AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 6 Octubre 2005
El Estatuto de los despropósitos
MIQUEL PORTA PERALES ABC 6 Octubre 2005

Maquillar el Estatuto y anestesiar a los españoles
EDITORIAL Libertad Digital 6 Octubre 2005

Nada es lo que parece
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Octubre 2005

Indefensión
HORACIO VÁZQUEZ-RIAL ABC 6 Octubre 2005

A ver quién se come este marrón
Lorenzo Contreras Estrella Digital6 Octubre 2005

Declaración de independencia
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 6 Octubre 2005

La política de tierra quemada
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Octubre 2005

Dos hombres y un destino
EDUARDO SAN MARTÍN ABC 6 Octubre 2005

Jóvenes por la Constitución contra Carod y Zapatero
Antonio Martín Beaumont elsemanaldigital 6 Octubre 2005

De España a Expaña pasando por la izquierda
Jesús Laínz elsemanaldigital 6 Octubre 2005

El talante de la mordaza
Isabel Durán Libertad Digital 6 Octubre 2005

Los Presupuestos Generales del Estado y el futuro de España, y 2
Alberto Recarte Libertad Digital 6 Octubre 2005

Zapatero empieza a rectificar
Pablo Sebastián Estrella Digital6 Octubre 2005

Esto lo arregla Pedro J.
LAS PESQUISAS DE MARCELLO Estrella Digital6 Octubre 2005

El Triángulo de las Bermudas
José Javaloyes Estrella Digital6 Octubre 2005

La AVT presenta el itinerario de su movilización en contra de la negociación con ETA
Libertad Digital 6 Octubre 2005

Alemania, el país de la UE donde más crecerá la enseñanza del español
R. C. La Razón 6 Octubre 2005

Esfuerzo y melancolía (VI)
5078 Blog de Arcadi 6 Octubre 2005

El Estatuto de los despropósitos
Por MIQUEL PORTA PERALES ENSAYISTA Y CRÍTICO LITERARIO ABC 6 Octubre 2005

«El Parlamento de Cataluña -advierte el autor- no ha aprobado un Estatuto, sino la Constitución y/o programa político de un nacionalismo que convierte al resto de España en una comunidad autónoma dotada de soberanía y competencias limitadas»

LA reivindicación de un nuevo Estatuto de Cataluña ha sido una suma de despropósitos. Para empezar, el hecho en sí. Es decir, la propia existencia de un proyecto que choca con el sentido común y el deseo de la ciudadanía. Choca con el sentido común por tres razones. En primer lugar, porque el Estatuto de 1979 funciona correctamente. En segundo lugar, porque no tiene sentido reclamar un nuevo Estatuto para aumentar el techo competencial cuando el actual aún no está del todo desarrollado. En tercer lugar, porque un nuevo Estatuto en clave soberanista es un factor de desestabilización política. Por lo demás, el proyecto de nuevo Estatuto choca con el deseo de una ciudadanía escasamente interesada en el asunto. El dato: la encuesta del oficial Instituto de Estadística de Cataluña señala que sólo el 3,8 por ciento de los catalanes consideran que el Estatuto debe ser una prioridad del Govern. De un despropósito a otro: el de un Rodríguez Zapatero que -electoralismo de bajo vuelo- promete apoyar la propuesta del Parlamento de Cataluña.

Con dichos mimbres, es decir, a partir de esos despropósitos, el proyecto de nuevo Estatuto de Cataluña echa a andar. Para ser exactos, lo que se pone en marcha es una subasta nacionalista entre los cuatro partidos que impulsan el texto y que, como no podía ser de otra manera, se resuelve con el clásico «pues yo todavía más». El resultado es otra serie de despropósitos que vulneran la Constitución. Verbigracia: Cataluña es una nación; España es un Estado plurinacional y federal; el autogobierno de Cataluña se funda en los derechos históricos del pueblo catalán; el espacio político y geográfico de referencia de Cataluña es Europa; la Generalitat no queda vinculada por las decisiones adoptadas en los mecanismos multilaterales de colaboración con el Estado; el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña es la última instancia judicial en Cataluña; los magistrados y otros cuerpos deben conocer obligatoriamente la lengua catalana; la Generalitat se arroga una larga lista de competencias exclusivas y excluyentes; sistema de financiación insolidario en la línea del concierto vasco.

Llegados a este punto, cabe preguntar: ¿por qué ocurre lo que ocurre? Respondo: por una serie de motivos -suma y sigue de despropósitos- políticos, partidistas, personales y psicológicos que se complementan entre sí. Motivos políticos: hay quien persigue un Estado federal asimétrico que conduzca a un nuevo modelo de Estado que otorgue determinados privilegios a Cataluña; quien desea rebasar lo constitucionalmente permitido con la vista puesta en un nueva relación política entre Cataluña y el Estado gracias a la cual la primera daría un salto adelante en el proceso de la llamada reconstrucción nacional; quien -en palabras de un jurista catalán de reconocido prestigio que no puede ser tildado de españolista quejoso- utiliza el nuevo Estatuto para la «construcción de un sistema jurídico separado, dotado de autonomía interna, que consiga en el futuro la independencia, mediante la dilución en Europa de sus relaciones con España». Y unos y otros desean diferenciarse de lo español para afirmar una supuesta identidad propia que debe traducirse en concesiones y beneficios políticos y económicos.

De los motivos políticos, a los partidistas y personales: hay quien, brindando emociones nacionalistas a la parroquia, quiere mantener el electorado o recuperar el voto perdido; quien apuesta adrede por un texto inconstitucional con el objetivo de que en el Congreso sea rechazado para así dar rienda suelta a ese victimismo tan característico del nacionalismo catalán; quien necesita el nuevo Estatuto para pasar a la Historia como el president que consiguió una mayor cuota de soberanía para Cataluña; quien, probablemente, acepta el nuevo Estatuto a cambio de que no se adelanten las elecciones autonómicas y no se modifiquen ni la ley electoral catalana ni la ley de financiación de partidos. En medio de este embrollo de intereses -en medio de este pasteleo-, emerge la figura de un Rodríguez Zapatero que, en su ingenuidad -aceptemos que se trata de ingenuidad-, piensa que la vía catalana puede ser el modelo que inspire la solución del llamado conflicto vasco. Y por eso le interesa el nuevo Estatuto. Por eso, y porque tiene alguna hipoteca que pagar. Aunque también es posible que a Rodríguez Zapatero le interese recortar el texto para así exhibir su constitucionalismo. En cualquier caso, el proyecto de nuevo Estatuto de Cataluña se parece a un pacto y/o sociedad de socorros mutuos. Pero en ello hay un claro perdedor: la estabilidad y la cohesión nacionales. Queda por determinar el último motivo, el psicológico. Hipótesis: en el origen del nuevo Estatuto de Cataluña se encontraría la figura de la personalidad narcisista. Según la psicología, quien posee dicha personalidad «tiende a exagerar su talento y espera ser valorado como una cosa especial» al «pensar que, como consecuencia de sus características especiales, sus problemas son únicos y solamente pueden ser entendidos por otra gente también especial». En el caso del nacionalismo catalán, la personalidad narcisista pesa lo suyo.

En el Parlamento de Cataluña se ha representado una tragicomedia. Tragedia, por las consecuencias que puede conllevar. Comedia, por lo que tiene de farsa. De hecho, el Parlamento de Cataluña no ha aprobado un Estatuto, sino la Constitución y/o programa político de un nacionalismo catalán de derecha e izquierda que convierte al resto de España en una comunidad autónoma dotada de soberanía y competencias limitadas. El mundo al revés. Y uno, parafraseando a Ortega, tiene la sensación de que el nacionalismo catalán está acampado en España con la vista puesta en otro lugar. Ante esta tragicomedia, ante tamaña suma de despropósitos que generará despropósitos similares en otras comunidades, el Congreso no puede dimitir de su soberanía. Pero para ello se necesita una mayoría responsable y sin hipotecas políticas que pagar.

Maquillar el Estatuto y anestesiar a los españoles
EDITORIAL Libertad Digital 6 Octubre 2005

Por lo visto, la izquierda puede utilizar un accidente marítimo para llevar a cabo estruendosas campañas políticas y mediáticas contra el Gobierno, que incluyeron manifestaciones ciudadanas en toda España, campaña que no fue ajena a muchos acosos violentos que sufrieron las sedes del PP. Ningún accidente similar en Europa –ni después, en España– fue utilizado con tanta habilidad y tan pocos escrúpulos para generar una movilización semejante por parte de los medios y partidos de la oposición.

Sin embargo, si es el PSOE el que gobierna, no faltan quienes –incluso desde la oposición política y mediática– tachan de "tremendismo" que el PP llegara a movilizarse con todas las energías que le otorga el Estado de Derecho contra lo que, lejos de ser un accidente fortuito, es un deliberado e ilegal intento de acabar con el actual modelo nacional y constitucional de España.

Por lo visto, lo "tremendo" no es que seamos el único país democrático cuyo presidente basa sus alianzas con formaciones independentistas; lo "tremendo" es que nos parezca tremendo.

Con esta falta de sensibilidad política e intelectual con las que algunos les quieren hacer frente, no hay que extrañarse de que minorías con determinación y coraje aspiren a ganarle el pulso a las mayorías. Ya hay quien ha hecho cargar sobre los hombros de Rajoy parte de la responsabilidad de que ZP y sus aliados independentistas nos metan en una "aventura" que, ciertamente, rechazan una inmensa mayoría de ciudadanos presente en ambos electorados. Una cosa es pretender que el líder del PP ofrezca una mano tendida a ZP para oponerse juntos a lo que pretende Maragall y los independentistas, y otra cosa, muy distinta, reclamar a Rajoy que de pasos –aunque sea sólo uno– para acercarse a estrechárselas a todos ellos. Quien debe recomponer el consenso es el que lo ha roto, no el que sigue fiel a la Constitución y a su electorado.

