AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 20 Octubre 2005
España herida
Por I. SÁNCHEZ CÁMARA ABC 20 Octubre 2005

Estampa en sepia de un rojo de museo
Lorenzo Contreras Estrella Digital 20 Octubre 2005

A esto se llama populismo
Ignacio Villa Libertad Digital 20 Octubre 2005

La ira del español sentado
José Javaloyes  Estrella Digital 20 Octubre 2005

El poder como problema
FEDERICO YSART ABC 20 Octubre 2005

Durarán poco
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 20 Octubre 2005

De rojos y lilas
José García Domínguez Libertad Digital 20 Octubre 2005

Lenguas regionales
Amando de Miguel Libertad Digital 20 Octubre 2005

La CEOE se moja con el Estatuto catalán, mientras Alfonso Guerra denuncia la `genuflexión´ con el nacionalismo
Jesús Cacho Elconfidencial 20 Octubre 2005

Versos estatales
Jesús Laínz elsemanaldigital 20 Octubre 2005

El PP esgrime fraude de ley y lesión de derechos en su primer recurso contra la reforma catalana
E. L. P. La Razón 20 Octubre 2005

La CEOE denuncia que el Estatut discrimina a las empresas y enfrentará a las comunidades
R. N. La Razón 20 Octubre 2005

Arcadi Espada habla para Libertad Digital
Mario Noya Libertad Digital  20 Octubre 2005

España herida
Por I. SÁNCHEZ CÁMARA ABC 20 Octubre 2005

La admisión a trámite en el Congreso del proyecto de Estatuto para Cataluña entraña un duro golpe a la Nación española. El hecho de que fuera previsible, dadas las posiciones de los grupos políticos, no le quita gravedad. Tampoco se la quita la posibilidad de reformarlo durante su tramitación. Un texto inconstitucional por esencia y no por accidente (su inconstitucionalidad no afecta a algún que otro artículo sino a su espíritu e integridad), que ataca a la soberanía nacional, sólo merecía el rechazo del Parlamento y su no admisión a trámite. El PP se ha quedado solo, al menos de momento, como garante de la Constitución. Pero el problema del texto del nuevo Estatuto no se limita a su inconstitucionalidad, sino, lo que es peor, a la ruptura de la unidad nacional a la que apunta, ya que no hay una única Nación española, y a la modificación del titular de la soberanía, que ya no residiría en el pueblo español. Dado que la Carta Magna se fundamenta en la unidad indisoluble de la Nación española, si ésta no existe o no es indisoluble, no es que la Constitución resulte vulnerada o modificada por la extravagante e inconstitucional vía de la reforma estatutaria, sino que resulta destruida. Por eso el problema no se limita a la cuestión nominalista del uso de la palabra «nación» dedicado a Cataluña, sino al hecho de que la parte, una región, decide sobre la realidad jurídica del todo, España, contraviniendo el principio de que la soberanía nacional reside en el pueblo español y no en ninguna de sus partes. Por si esto fuera poco, el proyecto lamina los principios de igualdad entre todos los españoles y de solidaridad entre las comunidades que forman España.

Tampoco podía ser de otra manera cuando se trata de una obra emprendida no sólo con la colaboración sino a instancias de un grupo separatista como ERC. Lo peor no es que los nacionalistas y separatistas, si es que puede discernirse ya nítidamente entre ellos, elaboren un proyecto semejante. Lo más grave, lo que no estaba en el programa, lo que rompe con el espíritu de la transición, es que la dirección del PSOE, mientras no demuestre lo contrario, haya pasado a colaborar con el bando secesionista. Ésta es la diferencia fundamental, junto a alguna otra menor, entre el proyecto catalán y el vasco. Precisamente el mayor apoyo político, que acaso no popular, al primero constituye su mayor peligro. Mas no hay que olvidar que no existe mayoría por grande que sea que pueda actuar en contra del Derecho.

En suma, España está herida, la Constitución está malherida y el espíritu de la transición y la concordia nacional yacen sin vida. Baste considerar la satisfacción que exhiben los enemigos de España. ¿Puede marchar bien una Nación cuando quienes niegan su existencia, logran sus objetivos y están exultantes? La admisión a trámite no es aceptación integral, pero tampoco es rechazo. Los representantes de la soberanía nacional aceptan a trámite un texto que decreta la muerte de la soberanía nacional. Se tramita, pues, en el Congreso la destrucción de España.

Estampa en sepia de un rojo de museo
Lorenzo Contreras Estrella Digital 20 Octubre 2005

No pasa día sin que Zapatero nutra las páginas de periódicos y revistas, o los contenidos de tertulias radiofónicas, con sus piruetas políticas. Su tema, el tema ZP, se está volviendo monográfico. Y lo grave para él es que no merece tanta crítica como caricatura chistosa. Esto significa que no se le toma en serio, aunque sean profundamente serias las consecuencias de sus actitudes y determinaciones. De ahí a pensar que en el fondo, tal vez sin percatarse, tiene proclividad al suicidio político sólo hay un paso. Y quienes le van a “suicidar” no van a ser probablemente sus enemigos ideológicos, sino sus propios correligionarios. Presidente por acciderte, como tantas veces se ha dicho, está incurriendo en la peor de las equivocaciones: hacerse insoportable para quienes viven en su mandato, esos ilusionados que creyeron que con el ZP se abría en la política española una etapa de gran tolerancia y de amables talantes compatibles con el avance social, y, sin embargo, comprueban que la realidad sobrevenida es algo peor que aquella crispación atribuida a José María Aznar durante toda su ejecutoria. El diálogo se ha confundido con la debilidad y el talante (muchas veces ni se adjetiva) con la sonrisa inútil. Un personaje así, sin experiencia de gobierno y sin patente cultura política, recuerda el caso peligrosísimo del niño con pistola, con pistola de verdad, que ni apunta bien ni sabe adónde le conducen sus caprichos.

El drama de un político carente de aptitudes fundamentales, como es el caso de Zapatero, es que, además ha recibido una herencia política hipotecada por los caprichos de las urnas. La normativa electoral ha permitido una hipertrofia de los nacionalismos periféricos, al menos en grado suficiente para crearle una dependencia casi absoluta. Entre el republicanismo recrecido de ERC —que se combina explosivamente con el federalismo falsificado de Maragall—, la cuña de los verdes y la propia división crítica del PSOE, que jamás habría sospechado la posibilidad de su victoria electoral, ha logrado, en el peor de los sentidos, sentarse en el sillón más exigente que el destino le podía reservar. Por otra parte, su escasa valoración del entorno adversario se sumaba a su acendrada fe en el significado de su propia personalidad, algo así como la renacida expresión política de una revancha histórica. “Helo, helo por do viene, el infante vengador...”.

Este sentimiento le ha enfrentado, por ejemplo, con la Iglesia, que no es poca calamidad para sus intereses como gobernante, y le ha hecho incurrir en exhibicionismos infantiloides cuya trayectoria ha sido desde el papel de desenterrador de muertos de la Guerra Civil hasta dispersador arriesgadamente justiciero de archivos históricos olvidados, pasando por la ostentación de un “rojerío” que le hace saltar retrospectivamente por encima de la Transición, por encima de las cabezas comunistas históricamente más cualificadas e incluso por otras cabezas más recientes. Esto último merece un pequeño apunte: cuando ha recordado a las figuras de su partido que le aportaron ejemplo y enseñanza, ha citado públicamente a los socialistas de la Guerra Civil —Prieto, Largo, etcétera— pero no ha mencionado para nada a su lógico maestro del pasado inmediato, o sea, a Felipe González, a quien debe cuando menos la posibilidad de haberse acercado al poder e incluso haberlo ocupado, con la ayuda fundamental de Alfonso Guerra, a quien tampoco ha reconocido ninguna pedagogía. Escapado de un apolillado volumen de historia, ZP es la expresión en sepia de una deteriorada estampa.

