buenos con los que se puede llegar a un acuerdo. El objeto de Maragall, Carod y Mas es idéntico: separar a Cataluña del resto de España mediante una reforma estatutaria inconstitucional y perfectamente denunciable ante el Tribunal competente en la materia.

Piqué no lo ha visto o no lo ha querido ver. Trató de calmar la mala conciencia participando en la ponencia del nuevo Estatuto, una ponencia de la que ha salido un engendro ilegal del que, en el último momento, ha tenido que desmarcarse. La vía de la negociación no puede dar más de sí, ha llegado la hora de defender los principios. Piqué todavía puede armarse de valor e intentarlo y, si es o se considera incapaz para acometer la tarea, debería dejar paso a un nuevo liderazgo que enfrente el grave problema que encara Cataluña y, con ella, España entera. Los secesionistas de Carod, los soberanistas de CiU y los federalistas asimétricos del PSC lo tienen claro, difieren quizá en los plazos y en el método óptimo para proceder a la separación, pero saben a dónde se dirigen. El Partido Popular cuenta con 15 escaños en la cámara y casi 400.000 votos en las últimas elecciones autonómicas. Es una fuerza pequeña pero no desdeñable y aún tiene mucho que decir. Más aún si tenemos en cuenta que empiezan a aflorar ciertas grietas en el antaño inalterable oasis nacionalista. El manifiesto de los intelectuales que hace unos meses abogaban por la fundación de un nuevo partido no nacionalista es un buen ejemplo de ello. Porque es imperativo que una fuerza política, ya sea de izquierdas o de derechas, se tome el trabajo de representar a los cientos de miles -acaso millones- de catalanes que se sienten también españoles y que están hasta la coronilla de tanto nacionalismo rancio y del perenne conflicto identitario sobre el que CiU, PSC y Esquerra han basado todo su quehacer político.

Moncloa se olvida la bandera
Ignacio Villa Libertad Digital 10 Septiembre 2005

Nueva foto de ZP para su álbum familiar. Este sábado el presidente del Gobierno ha convocado una nueva Conferencia de presidentes autonómicos que nadie ha conseguido explicar para qué sirve y que objetivos se marcan. Zapatero convoca a los dirigentes autonómicos a un encuentro que no tiene capacidad decisoria y en el que no existe un orden del día previsto. Es cierto que sabemos que se va a abordar la financiación del déficit sanitario, pero es que la presidencia del Gobierno a estas alturas no ha movido un dedo para que se conozca la propuesta real y final del Ejecutivo.

La realidad es que en estos últimos días han rozado el ridículo. Primero anunciando una subida de impuestos como la gran aportación de la izquierda, luego admitiendo que podría ser retirado si no gustaba, más tarde añadiendo que la propuesta era provisional para terminar diciendo que habrá una nueva oferta final.

Todo esto huele a "montaje Zapatero". Todo indica que el presidente estará preparando un golpe de efecto que pretenderá sacar en la Conferencia para provocar el desconcierto general; aunque esta vez esas maniobras efectistas no deberían ser suficientes. Nos estamos jugando algo muy importante como es el Servicio Nacional de Salud y por lo tanto las "jugadas de pillo" no tienen lugar en un terreno como este. Zapatero esconde sus cartas. Y lo hace no por su contenido; la única razón es por estrategia política.
En este contexto, no deja de ser paranoico que a menos de 24 horas para la Conferencia la polémica venga marcada por la "desaparición" de la bandera de España de las acreditaciones y de toda la cartelería. En Moncloa algún "ínclito" cerebrito se ha "olvidado" de la bandera nacional; eso sí no se ha "olvidado" de ninguna bandera autonómica. La duda que surge –y no es por maldad– es saber sí ese "olvido" ha sido intencionado o es que realmente de tanto jugar con lo básico la enseña nacional ha pasado al baúl de los recuerdos. Desde Moncloa se ha vuelto a rehacer todo el aparato escénico de la Conferencia, en esta ocasión con la bandera de España. Y es que la se les venía encima era de aúpa. Cualquier día se olvidan de la cabeza.

