AGLI

Recortes de Prensa     Sábado 10 Diciembre 2005
El mito de la Transición
Jorge Vilches Libertad Digital 10 Diciembre 2005

Nacionalismos cobardes en España
Francisco Rubiales  Periodista Digital 10 Diciembre 2005

La farsa de la negociación
EDITORIAL Libertad Digital  10 Diciembre 2005

Ni nada
Cristina Losada Libertad Digital 10 Diciembre 2005

De la ignorancia mesetaria
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  10 Diciembre 2005

Cosas que llevo mal en un político español de izquierdas
Guillermo Urbizu elsemanaldigital 10 Diciembre 2005

Una Constitución
Enrique de Diego elsemanaldigital 10 Diciembre 2005

PSOE que se pica, ajos come
Fernando Enebral elsemanaldigital  10 Diciembre 2005

La memez de la semana: "Navarra será lo que los navarros decidan"
Pascual Tamburri elsemanaldigital 10 Diciembre 2005

Egos desatados
Antonio José Chinchetru Libertad Digital 10 Diciembre 2005

Fábula de ERC y el escorpión
Juan Carlos Escudier elconfidencial 10 Diciembre 2005

Maragall y el futuro
ANTONIO ELORZA El País  10 Diciembre 2005

'Trece entre mil'
Nino Muñoz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 10 Diciembre 2005

El PP lanza una ofensiva contra la política antiterrorista y pide a Pumpido que actúe
C. Morodo La Razón 10 Diciembre 2005

El hallazgo de cinco fiambreras demuestra que ETA iba a cometer más atentados en verano
 La Razón  10 Diciembre 2005

Savater cree que el Estatut es discriminatorio y un «pacto con el diablo»
Juan David Leal La Razón 10 Diciembre 2005

UPN advierte que la Comunidad «no será moneda de cambio de nadie»
BEGOÑA LÓPEZ ABC 10 Diciembre 2005

Generalitat: el derroche de la «construcción nacional»
Luis Losada Pescador  Periodista Digital 10 Diciembre 2005

Condenados a 34 años tres etarras que mataron a un guardia civil en 1981
S. N. ABC 10 Diciembre 2005

Detenidas siete personas en la Costa del Sol relacionadas con la financiación del terrorismo islámico
Agencias Libertad Digital 10 Diciembre 2005

LA PRIMERA PIEDRA
XAVIER PERICAY ABC  10 Diciembre 2005

Autonomías
El mito de la Transición
Jorge Vilches Libertad Digital 10 Diciembre 2005

Podemos hacer un ejercicio taumatúrgico de la Transición, de aquella época y sus hombres, del espíritu que la envolvía y del optimismo que conquistó a la sociedad española. Sí; pero no debemos obviar que la Transición sentó las bases de lo que hoy hace de la democracia española algo débil e inestable ante las tensiones nacionalistas.

España se constituyó con los principios de una democracia liberal, pero dentro de un Estado de las Autonomías en continua e ilimitada transformación. Y la indefinición de la ordenación territorial no es baladí cuando sobre ella se sustentan la igualdad y la solidaridad entre los españoles, las instituciones representativas, como las Cortes, y, especialmente, el principio que da origen a todo: la soberanía nacional.

Durante la Transición, el gobierno Suárez generalizó precipitadamente las autonomías. Le venció la presión de los nacionalistas, pero también de los dirigentes regionales de los partidos nacionales. Y este proceso determinó el debate constituyente. Fue entonces cuando a Roca y Rodríguez de Miñón se les ocurrió aquello de “nacionalidad”, que a ojos de los nacionalistas quería decir que España se constituía como un Estado plurinacional.

El problema comenzó a rodar. Así, mientras todos los títulos del proyecto constitucional quedaron perfilados el 5 de enero de 1978, el título VIII, el de la organización territorial, fue el más duro de negociar. La solución constitucional fue no imponer solución uniforme alguna, sino dejar muchos caminos abiertos. Se siguió el modelo de permitir una mayor autonomía a aquellos territorios cuyos políticos mostraran un mayor sentimiento identitario distinto del español. La consecuencia ha sido el desdén hacia la identidad española, en beneficio de las reivindicaciones locales y de sus partidarios.

Los hombres de la Transición cerraron en falso el problema. Tarradellas aceptó la “irrenunciable unidad de España” en 1977, pero el Parlamento de Cataluña aprobó en diciembre de 1989 una declaración que reivindicaba el “derecho de autodeterminación” basándose en el preámbulo de su Estatuto de Autonomía. Y luego vino el plan Ibarretxe, y el paso del socialismo vasco y catalán a las filas nacionalistas, lo que ha deparado el actual proyecto catalán de reforma estatutaria, contrario a los principios básicos de cualquier democracia liberal.

Ya no es el problema de la errónea gestión de un equipo de gobierno socialista, sino el de una fórmula constitucional que en su aspecto de cohesión territorial es muy mala. Priorizar a las autonomías por su sentimiento identitario particular creó derechos, preferencias y discriminaciones, origen de los problemas actuales. Se pensó que el límite del proceso autonómico sería el marco constitucional. Una ingenuidad. Las “nacionalidades” creen tener una soberanía propia, equiparable a la española y, por tanto, capaces de dotarse de su propia ley fundamental y, claro está, de su particular “Estado”. Así, Maragall ya exige que la Carta Magna se reforme para adaptarla al proyecto estatutario de Cataluña. Nos vemos, de esta manera, empujados a una segunda Transición que, a todas luces, no tiene ninguna de las virtudes de la primera y sí todos sus defectos.

Nacionalismos cobardes en España
Francisco Rubiales  Periodista Digital 10 Diciembre 2005

Ruben, colaborador de Voto en Blanco, nos envía el siguiente "lamento" sobre la cobardía que envuelve y contamina a España, que dedica a Salvador Solves, el articulista catalán que escribió en Avui "Parlar espanyol és de pobres":

Los nacionalismos vasco y catalán son auténticas máquinas de fabricar cobardes. Se presentan ante la ciudadanía como reivindicadoras de la dignidad y de la identidad, pero operan de hecho como una corriente ideológica victimista que intimida y silencia a la sociedad, que envilece a sus miembros y que inclina a grandes sectores de la población a convivir sin resistencia con la injusticia, la opresión y la violencia.

A fuerza de convivir con la ignominia, dia a día, la sociedad española se ha vuelto insensible y ciega, pero los ejemplos que delatan hasta donde ha llegado la cobardía son multitud:

En las trincheras vascas, las universidades matriculan a los etarras manchados de sangre y los profesores, correligionarios o débiles, acobardados, otorgan buenas notas a los estudiantes pistoleros, muchos de ellos ausentes, en las cárceles, sin exigirles a cambio ni siquiera conocimientos aceptables. En ese mismo mundo vasco los empresarios han pagado, a gusto o a la fuerza, pero sin resistirse, esa cuota mafiosa a la que llaman "impuesto revolucionario", durante demasiados años, financiando la muerte y exigiendo al mismo tiempo "comprensión" al gobierno español, que, también cobarde, ha permitido esa felonía sin reprimirla. En ese mismo Euskadi, la sociedad, cómplice y acobardada, permite que un asesino abra una cristalería en la planta baja del mismo edificio donde vive la viuda de su víctima. Allí mismo, las víctimas son muchas veces humilladas por sus verdugos, amparados por una multitud de cobardes tan envilecidos que hasta llegan a admirar a sus humilladores violentos. En ese "país", aquellos pocos que defienden la justicia y la paz son acosados por los hijos de la violencia, éstos protegidos, además, por un gobierno nacionalista que no se ruboriza cuando se autodenomina "democrático". Podrían citarse cientos de ejemplos más, pero el peor de todos es que el envilecimiento y la cobardía se han incrustado tanto el el alma vasca que ya no se percibe y ha llegado a formar parte, al parecer, del ADN cultural de la mayoría de ese pueblo, antaño digno y ejemplar.

La cobardía nacionalista catalana es menos violenta, pero más hipócrita y dañina, si cabe. Allí no matan al adversario, pero lo acosan hasta expulsarlo de tierra catalana sólo porque no hablen el idioma de los catalanes, como han hecho ya con más de 14.000 docentes, o humillan al castellano parlante, al que llaman "pobre", como si la pobreza fuera un delito que "contamina" a los nada menos que 400 millones de seres que se entienden en esa hermosa lengua cervantina. El empresario catalán, acostumbrado al mercado protegido y a exportar con ventaja, ha firmado los llamamientos y proclamas que los políticos nacionalistas les han puesto delante, pero ahora se lamentan porque esa España que desprecian demuestra bizarría al responder al desprecio con el boicot. La historia reicente del nacionalismo extremo catalán es una sorprendente copia de aquella Alemania que ensalzó a Hitler y que se convirtió en el manicomio de Europa con la ayuda de la burguesía, pero nadie lo percibe en Cataluña, ni las legiones de nuevos ricos acobardados son capaces de denunciarlo.