A esto se llama populismo
Ignacio Villa Libertad Digital 20 Octubre 2005

Han pasado ya varias semanas desde que la reforma del Estatuto catalán fue aprobado en el Parlamento catalán, y todavía no hemos escuchado del presidente del Gobierno una explicación clara y nítida sobre lo que piensa y opina de este texto separatista. No lo sabemos, aunque lo vislumbramos.

Y es que cuando Rodríguez Zapatero lleva semanas entreteniendo a los ciudadanos con sus "cursilerías" habituales es que no quiere decir lo que piensa. La última vaguedad que hemos escuchado, en la sesión de control al Gobierno en el Senado, es la siguiente: "mi posición para Cataluña es la que permitirá históricamente las mejores fórmulas de convivencia". ¿Alguien puede explicar lo que ha querido decir Zapatero? ¿Se puede decir menos con tanta falsa elocuencia? La actitud del jefe del Ejecutivo cada vez preocupa más y a más gente. No sólo por lo que hace sino, y muy especialmente, por lo que no hace, por las omisiones, por la inacción, por la inoperancia y por la irresponsabilidad.

Pero ahí no queda todo. El presidente del Gobierno ha "soltado" también este miércoles, en la sesión de control en el Congreso, que la reforma del Estatuto catalán no entra en las preocupaciones prioritarias de los españoles. Un razonamiento que se convierte en una trampa para el propio Zapatero. Y es que la unidad de España, la vigencia de la Constitución, la estabilidad institucional es quizá la primera preocupación de los ciudadanos. Y después, una vez que los cimientos básicos están asegurados, viene todo lo demás.

¿Quién se puede creer que a los españoles lo que más les interesa es el paro, la vivienda o la educación, si lo básico como el modelo nacional no está asegurado? Esta es la primera vez desde la aprobación de la Constitución del 78 en que está en juego –de esta forma– la unidad y el modelo nacional. Y ya no es momento -lo siento señor Zapatero– de discursos populistas y demagogos. Es bueno que se entere que a los españoles nos preocupa y mucho lo que está pasando en Cataluña; pero nos importa más la irresponsabilidad con que están afrontando desde el Gobierno esta crisis institucional.

Y, naturalmente, los españolitos de a pie somos suficientemente mayorcitos como para saber lo que nos importa. Zapatero no es quién para decirlo y decidirlo. Con que supiera gestionar sería suficiente; pero eso por lo que vemos es mucho pedir.

La ira del español sentado
José Javaloyes  Estrella Digital 20 Octubre 2005

Antes de optar por que se tramitase como reforma el proyecto de nuevo Estatuto catalán, la Mesa del Congreso rechazó la previa opinión del Consejo General del Poder Judicial, Consejo de Estado y Tribunal de Cuentas: instituciones concernidas por ese proyecto. Era procedente, prudente y oportuno, según la posición del Partido Popular, el triple dictamen previo sobre la congruencia del proyecto con el ordenamiento constitucional, puesto que, en principio, tanto podía considerarse sólo reforma estatutaria, como dicen entenderlo el Gobierno de la Generalidad de Cataluña y el Gobierno de la nación, o interpretarse como reforma constitucional encubierta, según sostiene el Partido Popular. Ha prevalecido el interés del tripartito catalán y el impulso moncloví. Algo que tan cumplidamente divide a los españoles todos y al PSOE con sus militantes, votantes y simpatizantes.

Lo propuesto por los populares era turno de dictámenes y no de resoluciones, que éstas corresponden al Tribunal Constitucional por razón de la materia que se plantea. Abundaba en la oportunidad de tales consultas previas no sólo el hecho de que las tres instituciones aparezcan concernidas en el proyecto de Estatuto, que ya es de por sí una potísima razón, sino también, muy especialmente, por consideraciones elementales de prudencia política, dada la explosiva naturaleza del empeño nacionalista, alentado por el presidente Rodríguez como asunto de su personal interés.

El funanbulismo parlamentario de Rodríguez —eso de saltar de plazo a plazo sobre el vacío, para que los Presupuestos salgan adelante, y venga lo que venga después— es razón insuficiente y explicación oscura para dar sentido a la actitud tomada por la coalición gobernante en la Mesa del Congreso. La precariedad parlamentaria de la mayoría socialista se traduce en danzas inquietantes sobre la cuerda floja de la cantada inconstitucionalidad.

Lo de menos es que a primera vista esta inconstitucionalidad no sea formal sino material: a causa del desafío hecho desde Barcelona por los nacionalistas de izquierdas, derechas y de no se sabe qué. Desafío traído a Madrid por manifiesta exudación del talante de Rodriguez, para que toda España vea en plano primerísimo la magnitud del desafío estatutario. Esto es algo que puede visionarse a través de los hielos de una copa de alcohol —como disparo de ocultada ebriedad nacionalista—, pero en ningún modo explicarse como fruto alentado desde la presidencia del Gobierno de España.

Reconocida la procedencia de no llorar sobre la leche derramada, hubiera sido lo propio que, tras de los dislates acumulados por los responsables del impulso y el aliento del inductor —visto además el clima de alarma nacional que se ha formado—, se hubiese decidido en la Mesa del Congreso recabar los dictámenes del Consejo General del Poder Judicial, Consejo de Estado y Tribunal de Cuentas.

Resulta tan obvia la inconstitucionalidad del proyecto catalanista como patente lo anticonstitucional del rumbo emprendido por este presidente que lo mismo reforma una piscina y redecora la Moncloa, que se aventura, sin encargo, sin presupuesto y sin mandato, en la reforma de esa Casa de Todos levantada en 1978, que es la Constitución, para reducirla y convertirla, si fuera posible, en Casa Común de la Izquierda y de los nacionalismos.

Discutible sería, y ello siempre en grado sumo, cambiar el régimen; pero resulta indiscutiblemente no aceptable que el régimen se cambie por la puerta de detrás: que es lo que pretenden el Club de Perpiñán, el tripartito y el inquilino de la Moncloa. Por eso, recordando aquello de que se puede engañar a muchos durante mucho tiempo, aunque no a todos durante todo el tiempo, y habida cuenta lo grave de la materia (constitucional) con la que se trama el fraude, nada tiene de particular que se considere necesario una moción de censura y de que se que se hable del impeachment; o sea, de la incoación de un proceso de deshaucio.

La mostolada de Alberto Ruiz-Gallardón, convocando la movilización nacional de los alcaldes, es muestra elocuente —considerada su alergia a las definiciones— del caudal que lleva la impaciencia de España. Alguien, o algunos, pueden venir después para abanderar la ira del español sentado. En Getafe, por lo pronto, ya han comenzado las bofetadas.

jose@javaloyes.net

El poder como problema
Por FEDERICO YSART ABC 20 Octubre 2005

NO estoy de acuerdo con quienes creen intuir tras la política del presidente del Gobierno el perfil radical de un republicano a la francesa, ni el del vindicador de la memoria de los derrotados en el 39. Ni siquiera el del reformista llegado tarde a resolver la Transición. En mi opinión la clave es mucho más sencilla: ambición de poder, ése es el problema.

El 14 de marzo un estrecho diferencial de votos cambió radicalmente los ejes de la política española como no había ocurrido en nuestra historia reciente. La alternancia política resultante de las elecciones de 1982, como luego en 1996, no produjo la convulsión que ha seguido a las de marzo de 2004, las de la tragedia de los doscientos asesinatos cargados a la cuenta del gobierno anterior por el desastre de Irak.

Sólo las constituyentes de 1977, es decir, las que abrieron el camino al cambio de régimen, tuvieron un alcance similar a las últimas, las de 2004. No eran menores las incertidumbres de entonces, pero sí mayor la fe en que las piezas de aquel ruidoso puzle acabarían por encajar en un futuro pacífico. Hoy el común de los ciudadanos no entiende que desde la propia presidencia del Gobierno se desarme ficha a ficha el paisaje que tan pacientemente acordaron todas las fuerzas políticas.

