AGLI

Recortes de Prensa     Jueves 8 Diciembre 2005
Compendio de errores
Pablo Sebastián Estrella Digital 8 Diciembre 2005

El dedo de Rajoy
ABC 8 Diciembre 2005

El PP debe defender la libertad de expresión también en Baleares
Editorial Elsemanaldigital 8 Diciembre 2005

Teoría de la minoría decisiva
José Javier Esparza elsemanaldigital 8 Diciembre 2005

Sobre el doble rasero
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 8 Diciembre 2005

Un socio peligroso
Editorial El País  8 Diciembre 2005

Otegi-Ternera
PATXO UNZUETA El País  8 Diciembre 2005

Más bombas
GEES Libertad Digital 8 Diciembre 2005

Zapatero tiene miedo de un nuevo patriotismo español
Pascual Tamburri elsemanaldigital 8 Diciembre 2005

Carta a Guardans: ¿De qué vas, tío?
Luis Herrero Libertad Digital 8 Diciembre 2005

El paraíso que nunca existió
Serafín Fanjul Libertad Digital 8 Diciembre 2005

El Partido Popular debe una aclaración
Román Cendoya PD 8 Diciembre 2005

Compendio de errores
Pablo Sebastián Estrella Digital 8 Diciembre 2005

Todavía no se han cumplido dos años de la presencia de Zapatero en el Palacio de la Moncloa y ya podemos hacer un balance selectivo de los que han sido más notables errores de este Gobierno por iniciativa propia y provocando problemas que afectan a la convivencia ciudadana, a la unidad de España y a nuestra presencia en la vida internacional. Hablando de política exterior, empecemos por preguntar: ¿por qué no está Moratinos en los trabajos de la Unión Europa sobre los presupuestos que tanto preocupan a España?

He aquí algunas reflexiones que conviene repasar de vez en cuando:

Fidel Castro acaba de arremeter contra el Gobierno de Zapatero enfadado por unas recientes declaraciones de la dirigente socialista madrileña Trinidad Jiménez en favor de un preso político cubano. Y todo ello después de que Zapatero intercediera ante la Unión Europea en favor de los intereses políticos del dictador. Veremos lo que tarda Zapatero en tener problemas también con su otro amigo, Hugo Chávez. Como ya los tuvo con Schroeder y Chirac a propósito de los presupuestos de la Unión Europea que Moratinos no quiere ni ver.

El presidente Zapatero sigue empeñado en mandar mensajes optimistas a ETA para que anuncie una tegua indefinida, después de haber roto el Pacto Antiterrorista y haber sepultado la Ley de Partidos legalizando al PCTV. ETA le responde con la explosión de siete artefactos en el “puente” de la Constitución y con un panfleto en el que reclama la autodeterminación del País Vasco y la salida de las Fuerzas de Seguridad del territorio vasco.

El presidente del Gobierno se compromete en Barcelona a apoyar en Madrid el Estatuto que apruebe el Parlamento catalán, y una vez aprobado dicho texto lo admite a trámite y luego añade que hay que reformarlo porque es inconstitucional y dejarlo como una “patena” para que se adapte a la Constitución. Mientras tanto sus socios catalanes de coalición, sobre todo la Esquerra, insultan a la Constitución y arrancan sus páginas en el día de su aniversario.

La reforma de la Constitución anunciada por Zapatero ha abierto una bronca interterritorial, otra nacional y otra en el seno del Partido Socialista. Zapatero no tiene apoyos para reformar la Constitución pero insiste como lo ha hecho con su proyecto de reforma del Senado, que ya ha fracasado, como lo tuvo que reconocer en la Conferencia de Presidentes.

A raíz de los debates surgidos en torno a la Ley de Educación y a otras políticas suyas de ámbito social, las relaciones del Gobierno español con el Estado vaticano se han deteriorado y han abierto una brecha y enfrentamientos entre católicos y laicos en la sociedad española.

También hay otros enfrentamientos entre catalanes y vascos, y el resto de españoles por otro, de la misma manera que se ha desenterrado el debate de la Guerra Civil y de las dos Españas por iniciativa del propio Zapatero.

Las reacciones con la primera potencia del mundo, Estados Unidos, apenas existen. El presidente Zapatero enfadó al presidente Bush con la retirada urgente de las tropas españolas de Iraq, pero no contento con ello ha empeorado esas relaciones sin cesar con otros desafíos gratuitos a la primera potencia mundial, que se ha negado, por el momento, a recibir a Zapatero en Washington y que ha excluido a España de todas las giras importantes del presidente americano y de su secretaria de Estado, Condoleezza Rice. La venta de aviones y barcos a Venezuela ha sido el último incidente.

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, ha provocado una crisis interna, política e ideológica, en el seno del Partido Socialista por causa de sus iniciativas de reformas autonómicas y constitucionales, así como por la ruptura del consenso en la lucha contra el terrorismo. Son muchos los dirigentes socialistas que se han manifestado ya públicamente en contra de estas políticas de Zapatero y muchos más los que lo hacen en privado, constituyendo una verdadera cadena de indignación dentro del PSOE que, si las cosas siguen como van, acabará por aflorar y por dividir a este partido, especialmente en Cataluña.

Las relaciones del Gobierno con el primer partido de la oposición, al que el presidente del Gobierno acusa reiteradamente de estar solo y aislado, apenas existen y cualquier posibilidad de pacto o consenso parece al día de hoy imposible en cualquiera de las materias hoy día sometidas a debate. Zapatero sabe que la soledad del PP representa, según las elecciones del 2004, al 42% de los ciudadanos españoles representados en el Congreso de los Diputados, y según las ultimas encuestas, al mismo porcentaje de españoles, o puede que más, de los que tiene el PSOE. Zapatero olvida también que sin el PP no se puede ni reformar la Constitución ni abrir una negociación con ETA.

