AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 29 Septiembre 2005
Contra la Constitución
Editorial ABC  29 Septiembre 2005

ZP renuncia a Ceuta y Melilla
Ignacio Villa Libertad Digital 29 Septiembre 2005

Cataluña y el póquer del mentiroso
LUIS IGNACIO PARADA ABC 29 Septiembre 2005

La orgía
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 29 Septiembre 2005

Reír por no llorar
José García Domínguez Libertad Digital 29 Septiembre 2005

El escenario catalán (y español)
Jorge Vilches Libertad Digital 29 Septiembre 2005

¿Es justificable el miedo a la democracia?
Aurelio Alonso-Cortés Libertad Digital 29 Septiembre 2005

11. Atando cabos
por Luis del Pino Libertad Digital 29 Septiembre 2005

La España singular
IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 29 Septiembre 2005

Zapatero olvida a los ciudadanos pensando en el Estatuto
Editorial Elsemanaldigital 29 Septiembre 2005

La otra nación
Pablo Sebastián Estrella Digital29 Septiembre 2005

Las patologías que genera Zapatero
Juan Delgado elsemanaldigital 29 Septiembre 2005

¡Inútiles al poder!
Jesús Laínz elsemanaldigital 29 Septiembre 2005

El juramento de los Horacios (defensa de la solidaridad)
PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO ABC  29 Septiembre 2005

La Generalitat no puede exigir el catalán a los forenses
DOLORS MASSOT ABC 29 Septiembre 2005

Una misión institucional y comercial promocionará el castellano en Brasil
SONIA BARRADO ABC 29 Septiembre 2005

Perdiendo el tiempo
FRANCESC DE CARRERAS La Vanguardia 29 Septiembre 2005

Contra la Constitución
Editorial ABC  29 Septiembre 2005

EL Parlamento catalán dio ayer a Rodríguez Zapatero el primer motivo para no apoyar en el Congreso de los Diputados el proyecto de reforma estatutaria, al aprobar aquél por mayoría abrumadora la definición de Cataluña como nación. Este principio de reconocimiento nacional de una comunidad que, en términos constitucionales, no puede superar la condición de nacionalidad es un paradigma del juego de máscaras en que se ha convertido la negociación del nuevo Estatuto. Los conceptos son relativos, las palabras no tienen significado y los principios jurídicos ya no vinculan. Con esta impostura intelectual, los mismos nacionalistas e independentistas catalanes que siempre han dicho que la Nación es el sujeto titular de la soberanía dicen ahora que la definición de Cataluña como nación no tiene asociado ningún efecto soberanista. El propio Consejo Consultivo catalán avaló la constitucionalidad de esta definición nacional con el alambicado razonamiento de que el término «nación» del proyecto estatutario es «sinónimo de nacionalidad» y no tiene vinculado «el concepto clásico de soberanía». Como mínimo, resulta sospechoso que los partidos nacionalistas de Cataluña minimicen ahora el concepto básico de su ideología. Y, en todo caso, resulta preocupante que el Partido Socialista de Cataluña haya respaldado expresamente el término «nación» como umbral del proyecto estatutario, más aún después de la incisiva intervención del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, mediante reuniones «discretas» en las que cabe presumir que se habrá ocupado de limar inconstitucionalidades flagrantes. Al menos la definición nacional de Cataluña ha debido de pasarle inadvertida.

Sea cual fuere la gestación de este artículo 1º del nuevo Estatuto catalán, la cobertura que el presidente del Gobierno le haya prestado y las interpretaciones inverosímiles que del término «nación» hacen los nacionalistas, lo cierto es que la propuesta estatutaria que puede aprobarse en el Parlamento catalán tiene como premisa la derogación de la Constitución de 1978. La definición de Cataluña como «nación» no es una concesión a la retórica histórica ni una inocua manifestación de nacionalismo romántico. Es un primer paso, porque, aunque es posible una nación sin Estado, es igualmente cierto que ya no es posible un Estado sin nación previa que lo reclame. La declaración de existencia de una nación en España que no es la española implica la fractura de la Constitución y supone una imposición unilateral de la revisión del concepto mismo de España, anterior incluso al pacto constitucional de 1978, como una realidad nacional unitaria. Ciertamente, el proyecto estatutario no establece un Estado para la nueva «nación» catalana. Ni falta que le hace, porque el proyecto, rozando la cuadratura del círculo, lo que propone es soberanía sin Estado y con nación. Así se puede entender mejor el andamiaje de derechos históricos y competencias blindadas que preparan el tripartito y CiU, con el que Cataluña se configura como un ente político, preconstitucional, soberano y nacional, que se inserta en el Estado español como quien subcontrata determinados servicios que no puede prestar por sí mismo y con la seguridad de que esa «nación» que hoy es tan inocua en la táctica del tripartito sería susceptible de convertirse mañana en fuente legítima de autodeterminación.

Este proyecto no es sustancialmente distinto del Plan Ibarretxe y hasta cabe pensar que puede ser utilizado como espejo para el País Vasco. Su propósito es la instauración de un sistema que va más allá del federalismo; en la práctica la soberanía no es única ni radica sólo en el pueblo español, y España -que en el preámbulo del texto estatutario es definida como un «Estado federal»- queda reducida a Estado, en el sentido más burocrático del término. La disyuntiva que se le planteará al Parlamento nacional, si mañana la Cámara catalana aprueba el proyecto, es tolerar la disgregación de la soberanía, aunque sea enmascarada con proclamas de solidaridad, o hacer frente a un intento descarnado de suplantar el pacto constitucional de 1978 por imposiciones unilaterales de una parte sobre el todo.

ZP renuncia a Ceuta y Melilla
Ignacio Villa Libertad Digital 29 Septiembre 2005

La primera conclusión que sacamos en limpio de la cumbre hispano-marroquí que se celebra este jueves en Córdoba y Sevilla es que a Zapatero le avergüenza la españolidad de Ceuta y Melilla. Una actitud –por cierto– de la que ya teníamos noticia; puesto que todos recordamos que en una visita a Rabat, cuando era el líder de la oposición, se dejó fotografiar delante de un mapa de Marruecos en el que aparecían las dos ciudades autónomas.

Esa actitud sin escrúpulos sobre el modelo nacional y sobre los territorios que pertenecen a España nos lleva a la situación en la que estamos. El Gobierno español vuelve a claudicar; en este caso, es con nuestros vecinos del sur. Zapatero, con una torpeza sin paralelismo histórico, ha optado por la estrategia de echar la culpa a los ochos años de Gobierno de Aznar pensando que de esta forma se podía articular una política exterior seria. El Ejecutivo socialista ha conseguido –también en este terreno– desmontar todo lo construido y en un tiempo record nos ha puesto a los pies de Marruecos.

Desde Moncloa insisten en su estrategia. Estamos en un mundo feliz, en el que no pasa nunca nada. Una imagen que nada tiene que ver con lo que percibimos cotidianamente. El Gobierno no pide cuentas a Rabat por la nula colaboración en las investigaciones de los atentados del 11 de marzo; es más, como hemos visto en estos últimos días además de no colaborar, obstruyen como pueden todo punto de luz sobre la trama. Además, el Ejecutivo español está mirando hacia otra parte ante la inacción de Marruecos en el grave problema de la inmigración ilegal. Son auténticas oleadas de inmigrantes los que intentan casi a diario saltar la valla y el Gobierno socialista sólo tiene palabras de gratitud hacia la “colaboración” inexistente de nuestros vecinos del sur. Dicen que la situación es inmejorable, y mientras las mafias van campando por sus fueros.

Son sólo dos ejemplos de una realidad que ahora tiene su "colofón" con la renuncia formal que hace Zapatero de Ceuta y Melilla. Con la ausencia de la representación oficial de las dos ciudades autónomas de la Cumbre hispano-marroquí se confirma sin discusiones que a Zapatero le molestan Ceuta y Melilla y que, por lo tanto, no tiene problemas para dejarlas mirando a la pared. ¿Por qué en la cumbre con Marruecos sobran y en cambio estuvieron en la reciente cumbre de presidentes? Quizá por solidaridad y algo más tendrían que haber dicho algo los presidentes de Andalucía y Canarias que sí van a estar presentes en Sevilla. Con su actitud se hacen también responsables de la renuncia de Zapatero a la españolidad de Ceuta y Melilla.

