AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 11 Noviembre 2005
Azaña, de moda
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Noviembre 2005

Montilla dimisión
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 11 Noviembre 2005

La utopía de la mediocridad
José García Domínguez Libertad Digital 11 Noviembre 2005

¿Educar para la corrupción?
Pío Moa Libertad Digital 11 Noviembre 2005

Nación
JUAN J. MORALEJO La Voz 11 Noviembre 2005

De soledades políticas
Antonio Jiménez elsemanaldigital 11 Noviembre 2005

Todo allí fue naufragio
Lorenzo Contreras Estrella Digital11 Noviembre 2005

La soledad de Zapatero
Pablo Sebastián Estrella Digital11 Noviembre 2005

La moral del tres por ciento
José Javaloyes Estrella Digital11 Noviembre 2005

La lengua como arma
JOSÉ MANUEL DAPENA El Ideal Gallego 11 Noviembre 2005

Integrismo islámico contra los musulmanes
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR El Correo 11 Noviembre 2005

Negro horizonte terrorista
GUSTAVO DE ARÍSTEGUI ABC 11 Noviembre 2005

Ammán y Bagdad, el mismo terror
Editorial ABC 11 Noviembre 2005

TVE en catalán
Cartas al Director ABC 11 Noviembre 2005

«Cebrián ya asentó las bases del Estatut»
José Rosado Periodista Digital 11 Noviembre 2005

El PSC no informó al Tribunal de Cuentas que La Caixa le había perdonado más de 6 millones de euros
Libertad Digital  11 Noviembre 2005

Stéphane Dion: «Si aceptamos soberanía por cada lengua y cultura, habría 3.000 estados»
MANUEL TRILLO ABC 11 Noviembre 2005

“Trece entre mil”
Blog de Arcadi Espada  11 Noviembre 2005

Azaña, de moda
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 11 Noviembre 2005

En estos últimos días, a los partidarios del Estatuto catalán no se les ha caído de los labios el nombre de Azaña. Hasta hace poco resultaba innombrable para los socialistas a causa de la utilización que había hecho de él el primer Aznar. Para los nacionalistas era una referencia molesta porque el escritor de Alcalá de Henares les echaba abajo el tópico del castellano catalanófobo. Ahora los unos y los otros quieren buscar argumentos para el Estatuto de hoy en el texto de Azaña, el de los tiempos republicanos.

Mejor que no lo hicieran porque a mí el Azaña que me ha interesado siempre ha sido el escritor. No el político. El autor de «El jardín de los frailes» y de los diarios, especialmente por aquellos pasajes en los que hace referencias al Guadarrama o en los que traza el esbozo generalmente cruel de algún personaje. El Azaña escaso de clientela ilustrada y mesocrática me produce una gran melancolía, y el desbordado por los enfrentamientos civiles, una enorme amargura. Pero, ¿qué sabrán de todo esto los Carod, los Maragall y los Lleida? Para mí el recuerdo del Azaña político sólo tiene sentido como advertencia. Así que incluso cuando se le cite al tuntún como precedente no deja de producirme estremecimiento.

Los nacionalistas catalanes han citado tardíamente y mal a Azaña, del mismo modo que han tenido siempre buen cuidado en no hablar de los movimientos de solidaridad para con la normalización de la lengua catalana como el que se produjo con motivo del viaje de escritores madrileños a Barcelona en tiempos de Primo de Rivera o cuando desde «Triunfo» y «Cuadernos para el Diálogo» hacíamos pared con «Destino» y «Serra d´Or» para defender el bilingüismo en los años sesenta.

Pero ¿cómo podrían haber hablado del «enemigo» castellano y de la España dogmática e intratable si hubiesen reconocido la generosidad cultural de Madrid?

Ahora, de pronto, se acuerdan de Azaña. Como se han acordado también de Azorín. Tan de la España una. Tan franquista. Pero ellos lo ignoran todo. Han apelado al Azaña de la defensa del Estatuto como si después de aquél no hubiera venido el de «La velada de Benicarló». Desgarrado y desgarrador:

«...Garcés: Los asuntos catalanes durante la República han suscitado más que ningunos otros la hostilidad de los militares contra el régimen. Durante la guerra, de Cataluña ha salido la peste de la anarquía.

Lluch: Pero ¿quiénes son los directores de Cataluña? Está por ver. El verdado pueblo catalán está por ver...».

Han puesto de moda a Azaña. Sin haberlo leído.

Financiación
Montilla dimisión
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 11 Noviembre 2005

Lo único que le faltaba a los socialistas zapaterinos es la sombra de la corrupción. Pueden echar balones fuera y pedir las cuentas de la vieja Alianza Popular, presumir de transparencia y desligar los privilegios con que les distingue La Caixa de su impresentable toma de partido en la OPA sobre Endesa, pero no cuela. La transparencia de Montilla y de las cuentas del PSC sigue siendo más o menos como la de la época de Filesa; una transparencia similar a las de las gafas de espejo: ellos lo ven todo sin ser vistos. El Tribunal de Cuentas se ha referido al crédito dormido de los socialistas catalanes mediante alusiones indirectas y discretísimas. Esa es su transparencia.

Respecto al ejercicio mental que nos propone Montilla –esforzarnos vivamente por no establecer relaciones de causa efecto que claman al cielo– atengámonos a los hechos. La Caixa le concede un crédito al PSC equivalente al total de deuda que tiene hoy contraída el PP a escala nacional. Y se lo concede a un tipo de interés que es inferior a la mitad del vigente en aquella época. El PSC no paga y La Caixa no reclama. Los intereses convierten la deuda en más del doble del capital original. Cuando los socialistas catalanes alcanzan por fin el poder –algún día tenía que ser–, la entidad financiera se acuerda de reclamar el pago. Montilla, que ha pasado mientras tanto de Secretario de Organización a Primer Secretario del partido, se sienta a negociar y, como resultado, se le condonan más de seis millones de euros, se mantiene el tipo de interés al 3 % (porcentaje de inquietantes reminiscencias) y se le concede un plazo de quince años para pagar. Conclusión: o estamos ante una condonación disfrazada de nuevas condiciones negociadas –y, por tanto, ante un fraude a la Ley Orgánica que regula la financiación de los partidos– o bien se trata de otra cosa. Por ejemplo, de un canje. Curiosamente, una vez alcanzado el acuerdo, llega la OPA hostil sobre Endesa y Montilla toma partido de forma descarada. Todo esto atenta contra la ética y contra la estética. Si queda un mínimo de dignidad en este pobre país, un clamor debe levantarse y crecer hasta su consecución: Montilla dimisión.

LOE
La utopía de la mediocridad
José García Domínguez Libertad Digital 11 Noviembre 2005

“Incluso aquel que tiene la desgracia de nacer en un país con una gran literatura debe escribir en su lengua como un judío checo escribe en alemán, o como un uzbeco escribe en ruso. Escribir como un perro que cava su agujero, como una rata que construye su madriguera. Y, para ello, encontrar su propio punto de subdesarrollo, su propia jerga, su propio tercer mundo, su propio desierto”. No se trata de un artículo de la LOE como pudiera intuir el lector inadvertido; es un párrafo de Kafka, ensayo pergeñado al alimón por Gilles Deleuze y Félix Guattari. Y tampoco forma parte de una broma; los autores lo depusieron en serio.

A su vez, quienes consumen su ciencia la rumian con gesto grave, reconcentrado, solemne incluso. Porque en las universidades españolas Deleuze y Guattari pasan por sabios muy principales de los que procede afanarse en recibir instrucción. Es más, en la mayoría de nuestras facultades de Letras ya sólo profesan catedráticos forjados en el rebaño de los Deleuzes y los Guattaris, cuando no en cuadras de lumbreras domésticas de calibre ajustado a imitación suya. Es el peaje colectivo que hemos aceptado pagar a la alta cultura de la cosecha del sesenta y ocho, ése tras el que se obtienen títulos que habilitan, por ejemplo, para ir a los colegios a enseñar a escribir.

Los que hemos tenido la desgracia de pasar por la docencia lo conocemos bien. Sabemos de la obsesiva tolerancia cero con la inteligencia natural de algunos adolescentes en esos institutos perdidos de la periferia. Y de la delirante Republica de Paidocracia que ha extendido su inviolable soberanía tras las vallas de los centros. Y del mundo feliz, sin precios ni responsabilidad individual, en el que cada año, promoción tras promoción, se mutila sobre la cama de Procusto a los que no pudieron elegir. Y del activismo de los entusiastas de esa utopía de la mediocridad, cuando reclaman airados el derecho a la ignorancia para los hijos del prójimo. Y de sus pares, esos surrealistas ingenieros de almas –muertas–, los pedagogos, tropa que no se percibe servidora de las necesidades de la comunidad sino que, muy al contrario, propugna que sea la sociedad quien se ajuste a su patológico desvarío nivelador. Y también, claro, de los politécnicos con más de mil alumnos y bien dotados de medios que apenas producen un par de candidatos a la selectividad por año, como el último en el que yo trabajé.