¿Está ya en decadencia el terrorismo internacional?
FERNANDO REINARES El País 10 Septiembre 2005

Cuatro años después del 11 de septiembre, los numerosos atentados perpetrados desde entonces en cada vez más países y regiones del mundo son un buen exponente del potencial de amedrentadora letalidad que conservan los grupos y organizaciones implicados en las redes del actual terrorismo internacional. Eso es indudablemente cierto. Ahí están los episodios de Bali, Casablanca, Estambul, Madrid o Londres, por mencionar sólo algunos de entre los más notorios y mejor conocidos. Pero también es cierto que Al Qaeda, núcleo fundacional a la vez que referencia ineludible para ese conjunto multinacional y multiétnico de actores pertenecientes al movimiento de la yihad global, ha perdido su santuario afgano a cielo abierto y, con ello, una sólida estructura centralizada, capacidad de planificación estratégica, buena parte de los miembros más relevantes y un monto sustancioso de fondos disponibles.

Puede que Al Qaeda lo tuviera previsto. Quizá los atentados de Nueva York y Washington fueron, entre otras cosas, una provocación maquinada con el fin de que las autoridades estadounidenses respondieran invadiendo militarmente un país islámico y así acrecentar el inveterado resentimiento hacia los norteamericanos y sus aliados compartido por amplias colectividades de musulmanes como consecuencia, entre otras cosas, de la cuestión palestina, del genocidio bosnio o de situaciones similares interpretadas exclusivamente en términos de agravio diferencial. Acaso eso explique por qué dos tunecinos enviados de Osama Bin Laden, por cierto recientemente condenados por un tribunal francés, se hicieron pasar por periodistas y asesinaron al principal dirigente de los combatientes antitalibanes exactamente dos días antes de aquel 11 de septiembre. Es muy posible que la ofensiva estadounidense en territorio afgano como respuesta severa e inmediata a lo ocurrido esa fecha hubiese sido anticipada, incluso deseada, por los emprendedores de la yihad global.

Pero si los líderes de Al Qaeda esperaban beneficiarse de un eventual incremento en esa hostilidad más o menos generalizada que existe dentro del mundo árabe e islámico hacia el mundo occidental, movilizando masas enteras de musulmanes tras de sí, en pos de un califato universal rigorista y del dominio de su particular concepción fundamentalista del hecho religioso sobre la humanidad en su conjunto, diríase que a la postre están fracasando en el intento. Estudios fiables de opinión pública llevados a cabo en los más importantes países africanos o asiáticos con sociedades predominantemente musulmanas indican, con algunas excepciones, que sus habitantes tienden ya a compartir con los europeos o los norteamericanos una misma percepción del extremismo islámico como amenaza y que el apoyo a los actos de violencia en supuesta defensa de la propia fe, incluido el terrorismo suicida, se ha reducido muy significativamente durante los dos o tres últimos años, periodo durante el cual ha caído también de manera ostensible la confianza en Osama Bin Laden.

No es para sorprenderse demasiado. Pese a la retórica antioccidental propia de Al Qaeda y del conjunto de entidades asociadas con la misma, la realidad es que el terrorismo internacional está afectando, al menos desde el 2003, sobre todo a su propia población de referencia. En otras palabras, la mayoría de las víctimas mortales y de cuantos heridos ha ocasionado estos dos últimos años la yihad global son musulmanes que habitan en países donde el islam es el credo predominante. Esta realidad es susceptible de alienar en buena medida a las propias masas que los terroristas quieren movilizar, suscita contradicciones dentro del propio sector yihadista, ha provocado escisiones en algunos grupos armados de ámbito local y plantea dificultades para obtener el rendimiento que los dirigentes de todo este entramado de violencia fanática esperan de su propaganda. Abu Musab al Zarqawi, por ejemplo, viene dedicando un esfuerzo verdaderamente llamativo, a través de Internet, a justificar religiosamente el derramamiento de sangre musulmana como algo inevitable para, según alega de manera reiterada, no perturbar el curso de la guerra santa.

