AGLI

Recortes de Prensa    Viernes 16 Septiembre 2005
Lo siento, López
CARLOS HERRERA ABC  16 Septiembre 2005

Al-Qaida se cargó a ETA
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 16 Septiembre 2005

Alta traición
Pío Moa Libertad Digital 16 Septiembre 2005

Autonomías, un saco sin fondo
Editorial ABC 16 Septiembre 2005

Montilla de Tinell
Agapito Maestre Libertad Digital 16 Septiembre 2005

Telemadrid, Montilla se envalentona
EDITORIAL Libertad Digital  16 Septiembre 2005

El ministro de Justicia y el Estado de Derecho
Pablo Sebastián Estrella Digital  16 Septiembre 2005

Rajoy y la venganza de Sadam
GEES Libertad Digital 16 Septiembre 2005

Cuidado con La Caixa
Las pesquisas de Marcelo Estrella Digital  16 Septiembre 2005

La muralla
JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA  ABC  16 Septiembre 2005

Como una cabra
Nota del Editor 16 Septiembre 2005

Esperanza Aguirre, he ahí el enemigo
Carmelo López-Arias elsemanaldigital  16 Septiembre 2005

La reconciliación de los siameses separados
José Javaloyes Estrella Digital 16 Septiembre 2005

Humanismo terrorista
Editorial El Ideal Gallego  16 Septiembre 2005

Lenguas regionales
Amando de Miguel Libertad Digital 16 Septiembre 2005

El Diccionario del Estudiante enseña a fuego lento a los jóvenes de 12 a 18 años a usar bien el español
A. ASTORGA, A. M. FORNÉS ABC 16 Septiembre 2005

El papel de la electricidad, de La Caixa y de la Opa de Gas Natural (I)
Alberto Recarte Libertad Digital 16 Septiembre 2005

Lo siento, López
Por CARLOS HERRERA ABC  16 Septiembre 2005

NO soy muy buen remero, lo reconozco. Creo llevar bien el ritmo y todo eso, pero siempre acabo descolocando el remo delantero o trasero a cuentas de ir más lento o más rápido que los demás. No suelen llamarme, la verdad, para las competiciones del Guadalquivir y los del Club Labradores miran hacia otra parte cuando pido pista. Por eso me siento incapaz de hacer feliz a Pachi López cuando pide que rememos todos los medios de comunicación en la misma dirección, la adecuada. Además, me asaltan, de repente, varias incógnitas: ¿en qué dirección?, ¿cuál es la dirección adecuada?, ¿quién la marca?

Si remar en la misma dirección quiere decir mirar hacia otra parte y no querer percatarse de que Díez Usabiaga, el matón de LAB, ha pasado de ser el representante de ETA en la tierra a «un hombre de la izquierda abertzale que tiene mucho que decir en un escenario de normalización», yo no remo. Si remar quiere decir que la gestión de las cárceles vascas la lleve directamente el poca vergüenza de Azcárraga y que, con los presos acercados, acaben éstos tomando pinchos en la Parte Vieja de San Sebastián, yo no remo. Si remar quiere decir elaborar un plan para que los reclusos etarras puedan obtener beneficios totales de cara a su reinserción en un Estado claudicante, yo no remo. Si remar quiere decir conceder a ETA un papel político protagonista y brindarle la iniciativa gracias a que los dos grandes partidos, PP y PSOE, no van juntos en este asunto, yo no remo. Si remar quiere decir liquidar el Pacto por las Libertades, artífice de todo lo bueno que ha ocurrido en los tres últimos años, yo no remo. Si remar quiere decir guardar silencio y abandonar cualquier tipo de crítica frente a los caminos tortuosos del gobierno de turno, yo no remo. Si remar quiere decir cambiar la denominación habitual de los escenarios que nos han sido comunes por otra que ampare una cierta dulcificación de las cosas cara a preparar a la sociedad para un futuro y vergonzante acuerdo, yo no remo. Si remar quiere decir considerar que los jueces -como afirmó el estupefaciente portavoz de «Jueces para la Demagogia»- deben adaptar sus condenas a la sensibilidad política coyuntural que ha desatado un gobierno ambicioso, yo no remo. Si remar quiere decir perdonarle a Usabiaga y a Otegui todos los desplantes a la decencia y todas las jactancias y chulerías sobre muertos y torturados, yo no remo. Si remar quiere decir tragar con que ETA no haya declarado previamente ningún abandono de las armas -aunque insistan en que «no ha matado durante dos años»- y, en cambio, sea aceptada en una discreta mesa de negociación, yo no remo. Si remar quiere decir que las petardas éstas de las Tierras Vascas se paseen por el Parlamento Vasco con la llave de la gobernación y con la pretensión indecente de presidir la Comisión de Derechos Humanos que ya presidió el asesino Ternera con la aquiescencia del PNV, yo no remo. Si remar es dejar de considerar a las víctimas como sujeto activo de este proceso espeso e incierto sobre el que cada día se van acumulando más y más sospechas, yo no remo. Si remar quiere decir hacernos a la idea de que, a la larga o la corta, asesinos como Chouzas «Gaddafi» se saldrán con la suya y obtendrán el beneficio supremo de la libertad como «pago doloroso pero inevitable» al cese de las acciones terroristas, yo no remo.

Lo siento, López, le agradezco el ofrecimiento, pero yo no remo. Otros, los que mantuvieron siempre posiciones tibias o «pontoneras», estarán encantados en hacerlo. La grandeza de este oficio, ya ve, consiste en que podamos, desde nuestros observatorios, denunciar a los malos patrones de traineras. No pretenda que renuncie a ello.

www.carlosherrera.com

Al-Qaida se cargó a ETA
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 16 Septiembre 2005

El terrorismo de Al-Qaida es al terrorismo nacionalista vasco lo mismo que los sólidos a los líquidos. Ya recuerdan el principio de Arquímedes: todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje hacia arriba igual al peso del fluido que desaloja. Al-Qaida ha desalojado a ETA.

Entre las múltiples razones que podemos encontrar para explicar el declive del terrorismo nacionalista vasco una de ellas es, sin duda, el efecto que han tenido los atentados de Al-Qaida. Efecto en el desprestigio de la muerte, en la clausura del asesinato terrorista como método para conseguir un desideratum en Europa occidental. Nada más producirse la masacre del 11-M en la estación de Atocha, en Madrid, una sensación de espanto recorrió a bastantes de los que durante años han apoyado los crímenes de ETA, y a los nacionalistas vascos comprensivos con la violencia: mira que si esta barbaridad la han hecho los nuestros, pensaron. Aquella duda, en medio de los cadáveres, los trenes humeantes, el desgarro de una población conmocionada tuvo un efecto didáctico para explicar la perversión del terrorismo, del asesinato, como no habían tenido los casi mil crímenes cometidos por los terroristas de aquí a lo largo de más de treinta años de sangrienta historia. Los que creyeron plenamente que ETA era capaz de cometer aquella matanza, también los que, al menos durante unas horas, pensaron que era posible que el terrorismo nacionalista vasco fuera el responsable de aquel espanto, es muy posible que hayan quedado vacunados de por vida respecto de cualquier veleidad, o apoyo explicito a los atentados terroristas. Más cerca en el tiempo, resulta muy significativo que el IRA saliera en estampida para desmentir cualquier eventual responsabilidad en la matanza del 7 de julio en Londres. En los dos casos opera el mismo mecanismo: nosotros no somos como ésos; como ésos que ustedes odian. Un minuto después se plantea la lógica consecuencia: si vuelven a matar los terroristas locales serán muchos los que les comparen con los terrorista islamistas. Este rechazo a la muerte se suma al evidente hartazgo que en la Comunidad Autónoma Vasca había provocado previamente la sucesión de crímenes, de terrorismo callejero y de extorsiones a empresarios realizados por ETA durante lustros. El vaso de la paciencia, que se desbordó con el crimen de Miguel Ángel Blanco en Ermua, en 1997, no ha parado de recibir aportes.

Hay otros factores que explican la falta de fuelle del mundo terrorista si lo comparamos, por ejemplo, con su capacidad movilizadora de los años ochenta y buena parte de los noventa. La Policía española ha golpeado con fuerza, reiteración y certeza en las estructuras etarras; en sus grupos de asesinos, en su dirección, en sus redes de reclutamiento, hasta el punto de que los individuos predispuestos a alistarse en la banda hoy se lo piensan dos y más veces; además, cada vez es más difícil encontrar gente dispuesta a mostrarles el apoyo activo de la cobertura, la intendencia o las imprescindibles tareas complementarias.

El periódico que mejor cuenta las cosas de ETA decía el otro día que cien sujetos, cien, habían apoyado a los presos de la banda en Bilbao. Estos datos, unido a otros muchos de semejante tenor, demuestran una evidente fatiga de los materiales convocantes, una indiferencia masiva de la población respecto de lo que se quiere presentar como el capital político de la banda, los presos, que últimamente cosecha más frialdad que otra cosa.

En el apartado, digamos político, tenemos a destacados portavoces de la cosa dispuestos a ofrecer contrapartidas al Gobierno de Zapatero - «si las quiere que las pida», dijo Barrena en agosto en Bilbao-; balbuceantes portavoces, que bailan la yenka con las palabras y que anuncian contradicciones con aire terminal -Álvarez en agosto en San Sebastián-.

