AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 22 Octubre 2005
La hoja de parra
MANUEL MANTERO
ABC 22 Octubre 2005

Los pájaros soberanistas
M. MARTÍN FERRAND ABC 22 Octubre 2005

Comida secreta sin Maragall
Ignacio Villa Libertad Digital 22 Octubre 2005

Váyase señor Maragall
Daniel Sirera Libertad Digital 22 Octubre 2005

ETA libera Cataluña
GEES Libertad Digital 22 Octubre 2005

¿Qué futuro le espera a Maragall?
EDITORIAL Libertad Digital 22 Octubre 2005

Es lo mismo, pero con birrete
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 22 Octubre 2005

ZP se pone rouge
Cristina Losada Libertad Digital 22 Octubre 2005

Doctor Mortis Causa
Pablo Molina Libertad Digital 22 Octubre 2005

A Costa se le ve el plumero
Emilio J. González Libertad Digital 22 Octubre 2005

Tics del pasado
TONIA ETXARRI El Correo 22 Octubre 2005

No subestimar, mucho menos sobreestimar a ZP
Enrique de Diego Estrella Digital 22 Octubre 2005

El desconocido
José Virgilio Menéndez Estrella Digital 22 Octubre 2005

El Rey desnudo
Federico Quevedo elconfidencial  22 Octubre 2005

LA ALEGRÍA DE OTEGI
Editorial El Ideal Gallego  22 Octubre 2005

Más de veinte colectivos cívicos presentarán un manifiesto por la unidad de España
D. Mazón LR  22 Octubre 2005

Nerea Alzola vincula las amenazas de muerte con el envalentonamiento de los terroristas ante el diálogo con Zapatero
Libertad Digital  22 Octubre 2005

La hoja de parra
POR MANUEL MANTERO ESCRITOR Y CATEDRÁTICO EN LA UNIVERSIDAD DE GEORGIA (ESTADOS UNIDOS)
ABC 22 Octubre 2005

... Un montón de aficionados a historiadores se ha propuesto abrir antiguas heridas en nombre de la justicia histórica, aunque sea en contra de la verdad. Y en contra de la paz nacional, hermosamente lograda por los protagonistas de la Transición...

CUANDO yo era niño y veía aquellas hojas de parra cubriendo las zonas «vergonzosas» de Adán y Eva al ser expulsados del paraíso, llegué a pensar que la hoja de parra era una cosa natural en todos los adultos, por repetida en tantas pinturas y esculturas de cuerpos desnudos. Inspeccionaba mi propio cuerpo, lo sabía sin hoja como en los demás niños, pero estaba seguro, allí iba a crecer fatalmente una siniestra hoja de parra en lugar de lo otro. ¿En qué momento se me caería lo de costumbre? Y ¿cómo a la hoja de parra le sería posible orinar? La hoja ¿se caería también, como cualquier hoja responsable, en otoño? Este gran misterio me conturbó durante mucho tiempo, y cada cumpleaños se me renovaba una ansiedad que no le deseo ni al tripartito catalán. Los primeros años tras la guerra española fueron para mí de incesante zozobra pisando los umbrales de la espera, en una época cuando la hoja de parra modificaba, no sólo pinturas y esculturas, sino cualquier aspecto de la vida española. Me estoy refiriendo a la censura.

Ha pasado el tiempo, y la hoja de parra no termina de marcharse. Luce triunfal y defensiva (ofensiva), no con la ruda imposición de la posguerra, sí con maneras más sutiles. La hoja de parra tapa verdades embarazosas y ofrece vacíos y mentiras. En algunos países, desde luego, no hay ninguna sutileza en el escamoteo. Hay millones de hojas de parra en Cuba tituladas «Revolución» ocultando la servidumbre y la pobreza, y con ellas podría fabricarse un ejército de balsas rumbo a las libres costas de Florida. Asombran las fotografías de mujeres futbolistas de Irán pateando el balón, pues sólo tienen al descubierto cara y manos; la hoja de parra, incrementada, se confunde con el cuerpo. Ya saben: el cuerpo de la mujer es la ocasión de pecado más perversa de que consta noticia. Insistiendo en el fútbol, ¿por qué la selección nacional española no viste de rojo y amarillo, los colores de nuestra bandera? Es como si a la bandera le hubieran colocado otra bandera a modo de hoja de parra. Acaso se tema a ciertos españoles con mentalidad de automovilista nervioso ante el amarillo de un semáforo avisando parada y el rojo ordenándola. Hace poco la selección vistió de blanco, de vacío. Donde cualquier bandera cabe.

He hablado de la ansiedad del tripartito catalán, por supuesto en relación con el tema del Estatuto. El texto del Estatuto es una compleja hoja de parra cuya finalidad radica en ocultar la verdad del proyecto: independencia de Cataluña. Todo lenguaje está lleno de hojas de parra (metáforas, eufemismos, sinécdoques, etc.) con los que desviar la atención de molestas evidencias posibles. Cuando se pide la mano de una señorita se pide mucho más, el cuerpo entero. Cuando se dice de alguien que pasó a mejor vida, no se ha comprado un palacete en una ciudad mediterránea, es que ha muerto. También en la posguerra, decretaron que los muertos estuvieran presentes, no ausentes. A mí me daba miedo tanta presencia de los muertos de la guerra durante mi infancia y mi adolescencia, y tanto obligado saludo ritual. En el colegio decían «¡Gloriosos caídos por Dios y por España!» y contestábamos «¡Presentes!». Después decían «¡José Antonio Primo de Rivera!» y nosotros, «¡Presente!». Luego venía el «¡Viva Franco!» respondido con un sonoro «¡Viva!», y el postre ideológico del «¡Arriba España!» respondido con un «¡Arriba!» que resonaba como mil portazos. Lo peor fue que una mañana, al llegarse al «¡Viva Franco!», yo, por inercia, lancé un estruendoso «¡Presente!»

Hay hojas de parra ocultando el pasado. Metidos en la labor, los historiadores deben ser desenterradores de exactitudes, no enterradores, y volver a investigar lo que atiende por «verdad». Un montón de aficionados a historiadores se ha propuesto abrir antiguas heridas en nombre de la justicia histórica, aunque sea en contra de la verdad. Y en contra de la paz nacional, hermosamente lograda por los protagonistas de la Transición. Mi padre luchó durante la guerra en la parte nacionalista, el de mi mujer en la otra. Mi padre era creyente, liberal y monárquico, el de mi mujer era ateo, comunista y masón. Yo no estoy recomendando que los del Partido Socialista se enrosquen en la cama con los del Popular, pero sí que alguna vez se vayan juntos de excursión. Hay muchos sitios admirables. El otro día viajé a la salmantina Peña de Francia y allí arriba, a casi dos mil metros de altura, respirando un aire purísimo y asumiendo un circular paisaje formidable, puedo asegurar que cualquier problema queda empequeñecido. ¿Hemos perdido la sensación de grandeza? ¿Nos hemos convertido en un país consumista, indolente y aburrido?

Me referí antes a la «verdad». No está de moda, debido a un relativismo que podría echar abajo nuestra cultura occidental. No es mi intención predicar a nadie, sólo constato un hecho. Los teóricos de la posmodernidad declararon que la verdad no existe, y se acabó. También, que Dios ha muerto; multiplicaron fotocopias del certificado de defunción que un día firmó Nietzsche. Se tapa a Dios, es obsceno, y obsceno testimoniarle. Y como toda hoja de parra significa una sustitución por el vacío o por lo opuesto a lo escondido, tapan a Dios con una inmensa hoja de parra que remite a la nada y a la ridiculización de lo sagrado en nombre de la centralidad del ser humano. Decía Rubén Darío irónicamente que él tenía «el mal gusto de creer en Dios». Y no olvidemos a los apocalípticos fanáticos de Dios, menos religiosos todavía que los ateos: para ellos lo ocurrido con las catástrofes naturales de Estados Unidos, Pakistán, Guatemala, El Salvador y México es una acumulada señal de ira. Asquerosas hojas de parra, estos inventados «castigos de Dios».