Cataluña y el póquer del mentiroso
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 29 Septiembre 2005

LOS jugadores sostienen un billete junto a su pecho y cada uno tiene que engañar a los demás sobre el número de serie impreso en el anverso. El que abre la apuesta dice, por ejemplo: «Tres seises». Quiere decir que los números de serie de todos los billetes, incluyendo el suyo propio, contienen, al menos, tres seises. El jugador que está a la izquierda puede apostar la misma cantidad por números más altos (tres sietes) o por números más bajos, pero en mayor cantidad (cuatro cincos). O bien puede plantarse y decir: «Lo dudo». Las apuestas van creciendo hasta que todos los jugadores deciden desafiar la apuesta de uno de ellos. Entonces revelan sus números de serie y ven quién está engañando a quién. El que mejor miente gana.

En el juego que están practicando los políticos catalanes a cuenta de la reforma del Estatuto se ventila algo más que los millones de dólares que, según Michael Lewis, apostaban los yuppies de Wall Street hace unos años jugando al póquer del mentiroso. Ayer aprobaron el artículo que define a Cataluña como una nación. Hoy y mañana tendrán que votar el modelo de financiación, las competencias, el poder judicial, la relación con el Estado. Están haciendo un ejercicio de simulación para conseguir dos tercios de los votos del Parlamento. Si lo consiguen habrá que llamar a los científicos del Instituto Salk, que inventaron en 1999 un programa informático capaz de detectar las mentiras con un 96 por ciento de precisión. O a aquellos investigadores de la Universidad de Pensilvania que construyeron hace tres años un escáner que revela, mediante resonancia magnética, la zona del cerebro cuya actividad se incrementa al mentir. Se están jugando nuestro dinero. Y no nos va a bastar el polígrafo, ese detector de mentiras basado en los cambios de ritmo cardiaco, presión sanguínea, respiración y resistencia eléctrica de la piel provocada por la sudoración. Porque hasta el último minuto todos presentan una impenetrable cara de póquer.

ZP y el Estatuto
La orgía
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 29 Septiembre 2005

España vive “un momento dulce” con Marruecos y yo me congratulo, a la vez que empiezo a explicármelo todo: al gobierno le va la marcha, es masoca. Tras largos preámbulos galanes del muslime, de la pesca a las prospecciones petrolíferas, del mapa zapateril de las Canarias al desembarco pateril del Estrecho, del salto de altura melillense a esa forma morbosa de cooperación que consiste en negarse a todo: -Sufre un poco más. -Oh, sí, sí, pero insúltame otra vez.

Lo que tiene que enloquecer a los miembros de la asociación de amigos de Sacher-Masoch que gobierna España es lo del estatut. -¡Cállate, que te voy a decir lo que tú eres, un sucio Estado federal! -Ah, sí, sí, y tú eres mi amo, dame fuerte. Pero ojo, estas inclinaciones hay que controlarlas un poco; unos encapuchados con hachas y serpientes se disponen a decorar la Moncloa como una mazmorra. Si todo está pactado, negociado, se puede dejar correr la imaginación. Ahí está Peces-Barba, gran liberal, recordando que “el Derecho no puede ser coartada”. Lo que habrá sufrido el afamado jurista para acabar concluyendo ¡que el Derecho no puede ser coartada! Todo sea por darle gusto a Zapatero. La fiesta de los profesionales de la capucha puede que sea ilegal, pero caramba, estamos entre adultos que han acordado los límites de su relación, nadie debería meterse, mirar, juzgar.

Lo estatutario tiene momentos picantones. Su preámbulo, nunca mejor dicho, es un formidable ejercicio de calentamiento para el leonés leonino (ventajoso para una sola de las partes): -¡Agáchate! “Mueve este Estatuto la aspiración, el proyecto y el sueño de una Cataluña sin ningún tipo de obstáculos (¡Eso, eso, fuera los obstáculos! –gime el otro) a la libre y plena interdependencia.” -¿Por qué interdependencia? Di ya la palabra, Pasqual, que me tienes al límite, dila ya: ¡independencia! –Eso lo diré cuando yo quiera –Ahhh!, que dulce tortura.

Se lo está pasando de miedo. Qué inolvidables escenas. Le azota el sultán, le casca el president, le arrea Bush, le abrazan Chávez y Castro en los oscuros dominios del ron y el oro negro. Y en el paroxismo, los de la capucha al fondo, con Peces-Barba gestionando el fin del Derecho, esa coartada. Goce, goce, que el mundo se acaba. En catalán lo decimos de otra forma.

Estatuto catalán
Reír por no llorar
José García Domínguez Libertad Digital 29 Septiembre 2005

Contaba Josep Pla que la gran obsesión de don Luis Araquistain, ponente constitucional de la cuerda de Largo Caballero, era definir a España como una República de trabajadores. Y que harían falta meses de encendidos debates, mil cumbres de alto nivel y otros tantos borradores provisionales hasta que la crítica cuestión se resolviera con la siguiente fórmula transaccional: España es una República de trabajadores de todas las clases. “El caso es pasar el rato”, concluía el maestro.

Fiel a esa tradición patria y como broche de oro a un bienio negro de cavilaciones, mañana, el Parlament, solemnemente presidido por un jardinero municipal de Reus, votará que el Estado español se constituye en una federación de pueblos, tribus y hordas; que los catalanes nos autodeterminamos cuando nos da la gana; y que, por ley, todos los nativos soñaremos por las noches con una Cataluña interdependiente por libre (o algo así). Lo dicho, hay que entretenerse. Ya en 1931, otro ocioso, el tribuno radical-socialista Pérez Madrigal, explicó a mi tocayo ampurdanés cómo se larvan tan graves arbitrios: “En Ciudad Real no he hecho más que hablar de política toda la vida. Ahora soy diputado, y para hacer lo que he hecho siempre me dan mil pesetas. ¡Qué sueño, qué delicia!”.

Otrosí, ordena y manda el preámbulo del Estatut que desde la frontera del Ebro hasta la desembocadura del Llobregat, emergerá “una democracia de más calidad”, en razón de que “la tradición política de Cataluña ha subrayado siempre la importancia del saber y la educación”. Y como muestra de la Icaria ilustrada que se nos viene encima, ahí van dos botones. El primero: Los siete millones de catalanes acabamos de recibir una carta del Muy Honorable presidente de la Generalidad en recabo de complicidad con su asonada, plagada de faltas de ortografía (por lo que se ve, su filósofo de cámara, el Hegel del Bocaccio, ignora que tras los signos de interrogación y exclamación jamás se puntúa, ni en catalán ni en castellano).

Y el segundo: Hoy, augura la web del PSC el alumbramiento seguro del soberano engendro golpista, al contar con la bendición mitrada de nada menos que… Guiomar Eguillor, la astróloga más progresista de los Países Catalanes. La conjunción en Libra de Sol, Mercurio, Júpiter y Cielo, que cuajará el viernes según la pitonisa, así lo hace presagiar a ojos de esos legatarios de Voltaire y D´Alembert. El asunto, como se ve, continúa siendo no aburrirse.

Dispónganse, pues, a contemplar el mayor espectáculo del mundo. La función va a comenzar. Está a punto de izarse el telón. Pasen y vean, señores. En unos instantes, les sorprenderemos con el más difícil todavía de la pornografía identitaria y el rizó mejor rizado del sentimentalismo más vomitivo elevado al cubo patriotero y multiplicado por las cuatro barras. Hasta llegar a la suprema traca final: el Gran Mago Mas con su conejito misterioso en la chistera. Venga, distinguido público, apréstese a reír. Aunque sólo sea por no llorar.

Estatuto
El escenario catalán (y español)
Jorge Vilches Libertad Digital 29 Septiembre 2005

Se hace imposible entender la situación española sin tener en cuenta las circunstancias por las que está pasando Cataluña. El problema es importante porque, una vez escenificado el sí condicional de CiU a la reforma del Estatuto y, por tanto, aprobada en el Parlament, ¿qué pasara en el Congreso de los Diputados? Y, ¿qué ocurrirá cuando se apruebe? El escenario es aparentemente complicado, un laberinto de preguntas sin respuestas, con problemas creados artificialmente, y sin una solución, de momento, constitucional. Se podría pensar en una improvisación gubernamental, pero los escenarios están previstos.

El tripartito catalán y el gobierno de Zapatero están en manos de ERC. Los republicanos controlan a Maragall, que se ha embarcado en un proyecto nacionalista del que no puede desligarse sin perder el poder, lo que está muy lejos del ánimo del ambicioso presidente de la Generalidad. Los socialistas han convertido a ERC en el eje de la política española. En Cataluña, Esquerra Republicana puede sustituir al PSC por CiU, contando con el apoyo de Iniciativa, que no repudiaría una alianza de gobierno similar a la existente en el País Vasco. Además, Carod y los suyos pueden presionar al gobierno de Zapatero, no sólo por la debilidad ideológica y programática del Ejecutivo, sino porque aún éste no está preparado para unas elecciones anticipadas. Una ruptura con ERC y un adelanto electoral sin haber compensado el marasmo territorial con un aumento considerable de las ayudas sociales, tendría para el PSOE unas repercusiones negativas en las urnas.