Desde los terminales de la presidencia se arguye que veintitantos años son demasiados para una Constitución. O, más grave, que la del 78, la Carta de la Concordia, no fue producto de un ejercicio de libertad de los ciudadanos, sino de las concesiones de «los militares». Que todo cambia y que un país como el nuestro lo ha hecho de manera exponencial es una obviedad. Como también, que esos cambios han sido propiciados desde las libertades que la propia Constitución garantiza. Pero que esta sea la hora de abrir en canal el sistema de equilibrio de poderes en ella establecido es una insensatez.

Como estúpido es alegar que hemos vivido un cuarto de siglo en libertad vigilada. Sobre todo si quienes así dicen no militan en nacionalismos irredentos sino en el Partido Socialista, una de las lañas, la otra es el Popular, que debería garantizar la cohesión nacional.

En mi opinión, ninguno de los argumentos aducidos constituye la raíz de la extravagante política socialista, sino meras ocurrencias con que enmascarar una realidad bastante más preocupante: que todo corresponde a una pura operación de poder.

El banco azul traspasa los muros del hemiciclo; llega más allá de La Moncloa, y de ministerios, comunidades autónomas y ayuntamientos que no quieran perder comba en el reparto del presupuesto estatal; llega incluso a las confederaciones hidrográficas y a los presuntamente independientes órganos de control del mercado de valores, las telecomunicaciones, de la competencia, o el mismo Tribunal Constitucional. También, a instancias que no deberían controlar nada, como las televisiones públicas o las organizaciones de asistencia a las víctimas del terrorismo. Hasta al Teatro Real y más allá aún, como la presidencia de alguna de las grandes compañías del país, cotizadas o no en los mercados. Hasta allí llegan los resortes del poder que desde el banco azul se ejerce.

En los últimos diecisiete meses, por ejemplo, se han otorgado casi un millar de cargos en y desde la administración pública estatal; designaciones sobre cuyo perfil político no cabe albergar demasiadas dudas; ni ahora, ni antes tampoco. ¿Cuántos de los más de 160.000 ciudadanos inscritos como «otro personal» -es decir, no funcionarios ni empleados laborales- sólo en las comunidades autónomas gobernadas al comenzar el año por el partido del Gobierno responden al mismo origen discrecional? ¿Será neutra, por ejemplo, la presencia de 79.000 contratados de esta naturaleza en una sola región, como es el caso de Andalucía?

Las incertidumbres que hoy sufre el cuerpo social, sin sentido aparente, son consecuencia de cómo se fraguó la conquista del poder y el precio de mantener hoy la cabecera del banco azul. La operación no fue idea exclusiva de Rodríguez Zapatero, Blanco o Pérez Rubalcaba, ni siquiera comenzó en vísperas de marzo de 2004. Como otras cuestiones importantes, tuvo un precursor: Maragall, hoy apellidado «el Traidor» por muchos socialistas. Su pulsión perenne hacia el sillón de la Generalitat y unas encuestas favorables ante las elecciones catalanas pusieron alas en la imaginación de unos dirigentes socialistas hartos de perder elecciones y con el norte perdido ante dos problemas: la solidez de la mayoría absoluta popular, avalada por el éxito de una gestión económica brillante, y las secuelas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en el mundo occidental. La conmoción producida no facilitaba precisamente los cambios de coordenadas políticas, y menos aún con giro hacia la izquierda.

Maragall no ganó, pero se envolvió en la manta de la radicalidad para alcanzar lo que le importaba. Pero lo relevante es que hoy el Gobierno de la nación está condenado a vivir de los dividendos de esa extraña empresa del tripartito. La única aportación histórica de ZP, hasta ahora, es haber recreado un frente olvidado desde la lejana República: la alianza de los socialistas con nacionalistas, regionalistas y otras bisagras menores, engrasadas todas por un sistema electoral protector de minorías. Todo por el poder, incluso pasar por la humillación de firmar la renuncia a cualquier acuerdo con el PP, lo que, en situaciones como la actual, significa conducir sobre el precipicio sin frenos ni cinturón de seguridad.

En mi opinión, por ahí van las raíces de la estrambótica situación que estamos viviendo, todos, bajo el peso de unas minorías marginales, pero imprescindibles para mantener al Gobierno.

Aquí no hay tercera vía, ni cuarta. Y de hoja de ruta, quién sabe. ¿Ocho alternativas al problema de la nación catalana, autogenerado por la presidencia? Pocas parecen cuando se presiente el final triste del recreo.

Zapatero y Maragall
Durarán poco
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 20 Octubre 2005

La ventaja que tienen las ministras de la cuota y los ministros del coto es que pueden barbarizar y desatinar sin que a los analistas reparen ya en ellos. El presidente tiene prioridad, por ser tal y por disparatar más que nadie. La de sanidad sólo se despierta para negar evidencias ligadas al pollo (la salmonela en verano, ahora la gripe); la de la vivienda promete una renta a los propietarios sin inquilinos; el de la nada indigna a Europa con el asunto de la inmigración. Y nada, no hay tiempo para retratarlos.

Porque lo grave es lo de Rodríguez, el más insensato de todos, que ha propiciado, cocinado y forzado el acuerdo del Parlamento catalán que impone un sistema confederal sin nombrarlo, la fragmentación del poder judicial sin disimularlo, la invasión de la esfera privada de los catalanes sin avergonzarse y el remake de El nacimiento de una nación sin pagar derechos a los herederos de Griffith.

Es inútil discutir sobre lo que es o no es una “nación”. Conduce a la tautología, los argumentos dibujan un bucle. Todo se reduce a esto: Cataluña es una nación porque es una nación. ¿Comunidades de lengua, tradición y geografía? Monsergas románticas. La nación sólo existe cuando existe la capacidad de imponer su existencia al entorno y de abortar las tentativas internas de descomponer su estructura de poder. Por eso la peor forma de mentir en este asunto es la de Rodríguez, que se aferra a lo primero (es un concepto discutido y discutible) para desconocer su responsabilidad en lo segundo (preservar lo que se ha encontrado). No hacerlo lo puede convertir en un traidor. No es un insulto, es una descripción. Su traición no sería meditada sino fruto de la negligencia, el adanismo, las limitaciones personales.

Nada de esto se le escapa al aparato socialista. El ejemplo más claro es Bono, el hombre que actuará llegado el momento. Y lo hará por dos razones, aunque cualquiera de ellas, aislada, sería suficiente: la primera, por patriotismo; la segunda, por estrategia: cualquier líder socialista tiene asegurados entre siete y nueve millones de votos, dependiendo del tipo de comicios; para ganar al PP hay que movilizar, como mínimo, un millón más. Rodríguez lo ha hecho gracias a una pulsión estratégica de tipo negativo (no de una estrategia en sentido estricto): la exclusión del adversario, su estigmatización, su deslegitimación como demócratas, su identificación con un bando de la guerra civil, etc. Bono sólo puede hacerlo en positivo: la defensa de España. Por eso provocó el altercado con Maragall. Sabe que la clave es el término “nación”, no por razones semánticas sino porque conoce la verdad que reveló Pla: lo sentimental manda en el nacionalismo catalán. El aparato del PSOE, a través de sus terminales catalanas, ya ha empezado a hacerle la cama a Maragall, primer paso para hacérsela a Rodríguez. Ya lo dijo Rajoy: durarán poco.

