AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 10 Noviembre 2005
El Estatuto de Cataluña, esencia del pensamiento reaccionario
Antonio Cabrera periodistadigital 10 Noviembre 2005

El refrán
El Blog de Alfonso Basallo perodistadigital 10 Noviembre 2005

El pingüe interés político en una OPA
EDITORIAL Libertad Digital 10 Noviembre 2005

y 2. Una confrontación inevitable
Alberto Recarte Libertad Digital 10 Noviembre 2005

La paradoja de Zapatero
Jorge Martínez Fernández Libertad Digital 10 Noviembre 2005

Bono en las antípodas
GEES Libertad Digital 10 Noviembre 2005

Dos soberanías, ¿se niegan o se enriquecen?
Juan Pablo Mañueco El confidencial 10 Noviembre 2005

Rajoy planta cara a Zapatero: la Constitución no se toca sin consenso
Editorial Elsemanaldigital 10 Noviembre 2005

Esperanza Aguirre acorrala a Zapatero en sus contradicciones
Pascual Tamburri elsemanaldigital 10 Noviembre 2005

Esperanza
Cartas al Director El Correo  10 Noviembre 2005

Nación, autonomía y federalismo
JAVIER PRADERA El País 10 Noviembre 2005

El español no admite dudas
ANTONIO ASTORGA ABC 10 Noviembre 2005

El Estatuto de Cataluña, esencia del pensamiento reaccionario
El Blog de Antonio Cabrera periodistadigital 10 Noviembre 2005

Resulta sorprendente el espeso silencio mediático que ha rodeado la presentación del Manifiesto "Por la unidad de España, por la igualdad y solidaridad de todos los españoles", convocado por el Foro de Ermua y medio centenar de asociaciones y colectivos cívicos de toda España en la Puerta del Sol de Madrid. Sobre todo teniendo en cuenta la gravedad del envite del Gobierno socialista contra la sociedad española, al patrocinar una propuesta tan insolidaria y reaccionaria como es el nuevo Estatuto de Cataluña y su toma en consideración por el Congreso de los Diputados.

Pero más que la falta de apoyo del PP -acorde con sus atávicos complejos o con sus interesados equilibrios-, y del PSOE -el que se mueva no sale en la foto- o de las burdas descalificaciones de algunos descerebrados al Manifiesto, lo que no deja de preocuparme -en política no existen las casualidades-, es el silenciamiento mediático del mensaje en asunto de tanta trascendencia y el ocultamiento del éxito de una convocatoria ejemplar. Un llamamiento que, por encima de ideologías políticas, consiguió reunir a miles de ciudadanos que abarrotamos la Puerta del Sol de Madrid en defensa de Nación y de la Constitución española. Y eso sin contar con ningún apoyo político, ni institucional, ni mediático -salvo alguna cuña radiofónica, de pago, naturalmente- y de estar promovido por un modesto colectivo, vasco por más señas, en la capital de España.

La organización, magnífica. La Puerta del Sol era una fiesta de color, alegría y banderas nacionales, escoltadas por las de todas las Autonomías. El acto, presentado por la periodista Carmen Gurruchaga, que hace unos años tuvo que abandonar el País Vasco, contó con la participación de Jon Juaristi, catedrático de Filología y Presidente de Papeles de Ermua, que leyó el Manifiesto.

Tomaron también la palabra Gustavo Bueno, catedrático de Filosofía, Francisco Caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana, y Conchita Martín, viuda del coronel Blanco, asesinado por ETA tras la última tregua. Cerró el acto Mikel Buesa, presidente del Foro Ermua.

Centenares de catedráticos y profesores universitarios, escritores, periodistas, profesionales y ciudadanos de toda España, han suscrito ya el Manifiesto “Por la unidad de España, por la igualdad y la solidaridad de todos”, al que se puede acceder en www.foroermua.com.

Una representación ocupó el estrado en la Puerta del Sol. Entre los firmantes del Manifiesto se encontraban Consuelo y Miguel Blanco Garrido (padres de Miguel Ángel Blanco), Ana Vidal-Abarca, María del Carmen Lasheras (viuda de Fernando Múgica, concejal del PSE de San Sebastián asesinado por ETA), Gabriel Albiac, Antonio Mingote, Fernando García de Cortázar, Jesús Laínz, Iñaki Ezkerra, Hermann Tersch, Iñaki Arteta, Tomás Cuesta, Mikel Azurmendi (de las Comisiones de la Diáspora Vasca), Benigno Pendás, Jesús Zarzalejos, César Alonso de los Ríos, Carlos Bustelo, César Vidal, Juan Ignacio Hernaiz, Pío Moa, Agapito Maestre y el ex-párroco de Maruri (Vizcaya) Jaime Larrínaga y Alfonso Ussía, entre otros.

Asimismo, mezclados entre los manifestantes asistieron a la concentración el alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón, con diversos concejales de la Corporación municipal, Ana Botella y Ángel Cobo entre otros. También pudimos ver a la eurodiputada del PP Loyola de Palacio.

A continuación transcribo el texto íntegro del Manifiesto, del que también tengo el honor de ser firmante.

MANIFIESTO: (20051105.htm)

El refrán
El Blog de Alfonso Basallo perodistadigital 10 Noviembre 2005

OTROS vendrán que bueno te harán”. Ahora que el PSOE, vampirizado por ERC, se está riendo de los españoles con la farsa del Estatut, es comprensible la tentación de acudir a ese refrán para referirse a Felipe González Le sale a uno del alma, viendo el abismo al que nos conduce Zapatero.

Pero conviene mantener la cabeza fría. No, señores, no. Cualquier tiempo pasado no fue mejor. Lo de ahora es tremendo, inquietante incluso… pero lo del felipismo fue para ponerle a uno los pelos como escarpias.