El socialismo de Zapatero quiere construir tres escenarios previos a la convocatoria electoral. Y todo parte de lo que ocurra en Cataluña. Si el Estatuto es aprobado con la definición de nación catalana y las competencias blindadas fundadas en derechos históricos, se iniciara la puesta en escena. El primer escenario sería la presentación del gobierno tripartito catalán como la fórmula de consenso apetecible y práctica para una “democracia de mayor calidad”, de la que, por supuesto, estaría excluido el PP. Entonces se podría exportar al País Vasco ese gobierno de concentración –segundo escenario– con el modelo del Estatuto casi independentista catalán, abierto al ejercicio del “derecho de autodeterminación”. Esto completaría el acercamiento a las posturas de ETA y, por tanto, el PSOE y los nacionalistas presentarían a Zapatero como el “presidente de la paz”.

El tercer escenario sería el social. Es previsible la lluvia de críticas ante el desguace de la nación española y de la soberanía popular, o por el pacto con los etarras, incluidas las voces discordantes dentro del propio socialismo, como las de Guerra, Bono o Ibarra. Las acusaciones de dislocación nacional serían compensadas con un generoso programa de ayudas sociales, sin importar en exceso un déficit público moderado.

En todo esto, el PP quedaría descolocado. En Cataluña, los populares de Piqué parecen decantarse por un discurso tímidamente nacionalista, cercano al electorado de la Unió Democrática de Durán i Lleida. Lejos quedará el intento de resurrección de Vidal Quadras, y su deseo de atraerse al electorado españolista que huye del PSC de Maragall. Rajoy se mostrará, así, atrapado por escenarios adversos y unas direcciones regionales que se mueven, piensan y declaran principios e intenciones antes de que lo haga la dirección nacional.

Tres escenarios, y un actor principal que reclama a sus diputados y correligionarios la “disciplina de partido”, el silencio y el voto maquinal. Sólo queda por ver si esos socialistas tendrán más en cuenta la lealtad a sus convicciones que el interés de partido. Cosas más raras se han visto.

¿Es justificable el miedo a la democracia?
Aurelio Alonso-Cortés Libertad Digital 29 Septiembre 2005

Como broche a la “Semana del Estatuto”, el 30 de septiembre el Parlament aprobará muy probablemente dicho texto tras aproximarse a la pretensión de CIU en materia de financiación. ERC lo ha aprobado de antemano tamizando dicha trascendental bonificación; sentadas las bases tiempo habrá para la independencia.

Lo de Perpiñán le ha dado resultado. ERC ha resultado de hecho respaldada por la bomba de la estación eléctrica de Zaragoza. Para la estrategia monclovita es como si nada hubiera ocurrido. Sólo existe aquello de lo que quiere enterarse Zapatero. Y éste, para que no se enfaden los terroristas, ha ignorado el bombazo pese a estallar casi a sus pies.

Los de la Caixa, gracias a un cada vez más valiente Rajoy, se enteraron en su sede barcelonesa de que el Estatut de marras –artículo 117– somete a las cajas catalanas a la regulación, dirección y control de la Generalidad cuando hasta ahora se limitaban a recibir instrucciones. Visto lo visto, la otrora silente Caixa ha demandado rectificación. Por su parte los discretos empresarios catalanes encabezados por Juan Rosell –posible pretendiente a sucesor de Cuevas en la CEOE– ya habían dirigido a fines de agosto una ambigua carta a Maragall expresando “su predisposición a apoyar la aprobación de un nuevo Estatut” en lo que calificaba de “coyuntura histórica tan significativa para Cataluña y España”. ¿A que España se refieren?; ¿no será a su mercado español que peligra con el intervencionismo del Estatut?. Y hasta el Arzobispo de Barcelona, monseñor Sistach, ha aplaudido en su homilía de la Merced un texto que implanta el laicismo más radical incluida educación laica, aborto a gogó, y eutanasia. Todo ello bajo expresiones políticamente correctas como “salud reproductiva” y “derecho a vivir con dignidad”. Visto lo anterior nos preguntamos muchos españoles: ¿qué fuerza oculta impulsa estos cambios de actitud respecto al modelo de Estado que conllevan tan graves riesgos?

En todo caso ¿porqué tanto silencio de los buenos catalanes y vascos, entre ellos los de “a pie”, ante los disparates de sus clases políticas? ¿Es por desinterés de la política como acreditan algunas encuestas, o por miedo? Lo peor es que el silencio ya no es exclusivo. Se ha generalizado en España lo que resulta sorprendente en democracia, sistema para el que es consustancial hablar y opinar en libertad. ¿Estaremos en otra cosa o dicho llanamente en una memocracia?

Aznar aludía a “cambio de régimen” el lunes último en la presentación del libro “Un liberal resistente”, sobre Raymond Aron, aquel francés que puso en solfa las nuevas formas de socialismo descafeinado o “progresía de salón”. ¿Presagiaba, como alguien ha comentado, un cambio de monarquía por república? Al menos no lo expresó de modo literal y sería demasiado simplón que lo dijera. Ya se sabe que tan drástica reforma es objetivo desde el 11-M de los carod y su banda republicana y puede que hasta de sus aliados. Y está cantado que tienen todas las cartas para, consiguiéndolo, complicarnos la vida. No es comprensible que Don Juan Carlos aplace ejercer su poder moderador y haya declarado que “no opina” sobre el “modelo de Estado” que, por supuesto, le incluye en el paquete.

Lo que quizá Aznar quiso decir con palabras cabalísticas es que hemos pasado, o estamos en trance de pasar, a una dictadura. Si, a una dictadura. En las facultades de derecho se explica como la tercera forma de gobierno junto a la de monarquía y república. ¿Qué otra cosa es que muy pocas personas en España decidan lo que es su Constitución, sin consensos y a espaldas de millones de españoles al estilo de las franquistas Leyes Fundamentales? Posiblemente sea por sentir o presentir el miedo que infunden las dictaduras por lo que la gente opta por callar y guardar silencio. ¡Que simpatía la de Zapatero por Cuba y Venezuela! Magnifico espectáculo será ver desfilar sus soldados por la Castellana el próximo 12 de octubre.

Cabe que en el País Vasco el silencio se explique, hasta cierto punto, por el miedo físico a la integridad personal. Al menos lo sentirán quienes viven sólo de su sueldo o de los limitados ingresos de su pyme. No se comprende sin embargo el desasosiego que parece atenazar a la gente oficial y a sus muchos paniaguados. ¿Será por el riesgo a perder su participación en el gordo del cupo con que los españoles les premiamos al redactar y aprobar la Constitución de 1978? Como se sabe, recaudan todos los impuestos con su propia agencia tributaria y al final entregan una pequeña parte a la “hacienda española”, y además con regateos y mala cara. A quien más quien menos le toca alguna pedrea, salvo a los maquetos llegados a trabajarles sus cosas; la exclusión se palpa y atemoriza.

¿Obedecerá a similares motivaciones el silencio catalán respecto a lo que guisa su clase política? Esta lotería quiso practicarla CIU pero exige mucha “pasta”. Quizá por ello Mas y compañía amenazaban con votar contra la aprobación si no se arreglaba “lo de la financiación” que, para ellos, es tener un cupo como el vasco.

Confiemos que el seny catalán olvidando victimismos centre las cosas, en lugar de conducir a que la gente decente baje la voz hasta silenciarla. Aunque es razonable querer “ser como Madrid” debieran percibir que España es mucho más que Madrid. Alguna razón tienen los catalanes para quejarse y debiera atendérseles en lo que no afecte al modelo de Estado. Celebraría que, como puede ocurrir en la Alemania de Merkel y Schröder, izquierda y derecha vayan aquí a un Gobierno de concentración de cara a la Constitución, turnándose incluso en la Presidencia del Gobierno.

LOS ENIGMAS DEL 11-M
11. Atando cabos
por Luis del Pino Libertad Digital 29 Septiembre 2005

A lo largo de los últimos capítulos hemos ido desvelando una serie de hechos con respecto a los atentados del 11-M que hacen prácticamente insostenible la versión oficial que se nos quiso vender desde el principio. Hemos sabido, por ejemplo, que en los atentados se habría utilizado explosivo militar, que las dos mochilas encontradas en las estaciones parecen simples señuelos, que la famosa mochila de Vallecas jamás estuvo en los trenes de la muerte, que muchos de los implicados en la trama estaban siendo grabados antes de la masacre, que los explosivos y detonadores de los señuelos fueron suministrados por confidentes policiales, que al menos dos de los terroristas pasaron por comisaría seis días antes de los atentados, que la grabación de las conversaciones de El Chino se interrumpió el mismo 12-M...