De rojos y lilas
José García Domínguez Libertad Digital 20 Octubre 2005

Precisamente ahora, cuando avanzamos todos juntos, y Rodríguez el primero, por la senda de la Disolución, vuelven las dos Españas. Una es esa que cree que hablando se entiende la gente; la otra, más astuta, es la que intuye que quien calla otorga. Por lo demás, como se ve, las dos llegan disparando con pólvora del rey. Aunque eso debe ser por obedecer a la tradición. Porque aquí ya empieza a ser costumbre lo de acostarse con la monarquía republicana y desayunar un Brandy Soberano en una república coronada (de espinas).

Así, la otra vez, a pesar de que aún la gente sabía estar en su sitio y ni los lilas se las daban de rojos ni los rojos lucían un pelo de lilas, vino a acontecer algo aproximado. También entonces, como recordaba alguien ayer, hubo más de uno persuadido de que la mejor manera de calmar a un tigre consiste en dejarse devorar por él. Sobre todo, si se trata de tigres de papel, que son los únicos que logran aclimatarse a esos vientos erráticos y enloquecidos que soplan en el Mediterráneo.

Está en las hemerotecas, que en España continúan siendo los únicos institutos de prospectiva y cartomancia que no viven de engañar a la clientela. Corre alegre el verano de 1931. Por los pasillos del Congreso, entre carcajadas, un ministro del Gabinete Alcalá Zamora explica a los plumillas afectos cuán arduo resultó derribar a Alfonso XIII:
- Para que se hagan cargo de la debilidad a la que llego la Monarquía, piensen en los siguientes hechos. En la época en la que el comité revolucionario se encontraba fuera de la ley, el señor Azaña continuó cobrando su sueldo de funcionario de Gracia y Justicia, y firmando la nómina de su puño y letra (…). Por otra parte, uno de los trabajos que más ocuparon los ardores del último Gobierno del Rey estuvo dedicado a dar una cátedra en Madrid a don Fernando de los Ríos.

Pues suerte que a los de La Caixa aún no se les había ocurrido montar la Fundación. Bien mirado, lo inaudito de la otra vez no fue que la Monarquía se desplomase sola. Lo verdaderamente insólito hubiera sido lo contrario: que no aterrizase la República a ocupar el vacío de una corona autista empecinada en abdicar de su única razón de ser.

Tres cuartos de siglo más tarde, son los catalanistas quienes vuelven a empujarnos jocosamente hacia el borde del precipicio. Otra vez. Extrañas paradojas de la historia, les correspondió a ellos la herencia universal de la peor tara de aquellos viejos borbones: nunca aprenden y nunca olvidan. Hoy, felices, contemplan a la lánguida dama rendida a sus pies desde la portada de Marie Claire. Antes, capturaron las torres. Como los caballos, que ya eran suyos. Delante, apenas se les opone un alfil rodeado de unos cuantos peones. ¿Existirá algún domador de tigres tan ciego como para no adivinar en su próximo movimiento el jaque al rey?

La lengua viva
Lenguas regionales
Amando de Miguel Libertad Digital 20 Octubre 2005

Arcadi Gafas se rebela contra la calificación que hago del catalán como “lengua regional”. Don Arcadi asegura que el catalán “es una lengua internacional”, como se demuestra por esos trechos. (1) Es la “única lengua oficial de Andorra”. (2) Es la “lengua oficial en Catalunya, Baleares y Comunidad Valenciana”. (3) Es el idioma “reconocido pero no oficial en el Rosellón (Francia)”. (4) “Se habla también en la ciudad de Alghero (Cerdeña, Italia)”. Insiste en que “se hablaba en todos estos sitios mucho antes de que fueran región de nada”. Agradezco mucho la puntillosa observación. ¿Quién dijo que los nacionalistas catalanes no tenían sentido del humor? Falso.

A riesgo de repetirme diré que, para mí, “lengua de comunicación internacional” es la que se aprende masivamente cuando es foránea. El chino o el japonés no lo son, a pesar de que las hablen millones de personas desde mucho antes de la existencia de la región (o el principado, me da igual) de Cataluña. Desde luego, antes de ser región Cataluña, no creo que existiera el catalán, ni tampoco el castellano antes de ser región (condado o reino, me es indiferente) Castilla. ¿Por qué se excitará tanto la gente con la cuestión de su lengua? Habrá todavía alguien que crea que el Paraíso Terrenal estuvo más o menos en la comarca de Olot y por tanto nuestros primeros padres hablaban catalán tranquilamente. No me importaría, incluso, que la Historia reconociera la misma versión para el castellano, situando al Paraíso Terrenal en la Maragatería. Hombre, hay un dato. En esa comarca hubo siempre una colonia judía (para comerciar con el metal producido en Las Médulas). Como todo el mundo sabe, Adán quiere decir “tierra roja” en hebreo, la característica de Las Médulas. Eva significa “vida” en el mismo idioma. Lo que no tengo claro es cómo es que Adán y Eva pasaron a hablar castellano. Quizá fuera a través de la primitiva lengua leonesa, que la necesitaban para entenderse con los romanos. Por fantasear que no quede. Muchas teorías científicas empezaron como fantasías.

Hablando de lenguas regionales, Juan Couce me comunica algo que supera todas las fantasías. El libertario gallego tiene registrada la marca Galiza en la Oficina Española de Patentes y Marcas con fecha 1-10-2004. Actualmente hay presentado un contencioso por parte de la Xunta en el Tribunal Superior de Justicia de A Coruña, con el registro 7.512-2005. Don Juan está personado en la causa como propietario de la marca Galiza. Parece un cuento de Castelao.

Carlos Calvo narra la situación de un colegio público en Baleares, “región gobernada por el PP con mayoría absoluta”. La directora del centro convoca a los padres de los alumnos y se dirige a ellos exclusivamente en catalán. La mayor parte de los padres solo entienden el castellano o el inglés. La directora exige que todos los profesores y empleados del centro (incluso los que trabajan en el servicio de comedor) empleen únicamente el catalán. Añade mi comunicante: “Ni siquiera el mallorquín, oiga”. Esto sucede “en la moderna y liberal Mallorca. Gracias PP”. Hago gracia de cualquier comentario.

Santiago Martínez contesta a mi polémica con la rapaza independentista de Galiza. Él es nacionalista no independentista. Se propone no insultarme, lo que agradezco vivamente. Bien es verdad que presume en mí un “enfermizo síntoma de castellanizarlo todo” y una “dudosa aceptación de los democráticos resultados electorales”. Alto, caballero, esos son insultos o por lo menos presunciones calumniosas. Pero sigamos. Don Santiago no entiende cómo no se considera “Nacionalidad Histórica a la Castellana”. Mi opinión es que ni falta que hace. Fíjese, don Santiago, la “Comunidad de Madrid” se llama así; ni siquiera se dice oficialmente que es “Autónoma”. A los madrileños no nos preocupa nada la cuestión. Sostiene don Santiago que cada nación tiene sus tradiciones propias. Así “nadie en su sano juicio puede afirmar […] que los Gaiteiros o la sardana sean castellanos”. Le recuerdo lo que decía Unamuno, que casi todos los trajes regionales se parecen. Gaitas hay en Zamora y algo parecido a la sardana se baila en muchos lugares del Mediterráneo. Pregunta declamatorio mi corresponsal: “¿En serio creen ustedes capaz al PSOE de acometer tan magna obra como la que sería la destrucción de España?”. Pues, sí; ¿qué quiere que le diga?

D. Carrasco, madrileño por residente en Madrid, pero de origen gallego, cuenta que un bloqueiro le espetó que era un “renegado de esos que se arrodillan ante España”. Para mi comunicante “el Bloque pretende ser algo así como la edición en paperback de ERC para Galicia, pero se encuentran con el hecho de que, cada vez tienen menos votos y adeptos”. Desengáñese usted, el Bloque conseguirá muchos nuevos seguidores conforme vaya repartiendo raciones del pastel público.

