AGLI

Recortes de Prensa     Lunes 17 Octubre 2005
Yo acuso
JUAN CARLOS GUERRA ZUNZUNEGUI  ABC 17 Octubre 2005

El nepotismo de Maragall
EDITORIAL Libertad Digital 17 Octubre 2005

El fotopresidente en la cadena amiga
Isabel Durán Libertad Digital 17 Octubre 2005

Maragall se despeña
Editorial ABC 17 Octubre 2005

Rechazo moral del Estatuto
Por JORGE TRIAS SAGNIER ABC 17 Octubre 2005

Foros adecuados
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 17 Octubre 2005

Zapatero en blanco y Bono en azul
Pablo Sebastián Estrella Digital17 Octubre 2005

Los Muertos Molestos
Por Javier Orrico Periodista Digital 17 Octubre 2005

Zapaterofobia
Enrique de Diego elsemanaldigital 17 Octubre 2005

La lenta e improbable justicia
Santiago Abascal elsemanaldigital 17 Octubre 2005

La responsabilidad del PSOE
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 17

Los tres cerebros del 11-M estaban controlados por Policía, Guardia Civil y CNI
Libertad Digital  17 Octubre 2005

Yo acuso
POR JUAN CARLOS GUERRA ZUNZUNEGUI DIPUTADO DEL PARTIDO POPULAR EN EL CONGRESO ABC 17 Octubre 2005

... Deseo que muchos socialistas, que coinciden en la vigencia de nuestra Constitución y en no deshacer el camino de éxito de estos últimos 27 años, puedan convencer al señor Rodríguez Zapatero. Aún se está a tiempo...

ME va a permitir el lector que use el mismo título que utilizó Zola hace casi un siglo cuando el asunto Dreyfus en Francia.

España ha vivido uno de los períodos más positivos a partir de 1978, cuando, por primera vez en nuestra historia moderna, se redactó y se refrendó la Constitución vigente, tras un pacto de casi todas las fuerzas políticas, mediante concesiones y aportaciones mutuas de los constituyentes, entre los que tengo la honra de encontrarme.

Cuando, a la muerte del general Franco, el mundo occidental y los países de nuestro entorno temían una vuelta atrás y una posible situación de enfrentamiento entre los españoles, conseguimos hacer una transición ejemplar, impulsada por la Corona y por el pueblo español, que tenía la firme decisión de convivir en paz y en democracia.

Recuerdo cuando en el año 1977, después de las primeras elecciones, accedimos al Consejo de Europa sin tener todavía la Constitución ni siquiera redactada, y los parlamentarios españoles que formábamos parte de la citada asamblea pudimos asegurar a los del resto de la Europa democrática que España accedería a una plena situación de democracia, sin veto a ningún partido político. Pues bien, desde la transición y la aprobación por referéndum de la Constitución vigente, los españoles hemos conseguido una convivencia y unos avances importantes en nuestro desarrollo social y económico. Pensemos en la creación de un millón doscientos mil puestos escolares, tras los Pactos de la Moncloa. Pensemos, tras nuestro ingreso en la Unión Europea, las ventajas que ello nos ha producido para nuestras infraestructuras y para nuestra agricultura y ganadería. Pensemos en el cambio que han experimentado nuestras ciudades y sobre todo los municipios rurales. Pensemos en nuestro servicio sanitario, en la atención a la tercera edad, en la educación ya universal entre los tres y los dieciséis años, habiendo dado el paso entre tres y seis en la última legislatura.Pero, sobre todo, los españoles convivimos políticamente. Los cambios de diferente signo, en el gobierno central, autonomías o municipios, no han supuesto convulsiones. Ya sé que el 23-F fue una fecha triste, con un nuevo intento de golpe de Estado por parte de una minoría del Ejército, que se resolvió positivamente, y que provocó que a los pocos días se celebrara en Madrid la mayor manifestación de apoyo a la Constitución y al sistema democrático. En la cabeza de la citada manifestación, codo con codo, estaban los líderes de todo el arco parlamentario. Ya sé que desde antes de la transición, hace más de treinta años, venimos sufriendo un terrorismo criminal de aquellos que son incapaces de defender sus ideas democráticamente, sin utilizar el tiro por la espalda o el secuestro. Pero reitero, el conjunto de estos casi treinta años es francamente positivo y nuestro acontecer es similar al de los países desarrollados de nuestro entorno.

El partido socialista ganó las elecciones el 14 de marzo de 2004 sin mayoría absoluta, y tras el atentado del 11 de marzo. El señor Rodríguez Zapatero fue investido presidente; todos pensamos que sería una legislatura difícil, pues el Gobierno no tenía mayoría absoluta, como por otra parte tampoco la tuvo el Partido Popular en la legislatura 1996-2000. Pero creíamos que el Gobierno sería similar a los gobiernos socialdemócratas de otros países de la Unión Europea. Han pasado dieciocho meses desde la investidura del señor Rodríguez Zapatero y, junto con decisiones paralizantes como el plan hidrológico, el plan de regadíos, la ley orgánica de calidad de la educación, el cambio mediante un decreto de nuestra política exterior, etc., etc., nos encontramos con que desde el principio de la legislatura se inició una política de revisión de los estatutos de las autonomías, asunto que no preocupaba al ciudadano, sino solamente, en su caso, a ciertos políticos de algunas de las autonomías.

El señor Rodríguez Zapatero cometió un error incalificable desde el balcón del palacio de la Generalitat de Cataluña cuando manifestó su apoyo al tripartito catalán, por cierto, integrado entre otros por un partido, ERC, que se declara abiertamente, además de republicano, independentista, y cuyo líder se entrevista con dirigentes de ETA y pacta con la banda criminal para que ésta no actúe en Cataluña. El resto de España no cuenta para el señor Carod. En aquella ocasión, el presidente del Gobierno declaró que apoyaría la reforma del Estatuto que venga del parlamento catalán.