Todos esos datos, extraídos del sumario, resultan inquietantes, por lo mucho que revelan. Pero mucho más inquietante que esos datos es el silencio del Gobierno con respecto a todo lo relativo al 11-M; y no por lo que revele, sino por lo que sugiere. Si hay silencios clamorosos, el del Gobierno de Zapatero está rozando ya el estruendo.

Precisamente porque no puedo siquiera concebir que el Gobierno tenga nada que ocultar en el tema del 11-M, me considero moralmente legitimado para pedirle que deje ya de actuar como si tuviera algo que ocultar, salga de su autismo y nos proporcione una explicación lógica y creíble de lo que sucedió antes, durante y después del 11-M.

Cómo ser un juez y no enloquecer en el intento
Porque no es sólo que el Gobierno haya boicoteado de forma sistemática cualquier intento de que los españoles conozcan la verdad a través de esa pantomima denominada Comisión de Investigación del 11-M. Porque no es sólo que desde los medios de comunicación dependientes del Gobierno se haya hurtado a los españoles cualquier mención a las investigaciones que algunos medios independientes han ido realizando. Es que ni siquiera la instrucción judicial se ha librado de los intentos del actual Gobierno por evitar a toda costa que lleguemos a saber algún día lo que el 11 de marzo sucedió.

Dos escritos del juez Del Olmo, fechados los días 10 y 18 de mayo de 2005 y dirigidos a diversos cuerpos policiales, resumen de forma muy ilustrativa la lista de informes reclamados por el juez y que hasta la fecha no le habían sido remitidos. Se trata de un total de 48 informes, alguno de los cuales Del Olmo llevaba ya esperando... ¡un año!

Entre esos datos que Del Olmo había solicitado, y que el Ministerio del Interior no le había remitido, se encuentran, por ejemplo, los listados de llamadas telefónicas de todos los implicados en la trama entre los días 10 y 12 de marzo. O las agendas telefónicas de Suárez Trashorras. O los datos relativos a las vías de comercialización de diversos teléfonos relacionados con los atentados.

El sumario entero está plagado de episodios ante los que no cabe sino sospechar que ha existido un deliberado intento de ajustar la labor del juez a lo que la versión oficial requería. Se nos han presentado sucesivamente no menos de media docena de "cerebros" del atentado: Zougham, El Chino, El Tunecino, Lamari, Almallah, Belhadj... Cada vez que el juez descubría nuevos datos que ponían en duda el carácter islamista, la condición terrorista o la implicación de tal o cual "cerebro", aparece de la nada en el sumario un nuevo testigo que viene a apuntalar la tambaleante versión oficial. Y cuando esa posición llega a ser indefendible, surge un nuevo "cerebro" para sustituir al que ya está quemado. Tendremos oportunidad de ver algún ejemplo curioso en futuros capítulos.

A día de hoy, el Gobierno trata, cada vez más a la desesperada, de que el juez cierre cuanto antes la instrucción del sumario. Sería desastroso para la versión oficial que Del Olmo intentara averiguar ahora de dónde salió el explosivo militar usado en los atentados, o las circunstancias exactas de la aparición de la mochila de Vallecas, o por qué se dio orden de interrumpir las escuchas a El Chino el 12 de marzo... Y lo malo es que resulta muy probable que el Gobierno se salga con la suya y que la instrucción sumarial se cierre también en falso, como la Comisión del 11-M, porque nadie está moviendo un dedo para instar al juez Del Olmo a realizar determinadas diligencias. Los pocos medios de comunicación que están investigando la masacre tratan de cumplir con su labor y poner datos sobre la mesa. Pero, si nadie hace nada con esos datos, toda esa labor de los medios no servirá para nada.

Vamos a tratar de echar la vista atrás y analizar algunas cuestiones relativas al atentado, a la luz de los datos que hemos ido conociendo. Eso nos permitirá, quizá, encajar algunas de las piezas de este complicado puzle.

Los explosivos de los trenes
¿Qué explosivo concreto se utilizó en las diez bombas que estallaron en los trenes? No lo sabemos, puesto que nadie se ha molestado en intentar averiguarlo. Los datos con los que contamos son tres:

Los destrozos causados en los trenes, que según el Jefe provincial de los TEDAX revelan que las bombas contenían algún tipo de explosivo militar, como por ejemplo C3 o C4.
La grabación de las explosiones de Atocha, que de nuevo apunta a que se habrían utilizado explosivos militares.
Los restos de "componentes genéricos de dinamita" encontrados en 8 de los 10 focos de explosión.

Teniendo en cuenta estos datos, una posibilidad (aunque no la única) es que se hubiera utilizado RDX mezclado con nitroglicerina. Esa mezcla, que tiene unas características muy similares al C4, ya ha sido empleada anteriormente por algunos grupos terroristas, por ejemplo en Chechenia. Eso explicaría tanto los destrozos en los trenes como los restos de "componentes genéricos" de dinamita en ocho de los focos de explosión, aunque sería altamente deseable conocer qué componentes exactos se detectaron en los análisis. ¿Se encontró metenamina (uno de los componentes del RDX) en alguno de esos 10 focos?

Los señuelos
Las dos bombas encontradas intactas en los trenes (y hechas explotar por los Tedax en las estaciones) contenían muy probablemente Goma-2. Pero, como nos han ocultado los informes sobre las inspecciones oculares realizadas a esos dos artefactos y como nos han ocultado qué componentes químicos se encontraron en los análisis después de la detonación de esas dos bombas, no estamos en condiciones de asegurarlo. Lo único que tenemos claro es que el tipo de explosivo era distinto al de las bombas que sí estallaron, así que esas dos mochilas eran sólo señuelos.

La sola existencia de esos señuelos nos revela un dato muy importante: que toda la operación del 11-M era algo más que un simple atentado terrorista, porque no se pretendía sólo hacer detonar unas bombas, sino también dejar las pistas que orientaran la investigación en una dirección concreta. Es a eso a lo que nos referíamos en el artículo segundo de esta serie, cuando nos preguntábamos por qué Al Qaeda iba a tener interés en poner en marcha una campaña de desinformación, paralela al propio atentado.

Todo parece indicar que quien concibió el 11-M no tenía sólo en mente los muertos, los heridos y la destrucción, sino también lo que había que hacer para que el atentado tuviera las consecuencias políticas deseadas.

La mochila de Vallecas
El tercero de los señuelos comparte con los otros dos que el explosivo era distinto del utilizado en las diez bombas que estallaron. Pero las semejanzas acaban ahí.

A diferencia de los otros dos señuelos, la mochila de Vallecas no estuvo nunca en los trenes. Si hubiera estado, no habría podido escapar a las inspecciones de los Tedax, que revisaron dos veces todos los bultos encontrados en las estaciones. Por tanto, esa mochila fue depositada con posterioridad a que los Tedax abandonaran la estación de El Pozo.

¿Qué sentido tiene que los terroristas depositaran esa decimotercera mochila? Pues uno muy simple: los dos señuelos originales habían fallado, porque los Tedax los hicieron detonar en las propias estaciones. Sin señuelos, no había Goma-2 que apuntara en dirección contraria a ETA, ni providenciales teléfonos que nos llevaran a los supuestos terroristas, así que el objetivo del atentado estaba comprometido. La decimotercera mochila apareció porque los otros dos señuelos fueron detonados.

¿Dónde fue depositada esa mochila por los terroristas? No lo sabemos, pero los bultos de El Pozo efectuaron el siguiente recorrido: Estación de El Pozo - Comisaría de Villa de Vallecas - IFEMA - Comisaría de Puente de Vallecas. La mochila tuvo que ser depositada, forzosamente, en algún punto de ese trayecto. Y el más probable es IFEMA, porque es allí donde, en medio de la confusión, nadie repararía en una persona que depositara aquella mochila.

Un último dato: la decimotercera mochila fue, muy probablemente, fabricada después de los atentados. Son dos los indicios que apuntan a ello:

la diferencia de composición con respecto al señuelo encontrado en la estación de El Pozo (bolsa de viaje en lugar de mochila, distinta cantidad de explosivo, distinta colocación del detonador, distinto color de los cables, distinto recipiente para el explosivo)
la hora a la que estaba programado el teléfono móvil de la mochila de Vallecas: las 7:40 de la mañana. Esa diferencia de dos minutos con respecto a la hora real a la que explotaron las bombas de El Pozo sólo puede explicarse si alguien programó "a ojo" el teléfono después de producirse las explosiones, cuando los datos concretos eran todavía confusos.