El presidente del Gobierno ha roto sus promesas de regeneración democrática y mejora de las libertades al mantener en el Gobierno al ministro Montilla, directamente implicado en la corrupción o financiación ilegal del PSC a través de un crédito condonado por La Caixa. Asimismo, practica una política de medios de comunicación favorable a los que están en su ámbito ideológico, como se ha visto con la entrada en vigor en España de dos nuevos canales de televisión, Cuatro y La Seis, con las medallas de oro al trabajo concedidas a los periodistas felipistas, con los insultos de sus ministros a la prensa conservadora y con la persecución desde el Palacio de la Moncloa al periodismo independiente.
Este decálogo que recoge los enunciados de algunos de los problemas planteados en la sociedad española, sin citar aquí los graves errores en las cuestiones sobre la inmigración, la cultura, la educación, la vivienda, la agricultura, etc., nos dan una idea de la gravedad del momento político en el que estamos, que todavía sería mucho mayor y socialmente explosiva si afectara al ámbito económico y social que todavía sobrevive a las carencias y disparates de este Gobierno. Pero con este decálogo ya tenemos suficiente para adivinar que en menos de dos años se ha deteriorado la convivencia entre los españoles de una manera bastante asombrosa, se ha puesto patas arriba el consenso constitucional y la lucha contra el terrorismo y se ha vuelto a escenificar el debate de las dos Españas que creíamos enterrado hace ya treinta años.

Y lo que es más grave, nada de esto, en contra de lo que dice el propio Zapatero, estaba incluido en ningún tipo de demanda social de una mayoría de ciudadanos. Todos estos problemas han sido puestos en marcha y provocados por el propio presidente del Gobierno sin que los deseara ni los necesitara el conjunto de la sociedad.

En el conjunto de la sociedad española crece la preocupación por todas estas cosas y por su posibles consecuencias. Y otro tanto ocurre en el seno del Partido Socialista, donde muchos son capaces de diagnosticar la crisis provocada por Zapatero pero donde ninguno es capaz de predecir cuál puede ser la salida o la solución. La sensación que se tiene cuando todavía no se han cumplido ni siquiera dos años de mandato presidencial es que el presidente se ha metido y nos ha metido en un callejón sin salida y que nadie sabe, a estas alturas, cómo podemos escapar de semejante situación.

El dedo de Rajoy
ABC 8 Diciembre 2005

Triste conmemoración la del XXVII aniversario de la Constitución española; sí, española. Esperemos próximos tiempos mejores. El PP se quedó solo, con sus 10 millones de votantes y sus miles de concentrados, en la Puerta del Sol. Hizo bien la oposición en expresar su adhesión a la Carta Magna amenazada. No hubo apropiación. Y si algunos lo interpretaron como repulsa callejera al Estatuto catalán, será en la medida en que el proyecto vulnera la Constitución. El acto de las Cortes resultó deslucido y con ausencias patentes. Las más llamativas, entre las filas de los socios del Gobierno socialista, que gobierna con los votos de quienes aspiran a destruir la unidad nacional y, con ella, el fundamento de la Constitución (en ningún caso, a reformarla).

Zapatero y sus ministros protestan que la Constitución goza de buena salud, pero gobiernan con quienes la desprecian y asumen, aunque haya que reformarlo, un texto incorregible que no habría sido aprobado en el Parlamento catalán sin su concurso. El Gobierno tendrá que deshacer los tuertos que él mismo contribuyó a generar. Aunque la televisión de todos (pero, sobre todo, del Gobierno) lo ocultara, ERC celebró la efeméride con un acto, explícitamente convocado como inconstitucional, en el que se procedió a una totalitaria agresión al texto constitucional a tijeretazos. Las agresiones a la libertad de expresión, acompañadas de «quemas» de la Constitución, al estilo nazi y estalinista. Pero el mismo Ejecutivo que desprecia a diez millones de votantes y margina al único partido de la oposición, invoca el respeto a los votantes de ERC, al parecer de más quilates que quienes votaron al PP.

Mientras implora la tregua de ETA, la banda le humilla y responde con 7 bombas para celebrar el evento. El Gobierno se conforma con que no haya muertos y exhibe, en lugar de firmeza, su «prudente esperanza de paz». A la vez, Ibarretxe y PNV celebran la Constitución, que les redime de no ser nada y a la que deben el poder del que abusan, con un acto de confraternización con Batasuna, es decir, fuera de la ley. Ante semejante panorama, uno no acierta a discernir si el Gobierno está disminuido o discapacitado. Acogiéndonos a la preferencia confesada, apliquémosle el, según declaración propia, preferido de discapacitado. Mientras tanto, en su discapacidad jurídica, se acoge al beneficio de la deconstrucción. No hay texto de la Carta Magna, sino sólo «lecturas». Y nada más democrático que el hecho de que la minoría mayoritaria, gracias a los apoyos secesionistas, imponga su propia «lectura». El artículo 2 queda hecho añicos y ya no dice nada. España es una nación compuesta de naciones, cuya indisolubilidad depende de la voluntad de quienes quieren disolverla. El mundo al revés: quienes defienden la Constitución son tildados de enemigos de ella. No es extraño que hayamos asistido a una celebración triste y «deconstruida». El único consenso lo ha suscitado ese dedo lesionado de Rajoy, objeto de todas las miradas benevolentes. La concordia nacional ha quedado reducida al dedo.
 

El PP debe defender la libertad de expresión también en Baleares
Editorial Elsemanaldigital 8 Diciembre 2005

"El Mundo" de Baleares ha denunciado las subvenciones que Unión Mallorquina recibe desde las instituciones. La libertad de información no debe limitarse con el apoyo del PP.

La libertad de información es un requisito de cualquier democracia. Podría haber libertad de información sin régimen representativo, pero nunca democracia sin libertad de información. Así lo consagró el artículo 20 de la Constitución vigente, que en estos días conmemoramos. Y esa libertad tiene amenazas, como frecuentemente hay ocasión por desgracia de recordar; el Estatuto del Periodista recortará las libertades si entra en vigor, los medios digitales están especialmente amenazados, y no hace falta recordar la campaña de algunas fuerzas políticas contra la Cadena COPE.