“Patio, 150 minutos por semana (diez por ciento del horario escolar); Gimnasia, 135 minutos por semana (nueve por ciento del horario escolar); Lengua Española, 45 minutos por semana (tres por ciento del horario escolar, la materia con menor atención temporal de todo el currículum)”. No, no es otro fragmento de Deleuze y Guattari; es el adelanto de la LOE que ya se aplica en Cataluña. Los que tienen la desgracia de que su hijo curse segundo de Primaria en un centro público de Barcelona lo saben bien. Aunque también callen, igual que aquellos judíos checos que circulaban por Alemania.

LOE
¿Educar para la corrupción?
Pío Moa Libertad Digital 11 Noviembre 2005

Desde que Savater sucumbió a los encantos intelectuales del Gran Majadero de la Moncloa, ya son ganas, parece haber olvidado su antigua combatividad antiterrorista y antisabiniana e intensificado la anticatólica. Hace poco repasaba él, en El País, las viejas condenas eclesiásticas a los derechos del hombre en versión francesa. Muy bien. Pero la ecuanimidad obligaría a recordar también la ferocidad anticristiana de los revolucionarios franceses, el comienzo de los genocidios y terrorismos modernos bajo la bandera de una supuesta libertad, o cómo aquella revolución acunó los totalitarismos del siglo XX. El jacobino Savater podría preguntarse por qué fue así, o por qué la revolución useña, más respetuosa con la religión entre otras cosas, ha evitado tales atrocidades. Pero los jacobinos no pretenden ser ecuánimes. Les basta con poseer a la diosa Razón, en el peor sentido del verbo poseer.

Según él, los padres apenas tienen derecho a influir en la enseñanza de sus hijos, porque, cita de Claudio Magris: “en nombre del deseo de los padres de hacer estudiar a sus hijos en la escuela que se reclame de sus principios –religiosos, políticos y morales– surgirán escuelas inspiradas por variadas charlatanerías ocultistas que cada vez se difunden más, por sectas caprichosas e ideologías de cualquier tipo. Habrá quizá padres racistas, nazis o estalinistas que pretenderán educar a sus hijos –a nuestras expensas– en el culto de su Moloch o que pedirán que no se sienten junto a extranjeros...". Mezclar religión, ocultismo, nazismo y estalinismo recuerda a argumentos integristas: no se debe consentir la “charlatanería”.

La enseñanza, afirma Savater, “no es sólo un asunto que incumba al alumno y su familia, sino que tiene efectos públicos por muy privado que sea el centro en que se imparta”. Esta aparente obviedad sólo significa que la opinión de Savater debe prevalecer por ley, guste o no a las familias con cuyo dinero funciona la enseñanza pública. En el plano particular ya es más generoso: cada cual, en la intimidad familiar, “puede dar a sus vástagos la instrucción religiosa o ideológica que prefiera”. ¿Incluso instrucción racista, estalinista o nazi (derivaciones también de la Revolución francesa)? ¿Y si se forman millones de nazis o comunistas combinando la instrucción en el hogar con la propaganda pública de sus partidos? ¿Se debería –o se podría– impedir? ¿O quizá la ideología debería recluirse también en la intimidad? La cuestión, cree él, consiste en que el “contenido de interés público debe estar siempre asegurado y garantizado para todos. En esto consiste precisamente la laicidad.”. Interés público, naturalmente, según lo entienden el señor Savater y el partido hoy gobernante.

De este modo, la enseñanza de la religión debiera proscribirse, incluso en centros privados, y sustituirse por “la enseñanza de una moral cívica o formación ciudadana”. Cabe dudar de que la educación religiosa y la ciudadana sean incompatibles, pero en todo caso hay muy poco civismo en despreciar el criterio de las familias, pagadoras de la enseñanza. Así han obrado, precisamente, los totalitarismos nazi y comunista.

Por otra parte, ¿quiénes van a educar cívicamente a las generaciones jóvenes? ¿Están capacitados para ello quienes intentan imponer su criterio particular al respecto, es decir, los miembros del PSOE ? Savater no se lo pregunta, y yo me permito dudarlo. Se trata del partido que en los años 30 pretendió imponer su dictadura y organizó a conciencia la guerra civil, no habiendo manifestado hasta hoy la menor autocrítica al respecto. El partido que, cuando sus violencias y maquinaciones desembocaron en otra dictadura muy distinta, no le hicieron oposición cívica digna de reseña. El partido que, pese a abandonar el marxismo en los años 70, resultó el más corrupto del siglo XX, el que intentó pervertir el sistema democrático “enterrando a Montesquieu” o practicando el terrorismo de estado, el que atacó la libertad de expresión maniobrando para cerrar prensa y radio adversas, etc. El partido que, sin haberse regenerado en absoluto de la corrupción, ha fomentado la histeria y la violencia callejeras para llegar al poder, ha alcanzado éste gracias al peor atentado de la historia de España, ha beneficiado al terrorismo y echado por tierra la política antiterrorista del gobierno de Aznar, basada en la ley, y se ha amistado con las dictaduras más peligrosas para España, mientras intenta amordazar las opiniones discrepantes y se alía de hecho o de derecho con los separatistas y la ETA para hundir la Constitución. Son hechos, no opiniones, y a la vista de todos están. Pues bien, ¿qué clase de educación cívica cabe esperar de estos caballeros y señoras? La experiencia no le dice nada a Savater, pero difícilmente saldrá de ellos otra cosa que una educación para la corrupción y contra la libertad.

Lo cual, por lo demás, ya ocurre, aunque aspiran a intensificarlo. En su anterior etapa de poder, el PSOE creó la generación del botellón, el fracaso escolar y la telebasura, fomentó con un permisivismo demagógico la droga y el alcoholismo, y trató de reducir la sexualidad a puterío. Miles de jóvenes han muerto, o han enfermado o han quedado tarados o embrutecidos a resultas de la progresista educación impulsada por el PSOE, que el PP fue incapaz de cambiar. Y a nadie se le ocurre pedir cuentas a los responsables. Al contrario, aunque las consecuencias están a la vista, y no menos la conducta del partido de la “educación cívica”, ahí siguen pontificando e imponiendo su ideología mediante un uso espurio del poder y del erario.

Nación
JUAN J. MORALEJO La Voz 11 Noviembre 2005

¿ES GALICIA una Nación? Naturalmente que lo es, la duda ofende y la afirmación sobreabunda. ¿Y por qué lo es y para quiénes? Pues porque un número equis de gallegos desde hace equis tiempo han decidido que por equis factores Galicia es Nación con equis objetivos. Y están en su razón y en su derecho de tomar y mantener tal decisión, pero con la tarea siempre pendiente de despejar tantas equis, que serán cambiantes y podrán ir a más o perderse en sí mismas o en la indiferencia ajena.

Primera fe de erratas: donde dice bien Galicia también puede y debe decir cualquier otra entidad de la que todos, muchos o algunos de sus miembros sientan que es Nación. La milonga del club cerrado de Naciones no es de recibo por la simplicísima razón de que al campo no se le ponen puertas. Además de estar abierto las veinticuatro horas del día el registro de los que se apunten a ser Nación, no hay baremo objetivo alguno para discutir credenciales en tema en que sentimiento, vivencia y voluntad son los únicos criterios y se los tasa libremente su propietario y nadie más. Y los menos autorizados para tasarlos serían: 1) el que pretendiese su primacía o su ventaja por ser Nación sobre otros que, en su repajolero antojo, no lo son; 2) el caso patológico que se reserva el monopolio de la Nación, que ya son ganas de reservar.

La segunda fe de erratas es de mayor importancia, pues afecta a qué implicaciones de necesidad tiene en el juego político lo de ser Nación o no serlo, en concreto el objetivo de la independencia o la alternativa de (resignarse a) compartir Estado con otros que se sienten o no Naciones. Que Nación e independencia sean términos biunívocos es una opinión, un sentimiento, no es una necesidad, y el horno avisa bien de qué bollos admite o, al uso nuestro, el alcacén también avisa de si está o no está para gaitas. A lo mejor todas las altas retóricas del Estatut y los flamígeros cabreos de Rajoy son papel mojado al lado de la eficacia de una encuesta de desasosiegos y mosqueos entre empresarios catalanes. Porque a fin de cuentas te sigue operativo y tiene algo más que opinión y sentimiento aquel latinorio de ubi bene, ibi patria .

