AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 4 Diciembre 2005

Lingüismo nacionalista
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 4 Diciembre 2005

Letra y espíritu de la constitución
Editorial ABC  4 Diciembre 2005

El cesarismo empírico, o mandar a la deriva
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA ABC 4 Diciembre 2005

Reforma de contrabando
IGNACIO CAMACHO ABC 4 Diciembre 2005

ESTO SE ESTÁ PONIENDO RARO
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 4 Diciembre 2005

Derecho a equivocarse
Ignacio Cosidó Libertad Digital 4 Diciembre 2005

Gracejo
JON JUARISTI ABC 4 Diciembre 2005

Los deberes históricos
IGNACIO MARCO-GARDOQUI El Correo 4 Diciembre 2005

No ofender a los asesinos
MARÍA PILAR RUIZ ALBISU El Correo 4 Diciembre 2005

El 3-D, un gran acto por Cataluña, por España y por la Constitución
Editorial Elsemanaldigital 4 Diciembre 2005

¿PP? No, gracias
Nota del Editor 4 Diciembre 2005

Cuando los verdugos insultan a las víctimas
Periodista Digital 4 Diciembre 2005

Rosa Díez vuelve a pedir unidad a PP y PSE para que ETA "deje de marcar la estrategia"
Libertad Digital  4 Diciembre 2005
 

Lingüismo nacionalista
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 4 Diciembre 2005

Lo que hagan los nacionalistas me trae al pairo. Muy poco de nuevo se puede escribir a estas alturas sobre la utilización nacionalista de la educación, en una "escuela nacional" fundamentada en el adoctrinamiento. Lo sorprendente es la posición de los socialistas, que cada día nos dan una muestra más de su aproximación política –no sé si ideológica- hacia una cosmovisión nacional-socialista en las comunidades llamadas "históricas".

Es evidente que los modelos lingüísticos han fracasado en las Vascongadas (me niego a llamar País al lugar donde vivimos los vascos, ya que hoy nadie duda de que hay territorios vascos que fueron vasconizados). Igualmente el euskera no es la única lengua propia de los vascos, ya que el castellano se originó en la parte occidental de los territorios vascongados, tal como lo demuestran los Cartularios de Valpuesta, recientemente analizados en la comunidad científica por investigadores como Saturnino Ruiz de Loizaga.

Y ¿por qué es obvio que el euskera no ha tenido resultados suficientes en la escuela? Pues porque las cosas se han hecho mal. Pero no en el sentido que denuncian los partidos nacionalistas (socialistas inclusive).

La ley de "normalización" (sic) del uso del euskera, implantada hace veinticinco años sigue diciendo, en su artículo 16.2, que los modelos lingüísticos se regularán conforme a dos principios: la elección de los padres y la realidad sociolingüística de cada zona. Por una parte, la elección de los padres ha sido inducida y condicionada. No ha sido libre. Por otra, han hecho caso omiso de la realidad sociolingüística. En amplias zonas castellano-hablantes, donde el uso social del euskera no supera el 10%, se ha implantado de forma mafiosa e impositiva el modelo D, que es el que imparte toda la enseñanza en euskera (inmersión completa). Con lo cual el resultado es diglosia absoluta, es decir, una contradicción entre el entorno lingüístico y el código de comunicación utilizado en la escuela.

Ahora no sólo se pretende reincidir en esa barbaridad que impide la elección del tipo de educación, y más específicamente la educación en lengua materna, sino que se trata de dar el último zarpazo a la enseñanza en castellano para que la lengua española desaparezca ya por completo de los centros educativos. Por cierto... ¿por qué no se analiza la rentabilidad social del faraónico gasto en euskera, teniendo en cuenta que el uso social del euskera ha avanzado muy poco en estos veinticinco años de opresión nacionalista?

Letra y espíritu de la constitución
Editorial ABC  4 Diciembre 2005

SE puede calificar de éxito la convocatoria de ayer del Partido Popular, con la Puerta del Sol y las calles adyacentes abarrotadas por una multitud de ciudadanos. En un ambiente de madurez democrática, sin ningún incidente ni actitud discordante respecto del lema «Con la Constitución, todos juntos», el principal partido de la oposición ha sabido dar el tono adecuado a un acto que suponía la reaparición en público de Mariano Rajoy después de la caída del helicóptero y al que asistieron todos sus líderes, incluido José María Aznar. La lectura de artículos seleccionados de la norma fundamental, el despliegue de banderas españolas y autonómicas y una puesta en escena bien diseñada han contribuido al enfoque positivo de un acto que logró conjugar la firmeza de las posiciones de partido con la defensa inequívoca de la Constitución de todos.

En esta línea, el discurso de Rajoy fue fiel reflejo de la sutil combinación de principios y estrategias que le han llevado a un liderazgo interno indiscutido. La idea de España se refuerza a través de las Comunidades Autónomas, concebidas como forma de articular la nación única y no de fragmentarla. La libertad y la igualdad de todos los españoles se convierten en ejes de un discurso político que rechaza de forma contundente el nacionalismo obligatorio, el radicalismo o la intolerancia.

En fin, el recuerdo a las víctimas del terrorismo y la defensa de la libertad de expresión sitúan en primera fila asuntos que parecen incomodar al Gobierno en estos últimos tiempos. La llamada colectiva a «la concordia, la sensatez y el respeto», lo mismo que los tres «vivas» finales (a la Constitución, a la libertad y a la nación española) apelan a una gran mayoría de los ciudadanos, más allá de la militancia o de las simpatías partidistas. En este punto, Rajoy ha conseguido que mucha gente identifique al PP con la defensa genuina del consenso constitucional y el éxito de la Transición, mientras Zapatero deja libre un amplio espacio del centro político a causa de la querencia hacia las posiciones radicales que le exigen sus socios parlamentarios.

Es destacable el planteamiento del líder de la oposición ante la reforma constitucional, basado en la prudencia y la moderación y evitando caer en la rigidez o el dogmatismo. Habrá que cambiar algo (con referencia expresa a la sucesión a la Corona) si es conveniente, en el momento oportuno y siempre manteniendo el espíritu de consenso; habrá que rechazar, en cambio, las reformas inspiradas por aquellos que nunca creyeron con sinceridad en el gran pacto nacional alcanzado en 1978. La letra de la Constitución es susceptible acaso de alguna modificación concreta, pero su espíritu debe preservarse íntegramente. Con ese fin, el constituyente adoptó la sabia previsión de establecer un procedimiento rígido de revisión, sobre todo para salvaguardar las grandes decisiones políticas respecto de las mayorías coyunturales. Mientras que el Gobierno intenta por todos los medios vender la imagen de un PP aislado y que dice «no» a todo, la estrategia inteligente por parte del centro derecha consiste en demostrar que cuenta con un notable apoyo social y que sabe ser reformista cuando hay que serlo, pero sin embarcarse en las aventuras a las que se lanza Zapatero aunque no tenga muy claros los objetivos ni los medios.

Rajoy ha sabido también colocar en un lugar preferente del debate político el peligro que trae consigo la degradación de la Constitución. La norma fundamental es y debe ser una realidad efectiva: no es, en cambio, una «apariencia», ni una «ficción», ni un «fantasma» de la libertad. Quiere ello decir que existe el riesgo de que la actual mayoría pretenda disociar la letra y el espíritu de la Constitución. Esto es, dejar la Carta Magna tal y como está, pero convertirla en una norma puramente retórica y desprovista de sustancia, porque las grandes decisiones se adoptan en los estatutos de autonomía o en las leyes orgánicas, para cuya aprobación o modificación cuenta con los votos suficientes en las Cortes generales. Por eso, el PSOE se suma sin problemas al elogio formal de la Constitución para luego apoyar textos legislativos que conllevan su ruptura material. Si la Constitución habla de nación española integrada por nacionalidades y regiones, no sirve decir que se trata de un término polisémico o que el debate es puramente teórico. Habrá que estar muy pendientes del peligro que acecha hoy día a la Constitución que preside esta etapa brillante de nuestra historia.