Ahora tenemos, por ejemplo, una reforma judicial que implica más politización de la justicia… pero quienes comenzaron a echar paletadas sobre el cadáver de Montesquieu fueron los socialistas de 1982. Fueron ellos quienes exportaron la hegemonía electoral a las principales instituciones del Estado, a fin de neutralizar los mecanismos de control del Ejecutivo. Sin olvidarse de incluir al fiscal general y al Consejo General del Poder Judicial… que ¡podían ser muy útiles en caso de aprieto!

Fueron ellos quienes eliminaron el recurso previo de inconstitucionalidad, único filtro que impide la entrada en vigor de leyes hasta que se pronuncie el Constitucional. “Las leyes no pueden permanecer paradas por 12 personas que además no han sido elegidas por las urnas”. No es una broma, es una cita. Autor: Alfonso Guerra. Ese que algunos quieren beatificar ahora como si fuera un santo de la democracia.

Ahora tenemos el veraneo ilegal de los Zapatero en La Mareta o la compra de voluntades del ministro Caldera en su pueblo natal -asuntos destapados por ÉPOCA-, pero durante el felipismo se acumulaban los casos de corrupción -desde Filesa a Ibercorp-. Ni siquiera el beato Guerra, actual tarro de las esencias democráticas, se libró de la salpicadura, con el despacho de su hermano Juan -que ¡oh casualidad! también destapó ÉPOCA-.

Ahora, el Gobierno Zapatero negocia bajo cuerda con ETA, burlándose de los casi mil muertos por el terrorismo y de los 40 millones de españoles, cuya seguridad no es capaz de garantizar. Pero el felipismo no sólo fue incompetente en la lucha contra ETA y negoció con la banda, sino que alentó el terrorismo de Estado, con los GAL, con el agravante de que no sólo se equivocaron de objetivo, sino que metieron la mano en la caja.

Ahora apenas empiezan a parpadear las alarmas rojas de la economía (Solbes aún vive de las rentas de la laboriosa hormiguita Rato), pero en los últimos años del felipismo, España alcanzó el índice de paro más alto de los países industrializados y la peseta cayó por los suelos con cinco devaluaciones sucesivas.

Ahora, el zapaterismo cosecha apoyos en la minoritaria clá rosa. Pero el felipismo llenó de subsidios los silos de votos del agro extremeño y andaluz y consiguió aletargar a buena parte de la sociedad, por el procedimiento de copar la televisión y de sacar de excursión a los jubilados, siempre tan agradecidos.

El gallego Rajoy ha recurrido a la ironía al invocar al espectro de González, y ha hecho bien, para subrayar gráficamente la insensatez de Zapatero.

Pero desenterrar el socialfelipismo sería tan fétido como remover las tumbas de 1936. ¿Cómo era...? ¿Lasa y Zabala? Tengamos la fiesta en paz.
Claro que esto no ha hecho más que empezar. Si el felipismo en 14 años fue tan devastador, imaginemos hasta dónde puede llegar España si Zapatero continúa gobernando unos meses más

El pingüe interés político en una OPA
EDITORIAL Libertad Digital 10 Noviembre 2005

La revelación del diario El Mundo sobre los cerca de 14 millones de euros que el PSC debe a La Caixa, no sólo confirma el descarado interés político de los gobiernos de Maragall y Zapatero en la OPA de Gas Natural sobre Endesa, sino también un escandaloso trato de favor hacia un partido político que, desde 1994, no ha devuelto ni un solo euro de un crédito vencido en esa fecha.

Viendo la designación política de sus miembros, no debía haber sorprendido a nadie el clamoroso cambio de criterio que, sobre este tipo de fusiones, reflejaba el pasado martes la Comisión Nacional de Energía al autorizar, con nimias condiciones, la OPA de Gas Natural sobre Endesa. Menos aun, si la persona que preside el organismo regulador, Maite Costa, es amiga personal del ministro Montilla, primer secretario del PSC, y ex diputada, ella misma, del partido que tan escandaloso trato de favor recibe de La Caixa, accionista principal de Gas Natural.

El PP ha pedido, lógicamente, que el ministro Montilla se inhiba de tomar cualquier decisión, tanto en la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, como del Consejo de Ministros, en el supuesto en que sea el Ejecutivo Central –y no la UE– el que deba decidir sobre la OPA. No obstante, la neutralidad e independencia de un ministro –o de un Gobierno– ante una operación en la que está implicada La Caixa, no sólo las desacredita el hecho de que el PSC adeude a esta entidad financiera 14 millones de euros, sino el propio control político que el tripartito ejerce sobre esta entidad que, como Caja de Ahorros, tiene una naturaleza semipública. Eso, por no hablar de las propias manifestaciones de Montilla contra la actual dirección de Endesa, o de los objetivos políticos reflejados en los Pactos del Tinell, como era el compromiso de “actuar desde la Generalidad, en concertación con el sector privado, para impulsar la creación o la consolidación, en su caso, de empresas y operadores catalanes, públicos o mixtos, en sectores estratégicos tales como los de la energía, telecomunicaciones, o infraestructuras”

Ahora vemos que el interés político socialista en esta OPA lo es por partida doble. Tanto para satisfacer los delirios intervencionistas del tripartito catalán a través de La Caixa, como para utilizar a esta entidad financiera en provecho de unas “ventajosas” vías de financiación al PSC que el propio Tribunal de Cuentas considera “irregulares”

Más que inhibirse, lo que debería hacer, pues, Montilla es dimitir. Bastante desvarío constitucional les ha inflingido al PSOE y al Gobierno de la nación la rémora del tripartito catalán, como para que ahora les trajera también de vuelta los aciagos días de la corrupción.