Ahora bien, aun cuando Al Qaeda se ha debilitado y quienes la lideran son hoy por hoy incapaces de atraerse incondicionalmente a las masas de musulmanes que desearían ver entregadas a sus designios, el movimiento de la yihad global que han promocionado durante las dos últimas décadas está más extendido que nunca. Éste es el resultado, paradójico si se quiere, de la descentralización y la fragmentación de su núcleo original, una vez privado de base territorial estable. Esos grupos y organizaciones que practican el terrorismo internacional continúan aprovechándose de procesos de radicalización que afectan a colectivos enteros de musulmanes, dentro y fuera del mundo islámico. Radicalización que difiere de un contexto a otro pero invariablemente acontece dentro de subculturas de la violencia creadas por predicadores neosalafistas del odio, medios de comunicación complacientes con el yihadismo y sitios en el ciberespacio donde se divulgan ideas nada ponderadas sobre antagonismos que afectan a musulmanes junto con incitaciones a la venganza. Urge contrarrestar con determinación estos factores.

El peligro es ahora el de una violencia más difusa, en cuyo planeamiento y ejecución coinciden el propio centro decisorio de Al Qaeda, sus numerosas entidades afiliadas en distintos países o regiones del mundo, e incluso las células locales que se constituyen a sí mismas aunque operan luego en consonancia con los objetivos de aquella estructura terrorista y, por supuesto, con sus métodos. En la medida en que Al Qaeda está compartimentada y sin la estructura jerarquizada de coordinación y mando que tuvo hasta el 11 de septiembre, son menos probables, aunque todavía no descartables del todo, los atentados megaterroristas contra objetivos de gran relevancia, planificados con sofisticación y ejecutados directamente por suicidas entrenados durante largo tiempo. Al contrario, siguen resultando más verosímiles los actos de terrorismo contra blancos de oportunidad y fácilmente accesibles, mediante dispositivos explosivos relativamente simples y mucho menos costosos, perpetrados por individuos pertenecientes a sus grupos u organizaciones afiliadas.

Estas entidades locales o regionales asociadas mantienen la capacidad necesaria para planear y ejecutar campañas sostenidas de violencia en ámbitos territorialmente demarcados, como ahora mismo Irak, en alguna menor medida Afganistán y quizá otros países árabes o asiáticos cuyo control aspiran a conseguir los terroristas. Igualmente pueden llevar a cabo atentados espectaculares de impacto mundial, realizados por sí mismas o en conexión con enlaces itinerantes de Al Qaeda. A este respecto, la utilización por parte de los grupos y organizaciones que constituyen las redes del actual terrorismo internacional de algún tipo de componente químico, bacteriológico, radiológico o nuclear continúa siendo estadísticamente poco probable, en particular por lo que se refiere al último de esos supuestos. Pero es un riesgo que en modo alguno debe subestimarse, dada la acreditada predisposición que los emprendedores de la yihad global han mostrado hacia la adquisición y el uso de las llamadas armas de destrucción masiva. Más aún teniendo en cuenta la erosión del orden social que un atentado de esas características entrañaría allí donde ocurriese.

En suma, cuatro años después del 11 de septiembre, Al Qaeda ha sido privada del vigor que exhibía antaño, pero el conjunto de sus grupos y organizaciones afiliadas suponen una considerable amenaza global que no va a remitir en breve, aun cuando el hecho de estar ocasionando muchas víctimas entre musulmanes limite su habilidad para movilizar los recursos humanos y materiales con que perpetuarse. A corto plazo, por tanto, no es realista pensar en la erradicación de este terrorismo internacional. Pero la violencia yihadista puede ser contenida o aminorada, mediante la aplicación conjunta de medidas gubernamentales proporcionadas y sobre todo acomodadas a las peculiaridades del fenómeno, en especial por lo que se refiere a las capacidades de inteligencia, sin olvidar una efectiva cooperación transfronteriza y la indispensable reacción social de los musulmanes dentro o fuera del mundo islámico. Eso sí, prácticamente desbaratado el santuario afgano de Al Qaeda hace casi cuatro años, los márgenes para una respuesta militar al terrorismo internacional se redujeron sobremanera. Un fenómeno así de complejo, privatizado, desterritorializado y extendido no puede ser derrotado militarmente.

Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos, investigador principal de terrorismo internacional en el Real Instituto Elcano y asesor para asuntos de política antiterrorista del ministro del Interior.