Los portavoces del tinglado no entienden que con tanta gimnasia de gestos como están haciendo, la justicia les cite, les encarcele, les imponga fianzas millonarias, les obligue a presentarse ante la Policía, les haga sentir que sus actos no salen gratis. Se sienten traicionados. Una sensación que comparte con ellos el Gobierno vasco y los nacionalistas del PNV, de EA y los de Madrazo. No saben todavía que el hecho de que muestren voluntad de que esto se acabe no les sitúa en ningún pedestal privilegiado, simplemente demuestra cuán equivocados han estado tantos años; sencillamente certifica su derrota política. Ellos no nos hacen el favor de dejar de matarnos; si dejan de matar es porque el asesinato les resulta cada vez más difícil, gracias a la presión policial; o les desprestigia como no lo hacía antes, derrota política. El IRA ha dejado de pegar tiros sin haber conseguido ni uno solo de sus objetivos, con una autonomía para gestionar un alcalde pedáneo y un camión de bomberos y que encima está suspendida. Aquí, el nivel de autogobierno es uno de los más altos del mundo. El PNV tratara de sacar tajada de esta nueva situación -perdón por la redundancia de unir PNV con sacar tajada-; HB tratará de salvar la cara y vender que treinta años de crímenes sirvieron para algo y los defensores del marco de convivencia que representa la Constitución están ante una situación en la que no pueden permitir que el terrorismo nacionalista vasco consiga sin crímenes lo que no logró cuando era capaz de asesinar a noventa en un año.

Hay, en este panorama, un grupo de defensores del apocalipsis; gente venida ayer, a ultimísima hora, a la lucha contra el terrorismo, con una tendencia enfermiza y obsesiva a fantasear, a inventar y que, como no conocieron las duras etapas anteriores dicen que ahora todo está peor. Triunfa en algunos sectores, a los que parece importarles un comino que esto se arregle y sólo buscan hacer el máximo ruido posible, una especie de poetización del desastre, lleno de palabras como traición, derrota, fracaso y así. Les parece irrelevante el hecho de que en dos años tres meses y quince días no se haya asesinado a nadie. Hombre, algunos nos hemos implicado en la lucha contra el terrorismo nacionalista vasco precisamente por eso, porque asesinaba. Y si no asesina, por las razones citadas, no podemos más que alegrarnos y celebrar este dato de la realidad como un triunfo de los demócratas.

Desde luego que el que no asesinen no convierte en buenos a los criminales ni, por supuesto, hace que Ibarretxe deje de ser un pelma; de la misma forma que el final de la dictadura franquista no terminó con los ultras, no abolió la explotación del hombre por el hombre ni allanó las desigualdades sociales, pero para los que habíamos sido encarcelados, por ejemplo, saber que se acabó el ser detenido o torturado era un alivio. Ahora, saber que cada día es más difícil un asesinato es un alivio para los asesinables, aunque los jefes de prensa del fin del mundo parezcan no darse cuenta de esta obviedad.

HB quiere volver a los ayuntamientos. La excelente política antiterrorista seguida por el segundo gobierno del PP ahogó a la trama civil de la banda y permite ahora a Zapatero tener ases en la manga para poder jugar con ellos. Si HB quiere ayuntamientos, es decir, poder, antes ETA tiene que decir que pliega, que lo deja, que se acabó; pero no con otra tregua trampa, no; con el fin definitivo de los crímenes. Nadie se lo va a echar en cara; es más, muchos lo celebraremos. La experiencia demuestra que ETA aprovecha las treguas como un ingrediente más de su estrategia terrorista; como utiliza los atentados, el miedo y la extorsión. Todo forma parte de una misma estrategia.

Se trata ahora de crear un clima en el que incluso a los más radicales les resulte muy difícil matar, tal y como aconsejaba el tal Pakito, caído del guindo con veinte años de retraso.

No hay asesinatos, y ese es un triunfo de los demócratas. También de los demócratas depende -de su movilización, de su vigilancia, de su tenacidad- que lo que casi todo el mundo asume como fase terminal de ETA se salde sin ninguna concesión a los que desde hace más de treinta años no han hecho otra cosa que atacar la convivencia y ven cómo la derrota les acecha ahora en el cogote.

Negociación con ETA
Alta traición
Pío Moa Libertad Digital 16 Septiembre 2005

Hace unos años, recordarán ustedes, el déspota marroquí retiró a su embajador en Madrid y fabricó una crisis diplomática con España. Lo hizo porque Aznar defendía los derechos de los saharauis y las resoluciones de la ONU frente a las ambiciones de Rabat, respaldadas por Francia y por Usa. El actual presidente, entonces en la oposición, aprovechó la provocación del déspota para ir a Rabat a solidarizarse con él y sabotear al gobierno de su propio país. Al obrar así no sólo quebrantaba las reglas del juego democrático, pues la política exterior compete exclusivamente al gobierno: en la práctica se ofrecía como quinta columna a una tiranía que aspira a ocupar las ciudades de Ceuta y Melilla, y mucho más territorio español si Alá lo quiere, pues Alá es grande. Creo que fue Jiménez Losantos quien definió esa política del Gran Majadero: alta traición.

Más recientemente Cristina Alberdi ha analizado la estafa de las reformas autonómicas, enfrentadas a la Constitución que el gobierno y los separatistas aspiran a convertir en letra muerta por la vía de los hechos consumados. Según observó Alberdi, el actual presidente está violando su juramento de “guardar y hacer guardar la ley”, e incurriendo en el delito de alta traición, por el que debería ser procesado. A mi juicio ello responde exactamente a la realidad, hoy tan oscurecida por la corrupción del lenguaje político, una de las muchas corrupciones en que los de los cien años de honradez han demostrado su destreza, y la derecha su incapacidad para contrarrestarla.

La colaboración del gobierno con el terrorismo (corruptamente disfrazada con la palabra “diálogo”, también empleada absurdamente por la oposición) es otro acto que sólo puede definirse como traición tanto al estado de derecho como a la unidad de España, dos valores que el sonriente iluminado de la Moncloa nunca ha apreciado en lo más mínimo, como revelan sus discursos y actitudes.

Estas cosas están ocurriendo a la vista de todo el mundo, y la reacción hoy por hoy peca de insuficiente. Ello plantea un problema: ¿por qué tanta gente muestra indiferencia ante un proceso que amenaza la libertad y la unidad de su propio país? Creo que la razón principal, al margen de las intoxicaciones del grupo PRISA, la televisión oficial y otros medios, consiste en la muy larga (comenzó ya antes de la Transición) campaña de desprestigio emprendida por las izquierdas y los separatistas contra cuanto signifique España. Esa campaña ha calado en la mente de muchos ciudadanos, porque hasta hace muy poco no recibía una réplica algo adecuada en el campo intelectual ni en el político. Su base argumental consistía y consiste en oponer los ideales de democracia y libertad a España y su historia. Es decir, España no es lo bastante democrática para satisfacer a los asesinos terroristas, a los separatistas que continuamente atacan y merman las libertades en Vascongadas y Cataluña y empiezan a hacerlo en Galicia, a los demagogos enterradores de Montesquieu. Entre todos esos “demócratas” nos están llevando a una crisis que amenaza arruinar la convivencia conseguida desde la Transición.

Algunos partidarios de la unidad de España coinciden con los separatistas, los terroristas y los demagogos en su oposición a las libertades, pero, al revés que los otros, son una exigua minoría. Como demuestran los hechos, la democracia y la unidad de España van juntos, y evitar las desastrosas polarizaciones del pasado, provocadas ahora de nuevo por los liberticidas, exige defender con la máxima energía tanto la una como la otra. La traición no debe prosperar.

Autonomías, un saco sin fondo
Editorial ABC 16 Septiembre 2005

EL acuerdo precario alcanzado en materia de financiación sanitaria ha puesto de actualidad el problema general del gasto público en relación con las comunidades autónomas. Ha transcurrido casi un cuarto de siglo desde que se puso en marcha el sistema y la experiencia demuestra que es preciso racionalizar determinados aspectos de su funcionamiento. Al margen del inútil debate sobre identidades y nuevos estatutos -que interesa más a los políticos que a los ciudadanos- un estado complejo requiere un ejercicio de plena responsabilidad por parte de los distintos entes territoriales en el desarrollo de sus competencias. Las bases constitucionales son muy precisas. El artículo 31.2 determina que la programación y ejecución del gasto público debe responder a los «criterios de eficiencia y economía», y el artículo 156.1 dispone que las comunidades autónomas gozan de autonomía financiera para el desarrollo y ejecución de sus competencias. Como es natural, todas las referencias constitucionales a los poderes públicos en general incluyen igualmente a este tipo de entidades. Sin embargo, esta primera etapa se ha caracterizado por una imagen distorsionada que otorga a los poderes regionales la apariencia de una administración benefactora y prestadora de servicios frente a un Estado voraz en la recaudación de impuestos y que tiende siempre a mostrarse poco generoso con las reivindicaciones ciudadanas. El vicepresidente Solbes ha dicho en el Congreso de los Diputados que el «Estado está encantado» de ayudar a paliar el déficit sanitario, añadiendo sin embargo que esto supondrá invertir menos en justicia y seguridad, que son competencias propiamente estatales. No es la única declaración en este sentido que ha realizado en los últimos días.

