AGLI

Recortes de Prensa     Martes 11 Octubre 2005
Elecciones anticipadas
Antonio Martín Beaumont elsemanaldigital 11 Octubre 2005

Sedición
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 11 Octubre 2005

Una Cataluña imaginaria
FERRAN GALLEGO ABC 11 Octubre 2005

Un gobierno en retroceso
Editorial ABC 11 Octubre 2005

Sembradores de estiércol
José García Domínguez Libertad Digital 11 Octubre 2005

China en el zapato
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 11 Octubre 2005

Los símbolos y la caravana
Cristina Losada Libertad Digital 11 Octubre 2005

El deber de no olvidar a las víctimas
JUAN LUIS DE LÉON AZCÁRATE El Correo 11 Octubre 2005

Las siete plagas de Zapatero
Ignacio del Río Estrella Digital11 Octubre 2005

Las encuestas electorales
Pablo Sebastián Estrella Digital11 Octubre 2005

El proyecto de Ley de Lenguas no prevé declarar cooficial el catalán
R. P. ABC 11 Octubre 2005

Un empresario vallisoletano recibe amenazas tras romper con una industria catalana por el Estatuto
J. M. AYALA ABC 11 Octubre 2005

Un manual de aprendizaje de español para los inmigrantes
EFE ABC 11 Octubre 2005

El Cervantes supera por primera vez las 100.000 matrículas
Tomás García Yebra La Voz 11 Octubre 2005

Desacuerdo porque sí
Aurelio Arteta - Pamplona El País 11 Octubre 2005

CARTA A LOS MILITANTES DEL PSC
ÁGORA SOCIALISTA ABC  11 Octubre 2005

 

Email del director
Elecciones anticipadas
Antonio Martín Beaumont elsemanaldigital 11 Octubre 2005

Mariano Rajoy avisó hace unos meses del "carajal" en que José Luis Rodríguez Zapatero estaba metiendo a nuestro país. El desbarajuste que ha creado el presidente del Gobierno en general en España y, más concretamente ahora, con la aprobación en el Parlamento de Cataluña del Estatut de Maragall, alentado y auspiciado por él mismo, es buena prueba de que el líder del PP no sólo no erraba en su apreciación sino que era prudente.

No hay que olvidar que Zapatero empezó la legislatura anunciando una reforma constitucional "limitada" de la que ya nadie habla. Y es que el PSOE y sus socios de Gobierno se dieron cuenta de que para cambiar el texto pactado en 1978 necesitaban los diez millones de votos del PP, y eso, inmediatamente, vieron que iba a ser imposible.

Los nacionalistas y la parte del PSOE que jalea a Zapatero parecen haber dado por buena la idea de cambiar el "bloque de constitucionalidad" a través de reformas de Estatutos de Autonomía, que no requieren ni mayoría reforzada en las Cámaras ni disolución de las mismas. El ex presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, ha explicado que se trata de una maniobra "más anticonstitucional que inconstitucional". Algunos, menos sutiles, vemos, sencillamente, que se trata de una jugada antidemocrática, por grueso que suene.

La representación actual de los españoles en el Congreso y Senado y por lógica democrática el color político del Gobierno, salen de unas urnas, el 14-M, reflejo de una fotografía distorsionada de los españoles tras el terrible atentado terrorista en los trenes de Atocha tres días antes de la cita electoral.

Quizá por ello, tal como van las cosas, no le quede más salida lógica pronto al único partido de la oposición que, por responsabilidad, solicitar la disolución de las Cámaras y la convocatoria de elecciones para que los españoles decidan en condiciones normales la composición electoral que prefieran.

Está claro que la disolución de las Cortes y la convocatoria electoral corresponden exclusivamente ahora a Zapatero. Nadie pone esto en duda. Pero las reformas que pretende llevar adelante desde La Moncloa el presidente son de tal calado que si ni siquiera sería sencillo para cualquier gobernante acometerlas con la seguridad de gozar del respaldo de una aplastante mayoría de electores, mucho menos lo es sabiendo que su mandato se asienta sobre el poder de unos votos fruto de un momento tan especial.

Sedición
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 11 Octubre 2005

La semana pasada este humilde articulista vaticinaba que a la demencia del Estatuto catalán seguiría el País Vasco por los mismos pasos; y probablemente otros, pues si la belleza no se contagia a veces tampoco la inteligencia.

Patxi López, don Francisco, secretario general del Partido Socialista de Euskadi, justo me ha dado tiempo de dar dos suspiros. Ha salido a la opinión publicada diciendo que Euskadi se llamará como lo decidan los ciudadanos vascos, "nación, región o comunidad autónoma" porque "la mejor definición para Euskadi es la que más consenso tenga" (Europa Press).

Estaba claro: lo de Cataluña era el río que tenía que desembocar en Euskadi. No sabemos si luego nos dirán que hay un diseño de pacificación con ETA al final del proceso, o lo que es lo mismo, que ha sido pactado con ella. ¿Podría ser que Carod-Rovira fuera el embajador de Maragall ante ETA? ¿Y que a su vez Maragall fuera el embajador de Zapatero ante Rovira?
No, Sr. Lopez y Sr. Maragall. No hay otra nación que España, tal como reza la Constitución Española. Lo que el secretario general de los socialistas vascos propugna no deja de ser otra cosa que la autodeterminación que predican los nacionalistas. Es decir: que los ciudadanos puedan reclamar para Euskadi la nación como paso previo para la independencia, y eso no es desear que se pronuncien democráticamente sino la fase previa a la incitación a la rebelión, tal como predica el artículo 472. 5 del Código Penal que tipifica como delito de rebelión "declarar la independencia de una parte del territorio nacional".

Javier Rojo, secretario general de los socialistas alaveses, dijo en su día algo parecido a que si se propugnara la separación del País Vasco, Álava se iría del tinglado. Aquello que manifestó el que ahora es presidente del Senado no casa de modo alguno con lo que nos comunica ahora el dirigente de los socialistas vascos; con grave irresponsabilidad, pues ha puesto la cabeza de San Juan en bandeja servida a los nacionalistas. Me gustaría escuchar a D. Javier Rojo sobre si se reafirma en aquellas palabras o ha cambiado como el Sr. López.

El caso es que si ETA y su brazo político estaba contra las cuerdas, y si desde los poderes del Estado se había conseguido poner en dique seco las pretensiones secesionistas de los nacionalistas vascos, don Francisco López, de la mano del Sr. Maragall, con la mirada complaciente y risueña de Zapatero, ha logrado retrotraernos a la época anterior a 1839; es decir, al Antiguo Régimen feudal. Mi enhorabuena a don Patxi por su sentido de Estado. Los nacionalistas, encantados: ellos saben han avanzado en la dirección pretendida.

Una Cataluña imaginaria
POR FERRAN GALLEGO PROFESOR DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA. UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA ABC 11 Octubre 2005

... Para romper un Estatuto limitado y perfectible, proclamando el proceso constituyente al que asistimos, se tiene que recurrir a una nación imaginaria, como siempre hace el nacionalismo...