La verdad no existe y la belleza tampoco. Ya lo escribió Picasso: «¿Qué es la belleza? No hay tal cosa». Si él nunca se lió con una mujer fea, no fue por atracción de la belleza; simple casualidad. Así, hoy, una gigantesca hoja de parra elimina lo que siempre se entendió por belleza: un tipo de ritmo -el que sea, incluso el no inmediatamente percibido-, un resultado de armonía personal y comunicada, una seducción que supera su propio caos y su propia agonía. Se ha llegado a decir que a una novela le perjudica el lenguaje estético, como le daña a un poema. Que el Quijote no tiene más valor que la carta de un semianalfabeto a su novia. No hay valor porque no hay valores; en su lugar proliferan hojas de parra para todos los gustos, hoja de parra del capricho, hoja de parra del odio a lo establecido, hoja de parra del naufragio del espíritu, hoja de parra de la impersonalidad glorificada, hoja de parra de la imaginación abolida, hoja de parra de la igualitaria falta de talento.

Curiosamente, en esta época nuestra de desaparición de valores y pese a lo que opinaba Picasso, el valor de la belleza femenina ha resurgido de forma agresiva. No por desinterés sino por dinero: modas, sexo. Aquellos escritores neoplatónicos que idealizaban a la mujer hasta convertirla en muñeca intocable, tenían mucho de hipócritas, y hoy son también hipócritas los nada platónicos comerciantes que presentan a las mujeres con rostros idealizados pero cuerpos bien asequibles. (La mujer nunca idealizó al hombre, no perdió de vista su realidad). En este caso, la hoja de parra consiste en hacer creer la utopía de que todos los rostros de mujer son bellísimos. Hojas de parra como máscaras donde existe solamente una identidad mansamente intercambiable.

A propósito de lo comercial, termino este artículo con otro recuerdo mío infantil. Una tarde en Sevilla, al volver del colegio, leí estas palabras en un muro: «Hijos de puta». No entendí. Ya en casa, le pregunté a mi madre qué significaba la palabra «puta». Mi madre se escandalizó, gritó que jamás repitiera esa palabra. Me fui a un diccionario y busqué: «Puta. Mujer que comercia con su cuerpo». Entendí menos. Al otro día le pregunté a un jesuita del colegio qué era lo de puta y lo de comerciar. ¡Cómo se reía el puñetero! Me explicó: «Puta es una mujer que no se lava». Imaginé a las putas como a las mujeres de pinturas y esculturas, y con una sucísima hoja de parra. Aún hoy pienso en la prostitución como una hoja de parra que hay que lavar. Sea el tema de un futuro artículo.

Los pájaros soberanistas
M. MARTÍN FERRAND ABC 22 Octubre 2005

AQUÍ los pájaros que deben inquietarnos son los de mal agüero. No transportan virus alguno, pero quiebran la esperanza en el futuro de la Nación; algo que, por otra parte, hace gozar a quienes la niegan como, por ejemplo, los nacionalistas más o menos separatistas que han girado en poco más de treinta años desde un respetuoso acatamiento de la idea de España como unidad de destino en lo universal a una feroz oposición a otra más moderna y sensata sustentada en la libertad y la convivencia. El «plan Ibarretxe» o el nuevo Estatut perpetrado en el Parlament son dos muestras claras de lo que digo: intentos independentistas lejanos de la Constitución, de su letra y de su espíritu, tamizados por el viciado formalismo de unos parlamentos regionales que aprovechan la autonomía que les permite actuar para romper su cimiento legitimador.

Estamos ante un bien calculado fraude constitucional, ante el uso indebido de su letra para tratar de romper su espíritu unitario. Algo de gravedad menor de no ser porque el Gobierno es el principal valedor de la intentona. Más que por convicción, como pago espurio del apoyo parlamentario que le ha permitido a José Luis Rodríguez Zapatero instalarse en La Moncloa. Cuando las partes anteponen su voluntad a su naturaleza y, además, atentan contra la integridad del todo al que pertenecen y certifica el tracto de la Historia, estamos ante un sarpullido ocasional que, en nuestro caso, puede llegar a crónico, e incluso a letal, porque el responsable de su cura, el Gobierno del Estado, se ha convertido en suministrador del calor que lo fomenta.

Ante tan rara y estéril situación adquiere especial relevancia la actitud del «otro» gran partido nacional. ¿Qué debe hacer el PP, en el Congreso, en lo que atañe al nuevo Estatuto elaborado por el Parlamento de Cataluña? Todo lo que no sea rechazarlo en su totalidad, negarlo por servir de excipiente a un principio activo tan inconstitucional como soberanista, será un error. El debate pormenorizado de su articulado supone, cuando menos, una aceptación de la intención de sus redactores y no debería tratarse de parar el gol, sino de detener el juego en el momento de su irregularidad.

Una Constitución es el eje para la organización, con bases democráticas y aires de libertad, de una convivencia satisfactoria entre los ciudadanos a los que afecta. Aquí y ahora se están confundiendo personas con territorios que es tanto como no saber distinguir entre la realidad y su abstracción; pero, mírese como se quiera, ése es un juego al que sólo se le puede augurar buen fin si se cuenta con la lealtad de sus partícipes, algo que no aporta un texto como el del nuevo Estatuto y que, en consecuencia, debe ser corregido desde la legítima autoridad del Gobierno, reforzada por el gesto radical del principal y casi único partido de la oposición. Hay que atajar la fiebre de los pájaros soberanistas.

Comida secreta sin Maragall
Ignacio Villa Libertad Digital 22 Octubre 2005

Lo que se ha celebrado en Moncloa este viernes por la tarde es una reunión secreta. Secreta en todos los sentidos y sin paliativos. Nada de discreta. Durante toda la tarde desde el Palacio de la Moncloa han negado el encuentro, han despejado balones y han dicho no saber nada. Se han empeñado, en definitiva, en cerrar los ojos a una evidencia. Zapatero gobierna de la mano de los independentistas catalanes; y lo hace a escondidas, puesto que es consciente de que está plenamente entregado a las exigencias de los republicanos catalanes.

Zapatero se reunía este viernes en un almuerzo en Moncloa con Perez Rubalcaba, Carod Rovira , Puigcercós y el ministro Montilla. ¿De qué habrán hablado? Pues muy fácil, de la crisis del Gobierno catalán, de la reforma del Estatuto y de cómo afrontar un profundo terremoto que está sacudiendo todos los cimientos institucionales de España gracias a su irresponsabilidad.

En esta reunión Moncloa ha intentado ocultar no estaba Pasqual Maragall. Oficialmente lo han matizado enmarcando el encuentro como parte de los "contactos habituales" del Gobierno con ERC. Menuda excusa. ¿Cómo nos pueden explicar que se reúnan los que se han reunido para hablar de lo que han hablado sin Pasqual Maragall? ¿Se han reunido para cargarse a Pasqual Maragall? ¿Han pactado cómo denominar a Cataluña? Precisamente los silencios y las ausencias de esta comida guardada bajo siete llaves es donde están las claves.

Zapatero gobierna ya sin tapujos con sus verdaderos socios. Con ellos pacta todo, incluido el futuro de España. Con el pequeño detalle de que los socios son independentistas radicales y buscan la desaparición de los actuales principios constitucionales. Zapatero está donde está por sus propias ideas y convicciones; lo que pasa es que es poco defendible tener que hablar en secreto y a escondidas. Por cierto, ¿qué cara se le habrá quedado a Pasqual Maragall cuando se haya enterado que en Madrid se parte el bacalao sin su consentimiento? Esto huele a chamusquina.