Los números que no cuadran
Nos preguntábamos en uno de los capítulos anteriores cómo es posible que no cuadraran los números en la versión oficial: número de mochilas, número de móviles comprados por los búlgaros, número de móviles liberados, número de tarjetas telefónicas compradas, número de móviles activados en Morata... Nos preguntábamos también por qué los terroristas utilizaron como temporizadores para las bombas unos teléfonos móviles que tan fácilmente permitían identificarles, en lugar de emplear un temporizador normal, infinitamente más seguro y que no deja ningún rastro.

La respuesta a esas dos dudas parece clara: es lógico pensar que los números no cuadran porque todo ese complicado montaje de los móviles, de los búlgaros, de los hindúes, de los locutorios de Lavapiés..., no tiene nada que ver con las bombas que estallaron en los trenes. Aquellas 10 bombas usaban, muy probablemente, un temporizador normal y corriente, programado para estallar cuando los trenes estuvieran en sus respectivas estaciones.

Donde únicamente se utilizaron móviles y tarjetas es allí donde esas pistas podían resultar de utilidad: en los señuelos. Había que dar a la Policía un hilo del que tirar, y nada mejor que una tarjeta telefónica que llevara en primer lugar a un "sospechoso habitual" al que poder detener antes de las elecciones y, más a medio plazo, que demostrara la supuesta implicación del comando de Morata. Las siete tarjetas activadas el 10 de marzo en Morata no tenían otro objeto que establecer la vinculación entre los atentados y esa casa tan conocida de las fuerzas policiales.

La trama asturiana
Puesto que la Goma-2 parece jugar en todo este drama el simple papel de señuelo, eso nos obliga a replantearnos la verdadera importancia de algunos de los actores. Los miembros de la trama asturiana, por ejemplo.

En primer lugar, si se utilizó explosivo militar en los trenes, la cantidad de Goma-2 que fue escamoteada en Asturias es menor de la que pensábamos en un principio. La Goma-2 asturiana se utilizó en los señuelos, en el artefacto encontrado en las vías del AVE y en Leganés, pero no en las 10 bombas que estallaron en los trenes, lo cual representa unos 100 kg menos de dinamita.

En segundo lugar, la trama asturiana no habría participado en el atentado propiamente dicho, sino en la elaboración de las cortinas de humo que rodean al atentado. Sigue siendo necesario investigar esa trama y, especialmente, a quienes la teledirigían, pero centrarse en esa trama secundaria, olvidando lo verdaderamente importante, sería un error: ni el explosivo militar salió de Asturias, ni probablemente estén en Asturias quienes concibieron el macabro guión de este atentado.

La trama de Morata
De nuevo, las últimas revelaciones nos dejan entrever claramente de qué estamos hablando al referirnos a la trama de Morata: de una panda de pringados, metidos hasta el corvejón en el mundo del narcotráfico, a quienes se les encarga transportar desde Asturias unos explosivos que no llegarían a utilizarse en las verdaderas bombas y a quienes también, posiblemente, se les encarga depositar unas mochilas-señuelo que no hubieran podido nunca estallar.

El comportamiento de El Chino y de su grupo en los días siguientes al atentado no es el de alguien que acaba de cometer una masacre, porque no tratan de huir ni de esconderse. El 19 de marzo, El Chino, a quien nos han querido vender como un islamista radical, celebra tranquilamente con una fiesta familiar el Día del Padre (la fiesta de San José) en su casa de Morata. ¿Resultaría lógico ese comportamiento en alguien que hubiera hecho algo más que actuar de simple transportista?

¿Cree alguien que es casualidad que le alquilaran a El Chino una casa "marcada" en Morata? ¿Cree alguien que es casualidad que se eligiera para ese transporte a alguien cuyas conversaciones estaban siendo grabadas en el marco de una operación antidroga? ¿Cree alguien que es casualidad que se eligiera a un pringado conocido de los confidentes asturianos (que probablemente son tan pringados como él)? ¿Cree alguien que es casualidad que El Chino acabe estallando en Leganés, sin que pueda ya decirnos quién le encargó ese transporte?

Cuando se tira un dado y sale un seis, eso se llama casualidad. Pero cuando sale un seis veinte veces seguidas, eso no es casualidad: eso se llama un dado cargado. El Chino y sus hombres empezaron a oler a muerto desde el mismo momento en que aceptaron transportar los explosivos. La pregunta es: ¿quién cargó esos dados que hicieron volar al comando de Morata por los aires aquel sábado 3 de abril, en Leganés?

Pero vayamos por partes. Hasta el momento, nos hemos centrado fundamentalmente en los acontecimientos que tuvieron lugar antes del 11-M y entre el 11 y el 14 de marzo. Volveremos sobre esas cuestiones, pero es momento de repasar algunos hechos interesantes acaecidos entre el día de los atentados y el estallido del piso de Leganés.

En el próximo capítulo: El cuento de El Chino

La España singular
Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ABC 29 Septiembre 2005

Hay hechos de nuestra vida pública que no se dan en los demás países occidentales. Podemos recordar algunos. No es usual cambiar un gobierno como consecuencia de un atentado terrorista, ni que, con ese cambio, se alteren las líneas fundamentales de la política exterior ni los principios y pactos de la lucha contra el terrorismo. Tampoco forma parte de la vida normal de las democracias que el gobierno se ejerza mediante alianzas entre el partido vencedor y grupos políticos separatistas. Una nación sana no entrega su gobierno a quienes aspiran a destruirla, ni ningún Gobierno prudente y duradero se sustenta en alianzas y votos de los enemigos de la nación. Conviene prescindir de eufemismos: una cosa es tener una u otra visión de España, y otra odiarla o aspirar a su ruptura. Resulta paradójicamente enojoso que el presidente de una nación no considere relevante la cuestión de si lo que gobierna es una nación soberana o un Estado plurinacional cuya pervivencia depende de la libre decisión de sus naciones. Pues no estamos ante una disputa teórica sobre el significado jurídico, político o histórico del término «nación», sino ante una agresión a la unidad de España. No es habitual tampoco que en los asuntos de Estado y en las grandes líneas de la política el Gobierno busque acuerdos con grupos minoritarios e incluso marginales y pretenda marginar a la mitad de los ciudadanos. O que se olvide o ignore la realidad internacional y se sustituya la defensa de los intereses de España por el aplauso efímero de los incondicionales más radicales. Ni que se desprecien las enseñanzas de la historia comparada de la lucha antiterrorista. Ni es sensato que se ponga en jaque una reconciliación ejemplar y difícil concordia con rencorosas apelaciones al pasado, ni que se pretenda que el preámbulo de la mayor tragedia de nuestra historia reciente fuera una especie de paraíso cívico.

Ahora hay quien pretende convertir lo que fue virtud (la reconciliación y la transición) en necedad y causa de nuestros males. Es algo así como si el bacilo de Koch culpara al aire puro de la tuberculosis. No es fácil encontrar otro caso de dirigentes de un país en forma que se obstinen en hacer ejercicios de prestidigitación política al borde del precipicio. Y nos fatigan con la monserga de la «España plural». Y no sabemos ya si se trata de que hay varias Españas o una que contiene partes diversas. Un mosaico o un puzle ¿son algo singular o plural? ¿Se habla acaso de la «Francia plural» o de la «Alemania plural», o de los «Estados Unidos plurales»? Toda nación suele tener para las demás dos estereotipos: uno favorable, el otro negativo. El peor estereotipo de lo español está hoy encarnado precisamente por los separatistas y por el sector mayoritario de la izquierda radical. Y es que pocas cosas ha habido tan españolas (en el estereotipo negativo) como el odio a España. En suma, que España no es plural, sino singular, muy singular, peligrosamente singular.

Zapatero olvida a los ciudadanos pensando en el Estatuto
Editorial Elsemanaldigital 29 Septiembre 2005

"Menos reformas estatutarias y menos actuaciones de cara a la galería". Rajoy sacó ayer los colores a Zapatero, y los españoles no merecen un Gobierno que los olvida.

29 de septiembre de 2005. El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, volvió a demostrar ayer en la sesión parlamentaria de control al Gobierno que es uno de los mejores oradores de nuestra democracia. Pero se comprobó también algo más importante todavía: que sólo el PP recuerda ante los representantes de la soberanía nacional las inquietudes más acuciantes de los representados.

