AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 14 Octubre 2005
La locura
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 14 Octubre 2005

El daño ya está hecho
Eusebio Cedena Gallardo elsemanaldigital  14 Octubre 2005

Consulta al Consejo de Estado
Editorial ABC  14 Octubre 2005

Con ocho basta
CARLOS HERRERA ABC 14 Octubre 2005

El secreto de la felicidad
José García Domínguez Libertad Digital 14 Octubre 2005

El enemigo exterior
Jorge Vilches Libertad Digital 14 Octubre 2005

Una política de opereta
Lorenzo Contreras Estrella Digital14 Octubre 2005

Aventura estatutaria de calidades iraquíes
José Javaloyes Estrella Digital 14 Octubre 2005

La butifarra, con perdón
FERNANDO ÓNEGA La Voz 14 Octubre 2005

Taza y media de nación
JUAN J. MORALEJO La Voz 14 Octubre 2005

La AVT finaliza su «Caravana contra el olvido» con un convenio y una misa
D. Mazón La Razón 14 Octubre 2005

Productores de cava comprueban que el Estatut perjudica sus ventas
Elsemanaldigital.com  14 Octubre 2005

Mas y Maragall viajaron en coche a Madrid desde Barcelona para la entrevista secreta con Zapatero en el Palacio de La Moncloa
J Cacho. El Confidencial  14 Octubre 2005

La locura
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 14 Octubre 2005

Zapatero ha metido a España en una locura política de la que él mismo no parece ser consciente. Quienes le tratan de cerca dicen que él está tan fresco. Lo atribuyen irónicamente al «optimismo biológico» del que hace gala. En realidad no pueden disimular la inquietud que les produce un comportamiento que no se atreven a definir. ¿Inconsciencia? ¿Fuga hacia adelante?

Yo pienso que a muchos les da miedo hacer un diagnóstico sobre la personalidad de Zapatero. La salida de pata de banco sobre los ocho sinónimos de Nación que está manejando debería llevarnos a alguna conclusión sobre la inteligencia o la capacidad de juicio de Rodríguez Zapatero. No nos atrevemos porque, en definitiva, es el presidente.

Este embarque del Estatuto catalán y de los que vendrán no sólo es una locura porque se está poniendo patas arriba al Estado, sino porque ni siquiera tiene el Gobierno los recursos institucionales para manejar la situación. Por ejemplo, los miembros del grupo parlamentario socialista están abrumados porque no tienen votos para hacer la más mínima corrección en el caso de que los nacionalistas no lo quieran. Pero ZP dice que el Estatuto saldrá del Parlamento tan limpio como una patena.

Desde hace tiempo vengo insistiendo en que el comportamiento de ZP es muy preocupante. Tengo la impresión de que él vive la realidad de un modo diferente al común. No sólo no valora los riesgos de sus iniciativas, sino que ni siquiera tiene en cuenta las dificultades prácticas para llevarlas a cabo. En la cuestión de la negociación con la banda terrorista ETA no ha tenido nunca un plan de viabilidad.

A veces tengo la impresión de que ZP es un extraño ante la realidad, un extranjero en términos camusianos. Una de las anécdotas que me han impresionado más fue el ánimo que le dio a Artur Mas en la entrevista que mantuvo con él en Moncloa: le empujó a consensuar el Estatuto con Maragall y Carod Rovira: Aprovechad la oportunidad, le dijo. No vais a tener otra como esta en la vida. Es un caso único en la historia esta relación entre un nacionalista y el representante del Estado del que aquel pretende independizarse.

Todo esto apenas es acusado por el resto de los componentes del Consejo de Gobierno. Sí, en cambio, por el sanchopancesco José Bono. Está que se sale. Unos días traiciona a José Luis Rodríguez Zapatero en nombre de España y otros permite las humillaciones a la Patria en nombre de la disciplina. Desesperado calificó de fachas a los asistentes al desfile del 12 de octubre, militares y familiares de militares. Le está volviendo loco Rodríguez Zapatero. Nos volverá locos a todos.

El daño ya está hecho
Eusebio Cedena Gallardo elsemanaldigital  14 Octubre 2005

Zapatero y el tripartito han metido a Gobierno y PSOE en un túnel oscuro, de incierta salida. Se verá cómo acaba la aventura, aunque por ahora tiene pronóstico reservado. Personalmente, y se trata sólo de intuición, creo que, pase lo que pase con el Estatuto de Cataluña en las Cortes Generales, el daño ya está hecho. A España y a Cataluña.

Es posible, y hasta probable, que la ingeniería política de Ferraz y Moncloa consiga, al alimón, reducir el impacto que el disparate catalán ha provocado en la sociedad española, y desde el punto de vista demoscópico, Zapatero pueda salvar la cara como sea y salir fresco y airoso del despeñadero en el que se encuentra ahora mismo. No lo niego.

Puede ser, incluso, que dentro de unos meses la calma sustituya a la tensión que han acumulado en la vida nacional y Zapatero se conjure con sus socios radicales para parar el Estatuto, aunque sea de forma momentánea, y agotar la legislatura sin tanto sobresalto, haciendo piña de sus intereses partidistas y profundizando en la estrategia de aislar al PP en el último rincón del cuarto de los ratones del ruedo nacional.