Váyase señor Maragall
Daniel Sirera Libertad Digital 22 Octubre 2005

El balance de dos años de Gobierno tripartito es profundamente decepcionante. El mandato se inició con la reunión de Carod Rovira –siendo presidente de la Generalitat en funciones– con la cúpula de ETA en Perpiñán. Poco después se cayó el túnel de maniobras del metro de Barcelona bajo el barrio del Carmelo y se generalizó la sensación de corrupción con la acusación de Maragall sobre el 3%. Mientras tanto, un reducido grupo de diputados y diputadas elaboraban en silencio una criatura maléfica que tenía que dar satisfacción a los sectores más nacionalistas de la sociedad catalana pero cuyo único objetivo era romper la nación española.

Durante meses hemos tenido un gobierno partido por tres. Tantos gobiernos de la Generalitat como partidos que lo apoyan y tantas corrientes internas como consejeros. El Gobierno de Cataluña ha estado dos largos años de vacaciones y ahora que nada impedía dar un impulso a la acción de gobierno, llega Maragall y nos deja sin gobierno. La mitad de los consejeros de la Generalitat son interinos, no saben si llegarán a final de mes en el Gobierno. No cuentan con la confianza del presidente y desconfían de él. Han dejado de ser –si es que alguna vez lo han sido– interlocutores de la sociedad catalana. No cuentan para nadie, han dejado de existir, son auténticos cadáveres políticos que deambulan por las consejerías y por los pasillos del Parlament tratando de entender porque si, como dice Maragall, pertenecen al mejor gobierno que jamás ha tenido Cataluña, quiere ahora prescindir de sus servicios.

La sangre no ha llegado al río. El PSC ha logrado, por enésima vez, reconducir la situación. Después de 23 años de oposición y una vez alcanzado el poder, no van a tener ahora un ataque de dignidad. Los socialistas conocen muy bien el frío de la oposición. Por eso serán capaces de perdonar lo que sea de Maragall o de quién sea para mantener el coche oficial. No tienen políticas, sólo políticos que aspiran a llegar al final de la legislatura. En esto se ha convertido la política catalana. En política se puede hacer de todo menos el ridículo, y aún menos cuando eres el presidente de la Generalitat. Este es el gran drama. Cataluña lleva años acostumbrada a las “maragalladas” de Maragall. Ya casi no sorprenden, forman parte del paisaje urbano, pero Maragall ya no es un turista en Roma, ni siquiera un alcalde excéntrico. Maragall es el presidente y debe representarnos a todos. Ya no puede ni representarse a si mismo porque ni siquiera cuenta con la confianza de su propio partido.

En 1996, Maragall abandonó la alcaldía de Barcelona porqué la ejecutiva del PSC en la ciudad de Barcelona no quiso colocar a su hermano. ¿Qué hará ahora Maragall si no consigue hacerlo consejero? Corren malos tiempos para la política catalana. Maragall ha conseguido desprestigiar las instituciones en Cataluña y Zapatero ha contribuido irresponsablemente a que la imagen de los catalanes sea nefasta en el resto de España. Si no quieren dar la palabra a los ciudadanos sólo queda una salida: que Maragall se vaya a su casa y que alguien dentro del PSC, con sentido de Estado y, sobre todo, con sentido común –que alguno debe quedar– asuma la máxima responsabilidad del Gobierno. Zapatero podría llevarse a Maragall a su gabinete. Quizá como ministro de exteriores, total, tampoco notaríamos tanto el cambio.

Daniel Sirera es Portavoz adjunto PP en el Parlamento de Cataluña

ETA libera Cataluña
GEES Libertad Digital 22 Octubre 2005

Es cada vez más evidente la conexión entre la solución catalana y el fin del terrorismo de ETA. Si el Estado se desintegra, como proponen los nacionalistas catalanes, es evidente que los terroristas podrán alcanzar sus objetivos políticos sin necesidad de seguir asesinando inocentes. Por esta razón, defender la Constitución frente a aquellos que pretenden dinamitarla no es solo defender la unidad de España, sino también salvaguardar nuestra democracia de sus peores enemigos.

El ruido político y mediático que ha organizado el Estatuto catalán puede estar permitiendo que el proceso de negociación que ha abierto Rodríguez Zapatero con los terroristas de ETA avance a resguardo de luces y críticas. Es más, los terroristas valoran públicamente con satisfacción como el debate del Estatuto está socavando los principios y la fortaleza de su enemigo. Por ejemplo, el reconocimiento de Cataluña como una Nación sería rápidamente trasladada al País Vasco, como de hecho ya está reclamando el propio Secretario General del PSE. Por otro, el establecimiento de una relación bilateral entre Cataluña y España, en el marco de un nuevo modelo de Estado confederal, puede ser una plataforma que permita a ambos, nacionalistas vascos y catalanes, lograr la segregación definitiva sin necesidad de recurrir al terror. Es posible incluso que ETA pueda obtener de Zapatero alguna formula próxima a la autodeterminación a cambio de dejar las armas.

Esta concatenación entre ambos procesos puede explicar el empecinamiento de Rodríguez Zapatero por llevar adelante la reforma del Estatuto catalán en contra de la mayoría de su partido y de la inmensa mayoría de los españoles. El Presidente sabe que si fracasa en el alumbramiento de un nuevo marco político en Cataluña será imposible avanzar en el proceso de paz en el País Vasco.

Hacía tiempo que ETA había encontrado en el independentismo catalán un aliado estratégico fundamental para poder derrotar al Estado democrático español. El Pacto de Perpiñán estableció una estrategia común para lanzar un desafío definitivo a España. Una estrategia que incluía una tregua aún vigente para todo el territorio catalán. ETA podrá defender así que gracias a su lucha no solo liberó el País Vasco de la opresión española, sino que contribuyó también indirectamente a la liberación de otros pueblos oprimidos como el catalán.

Rodríguez Zapatero necesita el éxito del Estatuto para poder justificar que sus concesiones al nacionalismo vasco no son un mero acto de claudicación. Pero a largo plazo, el Presidente necesita la paz como coartada para justificar un proceso que supone desmantelar España y humillar nuestra democracia.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

¿Qué futuro le espera a Maragall?
EDITORIAL Libertad Digital 22 Octubre 2005

Cuando a finales de septiembre Zapatero se reunió –en secreto, como no- con Artur Mas para impulsarle a aprobar la reforma estatutaria, se estaba dando una primera vuelta de tuerca a la más que probable ruina política de Pasqual Maragall. Si el proyecto era frenado en el Parlamento catalán, el responsable del fracaso sería el líder convergente por su negativa a consensuar el tema de la financiación. Si, en cambio, el Estatuto -ya votado favorablemente en Barcelona- no salía vivo de las Cortes en Madrid la culpa habría que buscarla en el padrino de la idea, es decir, en el propio presidente de la Generalidad. Las razones por las que Mas recibió de Zapatero un apoyo repentino e inesperado siguen siendo un insondable misterio.

O quizá no tanto. Zapatero, en su infinita miopía, consideraba, y, de hecho, sigue considerando, que el Estatuto debidamente maquillado puede pasar el filtro del Congreso por lo que no encontró más que ventajas en recomendar a Artur Mas que apoyase el proyecto. El problema es que no ha sido así. La “reforma” estatutaria presentada por el Parlamento catalán lleva semanas levantando ampollas a diestro y siniestro y enturbiando sobremanera la vida nacional. A excepción de sus mentores, de la domeñada prensa catalana y de algún despistado de Ferraz el Estatuto no ha gustado a nadie. Por un lado ha servido durante todo el mes de inmejorable munición parlamentaria al Grupo Popular, y por otro, el electorado socialista ha empezado a resentirse y muchos votantes comienzan a dudar si será la papeleta del PSOE la que echen en la urna en las próximas elecciones.