Un nuevo peligro para la libertad de información se presenta estos días en Baleares. Unión Mallorquina ha presentado en el Consell insular de Mallorca una moción "mordaza" contra "la utilización partidista en los medios de comunicación de la información pública del Consell, ya sea contra un partido político o una persona, manipulando esta información y la verdad". No se trata de una cuestión teórica, sino del enfrentamiento entre Unión Mallorquina y el diario El Mundo-El Día de Baleares, que no calla lo que sabe sobre los "escándalos" de este pequeño pero poderoso partido dirigido por María Antonia Munar.

Hasta ahí, el problema no es nuevo. El PSC de Pasqual Maragall y la ERC de Josep Lluís Carod-Rovira tienen un problema parecido con la COPE en Cataluña, y lo han afrontado de manera similar. Lo grave del caso balear radica en que el presidente autonómico, Jaume Matas, se dispone a apoyar la moción de sus socios de Unión Mallorquina (UM). Así que, mientras la dirección nacional y Mariano Rajoy defienden la libertad de información y expresión en toda España, Matas se ve implicado en todo lo contrario en la Comunidad Autónoma que gobierna.

La cuestión no es ni local ni menor: el PP tiene a gala decir y defender lo mismo en todos los lugares de España, y los consensos que está recibiendo en el último año se deben a una coherencia que otros partidos no pueden mostrar. No es aceptable que el PP balear rompa la unidad de criterio en una cuestión de principio.

Sería igualmente grave, pero al menos comprensible, si el apoyo de Unión Mallorquina fuese necesario para el gobierno de las Baleares. Pero no es así: el PP dispone de mayoría absoluta en la cámara mallorquina y no necesita el apoyo de UM. Aunque como el pacto entre ambas fuerzas se extiende al Consell insular de Mallorca y a determinados Ayuntamientos, las razones del apoyo de Matas a UM deben buscarse en los "sótanos" de la política.

La moción de UM será votada el lunes día 12 y se prevé que el PP la apoye. El Mundo-El Día de Baleares viene denunciando las subvenciones que el Consell de Mallorca, en manos de UM, concede a asociaciones creadas por el mismo partido. Pero es probable que la dignidad y la credibilidad nacional del PP valgan mucho más que los aproximadamente dos millones y medio de euros que, según parece, se han embolsado sus socios.

Teoría de la minoría decisiva
José Javier Esparza elsemanaldigital 8 Diciembre 2005

Lo ha dicho ZP: "Esquerra tiene quinientos mil votos y hay que respetarlos". Sí, claro: todo el mundo es respetable… hasta que sus actos hacen que deje de serlo. Tal es hoy el caso de Esquerra. Ahora bien, ocurre que esos quinientos mil votos, una minoría radical, otras veces desdeñada en Cataluña e irrelevante en el conjunto de España, se ha convertido en una fuerza decisiva. Y no es un caso único: en el País Vasco, la minoría proetarra de Batasuna goza de un poder igualmente decisivo. Hoy la política territorial de España depende de Esquerra y sus quinientos mil "respetables", y la política antiterrorista gravita en torno a los 150.000 votos (batasunos) del Partido Comunista de las Tierras Vascas. El destino político de la inmensa mayoría de los españoles, más de cuarenta millones de personas, depende de dos grupos que, juntos, no suman setecientos mil individuos.

Enseñanza urgente en materia de praxis política: no es preciso reunir una mayoría clamorosa para llevar el agua al propio molino; basta con un grupo minoritario, aun numéricamente irrelevante, si esa fuerza se emplea en la dirección adecuada. En tiempos de abulia generalizada, una minoría fuerte será siempre más decisiva que una mayoría blanda. Esto no debería ser ningún secreto para la derecha clásica, que siempre ha confiado en las virtudes de las minorías rectoras, esa elite tenaz y virtuosa que se pone al frente de la Historia. La gran diferencia entre las minorías del tópico derechista y estas otras de la ultraizquierda separatista reside en una aportación nueva: la del marxismo-leninismo y su concepto del partido como vanguardia de la revolución. Ese "espíritu de vanguardia" dota a la minoría de una aguda capacidad de combate. Añadamos ciertas gotas de Sorel: la violencia forma parte de los recursos opcionales de la estrategia.

Por supuesto, el éxito político de estas vanguardias minoritarias, Batasuna y Esquerra, debe mucho a lo favorable del paisaje. Para empezar, su discurso se ha alineado expresamente con la izquierda, que en la cultura política occidental goza de una absurda, pero eficaz, presunción de superioridad moral. Por otro lado, el vivero de sus filas ha sido cuidadosamente alimentado, de forma consciente o no, por los partidos nacionalistas burgueses: los "cachorros" de Esquerra son hijos del pujolismo como los "chicos de la gasolina" son hijos de Arzallus. Así estos movimientos gozan de una fuente permanente de financiación y de unas vías muy anchas para su proyección social. Sumemos un tercer factor, capital: la concentración del voto en unas pocas circunscripciones, que otorga al grupo una visibilidad política inmediata.

El caso español demuestra que determinadas minorías, bajo cierta estrategia y en unas circunstancias concretas, pueden ejercer una fuerza decisiva sobre el sistema político. A las mayorías les correspondería, en su caso, reducir tales minorías a su correcta dimensión. Si poseen voluntad.

Jordi Sevilla y ERC
Sobre el doble rasero
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 8 Diciembre 2005

Al ministro Sevilla le parece simplemente “innecesaria” la manifestación de sus socios contra la Constitución, la Monarquía, el PP y la COPE en el curso de la cual se animó a los asistentes a romper páginas de la Carta Magna, se coreó a Terra Lliure y se llamó fascista y terrorista a nuestro editor, víctima precisamente de aquel grupo terrorista supuestamente extinto. Todo esto, por lo visto, no es injusto, ni peligroso, ni promueve la violencia, ni invierte perversamente la culpa de un atentado, ni es antidemocrático ni es repugnante. Es “innecesario”. Lo que significa que, para el ministro socialista, en otras circunstancias podría ser necesario y admisible. El adjetivo, escogido con el doble fin de no condenar a sus socios y, a la vez, mantener una cierta distancia táctica, es abrumadoramente claro.