La Constitución de 1978 no está en vigor
y 2. Una confrontación inevitable
Alberto Recarte Libertad Digital 10 Noviembre 2005

III. ¿Una nueva estrategia electoral para el PP?
Con todos los matices que se quiera, con todas las variaciones posibles, esa, creo, es la estrategia del PSOE de Rodríguez Zapatero. Si tengo razón, el PP no tendría más remedio que acudir a las elecciones generales en 2008 con unos planteamientos que tengan en cuenta esas nuevas circunstancias. El programa electoral del PP sólo podría ser un proyecto de reforma de la Constitución de 1978 para, si gana por mayoría absoluta, desarrollar ese proyecto en las Cámaras, disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones. Algo muy duro para cualquier partido, que podría encontrarse incluso con dificultades para conseguir el apoyo de las autonomías gobernadas por el propio PP. Pero esa es la única oportunidad que nos queda a los españoles para poder opinar sobre si preferimos seguir viviendo en el estado-nación España o si preferimos disgregarnos en un número indeterminado de nuevos estados.

El resultado de una consulta electoral con un nuevo proyecto de Constitución es incierto. A estas alturas no sabemos hasta qué punto España es fundamental, como organización política, para los propios españoles, pues la enemiga de la izquierda y los nacionalismos han permeado los libros de texto, los medios de comunicación y no sabemos si, también, las concepciones personales de los propios españoles.

IV. Una nueva constitución
Una nueva constitución tendría que ser más clara que lo ha sido la del 78 en relación con las competencias estatales y autonómicas y con la representatividad de los distintos partidos políticos en el Parlamento. Tendría que ser una constitución federal, pues eso es el Estado de las autonomías, con una clara distinción entre competencias del estado central y competencias de las actuales autonomías, para evitar la repetición –si todo sale bien– en otra generación, de un proceso centrifugador similar al que padecemos. Sería necesaria una nueva ley electoral, para adecuar la representación del voto popular en detrimento de la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas, aunque ello suponga reconocer políticamente el peso que en España conserva la extrema izquierda. Habría que recuperar competencias cedidas o compartidas con las actuales autonomías. Y recuperar las que sin duda se cederán a Cataluña en el estatuto que ilegalmente se va a debatir en el Congreso. Tendría que establecer igualmente procedimientos para evitar su propia desnaturalización por una vía ilegal, como la actual emprendida por Rodríguez Zapatero. En concreto, sería necesario sustituir al actual Tribunal Constitucional, dominado por intereses partidistas, por el propio Tribunal Supremo o por otra instancia más jurídica que pudiera crearse, en la que pesaran más los argumentos puramente jurídicos a la hora de interpretar el texto constitucional que el sesgo político de los miembros designados por los correspondientes partidos. Y habría que abordar, en la propia constitución, el acceso a la carrera judicial, los sistemas de promoción interna, la elección o no de los propios jueces; en definitiva, asegurar la existencia de un poder judicial mucho más independiente y democrático que el actual.

Creo que la confrontación sobre el contenido y los límites de una nueva constitución es inevitable. Necesitamos saber si somos mayoría los que creemos que España existe, como nación y como estado. Los que creemos que nos avalan la historia y la experiencia de muchos siglos. Los que pensamos, al margen de consideraciones sentimentales, que es el sistema de organización política más adecuado para escapar a los despotismos y a la corrupción populista que caracteriza a los estados dominados por el nacionalismo o el intervencionismo populista de izquierdas.

V. Una confrontación inevitable
La confrontación es inevitable porque por parte de Rodríguez Zapatero y el PSOE la decisión está tomada. Para ellos ha llegado, finalmente, el momento de reiniciar políticamente la guerra civil, con la esperanza de ganarla y derrotar para siempre a sus enemigos. Por cualquier medio, legal o ilegal, algo que ya ocurrió en 1934. Incluso, utilizando las amenazas y la coacción. No en vano es parte activa del Gobierno un partido como ERC, que tiene pactos con ETA. Y no en vano el actual gobierno ha propiciado y permitido ilegalmente la presencia de los proetarras en el parlamento vasco.

Los votantes, los militantes y los dirigentes del PP pueden optar por creer que este panorama es catastrofista y seguir haciendo política como si estuviera en vigor la Constitución de 1978. Si lo hacen, todos perderemos la partida, porque la historia no se terminó con la Constitución de 1978. De hecho ha comenzado un nuevo proceso constituyente, en el que se van a enfrentar el populismo revolucionario de las izquierdas, aliada con el nacionalismo separatista y los defensores de un orden constitucional garante de los derechos individuales, como lo ha sido la Constitución de 1978. Estamos, para nuestra desgracia, a punto de saber si seguimos siendo España o si somos Checoslovaquia, Yugoslavia o la España de la I República. Es muy posible, dada la política de ruptura del PSOE y las dificultades para que el PP tenga mayoría absoluta en las próximas elecciones, que sea imparable la instauración de una nueva república o una monarquía, sin ningún contenido, que presida un estado confederal. La tercera república sería parecida a la España aparentemente feliz de la I República. Si eso ocurre, me temo que será sólo un estadio transitorio, que daría paso a una situación de enfrentamiento a la yugoslava. Hay sólidas razones para creer que una nueva confederación de naciones ibéricas llevará, nuevamente, a la violencia. Y muchas de esas razones son económicas, que examinaremos en próximos artículos. Aunque podría producirse una reacción ciudadana de defensa de un orden constitucional similar al que hemos tenido desde 1978 y lograr, definitivamente, alejar los fantasmas de la guerra civil.

La paradoja de Zapatero
Jorge Martínez Fernández Libertad Digital 10 Noviembre 2005

A lo largo de la historia ha habido políticos capaces de establecer diferentes marcas que no han sido jamás batidas y permanecen en lo que podríamos denominar el Libro Guinness de la Política.

Aspectos como la longevidad, el porcentaje de votos o el número de reelecciones suelen ser potestad de los dictadores al igual que los actos genocidas; basta con observar la figura de Fidel Castro para darse cuenta de las numerosas marcas que atesora en su poblada barba.

