AGLI

Recortes de Prensa     Domingo 11 Diciembre 2005
La declaración de Sol
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 11 Diciembre 2005

El mal gobierno
IGNACIO CAMACHO ABC 11 Diciembre 2005

Claves para interpretar el problema nacionalista
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 11 Diciembre 2005

TODOS LOS DÍAS, EL BIG BANG
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 11 Diciembre 2005

Los nacionalistas gallegos desvelan sus propósitos expansionistas
Editorial Elsemanaldigital  11 Diciembre 2005

Imperialismo nacionalista
Bitácora Libertad Digital 11 Diciembre 2005

Terroristas con permiso
Editorial ABC 11 Diciembre 2005

Irán nuclear
EDITORIAL Libertad Digital  11 Diciembre 2005

ETA: cómo conseguir que no te engañen
J. M. Zuloaga La Razón 11 Diciembre 2005

Así entiende ETA la tregua
R. N. La Razón 11 Diciembre 2005

Las víctimas, después de 18 años: «Cada 11-D me despierto a las 6. La hora del atentado»
Marcos S. González La Razón 11 Diciembre 2005

ETA pone la octava bomba en la semana de la "prudente esperanza" de Zapatero
EFE Libertad Digital 11 Diciembre 2005

La viuda de Ramón Blagietto reprocha a Peces Barba que "jamás" se haya preocupado de las víctimas
Libertad Digital 11 Diciembre 2005

Ofensiva del PP para que el Gobierno defienda la lengua española en la UE
J. L. L. ABC 11 Diciembre 2005

Gallego sí, gallegos no Sanabria sólo reivindica la lengua
JOSÉ LUIS MARTÍN ABC 11 Diciembre 2005

El «yihad» atraca en Alicante
I. BLASCO ABC 11 Diciembre 2005


 

La declaración de Sol
POR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 11 Diciembre 2005

... España ha entrado en regresión porque el particularismo ha sustituido a la universalización y los territorios a los ciudadanos. Cobra así todo su sentido la reivindicación actualizada de una «Nación de ciudadanos libres e iguales»...

LA involución del discurso político del Gobierno está comenzando a ser demasiado evidente incluso para los escasos representantes de la izquierda liberal española. El anudamiento de las políticas gubernamentales a los propósitos nacionalistas, condiciona la acción del Ejecutivo hasta límites que no deberían consentirse ni siquiera apelando al pragmatismo político. No deja de causar perplejidad que, mientras el líder de la oposición propugna una «Nación de ciudadanos libres e iguales», el presidente del Gobierno declare, en un ejercicio prototípico de «buenismo» ideológico, que propondrá a las fuerzas políticas la sustitución en el artículo 49 de la Constitución del término «disminuido» por el de «discapacitado». Tampoco encaja con la encarnadura ética y táctica de la presidencia del Gobierno que, a los pocos minutos de un discurso esperanzado sobre el fin del terrorismo, la banda criminal responda con la colocación de una serie de artefactos que alteran gravemente el tráfico rodado en el entorno de la capital de España. En modo alguno resulta comprensible que, mientras en el Congreso, el Gobierno, la oposición y una representación social amplia celebran el XXVII aniversario de la Constitución, los socios más cualificados del Gabinete se dediquen a arrancar públicamente las páginas de un ejemplar de la Carta Magna. Y cuesta mucho digerir que nuestra política exterior haya realizado apuestas tan precipitadas que ahora deparan graves frustraciones, sea en la Unión Europea, en la relación con los Estados Unidos o Marruecos, o en el preferente ámbito iberoamericano. Pero es el emponzoñado y perverso comportamiento político de la banda terrorista ETA y de su extensión «civil» -Batasuna-, el que, con los destellos rupturistas del proyecto de Estatuto catalán, lo que más daño está haciendo al Gobierno y lo que, correlativamente, está ofreciendo más oportunidades a la oposición para muscular su discurso de alternativa política.

Los etarras y sus epígonos han planteado al Ejecutivo un macabro horizonte de expectativas que manejan a su antojo y a sus muy estudiados ritmos. La máxima rentabilización de las contradicciones internas entre las fuerzas políticas españolas, la dominación de la estabilidad parlamentaria por ERC -con cuyo líder ETA pactó una tregua circunscrita a Cataluña en el encuentro de enero de 2004 en Perpiñan-, el abismal distanciamiento del Partido Popular y del PSOE en toda materia que afecte a la gobernación del país, sea cual sea la materia de que se trate, y la relativización de la Transición y de la propia Constitución, y no sólo en la estructuración autonómica del Estado, son variables que los estrategas de ETA combinan con una capacidad de impacto que no por indeseable debe dejar de reconocerse y denunciarse.