Y la tercera fe de erratas es la de que la zapatería semántica no va a ningún lado. Horacio, que escribía de virguería, dejó dicho que lo natural siempre vuelve, por mucho que te empeñes en escorrentarlo. Una Nación es una Nación y no valen las flojeras de la comunidad nacional, la nacionalidad y demás circunloquios cuyos primeros descontentos tienen que ser, obviamente, los nacionalistas de su Nación. Lo que es Nación en sentimiento mayoritario de sus habitantes es Nación. Pero por serlo no tiene el menor derecho a ningún trato preferencial o discriminatorio sobre los que no se sienten nacionales de lo que les cae cerca. Esto es todo. Y no es poco.

De soledades políticas
Antonio Jiménez elsemanaldigital 11 Noviembre 2005

Acaba de señalarlo Rajoy ,que no es un "hincha" precisamente, aclara, del ex presidente socialista: "Felipe González tuvo la virtud política de creer en las reglas del juego y suficiente sentido común para no jugar con las cosas de comer", en contraste con el actual morador de La Moncloa, que sigue moviéndose como un elefante por una cacharrería; eso sí, con mucho talante y esa sonrisa infinita que exhibe para contrarrestar el temporal que él mismo ha desatado. ¿Será verdad que Zapatero ríe por no llorar?

El presidente del Gobierno está atrapado por la inercia de la huida hacia delante emprendida al impulsar, primero, el nuevo Estatuto catalán y defenderlo después, con más ahínco incluso que los comisionados del Parlament, en la sesión del Congreso. En el Senado ha vuelto a recordarle a los populares que se han quedado solos frente al resto de fuerzas políticas parlamentarias, pero olvida que la soledad no siempre debe medirse en términos numéricos. Uno puede estar muy bien acompañado y sentirse excepcionalmente solo; sobre todo cuando la compañía es consecuencia del interés personal o partidista.

¿Acaso ERC, CiU, PNV, CC, Chunta Aragonesista, BNG, EA, etc., formaciones nacionalistas todas, no tienen un interés específico en el envite catalán? Ni siquiera todos los diputados socialistas que votaron a favor de la toma en consideración del Estatut están de acuerdo con la política de Zapatero. No había más que ver algunas caras, incluida la de Alfonso Guerra, para concluir que sin disciplina de grupo no se habría dado la unanimidad en la votación.

Precisamente en el último número de la revista Temas que preside Alfonso Guerra hay un análisis firmado por el politólogo Manuel Madrid Delgado y titulado "El Plan Maragall o el error Zapatero", que abunda en esta conocida discrepancia. El autor socialista le recrimina al presidente haber "metido en el guión de esta legislatura la presencia de un fantasma como el del Estatut, completamente ajeno a las necesidades de la obra y a los gustos del público". Y las consecuencias, subraya Madrid Delgado, las va a pagar el PSOE en las próximas elecciones generales y catalanas de las que se van a beneficiar el PP y CiU. Veremos entonces. Por ahora Rajoy le recuerda a Zapatero que el PP está solo, sí, en este debate pero con medio PSOE detrás. Seguramente no será medio Partido Socialista, pero sí unos cuantos.

Todo allí fue naufragio
Lorenzo Contreras Estrella Digital11 Noviembre 2005

Decir, al terminar la semana del debate de las Autonomías, que ese debate ha sido un fracaso no es exagerar. Se podría incluso agravar la calificación añadiendo que el fracaso ha sido absoluto. El PP, cuya figura principal en este episodio parlamentario ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha entrado de proa en el invento que Zapatero intentaba patentar como un nuevo modelo de España, aunque con menos España, o con su voladura. El resultado ha sido una promesa de naufragio que, naturalmente, el Gobierno, que no tanto el PSOE en su conjunto, intenta refutar. De todo cuando se ha formulado para definir la situación, lo más elocuente ha venido de Rodríguez Ibarra desde su cama del hospital donde se repone de un infarto de miocardio. Su lapidario diagnóstico político por escrito ha sido éste: “España no puede ser lo que quede”.

En medio de citas hipócritas sobre el significado de nuestro país, Pasqual Maragall declaró públicamente el pasado domingo a un periódico de Madrid: “En España hay tres naciones seguras y alguna probable”. Ahí queda eso.

La anhelada convocatoria senatorial de presidentes de Autonomías ha empeorado, pues, la salud del “Estado”, que es el concepto que ha sustituido la denominación tradicional de España. La reunión había comenzado con el plantón de Ibarretxe y terminó con el mutis de Rajoy, que se hizo sustituir en su prevista réplica a Zapatero por el portavoz del partido en el Senado, Pío García Escudero. Era difícil esperar un esperpento mayor: ZP en pantalla y en uno de los salones del palacio senatorial, con la imagen del presidente del Gobierno al fondo, Rajoy entre periodistas, esculpiendo en mármol de palabras esta otra sentencia, comparable a la de Rodríguez Ibarra: “El PP está solo, pero con medio PSOE detrás”.

Era inevitable recordar en ese momento que Alfonso Guerra, en la publicación que inspira, no había respaldado precisamente a Zapatero. Todo este marco político de la situación, ¿refleja una crisis o es un síntoma de excelente rumbo?

La gran pregunta ahora podría ser ésta: ¿Qué va a ocurrir con el Estatuto de Cataluña? El lío es mayúsculo, porque para empezar habrá que averiguar si tiene viabilidad el proyecto de Estatuto valenciano reformado, ese que Francisco Camps pretende blindar con una clásula en cuya virtud todo lo que se conceda a Cataluña, a la luz del artículo 150.2 de la Constitución (el de las competencias exclusivas estatales transferibles), tiene que ser automáticamente transferido a la Comunidad de Valencia para no ser menos. Y téngase en cuenta que el proyecto valenciano ha sido aceptado a trámite, como el catalán, por el Congreso de los Diputados.

Mientras tanto, el Gobierno de Navarra contempla escamado el desarrollo del proceso incoado en el Senado durante la reunión de los presidentes autonómicos. El presidente navarro, Miguel Sanz, preguntó directamente a Zapatero si apoyará, como precio político del entendimiento con los nacionalistas vascos, “hacer desaparecer a Navarra del mapa autonómico”, es decir, incorporarla, como tal precio, a la llamada Euskal Herria, bajo la actual expresión parcial de “Euskadi”. Porque resulta, según Sanz, que “Navarra se siente cómoda dentro de la Constitución” amenazada por el Plan Ibarretxe. Y Sanz reclama la revocación de la Disposición Transitoria Cuarta de la Carta Magna, que prevé la posibilidad de incorparar al territorio navarro a la Comunidad Autónoma Vasca. Una concesión de los ponentes constitucionales para que la Constitución no fuera saboteada en su día por los nacionalistas. Zapatero, aconsejó a Sanz “rigor en temas que son sensibles”. Y tan sensibles.

La soledad de Zapatero
Pablo Sebastián Estrella Digital11 Noviembre 2005

El presidente Zapatero habla mucho, demasiado, de la presunta soledad del Partido Popular en el gran debate de la reforma autonómica y constitucional que ya veremos cómo acaba, si es que acaba, a la vista de como va. Pero hay otra soledad más certera y que empieza a ser más sonora, que es la del propio Zapatero, a quien le están abandonando los suyos en los distintos flancos de su entorno de poder, y aquí incluido el mediático, si tenemos en cuenta que el Grupo Prisa, y su buque insignia El País, ha empezado a distanciarse de todo este tinglado y laberinto político que habían amparado en un principio y del que ahora sólo profiere críticas cada vez más severas.

El editorial de El País del jueves decía de Zapatero, en relación con la reformas autonómicas y constitucionales, que va “a remolque de lo que se plantea aquí y allá sin un diseño claro del modelo resultante”. Es decir, que no tiene proyecto, que no sabe a dónde va y que sigue la senda errática que le marcan los demás. Otros columnistas y analistas de este diario y de sus medios audiovisuales ya están en la misma línea, han puesto en el punto de mira a Zapatero y le van a obligar a rectificar o a virar el rumbo que había iniciado de manera absurda y demencial en los últimos meses.