En los regímenes democráticos las marcas suelen ser, afortunadamente, de otra índole; aunque se han dado casos de competitividad para alcanzar la cima de dirigentes corruptos, de cambios de partido o, en menor riesgo, de promesas incumplidas, marca esta a la que se suman a lo largo de la historia varios dirigentes a cada cual menos cualificado.

En España desde la recientemente finiquitada, o mejor dicho exterminada, transición democrática los diferentes gobernantes nacionales o autonómicos han elaborado un capítulo aparte en ese imaginario Libro Guinness de la Política. Pero si alguien se merece entrar en él con letras de oro es el actual presidente del Gobierno, que en un año y medio ha logrado establecer una marca difícil de batir: Establecer la primer paradoja imposible en la historia de la política y hacerla posible o, al menos intentar, que su paradoja sea una realidad para lo que cuenta con el inestimable apoyo de los corifeos mediáticos y los “intelectuales” de bachillerato asentados en la política nacionalista.

La paradoja de Zapatero es sencilla en su definición pero oscura en su coste real: Ha logrado que España tenga un pasado impredecible y un futuro predecible.

Un logro que es el fruto de una gestión basada en una incultura indolente y una
mentalidad primitiva que confunde el progresismo con el revanchismo. Su máxima pretensión es que los españoles desconozcamos nuestro pasado, que nos olvidemos del espíritu de la transición y del afán de consenso de un pueblo que reclamaba la unidad y la paz; su objetivo es reescribir la historia y devolver a España al inicio de una cruenta guerra incivil, para iniciar desde ahí su andadura hacia los objetivos ensalzados a raíz de la revolución del 34 y que nunca llegaron a ser una realidad.

Quiere vivir la historia soñada por él desde el desprecio a la dictadura franquista, pero desde el odio del retroceso y el olvido de lo que el año 1978 supuso para España.
Ese pasado impredecible se torna en un futuro predecible en la paradoja de Zapatero, en un futuro donde los hechos políticos se orientan a la ruptura de España, a la supresión del concepto de Nación y hacia un sistema político donde las minorías se consolidan como mayorías de decisión y donde España desaparece oculta tras una sonrisa aterradora y un discurso repleto de falsedades.

Viaje a Australia
Bono en las antípodas
GEES Libertad Digital 10 Noviembre 2005

El ministro de Defensa no ha encontrado mejor destino para poner tierra de por medio del debate sobre el Estatuto catalán que marcharse a Australia. Bono ya se ausentó del Consejo de Ministros siguiente a la aprobación del proyecto por el Parlamento catalán para irse con Felipe González a Jaca a criticar soslayadamente la deriva nacionalista de Rodríguez Zapatero. El Ministro de Defensa se ausentó también del Pleno del Congreso el día del debate de admisión del texto para impartir su doble doctrina españolista y pacifista en una universidad gallega. Pero ahora ha decidido que las antípodas se quedan cerca para marcar distancia con su Presidente.

El motivo formal de la visita, que incluye otros países de sudeste asiático, será promocionar la venta de armas españolas por ese área, algo a lo que el ministro ha cogido cada vez más gusto. Al parecer, Australia podría tener interés por conocer nuestro Buque de Proyección Estratégica. La misión recuerda mucho a los intentos frustrados del pasado por tratar de venderle un portaeronaves tipo Príncipe de Asturias a esta misma Nación. En todo caso, esperamos que este viaje de Bono tenga más éxito que el que realizó secretamente a su compadre Chávez para venderle unas corbetas que finalmente el Coronel bolivariano comprará a Francia y no a España.

Si nos admite un consejo, recomendamos al ministro de Defensa que no se recree en este país-continente en declarar ilegal la guerra de Irak, y en señalar el tremendo error de haberla apoyado. Australia ha sido y es uno de los aliados más firmes de Estados Unidos y su Primer Ministro ganó las elecciones haciendo de la cuestión de Irak y la lucha contra el terrorismo una de los ejes de su campaña. Fue también uno de los países que más abiertamente criticó la decisión del Gobierno Zapatero de huir precipitadamente de Irak como una claudicación frente a los terroristas.

No sería por tanto este discurso la mejor carta de presentación para defender los intereses comerciales del sector defensa español, aunque al ministro le pueda la tentación de mandar desde el otro lado del mundo un nuevo misil dialéctico al principal partido de la oposición, que además ha boicoteado la delegación parlamentaria que acompañará al Ministro.

Puestos a dar consejos, recomendamos también a nuestro ministro de Defensa, que tanta afición ha cogido a nuestros artículos, que tome buena nota de las reformas legislativas que ha emprendido el Parlamento australiano para ser más eficaces en la lucha contra la amenaza terrorista, y que le pase esa información a su buen amigo el ministro del Interior, José Antonio Alonso. Será muy útil para que nuestro país pueda en el futuro impedir un nuevo 11-M.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Dos soberanías, ¿se niegan o se enriquecen?
Juan Pablo Mañueco (Guadalajara) El confidencial 10 Noviembre 2005

El rancio y etnicista Estatuto Anticatalán, negador de la pluralidad interna de Cataluña, me atrae tan poco y me seduce tan nada como las figuras desfasadas que mejor ejemplifican tal ideología: Franco, Hitler, Mussolini, Pasqual Maragall, Carod Rovira... todos ellos nacional–socialistas. Menos el primero, que ése era nacional–sindicalista, aunque dicha modificación nominal ocultaba lo mismo: que el “territorio”, además de ser superior al individuo, tiene “identidad única” ante la cual deben plegarse los buenos súbditos, que tienen el deber de someterse a sus dirigentes o caudillos.

Es la “identidad nacional”, como dijo el mago ZP, el cual revela ser brujo tan poco original -un simple ZPotterillo, muy simple y no menos intelectualmente descalzo- que parece decantarse por el término más nacional-socialista entre los posibles: aquel que no deja ningún lugar a dudas de la subordinación del individuo a la “nación” (más exactamente a sus caudillos), porque ambos han de ser “idénticos”... La Libertad y el liberalismo son precisamente lo contrario: que los “entes” se supediten y sirvan famularmente, servicialmente, a los individuos, que siempre son plurales.