El adjetivo es peor que la manifestación en sí, que según TV3 no reunió a más de doscientas personas. El adjetivo implica una coincidencia esencial bajo una cierta discrepancia coyuntural. Dan ganas de volver sobre el tema del doble rasero: qué diría hoy la prensa si el PP tuviera un socio que jaleara a una banda terrorista e invitara a rasgar las páginas de la Constitución, etc. Pero es evidente que lo del doble rasero no ilumina a nadie que no lo vea claro de entrada. Las dos varas de medir han sido el pan nuestro de cada día desde que Rodríguez se echó al monte de la demagogia y trabó su alianza estratégica con antiglobalizadores, seudopacifistas, separatistas varios, actores comprometidos y exhumadores guerracivilistas. Es la consagración del prejuicio, la prolongación de un error que la Transición parecía haber conjurado. Y es también la esencia de la única estrategia de Rodríguez, que se resume en ponerles una estrella amarilla a los dirigentes, militantes, simpatizantes y votantes del Partido Popular y aglutinar, desde el odio, a todo lo demás, sin distingos y sin escrúpulos. Denunciar el doble rasero no sirve de nada porque sobre él levanta el PSOE su existencia. Es como denunciar la ley de la gravedad.

Se ha alimentado a las nuevas generaciones con propaganda. Propaganda en los libros de texto, propaganda en los noticiarios televisivos, propaganda en las aulas, en las películas, en los programas de humor. Esta intoxicación masiva no se interrumpió ni se denunció durante los ocho años de gobierno liberal-conservador. Ahora no sirve de nada invocar una perspectiva para la que nadie ha preparado al país. Sólo cabe afirmar los propios principios, y el tiempo dirá.

Un socio peligroso
Editorial El País  8 Diciembre 2005
 
No lo dijo así, pero al presidente del Gobierno se le entendió claramente que estaba hasta la coronilla de los desplantes y otras inconveniencias provocados por los de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Ocurrió el martes en el Congreso, en uno de los corrillos que suelen formarse tras la conmemoración oficial del aniversario de la Constitución, a la que no acudieron los representantes de Esquerra: habían elegido como forma de celebración un acto consistente en arrancar en plena calle páginas escogidas de un ejemplar de la Norma Fundamental. Aunque en ningún momento dijo algo que augurase un deseo de romper la alianza que mantiene con ese partido, Zapatero tuvo interés, por algún motivo, en que quedase constancia de que hay cosas de ese grupo que "no le gustan nada".

Seguramente esté harto de que Carod le diga que si no hace lo que le dice, "el Gobierno tendrá los días contados". La negociación de los Presupuestos ha ampliado el estrecho margen de maniobra con el que contaba Zapatero y lo ha corroborado la reciente oferta de Artur Mas, que ha mostrado su disposición a cooperar en el futuro con el PSOE al tiempo que rechazaba cualquier pacto con el PP durante "al menos una generación". De Esquerra cabía esperar que su entrada en el Gobierno catalán y sus acuerdos con los socialistas le hubieran hecho evolucionar hacia actitudes responsables y mesuradas. Pero no ha sido así.

Los socialistas también perciben que el desgaste que revelan las encuestas no se debe tanto al contenido del proyecto de nuevo Estatuto -que la gente desconoce- como a la irritación que en su electorado potencial producen las provocaciones de los de Carod en relación a otras muchas cosas: desde sus despectivos comentarios sobre la candidatura olímpica de Madrid hasta la exigencia de que el Gobierno pida públicamente perdón por la guerra del Rif, que acabó hace más de 80 años, y el Rey, por el franquismo. Zapatero citó esto último y el encadenamiento de cinco militantes ante la emisora de la Conferencia Episcopal, con presencia de dos diputados de ERC, como ejemplo de esas cosas que no le gustan.

La experiencia de la colaboración con un partido que tiene actitudes y gesticulaciones propias de una formación antisistema está resultando frustrante, por más que los socialistas se abstengan normalmente de reconocerlo en público. La idea de que el componente de izquierda primaría, por ser compartido, sobre el referente nacionalista está por verificar. Y el Día de la Constitución fue una ocasión para dejarlo caer.

Otegi-Ternera
PATXO UNZUETA El País  8 Diciembre 2005
 
Hace cinco años, el entonces líder del PNV, Xabier Arzalluz, advertía a ETA que ya sólo tomaría en serio sus ofertas de tregua si eran "definitivas, sin vuelta atrás" (Deia, 10-12-00). Tal vez ésa sea la razón de que no se haya producido el alto el fuego que esperaba el Gobierno: los jefes de ETA saben que ya no valen ofertas parciales: lo que decidan deberá ser definitivo, y por eso dudan y atrasan la gran decisión. Esperan que entre tanto ocurra algo que les marque el camino.

La hipótesis de un tándem Otegi-Ternera con disposición a emprender el camino de la retirada tiene fuerza. Otegi es un político que aspira a seguir siéndolo tras la desaparición de ETA; Ternera ha sido jefe de la banda y parlamentario de Batasuna antes de volver a ser (probablemente) jefe político de ETA: como tal participó con Mikel Antza en el encuentro con Carod. Se trata por tanto de un tándem comparable al formado por Gerry Adams y Martin McGuinness al frente del IRA-Sinn Fein. El que Ternera haya conocido la libertad antes de volver a la clandestinidad para evitar regresar a prisión hace verosímil la idea, que lleva meses circulando, de que busca una salida para sí mismo y los que con él han quedado atrapados en el mecanismo que crearon años atrás para impedir el simple desenganche (el que pretendió Yoyes); y para los 700 presos de la banda.