El cesarismo empírico, o mandar a la deriva
POR MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS ABC 4 Diciembre 2005

... El asunto más grave entre nosotros es la ley electoral. El día que acertemos con una buena legislación electoral los restantes problemas se solucionarán satisfactoriamente. Con unas buenas normas electorales, el Senado, adecuadamente reformado...

EL gobernante, el buen gobernante, inicia su mandato con un programa de actuaciones que pretende llevar a cabo. A veces los obstáculos son insuperables y hay que detenerse en el camino, o cambiar de ruta. Pero esto no significa que se desconozca el objetivo político que se quisiera alcanzar. Ahora bien, algunos de los denominados «gobernantes» mandan a la deriva, sin dirección o propósito fijo. Hace unos años, treinta o cuarenta, en la Universidad de Barcelona, cuando explicaba a mis alumnos la distinción entre «mandar» y «gobernar», solía acudir al ejemplo de lo que ocurre en los campos de fútbol. Hay equipos que afrontan los encuentros deportivos con un planteamiento de victoria elaborado por los entrenadores. Se debe atacar de una determinada manera y defenderse también con unas normas tácticas adecuadas. Otros equipos, por el contrario, salen al campo para «jugar a la contra». Van resolviendo las situaciones sin una estrategia propia que no sea la de echar balones fuera. La Real Sociedad de San Sebastián fue el once que mejor jugaba a la contra. No conquistaba el campeonato; permanecía en las sucesivas temporadas sin pena ni gloria.

El Gobierno a la deriva de apariencia democrática tiene en la ciencia política la denominación de «cesarismo empírico». Es mandar sin una meta clara. No importa que se alegue que se está cumpliendo un programa electoral. La invocación al programa es un medio para conservar el poder. No es un fin del ejercicio del poder. Los tratadistas de este asunto se refieren preferentemente a ciertas Repúblicas iberoamericanas. Chile con su Constitución del 18 de septiembre de 1925 formalizaría un prototipo de cesarismo empírico: el presidente de la República decide mientras que el Congreso apenas cuenta. Sin embargo, no fue sólo en Iberoamérica donde se establecieron regímenes con gobernantes jugando a la contra. Europa, en el período entre las dos grandes guerras, de 1914 a 1939, fue un territorio abonado para el cesarismo empírico. Tenemos que recordar lo sucedido en Yugoslavia después de la proclamación regia del 6 de enero de 1929, o en Turquía con la República de 1923, o el Polonia con la Constitución de 23 de abril de 1935. El cesarismo empírico se impuso como un modo de mandar en circunstancias difíciles o con pueblos carentes de virtudes cívicas.

Aceptar «lo que viene de arriba» es más cómodo que oponerse al gobernante, transformado en césar. Una vez ocupado el puesto de mando, el capitán recibe innumerables adhesiones, algunas de ellas inesperadas. Sabemos que no es un fenómeno exclusivo de los países latinoamericanos, como algunos analistas europeos nos quieren hacer creer. Una visión parcial, por ejemplo, son las observaciones de un autor tan admirado como André Siegfried. Describe así el cesarismo empírico: «Que el jefe se imponga por la fuerza, que sea plebiscitado o regularmente elegido, poco importa en Latinoamérica, ya que la conclusión es siempre la misma: no se trata más que de él, sólo de él. El jefe encarna en su persona la noción misma del poder, de la soberanía; los ministros, sus ministros, son meros comisionados, responsables solamente ante él, simples reflejos de su persona y siempre revocables a su voluntad».

Estas apreciaciones de Siegfried fueron escritas en 1934. Europa, incluida Francia, conocería luego lo que puede ser el cesarismo, ideológico o empírico, cuando se padece directamente. ¿Por qué no reaccionaron los franceses durante el Gobierno de Vichy? ¿Por qué se sometieron los alemanes y los italianos ante sus respectivos dictadores? ¿Por qué los españoles aguantamos los casi cuarenta años de régimen franquista?

A mi juicio, la clave para entender en Europa el cesarismo se encuentra en la preponderancia de los tibios en todas las sociedades. Por los años cincuenta, del siglo XX, en mis estancias estudiantiles en Alemania pude comprobar que los padres de mis compañeros se negaban a hablar de lo ocurrido allí bajo el mandato de Hitler. No se me olvida la escena que contemplé durante la comida en la casa de un notable empresario, serio y católico, al que uno de sus hijos se atrevió a preguntar en mi presencia lo que habían hecho él y sus amigos durante el nacionalsocialismo. «Eso no se pregunta», contestó cortante el padre de familia. Los comensales nos quedamos paralizados. Estoy seguro de que en aquel ambiente no había antiguos nazis, ni simpatizantes del III Reich. Eran unos ciudadanos de buena fe, pero de carácter tibio. Soportaron años en silencio cuanto les echaban encima.

El caso hoy más notable de cesarismo empírico europeo quizás lo tengamos en Italia. Pero no es el único. Es cierto que Silvio Berlusconi manda con la cobertura de una Constitución que impone limitaciones al Gobierno y lleva a las Cámaras parlamentarias a unos representantes de los ciudadanos. Sin embargo, el presidente del Consejo de Ministros italiano hace y deshace a su antojo. Se oyen voces de protesta por aquí y por allí, pero Berlusconi, cuan césar, avanza impasible. ¿Hacia dónde? ¿Hacia la derecha o hacia la izquierda?

Muy difícil es contestar a estas preguntas. El cesarismo empírico se caracteriza, como hemos dicho, por ir a la deriva, sin una meta concreta en el horizonte.

Aseguran algunos observadores que lo que actualmente ocurre en ciertos países formalmente democráticos es que la concentración en una sola mano de la jefatura del Gobierno y la jefatura efectiva del partido mayoritario les lleva inexorablemente al cesarismo. Regímenes oficialmente parlamentarios se transforman en presidencialistas, aunque sin los pesos y contrapesos del presidencialismo auténtico. El año 1993 publiqué «La ilusión política», un libro con este subtítulo: «¿Hay que reinventar la democracia en España?». Hace doce años apreciaba ya los síntomas inquietantes de una cultura política de resignación. Y describía el presidencialismo encubierto bajo el manto de una Monarquía parlamentaria. Mi preocupación era que nos convirtiésemos otra vez en súbditos. «El ciudadano pasivo, inhibido ante las urnas, distanciado de las organizaciones que defienden sus intereses políticos, sociales y económicos, se transforma -sabiéndolo o sin saberlo- en un colaborador eficaz del régimen de sumisión. Cuesta mucho ascender de la condición de súbdito a la categoría de ciudadano. Por aquí -apostillaba yo- sabemos algo de eso. Es más fácil descender de ciudadano a súbdito».

En estos días celebramos la Constitución de 1978. Fue un glorioso punto de partida. Pero nos queda camino por delante. Se suele afirmar que el problema número uno en la presente situación política es la cuestión territorial, o sea el afianzamiento del Estado de las Autonomías, sin que ninguna de las Comunidades se sienta incómoda, o infravalorada, o discriminada. La letra del texto constitucional no permite la excepcionalidad para nadie, sino que proclama que todos los españoles son iguales ante la ley, con los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado, según leemos en el artículo 139.1, siendo competencia exclusiva del Estado la regulación de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes constitucionales, según se afirma literalmente en el artículo 149.1.1ª de la misma Constitución.

