AGLI

Recortes de Prensa     Viernes 9 Diciembre 2005
Prisa y la siniestra verdad del “Dime con quien anda ZP”
EDITORIAL Libertad Digital 9 Diciembre 2005

Crónica de una desintegración anunciada
Cristina Losada Libertad Digital 9 Diciembre 2005

Forzar las transferencias autonómicas
Editorial ABC 9 Diciembre 2005

Las relaciones peligrosas
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 9 Diciembre 2005

Ofensiva contra Cataluña
Pío Moa Libertad Digital 9 Diciembre 2005

Maragall en la ONU
GEES Libertad Digital 9 Diciembre 2005

ZP y la violencia
Fernando R. Genovés Libertad Digital 9 Diciembre 2005

Más claro, agua
Lorenzo Contreras Estrella Digital9 Diciembre 2005

LA RESPUESTA A OTEGI
Editorial El Ideal Gallego 9 Diciembre 2005

Erasmo, Zapatero y España
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Diciembre 2005

La tomadura de pelo de ETA y de ZP
Juan Delgado elsemanaldigital  9 Diciembre 2005

La Constitución sí está en peligro, aunque haya quién prefiera cerrar los ojos
Federico Quevedo Periodista Digital 9 Diciembre 2005

Banderas de SEAT
http:/cronicasbarbaras
.blogs.com 9 Diciembre 2005

Para entenderse en la consulta de Babel
ANU MEDIAVILLA Madrid Heraldo de Aragón   9 Diciembre 2005

Prisa y la siniestra verdad del “Dime con quien anda ZP”
EDITORIAL Libertad Digital 9 Diciembre 2005

Tanto el secretario de comunicación del PSOE, Fernando Moraleda, como el diario El País, acaban de hacer un ejercicio de propaganda tan patético como es tratar de desvincular ante la opinión pública a Zapatero de quienes, como los separatistas catalanes, son –por voluntad del propio Zapatero, del PSOE y de Prisa– sus principales socios políticos desde antes, incluso, del 14-M.

Es evidente que la abierta disposición de ZP de negociar con ETA, está quedando muy mal parada, por el empeño de la organización terrorista de no ocultar ni renunciar a los objetivos separatistas, en pro de los cuales estaría dispuesta a ampliar la tregua que, hasta ahora, ha concedido en exclusiva para Cataluña. El colmo para Zapatero es que el otro miembro del "Club de Perpiñán", con el que el presidente está liado desde el primer momento, tampoco oculta su verdadera naturaleza anticonstitucional y separatista, como bien muestran los últimos numeritos de Carod Rovira y sus cachorros separatistas.

No nos llevemos, pues, a engaño. Si el gobierno del 14-M quisiera, de verdad, abandonar tan repugnante compañía, no se limitaría al patético comunicado que ha transmitido su secretario de Estado de comunicación. Y, desde luego, si el imperio prisaico quisiera, de verdad, ponerle punto y final, la alianza de ZP con el socio de ETA en Perpiñán tendría los días contados.

Para Prisa, mucho más prioritario que cuestionar las compañías del Ejecutivo, es aislar políticamente al PP y neutralizarlo como alternativa de gobierno. Lo que ocurre es que, para poder consumar lo que ya se ha empezado a perpetrar en España, se requiere no poca "nocturnidad". Las esclarecedoras incontinencias de los miembros del "club de Perpiñan", por el contrario, no hacen sino desgastar en las encuestas a un PSOE, que lo consiente y apuesta todo a una tregua con la ETA.

Los deseos de Prisa –al menos, por ahora– , no es tanto que Zapatero abandone sus actuales compañías, como que les exija un esfuerzo por ocultar o disimular como éstas son en realidad. ¿A quién quieren engañar los enterradores políticos de Redondo Terreros, rasgándose ahora las vestiduras por hechos menores, referentes a una organización política como ERC, por todos conocida?

No seremos nosotros quienes quitemos gravedad a los "despectivos comentarios de ERC a la candidatura olímpica de Madrid", ni a su delirante exigencia de que el Gobierno español y el Rey pidan perdón, respectivamente, por "la guerra del Rif" o por "el franquismo". Menos aun, quitaremos hierro al liberticida "encadenamiento de cinco militantes ante la emisora de la Conferencia Episcopal".

Pero, ¿por qué no cita El País hechos muchos más elocuentes de hasta qué punto ERC es "un socio peligroso" –título de su editorial– , como son las coincidencias y acuerdos de esta formación con ETA en muchos otros más asuntos? Si de verdad Prisa quiere cuestionar a este "socio peligroso" de Zapatero, ¿por qué no citar su encuentro con ETA en Perpiñán? ¿Por qué no habla de la solidaridad pública y manifiesta de ERC con el entorno etarra ilegalizado en la anterior legislatura? ¿Por qué El País no dice que, tanto Carod Rovira como Josu Ternera, consideran que el vasco y el catalán son "pueblos oprimidos, ocupados, expoliados y descuartizados por el propio Estado"? ¿Por qué El País no publica a toda página el artículo que el indeseable dirigente de ERC publicó en el diario Avui el 31 de mayo de 1991?

En lugar de eso, y de denunciar la nihilista condescendencia de ZP, El País pretende convencernos ahora de que el presidente del Gobierno está hasta la coronilla de sus compañeros de viaje. Pues menos mal que lo está. Por satisfacerles, Zapatero ha admitido a trámite un Estatuto soberanista y hasta ha puesto en duda si el país que gobierna es o no una nación; duda presidencial que también ha calmado de lógica y confesa satisfacción a Otegi y los suyos. Eso, por no hablar de la ruptura del Pacto por las Libertades, del silenciamiento de las víctimas, de la disposición socialista de acabar con el Estatuto de Guernica o de la consentida representación y financiación pública de los proetarras del PCTV.

Pocos reparos a las "compañías" puso Prisa del 11 al 14-M, a la hora de hacerle el juego mediático a notorios y confesos enemigos de la política de Aznar –fueran etarras o islamistas– que acaban de asesinar a 200 personas. Para Prisa todo valía –entonces, como ahora– con tal de mantener alejado al PP del Gobierno. Ahora sabemos que, tanto galgos como podencos, quieren sacar el máximo jugo a los resultados electorales del 14-M, en los que tan decisivamente influyeron. Y resulta, simplemente, patético ver en el PRISOE una preocupación por las compañías con las que Zapatero pretende mantenerse en el poder.

ASALTO AL ESTADO
Crónica de una desintegración anunciada
Por Cristina Losada Libertad Digital 9 Diciembre 2005

No hemos llegado aquí de repente ni por azar. “Aquí” es al cuestionamiento de la existencia y la unidad de la nación española y a la ofensiva contra el modelo de Estado establecido en la Constitución del 78. Pues, como demuestra Otero Novas en su nuevo ensayo, España lleva una década desbordando aquel marco y recorriendo el camino confederal.

