AGLI

Recortes de Prensa     Miércoles 28 Septiembre 2005
Un libro sobre la utilización política de las lenguas gana el Espasa de Ensayo
Goyo García Maestro La Razón 28 Septiembre 2005

«Lenguas en guerra», de Irene Lozano, premio Espasa de Ensayo
ISABEL AGUILAR/MADRID ABC 28 Septiembre 2005

El doble lenguaje de ETA
Editorial ABC  28 Septiembre 2005

ETA se retrata, mientras ZP la maquilla
EDITORIAL Libertad Digital 28 Septiembre 2005

Hasta el rabo todo es toro
Ignacio Villa Libertad Digital 28 Septiembre 2005

Aznar pica el toro del zapaterismo
Lorenzo Contreras Estrella Digital28 Septiembre 2005

Conllevarse
Fernando R. Genovés Libertad Digital 28 Septiembre 2005

De las comidillas a las comillas
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 28 Septiembre 2005

Al mismo compás
TONIA ETXARRI El Correo 28 Septiembre 2005

ETA no cambia de régimen; los partidos sí
José Javaloyes Estrella Digital28 Septiembre 2005

Todo se desborda
Pablo Sebastián Estrella Digital28 Septiembre 2005

Cuando se alce el telón
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 28 Septiembre 2005

El derrumbe del nuevo Estatut y la cláusula Camps como futuro
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 28 Septiembre 2005

Los cien mil constitucionalistas de san José Luis
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 28 Septiembre 2005

El oportunismo de ETA
JOSEBA ARREGI  ABC 28 Septiembre 2005

Un libro sobre la utilización política de las lenguas gana el Espasa de Ensayo
Para la filóloga Irene Lozano, la utilización del idioma que hacen los nacionalismos «eclipsa el castellano»
Goyo García Maestro La Razón 28 Septiembre 2005

Madrid- «Lenguas en guerra» es el título del libro de la periodista y filóloga de formación Irene Lozano que obtuvo ayer la XXII edición del Premio Espasa de Ensayo. Dice que habrá quien se sienta atacado al leer estas páginas por la tesis que maneja, a saber, «la utilización de la lengua que hacen los nacionalismos periféricos» en España, y sobre todo por la crítica que hace del concepto de «lengua propia», una idea que da alas a los nacionalismos para «eclipsar el castellano». La obra fue elegida por un jurado presidido por Fernando Savater en el que también formaron parte Vicente Verdú, Amando de Miguel, Jon Juaristi y Pilar Cortés. El Premio Espasa de Ensayo está dotado con 30.000 euros.
Lozano, autora de una biografía sobre Federica Montseny, cree que los nacionalismos periféricos no pueden construir su identidad a partir de elementos étnicos o religiosos, «así que utilizan la lengua para construir un hecho diferencial que en realidad es más un hecho político que lingüístico». La autora no sólo se agarra al hilo del actual debate en torno a las lenguas oficiales sino que introduce el tema con una larga reflexión en la que sintetiza las teorías de la lingüística contemporánea, a partir de los estudios de Noam Chomsky, quien ha demostrado que todas las lenguas comparten un mismo tipo de estructura y proceso gramatical. Lozano explica que el lenguaje es una «facultad universal del ser humano» sobre cuyos orígenes existe un gran desconocimiento, aunque se suelen situar hace 40.000 años.

Diferencia lingüística.
«El lenguaje es una facultad natural y no cultural, como se ha creído durante mucho tiempo –aseguró ayer Lozano–. El peso de lo cultural es mucho menor, es algo que viene después. Las lenguas son hermanas. No tiene sentido sostener que a partir de una diferencia lingüística se puede hablar de nacionalidades».

Para Jon Juaristi, la obra ganadora resulta «desmitificadora» ya que «resalta el déficit y la desgana de los legisladores por ofrecer un ordenamiento rígido de las lenguas». Según el autor de «El bucle melancólico», el libro supone un estudio clarificador sobre la regulación política de las lenguas empezando por Primo de Rivera, bajo cuyo mandato se adoptó por primera vez el español como lengua oficial, hasta las leyes de normalización lingüística de la democracia. Para Amando de Miguel, la parte más interesante del libro, «y la más polémica», es la que hace referencia al sentido de «lengua propia».

Según el sociólogo, «el ensayo dice que no hay lenguas propias, porque las lenguas son de cada habitante, aunque luego los estatutos de una autonomía te dicen que sí hay una lengua propia». «Lenguas en guerra» también analiza la instrumentación que el franquismo hizo del castellano y argumenta que en España «la hegemonía del castellano dista mucho de ser el resultado de la imposición imperialista castellana que los partidos nacionalistas suelen aducir como parte de su campaña de auto-victimización con fines políticos».

«Lenguas en guerra», de Irene Lozano, premio Espasa de Ensayo
ISABEL AGUILAR/MADRID ABC 28 Septiembre 2005

Las diferencias lingüísticas utilizadas como arma política ha sido el tema que ha cautivado al jurado de la XXII edición del premio Espasa de Ensayo, que en esta ocasión ha recaído en la filóloga y periodista Irene Lozano por su «Lenguas en guerra». Con la polémica actual que suscita el asunto como telón de fondo, el ensayo es un repaso por la historia para desentrañar el valor del lenguaje como «facultad universal, característica del género humano en su conjunto», según manifestó la propia galardonada.

Pero no sólo el argumento de la obra ha merecido tal reconocimiento, también «su tratamiento ensayístico, ágil y con una buena tesis de fondo», en palabras del presidente del jurado, Fernando Savater, quien reconoció que en esta ocasión el debate para decidir cuál era el mejor ensayo (decisión tomada, además de por él, por Pilar Cortés, Jon Juaristi, Vicente Verdú y Amando de Miguel) ha sido «armónico, ya que aunque destaca la calidad y el interés de las obras, todos coincidimos en que una resaltaba», aclaró Savater.

La premiada, colaboradora de ABCD las Artes y las Letras, critica en su obra la utilización política de la lengua, puesto que «armar una tesis de carácter nacionalista fundamentándola en la diferencia lingüística es un error que crea conceptos como el de «lengua propia» -asegura Lozano- y deja en el olvido su función como instrumento para el conocimiento y la comunicación». «Mi libro -continúa-, está basado en el conflicto actual, pero no con nombres y apellidos, sino en términos generales, ya que lo que hay en España son lenguas hermanas y es difícil basarse en diferencias lingüísticas a la hora de hablar de nacionalidades diferentes, aunque muchos se cargan las tintas contra las lenguas».

La autora «se moja»
Amando de Miguel, por su parte, quiso ensalzar el ensayo premiado subrayando que su autora «se moja afirmando que las lenguas, como los derechos humanos, son propias de los hablantes. Lozano -matiza- trata un tema polémico, pero defiende su tesis con gallardía y soltura». De Miguel remató su intervención subrayando que «decir que en los lugares donde sólo se habla castellano (como en casi toda España) no existe lengua propia es una estupidez». Por su parte, Jon Juaristi señaló que ««Lenguas en guerra» es desmitificador, porque destaca la desgana de la legislación por una ordenación rígida sobre el uso de las lenguas».