Creo, empero, que el asunto más grave entre nosotros es la ley electoral. El día que acertemos con una buena legislación electoral los restantes problemas se solucionarán satisfactoriamente. Con unas buenas normas electorales, el Senado, adecuadamente reformado, será la Cámara de representación territorial (conforme a lo establecido en el artículo 69.1 de la Constitución) y en el Senado podrán tener asiento todos los partidos, tanto los de ámbito nacional (con votantes en todas las zonas de España), como los partidos sólo implantados en una Comunidad Autónoma. Y no hay obstáculo para que en ese Senado reconstruido se utilicen los idiomas de la pluralidad lingüística española.

Situación diferente ha de registrarse en el Congreso de los Diputados. Tomando el modelo alemán, y estableciendo una barrera de porcentaje mínimo para participar en el reparto de los escaños, sólo los grandes partidos, con votantes en todos los territorios, estarán presentes en el Congreso.

No se discriminan los ciudadanos de las Comunidades Autónomas con partidos propios, de dimensiones geográficas limitadas. Pueden ir al Senado, con protagonismo en el mismo. Simplemente con la barrera del porcentaje mínimo se facilita la gobernabilidad de los españoles. A los 27 años de vida constitucional, hay que procurar sentirse optimista ante el futuro inmediato. No volveremos a ser súbditos. No seguiremos siempre la ruta de la democracia claudicante. Los cesarismos, ideológicos o empíricos, deben exportarse al otro lado de los mares.

Reforma de contrabando
IGNACIO CAMACHO ABC 4 Diciembre 2005

CARTA DEL DIRECTOR
EL consenso constitucional no es un mito ni una leyenda urbana, como parecen sostener algunos arúspices del zapaterismo, presos del iluminado delirio de la Segunda Transición. El consenso constitucional fue un acuerdo de la inmensa mayoría de los partidos españoles -desde la derecha dura al comunismo- para construir a base de cesiones mutuas un marco de convivencia nacional que ha hecho posible más de un cuarto de siglo de estabilidad democrática, progreso económico, cohesión social y desarrollo autonómico. Y que ha permanecido vigente, a trancas y barrancas, a medida que la sociedad española evolucionaba hacia nuevas formas de vida.

Por alguna razón, no explicada de manera suficiente, alguien ha decidido clausurar ese consenso, enviarlo al desván de la Historia y sustituirlo por un nuevo pacto, de menor apoyo ciudadano, en el que los nacionalismos parecen llamados a desempeñar un rol de primer orden. Precisamente los nacionalismos que más cuestionaron el orden constitucional, del que sin embargo se han aprovechado para desarrollar amplísimas cotas de un autogobierno que ahora consideran insuficiente y caducado.

Ese alguien no es otro que el presidente Rodríguez Zapatero, cuyos seguidores más iluministas hablan ya sin tapujos del «viejo PSOE» para referirse a los sectores socialistas -quizá mayoritarios- que aún consideran vigente el acuerdo fundacional de la actual democracia española. Y que tienen, como los demás ciudadanos, el derecho a mostrar su perplejidad y su asombro por el hecho fehaciente de que el Gobierno ha emprendido un programa de reformas de fondo que no figuraba en el contrato con el que se presentó a las elecciones.

La base de este impulso renovador la constituye la vaga consideración de que la Transición ha quedado superada y es necesario darle una vuelta de tuerca con un difuso horizonte programático. Ocurre, sin embargo, que este nuevo pacto, cualesquiera que sean su naturaleza y alcances, va a tener por fuerza una base mucho más estrecha que el de 1978, ya que excluye de partida al partido que representa a casi un 40 por ciento de los españoles. De ahí que el consenso constitucional siga siendo, de largo, el más eficaz y válido; en democracia, el éxito se mide por la capacidad de recabar apoyos, y las políticas de cohesión e igualdad contenidas en la Carta Magna gozan en este momento de mucho más respaldo que el aventurerismo excluyente con el que se las trata de sustituir.

Diríase, incluso, que en el propio seno del Partido Socialista hay muchos más partidarios de mantener el espíritu de mayorías transversales que de cambiarlo por el inestable acuerdo con unos nacionalismos poco comprometidos no sólo con la idea de igualdad, sino con el concepto esencial de una nación de ciudadanos. La idea de nación de naciones es un dislate que irrita a cualquier progresista mínimamente consciente del valor de la igualdad de las personas por encima de los territorios. Por mucho que los intereses políticos del PSOE y del PP sean en este momento divergentes hasta un grado inaceptable de enfrentamiento, el acuerdo de fondo que sostiene la estructura ideológica de ambos partidos es más profundo que las diferencias tácticas o estratégicas de la batalla por el poder.

Pero eso es lo que nadie parece comprender, al menos desde la dirección del Gobierno. (Digo la dirección porque en el Gabinete se sientan algunas personalidades que sí lo entienden con toda nitidez). Construir un pacto de largo alcance con fuerzas nacionalistas, y reformar de hecho la Constitución, bien a través de su letra o de su espíritu, supone en primer lugar un engaño a los ciudadanos que fueron a votar sin ser advertidos de tales intenciones, y en segundo término constituye una política suicida para la estabilidad del país y del Estado, que acabará determinando una España de dos velocidades económicas y sociales. Justo el peligro que se logró evitar durante los primeros años de desarrollo constitucional.

Es al presidente Zapatero a quien corresponde la iniciativa para enderezar este rumbo errático que puede conducir, quizá no a la ruptura del Estado, pero sí a la quiebra de la cohesión social y política de la nación. No vale culpar a la oposición de imposibilitar el consenso con políticas crispadoras o con intransigencias de máximos, que pueden ser reales pero nunca alcanzarán la importancia decisiva de la acción de Gobierno. Es el Gobierno el que tiene la responsabilidad de marcar la dirección correcta. Por antonomasia, porque es el Ejecutivo el encargado de proponer las políticas y tomar las decisiones. Y también porque este cambio estratégico no figuraba en el programa electoral con el que concurrió a las elecciones.

Contrasta, en este sentido, el énfasis pactista que Zapatero puso durante su periodo como líder de la oposición con la iniciativa excluyente que caracteriza su etapa de primer ministro. Fue Zapatero el que supo expresar con acierto y responsabilidad las virtudes de los grandes pactos de Estado horizontales, entre las dos únicas fuerzas que pueden sostener el núcleo del Gobierno de la nación. Sin embargo, no ha sabido hasta ahora dar una sola razón convincente de su empeño por marginar al PP de los grandes acuerdos y del diseño mismo de las políticas de Estado, en beneficio de unos socios tan coyunturales que ya está barajando, tan sólo año y medio después, la posibilidad de sustituirlos por otros no mucho más fiables -aunque sin duda con mayor responsabilidad- en la firmeza de su compromiso con España.