HACE ochenta años, Stefan Zweig publicó un breve relato: «La colección invisible». Un propietario de grabados de inmenso valor, sumido en la ceguera de su vejez, mostraba la colección a un marchante de paso. La esposa y la hija del comprador tuvieron que prevenir al visitante: la pobreza había forzado a vender los originales, sustituyendo los grabados de Durero o de Rembrandt por indeseables y mezquinas copias sin valor. El coleccionista pudo, así, ir describiendo sus exaltados recuerdos mientras, entre las manos del visitante, sólo transcurrían falsificaciones que envilecían la memoria de las obras maestras.

Si una imagen vale más que mil palabras, una metáfora puede fundamentar un argumento sobre lo que está sucediendo con la reforma del Estatuto. Se nos propone un legítimo y discutible proceso constituyente. Lo es para Cataluña y lo es para España entera, suponga uno que no es español o, como la mayoría de los que viven aquí, esté seguro de lo contrario. Decir que se desea un estado plurinacional concierne a todos, porque modifica las condiciones políticas en que todos viven. Ni estamos ante algo que interesa sólo a una parte, ni nos encontramos ante una actualización de norma, para afrontar problemas inexistentes hace casi treinta años. No se enfrenta el inmovilismo a la reforma, sino el cambio del régimen de 1978 a algo que es su contrario institucional. Negarlo es desconcertar a los propios partidarios de este proceso constituyente. Si no ha pasado nada en estos meses, si tan poca importancia tiene todo, que Esquerra Republicana pida explicaciones: se las ha ganado.

Donde debería hallarse un debate sereno, sólo hallamos el gesto de sorpresa y de cansancio cuando alguien, como el coleccionista de Zweig, confunde su exceso de imaginación con la falta de sentido común de los demás. Hace diez años, a nadie se le habría ocurrido -o sólo se le ocurrió a un independentismo aislado políticamente- plantear las cosas de este modo. Lo único que puede explicar el callejón de los milagros al que se nos ha conducido es la coincidencia entre la erosión del pluralismo en Cataluña por obra del nacionalismo pujolista, cuya cosecha recoge ERC, y la obsesiva determinación del actual presidente del gobierno y su equipo para llevar al Partido Popular a una zona ajena a la gobernabilidad del país. Tal cosa podría hacerse sólo mediante un acuerdo estratégico con el nacionalismo, cuyo proyecto de fondo -el cambio de régimen- es el único tema de Estado que el centro-derecha español consideraría innegociable, pudiendo señalársele -como ya se ha hecho, y se hará con los socialistas menos cautelosos- como el exasperado habitante de una indigesta marginalidad.

Una sociedad es una trama de vínculos de pertenencia, emociones y garantías políticas. No hay individuo al margen de referencias comunitarias. Pero su plasmación ideológica y política no tiene por qué ser el nacionalismo. Y el problema es que ha sido esta lógica minoritaria la que ha orientado el proceso: no sólo en su fijación textual, sino en sus factores de propulsión emocional, en la determinación de los rasgos de una cultura, en los perfiles de un reconocimiento colectivo. No cesan de subrayarlo los portavoces nacionalistas: lo importante es haber marcado una equivalencia de soberanías a la que se aplica el eufemismo de «interdependencia». Si se desea conocer lo que opinan los catalanes acerca de esa bilateralidad, que se les consulte sobre el tema abiertamente, sin enfundar la cuestión en un texto de extensión ingobernable para los ciudadanos. De hecho, ni siquiera hace falta preguntar, si consideramos que el 85 por ciento de quienes votaron en el 2003 -la mitad del censo, por cierto- negaron su confianza a ERC, el partido que ejecutaba las copias de los grabados magistrales, aprovechando que los tiempos son de ruina y el coleccionista, al parecer, es ciego.

El preámbulo de la reforma estatutaria, como todas las grandes declaraciones previas a una constitución, es un fluido que identifica, recorre, preserva y mueve el cuerpo institucional que se ha alumbrado. Es una formulación de identidad frustrada, además de la descripción de un territorio idílico cuyas penalidades sólo resultan del exterior. Para dotarnos de perfil excepcional, se proclama que siempre, y todos, hemos aspirado a la justicia social. Probablemente, por ello tuvimos un siglo XX con el sindicalismo más agresivo de Europa y con una patronal dispuesta a apoyar golpes de estado tras hacer incesantes declaraciones patrióticas. Nos caracteriza ser una nación de acogida. Quizás, gracias a ello, murcianos, extremeños o andaluces fueron hacinados en coquetones pisos de treinta metros cuadrados, en cordiales barrios sin asfaltar, en lujosos paisajes de extrarradio con madrugones lívidos y transporte de ganado laboral. Estos «otros catalanes» combatieron, junto a catalanes que sufrían situaciones parecidas o se solidarizaban con ellos, por su dignidad y por la del lugar en el que vivían. Se movilizaron por Cataluña, pero por una Cataluña distinta a la pésima decoración con que la mitología disimula la suciedad de la historia y, con ella, su propia dignidad. Ellos sí que mostraron una versión de encuentro de culturas, de fusión de experiencias, porque nunca pensaron que viajaban al extranjero y nunca creyeron que se les daría a elegir entre dos lealtades. Ya han visto vulnerar esa condición, cuando las autoridades se preocupan por la persistencia del castellano en las aulas, o cuando consideran que los escritores en lengua española no son cultura catalana.

Para estas personas, nada más indicativo que la actitud de los cachorros del nacionalismo, a los que últimamente les ha dado por achacar escasa ambición, encogimiento de ánimo y temor a las represalias a una generación que supo organizar la igualdad y libertad de todos los españoles. La imaginación es despiadada con la realidad. En este caso, la exaltación del reciente heroísmo de salón de algunos tiene que reducir la intemperie del antiguo coraje de muchos.

No tenemos, sin embargo una bifurcación de la sociedad catalana, dividida entre la actitud incomprensiva de los inmigrantes frente a la exigencia de derechos de los catalanes «de toda la vida». La distinción no se produce en esa emanación de la reticencia frente a España de los nativos y de la reticencia frente a Cataluña de los forasteros. Y no se trata de eso a pesar de que se ha hecho todo lo posible para dejar ese huevo de la serpiente en los recursos cívicos de Cataluña. Lo que existe es una Cataluña plural que entiende de formas diversas su relación con el resto de España y, aunque nunca se diga, la propia organización de la convivencia en Cataluña. Ambas cosas, si no queremos caer por el hueco que ha visto despeñarse el desorden ideológico que pasará factura a la socialdemocracia, en Cataluña y en toda España.

La reforma romperá consensos esenciales que han permitido el delicado equilibrio sobre el que se construyen las sociedades complejas como la catalana. Ya ha empezado a hacerlo, al definir una bilateralidad que el texto propone, pero que los medios de comunicación y los pregoneros del Cuatripartito han desplegado por el país al señalar el conflicto perpetuo entre aspiraciones nacionales catalanas y cicatería estatal española. Y el desacuerdo con lo sucedido no se refiere a quienes «no lo entienden», como pretende esa cacareada propuesta de hacer «pedagogía» con los discrepantes. No somos niños en proceso de formación. Es algo más simple, aunque insoportable, por lo que parece: no estamos de acuerdo. Porque somos leales a otra Cataluña que no es menos catalana. Aquella que reconocía su diversidad, que se enriquecía en contacto con Europa, territorio moral de ambiciones democráticas, ávido recinto de pluralidad reconocida, bilingüe sin traumatismos y ciudadana activa. Ese es el conflicto interno en el que vive Cataluña, las dos versiones que entran aquí en conflicto para rebotar luego en una mala copia de su versión original cuando quiere enfrentarse al resto de España. Me importa mucho más esa cultura difunta que el provinciano sectarismo que se nos ha dado a cambio. Para romper un Estatuto limitado y perfectible, proclamando el proceso constituyente al que asistimos, se tiene que recurrir a una nación imaginaria, como siempre hace el nacionalismo. Ese coleccionista ciego que no ha podido leer lo que de nosotros mismos dijo el gran Gabriel Ferrater: «Éramos esta imagen. Los ídolos de nosotros, para la sumisa fe de después».