El doble lenguaje de ETA
Editorial ABC  28 Septiembre 2005

UNA habilidad contrastada de la organización terrorista ETA es hacer pasar como declaraciones novedosas lo que no es otra cosa que mera repetición de lugares comunes perfectamente identificables en su tradicional actividad panfletaria. Así sucede con el comunicado que los terroristas publicaron ayer a través del diario «Gara», en el que se refleja su doctrina más ortodoxa, con una reivindicación explícita de «la lucha tenaz y la presión popular» y de su compromiso de seguir «luchando hasta lograr la liberación de Euskal Herria». Sin embargo, el mensaje destacado de esta última declaración -emitida el mismo día en que los inspectores confirmaron el desarme del IRA- ha sido la afirmación de los terroristas de que «aquí estamos, ante nuevas oportunidades y nuevos riesgos».

Los etarras son conocedores de que las expectativas creadas en torno al supuesto proceso de paz provocan que sus comunicados se escruten con detalle para encontrar indicios de que ETA se apunta a ese proceso. En otras condiciones, lo destacable de este último comunicado sería lo de siempre: que ETA no abandona las armas, que defiende la violencia y que dice que sin autodeterminación no habrá paz. Pero basta que introduzca una mención a las «nuevas oportunidades» para que se retroalimente el discurso sobre el final dialogado de la violencia. Las hemerotecas ayudan a poner los comunicados de ETA en su sitio, porque los terroristas ya se han referido antes a «diversos acontecimientos que pueden traer cambios profundos» (abril de 1998); a que «el contexto actual de Euskal Herria ofrece la posibilidad de nuevos cambios» (mayo de 2003); a que «ahora tenemos una nueva oportunidad» (abril de 2004); o a que «ETA seguirá luchando sin cesar hasta abrir nuevas oportunidades» (junio de 2005).

Tal y como está la situación actualmente, el comunicado de ETA sirve para animar a sus seguidores y dar cobertura a la reconstrucción, ya pública y generalizada, de la izquierda abertzale, que ha vuelto a situar en el reconocimiento de la territorialidad y la autodeterminación las condiciones de la paz. Pero también da cuerda a quienes quieren encontrar en ETA, a toda costa, las pruebas de la existencia del proceso de paz, aquéllas que, en el discurso del Gobierno, se sustituyen por actos de fe colectivos en Zapatero. Cabe también la opción de que «las oportunidades» a las que se refiere ETA sean las que le están proporcionando el cambio de estrategia sobre terrorismo promovido por el Gobierno. Es una constatación objetiva que, hoy, la izquierda abertzale se ha reorganizado y, como dicen sus portavoces, ha superado «el período de ilegalización» y recuperado el espacio político e institucional que había perdido en el País Vasco gracias a la Ley de Partidos. También es cierto que el Pacto Antiterrorista entre PSOE y PP está roto y ha sido sustituido por un acuerdo del Gobierno con los partidos que siempre estuvieron en contra de la derrota incondicional de ETA, y que es inverosímil que -como PNV, ERC o IU- se hayan mutado en exigentes defensores de la victoria del Estado de Derecho. También es innegable que, excepto el PP, todos los partidos vascos consideran, con diferentes argumentos pero similares consecuencias, que el marco jurídico estatutario del País Vasco ya no está vigente, principal aspiración de los etarras, que dicen en el comunicado de ayer que «hemos llevado a la muerte al Estatuto de La Moncloa».

Evidentemente, todas estas novedades son oportunidades para que ETA aproveche la situación y repare los golpes recibidos, con la agravante de que no sólo no ha tenido que dar nada a cambio, sino que encima las está rentando al mismo tiempo que continúa su goteo de atentados con explosivos, poniendo en práctica un terrorismo de intimidación, sin muertos, que parece estar asimilado y asumido como una parte tolerable del «final dialogado». Por eso se permite regalar oídos con la referencia a «nuevas oportunidades» al día siguiente de hacer estallar un coche bomba en un polígono industrial de Ávila y el mismo día en que coloca un artefacto explosivo en Añón de Moncayo (Zaragoza).

En este sentido, los etarras vuelcan en su comunicado una preocupante seguridad sobre el curso de los acontecimientos, paralela a la sincronización de sus atentados y panfletos doctrinarios con los mensajes de Batasuna y la reactivación de la violencia callejera. Y la respuesta de las instituciones no está a la altura de las circunstancias.

ETA se retrata, mientras ZP la maquilla
EDITORIAL Libertad Digital 28 Septiembre 2005

El último comunicado de ETA en el diario Gara viene a confirmar –una vez más– que la organización terrorista sigue sin renunciar a los objetivos políticos por los que estaría dispuesta a dejar de matar o, lo que es lo mismo, por los que ha asesinado durante casi medio siglo. Aunque la banda considera que se han abierto “nuevas oportunidades” para la independencia y celebran que “hemos llevado a la muerte al Estatuto de La Moncloa” –leáse Guernica–, los terroristas consideran que deben “organizar nuestras fuerzas y activarnos en la lucha, porque será la lucha de la izquierda abertzale la que asegurará el futuro en libertad de Euskalherria”. Como guinda, y en perfecta concordancia con el comunicado y con su determinación de “seguir empujando” en pro de sus objetivos independentistas, la organización terrorista ha hecho estallar una bomba en Zaragoza horas antes de la visita a esa ciudad del presidente de gobierno.

Zapatero, por su parte, sigue negándose a admitir su gravísima responsabilidad por haber inyectado esperanzas a los terroristas con sus ofertas de negociación, y sigue empecinado, por el contrario, en una peligrosísima huida hacia adelante, en la que el presidente parecería más preocupado en neutralizar a las víctimas que en admitir el inalterable chantaje criminal de la banda.

No contento con haber sumado su partido a los independentistas que quieren acabar con el Estatuto de Guernica –de cuya “muerte” se jacta la propia ETA–; no contento con dejar de aplicar la ley de partidos a los proetarras del PCTV; no contento con gobernar aliado con el socio de ETA en Perpiñán; no contento con ofrecer impunidad a los criminales, el presidente del gobierno del 14-M ni siquiera ha condenado –por lo menos, hasta el momento– el último atentado.

Mientras tanto, la campaña de presión de su gobierno para silenciar a las víctimas –después de haberles negado las subvenciones– va haciendo mella, no sólo en los medios de comunicación, sino hasta en la dirección de algún sindicato policial. En una carta que ha provocado malestar entre sus propios afiliados –y una dura y merecida réplica de la Confederación Española de Policía–, la dirección del Sindicato Unificado de Policía acaba de respaldar la oferta de negociación del gobierno y anuncia que no se sumará a ninguna manifestación de la Asociación Víctimas del Terrorismo.

El SUP trata de justificar su bochornosa actitud en el hecho de que todos los gobiernos anteriores han negociado con la organización terrorista y de que ETA lleva “27 meses sin matar”.