La información que hoy publica ABC, con datos procedentes del Banco de España, resulta muy ilustrativa. Las comunidades utilizan con amplitud la conocida fórmula de la «huida del derecho público» para fines contables y de control jurídico, incluida la matización de las exigencias -ahora relajadas- que derivan de la ley de Estabilidad Presupuestaria. Proliferan así empresas públicas y organismos autónomos (en un sentido puramente formal) y ello no sólo en sectores caracterizados por la fuerte inversión pública como son las infraestructuras, sino también en otros ámbitos que cuentan con recursos limitados, como sucede en Cultura. Entre los datos del informe oficial llama poderosamente la atención el incremento de la deuda, un 38 por ciento desde hace dos años, y el hecho de que la cuantía total de la misma alcance ya el 0,75 por ciento del PIB nacional. Cataluña y la Comunidad Valenciana se sitúan en cabeza de esta clasificación, pero el problema afecta a todos, sin distinción de colores políticos, y permite que se generen sospechas de trato discriminatorio desde el Gobierno central en perjuicio de quienes no son afines a su ideología; sin duda, el caso más controvertido al respecto es el de Mintra en la Comunidad de Madrid.

Las comunidades, en aras de un modelo que se gestó precisamente para gestionar con mayor eficacia los recursos generales, deben administrarlos con rigor y entendiendo, como premisa fundamental, que su autonomía y margen de maniobra no les da derecho a endosar su deuda sobre los hombros del Estado, que no puede desentenderse, como es lógico, de los gastos orientados a garantizar la igualdad de derecho de todos los españoles en cualquier lugar del territorio nacional. Resulta inaceptable que se invoque la corresponsabilidad cuando conviene y que se reclame, en cambio, la exclusividad autonómica cuando se trata de negociar competencias. Sin necesidad de mayores reformas, la capacidad fiscal de las autonomías les permite ya incrementar sus propios recursos, asumiendo, como es natural, la imagen de impopularidad que ello supone ante la opinión pública. En todo caso, la madurez del sistema exige que se supere la concepción de las relaciones interadministrativas como un juego entre buenos y malos. Como dice el Tribunal Constitucional, las comunidades autónomas son entidades que gozan de autonomía política (y no meramente administrativa). Deben, por tanto, estar a las duras y las maduras a la hora de gestionar los ingresos y los gastos públicos.

Telemadrid
Montilla de Tinell
Agapito Maestre Libertad Digital 16 Septiembre 2005

A Montilla, el ministro del tripartito en Madrid, que nunca será alcalde de Barcelona y menos candidato a la Generalidad de Cataluña, habrá que pedirle un poco de tranquilidad. Ya tiene asignado su papel en la función que está representándose con Zapatero de maestro de ceremonia: “Final de España”. Hace tiempo que nadie le disputa el protagonismo. Montilla representa la gran traición a su origen social, incluso a la idea de igualdad que alguna vez defendió su partido. Es el ejecutor de los planes de la peor burguesía catalana contra la igualdad de los españoles. Por eso, sería conveniente que el señor Montilla no corriese tanto y dejase de hacer declaraciones intempestivas. Tranquilícese, señor Montilla, y, por supuesto, no diga imbecilidades sobre el Estado de Derecho, porque puede despertar, antes de lo debido, el león dormido de España. ¡Qué despertará!

Montilla ha amenazado a los madrileños con la porra del Estado porque queremos tener otro canal de televisión. No, Montilla, eso no está bien. Cuide las formas. Mantenga la apariencia de buen padre de familia. Retrase un poco más su capacidad represora. Dilate el placer, hombre, para que sepa lo que es vivir. Dice usted que actuará con toda la contundencia del Estado de Derecho contra Telemadrid. No me cabe la menor duda, viendo su expresión y conociendo sus antecedentes, que lo hará. Seguro. No le temblará el pulso. Pero siempre será al precio de asaltar el Estado, pues que usted, aunque sea ministro, no es el Estado de Derecho. Ni siquiera es Estado, sino un pequeño representante, cada vez más pequeño, del Estado en el Gobierno. O sea, quien tiene que hablar sobre la legalidad o ilegalidad de la emisión en analógico del segundo canal de Telemadrid no es, precisamente, usted, sino los tribunales. Por lo tanto, tranquilo, señor Montilla, no corra tanto.

Ya sé que los de Tinell no le dejan vivir. Tampoco sus amigos, los del canal Cuatro, dejarán de gritarle: no permitas que nadie compita con nosotros. Le presionan para que castigue a quienes consideramos que usted y los de su ralea son, primero, unos paletos políticos y, después, unos insolidarios. Es comprensible que usted esté nervioso. Tiene que actuar con rapidez para dejar bien atado lo de las comunicaciones no sea que haya elecciones anticipadas. Lo más grave es que estoy convencido de usted actuará sin piedad. Es usted un tipo duro. De esos que no perdonan nada. De esos que te conducen al matadero en nombre del partido, pero te dan un pitillo y te declaran su amor en privado. Desde que me enteré que usted fue uno de los que se cargó a quien hubiera sido un magnífico dirigente socialista, cada vez que lo veo, no lo puedo remediar, siento miedo de sus suaves maneras, que ahora está usted a punto de perder por el segundo canal de Telemadrid. Muy nervioso tiene que estar usted, cuando nos amenaza a los madrileños con la porra del Estado por un simple canal de televisión.

Bien mirada la cosa, que usted haya perdido las formas quizá sea un síntoma de su debilidad. Acaso me engañe, pero tengo la sensación de que el charnego, que mató políticamente hablando a un hombre serio, civilizado e inteligente del socialismo español sin pestañear, siente miedo y nos amenaza. Usted, dicen las malas lenguas, liquidó a Nicolás Redondo Terreros del País Vasco y fue a celebrarlo con sus camaradas en una discoteca. Entre trago y trago de güisqui seseaba como un cordobés trasplantado a Barcelona. Era la manera que tenía de ocultar el daño que le producía no tener señas de identidad políticas al margen del poder por el poder. Ahora, cuando está colocado en Madrid por los del pacto de Tinell, quiere ocultar su falta de identidad con el palo represivo del Estado. ¡Va usted de mal en peor!

Telemadrid, Montilla se envalentona
EDITORIAL Libertad Digital  16 Septiembre 2005

La obsesión de los socialistas españoles por controlar a cualquier precio los medios de comunicación no tiene parangón en ningún otro lugar de Europa. Obcecados por mantener a raya el espacio radioeléctrico, los periódicos y hasta el mismísimo internet, los miembros del Gobierno Zapatero van haciendo el ridículo por turnos. En Madrid, y a cuento de la segunda cadena autonómica, le ha tocado al ministro de Industria Montilla. La historia es breve pero no por ello menos aleccionadora de cómo las gastan quienes pasean su soberbia por los pasillos de la Moncloa desde el 14-M.

RTVM, sociedad de titularidad pública, dispone de dos cadenas de televisión; una analógica, la célebre Telemadrid, y otra digital llamada La Otra que emite, básicamente, programación cultural. Con motivo de la regulación del sector que Zapatero anunció el pasado invierno, los ejecutivos de la cadena consideraron oportuno solicitar a Industria el permiso para poder emitir los contenidos de La Otra en analógico. Aparentemente se trataba de un simple trámite administrativo pero no, por obra y gracia del Gobierno más sectario de la democracia se ha convertido en un culebrón que promete no terminar en mucho tiempo. El Gobierno, contra el más elemental sentido común, rechazó la petición y, acto seguido no desperdició un segundo en conceder una licencia de emisión analógica a su padrino mediático. Telemadrid recurrió la decisión y anunció que iba a abrir el canal aunque le pesase al ministro. A juicio de los responsables de la cadena la Ley les asistía y, además, otras autonomías tenían dos y hasta tres cadenas autonómicas sin que el Gobierno dijese ni pío.

Como a los socialistas no se les puede llevar la contraria, y ahí están los concejales del PP de Las Rozas como demostración viviente, Montilla amenazó ayer con vehemencia a Telemadrid con descargar todo el peso de la Ley sobre ella, pero, ¿de qué Ley? Curiosamente de la Ley que hace tres meses aprobó el Ejecutivo para beneficiar a su protector en las ondas. Este extremo no se sostiene, a no ser, claro, que el Gobierno esté pensando en aplicar el Polancazo con carácter retroactivo. Como no es el caso, La Otra tiene pleno derecho a emitir en analógico, el mismo que asiste al Canal 33, a ETB 2 o a la segunda cadena del Canal Sur.

El caso de La Otra, sin embargo, no es una anécdota aislada, un malentendido entre la administración central y autonómica. Se inscribe dentro de la campaña de acoso y derribo que desde Ferraz y Moncloa se ha trazado contra el gobierno popular de la Comunidad de Madrid. El PSOE quiere Madrid, necesita Madrid para perpetuarse en la poltrona. Los estrategas del partido lo saben y de ahí que no se estén escatimando medios para envenenar la legislatura a Esperanza Aguirre. Parón en las inversiones, impuestos no liquidados, ardides contables para imputarlos como deuda y artimañas de dudosa legalidad para empañar la buena imagen de un gobierno regional que está haciéndolo bien, demasiado bien para el delicado gusto de los maquiavelos de salón socialistas. A los datos nos remitimos. La Comunidad de Madrid registra desde hace años un sorprendente crecimiento demográfico y económico, además, crea empleo y contribuye decisivamente a cuadrar la contabilidad nacional gracias a su dinámica economía centrada en los servicios. A cambio, y en el plano de los hechos, los buques insignia del PSOE –Cataluña y Andalucía– poco pueden ofrecer salvo caos político y debacle económica.