Acostumbrados a utilizar a los políticos en provecho propio, a corromperlos y a pedirles mercedes, los burgueses emprendedores no han tenido el valor de pararles ahora los pies cuando, capitaneados por el Carod Rovira, las cosas han ido demasiado lejos, y ahora se lamentan como plañideras en los foros de Madrid, afirmando que "han sido engañados" y que han sido víctimas de su buena fe. La sociedad catalana, casi en pleno, es culpable, por acción u omisión, de haber roto ya los lazos amistosos con el resto de España, de condenar a sus hijos a despreciar un idioma que es el tercero más hablado del mundo y de haber despreciado y humillado a la España que pactamos en común con la Constitución de 1978, prefiriendo con su Estatuto un "régimen catalán" intervencionista, soberbio, con rasgos totalitarios y tan anticuado que ni siquiera sería imaginable en cualquier otra democracia avanzada de Europa.

Pero lo más grave de la situación nacionalista no es el envilecimiento que soportamos, sino la conciencia de que esas toneladas de cobardía que nos envuelven sólo han sido posibles porque el gobierno de la nación, obligado a impedirla y a defender por la Constitución a las víctimas oprimidas de la injusticia y la marginación, ha sido todavía más cobarde al tolerarla e, incluso, al dialogar y pactar con sus promotores, a cambio de conquistar el gobierno de España y de mantener los privilegios del poder.     Rubén

La farsa de la negociación

EDITORIAL Libertad Digital  10 Diciembre 2005

“Ni confirmo ni desmiento, ni nada. No comento nada”. Esta fue la respuesta que la vicepresidenta De la Vega dio a la prensa tras el Consejo de Ministros de ayer. No confirmaba, pero tampoco desmentía si los socialistas vascos han estado conversando con la ETA durante los últimos cinco años. Tan escueta e inadmisible declaración es motivo sobrado de preocupación, porque, como bien reza el refrán, quien calla otorga. Si el Partido Socialista no ha establecido contacto alguno con los terroristas, podría el Gobierno decirlo sin tapujos. Pero, si es cierto que las conversaciones se han producido y ni el PSOE ni el Gobierno lo quieren reconocer, ¿a qué tipo de farsa se ha entregado el PSOE desde el fin de la tregua trampa?, ¿este es el tipo de lealtad que prodiga el partido de Zapatero?

El presidente debería comparecer la próxima semana y dejar claro este extremo. Hacerlo con luz y taquígrafos para disipar las dudas o, si las conversaciones desveladas por Otegi fueron reales, para que los españoles sepan a qué atenerse y qué pueden esperar del partido que gobierna.

Ya mienta el PSOE, ya el líder de Batasuna, el hecho insoslayable es que la iniciativa en la lucha antiterrorista ha pasado del Gobierno a la ETA. Los asesinos no han declarado la anhelada tregua porque no la ven todavía necesaria con un Gobierno dispuesto a todo. De hecho, las revelaciones de Otegi no son más que un pescozón en el cogote del Gobierno para que no decaiga en sus intenciones de llegar hasta el final. La lección, quizá, la estén recibiendo de Cataluña, donde Zapatero no pierde comba en cuanto a concesiones y donde ha impulsado un nuevo Estatuto anticonstitucional. Esto lleva a cualquier observador sensato a ligar íntimamente, tal y como hizo esta semana el propio Otegi, el inesperado giro en la política antiterrorista con lo acordado en la reunión de Perpiñán.

Es en el infame convenio suscrito por Carod Rovira y Josu Ternera donde reside la clave de todo. Empezando por el desbarajuste institucional que se avecina y terminando por la rendición sin condiciones ante la ETA después de cuatro décadas de crímenes. Desconocemos la letra exacta del arreglo entre los terroristas vascos y la Esquerra pero su alcance es fácil de intuir. Los frutos se están empezando a recoger ahora. En Cataluña han prevalecido las tesis más radicales, las propias de los republicanos, las mismas que, expuestas hace sólo un lustro, hubieran sido consideradas como un delirio. En el País Vasco, la perspectiva de avenirse a una negociación con la ETA era impensable y hoy tiene hasta el visto bueno del Congreso de los Diputados.

A este guiso sólo le faltaba un ingrediente, el de las conversaciones que, con buen sentido de la oportunidad, revela Otegi. El cuadro aparece completo y pone de manifiesto que el PSOE es un invitado de excepción en una trama cuyo objetivo es desestabilizar la nación y, en última instancia, hacerla desaparecer. Nada es casual, las fichas empiezan a encajar y lo que antes era sospecha empieza a cobrar certidumbre.

El gobierno y ETA
Ni nada
Cristina Losada Libertad Digital 10 Diciembre 2005

Mientras los Winston Smith no se empleen a fondo en la hemeroteca, ésta nos deparará descubrimientos como el que acaba de hacer Libertad Digital. Era el 12 de marzo de 2004, un día después de la masacre de Madrid. La autoría del atentado, en vísperas electorales, preocupaba al PSOE. Si era ETA, y más tras la coyunda de Perpiñán, las ambiciones socialistas marcharían por el sumidero. De modo que, cuando la banda criminal dijo que no era responsable de la atrocidad, Jesús Caldera, a la sazón portavoz socialista en el Congreso, se inclinó a creerla. Normalmente no miente, dijo; para desgracia de todos suele decir la verdad, apostilló.

Para desgracia del PSOE, Caldera pronunció, en efecto, aquellas palabras, que ahora regresan como un bumerán para darle al gobierno en la frente. Pues ahora, sólo un año y diez meses después, los mismos socialistas que aseguraban que ETA no solía mentir, escapan de mala manera, como tropa en desbandada, de lo que dice Otegi: que ha habido contactos secretos entre el PSE y Batasuna-ETA durante los últimos cinco años. ¿Mienten ahora los que antes decían la verdad?

María Teresa Fernández de la Vega, entre el hastío y el enfado, nos ha dejado una perla oscura para los libros de citas: "Ni confirmo ni desmiento, ni nada". Ese "ni nada" nos deja meditabundos. Más aún que la constatación de que no lo desmiente. La nada nos acecha, nos confunde, nos hace pensar en lo peor. En que nada de lo que ha dicho tiene sentido; en que el sentido se haya en lo que no ha dicho. En los "noes" que se alzan como vallas para ocultar la verdad y son abatidos por los síes que un año y diez meses antes pronunciaba Caldera.

La lucha antiterrorista va bien, o eso dice el gobierno, pero a la vez está muy cabreado. No con Otegi ni con ETA, a la que poco menos hay que mandarle un tarjetón de agradecimiento porque no haya matado en dos años, sino a los que no echan las campanas al vuelo por que disfrutemos de ese período de gracia. Tanto se empeñan en recalcar los del gobierno que hay que felicitarse por este bienio, que parece íntimamente convencido de que el mérito es suyo. Como si no hubieran sido los últimos años del gobierno anterior los que pusieron a la banda criminal contra las cuerdas. Y como si no siguiera amenazando y extorsionando, y sus portavoces no burlaran la ilegalización ni se pasearan por el escenario a plena luz, crecidos y envalentonados.

Resulta sospechoso que se pretenda hacer de que los criminales no maten un motivo de regocijo y aplauso. No, lo que el gobierno quiere hacer de ello es motivo para negociar con la banda. La resolución que aprobó el Congreso permite, en su calculada ambigüedad, iniciar conversaciones con los criminales sin que éstos tengan que dar nada más que pruebas de su buena voluntad. Las palabras de Otegi abren la puerta a hipótesis inquietantes. Pudiera ser que esto que el gobierno vende como una tregua tácita fuera el resultado de un compromiso, de una hoja de ruta trazada al alimón. Dice ZP que estamos mejor que antes de que él llegara. ¡Que se lo cuente a los no nacionalistas del País Vasco! A los que aún siguen, erre que erre, haciendo frente a los portamaletas de la banda. Y sin su apoyo ni su aliento ni nada.