Las "manos tendidas" de Zapatero al PP, por el contrario, sólo tienen como objetivo el tratar de evitar que este partido dé voz y despierte a esa todavía silenciosa pero también silenciada mayoría de ciudadanos opuesta a tanto desvarío.

Que el presidente diga en el Parlamento que hay "contenidos" del texto estatutario que "van a ser enmendados" por su partido es algo que, en primer lugar, ya sabíamos, y que, además, es insoslayable, si lo que el presidente de Gobierno quiere es convencer a los ciudadanos de que es constitucional lo que no lo es en absoluto. Eso faltaba, que quienes nos quieren hacer pasar una catedral por un edificio de oficinas ni siquiera admitieran que hay que hacerle algunos "retoques". A eso, con todo, se le llama engañar. Y es que el grado de irresponsabilidad de Zapatero ha llegado a tal extremo que, incluso en la mejor y más improbable de las salidas posibles –como sería un acuerdo serio con el PP–, el Gobierno estaría abocado a engañar, en ese caso, a sus socios independentistas. ¿Alguien duda de a cual de los dos frentes –el PP, por un lado; los nacionalistas, por otro– va a satisfacer el presidente? A esta duda se le llama autoengaño.

Estatuto catalán
Nada es lo que parece
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 6 Octubre 2005

Como es sabido, la Constitución soberanista que se ha dado en llamar “proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña”, con sus 218 artículos, es más extensa que la Constitución de Corea del Norte, que sólo tiene 166. También supera a la de China (138 artículos), Cuba (137), Laos (80) e Irán (177), países bastante inclinados a regular múltiples aspectos de la vida de sus súbditos. En un alarde de contención, el misterioso Bután se queda en 34 artículos. Burundi, más ambicioso, se alarga hasta los 189. Seguramente los ponentes de la Constitución llamada Estatuto querían demostrar que la tenían más larga que España, que desde luego no es manca con sus 169 artículos.

Si querían alumbrar una nación fuerte, los del Parque de la Ciudadela deberían haber confeccionado una cosa de siete artículos que perdurara siglos. En fin, aquí faltan lecturas. Pero caramba, si a los 218 artículos les suman las diecinueve disposiciones (entre adicionales, transitorias y finales) y los diez principios bien numeraditos con los que se cierra el preámbulo, nos vamos al cuarto de millar de preceptos. Sea cual sea el contenido, la cantidad ya mosquea, desconcierta, agobia. ¿Por qué no mil quinientos, o quince mil trescientos?

Quiere Maragall que ese decálogo del preámbulo lo aprendan de memoria los escolares catalanes. Cuando supe de tales deseos de programación de la infancia, me vino a la memoria aquella canción del álbum The Wall, de Pink Floyd: … We don’t need, no, thought control… Teacher, leave the kids alone… Otro ladrillo en el muro. Recitarán los chiquitines: Primero, Cataluña es una nación. (¿Por qué no se lo tatúan a los párvulos?) Segundo, la Generalidad restablecida en 1931 nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes. Hay que detenerse aquí. Si existe una continuidad histórica entre la Generalidad de 1931 y la actual es porque quisieron Adolfo Suárez y Josep Tarradellas, a estos efectos el único dirigente catalán tenaz y el único fiel, pues a la izquierda catalana en pleno le reventaba el anciano exiliado al que nadie hacía puñetero caso desde hacía décadas, más allá de dos o tres personajes catalanes ligados al franquismo. ¿O es que Sentís era bolchevique?

Adoctrinar a los niños con decálogos es una cosa muy seria. Al instaurar la escuela laica, los catalanes del futuro tendrán que aprender los Diez Mandamientos en su casa o de mayores, pero este decálogo de falsedades históricas se les aparecerá en sueños y condicionará su visión política e histórica. Con el infeliz proyecto estatutario pasa lo mismo que con el postre solidario de Ferran Adrià, las “nubes de ternura” que el Departamento de Justicia de la Generalitat mandó manipular, cortar y empaquetar a presos de la Modelo sin carné de manipulación de alimentos, tarea que se llevó a cabo en la imprenta de la cárcel, entre tintas y disolventes. Lo mismo: se presenta como una buena causa, va muy bien envuelto, lleva un nombre entrañable… y viene envenenado porque lo han empaquetado sin medidas de seguridad aquellos que te dije, etcétera.

Indefensión
POR HORACIO VÁZQUEZ-RIAL ESCRITOR ABC 6 Octubre 2005

... La valerosa actitud del Gobierno anterior al dejar sentada la soberanía española en el islote no ha servido de precedente a su sucesor. Más bien al contrario, a la vista del lugar preferente que se le ha concedido a Marruecos...

ALGO muy grave nos está ocurriendo cuando no sólo somos incapaces de reaccionar ante las agresiones sino que, además, en no pocos casos, somos incapaces de percibir que estamos siendo agredidos. En su celebérrimo Requiem, escrito hace alrededor de medio siglo, José Hierro añoraba las edades en que «cuando caía un español se mutilaba el universo» y lamentaba que sus contemporáneos murieran «de anónimo y cordura, o en locuras desgarradoras entre hermanos». Claro que por entonces el poeta, como hombre de izquierda que era, imaginaba que todo aquello cesaría cuando la historia o la naturaleza pusieran fin al franquismo, en olvido de que la dictadura, que ni siquiera fue idéntica a sí misma mientras duró, y lo que viniese después eran obra de todos desde el inicio mismo de la nación española.

Las tensiones que marcaron la transición, y que se resolvieron con bien en la Constitución de 1978, se resumían en la fórmula «reforma o ruptura»: o España evolucionaba hacia una democracia occidental normal en la que ninguna opción política quedara excluida pero todas acordaban desarrollar su acción en un marco común, o teníamos por delante otros cincuenta años de aislamiento, totalitarismo mediante. No obstante, el que haya primado la sensatez no implicaba que todo estuviera resuelto. Se logró un sistema estable, consolidado con el rechazo masivo al golpe del 23 de febrero de 1981. Pero se cometieron errores, como era de esperar, y si las bondades derivadas de un acierto acaban por diluirse en lo cotidiano, los errores crecen hasta ocupar un espacio intolerable.

Fueron errores de dos especies políticas bien distintas, pero ambas sumamente nocivas para la soberanía y la unidad de España: me refiero a la apresurada retirada del Sahara y a la esperanza de que los partidos políticos nacionalistas, opuestos al sistema por definición y aspiraciones porque su razón de ser es la rivalidad con la nación constituida, defendieran sus posiciones atentos a las reglas de juego. En los dos casos, el riesgo era territorial y de soberanía.

Por mucho que los partidos democráticos españoles fingieran hacer a favor del pueblo saharaui tras haber cedido la nación a la presión de la «marcha verde» -primer acto de la indefensión actual-, la suerte estaba echada: Marruecos era el más fuerte y, sobre todo, estaba ahí. En una fotografía de prensa tomada en ocasión de la primera visita de Estado de Zapatero a Marruecos, en diciembre de 2001, el presidente y el Rey Mohammed aparecían ante un mapa del país en el que se veían, incluidas las islas Canarias, Ceuta, Melilla y, como no, Perejil. La valerosa actitud del Gobierno anterior al dejar sentada la soberanía española en el islote no ha servido de precedente a su sucesor. Más bien al contrario, a la vista del lugar preferente que se le ha concedido a Marruecos en el incomprensible modelo de nuestra política exterior. Y ahora vienen Ceuta y Melilla, mientras el ministro de Defensa habla de España a la vez que afirma que prefiere que le maten a matar, es decir, afirma que no está dispuesto a defenderse ni a defender España. Con la colaboración de no pocos medios de prensa, ha conseguido que los españoles se centren en la tragedia de los inmigrantes forzosos y se conmuevan con ellos, al tiempo que pierden de vista que están siendo utilizados como ariete marroquí para violar la frontera.

La otra agresión de la que parece haber menos conciencia de la necesaria viene de los nacionalismos vasco y catalán, empeñados en un proceso de separación. Carod ha sido claro respecto del Estatuto que la dirección política catalana ha impuesto tanto a España como a Cataluña: no es más que un paso hacia la constitución de un Estado. Maragall no ha vacilado al declarar que ahora habrá que explicarle a la gente a la que él y ERC y CiU dicen representar en qué consiste el Estatuto. Tantas y de tal calidad han sido las presiones que el Tripartito ha ejercido sobre la sociedad catalana, que el documento -más que constitución, una especie de Levítico en el que se fijan hasta las más íntimas conductas de los ciudadanos, es decir un texto totalitario que se podía entender en el Antiguo Testamento pero no en una norma del siglo XXI-, que incluye el aborto libre, la eutanasia y, en ese momento, la enseñanza laica en un modelo general que a último momento fue retirado, contó con la bendición del arzobispo de Barcelona, quien seguramente no sólo no leyó el mamotreto, sino que tampoco leyó ABC, que lo advertía con toda claridad en un reciente editorial. No importa, ahora se lo contará Maragall.

Estamos, pues, en la ruptura eludida en 1978. El procedimiento es tajantemente antidemocrático. La filosofía que sustentó la reforma, resumida en la famosa frase de Adolfo Suárez «hacer legal lo que es normal», ha sido sustituida por su opuesta, «hacer normal lo que es legal». No en otra cosa se ha sustentado en Cataluña lo que sin pudor alguno denominó hace poco el presidente de la Diputación de Barcelona, Celestino Corbacho, «reforma identitaria». Stalin lo llamaba rusificación.