El Gobierno de Rodríguez Zapatero, al dar aliento y colaboración a las pretensiones soberanistas o independentistas de los nacionalismos periféricos, sólo ha hecho que aflorara un proceso latente, al que han ido contribuyendo los dos grandes partidos nacionales. Asalto al Estado. España debe subsistir se revela así, por momentos, como la crónica de una desintegración anunciada. Pero lo es sin dramatismo añadido. El autor opta por el rigor del análisis y del documento para desvelar la naturaleza del proceso en curso, calibrar sus riesgos y atisbar posibles, aunque improbables, soluciones.

Estamos también ante las reflexiones de quien fuera uno de los diseñadores del Estado de las Autonomías, en su calidad de ministro y asesor del presidente Adolfo Suárez. En ese sentido, algunas partes de su ensayo pueden leerse como la crónica de un fracaso: el de las buenas intenciones de quienes idearon aquel modelo. El autor sigue defendiendo la idoneidad del mismo, y expone o denuncia cómo se iría quebrando progresivamente el difícil equilibro que quiso lograrse en la Transición entre los diferentes impulsos descentralizadores. Y ello hasta el punto de que el Estado español, vaciado ya de la mayoría de los 32 bloques de competencias que se le atribuían en exclusiva, se encuentra al borde de convertirse en una cáscara vacía. Si no se endereza el proceso, pasaría a ser un mero secretariado ejecutivo de las Comunidades Autónomas.

Todo ello implica la negación de la existencia de unos intereses nacionales, que están más allá de los de las partes que lo componen, y, en definitiva, la negación de la existencia de la nación española y de la soberanía nacional.

Otero Novas abre su libro con varias tesis, que irán sustentándose y ramificándose a lo largo de sus páginas. La primera de ellas es la ya citada del recorrido confederal, que luego examinaré con más detalle. La segunda, que una alteración del equilibrio alcanzado en el pacto constitucional supondría el retorno al punto de partida, es decir, al momento de la muerte de Franco, con el riesgo que entonces hubo de confrontación civil, eludido gracias a que prosperó el esfuerzo por alcanzar un consenso. La tercera abunda en este peligro, al señalar que las unidades políticas se hacen con sangre y se desintegran con sangre; ahí recuerda dos momentos de "sarampión" secesionista en España que condujeron a conflictos bélicos: el de 1640 y el de 1870. Y la cuarta, que la crisis del Estado español daña los intereses de los ciudadanos españoles en la Unión Europea, al restarle fuerza para defenderlos.

Además, el autor alertará, citando a Gustavo Bueno, de que a los países hegemónicos de Europa les interesa más tener como socios a "naciones fraccionarias" que a "naciones enteras". Es decir, que el debilitamiento del Estado español puede venirles bien y ser utilizado en provecho propio por aquellas naciones más unitarias y fuertes que tienen la ambición de liderar la UE. No las menciona expresamente, pero no hace falta mucho esfuerzo de imaginación para saber a quién o quiénes se refiere. De modo que, tanto por eso como por otras razones que aduce Otero Novas, el lector extrae la conclusión de que resulta ingenuo confiar en que la UE impida la desintegración de España, si llegara el caso.

El ensayo hace un repaso histórico a la evolución de la nación española, en el que se señala que la invasión musulmana hace del caso español uno peculiar en el proceso de formación de las naciones modernas en Europa; pues si en el resto del continente se pasó de la fragmentación provocada por los bárbaros a la evolución hacia el Estado-nación, España sufrió otro proceso de desintegración.

También se repasan las historias de Galicia, Cataluña y Euskadi, desmontándose algunas de las más habituales falsificaciones históricas de los nacionalismos. Y se encuentran los orígenes comunes de los nacionalismos vasco y catalán en sus deseos de proteccionismo económico y en las fuentes ideológicas del carlismo y el tradicionalismo eclesiástico.

Otero Novas señala una coincidencia interesante: existe una relación entre los momentos en que España deja de ser un mercado interior privilegiado para las producciones vascas y catalanas y los momentos de auge de las ansias "soberanistas" de esas regiones.

España está federalizada
La parte más interesante y actual del ensayo es la que estudia la evolución del Estado español desde 1975 hasta hoy. Ahí, el autor recuerda que el esquema de organización que él diseñara sólo preveía estatutos de autonomía de sustancia federal para algunas regiones, para aquellas con más "hecho diferencial". Pero la extensión a todas las regiones de aquel modelo, debido a las presiones del PSOE a principios de los 80, ha conducido a que "toda España está ya federalizada", y a que no tenga sentido "postular un Estado federal para solucionar los problemas".

Una comparación con EEUU y Alemania deja claro que nos hallamos, en lo que a la ley respecta, en un Estado federal de hecho. Ahora bien, si pasamos de la ley a la aplicación, la Constitución ha sido sobrepasada: los poderes periféricos son superiores a lo que refleja la Carta Magna. Y ello ya quedó establecido en los pactos autonómicos entre el PP y el PSOE en 1992, que diseñan un Estado federal. Es entonces, además, cuando "empieza a circular la peligrosa doctrina de que la Constitución no es una norma jurídica como las demás, [y] que debe interpretarse con arreglo a parámetros políticos". El autor quiere dejar claro que la Constitución no es un texto sagrado, pero también que se está practicando "el fraude de ley constitucional".

El caso es que la aplicación rigurosa de la ley se sacrifica "en aras de una confortable gobernabilidad". La senda de lo confederal se abre nítidamente tras las elecciones del 93, cuando el Gobierno de González accede a una cesión a la Generalidad catalana en el terreno fiscal. Desde ese año, dice, los dos grandes partidos nacionales "interiorizan y aplican los criterios de organización confederal del Estado". Fundamenta su diagnóstico en una larga serie de ejemplos, y tras ellos lanza una crítica al Manifiesto de Política Territorial del PP, anunciado en San Millán de la Cogolla en 2004. El PP, afirma, ha asumido la esencia de la doctrina confederal. Más aún, cree que la doctrina del PP nos llevaba a un "sistema suave y dulce de desaparición del Estado".

No se le escapa al autor que el sistema electoral español complica el proceso, cuando no es uno de sus motores. Cuenta que el propósito inicial era que el sistema proporcional se empleara sólo para elegir las Cortes Constituyentes, pero ésta resultaría otra buena intención frustrada por la realidad. En el capítulo dedicado a posibles soluciones, Otero Novas subraya la responsabilidad de los dos grandes partidos en mantener un sistema que "permite a grupos minoritarios forzar el cambio de modelo de Estado". La propuesta del autor como vía de salida o escape para la crisis actual consiste en un "gran Pacto de Estado" entre PSOE y PP, que piensa tendrá que venir "impuesto por la sociedad civil".

En suma, este libro de Otero Novas, abogado, fundador del grupo Tácito bajo el franquismo, ministro con UCD y dirigente del PP, actualmente apartado de la política activa, es un documento esencial para entender el proceso centrífugo en que nos hallamos, y las razones por las que debe defenderse la integridad de la nación española. Además, ofrece información privilegiada sobre "la cocina" de la Constitución y las decisiones de los primeros gobiernos de la democracia.