Al cumplirse una nueva efemérides de la Carta Magna, la necesidad de renovar su compromiso de acuerdos máximos es más necesaria que nunca, y así lo percibe con toda claridad la opinión pública. El Estatuto catalán supone un desafío a los principios de unidad nacional consagrados en la Constitución, y sobre todo ponen en solfa los conceptos, democráticamente sagrados, de la igualdad entre los ciudadanos. Y eso no lo va a arreglar Zapatero con un maquillaje nominalista a base de birlibirloques retóricos y retruécanos conceptuales. La Constitución del 78 puede y acaso deba ser reformada, pero el único camino legítimo para hacerlo es mediante un acuerdo ciudadano tan amplio o más que el que la hizo posible. Todo lo demás es trampa, enredo, matute, asechanza y contrabando. Es decir, un timo a la voluntad política de los ciudadanos.

director@abc.es

Construir un pacto con fuerzas nacionalistas para reformar de hecho la Constitución, a través de su letra o de su espíritu, supone en primer lugar un engaño a los ciudadanos que fueron a votar sin ser advertidos de tales intenciones, y en segundo término constituye una política suicida que acabará determinando una España de dos velocidades

ESTO SE ESTÁ PONIENDO RARO
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 4 Diciembre 2005

A mediados de semana, militantes de ERC, pastoreados por dos diputados del mismo partido, se encadenaron frente a la sede de la COPE y armaron la de San Quintín. El gesto extemporáneo y las caretas que cubrían los rostros evocaban dolorosamente los desplantes a que nos tiene habituados HB. Zapatero afeó el acto, aunque no con la claridad que las circunstancias exigían.

Habló de intimidaciones análogas a la SER, lo que resulta falaz por dos razones. Primero, porque la SER no ha sufrido un episodio semejante. Segundo, porque ningún diputado de la derecha se ha personado ante la cadena para autorizar con su presencia la acción de alborotadores enmascarados. Por supuesto, el presidente acumulaba motivos para no ser más explícito. ERC es aliada del Gobierno, y esto la convierte en intangible de momento. Todo esto es grave. Pero es aún más grave cuando se coloca en contexto.

En 1998, Pujol decidió no renovar la licencia a varios postes de la COPE en Cataluña. El razonamiento expreso fue que la ley de política lingüística que ese mismo año se había votado en el Parlament exigía porcentajes de emisión en catalán incompatibles con la renovación de las licencias.

El Tribunal Superior de Cataluña aceptó el recurso presentado por los afectados, y las emisoras han seguido funcionando hasta ahora. El Tribunal Supremo acaba de avalar la renovación de la licencia, basándose en que la medida de la Generalitat implicaba la aplicación de una norma con efecto retroactivo. Por debajo, sin embargo, de los silogismos técnico-jurídicos, subsisten hechos políticos insoslayables. La decisión de Pujol no estaba inspirada, resulta claro, en un prurito de carácter formalista. Es cierto que Pujol ha sido, por lo general, un hombre prudente. Y es verdad también que ha gastado unos modos que, en términos comparativos, se nos antojan ahora exquisitos. Ello no quita, no obstante, para que el ex presidente haya hecho todo cuanto estaba en su mano para ahogar el pluralismo en la región del nordeste.

Los excesos actuales constituyen, en gran medida, una consecuencia diferida de los hábitos, procedimientos y mañas que se incubaron durante la larga etapa pujolista. La determinación de suspender las concesiones rompía una ley no escrita: la de la renovación automática. Principio indisociable de la libertad de expresión, en peligro máximo cuando la capacidad de seguir hablando depende de la voluntad o buena disposición de quien ocupa el poder.

De los tiempos aún próximos de hegemonía convergente, a los actuales, la situación se ha deteriorado en proporciones dramáticas. Dos factores merecen ser tenidos en cuenta. El primero, es terrorífico. En el 98, el jefe convergente acudió a un pretexto artificioso para silenciar a sus enemigos políticos. En el 2005, por el contrario, los argumentos son directamente ideológicos. CiU, PSC y ERC han iniciado un ataque concertado contra la cadena, alegando que éste difunde contenidos ofensivos para Cataluña, la convivencia y la verdad. Sobrecoge que puedan decirse estas cosas en una democracia. En una democracia, los límites a la libertad de expresión ha de ponerlos el Cogido Penal, no la interpretación que de la verdad o la convivencia tengan a bien hacer los agentes políticos. Que uno de los más locuaces sea Montilla, el guardián facultativo del espacio audiovisual, añade escándalo al escándalo.

El segundo factor es futurológico. La COPE ha continuado emitiendo gracias a que, en materia contencioso-administrativa, existe todavía algo parecido a una justicia de rango nacional. El caso es celebrable, con independencia de la simpatía que nos merezca la cadena de los obispos. ¿Persistirán estas garantías cuando la justicia se haya fragmentado según las líneas de fisura de los poderes regionales? No se pongan a contar con los dedos de la mano, porque son insuficientes. Dependeríamos de la amabilidad o complacencia... de 17 gobiernos autónomos. Y en el terreno de la libertad de expresión no se dan las disidencias que se registran en otros. Verbigracia, el fiscal. Todos querrán mandar todo lo que puedan. Y lo harán si se les ofrece la oportunidad.

Una última observación. En el 2002, se sacó una ley en virtud de la cual la no renovación automática de licencias sólo podría suspenderse si se producía una vulneración de los derechos fundamentales. La decisión, además, debía estar respaldada por una sentencia firme del Supremo. Da la sensación, sin embargo, de que el Consejo Audiovisual de Cataluña está experimentando unas urgencias censorias notables. ¿Se cambiará la ley? ¿Se sostendrá que la COPE vulnera derechos fundamentales? ¿Más, por ejemplo, que el diario «Gara»? Esto, señores, se está poniendo raro. Muy raro.

ETA
Derecho a equivocarse
Ignacio Cosidó Libertad Digital 4 Diciembre 2005

Rodríguez Zapatero es de los que cree que cerrando los ojos y deseando mucho algo ese deseo se termina cumpliendo. Nuestro Presidente cree además que está tocado de una especie de fuerza cósmica, laica por supuesto, que guía siempre sus pasos en la dirección correcta. En lo más profundo de su ser piensa que para que una persona como él haya llegado a donde ha llegado tiene que haber algún tipo de factor extrahumano. Por eso Rodríguez Zapatero se cree infalible. Esa luz interior es la que le dijo que Kerry ganaría las elecciones en Estados Unidos, es la que supuso que Angela Merkel nunca llegaría a ser canciller de Alemania y es la que le hace confiar ciegamente en que el nuevo Estatuto para Cataluña será bueno para España.

Contra toda evidencia el Presidente Rodríguez Zapatero sigue esperando también que ETA declare una tregua definitiva. La banda terrorista, por el contrario, ha aumentado el número de sus acciones criminales, ha incrementado su acoso a los empresarios para seguir financiándose de la extorsión y el chantaje y ha hecho rebrotar el terrorismo callejero en las ciudades del País Vasco. Ningún hecho ni ningún mensaje de la banda terrorista parece insinuar una voluntan de abandonar las armas, pero alguna fuerza oculta le ha dicho a Rodríguez Zapatero que la banda va a disolverse pronto.

A los que nos parece no sólo un inmenso error, sino una absoluta inmoralidad los ofrecimientos de negociación a la banda terrorista, las concesiones políticas que ya se le han hecho, la permisividad con un partido ilegal como Batasuna, la claudicación del Estado de Derecho y los ataques a la dignidad de las victimas, se nos acusa de no querer acabar con ETA. Hay quién nos acusa directamente de querer que los terroristas nos sigan matando porque eso nos es muy rentable políticamente. A quiénes han tenido que doblar muchas veces la rodilla para mirar debajo de su coche, a los que aún hoy en el País Vasco llevan escolta por el mero hecho de militar en un determinado partido, a quiénes se sigue insultando, acosando y amenazando, se les dice que eso es precisamente lo que buscan y que por tanto son también parcialmente culpables de su propia condición de víctimas de la que no quieren escapar.