Falsificaciones y réditos de 1714
Editorial ABC 10 Septiembre 2005

EL politólogo británico Anthony D. Smith advierte que el nacionalismo inventa la nación seleccionando aquellos rasgos o hechos, reales o imaginarios (lengua, mitos, símbolos, historia, tradición, cultura, carácter, etcétera), susceptibles de cohesionar el sentimiento de identidad nacional. Y Smith concluye que el nacionalismo convierte la nación en un «relato que recitar» y «aprender a través de las imágenes que proyecta, los símbolos que usa y las ficciones que evoca». En resumen, la nación sería un conjunto de fábulas históricas y figuras literarias. Al respecto, el proceso de invención de la nación catalana durante el XIX es paradigmático: se manipula y mitifica la historia al tiempo que se nacionalizan determinadas características de orden local o comarcal previamente depuradas de lo extraño, que suele ser lo español. Y en ese proceso, el 11 de septiembre de 1714 -ejemplo de cómo se tergiversa la historia a mayor gloria de la nación inventada- ocupa un lugar de privilegio. Ante la inminente celebración de la Diada, conviene cuestionar la interpretación oficial y repasar lo sucedido en su complejidad. Y conviene también sacar alguna conclusión en clave de presente.

Se debe empezar recordando que el 1 de noviembre de 1700 Carlos II muere sin descendencia y que su último testamento otorga la corona de España a Felipe de Anjou, que se convertirá en Felipe V. Se debe recordar también que, después del nombramiento, se forma una coalición internacional (Inglaterra, Holanda, Austria y Portugal) contra un bloque franco-hispano que acumula un poder excesivo. Puestos a recordar, hay que añadir que Felipe V jura las Constituciones del Principado y que Cataluña se mantiene fiel a la monarquía borbónica hasta 1705, en que la oligarquía comercial barcelonesa firma el Pacto de Génova con ingleses y austriacos en virtud del cual el Principado cambia de bando y declara su fidelidad al pretendiente austracista, el archiduque Carlos. El Pacto de Génova data de junio de 1705, pero Carlos no conseguirá entrar en Barcelona hasta noviembre del mismo año, cuando logra acabar con la resistencia de la ciudad. Finalmente, Carlos, al ser nombrado en 1711 emperador de Austria, perderá su interés por Cataluña. Y en el año 1713, la coalición internacional también se desinteresará del conflicto y firmará el Tratado de Utrecht. Ni que decir tiene que las tropas austracistas, que habían prometido defender las constituciones catalanas, abandonan Cataluña. El 11 de septiembre de 1714 el ejército de Felipe V entra en Barcelona.

Conocidos los hechos y su circunstancia, hay que remarcar algunos detalles que el nacionalismo catalán olvida o tergiversa. Por ejemplo: que en 1702 Felipe V jura las Constituciones catalanas y, en consecuencia, no se puede decir que los borbones anulan el régimen político propio de Cataluña; que el cambio de bando que tiene lugar en 1705 -probablemente, una traición en toda regla- obedece a los intereses de una oligarquía barcelonesa perjudicada por el bloqueo del Mediterráneo impulsado por la coalición antiborbónica; que el compromiso de los catalanes, como demuestra la resistencia al pretendiente austracista una vez firmado el Pacto de Génova, está con Felipe V. Otro detalle: contrariamente a lo que se dice, el austracismo sólo triunfó en el triángulo formado por Barcelona, Igualada y Tarragona. ¿Una guerra de Cataluña contra la imposición de un rey extranjero? Dejando a un lado que los dos pretendientes eran extranjeros, lo que resulta plausible es que estamos ante un conflicto creado por la infidelidad de una oligarquía barcelonesa que veía amenazados sus negocios y privilegios, porque si es cierto que Felipe V respetó los fueros y concedió exenciones fiscales al Principado, no es menos cierto que negó determinados prerrogativas a una oligarquía dañada por el bloqueo del Mediterráneo. Y si se trata de recordar que el Decreto de Nueva Planta fue de signo abolicionista, también hay que recordar un par de cosas. Primera: que la abolición llegó como consecuencia del cambio de bando de 1705. Segunda: que el Decreto de Nueva Planta limitó muy seriamente el poder de la oligarquía, impulsó un programa de reformas y modernización que permitió el desarrollo de Cataluña y, como dijo Vicens Vives, significó el desescombro de una sociedad feudal saturada de privilegios y privilegiados. Quien perdió la libertad no fue Cataluña, sino las clases dominantes.