Pero ni ZP tiene inteligencia para comprender algo tan básico ni los viejos pensamientos totalitarios han desaparecido de esta Península, sino que anidan gustosamente en los franquistas periféricos de nuestros días, sólo que cambiando la “identidad nacional” bajo la cual quieren ejercer su dominio.

No fueron las tercas contradicciones de Zapaterco las que me sorprendieron, porque este pintoresco personaje tiene una altura intelectual que ya va quedando clara hasta para sus votantes, sino los imposibles equilibrios de Manuela de Madre, portavoz del PSC, para argumentar a la vez una cosa y la contraria,

Resulta que para doña Manuela “la nación catalana no niega a la nación española, sino que la enriquece”. O dicho de otra forma más peregrina, pero sólo por ser más comprensible: “una soberanía (o un rey) no niega a otra soberanía (o a otro rey), sino que hay dos o diecisiete soberanías (o reyes)”.

¡Pues ésa es la madre del cordero, doña Manuela!: si “nación” es lengua, ¿por qué no hablan los seminacionalistas monocatalanes de “las dos (o más) naciones de Cataluña: internamente y en sí misma nación de naciones”? En este sentido, cierto que no se negarían mutuamente, sino que serían riqueza: que asuman los seminacionalistas catalanes la riqueza que tienen. Como la asume ya la pluralista y moderna Constitución de España.

Pero si nación es lo que es y lo que todo el mundo entiende: el sujeto constituyente de la soberanía... le aseguro a la madre de doña Manuela, al primo de ZP y a toda la familia nacionalista y medioidentitaria que quiere colarnos su entera falacia que no son posibles dos soberanías en el mismo lugar. Y cuando lo son, provisional y desequilibradamente, se llaman “co–soberanía” y Plan Ibarretxe.

¿A qué se juega, pues, en este debate del Estatuto/Constitución de la Cataluña Monoidentitaria...? ¿Cuántos meses dicen que van a estar tratando de ocultar lo que en realidad se dirime?

Propóngase por parte de quién así lo quiera la reforma de la Constitución para acoger distintas naciones constituyentes, y asúmanse los costes electorales de ello. Pero no se juegue al engaño, porque de ese fraude evidente no pueden sobrevenir más que perversiones y cansancio.

El Estatuto Anticatalán y Anticonstitucional miente o engaña desde la primera palabra. La nación catalana no existe ni como entidad soberana ni como monoidentidad que rechaza la riqueza interna de Cataluña.

Rajoy planta cara a Zapatero: la Constitución no se toca sin consenso
Editorial Elsemanaldigital 10 Noviembre 2005

Zapatero ha intentado engañar a los españoles, negociando con el PP una reforma mínima de la Constitución y pactando un Estatuto radical con los nacionalistas. Le han descubierto.

10 de noviembre de 2005. El líder del PP, Mariano Rajoy, es un político veterano. Ha sido todo en su partido y en el Gobierno de España, y sabe que hay un momento para las concesiones y otro para la firmeza. Ha decidido que es la hora de la firmeza, y el Partido Popular ha condicionado su apoyo a las reformas constitucionales a un consenso entre los dos grandes partidos sobre los Estatutos de Autonomía. Es, sin duda, una apuesta fuerte, aunque lógica.

También es una decisión inevitable. Jurídicamente, los Estatutos forman parte de lo que los técnicos llaman el "bloque de constitucionalidad", las normas generales que afectan a todos los ciudadanos. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha intentado manejar al PP, buscando sus votos para reformar la Constitución propiamente dicha y rompiendo a la vez el consenso constitucional con el centro derecha en Cataluña. Porque para eso no necesita sus votos, y en cambio sí quiere los de Josep Lluís Carod-Rovira y Esquerra Republicana para gobernar.

Zapatero ha querido atrapar al PP en el consenso sobre una reforma limitada de la Constitución, en asuntos como la sucesión real, el Senado y las relaciones con Europa; y a la vez ha aceptado cambiar cuestiones esenciales a través del Estatuto del presidente catalán Pasqual Maragall, intentando evitar al PP, cuyos votos serían imprescindibles.

El PP responde ahora de la única manera posible: condicionando su apoyo a una reforma consensuada de la Constitución a que Zapatero incluya en el consenso todo lo que ha querido hurtar, a través del proyecto de Carod y Maragall.

El PSOE dirá ahora que Rajoy no es dialogante, y que no quiere acuerdos; pero la verdad es que no se puede alcanzar acuerdos con quien no los cumple –y Zapatero no ha cumplido su acuerdo institucional sobre nacionalismos y terrorismo de enero de 2005 con Rajoy- y no se puede pactar asuntos decisivos con quien no suele cumplir sus pactos o, peor aún, es capaz de negociar en términos absolutamente opuestos con otros interlocutores.

Cuando además lo que Zapatero hace es elegir los votos minoritarios de Carod en vez de los diez millones de votos de Rajoy, es lógico que éste reaccione ofreciendo consenso pero negándose a prestar sus votos para una mascarada. Es posible que en el Congreso y en el Senado el PP esté –como dice Zapatero- "solo y descentrado". Pero es seguro que el PP cumple sus promesas y que no quiere cambiar las reglas del juego contra la voluntad general. Tal vez por eso Rajoy ha podido decir "estamos solos, sí, pero con medio PSOE detrás". Y es que el que a consenso mata a consenso muere.