Batasuna y sus dirigentes han recuperado ya el terreno que creyeron irremediablemente perdido después de su ilegalización por el Tribunal Supremo; su propósito actual es el de concurrir a las elecciones locales y forales de 2007 para reponer la urdimbre económica y de complicidades preexistente a su expulsión del ámbito democrático, de tal manera que éste es el momento en el que la banda se encarga de seguir mostrando -si bien con cálculo medido- su capacidad criminal (explosiones, cobro del chantaje a empresarios y profesionales, episodios de terrorismo callejero), en tanto que Batasuna cincela un seudo discurso político que ofrezca apariencias y convicciones bastantes como para que el presidente del Gobierno mantenga, sin plazo y con resignada paciencia, una confusa oferta de diálogo a cambio de un abandono definitivo de las armas que ETA ni ha planteado ni va a ofrecer. Sus treguas «sectoriales» -en Cataluña, a los electos del PP y del PSOE- son suficientes para mantener el actual estado de expectativa y de ansiedad. Una y otra, más la contaminación a que somete el proceso de debate del proyecto de Estatuto para el Principado, otorgan a ETA y a su entorno una desorbitada capacidad de arbitraje en el discurrir de la acción de gobierno de Rodríguez Zapatero, virtualmente ahogada en las secuenciales declaraciones que profieren ora Otegi, ora Carod Rovira.

Estas circunstancias que constriñen al Gobierno, expanden la capacidad persuasiva de la oposición popular que alcanzó con la ya conocida como «declaración de Sol» una madurez ideológica muy convincente. Que la derecha democrática española, en un escenario ciudadano especialmente evocador para la izquierda, hiciese profesión de fe en la ciudadanía como medida de referencia para todas las políticas; apostase por la igualdad y la libertad en un país al que le faltan muchos peldaños para conseguir la plenitud en ambas cualificaciones democráticas (el último informe del Instituto Nacional de Estadística sobre la pobreza en España es muy aleccionador) y se adhiriese a los símbolos -enseñas y lenguas- de la pluralidad territorial configurada por la Constitución de 1978, resulta letal para las concepciones de la izquierda. Que, desafortunadamente, han incurrido en una celada histórica muy propia de los estados ideológicamente carenciales: la de suponer que los nacionalismos periféricos en España, a estas alturas, garantizaban una suerte de marchamo progresista, al modo antifranquista, cuando, en realidad, está ocurriendo todo lo contrario. Algunos intelectuales de la izquierda se lo están diciendo con claridad al Gobierno: no están dispuestos a batir palmas con proyectos y discursos como los que vienen de Cataluña.

Por eso la «declaración de Sol» puede ser un verdadero prontuario argumental para una derecha liberal-conservadora, laica y nacional a la que sólo le falta -y sus dirigentes lo saben- abrir un boquete en el cinturón aislante en el que el socialismo «buenista» de Rodríguez Zapatero la ha querido envolver. La subasta entre el nacionalismo de ERC y el de CiU, propiciada por el propio PSOE, trata, no sólo aliviar la presión que ejercen los dirigentes republicanos sobre la Moncloa, sino también advertir a las huestes del partido que fundara Jordi Pujol de que su opción es el gobierno y no la árida oposición; y que su acceso se franquea mejor con los socialistas que con los populares.

Mientras se decanta la situación -y para ello el Gobierno debe dejarla reposar sin abrirse de manera continua frente tras frente-, la derecha democrática está obligada a ahondar en los fundamentos del discurso de Mariano Rajoy en la Puerta del Sol. Los ciudadanos son libres cuando disponen de certidumbres para el ejercicio de sus facultades constitucionales; ahora esas certezas, algunas básicas, no existen. Los ciudadanos son iguales, no sólo cuando disponen de similares oportunidades, sino también cuando las políticas de los Gobiernos persiguen el establecimiento de condiciones de vida y prosperidad homogéneas, constituyéndoles a ellos, y no a los territorios o a las comunidades, en los sujetos titulares de su acción. Ahora eso tampoco ocurre, del tal manera que España ha entrado en regresión porque el particularismo ha sustituido a la universalización y los territorios a los ciudadanos. Cobra así todo el sentido la reivindicación actualizada de una «Nación de ciudadanos libres e iguales» en los términos literales de la «declaración de Sol».