Alguien preguntará por Rafael Casanova, «el héroe de la resistencia nacional catalana» que cada 11 de septiembre recibe flores en su tumba y monumento. En pocas palabras: la noche del 10 al 11 de septiembre de 1714, nuestro héroe -partidario, por cierto, de pactar con los atacantes- está en la cama; sólo acude al frente cuando le avisan de la gravedad de lo que ocurre; es herido levemente en un muslo y retirado de inmediato a la retaguardia; atendido de la herida quema los archivos, consigue un certificado de defunción, delega la rendición en otro consejero, y huye de la ciudad disfrazado de fraile. Posteriormente, reaparecerá en Sant Boi de Llobregat, donde ejercerá la abogacía sin ningún tipo de problema, recibiendo el perdón de Felipe V. En definitiva, sacando a colación la terminología del nacionalismo catalán, Rafael Casanova -vaya paradoja- no es sino un botifler, un traidor españolista.

¿La razón de la manipulación y mitificación de lo ocurrido? Al nacionalismo catalán, la tergiversación histórica, el «relato que recitar» y «aprender» de Smith, le es indispensable para cohesionarse y cultivar la imagen de una Cataluña secularmente asediada por una España de la cual hay que desconfiar o liberarse para realizar el sueño de la reconstrucción nacional. Y note el lector que si los tiempos cambian que es una barbaridad, el nacionalismo catalán -indefinición política, papel determinante del interés económico, búsqueda del privilegio bajo la forma de derechos históricos- continúa siendo hoy igual que ayer. La falsificación de 1714 todavía da réditos.

Ganas de enredar
TONIA ETXARRI El Correo 10 Septiembre 2005

Si durante todo el verano la ilegalizada Batasuna ha condicionado el debate político con sus constantes demostraciones de lo necesaria que es mientras tenga al lado a los terroristas de ETA, en las últimas horas, Otegi se ha ganado el título. Es el más listo de todos. No se atiene a las normas democráticas, desde luego; se pasa por el puente del Adour lo que diga la Justicia española, mientras el PNV le vaya ayudando a burlar la ley, por supuesto. Porque, en realidad, es el único que tiene el guión bien elaborado. Los demás, mal que les pese, van girando a su alrededor como planetas perdidos en el firmamento. Incluido el presidente Zapatero.

Será Otegi todo lo ilegal que la Justicia quiera, estará procesado por pertenencia a ETA, no tendrá presencia personal en un Parlamento que le cobije. Cierto. Pero tiene puesto todo su futuro en la proyección del nutrido grupo de sus amigas en el hemiciclo vasco, con nueve escaños. Su identificación con este partido ha sido tan descarada que ha dejado, en más de una ocasión, en una situación comprometida al fiscal Conde Pumpido, empeñado en no ver indicios de colaboración entre las comunistas de las tierras vascas y Batasuna. En las últimas horas, si los socialistas y populares han tenido que perfilar su estrategia en torno al mobiliario de nueva generación -«sí a la Mesa, no a la Mesa, con Batasuna ni a heredar »- es debido a que Otegi, antes de que Ibarretxe hablara de ello en el pleno de su investidura, le pidió la creación de un foro extraparlamentario para que el entorno de ETA tuviera vida propia en el debate político, al margen de lo que las urnas habían decidido.

Y, como en este pulso entre ETA y Batasuna con el gobierno de Zapatero, el PNV estaba quedando algo descolocado, los parlamentarios nacionalistas han querido enredar. Más que nada para recobrar el protagonismo perdido. Sus portavoces en el Congreso han salido a la palestra para explicar, sin rubor alguno, que quieren que Zapatero deshaga, en la legislación penal, el endurecimiento de los castigos por delitos terroristas que llevó a cabo el anterior gobierno del PP y que logró, entre otras cosas, que el vandalismo callejero desapareciera. Les parece «tremendo» que se castigue con quince años de prisión a quienes incendian los cajeros bancarios; pero no les parece tremendo que los pirómanos quemen mobiliarios urbanos para tener acongojada a la población que tiene que abandonar sus domicilios a la intemperie de una noche cerrada. Es más, no se sabe en nombre de qué se consideran jueces como para poner a prueba la capacidad de Zapatero de ir hacia atrás en la lucha contra ETA. Porque, no cabe duda que si se levanta la presión sobre los terroristas callejeros se dejará a buena parte de la población vasca en la más absoluta indefensión.