Esperanza Aguirre acorrala a Zapatero en sus contradicciones
Pascual Tamburri elsemanaldigital 10 Noviembre 2005

El Senado es una cosa aburrida. Tal vez sea sólo este Senado de la actual monarquía democrática, en el que ya no se sientan los viejos senadores por derecho propio, ni los Grandes, los prelados y los generales. Al menos el Senado de Cánovas tenía cierta grandeza decadente; habría sido divertido ver en él a Zapatero. Algo habrá que hacer, pero hay otras urgencias.

El debate de los días pasados sobre el estado de las autonomías se anunciaba, como siempre, innecesario, rutinario y aburrido. Un tostón de personas que necesitan justificar la existencia de su cargo, en régimen de latisueldo como sucede a menudo. Sin embargo, ha sido inesperadamente revelador de los rumbos de la nación, y en él hemos retratados a los protagonistas presentes y futuros de la vida española. Una certeza: Zapatero tiene una idea revolucionaria de España, capaz de crear la confrontación civil. Una confirmación: Rajoy, el protagonista silente, gana consensos incluso entre los desorientados socialistas, y podrá ganar si no hay un golpe de timón. Una sorpresa: algunos presidentes autonómicos saben hablar, e incluso piensan de manera consistente, y entre ellos destaca Esperanza Aguirre.

No voy a negar que la mujer y su contundencia me caen bien. Al menos me caen mejor que la cursilería empalagosa de iletrados notables como el aún bachiller José Montilla o el aún bachiller Pepiño Blanco. La presidenta de la Comunidad de Madrid es un valor en alza, pero no se trata de una maniobra especulativa de la Bolsa política. No es una creación mediática, sido de una afirmación cotidiana de capacidad y de tesón. Y en el Senado hemos visto una Aguirre crecida, consciente de que, como presidenta de la Comunidad capitalina era allí la voz de la España que se resiste a morir.

Zapatero no ha contestado más que con insulsos lugares comunes, pero la pregunta ha quedado en el aire: ¿desea el PSOE "una España federal, confederal o una disgregación de repúblicas ibéricas"? Aguirre ha tenido la virtud de representar en el Senado no sólo a los madrileños, no sólo a los votantes de centro derecha, sino a todos los españoles de cualquier lugar, origen, edad y credo que se preguntan dónde nos llevará el sectarismo izquierdista, antinacional y masónico del actual Gobierno, que sustituye "el pacto constitucional por el pacto con los nacionalistas radicales y con IU".

Ahora toca, como es lógico, que los medios de comunicación de la izquierda vendan la afirmación de Aguirre como una amenaza para el liderazgo de Rajoy. Y nada más falso, para cualquiera que viese, en la tribuna del Senado, a un muy satisfecho Mariano Rajoy, que ve cómo la contundencia de Aguirre favorece todo lo que él defiende y representa. Y no lo olvidemos: tanto Rajoy como Aguirre respaldaron la duda pública que Miguel Sanz expresó allí en nombre de Navarra: ¿está Zapatero dando pasos hacia ETA que impliquen concesiones incompatibles con la dignidad y unidad de la nación?

Esperanza
Nino Muñoz/Vitoria-Gasteiz
Cartas al Director El Correo  10 Noviembre 2005

En el PNV no dicen con claridad por dónde, con quién, ni cómo quieren ir. Qué es lo que pretenden ni de qué manera lo intentan conseguir. Y, además, una cosa es lo que dicen y otra cómo actúan, cómo se expresan y qué es lo que a la postre hacen. Siguen jugando al órdago y al paso, con ambigüedad y victimismo. Ahora, ante el temor a perder el poder, apuestan por enfrentar al PSOE y al PP. Y mientras siguen comprometidos en apoyar a Batasuna y a quienes representa. Los jeltzales se han opuesto sistemáticamente a cualquier medida legal para desmantelar el entramado terrorista, sea el Pacto Antiterrorista o la Ley de Partidos. Se fueron del Pacto de Ajuria Enea y rompieron la unidad democrática con el Pacto de de Estella. Dicen que el terror de ETA «ha supuesto grandes daños a la causa vasca». Pero no, ETA, gracias a su tolerancia, ha venido aportando la dosis de coacción social, expolio y violencia necesarias para que el nacionalismo institucional pudiera mantenerse en el poder y desplegar su proyecto de construcción nacional impositivo, excluyente y etnicista. Los nacionalistas han apoyado la 'cultura' que justifica el menosprecio y la persecución del disidente. No han admitido un consenso ético sobre valores y derechos fundamentales, y han consentido y justificado la intimidación, la segregación y la violencia. Han tolerado homenajes a terroristas, permitido sus manifestaciones, y se han preocupado más de legitimar los intereses de los presos etarras que los de sus víctimas, los amenazados, extorsionados y exiliados. Ahora, con su documento sobre pacificación y normalización, lo que sin duda pretenden es correr un tupido velo sobre sus gravísimas 'equivocaciones' y lograr mediante el cese de la violencia el derecho de autodeterminación o, al menos, la hegemonía nacionalista. Al final, de lo que depende una mayor o menor esperanza es de si el lehendakari lo es o no de todos, de si se gobierna para todos, de si comienza a rectificar, a reconocer errores, a aceptar responsabilidades y a pedir perdón.

Nación, autonomía y federalismo
JAVIER PRADERA El País 10 Noviembre 2005

El debate sobre el Estado autonómico iniciado anteayer -concluirá hoy- en la Comisión General de las Comunidades del Senado llevaba ocho años sin celebrarse. Aunque los puntos nuevos de la agenda (desde la ampliación de competencias hasta la reforma constitucional de la Cámara alta, pasando por la cooperación comunitaria multilateral) era casi tan amplia como el listado de oradores, la sesión se solapó con el reciente Pleno del Congreso que admitió a trámite la propuesta de nuevo Estatuto catalán. No se trataba sólo -aunque también- de que los presidentes territoriales del PP estuviesen deseosos de sacarse la espina de la derrota cosechada en solitario por el principal partido de la oposición hace una semana. La conexión tampoco se reducía a que el lehendakari Ibarretxe hubiese utilizado como pretexto para su ausencia el portazo dado en su día por el Congreso -gracias al voto conjunto de socialistas y populares- al nuevo Estatuto vasco. Además, la intervención inaugural del presidente del Gobierno prolongó sin solución de continuidad la línea central de su cercano discurso en la Cámara baja: el éxito del Estado de las Autonomías sería el mejor aval para las modificaciones estatutarias en curso (Valencia, Cataluña) o en preparación (Andalucía, Aragón, Canarias, Asturias, Baleares, Castilla-La Mancha, Extremadura y Murcia) destinadas a aceitar su funcionamiento y mejorar sus prestaciones.