Puede ser. Pero lo que -me temo- el presidente del Gobierno español ya no va a conseguir es que las cosas vuelvan a su estado anterior y que las relaciones de Cataluña con el resto de España permanezcan en el punto de equilibrio en el que estaban antes de que el tripartito y el propio Zapatero pusieran en marcha esta deriva escandalosa.

El Estatuto catalán, aprobado por abrumadora mayoría en el Parlamento autonómico y presentado en las Cortes para su tramitación, podrá salir adelante tal cual, modificado mucho o poco o, incluso, desestimado y devuelto a su lugar de origen, con cajas destempladas o con toda cordialidad. La dichosa reforma podrá ser aplaudida o rechazada en el Congreso y el Senado, pero mucho me temo que pase lo que pase nada volverá a ser igual. El veneno ya está puesto.

El nacionalismo, que es un virus insaciable, se habrá envalentonado si el texto sigue adelante, o se verá molesto y agraviado si la cosa se rechaza. En todo caso, su estrategia irá a más: será firme o victimista, según toque, pero no se va a parar. Eso iría contra natura y la sociedad catalana lo notará.

Ni Cataluña ni el resto de España, lamentablemente, habrán sido indiferentes al paso de este absurdo proceso estatutario. Algo se habrá dañado para siempre. La clamorosa debilidad de Zapatero habrá permitido que las relaciones entre catalanes y los demás españoles hayan sufrido una variación sustancial y peligrosa, ya veremos hasta qué punto. Y ojalá me equivoque. De verdad.

Consulta al Consejo de Estado
Editorial ABC  14 Octubre 2005

EL presidente del Gobierno está dando a conocer que va a remediar las inconstitucionalidades del proyecto de Estatuto catalán. Con ocurrencias dignas de mejor causa, Rodríguez Zapatero ha dicho que tiene hasta ocho fórmulas para acomodar la definición de Cataluña al artículo 2º de la Constitución. Al parecer, todo consiste en buscarle un sustantivo milagroso al adjetivo «nacional» (entidad, realidad, comunidad), como si el problema fuera de sintaxis. Pero parece recomendable tomarse en serio el asunto y resolver las dudas de inconstitucionalidad por cauces menos «creativos» y más técnicos.

Por ejemplo, el Gobierno haría bien en solicitar del Consejo de Estado un dictamen sobre el proyecto, teniendo en cuenta que casi todos los partidos dan por hecho que hay aspectos inconstitucionales en la propuesta, pero no existe un informe solvente que los identifique concretamente. La consulta al Consejo de Estado no es preceptiva porque, formalmente, el texto es una propuesta elaborada por la Cámara catalana, pero parece razonable que el Ejecutivo se deje asesorar por el órgano encargado de esta función y que además tiene entre sus competencias el dictamen sobre «anteproyectos de reforma constitucional» y sobre «asuntos de Estado a los que el Gobierno reconozca especial trascendencia». Ese proyecto no es una reforma constitucional sólo porque no se le ha dado esta denominación; materialmente, es una propuesta de revisión de los principales contenidos de la Constitución. Si el Gobierno ha pedido al Consejo de Estado que le prepare la reforma constitucional para cambiar el Senado o instaurar la igualdad de sexo en la Sucesión a la Corona, tanto más necesario será en este caso, que reviste una trascendencia sustancial.

En principio, ningún dictamen del Consejo de Estado sobre un proyecto legislativo es vinculante, ni siquiera cuando es preceptivo, como ya demostró el Gobierno al hacer caso omiso de las advertencias de esta institución sobre la probable inconstitucionalidad del matrimonio homosexual. Pero en este caso sí debería asumirlo como moral y políticamente vinculante, al igual que los del CGPJ y el Tribunal de Cuentas. Si el Ejecutivo acude a estos órganos contribuirá a mejorar el debate político y jurídico sobre el proyecto. No debería temer el resultado de la consulta. Su opinión tendría una influencia beneficiosa y más transparente que la de los expertos consultados por Administraciones Públicas o el PSOE, que ya consideraron que el proyecto contiene una invasión «masiva e injustificada» de competencias del Estado. Siempre es mejor la ayuda de los especialistas que fiar todo a los arrebatos léxicos del jefe del Ejecutivo.

Con ocho basta
Por CARLOS HERRERA ABC 14 Octubre 2005

EN realidad basta con una, pero Rodríguez es un hombre barroco y prefiere dejar evidencia de su adorno, de esos imposibles suspiros de madera que su gubia labra en la canastilla de España. Ocho soluciones dice que tiene para dejar limpio como una patena el Estatuto catalán y para encontrar fórmulas que hagan constitucional el deseo de denominarse nación que tienen los creadores del mismo. Ocho para este asunto, e imagino que ocho más para solventar que la financiación deje la fiscalidad común hecha unos zorros y otras tantas para evitar que la justicia catalana no tenga que responder a tribunal superior ninguno. Ya llevamos veinticuatro. Otras ocho para solucionar eso de que nos digan al resto de españoles lo que somos o lo que debemos ser, otras ocho para lo del Defensor del Pueblo y ocho más para solucionarle la vida lingüística a los funcionarios que quieran o deban instalarse en Cataluña. Vamos ya por cuarenta y ocho. Rodríguez es muy listo pero no creo que dé para tanto.