Desde la legitimidad que nos da el haber sido el único medio de comunicación que criticó al gobierno del PP –y en tiempos de Aznar– por negociar con ETA, hemos de decir que es una mezquindad equiparar aquellos contactos –autorizados tras una tregua y bajo la advertencia de que no habría pago político alguno– con la oferta de negociación de Zapatero que incluye, no sólo la impunidad de los presos, sino también ofertas de negociación política con los proetarras destinadas a reemplazar el Estatuto de autonomía vasco. Además los errores del pasado nos dan la posibilidad de corregirlos, no el derecho de insistir en ellos.

Lo importante –como la propia SUP reconoce en su carta– es que tras ese error de “mantener contactos con el MLNV”, el gobierno de Aznar pasó a la ofensiva legal y policial contra el terror, produciéndose lo que la propia SUP reconoce como “el avance más importante en la lucha contra ETA”.

Es cierto que en estos últimos 27 meses ETA no ha matado; pero mientras este hecho fue, en su primer momento, el resultado de la desesperanza que provocaba entre los terroristas el acoso legal y policial y la determinación política del gobierno del PP de combatirlos, la renuencia a matar que, por ahora, muestran los terroristas sólo es táctica chantajista que se apoya en las esperanzas recobradas que les provoca la irresponsable voluntad de Zapatero de apaciguarlos.

Hasta el rabo todo es toro
Ignacio Villa Libertad Digital 28 Septiembre 2005

Hasta el rabo todo es toro. Qué rápido van las cosas. Parece que era ayer cuando Rodríguez Zapatero, entonces líder de la oposición, no se levantaba en la Plaza de Colón al pasar la bandera de los Estados Unidos. Entonces esgrimía que por “convicciones personales” había sentido el impulso de no levantarse al paso de la bandera americana. Era la época del pancartismo contra Irak.

La pregunta ahora es irremediable: ¿se va a levantar el Gobierno y su presidente con "devoción" al pasar la bandera de la Cuba del dictador Castro? ¿Va a emocionarse Zapatero cuando ondee al viento la enseña de la Venezuela del populista Chávez? ¿Por qué el presidente del Gobierno nos humilla de esta forma? ¿Hasta cuándo este Ejecutivo va a vivir instalado en la provocación?.

Siempre hemos dicho que en el terreno castrense este Gobierno –con José Bono a la cabeza– sabía lo que hacía. Y entre otras cosas ha arrinconado muchas de las tradiciones seculares del Ejercito como, por ejemplo, la oración por los caídos. También se puede recordar el desmontaje del lema de la Academia de Suboficiales de Lérida por las exigencias de los independentistas catalanes, sin olvidarnos del silencio oficial impuesto en el Ejercito por el siniestro del helicóptero de Afganistán. En definitiva, Zapatero y Bono, o Bono y Zapatero, han conseguido poner en marcha una operación sin fisuras para convertir a los militares en una ONG. Una triste humillación que ahora se ve agrandada por esta invitación.

¿Qué hacen desfilando soldados españoles junto a soldados de dos países en los que la democracia es una quimera? ¿Era necesaria una nueva humillación? El Gobierno vuelve a sacar la polémica con una actitud rastrera; con un talante dictatorial y con unas formas en las que se les ve el plumero. Sinceramente, no nos merecemos este Ejecutivo que ha cerrado las puertas del mundo a España y que ahora se arrodilla ante dos regímenes políticos –Cuba y Venezuela– donde se aniquila sistemáticamente a la democracia. Dos regímenes sin libertad a los que Zapatero abre la puerta de la fiesta del 12 de octubre. Por lo que se ve este hombre no tiene límites; al menos nos queda el consuelo de su torpeza. Ahora se entienden mejor muchas cosas.

Aznar pica el toro del zapaterismo
Lorenzo Contreras Estrella Digital28 Septiembre 2005

La advertencia lanzada por José María Aznar sobre el peligro de un “cambio de régimen” en España, precisamente cuando se cuestiona, según algunos observadores, el modelo territorial del país y se plantea el concepto de nación catalana que surge en torno el Estatut actualmente en discusión, ha obtenido, como es lógico, abundante resonancia. El ex presidente del Gobierno, en la presentación de un libro sobre la figura del famoso liberal francés Raymod Aron, hizo este pasado lunes un acto de presencia política que rebasaba los límites de un mero episodio político-cultural para insertarse en el marco de un improvisado —o no tan improvisado—manifiesto reinindicativo de su propia política, tanto interior como exterior, que, quiérase o no admitir, eclipsaba la imagen pública de Mariano Rajoy, aunque ése tal vez no fuera el propósito de la cita en la FAES.

Mariano Rajoy, de todos modos, también se despachó, junto a Ángel Acebes, contra la trayectoria política de Zapatero, hoy atrapado por las consecuencias de sus pactos y dependencias en la gestión de Gobierno. Los equilibrios que en buena lógica tiene que realizar para zafarse de su embrollo puede que no sean lo suficiente sutiles a los ojos de un importante y alarmado sector de la sociedad española. La hora de las facturas políticas que le pasan al cobro, tras las hipotecas aceptadas por Zapatero frente a sus socios actuales, ofrece como espectáculo un perfil poco edificante. ZP está pagando una cuota de autoridad bastante onerosa dentro del socialismo que todavía alberga en España al PSC de Maragall y Montilla. Maragall, a su vez, tiene que lidiar, precisamente en la Cataluña antitaurina, el difícil morlaco de CiU, dispuesta a impedir que el nuevo Estatut, al que Carod-Rovira pretende llamar “Constitución de Cataluña”, no pertenezca exclusiva o predominantemente a su factoría política.

Eso es algo que los nacionalistas catalanes que giran en la órbita del pujolismo convergente no son capaces de soportar con paciencia y menos aún con disimulo. La historia les ha pasado el turno en el momento más delicado, cuando Pujol ha tenido que ceder la plaza a Maragall, aunque el perdedor oficial del poder fuera en su día su sucesor Artur Mas. Ahora les conviene y les interesa marcar la más alta cota de exigencia estatutaria, sin pasar el testigo de la frenética carrera ni a Maragall ni mucho menos a Carod, que viene a ser cuña de su misma madera. De ahí que se hayan puesto “muy estrechos” en esta aventura y eleven sus gritos de víctimas arrolladas por Madrid y mal defendidas por sus actuales sucesores socialistas y republicanos. Por consiguiente, todo menos llegar los terceros a la meta, aunque en teoría la fórmula estatutaria que todavía discuten como proyecto sirviera para satisfacer las aspiraciones de autogobierno. Como bien ha dicho Manuela de Madre, dirigente popular, refiriéndose a CiU, al que vive de sus heridas le matas si se las curas.

Aznar, ahora que usamos la metáfora taurina, ha sabido ver la oportunidad de entrar al tercio de varas del festejo político y castigar a Zapatero, y de paso a Maragall, con toda la insistencia y porfía del impacable picador. Desde México, donde se encontraba la vicepresidenta Fernández de “La Vogue”, era perfectamente audible la advertencia de que éste es el momento del “ahora o nunca”. Ante todo, no perder “el tren de la historia”. Parece enteramente que el zapaterismo lo está pasando mal.