Posteriormente, el conjunto de declaraciones y actuaciones durante el transcurso del debate del nuevo estatuto en el parlamento catalán son realmente incompresibles e intolerables. Así, cuando el presidente, en el Senado, manifiesta que «nación es un concepto discutido y discutible», o cuando posteriormente define la patria como la libertad, o cuando declara que él no es «españolista ni nacionalista». Pero lo peor de sus declaraciones es que ha apoyado a su correligionario y presidente de la Generalitat en la redacción de un nuevo estatuto de autonomía que rompe la Constitución, violenta la convivencia y enfrenta entre sí a los españoles. ¿Cómo es que Rodríguez Zapatero no ha parado a tiempo al Partido Socialista que gobierna en Cataluña, ya que por principio no puede admitir un trato de desigualdad entre los españoles por el hecho de vivir en diferentes autonomías? ¿Cómo es posible que se conciba un Poder Judicial independiente del Estado atribuyéndose competencias exclusivas y propias del Consejo General del Poder Judicial? ¿Cómo es posible que se establezca un modelo educativo propio que no esté supeditado a la normativa básica en esta materia común a los españoles? ¿Cómo es posible que se exija la reforma de la ley del Tribunal Constitucional, de la ley Electoral, de la ley de la Administración General del Estado? ¿Cómo es posible que se pretenda que la Generalitat catalana recaude, gestione y tenga capacidad normativa y que tras recaudar los impuestos se cree una comisión bilateral del Estado y la Generalitat para discutir qué parte aportaría Cataluña al Estado? ¿Cómo es posible que en la primera de las disposiciones adicionales se manifieste que la aceptación del estatuto no implica la renuncia del pueblo catalán a los derechos que le corresponden en virtud de su historia? ¿Qué significa este texto? Se pretende dar un gran paso para, en el futuro, una declaración de independencia. Sería prolijo seguir detallando el texto de referencia, que es absolutamente anticonstitucional. Pues bien, el responsable último de este gran y dramático embrollo es el señor Rodríguez Zapatero. Primero, por no parar a tiempo el inicio de este conjunto de desatinos; y segundo, en sus conversaciones con Mas o con el representante de ERC, a quienes tenía que haber comunicado la no admisión de un proyecto de estatuto que no estuviera dentro de la Constitución española, ya que lo que se pretendía, a través de una trampa saducea, era presentarlo como una simple reforma del estatuto vigente.

¿Se da cuenta el presidente del Gobierno de que en cualquier caso su actuación va a enfrentar a los españoles y va a poner en riesgo la estabilidad institucional?

Deseo que muchos socialistas, que coinciden en la vigencia de nuestra Constitución y en no deshacer el camino de éxito de estos últimos 27 años, puedan convencer al señor Rodríguez Zapatero. Aún se está a tiempo. Pero mucho me temo que por la irresponsabilidad del presidente del Gobierno se han dado unos pasos que nos pueden conducir a una situación muy grave, que desembocará en la ruptura de nuestra Constitución y de España.

El nepotismo de Maragall
EDITORIAL Libertad Digital 17 Octubre 2005

No contento con su protagonismo en la división del PSOE a propósito del histórico desafío a la nación y la Constitución españolas que supone el mal llamado "proyecto de reforma estatutario", parece que Maragall también está dispuesto a crear conflictos en el seno del propio tripartito catalán. Con una pretendida remodelación del gobierno autonómico, de la que el presidente no había informado ni a sus compañeros del PSC ni a sus socios de ICV.

Es perfectamente comprensible el nada disimulado malestar que han transmitido muchos miembros del PSC al enterarse por la prensa de estas filtradas intenciones presidenciales de las que sólo tenía conocimiento Carod-Rovira y que, para colmo, tratan de nombrar al hermano de Maragall como nuevo consejero de Universidades

Si la aprobación en el Parlamento catalán de la "reforma" estatutaria ha querido ser utilizada como muestra de la estabilidad y el consenso que impera en Cataluña –por mucho que ese "consenso" en torno a la reforma estuviera, en realidad, al margen de las prioridades e inquietudes de la inmensa mayoría de los ciudadanos catalanes–, ahora se ha puesto en evidencia la fragilidad de todo el entramado.

Si destacados dirigentes del PSC, como Manuela de Madre, hacían ostensible el sábado su desagrado negándose a aplaudir el discurso de Maragall ante el Consejo Nacional del partido, el portavoz del PSC Miquel Iceta, ha advertido este domingo que la posición de este partido es la de no considerar "necesario ni oportuno" acometer cambios, recordando a Maragall su deber de escuchar a su partido y a sus socios de gobierno a la hora de tomar cualquier decisión al respecto.

Ni que decir tiene que las desveladas intenciones de Maragall todavía encuentran más rechazo entre quienes las han revelado como los miembros de ERC o entre los otros socios de gobierno que, como ICV, también serían perjudicados por la reducción de consejerías que quiere llevar a cabo el presidente de la Generalidad.

Desde CiU tampoco se ha perdido la oportunidad de azuzar el fuego, y no otra cosa ha hecho Mas al animar a Maragall a llevar a cabo esos cambios de gobierno y a someterse en el Parlamento autonómico a una moción de confianza.

En cualquier caso, llama la atención que las críticas a las intenciones del presidente de la Generalidad pasen más por el rechazo al momento escogido o por la reducción de las carteras a repartir que conlleva su remodelación, que por el vergonzoso nepotismo del que ha hecho gala Maragall con su pretensión de poner a su hermano al frente de una consejería.

En cualquier caso, no nos debería sorprender la degradación ética que impera entre las elites políticas catalanas si recordamos la rapidez con la que se impuso la omertá tras aquellas escandalosas acusaciones del "tres por ciento".

Lo que hubiera hecho falta entonces era una catarsis pero, en lugar de eso, la clase política catalana, animada por el gobierno del 14-M, se ha embarcado en una huida hacia delante con una "reforma" estatutaria que, no sólo no adecenta la vida política catalana, sino que pone en jaque la convivencia nacional y constitucional de toda España.