Parece que el truco principal, el jamalajá jamalají básico, estribaría en reconocer a Cataluña como «Entidad Nacional» en lugar de cómo «Nación». Retórica, en una palabra. ¿Será suficiente una matización de este tipo para apaciguar las inquietudes que exhiben sin recato determinados barones socialistas? Digo: ¿disfrazar el término Nación con un sinónimo o una añagaza semántica cubre las expectativas de ambas partes? ¿Todas las soluciones que guarda ZP en su sombrero de copa son meras alquimias nominalistas? Sigo preguntando: ¿le explicó detalladamente el presidente a Rodríguez Ibarra todos y cada uno de los trucos de magia que ha ideado para deshacer los nudos que, como Huddini, él mismo se ha hecho hacer? Imaginemos que sí y que por ello salió el extremeño hecho un brazo de mar, sobreactuando lo suyo y deshaciéndose en piropos a la generosidad y la bondad de su señorito... ¿Creen que esos mismos argumentos convencerán a un Maragall que ya se ve como una víctima propiciatoria?

Un lector oyente me sugería ayer que una de las posibles fórmulas mágicas podría ser cambiar el concepto de Nación por el de Noción. Total, cambia una sola letra pero hace que permanezca la particularidad y, además, puede interpretarse como se quiera. Especialmente haría felices a los partidarios de las deconstrucciones mitológicas y a los desmitificadores de esencias perdurables. Aunque a los Carodes y a los Mases no sé si les convencería. Aventurándonos algo más en la interpretación metafísica de los designios de Rodríguez, añado: ¿quién nos dice que una de esas ocho fórmulas mágicas no es cambiar la palabra Nación por el de Combi-Nación? Sigo aventurando: ¿Qué tal Noción de Naciones o Nación de Nociones? Si ZP tuviese, además, una chispa medianamente provocadora, podría sugerir también el término Resig-Nación, el cual colmaría el permanente autoconsuelo de no pocos nacionalistas: «Cataluña es una Resig-Nación y tal y tal...». Qué bonito. No digamos otra posibilidad que se le pudo ocurrir anteayer cuando escuchó los abucheos del «facherío»: Fasci-Nación. Ya llevo seis. Me faltan dos. Déjenme que piense... La séptima: Contami-Nación, que a fuerza de cómo está el ambiente no queda nada mal e ilustra sobradamente lo irrespirable de la situación prevista. Pero la octava es la que, a buen seguro, maneja Rodríguez como fórmula de preferencia ya que ilustra lo que nos espera a la vuelta de la esquina, es decir, en los próximos veinte años de tira y afloja: Termi-Nación.

Son las ocho ocurrencias del presidente. Evidentemente, no me atrevo a asegurarlo al cien por cien, pero arriesgaría mis campos de algodón a que alguna de ellas está entre las sugeridas a los periodistas en los corrillos de palacio. Viendo el panorama, claro, habría que recordar el título de aquella serie de tv. Querido presidente: si estas son sus soluciones, con ocho basta.

wwww.carlosherrera.com

Estatuto
El secreto de la felicidad
José García Domínguez Libertad Digital 14 Octubre 2005

Coincido con Arcadi Espada: lo bueno de ser catalán es que eso le otorga a uno el privilegio de poder decirse español. Del mismo modo, asiento retrospectivamente ante el ciudadano Jaucourt, quien animado por los enterradores del Antiguo Régimen a definir el término Patrie en la Enciclopedia, escribe: “La patria no es simplemente, como cree el vulgo, el lugar en donde hemos nacido, sino el estado libre del que somos miembros y cuyas leyes garantizan nuestras libertades y nuestra felicidad”.

De ahí que si mi felicidad viniese garantizada por una norma que ha de prohibir terminantemente a Pepe Montilla y a Manuela de Madre educar a su ingente prole en castellano, yo sería un patriota catalán. Pero como esa eventualidad me provoca un cóctel de pena (propia) y vergüenza (ajena), no lo puedo ser. De idéntico modo, si hubiera de procurarme inmensa dicha la promesa de que mis impuestos dejarán de socorrer a aquellos parientes que despidieron a Pepe y a Manuela en el andén al arrancar el “Shangai”, yo sería un patriota catalán. Mas como tal augurio despierta en mí el sentimiento opuesto (la tristeza infinita por la condición humana), persisto en no poder serlo.

Por lo demás, si mi patria aún fuera la libertad, la única turbación de mi existencia consistiría en ocultarle a papá aquel cate en mates, y así salvar los veinte duros de la asignación para pasar el finde de marcha. Lástima que Violeta Parra compusiera lo de volver a los diecisiete pensando exclusivamente en Rodríguez, y no en el resto de la tropa. Porque ésa es la triste razón de que ahora mismo relea –con preocupación– los Diarios de Gombrowicz. En concreto, el capítulo donde narra que hubo de abandonar a toda prisa su profesión de abogado y su patria, Polonia, cuando se descubrió incapaz de distinguir a los jueces de los criminales al cruzárselos por los pasillos del Palacio de Justicia. Y es que tampoco llena mi alma de contento ese anhelo estatutario de que sólo algún compañero de pupitre de Pasqual Estivill haya de juzgarme por mis pecados. Se agranda, pues, mi horrible tara: no puedo ser un patriota catalán. En fin, aún podría hacer de mí un patriota doméstico que se me hinchase el pecho de gozo al tener noticia de que al Defensor del Pueblo va a prohibírsele cruzar el Ebro. Sin embargo, para mi desdicha, sigue sin ser el caso.