Sólo en este escenario puede entenderse el indigno numerito de Montilla. Prohibir emitir a una televisión basándose en una Ley promulgada meses después es vergonzoso e impropio de un Gobierno medianamente serio. Amenazar a un medio de comunicación público con precintarle los equipos de emisión es, amén de una intolerable bravuconada, descender un peldaño en la ignominia y flirtear peligrosamente con ese autoritarismo que los socialistas tanto denuncian cuando no gobiernan.

El ministro de Justicia y el Estado de Derecho
Pablo Sebastián Estrella Digital  16 Septiembre 2005

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha declarado en Nueva York, camino de Madrid, que hay que ser muy prudentes en todo el proceso de negociación con ETA, que en los últimos días parece haber alcanzado altas velocidades. El que tiene que ser prudente es él y no los ciudadanos de a pie o los políticos y los medios de comunicación, que tienen la obligación de velar por la democracia, las libertades y el Estado de Derecho, que este Gobierno ha puesto bajo mínimos frente a ETA para facilitar esa famosa negociación que sin duda ya ha empezado.

Zapatero pide prudencia y el líder socialista vasco, Patxi López, pide silencio, y así no vamos a ninguna parte, al menos con dignidad y en la legalidad, porque el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, ha bajado todas las guardias y ha dejado en pañales el principio de legalidad y el Estado de Derecho, todo ello sometido a la cuarentena de la furia negociadora con ETA y a la exigencias del Gobierno tripartito de Cataluña, que se ha empeñado en romper la unidad de doctrina y casación del Tribunal Supremo.

El Gobierno está creando en España, y en distintos sectores de la vida pública, un ambiente de inseguridad jurídica, de deterioro del Estado de Derecho y flagrante violación de la ley. Y de ello tiene la culpa final el presidente Zapatero, y la culpa colegiada, todo su Gobierno, y en especial el ministro de Justicia, quien a pesar de sus buenos modales no dice la verdad.

Lo que ha ocurrido con el PCTV es sencillamente una violación de la ley de partidos y un obstáculo en el que la actitud del fiscal general, Conde-Pumpido aparece como un responsable cualificado y colaborador necesario en la burla de la ley y del Estado de Derecho, hasta el punto de vanagloriarse de ello con su impertinente declaración sobre las expectativas de negociación con ETA en la apertura del año judicial.

Zapatero, el Gobierno y su ministro de Justicia han puesto en marcha la máxima de “el fin justifica los medios”, algo que es absolutamente incompatible con la justicia, porque por más que se tenga la certeza de un crimen nadie puede tomar la justicia por su mano si no hay juicio, pruebas y todas las garantías necesarias. Y ello sirve para condenar el crimen de los GAL y para denunciar la escandalosa vista gorda que se está haciendo con dirigentes de ETA y sus partidos afines para que los jefes de la banda y sus negociadores campen a sus anchas. Y resulta bochornoso y casi repugnante el argumento de que ETA lleva veintisiete meses sin matar y que eso es una cosa muy buena por la cual hay que violentar la legalidad, porque de lo contrario los criminales volverán a matar y no habrá negociación ni nada de nada.

Parece mentira que este Gobierno, que se dice de izquierdas y legalista, esté haciendo lo que está haciendo y se someta al chantaje de ETA de manera tan descarada y frontal, sin informar al Parlamento ni a la opinión pública de cuáles son los verdaderos motivos de esta dejación de responsabilidad política y judicial.

Y conste que estamos a favor de explorar la negociación con ETA, pero una vez que deje las armas, que deje de pedir el impuesto revolucionario y que deje de practicar el terror, con o sin muertos. Pero nada de eso está ocurriendo ahora, sino que los etarras están imponiendo su ritmo y su ley dejando la dignidad del Estado por los suelos.

Y no es sólo en el campo de la negociación con ETA donde el deterioro de la legalidad en España es un hecho flagrante. Las reformas que los nacionalistas catalanes exigen del Tribunal Supremo son motivo de escándalo y a todas luces van contra la unidad jurisdiccional del Estado y también contra la Constitución. Constitución que este Gobierno también deja en pañales cuando acepta el término nación para las nacionalidades, o cuando considera que es el Consejo Consultivo de Cataluña y no el Tribunal Constitucional el que debe medir la constitucionalidad del pretendido nuevo Estatuto catalán.

Una vez más, el Gobierno renuncia a lo esencial del Estado de Derecho por presiones y chantajes políticos en los que esta vez se incluye la propia estabilidad parlamentaria del Ejecutivo. Y podríamos dar muchos más ejemplos de esta permanente violación de la legalidad, es el caso de la reordenación del mapa audiovisual y de la aplicación retroactiva de una ley a Telemadrid, o de la batalla entre las empresas energéticas y otras muchas cosas más que tienen que ver con intereses privados, partidistas y económicos afines al Gobierno de Zapatero.

En los últimos años del felipismo, aquellos negros tiempos de la corrupción y de la banda asesina de Interior, el imperio de la ley brillaba por su ausencia. No estamos en esos niveles ni esos tiempos, pero el deterioro judicial en curso está alcanzado cotas muy alarmantes que producen un quebranto democrático y también de la libertad. El Gobierno de Zapatero debería rectificar estos comportamientos, y de manera muy especial su ministro de Justicia, señor López Aguilar.

Partido Popular
Rajoy y la venganza de Sadam
GEES Libertad Digital 16 Septiembre 2005

El actual líder del Partido Popular ha dicho a su partido que hay que dejar atrás el pasado y “a partir de aquí, mirar al futuro”. Sin saber muy bien cómo concretar dicha formulación, la frase ha creado polémica. ¿Significa que hay que acallar todo lo que tenga que ver con la gestión del PP en el poder? ¿O solo aquellos aspectos más discutidos, como la guerra de Irak y el 11-M? La frase, no obstante ha sido encomiada por todos aquellos que piensan que lo más importante para el PP es recobrar el poder cuanto antes y que si para ello hay que renegar de muchas cosas, pues bienvenido sea.

Creemos sinceramente que las palabras de Mariano Rajoy representan un profundo error. La llamada “etapa negra de Aznar”, esencialmente el final de su segundo mandato, fue, en realidad, el momento en el que España volvió a ser considerada como una nación importante y respetada en el mundo, después de dos siglos de automarginación de lo que ocurría en él de importancia. Pero la globalización y apertura nacional no sólo se puede medir en flujos de capital, sino también en capital político y en responsabilidad. A Irak no se fue para buscar petróleo barato, ni para obtener una foto en las Azores. Se fue por unos principios y unos valores que defender allí donde fuera necesario y allí donde se fuera capaz. La foto fue la expresión de ese proyecto ambicioso español de José Maria Aznar, no el fin, como quieren presentar los socialistas. El PP no tiene nada de que avergonzarse. A los logros en política económica hay que sumar los logros internacionales y estratégicos, no restarlos ni olvidarlos.

Hay una venganza de Sadam, pero no va contra el centro-derecha español, ni mucho menos. Va contra el gobierno de Rodríguez Zapatero y, precisamente, controlando el pasado es como estos desalmados quieren controlar el futuro, no sólo del PP, que también, sino de todos los españoles. El PSOE dijo y sigue diciendo, Irak fue la tumba del gobierno Aznar y han soñado con que esa venganza de Sadam se materializara en otros países de la coalición internacional. Pero no es verdad. Michael Howard revalidó su mayoría en Australia; Bush se ganó al país el pasado 2 de noviembre; Blair venció en las pasadas elecciones de mayo; y Koizumi acaba de barrer en Japón. Por el contrario, a Moratinos a penas se le saluda y Rodríguez Zapatero tiene que echar mano del rey para que se le oiga en la ONU. Y de su encuentro con Bush ni se sabe. Se sabe que en su último Consejo Europeo, mientras sus socios se batían por sus intereses durante 9 horas, él pasó ese tiempo encerrado viendo la tele (no se sabe qué canal, pero se sospecha). No pidió ver a nadie porque nadie pidió a Moncloa verse con él. Sólo hay que ver sus interlocutores mundiales para darse cuenta de quien sufre más esa supuesta venganza de Sadam.

El problema del PP no es que se hable mucho del pasado, sino que se habla poco o nada. Metiéndolo en el baúl de los recuerdos –y con Rubalcaba y compañía en el poder– será un milagro que el ideario popular no se parezca cada día más al centrismo insulso y al PSOE. ¿Es eso lo que esperan sus diez millones de votantes? El silencio, es el silencio de los corderos. Y ya sabemos dónde van a acabar sus días estos animalitos. Al matadero. Señor Rajoy, no es Irak el problema; ni el 11-M. El problema es el PSOE.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Cuidado con La Caixa
Las pesquisas de Marcelo Estrella Digital  16 Septiembre 2005

La aventura erótica, por lo del semen, del presidente de La Caixa, Eduardo Fornesa, puede acabar muy mal para la entidad catalana que controla el nacionalismo catalán si las cosas siguen como van. Y corren el riesgo no sólo de sumar un segundo fracaso de Gas Natural sobre sus competidoras de energía sino que además, y lo deberían pensar, están corriendo el riesgo de que muchos españoles retiren sus fondos de una entidad que organiza cacerías de empresas al servicio de Carod-Rovira y Pasqual Maragall, mientras recoge fondos de ahorradores en toda España para pagarse éste y otros muchos caprichos de corte soberanista e insolidario como los que figuran en el articulado del nuevo Estatuto catalán.