Las matrioskas de ZP
El fotopresidente en la cadena amiga
Isabel Durán Libertad Digital 17 Octubre 2005

Recién concluida la XV Cumbre Iberoamericana en Salamanca, el fotopresidente ha aterrizado en la cadena amiga para, durante una hora, sermonear al oyente, al estilo de sus mejores maestros Castro y Chávez . Intenta desesperadamente Zetapé que el sermómetro y el cismómetro no vuelvan a jugarle malas pasadas. Por ello Zapatero ha comenzado su alocución haciendo una declaración de principios. “Yo amo a mi país, a mi tierra y a León”. Con la entrevista en casa Polanco ha comenzado una carrera contrarreloj para cambiar la imagen del jefe del Ejecutivo antiespañol, radical y patrocinador del secesionismo por voluntad propia cuya “única patria es la libertad”. Y es que la orgía nacionalista presidencial ha levantado ampollas hasta en su propio electorado y preocupa de tal manera en las cocinas monclovitas que Zetapé se ha visto obligado a recalcar ahora “la España constitucional a la que, reitero, amo”.

¡Pero si parece Bush, o Blair o incluso Chirac hablando de sus respectivas naciones! Con una diferencia y gorda. Zapatero ya no engaña a nadie y sólo busca fórmulas para maquillar el torpedo en la línea de flotación que él mismo ha lanzado a la Constitución española. Veamos el cuento que ha contado esta fresca mañana de domingo otoñal. ”Somos ante todo una nación de personas y ciudadanos” asegura ahora. Y esboza su fórmula mágica: “más que una fórmula jurídica afecta a sentimientos, hay muchas fórmulas de reconocer la gran identidad (sic) de Cataluña”.

Afirma el presidente que la Unión Europea está formada por “muchísimas entidades nacionales” (sic), nada dice de los estados miembros que la componen. Zapatero va dando pistas, así, sobre el destructor juego de las matrioskas- nación que ha inventado para contentar a Josu Ternera, a Carod Rovira y a Pasqual Maragall. E incluso se ha delatado al asegurar, categórico, que “el Gobierno ha puesto los principios claros ante ETA y ante toda la sociedad española”. ¿Cuándo, cómo y dónde ha puesto esos “principios” ante la banda asesina? Pues en el Estatuto de Cataluña, naturalmente. En el Estatuto asumido, promocionado y culminado por José Luis Rodríguez Zapatero para garantizar su continuidad en el poder.

De esta manera, cuando el dos de noviembre se produzca el pleno de toma en consideración del Estatuto de ZP, el presidente repartirá sus fórmulas a troche y moche (nación o entidad nacional dentro de la nación española, comunidad nacional en la España plurinacional, etc) y disfrazará su insensato y demoledor juego de las matrioskas dentro de los “mejores valores democráticos” y “rigor constitucional”. Un fraude en toda regla.

Maragall se despeña
Editorial ABC 17 Octubre 2005

LA capacidad de Pasqual Maragall para crear problemas está adquiriendo dimensiones homéricas. En sólo cuarenta y ocho horas y con un único movimiento (una consulta a ERC para remodelar su Gobierno y colocar en el nuevo gabinete a su hermano) ha conseguido soliviantar a su propio partido, a sus socios en el tripartito y a la principal fuerza política de la oposición en Cataluña. Tal es el tamaño de la brecha abierta y tantos los flancos de queja que ha desatado que ya resulta difícil encontrar en la política actual alguien que propenda a crear convulsiones de ese tamaño y de manera tan habitual. Baste recordar el episodio que protagonizó al pronunciar la famosa frase («Ustedes tienen un problema que se llama 3 por ciento») con la que venía a acusar de corrupción a CiU. Ahí es nada. Para salir del atolladero en el que se encontraba por el escándalo del barrio del Carmelo, y agobiado por las acusaciones de negligencias de todo tipo que señalaban a su gobierno en aquel hundimiento, lanzó semejante cortina de humo (en sede parlamentaria) que multiplicó por seis el revuelo, la confusión y el desconcierto en la opinión pública. Es decir, y dicho de manera más sencilla, Maragall tiende a crear un problemón para salir de un problema. Ahora, vuelve a ocurrir lo mismo con el intento de abrir una crisis en su gobierno.

Seguramente, al proponer ahora la remodelación del gabinete, en el ánimo del presidente catalán estaba el sedar, en la medida de lo posible, el incontenible coro de voces que se oponen a la reforma del Estatuto aprobada por el Parlamento autonómico, y que no es sólo una «cosa del PP» sino un movimiento que se extiende poderosamente por los cimientos del edificio socialista. Ya no son los barones territoriales -tradicionales portaestandartes de la queja contra la expansión del nacionalismo dentro del PSOE- quienes llevan la voz cantante, sino que la corriente contraria es casi unánime en Ferraz y otros aledaños. Al intentar distraerla con la crisis gubernamental, Maragall ha vuelto a caer en el mismo error: ha creado otro aprieto sin resolver el antiguo.

Porque ahora, y tras denunciar su unilateralismo, es el propio PSC el que le critica abiertamente por no haber consultado con el partido sus intenciones y por haberse ido derecho a ERC a pedir la venia. El hecho de que su hermano estuviera de por medio, como candidato a coger el asa de una cartera, no le ayuda nada y hace más comprensible, que no justificable, el ocultismo con el que se ha movido. El primer secretario de los socialistas catalanes, y ministro de Industria, José Montilla, afeó inmediatamente su conducta a Maragall y le advirtió que no es el momento de hacer cambios.

Fuera del socialismo, las críticas son también unánimes. Aunque acogiéndose a su destreza como pescador en río revuelto, CiU no dejó pasar la oportunidad para radiografiar la extrema debilidad del presidente de la Generalitat, al que no le queda ni un gramo de autonomía en el ejercicio del poder, ni siquiera para sacar adelante un cambio de piezas en su gobierno. En el contexto actual, la desautorización de Maragall a tres bandas (ERC, PSC y CiU) supone una malísima noticia para el proyecto estatutario aprobado en el Parlament, pero buena para el constitucionalismo, pues las brechas abiertas restarán fuerzas al tripartito y a Convergencia en la defensa de tan disparatado texto.