Habría, por tanto, coincidencia entre los intereses de los jefes de Batasuna por recobrar la legalidad y los de al menos un sector de la dirección de ETA por abandonar sin reconocer su derrota. Si es esto lo que, más allá de las proclamas del Zutabe, explica los dos años y medio sin atentados mortales, tiene razón Zapatero al hablar de oportunidad. Aunque estos 30 meses sean en parte fruto de la eficacia policial (y de la buena suerte), son ya un dato de la realidad, con efectos psicológicos y políticos: han creado en la población vasca, incluido el mundo de Batasuna, la convicción de que la lucha armada es cosa del pasado; y de que un solo muerto más no sólo acabaría con cualquier expectativa de reinserción a medio plazo sino que podría provocar la ruptura con una Batasuna condenada a seguir en la ilegalidad.

Es un mal argumento oponer a la posibilidad de retirada la idea de que "a ETA hay que derrotarla". Precisamente porque ha sido derrotada políticamente (en el sentido de que la violencia no es ya capaz de hacer avanzar sus objetivos), y porque esa derrota es consecuencia de la eficacia policial y la firmeza judicial, es posible plantearse el fin definitivo de ETA. No renunciando a esa firmeza, sino completándola con incentivos al abandono de las armas. El margen es estrecho porque si se aceptase entrar en una dinámica de concesiones previas (acercamiento de presos, etcétera) para favorecer el proceso se cargarían de razón los contrarios al abandono definitivo: ésos que esperan que ocurra algo que devuelva algún sentido a la lucha armada.

Las sesgadas invocaciones que los dirigentes de Batasuna (y redactores del Zutabe) hacen al proceso de paz irlandés podrían interpretarse en esa clave. Lo que les llama la atención es el concepto mismo de proceso: los 12 años que van desde la declaración de Downing Street hasta la entrega de las armas. Obtuvieron la liberación de los presos, gracias a que los había de las dos comunidades, y a la vez el brazo político se convirtió en interlocutor imprescindible para convencer al IRA de que debía desarmarse.

Aquí sólo hay violencia de una parte, por lo que el efecto de enredarse en un proceso largo de concesiones recíprocas, sin un compromiso previo y neto de abandono por parte de ETA, sería perder la oportunidad abierta, según sostenía hace poco Javier Villanueva, un sobreviviente de la extrema izquierda de los 70, en un artículo publicado en la revista de Gesto por la paz. Su argumento era que el principal incentivo para que ETA lo deje es cortar en seco las graves consecuencias negativas que su continuidad acarrea sobre su propio mundo; y que ello le obliga a dar el paso decisivo: "Cuanto más pronta, limpia y clara sea la decisión de dejarlo, cuanto más definitiva e incondicionada, mayor margen tendrá Zapatero para acometer los delicados pasos de la reinserción" de presos y Terneras. La prueba de la sostenibilidad del asunto va a ser -concluía Villanueva- que "el presidente pueda defender razonablemente ante las víctimas, cara a cara, el proceso seguido y sus consecuencias". Hoy por hoy, no podría.

ETA
Más bombas
GEES Libertad Digital 8 Diciembre 2005

ETA aleja las expectativas de tregua. Lo hace con un comunicado en el que exige condiciones políticas como la autodeterminación para avanzar en un hipotético proceso de paz. Lo hace también colocando cada vez un mayor número de bombas que ponen en entredicho a un presidente del Gobierno empeñado en un discurso de entendimiento con los terroristas.

Es cierto que ETA no mata. No lo hace porque en la actual coyuntura política le es más rentable no hacerlo. Eso no significa que renuncie a asesinar en un futuro y que de hecho se esté preparando para hacerlo. Ya ha conseguido burlar la Ley de Partidos manteniendo una representación institucional en el Parlamento vasco. Ha conseguido también romper el aislamiento social con un Gobierno español empeñado en abrir un proceso de dialogo con ellos. Ha recuperado la iniciativa estratégica marcando la agenda de la negociación y de los atentados. Ha vuelto a imponer la disciplina interna tanto a su brazo político como al colectivo de presos. No es mal balance para la organización terrorista tras año y medio de gobierno Zapatero.

Su gran apuesta ahora es lograr que Batasuna pueda presentarse a las próximas elecciones municipales. Su presencia en los ayuntamientos vascos y navarros es una fuente de legitimidad política, de iniciativa estratégica y de financiación de la que la banda terrorista sabe no puede prescindir. ETA quiere además que figure en las listas su primera marca política y no sucedáneos, como el Partido Comunista de las Tierras Vascas, que rebajan la calidad de su acción política.

Para lograr ese objetivo los terroristas parecen dispuestos a seguir sin cometer asesinatos por unos meses. En las condiciones en las que se encuentra la banda, esta tregua no declarada de atentados mortales le viene muy bien para tratar de recomponer sus maltrechas infraestructuras operativas y logísticas. A cambio es previsible que aumenten el número de acciones para demostrar al Gobierno su capacidad en caso de que no se pliegue a sus exigencias.

Esta situación pone al Gobierno en un dilema difícil. Por un lado, no será fácil que Batasuna pueda presentarse a las elecciones sin modificar la actual Ley de Partidos. Pero Zapatero tendrá dificultades políticas muy serias si pretende acometer esa reforma con la firme oposición mostrada por el PP a toda concesión a los terroristas y sin ningún avance que lo justifique ante la opinión pública. Pero si no se pliega a las exigencias de los terroristas, estos pueden iniciar una campaña de atentados mortales que frustre definitivamente toda expectativa de paz y ponga en evidencia el tremendo error del cambio de estrategia en la lucha contra el terrorismo efectuado temerariamente por el Presidente.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Zapatero tiene miedo de un nuevo patriotismo español
Pascual Tamburri elsemanaldigital 8 Diciembre 2005

La derecha española no se acuerda, ni tiene por qué acordarse, pero sí lo recuerda José Bono: hace falta remontarse a la Transición para ver tantas banderas españolas juntas en las calles de Madrid como las que hemos visto este año. Como las que se vieron el pasado sábado en Sol, por cierto, y no en la plaza de Oriente tan querida para nuestro falangista manchego. Aunque ambos lugares tienen un destino común, porque fueron escenarios principales del alzamiento popular del 2 de mayo de 1808, que advirtió al mundo del carácter de España como nación. Muchas banderas y mucho talante, por un lado; mucho miedo, por otro.