La Caixa es, de facto, el banco nacional catalán, y el tripartito de Cataluña y sus amigos de CiU lo saben y actúan en consecuencia mientras exigen entre lamentos una revisión de su estatus fiscal de corte insolidario con el resto de los españoles, y con el objetivo de romper la unidad fiscal del Estado. Y todos juntos, y aquí incluida La Caixa y otras empresa catalanas, haciendo sus cálculos y sus cuentas sin meter de por medio al mercado español, que es donde obtienen todos esos beneficios para Cataluña, con los que luego hacen sus cuentas fiscales e insultan a los españoles que les han facilitado ese poderío económico.

Cuál es el nivel de penetración bancaria de La Caixa en toda España? No está lejano el ejemplo y el modelo del cava catalán, que todavía no se ha rehecho de las chulerías de Carod-Rovira, que no es un loco que anda a su aire, sino el presidente de ERC, partido que controla el Gobierno catalán y que le da al tripartito mayoría, a su vez, en el control de La Caixa. No se pueden separar las cosas, ni puede decir Fornesa que La Caixa es un banco español porque ni es verdad ni actúa como tal, y de manera muy especial ante los distintos gobiernos, partidos políticos y medios de comunicación.

Y si las cosas siguen así muy pronto vamos a ver a otros políticos de otras latitudes, y a otros partidos y a otros medios de comunicación hacer una denuncia frontal de La Caixa recomendando a ahorradores y a clientes que hoy día colaboran con esta entidad que cambien de banco como han empezado a cambiar el cava por el champán. De manera que vamos a ver si al final esta aventura de La Caixa contra Endesa no se acaba volviendo contra ellos en forma de bumerán.

Las últimas noticias sobre detectives persiguiendo a los directivos de Endesa, se supone que por personas interesadas en la caza de esta compañía, es lo que nos faltaba para añadir a esta operación política un estilo mafioso que las fuerzas de seguridad y el poder judicial deben desentrañar hasta el final, señalando a sus promotores y autores, aunque de momento, por lo que ya sabemos, las cosas huelen muy mal.

La muralla
POR JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA PRESIDENTE DE LA JUNTA DE EXTREMADURA ABC  16 Septiembre 2005

... Quien aspire, desde su concepción ideológica, a tener un debate limpio y sereno sobre nuestra estructura como nación, debería, por un mínimo sentido ético, dejar en el cajón sus aspiraciones soberanistas, independentistas, federalistas o confederalistas...

ANA Belén y Víctor Manuel cantaban, en la década de los ochenta, una canción que se titulaba «La Muralla». En ella se ordenaba, con insistencia, que se abriera o cerrara la muralla en función de las cosas que se pedían. Últimamente, el lenguaje político ha comenzado a contaminarse de esa canción, de tal forma que no hay mañana en la que no se levante uno sin escuchar a alguno de entre nosotros pidiendo la apertura o el cierre de la muralla. Para recibir dinero del Estado para conjugar el déficit sanitario se pide que se abra la muralla de la fortaleza autonómica, para, a renglón seguido y siguiendo la estructura de la canción de marras, pedir el cierre de la muralla mediante un blindaje de acero para que los impuestos que se pagan en la autonomía correspondiente se queden dentro de la fortaleza. Abre la muralla para recibir el agua que abastece a tal río de cualquier manantial, que normalmente nace en otro territorio, y cierra la muralla para dar agua al siguiente.

Tal necedad sólo puede ser atribuida al mal de la emulación nacionalista que, lamentablemente, tengo que reconocer tiene más influencia de la que yo estaba dispuesto a concederle. Al final, casi todos comienzan a contagiarse de un discurso y de una práctica política que puede resultar atractiva si lo que se persigue es un caudal de votos viscerales sin tener en cuenta el proyecto político para el que se trabaja y el destino del territorio que nos cobija como españoles con derechos que emanan de nuestra Constitución. Hasta Joan Saura, consejero de Relaciones Institucionales de la Generalidad de Cataluña y representante de un aparente partido de la izquierda, cae en ese discurso rancio nacionalista cuando me califica de político del pasado y me pide dejar la presidencia de Extremadura. Si los políticos catalanes nos piden silencio a los demás cuando negocian su nuevo estatuto, ¿cuál es la razón para que no se apliquen el cuento cuando se trata de respetar la decisión democrática de los ciudadanos extremeños? Tanto me teme el señor Saura como para prestarse al juego de desacreditarme y descabalgarme. Si soy un político marginal, como me ha calificado ese consejero por la gracia de la coyuntura, que no por los votos, ¿cuál es el interés de un consejero del gobierno catalán en eliminarme políticamente?

No me cabe la menor duda de que en este baile nacionalista, periférico y español, los que apostamos por una España descentralizada, diversa y cohesionada, estamos perdiendo el espacio que nos permita acoger e identificar nuestras propuestas y nuestros anhelos. Los que nada debemos al nacionalismo económico español, corremos el riesgo de quedarnos sin sitio: o nos alinean en el esquema patriotero y rancio de Esperanza Aguirre o nos alinean en el esquema nacionalista desvertebrador de Artur Mas, sin que tengamos facilidad de encontrar nuestro sitio que ni está con unos ni con otros. Yo me sentiré tan bien o tan mal como ahora cualquiera que sea la sede de Gas Natural, y me sentiré bien por el hecho de que sea una empresa española, con sede en Cataluña, la que abastezca a mi región de gas o de fluido eléctrico. Por mí, ningún problema. Estoy seguro de que esos empresarios catalanes o vascos o andaluces se convertirán en los mayores defensores de un desarrollo equilibrado para todos los territorios españoles por la cuenta que les tiene. Si una empresa vende gas y electricidad en Extremadura, estará interesada en que la actividad económica de la región sea cada vez más intensa para que la demanda crezca y crezcan los beneficios de esa empresa. Combatiré, sin embargo, el hecho de que empresarios españoles, con sede social en Cataluña o en cualquier otra parte de España, quieran abrir la muralla para que la factura energética que se pague en Extremadura vaya a engordar la cuenta de resultados de esa empresa, y que simultáneamente, los políticos que gobiernen en Cataluña, o en cualquier otra parte, pretendan cerrar la muralla para que el rendimiento económico e impositivo de esa factura se blinde con hormigón y acero en beneficio de ese territorio.

He aquí un nuevo síntoma del peligro de la emulación en todos sitios del discurso nacionalista. Si algunos políticos catalanes pretenden blindar su financiación autonómica, por qué no van a querer otros políticos blindar sus ríos o su producción eléctrica, parece que comienzan a preguntarse muchos. Si para ser nación es necesario tener una lengua propia y distinta del castellano, por qué no se va a comprender que otros anden buscando, como sea, una forma arcaica y restringida de expresión, con el riesgo de que buscando, buscando, algunos presenten, como muestra de su condición nacional, el lenguaje de nuestros antepasados más primarios, los orangutanes. Si para trabajar en determinados territorios es necesario acreditar el conocimiento de la lengua autóctona de ese territorio, por qué para trabajar en otros no va a ser necesario conocer los nombres y apellidos y la fecha de nacimiento de los primos segundos de los conquistadores extremeños o de los comuneros castellanos. Afortunadamente, todavía nos queda el fútbol, el mejor ejemplo de que por muy nacionalista que se sea, es posible apasionarse viendo las jugadas de un conglomerado de artistas del balón que con distinta piel, con distinta nacionalidad, con distinta religión, con distinto idioma, conforman la identidad de un pueblo que cifra su superioridad frente a otros en función de que Ronaldinho, Robinho, Petrov o Kovacevic marquen un gol por cada artículo del nuevo Estatuto de Autonomía.

En alguna ocasión el colectivo «Basta Ya» afirmó que «una vez que se termine con la violencia en Euskadi, cualquier discusión es posible». Como quiera que eso no ha ocurrido desgraciadamente, pero si todos nos lo proponemos es posible que ocurra, lo sensato y lo leal con el gobierno de España, en estos momentos, es esperar a que esa circunstancia tan deseada de final del terrorismo se produzca y, entonces, plantear la discusión política y territorial que se quiera. La respuesta de todos, incluida la del gobierno de España, no sería la misma si el asesinato terrorista ya no estuviera en nuestro horizonte más inmediato. No es aventurado especular con esa respuesta porque la discusión territorial en España, en estos momentos, siempre va a estar marcada por la losa terrorista. Por eso, quien aspire, desde su concepción ideológica, a tener un debate limpio y sereno sobre nuestra estructura como nación, debería, por un mínimo sentido ético, dejar en el cajón sus aspiraciones soberanistas, independentistas, federalistas o confederalistas hasta que pase el terror, y permitir al gobierno que se centre en la oportunidad histórica que en estos momentos muchos intuimos que se puede producir. Cuando la vida y la libertad de todos pueden depender de lo que sepamos hacer ahora, no parece prudente distraer la atención de los gobernantes con debates territoriales que en nada ayudan a conseguir la rendición de la banda ETA.

No hace mucho, una dirigente socialista se preguntaba en un foro político por las razones que impulsaban a determinados militantes de un partido a considerar muy socialista a quien esto firma cuando defendía los intereses de Extremadura, y, sin embargo, muy nacionalista a otros presidentes autonómicos cuando defendían los intereses de sus Comunidades. La respuesta es muy sencilla: Yo sólo quiero blindar a mi región contra la estupidez, las tonterías y el discurso nacionalista de Esperanza Aguirre o de Carod Rovira.