Hay, tal vez, dos aspectos en los que no resulta convincente el autor. Uno de ellos, el relativo a los "derechos históricos", que él acepta, aunque con un límite temporal: el marcado por los estatutos aprobados democráticamente en la II República. Sin embargo, parece inevitable que, al concederse hoy carta de naturaleza a ese tipo de "derechos", que son propios de una organización política premoderna, éstos pretendan adquirir forma moderna, es decir, quieran dar existencia a un Estado-nación.

Luego, Otero Novas expone cuatro procesos simultáneos de adelgazamiento del Estado que concurren para debilitarlo: la implantación del Estado de las Autonomías, el trasvase de competencias a ellas sobrepasando la Constitución, el triunfo neoliberal y la moda de las privatizaciones y el ingreso de España en la UE, con otro traspaso de competencias. Aquí parece que Otero Novas piensa que, cuanto menos Estado, menos nación; es decir, que los menores poderes de un Estado conducen inexorablemente a una debilidad de la nación. Pero ello no ha sido así; ni lo es, a pesar del engorde del Estado en los últimos decenios, incluso en las grandes democracias liberales, como EEUU y el Reino Unido. En cualquier caso, ambos son o han sido ejemplos de naciones fuertes con Estados "flacos".

En lo que sí tiene toda la razón el autor es en que "la abdicación de poderes del Estado [español] producida en estos lustros no ha sido a favor de una mayor libertad de los ciudadanos". Todo lo contrario. El ciudadano español ha de obedecer hoy a tres poderes legislativos y reglamentarios: el autonómico, el estatal y el europeo. Y el poder, por naturaleza, es expansivo.


José Manuel Otero Novas: Asalto al Estado. España debe subsistir. Biblioteca Nueva, 2005. 467 páginas.

Forzar las transferencias autonómicas
Editorial ABC 9 Diciembre 2005

MIENTRAS la atención se concentra en el debate sobre el Estatuto catalán, parece que todos los medios son buenos cuando se trata de reclamar nuevos recursos y competencias. Próximamente se debatirá en el Congreso una propuesta del Parlamento catalán para la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. El objetivo es que las autonomías puedan interponer conflictos negativos de competencia ante el Alto Tribunal, en igualdad de condiciones con el Estado. La sustancia política se encuentra, sobre todo, en buscar cauces jurídicos para exigir que la Administración central deje de ejercer funciones que -a juicio de los entes territoriales- ya no le corresponden. Para ello, se crearía un «conflicto en defensa del ejercicio de las competencias autonómicas», por el cual se trataría de evitar que el Gobierno del Estado obstaculice con su inactividad o por omisión el ejercicio por las comunidades de competencias que atribuyen a éstas sus respectivos estatutos u otras leyes. Se trata, en definitiva, de forzar las transferencias pendientes.

Más allá de las discusiones técnicas, la lectura política resulta muy significativa, y más aún en este contexto del debate sobre el Estatuto catalán. Demuestra, ante todo, que los mismos que impugnan el modelo autonómico y hablan sin rodeos de Estado plurinacional siguen utilizando uno tras otro los instrumentos que el ordenamiento vigente pone a su disposición. Hay otra lectura más preocupante. Alguna de las transferencias pendientes ofrece perfiles muy complejos, y ciertas autonomías pretenden encontrar una vía para que el TC exija al Gobierno el traspaso de los servicios correspondientes, puesto que se entiende que los decretos de transferencia se limitan a dar eficacia práctica a decisiones ya adoptadas. El atajo parece claro. Y hay todavía algo más. Ante el rechazo manifiesto al Estatuto, es probable que se opte por negociar un texto «rebajado» y se aprueben por vía de ley orgánica las reivindicaciones pendientes.

La difícil posición de Zapatero ante el tripartito le obliga a buscar soluciones para salir del laberinto. Es llamativa la tendencia del presidente del Gobierno a asumir que el sistema autonómico ha sido objeto de una interpretación sesgada en favor de los poderes centrales, tesis muy grata a los nacionalistas. Un análisis objetivo demuestra que no es así. Pese a ello, asistimos a una nueva vuelta de tuerca en el proceso de desnudar al Estado de competencias.

El libro de Otegi
Las relaciones peligrosas
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 9 Diciembre 2005

En la España de Rodríguez, los actos de Otegi no son, como solían, tema de orden público. Son ocasión dorada para que los medios analicen las opiniones de un relevante agente político: qué le vamos a hacer, está en el aire que la legislatura, y el propio futuro gubernamental y partidario de Rodríguez, están en manos del protagonista de Mañana, Euskal Herria. Mayor Oreja descubrió hace meses una ominosa relación entre ETA y el proceso de reforma estatutaria catalán, nexo que desagradó a propios y extraños. A partir de un reciente comunicado, Acebes miró en la misma dirección, concitando una variante tripartita del odio africano en forma de críticas acerbas y amenazas de querella, pronto sustituida por solemne proclama institucional del presidente del Parlamento de Cataluña.

Mientras esperamos (sentados) las valoraciones, declaraciones institucionales y apostillas maragalianas o benachinas a Otegi, constatamos varias circunstancias sombrías: al igual que sucedió con en el último comunicado etarra, Rodríguez se lleva unas palmaditas en la espalda, esta vez por ser el primer presidente de Gobierno español que acepta "naciones diferentes a la española", lo que constituye a ojos de Otegi "una revolución política". El presidente debería preguntarse por qué cae tan bien al entorno etarra. Además, es el propio batasuno quien recupera la teoría del vínculo, sólo que Otegi no se dedica a teorizar sobre política sino, más bien, a precipitar la política: "Si el señor Zapatero es un estadista, quizás intente conjugar ese proceso de reforma territorial con la solución al conflicto vasco."

Todo esto da una idea aproximada de la naturaleza del precio a pagar por el Estado, con un añadido preocupante: "Sin Navarra no hay solución, no hay proceso, no hay acuerdo." No se da, pues, por satisfecho con los varios precios políticos que el Gobierno ya ha pagado: el precio de acabar con el Pacto por las Libertades, el precio de derogar por la vía de hecho la Ley de Partidos, el precio de la aquiescencia ante la irrupción del PCTV, el precio de la claudicación formal en el Congreso de los Diputados, el precio de dejar de condenar los atentados y el precio de convertir al líder (je) de los socialistas vascos en un pajarillo para que píe en Gara.

Primeras valoraciones gubernamentales, las del ministro Bono: Otegi es "un experto en secuestros (ejperto en jecuejtroj) y en delincuencia", añadiendo que "si los lobos y los roedores hablaran, les prestaría la misma atención". Cuénteselo a su jefe, a ver qué opina.

Nacionalismo
Ofensiva contra Cataluña
Pío Moa Libertad Digital 9 Diciembre 2005

Los nacionalistas catalanes y el PSC han logrado convertir a Cataluña en un “oasis” de corrupción. Pero mucho peor es el designio de tapar e institucionalizar esa corrupción con argumentos “patrióticos”, al estilo del PRI mejicano. Indudablemente estamos ante un peligroso ataque a Cataluña

ERC, amparada por el PSC, reivindica el golpismo de Companys y se ha asociado con la ETA en diversos chanchullos con los asesinos, mutuamente beneficiosos. Y no menos perjudiciales para Cataluña.