El mal gobierno
Por IGNACIO CAMACHO ABC 11 Diciembre 2005

PERO bueno, ¿hay alguien ahí arriba, en el puente de mando? ¿Está alguien manejando el timón de la acción de gobierno (?) de este país perplejo? ¿Queda en este carajal de despropósitos, contradicciones, malentendidos y puros disparates en que se ha convertido la vida pública española, alguna persona responsable con un proyecto, un plan, una idea o simplemente un poco de criterio? ¿O estamos realmente tan a la deriva como parece, con un presidente desnortado, unos ministros a la greña, un gabinete incompetente y unos socios dispuestos a hacerse un sayo con la capa hecha jirones del Estado autonómico?

Uno de los derechos principales que asisten a los ciudadanos de una democracia es el de ser gobernados por aquellos que resultan elegidos en la lid electoral conforme a un programa de actuación y dirigencia. Se trata de un asunto tan elemental que ni siquiera aparece recogido en la mayoría de las constituciones, redactadas precisamente para asegurar el buen gobierno con arreglo a un código jurídico que pone límites al abuso de poder en defensa del interés común. Pero... ¿qué pasa cuando ese derecho pasivo no se ejerce por falta de capacidad de los gobernantes escogidos, por inacción, desistimiento o inepcia de quienes han sido llamados a ejercer la responsabilidad pública?

Esa es, exactamente, la sensación que ahora mismo sienten y padecen muchos ciudadanos españoles, sorprendidos ante la falta de rumbo de un Gobierno ajeno a los problemas reales de la nación, enfrascado en debates inútiles o absurdos, cuando no directamente en empeños suicidas -como la negociación con los terroristas o el diseño de un nuevo modelo de Estado- que ni siquiera figuraban en su programa electoral. Una corriente de desamparo recorre la médula ciudadana ante la evidencia de que el presidente del Gobierno permanece al margen de los desafíos que competen a su esfera de trabajo, mientras crecen los conflictos dentro y fuera de las fronteras, y unos desaprensivos aliados aprovechan el vacío de poder para subirse a las barbas del respeto público y proferir amenazas, bravatas o retos «aventureristas» y desalmados.

Encerrado en una campana de cristal, atento sólo a la leve esperanza de una tregua terrorista que le permita iniciar un diálogo con los asesinos y al hallazgo de una solución paliativa al problema que él mismo creó al permitir que el Estatuto catalán se inflara como un monstruo reivindicativo al límite de la hiperestesia, Rodríguez Zapatero ofrece ahora mismo la imagen de un dirigente sobrepasado por los acontecimientos. Europa nos ningunea cerrando el grifo presupuestario, Estados Unidos nos desprecia, Marruecos nos engaña, Venezuela nos chulea y hasta Fidel Castro se permite regañar despectivamente a los pocos socialistas que tienen arrestos morales para denunciar su abotargada tiranía. La clase política catalana tensa de modo intolerable la solidaridad nacional, los amigos de los terroristas publican libros que ponen en solfa la teórica respetabilidad del partido en el Gobierno, los nacionalistas gallegos invitan a sumarse a su «nación» a los pueblos limítrofes de Asturias y León. Y en las calles asoman agricultores asfixiados por la pérdida de subvenciones, mineros y pescadores sobrepasados por la subida del combustible, educadores asustados por la crecida del caos escolar, padres preocupados por la dificultad de escoger el colegio de sus hijos, víctimas del terrorismo irritadas por el trato deferente hacia sus verdugos y hasta obispos escandalizados por innecesarias leyes que revisan el concepto nuclear de la familia y el matrimonio.