La imagen y el crédito político de Maragall, que ha gastado media legislatura en esa ensoñación del Estatuto, parecen heridos de muerte. Nunca tanto como ahora ha aparecido ante la opinión pública tan dependiente de una Esquerra que, con sólo el 16 por ciento de los votos, maneja a su antojo los tiempos y la agenda política del presidente de la Generalitat. La displicencia con que este partido le trata bordea la chusquedad.

Y las malas horas que atraviesa Maragall son también un aviso a otros navegantes sin brújula. Rodríguez Zapatero puede tomar buena nota de lo que está ocurriendo en Cataluña, pues él siguió los mismo pasos en las Cortes y optó por idéntica alianza, si bien con una diferencia sustancial: los independentistas catalanes consiguieron el 2,4 por ciento de los votos emitidos en 14-M. Conviene tener siempre en mente este minúsculo porcentaje a la hora de valorar en manos de quién se encuentra la gobernabilidad de España.

Rechazo moral del Estatuto
Por JORGE TRIAS SAGNIER ABC 17 Octubre 2005

HAY cinco motivos esenciales para rechazar este Estatuto que nos trae de cabeza. Razones morales, razones filosóficas, razones políticas, razones económicas y, por último, razones prácticas. Comencemos por el final. El Estatuto es inviable en la práctica y sólo prosperará proponiendo otro nuevo que tenga pies y cabeza, pues éste no tiene ni los unos ni la otra. Todo el que haya estudiado el actual proyecto estatutario catalán con un poco de rigor y de sentido común habrá llegado, sea cual sea su ideología, nacionalista o no, a la misma conclusión. El Estatuto es un batiburrillo legal y constitucional que pasa de la contemplación de derechos universales a la descripción de las competencias más insignificantes o grotescas, como «el buceo profesional» o «la competencia exclusiva en materia de tiempo libre» (sic). Si Boadella hubiese metido su hilarante pluma en este texto no lo hubiese hecho mejor. La realidad, una vez más, ha superado con creces a la ficción.

No hay, además, ni una razón económica que aconseje este escenario farragoso y complicado, intervencionista hasta el menudeo, que provocaría, con toda seguridad, el aislacionismo de Cataluña y la deslocalización de muchas empresas. ¿O acaso piensan los empresarios catalanes que el resto de España está medio atontada y que aceptará situaciones de ventajismo y asimetría económica como la que se propone desde el Estatuto? ¿No contribuyen a las cargas del Estado Madrid y Baleares, tanto o más que Cataluña? ¿Es factible una España insolidaria en la que cada comunidad pueda tirar por su lado prescindiendo del resto? ¿Qué sentido económico tiene deshacer una empresa como España que funciona aceptablemente bien? ¿Cómo se guisa este engendro legal en el marco constitucional español y en el seno de la Unión Europea? ¿Se han parado a pensar los parteros de este bodrio lo que podría suponer en Europa la aparición de una nueva nación? Sencillamente, tal como se propone el nuevo Estatuto, resulta inabordable. Sería incluso más sencillo plantear una modificación radical de la Constitución o el planteamiento de otra nueva. Resulta imposible embutir el nuevo Estatuto en nuestro vigente sistema constitucional y en el marco de la Unión Europea.

La filosofía que subyace en este Estatuto es, así mismo, rechazable. El pensamiento débil, la dictadura del relativismo en suma, o ese lenguaje entre lo «correcto» y lo mentiroso -el «bonisme» catalán- que se utiliza para colar por la puerta trasera aquello que no se atreven a presentar frontalmente, están presentes en todos y cada uno de sus artículos. Y, por último, me parece un planteamiento inmoral, ya que responde sólo a criterios de poder y no a motivaciones morales o éticas. Ni el Bien ni la Verdad sobrevuelan por encima de este texto fundamental. Ésta es, pues, la hora del rechazo moral de Cataluña, y también del resto de España, de un Estatuto perverso.

Foros adecuados
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 17 Octubre 2005

El lehendakari anunció la semana pasada que no iría a la Comisión General de las Comunidades Autónomas del Senado por no considerarlo el «foro adecuado» para resolver «el conflicto permanente entre Euskadi y España». A los socialistas, como es lógico, no les ha gustado esta decisión, que no es nueva porque ni Ibarretxe ni su antecesor en el cargo fueron a las sesiones precedentes. Pero tal vez no debería sorprendernos tanto. A fin de cuentas Ibarretxe ni siquiera debe considerar que el Parlamento vasco sea un «foro adecuado» porque está dispuesto a organizar una mesa de partidos al margen del Legislativo.

Hace apenas un año Ibarretxe todavía defendía que «las ideas deben ponerse en el campamento base de la democracia y el diálogo que es el Parlamento vasco», pero el Legislativo de Vitoria no debe de ser ya el templo de la democracia porque el lehendakari prefiere trasladar los fuegos de campamento extramuros del Parlamento antes que renunciar a la compañía de los excursionistas de Batasuna.

Desde que el nacionalismo inició la deriva soberanista, la deslegitimación de las instituciones del Estado, entre ellas el Congreso y el Senado, es una constante. Lo estamos viendo estos días en los que el Gobierno vasco y el PNV cuestionan la capacidad del Congreso para modificar el proyecto de Estatuto catalán de la misma forma que cuestionaron su capacidad para rechazar el plan Ibarretxe. En nombre de la soberanía de las instituciones vascas o catalanas se cercenan las atribuciones de los representantes de la soberanía española. Se invocan las capacidades que el Estatuto concede al Gobierno y el Parlamento vascos para reformar el texto, pero al mismo tiempo se niegan las atribuciones que el mismo Estatuto reconoce al Parlamento español. Y, por supuesto, se olvida que la legalidad estatutaria se deriva en último término de la Constitución española.

En 1943, en el exilio se libró una disputa parecida. José Antonio Aguirre reclamó el derecho de autodeterminación para el País Vasco como condición para entenderse con la democracia española. El dirigente socialista Indalecio Prieto reaccionó de forma enérgica defendiendo que el Estatuto no tenía sentido al margen de la Constitución: «¿Qué no existen las Cortes? Pues si no existen las Cortes, menos existe el Gobierno vasco. ¿Qué no existe la Constitución? Pues si no existe la Constitución, menos existen los Estatutos. Y si no existen los órganos supremos del Estado, menos pueden tener existencia, real o supuesta, los órganos subalternos del mismo».