¿Cómo es posible que los que han compartido hasta hace bien poco con nosotros las muertes y aún comparten asedios, amenazas y coacciones nos digan que lo único que queremos es que ETA siga viva? ¿Cómo es posible? Porque pese a nuestra absoluta convicción de que las concesiones a los terroristas son un profundo error, nada nos agradaría más que estar equivocados. Porque aunque nos parezca inmoral hacer determinadas concesiones a los terroristas en busca de un rédito electoral, nada nos satisfaría más que cualquier Presiente del Gobierno, se llame como se llame, lograra que ETA abandonara definitivamente las armas sin ninguna contraprestación a cambio. Porque ni en la más dura de nuestras críticas hemos nunca insinuado si quiera que lo que busque Rodríguez Zapatero con este proceso de dialogo secreto sea fortalecer a ETA, aunque ese sea lamentablemente el efecto que produce. Acusarnos de querer perpetuar a los terroristas me parece lo más indigno, lo más calumnioso y lo más ofensivo que pueda decirse de alguien que cree en la libertad y en la democracia.

Es posible que políticamente fuera más inteligente dejar que Rodríguez Zapatero se estrellase con un silencio cómplice por nuestra parte. Nada más cómodo que la posición cínica de no oponerse a su iniciativa de negociar con los terroristas en la convicción de que ETA no se va a rendir de forma espontánea a cambio de nada y que el proceso está condenado al fracaso. En ese supuesto siempre podríamos decir luego: nosotros le dejamos hacer y mire donde nos ha conducido, teníamos una ETA al borde de la derrota y Usted la ha resucitado. Y si por una infinita casualidad al final tuviera éxito siempre podríamos subirnos al carro de los triunfadores.

Pero sinceramente no podemos. Ni podemos ni queremos ocultar lo que pensamos. El presidente del Gobierno está cometiendo un inmenso error y sentimos la obligación moral y política de denunciarlo siempre que haya la mínima oportunidad. Ni estamos dispuestos a que se hagan concesiones políticas bajo la mesa de negociaciones ni en una mesa paralela. Tampoco estamos dispuestos a que se pisotee la dignidad de las victimas sacando impunemente a los asesinos a la calle. La debilidad y la equivocación de la política antiterrorista de este Gobierno está fortaleciendo a los terroristas y eso, por desgracia, se puede demostrar con datos objetivos. Y personalmente tengo la profunda convicción de que cuando los errores se pueden pagar con vidas humanas nadie tiene a priori el derecho a equivocarse.

Ignacio Cosidó es senador del Partido Popular

Gracejo
JON JUARISTI ABC 4 Diciembre 2005

ROVIRETA es un chistosillo, un graciosín, qué majo él, qué saladino y la lámpara maragallosa, yo es que me parto, jo, jo, jo, jo. No habían pasado tres horas del trompazo de Rajoy y Aguirre y ya tenía tres chistes que contar sobre el asunto, uno por hora. Cosa del ingenio popular, dice el tío. Qué va, Josep-Lluis. No te apuntes otro, que ya vas sobrado: el ingenio republicá de esquerras, ése que tanto nos divierte. Tres chistes, tres, y los tres por móvil. No pretenderás que creamos que te los manda el pueblo soberano, ¿verdad? Uno por lo menos te lo ha pasado Puigcercós, gran especialista.

Te lo cuento como lo contó él hace dos semanas por el canal cuatro: «Van Acebes, Aguirre, Aznar y Rajoy en un barco por el Manzanares. El barco se hunde. ¿Quién se salva?: el Estatut». ¿Lo entiendes o tengo que explicártelo? Mira: van Acebes, Aguirre, Aznar y Rajoy en un barco, o sea, en un vaxell. Por el Manzanares, eso es. No, no por el estadio, por el río. No, no por el de Colombia, por el de Madrid. Que sí, que ya sé que hay un río Manzanares en Colombia, pero el Manzanares del chiste de Puigcercós era el de Madrid, seguro. Y el barco (sí, collons, el barco, el vaxell) va y se hunde. Sí, con los cuatro. No, no sé si va alguien más. ¿Que si no va también Arcadi Espada no tiene gracia? Vale, pues que vaya también Arcadi Espada. No, no metas a Vidal-Quadras, que va a parecer un trasatlántico. Bueno, pues el barco se hunde. ¿Que por qué se hunde? Ni idea. Quizá porque choca con un pato, vete tú a saber. No, no es cosa de la ETA, tranquilo. No, claro que tú no tienes nada que ver, Josep-Lluis, se hunde porque se hunde, se va a pique. A pique he dicho, no a Piqué. Entonces, como digo, se hunde. Sí, el barco, no Piqué ¿Quién se salva? ¿Rajoy, dices? No, no, no. ¡El Estatut, hombre! ¿Cómo que qué hacía el Estatut dentro del barco? ¡Anda a fer punyetes, Rovireta, que me tienes harto! Ah, que no es usted Rovireta. Disculpe, me he confundido de número. Qué plancha. Perdón. Disculpe, disculpe, señor Presidente.

La verdad, y ahora fuera bromas, yo creía que los escamots tenían la exclusiva del gracejo borde, pero aquí, cuando alguien del PP se pega una costalada, empieza a gracejar media Asamblea de Catalunya. Curioso sentido del humor, el de estos payeses (sabiamente, el ordenador corrige y pone payasos).

Del Rovireta ya sabíamos que a cualquier revés del contrario, por anecdótico que sea, le saca punta. Lo sueltas, por ejemplo, en Tierra Santa y no para hasta que se le ocurre el chiste visual más sangriento posible sobre lo que le enseñaban en el seminario (total, los cristianos son unos fachas y que se chinchen los obispos). Qué no haría en Calcuta con las toallas del hotel y su finura volteriana, no quiero ni pensarlo. En fin, que Chiquito de la Calzada, al lado del Rovireta, Chesterton.

Pero, ¿y Borrell? A Borrell no lo teníamos calado, tan circunspecto el tipo. Hasta caía bien, aunque en lo de caer bien, pues mira, según de qué altura, y el trastazo moral se lo ha trabajado él solito desde la cota de los grandes macarras y sin red Schengen. Todo por elevar el listón al infinito, el muy artista del trapecio.

Desde luego, nos lo ha puesto imposible, a costa, eso sí, de su reputación. A ver qué se nos ocurre cuando Bono se deje un día los piños en la tribuna norte del Bernabéu, durante un aterrizaje fallido. Al autogiro de Móstoles, que lo debió de inventar el bisabuelo de La Cierva para el famoso alcalde de la francesada, lo hemos visto capotar y desmadejarse antes de encontrarlo yaciendo en decúbito prono y siete segundos dura toda la secuencia, elipsis incluida. En tres y medio, Borrell se ha precipitado en el abismo. Como decía un vecino de Móstoles por la tele, eso sí que es tener una suerte abismal. Por no callarte, ingeniero aeronáutico, piquito de oro, Demóstoles, que estás hecho un Demóstoles.

Los deberes históricos
IGNACIO MARCO-GARDOQUI El Correo 4 Diciembre 2005

El haber logrado introducir en el entramado constitucional la referencia a los derechos históricos constituye una de las batallas más rotundas y clamorosamente ganadas por el nacionalismo vasco. La fórmula acordada en los convulsos tiempos de la Transición es tan perfecta que todos los demás nacionalistas, y en especial los catalanes, se esfuerzan con denuedo en conseguir tan eficaz trofeo, en aplicar la misma regla.