Para un partido adicto al poder como es el caso del PSOE y con una base electoral menguada o, al menos, lejísimos de lo que fue en los tiempos de Felipe González, jugar de un modo gratuito con los votos es algo que no se puede permitir. Así las cosas, lo normal es que el causante de esta situación se encuentre en entredicho y la inmensa maquinaria político mediática del socialismo haya incoado sin más dilación su juicio sumario. El aparato del partido no está dispuesto a jugársela, ni en Madrid ni en Cataluña. En Madrid porque de esta aventura depende que la cosa se complique, se extienda por el País Vasco y Galicia y sean los socialistas los que terminen pagándolo. En Cataluña porque, a pesar de lo que se cree, el PSC obedece en lo esencial las consignas marcadas desde Ferraz. Por debajo de la pátina de nacionalistas que habitan la fachada pública del socialismo catalán, se encuentra el verdadero conglomerado de poder de ese partido. Un aparato que se pone el disfraz de nacionalista a ratos, según sople el viento desde Madrid. Ese es el drama de Maragall. Puestos a elegir, lo más probable es que los socialistas catalanes prefiriesen perder la Generalidad a perder la Moncloa. Sacrificar un brazo antes que perder el cuerpo entero. Son políticos, y sólo en clave de poder pueden entenderse sus movimientos.

Pistas sobran. La prensa catalana, especialmente La Vanguardia, uno de los órganos informativos que más denodadamente han hecho campaña a favor del Estatuto, ha comenzado a poner peros donde antes decía amén. Carlos Solchaga, el que fuera superministro de Economía del felipismo, manifestaba ayer en Cinco Días, diario económico de Prisa, que “estoy convencido de que el PSOE estará a la altura de este desafío histórico y que, llegadas las circunstancias, sabrá reconocer dónde está su primera lealtad, que no es en otro lugar que en la Constitución”. Bono permanece al acecho y su enfrentamiento en la embajada portuguesa no fue, precisamente, una casualidad. Este es su territorio y se sabe arropado por los suyos, es aquí donde puede pescar.

No hay un solo líder del PSOE que sea ajeno a esto y Maragall, como dirigente con mando en plaza, lo sabe. Quizá por ello se ha sacado de la manga una crisis de Gobierno en el peor momento. Un simple palo de ciego encaminado a desdibujar el sombrío panorama que tiene por delante. La incógnita es Zapatero. ¿Sucumbirá junto con Maragall o cambiará el paso para adecuarse al nuevo compás? El tiempo lo dirá, pero lo indiscutible es que el estilo Maragall empieza a escocer en Ferraz, y es bien sabido que por esos pagos no perdonan una.

Santiago Carrillo
Es lo mismo, pero con birrete
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 22 Octubre 2005

Lo de Carrillo desprestigia a la Autónoma de Madrid, se pongan como se pongan los calamares gigantes del socialismo español, que vuelven a arrojar su copiosa tinta para hacer la oscuridad. En cuanto a los comunistas, no es que carezcan de mala intención, pero lo que se dice tinta, poca les queda. Su demagogia apenas contribuye a la confusión fetén, marca PSOE.

Sostienen que la dialéctica de los vencedores y los vencidos la resucita el Partido Popular. Hay que amar la mentira para afirmar tal cosa justo cuando Rodríguez se declara rojo, en plena orgía necrófila (y parcial) y después de que el Alto Nosequé de las víctimas del terrorismo dividiera al país en buenos y malos, siendo los primeros Carrillo y sus amigos. Hazaña que se hizo coincidir con el descabalgamiento simbólico de Franco. Los bandos, pues, los ponen ellos donde ya no los había. Estando Carrillo con los buenos de Peces Barba, es forzoso estar con los malos. Qué le vamos a hacer.

Sin la tinta socialista se verían mejor todas las verdades, no sólo la primera: Carrillo contribuyó, y mucho, a la reconciliación de la Transición sumándose a la reforma política de Suárez. Comprendió el momento que atravesaba España, la oportunidad histórica. Segunda verdad: Carrillo había sido responsable de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid en el noviembre atroz del 36, cuando cinco mil personas fueron transportadas a Paracuellos del Jarama en camiones y autocares oficiales para ser fusiladas. Procesión de inocentes que ha de poblar sus pesadillas. Nadie informado puede discutir de buena fe su implicación tras la desclasificación de los documentos del KGB. Dimitrov y Stepanov son claros al respecto. Cabe, a lo sumo, sumergirse en la abyección y “comprenderlo”, como hace un conocido hispanista. No negarlo.

¿Se puede rendir homenaje al español vivo con más muertos en su conciencia? No parece adecuado, pero sí, se puede: por su conducta en la Transición, no por su papel durante la guerra, cuando era un peón de Stalin que extendía el terror y llenaba de ignominia a esa República con la que se han llenado la boca tantos enemigos de la libertad. Esto no convierte en demócratas a sus enemigos, pero algún día habrá que abandonar la patraña de que el Frente Popular –sin distingos– luchaba por la libertad: el responsable de las matanzas de Paracuellos, por ejemplo, ha afirmado en la Autónoma que toda su vida ha alentado el sueño de “hacer una España y un mundo más justo, más igualitario, más pacífico y más libre”. ¿Llenando las fosas de hombres, mujeres, ancianos y niños por ser católicos? No esperen que todo el mundo aplauda.

La izquierda frívola
ZP se pone rouge
Cristina Losada Libertad Digital 22 Octubre 2005

Zapatero dice que no ha aprendido nada de la derecha. Bueno, conviene aprender del adversario para ganarle, pero allá él; hay gente en la que el saber ocupa lugar y no puede permitirse excesos. Blair, por ejemplo, aprendió de Thatcher y así le ha ido al “gilipollas”: tres mayorías. Eso sí, la última de carambola, pues hubo de hacer frente a la esforzada campaña de algunos españoles por conseguir que cayera, al menos, otra cabeza de la cumbre de las Azores. Y es que, bien mirado, de quien no ha aprendido nada ZP es de la izquierda. Ni de sus aciertos ni de sus errores.

De Santiago Carrillo no ha aprendido ni pizca. El antiguo dirigente del PCE sí que sabe en qué consiste eso de “ser rojo” de lo que ZP presume. Y consiste, llegado el caso, en exterminar al adversario. Uno que no sólo está fuera, sino dentro, pues el totalitarismo es una máquina que necesita producir enemigos para liquidarlos. Si ya ha acabado con los externos, se los inventa en sus propias filas. Ahí está, y cada día se revela más larga, la lista de sus crímenes. Incluidos los de comunistas que fueron ajusticiados por traidores y fascistas en todos los regímenes y todos los partidos que enarbolaban bandera roja.

Tampoco ha aprendido del otro Carrillo, del que preconizó la reconciliación nacional y pactó la Transición, pues todo eso se lo está cargando a marchas forzadas. Y conviene recordar quién empezó. Que fue su partido el que decidió embarcarse en el desentierro de cadáveres y de odios, y en una reinvención de los dos bandos. Tras la mayoría absoluta de Aznar, no encontró otro modo de remozar su maltrecha identidad que fabricando una falsa izquierda beatífica y una derecha neofranquista para sus juegos de propaganda.