Todo esto se ha hecho a espaldas de los ciudadanos, a pesar de ellos en buena medida, y en todos los casos contra ellos. Así es como han procedido para dar lugar al «cambio de régimen» sobre el que José María Aznar habló la semana pasada: «sin mandato ni consentimiento de nadie», con «riesgo real de fractura nacional, sin prestar oídos ni a las voces alarmadas de casi todos ni al evidente desacuerdo de la opinión pública». Y Aznar no es precisamente un alarmista.

Pues bien: frente a todo esto estamos indefensos. El Gobierno ha paralizado los mecanismo de defensa del Estado. En lo exterior, Marruecos en particular y el mundo islámico en general son la otra parte de la alianza de civilizaciones de Zapatero -ya es hora de empezar a escribir con minúscula esa propuesta-. En lo interior, se obedece a ERC y a una ETA que sigue poniendo bombas, se siente o no a dialogar -no a negociar- con representantes del presidente. El proyecto del PSOE en el poder -por muchas disidencias internas con que se encuentre, y que no son realmente explícitas- parece ser la desestructuración, la fragmentación y la reducción territorial, la renuncia al orden constitucional -sin una propuesta alternativa-, la renuncia a participar en conflictos internacionales que nos competen -a la retirada de Irak seguirá pronto la de Afganistán-, el desmantelamiento de una política atlántica que, con sus más y sus menos, ha sido un eje vertebrador a lo largo de cinco siglos, y la absoluta sumisión al eje francoalemán, expresada en la fórmula «volver a Europa con humildad».

En una entrevista reciente en The Wall Street Journal, Oriana Fallaci decía que «Occidente revela un odio por sí mismo que es extraño y sólo puede ser considerado patológico; Occidente ya no siente amor por sí mismo. En su propia historia sólo ve lo que es deplorable y destructivo, mientras que no ve lo que es grande y puro». ¿Nos caben las generales de esa ley? Tal vez, y no por un abandono de la voluntad, sino por una campaña muy coherente de vaciado ideológico -reforma identitaria o lavado de cerebro y corazón-, por una abdicación traidora de amplios sectores de las clases políticas y por una entrega de los Estados a ocupantes desleales, con más ambiciones particulares que preocupación por ese bien general que debería ser fundamento de toda sociedad sana. No sirve de consuelo, pero no somos los únicos.

A ver quién se come este marrón
Lorenzo Contreras Estrella Digital6 Octubre 2005

El proyecto —todavía proposición de ley— de Estatut catalán ya está registrado en el Congreso de los Diputados. Esto significa que se le ha considerado “de recibo”, y ahora el siguiente paso es que la Mesa de la Cámara fije fecha para su tramitación, discusión, etcétera. El PP se ha puesto en su papel, que consiste en esperar que sus adversarios políticos, empezando por el PSOE y terminado por los nacionalistas (incluido como tal el PSC), empiecen a intentar desenredar parlamentariamente el hilo o la madeja de sus contradicciones. Se dirá que el PP sigue solo, políticamente aislado. Pero el que quizá tome el gran relevo de la soledad sea el PSOE, que no podrá en buena lógica avanzar como controlador y gestionador de la situación política, en respaldo del Gobierno, sin despejar su propia confusión. Se sabe que como partido está en pleno proceso de disputa interna. Es imposible que el “paquete” que le ha enviado su “hermano ideológico” (pero menos), el PSC, resista en la aduana socialista del Congreso un análisis serio, un examen en condiciones. Hay mucho contrabando en ese envoltorio. Y el resultado tendrá que ir perfilándose en el sentido de que, si pasa, será porque los aduaneros socialistas prevarican, y si no pasa, la ruptura con el PSC de Maragall será inevitable, con la subsiguiente crisis política.

Las tornas han cambiado. Ahora quien ha de comerse el marrón del problema no es el PP, sino el PSOE. Sus amigos o socios le han hecho un regalo envenenado, con el señuelo de que se trata de un factor de progreso, el Estatut, para perfeccionar teóricamente el equilibrio del Estado tras veinticinco años de desgaste de los esquemas constitucionales de 1978. Pero eso, naturalmente, no se lo cree nadie, no se lo creen ni ellos, los autores del desaguisado pseudorreformista. Aquí no se trata ya de equilibrar, sino precisamente de todo lo contrario, de desequilibrar definitivamente la balanza con tanta dificultad ajustada en Constitución. Y a ver quién traga por ahí. A ver quién es capaz de mantener con éxito la teoría o la tesis de que las piezas del rompecabezas se han recompuesto con un orden aceptable e incluso ventajoso para todos respecto al ordenamiento anterior.

El “golpe de mano” encubierto quedará demasiado a la luz. Cuando, como es previsible, el “paquete” pase a la mesa de disección de la Comisión Constitucional que preside Alfonso Guerra, al frente de una ponencia de composición proporcional a las fuerzas políticas en presencia, habrá llegado el trance de dar la cara a la verdad. Y la verdad, salvo la improbable disposición de los comisionados a darle el cambiazo al “paquete”, no podrá ser otra que llamarle a las cosas por su nombre.

La expectativa es complicada. Nunca como en esa coyuntura habrá pasado la democracia española por una prueba tan difícil. Con los nacionalistas vascos al acecho y los socialistas al borde de incurrir en cambalache o trapisonda, el sistema democrático resultará ser el perdedor, el mayor perdedor, con independencia de que los catalanes de la Nació tengan tal vez que batirse en retirada con sus bártulos dialécticos a cuesta. Pésimo ensayo y pésima aventura la del señor Zapatero y sus no menos pésimos asesores. Será España la que habrá quedado políticamente averiada. Y, por supuesto, tendrá que adquirir una importancia excepcional el proceso electoral que se abra en el año 2008: adiós al zapaterismo como pesadilla o mal sueño, en el mejor de los casos, o su afianzamiento para emprender una imprevisible ruta.

Declaración de independencia
Por LUIS IGNACIO PARADA ABC 6 Octubre 2005

DICEN los diplomáticos que «un país es independiente cuando sólo depende de los Estados Unidos». Así que convendría que algunos políticos empezaran a estudiar las diferencias que existen entre soberanía e independencia; nacionalidad y origen; patria y nación; lengua e idioma; folclore y etnia; Geografía e Historia; cultura y civilización; Estado y país, democracia y poder político. Y nos ahorraríamos funambulismos circenses que encrespan al personal.

No tiene ninguna lógica que los políticos catalanes pidan diálogo y voluntad negociadora para debatir algo que empiezan por decir que es innegociable, como la inclusión del término nación. Examinado por el máximo órgano consultivo catalán, presenta al menos 19 disposiciones inconstitucionales y otras 39 de dudosa constitucionalidad. Pretende un modelo de financiación, expresamente declarado en la Constitución, competencia exclusiva del Estado. Es, en fin, un documento constituyente, pactado por los representantes de sólo el diez por ciento de los españoles, cuya tramitación no cabe en la reforma de un Estatuto de Autonomía. Pese a lo cual, el funambulista jefe de la «troupe» se atreve a fanfarronear diciendo que si es rebajado sustancialmente, los partidos que lo apoyan podrían optar por la convocatoria de elecciones anticipadas, retirar el texto o someterlo a referéndum y que sea la sociedad catalana la que decida.

El artículo 149 de la Constitución dice clarísimamente que el Estado tiene competencia exclusiva sobre 32 materias. Entre ellas están la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles, la Hacienda general y la autorización para la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum. Así que se confunde el presidente del Parlamento catalán, o nos quiere confundir, cuando dice que la reforma del Estatuto no quiere romper nada y no es ninguna declaración de independencia. Debe de referirse a la independencia de la que hablan los diplomáticos.

La política de tierra quemada
Ignacio Villa Libertad Digital 6 Octubre 2005

Zapatero no está bien, y no es para menos. El jefe del Ejecutivo ha aparecido hoy en la sesión de control al Gobierno –después de la gira gastronómica gallega– nervioso, dubitativo y muy agresivo. Esa agresividad –¿donde ha quedado el talante?– es el síntoma más claro de que el presidente está pasando el peor momento, con mucho, de la legislatura. Zapatero, ante la pregunta lógica y normal de Mariano Rajoy por la crisis surgida con el Estatuto catalán, se ha puesto como una pantera. Y con los nervios a "flor de piel" se ha lanzado a acusar al Partido Popular de estar metiendo miedo a los españoles con el Estatuto. Desde luego el mundo al revés.

El presidente del Gobierno está consiguiendo agotar a toda la velocidad la amplia gama de calificativos que se habían utilizado para explicar sus modos y estrategias. Ciertamente los modos son de una irresponsabilidad extrema, pero es que además ahora en una dinámica de locura total Zapatero se dedica a insultar al Partido Popular, que es el único salvavidas que le queda para sacar adelante un modelo nacional serio y estable.

La situación límite para Zapatero es evidente; recurre a la estrategia del miedo y del insulto puesto que ya no le queda una gota de gasolina. No tiene razón de ser que pueda acusar a Mariano Rajoy de "meter miedo a los españoles", cuando desde hace más de un año el Partido Popular ha ofrecido el apoyo necesario al Gobierno para que pueda prescindir del chantaje de los nacionalistas. El responsable del Ejecutivo lo ha rechazado y por lo tanto se encuentra ahora lo que se ha buscado

Aunque, quizá, lo que más preocupa no son los errores cometidos por el Gobierno que son muchos. La gran preocupación es que Zapatero no está dispuesto a rectificar bajo ningún concepto; lo que nos lleva a pensar que nada le importa en absoluto. Va a lo suyo, que no es otra cosa que el de mantenerse en el poder a toda costa sin escrúpulos y a cambio de lo que haga falta. Estamos ante una política de tierra quemada dirigida desde Moncloa y en la que Zapatero está en primera fila. Y eso en un presidente del Gobierno no tiene precedentes.