Estatuto de Cataluña
Conllevarse
Fernando R. Genovés Libertad Digital 28 Septiembre 2005

Me sumerjo estos días en la prosa elegante y clara de Ortega y Gasset —es decir, en su escritura doblemente inteligente— con el fin de comprender mejor qué es lo que nos pasa en España, o mejor, en algunas de sus partes bajas, y que no nos deja vivir ni convivir según conviene y es menester.

Como en 1932, en España tenemos hoy un problema, que no es tanto un vago problema catalán cuanto algo más grave y serio que subyace en el así llamado, a menudo solapándolo, a saber: la presión de aquellos catalanes nacionalistas para quienes más Cataluña significa invariablemente menos España. Nos las vemos ahora con parejo envite soberanista, aunque, lamentablemente, no dispongamos en nuestro Parlamento de un Ortega que sepa cazarlo y desplumarlo con la necesaria firmeza y brillantez. Rememoremos, pues, el célebre discurso que pronunció nuestro primer pensador en las Cortes Españolas de aquel año a propósito del Estatuto de Cataluña y, en términos más generales, sobre el ser y el estar en España.

La notable alocución, infortunadamente muy contemporánea, y que todavía cabe situar en la filosofía política más que en la historia de las ideas, la disertación parlamentaria en cuestión, digo, ha sido reeditada recientemente, junto a la posterior intervención de Manuel Azaña sobre la cuestión, en un volumen a cargo de José María Ridao, con sospechoso criterio publicista, todo sea dicho. El compilador e introductor busca enfrentar allí, punzantemente, más de lo necesario, al filósofo y al político, con la proterva intención de justificar y dramatizar las “dos visiones de España”, y de ofrecer, de paso, un pretexto legitimador de las premuras del actual Ejecutivo y del tripartito catalán a fin de resolver políticamente, de una vez por todas, el asunto particularista de las raíces: “como si — se apresura a sospechar Ridao, el diplomático con prisa —una interminable dictadura tras la guerra civil, y un sistema democrático con un cuarto siglo de vigencia, hubieran resultado insuficientes para hallar una solución estable, y más aún, definitiva”.

Es conocida la postura de Ortega. El problema de la melancolía nacionalista, característica de las pequeñas regiones aquejadas por el mal de bajura estatal, esto es, por la conciencia nacional trastornada de los perpetuamente descontentos pero con aspiraciones, no tiene, en verdad, cura. Con suerte y paciencia, sólo se puede conllevar. Consiste esto en “restar del problema total aquella porción de él que es insoluble, y venir a concordia en lo demás”. Lo incuestionable, naturalmente, es la soberanía, clave de bóveda nacional que ya en la Transición quedó constitucional y socialmente sancionada.

Con todo, “algunos republicanos de tiro rápido” vuelven otra vez a la carga con nueva munición. En su imaginario político, parecen recrear o reconstruir el escenario republicano de los años treinta. Aunque Azaña ha pasado a mejor vida y la guerra civil ha terminado, ellos, en su terca melancolía, no pierden la esperanza. Mas ¿qué decía, a la sazón, Azaña? Leamos: “para resolver esto, digo, no nos basta variar el sistema político, sino que tenemos que variar la política del sistema”. El primer objetivo pasa por el brusco cambio de régimen. Ayer, el 14 de Abril. Hoy… en ello están los beneficiarios del 11-M. Como siempre, sin ganar las elecciones limpiamente. El segundo objetivo persigue “el trastueque de las bases fundamentales de la organización del Estado español”.
Para los republicanos y los nacionalistas melancólicos de hogaño, el nuevo régimen instaurado identifica, como ayer, la causa particular (“lo que hasta ahora era un problema local, catalán o nacionalista”) con la “gran causa española”, según la entendía aún Azaña, no así sus presumidos herederos. El especial dramatismo del problema particularista que todavía colea reside en su resistencia a distinguir lo grande y lo pequeño, la parte y el todo. De esta guisa, no puede haber cuestión insoluble, pues para la política melancólica, todo es posible y opinable, sobre todo cuando la ocasión es propicia y el consenso, favorable.

Resulta entonces que el proyecto estatutario tiene que llegar a las Cortes respetando la Constitución, como sea. En el momento presente, el “señerismo” de los nuevos señores territoriales no reclama explícitamente la escisión. En la España del siglo XXI, en la era del posmodernismo, el giro lingüístico y la deconstrucción, el “apartismo” de la segunda parte demanda ahora a la primera parte un Estado Libre Asociado, una España Plural y una Nación de Naciones, si bien algunos no ignoramos lo que esto conlleva: por el norte, un plan soberanista de facto a prueba de bomba… y adiós, España; por el noreste, el programa “¡Bon dia, Espanya!”, transmitido desde Barcelona a los restos del Estado.

Si Cataluña no se va de España, es España la que deviene Gran Cataluña. Como sea, Cataluña “se abre”. He aquí el eterno retorno del Estatuto catalán. He aquí el proyecto estatutario: primero, Cataluña über alles; después, los Países catalanes; el control del mercado de valores, por descontado; luego, la energía; próximamente, el bilingüismo de las lenguas vernáculas en todo el ámbito nacional; más tarde, ya se verá.

Así, francamente, es difícil conllevarse con quienes no paran de moverse, no saben quedarse en su sitio ni en qué siglo viven. La situación es particularmente dramática porque nos falta hoy un Ortega y no vibra tampoco en el Parlamento un Azaña, ese republicano que, en 1932, decía todavía confiar en la unión de los españoles en un Estado común. Ese mismo Azaña, ay, que anunciaba ilusionado que los nacionalistas catalanes no nos traen un proyecto de nuevo Estatuto para molestar, “desde sus fronteras, creándole conflictos, sino para colaborar con el Gobierno de toda España en el mantenimiento del orden social y en el progreso del país”. ¿Será esto esperanza vana u otra expresión de melancolía?

Josep Huguet
De las comidillas a las comillas
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 28 Septiembre 2005

Cuando el miembro de un gobierno autonómico puede amenazar con una Guerra Civil entre comillas sin que su presidente lo destituya, su partido lo expulse, los jueces se despierten, el parlamento lo condene, la prensa lo radiografíe y su portera le retire el saludo, es que estamos en una sociedad muy enferma. Pero a mí, vaya usted a saber por qué, lo que más me preocupa son las comillas de Huguet.

No es extraño que el conseller que invitó a festines a los representantes de la prensa catalana por valor de dos millones de pesetas con cargo al presupuesto goce del favor de una profesión todavía demasiado sujeta a Carpanta y los pesebres. Ya ha contado aquí García Domínguez que la prensa local no se ha dado por enterada de las amenazas guerracivilistas de su espléndido anfitrión. Con las comillas han tenido bastante para echar sus palabras a broma: no sé, serán una metáfora; las “bombas” son de atrezzo y las “pistolas” llevan balas de fogueo. Quizá tengan razón y entre comillas y comidillas se pueda decir todo.