Al otro lado, parapetados detrás de sus enormes carteras que parecen demasiado grandes y pesadas para la capacidad de sus dueños, los ministros se dedican a hacer la guerra por su cuenta. Bono y Moratinos se enredan en disputas de diplomacia paralela mientras la Unión Europea espera en vano que el ministro de Exteriores, de gira por África, comparezca para defender los derechos presupuestarios de su país. Solbes azacanea para frenar los desvaríos fiscales de sus compañeras de gabinete y hasta se encuentra subordinados que diseñan por su cuenta futuros planes de pensiones. Alonso y Bono disputan por el control de la Guardia Civil. Montilla se arrastra con el trasero ardiendo por culpa de unos créditos condonados por la caja de ahorros catalana que respalda operaciones financieras que dependen de su Ministerio. San Segundo, simplemente, no está, ni siquiera cuando el presidente discute con los educadores la nueva ley de Educación que se supone que ella ha elaborado. Trujillo sume en la melancolía a quienes esperan los prometidos planes de vivienda. Y Bono -siempre Bono- se permite discrepar en público y en privado de sus colegas de equipo, y hasta se vanagloria de no formar parte de un presunto núcleo de elegidos para reconducir la crisis catalana. ¿Pero... qué está pasando aquí?

Queda, sí, el severo «Toño» Alonso al frente de unos cuerpos de seguridad que hostigan a los terroristas cumpliendo con su obligación. Queda la eficaz y estajanovista vicepresidenta Fernández de la Vega oficiando a duras penas de apagafuegos, portavoz y mujer-escoba de los desaguisados de sus compañeros. Queda el sinuoso y maquiavélico Pérez Rubalcaba, que ni siquiera es ministro, manejando como un Fouché parlamentario los hilos de la confianza del presidente en los trabajos más delicados que se derivan de los empeños a contracorriente de su jefe. Y quedan los sensatos López Aguilar y Sevilla, algo orillados por su recelo ante los desvaríos de Maragall y sus socios del tripartito reforzado por los siempre oportunistas «moderados» de Convergencia i Unió. Poca cosa, en conjunto, para la envergadura de la crisis general, y en todo caso dedicados a corregir los despropósitos y encauzar los entuertos que origina esta peculiar forma de desgobernar un país.

A estas alturas, cuando debería empezar a tomar cuerpo la agenda política, económica y social de un Gobierno que apenas lleva año y medio de ejercicio, la única esperanza del presidente Zapatero es encontrar un milagroso apaño que satisfaga equilibradamente a casi todos en el enredo catalán, soñar con que Gas Natural, Repsol y la Caixa no se arruguen ante la poderosa y numantina defensa de Endesa frente a su intento de absorción y, sobre todo, esperar a que ETA decida apiadarse de su impaciencia y ofrecerle una botella de oxígeno que los terroristas administran con perversa cicatería.

Y mientras tanto, el Gobierno se agarra a una desesperada campaña de propaganda para «vender» humo de naderías de una presunta gobernancia que los ciudadanos no encuentran por parte alguna, como reflejan con terca contumacia las encuestas: una ofensiva que se acabará convirtiendo en una máquina de insultos y descalificaciones a una oposición que se ha recompuesto en tiempo récord después de su descalabro electoral, gracias en gran medida a esta insólita exhibición de incompetencia.

Pero no le queda mucho tiempo a Zapatero para evitar que le cuaje la etiqueta que empieza a emerger del fondo de la opinión pública. La de un timonel ausente y extraviado que ha perdido la bitácora de la nave y, lo que es peor, equivocado la dirección de la aguja de marear. La de un entrenador en apuros que ha elegido mal la alineación y la táctica. La de un político sin proyecto que trata de suplir esta carencia con algo peor: un programa desquiciado que no responde a los verdaderos problemas de una nación perpleja.     director@abc.es

Claves para interpretar el problema nacionalista
Ernesto Ladrón de Guevara elsemanaldigital 11 Diciembre 2005

Para quienes no sepan ver la simbiosis entre los nacionalistas y ETA, ésta dice en su última carta a la comunidad internacional:"La clave para la resolución del conflicto es el reconocimiento del derecho de autodeterminación de Euskal Herria".

Yo digo que la mayoría de los vascos no están en ningún conflicto, salvo el producido por la propia ETA y el nacionalismo como idea que no puede sobrevivir sin mitos ni enemigos. Necesitan inventarse conflictos para su propia pervivencia. El llamado "derecho de autodeterminación de las nacionalidades en España" no tiene soporte alguno en el derecho internacional, tal como lo demuestra el libro de Santi Abascal junior. Euskal Herria no existe como concepto histórico o político. ETA no está en clave de paz pues es una mafia, y necesita para su subsistencia económica de la extorsión que lleva a la sangría del llamado impuesto revolucionario, que no es otra cosa que obtener dinero para dar de comer a vagos y maleantes, como hacen la Camorra o la Mafia siciliana en Italia. La reclamación de la autodeterminación no es otra cosa que la justificación o vestimenta al fin inconfesado del negocio que supone el chantaje. ¿Se dará cuenta de ello Zapatero?