Y es que, por desgracia, a la izquierda su país "se la suda", en el mejor de los casos. La idea del Estado-Nación ha sido en el último siglo la única capaz de devolver cierto valor a la vida de una civilización en la que se habían devaluado los principios espirituales y habían desaparecido casi todos los puntos de referencia común para la conducta de los hombres. Las palabras que durante milenios habían iluminado la mente o reconfortado el corazón, y habían servido a las gentes de nuestro país para reconocerse entre la marea de pueblos, han perdido hoy su significado y su poder sugestivo. Sólo la palabra "Patria" parece resistir la reducción de lo humano a lo individual y a lo material, y enriquecerse con temas cada vez más numerosos, de naturaleza moral, cultural, económica y social. Lógicamente, la izquierda social y política, a menudo de la mano de la derecha económica –pero sería largo de explicar-, impugna la dignidad de Patria para España, ayer en nombre las clases supuestamente en lucha, hoy simplemente en nombre del hedonismo anarcoide.

Así que los defensores de un nuevo patriotismo español infunden miedo a sus detractores, que hoy gobiernan el país. Y el miedo tiene su razón de ser, porque la sociedad española se ve sacudida por una vibración comunitaria, nacional, y por doquier se intuyen síntomas de que España se resiste a morir. Vive, y sigue siendo capaz de nuevas síntesis de fuerzas, de un impulso regenerador que vaya mucho más allá de la contingencia política y reivindique –con el lenguaje y las formas insólitos del siglo XXI, es cierto- una identidad común en el pasado, una libertad común en el presente, una voluntad común en el futuro. Y todo esto tiene un solo punto de aplicación político, que es el Partido Popular –hoy de Mariano Rajoy-, en el que hay muchas otras cosas, pero que se está convirtiendo en mayoría social precisamente por la cuestión patriótica. Gustará o no, pero está balbuceando una nueva derecha social.

La izquierda y los agnósticos de todo patriotismo allí donde se encuentren dicen desconfiar de esta tendencia de la derecha por el recuerdo del franquismo. Pero es una falsedad, una impostura evidente. Lo temen porque es pujante y los rebasa. El patriotismo que hoy vive una parte creciente de este pueblo no es anticonstitucional, ni preconstitucional. Como ha explicado doctamente Luis Miguez, "es simplemente la expresión del patriotismo español dentro de los cauces constitucionales", es decir el patriotismo de 2005. No el de Jürgen Habermas, realmente, sino el intuido por José María Aznar.

Acoso a la COPE
Carta a Guardans: ¿De qué vas, tío?
Luis Herrero Libertad Digital 8 Diciembre 2005

Luis Herrero, en su página web: "A las nueve de la noche del martes 6, le he enviado a Ignasi Guardans y al resto de los eurodiputados de la comisión de Libertades, el email de respuesta al que él había puesto en circulación el martes la mañana". Por su interés, Libertad Digital reproduce íntegramente el texto de la carta de Herrero.

El respetado colega Ignasi Guardans os ha pedido por escrito que no apoyéis una petición firmada por nueve periodistas españoles que lo único que pretende es impedir que la segunda cadena de radio más importante de España, propiedad de la Conferencia Episcopal, sea silenciada en Cataluña por una arbitraria decisión administrativa. Guardans tiene todo el derecho del mundo a pedir lo que quiera. El mismo derecho que tengo yo a puntualizar algunas de las afirmaciones que él incluye en su escrito.

Afirma, por ejemplo, que miles de personas consideran en España que la cadena COPE canaliza a diario una permanente sucesión de insultos y que se ha convertido en el más fuerte ejemplo de discurso de odio de toda Europa. Guardans, que tiene de liberal lo mismo que yo de fraile benedictino, o sea, nada, debería decir también que España, gracias a Dios, es un estado de Derecho y que ya están el Código Penal y los tribunales de Justicia para determinar si los medios de comunicación cometen excesos ilegales. España no es Ruanda. Sólo el hecho de que Guardans se atreva a establecer esa comparación me ofende como demócrata y como español.

Afirma también el señor Guardans que la petición presentada en el Parlamento Europeo sólo tiene el apoyo de los periodistas de la derecha y de los 100.000 oyentes de la emisora. Lo primero, sencillamente, no es verdad. Y lo segundo es una torpe y grosera manipulación impropia de cualquier persona que respete la objetividad de los datos. La COPE, según el Estudio General de Audiencias que hoy martes publica la prensa española, no tiene 100.000 oyentes, si no 2.939.000. La diferencia ni siquiera es sutil, es sencillamente demoledora. Tampoco es cierto que los únicos apoyos lleguen sólo de los periodistas de la derecha. Como se dice en la petición presentada ante el Parlamento Europeo, han denunciado las intenciones liberticidas del Gobierno catalán las siguientes asociaciones profesionales: Asociación Española de Radiofusión Comercial, Asociación Internacional de Radiofusión, Asociación Profesional Española de Informadores de Prensa, Radio y Televisión y Federación de Asociaciones de Radio y Televisión. Además, a título individual, han manifestado su apoyo a la iniciativa de evitar el silenciamiento de la COPE en Cataluña decenas de periodistas. Entre ellos, Carlos Herrera y Luis del Olmo, los directores de dos de los tres programas matinales de radio que, junto al de la COPE y al de la cadena SER, acumulan más del noventa por ciento de la audiencia de la radio convencional de toda España. Pongo la lista de los periodistas que simpatizan con la razón de ser de la petición presentada ante el Parlamento Europeo a disposición de cualquier observador independiente y reto públicamente al señor Guardans a que mantenga ante ellos la afirmación, temeraria y burda, de que todos pertenecen a la derecha.

Hasta ahora, 400.000 ciudadanos españoles han apoyado, con nombres, apellidos y DNI, la petición presentada ante la Eurocámara. Se trata de la iniciativa parlamentaria de esta naturaleza más popular de toda la historia de la Unión Europea. Nunca antes ninguna petición había conseguido un número de firmas tan apabullante. Si eso no es estar masivamente apoyado por los ciudadanos españoles, entonces, ¿qué es?