José Luis Rodríguez Zapatero cada vez está más ocupado con la reforma institucional de España que trata de pactar con sus socios. El dudoso Estatuto de Pasqual Maragall, el futuro del País Vasco y de ETA y el probable intento de reforma constitucional –aunque sea encubierta-: he ahí las inquietudes del presidente del Gobierno.

Sin embargo, la gente normal está preocupada por otros asuntos, tal vez menos elevados pero mucho más reales: el deterioro de la seguridad, la desaceleración económica, la inflación, las condiciones de vida, la inmigración masiva, la sequía, la paralización de la inversión pública, las desigualdades entre los españoles. Tales son las cosas que preocupan a los ciudadanos de a pie.

Por eso no debe sorprender que los discursos de Zapatero y de su Gobierno tengan cada vez menos que ver con la realidad cotidiana de España, y que sean más facto de inestabilidad que de confianza. Esto, con un Gobierno minoritario, anuncia una grave crisis. Lo dijo ayer Rajoy, con brillantez: "menos reformas constitucionales y estatutarias y menos actuaciones de cara a la galería". La gente espera y tiene derecho a esperar otra cosa.

"Hay sequía meteorológica pero hay sequía de ideas y de acción por parte del Gobierno que es mucho peor". Zapatero ha abierto entre los españoles muchas trincheras, pero no ha solucionado ningún problema real. De Guipúzcoa a Melilla, de Cataluña a Murcia, los problemas se amontonan y sólo encuentran hermosas palabras e inquietantes proyectos. Realmente, "los españoles no merecen un Gobierno que … los olvida".

La otra nación
Pablo Sebastián Estrella Digital29 Septiembre 2005

Ya está en marcha en el Parlamento de Cataluña el debate sobre el nuevo Estatuto y su preámbulo, en el que se reconoce a Cataluña como nación con el apoyo mayoritario de la Cámara, con excepción del Partido Popular. No es de extrañar que el ministro de Defensa, José Bono, declare que le está rezando a la virgen Cortes para que el Estatuto no llegue a Madrid, entre otras cosas porque a lo mejor Bono debería dejar de ser ministro de Defensa para no estar sentado en el banco azul en el momento en el que se admita a trámite, si por fin llega el Estatuto, la nueva propuesta autonómica catalana.

Ya tenemos sobre el papel en España dos naciones, la española y la catalana. Y en el PSOE dos partidos y en el Parlamento español dos frentes cuya amplitud desconocemos al día de hoy, a la espera de ver qué llega a Madrid y si por fin hay acuerdo de última hora entre CiU y el Gobierno de Maragall para aprobar en el pleno del día 30 una propuesta global.

Si Bono reza a la virgen de Cortes, Duran Lleida hace lo mismo con la Moreneta para que tampoco llegue a Madrid el Estatuto, porque el de Unió teme que la aprobación en Cataluña del nuevo marco regulador autonómico será interpretado como un triunfo político de su más directo competidor, la Esquerra.

Lo asombroso de todo esto está en que es el presidente Zapatero quien se ha obstinado en que llegue a Madrid semejante desafío, y por ello se reunía en secreto en la Moncloa con Artur Mas y otros dirigentes, porque el presidente ha jugado muy fuerte en esta apuesta y está empeñado en que la puede ganar sin costes importantes. Aunque no deja de tener su gracia el hecho de que Zapatero esté a favor de que llegue el Estatuto y que su ministro de Defensa Bono esté rezando par que no llegue, lo que confirma la teoría del capitán del PSOE que está dispuesto a inmolarse para que España siga siendo una sola nación.

El capitán, por supuesto, es Bono, mientras que Zapatero ha descubierto en la Moncloa la España confederal como un sistema para perpetuarse en el cargo, al menos en esta legislatura. Aunque como el propio presidente dice, en la democracia hay cosas imprevisibles, y se refiere con ello a la votación del día 30 en el Parlamento catalán, pero puede que también esté pensando en otros asuntos, como lo que va a ocurrir en Madrid si llega el famoso y desafiante Estatuto, que Rajoy tilda de intervencionista en todo, amén de inconstitucional, y que llegaría a la Comisión Constitucional del Congreso bajo la presidencia de Alfonso Guerra y seguramente con la entrada en la escena madrileña por largo tiempo de Carod-Rovira, porque está previsto que en esos debates de la Comisión puedan participar diputados del Parlamento catalán.

Quién nos iba a decir cuando Zapatero llegó a la Moncloa que en tan sólo un año y medio se iba a cambiar en Cataluña el modelo de Estado para convertirlo en nación de naciones? Nadie sabe a ciencia cierta cómo se ha podido llegar a este disparate, pero en ello estamos y además, si el PSOE se traga ese preámbulo, a partir de ahí vamos a ver otras reformas para descubrir que España por lo menos incluye ocho naciones, porque seguramente pedirán lo mismo o parecido, Valencia, Aragón, Baleares, Canarias, Andalucía, Galicia y, por supuesto, Cataluña, además de España. Así van las cosas y así van a seguir todavía por unos días, a la espera de la votación del viernes, y a partir de ahí veremos qué dice el PSOE y si Bono está dispuesto a mantener sus posiciones o a dimitir. Porque lo que no cabe es quedarse en el banco azul aunque él no tenga voto en el Congreso mientras este Estatuto inconstitucional es admitido a trámite en la Cámara, porque ese primer paso y decisión ya supone un aval importante para las pretensiones del nacionalismo catalán.

Las patologías que genera Zapatero
Juan Delgado elsemanaldigital 29 Septiembre 2005

Nuestro colega Enrique de Diego acaba de describir brillantemente en su último libro ZP en el País de las Maravillas una nueva enfermedad, cuyos primeros casos se detectaron en la primavera de 2004 y que se ha extendido entre los españoles a modo de epidemia. Se trata de una dolencia generada por el mismísimo presidente del Gobierno y que se denomina "Zapaterofobia". Aversión a su persona y por extensión a sus colaboradores más directos que se manifiesta en un rechazo, cambio de canal, cuando su espigada imagen ocupa la pantalla de una televisión o su voz inunda las ondas de una emisora de radio, o cierra el periódico cuando se topa con una foto o unas de sus rimbombantes declaraciones.

Pero no es la única dolencia que ha generado el inquilino de La Moncloa. Hay una nota, que le afecta muy directamente a él y a sus huestes. El "síndrome de ZP", una especie de "síndrome de Estocolmo", es consecuencia del cautiverio que viene sufriendo desde marzo de 2004 a manos de ERC y Pasqual Maragall. O sea, que a aquella máxima de "más papista que el Papa", se extrapola aquí en "más nacionalista que Carod o que Puigcercós". A la vista está que tiene más interés que nadie en que se apruebe ese Estatuto que no sólo pretende autodeterminar a Cataluña, sino también a España, a la que define como "federal". Su secuestro por parte del infiltrado Montilla le está abocando hacia una concepción de España en la que prácticamente sólo existe esa autonomía. Al menos, esa impresión da ante las primeras noticias que llegan de los Presupuestos Generales del Estado de 2006.

Ese síndrome tiene más manifestaciones. Su afán por negociar con ETA a cualquier coste, cediendo, sólo para hablar, todo lo que demanden, está pasando por la izquierda y por la derecha a los nacionalistas, moderados o radicales. Hasta el punto de que no sólo no condena los atentados, sino que ni siquiera los lamenta, como hecho muchas veces la mismísima HB. O, cómo no, es más islamista que Jomeini, que en paz descanse.

Ha generado una inflamación de esa lacra llamada "lo políticamente correcto". Lo lleva al extremo máximo. Puertas abiertas a todos los inmigrantes y también permitido que salten las verjas o, por lo menos, no ponérselo demasiado difícil.

Hay otra enfermedad, la enigmatitis. Su mandato está lleno de enigmas: el de sus conversaciones secretas-discretas con Maragall, Carod, Mas o Ibarretxe; el de los helicópteros de Afganistán; el del 11-M; el de sus simpatías por Hugo Chávez... Los zapaterólogos dicen que existen más. Nos iremos haciendo eco. Estas dolencias demuestran que todo está patas arriba. Una situación desconcertante con secuelas que pueden ser incurables.

¡Inútiles al poder!
Jesús Laínz elsemanaldigital 29 Septiembre 2005

¿Sabe usted cual es el problema de España, querido lector? Que no es un país serio. Así de sencillo. No hace falta acudir a sesudas reflexiones para descubrir el misterio. Olvidémonos de regeneracionismos, de noventayochismos y de otras excusas para disfrute de pedantes. El problema es que en España hay mucho inútil.