Decía un tal Voltaire, que debía ser otro facha de cuidado: “En una verdadera patria, el individuo vive bajo la protección de las leyes y se siente una parte de la comunidad y de la soberanía: He ahí mi patria”. Y he ahí, de paso, el origen del deseo ferviente que me embarga desde hace dos semanas: dejar de ser catalán. Rodríguez: guárdate tus ocho parches Sor Virginia donde proceda, y permíteme seguir teniendo una patria de verdad, hombre. Déjame continuar siendo español, como hasta ahora. Como tú, mal que te pese.

Partido Popular
El enemigo exterior
Jorge Vilches Libertad Digital 14 Octubre 2005

Es un error estratégico del PSOE el mostrar al PP como el único partido que se resiste a unos cambios que más del 70% de los españoles rechazan. Se trata de una maniobra mal calculada, pues un gobierno cada vez más impopular no puede echar constantemente la culpa de sus errores al partido de la oposición. Sin quererlo, está presentado al PP como la única solución a los problemas, y al gobierno de Aznar como un periodo de tranquilidad y prosperidad.

Oír que el PP tiene la culpa de las avalanchas sobre Ceuta y Melilla, de la sequía, o del envalentonamiento del independentismo –sí, ese mismo que gobierna con ZP en Madrid–, no deja de ser una serie de lamentables tonterías. Los socialistas de Zapatero repiten la vieja añagaza de los totalitarismos, que es la de señalar a un enemigo exterior como el causante de todos los males, con el objetivo, entre otros, de ocultar la inoperancia propia. Es, por ejemplo, ese antiamericanismo primario, que une a mucho dictador con los progresistas occidentales.

La identificación de un enemigo exterior en tiempos de paz es útil a las dictaduras, o válido para animar movimientos sociales herederos de mayo del 68. En una democracia liberal, su utilización por parte de un gobierno que pretende la reorganización del país por la puerta de atrás y con el apoyo de los antisistema, tiene un sentido propio.

La acusación al enemigo exterior sirve a los socialistas de Zapatero para unir a los heterogéneos grupos políticos que le apoyan, y mostrar a un PP reaccionario. Pero la maniobra tiene un alcance más ambicioso. Zapatero considera que no existen las crisis, sino las oportunidades. Y las críticas recibidas desde dentro del PSOE a su proyecto de Transición rectificada no son vistas por el presidente como un problema, al contrario, son para él una ocasión. Es la posibilidad de desembarazarse de los sectores socialistas incómodos para su liderazgo y sus alianzas. Las declaraciones de unos preocupados González, Guerra, Chaves, Bono, Vázquez, Ibarra o Simancas son obstáculos para su política. La alternativa a su silencio, algo que ha pedido Zapatero, no es otro que su debilitamiento y desaparición.

La identificación de un enemigo exterior no es más que una parte del plan para eliminar a todos los que no aceptan las “fórmulas mágicas” de Zapatero. Se trata, por tanto, de sacar de escena a los que les molesta el federalismo asimétrico, los que aprecian el significado de las palabras, como por ejemplo, “nación española”, los que creen que una reforma constitucional no puede hacerla una comunidad autónoma ni una ley orgánica. No sólo es un elemento del discurso gubernamental, sino una cuestión de poder en el socialismo español. La diferenciación de enemigos, de verdades únicas, busca conseguir el aislamiento de los que en el PSOE pudieran disputarle la dirección a ZP y a los suyos. Es una purga, eso sí, con mucho talante.

Stalin ya emprendió la Gran Purga, esa depuración que terminó con los viejos dirigentes y colaboradores de Lenin. Pertenecían al mismo partido, pero eran un obstáculo para la Revolución. Desaparecieron entonces del mapa los viejos bolcheviques; y los más mediocres, los pequeños apparátchik hicieron funcionar el partido como un solo hombre y con una sola voz. Existía la verdad oficial, lo que hoy llamamos “lo políticamente correcto”. Fuera del discurso revolucionario no podía haber otra cosa que la colaboración con el enemigo exterior, el “facherío” que diría ingenuamente Bono.

Una política de opereta
Lorenzo Contreras Estrella Digital14 Octubre 2005

La parada militar del 12 de octubre, Fiesta Nacional, tuvo dos aspectos: el televisado en directo por la primera cadena RTVE y el que estuvo, como espectáculo, al alcance de los que no eran telespectadores, sino testigos físicos del espectáculo. El primer aspecto se caracterizó por no reflejar nítidamente al abucheo que esos festigos físicos, parte de ellos, dedicaron al presidente del Gobierno, señor Zapatero. El televidente, en efecto, no podía percatarse bien de la bronca en curso cerca de la tribuna donde las autoridades presidían el desfile. Luego, durante el día, los ecos de las incidencias no directamente reflejadas por las cámaras fueron siendo conocidas y comentadas. El ministro de Defensa atribuyó a la clásica “fachería” las protestas percibidas, no por el sonido ambiente seleccionado por RTVE, sino por la marea de comentarios que, lógicamente, sustituyeron a las carencias técnicas. En España se están instituyendo dos modalidades de protestas y clamores: aquellas y aquellos que afectan a un tipo decoroso de Gobierno, y representan impresentables manifestaciones de la caverna política e ideológica, y los que resultan ser consecuencia de protestas democráticas legítimas contra gobiernos autoritarios y mentirosos.