La justificación de las futuras reformas estatutarias sobre la base de los logros conseguidos en el pasado por el Estado autonómico abre, sin embargo, flancos a la crítica. Abstracción hecha de que el optimismo antropológico de Zapatero le mueva a profetizar la epifanía ascensional del Estado de las Autonomías por la escala de Jacob de sus reformas, no cabe descartar la posibilidad de accidentes imputables a la imprudencia de los conductores. Los presidentes territoriales del PP también señalaron un aparente non sequitur en el silogismo: dado que las modificaciones parciales del modelo territorial fueron consensuadas desde 1991 hasta hoy por socialistas y populares, la estabilidad a largo plazo de los nuevos Estatutos correría peligro allí donde el principal partido de la oposición -alternativa de Gobierno- estuviese en radical desacuerdo, como ocurre en Cataluña.

El debate en el Senado confirmó el deslizamiento terminológico de la polémica hacia una falsa sinonimia que mezcla confusamente nítidas cuestiones político-jurídicas sobre la distribución territorial del poder planteables ante el Tribunal Constitucional (como la financiación o las competencias) y brumosas reivindicaciones político-ideológicas sobre identidades emocionales ajenas a cualquier instancia arbitral (como el término nación y los llamados derechos históricos). El Estado de las Autonomías, una realidad administrativa definida por la Constitución, no guarda relación conceptual alguna con el Estado plurinacional, una construcción ideológica fabricada por interpretaciones históricas. La composición de ambas estructuras es diferente: según Pasqual Maragall, las 17 comunidades autónomas coexisten con "tres naciones seguras y alguna probable". El Estado plurinacional tampoco es sinónimo de Estado plurilingüístico: aunque compartan la lengua, Valencia y Baleares no formarían parte de Cataluña como nación.

Dentro de esa tipología, los nexos no son conceptuales, sino políticos: para los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos, el Estado plurinacional sería el estadio de llegada del Estado de las autonomías como consecuencia del salto cualitativo que la acumulación cuantitativa de reformas estatutarias terminaría produciendo. El resultado es un gigantesco quid pro quo: el Gobierno y los nacionalistas dicen hablar del mismo asunto cuando en realidad se refieren a cosas diferentes. Ese oscuro embrollo terminológico empareja el Estado confederal -cuyo diseño es adivinable en el nuevo Estatuto catalán- con la España plurinacional, y el Estado federal con la España autonómica: la España plural de Zapatero perdería así todas sus connotaciones políticas, ideológicas, religiosas, culturales, lingüísticas y sociales para convertirse exclusivamente en la yuxtaposición de las "tres naciones seguras y alguna probable" de Pasqual Maragall.

El español no admite dudas
Hoy se presenta el Diccionario Panhispánico de Dudas, la primera gran obra edificada de nueva planta por las veintidós Academias de la Lengua. Adelantamos el contenido de una obra en la que se han invertido un lustro de trabajo y muchos desvelos
ANTONIO ASTORGA ABC 10 Noviembre 2005

MADRID. Hoy verá la luz no un milagro, sino un «instrumento de combate y de vanguardia»: el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD). Escrito al pie de la letra por las veintidós Academias del español, recoge 7.200 entradas que despejarán más de un mar de dudas. El Diccionario despliega sobre el tapete la baraja del español, remite barajear a barajar y sostiene: «No debe usarse con el sentido de «considerar», en referencia a una sola cosa: «El presidente baraja recurrir a un referéndum»». En sentido recto, barajar significa «mezclar los naipes antes de repartirlos». De ahí procede el uso figurado de «considerar varias posibilidades antes de decidir algo».

Grandes cantidades de café habrán despejado los desvelos académicos. Y el resultado ha sido la adaptación gráfica de la voz italiana «cappuccino» a capuchino: «Café con espuma de leche». No es admisible la forma «capuccino», ni italiana ni española. Hoy los cafés se consumen en las salas ciber, que el Diccionario de Dudas define como un «elemento compositivo prefijo creado por acortamiento del adjetivo cibernético, que forma parte de términos relacionados con el mundo de las computadoras u ordenadores y de la realidad virtual: ciberespacio, cibernauta». Se recomienda su uso en la creación de nuevos términos del ámbito de las comunicaciones por internet, lo que permite sustituir por voces propias numerosos anglicismos que circulan hoy en español: ciberarte, cibercafé, cibercharlas, cibercriminales, ciberlectores... Debe evitarse su escritura con la grafía «cyber».

A la carta con acento latino
Con el DPD a la carta, usted podrá pedir en el restaurante una crepa, que nos remite a crepe: «Voz tomada del francés «crêpe», «tortita» frita en sartén, hecha de harina, huevo y leche». Su plural es crepes. Es válido su uso en ambos géneros, aunque se recomienda mantener el género femenino etimológico: «De postre es casi una obligación elegir las crepes». No debe confundirse con el sustantivo masculino «crepé» (tejido de lana, seda o algodón, de superficie rugosa). También es válida, aunque se usa menos, la adaptación «crep» (plural, «creps»), basada en la pronunciación del étimo francés.