Y no ha aprendido ZP nada de Mitterrand, que insufló aire a la extrema derecha para que le mordiera los talones al adversario a la hora de las urnas, y legó a sus sucesores un Frente Nacional que le roba votos a la extrema izquierda. Cuidado, que el rojo y el negro son como el ying y el yang. ¿Es ésta la operación que incuban mediante alardes de rojerío los socialistas de ZP? Para que tengan éxito estos maquiavelismos hace falta talento; no basta el talante.

Pero, a fin de cuentas, ¿cuál es el tono de rojo que le gusta a ZP? ¿El crepuscular de sangre de otrora y aún ahora? ¿O es el suyo, como parece, un toque de rouge en las mejillas? Un colorcillo de bote, un colorete como el que se dan sus amigos de la biutiful, artistas y cantantes, periodistas e intrigantes, que encuentran muy chic vivir como rajás y proclamarse rojos. Rojos serán por frívolos e indocumentados, por ignorantes y petimetres. Un rojo, el suyo, de clown. Payasos tristes.

Blogoscopio
Doctor Mortis Causa
Pablo Molina Libertad Digital 22 Octubre 2005

Uno de los síntomas más claros de una democracia decadente, es el entusiasmo con que se honra a aquellos que la desprestigian. La tarea de designar a los que deben ser ensalzados por sus virtudes políticas recae, faltaría más, en los sufridos hombros de las «gentes de progreso», depositarios de la legitimidad democrática a pesar de que hasta ayer mismo denunciaban «el sistema» como un invento burgués para seguir oprimiendo a las clases desfavorecidas.

La banda de honores progresistas, con Rosa Regás en funciones de portavoz ocasional del sanedrín, ha premiado esta vez a Don Santiago Carrillo Solares, un demócrata de toda la vida, con la concesión del Doctorado Honoris Causa por la Autónoma de Madrid –en dura competencia totalitaria con la de Murcia, que hizo lo propio en su día con Yaser Arafat– en reconocimiento a una vida entera de lucha por la libertad. “Aunque le pese a los fachas”, ha añadido la Directora de la Biblioteca Nacional (con perdón). Mujer, a los fachas y a dos o tres personas decentes más, no sea tan estricta. Y no es que tengamos nada personal contra Carrillo, persona íntegra donde las haya y distinguida desde muy joven por su exigencia en el cumplimiento del deber. Tanto, que los observadores enviados por Stalin para vigilar el respeto por la libertad y los principios democráticos en el bando rojo durante nuestra Guerra Civil y evitar peligrosas desviaciones totalitarias, informaron repetidas veces exaltando el estajanovismo del joven Carrillo en asuntos comprometidos como el de Paracuellos del Jarama, aunque ahora se sabe que mintieron, pues el aludido ha afirmado en repetidas ocasiones que se enteró de la existencia de esa localidad madrileña “por la prensa”, mucho después de aquel episodio fortuito. O sea que menos incienso, Doña Rosa, que el doctorcito ya ha dicho que no tuvo nada que ver en las políticas de progreso implantadas en Madrid durante el invierno del 36.

Y eso por no citar a otros ilustres camaradas como Valentín González “El Campesino”, que en sus memorias (“Yo elegí la esclavitud”, Plaza y Janés) cuenta algunas andanzas de Carrillo junto a la Pasionaria en la URSS tras la guerra que dicen muy poco de su ortodoxia comunista, es decir, democrática.

A esta matriarca de la «gauche divine» catalana, cuyo compromiso con los valores democráticos quedó esmaltado en su famosa frase tras el 14-M «me he alegrado más de la derrota del PP que de la muerte de Franco», parece que la fe progresista le ha llevado a ensalzar en esta ocasión a un peligroso desviacionista. «Santiago Carrillo estuvo luchando durante mucho tiempo para que recuperáramos la vida política y sin vida política no somos nada y sin personas como Carrillo seríamos menos», finalizó su catilinaria la Regás. Al contrario camarada, sin Carrillo seríamos más. Alrededor de cinco mil, más la descendencia.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana

A Costa se le ve el plumero
Emilio J. González Libertad Digital 22 Octubre 2005

La Comisión Nacional de la Energía (CNE) no quiere que el Banco de España analice los riesgos financieros de la OPA de Gas Natural sobre Endesa y habría que preguntarse por qué motivos, ya que su negativa no es convincente y esconde detrás razones que van más allá de las estrictamente técnicas o de competencias del organismo supervisor del sector energético.

LA CNE alega en su negativa que carece de competencias para entrar en la cuestión de los riesgos financieros que asuman las entidades que participen en la operación. En sentido estricto, puede tener razón ya que el control de los riesgos en que incurran las entidades crediticias, y detrás de la OPA está una de las más importantes del país, La Caixa, le corresponde al Banco de España. Pero con una perspectiva un poco más amplia, la posición de la Comisión no se sostiene. En primer término, la propia CNE alegó razones financieras cuando vetó la OPA de Gas Natural sobre Iberdrola al destacar que las dificultades para financiar la operación ponían en peligro las inversiones comprometidas por Gas Natural y la propia Iberdrola en el sector energético.

Esa misma consideración sigue siendo igualmente válida hoy en día, teniendo en cuenta que la forma adoptada por la oferta de la compañía gasista sobre las acciones de la eléctrica que preside Manuel Pizarro denotan que Gas Natural no tiene el dinero suficiente para llevarla a cabo y, por eso, ofrece el 65% del pago de los 21,3 euros ofrecidos por cada título de Endesa en acciones de la propia Gas Natural. Y por si no estuvieran claras las limitaciones financieras de ésta última, las noticias recientes acerca de que La Caixa, principal accionista de la gasista y primer financiador de la operación, estaría buscando ahora un acercamiento amistoso ante la falta de capacidad y la concentración de riesgos que supone para ella la OPA en sí misma y, sobre todo, si tiene que subir el precio un 5% para que los accionistas de Endesa acepten, ya que es el incremento mínimo en la oferta que tendría que llevar a cabo teniendo en cuenta cómo han evolucionado las cotizaciones de Endesa y Gas Natural desde que se lanzó la operación el 5 de septiembre.

Después está la propia entidad financiera catalana. Si La Caixa concentra demasiados riesgos provenientes del sector energético, donde controla Repsol YPF y Gas Natural y ahora pretende dominar también Endesa, se vería demasiado expuesta a cualquier problema que pudiera surgir en el mismo, que puede ocurrir. No hay que olvidar que esta industria está muy expuesta a los movimientos internacionales en la cotización de las materias primas y las divisas porque afectan tanto al precio del petróleo como al del gas natural y, a través de ambos, también al de la producción eléctrica. Subidas del crudo y del gas, o del dólar frente al euro, o de todos, encarece la producción de electricidad y si las tarifas del gas y la luz no se adaptan de forma automática, cosa que no hacen porque están reguladas, a dichos incrementos, entonces las empresas sufren y quien participa en su capital también. Los riesgos, por tanto, son muchos y muy concentrados en una entidad que, de verse en problemas, tendría que proceder a la venta de activos energéticos, además de limitar la capacidad de inversión de las compañías energéticas en las que participa, todo lo cual acabaría por traducirse en problemas para esta industria y para el conjunto de la economía española en forma de desabastecimiento o de apagones. Por ello, la CNE debería permitir al Banco de España aportar sus análisis y tenerlos en cuenta en su decisión final.

No obstante, aunque la conclusión anterior es de una lógica aplastante, y cargada de sentido común, en la CNE priman otras cuestiones. Conviene recordar en este punto que la presidenta de la Comisión, Maite Costa, fue diputada del Partido Socialista catalán, cuya mano, o, mejor dicho, la del tripartito, está detrás de todo este asunto. Y aunque a Costa habría que suponerle la neutralidad propia de un organismo regulador en una cuestión como esta, las primeras acciones que ha llevado a cabo en todo este asunto invitan a pensar que la imparcialidad solo es teórica porque, en la práctica, la Comisión Nacional de la Energía estaría alineándose con la CNMV, el nuevo presidente del Tribunal de Defensa de la Competencia, Luis Berenguer, y el propio Gobierno en que triunfe la OPA al precio que sea.