Por supuesto, el señor Zapatero está al frente del Gobierno presentable, y quienes estuvieron a las órdenes de Aznar, con el propio Aznar al frente, son dignos de las más ruidosas y legítimas protestas.

Que cada cual administre sus propias reflexiones sobre esta manera de enfocar los hechos. Pero la verdad tiende a ser que estamos ante una situación políticamente difícil y preocupante. Cuando el señor Zapatero, después de alabar el concepto de nación catalana, desdecirse luego parcialmente en favor de la Nación española, con mayúscula, y declarar después, en los corrillos de la recepción del Palacio Real, posterior al desfile, que tiene ocho fórmulas para definir a Cataluña a gusto de todos, algo esencial falla en el funcionamiento de la lógica política del Estado, con el Gobierno al frente. Falla sencillamente la seriedad. Esto se aproxima a la opereta bufa, si es que la política admite este tipo de expresión.

Según el actual presidente del Gobierno, el Estatuto catalán va a quedar “limpio como una patera”. Habrá que deducir que lo que el señor Zapatero quiere significar es que todos sus aspectos inconstitucionales van a desaparecer gracias a la “pasada” detergente que el Congreso de los Diputados y las negociaciones le van a propinar. Lo que no se aclara todavía es cuál de las ocho fórmulas anunciadas va a ser la que se aplique para esa limpieza o si el resultado será fruto de una combinación de todas ellas.

La ejecutoria del Gobierno zapateril es demasiado compleja para abarcarla en sus diferentes facetas en un solo día o, como suele decirse, de una sola tacada. Acaba de hacer el ridículo en Marruecos con las avalanchas subsaharianas oficialmente frenadas con la colaboración de Marruecos. Pero son pocos los opinantes que dan crédito a esta versión. Una somera inspección de la Unión Europea ha permitido saber que oleadas de subsaharianos se van aproximando desde el fondo del territorio que Marruecos controla hacia la frontera de Ceuta y Melilla. Y la colaboración de Rabat con España ya se sabe, por el propio Rey Mohamed VI, en qué consiste: una cuota ridícula de infiltrados o asaltantes de las dos ciudades españolas han sido devueltos al reino cherifiano, y se acabó. Y además el Rey de España queda como un oficioso que se pasó de oficio, cuando lo lógico es creer que medió ante su “sobrino” porque el señor Zapatero se lo pidió, recomendó o tal vez lo exigió.

Aventura estatutaria de calidades iraquíes
José Javaloyes Estrella Digital 14 Octubre 2005

Como si el signo de Babilonia le siguiera igual que la sombra sigue al cuerpo, Rodríguez ha impregnado el debate político español de calidades iraquíes. Fue ese signo el chocolate caliente de su campaña electoral, la bufanda que se tejió con la fibra de las mentiras (las propias y las atribuidas al Gobierno del Partido Popular), y es ahora la índole de confusión profunda que puede enfrentar a los españoles en general y que ya enfrenta y divide, frontalmente, a los propios socialistas. Por causa de la palabra nación los iraquíes no se han entendido hasta ayer sobre el texto constitucional que se votará en referéndum este sábado.

Ha hecho la disputa que la referencia a lo nacional (de los iraquíes) se cruzara como un toro de fuego en su camino hacia la libertad política. Es cosa ésta que se entiende sin mayor dificultad, porque la historia de iraq como nación es historia de muy pocos años, brotada de la codicia del petróleo y abonada con el humus ideológico del nacionalismo árabe: chatarra histórica de la guerra que los angloamericanos ganaron al Imperio Otomano. Así, los árabes, en Iraq como en otras partes, apuestan nación contra libertad y se matan entre sí, por docenas y casi todos los días. Y el terrorismo islámico se empeña en oficiar de árbitro con el espanto que siembran sus suicidas. Si arbitraron en las elecciones españolas con el 11M, ¿cómo no van a querer arbitrar en las elecciones iraquíes de mañana sábado?

Pero una cosa es lo que quieran y hagan los islamistas en la siempre confusa Babilonia, cortando en gajos la civilización islámica, y otra bien distinta es que Rodríguez, enfrentado a un compromiso político para el que no tenía mandato alguno —ni de sus electores y partidarios ni de sus conmilitones— intente aliar la civilización española con la civilización de ese el mundo para el que España es poco menos que un enemigo a derrotar, pues el hecho de existir como tal obstruye la posibilidad plenaria de Cataluña...

También en esto el prodigioso Rodríguez se reitera en el empeño de la alianza entre cada cosa y su contraria. Cualquier día de éstos el PSOE, entre el aplauso del 85 por ciento de los españoles, manda el recado de que lo devuelvan al lugar de donde nunca debió salir: un oscuro escaño en el Congreso, para que se aplique a la inocua papiroflexia.