Si a todo esto añadimos las discrepancias notorias que tiene en el seno de su Gobierno por parte de los llamados ministros de Estado (Defensa, Justicia, Interior), y las múltiples quejas de los más destacados barones del partido, veremos que la soledad de Zapatero en su balneario del poder empieza a ser notoria y además se ve agrandada o enriquecida porque los que eran compañeros de viaje de su ciega cabalgada autonómica están enfrascados en sus propias crisis políticas y personales, como se ve en el caso de un debilitado y desautorizado Maragall o como se aprecia en el urdidor y agente doble de todo esto, el ministro Montilla y a la vez secretario general del PSC, a quien la OPA de La Caixa o de Gas Natural sobre Endesa ha dejado en la peor de las evidencias, con un tufo a corrupción política o tráfico de influencias que ya veremos hasta dónde puede llegar y que debería ser motivo de reflexión en La Caixa antes de mantener vivos sus desafíos, que se están volviendo contra ellos, violento bumerán.

Por si algo faltara en este escenario, el otro socio de Zapatero en Madrid y de Maragall en Cataluña, la Esquerra de Carod-Rovira, el veneno que nunca debió mezclar el PSOE en la mesa catalana ni en la mesa de Madrid, empieza a hacer de las suyas y ya le ha propuesto un pacto a CiU y a Artur Mas para retirar el Estatuto de Madrid sin el apoyo del PSC cuando se presente la ocasión, porque empiezan a estar convencidos en ERC y en CiU de que en las circunstancias actuales el Estatuto no va a progresar.

En realidad, el fracaso del Estatuto catalán es lo mejor que le podría ocurrir a Zapatero, aunque él no lo sabe y, lo que es peor, no lo quiere. Pero el presidente, en su nueva y creciente soledad, no para de dar pasos hacia atrás en torno a este Estatuto y a la reforma constitucional. Primero afirmó que apoyaría en Madrid lo que aprobara el Parlamento catalán, luego matizó diciendo que tendría que ser constitucional y contar en Cataluña con amplio consenso, más tarde añadió el término de la solidaridad, después se enredó en una absurda discusión semántica sobre nación, entidad nacional, comunidad nacional, y ahí sigue. Y finalmente en el Congreso marcó unas incipientes líneas rojas de negociación que no se deberán traspasar, donde se incluye el sistema de financiación pedido por los catalanes, para acabar diciendo en el Senado que él sólo ha prometido un nuevo Estatuto pero nada más. Semejante colección de disparates y rectificaciones continuas y contradictorias con sus declaraciones iniciales ha llevado a los nacionalistas de CiU y ERC a hacerle serias advertencias y anunciar la ruptura de los apoyos parlamentarios que tienen él y Maragall.

Lo de Maragall en la Moncloa y en el PSOE lo dan ya por perdido, el PSC lo ha inhabilitado públicamente y sus socios de Gobierno han hecho otro tanto, por lo que ahí no tiene nada que perder. El problema a partir de ahora que tienen en el PSOE es cómo rehabilitar a un Zapatero que se desgasta día a día en las encuestas y que está dando además imagen de debilidad y desgobierno sin que ello les cueste el control y disfrute poder. El caso del ministro Montilla y de la famosa OPA política contra Endesa ha venido a enrarecer, más si cabe, toda esta situación que tiene al Gobierno de España sumido en un sinfín de problemas y más dedicado a la cuestión catalana y constitucional que al Gobierno de la nación. Y por si algo les faltara, ahora les abandonan, poco a poco y con taimadas advertencias, sus medios de comunicación.

No es que el Partido Popular y su líder, Rajoy, estén para tirar cohetes, pero los errores de Zapatero por darle la espalda al sentimiento general de los españoles (como le ocurrió a Aznar con la guerra de Iraq y las mentiras del 11M) le están dando al Partido Popular y a su líder una inesperada oportunidad y, aunque van subiendo poco a poco en las encuestas, la tendencia no cesa de favorecerles al mismo tiempo que desgasta a Zapatero. El que tanto habla de la soledad ajena desde su propia soledad.

La moral del tres por ciento
José Javaloyes Estrella Digital11 Noviembre 2005

Después de que el Tribunal de Cuentas detectase la ocultada condición acreedora de La Caixa respecto del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC), primera pieza del motor político de la OPA sobre Endesa por parte de Gas Natural, parece clarificarse más la causa de que el tripartito catalán apueste como lo hace por la operación. Lo mismo que también se entiende mejor por qué el Gobierno de la Moncloa —tan deudor político del tripartito como éste lo es económicamente de La Caixa— apuesta asimismo por la OPA.

Ocurre también que al apostar La Caixa tan sistémicamente sobre el mundo energético nacional —con una concentración de riesgo que mereció la observación admonitoria del Banco de España— se descarta toda casualidad o una simple razón del alcance económico. Se trata de un interés político, absolutamente detectable en el catalanismo, de controlar ese mundo energético con posiciones preferentes en la electricidad, el gas y el petróleo.

Inversamente, apenas se entiende nada del discurso emprendido por el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, al calificar la OPA de operación puramente mercantil, además de fiable y neutral la posición del Gobierno, como antes lo hiciera José Montilla, el ministro de Industria.

A esa supuesta condición neutral de la Moncloa se le habría de sumar la de pericia magistral, por precisión insuperable con que la Comisión Nacional de la Energía, prescindiendo de caminos trillados y pautas establecidas, ha hecho un traje a la medida de las conveniencias y conforme a la hechura de las necesidades, de Gas Natural. Justo era eso lo que había que esperar, dada la superior confianza y camaradería con el ministro de Industria que guarda la presidenta de la CNE, ex diputada del partido social-catalanista en que ambos militan.

Todo cae dentro de la moral del tres por ciento y otros corretajes desde el poder en que está sumergida desde hace años la clase catalana gobernante, capaz de sepultar en el olvido, vía consenso interno, el escándalo del Carmel. Ese extraño preparado termal, de negocios privados e intereses político, en que se bañan las fuerzas que han engendrado el nuevo Estatuto de Cataluña es el caldo biológico en el que se concibió la OPA y ahora se gesta su procedimiento.

La clase política catalana que hizo de su capa un sayo para elaborar su Estatuto, pasándose por allá la ley superior para todos los españoles, la Constitución, ¿qué escrúpulo iba a tener para saltarse a la torera principios y criterios, reglamentarios o de ordinaria legalidad, establecidos en la CNE, con tal de allanarle el camino a Gas Natural (es decir a La Caixa, es decir, el Tripartito, es decir, la Moncloa de Rodríguez), que ahora podría endeudarse hasta donde fuera menester, con el fin de mejorar su oferta al mercado para adquirir las acciones necesarias de Endesa?

Pero falta la resolución de Bruselas, en lo que respecta a la jurisdicción a que debe atenerse el debate, y faltará en última instancia lo que diga el mercado, especialmente el mundo de los fondos extranjeros, el del capitalismo puro y duro. Ése que sabe que la moral en los negocios y en los procesos económicos es condición indispensable para que el sistema (capitalista) funcione con la seguridad necesaria.

La llegada del problema de Endesa a la Comisión Europea ha marcado ya, antes de que su resolución sobrevenga, el punto de inflexión. La Unión Europea es garantía para que prevalezca el principio de legalidad. Al aire de la UE, la moral del tres por ciento suena a aldeanismo remoto, africano, o de pachanga y banana. Algo, en fin, de aroma nada socialista y precapitalista, feudal y caciquil.

jose@javaloyes.net

Integrismo islámico contra los musulmanes
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR /HISTORIADOR Y ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRABE El Correo 11 Noviembre 2005

Para un integrista, los sangrientos atentados de Jordania, de Irak y de cualquier otra parte nada tienen de particular. Invocando a Dios, creen poder escudarse en una verdad suprema y eterna, superior al mero entendimiento humano, que no depende del sufragio universal ni del número de votos. Si hay una mayoría en contra, tan sólo significa que es mayor el número de personas a persuadir o eliminar físicamente por su delito de falta de fe. Ahora bien, en la práctica, la gran parte de los musulmanes, incluso cuando se lanzan a la acción violenta, albergan objetivos muy diferentes a los designios de los integristas. En Irak, por ejemplo, al decidirse los chiíes por la vía electoral, la insurgencia ha quedado reducida a ciertos sectores de la minoría suní, que jamás podrán obtener la victoria por sí solos. Si se les garantizase una amnistía, igualdad de derechos con los chiíes, ayuda económica para la reconstrucción y la evacuación de las tropas norteamericanas a cambio de la paz, los suníes firmarían en el acto y prácticamente en bloque. En cambio, los integristas consideran que Irak es sólo una parte de un conjunto islámico mucho más vasto, al que se deben subordinar los intereses y las necesidades de los propios iraquíes.