Desde esta perspectiva, por tanto, se comprende que la CNE rechace la participación en el análisis de la OPA de un organismo como el Banco de España que, a través de gobernador, Jaime Caruana, se ha pronunciado de forma indirecta y sutil en contra de la operación debido a la concentración de riesgos que supone para La Caixa. Caruana lo ha dicho con claridad en las últimas semanas al advertir acerca de la presencia de las cajas de ahorros en el capital de las empresas, un mensaje que ha calado muy profundamente en los medios económicos y financieros y que nadie pasa por alto porque el peso y el prestigio del Banco de España en estas cuestiones es muy elevado. Así es que Costa, probablemente, no quiere a nadie con semejante capacidad de influencia interviniendo en toda esta cuestión. Y es que, al final, por mucho que digan unos y otros, detrás de todo esto hay demasiada política, poco sentido común y menos interés por defender la libertad de mercado y a los consumidores que es, en última instancia, lo que debería prevalecer por encima de cualquier otra cuestión. A Costa se le ve el plumero.

Tics del pasado
TONIA ETXARRI El Correo 22 Octubre 2005

Coinciden todos los grupos del Parlamento Vasco en señalar que se respira otro ambiente menos crispado en esta nueva legislatura. A partir de ahí, cada cual busca su razón particular. Desde quienes dicen que la distensión es debido a que al PP se le han bajado los humos, a otros que, sin embargo, les parece que es el lehendakari quien está «menos gallito» desde que las urnas pusieron el plan soberanista en su sitio. Hay, incluso, quienes no piensan en nada para dejar así al azar, o a razones divinas, la explicación del clima de relativa bonanza del que está disfrutando la presidenta Izaskun Bilbao, en comparación con su antecesor, Juan Maria Atutxa.

Y en contraposición, están los más molestos para las conciencias. Quienes dicen que la fiera del terrorismo está en un período de hibernación, lo que hace la vida más soportable, aunque las presiones del terrorismo callejero tengan sus brotes planificados. Quizás por eso María San Gil se puede permitir criticar a Ibarretxe por querer incorporar al protagonismo político «a una banda ilegal» con la mejor de sus sonrisas, o Isabel Celaá, con su habitual tono respetuoso, afee al gobierno, tan progresista y euskaldún, que esté dejando la escuela pública, por falta de prestaciones de calidad, reducida a una red marginal e incompetente.

Y como no hay dos sin tres, el socialista Pastor da en la llaga cuando critica la tendencia del lehendakari de «huir» del debate parlamentario. Lo que Pastor califica de 'tics' del pasado se perciben así, pero no supone novedad alguna desde que, en 1998, se cambiara el consenso democrático por los pactos nacionalistas.

Lo que sí resulta novedoso, sin embargo, es ese afán por desenterrar los fantasmas de la guerra civil de 1936. Cuando Zapatero se presentó en la sesión de investidura como nieto de un fusilado por las tropas franquistas, se empezó a despertar cierto espíritu revanchista. Tras su impulso a Cataluña para que presentara el proyecto de estatuto que quisiera, se ha generado un enfrentamiento preocupante. Los insultos contra Carrillo reflejan la división que empieza a sufrir la ciudadanía española. A Carrillo se le han hecho otros homenajes con total normalidad; como debe ser en un Estado democrático que enterró el hacha de la guerra civil en cuanto se pasó el rubicón de la transición y Suárez acabó con los bandos.

Entonces, apenas recien estrenada la democracia, Fraga presentó a Carrillo en el Club siglo XXI. Ahora, esa imagen resultaría irrepetible. El presidente de los españoles, a estas alturas y sin que tengamos que soportar a la dictadura, se define como «rojo». Hay movimientos que no se entienden. Salvo que alguien quiera resucitar a la inexistente extrema derecha. Y eso sí que sería volver al pasado.

No subestimar, mucho menos sobreestimar a ZP
Enrique de Diego Estrella Digital 22 Octubre 2005

No hay que subestimar a Zapatero. Es una frase recurrente que se suelta de continuo a la menor crítica al presidente por accidente o cuando uno muestra su perplejidad ante la vacuidad de sus frases grandilocuentes, que cada vez se hacen más numerosas y más retóricas y algunas no pasan del nivel del trabalenguas, sin llegar ni tan siquiera al del demagogo.

Hay muchos síntomas que indican que Zapatero es una mezcla de comercial y de político profesional acostumbrado a la mera supervivencia. Es conocido que su formación básica se ha edificado en el bar del Congreso. No digo cómo llamábamos en mi pueblo a los que iban con la sonrisa puesta. Desde luego, Zapatero no tiene proyecto. Eso es una obviedad. Eso no quiere decir que otros no lo tengan y se lo hayan dado prestado, desde los nacionalistas, que han encontrado en él una auténtica bicoca, hasta notorios grupos de presión mediáticos –o sea, PRISA-.

Lo que no hay que hacer, en ningún caso, es sobreestimar al personaje. Llegó al poder por la mezcla de una masacre y de una manipulación abrumadora. Demostraron tanto él como sus colaboradores una absoluta carencia de escrúpulos morales. Hay muchas anécdotas que hablan de su vanidad y de su entendimiento de la política como cuestión de gestos y de fotos. Su tendencia a soslayar el fondo con carretadas de formas empalagosas.

En ninguno de los aspectos de la realidad está adoptando decisiones correctas. Desde luego, no en la economía, en donde empiezan a percibirse síntomas muy inquietantes. Es de ese tipo de personas destructivas que, al tiempo, se presentan con una ingenua irresponsabilidad.

A mí me parece el peor de los presidentes posibles, y aún de los imaginables. Y no es lo menos preocupante que hasta antes de ayer haya gozado de una notable popularidad y generado una tan importante como inmerecida confianza. Me atrevo a aventurar en su caso que más dura será la caída. La zapaterofobia avanza y llegará un momento en que el actual inquilino de Moncloa se hará insoportable, porque nuestra sociedad no está muerta ni envilecida, como muchos –empezando por él- se empeñan en creer.

El desconocido
José Virgilio Menéndez Estrella Digital 22 Octubre 2005

Reflexionaba este martes el director de esta publicación, Antonio Martín Beaumont, sobre la 2ª transición que está promoviendo el presidente del Gobierno. Calificaba de certeras las opiniones de Josep Piqué y de Alberto Ruiz-Gallardón sobre el origen último de los motivos de Zetapé en intentar una nueva etapa política en España, una etapa rupturista con la actual, etapa de progreso y calma que es consecuencia de la llamada Transición española.

Para ellos, el verdadero leitmotiv de esta gran "movida" que está organizando nuestro presidente, es que éste cree ser el depositario de la legitimidad democrática en nuestro país, la cual, para él, "quedó interrumpida" en 1936; en definitiva, sería poner en cuestión todas las características básicas del sistema actual -modelo de Estado fundamentalmente-, encontrando las esencias más democráticas en la Segunda República.

No seré yo tan pretencioso de compararme con las tres personas citadas, pero compartiendo totalmente su análisis, y poniendo el tema del Estatut como ejemplo, me atrevería a añadir un factor que creo que se suele comentar de pasada, y que para mí es una de las claves fundamentales del actuar de Zapatero.

Citaré para demostrar mi afirmación a Manuel Chaves, presidente del PSOE desde hace ya unos años; además de ser un histórico del PSOE, Chaves fue ministro de Trabajo -por cierto, con un balance de una gran destrucción de empleo- y posteriormente presidente de Andalucía.