La propaganda que presenta al idioma español común, una riqueza inestimable para todos, como ajeno a los catalanes y enemigo suyo, sólo puede considerarse parte de una campaña contra Cataluña

La retórica injuriosa y despreciativa hacia España mantenida sin tregua por los nacionalistas y socialistas también perjudica muy seriamente a Cataluña, porque ésta es parte de España, y porque esas literaturas provocadoras tienden a fomentar reacciones del mismo estilo contra los catalanes.

El boicot financiado por la Generalidad contra los productos de otros lugares de España también perjudica muy seriamente a Cataluña, entre otras cosas porque promueve una espiral de boicots en sentido contrario.

La literatura entre victimista y narcisista cultivada por los nacionalistas y maragallianos es esencialmente idéntica a la que cultivaron los nazis para llevar a Alemania al desastre. Al igual que entonces, esas melopeas envilecen a la gente y, desde luego, sólo pueden traer efectos catastróficos.

Del mismo estilo nazi es la pretensión de que criticar a los nacionalismos y sus desmanes significa “atacar a Cataluña”. Así hablaban los nazis: denunciarlos suponía ofender a Alemania. Pero es exactamente lo contrario. Denunciar y criticar la demagogia nacionalista significa defender la libertad, a Cataluña y a España entera.

La permanente corrosión y burla de la Constitución que garantiza las libertades de todos en la unidad de España, ataca frontalmente a los catalanes y a todos los españoles, y puede desembocar en una crisis de resultados imprevisibles.

Muy contrario, también a los más elementales intereses de Cataluña es el intento de liquidar la libertad de expresión, ya muy restringida en la región catalana, con el pretexto de que defender las libertades y la unidad de España equivale a “sembrar el odio” o a “denigrar a Cataluña”. Quienes siembran el odio, con injurias y calumnias, o con palabras hipócritamente suaves, son precisamente los nacionalistas y el PSC. Ellos han logrado reducir a muy poco la libertad de expresión para los discrepantes de su demagogia, y eso daña muy profundamente a la sociedad catalana.

Lo que es malo para Cataluña es malo para España, y viceversa. Por ello es un deber de todos los catalanes y demás españoles de ideas democráticas oponerse con la máxima resolución a esta ofensiva generalizada contra Cataluña, contra la democracia y contra España.

Un millón de dólares
Maragall en la ONU
GEES Libertad Digital 9 Diciembre 2005

La Generalidad de Cataluña ha donado un millón de dólares a las Naciones Unidas. Koffi Annan se apresta a recibir a Pasqual Maragall a comienzos de año en la sede neoyorquina de la ONU con todos los honores de un jefe de Estado. ¿Hay alguna conexión entre uno y otro hecho?

No será la primera ni la última vez que el secretario de la ONU acepta donaciones de particulares o de instituciones no estatales, ni que les devuelva el favor con una recepción en el curso de la cual quedar debidamente inmortalizado gracias a los medios gráficos. Todo apunta a que en esta ocasión, la realidad no es distinta. Los motivos de Maragall son bien claros: demostrar a los suyos y al resto de españoles que él tiene una dimensión internacional propia y diferenciada de la del Estado español. Es una postura consecuente con sus creencias recogidas, entre otros sitios, en el proyecto de Estatuto. Si Cataluña es un a nación, tiene por fuerza que acabar teniendo su representación internacional. Este es un primer gran gesto.

Ahora bien, puede que por su desmesura presupuestaria, Kofi Annan no se de cuenta de que le está haciendo un flaco favor al PSOE y a su amigo Rodríguez Zapatero. Justo cuando el Gobierno se empeña en hacernos creer que pretende modificar la denominación de Cataluña como nación en el trámite parlamentario, va Annan y recibe a Maragall como si no sólo fuera una nación, sino como Cataluña fuera todo un estado nacional. Puede que a Annan le importe un bledo las implicaciones domésticas españolas. Y es que Rodríguez Zapatero se caracteriza por elegir muy mal a sus aliados. Kofi Annan, salpicado por todo tipo de escándalo de corrupción, fue el gran valedor según el Gobierno español de la iniciativa de Alianza de Civilizaciones y el anfitrión institucional del grupo de alto nivel sobre la misma.

La práctica de aceptar cheques a cambio de repercusión mediática no es ilegal, pero pone de relieve el grado de descomposición de la organización que Annan ahora encabeza, así como la filosofía tolerante del mismo Secretario General. En lugar de dar un buen ejemplo en medio de las acusaciones gravísimas que se ciernen sobre su gestión, sigue acudiendo a artimañas y a explotar los dispares intereses de los numerosos actores políticos que pululan por este planeta para hacerse con más dinero, más allá de las cuotas de sus miembros. Y da igual que sea para el fondo del milenio con el que luchar contra la pobreza. Se trata de una práctica más que dudosa. Desoye los intereses espurios de los donantes y con eso mancha la credibilidad y la moralidad de la institución. Con Annan la ONU es irreformable. Con la ayuda de Maragall aún menos.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

ZP y la violencia
Fernando R. Genovés Libertad Digital 9 Diciembre 2005

Muchos individuos, de dentro y fuera de España, siguen sin formarse una opinión precisa del personaje conocido por las siglas ZP, y que, por el momento, ocupa la presidencia del Ejecutivo en nuestro país. Todo lo cual da cuenta, por una parte, de la naturaleza bien trabada del producto, y, por la otra, del grado de confusión y miedo escénico que invaden el alma de gran parte de la población. Bien es cierto que los barómetros demoscópicos se orientan últimamente hacia el buen tiempo, anunciando vientos templados y que se aleja la borrasca, pero yo, con todos los respetos hacia los profesionales del ramo, me fío poco de las estadísticas; y digo de ellas lo que Guillermo Cabrera Infante, o sea, que no me gustan porque son las matemáticas concebidas como argumento de autoridad.

No es mi intención aguarle las fiestas a nadie, pero, en honor a la verdad debo decir que, a mi juicio, el actual presidente del Ejecutivo tiene las cosas atadas y bien atadas. Sin duda, este personaje no pasará a la Historia, pero tiene guasa la cosa: un presidente por accidente, cuya máxima aspiración en la vida es lograr el Premio Nobel de la Paz (como Rigoberta Menchú, Yasir Arafat o Kofi Annan), será recordado sin gracia como un pequeño césar ligado a la violencia. Y hará falta algo más que ilusión para ponerlo en su sitio, donde no haga más daño.

Llega a la Moncloa por medios electorales, en efecto. Pero añado: “¡pues no faltaba más!”, cuando algunos esgrimen esta circunstancia como un mérito a su favor, que lo excusa de toda culpa, o como un valor añadido. Pero, sin el empujón de la violencia jamás hubiese obtenido la recompensa —o el galardón, vale decir— de la presidencia. Éste sería el aperitivo. Las manifestaciones callejeras (éstas, sí), la intimidación permanente, las caceroladas, los señalamientos, los insultos, las amenazas, los acosos y los asaltos a las sedes y los domicilios del adversario, durante los tiempos del segundo Gobierno de Aznar, prepararon el camino convenientemente para que el big bang significase, por ahora, la última palabra en la vida política española contemporánea. Tras el primer bocado, viene luego el mantenerse, es decir, el tentempié.