Se pueda decir, por ejemplo, que amenazar desde un gobierno con una “Guerra Civil” que “se girará contra España” es “terrorismo institucional”. Y que no es tan extraño que al president, que pertenece al “partido del GAL”, todo esto le parezca una cosa sin importancia. El “señor” Huguet “trabaja” en un gabinete que sigue un plan demasiado importante como para detenerse en tonterías, como esas amenazas que “coinciden” con la reaparición de la ETA y con atentados contra la sede del PPC y contra la familia de uno de sus cargos. Los “demócratas” que se reunieron en el nobilísimo Saló del Tinell dejaron claro desde el principio que el PP era un partido de apestados, de gentes a excluir, de ciudadanos de segunda.

Más miga tiene que Huguet amenazara de entrada al PSC –su aliado de gobierno– y a CiU. Quizá la formación de Mas se haya asustado un poquito y esté buscando la vaselina para encajar los deseos del penetrante tripartito el día 30. ¡Pero mira que amenazar a los socialistas! Este Huguet es un ingenuo. “Como en un calculado recordatorio”, el alcalde Clos ha aprovechado las fiestas patronales de Barcelona para “hacer desaparecer” a los mendigos de Ciutat Vella. Quien viera los vehículos municipales recogiendo pedigüeños a la fuerza para meterlos en las dependencias de la Guardia Urbana de Sant Andreu, y tuviera un poco de memoria, debió sentir un escalofrío paralizante. Ya en tiempos del ministro de Defensa Narcís Serra, hoy presidente de la otra Caixa, se llevaron “sus espías” a un mendigo “para usarlo como cobaya”. Y murió sin comillas ni nada. A CiU, al PP y a España, pase. Pero a un partido como el de Narcís Serra, Vera, Maragall, Barrionuevo y Zapatero no se le amenaza. Insensato.

Al mismo compás
TONIA ETXARRI El Correo 28 Septiembre 2005

El ritmo vuelve a sonar con el mismo compás: atentado, comunicado, atentado. «Son los últimos coletazos», aventuran los más optimistas, mientras el ministro Alonso, que ha mejorado mucho desde su ingrato cargo, y sabe quién saca ventaja de este estado de incertidumbre, pide que no especulemos. Desde que Zapatero decidió extender un manto de silencio sobre el deseado final del terrorismo, hay que atenerse a esa voluntad expresada por él mismo cuando dijo, en campaña electoral, que había que terminar con ETA «sin contrapartidas» porque «la libertad no se negocia». Vale la pena recordar esa declaración de intenciones porque, después, desde la resolución del Congreso que allanaba el camino de la negociación pero que no fue capaz de implicar al principal partido de la oposición, a nadie se le escapa que el entorno de ETA va ganando terreno.

Ahora que el IRA ha dado un gran paso hacia la libertad, situémonos en el 98. El año del Acuerdo de Stormont y el del Pacto de Lizarra que favoreció la tregua trampa de ETA. Dos procesos que si se compararon entonces fue porque reflejaban los únicos reductos cavernícolas de toda Europa en donde seguía imperando la imposición de las ideas por medio de la fuerza. Los caminos emprendidos por cada una de las organizaciones terroristas, sin embargo, han sido distintos. Desde entonces, Gerry Adams trabajó por desarmar a sus clásicos, a pesar de la coacción de su libertad de expresión en la televisión oficial, a pesar de la suspensión de la autonomía en tres ocasiones. Aquí, sin embargo, el mismo Otegi se ha dedicado a vivir del cuento. Amortizada ya, con la permisividad del Ministerio Fiscal, su situación de ilegalidad, Batasuna sigue condicionando el debate. Horas después de que ETA volviera a sus clásicos combinados -atentado, comunicado, atentado- el portavoz de Batasuna volvía al escaparate para decir no sólo que compartía la literatura de ETA sino que, además, él nos hacía el favor de explicarla más despacio, más claro y más alto para ampliar, de paso, algunas ideas del comunicado.

¿Que no se ha entendido lo de los riesgos? Otegi lo explica. Son dos. Uno: que Francia y España se empeñen en no reconocer las aspiraciones independentistas de Euskal Herria. Dos: que esa tendencia del PNV a pactar con el PSOE, no augura nada bueno porque, ojo al dato, si al final se opta por la reforma estatutaria, se «prolongaría el conflicto». Mañana, los amigos de Mario Onaindia recordarán en Zarautz al dirigente desparecido hace dos años. Toda la atención se centra en Felipe González que ha querido estar en el homenaje del que fue el dirigente político vasco más audaz, generoso y lúcido de los últimos años. Del ex presidente se espera una buena dosis de mensaje de firmeza democrática.

ETA no cambia de régimen; los partidos sí
José Javaloyes Estrella Digital28 Septiembre 2005

Tanto alabar los nacionalistas vascos la vía irlandesa hacia lo suyo y, cuando el Ejército británico certifica que el IRA ha entregado o destruido las armas, vienen los etarras y dicen que, de entregar las armas, naranjas de la China. Lo suyo, precisan, es obtener no se sabe qué derechos democráticos, puesto que la vía de su expresión no son las urnas sino el tiro en la nuca y las prácticas mafiosas de toda condición. ¿Qué harían ellos si dejan su negociete de sangre y abyección, de hacer lo que han hecho sus primos irlandeses?

Antes de arrojar la toalla, se había advertido entre las filas del IRA prácticas de bandidismo puro y duro, al estilo del Chicago de entreguerras. La cosa se les podría haber extraviado a los nacionalistas irlandeses, y acaso haya sido eso de las mafioserías uno de los motivos que les han llevado a echar el cierre y entregar las armas. Dentro de la barbarie que toda práctica terrorista comporta quedaban en la crónica negra del patriotismo irlandés ciertos rayos de honor, resquicios de vergüenza. Y tiraron por la calle de en medio. Al parecer, han hecho mutis por el foro; aunque ya se sabe que todo terrorismo es propenso al síndrome del rabo de lagartija: hay una parte del aparato que se escinde y funciona autónomamente, como la extremidad del reptil. Puede, por eso mismo, que quede algún arma suelta. Pero el IRA ha cambiado hacia su disolución.

ETA, sin embargo, no cambia de régimen. Ni altera su discurso formal ni renuncia a la corrupción mafiosa, que da para que sus presos alivien el alejamiento familiar con la ingesta y el paladeo, en prisión, de la merlucita de pincho y las angulitas en cazuela, dentro y fuera de temporada... ¡Será por señas de identidad! El régimen etarra, como cualquiera otro, tiene su componente formal —la doctrina, los discursos, los tópicos instituidos— y su componente fáctico —eso que se hace al margen y contra lo que se dice la organización—. Parte del régimen etarra, como contenido suyo de hecho, es también la ambigua relación con los otros hijos de Arana, tan democráticos y respetuosos con la formas civilizadas de la política. Así, de tal forma, el régimen de ETA se imbrica en el conjunto general del nacionalismo vasco. Y éste, por Perpiñán, con el nacionalismo catalán.