Flavio (San Sebastián) cuenta una historia muy divertida. El otro día tuvo que llamar a su compañía de seguros (RAC Vasconavarro). Le salió una voz enlatada que recitaba una serie de opciones. Don Flavio no entendía nada. Por un momento pensó que era vasco y decidió esperar hasta el final con la esperanza de que dieran otra vez las opciones en castellano. Pero no era vasco ni castellano. “Era catalán y solo en catalán”.

Ya de paso, don Flavio comenta que el vasco o vascuence se llamaba antes “lengua cántabra”. Algo hay de eso. Transcribo un párrafo delicioso del Tesoro de Covarrubias (1611):

“Cantabria. Vulgarmente se dice Vizcaya, y por otro nombre Lipúzcoa o Guipúzcoa. De los vizcaínos [=vascos] se cuenta ser gente feroz y que no viven contentos si no es teniendo guerra; y sería de aquel tiempo cuando vivían sin policía [= orden] ni doctrina [= religión]. Agora esto se ha reducido a valentía hidalga y noble, y los vizcaínos son grandes soldados por tierra y por mar, y en las letras y en materia de gobierno y cuenta y razón [= administración], aventajados a todos los demás de España. Son muy fieles y perseverantes en el trabajo. Gente limpísima [= cristianos viejos, hidalgos], que no han admitido en su provincia hombres extranjeros ni mal nacidos”. ¿Comprenden ahora por qué se llama Tesoro ese diccionario?

La CEOE se moja con el Estatuto catalán, mientras Alfonso Guerra denuncia la `genuflexión´ con el nacionalismo
Jesús Cacho Elconfidencial 20 Octubre 2005
 
El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, pidió ayer a la sociedad civil –pero, ¿existe sociedad civil en España?- que se moje opinando sobre la reforma del Estatuto catalán, porque “no se trata de un tema de partidos, sino de una cuestión que afecta al conjunto de la ciudadanía”, de modo que quiere que la gente opine y que se posicione. “Quiero que los empresarios digan qué opinan sobre la unidad de mercado, sobre si les parece intervensionista o no el Estatuto. Y la gente, los intelectuales, los catedráticos o los sindicalistas...”.

No pide nada el señor Rajoy. Tratándose de España, pide casi la Luna. Habría que recordar, no obstante, al presidente del PP que las aventuras espaciales no surgen de la nada, sino del esfuerzo colectivo, de la conjunción de voluntades, de la determinación de una sociedad libre por plantearse metas para alcanzar las cuales hace falta voluntad política y dinero en investigación. Y educación, mucha educación. En este sentido, algo, al menos algo, podrían haber hecho los Gobiernos del Partido Popular durante los ocho años en que estuvo en el poder.

Porque reclamar ahora espíritu crítico a una sociedad desarmada y acrítica como la nuestra es pedir peras al olmo. Criticar los desafueros nacionalistas, además, se ha convertido en un oficio peligroso. Lo dijo ayer con toda claridad un hombre como Alfonso Guerra, a quien difícilmente se le puede acusar de estar contaminado por la calle Génova. Dice Guerra que “los que apoyan el Estatuto no son antiespañoles, pero los que no lo apoyan no son reaccionarios o iluminados”.

En su opinión, “el problema es que en el año 1978 se llegó a un pacto para que lo que era una nación cultural se llamara nacionalidad”, por lo que la Constitución española no ampara la denominación de Cataluña como nación. Para Guerra, “hay una especie de genuflexión con el nacionalismo, porque si lo criticas te colocan en el rincón de los niños malos”, de modo que se puede hablar del “rancio nacionalista español, pero no del rancio nacionalismo periférico, cuando los dos nacionalismos me parecen rancios”. Es difícil estar más de acuerdo.

Pues bien, ayer la patronal CEOE se mojó, por fin, opinando sobre el proyecto de Estatuto catalán, después de que su Comité Ejecutivo escuchara, como invitados, al ex presidente del Tribunal Constitucional, Jiménez de Parga, que explicó los aspectos jurídicos y políticos de la reforma estatutaria, y a Federico Durán, ex presidente del Consejo Económico y Social (CES), que se explayó a su vez sobre los aspectos económicos y sociales de la misma.

Lo que CEOE dijo ayer no es nuevo, que en el terreno de la libertad económica, la unidad de mercado y la solidaridad interregional está todo dicho y requetedicho. Más que una crítica a las reformas estatutarias en curso, concretamente a la catalana, fue una reafirmación de los principios que hacen rica y próspera a una sociedad, porque no se conocen otros, porque con el intervensionismo y la planificación (términos soviéticos donde los haya) a palo tieso no hay noticia de que una sociedad haya prosperado y se haya hecho más rica y libre, y que se lo pregunten, si no, al camarada Stalin.

Ya en mayo pasado la patronal recordó algo tan elemental como que “la unidad de mercado obtenida en España ha sido la plataforma que ha permitido a muchas empresas alcanzar un tamaño suficiente para adquirir después dimensión internacional”, razón de más para temer que debates como los actualmente en curso “puedan desembocar en tensiones interregionales, en manifestaciones crecientes de insolidaridad entre autonomías, en incomprensión mutua y, llegado el caso, en episodios de discriminación que puedan sufrir empresas y trabajadores, o productos y servicios, por su localización geográfica”, algo que, por cierto, empieza ya a ocurrir con apelación a boicots a productos catalanes que desde aquí siempre censuraremos con absoluta rotundidad.

Y es que no tiene ningún sentido en el siglo XXI fabricar balanzas fiscales, comerciales, históricas, etcétera, a gusto del consumidor, juegos malabares que a su manifiesta inexactitud unen un confesado o tácito propósito de desunión política, ruptura del mercado e insolidaridad social. Quien ignore hoy la íntima relación entre marco jurídico, estabilidad institucional y prosperidad económica es que es un mentecato o un loco. Esperemos que lo sembradores de vientos recapaciten. No hay que perder la esperanza: a casi todos ellos les gusta vivir bien o muy bien.

Versos estatales
Jesús Laínz elsemanaldigital 20 Octubre 2005

De la Europa en una esquina, la más sudoccidental,
nuestra patria se aposenta pegadita a Portugal.
(¿Patria? ¿Patria ha dicho, joven? ¡Eso es pecado mortal!
¡No sólo eso! ¡Es incluso anticonstitucional!)

Corregimos; esa esquina, esa tan meridional,
un país curioso alberga: es el Estado Estatal.
Pues por tal nombre responde –y más que responderá–
un Estado artificioso, sin sustancia nacional.

Se compone de dos cosas que vamos a enumerar:
la primera, las regiones, que son de poca entidad.
La otra parte componente, la importante de verdad,
la que causa envidia y pasmo, es la nacionalidad.

Por históricas las tienen, sin saber bien qué será,
mientras que las otras pobres de historia carecerán.
Pero fácil se resuelve la amarga desigualdad,
pues pronto o tarde cualquiera se puede a ello apuntar.

No son pocas sus virtudes: lujosa fiscalidad,
himnos, polis, banderitas ¡y hasta hecho diferencial!
Y por si eso fuera poco, les cambia hasta el natural,
pues el tiempo las transmuta cual piedra filosofal.

Allá en el setenta y ocho, en minoría de edad,
se emperraron del capricho de ser nacionalidad,
disparate sin sentido ni razón gramatical
pero lleno de futuro y de intención no banal.

Pues tras veinticinco años de ingeniería social
y de tiros en la nuca al que osara protestar
les permite convertirse, vía constitucional,
en naciones con solera y tradición medieval.

Pues bien. En el mencionado conglomerado estatal
el gobierno Zapatero a la Historia pasará
por liquidar en rebajas, como tras la Navidad,
la nación con más raigambre de la Europa Occidental.

¡Ay de aquél que ose oponerse! Por lo peor pasará:
por antiguo, por fascista, por centralista y demás.
Incluso algún socialista que se atreva discrepar
habrá de callar la boca, pues se enfada Maragall.