Cataluña
De la ignorancia mesetaria
Juan Carlos Girauta Libertad Digital  10 Diciembre 2005

¿De quién son los votos del PSC (PSC-PSOE)? Según Moraleda, del PSOE. Pero Nadal ha corrido a desmentirle. Es sabido que el cinturón industrial de Barcelona, bolsa mayor del voto socialista en Cataluña, apoya sin fisuras la coronación del proceso de construcción nacional en el que se han empeñado Maragall y Carod. En Santa Coloma y en Cornellà están encantados con el nuevo estatuto, cuyo advenimiento viene a colmar una vieja aspiración, un clamor de las masas, de las ciudades dormitorio, de las fábricas. Por si no lo sabían ustedes, en Cataluña hay tres millones de montillas. Todos apoyan las denuncias de la policía lingüística, todos están felices con la inmersión. Todos convencidos, como Rubert de Ventós, de las bondades de la independencia. Por eso a Nadal le ha molestado tanto que el gran comunicador de ese extraño partido que gobierna España sumara a los suyos el millón y medio de votos catalanistas -qué digo, ¡prácticamente soberanistas!- que eyectaron hacia el merecido y anhelado poder a los de calle Nicaragua. ¿A quién se le ocurre semejante agregado? No sólo los suma el avaro Moraleda, sino que encima los opone a los votos de ERC, sus socios queridos, sus amigos, sus cuates.

No hay manera de que entiendan ustedes, mesetarios obtusos, a los catalanes. Por extraño que les parezca, se puede promover la libertad de expresión cerrando emisoras de radio. Y se puede hacer la revolución sin despeinarse. Aquí el más importante decisor financiero, ese que tiene nombre de sociedad anónima (vaya, ahora mismo no lo recuerdo), les ha calado, les ha visto el plumero y les ha puesto en su sitio: mucho Movimiento Nacional es lo que hay. Este hombre luchó contra el franquismo a brazo partido. Era un izquierdista temible; la mayoría de comunistas lo rehuían porque los acusaba de revisionismo y porque citaba sin descanso a Lenin y a Marta Harnecker. Si Azaña fue el hombre de la República, él fue el hombre del antifranquismo, ya les digo. Con admirable coherencia, el prohombre ha recordado que el momento de reclamarle una deuda a un partido es cuando llega al poder. Creen los maliciosos que se refiere a una deuda pecuniaria. ¡No! Se refiere a la deuda moral que todos los partidos catalanes menos el PP (que siempre se quiere distinguir y por eso acaba aislado) tienen para con él y su institución filantrópica. Lo dicho, en cuanto se cruza el Ebro, al dolor de cambiar de nación hay que añadirle la incomodidad de estar todo el día explicando lo evidente. Qué cruz.

Cosas que llevo mal en un político español de izquierdas
Guillermo Urbizu elsemanaldigital 10 Diciembre 2005

Que le pese el ser español. Que se llame Gregorio Peces-Barba. Que su único programa sea la pose y la propaganda. Que piense que los que hemos votado otras opciones estamos apestados de fascismo e intransigencia. Que manipule la educación con el principal propósito de borrar del mapa los colegios religiosos y la religión. Que la libertad de expresión, según y depende. Que apeste a corrupción. Que siga pensando que ser antiamericano es algo más que rancia mitología.

Que se declare republicano como artificio seductor. Que justifique los nacionalismos fulleros. Que forme parte de los pactos de Perpiñán (sí, Rajoy, sí, allí se cimentó la aguerrida política antiterrorista de Rodríguez). Que su concepto del poder sea la desfachatez. Que gobierne vindicando la memoria de alguno de sus abuelos. Que se bañe en piscina ajena con el carné de diputado en la boca. Que su sí sea no y su no un… ya veremos, que dice Polanco. Que sólo lea El País, más como oráculo que como periódico corriente.

Que la educación pública por activa y por pasiva y luego sus hijos, ya saben, en la privada. Su fobia por lo católico y su apasionado romance con los rudimentos de ética y derecho. Su ineficacia para la gestión. Su gorigori con ETA. La política como ocultismo. El reiterado gusto por el condimento de las listas negras, ¿verdad, Caffarel? La siniestra utilización de la Guerra Civil y el franquismo como enajenación o pendoneo mediático.

El poco interés por saber la verdad de los atentados del 11-M, ya prácticamente sin acusados y con el CNI investigando la implicación de ETA. La (opa)cidad económica. La mentira como lustre e imperativo categórico progresista. El afectado tic de endiñarle a José María Aznar el más mínimo contratiempo (date por aludido, Moraleda, secretario de Estado de Comunicación). Creer que el mal gobierno se soluciona con una campanuda campaña de imagen, desperdigando ministros como quien pronuncia la buena nueva.

Tampoco soporto en un político español de izquierdas que por mantenerse en el poder sea capaz de traficar con el lenguaje. Ni que por ello deje de ser leal a España o venda a su madre, que viene a ser lo mismo. Que encubra con cinismo su impudicia internacional y nos tome por pardillos. Que después de tanto alboroto solidario cobre comisiones de terceros. Que después de tanta igualdad, frasecitas y mítines turiferarios se le condonen sus préstamos a cambio de montillas y aguinaldos. Que llegue a pensar, con presumida inopia y poca lectura, que la cultura es de izquierdas (sobre todo en lo tocante a las ayudas del ministerio de turno). Que siga defendiendo a Fidel Castro mientras conduce su BMW. O que crea que todo el monte institucional es orégano promocional de su partido.

Una Constitución
Enrique de Diego elsemanaldigital 10 Diciembre 2005

Forma parte de los groseros errores nacionalistas la falaz consideración de que la especie se reduce a la tribu identitaria, siendo el resto no-humanos o inferiores. De esa forma, vemos que los nacionalistas catalanes parten de esa premisa, respecto al resto de los españoles, presentando en las Cortes una constitución catalana, desde la que, para más inri, se establece un predominio sobre lo que quede de España. El dogma fascista y racista se ve impulsado por la visión y ademanes de Zapatero, quien, a fuer de político profesional pegado a la poltrona, puede sugerir tal inferioridad, e incluso discapacidad (las palabras no son importantes, salvo cuando le apetece al okupa de La Moncloa), como gestor y como patriota.

Sólo desde ese a priori de la degeneración, hasta su caída en niveles inferiores a la humanidad, puede entenderse que los nacionalistas, y sus lacayos, los socialistas, crean que somos incapaces de percibir que cuando hablan de reforma de la Constitución se trata de mendaz eufemismo para soslayar que no quieren que exista una Constitución para España, que quieren destruir la integridad territorial de España.

Cuando esos párvulos de la manipulación que son los socialistas (parecen maestros por la falta de escrúpulos) afean que la antigua AP fue contraria al título VIII de la Constitución (no es un ejemplo de precisión) o que una parte de sus diputados votaron no a la Constitución, quieren dar a entender que quienes así obraron no querían ninguna Constitución (como es el caso de los nacionalistas), lo cual está muy lejos de la realidad.

A mí me gustaría mucho más la fórmula republicana y considero reformable, por supuesto, la Constitución, tanto en ese punto tan crucial (espero que planteen el referéndum del privilegio hereditario del varón para cuanto menos abstenerme) como en otros, en los que resulta tediosa, o cuando consagra el caótico sistema proporcional. Mi postura es del tipo: estoy a favor de la Constitución de 1978, aunque también de cualquier otra que responda al principio de la existencia de una patria indivisible. Los nacionalistas, y este socialismo inane y degenerado, no quieren que haya Constitución, no quieren que haya España. Hasta ZP es capaz de comprenderlo, aunque al okupa le nuble el interés de su supervivencia política.

PSOE que se pica, ajos come
Fernando Enebral elsemanaldigital  10 Diciembre 2005

"Quien se pica, ajos come" dice el refrán, y es enteramente aplicable a los aspavientos con que el PSOE ha recibido la manifestación a favor del cumplimiento de la Constitución, celebrada en la Puerta del Sol. Porque si allí nadie dijo -y podían haberlo dicho- que ya estaba bien de que un presidente jure o prometa "cumplir y hacer cumplir la Constitución" y luego sea precisamente él, ya sea autonómico o nacional, quien promueva descaradamente ese incumplimiento... ¿por qué se da por aludido el PSOE cuando alguien pide que se cumpla la Constitución?