Lo que en política se llama “régimen” incluye la legalidad y el aparato formal en su conjunto, pero no es sólo eso. “Régimen” es lo legal sumado a lo fáctico: el derecho más las derivas de hecho, la norma más las conductas que se tejen en torno a ella. Por eso el régimen político español no cambiará sólo porque los tráficos estatutarios puedan cambiar el centro de gravedad de la Constitución o del bloque de constitucionalidad. El régimen político español, pese a lo que se haya dicho en FAES por Aznar, ha comenzado ya a cambiar con el cambio de juego político por parte del Gobierno de Rodríguez.

Desplazado el Partido Popular (a favor de los nacionalistas y comunistas) del eje de la interlocución política, con fractura del consenso sobre el que ha circulado el tiempo de la Transición; alterado ese sistema de relación entre el PP y el PSOE, ya nada es como era. Sin esta modificación del juego y sin los procesos que ha generado después del impacto del 11M en la realidad política nacional, no sería posible plantear lo primero. Cambiará el pastel porque ya han cambiado los ingredientes políticos que lo constituían: primero, para hacer posible la Constitución, aunque fuera sobre unos consensos débiles; después, para hacer viable el juego democrático entre las fuerzas mayoritarias, por medio de unas políticas que, para compensar la deficiencia primera en los consensos, abusaron de éstos hasta teñir el juego con la sombra del tongo y de los daños, por colusión, a la sociedad civil.

Y ocurre ahora que cuando se hace más perentorio aunar las fuerzas, en un consenso global, para obligar a ETA a que entregue las pistolas, como el IRA, se comienza un cambio de régimen que alienta a ETA para que mantenga el suyo y tome el aire del que ya carecía.

jose@javaloyes.net

Todo se desborda
Pablo Sebastián Estrella Digital28 Septiembre 2005

Como la frontera de Melilla tomada al asalto por cientos de desesperados, mujeres y niños pequeños entre ellos. La vida política española está como la Costa Este americana, en el ojo del huracán. El presidente del Gobierno vuela a Zaragoza para reunirse con su estado mayor y ETA lo recibe con un petardo bomba para recordarle a José Luis Rodríguez Zapatero que está a la espera de la siguiente concesión. Un poco más allá de la capital de la Expo, la que no quiere dar agua a los demás, la clase política catalana mantiene vivo el espectáculo del Estatuto catalán como si formara parte del programa del Paralelo a la espera de esa foto de familia de los dirigentes discordantes a los que convoca y preside Pasqual Maragall.

Naturalmente, Zapatero no está solo en este desbordamiento general del momento español. También José María Aznar, salido de su tumba política, se ha preocupado por enésima vez de oscurecer a Rajoy anunciando el fin o el cambio del régimen —cosa que es imposible porque el régimen sigue donde está, aunque de mal en peor—, en su empeño permanente por lavar la mancha imborrable de sus graves errores políticos que llevaron al PP a la pérdida del poder y de los que él tiene una gran culpa, y en consecuencia de la situación ahora creada por este Gobierno débil y desorientado del PSOE.

Y hay más, desde el PP se intenta matar las moscas a cañonazos y el portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana, cose con el mismo hilo de seda envenenada las palabras ETA y Estatuto no sabemos con qué intención, porque de esa afirmación, que tienen su base y su antecedente en las andanzas y reuniones secretas de ETA con Carod, puede salir de todo: desde una profunda indignación nacional, terreno ya abonado por el Gobierno de Zapatero, hasta una inesperada unidad de todos los partidos políticos catalanes, salvo el PP, en respuesta a semejante acusación.

Por un lado, ETA chantajea al Gobierno; por otro, nacionalistas y catalanistas hacen lo mismo y se amenazan entre sí; aparecen bandas de forajidos juveniles por varias ciudades de España y una flota inagotable de pateras desembarca por el sur mientras los desesperados del negro corazón de África zarandean la verja de Melilla en pos de su libertad.

Dónde está el presidente del Gobierno? El ministro Bono se lo llevó a la Academia Militar de Zaragoza para hacerlo partícipe de ese tipo de gestos y exhibiciones que tanto le gustan al manchego, que acompaña a Zapatero haciéndole guiños zalameros mientras en la bocamanga de su planchado traje oculta el puñal con el que Bono espera tomar venganza de aquel congreso del PSOE, y presentarse ante la sociedad y ante su partido como el capitán salvador de España que se quiere inmolar por el bien nacional, una mezcla en su pasión y su verdad y su folclorismo que va, a propósito de Zaragoza, de Carmen Sevilla a Agustina de Aragón.

Qué pasará en la votación del viernes en Barcelona? Pues pase lo que pase no será nada bueno. Si Pujol, en el último minuto, no le da la orden a su escudero Mas de aceptar el Estatuto de Maragall, el Gobierno tripartito de Cataluña habrá fracasado de manera estrepitosa y allí se abrirá una batalla campal entre dicho gabinete y CiU por un lado y el PP por el otro, la nueva pinza que actúa sin cesar en la política catalana.

Y si llegan a un acuerdo de última hora por orden de Pujol, que es el que manda en CiU, la patata caliente del Estatuto rodará hasta Madrid para que Zapatero le dé el visto bueno como lo ha prometido, o para que la rechace de una patada y se rompa la relación con Maragall y el propio PSOE. Y si le da el visto bueno Zapatero, dando por buena aunque mienta la condición constitucional que ha marcado el Consejo Consultivo de Cataluña, en España, de Finisterre hasta Cádiz se organizará toda una revuelta con o sin José Bono, porque está claro que lo que va a votar el Parlamento de Cataluña no tiene nada que ver con la Constitución española que socialistas y catalanes quieren burlar.

Más interrogantes: ¿cómo hemos podido llegar a esta situación? Sin duda porque el presidente del Gobierno, con tanto talante, tanta sonrisa y tanto progresismo ideológico y federal, se ha dejado quitar la cartera por unos y por otros, que juegan con ella como si un balón de baloncesto se tratara, ese deporte preferido del presidente del Gobierno que ya le está costando caro en pistas privadas para don José Luis al erario nacional.

La debilidad del presidente, política y personal, la quieren tapar desde el palacio de la Moncloa, desde el PSOE, desde su entorno mediático, económico y financiero, disimulando sin cesar porque lo importante en todo esto es no perder el poder que tanto costó conseguir al PSOE después de aquella dura derrota del 1996. Aunque todos saben que España está muy mal y que este Gobierno no gobierna y se ve desbordado por todos sus flancos, el entorno político y económico del presidente hará lo imposible para aparentar normalidad.

Pero la procesión ya va por dentro y por fuera, desborda las alambradas, inunda las playas de pateras, ETA juega a poner bombas por doquier en las narices de Zapatero y Carod anuncia solemnemente que va a votar a favor del Estatuto que precisamente ha redactado él.

Una última interrogación: ¿hasta dónde llegarán las aguas de este huracán? Desde el Gobierno se dice que está perdiendo fuerza y que quedará en una tormenta de verano, mientras desde la oposición se dice lo contrario y, como lo ha declarado el iracundo Aznar, se habla ya hasta de balcanización. Ni una cosa ni la otra, ni tormenta de verano porque hay mar de fondo en la política español, ni guerra civil como anuncian los de la Esquerra ni balcanización de Aznar.