No es problema si el proyecto no llega ahora al final,
pues si Carod no consuma, Artur lo rematará:
el Parlament al completo canta Els Segadors, triunfal.
Sólo Piqué se resiste (la puntita nada más).

Como mal menor aceptan el Estado Federal,
que contemplan como un paso del proyecto gradual.
No es negrura ni alarmismo, pues lo proclaman textual:
esto es sólo el trampolín a la secesión final.

Y cuando se hayan largado los Països Catalans,
corriendo a calzón quitado los demás les seguirán.
Ibarretxe va el primero con su revivido Plan,
perseguido por Touriño en brazos del Benegá.

Ojo al dato: excompatriotas, las barbas a remojar
pongamos, que se nos viene de los tiempos el final.
¿Se van a quedar a verlo? ¿Tal comedia aguantarán?
¿Querrán tener como patria la España residual?

Yo, por mi parte, adelanto: mi salud estomacal
una España genuflexa no podría soportar.
Con Dios les dejo; no pienso ni volver la vista atrás.
Y yo me largo cantando el Eusko Gudariak.

El PP esgrime fraude de ley y lesión de derechos en su primer recurso contra la reforma catalana
Exige que se compruebe si el texto cumple los requisitos contitucionales
E. L. P. La Razón 20 Octubre 2005

Madrid- No hay el más mínimo síntoma de que prospere. Pero, por falta de argumentaciones jurídicas, jurisprudencia constitucional y fundamentos de Derecho que no quede. El PP registró ayer en la Cámara Baja el primer recurso al que se enfrenta el Estatuto de Cataluña, paso previo y necesario para plantear un recurso de amparo ante el Tribunal constitucional. Es un escrito de consideración a la decisión de la Mesa del Congreso de calificar y admitir a trámite como proposición de ley la polémica reforma que, de salir adelante, derogaría el texto de Sau de 1979 e implantaría un régimen político, económico y jurídico radicalmente distinto al que configuró la Constitución de 1978.

Una vez que el documento entró anoche en Registro, la Mesa de la Cámara, oída la Junta de Portavoces deberá decidir si reconsidera su decisión de tramitar el texto de Cataluña o, por el contrario, se reafirma. Todo ello en un plazo que no se prevé vaya más allá de la próxima semana. El PSOE, con mayoría en ambos órganos del Parlamento, tiene la seguridad de que la tramitación seguirá el curso previsto.

Sin embargo, el PP sostiene en un prolijo informe jurídico que la Mesa está obligada a comprobar si se cumplen los requisitos constitucional y estatutariamente exigidos, mediante el examen del texto y la documentación requerida. Es más, entiende que la facultad de calificación está férreamente sujeta al principio de legalidad, según establece el artículo 9.1 de la Constitución. Más claro: la proposición de ley presentada por Cataluña no es, a pesar de la denominación que le han otorgado sus autores, una reforma de Estatuto, sino una auténtica reforma constitucional.

La jurisprudencia constitucional sobre el trámite de calificación por la Mesa es copioso. Y el Partido Popular lo recuerda, sentencia a sentencia, en su escrito. Como recuerda, también, la lesión de los derechos de los diputados con este procedimiento. La argumentación es la que sigue: 176 parlamentarios pueden aprobar la reforma del Estatuto. 210 están habilitados para aprobar una reforma constitucional y sólo 233 lo están cuando, como ocurre en el caso que nos ocupa, esa reforma afecte al Título Preliminar de la Constitución. Es decir, en estos casos los 140 o 117 diputados que pudieran ser contrarios a la reforma verán radicalmente menoscabado su derecho de participación política. Conclusión: fraude de ley, se mire por donde se mire, sostiene el PP, que argumenta que la Mesa del Congreso «no debe excusar su connivencia en la consumación de tal fraude y rehusar el ejercicio pleno de las funciones que la legislación le permite».

La CEOE denuncia que el Estatut discrimina a las empresas y enfrentará a las comunidades
La patronal teme que el texto rompa la unidad de mercado y genere «insolidaridad social»
R. N. La Razón 20 Octubre 2005

Madrid- La patronal CEOE declaró ayer que el mundo empresarial español contempla «con preocupación» el debate territorial creciente que se está produciendo en España, y advirtió que, «de no encauzarse debidamente, puede desembocar en tensiones interregionales, en manifestaciones crecientes de insolidaridad entre autonomías y, llegado el caso, en episodios de discriminación que puedan sufrir empresas y trabajadores o productos y servicios por su localización geográfica».
La Junta Directiva de la CEOE aprobó, por 81 votos a favor y la abstención de uno de sus miembros catalanes, una declaración sobre los proyectos de reformas estatutarias presentadas en el Congreso con el objetivo de que sirva «de guía» de actuación para sus miembros «ante los acontecimientos que se avecinan» y evitar «fricciones e incoherencias que puedan desembocar en enfrentamientos territoriales». En este texto, la CEOE subraya la necesidad de que estas reformas «se atengan íntegramente a la Constitución y no afecten a los objetivos de unidad de mercado ni a la cohesión social interterritorial».

Fortalecer la unidad nacional.
Según la patronal, los cambios han de suponer siempre «un mayor fortalecimiento de la unidad de la nación y una creciente solidaridad entre comunidades autónomas» y sólo pueden ser aprobados con el mismo consenso entre grupos políticos que protagonizó la Carta Magna. La patronal considera por tanto «inconveniente» fabricar balanzas fiscales, comerciales o históricas, «que a su manifiesta inexactitud unen un confesado o tácito propósito de desunión política, ruptura del mercado e insolidaridad social». Para evitarlo, pidió «grandes dosis de prudencia y realismo» en la distribución de funciones y competencias entre el Gobierno y los ejecutivos de autonomías y municipios.

El presidente de la institución, José María Cuevas, resaltó los «buenos resultados» del modelo político vigente para el mercado y la solidaridad social e interregional, e insistió en la necesidad de que toda reforma se haga «con la Cons- titución». En su declaración, la CEOE destaca la directa conexión entre estabilidad institucional y prosperidad económica y reitera «su actitud de estar siempre a favor de lo que suponga la unidad de España, el respeto a la diversidad de las Comunidades Autónomas y la puesta en común de los recursos del país».

«El principio de caja única y el modelo de prestaciones sociales aparecen como un elemento básico e irrenunciable que garantiza la igualdad y la solidaridad entre todos los españoles. De la misma forma los impuestos que soportan las empresas (Sociedades, IVA, etc.) y las cotizaciones sociales, como tales, han de ser competencia exclusiva del Estado», indica la CEOE. En el ámbito de la Justicia, estima «indispensable» mantener la actual posición institucional del Tribunal Supremo como órgano superior en todos los órdenes jurisdiccionales.

Por su parte, los miembros catalanes de la organización respaldaron «con matices» la declaración de la CEOE, que la patronal catalana Cecot calificó de «error» e «inoportunidad», informa Ep.

Arcadi Espada habla para Libertad Digital
Mario Noya Libertad Digital  20 Octubre 2005

Cataluña me parece interesante en la medida en que es España Como, según Mario Muchnik, lo peor no son los autores, la editorial Espasa le llenó la mañana del 11 de octubre con encuentros con la prensa en un hotelito de la Gran Vía madrileña. A él, Arcadi Espada, gran conversador, periodista que aborrece las entrevistas. El caso era hablar de su último libro, Diarios 2004. Y de la "rabiosa actualidad", que dicen los topitoxicómanos.

"Hace diez años –escribía en El País hace nueve Arcadi Espada– el niño pataleaba, hoy ya es un pequeño tirano". El niño, el nacionalismo, deprisa deprisa anda ya perpetrando estatutos. El Estatut, por mejor decir, mayúsculo y formidable.