Si los autollamados "socialistas" (y que tienen muy poco de auténticos socialistas, puesto que sólo están ocupados y preocupados con lucrarse ellos lo más posible, sea mediante dinero, poder, o todo lo habido y por haber, y que les den morcilla a todos los trabajadores, los españoles, y etc.) se dan por aludidos cuando se pide ese cumplimiento, es "confesión de parte" de que ellos ni la cumplen, ni piensan cumplirla, ni les importa un pimiento, ni les va un adarme que se la tenga pública y oficialmente en cuenta.

Y efectivamente así es cuando Maragall afirma categóricamente que si el Estatuto que quiere para su región no respeta la actual Constitución, ¡pues que se cambie la Constitución y no el proyecto de Estatuto! Y no es que lo digamos nosotros, sino que lo ha dicho literalmente él. De modo que es plenamente cierto que el PSOE tiene toda la razón del mundo en darse por aludido cuando se pide que se cumpla la Constitución.

Y ¿qué significa incumplir abierta, sistemática y ostentosamente la Constitución? Pues que esto es, ni más ni menos, que un atentado contra el orden del Estado, o lo que otros llamarían "un golpe de Estado" encubierto, o flagrante.

Lo cual tampoco es muy alejado de ese PSOE que apadrinó las revueltas callejeras del 13-M (la víspera de las últimas elecciones generales) para tergiversar el resultado electoral con falsas imputaciones que eran más aplicables a ellos mismos que a los responsables gubernamentales. Porque ¿quién podía decir -como hizo gente significada del PSOE- inmediatamente después de explotar el 11-M las bombas, que no las había puesto ETA? Tengo para mí que esa afirmación sólo podían hacerla tan estentóreamente sólo dos grupos: o quienes habían hecho estallar los artefactos, o la propia ETA o "socios" suyos que sabían que ellos no habían sido...

De modo que no se rasgue las vestiduras el PSOE si no quiere declararse confeso y convicto de aquello de lo que, precisamente, se queja.

La memez de la semana: "Navarra será lo que los navarros decidan"
Pascual Tamburri elsemanaldigital 10 Diciembre 2005

Terreno minado este de la voluntad popular, del pueblo y de cada una de sus partes. Sin embargo, hay quien sabe andar entre las minas con soltura y quien insiste, una y otra vez, en saltar por los aires. Intelectualmente, se entiende. Con toda honestidad ha explicado el caso Arnaldo Otegi: "Sin Navarra no hay solución, no hay proceso, no hay acuerdo".

Vamos buscar ejemplos concretos y cercanos. Unai Ziarreta, portavoz de Eusko Alkartasuna, cree que "Navarra será lo que los navarros quieran, lo que decidan en cada momento respecto a su relación con el resto de Vasconia. Nosotros seguiremos trabajando para que el sentimiento nacional vasco sea cada vez más grande en Navarra". Es decir, que este partido independentista cree que Navarra es Euskadi, y que el único problema es convencer a los navarros para que se unan al "resto de Vasconia". Libertad de elección, pero con una sola dirección y un solo sentido.

Por ahí anda también el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, para el que "Navarra será lo que los navarros y las navarras quieran". Algo parecido repitió el presidente de EA en Navarra, Maiorga Ramírez, el mismo día de la Constitución. ¿Se han convencido los nacionalistas vascos de la libertad e identidad de los navarros? La respuesta es, lamentablemente, negativa.

La expresión "Navarra será lo que los navarros decidan" está preñada de trampas. En efecto, a primera vista es impecable: lógicamente Navarra es la suma de los navarros, y su identidad es la suma de sus identidades. En ese sentido, por ejemplo, se asumió bienintencionadamente la idea, y en ocasiones hasta la frase hecha, desde los albores de la Transición, y de esa frase y esa idea surgió la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, que prevé la decisión de los navarros, pero sólo a favor o en contra del proyecto de los nacionalistas vascos. Es un equívoco innecesario, ya que se apela a la libertad de elección de los navarros… acotando qué pueden decidir y dónde.

Con un ejemplo vamos a entendernos mucho mejor. Supongamos que digamos, en el otro extremo del mundo, que "Australia será lo que los australianos quieran". Una gran verdad… hasta cierto punto. Los australianos de 2005 son un pueblo libre, pero no pueden decidir que Australia deje de ser una isla, ni que se traslade al hemisferio septentrional. Por mucho que cambien de opinión, no dejarán de ser una comunidad de personas de origen histórico anglosajón, de cultura y lengua inglesas, resultado de la expansión imperial británica; su historia y su identidad podrán gustarles, o no, pero su voluntad individual en un momento concreto no puede cambiar lo que Australia fue en el pasado, la herencia que ellos mismos han recibido en el presente y las bases sobre las que van a construir su futuro. Aunque por unanimidad lo decidiesen así no serían descendientes de los aborígenes, del mismo modo que no pueden decidir ser marcianos.

Los nacionalistas vascos y especialmente algunos de sus más sorprendentes compañeros de viaje intelectuales han acuñado para descalificar la idea de que "Navarra es Navarra" la palabra "esencialismo". Con "esencialismo" se pretende despachar todo límite a los cambios de identidad basados en el capricho circunstancial de una mayoría relativa, o de una minoría armada. Sea, pues, esencialismo; pero siempre será mejor que traficar fraudulentamente con un liberalismo monodireccional, dando por buenas, en cambio las esencias falseadas de un nacionalismo sin nación. Si ustedes se consideran capaces de ser marcianos, procedan libremente.

Esta idea de que "Navarra puede y debe elegir" la ha recogido el nacionalismo en la cuneta del camino, cuando ha topado con la realidad de que los navarros son conscientes de su identidad diferenciada y esencialmente española. Y del nacionalismo ha pasado al socialismo mendicante de poder. El líder del socialismo navarro, Carlos Chivite, ha sugerido un referéndum para confirmar teóricamente su proyecto de reforma del Fuero. Pero Navarra ya ha elegido, dentro de lo que puede elegir.

¿Tiene Navarra un déficit democrático? No, y para decirlo basta recordar la historia. Estas tierras son España desde mucho antes de ser Navarra o de existir la misma palabra que hoy nos une. No hizo falta ningún referéndum para llegar a ese punto, ni para rebasarlo. Navarros y vascos tienen, por supuesto, una identidad histórica, cultural y nacional común. Que es España, pese a la certeza contraria de los de Otegi, a la indiferencia de la izquierda y, ay, a la cobardía moral de otros.

Navarra y España no son el resultado de un plebiscito. No empezaron a existir con la Constitución de 1978, ni con la de 1812. La voluntad española de Navarra es, en realidad, la única manera posible objetivamente de ser navarro. Mucho más que una decisión coyuntural, voluble, coaccionable y manipulable: es una esencia, aunque la palabra no guste a los marcianos.

Yo entiendo a los nacionalistas, obsesionados con una tierra que nunca han tenido ni tendrán, del mismo modo que están obsesionados en convertir en nación una parte de un país bimilenario. El invento de que "Navarra será lo que los navarros decidan" tiene como meta conseguir por las buenas lo que de otra manera es imposible. Y han tenido sus éxitos, sin duda, sembrando el desorden intelectual entre sus adversarios, y tentando a un PSOE sin rumbo.

Pero fracasarán, porque los navarros ya han decidido. Navarra es ella misma, foral y española, sin que una cosa pueda enfrentarse a la otra sin peligro para ambas. De la foralidad y de la historia surge, en efecto, una autodeterminación, que nadie salvo los nacionalistas ha negado: la autodeterminación en y para España. Y que nadie hasta ahora –por razones difíciles de entender, salvo que se piense en la política hacia ETA del presidente Zapatero- ha sentido la necesidad de someter a un referéndum. No da miedo el referéndum, de resultado cierto: da vergüenza la indigencia intelectual de unos y otros. Navarra es España.

Ventanas
Egos desatados
Antonio José Chinchetru Libertad Digital 10 Diciembre 2005

La Asociación de la Prensa de Madrid asegura que el 46% de los periodistas con página web propia (lo que debe de incluir bitácoras y otros formatos) ha recibido amenazas por lo que ha publicado en la misma. De ser cierto ese dato, algo que me permito poner en duda, habría que explicar qué tipo de amenazas ha recibido. En Sobre la Red 2.0, blog especializado que mantengo desde marzo de 2003, he recibido todo tipo de insultos tanto en los propios comentarios que dejan los lectores como a través de correos electrónicos (desde llamarme nazi hasta decir que soy igual que Madrazo, pasando por "anticatalán", "enemigo de la unidad de España" o el típico "fascista"). Ha habido incluso quien me ha deseado que me ocurran cosas poco agradables para mi integridad física. Sin embargo eso no tiene la mayor importancia. Es algo a lo que está expuesto todo aquel que publica algo en la red.