El arreglo de un Estatuto de Autonomía como el de Cataluña no cabe convertirlo en un debate de identidad nacional entre Cataluña y el conjunto de España. No tienen los españoles, en su establecida libertad, ningún pago pendiente en que se involucren cuestiones de integridad nacional, como les ocurre a los iraquíes que han sido sólo Estado mucho antes de ser nación. Allí en Babilonia, para alcanzar su libertad política y su independencia nacional efectiva, tienen que hacer los iraquíes renuncias en común a sus respectivas identidades étnicas o confesionales. Pactos a cada hora que sustituyan al cemento que sólo dan los siglos, como en las grandes naciones que son soporte de civilización y cultura.

Rodríguez confunde su Babia con Babilonia y se empeña en cambiar el establecido cemento nacional por los pactos parlamentarios que le mantienen en la Moncloa. Y nada que añadir sobre las concesiones gratuitas que le sostienen en la aquiescencia de sus hermanos de Esquerra Republicana de Cataluña.

Hay otras diferencias de menor bulto entre el proceso iraquí de nacionalización, y democratización, a punto de refrendarse, y el actual proceso español de desnacionalización. El mismo islamismo que allí pone una bomba casi todos los días para que mañana no se vote, las puso aquí todas de una vez para que no se votara de determinada manera.

Ese signo tenaz con que rubrica Rodríguez, mojando la espada en betún de Iraq o negro de Persia, no es precisamente el signo del zorro.

jose@javaloyes.net

La butifarra, con perdón
FERNANDO ÓNEGA La Voz 14 Octubre 2005

LA RELACIÓN del proyecto de Estatuto de Cataluña y la Constitución Española es la del picadillo y la tripa del cerdo, dicho sea con perdón. Quiero decir que su camino hacia el BOE se asemeja al proceso de fabricación casera de los chorizos, aunque, hablando de Cataluña, tendríamos que decir la butifarra. Los catalanes han puesto la carne, y ahora Zapatero trata de embutirla en la tripa constitucional. Como saben nuestras gentes del campo, es un trabajo muy delicado: la tripa se puede romper si se aprieta demasiado o si se escapa algún huesecillo. El proyecto de Estatuto está lleno de tantos huesos que la rotura parece inevitable. Y además, según se dice en la consulta del doctor Paco Vázquez, contiene productos tan nocivos para la salud que producen urticaria.

Y así, el presidente consume gran parte de su tiempo en derrochar ingenio para que la butifarra salga entera, comestible por los catalanes, digerible por el resto de los españoles y con certificado de garantía sanitario-constitucional. La gran noticia política de las últimas 48 horas es la publicada ayer: que Zapatero ya tiene ocho fórmulas distintas para hablar de nación, pero sin citar la nación. ¡Qué exhuberancia! ¡Qué capacidad creativa! El mérito añadido es inmenso: se ha llegado a esa gran cosecha sin convocar un concurso público de ideas, sin poner a pensar a los dos millones de funcionarios, sin aceptar ninguna iniciativa de la oposición y bajo el ojo vigilante de Carod.

Las redacciones y las páginas de Internet parecían ayer una ventanilla de casa de apuestas para ver quién acierta con la terminología que algún día revelará el señor presidente. Se habla de comunidad nacional y otros eufemismos. Todo parece un a ver si cuela , a ver si no se rompe la tripa del embutido, y a ver si los magistrados del Tribunal Constitucional se dejan meter ese gol. Por lo que intuimos, el problema de la unidad nacional no es un problema de pueblos que hacen juntos un camino y aceptan el mismo destino, sino una cuestión que debe resolver el diccionario de sinónimos. Deberían convocar a la Real Academia Española, en vez de la Comisión Constitucional del Congreso.

El presidente Rodríguez Zapatero había dejado el asunto en unos términos razonables de duda cuando anunció lo que aquí ya hemos comentado: que se cambiará el artículo 1 con «una fórmula transaccional». Ahora, con tantas fórmulas acumuladas pero no reveladas, se ha ganado la respuesta de Rajoy: «La palabra ya está en la Constitución». Se ha ganado el regodeo de parte de la opinión publicada. Y acaba de demostrar cómo se repite la historia: está haciendo lo mismo, exactamente lo mismo, que cuando otros inventaron la palabra nacionalidad .

Taza y media de nación
JUAN J. MORALEJO La Voz 14 Octubre 2005

EL ANTERIOR folio con el tedio de la buena pipa de los estatutos, las naciones, etcétera me condecoró con un par de telefonazos destemplados, buen ejemplo de que «el patriotismo es el último refugio de un granuja» (S. Johnson) y enésima repetición de un antojo que tiene su rebiricho freudiano: el nacionalista que quiere descalificarte te llama nacionalista, por supuesto que de otra nación con que amenazas a la suya, y no puede entender que la nación no te precondicione todo cuanto eres, sientes, piensas, haces o dejas de hacer. Paciencia y barajar...