Un gobierno en retroceso
Editorial ABC 11 Octubre 2005

UNA lectura objetiva de todas las encuestas y sondeos publicados en los últimos días -que conviene poner en su justo valor porque suponen una foto fija del escenario actual, de compleja proyección futura- permite afirmar que el Gobierno se encuentra en franco retroceso. Hay mucha menos confianza en el jefe del Ejecutivo y se valoran negativamente sus decisiones. Para medir la gravedad de los últimos datos demoscópicos, similares a los ofrecidos hace una semana por ABC, hay que tener en cuenta que el Gobierno recibe este varapalo cuando aún no ha culminado ninguna de las principales apuestas de Rodríguez Zapatero. El panorama es realmente negativo para sus intereses porque está perdiendo la confianza ciudadana cuando aún le resta por abordar todo el trámite parlamentario del nuevo Estatuto catalán, lo que puede provocar una tensión insoportable para la cohesión del PSOE, algunos de cuyos dirigentes, como Francisco Vázquez, volvieron ayer a alzar la voz contra el desafío del Parlamento catalán, el mismo día que lo hacían el gobernador del Banco de España, el presidente de la CEOE o los secretarios generales de UGT y CC.OO. Tampoco es una posición idónea para encarar una negociación con ETA, a la que los ciudadanos no quieren premiar con medidas de gracia o beneficios políticos. Por su parte, la inmigración, enlazada con la política exterior (Marruecos y Unión Europea), está escribiendo la crónica más trágica nunca vivida por España. El Gobierno haría bien en preocuparse más de este daño a la imagen nacional que de insistir en el «momento dulce» de las relaciones con Marruecos.

Rodríguez Zapatero debería asumir estas encuestas como el castigo a una acción de gobierno, aventurera, que él mismo ha puesto en manos de factores tan imprevisibles como la tregua de ETA, la cooperación marroquí o la lealtad de los nacionalismos extremistas. Todo se debe a que el PSOE ha cometido varios errores de cálculo. El primero fue creer que la marea anti-PP que se produjo tras el 14-M iba a ser indefinida y que arrastraría a este partido a una crisis de debilidad duradera, suficiente, en todo caso, para gobernar sin oposición la mayor parte del mandato. El segundo error fue pensar que la sociedad española asumiría sin más una segunda transición constitucional, bajo el señuelo de la modernidad federalista y, por supuesto, asomando el espantajo de la derecha siempre que se oyera alguna crítica. Pero ha sucedido que el PP ha aguantado el año de travesía desde el Gobierno a la oposición y saldado en líneas generales sus renovaciones internas y los envites electorales. Y, sobre todo, la sociedad española está diciendo que no quiere rupturas del orden constitucional, ni experimentos con su identidad nacional, ni cambios irresponsables en políticas básicas del Estado. Por esto, Rodríguez Zapatero tiene motivos suficientes para preguntarse por el futuro de esta legislatura y, sobre todo, si le queda algo que ofrecer a la sociedad española distinto a lo ofrecido hasta ahora, porque, objetivamente, ha habido poca gestión y mucha mercadotecnia. O lo que es lo mismo, bastante más ruido, estruendo a veces, que nueces.

El reverso de estas encuestas es el PP, cuya dirección no debería caer en la complacencia por la remontada en intención de voto, ni pensar que la opinión de los sondeos está consolidada. Rajoy y su equipo pueden legítimamente valorar la situación como un refrendo general a su actuación opositora, pero deben ser conscientes de que las encuestas son lo que son y que queda mucho camino por delante, sobre todo porque los sondeos subrayan el desgaste del PSOE más que un sensible ascenso del PP. Por eso, las encuestas revelan la necesidad de que el Partido Popular perfile con inteligencia su estrategia inmediata, combinando, como hasta ahora, la firmeza de los principios con la serenidad del discurso. La sociedad ha empezado a ser receptiva al mensaje de Rajoy, tanto como a su predisposición al pacto con el Gobierno para los grandes asuntos de Estado.

El PSOE sabe ya que la sociedad española se ha despejado del aturdimiento del 11-M y que desde ahora no es suficiente agitar el fantasma de la derecha ni del pasado para acallar las críticas a la acción de Gobierno. Rodríguez Zapatero se comprometió a escuchar a los ciudadanos y éstos han lanzado un claro aviso al Ejecutivo. Que Zapatero lo entienda o no será la clave del nuevo curso político. Si se equivoca, las consecuencias políticas pueden ser letales para el PSOE, porque el presidente del Gobierno no recibió el 14-M un cheque en blanco del electorado, sino una confianza que empieza a darle la espalda en apenas año y medio de legislatura.

Medios catalanes
Sembradores de estiércol
José García Domínguez Libertad Digital 11 Octubre 2005

A un ciudadano catalán cualquiera, ejercer como heresiarca frente a la religión nacionalista no le resulta particularmente arduo. Basta con que esté dispuesto a repetir semanalmente la siguiente rutina. Cada media tarde, por ejemplo, de los jueves deberá abandonar su domicilio provisto de una muda limpia, encaminarse a la terminal más próxima de Renfe y comprar un ticket cercanías con destino al aeropuerto del Prat. Luego, habrá de adquirir un billete de avión a Madrit. Una vez en la capital, se dirigirá a la estación del Metro de Barajas, depositará un euro en la máquina expendedora de pases, y se dispondrá a realizar no menos de tres trasbordos, hasta avistar la desembocadura más próxima a su hotel.

Buscará entonces algún restaurante en el que cenar algo. A continuación, sin mayor demora, procederá a acostarse. Por la mañana, muy pronto, cogerá un taxi que lo acerque al medio libre donde contar lo que piensan la mitad de los vecinos de su manzana en el Ensanche barcelonés y no les dejan expresar. Más tarde, invertirá la secuencia toda de desplazamientos. Y con suerte, si no hay atasco en la Castellana, colapso en Barajas o niebla en el Prat, aún retornará a Casa Nostra con tiempo de escuchar un anatema bilioso contra sí mismo en dos de cada tres radios públicas y privadas a las órdenes del Tripartito.

De tal modo, bastará con que el recién llegado mueva al azar el dial doméstico para que, a no tardar, se tropiece con su propia voz, emitida pocas horas antes a seiscientos kilómetros de distancia. Según los días, amenizará la espera el melódico lloriqueo de Lluís Llach – “El meu país és tan petit…”–, la glosa emocionada del último gran artículo de Pujol –”España debe mirarse en el espejo…”–, o alguna indignada denuncia del rancio neofascismo españolista que nos acosa por doquier. Pero, antes de que pasen diez minutos, en la mejor tradición del NKVD durante los tiempos del padrecito Stalin, las palabras del viajero y sus interlocutores, impecablemente mutiladas, deformadas, descontextualizadas, adjetivadas y satanizadas, ya estarán colándose en los hogares de todos sus vecinos de manzana, en el Ensanche barcelonés. Y así, cada semana. Hasta que pase algo.