Hoy, como en los tiempos de don Indalecio, lo importante es tener las cosas claras a la hora de afrontar los problemas.

Zapatero en blanco y Bono en azul
Pablo Sebastián Estrella Digital17 Octubre 2005

El misterio del presidente Zapatero, su pretendido carisma y liderazgo social, empieza a derrumbarse a medida que se van cayendo, como hojas del otoño, los velos del enigma que nos conduce a muy poca cosa: a un iluso que no sabe gobernar —se queda en blanco ante los grandes problemas del país— y que actúa como izquierdista de otros tiempos, sin ejercer en su Gobierno y en su partido la menor autoridad. El caso del ministro Bono, convertido desde el interior del Gobierno en el principal adversario político del Estatuto catalán que Zapatero ha pactado con el Gobierno de Maragall, es asombroso e irrepetible en una democracia. Como lo son las críticas a esta política de prestigiosos dirigentes del PSOE (Guerra, González, Ibarra, Vázquez, Barrera, Leguina, Chaves, etc.), los que no abren una crisis contra de Zapatero porque esperan así “salvar los muebles” del incendio, mantener el poder y agotar la legislatura.

Tenemos un presidente que se sorprende de lo que ocurre a su alrededor por causa de sus propias decisiones —¿he sido yo?—. De ahí que no entienda la crispación que se extiende por España y Cataluña por el Estatuto que él mismo negoció y trajo a Madrid, ni lo que ocurre con Marruecos y en Ceuta y Melilla tras entrevistarse en Sevilla con el primer ministro marroquí, como no parece comprender que la Cumbre Iberoamericana de Salamanca se haya convertido en un fracaso español, un triunfo de Fidel Castro y en el inicio de una nueva crisis entre España y Estados Unidos, porque el presidente y su inefable ministro Moratinos hicieron las cosas muy mal.

Decíamos ayer que el presidente Zapatero no sabe lo que es España y hoy podemos afirmar que tampoco conoce a Estados Unidos, a los que acaba de agredir de una manera gratuita y por enésima vez en la Cumbre Iberoamericana de Salamanca, y no por condenar el bloqueo americano sobre Cuba, sino por no pedir a la vez unas elecciones democráticas y libres en la isla de Fidel Castro, quien se convirtió en el convidado de piedra del evento salmantino, que ha quedado bastante tocado por su inoperancia y que sólo ha servido para que Zapatero sume un nuevo desafío a Washington, y ya van seis: sentada al paso de la bandera USA, retirada de Iraq
—justificada pero mal hecha—, apoyo a Kerry, críticas a Bush en la ONU, petición en Túnez de salida de Iraq de otros países y apoyo decidido a Cuba.

Una de la especialidades de Zapatero consiste en acumular problemas al mismo tiempo, como ocurre ahora con Cataluña, el PSOE (donde las tensiones internas y las críticas al presidente no paran de crecer), inmigración, Marruecos y Estados Unidos, sin olvidar a ETA, en la que, paradójicamente, algunos dirigentes de la Moncloa tienen puestas todas sus esperanzas de “ayuda” con una tregua ilimitada. Se precipita (y nos precipita a todos los españoles), acumula problemas y luego se sorprende de las reacciones, demostrando que ni él ni su Gobierno, ni su equipo de asesores de la Moncloa, ni los dirigentes del PSOE que regentan el partido han sido capaces de evaluar las consecuencias de las decisiones adoptadas.

Lo ocurrido este fin de semana con Estados Unidos es el último ejemplo (pensaron que el apoyo a Cuba no sería la estrella de la cumbre), pero el caso del nuevo Estatuto de Cataluña es emblemático y penoso, porque vemos ahora a Zapatero y a su equipo en un ruinoso espectáculo según el cual el presidente, en el debate del 2 de noviembre, va a ser quien ponga los límites, ¡el freno!, a Maragall y los suyos, cuando ha sido Zapatero la persona que, en colaboración con su ministro Montilla y su compañero Blanco, desde la sede del PSOE, no sólo ha dado luz verde al proyecto de Maragall sino que se ha apresurado a convencer a Artur Mas en Moncloa para que CiU se sumara al festejo. De ahí que la deslealtad constitucional y partidaria que desde el PSOE se le imputa ahora a Maragall debe extenderse a Zapatero, Montilla y Blanco, colaboradores necesarios del engendro.

Pero claro, el PSOE tiene un problema muy serio: cómo conservar el poder y salvar la legislatura sin que todo ello se hunda con Zapatero si las cosas siguen como van. Y por el momento parecen decididos a que se admita a trámite el Estatuto a cambio de que les aprueben los Presupuestos, y luego en el debate de la Comisión que sea Maragall, como inductor de la crisis, el que primero pague los platos rotos de la vajilla nacional con la crisis y la estabilidad de su Gobierno, el que ha pretendido reformar (para colocar a su hermano) sin éxito, abriendo otro frente más en el desvarío catalán, ese río revuelto en el que CiU espera pescar unos buenos resultados electorales, al igual que lo espera el PP en el ámbito nacional. Locura que Maragall quiere extender a Galicia y el País Vasco como lo hizo cuando invitó, en el homenaje a Pere Esteve, a que las tres autonomías se coordinaran frente al Estado.

Pero el problema central no está en el futuro y presente del PSOE, sino en el de España. Hace pocos días que Felipe González le decía a Zapatero —¿a quién si no?— que no se puede jugar con la política territorial (en alusión al Estatuto de Cataluña), y la exterior y de seguridad. Pues la territorial ya sabemos cómo está, y la exterior y de seguridad ya la hemos visto en Salamanca.

Afortunadamente llueve y parece que va a seguir, aunque la economía empieza a dar en la inflación señales de debilidad. Sin embargo Zapatero continúa pensando en blanco, estirando su sonrisa de cartón y arengando al equipo infantil que lo acompaña y asesora en Moncloa: “¡a por ellos!”, les dice como si estuvieran corriendo detrás de un balón.