Pues bien, el Sr. Chaves afirmaba el pasado domingo en una entrevista publicada en un periódico nacional, que en el Congreso Federal del PSOE que eligió a Zapatero secretario general, su candidato era Bono porque "no conocía a Rodríguez Zapatero". Es decir, Chaves, una institución en el PSOE con mucho poder, por cierto, no conocía a un hombre que llevaba de diputado desde 1986. Pero, ¿no había hecho nada reseñable el diputado Zapatero en Cortes en ¡¡14 años!!? ¿No había presentado ninguna iniciativa parlamentaria, ni siquiera preguntas orales o escritas de control al Gobierno sobre su provincia de León? ¿Tampoco se había asomado por asambleas, congresos u otros actos de partido?

Éste es el problema. Alguien que no ha destacado en nada después de media vida en política, que no ha realizado un trabajo parlamentario importante, que es un diputado de banquillo que no es llamado para ningún destino en los gobiernos de la época, que no ha brillado en las asambleas y foros de debate ideológico socialistas, es lanzado por alguien, en concreto por el extravagante Maragall junto a los Tamayos y demás, a la candidatura a la secretaría general. Y es propuesto y promocionado para ese cargo no por ser el mejor en trabajo, oratoria o poder de convicción, sino por ser, a lo peor, el mejor y más moldeable o manipulable, por ser el que en un futuro les podría devolver todo ese apoyo prestado sin rechistar y sin hacer frente a cualquier exigencia por estrambótica que pudiera ser.

Sale victorioso ante Bono en un Congreso caótico en el que las bases reniegan de su clase dirigente, y buscan caras nuevas. Parece sin duda un secretario general de transición.

Sin embargo, el 14 de marzo de 2004, es elegido presidente de Gobierno, cuando menos, contra todo pronóstico. Todo lo demás viene rodado, y evidentemente los días de devolver todo lo recibido anteriormente, y de pagar los servicios prestados, le han llegado ya a Zetapé.

El Rey desnudo
Federico Quevedo elconfidencial  22 Octubre 2005

Tenía la tentación de haber dedicado estas líneas, a las que procuro dotar el fin de semana de una cierta dosis de ironía, a las ocurrencias expuestas con sagacidad infantil por Rodríguez en un reportaje de la revista Marie Claire realizado durante el viaje del presidente a la última cumbre de la Naciones Unidas. Ese en el que Zetapé se tacha a sí mismo de “rojo”, de “justiciero de las mujeres” y de creyente fiel en la “utopía”. Pero no lo voy a hacer, aunque sé que les costará un disgusto a unos cuantos lectores que me habían reclamado, vía e-mail, algún comentario jocoso al respecto. Reconozco que la ocasión lo merece, pero me limitaré a señalar, para satisfaces en parte sus deseos, que a mi Rodríguez me recuerda a Jim Carrey en aquella película titulada en España Como Dios. Me lo imagino haciendo de las suyas con un poder semejante, levantando las faldas de las chicas a su paso con un chasquido de los dedos, o haciéndole crecer la barba a Mariano Rajoy durante una sesión de control parlamentaria mientras cuchichea en su escaño con Maritere de la Vega.

Pero, si les soy sincero, no tengo ganas de bromas. Nos enfrentamos, probablemente, a una de las situaciones más difíciles que atraviesa nuestro país en el último siglo. Al margen de bufonadas en revistas de moda con pretensiones de despiste, Rodríguez ha conseguido llevar al país a uno de sus momentos de mayor tensión político-social, a cuenta de la aprobación de un Estatuto para Cataluña que implica en sí mismo un quebrantamiento del orden constitucional y de la legalidad vigente, y supone el mayor ataque a la unidad de España ejercido desde un poder prestado por la propia Constitución que declara abiertamente su condición de nación soberana y delimita la propia configuración del resto del Estado, dejando el texto constitucional en papel mojado sin que el resto del país pueda decir nada al respecto.

Y estos días mucha gente se cuestiona dónde está el Rey.

No son pocos los que se preguntan por qué Su Majestad no cumple con ese mandato constitucional según el cual él es “el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia” que “arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones” (Artículo 56). Sobre todo cuando al ser proclamado Rey por las Cortes juró “desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas” (Artículo 61). Pues bien, cuando está en juego la unidad del Estado y su permanencia, cuando las instituciones no funcionan de modo regular, cuando se altera el orden constitucional y la legalidad vigente, y cuando no se respetan los derechos de los ciudadanos de todo el Estado ni los del resto de las Comunidades Autónomas, podemos tender a pensar que, a lo mejor, sería bueno que el Rey hiciera acto de presencia, además de esas llamaditas a Mohammed VI para arreglar el tema de las vallas.

Yo no presumo de ser monárquico. En mi fuero interno he creído siempre que Monarquía y Democracia son conceptos incompatibles en la medida que el primero desnaturaliza el segundo, por lo que me siento más próximo a repúblicas presidencialistas en las que son los ciudadanos los que eligen al Jefe del Estado, pero siempre he manifestado mi respeto por una institución que ha venido gobernando este país desde siglos ha. El papel que tuvo don Juan Carlos en la Transición vino a despejar muchas dudas y a alimentar confianzas y respetos que, luego, se afianzaron tras aquel 23-F de malograda memoria. Y, sin embargo, a partir de ese momento y con un gobierno socialista estable en el poder, el Rey se abandonó en manos de una izquierda que lo hipnotizó con sus zalamerías y que le permitió hacer de su capa un sayo mientras el resto del país no nos enterábamos de la misa la mitad. El Rey de todos los españoles pasó a ser el tío de una corte de vividores dispuestos a medrar a la vera de un poder ajeno a los vaivenes de las urnas.

Quizás sea eso lo que ha ablandado lo que antaño fue, o al menos así lo parecía, una firme e inquebrantable posición de defensa del orden constitucional. Hoy el Rey parece más republicano que el propio Carod Rovira. Y es posible que sea esa tendencia suya a evitar que los charcos le salpiquen lo que ha llevado a que una buena parte de esa izquierda reclame ya, abiertamente, el fin de la institución monárquica. Lo hicieron el pasado martes en el Pleno del Congreso que aprobó una ley que iguala los derechos de las mujeres en el acceso a los títulos nobiliarios –curiosa ley, por cierto, apoyada por PSOE y PP sin que sepamos muy bien a que obedece su urgencia- la diputada de Izquierda Unida Isaura Navarro, que acabó su intervención con un “salud y república” entre los aplausos de una buena parte del respetable, y el diputado de ERC Joan Tardá, que se atrevió a vaticinar que a la Monarquía le quedaban algo así como dos telediarios.

El matrimonio del príncipe heredero con una, perdónenme, plebeya, no ha venido, precisamente, a fomentar la pasión por la monarquía. Cuando el propio Rey dice que “ojalá haya la mitad de felipistas que juancarlistas ha habido” es porque sabe, es consciente, de que la institución adolece de una debilidad creciente. Y sí, además, Letizia nos enseña que se acabaron los tiempos de la sangre azul, apaga y vámonos. La Monarquía no se puede democratizar y, si lo hacemos, entonces pierde todo su sentido. De ahí que este sea, en mi opinión, un momento crucial para la supervivencia de la propia institución monárquica. Nadie se ha percatado, creo, pero si el Estatuto sale adelante y logra imponer una configuración confederal de nuestro sistema político, la Monarquía sobra porque, ¿de quién será rey el Rey?

Don Juan Carlos tiene la oportunidad de mostrar abiertamente su profeso constitucionalismo y dejar meridianamente claro, de manera que lo entienda y lo perciba todo el país, que él garantiza la unidad del Estado y el orden establecido. O bien, como aquel emperador del que Petronio dio cuenta al Conde Lucanor, seguir creyéndose revestido de los paños reales cuando, realmente, va desnudo.