Es decir, hasta hoy. Porque, hoy, el periodista del PSC Antoni Puigverd, moralmente indignado con los sembradores de odio, ha dado un paso valiente en La Vanguardia para terminar con ese estado de cosas en Cataluña: exigir que también se prohíba opinar contra los separatistas en Madrit. Y como va a ser que no, Toni, hoy, los apóstatas van a hacer su propia exigencia: que nadie olvide tu nombre si algún día les sucediera algo. Aunque sólo sea porque se dice que eres capaz de redactar discursos enteros de Maragall sin cometer una sola falta de ortografía, y que, por eso, una palabra tuya bastaría para sanarlo.

China en el zapato
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 11 Octubre 2005

He leído, mi señor Zapatero, las encuestas de estos últimos días y la noticia de que Angela Merkel, cuya derrota celebró usted tras las elecciones alemanas, va a ser la próxima canciller. Lo último no es grave. Nada que no pueda resolver un reputado libro de autoayuda: «El Líder en Tí. Cómo ganar amigos, influenciar a la gente y tener éxito en un mundo cambiante». Todo no va a ser Suso de Toro. Tampoco le vendría mal, en su defecto, una charla con Felipe González para que le explique cómo consiguió mantener tantos años su relación de amistad con Helmut Kohl.

Peor es lo del estatuto catalán, un capricho de Maragall que usted debió cortar en su momento, antes de que lo aprobara el Parlament. Podría haberle dicho: «Mira, Pasqual, ese marrón te lo vas a comer tú. Basta con que te acerques a Artur Mas, juntes los labios, y en vez de soplar, le sueltas: 'ustedes tienen un problema y ese problema se llama 12%'». Mas habría echado las patas por alto y habría hecho descarrilar el Estatut. Así, usted ha liberado a CiU y ERC de sus miedos al fracaso y ha recabado para sí la responsabilidad de aprobarlo en el Congreso. Va a ser un sinvivir, una china en el zapato, ya verá: le recordarán hasta la saciedad su promesa electoral, la inutilidad del president como recadista, los dos lenguajes del PSOE, y así todo.

Y qué largo resulta: un preámbulo, 227 artículos, 11 disposiciones adicionales, tres transitorias, una derogatoria y cinco finales. El texto catalán es un alarde de facundia legislativa frente a las constituciones de nuestro entorno. La española de 1978 sólo tiene 169 artículos, la de la II República tenía 125; la Constitución de la V República francesa, 89; la de Alemania, 146; el texto italiano, 139 y la de los Estados Unidos, siete artículos y 29 enmiendas.

Con permiso de Julia Kristeva, el narcisismo vive en grandes palacios barrocos. O en historiadas masías ampurdanesas. El tamaño, sin embargo, no lo es todo, que es la excusa que ponemos los que somos de texto corto. Aunque empalmásemos (con perdón) los textos de la Constitución del 78 y el Estatuto de Autonomía de Cataluña aún vigente, el de 1979, nos quedaríamos un artículo por debajo de esta desmesura maragalliana, ese desparrame autocomplaciente, onanista.

Recuerde mi señor, que el buen gobernante es el que acierta a resolver las necesidades de los ciudadanos con la mayor economía posible: de recursos, de acciones, de palabras. A los buenos gobiernos deben cuadrarles las características de las compresas: que no se noten, que no se muevan y ya que hablamos de competencias autonómicas, que no traspasen más de la cuenta. Intervenga pues en el texto del Estatut, con firmeza, pero sin aparatosidad. Basta con tres cambios para arreglarlo: los conceptos, las palabras, la sintaxis.

ZP, la nación y la AVT
Los símbolos y la caravana
Cristina Losada Libertad Dig
ital 11 Octubre 2005

A tenor de la doctrina ZP, definirse como “nación” tiene valor simbólico. Y los símbolos, según Rodríguez, no valen nada. Son cáscaras vacías, meros disfraces que en nada alteran la identidad de quien los viste. Tanto da ir disfrazado de región que de nacionalidad que de nación; lo que se les ocurra a los parlamentos autonómicos, aburridos ellos de usar el mismo traje desde 1978. Rodríguez, cómo no lo habíamos pensado antes, quiere montar un carnavalito en España. No preguntemos por qué, si es lo mismo un nombre que otro, no mantenemos los que figuran en la Constitución. Responde Maragall: hay términos que se han gastado desde entonces. Como la ropa.

Pero estas frivolidades no cuelan del todo. En la encuesta publicada el domingo por El Mundo eran más los que rechazaban que Cataluña se denominara “nación” que los que se oponían a que asumiera competencias que hasta ahora mantenía el Estado en exclusiva. Se ve que muchos ciudadanos sí le dan valor a esos aspectos que ZP desprecia por “simbólicos”. Pues aun aceptando que la nación perteneciera a una etérea región donde flotaran también las banderas, los escudos, las coronas, el puño y la rosa, o la hoz y el martillo, a pocos se les escapa que los símbolos denotan una realidad. Y que un cambio de aquellos lleva parejo un cambio de ésta, o viceversa.

Contagiado tal vez por Rodríguez, su Comisionado para las Víctimas del Terrorismo celebraba el otro día que los últimos atentados de ETA fueran “felizmente casi simbólicos”. Pero, ¿es simbólico el clima de amenazas y coacción que impera en el País Vasco? Claro que no. El reino del terror allí instaurado es bien real. Y es eso lo que le da poder a ETA. Mientras la sociedad vasca no deje de estar amedrentada por los matones, mientras personas como Gotzone Mora no puedan acudir a su trabajo y pasear por las calles de su ciudad sin recibir insultos y amenazas y hacer frente a agresiones, ningún demócrata podrá celebrar nada. ¿O es que se les está olvidando que la falta de libertad en el País Vasco es el nudo gordiano de todo esto?

Quienes sí conocen el valor de los símbolos son los organizadores de “la caravana contra el olvido”. El domingo estuvieron en un cementerio de Compostela. Acudió, al menos, el delegado del Gobierno. Pero en vano buscarían la reseña del acto al día siguiente en los grandes periódicos gallegos. Y es que a la AVT le han colgado el sambenito de la politización o la manipulación, que en España vienen a ser sinónimos. Y, por lo visto, el suyo es de los pocos colectivos que no tienen derecho a pronunciarse, a actuar y a presionar al gobierno. Puede hacerlo todo bicho viviente. Hasta se toleran los homenajes que organizan los etarras. Pero las víctimas de los asesinos han de permanecer calladas.

Si hubiera que elegir un dato que simbolizara la degradación moral que ha inducido la política de ZP, es éste, que da fe del retroceso: las críticas y las descalificaciones que llueven sobre la AVT desde que decidió oponerse abiertamente a una negociación con ETA. Eso sí, los perros ladran, pero la caravana avanza.