En el islam, la teoría política clásica plantea como ideal la unidad de todos los musulmanes. La 'umma' o hermandad universal de los creyentes debe articularse en una única entidad política con vocación universal. Este superestado islámico puede asumir diversas formas, pero siempre se debe buscar la unidad política de todos los musulmanes. De existir varios Estados, estos deben colaborar entre sí como la Unión Europea, cuyos miembros no se hacen la guerra, buscan actuar de acuerdo y han creado un mercado común con desarme arancelario y libertad de movimientos para sus ciudadanos. El integrismo pervierte estos ideales al servicio de un proyecto de sociedad cerrada y represiva. El superestado islámico sería la dictadura implacable de una reducida facción integrista. Jordania no tiene derecho a existir. El sanguinario terrorista Al-Zarqawi no se identifica como jordano, sino como musulmán. Por eso, desde su punto de vista, él no es extranjero en Irak y puede cometer atentados allí. Irak tampoco tiene derecho a existir como Estado separado del resto de 'Dar el islam', la 'Morada del islam'. Si los iraquíes y los jordanos no están de acuerdo, peor para ellos. Es la voluntad de Dios, y si alguien afirma lo contrario, debe morir por blasfemo.

Una vez unida 'Dar el islam', habrá llegado el momento de ajustarle las cuentas a 'Dar el harb', la 'Morada de la guerra', es decir, las tierras de infieles donde los musulmanes harán la guerra santa para imponer en todo el mundo la fe del islam. El hecho obvio de que la guerra sólo puede ser santa cuando es defensiva y que las guerras de agresión están expresamente prohibidas en el Corán es irrelevante para los integristas. En realidad, gran parte de sus planteamientos son muy discutibles o incluso abiertamente antiislámicos, obedeciendo a las obsesiones personales o los intereses egoístas de un puñado de doctrinarios de extrema derecha, inmovilistas y arcaizantes.

Es necesario insistir en que el integrismo es la consecuencia del proceso de modernización, aunque sea costumbre presentarlo como demostración palpable de que los musulmanes jamás podrán modernizarse. En realidad el extremismo integrista surge precisamente como reacción casi patológica a una lenta modernización que no suele ocupar los titulares de prensa pero no por ello es menos real. El problema es que la modernización desorganiza todas las estructuras preexistentes. La globalización, las nuevas tecnologías o la desregulación del comercio dejan a la intemperie a muchas personas laboriosas y cualificadas que de repente pierden sus medios de vida. Al mismo tiempo algunos afortunados se enriquecen a velocidad de vértigo, lo que provoca hondo descontento. Los beneficios de la modernidad le llegan al resto de la población con bastante retraso, una generación o más incluso. De ahí surgen los movimiento reaccionarios de masas, ya sean el integrismo islámico, el 'luddismo' británico o el carlismo español.

En Jordania, en cambio, la economía es próspera y por eso Al-Zarqawi tuvo que marcharse a Irak, fracasando hasta ahora todos sus intentos de perpetrar atentados en su tierra natal. Los apoyos del integrismo en Jordania son muy escasos y serían nulos por completo de no ser por los conflictos de Irak y Palestina. En Jordania está produciéndose un proceso lento pero irreversible de modernización a todos los niveles. Esto no sucede sin resistencias. Por ejemplo, la liberación paulatina de la mujer es combatida por la sociedad tradicional mediante un terrorismo social difuso, proliferando los 'crímenes de honor': el padre, el hermano, el marido o incluso el hijo matan abiertamente a la mujer que comete adulterio, la que no llega virgen al matrimonio, la que se niega al enlace concertado por la familia o incluso la que se va al cine sola o viste pantalones vaqueros en vez de chador. Luego, un juez comprensivo impone una pena muy leve al honorable asesino.

En la Europa cristiana sucedía exactamente lo mismo hasta bien entrado el siglo XX, pero sólo en las regiones atrasadas donde sobrevivía una estructura familiar no nuclear, sino clánica o extensa. La religión es secundaria. Mientras las sociedades evolucionan a su propio ritmo, Al-Zarqawi y todos sus colegas terroristas se engañan a sí mismos creyendo que unas cuantas matanzas pueden atraerles las simpatías de la población o debilitar al gobierno. Lo que les sobra de brutalidad les falta de estrategia. El terrorismo siempre será un callejón sin salida.

Negro horizonte terrorista
POR GUSTAVO DE ARÍSTEGUI DIPLOMÁTICO Y DIPUTADO DEL PP ABC 11 Noviembre 2005

... No es paranoia; es la durísima y crudísima realidad que una brutal, violenta y opresiva ideología crece y se consolida y que inspira asesinatos masivos, indiscriminados y feroces para conseguir sus objetivos...

LOS brutales atentados de Ammán nos recuerdan de manera dramática que no se puede bajar la guardia frente al terrorismo. El director del Centro de Violencia Internacional y Terrorismo de Singapur, Rohan Gunaratna, seguramente el mayor experto mundial en terrorismo yihadista, cree que podemos desarticular a las células, incluso derrotar a las organizaciones, pero la ideología islamista radical va a perdurar, será difícil de erradicar. Tuve con él una conversación de casi siete horas en la que llegamos a algunas conclusiones muy preocupantes. Primero, como he dicho en más de una ocasión en estas páginas, el problema no son las siglas, las organizaciones; por lo menos, no el más grave y acuciante. Es la ideología que alimenta al yihadismo y la nueva fase de la yihad global y total. La ideología crece y se extiende, se está haciendo popular entre personas que no tienen ningún vínculo con organizaciones, redes o incluso ONG radicales. Un síntoma es que ya no se pone el acento en la nacionalidad de los muyahidines (combatientes), pues éstos se entrenan en campamentos multinacionales y las organizaciones y sus células están conformadas por ciudadanos de las más diversas nacionalidades, incluso de países occidentales, como el campamento de Abu Hudeifa en Kandahar, que dirigió personalmente el número tres de Al Qaida, Mohamed Atef, alias Abu Hafs Al-Masri, muerto en los bombardeos de Tora Bora en Afganistán. De hecho, se ha podido identificar a un número de musulmanes ciudadanos de países occidentales que se incorporaron a células terroristas en Irak: 90 de Alemania (pertenecientes a la red que Al-Zarqawi tiene en ese país), 60 de Francia, 40 del Reino Unido, 10 canadienses, dos estadounidenses, aunque puede que sean muchísimos más. Por otra parte, empieza a haber conversos en las mismas, como me reveló John Afable, ministro filipino, encargado del proceso de paz en Mindanao, pues, al parecer, el grupo terrorista yihadista filipino afiliado a Al Qaida, Abu Sayyaf, ha reclutado a conversos para las células que operan fuera, en el resto de Filipinas.

El problema crece en complejidad y algunas informaciones ponen en cuestión verdades consideradas, hasta ahora, como incuestionables por islamólogos y servicios de inteligencia; se tambalean ante nuevas evidencias. El ejemplo más claro es el de la posible presencia en Irán de dos de las esposas de Bin Laden y de dos de sus hijos, junto al sanguinario Saif Al-A´ader, ex jefe de seguridad de Al Qaida, y del kuwaití Suleiman Abu-Geith, jefe del Comité de Propaganda de Al Qaida, si bien el propio Gunaratna me indica que se encuentran confinados o en arresto domiciliario. Esto no es una novedad, pues algunos servicios de inteligencia de Oriente Medio habían detectado la cooperación del ministerio de Inteligencia iraní con Al-Ansar Al-Islam, la rama kurdo iraquí de Al Qaida, hoy bajo las órdenes del megaterrorista de origen jordano Abu Musab Al-Zarqawi, seguramente responsable de los atentados del 9 de noviembre en Ammán.

De Zarqawi no se sabía apenas nada hace dos años; ahora abundan las biografías en internet y va a aparecer un libro escrito por Loretta Napoleni. Sin embargo, muchos análisis olvidan que Zarqawi empezó a construir su red en Europa en torno a 1999, sobre la base del grupo Al-Tawhid, entrenado en el campamento de Herat, en Afganistán, como él mismo. En ese momento Al-Zarqawi no estaba integrado en Al Qaida; de hecho, su aspiración, y nada indica que haya perdido la esperanza, era crear una red yihadista global propia al margen de Bin Laden. En el año 2001 Al-Zarqawi estuvo en Irán, donde pasó dos meses bajo arresto, y en 2002 entra en Irak, donde contacta con Al-Ansar Al-Islam y empieza a montar su propia red en preparación de la posguerra iraquí, pues era firme creyente en la tesis de Yusuf Al-Ayyeri, jefe de Al Qaida en Arabia Saudí (abatido por los servicios de seguridad del Reino en junio de 2003) según la cual «si se instala una democracia en Irak, eso sería el final del islam», frase textual de su libro «Guerra de cruzados», una obra más en la que se diseña la yihad global y total, además del libro «Los caballeros bajo el estandarte del Profeta», del número dos de Al Qaida, el egipcio Ayman Zawahiri.