Imaz (PNV) dice que "es verdad que en Euskadi existe un conflicto político sin resolver (...) que supone la existencia de una identidad nacional no reconocida como sujeto político, en definitiva, el reconocimiento de la bilateralidad" (idéntico lenguaje al contemplado en el texto de reforma del Estatuto de Cataluña). "Por ello, un final dialogado significa una salida democrática: (...) dos foros de diálogo, por los poderes competentes del Estado con aquellos que muestren una voluntad inequívoca de poner fin al terrorismo al objeto de propiciar un final dialogado de la violencia, y otro foro entre los representantes políticos de la sociedad vasca".

Es decir: el árbol y las nueces. Unos arrean y otros recogen. En este momento los que recogen son los nacionalistas vascos y los nacionalistas-nacional/socialistas catalanes, que necesitan a su vez de los de ERC como expresión de la misma radicalidad subversiva que Batasuna.

Elementos del silogismo son: ETA-autodeterminación-solución dialogada como resolución del chantaje-para resolver un conflicto inexistente en el ideario popular.

Consecuencia: un Estado legitimado no puede ceder ante la intimidación y admitir un conflicto de raíces falsas para el mantenimiento del poder de los nacionalistas, basado en el sofisma de la desaparición del terrorismo que no tiene soporte ni en las motivaciones ni en los intereses de ETA como mafia extorsionadora.

Otra consecuencia: nacionalistas de uno u otro signo y ETA forman una unidad de interés. Por tanto los socialistas deberían aclarar qué hacen en ese escenario y cuáles son sus motivaciones de fondo.

TODOS LOS DÍAS, EL BIG BANG
ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 11 Diciembre 2005

Los hombres importantes movilizan a los exégetas, y los exégetas buscan el hilo y por él sacan el ovillo. Acabamos de saber que Zapatero, en su prólogo a un libro de Jordi Sevilla -«El socialismo, de nuevo», Crítica, 2002-, escribió lo siguiente: ««Ideología» significa «idea lógica», y en política no hay ideas lógicas, hay ideas sujetas a debate que se aceptan en un proceso deliberativo, pero nunca por la evidencia de una deducción lógica». El presidente no anda firme en materia etimológica. Recordemos, porque no es asunto baladí, de dónde viene en realidad la voz «ideología».

La palabra, y el concepto, fueron introducidos en el debate filosófico por un hombre poco conocido ahora: Destutt de Tracy. Tomando pie de las especulaciones de Condillac, Destutt de Tracy pretendió establecer una ciencia del espíritu, una disciplina que explicara los mecanismos del pensamiento de modo análogo a como la biología explica el mecanismo de la vida animal. Corría el año de gracia de 1796, y todavía vibraban en el aire las exaltaciones de la revolución. Los ideólogos incluyeron en su secta a varios ilustres: Sieyès, Stendhal... y Napoleón. Eran materialistas, racionalistas y anticlericales.

Del último cabo, del anticlerical, surgió poco después una desavenencia seria con el futuro emperador. En 1801, éste firmó con la Iglesia un concordato importante para la estabilidad del régimen, y los ideólogos empezaron a convertirse en una pejiguera. Napoleón les respetó el tratamiento, pero consideró oportuno lastrarlo de connotaciones abusivas. «Ideólogo» vino a significar, por voluntad del César, lo mismo que «fanático», «metafísico» y «vanilocuo».

Los ideólogos, en fin, eran unos chotacabras, ignorantes de las exigencias de la vida práctica y del ejercicio constante de realismo a que obliga la administración del poder. El concepto continuó rodando de un contexto político a otro. En Marx y Engels, mantiene su connotación negativa. Pero la dominante, hoy en día, es positiva. Se suele entender por «ideología» el sistema de principios que orientan la acción del gobernante, o de quienes, siendo meros particulares, cultivan una visión moralmente organizada del mundo.

Lo interesante de Zapatero es que abraza la acepción contemporánea o vulgar de «ideología», y adopta respecto de ésta la actitud reticente que Napoleón había reservado al pensamiento dogmático de Destutt de Tracy. Ello convierte al presidente, perdónenme la hipérbole, en una especie de Napoleón de segunda derivada.