Desde ese momento, su actividad principal se ha caracterizado por no condenar por norma la violencia que le beneficia. Por tres veces (número mágico, de resonancias bíblicas), durante su comparencia en la Comisión de Investigación del 11-M en el Parlamento, se negó expresamente a reprobar las acciones controladas que violentaron la jornada de reflexión del 13-M y le dieron paso a La Moncloa. Posteriormente, ha evitado pronunciarse sobre los últimos atentados de ETA, por si acaso. Más recientemente, se niega tres veces más, tres, a reprobar explícitamente, formalmente, la campaña de coacción contra la cadena COPE y contra todo aquel que le critica, apelando a la libertad de expresión…

No puede haber normalidad política en una democracia moderna, en un país que no ha descendido aún al Tercer Mundo, cuyo primer ministro no condena la violencia política, y tapa ésta, para compensarla, con maquillajes, por ejemplo, una ley contra la denominada “violencia machista”. Por eso nos quiere llevar al Tercer Mundo, donde se respeta a las mujeres y a los homosexuales una barbaridad. Quiere transfigurar la Constitución española y eliminar a la oposición política, y, a cambio propone cambiar un título de la Constitución (¿de qué Constitución?) para que en lugar de “disminuidos” diga “discapacitados”. Uno diría que así se blinda, y protege sus derechos, para cuando se quede sin empleo institucional. Se indigna ZP por la guerra de Irak, pero reaviva la guerra civil española. Por lo que se ve, está empeñado en hacerse con el Premio Nobel de la Paz, como sea.

No quiero hacer pronósticos, pero creo que no va a ser la corrupción (“el caso Montilla” y próximos) lo que arrebate el poder a los actuales socialistas, como sucedió en la etapa González, sino el escándalo de la violencia, la marca que define la biografía política de ZP. Esa será la verdadera revelación que a muchas personas cándidas dejará trastornadas y avergonzadas por no haberlo visto venir a tiempo. Los otros, los implicados, con suerte, marcharán camino de Túnez, como Bettino Craxi, pero, ya digo, por la revelación de otros escándalos; o a Marruecos, que está más cerca y donde los quieren tanto. O, en fin, a lo peor, derrotados y humillados, se quedan en España, organizando la resistencia y la insurgencia, o como se llame eso, para volver a la carga.

Más claro, agua
Lorenzo Contreras Estrella Digital9 Diciembre 2005

Las nieblas que para algunos observadores rodeaban las conversaciones de Carod-Rovira con la dirección de ETA en Perpiñán, donde el “intercambio” consistió en tregua de acciones terroristas en Cataluña al precio de que el Estatut proclamara a Cataluña como “nación”, se han disipado. Arnaldo Otegi, en un libro-entrevista del que ya avise ayer a los lectores de ESTRELLA DIGITAL y que lleva por título Mañana, Euskal Herria, lo manifiesta en términos muy claros: la tregua etarra para Cataluña, por un lado, y la exigencia de Cataluña como nación, cuestionando el contenido del artículo segundo de la Constitución, por otro.

Ahora, en Durango, el “manifiesto” dialogado, a base de preguntas convenidas, permite saber lo que Otegi piensa y exige, en nombre de ETA, sobre la base de la conocida propuesta del velódromo de Anoeta, más lo tratado —con fracaso— en Argel, la independencia, la tregua de Lizarra, todo ello presentado con el empaque de “un recorrido por la historia”.

El portavoz de Batasuna, que pese a su formal ilegalización sigue siendo el brazo político de ETA, lanza un brindis por Zapatero cuando califica de “revolución política” el hecho de que ZP acepte la existencia en nuestro territorio de naciones diferentes a la española.

El melón de las concesiones conceptuales se abrió, por tanto, en Perpiñán, donde Carod-Rovira negoció con ETA algo más que una tregua. Algo que era el reto, el desafío a la unidad de España según establece la Constitución.

En el anuncio de lo que ya está con pleno descaro en la calle, en el ámbito de la opinión, se dice cuáles son para la banda terrorista e independentista “las claves de la territorialidad, la visión del socialismo, la aspiración a la independencia, el presente y las expectativas de futuro”, todo un repertorio de reivindicaciones formuladas “desde el análisis reposado del pasado”.

Reposado? Uno no se explica cómo el examen de una serie de sangrientas décadas, repletas de extorsiones, sufrimiento, lágrimas y muertes puede ser compatible con tal reposo. Podrían haber hablado los anunciantes o propagandistas de la banda en otros términos más adecuados y menos cínicos, tales como frialdad, brutalidad, crueldad... ¡Análisis reposado! Ahí queda eso. El pasado del pistolerismo convertido en una égloga. O tal vez una bella y trepidante narración épica a cargo de gudaris que esperaban en las esquinas o en los portales de las casas para descerrajar un tiro, o dos, o tres en la nuca de gente sin opción de defensa. Lo que se suele llamar alevosía.

Mala cosa que Zapatero reciba el elogio de quienes creen haber recibido tanto de su política, sin perjuicio de que siga habiendo jóvenes —etarras, por supuesto— dispuestos a militar en ETA y a practicar la lucha armada. Practicar, como quien realiza ejercicios de tiro y luego considera una cruel monstruosidad terminar en la cárcel.

Y ahora a esperar de nuevo el combate de las palabras. ¿Qué dira el PNV, cada día más rebasado por los inspiradores del espíritu de Lizarra, primero, y de Anoeta, después? ¿Cómo reaccionarán los “Pakito” y compañía, expulsados de la banda por haber opinado públicamente que el camino de la violencia y de la sangre ya no conduce a ningún sitio? Pero, sobre todo, ¿cuál será la reacción del Gobierno? ¡Ah, sí! Dirá que el diálogo con ETA tiene que pasar antes por la autodisolución de la banda y la entrega de las armas. Pues que ZP y sus muchachos lean Mañana, Euskal Herria, en doble edición, castellana y euskérica.

LA RESPUESTA A OTEGI
Editorial El Ideal Gallego 9 Diciembre 2005

El objetivo de ETA, cuando habla a través de sus propios comunicados o cuando lo hace a través de Arnaldo Otegi, es crear problemas al Estado que permitan avanzar hacia ese País Vasco independiente que persigue desde su fundación. Esa premisa es tan conocida que no hace falta que el Gobierno, el que en cada momento rija los destinos de España, conteste a cada anuncio realizado por los terroristas; sin embargo, las últimas manifestaciones del portavoz de la ilegalizada Batasuna sí merecen una respuesta por parte del Ejecutivo, en concreto, de su presidente.