La Diada, ariete del proyecto de Estatuto
Editorial Elsemanaldigital  10 Septiembre 2005

Tiene lugar justo en el momento en que Carod está tensando la cuerda del gobierno tripartito hasta unos límites que para Zapatero están al borde del entreguismo y la humillación.

10 de septiembre de 2005. La Diada catalana de 2005 no va a ser una celebración más. Tiene lugar en el fragor del proyecto de Estatuto catalán justo en el momento en que Josep Lluís Carod-Rovira está tensando la cuerda del gobierno tripartito hasta unos límites que para el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero están al borde del entreguismo y la humillación. A pesar del varapalo jurídico a que el texto del Estatuto ha sido sometido, Carod-Rovira continúa en la idea de liderar un gran acuerdo "nacional" e intenta contener las jugadas políticas de CiU a la vez que mantiene maniatado al Partido Socialista y a un presidente Maragall que parece dispuesto a consumar la ruptura. Todo ello combinado con otro objetivo de especial gravedad como es el aislamiento del Partido Popular, que en algunos ámbitos llega no sólo al ostracismo sino a la agresividad y a la violencia.

Que en medio de este asunto de inusitada gravedad tercie Joan Laporta, el presidente del Barcelona, para implicar al equipo en la politización y en el apoyo descarado al Estatuto, no deja de ser una anécdota, por más que revele hasta que punto el nacionalismo catalán ha decidido jugar fuerte aprovechando la extrema debilidad de Rodríguez Zapatero. Aleix Vidal-Quadras, al que ha salido a responder nada menos que el vicepresidente de la Generalitat, ha puesto el dedo en la llaga al denunciar el peligro de secesión y ruptura del pacto constitucional que todo este proceso estatutario está a punto de provocar.

Y entretanto cabe preguntarse: ¿se encuentran el Estatuto, los llamados derechos históricos o el blindaje de competencias entre las prioridades de los ciudadanos de a pie de Cataluña y del resto de España? En las tertulias, bares, encuentros y reuniones o en la intimidad de los hogares, ¿se habla de otra cosa que no sean los derechos históricos o el Preámbulo del Estatuto?

Tal vez la Diada del 11 de septiembre de 2005 sirva este año como gigantesca operación para cubrir una gran mentira.

Amenazas nacionalistas
Editorial el Ideal Gallego 10 Septiembre 2005

La canción define a Pedro Navaja como un matón de esquina, pero no aclara su lugar de nacimiento; aunque, dado que su compositor, Rubén Blades, es panameño, parece lógico que ese bravucón de barrio viniese al mundo en Latinoamárica. Tampoco se sabe si visitó España ni, por lo tanto, si, en el caso de que lo hiciese, tuvo descendencia en este lado del Atlántico, pero perfectamente podría haber puesto la semillita ­como dice el presidente de Gas Natural­ en el País Vasco o Cataluña, porque los nacionalistas de una y otra comunidad autónoma han vuelto a demostrar que la táctica de la amenaza es la que mejor manejan.

Los dirigentes del PNV no tienen recato para reconocer que la petición de medidas de gracia para los etarras presos es simplemente un medio de poner a prueba a Zapatero, es decir, de presionarlo en su beneficio, pero sin importarles lo más mínimo lo que al final ocurra con los reclusos. Sus parientes de ERC hacen más o menos lo mismo al anunciar que su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado queda supeditado a que los socialistas respalden su proyecto para que el catalán, el vasco y el gallego sean lenguas cooficiales en el Congreso; o sea, la estabilidad no les preocupa, para ellos lo trascendental es despedirse con un adeu al salir de la cámara alta. Sin embargo, el problema de base no está en la mente de quienes padecen la enfermedad del nacionalismo , sino en la de quienes les han permitido crecerse y llegar a convencerse de que sus caprichos son la única verdad que mueve al mundo.

¡Qué horror, una "flamencorra" cantando en castellano en la Diada!
Antonio Martín Beaumont elsemanaldigital  10 Septiembre 2005

Acabo de enterarme de que ERC reprocha a una cantante catalana de flamenco, Mayte Martín, que interprete sus canciones en castellano en lugar de en catalán en la fiesta del 11 de septiembre de la Diada. La verdad, hay ciertas actitudes que de no ser porque atentan contra la libertad individual y contra los derechos más fundamentales y por ello crean desasosiego y sufrimiento a muchas personas, serían para hartarse de reír. ¡Hasta dónde puede llegar la tontería de algunos políticos! ¡Hasta dónde su sectarismo! ¡Hasta dónde su oscurantismo!