La red de Zarqawi no acababa de cuajar, y su temor era que triunfase una «resistencia laica» alejada del yihadismo. Por ello tuvo que acabar sometiéndose, muy a su pesar, a Bin Laden y a su red, pero a diferencia de lo que erróneamente mantienen algunos analistas, no sólo fue nombrado emir de Irak, sino de todo el Creciente Fértil y el Levante del Mediterráneo oriental, es decir de Siria, Líbano, Jordania, Palestina y Turquía. El yihadismo odia de forma especialmente intensa a los hachemíes de Jordania y a su extraordinario Monarca, por ser buenos aliados de Occidente y porque los consideran corruptos antiislámicos y apóstatas. Hace algunos meses intentaron volar la sede del servicio de inteligencia jordano y la oficina del primer ministro con camiones bomba cargados con sustancias químicas que hubiesen podido causar la muerte, según las autoridades de ese país, a más de 80.000 personas. Los atentados de Ammán son su primer bestial éxito fuera de Irak desde su designación. No serán los últimos, y los europeos tenemos que pensar en que su red en Europa está bastante intacta, a pesar del excelente trabajo de los servicios de inteligencia alemanes del BND, pues su principal base estaba en ese país. Hoy hay que pensar que puede estar en cualquier país y que cuenta, además, con el apoyo de las que Al Qaida ha conseguido establecer en Europa, especialmente del Grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC), que ya no es una organización exclusivamente argelina, y de la que es ideólogo principal el jordano Abu Qatada, así como del Grupo Islámico de Combate Marroquí (GICM), establecido por orden de Al Qaida en 2002, posiblemente en Londres, y cuyo jefe visible (aunque se duda que sea su verdadero emir) es Mohamed Guerbuzi.

Algunos llevamos años diciendo que este problema va mucho más allá de Al Qaida, que el problema era la ideología islamista radical. Ahora lo confirman inequívocamente muchos de los mayores expertos del mundo, como Gunaratna. ¿Es ya demasiado tarde para derrotar no sólo al terrorismo yihadista sino a la ideología islamista radical que lo inspira? Rotundamente sí, pero no con exceso de optimismo, información parcial, y desde la ignorancia de los fundamentos del fenómeno al que nos enfrentamos. No es paranoia; es la durísima y crudísima realidad que una brutal, violenta y opresiva ideología crece y se consolida y que inspira asesinatos masivos, indiscriminados y feroces para conseguir sus objetivos: extender su dominio primero por el mundo islámico, derrocando a gobiernos o eliminando a todo aquel que no piense como ellos o no se someta a su despiadada voluntad (pues los yihadistas y los radicales odian a la inmensa mayoría de sus correligionarios por tibios o por apóstatas), reconquistar los territorios que alguna vez estuvieron bajo el dominio del islam; crear (ellos dicen reinstaurar) un Califato islamista radical y extender su dictadura del horror al mundo entero. Éstos son sus objetivos. No son, como absurdamente dicen algunos, nihilistas; saben perfectamente lo que quieren, el problema es que muchas veces Occidente lo ignora. Y lo que es peor, muchos creen que contemporizar traerá la paz, y sólo nos traerá la dictadura del terror y del fanatismo. Ya va siendo hora de despertar, pues casi nada en el siglo XXI ocurre por casualidad, y estos monstruos se saben de memoria su guión.

Ammán y Bagdad, el mismo terror
Editorial ABC 11 Noviembre 2005

LA matanza cometida por terroristas suicidas de Al Qaida en la capital de Jordania, Ammán, demuestra que esta organización criminal tiene fijados como objetivos prioritarios aquellos países de la región que mantienen relaciones fluidas con Estados Unidos y con las demás democracias occidentales, y que, además, han reconocido al Estado de Israel. En esta estrategia se deben enmarcar los atentados contra intereses turísticos de Egipto y los cometidos el pasado miércoles contra tres hoteles de lujo en Ammán, con un balance de 57 víctimas mortales y decenas de heridos.

Tales actos criminales han merecido ya una repulsa general, como no podía ser menos, aunque no es suficiente para dar respuesta íntegra a una agresión continuada e indiscriminada. Al Qaida no es una simple amenaza, sino una realidad destructiva a escala planetaria. Si realmente hay voluntad de acabar con esta agresión, la persistencia del terrorismo integrista debería provocar coincidencias de mayor calado que la repulsa unánime, y no sólo en el ámbito de las actuaciones conjuntas policiales y, en su caso, militares. Cada vez que se comete un atentado de estas dimensiones se ponen de manifiesto las carencias de las sociedades occidentales y de sus gobiernos para formar un estado de opinión común que refuerce sus políticas de seguridad con una política de convicciones sólidas y compartidas. No tiene sentido que los que atentan en Ammán sean calificados de terroristas y si asesinan a 30 personas en un restaurante de Bagdad se les denomine insurgentes o rebeldes. Y son los mismos, porque los atentados de Ammán han sido asumidos por el terrorista jordana Abu Musad al Zarqaui, autoproclamado emir de Al Qaida en Irak y responsable de las más horribles masacres en este país.

Esta diferencia de terminología -en la que se proyectan los prejuicios europeos hacia la hegemonía de Estados Unidos- encierra todo un abismo de actitudes a la hora de deslegitimar radicalmente los objetivos del terrorismo, porque da lugar a un doble rasero del que sólo salen beneficiados los terroristas. No ver en los atentados de Ammán, de Bali, de Sharm el Sheik o de Bagdad un designio similar a los de Washington, Nueva York, Madrid o Londres -con todos los matices operativos que se quieran- es abonarse a la confusión sobre la entidad real de la agresión terrorista que está llevando a cabo sistemáticamente Al Qaida para forzar el aislamiento de los países que deberían integrarse en la comunidad islámica teocrática, y que es incompatible con toda clase de democracia y libertades individuales. Los atentados de Ammán, como los de Bagdad o Bali, demuestran la escasa solvencia de los análisis que hablan de la pobreza y de la opresión como causas de este concreto terrorismo integrista, y desmienten algunos principios biempensantes de propuestas como la Alianza de Civilizaciones, basada en la errónea segregación de la comunidad internacional en dos partes incomunicadas, cuando lo cierto es que el terrorismo de Al Qaida atenta por igual contra las democracias occidentales y contra los países musulmanes que no aceptan la sumisión al integrismo.

Conociendo las pretensiones de los terroristas, las prioridades occidentales deberían ser tan claras y comprometedoras como aquellas lo son para los terroristas. Es fundamental que la democracia se asiente en Irak y que el terrorismo integrista fracase en su intento de llevar a esta país a un Estado fallido, lo que abortaría toda posibilidad de un movimiento democratizador en la región. También resulta moral y políticamente inaplazable una percepción común del terrorismo integrista como una agresión a la estabilidad mundial por parte de un fanatismo totalitario, que allí donde pudo demostrar su capacidad para generar los beneficios que predica de su doctrina, como era el Afganistán de los talibanes, sólo extendió la represión y la pobreza. Y, en todo caso, las sociedades occidentales deben revertir el complejo de culpa que aplican al terrorismo internacional -y, en general, a las relaciones con el mundo musulmán, como se está viendo en algunas interpretaciones sobre las jornadas de violencia en Francia- y demostrar mayor confianza en sus valores sociales y su sistema democrático de libertades y derechos.

La lengua como arma
POR JOSÉ MANUEL DAPENA El Ideal Gallego 11 Noviembre 2005

En los manuales de las diversas organizaciones nacionalistas se dice que la lengua es la principal arma política para conquistar el poder. Este argumento extravagante le vale a la ensayista Irene Lozano Domingo para desarrollar en más de 200 páginas un tratado de convivencia lingüística, que pone en solfa y desmonta toda la estrategia de la política nacionalista empeñada en combatir la lengua española. Lenguas en guerra , premio Espasa de Ensayo 2005, es una obra necesaria y oportuna que desvela las miserias del nacionalismo lingüístico. Un fenómeno cuyos efectos negativos se notan en el sistema educativo.