Considerar eso, o incluso comentarios anónimos de algún descerebrado en el que se le diga a alguien que le van a partir la cara, como una amenaza digna de ser tenida en cuenta es exagerado. Ese tipo de intervenciones entra dentro de la lógica de la red, un espacio donde convive lo mejor con lo peor del ser humano, y no tiene mayor importancia.

Dudo que casi la mitad de los periodistas con su propia página tengan que estar realmente preocupados por lo que les repliquen unos cuantos exaltados. Motivo de preocupación lo tienen aquellos periodistas que viven bajo la amenaza constante y real de ser asesinados por una organización terrorista. De esos hay muchos, en muchos medios de comunicación. España es un país donde personas enfrentadas ideológicamente y que trabajan en medios rivales tienen en común estar en el punto de mira de ETA. Tratar de compararse con ellos es simplemente una desfachatez.

Estamos en un país donde demasiados compañeros de profesión han perdido la vida asesinados por el fanatismo etarra y otros han sido víctimas de intentos fallidos de atentados. En una España donde bastantes periodistas van con guardaespaldas y otros informadores u opinadores viven bajo la constante presión de los terroristas (algo desgraciadamente habitual, especialmente en el País Vasco), es indecente que alguien que ha recibido un insulto o una respuesta agresiva en su bitácora diga sentirse amenazado. Eso no tiene más importancia que las cartas al director que, un día sí y otro también, se reciben en todas las redacciones insultando y deseando lo peor del mundo al medio en cuestión o a alguno de sus empleados o colaboradores.

Miremos las cosas con cierta distancia. El dato que da la Asociación de la Prensa de Madrid sólo sirve para crear un alarmismo que no tiene ninguna base real. Además de la triste realidad que supone el terrorismo, la libertad de expresión en Internet en España se enfrenta a riesgos muy superiores al que suponen unos lectores desmadrados. No bromeemos con estos temas y fijémonos en los auténticos motivos de preocupación. No apuntemos el foco hacia un lugar equivocado.

Ninguna bitácora ni web personal de un periodista en España es tan importante como para ser objeto de amenazas dignas de tener en consideración. Su influencia no es tan grande como para que eso ocurra. Tal vez sucede que en Internet, incluso más que en el periodismo tradicional, hay demasiados egos desatados.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

Fábula de ERC y el escorpión
Juan Carlos Escudier elconfidencial 10 Diciembre 2005

Existen rasgos que pertenecen a la naturaleza misma de las cosas. Nadie debería culpar al zorro por merendarse un gallinero en jornada de puertas abiertas ni hacer responsable al áspid de la muerte de Cleopatra. Igual ocurre con las personas y con las organizaciones. El cobarde llegará a viejo; el mediocre será jefe; el mentiroso le dirá siempre lo que quiere oír. En la condición de un sindicato está convocar huelgas y en la de la patronal pedir el despido libre; en la de ERC, procurar la independencia de Cataluña. Hasta ahí, todo normal.

Lo que ya deja de ser normal son algunas de las excentricidades de estos republicanos catalanes, que siguen comportándose como si representaran a un partido marginal y no a una fuerza que gobierna en Cataluña y que es el aliado parlamentario de quien lo hace en Madrid. La última ocurrencia de sus Juventudes de invitar a arrancar una hoja de la Constitución para celebrar su 27 aniversario ha sido una estupidez ofensiva y estéticamente impresentable, contra la que no se ha oído reconvención o crítica de ninguno de sus principales dirigentes. Es difícil hacer política con gente tan amante del folclore y del onanismo.

Si la izquierda española albergaba alguna esperanza de que ERC no se comportara como lo que es, un simple partido nacionalista extasiado ante su ombligo ampurdanés, ésta ha debido ya de volatilizarse. De no ser por el componente de estulticia que rodea alguna de las acciones de Esquerra, uno podría pensar que el partido sigue un estudiado plan de autodestrucción que más temprano que tarde le rendirá frutos. Más allá del desgaste que puedan causar al PSOE algunos de estos desatinos, el verdadero daño está reservado para sus autores.

Sin restarle méritos a Carod-Rovira y a su capacidad para transformarse en ese figurado enemigo público número uno que tan bien ha sabido rentabilizar electoralmente en Cataluña, en el ascenso de ERC fue determinante la combinación de dos factores: el hastío del ala más nacionalista de CiU, enervada por los pactos con la derecha más españolista, y la incapacidad del PSC para representar las posturas más radicales que reclamaba un electorado joven que se acercaba por primera vez a las urnas. Su condición de llave para formar gobierno situaba a ERC en una posición privilegiada: podía dar la puntilla a CiU, desalojarla de la Generalitat, confiar en que la pérdida del poder terminara por descomponer la herencia de Pujol y aspirar a convertirse en la fuerza hegemónica del nacionalismo. A la coalición con los socialistas en Cataluña le siguió la alianza parlamentaria en Madrid, lo que le permitió empuñar con más fuerza el mango de la sartén. El plan requería pasar vertiginosamente de la infancia a la madurez, abandonar la pandereta, subir en coche oficial, pisar moqueta y exhibir cierta moderación. En lo único que se han dado prisa es en adaptarse al Audi y a los despachos.

Hartos casi todos del vodevil diario en que se ha convertido el uso del catalán en el Congreso, de surrealistas entrevistas con ETA, de confesados deseos de que Madrid no pasara por el aro olímpico, del victimismo permanente y de esa cortedad de miras detenida entre el Ebro y los Pirineos, ocurrencias como la de reclamar que el Rey pida perdón por los crímenes de la dictadura o esas podas de constituciones fatigan por intempestivas, insensatas y pueriles. No bastaba que cinco independentistas se encadenaran ante la COPE; tenían que ir dos de sus diputados a vigilar la maniobra.

Mientras ERC se recrea ante el mismo público de siempre, los demás partidos mueven ficha. El PSC le desafía en nacionalismo y CIU en radicalidad, convencida de que su derecha está a buen recaudo. El ofrecimiento de Mas de formar gobierno con el PSOE en España y en Cataluña tendría que haber llamado la atención de quienes pretenden controlar el sistema desde sus márgenes, ignorantes de que la crisis con la que amenazan se les llevará por delante. Zapatero, desde luego, no lo ha echado en saco roto.

En la naturaleza de ERC estaba su independentismo pero también tendría que haber estado esa izquierda que proclama la primera de sus iniciales. El repaso a las proposiciones de ley presentadas por los republicanos en el Parlamento en este año 2005 es bastante ilustrativo. Salvo la demanda de una renta básica de ciudadanía, los ‘rojos’ republicanos han pedido una nueva ley de financiación de partidos, extender el desempleo a los cargos públicos y sindicales, proteger las lenguas que no son el castellano y modificar la ley del Deporte, medidas todas ellas de gran alcance para los trabajadores catalanes y del conjunto del Estado.

Entretenidos en culpar al PP de esa mirada torva con la que el resto de España empieza a contemplar a Cataluña, los dirigentes de ERC no son conscientes del daño que causa su egocentrismo. ¿Habrá algo más en la vida aparte de los papeles de Salamanca, los peajes catalanes, la lengua catalana, la financiación catalana, el cava catalán y la butifarra? ¿Sólo Companys fue fusilado por Franco? ¿Acaso los catalanes no empiezan a sentir que tanto empacho puede indigestar a sus empresas o a su sector turístico?

Agotados todos, el Estatuto promete depararnos meses intensos de catalanidad. En vanguardia y en defensa de las esencias nacionales estará, por supuesto, ERC. Zapatero se la juega. “¿Por qué me clavas el aguijón?” -preguntó la rana al escorpión al que estaba ayudando a cruzar el río. “Si me matas, te ahogarás”. La rana descubrió tarde cuál era la naturaleza de su pasajero.    escudier@elconfidencial.com

Maragall y el futuro
ANTONIO ELORZA El País  10 Diciembre 2005
 
En el teatro de sombras donde se viene desarrollando últimamente el debate sobre el Estatut, la última novedad consiste en afirmar que Madrid, o el Madrid centralista, tanto da, mira hacia el pasado, en tanto que Catalunya abre el camino para un futuro venturoso. Tal era la idea que introdujo hace unos días el artículo de un activo publicista catalán, Borja de Riquer, y la que ahora preside el "Parece mentira" de Maragall, ambos en estas mismas páginas. Se trata de una estimación en sí misma inverificable, pero que resulta muy útil de cara al marketing político, al proponer por vía subliminal al lector un alineamiento con la opción aparentemente progresista, sin tener que proceder a siempre penosos análisis de la realidad.