Como una cabra
Nota del Editor 16 Septiembre 2005

Si las cabras tienen momentos racionales, se alimentan, se protegen, juegan, se defienden, huyen, y otros momentos locos,  esto es lo mismo que le ocurre a Rodriguez Ibarra, tiene momentos racionales y otros en los que está como una cabra en su normalidad irracional, porque comparar a Esperanza Aguirre con el descerebrado que se suma a los terroristas a cambio de protección de los catalanes, es un insulto al sentido común. Pero claro, ya nos tiene acostumbrados, ante todo tiene que seguir las instrucciones del partido: tratar de anular 10 millones de votos de españoles racionales.

Esperanza Aguirre, he ahí el enemigo
Carmelo López-Arias elsemanaldigital  16 Septiembre 2005

La operación de búsqueda y captura de José Montilla contra el segundo canal de Telemadrid guarda íntima relación con la fiereza de Rafael Simancas durante el debate sobre el estado de la región, y con los 236 millones de euros que Pedro Solbes le ha volatilizado a Madrid en la liquidación de los recursos para la financiación de su presupuesto.

Lo curioso es que a todas luces configura una estrategia equivocada si de lo que se trata es de acabar con Esperanza Aguirre y reconquistar una plaza que se le resiste al PSOE desde que la ganase Alberto Ruiz-Gallardón en 1995. Dañar los intereses de una colectividad, cuando a su cabeza hay alguien dispuesto a no achantarse, es una jugada con todas las papeletas para volverse en contra de quien la practica.

¿A qué obedece, entonces?
El PP madrileño siente cierto temor ante las elecciones de 2007 por la mala imagen de que –dicen– disfruta la presidenta entre los jóvenes. Nadie duda de que ganará sin problemas, aunque tal vez... tan sin problemas como lo ha hecho Fraga en Galicia. Sabedores los socialistas de esta circunstancia, creen que un acoso constante, junto al sambenito de extrema derecha que le cuelgan a Aguirre sin rubor, la radicalizará. Ello la alejaría de la población de menor edad, ganada en principio, como indicó el vuelco del 11-M, para la izquierda.

Pero la necesidad del Gobierno de que el ejecutivo autonómico se estrelle va más allá. No basta con la descalificación: ésta cae dentro de lo cotidiano y cala poco en los ciudadanos, que la desprecian como cosa de políticos. Lo que se intenta destruir es una forma de entender los asuntos públicos que ha perdido complejos muy deprisa y cuyo ejemplo, desde el escaparate que implica ser el centro neurálgico de España, puede extenderse con rapidez.

Y de hecho lo está haciendo. Es fácil apreciar una diferencia de lenguaje entre los barones populares (Aguirre, Camps, Herrera, Valcárcel, Matas, los dos Sanz) y el resto de dirigentes del partido, en particular el de algunos de quienes tienen que marcar el ritmo opositor con vistas a la recuperación de La Moncloa: la línea es mucho más nítida en aquéllos.

¿Puede permitirse Zapatero el lujo de que fragüe el modelo? En estos momentos, las directrices de Rajoy y Acebes encajan bien con las de su poder autonómico. La tentación de disociarlos es suculenta, y el juego de tensiones a que está sometida la Comunidad de Madrid la convierte en eslabón presuntamente fácil por donde intentar romper la cadena. Puede que por ahí vayan los tiros, porque si no, el propósito que persigue Ferraz poniendo chinas en el futuro de sus habitantes no se comprende.

La reconciliación de los siameses separados
José Javaloyes Estrella Digital 16 Septiembre 2005

Si Cataluña, por razones de dependencia parlamentaria, es el centro de gravedad del Gobierno, corresponde también a Cataluña el centro de gravedad del partido que al Gobierno sostiene. Pero, en medida menor, parece serlo también del primer partido de la oposición. La traslación gráfica de estas interrelaciones, tomando la Moncloa como vértice superior, se corresponde con un triángulo rectángulo que tiene dos nombres de sede partidaria en cada lado, Ferraz y Génova, y el de España como base.

Tira Cataluña de la cohesión del PSOE, pero también de la del Partido Popular. La causa de esta situación en la política española, tras los arrastres desestructurantes del 11M, ha sido el cambio de eje de interlocución preferente por parte del presidente Rodríguez. Ya no es el que era el denominador común entre los dos grandes partidos nacionales, en contenidos de Gobierno y valores de referencia. La compartida identidad española ha sido relevada, reemplazada o sustituida por contenidos que sólo definen razones de oportunidad.

Los antagonistas de siempre juegan ahora a otra cosa. En lo tocante al esencialísimo asunto de la unidad nacional se parecían mucho más entre sí las dos Monclas anteriores, la de Felipe González y la de José María Aznar, que la de José Luis Rodríguez y cuantas le han precedido en la crónica general de la democracia española.

En términos figurados, podría decirse que las relaciones anteriores, pese a situaciones de enorme tirantez, que las hubo, correspondían al mundo de la Física newtoniana; mientras que estas de ahora se incluyen de lleno en la Física de Eisntein, por el absoluto principio de relatividad que la domina. Podría incluso afirmarse que los puntos primordiales de la política de Rodríguez, dándole la vuelta a la primera ley de Newton, incluyen el enunciado de que las partes integrantes de la unitaria entidad de España se repelen en razón directa al producto de su masa histórica y de los postulados nacionalistas que gobiernan a ciertas de ellas, principalmente Cataluña y Euskal Herria.

La movida interna en el partido de Ferraz es mucho más intensa, lógicamente, que la marejadilla que enfrenta Génova entre su gente de Cataluña. La última reunión del Comité Federal del PSOE es posible que pase a los anales del partido, no por lo que se convino que trasuntara al exterior, sino por sucesos —algo más que sólo personales— al margen de los focos y fuera de las actas.

El runrún que circula es el de algo más que la estricta convergencia entre los análisis y las conclusiones de los reconciliados siameses separados Felipe González y Alfonso Guerra, junto al sentir de varios barones del partido sobre la unidad nacional, por su común y severa preocupación ante los derroteros de la Moncloa. De ahí que se dispare la especulación sobre el futuro de este Gobierno y el destino de Ferraz, por resultar potencialmente disociables.

La deriva de un Rodríguez que no pone tope para los precios que paga al tripartito catalán, y que en la ONU canta el himno de la irrelevancia, sólo encuentra precedente y paralelo en las complicidades del PSOE con ERC en el nefasto 1934. No resulta, por eso mismo, parangonable su ejecutoria nacional con la del restaurado PSOE de la restablecida democracia.

En Ferraz hubo, y todavía hay, mar de fondo no trascendida. El problema sería, en términos de partido, prescindir del rumbo actual sin prescindir ni perder el poder y el Gobierno. El actual triángulo Moncloa-Génova-Ferraz pudiera ser, a efectos de naufragios, otra versión del Triángulo de las Bermudas.

jose@javaloyes.net

Humanismo terrorista
Editorial El Ideal Gallego  16 Septiembre 2005

El Gobierno vasco ha decidido convertir el reagrupamiento de los presos etarras en su nuevo caballo de batalla frente al Ejecutivo central. El propio PNV, en su momento, llegó a reconocer que la reivindicación surgió como un modo de poner a prueba a Zapatero, de conocer hasta qué punto su talante y su nuevo modo de enfocar lo que eufemísticamente definen como conflicto vasco les serviría para obtener tajada entre los votantes más radicales. Por el momento los socialistas se mantienen firmes en sus posiciones y se niegan a ceder al nuevo chantaje. Sin embargo, lo más sangrante de esta situación no es que los nacionalistas vascos soliciten medidas de gracia para los asesinos etarras. Lo peor es que lo hagan alegando razones humanitarias. No para los verdugos, para los profesionales del tiro en la nuca, la bomba lapa o el impuesto revolucionario . No para ellos sino para sus familias, para sus padres, hermanos y mujeres, que tienen que recorrer miles de kilómetros para poder visitarlos. Eso sí, lo que no mencionan es la falta de arrepentimiento de los criminales etarras, que siguen celebrando en prisión cada muerte que provocan sus colegas de armas e ideas . Efectivamente, una madre no tiene culpa de los delitos de sus hijos, pero tampoco la tiene la viuda que ni recorriendo miles de kilómetros podrá volver a ver a su marido. El terrorismo, en todos los países civilizados del mundo, por sus peculiaridades, merece un trato penitenciario especial. El PNV lo olvida, pero qué se puede esperar de quienes pusieron a un asesino al frente de una comisión de derechos humanos.

La lengua viva
Lenguas regionales
Amando de Miguel Libertad Digital 16 Septiembre 2005

Buena la hice con lo de llamar asturtxales a los defensores de la llingua asturiana. Meder Zubiaurre asegura, con toda seriedad, que “en euskera no se diría asturtxale sino arturzale o asturtzale. […] No entiendo cómo utiliza este tono despectivo contra el euskera”. Bueno, no hay que ponerse así. Yo no hablaba en serio. Era una eutrapelia, una broma amable. Ignoro cómo se dice “eutrapelia” en vasco (¿maitagarri broma?). Ignoro por qué en esta cuestión de los idiomas no literarios la gente pierde el sentido del humor. Nunca he utilizado un tono despectivo contra el euskera. La prueba es que, cuando escribo en castellano, lo llamo “vascuence”. Es la mejor forma de respetarlo. Por la misma razón, me refiero al idioma “inglés” y no al English cuando me expreso en español. Cuando me refiero al chino mandarín lo llamo así en castellano, no el han yu (= la lengua de la tribu de los han).