Esa réplica es precisa no sólo porque Otegi haya asegurado que la tregua decretada para Cataluña ha servido para que esa comunidad exija el reconocimiento de su condición de nación (palabras que vienen a dar la razón a Mariano Rajoy), sino también por su advertencia de que sin que Navarra se integre en Eukadi no existen posibilidades de acuerdo, declaración que constituye un auténtico chantaje y que acompañó del recordatorio de que todavía son muchas las personas que están dispuestas a formar parte de ETA.

Resulta fácil entender que el dirigente abertzale intenta coaccionar al Estado avisando de que la dirección de la banda no tiene la menor intención de renunciar al terrorismo hasta que se cumplan sus metas. Entre éstas se encuentra la anexión de Navarra, un territorio que pretende usar como rehén para culminar así la desmembración de España. Las concesiones que los nacionalistas vascos asesinos han recibido últimamente han dado pie a estas chulerías , frente a las que no puede continuar el silencio de Zapatero. La respuesta ha de ser clara para defender el sistema constitucional.

Erasmo, Zapatero y España
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 9 Diciembre 2005

Recoge J. L. Gutiérrez sus «Erasmo» en libro. La espuma de 2000 días. Si «Rayuela» de Cortázar se puede leer de atrás adelante, en este caso la lectura se puede comenzar por cualquier página o tema. Pongamos por Zapatero. «Erasmo» escribió sobre él por vez primera el 11 del 7 del 2000 y lo presentó como a un líder dispuesto a llevar a cabo una nueva idea de España. Costará tiempo, advertía Erasmo.

No tardó tanto, y el proyecto iba a espantar a Erasmo porque aquella promesa indefinida ha resultado ser un puzle de naciones: la Cherokee, la Comanche, la Sioux, la Seminola... mientras «la izquierda convertida en gentío de señoritos multimillonarios ataviados de vencidos evocaba la Guerra Civil.

Si leer cada día un «erasmo» provoca indignación moral, agavillados todos en este tomo de seiscientas páginas, y no obstante fácilmente manejable, componen el cuadro de la nueva Corte de los Milagros, ¿o no es esperpéntico que el «marrullero» Maragall presentara en Madrid el Estatuto catalán (21 artículos más que la Constitución) al tiempo que se celebraba el XXV aniversario de ésta con una edición en piel roja y guardas de seda, patrocinada por un Comité de Honor formado entre otros por el Molt Honorable Senyor Jordi Pujol i Soley y el Excmo. Sr. Don Juan José Ibarretxe Markuartu.

Había creído quizá Erasmo que el primer Zapatero -«joven esperanza blanca»- era capaz de entregarse al servicio de «la Idea» al estilo libertario (¿acaso Durruti no era también de León?) pero pronto iba a advertir que la «idea» de éste no llevaba mayúscula. Empezó Erasmo a tener alguna sospecha sobre la personalidad de José Luis Rodríguez Zapatero al comprobar hasta qué punto le gustaba utilizar publicitariamente el acento circunflejo de las cejas y que el azul de los ojos reflejaba un cielo inventado y terco. De ese modo, le fue saliendo a Erasmo su lado indeclinable y, por lo mismo, independiente y temible. De momento comenzó a repartir las invectivas contra los que rodean al presidente; contra Maragall y Carod «nacionalistas neurasténicos»; contra Vallespín, experto en «sondeos intestinales»; contra Conde-Pumpido, dedicado a la salvación de transexuales y comunistas de las Tierras Vascas; contra Alonso, en cuyas comandancias se entra pidiendo auxilio (Galdeano) y se sale cadáver; contra Bono brazo largo de ZP alicatado de relojes Trolex; contra los inquisidores que rodean al presidente y persiguen a periodistas...

Erasmo ha concluido «Non placet Zapatero». Dijo que venía con un proyecto de España y resultó ser el plan de un parricida.

La tomadura de pelo de ETA y de ZP
Juan Delgado elsemanaldigital  9 Diciembre 2005

Está claro. Cada día que pasa, más. La verdad siempre sale a relucir. Se puede engañar, o pensemos mejor, tratar de convencernos de sus tesis porque él cree firmemente en ellas o porque se lo han dicho los supuestos expertos que le rodean. Sea una cosa u otra -sea una estrategia de engaño masivo, sea pura ignorancia-, la realidad es la misma siempre. La banda terrorista no está dispuesta a abandonar las armas. Como siempre, igual que ocurrió en las famosas conversaciones de Argel y en las posteriores de la etapa del PP, ETA siempre aprovecha estas oportunidades en las que consigue enredar a los gobernantes para ganar tiempo. Y, ahora, este proceso clandestino de contactos, del que Zapatero nos da, de vez en cuando, señales "esperanzadoras" -falsas señales-, va por el mismo camino.

ETA ha conseguido bastantes de los fines que se marcó, entre ellos dinamitar el Pacto Antiterrorista, desactivar la Ley de Partidos e insuflar de moral a sus bases. La vuelta a los ayuntamientos en 2007 es un hecho. Ya tienen el Partido Comunista de las Tierras Vascas. Sin embargo, Zapatero sigue agarrado a la tregua como un clavo ardiendo. La necesita para frenar su desgaste popular e intentar remontar electoralmente. El problema es que ha enseñado muy pronto sus cartas. Y ETA lo sabe, por lo que sus exigencias serán cada vez más duras. Ojalá que no. Pero todo apunta a que ETA sobrevivirá a Zapatero. Y el vallisoletano-leonés no pasará a los anales de la historia como "el pacificador".

La Constitución sí está en peligro, aunque haya quién prefiera cerrar los ojos
Federico Quevedo Periodista Digital 9 Diciembre 2005

Lo cual, por otra parte, no quiere decir que se deba extender su certificado de defunción, por más que haya entre los socios de Rodríguez quienes estarían dispuestos a firmarlo una y mil veces si hiciera falta, como bien quedó de manifiesto el pasado martes por la tarde con ese acto tan democrático convocado por los chicos de Esquerra Republicana invitando a arrancar páginas de la Carta Magna: pura inquisición. Las ideologías totalitarias siempre han hecho del ataque a la cultura uno de sus símbolos. ¿Quién no se acuerda de las quemas de libros en la Alemania nazi? Pero la Constitución es más que un libro, es además nuestro marco común de convivencia, por lo que la simbología del acto tiene un mayor alcance: el de querer arrancar ese espíritu que hizo posible la Carta Magna, el Estado de Derecho y la Democracia Liberal.

No me canso ni me cansaré de denunciar que quienes tachan de “fascistas” a los honrados y pacíficos ciudadanos que el pasado sábado se congregaron en la Puerta del Sol de Madrid para respaldar la Constitución del 78 son los mismos que practican la exclusión y la imposición, y atacan la libertad de expresión de los demás bajo la premisa de que pensar de manera distinta a como piensan ellos nos sitúa irremediablemente fuera del sistema. Y éste es uno de los motivos por los que este humilde servidor de ustedes cree, sinceramente, que la Constitución está en peligro. No soy el único, a Dios gracias. Lo percibí el martes en la recepción en el Congreso de los Diputados, donde se respiraba aroma de difunto. Pero es que, además, el 72% de los más de cuatro mil lectores de este periódico que respondieron a la encuesta, opina exactamente lo mismo.