En el artículo de Maragall hay una sola idea-fuerza cuya validez resulta innegable, y es la de que un acuerdo político entre los demócratas de Cataluña y del resto de España en torno al nou Estatut vendría a fortalecer la construcción política diseñada en 1978-1979. Siempre, habría que añadir, con el matiz que el texto aprobado conjugase un incremento del autogobierno catalán con una más sólida integración de dicha comunidad en el conjunto español. El presidente de la Generalitat es consciente de que sólo si es cumplida esta última premisa, obtendrá el Estatut un respaldo de la ciudadanía española, y por eso intenta mostrar en "Parece mentira" que ese objetivo es perfectamente alcanzable. Y como hoy por hoy resulta imposible probarlo mediante un análisis del proyecto de Estatuto, escoge otro camino, el de la declaración sentimental adobada con datos históricos. El amor disipará las dudas.

Ante semejante pretensión, tal vez útil para la venta del producto, la primera advertencia debe ser que en política los sentimientos muy poco tienen que ver con las opciones efectivas de dirigentes y simples ciudadanos. José Martí quería sinceramente a España, sin por ello olvidar ni un día de su vida la lucha por la independencia de Cuba. Tal vez hay gente de ERC que tiene también a España en el fondo de su alma. Y eso, ¿qué significa? Las emociones en sí mismas nada dicen y con excesiva frecuencia encubren el irracionalismo y la violencia. ¿Cabe trazar imágenes idílicas de las nacionalidades o naciones periféricas y olvidar que en el nacionalismo vasco existe una fuerte proporción de esos "verdugos voluntarios" que ensalzan al criminal que como en Azkoitia regresa a su pueblo en vencedor, burlándose del dolor de las víctimas, de sus víctimas? Es bueno que existan lazos de simpatía entre los componentes de la España plural, y la concordia debe presidir incluso el más duro de los debates, pero lo que cuenta es el fondo de la cuestión. Para ello sirven ideas e informaciones claras, no palabras almibaradas, despliegues de erudición a la violeta e incluso ambigüedades calculadas.

Veamos algunas. De entrada, para que Carod busque la independencia, no hace falta que nadie le eche. En otro terreno, a juicio de Maragall, la muerte violenta de García Lorca y su amistad con Dalí debían unir "para siempre Andalucía y Catalunya". ¿Representa a Catalunya el Dalí franquista? ¿Es producto la unión política de la amistad de dos poetas? La tragedia de 1939 unió, nos dice, "a castellanos y catalanes más que mil proclamas". ¿Por qué no dice lo que sería más justo, que unió a todos los españoles vencidos? Escribe Maragall de la "amistad" entre los exiliados "catalanes, vascos, gallegos, andaluces y asturianos", surgida fuera de España, como si durante la guerra no hubieran luchado todos por la causa antifranquista. Otra cosa es que siguieran las pautas regionales de la emigración económica. Y en el interior de España hubo una línea de acción antifranquista con sentido de unidad y reconocimiento del pluralismo: la mantuvieron intelectuales y trabajadores, ante todo por iniciativa del PCE y del PSUC, desde la política de "reconciliación nacional". No hubo que ir a América a buscarla.

Una y otra vez, Maragall presenta a España a través del puzzle de sus componentes nacionales. Habla de "nación de naciones", pero ¿cómo encaja el preámbulo del Estatuto con semejante concepción? Y más aún, ¿qué tiene que ver el proyecto catalanista de Estatuto con el federalismo que falazmente dice ofrecer con "mano tendida"? Parece mentira que a estas alturas sea ignorada la diferencia entre federación y confederación.

'Trece entre mil'
Nino Muñoz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 10 Diciembre 2005

En el País Vasco se ha gobernado sin tener en cuenta a las víctimas y se ha apoyado, potenciado y 'comprendido' a etarras y potenciado su cantera. Mientras se hacían funerales semiclandestinos por los asesinados, algunos clérigos que no tenían tiempo 'acompañaban', incluso escondían y protegían a terroristas, y recibían el apoyo del obispo que nunca prestó a los asesinados ni a sus familiares. Quienes han estado en la oposición con familiares políticos y con agentes que les protegían asesinados se han dedicado a pelearse. ¿Acaso soy catastrofista o estoy rebotado? No, indignado. Y me siento responsable por no denunciar suficientemente las injusticias y atrocidades que se han dado en este país. Del documental 'Trece entre mil' se sale acongojado reviviendo la soledad y sufrimiento de las familias de los asesinados, la ignominia de poner contenedores de basura por parte de la Corporación y no monolitos de recuerdo donde la víctima fue abatida, falta de piedad, olvido e indiferencia. ¿Qué y quienes amordazan a la sociedad? ¿Por qué se abandona a las víctimas? ¿Por qué el Gobierno vasco las ignora, por qué no apoya que se difunda el documento 'Trece entre mil', como lo hace con 'La pelota vasca'? Se desterró la infamia del 'algo habrá hecho', también en parte el 'conmigo no va', pero ¿cómo es posible mirar para otro lado y por qué tanto miedo y olvido, también por parte de la sociedad? ¿Por seguridad, por el poder, por el partido, por el empleo? Acaso, aunque tarde, ¿no es hora de vencer la pasividad, el egoísmo o el temor, por o con dignidad?

El PP lanza una ofensiva contra la política antiterrorista y pide a Pumpido que actúe
Quiere que Zapatero aclare en el Congreso si Otegi miente al hablar de los contactos con el PSE
C. Morodo La Razón 10 Diciembre 2005

Madrid- Forma ya parte de la Historia la tradición de todos los Gobiernos socialistas de mantener abiertas vías de contacto con ETA y con el mundo abertzale, incluso en tiempos de fuerte actividad terrorista. Era lo que se acuñó como las «tomas de temperatura», que el ministro Juan Alberto Belloch trató de dejar en herencia a Jaime Mayor Oreja pero que éste cortó de raíz en 1996 al aterrizar en Interior. La etapa que lleva José Luis Rodríguez Zapatero en el Ejecutivo también ha venido marcada por las noticias y las especulaciones sobre supuestas vías de diálogo, en un más que enrevesado contexto por la ruptura de unidad de acción del PSOE con el PP, por las interferencias de la banda y de la ilegalizada Batasuna en el debate político y por el fantasma de la prometida tregua.

La irrupción de Arnaldo Otegi con su libro debajo del brazo, con absoluta impunidad para presentarlo y darle propaganda, ha sido la última gota que ha colmado el vaso del desencuentro de los populares con la acción del PSOE en un asunto de Estado como la lucha antiterrorista. El recuento de los «datos» -el último, las declaraciones de Otegi sobre los cinco años de supuestos contactos secretos con el PSE- son, para el principal partido de la oposición, la confirmación de que en Perpiñán, en la reunión de Carod-Rovira con ETA, se puso en marcha un «proceso corrosivo para España» que exige de muchas explicaciones públicas del PSOE, empezando por el presidente del Gobierno.

Dudas a despejar. Sin querer entrar en juicios sobre la credibilidad del dirigente abertzale, la «gravedad» de sus acusaciones, por ser una vulneración del Estado de Derecho, de la Constitución y del pacto antiterrorista, requieren, para el PP, que Zapatero comparezca en el Congreso para despejar dudas sobre muchas preguntas. El secretario general, Ángel Acebes, anunció ayer que su partido solicitará esa comparecencia para que aclare «qué compromisos tiene con Batasuna» y «si tienen que ver las conversaciones del PSE con el entorno abertzale con la decisión de no ilegalizar al PCTV». Esta iniciativa, que es más que probable que decaiga por la unión del PSOE con las minorías, irá unida a una proposición no de ley dirigida a intentar promover el pronunciamiento del Parlamento en contra de la política antiterrorista por «perjudicar el interés general». El PP también insta al fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, a intervenir ante las confidencias que ha hecho públicas Otegi: sólo el acto en el que las realizó es ya de por sí, a juicio del PP, «ilegal e ilegítimo» porque es contrario a la Ley de Partidos.