Sigamos con el capítulo de manipulaciones. El señor Guardans afirma que la Conferencia Episcopal catalana condena el discurso hostil de la COPE, pero omite, a lo peor deliberadamente, que la Conferencia Episcopal española, por boca de su vicepresidente, Antonio Cañizares, ha declarado que "la Iglesia debe garantizar la libertad de expresión, y que un medio propio de la Iglesia también debe garantizarlo, ya que es un derecho fundamental. Una sociedad cae si no hay libertad y uno de los riesgos que tenemos en este momento en España es la falta de libertad, la falta de libertad de expresión, religiosa, de enseñanza, de libertades verdaderas".

Por último, el señor Guardans se permite el lujo de afirmar en su carta que no quiere decir nada de la legalidad de cualquier decisión administrativa del Gobierno catalán en relación a las licencias de radio de la COPE en Cataluña. "Tenemos tribunales", afirma. Y es verdad: los tenemos. Tan es verdad que los tenemos que todos ellos, hasta ahora, se han pronunciado en contra de las decisiones administrativas del Gobierno catalán contrarias a la COPE. Tal vez sea por eso por lo que Guardans, en su carta, no quiera decir nada al respecto. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, en marzo de 2000, y más recientemente el Tribunal Supremo de España, han fallado a favor de la COPE. El Tribunal Supremo, el pasado 29 de noviembre de 2005, decidió anular la denegación por parte de la Generalitat de la renovación de la licencia de la emisora en Barcelona, estimando así el recurso de casación presentado por la cadena, que había seguido emitiendo gracias a la autorización del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Lo que pretendemos los firmantes de la petición que Guardans os pide explícitamente que no apoyéis es proteger el derecho a la libertad de expresión y a la libertad ideológica. Defendemos un principio, no una causa particular. Algo que, al parecer, el señor Guardans no entiende. Él afirma en su carta que, detrás de la petición, se esconde "un juego asqueroso". Yo afirmo que detrás de su carta se esconde algo peor: la creencia de que los demás somos bobos.

Hace mucho tiempo que no leo una carta tan manipuladora como la del señor Guardans. Os pido, en consecuencia, que apoyéis la petición que firmo junto con otros ocho periodistas de mi país, con el respaldo explícito de otros 400.000 ciudadanos europeos que creen que sus derechos fundamentales están amenazados. Pero no os pido que lo hagáis a ciegas. Como dice la propia petición en su último párrafo, "... solicitamos que el Parlamento Europeo investigue con carácter de urgencia los hechos denunciados, certifique su veracidad y obre después en consecuencia." ¿Es eso mucho pedir, señor Guardans?

Río Cabe
El paraíso que nunca existió
Serafín Fanjul Libertad Digital 8 Diciembre 2005

Hace unos días asistí a la presentación del último libro de Gustavo de Arístegui (La Yihad en España), obra más que recomendable y conveniente si queremos ir completando una imagen real, –y por ello incomodísima– de nuestras relaciones con el islam de antes y, sobre todo, de ahora. En el curso de su intervención el autor manifestó su resuelto intento de reivindicar la figura y la actuación de gobierno de José María Aznar. Se refería no tanto al conjunto total de medidas y actuaciones políticas del anterior presidente como a alguna parcela muy en especial: la relacionada con los árabes y la religión islámica, por la incidencia sobre todo final que revistieron en su mandato y por las evidentes manipulaciones y explotación a que se vieron sometidas a manos de un sector demasiado nutrido de los medios de comunicación.

De manera particular recordó Arístegui la primera conferencia pronunciada por Aznar en Georgetown, y que desencadenó una avalancha de críticas cuando no de burlas provenientes de políticos pisaverdes, periodistas ganapanes, bachilleras y zascandiles varios que, de repente, enarbolaron sus inexistentes doctorados en historia medieval y hermenéutica islámica y lo condenaron como provocador, ultramontano e ignorante. La verdad es que, dijera lo que dijera, lo iban a condenar igual: a este señor la izquierda de altos vuelos intelectuales (Pepiño, Montilla, Roldán) o la de honradez acrisolada (Juan Guerra, Vera, Rubio, Corcuera, Barrionuevo, más Montilla y más Roldán) no puede perdonarle no haber metido la mano en la caja, haber demostrado que no se precisaba el crimen de estado para arrinconar a la ETA y, sobre todo, lo peor de todo, haber anunciado –y cumplirlo– su retirada cuatro años antes de hacerlo, cuando se hallaba en la cresta de la ola. Estas cosas ni se perdonan ni se entienden siquiera. Pero la oleada de críticas no vino de nada de esto, sino de su afirmación acerca del comienzo de nuestros conflictos con el islam, que empezaron –afirmó Aznar y es imposible rebatirle– en el año 711 con la invasión musulmana.

Una evidencia. Y sin embargo, se lanzaron a crucificarle sin haber oído ni leído el texto de marras (el 99’99 % de los españoles), incluidas personas que se hallaban en Georgetown por esas fechas pero que no asistieron al acto. Recuerdo al respecto una carta al Director publicada en La Vanguardia de Barcelona de una persona –o sé con seguridad absoluta por habérmelo referido la autora– que no estuvo presente pero que vilipendiaba al anterior presidente por mancillar el alma mater universitaria, por dejar en ridículo a los españoles, por desconocedor atrevido y por sus malos conocimientos de inglés. Imposible sacar más y mejor rentabilidad de una lectura de oídas, ese género literario tan en boga en nuestras tierras, incluso cuando pateamos el extranjero. Y total, Aznar sólo había levantado acta de algo fuera de discusión: nuestros conflictos con el islam empezaron por obra y gracia del moro Muza y de su avanzadilla Tariq ibn Ziyad. Fue así.