Y en estas circunstancias ¿cómo puede seguir el ministro Bono sentado en el banco azul del Gobierno? Ésa es, sin duda, otra cuestión. El titular de Defensa ya tiene ante sí otra bronca con Washington y duda sobre qué hacer el 2 de noviembre, el día de la llegada del Estatuto al primer debate del Congreso. Mientras tanto recibe aplausos en Sevilla al grito de “¡España, España!” a sólo pocas horas y días después de que su presidente fuera abucheado en Alcalá de Henares, Madrid y Salamanca. Bono juega con fuego, y puede que con España, en su beneficio personal. Pero si sigue así se equivoca, porque será tarde cuando quiera irse y corre el riesgo de que sea el propio presidente el que le haga cesar. Si el día 2 de noviembre sigue en el banco azul, el ministro de Defensa perderá muchas oportunidades y razones para progresar en su ambiciosa y sigilosa carrera política y para poder discrepar.

Los Muertos Molestos
Por Javier Orrico Periodista Digital 17 Octubre 2005

A los asesinados por el terrorismo nazionalista ya se les prepara el segundo entierro. Y habrá de ser silencioso, aplastado por el clamor de las nuevas naciones, por las fiestas de acogida en honor de los asesinos. Los pueblos vascos, las aldeas de frontón y boina, sometidos a la tiranía patriótica del rh, hijos de las pesadillas de Sabino Arana y sus herederos, preparan ya los monumentos a los héroes, las placas conmemorativas y los grupos escultóricos erigidos para celebrar a quienes hicieron del coche-bomba y el tiro en la nuca sus argumentos de seducción política. Al fin han encontrado al hombre, ambicioso, visionario, profético, que habrá de hacer posible a Euskalherría, la patria unida, la tierra de la Raza, el pueblo soberano al que hasta ahora no habían consentido existir, pero en el que a partir de Zapatero, el grande, guiputxis y vizcaínos, labortanos y suletinos, cheyennes y arapahoes, altonavarros, bajonavarros, alaveses euskaldumberris, todos batúas, podrán levantarse cada mañana sabiendo que en la calle no sólo les esperan sus iguales, sino sus idénticos: pelo, sangre, piel, lengua, origen, genoma, caserío... El paraíso expoliado por los españoles, otra vez en marcha.

Y la paz. La paz de una victoria tanto tiempo esperada: el reconocimiento nacional, la autodeterminación sancionada por el referéndum constituyente que, tras la tregua de ETA que permitirá a ZP ganar las elecciones de 2007, tendrá lugar durante el segundo mandato de este hombre enviado por la Providencia (ya se sabe que Dios es vasco) y por las bombas de Alá. Y seguramente de Acá. Pero la paz exige sacrificios. Tras cuarenta años de ‘lucha armada’ y de enviar a sus mejores jóvenes a la condena de vivir sin trabajar, extorsionando, robando, matando por la causa, para acabar en una cárcel de lujo de los Estados opresores, Euskadi no podría aceptar que tanto ‘sufrimiento’ no diera sus frutos. Han trabajado todos los nacionalistas juntos: partidos, empresarios, financieros, obispos y matarifes con el único objetivo de la construcción de Euskalherría. Y no puede ser que ahora que se la van a dar, unos vayan al chuletón y otros permanezcan en las prisiones de los vencidos. España ha de ponerlos en la calle, aunque sea en las playas del Caribe, y a su costa, como potencia colonial que ha de purgar sus culpas de tantos siglos de sojuzgar vascos.

Sólo Zapatero ha entendido la situación. Hasta ahora los presidentes españoles se habían empeñado en el imposible de vencer, de acabar con el terror pero sin querer aceptar que sólo la alternativa kas conduciría al final del ‘conflicto’: autodeterminación (soberanía), territorialidad (Navarra), plurinacionalidad en un Estado confederal (el fin de España como nación). Lo intentó primero Suárez –en muy delicada coyuntura histórica- con una amnistía generosísima y la concesión de un Estatuto de privilegios, de una fiscalidad vasca que les iba a permitir la creación de un Estado de hecho que pusiera a la sociedad al servicio del nacionalismo. Luego lo intentó González por todas las vías: la negociación y las puertas traseras. Y por fin Aznar estaba a punto de derrotarlos, con la ley y la justicia, cuando se apareció Zapazelig, que hasta su encumbramiento parecía defender esas mismas armas, para imprimir un extraordinario cambio de ritmo, inspirado seguramente por Ronaldinho, que nos lleva sin remedio a la pacificación definitiva.

Zapazoide se sabe llamado para resolver todos los problemas históricos de España, que tanto dolor nos han traído: la retirada múltiple. De Ceuta y de Melilla. De Cataluña. De Vasconia. De Galicia no, que no sabría dónde meter a Paco Vázquez. De Canarias, en su día. Si se lo pidiera su amigo Schroeder, de las Baleares. Incluso se les podría ceder la provincia de Alicante a los ingleses, para recuperar la amistad y el perdón de Blair. Y además se le quitaban territorios al PP. A cambio, Gibraltar cosoberano. Otro problema resuelto. Se devolvería igualmente Olivenza a Portugal. Treviño a Álava. El Bierzo se declararía independiente de León. León, de Castilla. La Franja pasaría a Cataluña. Y, como compensación, se le concedería una parte de Murcia a Marcelino Iglesias, para que hiciera un campo de tiro, un parque temático con lagartijas y tierras cuarteadas. Alrededor de Madrid se alzaría una gran muralla (¡qué obra!), para que los madrileños no pudieran salir a contaminar de centralismo a la nueva España. Y sobre todos imperaría Zapatero, presidente al fin de la República soñada, anhelada, revanchada. El Rey sería enviado en misión diplomática a un palacio de su primo Mohamed, mientras en Asturias Felipe y Letizia darían origen a una nueva dinastía cuyos vástagos casarían con las hijas de Sonsoles. Zapatero como el Cid, que no en vano se llamaba Rodrigo, el padre de Rodríguez.