Pablo Alonso se ha “sentido profundamente ofendido” por mi referencia a la “llingua asturiana”. Pues no se ofenda, don Pablo. Como no tendrían que ofenderse los de mi tierra si hablara con ironía de la “llingua zamorana”. Para mí, la lengua de los asturianos y de los zamoranos ha sido el castellano durante los últimos mil años más o menos. Quizá el exponente máximo sea Leopoldo Alas, Clarín, nacido en Zamora pero de raigambre asturiana. Los otros restos dialectales no constituyen propiamente una lengua culta, pues no han dado origen a ninguna creación literaria. Puede que, dentro de otros mil años, cristalice una “llingua asturiana” o una “llingua zamorana”, pero hoy por hoy son entelequias y juegos de salón.

Tampoco me repele que haya gente que se dedique a esa arqueología lingüística. Más bien me da ternura. A don Pablo le parece “deleznable y ofensiva” mi actitud. Hombre, “deleznable” es que se reduce a polvo, se disgrega. Juzguen los lectores, pues escribo para todos ellos. Y “ofensiva” no es por la intención, créame. Concluye tonante don Pablo: “desearía no volver a encontrar expresiones y razonamientos de este tipo”. Pero ¿y la libertad de expresión? Somos libres de emitir todo tipo de razonamientos y juicios. El mío sobre la arqueología de las lenguas no literarias es tan respetable como el contrario. Francamente, a mí me daría mucha vergüenza decir a alguien: “desearía no volver a encontrar expresiones y razonamientos de ese tipo”.

Lo de don Pablo no es nada al lado de la filípica de don Miguel Martínez (Valladolid) a propósito de lo mismo, de mis opiniones sobre la “llingua asturiana”. Concluye así su admonición don Miguel: “Le ruego que hable solo de aquello que pueda explicar con un mínimo de rigor. Y, sobre todo, que evite calificativos tan agresivos como asturtxales”. Repito que es una inocente eutrapelia. Por otra parte, si los comparo irónicamente con los abertzales o patriotas vascos es porque me maravilla su osadía de reinventar la Historia. Pero qué manía la de que no debo escribir sobre esto o lo otro. Seguiré escribiendo sobre lo que me plazca. Mis conocimientos sobre Lingüística son limitadísimos, pero no por eso voy a dejar de opinar. Cuando me equivoco, rectifico y aprendo. Mi mayor capital es la lengua castellana. Veo que lo es también para muchos libertarios. No vamos a dejar de cartearnos sobre asuntos tan divertidos. Sobre todo porque nuestro medio de comunicación se llama ¡Libertad Digital!

Álvaro Zárate Urtaran se lamenta del dispendio que supone promocionar las lenguas regionales: catalán, gallego, vasco, valenciano, etc. Yo distinguiría entre las lenguas que tienen acumulada una notable producción literaria de las que son solo dialectos hablados. Ahí entrarían el asturiano, leonés, zamorano, extremeño, alto aragonés, chapurreau, murciano, etc.

Silvia de Miguel Andrés argumenta que el “fanatismo regional”, que a veces es localista, es producto de la ignorancia y que se nos quitará cuando viajemos más al extranjero. No lo creo. Ese fanatismo o chovinismo localista lo manifiestan igualmente las clases ilustradas. Creo que fue Pío Baroja quien dijo que el nacionalismo se quita viajando. Insisto, tengo mis dudas.

Andoni Aguirre me pregunta ¿cómo hay que decir: euskera o vascuence? Otra cosa ¿cuál es el origen de esa lengua? Más: ¿Qué lenguas deberíamos aprender? Si hablamos en castellano diremos vascuence; si hablamos en inglés diremos basque; si hablamos en vascuence diremos euskera. Sencillo ¿no? El origen de un idioma suele perderse en la noche de los tiempos. En el caso del vascuence, más, porque durante siglos no se escribió. Lo que sí sabemos es que los primeros que escribieron castellano sabían también vascuence. Es decir, seguramente el castellano es el latín hablado por algunos vascos (clérigos). Lo que está descartado es que el vascuence sea una especie de reliquia prehistórica. Lo más probable es que tuviera ya una estructura idiomática unos pocos siglos antes de Jesucristo. Seguramente había otras lenguas ibéricas emparentadas con el vascuence que se han perdido. El vascuence recibió mucha influencia del latín, entre otras cosas del alfabeto. Por eso la letra K es muy poco vasca, aunque ahora se ha resucitado como si fuera el testamento de Aitor (= el Padre). La letra K es griega, no latina.

La verdadera lengua literaria y de comunicación de los vascos ha sido siempre el castellano. Eso que dice Ibarreche, “El País Vasco no es una parte de España” es una majadería que solo se le puede ocurrir a un español. Lo de considerar lo “español” como algo afrentoso o despreciativo (un insulto, vaya) es una vergüenza para los vascos. Los vascos todos (de origen o residentes) deben aprender vascuence, pero también castellano, aparte del conocimiento de lenguas extranjeras. Arrinconar al castellano en el País Vasco sería una estafa colosal.

El castellano debe ser el idioma natural de comunicación y de expresión literaria del País Vasco, como lo es el inglés para Irlanda. No desmerece nada a la personalidad de los irlandeses que hayan tenido tan buenos escritores en inglés. Unamuno y Pío Baroja son, para mí, (y para cientos de doctores) los dos escritores más grandes que ha tenido España en el siglo XX. Los dos son vascos hasta la médula.

El Diccionario del Estudiante enseña a fuego lento a los jóvenes de 12 a 18 años a usar bien el español
Más de dos millones de euros es el coste de esta obra auspiciada por la Fundación Rafael del Pino. La presentación fue presidida anoche por los Príncipes de Asturias
A. ASTORGA/A. M. FORNÉS ABC 16 Septiembre 2005

MADRID. El otoño de los Diccionarios dio ayer su primer fruto: el Diccionario del Estudiante, amasado a fuego lento en las cocinas de la Real Academia Española. Cuarenta mil voces y locuciones del español, representativas del léxico actual y más general de España y de Hispanoamérica. Seis años de esfuerzo. Un equipo de nueve apasionados, dirigido por Elena Zamora y asesorado por el maestro Manuel Seco. Una obra para muchachos de 12 a 18 años. Y rigor, mogollón de rigor, son las cartas de presentación de esta herramienta de trabajo que se ha propuesto regularizar y ordenar, sin violentar la realidad, el léxico de las dos orillas del idioma. La pobreza léxica de los jóvenes es una palpable y grave realidad. «Nuestros jóvenes se expresan muy mal», reitera Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española. «Y este Diccionario, por sí solo, no va solucionar la situación, pero sí puede contribuir a mejorarla».

¿Cómo usar (sin agitar) el Diccionario? Se han desechado los usos anticuados (no obstante, no excluye términos que designan realidades del pasado, como calendas -en el calendario de los antiguos romanos: primer día del mes-, o encomendero -hombre que ha recibido una encomienda de indios-...

La puerta del artículo. Las 40.000 palabras estudiadas o lemas se abren al estudiante con varias acepciones (oso: 1. mamífero de gran tamaño, pelaje largo y espeso y andar pesado. 2. Hembra de oso...). Si la voz tiene variación de género, la forma masculina va seguida de la terminación femenina (niño, ña; algun, na; barón, nesa). Cuando el femenino tiene una segunda forma, se hace constar: director, tora (o triz).

Marcas de uso. En conversaciones entre amigos o familiares son posibles y normales voces como coco (cabeza), fenomenal (bueno), molar (gustar) o mogollón (cantidad grande de algo). En esos casos, después de cada acepción, el diccionario coloca una marca: coloq. (coloquial) para el supuesto anterior. Entre personas de grupos marginales se habla a menudo de madero o bofia (policía) o caballo (heroína); aquí la marca es jerg. (jergal). En obras literarias se usan términos mo finar (morir una persona), lucubración (elucubración), mancilla (mancha, de deshonra) cuya marca sería cult. (culto). Entre personas de poca cultura se oye a veces coger (caber), madalena (magdalena) y les corresponde la marca vulg. (vulgar). Palabras que no deben pronunciarse ante personas respetables llevan la marca malson. (malsonante). Cuando una voz es utilizada para hablar con niños, como caca, la marca es infant. (infantil). Otras marcas empleadas han sido despect. (despectivo) para armatoste o valentón; humoríst. (humorístico) para términos como titulitis o carpetovetónico y eufem. (eufemismo) para jolín o hacer de vientre.

Voces de América. El Diccionario del Estudiante agavilla una muestra significativa de voces de América y señala su origen con sus correspondientes marcas: Am. (América): alebrestarse (alborotarse o agitarse); chévere (estupendo), encomienda (paquete postal). O frecAm, voces conocidas en España, pero mayoritarias en América: almorzar (comer al mediodía), ají (pimiento), casimir (cachemir).

Informaciones adicionales. Se aclara la pronunciación de las palabras que ofrecen alguna dificultad: texano, na (pronunciación «tejáno»). La naturaleza extranjera: adagio (palabra italiana). La construcción de la palabra estudiada (adolecer: intransitivo. Seguido de un complemento introducido por de: Tener como defecto lo expresado por él).

Lexías. Van en negrita y completan las definiciones. Café... -cantante: Establecimiento nocturno en que se sirven bebidas y se interpretan canciones del género frívolo. Número... -fraccionario: número quebrado.

Locuciones. Pueden ser verbales (poner en solfa -algo o a alguien-); sustantivas (ojo derecho -de alguien-); adjetivas (de provecho); adverbiales (fuera de quicio)...