Dos hombres y un destino
Por EDUARDO SAN MARTÍN ABC 6 Octubre 2005

SIEMPRE me ha sobrecogido el fatalismo conformista en virtud del cual, en la novela Extraños en un tren de Patricia Highsmith, un tenista despreocupado y buena persona se convierte en un asesino a su pesar. Un pacto de sangre aceptado irreflexivamente constituye el trampolín desde el que Guy Haines se precipita a los infiernos del crimen cuando el proponente del acuerdo, Bruno Anthony, rico y frívolo hijo de papá, cumple con su parte del trato, sellado en el compartimento de un tren. La frágil voluntad de Haines es escasa defensa frente a la determinación de Anthony, quien recurre a la extorsión sin tapujos en el momento en el que la sola persuasión deja de tener efectos. Tanto Highsmith como después Alfred Hitchcock, en una versión cinematográfica firmada entre otros por Raymond Chandler, ofrecen a los ojos de lectores y espectadores algunos portillos por los que el atolondrado y confuso Haines podría haber escapado de la trampa que le tendió el azar de un viaje en tren. Sin embargo, ambos van cerrando esas posibles escapatorias con implacable determinación para no subvertir el trágico hado con el que la novelista y el cineasta han decidido castigar a un personaje tan estúpido.

Algunas peripecias de la historia reciente de España, una de ellas muy inmediata, evocan un triunfo parecido del fatalismo sobre la voluntad; de la aceptación de la inevitabilidad de ciertos acontecimientos frente a la virtud reparadora de la rectificación. Ningún camino emprendido es irreversible si los beneficios de lo que se esperaba obtener palidecen ante los riesgos que es necesario incorporar a un desenlace incierto. Nada define mejor la capacidad de supervivencia de una especie que la de su adaptación a un entorno generalmente hostil y plagado de amenazas. Nada caracteriza mejor al político inteligente que su flexibilidad para adaptar los compromisos asumidos, consigo mismo y con aliados estables o interesados, a los obstáculos que se presenten en el camino. Ningún elector va a reprochar nunca a su representante político que haya incumplido un compromiso cuya aceptación fatal podría conducirnos a todos al abismo.

En su última e inquietante novela, La conjura contra América, el escritor judío norteamericano Philip Roth, que sabe usar de la ironía con la sutil clarividencia con la que muchos de su estirpe se defienden de un destino tantas veces trágico, describe a uno de sus personajes con la siguiente frase: «No hay nada para lo que W. W. tenga más talento que para ser él mismo». En ocasiones, parecerse demasiado a uno mismo puede llegar a ser fatal; al personaje de Roth le costó la vida. José Luis Rodríguez Zapatero y Pasqual Maragall son, por lo que llevamos visto, de esos personajes que agotan su talento en ser demasiado ellos mismos. Yo nunca les reprocharía que dejaran de serlo en algún momento. Y supongo que muchos otros, tampoco.

Jóvenes por la Constitución contra Carod y Zapatero
Antonio Martín Beaumont elsemanaldigital 6 Octubre 2005

Ya está en el Congreso de los Diputados el "Estatut" de Maragall. Ahora veremos cuál será la tramitación que sigue, pues estando el Estatuto valenciano de Francisco Camps en manos de Sus Señorías en Comisión, supongo deberá esperar su turno, aunque de momento su debate inicial se ha adelantado al 2 de noviembre.

De lo que no cabe duda es de que Pasqual Maragall es un político que concita pasiones. De todo tipo. En el PP, por ejemplo, andan movilizando a sus más de 700.000 militantes para decir "no" a esta reforma del Estatut. Eso sí, quiere Mariano Rajoy decirlo civilizadamente, "hacer pedagogía", para que nadie pueda acusarles de "catastrofistas" ni de "ultrapatrióticos" ni vayan a pensar que son "anticatalanes". No le falta razón al gallego. Lo peor que se puede ser en política es "carca".

Los jóvenes también se movilizan. Cincuenta animosos jóvenes convocados por una nueva Plataforma Ciudadana, que portaban una pancarta alusiva a la muerte de la Constitución (Constitución RIP, en la que se podía ver pintado un ataúd), se reunieron a las puertas del hotel el miércoles donde el líder republicano catalán Josep Lluís Carod-Rovira trataba de explicar el texto del nuevo Estatut. "No es esto. Esto no es pedagogía…", seguro debió decir el "número uno" popular al enterarse. Pero, don Mariano... los jóvenes, son jóvenes y la causa lo merece.

Si la juventud estuviese dispuesta a agruparse en Plataformas para en la calle decirle a Zapatero lo que piensa, las cosas irían mejor. Esperemos que el hoy, jueves, a las puertas del Hotel Villamagna, frente al presidente del Gobierno, haya algunos jóvenes más para defender España y su Constitución.

El PP tiene una gran oportunidad tras el paso en falso de Zapatero con el Estatut. La gente -del PP, también del PSOE y muchos que ni son del PP ni del PSOE- está con la boca abierta viendo a un presidente del Gobierno capaz incluso de ceder la unidad del país que gobierna con tal de seguir sentado en La Moncloa.

A millones de españoles se les han abierto los ojos de golpe al ver sin tapujos ya, que quienes mueven a Zapatero no son otros intereses que los de partidos marginales (la IU de Gaspar Llamazares y la ERC de Josep Lluís Carod-Rovira) aupados al poder por un socialismo con la aspiración –que tuvo y sigue teniendo- de arrumbar a los populares.

Así las cosas Rajoy, ahora, no necesita apretar demasiado al acelerador. Su coche va cuesta abajo. Debe, eso sí defender sus principios, defender la solidaridad entre las regiones de España y la igualdad de los españoles y dejar que Zapatero se cueza en la propia salsa que se está calentando en su partido.

De España a Expaña pasando por la izquierda
Jesús Laínz elsemanaldigital 6 Octubre 2005

El PSOE, que escatima a España su condición de nación, se la otorga sonriente a cualquier región que la reclame mediante pataleta.

Dice Zapatero que quienes defienden la realidad nacional española expresada en el artículo 2 de la Constitución son unos fundamentalistas (los que proclaman las abracadabrantes naciones vasca, catalana o gallega, no). Anxo Quintana afirma que Zapatero está dando grandes pasos hacia un Estado de muchas naciones. Los socialistas Maragall y Touriño gobiernan en coalición con los separatistas Carod y Quintana y declaran enfáticamente –sin conceder derecho a réplica– la plurinacionalidad del Estado español. El PSOE catalán acaba de proclamar, cual dogma de la Inmaculada Concepción, que Cataluña es una nación. El PSOE vasco condena, una vez más, al nacionalismo español por rancio (el nacionalismo vasco, por el contrario, es ejemplo de modernidad). La Ministra de Incultura, Carmen Calvo, explica que lo importante no es que España siga siendo o no una nación, sino que siga siendo un Estado.

Éstas son unas pocas muestras, entresacadas de otras mil posibles, del imparable proceso puesto en marcha por el PSOE para liquidar –de espaldas a los siglos, al sentido común y a su propia tradición ideológica– ese innegable sujeto histórico llamado España. Imparable, sí. Pues la mayoría del pueblo español está a lo que verdaderamente importa: la Liga y Operación Triunfo.

Fijémonos en tres hechos curiosos. El primero, el interés que paradójicamente tiene el PSOE en gobernar una nación cuya existencia le trae sin cuidado –cuando no le repele– en colaboración con cualquier partido cuyo objetivo, más o menos urgente, sea la secesión.

El segundo, la estupefaciente declaración de la ministra Calvo, que considera que en la Europa del siglo XXI puede caber un Estado que no se fundamente en una realidad nacional producto del devenir histórico. ¡Feudales están nuestros muy reaccionarios socialistas, que atrasan tres siglos sus relojes para afirmar que lo importante no es que la nación se dé un Estado para gobernarse, sino que los ciudadanos de una pluralidad de inventadas neonaciones –insolidarias y hostiles entre sí– sigan siendo súbditos de la misma Corona! ¿Para esto la Revolución Francesa, de la que los socialistas siguen, muy incongruentemente, declarándose herederos?

Y, por último, el verdadero hecho diferencial español: la asombrosa obsesión nacionalista de nuestras diversas izquierdas –del PSOE a ETA pasando por IU, HB, ERC, BNG, etc.–. Pues mientras que la izquierda, en todo el mundo, se caracteriza por su internacionalismo, su obrerismo, su economicismo, su indiferencia ante los asuntos "patrióticos", nuestras izquierdas se dedican desde hace medio siglo a brincar como monas cachondas ante cualquier reclamo "nacional". Cualquiera menos el español, claro.

¿Despertarán algún día los votantes del PSOE?

ZP y el Estatuto
El talante de la mordaza
Isabel Durán Libertad Digital 6 Octubre 2005

El Gobierno, el PSOE y su filial nacionalista catalana se empeñan en hacer creer al ciudadano de a pié que el PP es una formación ultraderechista, ultramontana, intolerante, reaccionaria y ahora, “histérica”, en palabras de Miquel Iceta. También que Mariano Rajoy predica “plagas” y “catástrofes” inexistentes, como asegura Pérez Rubalcaba, el portavoz del gobierno de los GAL.