Ya sólo le sobran los muertos. Esa comitiva fúnebre que se pasea como memoria proscrita por los pueblos de España que aún no miran hacia otro lado. Y son muchos miles. Los asesinados y sus familias, los perseguidos y expulsados, los que viven con escolta, lo que se levantan cada mañana sin saber si ese será el día, los que miran las paredes para ver si ya les han puesto una diana, los que se despiertan sobresaltados, los que no pueden olvidar, los que pagan las extorsiones, los que callan, los amenazados, los humillados y ofendidos, los nuestros, los que –ellos sí- habrán sufrido y caído sólo para asistir a la derrota final. A la vergüenza. A la infinita vergüenza que sentiremos, que ya sentimos.

Zapaterofobia
Enrique de Diego elsemanaldigital 17 Octubre 2005

Con amable maestría –como es habitual en sus columnas- Juan Delgado me ha atribuido el mérito de haber descubierto una nueva patología: la zapaterofobia. No me ha resultado difícil. La padezco en grado sumo, con todos sus síntomas. Zapaterofobia: sentimiento irrefrenable e incontrolable de aversión a Zapatero, a sus desmanes y chorradas. Por ejemplo, apagar la televisión en cuanto sale. Y como lo hace en todas, sólo ver películas. Darse de baja del Plus. Considerar que no dice más que estulticias, estar cierto de que es un demagogo de tres al cuarto, proclive a hilvanar frases incoherentes, de significado huero, de trivialidad insufrible, o que no pasa de titiritero de PRISA, marioneta de ETA y los secesionistas o político profesional con mentalidad de nuevo rico (remember La Mareta).

Para paliar tan grave patología, que –insisto- padezco en grado agudo, y no estando dispuesto a ir mar adentro (ni subvencionado) es por lo que he escrito Zp en el país de las maravillas (Editorial LibrosLibres). Ante la situación actual –con tendencia a agravarse- a los zapaterófobos sólo les quedan dos opciones: o acudir a la consulta del doctor Aquilino, el mejor psicopatólogo español, o adquirir mi libro y disfrutarlo. Tiene, en pequeñas dosis, efectos paliativos. De un tirón, retroalimenta la patología. Difundirlo ayuda a liberarse: si la zapaterofobia se generaliza pasará a ser la normalidad (lo patológico sería, por ende, la zapaterofilia).

De hecho, en efecto, la zapaterofobia, mostrando la vitalidad de la sociedad civil –nunca confundir con el palco del Real Madrid ni con la patronal catalana-, no hace otra cosa que crecer. Batiendo récord, en las encuestas de la prestigiosa Sigma Dos, la popularidad del presidente ha caído 13,6 puntos desde que está en el Gobierno.

Esto no es lo extraño. Lo raro es que la popularidad exista, porque estamos ante el peor de los presidentes posibles y aún de los imaginables. A su lado, Felipe González se nos presenta, en el recuerdo, como un estadista y Alfonso Guerra como un dechado de virtudes. ¡Ya es decir! Incluso Mariano Rajoy, quien ha mejorado en las últimas semanas, a medida que se parece cada vez menos a Josep Piqué, ha situado al PP por encima del PSOE en intención de voto, más por los innumerables e intensos errores de ZP que por aciertos propios

La lenta e improbable justicia
Santiago Abascal elsemanaldigital 17 Octubre 2005

¿Democracia? Así se constituye un Ayuntamiento bajo el dictado de los partidos nacionalistas.

El 14 de junio de 2003 tomé posesión por segunda vez del acta de concejal en el Ayuntamiento de Llodio. La ilegalización de Batasuna terminó ese día con el dominio etarra de muchos años en ese ayuntamiento alavés, la localidad más poblada de la provincia después de la capital, con 20.000 habitantes.

Terminó el poderío municipal etarra en el ayuntamiento de Llodio, pero los estertores de la banda se dejaron sentir esa mañana. Dos centenares de simpatizantes de ETA nos esperaban en el salón de plenos, alentados por el bando del alcalde etarra Pablo Gorostiaga, ocupando la totalidad de la sala, incluyendo los lugares correspondientes a los escaños, que habían desaparecido.

De los 17 concejales electos, sólo mi compañero Carlos Urquijo y yo conseguimos acceder al salón de plenos con dificultades y entre empellones. Desde ese instante, durante unos minutos, los golpes, los empujones, las amenazas, los insultos, los escupitajos, el chirriante sonidos de los pitos y el ensordecedor estruendo de una potentes bocinas en nuestros oídos se encargaron de hacer imposible nuestra presencia en el pleno de constitución, que fue suspendido –el delito penal tipificado en el artículo 505 se consumó- y trasladado a una mísera y clandestina oficina donde se produjo la constitución de la corporación y la elección del alcalde (del PNV) que estrenó su autoridad negándose a llamar a la Ertzaintza para que desalojase al centenar de personas que nos esperaban tras la puerta para lincharnos. Que no llamaba a la Ertzaintza y no llamó. Que saliéramos por la puerta de atrás –cual delincuentes- y no lo hicimos.

Finalmente, entre escoltas y algunos compañeros logramos abrir un pasillo entre la horda batasuna que nos acogió nuevamente con sus golpes, amenazas, esputos y bocinazos hasta que abandonamos el consistorio por la puerta principal.

Ya en la calle, nos dijimos: "Si la Ertzaintza no viene a nosotros, vayamos nosotros hasta ella". Así que, decididos, nos dirigimos a la comisaría de la Ertzaintza –algunos también al centro de salud–, donde firmamos siete denuncias contra una veintena de los agresores que impidieron el Pleno.
 
Era la hora de la justicia. La juez correspondiente archivó el caso: falta de pruebas y levedad de los cargos, concluyó. Sin dudarlo, recurrimos el archivo. La Audiencia Provincial nos dio la razón e instó a la juez a reabrir el caso e instruirlo –no lo hizo la primera vez–, señalando la probable vulneración del artículo 505 del Código Penal.