Les recuerdo que la Disposición Adicional Primera de la Constitución establece que «La Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales. La actualización general de dicho régimen foral se llevará a cabo, en su caso, en el marco de la Constitución y de los estatutos de autonomía». El Estatuto, por su parte, incluye otra disposición adicional para dejar claro que «la aceptación del régimen de autonomía que se establece en el presente Estatuto no implica renuncia del pueblo vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia, que podrán ser actualizados de acuerdo con lo que establezca el ordenamiento jurídico».

¿Por qué se redactaron así los textos básicos de nuestro entramado jurídico? No lo sé, pero supongo que la presión fue más fuerte que la resistencia. ¿Por qué ahora todos desean copiar la fórmula? Esa pregunta es más sencilla de responder, porque los derechos históricos son tan etéreos, están tan mal definidos y tan diversamente interpretados que se han convertido en la piedra filosofal, en la cláusula mágica que todo lo puede y que lo mismo recompone un roto que arregla un descosido. Un día nos sirvieron para exigir el Estatuto; otro para reclamar el Concierto Económico y hoy nos apoyamos en ellos para reivindicar la autodeterminación. Al parecer, llevamos en España cinco siglos únicamente porque queríamos estar; ahora queremos tener un pie y tres dedos fuera y los otros dos dedos dentro; y mañana ya veremos lo que hacemos con las uñas. Nosotros decidimos, tenemos derecho a ello, tenemos derechos históricos. ¿Qué hay de malo en ello, como diría el lehendakari?

¿Qué son los derechos históricos? Pues vaya usted a saber. A mí me enseñaron que había derechos naturales y derechos positivos, pero a mis ilustres profesores se les olvidó mencionar a los históricos. ¿Cuántos años tiene que estar vigente un derecho para convertirse en histórico? ¿Durante cuánto tiempo después de su derogación un derecho positivo pervive como histórico? Entre las miles y miles de leyes que han estado vigentes, y suponiendo que todas ellas son históricas puesto que han existido, ¿quién determina cuáles son aptas para apoyar reivindicaciones actuales? No se esfuercen en buscar respuestas, nadie tiene interés en conocerlas. Basta con buscar en el archivo lo que interesa y utilizarlo como base para reclamar lo que conviene. El resto, como no sirve se desecha.

Pero tengo una duda que me corroe. Si hay derechos históricos, ¿existen también los deberes históricos? Los deberes son la otra cara de la moneda de los derechos, pero siempre han tenido mucha peor prensa que ellos. Vamos, no hay color. Hay ejemplos a montones. Oigan a los jóvenes y a los mayores; a los estudiantes y a los profesores; a los consumidores y a los productores; a los sindicalistas y a los empresarios; a los pensionistas y a los funcionarios; a los agricultores, los transportistas, los pescadores... Todos tenemos derechos, todos reclamamos derechos. Ya, pero ¿cuántos recordamos los deberes? Si quieren un ejemplo más próximo en el tiempo, acudan al proyecto del nuevo Estatut de Cataluña. Soliciten al ordenador que les cuente cuántas veces sale la palabra 'derecho/s'. Verán que aparece nada menos que en 238 ocasiones. Ahora pídanle sin miedo, él no se cansa, que les informe de las veces que se menciona la palabra 'deber/es'. Correcto, son sólo 36. Desequilibrado, ¿no?

Pues así son las cosas. Las nuevas naciones que surgen por doquier en la España de hoy tienen muchos derechos históricos; pero, al parecer, la dilatada convivencia histórica, los inmensos lazos entretejidos, los enormes intereses establecidos no conllevan ninguna contrapartida. La lealtad, la solidaridad y el respeto mutuo podrían ser deberes históricos; pero me temo que no, que son simplemente artículos pasados de moda, desclasificados, fuera de almacén y retirados del catálogo. Así nos va.

No ofender a los asesinos
MARÍA PILAR RUIZ ALBISU El Correo 4 Diciembre 2005

Patxi (López), he leído que contestando a María San Gil en el Parlamento vasco, dijiste lo que sigue: «Tenemos demasiados muertos a nuestras espaldas como para aguantar sus mentiras».

Yo digo: «Yo sí tengo un muerto en mi alma como para aguantar tanto fingimiento. Tú me mentiste en el aniversario del asesinato de Joxeba. No íbais a tratar con el PNV, menos con Batasuna -decías-. Me parece que entonces ya veía lo que estabáis pensando o quizás teníais ya en marcha. Os duelen mucho los muertos, eso me decías el 8 de febrero de este año que va terminando. Creo que sí, que os duele, pero con un dolor como cuando te das un golpe en el codo. Duele muchísimo pero enseguida se pasa, y eso es lo triste. A vosotros se os pasa todo porque os falta el poso de nuestros mayores, de los viejos socialistas, y ya no cuenta nada lo suficiente para vuestras políticas, que caducan enseguida. Se os pasa enseguida el dolor, pero en nosotros cada día la falta es mayor. Cada vez que veo a mis nietos se me rompe el alma, pues primero al lehendakari le importó muy poco el peligro de mi hijo Joxeba porque había firmado el Pacto de Estella y ahora os veo a vosotros con esta pantomima tan triste de ni tan siquiera saber que los asesinos y sus amigos no se sentirán culpables si todos nosotros disimulamos. Y deben sentirse culpables por haber matado, Patxi. Esto es lo primero para seguir hablando y, sobre todo, para hablar de generosidad del Estado. ¿O es que crees que también hay que dar parte de la razón a los asesinos?

¿Por qué no tienes la valentía de ser franco? Ten la valentía de decir de una vez que nos habéis amortizado, que vais a enterrar la memoria, poco a poco, porque creéis que así aceptarán dejar de matar. Y que no queréis ofender a los verdugos para que no se echen atrás. Decidnos de una vez y sin tapujos lo único que no ofenderá a los verdugos: que somos víctimas del conflicto vasco y que los verdugos han sufrido mucho matándonos. Yo, desde luego, tengo derecho a decir lo que creo que os merecéis. No digas que os duelen los muertos porque eso lo guardas para un día al año, y eso por haceros la foto de grupo. Por la imagen, por la apariencia de lo que no sois, ni hacéis.

¿Qué desgraciada me siento y que engañada! No sólo por ti, Patxi, no te creas, también por otros que se decían amigos de mi hijo y observo cómo se portan por un trozo de pan que cogen de vuestras manos.

Llevo escribiendo cartas que me guardo desde el 14 de mayo de este año porque mi médico me lo aconsejó, porque pensaba que me iba a reventar el corazón al escucharos a ti, a Buen, a Odón, a Pastor. He pensado más de tres veces, como me decía mi padre, si debía o no publicar ésta página después de tu entrevista en 'Gara' y después de hacerte el ofendido en el Parlamento vasco. Creo que sí debo. Con toda la humildad.

Lo repito ahora, ¿qué solos y qué tristes se quedan nuestros muertos! y también los vivos que quedamos cual cadáveres vivientes porque con vuestras palabras abrís y hurgáis en nuestras heridas que no dejan de sangrar. Y no os enteráis, Patxi, porque vuestra mente política funciona al ritmo de los telediarios, al día. Y eso es lo grave, la falta de memoria cuando hay que derrotar a los asesinos. Vosotros llamáis a las cosas ya por los nombres que no son y ni sabéis que eso es lo primero que buscan nuestros verdugos. Seguramente éste será mi último consejo Patxi: nunca hay que escupir al cielo porque luego te cae el escupitajo en la cara.

El 3-D, un gran acto por Cataluña, por España y por la Constitución
Editorial Elsemanaldigital 4 Diciembre 2005

Aun siendo un acto de partido, quiso ir más allá y erigirse en portavoz de una inquietud que trasciende el ámbito del PP.