LA ALEGRÍA DE OTEGI
Editorial El Ideal Gallego  22 Octubre 2005

Era cuestión de tiempo que el nacionalismo vasco volviera a aumentar la presión sobre el Estado. La fase de repliegue posterior a la comparecencia del lehendakari en el Congreso para exponer su plan secesionista no podía ser eterna y no lo ha sido. La debilidad mostrada por el Gobierno en todo lo relativo al Estatut estaba creando las condiciones perfectas para que desde Euskadi se iniciara una nueva ofensiva y, como si la estrategia estuviera perfectamente planeada, primero hablaron Rafael Díez Usabiaga y Juan José Ibarretxe, y ayer lo hizo Arnaldo Otegi, que se mostró eufórico por la buena marcha de las exploraciones para negociar con ETA.

La alegría del portavoz de Batasuna supone ya de por sí un motivo de preocupación para cualquier demócrata, y más cuando esa satisfacción está motivada por el diálogo con la banda terrorista, que representa la rendición del Estado de Derecho frente a su mayor enemigo. Considerar que las declaraciones de Díez Usabiaga, Ibarretxe y Otegi no guardan relación supone incurrir en un error infantil, ya que los tres aspiran a lo mismo, un País Vasco independiente, y en ese objetivo la banda asesina desempeña un papel fundamental.

La falta de respuesta del Gobierno constituye un asentimiento tácito, es decir, reconocer que se habla con ETA pese a que la autorización concedida por el Parlamento sólo contemplaba esa posibilidad cuando se hubiese producido la renuncia expresa a la violencia. El silencio no puede prolongarse durante más tiempo, porque cada minuto que pase crecerán las dudas, y más después de tantas conversaciones secretas con los políticos catalanes.

Más de veinte colectivos cívicos presentarán un manifiesto por la unidad de España
D. Mazón LR  22 Octubre 2005

Madrid- El Foro Ermua y otros veinte colectivos cívicos presentarán el próximo 5 de noviembre en la madrileña Puerta del Sol el manifiesto «Por la unidad de España: por la igualdad y la solidaridad de todos». En el texto que presentarán en Madrid se defiende que la Constitución «ha posibilitado el periodo más próspero, pacífico y solidario de la reciente Historia de España», sólo alterado «por la permanente deslealtad de los nacionalismos». Tras criticar propuestas como el plan Ibarretxe o el estatuto catalán, el manifiesto proclama que la Constitución «sólo debería ser modificada por un proceso explícito para su reforma y no forzado unilateralmente desde una Comunidad Autónoma». Por tanto, concluye el texto, «es obligación del Gobierno de la Nación y de las Cortes Generales hacer fracasar cualquier intento que pretenda debilitar España».

El Foro Ermua, además de estar apoyado por otros colectivos como Convivencia Cívica Catalana, Foro El Salvador, Dignidad y Justicia, Manos Limpias, y otros muchos, pretende, a través de su página web (www.foroermua.com) que se adhieran al manifiesto todos los ciudadanos que lo deseen.

LOS PROETARRAS ATACAN LA SEDE DEL PSE EN BARACALDO
Nerea Alzola vincula las amenazas de muerte con el envalentonamiento de los terroristas ante el diálogo con Zapatero
El pasado fin de semana el domicilio de la concejal del PP en la localidad vizcaína de Sondica fue atacado. Primero le destrozaron el buzón. Después, los proetarras dejaron en la puerta de su casa un saco que simulaba ser una bomba. Previamente, durante toda la semana, desde el entorno de Batasuna-ETA había estado recibiendo amenazas de muerte con frases como "te vamos a enterrar". En la COPE ha relatado que los mismos que la amenazan no tienen reparos en reconocerlo impunemente delante de la Policía autonómica.
Libertad Digital  22 Octubre 2005

Contrapone esta actitud a la de hace un año y medio: "Estaban completamente cercados por sus actos delictivos". En La Mañana del Fin de Semana de la COPE, Nerea Alzola ha explicado que el fin de semana pasado los proetarras le arrancaron el buzón de su casa y le robaron la correspondencia. Sólo horas después de llamar a la Policía autonómica vasca y denunciar estos hechos, se encontró, a la puerta de su domicilio, "un saco, un bulto de plástico como con cinta de embalaje". Tanto ella como su novio, concejal del PP en Bilbao, se asustaron y nuevamente dieron aviso a los agentes. "No sabíamos lo que contenía esa bolsa y hay precedentes de desgracias y ciertos actos que te fastidian la vida y no te dejan vivir por parte de gentuza que tenemos en esta tierra".

Era el colofón a una semana en la que desde el entorno de Batasuna-ETA le habían estado increpando. "Lanzaban mensajes como te vamos a enterrar, represora de la libertad de Euskal Herria y cosas inteligibles que realmente no se pueden entender, no tienen sentido a no ser que se entienda que provienen de personas absolutamente irracionales".

En la COPE, Alzola ha resaltado que le llamó la directora para la Atención de Victimas del Terrorismo del Gobierno vasco, Maria Isabel Lasa, "que se puso a mi disposición". También habló con el delegado del Gobierno en el País Vasco. "Paulino Luesma me prometió que se haría todo lo posible por investigar e indagar cuáles son las personas que han realizado esto para poder actuar. Realmente sí se han preocupado y a las fuerzas y cuerpos de Seguridad les estoy muy agradecida. Otra cosa es el camino político que guía a ciertas desorientaciones que nos producen en esta tierra", ha denunciado.

El "handicap" de los concejales del PSE
También ha desvelado que muchos compañeros del PSE se ven en la misma situación, reciben amenazas y son increpados. Sin embargo, ellos "tienen un handicap, que su partido no les respalda al cien por cien y no sienten ese calor y esa firmeza que deberían de sentir. El camino que están tomando ahora mismo estos rumores de negociación los siento como un mercadeo con mis libertades, como un ofrecimiento de mi derecho a la vida y mi derecho a la libertad a una gentuza terrorista que se cree en posición de juzgar quién debe vivir y quién debe ser ejecutado. Ese tipo de dialogo, que la palabra queda muy bonita, me produce mucha tristeza y me da mucha pena que la sociedad vasca pueda estar tendiendo a este tipo de engaños".

Alzola tiene claro que los criminales "indudablemente" se han envalentonado y están recuperando el espacio que habían perdido en las calles del País Vasco. Y se apoya en el relato de los hechos: "Hace año y medio yo entraba y salía de casa, iba por la calles de Bilbao y notaba que había gente que me hablaba, que me felicitaba, la gente se atrevía a empezar a hablar y ellos (los raciales) pasaban mirando al suelo. Hoy en día pasan por mi lado y aunque haya agentes de la Ertzaintza presentes se atreven a insultar y a reconocer delante de ellos que me insultan, que me increpan y que me injurian todos los días. Lógicamente, esto hace un año hubiera sido impensable. Estaban completamente cercados por sus actos delictivos. No se atrevían a cometer delitos. Ahora mismo esto es un caos, no s puede soportar cómo se ríen todos los días de ti en la calle, y te insultan y además tu no puedes hacer nada. Es una impotencia horrorosa".
Atacada la Casa del Pueblo de Baracaldo

Terroristas callejeros causaron en la madrugada de este sábado daños materiales en la Casa del Pueblo de la localidad vizcaína de Baracaldo con el lanzamiento de varios artefactos incendiarios contra la sede socialista, informó el departamento vasco de Interior.

Los cócteles molotov no llegaron a afectar al interior de la sede del PSE-EE y únicamente dañaron la persiana y la fachada del local, que quedaron ennegrecidas.
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