No así mi vecino de aquí arriba, ni el que comparte planta conmigo los fines de semana. Para ellos mis denuncias sobre los desmanes liberticidas de Rodríguez son fruto de la imaginación calenturienta de este columnista y de la de un grupo de fachas ultramontanos involucrados en una conspiración judeo-fascista, fruto de la cual nos hemos inventado desde la reunión de Carod Rovira con Josu Ternera y Mikel Antza en Perpiñán, hasta los artículos anticonstitucionales del Estatuto catalán, pasando por los encuentros secretos de Rodríguez con Ibarretxe, Más, Imaz, Carod y Durao Barroso, las muchas preguntas sin respuesta sobre el 11-M, los contactos con ETA-Batasuna, el Pacto del Tinell, los encadenamientos a las puertas de la COPE, la condonación de créditos al PSC de la mano de Montilla, la OPA, la amistad con Castro-Chávez, los ataques a la prensa libre y la muerte de Manolete. Pura ficción.

Pero nada de todo eso forma parte de la invención o de una fantasía colectiva, sino de la más estricta y palpable realidad, como lo es el hecho de que nuestra Constitución esté amenazada por el ideario liberticida de Rodríguez y su visión confederalista del Estado. El presidente tiene una visión de España distante del modelo constitucional, de ahí que lo que más les ha dolido a algunos de los que se niegan a ver las cosas como son es el hecho de que el PP reuniera el sábado a decenas de miles de personas en defensa del texto constitucional e, incluso, se permiten felicitar al partido que preside Mariano Rajoy por comprometerse con la Carta Magna al tiempo que se le acusa de sectarismo por defenderla. ¿Por qué la izquierda se cree en posesión del acta de demócratas y los únicos con capacidad de extender certificados de constitucionalismo?

La derecha que el sábado se manifestó en la Puerta del Sol de Madrid no es aquella derecha conservadora del año 78 referenciada en las filas de Alianza Popular. Les guste o no, el PP es hoy el heredero de esa derecha moderada, liberal y reformista que fue la UCD, la cual votó mayoritariamente la Constitución en 1978 -cosa que no hicieron algunos de los socios actuales de Rodríguez-, al igual que lo hicieron muchos ciudadanos de centro-izquierda a los que hoy, sin embargo, no representa la actual dirección del PSOE, que parece sentirse incómoda con el marco de derechos y libertades que garantiza la Constitución, como la libertad de expresión que ejercen los medios de comunicación críticos con el poder. Identificarse con esa derecha es identificarse con el liberalismo.

Desde esa concepción de respeto a las libertades individuales y alejada del colectivismo, cualquier extremismo nos produce el mismo rechazo, venga de donde venga, e igual de pecaminoso me resultaría hacerme una foto con Blas Piñar que con Carod Rovira, pero Rodríguez no puede decir lo mismo porque él se ha entregado a la izquierda ultramontana y radical, y al nacionalismo excluyente, y sobre la mesa de ese conglomerado se ha escrito un Estatuto impulsado desde el Palacio de La Moncloa que en sus páginas pervierte el marco constitucional y anula el espíritu de consenso que fraguó la Carta Magna del 78, ese espíritu que llevaba a Landelino Lavilla a decirme el martes que “ahí, dentro del Hemiciclo, nos decíamos de todo, pero luego, aquí fuera, lo arreglábamos”.

Les daré algunas pistas que evidencian esa amenaza contra la Constitución que tanto insisto en denunciar, y me permitirán que me exceda un poco en la extensión habitual de este espacio, pero el asunto lo requiere. El Estatuto consagra la concepción de un estado plurinacional, modifica la organización territorial y aboga por una Nación de naciones en la que una de ellas, Cataluña, mantiene una relación de bilateralidad con el Estado. Eso conculca el Artículo 2 de la Constitución y el Título VIII al completo. Sólo el preámbulo establece el derecho de los catalanes a decidir su futuro, la preferencia del derecho catalán sobre el nacional y el derecho al autogobierno.

Cuando la Constitución diseñó el Estado Autonómico, lo hizo con la ambición de acortar las distancias de renta entre regiones. El Estatuto vulnera esos principios de solidaridad y de igualdad que consagra la Carta Magna a través del sistema de financiación, pero no solo con él. En su redacción actual, por ejemplo, el Estatuto pretende que el Estado invierta en infraestructuras en Cataluña en la misma proporción que Cataluña contribuye al PIB nacional. Aplicada así esta fórmula, supondría que las Comunidades que menos contribuyen también recibirían menos inversión del Estado en materia de infraestructuras. Todo ello vulnera el Artículo 2, el 138 y los relativos a la financiación autonómica.

El Estatuto rompe la unidad de mercado y la caja única de la Seguridad Social. Un ejemplo es el tratamiento que da a la lengua propia y las imposiciones que establece, que vulneran los artículos 3, 14 y 139 de la Constitución, este último especialmente en la medida que establece que todos los españoles son iguales y que no puede haber privilegios. La asunción unilateral de competencias va contra el artículo 149 del texto constitucional y obliga a modificar la legislación básica del Estado que lo que busca, fundamentalmente, es la igualdad entre todos. Pero es que, además, el Estatuto va más allá y se permite dictaminar que sea la Generalitat la que otorgue competencias al Estado, vulnerando el principio Constitucional de que es el Estado el único que puede otorgar y quitar competencias a las Comunidades Autónomas.

Hay más ejemplos que me servirían para demostrar que la Constitución sí está en peligro y el Estado amenaza ruptura si este Estatuto sale adelante en el Congreso en su redacción actual o con algunos retoques que no harían sino incidir en esa tendencia fatal que, como denunciaba Hayek, lleva a algunos gobernantes “a controlar la sociedad, una tendencia que no sólo los convierte en tiranos de sus semejantes, sino que puede llevarlos a destruir una civilización no diseñada por ningún cerebro, alimentada de los esfuerzos libres de millones de individuos”. Por eso, permítanme que concluya refiriéndome a un aspecto que nos afecta especialmente a los periodistas.

Además de planificar la vida económica catalana hasta hacer sofocante la presión del poder político sobre la sociedad civil, el Estatuto hace algo que en mi opinión excede de cualquier competencia ejecutiva, como es la pretensión de que la línea editorial de los medios de comunicación públicos y privados deba responder a criterios de neutralidad y veracidad informativas que serán determinados por el Consejo Audiovisual de Cataluña, que depende de la Generalitat. Eso es un ataque en toda regla a la libertad de expresión, y forma parte del concepto de libertad de expresión que tiene esa izquierda radical en cuyas manos se encuentra Rodríguez. Pero cuando estos muchachos de la extrema izquierda que arrancan páginas de la Constitución y se encadenan a las puertas de la COPE quieran impedirte, querido Antonio, tu libertad de expresión, y no dudes que lo harán, cuando eso llegue, sabes que podrás contar conmigo, querido amigo, para defenderte.

fquevedo@elconfidencial.com

Banderas de SEAT
http:/cronicasbarbaras.blogs.com 9 Diciembre 2005

Con grandes masas de barceloneses vitoreando a Franco y agitando las banderas de su Régimen, nacía hace 55 años SEAT, empresa que afronta ahora una decadencia contra la que protestan los obreros, envueltos en senyeras.