Por mor de exactitudes antropológica, histórica, cultural, social y hasta folclórica podrá discutirse si aquellos hispanos, o hispanovisigodos del siglo VIII éramos nosotros; qué proporción racial, biológica, de civilización se ha mantenido en la Península a partir de aquellas gentes; si los conversos al islam, de grado y por fuerza, en los siete siglos subsiguientes mantuvieron y en qué cantidades las huellas hispanorromanas; si los musulmanes andalusíes permanecieron en Hispania a medida que avanzaba la Reconquista (más bien, con regularidad, no); si los cristianos del norte eran, o no, herederos directos y verdaderos de aquellos hispanovisigodos; si los mozárabes –o sea, cristianos sometidos– se arabizaron más o menos culturalmente y si se fugaban hacia el norte siempre que podían a causa del excelente trato que recibían de sus dominadores muslimes... Todo eso es matizable en diversos grados y maneras, pero lo incontrovertible es que la invasión musulmana truncó la historia de la Península y le imprimió un giro inesperado del cual se libraron la mayoría de los países a la sazón europeos, ya latinos, ya germánicos.

Como tampoco es posible negar que la nación española se forjó a la contra del islam, resultado de no querer ser musulmanes, en un proceso dilatadísimo de tenacidad y conciencia colectiva, al principio limitándose a sobrevivir a las aceifas e incursiones depredadoras y de exterminio con que regalaban a los “gallegos” (casi todos los norteños) los emires de Córdoba en cada estío (eso significa “aceifa”: expedición militar de verano), después –desde el siglo XI– cobrando conciencia, desde el imaginario popular a los lemas y divisas nobiliarios y reales, del imperioso mandato histórico de recuperar y reconstruir una “nación” que siguiese el rastro de la monarquía visigoda. Se pueden discutir y matizar los detalles o, incluso, las grandes valoraciones globales, pero no negar los hechos ni cargar contra un adversario político que se limita a dejar constancia de los mismos, máxime ante un auditorio nada sobrado de conocimientos de historia de España.

Bien es cierto que Aznar estaba reventando el gran descubrimiento que en esos días Rodríguez había destapado para disfrute y gloria de la Humanidad entera: la Alianza de Civilizaciones, casi ná; y además, sugería que la historieta del paraíso andalusí requería más prudencia y menos fantasía; o sea, Aznar fungía de Aznar, de adulto rompejuguetes peligrosos de niños bobos, asumiendo la antipatía del papel y dejando claro –demasiado ante quienes detestan la claridad– que huelgan las sonrisas de disminuido profundo, las “disparateces” de Moratinos y las “extratégias” de Rodríguez si lo que anda en juego –y anda– es la subsistencia de nuestra sociedad, libre y abierta como es, la conservación de nuestras catedrales de Burgos o Bamberg, el sentido de nuestra –y bien nuestra– iconografía cristiana, la perduración trasatlántica del español o el alcance de “La Carga de los Mamelucos” que, por cierto, también eran musulmanes. En fin, hablamos de ese al que los árabes denominan “Paraíso perdido” y que sería mejor llamar “El que nunca existió” como tal.

El Partido Popular debe una aclaración
Román Cendoya PD 8 Diciembre 2005

La convocatoria realizada por el Partido Popular era única y exclusivamente a favor de la Constitución. Es lógico que el tripartito catalán y parte del PSOE quisieran convertir la convocatoria en un acto contra el Estatut. El problema está en que quizás tengan razón, porque Pepe Piqué, el hombre que del PP sólo tiene el nombre, después de que los nazionalistas catalanes criticaran su asistencia y dijeran que el PPC se quedaba fuera de toda comisión y negociación del Estatut, se apresuró a declarar, en la cadena SER y en RNE, que en el fondo la concentración era contra el Estatut. Una vez más, el tonto útil del nazionalismo catalán prestando sus impagables servicios.

Pepe Piqué, una vez más, dando cobertura a Artur Mas para que en 59 segundos pudiera decir, cuantas veces le fue necesario, que la concentración era contra el Estatut como había reconocido el presidente del PP de Cataluña. Pepe Piqué ha vuelto a torpedear la política constitucional del PP en beneficio propio. Su total falta de principios y de ideología le llevan a hacer lo que sea con tal de poder seguir viviendo con tranquilidad en Cataluña. Todo menos que se enfaden los que mandan. Es su forma de ser. Sumiso ante el poder. Hoy con los nazionalistas catalanes, hace poco inclinando la cabeza ante Bush, como un perrito de aquéllos que se llevaban en los coches. Todo menos que le dejen fuera del reparto. El problema no es Pepe Piqué, el problema está en que Mariano Rajoy y la ejecutiva del Partido Popular tienen que desautorizar sus declaraciones y tomar medidas. No puede instrumentalizarse a los miles y miles de ciudadanos que acudieron a la concentración. ¿Quién va a fiarse del Partido Popular cuando fije los objetivos de la próxima movilización? ¿Es cierto que el PP convoca para un motivo cuando en realidad es para otro? Convocaron con un objetivo y Piqué ha dicho que era para lo que el tripartito y el PSOE han afirmado.

La realidad es que la concentración convocada por el Partido Popular en apoyo a la Constitución de 1978 fue un éxito de público y de comportamiento. La lectura de 17 artículos de la Constitución, utilizando todas las lenguas de España, y el propio discurso de Mariano Rajoy fueron impecables desde todos los puntos de vista ideológicos constitucionales. Lo lamentable es que la ciudadanía tenga que salir a defender obviedades. Es cierto que todo lo que supone defender y apoyar la Constitución puede ser interpretado en contra del independentismo catalán, vasco o gallego. Todo lo que sea defender la Constitución puede ser interpretado en contra de los privilegios y de la insolidaridad. Por eso, los que critican que se defienda la Constitución tendrán que preguntarse qué modelo de sociedad quieren y si defienden la igualdad, la solidaridad, la justicia y la libertad para todos los españoles. El contenido del acto no fue contra el Estatut, pero el PP tiene que dar una explicación sobre las declaraciones de Pepe Piqué, presidente del Partido Popular en Cataluña y miembro de la ejecutiva nacional.

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