En los días previos al homenaje a la Constitución Española capitaneado ayer por Mariano Rajoy, desde CiU se culpaba por anticipado al PP de cualquier incidente que pudiese pasar en él; el conseller de la Generalitat y líder de ICV, Joan Saura, anunciaba que los populares no podrían excusarse "de sus responsabilidades por lo que ocurriese en la concentración"; e incluso José Blanco, haciendo suyo el imaginario nacionalista, criticó que se convocase un acto "contra Cataluña".

Pero ¿qué ha sucedido en realidad?
Incidentes, ninguno. Si lo que temían los nacionalistas es que grupos extremistas radicalizasen el ambiente festivo a favor de la Carta Magna, y lo transformasen en algo agrio y ofensivo con símbolos o pancartas fuera de lugar... eso no sólo no ocurrió, es que no hubo ni que impedirlo. A nadie le cupo en la cabeza acudir a la Puerta del Sol para eso.

Y "contra Cataluña", todavía menos. Desde la tribuna de oradores se habló en catalán, como en euskera, gallego y valenciano. Decenas de banderas catalanas ondearon junto a las de otras comunidades autónomas. Ni una sola voz se alzó contra una región de España que, ante la sombra de un absurdo boicot a su producto navideño por excelencia, ha tenido de su parte, brindando con cava, al orador de ayer y a la otra gran protagonista del día tras su accidente: Esperanza Aguirre.

Así, aunque al poco de su conclusión Artur Mas hablaba de "numerito", y Alfredo Pérez Rubalcaba de una "manipulación partidaria" de la Carta Magna, en verdad lo que tuvo lugar ayer en Madrid fue una celebración pacífica, tranquila y sencilla para transmitir "a quien lo tiene que oír" –como señaló Rajoy en clara referencia a José Luis Rodríguez Zapatero– que la mayoría de los españoles quiere mantener los dos pilares básicos de la Constitución: la unidad indisoluble de la nación, y el pueblo español en su conjunto como único sujeto de la soberanía.

Mariano Rajoy proclamó con sencillez que España no es una nación de naciones, sino una nación de personas, de ciudadanos libres e iguales en derechos, y que éstos les corresponden en cuanto individuos, no en cuanto miembros de una clase o un clan.

Esta idea es la esencia del constitucionalismo democrático desde hace dos siglos, pero en nuestro país sólo pudo hacerse efectiva en 1978. Entonces sí se logró un consenso colectivo en torno a la Carta Magna, sin que nadie intentase imponer su idea de Constitución a los demás, como había sucedido antes. Rajoy censuró a quienes, hoy, quieren repetir el error y sustituir el acuerdo generoso de todos por una reforma pactada por Zapatero con los grupos nacionalistas, dejando de lado a quienes, de derechas o de izquierdas, siguen creyendo en España como nación y en la soberanía de los españoles.

Esa España es la que representaban las cien mil personas congregadas ayer en torno a Mariano Rajoy. Aun siendo un acto de partido, quiso ir más allá y erigirse en portavoz de una inquietud que trasciende el ámbito del PP. Quien lo entienda como un "numerito" o una demostración "partidista" no se está enterando de nada.

¿PP? No, gracias
Nota del Editor 4 Diciembre 2005

Que en la Puerta del Sol salgan a la tribuna algunos hablando catalán, gallego, valenciano y vasco, y Rajoy únicamente mencione en su discurso "Y no me olvido de una realidad que nos duele. Se están violando los derechos de muchos españoles, sin que nadie haga nada por impedirlo.Hay españoles a los que se quiere condenar al silencio, por razón de su lengua o por expresar sus ideas, y que han perdido la tutela del Gobierno" me parece un disparate y un insulto al sentido común y al derecho de las personas.

Primero: todos los ciudadanos tienen la obligación de saber castellano, por lo que a los reunidos en Madrid y el la Puerta del Sol no hace falta hacerles perder el tiempo y su derecho constitucional de vivir en castellano.

Segundo: por haber establecido que algunas lenguas son oficiales en algunas comunidades autónomas, estamos los castellanohablantes despojados de nuestros derechos en ellas y todas ellas están tirando ingentes cantidades de dinero en imponer esas lenguas, en vez de dedicar esos recursos a infraestructuras e investigación y desarrollo.

Tercero: el PP en Galicia ha sido un ferviente impulsor de la inmersión lingüística, en contra de la letra y el espíritu de la Constitución española.

Cuarto: si realmente quieren que todos los ciudadanos se vean representados, tendrían que haber utilizado todas las variedades del gallego, no sólo el impuesto, lo mismo para el vasco, el catalán y el valenciano, también el panocho, el bable, la fabla, el aranés, el silbo gomero, el gaditano, el sevillano, el aragonés, cheli, caló, etc,. y también variantes hispanoamericanas, chino  y árabe para los de Lavapiés, alemán, sueco para los de las islas y costas, ruso, polaco, rumano, letc., y haber pedido que encendieran las luces para poder seguir repitiendo el discursito en todos los idiomas de España, de parte del mundo y de cada uno de los españoles. Aquí sólo cuentan los que han conseguido entrar en los papeles con el cuento de la lengua "propia", lo que no deja de ser un insulto a los demás.

ETA / El terrorista que mató a Ramón Baglietto compra una cristalería en los bajos de la casa donde vive su viuda
Cuando los verdugos insultan a las víctimas
Periodista Digital 4 Diciembre 2005

La historia aparece en la edición domincal de El País. Kandido Azpiazu el terrorista de ETA que mató en 1980 a Ramón Baglietto, concejal de UCD, compra una cristalería en los bajos de la casa de Azkoitia donde vive la viuda de su víctima. Pilar Elías, que resistió todas las amenazas etarras, optó por quedarse, sacó adelante a sus dos hijos y luego decidió honrar la memoria de Ramón presentándose a concejal por las listas del PP, confiesa tener miedo de que se olviden los sufrimientos de tantos como ella.

Kandido Azpiazu fue juzgado y condenado a 49 años y dos meses de prisión por el asesinato de Ramón Baglietto. Sin embargo, redimió pena en las cárceles de Burgos y San Sebastián y salió en libertad condicional en 1995, apenas 15 años después del crimen.

Cuenta Pablo Ordaz en El País que Pilar Elías recuerda bien aquél día:

"Yo estaba en Zarautz. Había ido al mercado a hacer la compra cuando me llamó mi vecina Paquita. Me dijo: '¿No sabes que están preparando un homenaje porque vuelven al pueblo los asesinos de tu marido?' Me llevé tal impresión que me volví a casa sin hacer la compra".

Los hijos de Pilar Elías, que ya se casaron y se fueron de Azkoitia, no dejan de pedirle a su madre que deje para siempre un lugar tan lleno de malos recuerdos, pero ella se resiste. Sentada en una cafetería, vigilada siempre por sus guardaespaldas, asegura que seguirá al pie del cañón, pero admite que motivos no le han faltado para jubilarse de la política y los disgustos.

Se precia Pilar de mantener una muy buena relación con sus vecinos. Eso incluía a César Boo, un cristalero de origen gallego que hace 20 años compró los bajos del número 14 de la calle Ibai-Ondo e instaló su negocio. Desde un tiempo a esta parte, César le venía diciendo a Pilar que tenía ganas de vender el local y retirarse.

"No hace mucho, una vecina me dijo que se había traspasado la cristalería y yo me alegré, la verdad, por César. Pero enseguida me dijo: 'Espérate, Pilar, que tienes que escuchar la segunda parte. La ha comprado Candidito'. No me lo podía creer...".