"Ha ido mal, ha ido mal el parto –responde de primeras pero ya hastiado Arcadi Espada, y con una expresión que recuerda la del periodista oriental que preside la portada de la primera entrega de sus Diarios–. Es el instante político más dramático de la clase política catalana en los últimos años. Es un fracaso".

"A esto hay que darle pocas vueltas –prosigue, a sabiendas de que le daremos unas cuantas–. Yo creo que hay que ser terminante: es el fracaso de una generación de políticos; un fracaso colectivo: creo que van a quedar irremisiblemente marcados por esta enorme y lamentable sensación de ridículo". Y remata, sin que le abandone la fatiga: "A mí, insisto, es un tema que no logra interesarme. El Estatuto es el fracaso prematuro de una clase política liderada por una persona que no ha estado a la altura de sus obligaciones". Habla de Pasqual Maragall, que para hacerse con la poltrona del Palacio de San Jaime se encaramó a varios hombros, entre ellos, recordemos, los de una plataforma denominada "Ciudadanos por el Cambio". ¿De collares?

El Estatut, que le aburre, que no le interesa, que le cansa, preside las anotaciones de su dietario desde el 1 de octubre. Anotaciones que llevan el título genérico de Esfuerzo y melancolía.

"Ortega", me interrumpe cuando le pregunto sobre ello. Quiero saber qué le mueve a esfuerzo y qué le produce melancolía. "No; Ortega", insiste, y a continuación me cuenta: "Sabes que tiene una frase que dice que el esfuerzo inútil conduce a la melancolía. Me serví de esa frase porque era mi esfuerzo, completamente inútil; porque, naturalmente, los esfuerzos intelectuales son completamente inútiles en España. Y, por lo tanto, al final, melancolía". A la que también acabarán condenados los redactores del Estatut; "porque, desde luego, su proyecto no tiene ninguna posibilidad de salir adelante".

– Hablas de la inutilidad del esfuerzo intelectual en España, pero tú estás ahí, en la plataforma Ciutadans de Catalunya.
– Sí, pero brechtianamente: sin esperanza, con convencimiento.

¿Quizá sea ésa una de las armas más mortíferas del nacionalismo, el aburrimiento, el tedio, el hastío que provoca? Arcadi Espada cree que sí. "Efectivamente, uno de sus éxitos se basa en que es como la canción del verano; un artefacto machacón, tan intelectualmente solvente como la canción del verano, pero basado en unos flujos y reflujos que, por supuesto, uno no se puede quitar de la cabeza. Entonces, claro, llegan al agotamiento".

"Lo que pasa es que gentes que a lo mejor tenemos la misma estructura mental de la canción del verano resultamos a la larga una piedra en el zapato para estos nacionalistas –agrega Espada, encontrándole su punto a la cosa–, porque en esa obstinación y en ese machaconeo repetido seguimos viviendo como si fuera nuestro medio, y no nos cansamos. Estamos mucho más allá del cansancio: esto es el postcansancio. Pero bueno, seguiremos dando la tabarra".

– Si el cansancio juega de su parte, ¿cómo articular una defensa frente a la machaconería nacionalista? [Me olvido aquí del postcansancio, claro].
– Exhibiendo las convicciones de una manera tranquila y sin complejos. Yo, por ejemplo, tengo clarísimo por qué España me parece un negocio mucho más interesante, o por qué Cataluña me parece interesante en la medida en que es España. Es decir, hay una serie de propuestas morales, intelectuales y económicas en el estatuto catalán, y en el nacionalismo catalán en general, que consisten en decir: "Oiga, usted, que vive en un piso de 150 metros, pase ahora a vivir en una buhardilla; en vez de leer a Galdós, lea a Narcís Oller; en vez de escuchar música tal, baile sardanas". Caricaturizo, ¿no? Se entiende lo que quiero decir.

Entonces...

– Si España es un negocio, ¿cómo se entiende la petición de un nuevo estatuto por parte de los barandas de la clase empresarial catalana?
– No tengo ni idea. Pero lo que sí sé es que el país europeo... vamos a ver, para ser precisos: el ámbito jurídico-político-moral más intervenido de Europa es Cataluña. C'a suffit.

Por si no lo es, por si no queda claro, remacha que las proclamas en pro de un nuevo estatuto son el "simple y puro resultado de la exudación de ese intervencionismo", que sólo puede comparar con el que se estila en Córcega; "con el añadido de que en Córcega actúa una especie de mafia".

Más preguntas-respuestas directas:

– En Contra Catalunya das una serie de fechas clave de la historia reciente de Cataluña. Una de ellas es el 24 de febrero de 1981, la lúgubre manifestación en Barcelona posterior a la intentona de Tejero; la siguiente es de 1984, la segunda toma de posesión de Pujol, con los gritos de "botifler" [traidor] a Raimon Obiols [por entonces líder del PSC]. Han pasado ya algunos años desde la publicación de Contra Catalunya. ¿Tienes algo que añadir a esa cronología?
– [Un silencio de segundos] Esas fechas están asociadas a la crianza, y ahora pues ya, uno... Podría pensar, por ejemplo... sí. Sí. Hay otra. Lo que pasa es que no recuerdo la fecha: mírala, ponla. El fragmento del diálogo que mantienen Pasqual Maragall y Artur Mas a propósito del 3%. Hay un momento en que uno le dice al otro: usted tiene un problema que se llama "3%". Y el otro sabe de qué le está hablando.

– La Casa Nostra, que diría José García Domínguez.
– ¡Sabe de qué le está hablando! Primero se produce una grosería parlamentaria, porque esas cosas, naturalmente, no se pueden decir así; eso se ha de decir y luego se ha de presentar en el juzgado las pruebas inmediatamente. Pero no es que Maragall llegue muy arriba, ¡es que el otro llega más arriba cuando sabe de qué le está hablando y se da por enterado! El final de todo eso es cuando Mas le dice: usted acaba de romper la legislatura y cualquier posibilidad de consenso sobre el Estatuto. Con lo cual el trasvase de líquidos del 3% a la patria se manifiesta: eso de que la patria es un negocio nunca se manifestó con una plasticidad semejante.

Sí. Ésa es otra fecha infamante.

La miro y la pongo: 24 de febrero de 2005. Y señalo lo obvio: hay negocios ("España es un negocio más interesante") y negocios.

Contra Catalunya (Flor del Viento, 1997). Una de las obras imprescindibles para todo aquel que quiera emprender una "política de lecturas" –por utilizar una expresión del editor de esta Casa, Federico Jiménez Losantos, en otra que tal: Lo que queda de España (Ajoblanco, 1979; edición definitiva: Temas de Hoy, 1995)– sobre Cataluña. Allí hay no pocas páginas que reflejan el sometimiento voluntario de la prensa regional al anterior presidente del Gobierno autonómico.

Maragall está ahora donde antes estuvo Pujol; la prensa es la misma.

"Sin novedad", afirma Arcadi Espada. Y añade: "Bueno, yo tengo una respuesta concreta que dar a esa pregunta: en un diario donde el Gobierno de la Generalitat tiene el 20% se ha llamado al exterminio de los firmantes del manifiesto [de Ciutadans de Catalunya], y cuando se le han pedido explicaciones a la empresa editora, la empresa editora ha contestado que las opiniones de los colaboradores son libres".

– ¿Hay alguna similitud entre el clima en que se ha producido la amenaza de Oriol Malló y el que devino en atentado contra Federico Jiménez Losantos tras el Manifiesto de los 2.300?
– Creo que no. A mí no me gustan esos saltos de pértiga. Pero el consejero primero de la Generalitat, el señor Bargalló, cree que sí, porque lo primero que hizo después de que nosotros firmáramos el manifiesto fue referirse al de los 2.300, firmado, entre otros, por Federico.