El deber de no olvidar a las víctimas
JUAN LUIS DE LÉON AZCÁRATE /PROFESOR FACULTAD DE TEOLOGÍA DE LA UNIV. DE DEUSTO El Correo 11 Octubre 2005

Acabo de llegar de Perú, donde he impartido un curso intensivo durante casi mes y medio. Tengo que reconocer mi hastío al volver al País Vasco y reencontrarme con los viejos y falsos problemas creados por unos dirigentes nacionalistas más preocupados de sus quimeras políticas que de los problemas reales de los ciudadanos vascos. Es como si en el País Vasco y en el resto de España no hubiera más problema que las demandas insolidarias de los nacionalismos periféricos. Mi estancia en el país andino coincidió con el segundo aniversario del informe de la 'Comisión de la Verdad y Reconciliación' (CVR) dado a conocer el 28 de agosto de 2003, época en la que también estuve en Perú. Hice referencia a las conclusiones de dicho informe en el artículo 'Lecciones desde Perú' (EL CORREO, 2-10-2003).

Aquel fundamental y esperanzador informe pretendía recordar la memoria y la exigencia de justicia de las casi 70.000 víctimas que perecieron en el terrible proceso de violencia vivido en Perú entre 1980 y 2000, provocado principalmente por el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL) aprovechando el vacío de poder del Estado de Derecho. Precisamente estos días la cúpula de Sendero Luminoso se enfrenta a un gran juicio en la base naval del Callao, en el que la Procuraduría pide que pague 65.600 millones de soles (un sol equivale, más o menos, a cincuenta de las antiguas pesetas) como reparación civil por el daño causado a las víctimas.

Sin embargo, parece que no se ha hecho todo lo que cabría esperar con relación a las víctimas. Sí, hay actos simbólicos en recuerdo de las mismas (el 'Gran Quipu de la Memoria' y la 'Alameda de la Memoria' en el Campo de Marte), los cuales hay que reconocer han sido más fácilmente aceptados y llevados a cabo por la sociedad y partidos peruanos que, en el País Vasco, los homenajes y actos simbólicos hacia las víctimas de ETA, en no pocas ocasiones vilipendiadas por el nacionalismo vasco. Pero las ayudas oficiales prometidas no llegan.

El presidente Toledo anunció en su día un plan de desarrollo para las zonas afectadas por la violencia que parece ha quedado en nada. De los 47 casos judiciales que presentó en su día la CVR, apenas veintidós se encuentran en el Poder Judicial. Hace pocos meses el Congreso peruano aprobó la obligación de resarcir a las víctimas de la violencia mediante la ley que crea el Plan Integral de Reparaciones, pero dicha norma no ha sido reglamentada. Además, quedan pendientes la búsqueda y ubicación de desaparecidos, así como la elaboración del Registro Nacional de Víctimas. Algunas instancias reclaman al mismo tiempo la necesidad de que las conclusiones del informe de la CVR se incorporen a los currículos educativos como un modo de mantener la memoria de aquello que nunca más debe repetirse. Algo parecido no vendría mal en el País Vasco, sobre todo cuando nuestro sistema educativo en ocasiones se ha preocupado más de legitimar los intereses políticos del nacionalismo en general (y, por extensión, de los terroristas de ETA y de su brazo político) que de defender la pluralidad democrática y la dignidad y derechos de las víctimas.

Es verdad que dos años es poco tiempo para dar solución a tantas tareas pendientes y que los graves problemas económicos y sociales a los que debe enfrentarse el Gobierno peruano, en vísperas de nuevas elecciones, lo hacen todo más complejo. Pero ha sido tan traumática la violencia vivida en Perú durante el período 1980-2000 que sus heridas siguen abiertas, sobre todo en los sectores más desfavorecidos de la compleja y plural sociedad peruana. La mayoría de las víctimas fueron precisamente campesinos pobres, de un nivel cultural inferior a la media peruana y muchos de ellos quechua-parlantes o miembros de comunidades nativas de la selva. Es decir, aquellas personas con menos capacidad para defenderse y para exigir sus propios derechos y su reparación como víctimas. De alguna manera puede decirse que estas víctimas siguen siendo ciudadanos de segunda en Perú. Pero hay algo que hoy nadie discute en la sociedad peruana. Que los verdugos de las víctimas (particularmente Sendero Luminoso) no tienen justificación ni legitimación alguna para imponer sus ideas a los peruanos. A nadie en el Perú de hoy se le ocurre decir que la violencia terrorista fue causa de un conflicto político todavía irresuelto que, de alguna manera, la explicara. Esto no ha eximido, como recuerda el informe de la CVR, a los gobiernos de la época de su responsabilidad en los terribles excesos cometidos en su acción represiva, algunos de los cuales están siendo ahora enjuiciados (como el asesinato de estudiantes y profesores de la Universidad de La Cantuta a cargo de grupos paramilitares creados por Montesinos). La Ley de Partidos peruana aprobada ya hace más de año y medio ha denegado la consideración de partido político a aquellas formaciones que se sirvan de la violencia para alcanzar el poder (como fue en su día el caso del PCP-SL), y nadie la ha cuestionado. Al menos no en este punto.

Por eso, cuando regreso a España y, en mi opinión como consecuencia de la poco clara política antiterrorista del presidente Zapatero, sigo viendo a Batasuna campeando a sus anchas, a ETA cometiendo atentados (aunque no haya asesinados) y aleccionando a sus huestes a no renunciar a la violencia, a la 'kale borroka' activa como no lo había estado hace tiempo, a las víctimas confundidas (y a alguna asociación de las mismas lamentando la denegación de ayudas por parte del Gobierno), a los nacionalismos que nunca hicieron nada para derrotar realmente a ETA aplaudiendo la ruptura de facto del Pacto Antiterrorista y el incumplimiento de la Ley de Partidos, tengo la impresión de que se están dando pasos atrás en la derrota definitiva de ETA. Ojalá me equivoque.

Pero las víctimas siguen estando ahí. Es verdad que no deben dictar la política antiterrorista del Gobierno, pero también es verdad que deben estar siempre presentes en nuestra memoria y recordarnos que el fin del terrorismo no pasa por ningún pago político a los verdugos, sino por su derrota a manos del Estado de Derecho. La exigencia ineludible de justicia y reparación a las víctimas, aquí y en todo el mundo, no es un lavado de conciencia ni una forma de acallar sus voces a veces molestas, sino más bien garantía fundamental de los derechos y libertades de todos los ciudadanos.

Las siete plagas de Zapatero
Ignacio del Río Estrella Digital11 Octubre 2005

La Diosa Fortuna ha abandonado a Zapatero, como Aznar perdió la baraka y a Felipe le entró el “malaje”, como el levante entra en la bahía de Cádiz. El mal fario le vino a Adolfo Suárez por medio de Gigantes y Cabezudos en forma de Miguel Herrero, y Leopoldo nunca tuvo a su favor ni la brisa de Galicia ni el afecto de la bruja de Ribadeo, que nunca creyó en él. Cada presidente tiene su tiempo, marcado inexorablemente por un arcano indescifrable, que rije los destinos personales desde el rincón más recóndito de la Moncloa, que todavía nadie ha encontrado.

Todo empezó con Ibarretxe y su Plan, la primera plaga. Vino a Madrid, donde Zapatero pensó que con una foto tipo Consejo de la Unión Europea y un desplante al Rey de Castilla quedaba todo arreglado. Pero no ha sido así y el lehendakari, alcanzado el Gobierno, espera y observa cómo el Estatut rompe en la playa de Madrid y después podrá decir que no hay otro camino que el referéndum, porque las Cortes de las Españas imponen su yugo, que está en nuestra historia desde Isabel y Fernando.