Pero no más que en otros sitios. Es seguro que en otras partes del globo la inutilidad y la idiotez están distribuidas en porcentajes idénticos. La diferencia es que aquí esos tipos se amontonan en ciertas profesiones, especialmente la política. Y, por ello, la gente válida y seria huye de ese terreno como de la peste. Sea sincero, amigo lector: salvo excepciones, ¿no es verdad que quien se presenta en las listas de los partidos suele ser mediocre como profesional y bastante poco presentable como persona? ¿A cuántos conoce usted que son políticos porque no pueden ser otra cosa?

Y con esos mediocres mimbres -repartidos por igual entre esas empresas de trabajo temporal llamadas partidos- se teje la política que rige los destinos de nuestra ex nación.

Fíjese, por ejemplo, en el nuevo Estatuto valenciano. Los dos partidos mayoritarios, opuestos en principio a la liquidación de España, representan en el Parlamento el melodrama del rechazo al Plan Ibarretxe. Acto seguido avisan -con cierta claridad los opositores y con cálculo los gobernantes- que no se admitirá cualquier cosa que venga de Cataluña. Y finalmente, ¡son ellos mismos los que dan el primer paso para poner patas arriba el sistema que se supone que quieren defender!

Los disparates de dicho Estatuto son muchos, pero pasen y lean tan sólo el estupefaciente artículo 57: "El Real Monasterio de Santa María de la Valldigna es templo espiritual, político, histórico y cultural del antiguo Reino de Valencia, hoy Comunitat Valenciana, y es igualmente, símbolo de la grandeza del Pueblo Valenciano reconocido como Nacionalidad Histórica".

Siempre contagiados por las obsesiones nacionalistas. Siempre siguiendo, al trote gorrinero, la pista dejada por los nacionalismos. Siempre apuntándose a cualquier tontería, a cualquier necedad, si ello comporta algún tipo de satisfacción identitaria.

¡Ahora resulta que los valencianos también son nacionalidad histórica, simbolizada en bla, bla, bla…! ¡Y han tardado veinticinco años en darse cuenta! Por lo menos los nacionalistas vascos y catalanes fueron más espabilados. Lo que deben de estar riéndose en estos momentos.

En cuanto a la verborrea heroica, ¿a que parece escrito por algún iluminado atiborrado de las indigestas lecturas de Arana, Prat de la Riba y sucedáneos?

Pues no. Ha sido escrito y consensuado por los sensatos, ilustrados, responsables, eficaces, serios y antinacionalistas partidos Socialista y Popular, esos dos a los que los españoles estamos condenados a soportar, generación tras generación, por gobernantes.

Y no hay escapatoria.

El juramento de los Horacios (defensa de la solidaridad)
POR PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO RECTOR DE LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS ABC  29 Septiembre 2005

... Unidad, autonomía y solidaridad son, por lo tanto, principios interdependientes. Forjados y ligados dialécticamente de manera irreversible. Un nudo gordiano de tres rostros que abraza y amarra el funcionamiento del Estado autonómico...

LA actual discusión sobre la reforma del Estatuto de Autonomía de Catalunya me ha servido para confirmarme la postergación, cuando no la ausencia de interés, por uno de los principios constitucionales básicos que articulan nuestro Estado de las Autonomías. Me refiero al principio de solidaridad entre sus diferentes territorios. En efecto, si leemos el artículo 2 de la Constitución -donde se definen los parámetros del Estado autonómico- nos percataremos del lugar prioritario que el constituyente de 1978 quiso atribuir a dicho factor compensador de los desequilibrios interterritoriales: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española... y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas». Unidad, autonomía y solidaridad son, pues, la triada constitucional que cimenta el modelo autonómico.

Vienen estas consideraciones, porque casi nada se escucha sobre ello, ahora que nos encontramos inmersos en un proceso de reformas estatutarias. Una circunstancia aún más llamativa si se piensa que lo lógico sería hoy no sólo su preservación, sino su impulso, toda vez que el intenso desarrollo autonómico debería haber supuesto su correlativa potenciación. Pero, lamentablemente, las cosas no acontecen de esta manera. O bien se postula débilmente, o su apelación se realiza de forma negativa. En el primer caso, para atemperar, frente a la preocupación desatada por el menoscabo de los elementos comunes, la reivindicación intransigente de nuevas reclamaciones competenciales; esto es, para tranquilizar los compungidos ánimos por tanta obcecada ofensiva de soberanía y encubiertas pretensiones de estatalidad. Y en el segundo caso, para tratar de poner coto final a las imposibles exigencias de más autogobierno, que despiertan el desasosiego de otras comunidades autónomas que no están dispuestas a ser objeto de una discriminatoria y desigual financiación.

De este modo, el principio de solidaridad, reflejo de integración interterritorial, se conforma como la correa de transmisión entre los principios de unidad y autonomía. Estamos próximos a la noción alemana de bundestreue, entendida como lealtad o fidelidad recíproca entre la Federación y los Länder. O, como expresa el Tribunal Constitucional, actúa como «un factor de equilibrio entre la autonomía de las nacionalidades y regiones y la indisoluble unidad de la Nación española». Por lo demás, la solidaridad es un concepto de carácter bifronte, pues se encuentra vinculado originariamente al pasado, pero hacia el futuro. Así, en el primer caso, trata de superar las todavía diferencias de renta en España entre sus nacionalidades y regiones; pero, en el segundo supuesto, apunta al futuro, pues debe evitar que el fuerte empuje autonómico acaecido pueda incrementar los desequilibrios. Para combatir tales disfuncionalidades se establecieron los mecanismos de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas y de la Ley reguladora del Fondo de Compensación Interterritorial.

La mejor prueba de su importancia estriba en su consagración en el texto constitucional. Así, además del artículo 2, el artículo 9.2 expresa, desde un perfil más subjetivo, que «corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas»; el artículo 40.1 prescribe el impulso de «las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa»; el artículo 131.1 dispone que «el Estado, mediante ley, podrá planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución». Y, de una forma más específica, el artículo 138.1 proclama que «el Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español, atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular». Un reconocimiento que implica igualdad real de oportunidades, semejante prestación de servicios públicos y mismas garantías. Y ciertos deberes: auxilio recíproco, deber de apoyo y lealtad constitucional.

Unidad, autonomía y solidaridad son, por lo tanto, principios interdependientes. Forjados y ligados dialécticamente de manera irreversible. Un nudo gordiano de tres rostros que abraza y amarra el funcionamiento del Estado autonómico. Así las cosas, el principio de unidad es el punto de partida, histórico y lógico, de nuestro modelo territorial, ya que en España el proceso de descentralización, explicado por el principio de autonomía, no se ha auspiciado desde la previa existencia de entidades territoriales soberanas -como en los Estados federales- sino desde un Estado unitario. Pero los principios autonómicos no se limitan a estos dos. La Constitución respalda, con igual rotundidad, un tercero: el de solidaridad. Gracias a él se asegura que la autonomía no provoque indeseables privilegios. La solidaridad despliega una acción redistributiva para limar los desequilibrios pasados y la evitación de que puedan aparecer nuevas desigualdades. Por ello, el profesor Roberto Blanco en un magnífico libro, Nacionalidades históricas y regiones sin historia, ha afirmado metafóricamente que «si hubiese que buscar una figura para expresar plásticamente la íntima conexión existente entre la unidad, la autonomía y la solidaridad tal figura podría ser la de las tres alianzas que el gran joyero Louis Cartier concibió enlazadas entre sí de modo inseparable».

Ahora bien, ¿cuál es su contenido? Al respecto debemos diferenciar dos ámbitos. De un lado, su dimensión jurídica, según la cual no caben privilegios entre comunidades autónomas. Dicho mandato se concreta en la igualdad de derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio; en la prohibición de medidas que obstaculicen la libertad de circulación y establecimiento de las personas y la libre circulación de bienes; en la participación de todas las comunidades autónomas en el proceso de constitución y voluntad del Senado; y en la cooperación competencial entre Estado y Comunidades.

Pero además existe una perspectiva económica. De acuerdo con ella quedan proscritos los privilegios económicos entre Comunidades. A tal efecto, ésta se encauza a través del mentado Fondo de Compensación Interterritorial, creado, dice el artículo 158.2 de la Constitución, «con el fin de corregir desequilibrios económicos interterritoriales y hacer efectivo el principio de solidaridad».

Por todo lo referenciado, me viene a la memoria, y no sin cierta melancolía, el extraordinario lienzo de Jacques-Louis David El juramento de los Horacios, donde se plasma la grandeza de la conducta cívica del buen ciudadano: el sagrado compromiso -visualizado en los brazos juramentados y espadas al cielo- con el bien común de la sociedad a la que pertenece. Frente a tal grandeza algunos persisten -¡qué pena!- en la consecución de blindadas competencias excluyentes y en financiaciones, además de inconstitucionales, insolidarias.