SEAT, Sociedad Española de Automóviles de Turismo: su infraestructura pertenece al Estado, pero sus trabajadores en huelga no levantan emblema constitucional alguno, sino, solamente, la bandera catalana.

Gestionada por la alemana Volkswagen, SEAT vende en España unos 100.000 coches anuales, la cuarta parte de su producción. Pero, además, cuando la empresa se hunde, es el Estado quien la rescata, como ya ocurrió anteriormente.
Con las ventas cayendo, es posible que Volkswagen decida abandonarla si los sindicatos siguen sin aceptan reducciones paulatinas de plantilla y si continúa recibiendo ofertas para instalarse en países con salarios bajos.

Entonces, el Estado, en lugar de cerrar lo que quizás ya no tenga futuro, será forzado a sostener una industria deficitaria que pagarán todos los españoles, pero cuyos obreros parecen sentirse únicamente catalanes.

Obreros que deberían saber que al regionalizar una empresa que es nacional, que depende de todos los españoles, están perjudicándose: lo que inspiraría solidaridad interterritorial sería la bandera española, que hermana a los ciudadanos de unas regiones con los de las otras. El único símbolo común. La senyera solo vale como acompañamiento o para solidaridades catalanas.

Toda España había peleado por tener aquella fábrica que nacía de la cooperación del INI y de la FIAT italiana, pero Franco decidió que Cataluña, como el País Vasco, tenían que albergar las bases industriales del país.
Millares de obreros de toda España emigraron a aquellos centros de riqueza. Y sus herederos han olvidado sus orígenes o sufren tal presión nacionalista que tienen que presentar tributo a la senyera antes que a la bandera nacional, que la enarbolarán cuando todo se ponga realmente feo.

SANIDAD
Para entenderse en la consulta de Babel
Un programa informático sirve de "traductor simultáneo" a médicos españoles y pacientes inmigrantes que no hablan castellano.
ANU MEDIAVILLA Madrid Heraldo de Aragón  9 Diciembre 2005

| "Sanitariamente, los inmigrantes son un colectivo muy necesitado y vulnerable", advierte el doctor Carlos Aguilera, que comparte con sus compañeros de la Sociedad de Medicina de Familia y Comunitaria la necesidad de normalizar su acceso al Sistema Nacional de Salud e incorporarlos cuanto antes a los programas de atención y prevención. El primer obstáculo de esa imprescindible integración sanitaria es el idioma, que levanta una barrera de incomunicación cuando el paciente llega sin hablar todavía castellano. Ahora es posible saltarla con un programa informático diseñado para entenderse en la "consulta de Babel".

Bautizado precisamente como Lebab (Babel al revés), ese sistema de ayuda a la consulta médica busca minimizar el problema del idioma, mejorar la comunicación entre facultativo e inmigrante y, sobre todo, hacer inteligible a quien no habla español el diagnóstico y el tratamiento, que se ofrecen de forma verbal y escrita en la propia lengua. El programa informático sirve de "traductor simultáneo" de un auténtico diálogo que permite completar la encuesta médica y personal del paciente con vistas al abordaje terapéutico y preventivo de sus problemas de salud. De paso, como remacha Aguilera, contribuye a hacer comprender el sistema a "gente que viene de mundos sanitarios distintos".
Gran satisfacción

Luz María de las Cuevas, directora de Lebab Systems, aclara que esa herramienta "no da el diagnóstico, porque no sustituye al médico, nunca". Lo que sí hace, añade, es "contar en lenguaje sencillo" el resultado de la "charla" paciente-doctor, que tiene como soporte un simple ordenador con altavoces y que avanza de forma "muy intuitiva y fácil" gracias a un conjunto de preguntas y respuestas que ambos pueden escuchar y leer en su idioma. Como si, en la consulta de Babel, contaran con un intérprete personal que manejara 160.000 términos médicos en cinco idiomas: árabe, chino, inglés, rumano y español.

El sistema, preparado durante tres años y abierto a ampliar sus conceptos y lenguas en el futuro, ha pasado ya por la prueba de un programa piloto de cinco meses en tres consultas de Atención Primaria donde acuden con frecuencia pacientes extranjeros. Y, según la medición del Grupo de Atención al Inmigrante de los médicos de familia madrileños, con buenos resultados. El más significativo fue la enorme satisfacción de los pacientes, que rozó el 97%. En el caso de los médicos, hubo más matices al declararse satisfechos: el 60% dijo estarlo "mucho", el 32% "bastante" y el restante 8% sólo "algo".

Al margen de esa evaluación personal, el dato clave fue la duración media de la consulta: 17 minutos, un 48% menos de la media en las consultas programadas. El plan piloto confirmó la juventud de las personas inmigrantes (26 a 29 años de media), catalogó 34 motivos de consulta e identificó el chino y el inglés (30% en ambos casos) como idiomas extranjeros más manejados, seguidos del rumano (23%) y el árabe (17%). En cuanto a procedencia, África (42%) aventajó a Europa (34%) y Asia (24%) por continentes, mientras, por países, Rumanía (32%) y China (22%) destacaron sobre Marruecos y Nigeria (15% ambos).

Ventajas
Pero tan importante como esos positivos resultados ha sido, en palabras de Aguilera, la "impresión de gran eficacia" sacada tras probar esa herramienta "anti-Babel". Para muestra, un par de botones. En el caso de las inmigrantes, sobre todo magrebíes que trabajan en casa y tardan más en aprender castellano, la compañía de sus maridos como intérpretes les impide expresarse con libertad en la consulta; Lebab, en cambio, les "permite cierta intimidad" para confiar al médico sus problemas de salud. Otro aspecto llamativo es el de los pacientes chinos, cuya satisfacción se traduce en un "efecto llamada" al sistema sanitario -"vienen con sus amigos pidiéndolo" y en una progresiva "fidelidad" al mismo que facilitará la prevención y la continuidad asistencial.

Desde la perspectiva médica, esa herramienta no sólo cuadra con el "objetivo de no formar guetos" de pacientes tratados únicamente por doctores que hablen su idioma, sino que convierte la consulta con el inmigrante en "un tiempo realmente eficaz". Como apunta Carlos Aguilera, habitualmente "el gran problema profesional es que tardas mucho y no te enteras", y a ello suele sumarse que el propio extranjero que no domina el español "tampoco comprende y no vuelve". Con el nuevo sistema, remacha Luz de las Cuevas, "la comunicación mejora, el médico se entiende con el paciente y éste no necesita intérprete". Además, concluye, el programa "vale para sordos y mayores", se puede utilizar en Atención Primaria y en planificación familiar y puede tener otras aplicaciones, como en las denuncias de las víctimas extranjeras de delitos.

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