Dos años y un mes después de los sucesos fuimos llamados por la juez para prestar declaración sobre unos sucesos que ya no estaban frescos en la memoria. Hace dos días he recibido del juzgado la pruebas –las que no existían- en forma de vídeos de altísima calidad grabados por las televisiones. Han pasado dos años y 4 meses hasta que he podido ver las imágenes grabadas de lo sucedido. Si entonces denuncié a una veintena de implicados, hoy puedo señalar a otra decena. Les tendré al corriente.

La responsabilidad del PSOE
ALFONSO DE LA VEGA La Voz 17 Octubre 2005

LA SITUACIÓN española actual es muy peligrosa por acción u omisión de diversas fuerzas políticas e instituciones que están faltando a sus obligaciones morales y legales con el pueblo español y con la propia España como nación y patrimonio histórico, social, cultural y económico. Que algunos traten de lograr la consecución de su ideario: la destrucción de España, de un modo u otro lo intenten, y por lo visto ya están cerca de conseguirlo, forma parte del guión. Lamentable guión, ya que la actual Constitución lo posibilita ofreciendo pesebre gratis y fácil a los enemigos del orden constitucional, filoterroristas incluidos.

Lo que no se entiende, pese a que haya precedentes, es la pusilanimidad de la ciudadanía ante tal amenaza, y el triste papel de partidos que llevan la E de España en sus siglas. El PSOE, al menos por segunda vez en la historia de España, está jugando a cargarse el orden constitucional democrático. Si con la excusa de hacer la revolución ya protagonizó una rebelión armada contra la República en 1934 que costó dos mil muertos y la destrucción de una ciudad como Oviedo, ahora pretende acabar con la legalidad democrática al no oponerse a que España deje de ser una nación, y en consecuencia a la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos o Cataluña y Vascongadas a los separatistas.

Habrá quien piense que no es justo responsabilizar a todo el PSOE en vez del actual y lamentable grupo dirigente. Pero eso será creíble si se produce una clara conducta de repulsa avalada con hechos por parte de las gentes honradas y leales que queden en el partido, que, como las meigas, haberlas haylas, aunque por ahora callen y otorguen. Mientras tanto estamos autorizados a pensar que no es sólo el Gobierno que surgió del inexplicado 11-M el responsable de nuestros males, sino que es el PSOE donde la superstición vence a la razón el que está destruyendo el orden democrático constitucional. ¿Hay alguien ahí?

EL ESPÍA EL POLLERO, LA SOMBRA DE LAMARI
Los tres cerebros del 11-M estaban controlados por Policía, Guardia Civil y CNI
"El Tunecino", "El Chino" y Alekema Lamari han sido señalados por las Fuerzas de Seguridad como los supuestos cerebros del 11-M. Los tres aparecen en el vídeo en el que asumen la masacre de Madrid. Hasta ahora sabíamos que "El Tunecino" estaba controlado por agentes de la Policía y "El Chino" por la Guardia Civil. Este lunes El Mundo desvela que un agente sirio del CNI, conocido como "El Pollero", se convirtió en la sombra de Lamari desde que salió de la cárcel en 2002. Esta información no fue entregada por el Gobierno al juez hasta el pasado 16 de septiembre.
Libertad Digital  17 Octubre 2005

El 22 de noviembre de 2004 el magistrado de la Audiencia Nacional, Juan del Olmo, solicitó al Centro Nacional de Inteligencia y al Ministerio del Interior la desclasificación de todos los informes y documentos que estuvieran en su poder relacionados con el terrorista argelino Alekema Lamari.

Sin embargo, no fue hasta el día 16 de septiembre cuando el juez Del Olmo recibió el visto bueno del Gobierno, a través de una decisión del Consejo de Ministros, para acceder a los cuatro informes elaborados por el CNI sobre el terrorista Lamari. En dicha documentación aparece detallado el control que ejercía Sabagh Safwan, alias "El Pollero", sobre Alekema Lamari y otros terroristas islamistas. De los informes se desprende también que los Servicios Secretos españoles controlaban a varios miembros del grupo de los pelanas de Lavapies a través de Safwan.

Este agente sirio del CNI vivía en Valencia hasta que fue detenido por inspectores de la Comisaría General de Información de la Policía el 24 de marzo de 2004 por su apoyo a Lamari, miembro del GIA (Grupo Islámico Armado) y considerado por el CNI como jefe de los terrroristas del 11-M.
Según relata el periodista de El Mundo Antonio Rubio, Sabagh Safwan se había convertido "en uno de los principales agentes o infiltrados del CNI en el mundillo de los radicales islamistas en España y tenía el encargo especial de controlar y seguir a Alekema Lamari". La vigilancia sobre el terrorista argelino era total, hasta el punto que el 2 de abril, un día antes del supuesto suicidio de Leganés, Sabagh se encontraba en Madrid con el único objetivo de ayudar al CNI a descubrir dónde se ocultaba Lamari y el resto de los terroristas que cometieron los atentados del 11-M.

Después de esta revelación, se estrecha el círculo sobre la trama de los pelanas de Lavapiés. No sabemos aún cuál fue realmente el papel de estos terroristas sirios y marroquíes en el 11-M. Lo que sí sabemos es que los cabecillas de este grupo estaban totalmente controlados por las Fuerzas de Seguridad españolas.

Sabagh Safwan, captado por el CESID en 1993, no sólo estaba infiltrado como amigo de Lamari sino que también mantuvo relación con los hermanos Chedadi y los Almallah.

Serhane ben Abdelmajik Fakhet, "El Tunecino", fue controlado por la Brigada Provincial de Información de Madrid desde enero de 2003 hasta pocos días antes de la masacre. Posteriormente fue la Unidad Central de Información Exterior de la Policía (UCIE) la que siguió sus pasos.
Jamal Ahmidan, "El Chino", fue seguido por la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO), cuyo máximo responsable es el coronel Félix Hernando, ex mano derecha de Rafael Vera. "El Chino" también fue controlado por el inspector jefe de Avilés, Manuel Rodríguez, Manolón, gracias a las confidencias que sobre él facilitó Emilio Suárez Trashorras.
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