La Generalitat no puede exigir el catalán a los forenses
DOLORS MASSOT ABC 29 Septiembre 2005

BARCELONA. La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha estimado un recurso interpuesto por la Confederación Sindical de la Comisión Obrera Nacional de Cataluña que pedía la anulación de cinco puntos del Decreto 49/2001 de la Generalitat de Cataluña, sobre la provisión interina de plazas de los cuerpos de médicos forenses, oficiales, auxiliares y agentes de la administración de Justicia en Cataluña.

Dos artículos obligaban a que los solicitantes estuvieran empadronados en Cataluña y tuvieran fijada su residencia en esta comunidad autónoma incluso antes de formar parte del cuerpo. La sentencia recuerda que las comunidades autónomas «deben respetar la naturaleza estatal de los Cuerpos».

Otros tres puntos establecían que era obligatorio el nivel C de catalán para médicos forenses interinos, oficiales y auxiliares interinos, y que se exigía el nivel B de catalán para el cuerpo de agentes. El TSJC dice que la medida es «desproporcionada». La Generalitat confirmó a este diario que presentará recurso de casación.

Una misión institucional y comercial promocionará el castellano en Brasil
La agenda incluye contactos con instituciones académicas brasileñas para impulsar cursos sobre la lengua y la cultura españolas en ese país
SONIA BARRADO ABC 29 Septiembre 2005

LOGROÑO. El Gobierno de La Rioja, con el presidente, Pedro Sanz, a la cabeza, realizará del 1 al 8 de octubre una misión institucional y empresarial a Brasil y Perú, con la que se pretende dar una imagen de fortaleza y unión de la región y emplear el vino y el español como cartas de presentación de la Comunidad. Además del Ejecutivo riojano, en la expedición participarán la Cámara de Comercio, la Federación de Empresarios, la Universidad de La Rioja y los sindicatos CCOO y UGT.

La primera parada será desde el día 1 al 4 en Perú, donde se visitarán seis ONG que desarrollan proyectos financiados por La Rioja y se mantendrán reuniones con autoridades locales y regionales para abordar la cooperación al desarrollo. El día 5 la misión viajará a la ciudad brasileña de Sao Paulo, que concentra una «intensa agenda de trabajo», según señaló ayer el consejero de Presidencia, Emilio del Río.

Difusión cultural y empresarial
Entre las actuaciones que se desarrollarán en la misión, figuran una entrevista de la Federación de las Industrias del Estado de Sao Paulo y el presidente riojano para establecer relaciones entre el sector empresarial de La Rioja y esa zona brasileña; diversas catas y degustaciones dirigidas a periodistas, restaurantes, sumilleres y expertos en vino, para lo que se desplazarán siete cocineros riojanos a Brasil; la celebración, en Brasilia, del Día de la Hispanidad el 6 de octubre, que dedica este año a La Rioja; contactos con distribuidores y empresarios; reuniones con instituciones académicas para fomentar los vínculos de los cursos de lengua y cultura española; la promoción del Centro Internacional de la Lengua en San Millán y del Centro Europeo de la Lengua en Canillas del Río Tuerto; y la exposición Camino de la Lengua Castellana en Sao Paulo.

Perdiendo el tiempo
FRANCESC DE CARRERAS La Vanguardia 29 Septiembre 2005

Ni aun los que desde el principio hemos considerado que el proyecto de nuevo Estatut no responde a ninguna necesidad de los ciudadanos, sino que se trata, simplemente, de un instrumento al servicio de los intereses particulares de los partidos que lo han impulsado, ni aun nosotros, digo, podíamos imaginar que todo acabaría tan mal como ha terminado.

Porque, pase lo que pase en la votación parlamentaria de mañana, algo se ha acabado en Catalunya y, confusos, nos encontramos en los comienzos de una nueva etapa. Entre otras cosas, cuando menos se ha acabado con la imagen de seriedad -merecida o no- de los políticos catalanes y con la imagen -merecida o no, también- de que la política discurría en Catalunya por cauces más o menos sensatos y los políticos actuaban con prudencia y cordura, con el mítico seny, probablemente la palabra catalana que mejor entiende el resto de los españoles.

Todo esto, por lo menos esto, se ha acabado por una buena temporada y para restablecerlo habrá que dejar transcurrir un tiempo y cambiar muchas cosas, entre ellas, jubilar a buena parte de la clase política. Los responsables de haber llegado a tal situación son muchos. Desde unos representantes políticos manifiestamente incompetentes hasta unos complacientes columnistas y tertulianos, pasando por unos poderes fácticos catalanes -denominados hoy, impropiamente, sociedad civil- que siempre se avienen a todo lo que mande el poder, sea cual sea éste, en espera de que puntualmente llegue la subvención solicitada o el favor esperado.

Todos tienen una característica común: en privado dicen lo contrario de lo que manifiestan en público. En buena parte de los casos, no es que digan algo matizadamente distinto, es decir, que en público no expresen con claridad todo aquello que están pensando, lo cual sería comprensible porque entra dentro de las reglas del juego propias de las relaciones sociales. No. En muchos casos, lo que dicen en público es, exactamente, lo contrario de lo que acaban de confesar en privado.

Todo ello ha ido pudriendo los cimientos de nuestro sistema democrático, el cual debe basarse precisamente en el libre contraste de las informaciones e ideas, en la expresión de opiniones necesariamente contrapuestas, dada la diversidad de intereses y creencias existentes. Para que la sociedad catalana pueda restablecer su confianza en los poderes públicos autonómicos, deben tomarse medidas para corregir los vicios de nuestro establishment político, mediático, empresarial, asociativo y eclesiástico. Dicho en palabras al uso: la sociedad política catalana debe dejar de ser un oasis cuidando, eso sí, de no terminar siendo una jungla.

El oasis, el oasis catalán fue la gran creación de Jordi Pujol. Pujol fue mucho más que un presidente de la Generalitat: fue el máximo ideólogo del nacionalismo, el guardián de nuestras supuestas esencias, el hombre de confianza de los poderes fácticos y, a su vez, quien ejercía el máximo control sobre éstos y sobre la sociedad en general. Hace unos meses, en una apacible sobremesa, un muy conocido empresario y financiero catalán me espetó de pronto: "Para Catalunya, Pujol ha sido más dictador que Franco". "Hombre, no te pases", le repliqué un tanto perplejo. Pero continuó: "Fíjate, antes nos pasábamos el día contando chistes contra Franco. ¿Cuántos chistes has oído contra Pujol en los últimos 25 años? Ninguno, nadie se atrevía, todos teníamos miedo a que se enterara".

Más allá del sentido estricto de las palabras, hay un fondo de razón. Pujol controlaba férreamente la sociedad catalana mediante sus muchos conocimientos sobre todo el mundo y con una idea de Catalunya perfectamente dibujada en la que cada uno debía adaptarse al papel que el entonces president le había asignado previamente. Todos sabían que Pujol, al final, siempre acababa sabiéndolo todo y era implacable en sus reacciones ante las deslealtades con Catalunya, que, en definitiva, no eran más que deslealtades contra él. Núñez, Vilarasau, Vidal-Quadras, probablemente Miquel Roca y unos cuantos más podrían ilustrarnos con sabrosas anécdotas.

Pues bien, Pujol se retiró y el oasis se encuentra en una seria crisis. Curiosamente, la irrupción como elefante en una cacharrería de ERC, el despiste general -para ser suaves- del que hace gala el president Maragall y la falta de personalidad y de peso específico del resto de los dirigentes socialistas contribuyen a socavar el oasis pujolista sin ofrecer alternativas mejores. De una sociedad férramente controlada hemos pasado a un cierto caos general, sin norte, guía, plan ni timonel.

Por esto nos entretenemos con la elaboración de un nuevo Estatut del que nadie piensa que es un fin útil en sí mismo, sino que únicamente debe servir como elemento táctico o estratégico para adquirir, recuperar o conservar el poder. El espectáculo que se está dando no está sólo en las formas, en el tono de sainete frívolo que ha adquirido la política catalana. Lo peor es el fondo: el desprecio por los intereses ciudadanos, la falta de calidad de los dirigentes políticos, la ausencia de un proyecto de país coherente con los tiempos actuales.

Mientras el mundo gira a gran velocidad, nosotros seguimos mirándonos nuestro histórico ombligo, perdiendo el tiempo con un nuevo Estatut en el que nadie cree.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB

Recortes de Prensa   Página Inicial