La inscripción registral no deja lugar a dudas. Ante la notaria de Azkoitia Gemma Fernández, el matrimonio formado por César Boo y Pilar Uranga vendieron el 16 de marzo a Kandido Beristain y a su mujer, Milagros Altuna, un local de 91 metros cuadrados en la calle Ibai-Ondo número 14. El importe de la venta, 120.202 euros y 42 céntimos, y un crédito principal de 53.000 euros suscrito por La Caixa y a devolver en 120 cuotas...

Pilar se desespera. "No me puedo creer que el asesino de mi marido haya sido capaz de poner el local a su nombre cuando ni siquiera nos ha pagado a mí y a mis hijos la indemnización a la que fue condenado".

El viernes, como todos los días, Kandido Azpiazu y su esposa salieron de su negocio, Aldako Cristalería, a la una de la tarde. Ella admitió a este periódico que el hecho de que Pilar Elías viva encima le produce malestar y nerviosismo, pero el antiguo militante de ETA aseguró que no le afecta. "Tuve la oportunidad de comprar este negocio y lo compré. Sólo quiero trabajar y que me dejen tranquilo".

Dijo que no deseaba entrevistas, pero invitó al periodista a entrar en su tienda para protegerse del frío y dejar claras varias cuestiones. Según él, es Pilar Elías la que anda buscando el enfrentamiento -hace unos días coincidieron y sus miradas se cruzaron-. También dijo estar seguro de que los vecinos de Azkoitia lo respaldan a él y no a ella.

Rechazó de plano la cuestión de si sería admisible que un violador, aun después de cumplir la condena, se fuese a vivir junto a su víctima. "No tiene nada que ver", dijo, "lo que pasa es que fuera de Euskal Herria no se entiende lo que pasa aquí. Todos los pueblos han utilizado en algún momento la lucha armada para conseguir su independencia... Quizás ahora ya no sea el momento, pero estamos hablando de otros tiempos...".

Nieves Baglietto cumplió el martes 80 años. Ha escrito un libro, aún sin publicar, sobre su vida tan difícil. Tiene, pese a las tristezas, un humor excelente. Se maneja por Internet como una adolescente, utiliza ADSL y la última versión de Windows y en su casa tiene alojados a estudiantes que la ayudan a mantenerse a la última.

Ahora que se barrunta la paz en el País Vasco, le da miedo que se olviden los sufrimientos de tantos como ella. Dice que en su tierra los pasos de víctimas y verdugos se cruzan sin remedio: "Parece que todo está enterrado, pero no".

LAMENTA QUE LOS ETARRAS Y SU ENTORNO HAYAN "GANADO LA CALLE"
Rosa Díez vuelve a pedir unidad a PP y PSE para que ETA "deje de marcar la estrategia"
La eurodiputada del PSOE ha insistido en la COPE en que es sabido por la experiencia que si PP y PSOE no van "de la mano" en el País Vasco es ETA y los que están a su alrededor quienes "ganan la calle". Es algo que está ocurriendo. Pone como ejemplo que el etarra que asesinó a Ramón Baglietto en 1980 ha puesto una tienda en los bajos del edificio donde vive su viuda, Pilar Elías, concejal del PP en Azcoitia. Los asesinos, dice Rosa Díez, cuentan con un "acompañamiento moral" mientras que las víctimas están solas.
Libertad Digital  4 Diciembre 2005

Rosa Díez, recientemente galardonada con el premio del Foro de Ermua a la convivencia cívica, ha explicado en La Mañana del Fin de Semana que en el País Vasco "sabemos que si no vamos juntos de la mano en la estrategia y en la táctica, en la definición de los problemas y en la definición de las políticas para resolver los problemas que tienen que ver con la libertad, con la prepolítica, que si no vamos juntos los partidos constitucionalistas, o sea, el PP y el PSOE, quienes impondrán su estrategia, quienes alejaran la solución de los problemas, de la asunción de la libertad definitiva y de la democracia definitiva para el País Vasco seguirán marcando la estrategia". La eurodiputada socialista insiste, además, en que "ya lo hemos experimentado" y recuerda que las osas "empezaron a ir bien" cuando se firmó el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y cuando de ese pacto se derivaron leyes "tan importantes y positivas para derrotar a ETA y sus cómplices, no solamente a los que les ayudan a cometer atentados sino a los que se benefician de ellos".

Fue sólo entonces, admite Díez en la Cope, "cuando trabajamos juntos en esa estrategia contra el terrorismo y contra los cómplices del terrorismo" cuando ETA se debilitó "y la democracia y los demócratas españoles ganamos la calle". Hoy, lamenta, "eso no existe, y es lamentable y penoso". Y dice que no existe apoyándose en un caso muy esclarecedor de lo que está ocurriendo en el País Vasco.

El "acompañamiento moral" de los asesinos
"Ocurren esas cosas, que Pilar Elías, una mujer concejal del PP de un ayuntamiento del País Vasco tiene que ver cada día cómo el asesino de su marido sube y baja la persiana debajo de su casa. Y hay quien me dirá: es que ya ha salido de la cárcel, ya ha cumplido, pero en ningún país normal, en ninguna sociedad sensata, en ninguna sociedad lógica, el asesino de una persona tendría el acompañamiento moral suficiente como para poner una tienda debajo de la casa de la persona a la que había asesinó a su marido. Si ese hombre pone ahí mismo, justo debajo de esa casa, un comercio y baja y sube la persiana cada día cuando esa mujer sale y entra de su casa o lo oye desde arriba es porque se siente fuerte, moralmente acompañado. ¿Y quién está moralmente, socialmente, acompañado? El asesino. ¿Quién está sola? La víctima. Y eso no se cambia si no vamos juntos PP y PSOE. No son palabras es la pura realidad".

Rosa Díez se refiere de este modo a lo que publica este domingo El País, que el etarra Kandido Azpiazu acaba de comprar una tienda en los bajos del edificio en el que vive Pilar Elías, concejal del PP en Azcoitia y viuda de Ramón Baglietto. Su asesino, en 1980, fue Azpiazu. Relata el diario que el etarra "se muestra tranquilo. Dice que el pueblo está con él y no con la viuda".

Este tipo de cosas, comenta la eurodiputada socialista, "no se cambian si no vamos juntos y si no marginamos a los que nos han hecho sufrir, a los que nos hacen sufrir, a los que siguen persiguiendo a la gente y a los que les dan acompañamiento moral a quienes persiguen a los ciudadanos del País Vasco". Es evidente, se resigna. "Quienes desde la calle nos han amenazado y quienes forman parte de ese mundo violento y fascistoide están en este momento mucho más ensoberbecidos y están andando por las calles con mucha más prepotencia y mucho más desprecio hacia las libertades de todos. No creo que hace tres años este asesino que salió de la cárcel después de cumplir su condena se hubiera atrevido a abrir una tienda en los bajos de la casa de la viuda del hombre asesinado. Eso se hace por acompañamiento social, es así".

Arrinconada en el PSE y secundada por la militancia
Pese a que la dirección del PSE la tiene marginada, Rosa Díez no se siente sola. "Sé que muchísimos ciudadanos que votan PSOE y viven en Euskadi, afiliados y militantes se sienten también representados por estos sentimientos que yo estoy expresando. No me siento para nada abandonada dentro de la familia socialista porque sé que expreso sentimientos compartidos. No crean que soy la única que militando o votando al PSE piensa así. No podemos olvidar que tenemos votantes que nos han votado porque les hemos pedido el voto para hace determinadas cosas y eso tampoco se puede traicionar".
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