El problema mayor es que estos políticos extremistas de ERC tienen responsabilidades en el gobierno de Cataluña. O sea, mandan. Y por lo que se ve también mandan mucho en el gobierno de Zapatero. Tanto que en realidad casi son sus principales sostenedores en La Moncloa. Así que se tienen en cuenta sus opiniones por quienes deberían ser políticos serios.

Así las cosas, ha habido que comprobar cómo la artista catalana -flamenca- pedía disculpas por su osadía de cantar en castellano; además de justificar su presencia en la Diada en que es una cantante catalana que lleva treinta años llevando la cultura de Cataluña por el mundo.

Las cosas que pasan cuando a los heterodoxos de una sociedad se les monta en coche oficial y se les pone guardaespaldas con dinero de todos.

La raza que mece la cuna
Una reclusa etarra impidió a su hija mezclarse con los hijos de otras internas «para preservar su origen». Un auto de la Audiencia Nacional, que considera tal conducta «vulneradora de los derechos del menor», ha permitido conocer este caso siniestro
ABC 10 Septiembre 2005

MADRID. Nunca pudo jugar ni compartir sonrisas con los hijos de otras internas, ni acudir a la guardería del centro penitenciario a recibir su primera formación, ni recibir la alimentación propia de su edad. Corría el riesgo de «contaminarse» si entraba en contacto con otras criaturas de su edad. La raza, y no el amor o la compasión, meció su cuna. Su madre, una presa etarra, dictó esas normas.

La pequeña tenía necesariamente menos de tres años cuando ocurrieron los hechos que se relatan, ya que ésa es la edad límite para que un menor conviva con su progenitora en un centro penitenciario.

El rastro de una queja
Para hacer más sangrante el caso, la etarra presentó una queja ante el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional alegando que las condiciones de vida de su hija en la cárcel no eran acordes con los principios fundamentales que deben proteger a los menores, «menoscabando su derecho a la formación y desarrollo físico y psíquico» recogido en la Convención de los Derechos del Niño. Paradójicamente, el rastro de esa queja y el posterior auto de la Audiencia han permitido sacar a la luz pública el siniestro asunto.

Ainhoa Gutiérrez Santorcuato, como se llama esta «protectora» madre, era miembro del sanguinario «Comando Vizcaya» y fue dtenida el 12 de diciembre de 2002 en Biarritz junto a su novio y también pistolero Francisco Rodríguez Jaramillo. Estaba internada en la cárcel de Granada en 2004, cuando sucedieron los hechos juzgados. Más tarde fue trasladada a la de Soto de Real (Madrid) y, desde diciembre del pasado año, se encuentra en la de Valladolid, donde no existe unidad de madres. Su hija vive en la actualidad con sus abuelos.

Durante su estancia en la prisión de Granada, Gutiérrez Santorcuato presentó la citada queja. Fue desestimada por el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria, que decidió comunicar el caso a la Consejería andaluza de Asuntos Sociales para que adoptara «las medidas de control, inspección o tuitivas que estime convenientes respecto de la menor». La etarra recurrió esa resolución, lo que provocó la intervención de la sección primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que, tras estudiar el caso, dictó un auto en el que confirma la decisión del juez de Vigilancia Penitenciaria y añade, además, la necesidad de comunicar el asunto a la Junta de Andalucía, ya que «la situación de vida de la menor obedece a la conducta observada por la propia recurrente». Según el tribunal, es ésta quien «aparece como la única causante de la situación anómala que sufre su hija, a la que se impide por decisión materna juntarse con otros menores que habitan en el establecimiento, así como recibir la alimentación correspondiente a su edad, manteniendo a la misma en una situación de aislamiento anacrónico absolutamente perjudicial para la menor».

Derechos vulnerados
El escrito concluye que «las razones que esgrime en orden a no permitir su presencia en guardería y demás elementos formativos, para preservar su lugar de origen, hacen considerar la conducta de la madre como vulneradora de los derechos del menor».

Aunque los hechos que se relatan son antiguos, los distintos recursos han llevado a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional a pronunciarse al respecto en este auto con fecha del pasado 5 de septiembre.
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