Según la autora, las guerras lingüísticas han empobrecido ese patrimonio común. Añade que las lenguas vernáculas de las distintas comunidades han sido utilizadas para separar no para unir y además para marginar al español, por lo que la desnaturalización del habla común ha producido el caos lingüístico en la educación y tensiones sociales. Lozano subraya que los atributos del lenguaje no son políticos ni culturales, sino naturales, y que las lenguas son idénticas en esencia. El problema viene por su utilización política y jurídica, cuyo paradigma en España es Cataluña. Ese modelo normalizador fue exportado a Galicia con todas sus consecuencias. Un libro valiente que denuncia las guerras lingüísticas fomentadas por los nacionalismos y consentidas por casi todos.

TVE en catalán
Cartas al Director ABC 11 Noviembre 2005

Se han empeñado los separatistas catalanes en cerrar el paso a la lengua española en el máximo de ámbitos. Ahora la han tomado con la programación infantil de TVE, que exigen que sea emitida en las regiones bilingües en la lengua vernácula. Esa es la continuación a la obsesión de que los niños escuchen lo mínimo en español. En un gran número de escuelas de Cataluña tienen prohibido expresarse en la lengua oficial de España, y en algunas ya tienen comisarios lingüísticos, no sólo en los patios, sino también en los comedores y en las actividades extraescolares. Tampoco se libran de esta figura en las actividades que realizan en los centros cívicos. En todos los ámbitos en los que los niños están alejados de su familia, se les obliga a expresarse exclusivamente en catalán; el único lugar donde podrían escuchar el español es delante de la TV. Ahora, con el débil Gobierno que tenemos, esta libertad al niño, seguro que también se le va a coartar.

Aurora Navarro Martín. Seo de Urgel (Lérida).

«Cebrián ya asentó las bases del Estatut»
Enrique de Diego
Por José Rosado Periodista Digital 11 Noviembre 2005

Analista político, escritor y columnista y subdirector de Época, Enrique de Diego es de esos periodistas que no les gusta morderse la lengua; autor de varios ensayos políticos, sería capaz de hablar durante horas de todo lo relacionado con este circo político y siempre desde una perspectiva basada en su experiencia y un cúmulo de conocimientos.

Pregunta: ¿Qué análisis haría del año y medio de Zapatero?
Respuesta: No está adoptando ninguna decisión o medida correcta en ninguno de los problemas; ni en la economía, donde no se está actuando con decisión, ni en la inmigración donde se han adoptado medidas muy irresponsables, ni mucho menos, en el que ha pasado a ser el gran problema en las cuestiones regionales relacionadas con la unidad de España, en la que se vive un proceso de “demolición”. Las crisis políticas, como las que está perpetrando Zp son las más intensas y que peores consecuencias económicas tienen.

P: ¿Se siente Zapatero en la necesidad de pactar con todos?
R: Se une el hambre con las ganas de comer; en honor a la verdad, este proyecto de demolición no es de Zp ni tan siquiera de Carod, está explicitado en 2001 por Juan Luís Cebrián que utilizaba a Felipe González como busto parlante; si se lee el libro de diálogos de Cebrián, se ve que lo que dice es lo que actualmente se está llevando a cabo, que hay que demoler la Constitución, que hay que pactar con nacionalistas y que había, en su día, que cambiar la trayectoria de Nicolás Redondo. Hay un debate muy recurrente sobre si lo que hace Zapatero es la vuelta al 34, sobre si está ganando la guerra civil treinta años después de morir Franco… yo creo que no; creo que Zapatero es un inepto, un político profesional, que es el gran problema que tenemos ahora. Una transición con problemas muy graves ha producido una democracia degradada, cuyo efecto más claro son los políticos profesionales; entonces, a lo que juega Zapatero es a la supervivencia.

P: ¿Está creando el PP un 'nacionalismo bueno' de CiU y otro malo de ERC?
R: El PP cometió muy graves errores, negoció con ETA, pactó con nacionalistas; el señor Rajoy en el debate del Estauto invalida en buena medida su propio discurso recordando que fue él el que transfirió la competencia de tráfico a la Generalitat, el PP presionó para que no se recurriera al Tribunal Constitucional la ley de política lingüística, es decir, el PP fue tan condescendiente con el nacionalismo como el que más en la medida en que lo necesitó para llegar al poder y ahí no demostró ninguna ética. En mi opinión no hay ningún nacionalismo bueno, ni Aznar hablaba catalán en la intimidad, Esquerra es un hijo natural de Convergencia y Pujol, y lo que hay es un proceso totalitario con diversos frente donde todos se recogen la voces de la sangre derramada por ETA.

P: ¿Qué le parece la oposición que está realizando el PP?
R: Está mejorando en los últimos tiempos, Rajoy ya ha tenido momentos brillantes, como el debate de Estado de la Nación o el del Estatuto, sin embargo, me parece un proceso desvertebrado; en Cataluña, el PP ha desarmado a su electorado y ha desarmado su respuesta; Piqué no ha avisado a la nación de lo que se perpetraba en el Estatuto, que es totalitario; y la segunda cuestión, la lógica del PP sobre el Estatut sería el abandono de la comisión y no conceder legitimidad a ese debate, pero no creo que lo vayan a hacer. Si el PP cuestiona la legitimidad de ejercicio, tiene que defenderla y, si es preciso, abandonar el Congreso hasta que haya elecciones anticipadas.

P: ¿Qué opina de las listas cerradas de los partidos?
R: Todo nuestro sistema político está degradado por nuestra ley electoral en dos facetas; en las listas cerradas de donde se deriva la autocracia interna del Partido Popular; al final, el último diputado depende para sus mantenimiento del beneplácito de sus jefes. Pero eso nos perjudica a todos, yo como demócrata no he dejado de votar en una sola elección en buena medida tapándome las narices y comprendo perfectamente a los que votan en blanco por que me dan una lista hecha y unos diputados que no tienen ningún interés en preguntarme cuáles son mis problemas ya que van a estar más preocupados en cuidar sus relaciones internas. El segundo factor de degradación de la democracia es un sistema que privilegia mediante la Ley d’Hont y la circunscripción provincial a las minorías pervirtiendo el sentido mayoritario de los ciudadanos, de modo que la nación se radicaliza en contra de los sentimientos de la mayoría; y lo curiosos es que esa radicalidad acaba presentándose como moderación y, a los que denunciamos esa perversión se nos tacha de radicales.

P: ¿Cómo está viendo los disturbios de Francia?, ¿es nuestro futuro?
R: No sé si será el futuro. El fracaso de Francia es más clamoroso aún ya que, dentro de esta estupidez de lo 'políticamente correcto', siempre se ha presentado así misma como el ejemplo de integración. En España el PP estaba haciendo una mala política de inmigración con muchos complejos de culpa, pero el PSOE ha disparado la irresponsabilidad; la regularización por patrón u omisión del señor Caldera pone las bases de conflictos futuros y presentes. Presentes porque se están ocultando, los medios ocultamos los problemas bajo el chantaje de ONG’s que se dedican al pilla-pilla presupuestario detrás de las cuales no suele haber nadie. Hay problemas muy graves derivados de la inmigración de los que no se está informando.

P: Como periodista, ¿qué opinión le merece el Estatuto?
R: Estoy absolutamente en contra; hay una obsesión últimamente por controlar la profesión a sus profesionales y yo sigo en el viejo principio de cuantas menos leyes mejor ambiente se produce para la libertad de expresión. Luego existen en la profesión otros problemas que vienen de la absurda creación de las Facultades de Ciencias de la Información que no sirven para nada, la falta de sensibilización de las escuelas de la prensa para ciertos temas, y me parece que el Estatuto del periodista tiene un alto contenido político, para abrir debates metafísicos para ocultar los reales.

TAMPOCÓ DESVELÓ QUE SE TRATABA DE LA ENTIDAD CATALANA
El PSC no informó al Tribunal de Cuentas que La Caixa le había perdonado más de 6 millones de euros
Después de que El Mundo descubriera el acuerdo del PSC con La Caixa, que conllevaba la condonación de más de seis millones de deuda, los socialistas se apresuraron a señalar que su financiación del partido "es transparente" y que el Tribunal de Cuentas tenía conocimiento de este pacto con la caja catalana. Sin embargo, el diario de Pedro J. Ramírez desvela este viernes que el PSC ocultó al organismo público todos los detalles de ese acuerdo. El PP va a pedir la comparecencia de Zapatero y Montilla ante un "caso muy grave", que recuerda a "épocas pasadas, como la de Filesa".
Libertad Digital  11 Noviembre 2005

El PSC ocultó al Tribunal de Cuentas los detalles del acuerdo con La Caixa, especialmente, que la caja catalana le había perdonado más de seis millones de euros. Según adelanta El Mundo, no sólo los socialistas catalanes eludieron dar información sino que tampoco la entidad bancaria que preside Ricardo Fornesa trasladó los datos al órgano de control.