«¿Qué vamos a decir en Europa cuando dejamos que campe a sus anchas el portavoz de un partido que forma parte de la lista de organizaciones terroristas?», preguntó Acebes, para quien tendría que ser el Gobierno el que impulsase la intervención de Conde-Pumpido si realmente las palabras del dirigente batasuno son mentira. Con los «hechos» como argumento -reunión de Perpiñán, reconocimiento de ETA y de Batasuna de su satisfacción con lo que hace el Gobierno, la afirmación de la banda de que se siente «tutora» del proceso catalán...-, el dirigente popular considera que las acusaciones del PSOE de «traición» en la política antiterrorista no son más que la salida propia de «quienes han estado ocultando cosas y han sido pillados».

Desde el PP se recuerda que los socialistas no les han dado nunca información en las reuniones del pacto antiterrorista y que Zapatero incluso ocultó a Rajoy que ya tenía conocimiento de la carta de Otegi cuando se entrevistaron el pasado enero.

El hallazgo de cinco fiambreras demuestra que ETA iba a cometer más atentados en verano
 La Razón  10 Diciembre 2005

Madrid- El hallazgo de cinco fiambreras con explosivos, como las que utiliza ETA en los dos últimos años durante sus campañas contra intereses turísticos, demuestra que la banda tenía intención de perpetrar, el pasado verano, más atentados que los cometidos (dos) y que, si no lo hizo, fue por fallos en la entrega de material.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas, ayer fue encontrada una quinta fiambrera con explosivos en Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real), en el kilómetro de la carretera que une esta localidad con la de Urda (Toledo). En esa misma zona, unos niños hallaban cuatro recipientes similares el pasado jueves. Los artefactos contenían todos los elementos necesarios para poder ser activados ya que venían con un «premontaje» desde Francia. En el caso, que se considera poco probable, de que alguno de los niños hubiera manipulado los elementos necesarios para ponerlos en marcha, se podría haber producido la explosión con fatales consecuencias. En este sentido, no se entiende que la banda que, según se proclama desde algunos sectores no tiene intención de matar no haya avisado del sitio en que estaban las bombas.

La hipótesis con la que trabajan los expertos es la de que estos cinco artefactos fueron depositados en el lugar por algún «correo» de la banda para que fueran recogidos por el «comando» que los iba a colocar en los lugares escogidos para cometer los atentados. Por razones que se desconocen, la célula no acudió a por el material. Este hallazgo echa por tierra las teorías difundidas después del verano, según las cuales ETA no había cometido más atentados durante el período estival como gesto de «buena voluntad» y para favorecer un supuesto «proceso de paz». «Tenían intención de perpetrar más acciones criminales pero no lo hicieron por problemas técnicos», subrayaron las fuentes.

Savater cree que el Estatut es discriminatorio y un «pacto con el diablo»
Juan David Leal La Razón 10 Diciembre 2005

Ciudad de México- De visita en México, donde acaba de recibir su primer doctorado honoris causa en este país y participar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Fernando Savater dijo ayer que el proyecto de reforma estatutaria en Cataluña «ha vuelto a introducir el tema del separatismo». «No hemos acabado con las discriminaciones de sexo, raza o de ideología y ahora habrá discriminaciones por lugar de nacimiento», afirmó. En opinión de Savater, un Estado de Derecho es uno de ciudadanos y de territorio, por lo que «todos deben ser iguales y no pueden unos ser de una categoría y otros de otra, según hayan nacido en un lugar u otro». En relación con las últimas acciones de ETA, el filósofo dijo que son muestra de que esa organización armada «no se atreve a matar gente porque el precedente de Al Qaeda le ha quitado audiencia política a la violencia terrorista». El autor consideró que hace falta que se involucren más los intelectuales de España en el tema del terrorismo independentista vasco. No obstante, reconoció que hay más debate sobre el nacionalismo a causa del Estatuto catalán, pero subrayó que no ha sucedido lo mismo a escala nacional con el tema del terrorismo. Del mandato de Rodríguez Zapatero, Savater rescata la retirada de las tropas de Iraq y algunos avances en temas sociales. Sin embargo, lamenta su alianza con ERC, que es un «pacto con el diablo» que ha puesto en «muy mal lugar» al país. Efe

UPN advierte que la Comunidad «no será moneda de cambio de nadie»
El secretario general de Unión del Pueblo Navarro reiteró ayer su rechazo a las tesis de Otegi, quien afirmó que Pamplona debía ser la «capital del Estado vasco»
BEGOÑA LÓPEZ ABC 10 Diciembre 2005

PAMPLONA. El secretario general de Unión del Pueblo navarro (UPN), Alberto Catalán, reiteró ayer, tras las declaraciones de Arnaldo Otegi que afirmó que Pamplona tiene que ser «capital del Estado vasco», que los navarros «no permitirán que la Comunidad foral sea moneda de cambio de nadie». A través de un comunicado, pidió al presidente Zapatero que aclare si se negocia con ETA, de qué se habla en esas hipotéticas conversaciones y si Navarra ha sido considerada «moneda de cambio en un hipotético proceso de negociación».

Según expuso Catalán, «los navarros estamos hartos de que la banda terrorista y los partidos nacionalistas estén obsesionados con Navarra». «Que nos dejen en paz y que les quede muy claro que con nosotros no cuenten para construir ninguna quimera nacionalista», agregó.

A su juicio, los navarros «hemos dejado muy claro cuál es nuestra voluntad, estamos muy satisfechos con la Constitución y el Amejoramiento del Fuero que han permitido que los españoles, por lo tanto también los navarros, vivamos en libertad y progreso».

Catalán insistió en que, «por ello, desde UPN, como principal fuerza política de esta Comunidad Foral, exigimos a los partidos nacionalistas vascos y al presidente del Gobierno de España respeto a la voluntad mayoritaria de los navarros y que dejen claro que Navarra, en ningún caso, será cuestionada».

Responsabilidad de Zapatero
Para Alberto Catalán, «es incomprensible que en la lucha contra el terrorismo Zapatero haya roto el consenso alcanzado en el Pacto Antiterrorista, por lo que debiera reconsiderar sus postulados y restablecer el consenso con las formaciones políticas que en su día firmamos un acuerdo que debilitó considerablemente a la banda terrorista ETA».

Por su parte, el secretario general de los socialistas navarros, Carlos Chivite, afirmó ayer que las tesis de Batasuna sobre un hipotético Estado vasco cuya capital sería Pamplona «han sido sistemáticamente rechazadas por la inmensa mayoría de la ciudadanía de Navarra». Afirmó que «Otegi demuestra su desconocimiento de la realidad de Navarra».

CATALUñA / Época analiza los costes del nacionalismo
Generalitat: el derroche de la «construcción nacional»
Por Luis Losada Pescador  Periodista Digital 10 Diciembre 2005

Época
Se les cae el barrio del Carmel, pero ellos dedican dinero del contribuyente a la llamada “construcción nacional”. Basta con repasar las últimas subvenciones otorgadas a asociaciones durante el segundo trimestre de este año. En total, la bonita suma de 3.848.926 euros.

Piden margen presupuestario para hacer frente a los “nuevos rostros de la pobreza” (hay 1.200.000 personas que viven por debajo de este umbral), pero luego despilfarran las ayudas oficiales en subvencionar el catalanismo, con campañas tan peregrinas como discutibles.

Dicen que es necesario “afrontar la solidaridad interna”, pero derrochan decenas de miles de euros en traducir The Economist al catalán, en publicar un vocabulario del juego de la petanca en la lengua de Serrat o en apoyar a organizaciones radicalmente laicistas como la Ferrer i Guardia.

Y así, podemos observar cómo la Generalitat de Cataluña invierte trimestralmente cerca de cuatro millones de euros en financiar asociaciones que fomenten la cultura y la lengua catalana. A esta cifra habría que sumar las actuaciones que directamente realiza la Generalitat para lograr los mismos fines. Definitivamente, la “construcción nacional” sale muy cara. Máxime cuando se dedica a actividades de dudoso valor. ¿Comparten los contribuyentes catalanes el destino de sus impuestos?

Radicalismos
Y por si esto no fuera suficiente, la Generalitat invierte en aquellos grupos sociales más radicalizados. Por ejemplo, la Asociación Catalana de Expresos Políticos recibió 12.000 euros para la organización de actividades que fomenten la “recuperación histórica”. Además, el Gobierno regional se apoya en las asociaciones civiles que fomentan el etiquetaje en catalán que asfixia al empresariado. La Asociación Multilingüísmo recibió nada menos que 60.000 euros para apoyar su campaña por el “etiquetaje multilingüe”. Y el apoyo del etiquetaje catalán llega a Valencia con 12.000 euros, la cantidad recibida por la Asociación Tirant lo Blanc para fomentar su campaña de “normalización lingüística” en el etiquetado.