En estos días de estatutos y naciones recordé que Caro Baroja, sin negarle nada al protagonismo de los factores colectivos en el acontecer histórico, reivindicaba la importancia de la acción individual, con inteligencia y carácter en cabeza. Desde Pericles y César a Hitler y Gandhi le sobran a Caro Baroja personalidades decisivas y sobresalientes para su tesis. Permítanme suponer que en el actual tedio de la buena pipa de estatutos y naciones, al lado de factores colectivos esenciales y más que suficientes para mover un proceso serio y necesario, hay también puntos de inteligencia y carácter individuales no muy positivos en cómo mueven y condicionan los planteamientos, nudos y desenlaces en que andamos y andaremos.

Hace ya bastantes años en la Universidad de Santiago un buen hombre tuvo un par de ocurrencias desafortunadas que lo condenaron a protagonista de todas las chuscadas y perogrulladas habidas y por haber. Una de grueso calibre fue la de no poder dar el tanto por ciento de aprobados porque los alumnos matriculados no llegaban a cien. En el diccionario de la política española actual ya está la maragallada para significar la bobada que era mejor no haber dicho, la inconveniencia por ligereza, etcétera. Hace año y pico Maragall invitaba a Andalucía a sumarse a las comunidades autónomas con tratamiento diferenciado «puesto que posee, si no lengua propia, sí una cultura robusta y singular». Lo de que Andalucía no tiene lengua propia es una merluzada analfabeta de calibre muy superior a la del tanto por ciento de aprobados. La incultura de Maragall en Historia Lingüística es de bajo cero y baja a cero absoluto si, con otros puntos de tradición cultural, quiere fundamentar la pretensión de un tratamiento diferenciado que signifique discriminación política y legal en los derechos y los deberes de los ciudadanos.

Esa maragallada y otras que ya son tonterías colectivas son el factor manifiestamente mejorable, incluso eliminable, en un proceso político colectivo y serio en el que el cantamañanismo no es de recibo, sobre todo si juega otro factor individual, a saber, que buena parte del mango de la sartén está en manos de Ángel Siseñor, el que dice que sí a todo y ya antes de que le pregunten. Lo de tener como patria la libertad está muy bien para la Canción del Pirata, pero en Moncloa y con el ganado que hay que lidiar, una buena patria empieza por no firmar cheques en blanco.

La AVT finaliza su «Caravana contra el olvido» con un convenio y una misa
D. Mazón La Razón 14 Octubre 2005

Madrid- El peregrinaje de la «Caravana contra el olvido» de la Asociación de Víctimas del Terrorismo por siete ciudades españolas tocará a su fin el sábado en la capital. A las doce de la mañana, el autobús, en el que viajan treinta víctimas de ETA, llegará a la Puerta del Sol, donde será recibido por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con quien el presidente de la AVT, José Alcaraz, firmará un convenio de colaboración.
Tras una semana de homenajes a las víctimas en diferentes puntos de nuestra geografía, el autobús de las víctimas finalizará definitivamente su recorrido con una misa en honor de todas las víctimas del terrorismo que se celebrará en la catedral de la Almudena a las siete y media de la tarde. La AVT, en un comunicado de prensa, animaba ayer a «toda la ciudadanía española a que nos apoye y acompañe» en el acto religioso. Éste, según la Asociación, es «el mejor colofón final a una iniciativa dirigida a mantener viva y a honrar la memoria de aquellos que lo han dado todo por la defensa de la democracia en España frente al terrorismo y la barbarie».

Productores de cava comprueban que el Estatut perjudica sus ventas
Elsemanaldigital.com  14 Octubre 2005

Diversas compañías distribuidoras han anulado, e incluso devuelto, sus pedidos de cava y los productores reconocen su preocupación por la proximidad a Navidad del debate del Estatut.

12 de octubre de 2005. El temor se ha convertido en realidad. Productores de cava catalanes han comenzado a notar los efectos negativos del boicot a esta bebida que se puso en marcha tras la aprobación de la reforma del Estatuto catalán en el parlamento autonómico. Unos efectos que han llevado a varias compañías, según ha confirmado Elsemanaldigital.com en fuentes cercanas a los empresarios, a temerse una campaña de Navidad horrible para sus intereses.

Empresas de distribución españolas han anulado, e incluso devuelto a las bodegas catalanas, sus pedidos de vino espumoso. Lejos de quitarle hierro, los productores reconocen su preocupación ante la proximidad de las Navidades. Inmediatamente después de la aprobación del texto estatutario han surgido en Internet foros desde los que se lanza la idea del boicot a los productos catalanes durante estas entrañables fechas, las de mayor consumo de esta bebida en España, y que tienen su ejemplo más célebre en un SMS que circula de móvil en móvil: "Ni una gota de cava catalán en Navidad. Pásalo".

La realidad es así de tozuda. No ofrece ninguna duda. El independentismo tiene sus costes. Los políticos catalanes, a excepción del Partido Popular, han vuelto a hacer de las suyas en contra de su entramado empresarial. Y además con un agravante: el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en Madrid, les ha dejado crecerse hasta límites insospechados. La falta de carácter en el Ejecutivo central ha dejado el campo abierto al PSC y a sus socios.

La clase política catalana aprieta y aprieta y los empresarios aguantan y aguantan. Pero lo que es percibido como un chantaje tiene un límite para el resto de España. Y eso es un desastre para las compañías.