En países como México, Ecuador o Colombia, se usa también la variante crepa, que es siempre femenina. En varias naciones de Hispanoamérica, se emplea más habitualmente el término masculino panqueque (adaptación del inglés «pancake»). Para designar el establecimiento donde se hacen y venden crepes, este Diccionario sentencia que debe emplearse la voz crepería. Pero una buena crepa se puede alegrar con un daiquirí o daiquiri: «Cóctel hecho con zumo de limón, ron y azúcar». La acentuación etimológica es daiquirí, ya que el nombre de esta bebida procede del barrio de Daiquirí, situado en el municipio cubano de El Caney. Esta forma aguda se conserva en amplias zonas de América. La forma llana daiquiri es la única usada en España y también se emplea en Argentina o Chile. Ambas expresiones son válidas.

Daiquirí no está en el Diccionario de la Real Academia Española, como tampoco se encuentran crepe/crepa, ni Kósovo/Kosovo. Esta región situada al sur de Serbia, de población mayoritariamente albanesa y actualmente bajo administración de la ONU, presenta dos acentuaciones válidas en español. Cada una de ellas se basa en una de las dos lenguas que coexisten en este territorio: la llana Kosovo (pronunciada como kosóbo) presenta la misma sílaba tónica que la forma albanesa Kosova (pronunciada como kosóba y ha sido la usada tradicionalmente en español); la esdrújula Kósovo refleja la pronunciación de este topónimo en serbocroata y se ha extendido, probablemente, por influjo del inglés. El gentilicio de uso general es kosovar (basado en el gentilicio albanés kosovari. Cuando es necesario distinguir la etnia se utilizan los compuestos albanokosovar y serbokosovar.

Las voces del mar
Para nadar entre las dudas del español el Panhispánico se zambulle en la «masa de agua salada» que contiene el mar: «Este sustantivo, neutro en latín, se ha usado en español en ambos géneros. En el español general actual es masculino («Estar cerca del mar», «sobre el mar», «por el mar»). Pero entre las gentes de litoral (marineros, pescadores, etc.) es frecuente su empleo en femenino para las expresiones que describen su estado: «mar arbolada», «mar calma», «mar gruesa», «mar picada», «mar rizada», «mar tendida»; o en locuciones propias del lenguaje marinero, como «alta mar» o «hacerse a la mar». También abunda en poesía: «Margarita está linda la mar». Y es femenino en locuciones como «cagarse en la mar» (para expresar enfado), «pelillos a la mar» (reconciliación) o «la mar de» (mucho o muy). Sin embargo, es masculino en «un mar de» (abundancia de), que forma parte de las locuciones «estar hecho un mar de dudas» (dudar mucho) o «estar hecho un mar de lágrimas» (llorar mucho).

Cuando antecede al nombre propio de su situación geográfica, es siempre masculino y debe escribirse con minúscula inicial: el mar Caribe, el mar Mediterráneo, el mar Rojo, el mar del Norte; sólo se escribirá con mayúscula inicial si forma parte de un nombre propio: Mar de la Tranquilidad. Espigando masculinos y femeninos, el DPD distingue entre medico -ca. «El femenino es médica y no debe emplearse el masculino para referirse a una mujer».

Se mete el Panhispánico en harina anglosajona y así propone pádel (vocablo que aún no está en el DRAE) como la «adaptación gráfica propuesta para la voz inglesa paddle. Sobre el mobbing señala: «Voz inglesa con que se designa el hostigamiento al que, de forma sistemática, se ve sometida una persona en el ámbito laboral y que suele provocarle serios trastornos psicológicos. Y sentencia que «debe sustituirse por «acoso laboral»».

Tan innecesario es el uso del inglés sponsor y de su adaptación espónsor cuando existe la voz patrocinador -ra: «Persona o entidad que apoya o financia una actividad, frecuentemente con fines publicitarios». Superfluos son los derivados «sponsorizar» y «sponsorización», cuyos equivalentes tradicionales en español son patrocinar y patrocinio. En Hispanoamérica se usan auspiciador, auspiciar y auspicio, «válidos y preferibles al anglicismo».

El Panhispánico sí se «posiciona» sobre el término posicionarse: «Neologismo extendido en el lenguaje periodístico desde los años ochenta del siglo XX, cuyo uso resulta útil, como intransitivo pronominal, con el sentido de «adoptar una determinada posición o actitud ante algo». Resulta, en cambio, innecesario y afectado su uso como sinónimo de «colocar(se)» o «situar(se)».

También debe evitarse el error, tan frecuente, de acentuar gráficamente ti (pronombre personal tónico de segunda persona del singular, monosílabo y que se escribe sin tilde) por analogía con los pronombres de primera y tercera personas mí y sí, que, aunque son también monosílabos, se acentúan por motivos de tilde diacrítica (que sirve para dar algún valor distintivo).

«No hay tu tía» es «tutía»
El Diccionario Panhispánico de Dudas ordena el desorden («confusión o falta de orden» y «disturbio o alteración del orden público»), pues resulta incorrecto su empleo con el sentido de trastorno, dolencia o enfermedad, error frencuente en textos médicos por calco del inglés «disorder». Evacúa, que es desalojar, vaciar (un lugar), expeler (excrementos) y, en lenguaje administrativo, tramitar (algo) y realizar (consultas), en el uso culto se acentúa como averiguar: evacua; aunque sea más popular y tan válido hacerlo como... «acentuar».

Por consiguiente, sobre la correcta utilización del idioma sí hay tutía: «Locución verbal coloquial usada para indicar que es imposible hacer nada para cambiar las cosas». «Tutía» es variante de «atutía», voz procedente del árabe hispánico que designaba un ungüento medicinal algo redundante, ya que estaba hecho con «atutía» u óxido de cinc. «La expresión «no haber (a)tutía» vendría a expresar, originalmente, «no haber remedio»». La falta de uso de «atutía» en el español actual ha dado lugar a la interpretación errónea de la expresión en la forma «no haber... ¡tu tía!». Pues claro. El español ya no admite dudas.

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