García de la Concha explicó que la Asociación de Academias decidió confiar la edición de este Diccionario a Santillana [Espasa, que publica el DRAE, es la tradicional casa editora de la Academia] porque «se quiso elegir una editorial con gran instalación en los medios escolares de España y el mundo hispanohablante». La tirada inicial es de 150.000 ejemplares.

La ruptura de España
El papel de la electricidad, de La Caixa y de la Opa de Gas Natural (I)
Alberto Recarte Libertad Digital 16 Septiembre 2005

Este es el primer artículo de una serie de tres que Alberto Recarte ha escrito sobre la OPA de Gas Natural a Endesa. El texto consta de cuatro epígrafes.

I. Introducción
II. De la congelación de las tarifas a la hiperregulación con liberalización
III. Los movimientos empresariales: Opas y contraopas
IV. Conclusión

En esta primera entrega incluimos los dos primeros puntos del análisis de Recarte. El texto completo del artículo lo pueden encontrar nuestros lectores en el especial de Libertad Digital sobre la OPA de Gas Natural a Endesa.

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I. Introducción

¡Vaya momento ha escogido el Gobierno socialista para hacer política en el sector eléctrico! El sector, en su conjunto, se enfrenta a una situación muy complicada, parecida aunque, por fortuna, mucho menos grave que la que tuvo lugar a finales de los años setenta. En esa ocasión, la resistencia de los gobiernos de la época a trasladar a precios la subida del precio del petróleo resultó en la práctica suspensión de pagos del sector y, finalmente, en una brutal subida del precio de la electricidad, que se produjo entre 1979 y 1982 y que reflejó, simplemente, el aumento de los costes de producción, la subida de los tipos de interés y la moratoria nuclear.

En la actualidad, el sector se encuentra a medio camino entre la liberalización y la competencia, por una parte, y la hiperregulación gubernamental por otro. A pesar de lo que se habla de competencia, tan solo el 35%, aproximadamente, de las ventas finales de electricidad –y en retroceso– se hacen a precios libres, negociados con los consumidores. El resto, en torno al 65%, se vende a precios fijos, a tarifa, determinadas por el gobierno español. Y no crean que todo el mundo paga lo mismo. Hay industrias, como la siderurgia, el aluminio y los fertilizantes que la pagan a un precio inferior al 50% del coste de producción. Una situación, aunque no tan extrema, es común en otros sectores industriales, sometidos –o agraciados con– a otras tarifas gubernamentales. Por su parte, las familias pagan precios sólo ligeramente superiores a los costes promedio de producción. En conjunto, en 2005, el total de lo que recauden las empresas eléctricas por sus actividades de generación, distribución y comercialización, generará un déficit – denominado “de tarifa”– del orden de los 3.000 millones de euros –según la apreciación de Sánchez Galán, consejero delegado de Iberdrola–, que asumirán, por decreto, las grandes empresas: Endesa, Iberdrola y Unión Fenosa, básicamente; con la esperanza de que el gobierno de turno les compense. Una situación que puede adquirir rasgos muy políticos, porque nadie puede obligar al gobierno a que compense a estas compañías. Peculiaridades de la regulación del sector. Lo que ocurre es que, de una u otra forma, se sigue considerando que el suministro de electricidad es un servicio público, al que los principales distribuidores –que son los principales generadores eléctricos, por otra parte– se ven obligados a los precios que decida el gobierno. Consecuencia: es difícil que el sector hable públicamente de sus problemas, pues el poder arbitrario del gobierno puede tener efectos deletéreos en unos u otros, a elección, y gusto, del ministro de industria de turno. Ocurre que, a pesar de la relativa liberalización, el sector eléctrico sigue siendo un sector enormemente regulado hasta tal punto que, por poner ejemplos, tanto sus inversiones como sus redes de distribución e, incluso, el tipo de energía que utilizan las empresas dependen del visto bueno, o de la no oposición, del gobierno.

II. De la congelación de las tarifas a la hiperregulación con liberalización

En los últimos años, y sobre todo a partir de 1996, tuvieron lugar una serie de hechos que han transformado el sector eléctrico español tanto que, por decreto, fue posible rebajar las tarifas oficiales del orden del 30% en términos nominales, sin que se resintiera la salud financiera de las empresas eléctricas. Hasta 2002 esa política fue posible por varios factores: el primero, el descenso de los tipos de interés a partir de 1996, un dato determinante en el caso del sector, pues tanto la generación como la distribución necesitan, en las épocas de fuerte inversión, hacer uso de voluminosos créditos. Sin embargo, en segundo lugar, esas grandes inversiones, cuando se amortizan, hacen disminuir drásticamente sus costes financieros. Algo que también ocurrió a partir de principios de los noventa. En tercer lugar, en esos años no era necesario prever nuevas inversiones, pues había un gran exceso de capacidad de producción de energía, tras la tremenda crisis del 75 al 85, y que, de hecho, se extendió después, desde 1990 a 1994. Consecuencia: cualquier aumento de la demanda se pudo cubrir sin nuevas inversiones. En cuarto lugar, a partir de 1985 se desplomaron los precios del petróleo y de todos los productos capaces de generar energía. En 2001/2002, hace apenas tres años, el precio del barril del petróleo alcanzó promedios en torno a los 12-15 dólares. Como consecuencia de estos hechos, y a pesar del descenso de las tarifas que impusieron los sucesivos gobiernos del PP, las compañías eléctricas fueron capaces –sobre todo cuando la economía española empezó a crecer ininterrumpidamente, y con un aumento más que proporcional de la demanda de electricidad–, de generar ingresos suficientes para reducir su deuda. Algunas de las grandes compañías como Endesa, por su parte, no se quedaron quietas sino que aumentaron su tamaño, buscando economía de escala y precios más remuneradores que los españoles en otros mercados, tanto europeos como iberoamericanos.

Con el petróleo a 60 dólares/barril, el carbón a un precio que dobla el de hace tres años, y con el precio del gas natural ligado al del petróleo, el precio de la electricidad debería estar subiendo con rapidez, tal y como ocurre con combustibles como las gasolinas y el gasóleo. Aunque esa subida no tiene que ser tan drástica para el conjunto de la economía española, porque nos protege el mix de producción: el 20/25% de la electricidad es de origen nuclear y es obvio que sus costes de producción no han subido. Cerca del 20/25% de la electricidad es de origen hidráulico, que tampoco se ve afectada por la situación del petróleo, aunque sí por la presencia o ausencia de agua embalsada. Un porcentaje alto, del orden del 30 %, mayor en Endesa que en otras empresas, se produce con carbón que, aunque ha subido de precio, no lo ha hecho tanto como el petróleo y el gas. Pero cada vez más energía eléctrica se produce con gas natural, en ciclos combinados, a precios del combustible cada vez más altos, aunque la inversión en equipamiento industrial sea menor que si se utilizaran otros sistemas de generación. Una cantidad reducida, básicamente en Canarias y Baleares, se produce con fuel oil, que también se usa, a altísimo coste, en toda la península cuando la demanda se dispara. Y cerca del 6% tiene origen eólico, cuyo coste fijo de producción dobla el promedio del de todos los otros. Si en un año, como en 2005, confluyen factores como la sequía y las averías o recargas en algunas plantas nucleares, hay que acudir más que antes al fuel oil y al gas natural con una consecuencia lógica, el aumento de los costes de producción y el “déficit de tarifa”. Y el panorama es complicado, pues nuestro gobierno sigue diciendo que va a cerrar las plantas nucleares y restringir el uso de carbón. Todo se hará depender, en un futuro, según los planes oficiales, que aprobó el PP y ha ratificado el PSOE, del suministro de gas natural y de su precio en los mercados internacionales, lo que significa volatilidad e incertidumbre, pues España tiene pocos suministradores estables desde un punto de vista político (los principales son Argelia y Nigeria). Por otra parte, y como todos ustedes conocen, sólo hay un gasoducto y cuatro plantas regasificadoras más dos en construcción en toda España.

Con este panorama, influido económicamente por el precio del petróleo y el del gas, y sobre la base de decisiones políticas incoherentes, como decir no sólo que no se van a hacer nuevas plantas nucleares, sino que se van a cerrar las existentes a medida que se vayan amortizando, y conscientes de que de la salud del sector dependen muchos otros sectores económicos y que nuestra competitividad internacional también está afectada por el nivel de precios de la electricidad, el actual gobierno encargó un Libro Blanco a un grupo de expertos supuestamente independientes, para que le propusieran políticas de futuro. Una de las propuestas más claras de dicho documento ha sido la de que hay que evitar la concentración de empresas. Otra, y con razones sólidas, era analizar si era mejor continuar el proceso de liberalización diseñado por el gobierno del PP, pero nunca finalizado, o re-regular, para asegurar un nivel de inversión y de calidad suficientes del suministro de electricidad. En definitiva, se trataría de dar garantía al sector, a los inversores institucionales y al mercado de que podría invertir sin temor, porque se le aseguraría una rentabilidad adecuada vía precios de venta oficiales, es decir, vía tarifas.

Para finalizar con este capítulo de intervencionismo público, no está de más recordar los continuos pronunciamientos del gobierno en el sentido de que hay gestores, presidentes y consejeros en muchas empresas privatizadas que no le gustan y que intentará, como ya ha hecho en otras muchas empresas, cambiarlos por otros de su confianza es decir, nombrando a sus amigos: políticos y de pupitre, competentes e incompetentes.

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