Después los incendios, la segunda plaga, con once muertos olvidados y abandonados, que pusieron de manifiesto cómo el Estado de las Autonomías fracasaba en la protección civil y el Estado, ausente entre el Teatro Real y Lanzarote, contemplaba cómo se perdían más de 20.000 hectáreas de bosque mediterráneo. Y la tercera, Afganistán, donde el viento del desierto hacía zozobrar un helicóptero con militares españoles a los que Bono prometía, semanas después, una subida de sueldos que suena a mentira del “capitán Tan”, personaje que divertía a los niños de hace treinta años con “Valentina” y “Los Chiripitifláuticos”.

Y la sequía, la cuarta plaga, como las langostas de Moisés, que rompió las tablas de Jehová, al igual que Zapatero tiró a la basura el Plan Hidrológico Nacional, porque para eso estaba Narbona y las desaladoras; pero después de un año y medio ya no hubo nada. Mientras Murcia y Valencia, abandonadas a su suerte, sin poder llevar agua a sus acequias y cultivos, materia prima de la poca industria agroalimentaria que nos queda.

A la vuelta del verano, la quinta plaga, como la Quinta Angustia que procesiona en la Semana Santa, la marea negra, en Ceuta y Melilla, que sube desde el corazón de África, con la mirada perdida en los plásticos de Almería, las fresas de Huelva y el Maresme, y descubre nuestra debilitada frontera y la ausencia de una política de inmigración en la UE, que no hemos reclamado, absortos en la Alianza de Civilizaciones. Habrá que pedir cuentas a “Mister PESC” (Política Europea de Seguridad y Cooperación), de nombre Javier y apellido Solana, prócer del PSOE, desaparecido voluntario del escenario político en el retiro dorado de la burocracia de Bruselas.

Y llegó el Estatut, la sexta, sin pacto de Lhardy previo y añorando a Fernando Abril y Alfonso Guerra, para poner del revés toda la arquitectura de la Constitución, con Zapatero haciendo el papel de animadora, como las que amenizan los intermedios de la NBA. No hay nación, no hay solidaridad, sino el guiso de Juan Palomo, y no queda más que un Estado jibarizado y una selección en la que para que jueguen Xavi y Pujol habrá que firmar un convenio internacional. Menos mal que nos quedan Torres y Raúl.

La sexta plaga ha removido los cimientos del PSOE y sus Autonomías de la España profunda, que no están dispuestas a convertir la política española en un guión de psicoanálisis permanente protagonizado por vascos y catalanes. Rajoy respondió bien reclamando el reforzamiento del Estado y elecciones. Para muchos, la experiencia después de 25 años demuestra que el Estado es el mejor garante de la igualdad y la solidaridad y, para ello, tiene que tener competencia en los derechos ciudadanos básicos: sanidad, educación y justicia.

Los vientos de proa revuelven el look de Zapatero y la vicepresidenta achica el agua que entra en el Gobierno, mientras los ministros están de espectadores. Ningún Gobierno de la democracia presentó un encefalograma tan plano que, sin embargo, cuando actúa, la lía. Las encuestas, a pesar de todo, dicen que Rajoy no despega y deambula por el medio del campo con los barones del PP, presidentes y alcaldes, a los que no se utiliza, en el banquillo comiéndose las uñas. La crisis augura una legislatura corta, pues en democracia de los bloqueos se sale con elecciones, aunque algunos apuesten por coaliciones, que sólo servirían para dar un grado más a los vicios y trampas de la política de partidos. Y esperemos que no venga la séptima plaga, sea en forma de serpiente o con las cuentas y el Corán entre la ropa.

Las encuestas electorales
Pablo Sebastián Estrella Digital11 Octubre 2005

El debate en torno al nuevo Estatuto de Cataluña ha provocado, en sólo unos pocos días, un espectacular vuelco en las encuestas sobre la intención de voto en España en favor del PP y en menoscabo del PSOE, por causa del malestar que en la sociedad española ha producido dicho proyecto estatutario de clara intencionalidad soberanista, discriminatorio para el resto de españoles e intervencionista en el espacio social de Cataluña.

Según los sondeos de opinión publicados por los diarios El País y El Mundo, el PP habría reducido su desventaja electoral con respecto al PSOE de manera espectacular. Los populares quedarían a tan sólo dos puntos de los socialistas, de acuerdo con la encuesta realizada por el Instituto Opina, que colabora con el diario El País, próximo al PSOE, un partido al que los encuestadores le pronostican un apoyo electoral del 42 por ciento del electorado, frente al 40 por ciento del PP. Mientras que en el sondeo de Sigma Dos, de El Mundo, más cercano a posiciones del PP, se afirma que el partido de Mariano Rajoy estaría ya por delante del PSOE, con una intención de voto del 40,06 por ciento para el PP, frente al 40,01 por ciento del PSOE, lo que les da a los populares una ligera ventaja del 0,5 por ciento.

Éstos pueden ser datos coyunturales o incluso el inicio de una tendencia que, en todo caso, marca una distancia sensible entre los nuevos sondeos de opinión y el que fue el resultado de las elecciones generales del 2004, donde el PSOE obtuvo un 42,6 por ciento frente al 37,6 por ciento del PP, un total de 5 puntos de diferencia a favor de la candidatura encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero.

En aquel momento, ya es conocido, en dichos comicios incidieron el alineamiento del PP en favor la guerra de Iraq, rechazada por la gran mayoría de los españoles, y el atentado del 11M que produjo cerca de 200 muertos y miles de heridos, atentado que gestionó mal el Gobierno de José María Aznar, intentando imputárselo a ETA cuando las pruebas apuntaban a Al Qaeda, como así ocurrió.

Desde entonces en España se han producido varios acontecimientos importantes, y de manera especial el pacto de gobernabilidad de Zapatero con Izquierda Unida y ERC, para poder contar con una mayoría suficiente para gobernar. Así como el pacto de gobierno en Cataluña entre el PSC-PSOE, ERC e ICV. Y todo ello con el claro compromiso de Zapatero de apoyar en Madrid un nuevo Estatuto catalán aprobado por la Cámara de dicha Autonomía, mientras el presidente se embarcaba en su empeño personal de negociar con ETA el final de la lucha armada, dejando de lado el pacto antiterrorista y la ley de partidos que tan buenos resultados había dado contra ETA y su entorno político y social.

Estas dos iniciativas sobre Estatuto y ETA han producido malestar e inquietud en la sociedad, que ha visto en el proyecto de Estatuto catalán un intento o primer paso de segregación, además de una discriminación insolidaria con el resto de los españoles. Mientras que las ofertas a ETA, por el momento, no han recibido más respuesta que nuevos atentados, aunque sin víctimas por parte de la banda. La intervención en estos dos casos del primer dirigente de la Esquerra, Carod-Rovira, negociando con ETA y hablando de independencia de Cataluña, que asoma de manera velada e indirecta en el Estatuto, han creado la natural alarma social, y todo ello ha permitido a muchos ciudadanos tomar conciencia de una nueva imagen del presidente del Gobierno: de sus buenos modales se ha pasado al concepto de su clara debilidad y su escaso interés a la hora de defender las más firmes posiciones españolas y la identidad nacional, en clara referencia al término “nación”, que Zapatero calificó de “discutido y discutible”, mientras no discute la pasión nacional de Cataluña.