Sin embargo, a la factoría publicitaria zapatista se le está acabando el cuento. Hasta los oyentes de la Ser andan revueltos a causa del Estatuto de Zapatero y se manifiestan en contra de que Cataluña se autodefina como nación. Casualmente, cuando el sermómetro le enmendaba la plana al Estatuto en esa vital cuestión se produjo un providencial “fallo informático” en la cadena amiga, es decir, un apagón informativo en toda regla y santas pascuas. Un dejá vu, algo parecido a lo ocurrido con la fonoteca de Gran Via 32 que delataba minuto a minuto su juego sucio durante las cruciales horas del 11 al 14-M. Y es que a Zapatero y sus huestes mediáticas se les ve demasiado el pelo.

Algo empieza a calar en contra del mismísimo Giocondo monclovita incluso entre sus propios e incondicionales devotos. Los estrategas del poder andan estos días preocupados. Ha sido tal la orgía nacionalista de Rodríguez Zapatero que ahora ha llegado la consigna rotunda: hay que rebajar el significado real de lo aprobado gracias al presidente, hacer pedagogía de la desinformación, manipular el significado y las gravísimas consecuencias del disparate estatutario presidencial.

Quien se presentó ante la opinión pública como el político del talante se ha convertido en el paradigma de la censura y la manipulación. Bajo su mandato no se puede hablar del incendio de Guadalajara, ni sobre las cesiones a los terroristas ni de sus negociaciones para conseguir “la paz”. Tampoco puede preguntarse sobre el Carmelo y ni palabra a cerca de la invasión de subsaharianos en Ceuta y Melilla. Pero por mucho que les pese, el muro de silencio y la tergiversación informativa sobre el Estatuto de ZP, vale en Cataluña. El talante de la mordaza aquí no cuela.

Las mentiras
Los Presupuestos Generales del Estado y el futuro de España, y 2
Alberto Recarte Libertad Digital 6 Octubre 2005

Es un presupuesto fácil; fácil de ingresar, fácil de gastar, fácil porque contenta a casi todos; fácil porque, eventualmente, podría ayudar a preparar unas elecciones anticipadas. Puede consultar la primera parte de este artículo.

¿Es posible imaginar un mejor escenario tributario que el que se encuentra el Sr. Solbes para 2006, salvo que se produzcan accidentes derivados de la ruptura de la Constitución, como que la confianza de los residentes en España se resienta por esa situación o que el sector exterior acabe por asfixiarnos antes de lo que imaginamos?

La clave de los ingresos fiscales
En 2005 –por los datos que tenemos hasta ahora–, los ingresos fiscales crecen a un ritmo superior al ¡12%!, mientras el PIB nominal debe hacerlo a algo más del 7% y el real alrededor del 3,3%. No vamos a repetir las causas de ese enorme crecimiento de los ingresos, salvo para hacer referencia a la última reforma del IRPF de 2002, que se ha vuelto a traducir en un aumento espectacular de los ingresos, desafiando una vez más a los que auguraban una catástrofe por esa rebaja fiscal. A lo que hay que añadir la marcha de los ingresos por el impuesto sobre sociedades, que siguen creciendo a un ritmo superior al 20% sobre el año anterior, reflejando, en este caso, la situación de bonanza de las empresas españolas, tras más de 12 años de crecimiento económico ininterrumpido y la situación de los ingresos por IVA, a los que les da igual que nuestro crecimiento sea desequilibrado; cuanto más consumo, más ingresos por ese concepto; y cuantas más importaciones, también más ingresos por IVA. Y ¿qué decir de las cotizaciones a la Seguridad Social y al INEM, que superan, como era de esperar, todas las previsiones oficiales, como lo hacen el número de inmigrantes que llega a nuestro país, el número de personas que trabajan y el de aquellos que lo hacen legalmente?

Con un panorama de esta naturaleza, lo único que habría que explicar a los lectores que no conozcan los arcanos tributarios es que nuestro sistema de impuestos es de los denominados progresivos y elásticos, y que cuando aumenta mucho el crecimiento real –ahora en torno al 3,3% anual– y la inflación –ahora alrededor del 3,7% anual– los ingresos por este tipo de impuestos en lugar de crecer por el resultado de la suma (3,3 + 3,7 = 7) lo hacen a tasas muy superiores. Este sistema tan elástico puede ser negativo porque, en ocasiones como la que examinamos, se produce tal aumento de los ingresos que puede engañar a los políticos responsables, que pueden gobernar como si esa situación excepcional fuera a mantenerse indefinidamente, y propicia el que se adopten políticas de gasto que serán insostenibles en el momento en que el crecimiento se desacelere. Y cuando se entra en la parte descendente del ciclo ocurre exactamente lo contrario: es decir, que un aumento del PIB nominal (crecimiento real más aumento de la inflación) reducido, provoca una disminución más que proporcional de los ingresos públicos, con problemas de financiación y déficits crecientes. Precisamente la situación en que se encuentran países como Alemania, Francia e Italia. Por eso, son mayoría los expertos que defienden impuestos lineales para todo y un sistema fiscal no elástico.

En cualquier caso, el primer dato a tener en cuenta en nuestro análisis de los presupuestos generales es que en 2006 no habrá ningún problema de tipo fiscal y se podrá conseguir cómodamente un superávit fiscal, siempre y cuando el crecimiento real y monetario se mantengan.

Primera mentira: El cuadro macroeconómico
Por otra parte, la primera gran mentira presupuestaria del Gobierno es el cuadro macroeconómico que se acompaña.

Previsiones macroeconómicas para 2005-2006
Variación en % sobre el mismo periodo del año anterior salvo indicación de lo contrario
PIB por componentes de demanda
 
  Dato real 2004 2005 2006
Gasto en consumo final nacional 4,8 4,1 3,9
 Gasto en consumo final nacional en hogares 4,4 3,7 3,6
 Gasto en consumo final de las AA.PP. 6,0 5,3 4,6
Formación bruta de capital 4,8 6,7 5,0
 Formación bruta de capital fijo 4,9 6,8 5,1
 Bienes de equipo y otros productos 4,0 8,2 7,0
 Construcción 5,5 5,7 3,8
Variación de existencias (contribución al crecimiento del PIB) 0,0 0 0,0
Demanda interna 4,8 4,8 4,2
Exportación de bienes y servicios 3,3 1,2 3,2
Importación de bienes y servicios 9,3 6,6 6,2
Saldo exterior (contribución al crecimiento del PIB) -1,8 -1,7 -1,1
PIB 3,1 3,3 3,3
PIB a precios corrientes: miles de millones de euros 837,3 896,7 956,3
% variación 7,3 7,1 6,6


Es posible, como se adelanta en este cuadro, que volvamos a crecer en torno al 3,3% anual. Pero la distribución entre consumo, inversión y aportación del sector exterior que proyecta el gobierno está totalmente falseada. Dice el Gobierno que ya en 2005, pero sobretodo en 2006, se va a remediar, espontáneamente, nuestro déficit exterior. No estamos hablando siquiera de milagros; estamos en el terreno de la falsificación. No se da ninguna razón para que nuestras exportaciones crezcan –excepto una eventual recuperación económica de la Unión Europea que debería estar produciéndose ya en este momento, sin que la registren ni nuestros sentidos ni nuestras estadísticas– más de lo que lo hacen en este momento y para que el ritmo de nuestras importaciones disminuya. En números: en 2004 el sector exterior restó 1,7 puntos a nuestro crecimiento. En 2005, hasta el mes de junio, nos está restando al ritmo de 2,5 puntos, pero nuestro Gobierno dice que ese desequilibrio se va a corregir él solo y que en 2005, en su conjunto, sólo restará 1,8 puntos y en 2006 únicamente sustraerá 1,1 puntos. Eso no es fe de carbonero, eso es manipulación estadística. Excepto que haya pruebas de una revolución tecnológica intensiva en marcha en España, de la que no nos hemos enterado, y de que el Ejecutivo goce de información privilegiada, que es posible, pero no probable. Fiar la recuperación de nuestras aportaciones al mayor crecimiento europeo no es consistente con la globalización. Exportaremos más a Europa siempre y cuando la Unión Europea crezca más y seamos más competitivos que el resto del mundo que también exporta a la Unión Europea. Y, en cuanto a nuestras importaciones de bienes y servicios, la falsificación de los datos, o las previsiones de desaceleración en el crecimiento, no se apoyan en nada, pues nuestro PIB mantiene el ritmo de aumento, nuestros precios internos nos vuelven a hacer perder competitividad y nuestro gasto exterior en turismo no se va a reducir. Y el precio del petróleo, que se supone va a bajar hasta los 50 dólares/barril, no puede influir significativamente. Una proyección, pues, incomprensible.

Segunda mentira: La mejora de la productividad
La segunda falsedad es la afirmación de que nuestra productividad mejorará desde 0,5% en 2004 hasta 0,6% en 2005 y hasta 0,7% en 2006. Hasta ahora no hay datos que corroboren esa mejora. Por el contrario, el altísimo crecimiento del empleo lo dificulta. Lo más llamativo, sin embargo, es la afirmación de que en el presupuesto se contienen decisiones que ayudarán a que crezca significativamente la productividad. Un aserto que no se sostiene ni en las cifras –por su cuantía, el gasto presupuestario en I+D+i, civil y militar, es de 6.500 millones de euros (menos del 0,73% del PIB, frente a cifras en torno al 1% en ejercicios anteriores)–, que son irrelevantes para una economía cuyo PIB en 2005 alcanzará los 900.000 millones de euros, ni por el tipo de medidas que se contemplan al margen de las de puro gasto público. Incluso los incentivos que se dice que ayudarán a los empresarios a gastar en I+D+i se valoran en el propio presupuesto en apenas ¡261! millones de euros. Mientras, los incentivos a la inversión en compra de viviendas –el antiguo culpable de la subida del precio de los pisos, según el PSOE cuando estaba en la oposición–, se cuantifican en 3.330 millones de euros, frente a 3.076 en 2005. Vuelven a crecer, también, los dedicados a incentivar los planes de pensiones privados (1.530 millones, frente a 1.356 el año anterior), un gasto presupuestario que favorece a los ricos frente a los pobres, según los responsables económicos del gobierno.