Mas y Maragall viajaron en coche a Madrid desde Barcelona para la entrevista secreta con Zapatero en el Palacio de La Moncloa
J Cacho. El Confidencial  14 Octubre 2005

Rodeados del mayor sigilo, cada uno en su automóvil y sin escoltas, Artur Mas y Pascual Maragall realizaron el trayecto Barcelona-Madrid en coche a primera hora de la mañana del jueves 22 de septiembre, al objeto de entrevistarse en secreto con Rodríguez Zapatero en La Moncloa. El encuentro a tres fue exigido por Mas, que no se fiaba de que Maragall cumpliera las promesas que Zapatero le había adelantado en Madrid tres días antes, el lunes 19.

Esta es la historia de un Estatuto de Cataluña que estaba muerto y a quien el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, insufla vida en el último minuto y contra todo pronóstico, al aceptar la inclusión en el texto del sistema de financiación que reclamaba CiU para apoyarlo en el Parlamento catalán.

Con el proyecto a punto de quiebra tras dos años de arduo empecinamiento, Maragall y Mas se vieron de pronto al borde del precipicio en el final de sus respectivas carreras –el uno como responsable, por su intransigencia, del fiasco; el otro como el president fracasado a la hora de hacer realidad su gran promesa electoral-, de modo que ambos deciden tirar hacia delante y saltar al vacío, cuando todos los demás protagonistas pensaban que aquello estaba muerto.

Pero Maragall, consciente de que el envite de CiU con el concierto económico era claramente inconstitucional, no podía igualar la apuesta de Mas. Es entonces cuando Rodríguez Zapatero irrumpe en escena motu proprio, porque todo el mundo en el PSC reconoce que Maragall no le pide que intervenga.

El resultado de esa intervención es que Mas se entrevista con Zapatero en Moncloa el lunes 19 de septiembre, y allí el presidente le acepta la apuesta, le viene a decir que pida lo que quiera, adelante con la inclusión en el Estatuto del sistema de financiación exigido por CiU. A cambio, tendrá que comprometerse a respaldar el Estatuto en el Parlamento catalán, que ya se encargará él [Zapatero] de maquillar en las Cortes los desperfectos desde el punto de vista constitucional.

Artur Mas vuelve a Barcelona encantado con las facilidades, pero al hacer saber a los líderes del PSC los formidables resultados de su encuentro con Zapatero, y ante el asombro de éstos, comprende enseguida que no debe fiarse porque Maragall puede jugarle una mala pasada. Es entonces cuando Mas exige una reunión a tres en La Moncloa, en la cual el presidente de la Generalitat se comprometa a respetar los pactos alcanzados entre el propio Mas y Zapatero.

A escondidas de las cúpulas del PSC y CiU

Para asistir a esa reunión secreta en Moncloa, jueves 22 de septiembre, tanto Mas como Maragall viajan a Madrid de madrugada y por carretera, en coches diferentes, y prácticamente a escondidas de las cúpulas de sus partidos. Se trataba de que aquello no fuera detectado bajo ningún concepto. Mas informó del viaje relámpago a Jordi Pujol la noche anterior, y en la madrugada del mismo 22 se reunió con Durán i Lleida para hacerle partícipe de la situación.

“Nos invitan a negociar en Madrid y para nosotros es la salvación, porque de estar fuera del acuerdo nos meten dentro y con ventaja”, asegura una fuente de CiU. “De estar pidiendo lo imposible, nos meten dentro de lo posible”.

En resultado es que la aparición de Zapatero como deux ex machina en el acuerdo rescata de la UVI al Estatut y permite a sus dos protagonistas presentarse como los vencedores del evento: Mas, porque se ha convertido en piedra angular del pacto, desplazando a un segundo plano a los belicosos chicos de ERC, que, en pleno ataque de celos, se agarran un enfado monumental (de estar fuera de juego, el líder de CiU pasa a convertirse de repente en eventual socio/recambio tanto para el PSC en Cataluña como para el PSOE en Madrid, mandando tanto en Madrid como en Barcelona).

En cuanto a Pascual Maragall, de repente se abren para él las puertas de la pequeña Historia como padre del nuevo Estatuto catalán.

Montilla le dice a Rato que el ‘Estatut’ está muerto
Por detrás ambos dejan un lío tremendo. Y una gran confusión. Al ministro Montilla la noticia de la reunión secreta le coge en Washington, con motivo de la asamblea del FMI, y allí le dice a Rodrigo Rato que no va a haber Estatuto, que el proyecto está muerto. Pero lo mismo opinaba Miguel Iceta, Manuela de Madre, o el secretario de Organización del PSC, Pepe Zaragoza...

Para Zapatero, la reunión secreta en Moncloa es una bomba de relojería cuya explosión podría llevarse por delante su carrera política. De este callejón sin salida, son muchos los que opinan que uno de los dos, Zapatero o Maragall, saldrá políticamente con los pies por delante.

El viernes 30 de septiembre, el Estatuto fue finalmente aprobado por el Parlament catalán con los votos a favor de PSC, CiU, ERC e ICV y el voto en contra del PP.

Artur Mas estuvo ayer en Madrid, como invitado en el foro de Nueva Economía, y allí tuvo ocasión de mostrarse absolutamente de acuerdo con ZP, confiando en ZP, y convencido de que el presidente del Gobierno cumplirá sus promesas.


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