Si fuera tan claro como señalan unos y otros, a lo mejor había solución, lo peor es que estamos en el mayor de los desconciertos y además no se ve en el horizonte nadie que lo pueda arreglar.

Cuando se alce el telón
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 28 Septiembre 2005

Los españolitos están colgados de la escena catalana, pero, como está echado el telón, sólo se enteran de las entradas y las salidas de los actores, los gritos y las carreras. Periódicamente, aquellos van saliendo al proscenio y hacen monólogos ininteligibles. A veces la acción se traslada a la parte del escenario correspondiente a Moncloa. Aquí el telón es perfectamente opaco y espeso, pero en ocasiones la vicepresidenta saca su cabeza de pájaro entre los cortinones y dice alguna cosa destinada a producir confusión.

Los periodistas no tienen más información que el público, pero se sienten en la obligación de hacer interpretaciones ya que se les paga por ello. Es verdad que en ocasiones son reclamados por algún actor que les susurra algo entre bambalinas. Al principio transmitían las noticias con seguridad, pero desde hace tiempo lo hacen sin entusiasmo alguno. Se han dado cuenta de que ni siquiera los actores saben de qué va la comedia. La tragicomedia, posiblemente. Más aún: son muchos los analistas que sospechan que se comentó la obra sin que existiese libreto alguno. Por eso no se atreven a trabajar cara al público. Y hay algo verdaderamente estremecedor: son muchos los que aseguran que el director de escena no sabe qué final debería dar a la obra. Tan sólo se le ha oído decir sibilinamente: «Ésta es vuestra última oportunidad».

A pesar de todo, yo no sería absolutamente negativo en la valoración de esta experiencia. La ciudadanía ha comprobado que la democracia ha quedado reducida a puro espectáculo y por fin comienza a tener miedo de que estas representaciones terminen traduciéndose en dramas, abajo, en la calle. Porque, de vez en cuando, se ilumina la parte del escenario correspondiente al País Vasco, donde el telón es de acero y donde los actores trabajan sobre una fosa común de mil muertos. Y, por si esto no fuera poco, algunos quieren danzar sobre los muertos la macabra danza de la pacífica.

Tregua, tregua... se oye decir en escenario de Moncloa. Tregua, repite una parte del público. ¡Una losa sobre las conciencias, sobre la memoria doliente, sobre la moral! Y, mientras, en la parte catalana del escenario sale un tardoterrorista, un tal Huguet que pronuncia palabras antiguas que hablan de «segadores» y sangre castellana.

Cuando se alce el telón, habrá terminado la representación y habrá comenzado la vida, quizá en términos dramáticos.

El derrumbe del nuevo Estatut y la cláusula Camps como futuro
Luis Miguez Macho elsemanaldigital 28 Septiembre 2005

Asistimos a los penúltimos coletazos de lo que está adquiriendo las proporciones de un derrumbe político equivalente al ocurrido hace meses en el suelo del barrio barcelonés de El Carmelo. Si esto último prefiguró simbólicamente el destino del nuevo Estatut, los catalanes deberían preocuparse, porque el desastre de El Carmelo no lo han pagado los políticos, sino los ciudadanos de a pie que les votan.

Habiéndose vuelto inviable lo que Rodríguez prometió irresponsablemente, es decir, que se aprobaría lo que saliese del Parlamento catalán, no hay más que dos salidas: o se rebaja el texto y luego se rebaja otra vez en su tramitación en las Cortes, con lo que no servirá para lo que pretenden los nacionalistas catalanes, que es recuperar la posición de privilegio institucional perdida con el desarrollo autonómico en el resto de España; o se hace un texto lo más inconstitucional posible para que sea rechazado de plano en Madrid, igual que el Plan Ibarretxe.

Cómo se ha llegado a esto es fácil de explicar: la autonomía de que dispone Cataluña con el actual Estatuto no es susceptible de una ampliación significativa en el marco constitucional, y aprobar una reforma estatutaria inconstitucional con la pretensión de que la Constitución se adapte a ella es imposible. Si tal cosa prosperase, no sólo se produciría un cambio de régimen, como ha dicho Aznar, sino que España dejaría de ser un país civilizado regido por el Derecho para engrosar las filas de nuestros actuales aliados, tales como Cuba, Venezuela o Marruecos.

Para los nacionalistas es preferible que el nuevo Estatuto fracase en Madrid y no en Barcelona, porque así le podrán echar la culpa al Estado opresor y tendrán justificación para seguir ejerciendo la violencia política. De hecho, ya vuelven a poner bombas y amenazan con una "especie" de guerra civil. Lo de "especie" significa que no será una guerra convencional en la que los dos bandos matan, sino un "conflicto" como el vasco: ellos agreden y los demás somos las víctimas.

Lo que sí prosperará es la reforma del Estatuto valenciano, que encierra todo su sentido en un único precepto, la "cláusula Camps". Jurídicamente, su eficacia es muy relativa, pero políticamente es impecable, pues expresa la voluntad de los valencianos de no resignarse a la humillación que supone el que se reconozcan privilegios territoriales basados en supuestos "hechos diferenciales".

La "cláusula Camps" es la mayor declaración antinacionalista que se ha hecho en toda nuestra actual etapa democrática. No es extraño que provenga de una región que proclama su voluntad de utilizar la autonomía "para ofrendar nuevas glorias a España", como dice su himno, poniendo el progreso propio al servicio del bien común y no de la insolidaridad egoísta.

Los cien mil constitucionalistas de san José Luis
ROBERTO L. BLANCO VALDÉS La Voz 28 Septiembre 2005

COMO el avisado lector recordará, el Trienio Liberal, vivido en España de 1820 a 1823, acabó con la invasión de los Cien mil hijos de san Luis que, ni eran cien mil ni, por supuesto, hijos del santo. Si él no lo remedia, el bienio progresista catalán acabará con una aventura que, visto lo visto, cabría llamar de un modo parecido: la invasión de los cien mil constitucionalistas de san José Luis.

De hecho, tal invasión acaecerá sea cual sea el desenlace del debate estatutario que hoy comienza en el pleno del Parlamento catalán. Aunque estando de por medio Maragall no hay que descartar que pase algo delirante, lo lógico es pensar que el proyecto de Estatuto sea aprobado o rechazado. Y, en cualquiera de esos casos, miles de constitucionalistas (de profesión o de afición, pagados o de moca, descerebrados o sesudos, independientes o sectarios) terminarán por entrar en la palestra dando lugar a un efecto similar al que, en célebre metáfora, produciría en una cacharrería un elefante.

¿O es que saben ustedes de algún lugar en el planeta donde tantos hablen tanto tiempo de la cosa de la constitucionalidad? ¡A que no! Pues eso no es nada para lo que, previsiblemente, nos espera.

Si el Estatuto es aprobado en su actual redacción, las Cortes rechazarán, a buen seguro, muchos de sus preceptos por inconstitucionales. Y entonces la tendremos. Si, por el contrario, fuese rechazado por votar en contra CiU, se argumentará que tal rechazo era imposible de evitar, al ser sus propuestas inconstitucionales. Y, entonces, la tendremos.