¿Dónde está el cambio de modelo de crecimiento y de incentivos a las personas y a las empresas? No lo hay. El modelo es el mismo, aunque operando más en el límite que anteriormente. Supone el Gobierno –en su cuadro macro– que el consumo privado y público se desaceleran y que el sector de la construcción también lo hace. El cuadro macroeconómico está ajustado a martillazos. Y como lo único que se podría tocar contablemente era el aporte negativo del sector exterior, pues se utiliza sin reparos y sin argumentos.

La afluencia de ingresos tributarios es tan grande que se pueden absorber sin problemas todas las operaciones especiales pendientes. De hecho, en 2005, y según la liquidación provisional de ingresos públicos no financieros, se van a recaudar 5.000 millones de euros más de los presupuestados. Para 2006 la situación es similar: Será posible absorber el déficit de RTVE –que sigue siendo el mismo de siempre, aunque en partidas diferentes–, la reconversión en los astilleros (IZAR) y los mayores gastos en sanidad pública (1.700 millones de euros; por cierto, llama la atención la generosidad de nuestro gobierno con nuestro dinero para con sus socios nacionalistas. No obstante gozar de un sistema de cupo, tanto el País Vasco, como la propia Navarra, se van a beneficiar, al margen de toda lógica, de mayores transferencias para hacer frente a los gastos sanitarios). Se pueden compensar, también, las menores contribuciones netas de la Unión Europea a nuestro presupuesto, que en 2005 alcanzarán los 7.000 millones en euros y en 2006 supondrán, como mucho, 5.300 millones, apenas el 0,55% del PIB previsto para ese año, lejos ya del 1% que han significado durante bastantes años, y que, recuerden ustedes, el actual Ejecutivo identificaba con crecimiento trasladado desde la Unión Europea a España.

¿Hay alguna política de gasto o ingreso que aborde la pérdida de competitividad exterior? Ninguna. Al margen de que, en la medida en que se trata de un fenómeno complejo, una derivada de muchos otros comportamientos, lo que podría haberse hecho con los presupuestos era muy limitado. Sólo dos políticas habrían provocado una mejora de nuestra competitividad a medio plazo:

Mayores inversiones en infraestructuras de todo tipo.
Reducción sustancial de los impuestos personales que, en tanto en cuanto incentivaran la iniciativa personal, habrían supuesto una mayor productividad de toda nuestra economía.
Pero, por supuesto, no se ha hecho ni lo uno ni lo otro. En cuanto a las infraestructuras, a pesar de la opacidad de la documentación, parece que se reducen las licitaciones públicas y los proyectos en ejecución. Al margen de que se discrimina, por razones puramente políticas, entre las inversiones en unas u otras autonomías, lo que garantiza una menor eficiencia económica general.

Las partidas de gasto
Las grandes partidas de gasto corriente también se disparan en 2006: sueldos y pensiones y gastos generales. Si se hubiera decidido una política de gasto de austeridad se habría producido un superávit que podría haberse situado entre el 1% y el 2% del PIB. Y que, contrariamente a la opinión generalizada, no habría ayudado a controlar la inflación, que sigue siendo un fenómeno fundamentalmente monetario y que refleja un tipo de intervención del euro por parte del Banco Central Europeo del 2% y posibilidades crediticias casi ilimitadas para empresas y particulares residentes en España a tipos situados entre el 3% y el 5%; una situación inédita en España y, hoy, excepcional en todo el mundo. Esos tipos de interés y un volumen total de créditos que crecen a tasas superiores al 25% para los créditos hipotecarios, por ejemplo, explican nuestro diferencial de inflación. Y un pequeño superávit fiscal del 1% al 2% del PIB, que es, por otra parte, enorme, pues significa entre 9.000 y 18.000 millones de euros, y que, aunque muy beneficioso para nuestra economía, no contribuiría, en estos momentos, en mi opinión, a desacelerar la inflación.

Hay, para finalizar, dos datos importantes que merecen la pena comentar. A pesar de la política de gastarse casi todo lo que se recauda, el gasto público total se situará, posiblemente, entre el 38% y el 39% del PIB y la deuda pública continuará su descenso, hasta el 43% del PIB (frente al 68% de España en 1994 y cifras superiores al 70% en Alemania, del 67% en Francia y superiores al 100% en Italia). Lo que, desgraciadamente, da mucho margen para llevar a cabo políticas de gasto irresponsable. Incluso para acercarse a la demanda de los nacionalistas catalanes de contar con un cupo fiscal, como el País Vasco y Navarra, y compensar a Andalucía y Extremadura y Castilla la Mancha y quizás alguna otra, con transferencias sustitutivas, que situarían nuestro déficit público entre el 1% y el 2% del PIB, una situación que, como sabemos, no es excepcional en la Unión Monetaria. A corto plazo, por tanto, todos contentos, los nacionalistas y los gobernantes socialistas. Sólo aumentará la deuda pública. Como en el periodo 89-94. Hay margen. Y después, ya saben, reformas, apretarse el cinturón y que sufran los más desfavorecidos. Pero esa es otra historia; de un país que quizá ya no sea el Reino de España.

Conclusión
El presupuesto para 2006 no despeja ninguna de nuestras grandes incertidumbres ni sirve para intentar corregir, con la modestia del instrumento, ninguno de nuestros grandes problemas. Es un presupuesto fácil; fácil de ingresar, fácil de gastar, fácil porque contenta a casi todos; fácil porque, eventualmente, podría ayudar a preparar unas elecciones anticipadas. Y mientras, el deterioro competitivo industrial, personificado en el sector del automóvil continúa, y el de los servicios comercializables –es decir, básicamente, en nuestro caso, el turismo–, también, y aceleradamente. El crecimiento continúa gracias al empujón del consumo público y privado y al sector de la construcción. La pérdida de competitividad exterior y el endeudamiento de las familias se acentuarán, lo que seguirá socavando las bases de nuestro crecimiento futuro. No hay nada de más enjundia en este presupuesto. Los análisis exhaustivos son innecesarios. Es tiempo de ruptura y de irresponsabilidad.

Zapatero empieza a rectificar
Pablo Sebastián Estrella Digital6 Octubre 2005

El Estatuto de Cataluña ha llegado a Madrid y ha dado pie a un nuevo enfrentamiento entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, en la sesión de control del Congreso de los Diputados. La noticia del día no estaba en las posiciones de Rajoy, que son las mismas y coherentes denunciando la reforma encubierta de la Constitución que pretende el nuevo Estatuto de Cataluña apoyado y negociado por Zapatero, así como su posición contraria a admitirlo a trámite en el Congreso, como ocurrió con el Plan Ibarretxe, sino que la novedad la aportó Zapatero con el inicio de su rectificación frente al Estatuto catalán que él mismo ha alentado, negociado y promovido al afirmar ante las Cortes que habrá reformas y que se defenderán los principios constitucionales en defensa de la soberanía nacional.

La novedad de Zapatero, que incluye por supuesto su decisión de admitir a trámite el texto llegado de Cataluña para asegurarse la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado por parte de sus aliados nacionalistas, configura un horizonte confuso e incierto para el Estatuto catalán, porque el presidente por fin parece haberse dado cuenta del disparate del que ha sido autor al promover semejante Estatuto que viola la Constitución y del efecto que su iniciativa política ha tenido tanto en el seno del Partido Socialista como en el conjunto de la sociedad española, donde ya se registra una gran corriente de indignación con el Gobierno tripartito de Cataluña y con el Gobierno que preside Zapatero por la ruptura del pacto constitucional de 1978 y las discriminaciones democráticas y económicas que incluye el Estatuto.

Zapatero rectifica y quiere ganar tiempo, quiere admitir a trámite el Estatuto pero ya es consciente de que lo debe rectificar en sus puntos más conflictivos, aunque por el momento, y así lo afirman personas de su entorno, no parece dispuesto a eliminar del artículo primero del Estatuto el término nación que choca frontalmente con la Constitución y con la propia realidad española, lo que hace que su rectificación sea incompleta e insuficiente porque mantendrá viva la tensión dentro del PSOE y en el conjunto de la sociedad española.

Las rectificaciones de Zapatero han provocado aplausos en los bancos del Partido Socialista porque por lo menos han conseguido que elimine parte de su ambigüedad, de sus errores flagrantes y de su temeridad. Pero esas palabras de Zapatero ya han abierto un marco de preocupación en el seno de sus aliados del nacionalismo catalán, que no entienden por qué Zapatero ha apoyado el Estatuto en la Moncloa y ante la opinión pública y ahora lo quiere rectificar.

Los nacionalistas catalanes, empezando por el presidente del Parlamento catalán, Ernest Benach, han venido hoy a Madrid como corderitos hablando de sosiego, de pactos, de negociación y acusando al resto de España de crispación política o de “catalanofobia”, como ha dicho hoy Carod en Madrid. Cuando en realidad la crispación la han organizado ellos, primero en Cataluña y luego en el resto de España, con un lamentable espectáculo de la clase política catalana, que empezó con las acusaciones de corrupción de Maragall a Mas por el 3 por ciento de las comisiones en las obras públicas, luego siguió con la crisis del túnel del Carmel y finalmente con las descalificaciones mutuas e incluso amenazas en las negociaciones del Estatuto. Sin olvidar otras gracias como las que ha hecho Carod diciendo que éste es el principio de la independencia de Cataluña, pidiendo la oposición a los Juegos Olímpicos de Madrid e insultando gratuitamente a España y a los españoles, como suele hacer con bastante frecuencia el dirigente de ERC.