El traslado aprobado por el Gobierno de parte del archivo de la Guerra Civil, de Salamanca a Barcelona, y las muchas y onerosas concesiones económicas para dicha Autonomía en los Presupuestos del Estado han configurado la imagen de un presidente débil que acepta la presión o la amenaza de sus socios de la mayoría parlamentaria, poniendo a su favor si llega el caso cuestiones esenciales para España, su identidad y su modelo de Estado.

Aceptando el presidente, en suma, una reforma constitucional encubierta a través de la reforma del Estatuto catalán. Lo que provocará una clara escalada de reivindicaciones en cadena del resto de las Autonomías en menoscabo del Estado.

Si a ello sumamos la crisis de la inmigración, los casos flagrantes de Ceuta y Melilla, la gestión de la sequía (sin trasvase del Ebro) y las tensiones y contradicciones en la política exterior, sin perder de vista el extraño deseo del presidente de abrir el debate de la Guerra Civil, veremos que hay más de un motivo de inquietud social para justificar el vuelco de las encuestas y el desgaste del Gobierno y del presidente en tan sólo 17 meses, lo que no suele ser habitual.

Paralelamente, en el PP se ha ido consolidando el nuevo liderazgo de Rajoy, más moderado que el pasado de Aznar, aunque los problemas en el seno de este partido han aflorado más de una vez, como se vio en fecha reciente entre el líder del PP catalán, Josep Piqué, y los dirigentes Eduardo Zaplana y Ángel Acebes (protagonistas políticos que fueron del 11M). Polémica en la que ahora las encuestas le dan la razón a Piqué, quien, a pesar de su soledad en Cataluña, frente al tripartito de Maragall, ha conseguido mejorar sus expectativas de voto cerca de un 3 por ciento, lo que es un dato muy notable que no conviene olvidar.

La cuestión que se plantea ante las encuestas en presencia es la de si estamos ante un momento coyuntural o ante una tendencia imparable y a la vez importante para el PP y mala para el PSOE. El tiempo lo dirá, pero Zapatero lo tiene bastante mal si no consigue que los nacionalistas acepten una rebaja muy sustancial de su Estatuto, y si a la vez el presidente no hace con urgencia una crisis de Gobierno en pos de una mayor eficacia y unidad. Unidad y coherencia que también debe brillar en el PP si desean convertir en tendencia imparable el buen resultado que en esta coyuntura acaban de cosechar.

El proyecto de Ley de Lenguas no prevé declarar cooficial el catalán
R. P. ABC 11 Octubre 2005

ZARAGOZA. El proyecto de Ley de Lenguas que el Gobierno aragonés prevé remitir próximamente a las Cortes regionales no contemplará la declaración del catalán como lengua cooficial en esta Comunidad autónoma. Según confirmaron ayer a ABC fuentes del Ejecutivo de Marcelino Iglesias, tal posibilidad «no se contempla y nunca se ha contemplado en firme», aunque en 2001 el Gobierno autónomo consultó al respecto a su Comisión Jurídica Asesora, que advirtió que la cooficialidad sería inconstitucional. Las mismas fuentes indicaron ayer que la Ley de Lenguas «sólo pretende hacer normal lo que es normal en las calles de los municipios aragoneses limítrofes con Cataluña en los que se habla catalán; se basará exclusivamente en reconocer derechos, no imponer obligaciones». Recordaron, como muestra de normalidad, que desde hace veinte años se enseñe catalán en los colegios de esas comarcas y subrayaron que «no se va a excitar en Aragón ninguna cuestión relacionada con el idioma, que en 500 años nunca ha provocado ningún conflicto».

Un empresario vallisoletano recibe amenazas tras romper con una industria catalana por el Estatuto
J. M. AYALA ABC 11 Octubre 2005

VALLADOLID. Un empresario de Valladolid ha denunciado ser víctima de continuas amenazas telefónicas -«entre 80 y 100 diarias»- a raíz de su decisión de romper relaciones comerciales con una industria catalana por su desacuerdo con el Estatuto.

Según explicó a ABC Serafín Segovia Vendrell, propietario de la tienda Sera´s Tapiceria, desde que el pasado 30 de septiembre comunicara a través de un fax a Anglatex, uno de sus proveedores en Cataluña, su deseo de que «no me visitaran más», no ha dejado de recibir «llamadas insultantes y amenazantes» hasta el punto de tener que dejar puesto el contestador automático en el comercio y llamar a una empresa de telefonía «para dar de baja mi número de casa».

Pese a que Serafín dice no sentir «miedo», la preocupación en su familia ha ido en aumento después de que una de las hijas encontrara en Internet varias páginas en catalán en las que se recogen opiniones contra su padre. «En una de ellas me insinúan que pueden venir a quemarme la tienda», relata Serafín. Este periódico ha podido comprobar este extremo. Así, uno de los mensajes -éste en castellano- dice lo siguiente: «Gracias por poner la «dire» de esa empresa. A lo mejor un día vamos de marcha y nos pasamos a hacerle un visita de cortesía. Por cierto, los materiales de tapicería deben de ser bastante inflamables...». La mayoría de los mensajes que aparecen en esa web incluyen insultos a Serafín, pero también aparecen los números de teléfono de la tienda y de su casa animando al resto de internautas a realizar llamadas para «hacerle la puñeta».

El «calvario» por el que pasa este vallisoletano comenzó cuando un periódico decidió publicar una carta al director enviada por la ya ex proveedora, que incluía el contenido íntegro del fax. En él, el propietario, «debido a la lucidez» de los políticos de Cataluña para «no querer pertenecer a España», decide cortar sus relaciones con la empresa «porque estoy en mi derecho de comprar a los fabricantes españoles y no querer hablar catalán, como dice el abominable Estatuto aprobado por esa gente que tienen ustedes de dirigentes».

Serafín Segovia explicó a ABC que el 40 por ciento de sus proveedores son catalanes, «pero sólo he «roto» con esta empresa, porque su dueña era demasiado radical». El dueño del comercio va a enviar cartas al resto de empresas con las que trabaja en esa tierra para decirles que quiero seguir colaborando con ellos».

Un manual de aprendizaje de español para los inmigrantes
EFE ABC 11 Octubre 2005

El Instituto Cervantes va a publicar en colaboración con la Cruz Roja unos manuales que permitan a los inmigrantes el aprendizaje del español, según anunció ayer el director de esta institución, César Antonio Molina. «El Instituto quiere prestar una gran atención a los inmigrantes», afirmó Molina, y añadió que estos manuales, que serán de «nivel intermedio», tienen como objetivo «apoyar su arraigo social».

Otro de los proyectos del Instituto Cervantes aprobados ayer es la creación de los Premios Eñe, que pretenden reconocer la trayectoria de artistas, cineastas, escritores, políticos, empresarios y todas aquellas personas, cuya lengua materna sea distinta de la española, que se hayan distinguido por la difusión e impulso internacional de nuestro idioma.

Estos premios, en principio, serán entregados por el Rey y concedidos por el Consejo de Administración del Instituto Cervantes al candidato que considere más adecuado entre los tres que proponga el director de la institución.