El laicismo radical tampoco queda fuera de esta relación. Curiosamente, la Fundación de Scouts Laicos Josep Carol recibe 30.000 euros para la adecuación y rehabilitación de un inmueble para su sede social. Por supuesto, los scouts católicos no percibieron ni un euro del tripartito catalán.

Condenados a 34 años tres etarras que mataron a un guardia civil en 1981
S. N. ABC 10 Diciembre 2005

MADRID. La Audiencia Nacional ha condenado a 34 años y seis meses de prisión a tres etarras que el 14 de abril de 1981 asesinaron de cinco tiros al teniente coronel jubilado de la Guardia Civil Luis Cadarso. Se trata de Sebastian Echániz Alcorta, alias «Sebas», Enrique Letona Vieri «Masillas» y José Antonio Borde Gaztelumendi, todos del «comando Vizcaya».

La sentencia considera probado que los tres condenados, junto con el ya fallecido Juan María Otegi Elícegui, alias «Txato», se dirigieron a la localidad de Basauri (Vizcaya) con el propósito de acabar con la vida de Luis Cadarso, para lo que le esperaron en las proximidades de su domicilio. Cuando el guardia salió de su casa para comprar el periódico en un quiosco situado a cincuenta metros de su domicilio, Echániz Alcorta, escoltado por los otros etarras. disparó cinco veces contra el guardia civil, que murió en el acto.

El sumario por estos delitos fue abierto en julio de 1981, aunque fue archivado provisionalmente en 1990. Finalmente, en junio de 2003 se reabrió el caso y los acusados fueron procesados en mayo de 2004.

EN MÁLAGA, MARBELLA Y TORREMOLINOS
Detenidas siete personas en la Costa del Sol relacionadas con la financiación del terrorismo islámico
Siete argelinos han sido detenidos este viernes en diferentes localidades de la Costa del Sol en relación con la supuesta financiación del terrorismo islámico. El ministro del Interior, José Antonio Alonso, confirmó que los detenidos pertenecen al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino, vinculado a Al Qaeda, y que no hay datos que permitan "suponer que tenían planes para cometer atentados inminentes en España".
Agencias Libertad Digital 10 Diciembre 2005

La denominada "operación Green", según el ministro del Interior, José Antonio Alonso, ha permitido detener a al menos siete miembros de un grupo "perfectamente estructurado y jerarquizado" dedicado a la comisión de delitos comunes como el robo, la falsificación de documentos y tarjetas de crédito y el contrabando de vehículos, con los que conseguían dinero que desviaban al GSPC.

Alonso añadió que el dinero era enviado a Argelia, bien en mano o a través de un complejo sistema de conferencias bancarias para dificultar el seguimiento de estos movimientos de capitales. Los siete detenidos han sido trasladados a la comandancia de la Guardia Civil de Málaga. En la operación, que continúa abierta, participan grupos especiales de la Guardia Civil llegados de Madrid, así como efectivos de este cuerpo en Málaga.

Según las mismas fuentes, los agentes han practicado registros en Málaga capital y en varias localidades de la Costa del Sol, como Marbella y Torremolinos. La operación comenzó en la noche de este jueves y las detenciones se han producido en varios pisos frecuentados o habitados por estas personas, informa Efe.

Los arrestados son de nacionalidad argelina y pertenecen al grupo Salafista, vinculado a Al Qaeda. Hace diez días, la Audiencia Nacional ordenó el encarcelamiento de otros cuatro argelinos detenidos como presuntos integrantes de una célula que financiaba al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), a quienes se les acusó de intentar adquirir explosivos a cambio de hachís.

La operación sigue abierta y este viernes agentes de las Fuerzas de Seguridad registraron un chalé de lujo en Estepona en presencia de cuatro de las siete personas detenidas. Casi al mismo tiempo agentes del Grupo Rural de Seguridad (GRS) de la Guardia Civil registraron otra vivienda en la localidad malagueña de Monda. En ambas se incautaron de diverso material.

LA PRIMERA PIEDRA
XAVIER PERICAY ABC  10 Diciembre 2005

SE trata de un viejo asunto, de algo sobre lo que no queda más remedio que volver de vez en cuando, aun a riesgo de repetirse. Se trata del nacionalismo, del nacionalismo vasco y del nacionalismo catalán, esos primos hermanos. Y de su incesante trabajo de zapa desde los años de la transición. Por supuesto, uno podría ir mucho más lejos en el tiempo: hasta los días cándidamente trágicos de la Segunda República, pongamos por caso. O remontarse incluso hasta finales del siglo diecinueve. Pero conviene detenerse en los años de la transición, porque la transición fijó unas reglas del juego, inéditas hasta entonces, que todas las fuerzas políticas del momento, incluidos los sectores mayoritarios de esos dos nacionalismos, juraron -es un decir- respetar. Y porque esas reglas han sido repetidamente violadas por ambos nacionalismos, con mayor o menor vileza según el tiempo y el lugar. Y porque, en fin, en los últimos años el ritmo de las violaciones y su intensidad han alcanzado tal nivel que la estabilidad de este proyecto común nacido con la Constitución de 1978 ha empezado a peligrar.

Una de las prácticas más recurrentes de esos nacionalismos consiste en reducir el espacio, en postular que el ámbito de decisión sobre su futuro no corresponde al conjunto de los españoles, sino sólo a una parte, determinada en el mejor de los casos por un territorio y, en el peor, por quienes, dentro de este mismo territorio, han expresado una adhesión inquebrantable a los principios del movimiento. Es el caso, de todos conocido, del Estado libre asociado propugnado por el lendakari Ibarretxe. Pero esa reducción tiene a veces expresiones mucho más sutiles. La última semana, por ejemplo, a raíz del acto convocado por el Partido Popular en la Puerta del Sol, tanto los partidos políticos catalanes como un sinfín de comentaristas del más variado pelaje insistieron machaconamente en que la concentración madrileña no era en modo alguno un acto a favor de la Constitución y sí, en cambio, un acto en contra del proyecto de nuevo Estatuto catalán. Y hasta Josep Piqué, al que los dirigentes de las demás fuerzas parlamentarias catalanas habían instado a pedir perdón en la Cámara por sus pecados -o sea, por asistir a la concentración de Madrid en tanto que presidente del PP en Cataluña-, tuvo que reconocer al día siguiente que el proyecto de reforma estatutaria estaba en el origen del acto de la Puerta del Sol. ¡Pues claro que estaba! Del mismo modo que en el proceso negociador que acabó desembocando en el texto del nuevo Estatuto estuvo en todo momento el afán por ir más allá de los límites fijados por la Constitución. Pero así como dicho afán era para los negociadores la mar de legítimo, dado que el nacionalismo catalán puede comportarse en casa como le plazca, el que el resto de los españoles, incluidos los catalanes no nacionalistas, disientan en público de lo que consideran una amenaza para la Constitución resulta para los mismos sujetos algo completamente inaceptable.

Esa patente de corso se hace extensiva a las relaciones entre los nacionalismos vasco y catalán en cuanto aparece por ahí el fantasma de ETA. La pasada semana el Parlamento catalán estuvo a punto de reprobar a Ángel Acebes por vincular a la banda terrorista con el proyecto de reforma del Estatuto, y al final todo quedó en una declaración institucional del presidente de la Cámara en la que, al tiempo que se criticaba las declaraciones del dirigente popular, se pedía a su partido diálogo. Pues bien, a finales de agosto, cuando parecía que el Estatuto iba camino del matadero, tanto el consejero de Relaciones Institucionales del Gobierno de la Generalitat como el propio presidente Maragall habían echado mano de ETA para tratar de salvar el pellejo. El primero avisando de que un «no» del PSOE al Estatuto que saliera del Parlamento catalán «imposibilitaría que en el País Vasco también se encontraran vías de solución». Y el segundo relacionando en un artículo de prensa el proceso de reforma estatutaria con el que debe llevar a «la paz en Euskadi». ¿Acaso alguien se escandalizó? Nadie, por supuesto.

El nacionalismo siempre tira la primera piedra. ¡Ay de los incautos que la recogen y osan devolvérsela!

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