La noticia detalla que el tribunal "preguntó antes del verano al PSC por qué mantenía dos créditos con la Caixa —reconvertidos en uno según la caja de ahorros en su informe corporativo— de 14 millones de euros sin que haya efectuado ningún intento de devolución desde su formalización, pese a que el plazo venció hace 11 años". El 25 de julio, los socialistas catalanes remitieron al organismo una carta en la que explican que "a finales de 2004" alcanzaron un pacto con La Caixa para cancelar la deuda. Únicamente apuntan que han empezado a pagarla. La información es tan escueta que ni siquiera se menciona que la entidad bancaria es la catalana.

En el informe del Tribunal del Cuentas, este órgano expone una queja por que ni el PSC ni la "entidad financiera" le han informado de las condiciones del acuerdo. "En el escrito de alegaciones, el partido informa, sin aportar la documentación acreditativa correspondiente, del acuerdo alcanzado con la entidad financiera a finales de 2004, con efectos económicos en el ejercicio 2005, y que será analizado en el informe correspondiente, una vez facilitada por el partido la documentación justificativa".

La Caixa no ha dado cuenta del acuerdo con el PSC. El Mundo señala que "la única declaración oficial hasta el momento es la realizada el pasado miércoles en la cadena de televisión Cuatro por parte de su presidente, Ricardo Fornesa. Éste aseguró que su entidad "tiene la estrategia" de conceder préstamos a todos los partidos políticos —también CiU, ERC e Iniciativa per Catalunya son clientes— y que lo hace con transparencia".

Stéphane Dion: «Si aceptamos soberanía por cada lengua y cultura, habría 3.000 estados»
Stéphane Dion, conocido por desactivar desde el Gobierno de Canadá el independentismo en Quebec, cree que «uno es más grande cuando aprende a vivir con los demás»
MANUEL TRILLO ABC 11 Noviembre 2005

ZARAGOZA. Dion protagonizó ayer las jornadas sobre federalismo canadiense de la Fundación Manuel Giménez Abad en las Cortes de Aragón.

-¿Cree que el Estado de las autonomías integra nuestra diversidad?
-El federalismo acomoda muy bien las diferencias y permite la convergencia. Es la suma de diferencias para hacer algo mayor. España desarrolla sus regiones a su manera. En Canadá lo vemos con simpatía y amistad.

-Según recoge en sus escritos, tener lenguaje y cultura propios no es suficiente para la soberanía.
-Si aceptamos la idea de separarse por ser diferentes, ¿por qué los quebequeses anglófonos se quedarían en Quebec? ¿Por qué los pueblos autóctonos del norte se iban a quedar en ella? Si aceptamos esa idea, ¿qué hacemos con el planeta? Hay 3.000 grupos humanos diferentes y menos de 200 estados en la ONU. Sería ingestionable y, además, un error moral. Uno es más grande cuando aprende a vivir con los demás que cuando se separa de ellos.

-El término «nación» ha despertado un encendido debate por el Estatuto catalán. ¿Qué opina usted?
-No tendríamos dificultad en encontrar en el diccionario una definición que haga de Quebec una nación, porque hay muchas definiciones. Pero, a nivel jurídico, existe la nación canadiense, que tiene su sede en la ONU, igual que la Nación española. A nivel sociológico, el debate está abierto, se podría encontrar una definición de nación sociológica para los quebequeses, de la misma forma que aparecerían diferentes naciones en Quebec. Y habría muchas naciones en Canadá. Eso no es grave siempre que no se le dé significado jurídico, porque en ese caso induce diferencias de derechos. Por eso, sugiero no entrar en ese debate en Canadá.

-Se le atribuye el freno al independentismo quebequés al convencer de los beneficios de unidad y diversidad. ¿Lo extrapolaría a España?
-No sé cómo la extrapolaría, pero las identidades plurales son cada vez más necesarias. Compartir un gran país con gente con bagaje cultural diferente me refuerza y asegura un mejor futuro a mis hijos. Y cuando uno tiene diferentes identidades, no desea elegir entre la canadiense y la quebequesa, está orgulloso de ambas. No me gustaría que mi tierra se volviera extranjera.

-Usted insiste en la política de la claridad. ¿El proyecto catalán es suficientemente claro? ¿Lo es la política del presidente del Gobierno?
-Deseo mucha suerte a los españoles en su debate y, si en el libro encuentran ideas pertinentes, mejor... Espero que encuentren soluciones dentro de la idea de diversidad y unidad.

-En el libro sostiene que los mensajes deben ser claros y que no haya dobles juegos, que se sepa lo que se propone con la cara por delante.
-Los separatistas han intentado separar Quebec dentro de la confusión. El Gobierno canadiense ha dicho que no jugaría a ese juego.

-¿El cambio de sistema de financiación es un riesgo para la unidad?
-José Carreras defendía: «Más me afirmo catalán, más me siento español». Si esa negociación se hace con ese espíritu, soy optimista.

“Trece entre mil”
Blog de Arcadi Espada  11 Noviembre 2005

Hay un momento de “Trece entre mil”, la película de Iñaki Arteta, en que un guardia civil habla de un asunto realmente interesante. Los antecedentes de este hombre, y el argumento de autoridad que de ellos se desprende, llaman la atención. Una mañana entró en su coche con sus gemelos de dos años, arrancó, dio un par de vueltas y el coche estalló. Vivo, aunque con los tímpanos reventados, salió corriendo hacia la parte de atrás donde estaban los niños. Uno estaba bien, Álex, me parece que se llamaba. El otro, sin embargo, estaba partido en varios trozos. El padre explica ante la cámara que era ciertamente difícil recoger los trozos, que se le resbalaban, y pone en este detalle una atención fría y técnica, muy convincente. Sin duda, uno de los problemas de que despedacen a tu hijito es esa característica jabonosa de los trozos. ¿Cómo cogerlos, eh? Después de estas precisiones se pasa a unas filminas rodadas en película familiar que muestran a los dos gemelos jugando, poco antes.

Estas inserciones son uno de los rasgos de la película, y de nuestro tiempo, claro. Todo está filmado, y la eternidad era esto, y cuando el padre luego dice que el hijito vive por completo entre la familia, ¡es uno más!, se tiende a creerle, porque presenta las pruebas, ahí está el niño y su chupete, y se mueve. Esto me interesa, sin duda, e interesa a mi gramática, pero más aún lo que el padre guardia civil dice a continuación, cuando la cámara vuelve a su cara. Viene a explicar, seguramente porque le han preguntado por la venganza, que cuando sucede una cosa así uno habla y habla, viene a decir que fantasea con la venganza, algo así, pienso yo, como hacer un batido completamente natural con los ojos de los asesinos, pero que eso son hablares y cantares, viene a decir. Porque, concluye: “Uno se da cuenta de que no puede. Uno se da cuenta que no es así.

Que no lleva esa maldad dentro”. Esa explicación me dejó hundido en la butaca. Porque, la verdad, yo, que no he perdido a nadie, también iba fantaseando con lo mismo a medida del detalle de casos, y la verdad es que me iba preguntando, y con creciente intensidad, cómo nadie se vengó. Hasta que uno se da cuenta que no es así. Esto es. Salí del cine y esto es, y así también mientras bebía un poco de vino antes de acostarme. Esto es que cuando se hable de las causas del terrorismo, de la violencia y del asesinato habrá que volver al guardia civil que ya ha abierto la puerta de atrás del coche y a los trece, y a los mil. Porque, así como causa, e incluso como causa legítima, escuchen... a ver qué les parece más causa: ¿La libertad del pueblo vasco o los trozos del hijo? Y ya no digo como causa real. Ni siquiera. Digo como causa percibida como real. ¿La libertad o los trocitos? Venga, valientes. Ah, las causas. Todo era incierto y borroso hasta que habló el guardia civil. Es que uno se da cuenta de que no es así.

Desde luego: el hambre, la miseria, las profanaciones y, por encima de todo, la opresión del pueblo vasco son causas de la violencia y de la desesperación, especialmente de la desesperación juvenil. Pero... ¿los trece trozos, tan resbaladizos? Es que uno se da cuenta que no es así. Puede que sea incluso una mala cosa. Pero es que uno se da cuenta que no es así. Manda cojones, con mi hijito muerto. Y que no.
 



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