El problema esencial de la situación creada radica en que Zapatero se ha metido en su propia trampa. Ha prometido apoyar el Estatuto que llegara de Cataluña y ahora dice que no, que hay que corregirlo, y si eso es así tendrá que obligar a que apoyen dicha corrección los mismos partidos catalanes que acaban de aprobar el Estatuto hace sólo unos días. O sea, que lo que han acordado en el Parlamento catalán no sirve para nada porque está claro que Zapatero y sobre todo el PSOE quieren cambiar los capítulos relativos a la financiación, blindaje de competencias, idioma, competencias del Estado, etcétera, con lo cual la clase política catalana volvería a quedar en el peor de los ridículos y se les quedaría a todos ellos la misma cara que se le quedó a Ibarretxe cuando vino a Madrid con su famoso Plan y le dijeron que no.

Pero la cuestión de fondo, política y matemática, está ahora en la siguiente cuestión: Zapatero no puede reformar el Estatuto en cuestiones tan sensibles como las citadas sin que lo acepten los nacionalistas catalanes, que tendrían que hacerse el harakiri en Madrid, porque no tiene mayoría parlamentaria suficiente para alcanzar los 176 votos favorables que exige la reforma tramitada como Ley Orgánica. La otra alternativa que le queda es un gran pacto con el PP, como la que ha sugerido el ministro de Defensa José Bono, pero para que eso ocurra no basta con una pequeña o mediana rectificación del Estatuto, sino que el PP exige una rectificación total, empezando por el termino nación, que habría que sacarlo del articulado del proyecto llegado a Madrid.

Y si se hace ese gran pacto nacional entre el PP y PSOE, entonces adiós Gobierno tripartito en Cataluña y ruptura del PSOE allí, porque lo que no va aceptar el PP con toda razón es una pequeña reforma parcial para salvar a Zapatero y contentar a los nacionalistas. De manera que o Zapatero pierde el apoyo de sus aliados nacionalistas para mantenerse en la presidencia del Gobierno en Madrid, o se rompe el Gobierno tripartito de Cataluña, o los nacionalistas renuncian a ese flamante Estatuto que han pactado en Cataluña con el 90 por ciento de su propia Cámara y que han culminado con el himno de Els Segadors, todos puestos en pie. No hay pues una buena salida para nadie, porque en el caso de un pacto de mínimos con los nacionalistas la crisis política alcanzaría al Gobierno de Zapatero y al PSOE en toda España e incluso podría facilitar la ruptura el PSOE.

Qué puede hacer Zapatero? Pues de momento ganar tiempo. Ganar tiempo admitiendo a trámite el Estatuto para que le aprueben los Presupuestos, y a partir de ahí entra en una negociación en la Comisión Constitucional del Congreso para ver si consigue una reforma aceptable con los nacionalistas o con el PP, y en caso de fracaso llegar al otoño para renovar por un año, como permite la ley, los mismos Presupuestos del 2006 hasta el 31 de diciembre del 2007 y así agotar la legislatura hasta las elecciones generales de marzo del 2008. Éste es el calendario de Zapatero, pero lo que no sabemos es cuál va a ser la reacción de los catalanes y del resto de los españoles ante esta crisis que no ha hecho nada más que comenzar.

El líder del PP, Mariano Rajoy, le dijo ayer a Zapatero que no está a la altura de las responsabilidades de un presidente del Gobierno de España, y eso es cierto y no sólo lo piensan Rajoy y el PP, sino que también lo piensan en el PSOE y en su entorno mediático, político y cultural. Precisamente porque eso es así y porque Zapatero sabe que no ha estado a la altura que debiera y que se ha equivocado, ha empezado a rectificar, que es lo mismo que deberían hacer Maragall y sus aliados nacionalistas si no quieren ser víctimas de su propia euforia actual, empezando por reconocer sus propias mentiras, como las que pregonan cuando afirman que el Estatuto es constitucional.

Ayer mismo, el presidente del Gobierno reconoció que no lo era y por eso anunció que se iba a rectificar, de manera que menos mentiras y más sentido común en Cataluña, porque en el resto de España nadie está para bromas y mucho menos para dejarse engañar y para que nadie, desde ninguna Autonomía o Gobierno regional, por capricho o por locura, pongan patas arriba el orden constitucional.

Esto lo arregla Pedro J.
LAS PESQUISAS DE MARCELLO Estrella Digital6 Octubre 2005

Una cuestión previa: Marcello ha sido informado de que en las últimas horas el editor del Grupo Planeta y del diario La Razón, José Manuel Lara, podría haber mantenido una tensa reunión con el presidente fundador de La Razón, Luis María Anson, sobre el futuro de dicho periódico y la presencia del citado periodista en el diario que él mismo fundó. Las tensiones entre ambos vienen de lejos y han aumentado tras la llegada al Gobierno de Barcelona y al de Madrid de Maragall y Zapatero, lo que ha provocado un cambio de la línea editorial del citado periódico, quitándole la crítica directa a Zapatero y a Maragall de sus portadas y principales editoriales. El apoyo dado por Lara al Estatuto inconstitucional de Cataluña podía haber sido la gota que rebose el vaso de la discrepancia entre el editor y el periodista, y no se descartan noticias al respecto en las próximas horas o días, tanto si hay acuerdo entre ambos como si no lo hay.

Dicho esto, Marcello ha llegado a la conclusión, a la vista del editorial de ayer del diario El Mundo, de que el único que puede salvar a España de la crisis del Estatuto catalán por la vía de la gran coalición es Pedro J. Ramírez, director del diario El Mundo, que el miércoles publicó un editorial pidiendo una gran coalición entre el PSOE y el PP como la sugerida por el amigo del director y ministro de Defensa, José Bono. Un pacto de Estado, una vía de salvación.

No es la primera vez que Pedro J. salva a España: lo hizo frente al felipismo, lo hizo ayudando a la investidura de Aznar con aquel artículo de “Borrón y cuenta nueva” para Felipe González, y ahora está dispuesto a hacerlo una vez más, como no podía ser de otra manera, promoviendo la gran coalición frente a la hidra de tres cabezas del Gobierno tripartito catalán. La idea es de Bono, el ministro de Defensa, el capitán de los últimos de Filipinas que está dispuesto a inmolarse ¿por España? y la lanzó ayer desde Canadá, la tierra del ¿“Vive Quebec libre”? que dijo De Gaulle, una vez que en el Gobierno tomaron conciencia de la revuelta social española que se cierne sobre el Estatuto y contra Zapatero, y al descubrir que sin el PP no puede haber reforma parcial o mayoritaria del Estatuto de Maragall.

Bono lanzó su propuesta, llamó a Pedro J. y el director del periódico escribió el editorial de la gran coalición al estilo de la que Schroeder y Merkel quieren implantar en Alemania, proponiéndose en secreto el propio Pedro J. para construir el puente entre el PSOE y el PP. Las relaciones entre Pedro J. y Zapatero, tras una larga luna de miel, se habían enfriado por las nuevas concesiones de licencias televisivas, pero al final se llegó a un acuerdo y el problema se solucionó, aunque luego, con lo del Estatuto, el diario El Mundo dio un golpe de timón y empezó a llamar irresponsable a Zapatero y a levantar la bandera de España, abriendo un campo de batalla que este periódico distrae y confunde a menudo con el culebrón del 11M que no para de publicar. Pero ¿cómo puede Pedro J. organizar el pacto?

Pues muy sencillo, como favoreció el pacto de Aznar y de Pujol liquidando a la AEPI y pasando página de González, y como había organizado antes la “pinza” entre Aznar y Anguita para derrocar al felipismo. Ahora de lo que se trata es del pacto de la piscina, porque por la famosa alberca mallorquina han andado Bono y Zaplana, que serán los primeros en sentarse en la mesa de negociación de Pedro J., y una vez conseguido un pacto entre el valenciano y el manchego, que son amigos (como bien sabe el pocero), llegaríamos al intento de la gran reunión bajo la presidencia de Pedro J. entre Rajoy y Zapatero, y si este cuento llega a buen fin, pues colorín colorado, el Estatuto se ha acabado.

Puede que a alguno todo esto le parezca un disparate o un despropósito, pero se equivocan quienes piensan así porque Pedro J. ya está en ello y ha empezado a cambiar su discurso, lo que provocó el miércoles por la mañana las iras de su compañero y predicador de la COPE, que no entendía lo que estaba tramando ni diciendo el director de El Mundo, pidiendo sosiego, moderación pactos y entendimiento. Es decir, la rendición de Rajoy para que renuncie a su única bandera y para que Zapatero siga en el poder unos cuantos años más, a ver si muerto Rajoy llega Zaplana, que es el tapado actual del director del periódico El Mundo, mundial.

El Triángulo de las Bermudas
José Javaloyes Estrella Digital6 Octubre 2005

Ni llueve ni escampa la borrasca política centrada sobre la Moncloa. El triángulo que forman los tres frentes abiertos por la política del presidente Rodríguez acumula tantas energías negativas sobre el Gobierno, que se le puede convertir en su propio Triángulo de las Bermudas. A su nada misterioso conjuro puede que desaparezcan del mapa algunos tripulantes y el propio barco, incluido su mañoso e inexperto capitán.

El primero de los frentes, ese que abrió con promesas de incondicionalidad en la reforma del Estatuto de Cataluña —que por sus arrastres de fondo es una reforma de la Constitución misma, como no se cansa de repetir el presidente del Partido Popular—, tiene como principal característica la de inquietar tanto a la retaguardia socialista como a la propia calle y a la misma mayoría de los españoles. La contumacia del presidente del Gobierno ha producido, en su repercusión nacional, más impacto que el que supuso la fractura social por causa de la guerra de Iraq. Sin el concurso de pancartas, es algo que se advierte y que se masca. Es dato que rebasa con creces el radio de la intuición. El asunto del Estatuto no interesa a más de un 20 por ciento de los catalanes y desazona a la inmensa mayoría de los españoles, incluidos muchos militantes y votantes socialistas.