No es que yo dude, por supuesto, de que el proyecto de nuevo Estatuto catalán es inconstitucional en muchas de sus partes. En absoluto: creo, muy por el contrario, que tan opuestas a la Constitución son las propuestas de CiU que rechaza el tripartito como muchas de las que aquél nos vende como compatibles con nuestra ley fundamental.

Pero creo también que el proyecto de nuevo Estatuto catalán ha llegado a un punto tal de centrifugación del poder territorial que alguien debería tener la valentía de decir desde el Gobierno que el problema no es sólo de constitucionalidad, sino de amenaza a la cohesión política sin la que ningún Estado puede pervivir.

Claro que para eso hubiera sido necesario que José Luis Rodríguez Zapatero no hubiera prometido lo que un día insensatamente prometió: que apoyaría, si era constitucional, cualquier proyecto que aprobase el Parlament. Fue, de hecho, esa grandísima imprudencia la que marcó el inicio de esta yenka de la constitucionalidad que hoy bailan miles de personas. Y es que, según es bien sabido, también por la boca puede morir el pez... sidente.

El oportunismo de ETA
Por JOSEBA ARREGI EX CONSEJERO DEL GOBIERNO VASCO Y MIEMBRO DE ALDAKETA ABC 28 Septiembre 2005

Para el autor, «la verdad de ETA desde que usó la violencia está en sus actos, y no en sus palabras. Por eso, la única posibilidad de que se pueda entrar en interlocución alguna con ETA es la renuncia explícita y comprobable al uso del otro lenguaje, el lenguaje del terror»

NOS hemos convertido todos en grandes exégetas de ETA. Como ha solido decir uno de los mejores analistas de ETA, aunque ésta no tenga ninguna ideología, sus intérpretes suplimos con creces esa falta. En la última declaración de ETA, una declaración doble, como casi siempre, de acto -bomba- y de palabra, declaración hecha llegar a los medioas afines, habla de oportunidades para el pueblo vasco. Lo dice usando violencia, pero sin matar, y lo dice analizando la situación política actual, pero sin renunciar a sus postulados.

Pero lo que queda en los medios de comunicación es el eco positivo del término oportunidad: Euskadi, el pueblo vasco, se encuentra ante una gran oportunidad. Da la impresión de que ETA valora positivamente la situación actual, cuyo único fundamento es su propia derrota. Pero si valora positivamente la situación actual es porque no se siente nada derrotada, o porque, aunque se sienta derrotada, piensa que puede convertir la derrota en victoria definitiva.

Porque la oportunidad de la que habla ETA es la oportunidad de llevar a cabo su programa de siempre: una Euskadi entendida como Euskalherria, es decir, una Euskadi a la que se le aplica el principio de la territorialidad nacionalista, y una Euskalherria definida según el principio del derecho de autodeterminación en interpretación también nacionalista. Y porque sólo se trata de una oportunidad, es necesario que ETA siga siendo lo que ha pretendido siempre: la avanzada revolucionaria que dirige la lucha popular que impulsa el movimiento que necesariamente ha de conducir a la consecución del fin ineludible del fin político de ETA.

Todos sabemos que el término oportunidad conlleva un significado positivo. Hablamos de la democracia como de un sistema que se legitima porque asegura la igualdad de oportunidades. En democracia todos los ciudadanos tienen las mismas oportunidades: de hacer carrera, de llegar a ocupar un puesto político, de llegar a ser ricos. Si ETA habla de oportunidad, debe ser algo positivo: se ha abierto un tiempo en el que algo positivo puede suceder para Euskadi, para la sociedad vasca, para España. No nos cerremos a esa oportunidad. Si hasta ETA reconoce que estamos en una situación de oportunidades para que algo nuevo suceda.

Es verdad que inmediatamente se añade que la oportunidad de la que habla ETA está ligada a la necesidad que proclama ella misma de seguir luchando con todos lo medios habituales -violencia y movilización popular- para alcanzar los fines de siempre. Pero esta salvaguarda viene como añadido.

Y podemos caer en la tentación de no darnos cuenta de que el problema no está en las condiciones que añade ETA a la oportunidad, sino en el mismo discurso de la oportunidad. Porque lo que es oportunidad para ETA es la desgracia de cualquiera que sea demócrata de verdad en Euskadi y en España. La oportunidad de ETA es la posibilidad de, por fin, alcanzar lo que siempre ha pretendido a través del terror, del asesinato y la extorsión: una Euskadi definida sin tener en cuenta para nada a todos aquellos ciudadanos que no son nacionalistas. Una Euskadi que se corresponda con la intención de quienes han asesinado a casi mil personas. Una oportunidad para que todos estos asesinados desaparezcan de la memoria institucional de Euskadi.

El problema del comunicado de ETA no radica en que invita a sus seguidores a seguir con las movilizaciones populares, sino en que considera que la situación actual es muy buena para conseguir sus fines: la materialización del proyecto político que ve a Euskadi como una Euskalherria definida sólo por nacionalistas y en la que sobran todos los que no lo sean en su calidad de ciudadanos.

Quizá sea el momento de recordar que todos los movimientos terroristas han actuado siempre por lo menos en dos frentes: el frente violento, dirigido a causar suficientes daños al enemigo como para obligarle a entrar en negociaciones, y el frente de la propaganda, dirigido a convencer a la ciudadanía de que lo democráticamente más aceptable, lo más humano, lo más progresista, lo más de izquierdas, lo más avanzado, lo más noble y ético es aprovechar las oportunidades de la paz, la aceptación de las exigencias de quienes han utilizado la violencia terrorista siempre que esas exigencias puedan ser formuladas en términos supuestamente democráticos, aceptables, humanitarios, progresistas, dialogantes.

La oportunidad de la que habla ETA no es la oportunidad de la paz, es la oportunidad de la victoria del terror sobre el Estado de Derecho. La oportunidad de la que habla ETA no es la oportunidad de poner fin a una desgraciada historia de violencia, sino la oportunidad de alcanzar los fines perseguidos desde siempre por esa violencia terrorista. La oportunidad de la que habla ETA no es la oportunidad de enterrar dignamente a los asesinados gracias a la victoria del Estado de Derecho, sino la ocasión de abandonarlos en la fosa común del olvido histórico.

Cuando un proyecto político, como es ETA, ha caído en la trampa de utilizar dos lenguajes, el lenguaje de las palabras y el lenguaje de los actos de violencia y de terror, los interlocutores nunca pueden caer en la trampa de dar prioridad en la interpretación a las palabras sobre los hechos. La verdad de ETA desde que usó la violencia -y lo hizo, en proyecto, desde sus mismos inicios- está en sus actos, y no en sus palabras. Por eso, la única posibilidad de que se pueda entrar en interlocución alguna con ETA es la renuncia explícita y comprobable al uso del otro lenguaje, el lenguaje del terror. Una posición que miembros del Gobierno afirman una y otra vez que es la suya. Es de esperar que no se trate sólo de una afirmación, sino del impulso vital que informe todas sus actuaciones en relación a ETA. Todo lo demás sería incomprensible en los encargados, y cualquier gobierno no es otra cosa, del mantenimiento del Estado de Derecho.

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