El Cervantes supera por primera vez las 100.000 matrículas
El número de alumnos del instituto ha crecido un 12% en un año
César Antonio Molina sostiene que «el español se está convirtiendo en un idioma imparable»
(Firma: Tomás García Yebra | Lugar: alcalá de henares) La Voz 11 Octubre 2005

Por primera vez en sus 14 años de andadura, el Instituto Cervantes ha superado la barrera de las cien mil matrículas, al alcanzar un total de 103.969. De ellas, 92.406 corresponden a alumnos que están aprendiendo el español en los distintos centros del Cervantes repartidos por todo el mundo. Las restantes, 11.563, pertenecen a profesores que participaron en los cursos. Estas cifras suponen un crecimiento del 12% con respecto al ejercicio anterior. Los centros con más demanda de alumnos fueron los tres de Alemania (Berlín, Bremen y Múnich), y el de Manchester, en el Reino Unido.

«El español se está convirtiendo en un idioma imparable», afirmó el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, durante la reunión anual del Patronato, presidida por los Reyes y a la que también asistieron la infanta Elena y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. No acudió, en cambio, la ministra de Cultura, Carmen Calvo, quien se desplazó a Barcelona para inaugurar una exposición sobre el pintor Caravaggio.

«Estados Unidos está a punto de rebasar a España en cuanto a población hispanohablante; ya son 40 millones los que dominan nuestro idioma en aquel país», aseguró Molina. «A esto hay que sumar lo que vamos a conseguir en Brasil con la imposición del español como segunda lengua; recordemos que es un país que tiene 170 millones de habitantes», dijo el director del Cervantes, quien señaló a Asia como uno de los próximos objetivos.

Sede en Pekín
«El año que viene, hacia el mes de junio, inauguraremos la sede de Pekín y esto supondrá un hito en la historia de la institución. Cuando estuve allí, el embajador me dijo que en los diez primeros años se podrían matricular unos diez millones de chinos, cifra que a él le pareció insignificante y a mí pareció brutal». El director del Cervantes comentó que, entre 1.300 millones de chinos, «diez millones pueden resultar insignificantes en términos relativos, pero no en términos absolutos, sobre todo cuando esta cifra, como es de esperar, irá en aumento con los años».

César Antonio Molina también se refirió al Centro Virtual Cervantes de Internet, que ha superado los once millones de visitas, con lo que ha doblado las del año anterior. «El curso de español por Internet cuenta con más de 600 horas de material interactivo; en estos momentos tiene 16.000 matrículas y lo utilizan más de 60 instituciones», aseguró el director.

Desacuerdo porque sí
Aurelio Arteta - Pamplona El País 11 Octubre 2005

Es pena que Aitor Etxebarría (Desacuerdo, 5 de octubre), de Portugalete, no se haya atrevido en su respuesta a contarnos qué proporción de conciudadanos portugalujos (o de sus vecinos bilbaínos) conoce de veras y usa a diario el euskera. Ni se avenga tampoco a reconocer al servicio de qué voluntad de construcción nacional está el intento actual de normalizar esa lengua. Le es más cómodo acusarme de despreciar una lengua, como si tal cargo tuviera sentido, que ponerse a pensar por qué desprecio una particular política lingüística.

Si mi pecado fuera escribir desde una posición dominante por servirme de un idioma mayoritario como el español, le aseguro a mi crítico que no me siento culpable de ello. Me lo legaron mis antepasados, como seguramente a él mismo, y es de uso común en mi comunidad lingüística y en la suya. ¿Por qué supone que la desigual expansión de las lenguas es una injusticia que hay que reparar? ¿Hasta cuándo la argucia de calificar al euskera de lengua minorizada, como si su postración se debiera sólo a que un enemigo (Franco) la disminuyó con saña, cuando es más bien una lengua minoritaria en virtud de factores estructurales bien fáciles de discernir?

Me reprocha valorar los idiomas desde una perspectiva utilitaria, es decir, como vehículos de comunicación. ¿Prefiere que los considere en su presunto valor intrínseco (léase: identitario), tal como hacen los nacionalistas, para que entonces sean los idiomas los sujetos de derechos y nosotros los cargados de deberes hacia los idiomas?

En mi artículo yo no acudí a ningún cálculo de rentabilidad. Pero si a menos hablantes más se justifican unas políticas lingüísticas radicales, según nos enseña Etxebarría, ¿admitirá el absurdo de que la política "normalizadora" más incuestionable sería la de proteger y fomentar la lengua de un solo usuario? Aun en el caso de mayor número de hablantes, pero siempre bastante exiguo, ¿seguiría manteniendo la obligación de satisfacer esa demanda frente a necesidades colectivas tal vez más universales, graves o urgentes?

Quien trabaja como profesor de euskera no tiene fácil adentrarse en semejantes cuestiones, que podrían condenarle al aislamiento e incluso a la persecución por parte de los suyos. Pero tampoco debe pontificar acerca de eso que aún le toca aprender, o sea, de justicia lingüística.

CARTA A LOS MILITANTES DEL PSC
ÁGORA SOCIALISTA/ SOCIALISTAS EN POSITIVO ABC  11 Octubre 2005

Ágora Socialista y Socialistas en Positivo han elaborado una extensa carta dirigida a los militantes del PSC en la que expresan su postura ante el Estatut. Estos son los doce ejes del documento, que se puede consultar íntegro en la web http://blogs.ya.com/agorasocialista.

1. El PSC debe ceñirse al discurso socialista. Denunciamos que el socialismo en Cataluña está impedido por el catalanismo.

2. El PSC debe dejar de ser nacionalista. Denunciamos que el catalanismo político del PSC es en realidad un nacionalismo implícito.

3. El PSC debe atender a sus bases. Denunciamos que el discurso oficial del PSC se distancia cada vez más del sentir mayoritario de sus bases.

4. El PSC debe atender a la realidad de Cataluña. Denunciamos que el catalanismo acentúa la fractura entre la Cataluña real y la Cataluña oficial.

5. El PSC debe atender al presente de Cataluña. Denunciamos que, con la voluntad del PSC, en el nuevo Estatuto «el autogobierno de Cataluña se fundamenta en los derechos históricos del pueblo catalán».

6. El PSC debe garantizar el respeto a la pluralidad. Denunciamos que en Cataluña se está avanzando hacia un modo de organización política que no garantiza el pluralismo y la igualdad de derechos.

7. El PSC debe renunciar a institucionalizar el concepto de «nación». Denunciamos que la voluntad de constituirse como «nación» es la clave de bóveda del nacionalismo.

8. El PSC debe llevar la iniciativa política. Denunciamos el seguidismo de nuestro partido del discurso de ERC.

9. El PSC debe tener una relación federal con el PSOE. Denunciamos que la relación entre PSC y PSOE no atiende al significado de la palabra federal.

10. El PSC debe destapar el oasis catalán. Denunciamos que el catalanismo utiliza la reivindicación nacional para desviar la atención de la acción de gobierno.

11. El PSC debe ocuparse de mejorar la gestión de gobierno. Denunciamos que el catalanismo del PSC empobrece Cataluña, no sólo cultural, sino también económicamente.

12. El PSC debe proponer un nuevo modelo de país. Denunciamos que después de 39 años de nacionalismo español y 23 años de nacionalismo catalán, Cataluña sigue sin conocer un modelo político de país que sume a todos sus ciudadanos


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