El frente catalán, que evoluciona como un ciclón desde antes de que ayer entrara en las Cortes, tiene la virtualidad, sin embargo, de dar la medida aproximada de la incompetencia y el parraplismo (arte de hablar sin decir nada) del hombre de la Moncloa. Decía ayer en el Congreso, nada más y nada menos, que “la Constitución no es un muro ni un corsé”..., en respuesta al referido alegato de Rajoy sobre la reforma constitucional subrepticia que se contiene en el proyecto de Estatuto de Cataluña. Se le escapaba así al morador monclovita que la Ley Fundamental, como cualquier otra en su correspondiente rango, encorseta y amuralla el espacio de materias que son de su competencia. Es eso, precisamente, la solidez, la nitidez, los compactos límites de la norma constitucional, lo que garantiza la convivencia y la democracia.

Es el segundo frente de ZP el que afecta a la integridad territorial de España con el escandaloso entreguismo político ante Marruecos, desde el mismo día que llegó a la Moncloa, que ahora se evidencia con escándalo en la vergonzosa situación creada en Ceuta y Melilla, con las oleadas de ébano que le hacen a Mohamed VI el trabajo de anegar nuestras dos ciudades del norte de África. El asalto migratorio se ha convertido en una vía de agua capaz de hundir y acabar la flotación española de ambas. El termocéfalo embajador Cajal, convertido en ninfa egeria de Rodríguez para la política exterior, completa por lo que se ve la catástrofe moratina en la ruinosa dialéctica de las concesiones a Miramamolin y a cuanto llegue remontando las aguas del Guadalete.

La fagocitación marroquí de Ceuta y Melilla sigue adelante, asalto tras asalto de los pobres subsaharianos, mientras se omiten los medios necesarios, políticos unos y técnicos los otros, para que acabe esa digestión marroquí y ese divertimento que el Rey Mohamed debe de estar teniendo en su venganza por la historia de Perejil.

Metros y más metros de valla y fantasmal despliegue militar con equipamiento de onegés, con lo fácil que sería —posiblemente, y sin incurrir en arbitrismos— electrificar en niveles de voltaje disuasorio los metros de “muro” existentes.

El tercer frente abierto es el de la alegalidad: ese incumplimiento por parte del Gobierno de la Ley de Partidos, para que prospere la loca aventura de la reducción política del terrorismo etarra —al igual que el de otros terrorismos con lo de la Alianza de Civilizaciones—, cuando lo único que funciona contra todos es la acción policial y la política abiertamente antiterrorista, a la que también se ha renunciado, por su incompatibilidad con las exigencias nacionalistas, separatistas o no, y de los comunistas, que comen en el pesebre de Ibarretxe. Sólo funciona la Policía, y nuevamente la francesa con la captura de tres importantes etarras; pronto sabremos, quizá, a qué precio de contratos para material ferroviario o militar.

España cruza apuestas sobre qué pasará en esta versión nacional del Triángulo de las Bermudas.
jose@javaloyes.net

"CARAVANA CONTRA EL OLVIDO"
La AVT presenta el itinerario de su movilización en contra de la negociación con ETA
La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha presentado este miércoles el itinerario que seguirá su "Caravana contra el Olvido", un autobús que recorrerá siete ciudades para "visitar y rendir un merecido homenaje a las víctimas del terrorismo" en contra de la negociación del Gobierno con los terroristas. Las movilizaciones, para las que el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, ha pedido una subvención al Gobierno vasco, empezarán el próximo sábado 8 de octubre en Madrid, a donde volverá la caravana una semana después.
Libertad Digital 6 Octubre 2005

La AVT ha decidido organizar su "Caravana contra el olvido" ante "la gravedad de los acontecimientos que se vienen produciendo en las últimas fechas", en referencia a los últimos atentados perpetrados por la banda terrorista ETA, de los que "puede inferirse claramente la existencia de un proceso negociador entre el Gobierno de la Nación y la banda terrorista ETA".

Esta Caravana pretende mantener vivo el recuerdo de las víctimas de los etarras, y recorrerá siete ciudades españolas "con el fin de visitar y rendir un merecido homenaje a las víctimas del terrorismo". En el autobús viajarán algunos familiares "cuyo objetivo es rendir tributo a sus seres queridos asesinados por la sinrazón terrorista". La primera parada del itinerario será en Santander, donde llegarán procedentes de Madrid para rendir un homenaje a las víctimas.

Procedemos a reproducir el itinerario previsto por la AVT:

Sábado 8 de octubre: Salida desde Madrid con destino Santander. Allí se llevará a cabo, a partir de las 13 horas, un acto de homenaje a las víctimas del terrorismo en la Plaza del Ayuntamiento de dicha localidad. Posteriormente, el grupo se trasladará a la Albericia, lugar en donde en el año 1992 la banda terrorista ETA asesinó a 3 personas e hirió a otras 21, con el fin de realizar una ofrenda floral.

Domingo 9 de octubre: Acto en el cementerio de Santiago de Compostela a las 12 horas.
Lunes 10 de octubre: Homenaje a las 12 horas en el cementerio de Salamanca a las víctimas del Terrorismo de esta provincia que han padecido la barbarie terrorista.
Martes 11 de octubre: Acto en Badajoz.
Miércoles 12 de octubre: Homenaje en Sevilla.
Jueves 13 de octubre: Acto en Ciudad Real.
Viernes 14 de octubre: Homenaje en Murcia.
Sábado 15 de octubre: Homenaje en Madrid, que finalizará, previsiblemente, con una Misa en la catedral de la Almudena.

Alemania, el país de la UE donde más crecerá la enseñanza del español
R. C. La Razón 6 Octubre 2005

Madrid- César Antonio Molina, director del Instituto Cervantes, abrió ayer el III Encuentro Internacional «Europa y América Cuatro siglos después del Quijote», organizado por la Fundación Rafael del Pino, la Fundación Carolina y el Colegio Libre de Eméritos, con una ponencia donde ha puesto de manifiesto el auge del español en el mundo y la necesidad de su arraigo en Estados Unidos «para que se convierta en una de las dos grandes lenguas de comunicación internacional del siglo XXI». «La demanda de enseñanza del español es la que más ha crecido, junto con la del inglés, en la última década. Y ese interés alcanza a regiones y países que, como los del norte de Europa, Asia, el Pacífico y África subsahariana, habían mostrado hasta no hace mucho un interés moderado», dijo Molina, quien aportó a lo largo de su intervención algunos datos ilustrativos: «En Francia, el español y el inglés dominan casi por completo el sistema de enseñanza, en el que se estudian dos idiomas. Ahora mismo el español lo elige más del 65 por ciento de los alumnos de bachillerato, es decir, dos millones de personas». Por su parte, Alemania es el país europeo donde aumentará más la enseñanza de español en los próximos años. Y en el Reino Unido, el pasado curso el español fue por primera vez la segunda lengua extranjera más elegida en el bachillerato, superando, curiosamente, al alemán, según los datos aportados por el director del Cervantes.

Esfuerzo y melancolía (VI)
5078 Blog de Arcadi 6 Octubre 2005

La democracia catalana no incluye, y es una desgracia, el derecho a la gramática. La ausencia es especialmente significativa en los párrafos preambulares once y doce, donde en un vacuo caldo de lugares comunes, despunta esta oración, visible sólo después de pasar el machete: “[los poderes públicos] están al servicio (...) de los derechos de los ciudadanos, como los derechos al bienestar...” Tampoco la gramática aparece entre los deberes. Y eso que el Estatuto, como ya se advierte desde el preámbulo, es claramente intervencionista, no sólo en el ámbito económico, sino también [es decir, también] en el orden moral. Porque el ejercicio de los derechos tiene que ir acompañado “con el deber cívico de implicarse en el proyecto colectivo”, del que a estas alturas pocas ambigüedades debían de quedar ya.

Sin embargo, y a la hora de fijar sus rasgos, el Estatuto escoge uno de ellos: “...especialmente la defensa de la pluralidad de lenguas y culturas”. Por supuesto no cabía esperar de los redactores una meditación acerca del plural “culturas”. Pero sí que llevaran su relativismo ontológico, epistemológico, antropológico y patológico hasta el final. Porque a la hora de aplicarlo a la propia Cataluña se vuelven extrañamente antirrelativistas. Jerárquicos y canónicos, y aplicando perfectamente el principio de que no todas las lenguas ni culturas valen lo mismo. A esa “defensa de la pluralidad de lenguas y culturas” Cataluña aporta “el catalán como lengua propia y común de toda la ciudadanía con independencia de su lengua de origen y uso habitual”.

Evidentemente, lo de menos es la traición fáctica: el catalán no es la lengua propia y común de “toda” la ciudadanía. Lo importante es que el misterioso ente llamado Cataluña no se lo aplique a sí mismo. Pero ni siquiera eso es lo peor. Por encima de todo está el ranking, tan descriptivo de la alucinación: la lengua propia y común catalana rige sobre la lengua de origen y uso habitual. La lengua catalana es la única que puede ser propia, común, originaria y habitual. Basta exponer este ejemplo para ver hasta qué punto el Estatuto es una imposición sobre gran parte de los ciudadanos catalanes. Es baldío arguïr que el preámbulo no tiene efectos jurídicos. Los tiene mucho peores. Son políticos. Es en el preámbulo donde las letales consecuencias de la política se advierten en toda su obscenidad.

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