Jiménez Losantos, que por entonces vivía en Barcelona, no sólo escribió libros como Lo que queda de España, no sólo firmó manifiestos como el de los 2.300. También dio el salto a la política. De la mano del Partido Socialista de Aragón, y del Partido Socialista de Andalucía (que acabó por echársela al cuello). Veinte años (largos, en ambos sentidos) después, los de Ciutadans de Catalunya anuncian que quieren, asimismo, dar el salto a la política.

"No", me corrige Espada. Y se explica enumerando: "Nosotros hemos enunciado tres cosas: un diagnóstico sobre el déficit político de Cataluña: hay ciudadanos que, a nuestro entender, no están representados en el Parlamento; dos: hemos dicho que ese déficit se soluciona como se solucionan los déficit democráticos: con la creación de un partido político se plantea el problema del poder, no con asociaciones, ateneos, plataformas, etcétera; y tres: nos hemos comprometido a organizar ese debate en la medida de nuestras posibilidades. Nada más. Naturalmente, las personas pueden hacer una cosa u otra; hay gente que quizá se pueda dedicar a la política en ese grupo, caracterizado, además, porque ninguno somos políticos profesionales. Nosotros creíamos, en el momento en que firmamos ese manifiesto, que teníamos una obligación. Lo hicimos, y ahora veremos qué responde a todo eso la sociedad catalana. Eso no quiere decir que nosotros nos vayamos a dedicar a la política. Ni mucho menos".

Si regresase Vidal-Quadras (y parece que hace movimientos para ello) a la política catalana, ¿se plantearían los firmantes del manifiesto la prioridad que otorgan a la creación de un nuevo partido? ¿Contemplarían la posibilidad de empotrarse en el PP? ¿Creen que podrían cambiar el discurso de los populares?

"En esto voy a responder por mí, porque no hay una respuesta colectiva a dar desde el manifiesto”, contesta Espada, antes de decir de Vidal-Quadras que es, "tal vez, el político más brillante que ha dado Cataluña después de la recuperación autonómica".

¿Es o fue?, le pregunto. "Es. Es", se reafirma, y ahora consigue proseguir sin que le interrumpa: "Es un excelente político, y además tiene una gran ventaja (que yo creo no ha sabido, por razones personales, aprovechar): es un gran escritor político. En España no hay escritores políticos, hay pocos. Pero, desgraciadamente, la brillantez y el liberalismo de Vidal-Quadras (que es buen amigo mío, además) no son suficientes para contrarrestar las tendencias premodernas del PP. Yo creo que el PP tendría una obligación con buena parte de los españoles: subsanar de alguna manera esas herencias que, para mí, lo sitúan en un contexto premoderno. Para precisar: sus actitudes recientes ante algunos temas culturales, como el matrimonio de los homosexuales, las células madre y otros asuntos, me parece que no son de recibo. Yo creo que el PP vivió, con Pilar del Castillo, un instante en que parecía que una cierta liberalización... pero me vuelve a dar la impresión de que se ha impuesto ahí una visión de la vida y de la sociedad que no se corresponde, desde luego, con lo que yo pienso ni con lo que yo creo que es el sentido de los tiempos".

El PP cuenta con un think tank, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que ha cobrado vigor en los últimos años; concretamente, desde que José Maria Aznar anunció que no se presentaría a la reelección y se volcaría en la batalla de las ideas. ¿Cómo ve Arcadi Espada el proyecto ideológico de FAES, en cuya revista ha publicado alguna que otra cosa? ¿Podría contribuir FAES al cambio que considera necesario en el PP?

"No sabría qué decirte: si FAES es el homenaje a Aron, eso está muy bien; si FAES es la autora del vídeo sobre el 11-M, eso está muy mal. Por lo tanto, lo primero que tiene que hacer FAES es aclararse".

El 11-M, que él prefiere denominar "191-M", protagonizó buena parte de las anotaciones de su dietario en 2004, y de las entradas que ha seleccionado para la versión escrita.

Aquel jueves.
– ¿Cuánto tiempo te llevó escribir “11 de marzo”?
– Mucho. Muchas horas. Fue una de las entradas que más me ha costado hacer. Estuve tentado de publicar en el libro los textos alternativos que escribí, los intentos, los borradores.

Me pillaron en plena ducha, las explosiones en Madrid. Empecé a escribir y al final, pues... me atuve a los hechos. Y lo único que estaba claro en esos momentos era que era 11 de marzo.

Arcadi Espada ha escrito mucho sobre el Atentado; o, por mejor decir, sobre el post 11-M. Sobre lo que se ha escrito en los medios de aquí y de allá. Juicios demoledores. Del agit prop del grupo Prisa entre el 11 y el 14-M y el terrorista suicida lanzado por la Cadena Ser. De los "lamentables" agujeros negros de Fernando Múgica. De los artículos de mi apreciado compañero Luis del Pino, "viciados, sin ninguna duda, por la teoría conspirativa".

– Mario, es un tema muy delicado; vamos a ver si somos capaces de sintetizarlo. Yo digo en el prólogo del libro algo concreto sobre esto [lee]: "La política, el periodismo y la moral española han sido también víctimas de la matanza, y creo que esto es la evidencia fundamental que surge de las notas [de su dietario]" [Diarios 2004, pág. 18].

Bien. Mira, yo creo que, por desgracia, del 11-M se han adueñado dos mensajes, terribles e igualmente falsos: que el PSOE organizó la matanza (eso se ha escrito en un editorial de un periódico español, ¿eh?) y que el Gobierno mintió. A mí me parece que el choque de esas dos mentiras, si ésta fuese una sociedad que se tomara las cosas en serio, hubiera dejado postrado moralmente a este país.

El Gobierno no mintió: el Gobierno encaró con torpeza, seguramente (pero con explicable torpeza), una situación inimaginable, y, con independencia de esa torpeza, creo que ofreció a los españoles una información de lo que había pasado sobre la cual, a un año y pico vista, no hay todavía un solo dato nuevo, ni nada que desmienta el relato fundamental que el ministro Acebes y José María Aznar hicieron sobre el 11-M. Otra cosa, insisto, es el wishful thinking del ministro Acebes y su patético intento de que la realidad cuadrara con sus hipotéticos deseos. Pero, en cuanto a lo que a mí me interesa saber, gracias al Gobierno, y gracias a los datos que ofreció, los españoles fueron a votar sabiendo que Al Qaeda había matado a 191 personas en Madrid. No era fácil que fueran a votar así. Primera cuestión.

Segunda cuestión. Gracias a esa labor del Gobierno, en parte, del 11-M sabemos muchísimas cosas, prácticamente todo: no puedo entender que en aras de la práctica de la teoría de la conspiración y de sus beneficios económicos alguien haya montado una estrategia deslegitimadora tan patética como la que han montado determinados órganos de prensa respecto al 11-M.

Tercera cuestión: España llevará como un baldón –si es que aquí importaran las cosas, que no importan– el hecho de no haber sido capaz de gritar todavía en las calles "asesinos" a los asesinos, y sí haber gritado en cambio "asesino" al presidente del Gobierno que en aquel momento dirigía el país.

Creo que, de esta mélange entre deslegitimadora, cínica y escéptica ante la posibilidad de conocer la verdad, el estado moral del periodismo y de la política española se van a resentir durante muchísimo tiempo.

Seguimos conversando durante un buen rato. Salió la televisión (quizá escriba un Telediarios), salió Karl Kraus (a quien saluda desde el atrio de su nuevo libro al grito de "¡Fucking fackel!") y salió, faltaría más, Josep Pla ("Era un moderno, hombre. Claro que tendría un blog").

Finalmente, le pido que eche el cierre con un aforismo, no por incordiar sino porque suele aventarlos. Se termina entonces de levantar, sonríe y lo suelta, divertido e impostando la voz, que le sale adulona: "Adiós".

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