Zapatero se siente agobiado, no ya por tal o cual filosofía consistente y cerrada, sino por cualquier forma de pensamiento articulado. De ahí que, tras derivar «ideología» de «lógica», se apresure a decir que él no es un ideólogo. Y de ahí que sea contrario a que el político justifique sus decisiones apoyándose en la autoridad de un proceso deductivo.

El extremo es crucial. Las deducciones representan procedimientos comúnmente aceptados para transitar desde unas proposiciones a otras proposiciones. En este sentido, el que se toma la molestia de realizar una deducción está acatando de modo voluntario y expreso unas reglas de juego. Su propósito no es sólo defender una conclusión, sino acreditarla en vista de que ha llegado hasta ella después de someterla a controles homologados. La veneración de la lógica entraña, por tanto, un sentimiento de respeto hacia las cautelas que en la vida social nos protegen de la arbitrariedad de los demás. ¿Qué motivos acumulará el gobernante rebelde a la lógica para atenerse con paciencia y constancia a una constitución, a la división de poderes o a los mil requilorios que traban a los hombres públicos en una democracia liberal? No serán muchos, o en todo caso, serán vacilantes.

Zapatero habla también de «democracia deliberativa». Se trata, sin embargo, de un fleco habermasiano sin chicha dentro. En la democracia deliberativa de Habermas, los ciudadanos están empeñados en un diálogo disciplinado por la razón. La democracia a lo Zapatero, sin embargo, no va por ahí. Para Zapatero, la democracia es presentismo puro. Una improvisación permanente, generada por los pálpitos del hombre que cree saber, aunque no sabe por qué sabe.

Los hechos confirman la semblanza que el presidente ha realizado de sí. Anunció la retirada prematura de Irak sin reunir al Consejos de Ministros; se enemistó con Bush en el repentino sofión de Túnez; resucitó un Estatut inviable rebasando por el ala a su partido y a sus asesores. De la Carta Magna, acaba de decir que no es un cerrojo, sino «una llave de libertad». La frase, en un político conservador, no habría levantado especial alarma. En labios de Zapatero, produce vértigo. A más de uno, Zapatero nos ha cogido mayores.

Los nacionalistas gallegos desvelan sus propósitos expansionistas
Editorial Elsemanaldigital  11 Diciembre 2005

La presentación por el Bloque Nacionalista Galego de su propuesta articulada de "Estatuto de Nación" para la Comunidad Autónoma que se empeñan en denominar "Galiza", vulnerando la legalidad toponímica vigente de la que se erigen en otros casos en celosos guardianes, ha saltado a los medios de comunicación por una curiosa cláusula introducida hacia el final del texto: "Podrán incorporarse a Galiza aquellos municipios limítrofes de características históricas, culturales, económicas y geográficas análogas, mediante procedimientos democráticos que serán regulados por ley".

La alarma y la irritación han cundido en las Comunidades Autónomas de Asturias y Castilla y León; el Gobierno portugués, hasta ahora, no ha reaccionado, aunque el texto también afecta a la nación hermana. No obstante, no cabe la sorpresa ante tamaño exabrupto, pues hace un año el BNG presentó públicamente un documento de bases para el nuevo Estatuto con una previsión parecida; documento avalado por la firma de profesores de universidad, artistas e intelectuales gallegos entre los que se encontraba el escritor Suso de Toro, cuyas ideas, según el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, inspiran su concepción de España.

Tampoco se debe desenfocar la condena de esta cláusula expansionista. El problema no es sólo que pueda resultar inconstitucional; en realidad, la Constitución no impide la modificación de los límites territoriales de las Comunidades Autónomas, sino que se haga sin contar con la voluntad de las otras Comunidades afectadas y de las Cortes Generales. El problema es sobre todo que representa una intolerable expresión de desprecio, falta de respeto e intento de humillación hacia otros pueblos de España.

Con ello se pone de manifiesto una vez más la hipocresía del victimismo al que constantemente recurren los nacionalistas. ¿Qué no dirían éstos si en una reforma de los Estatutos de Asturias y Castilla y León se previese, con argumentos históricos mucho más sólidos de los que jamás podrán alegar los nacionalistas gallegos, la eventual integración en esas Comunidades Autónomas de parte o de todo el territorio de Galicia?

El presidente de la Xunta de Galicia, el socialista Emilio Pérez Touriño, ha dicho que su postura sobre la cláusula expansionista se puede "intuir". Pero ante un hecho tan grave no bastan las intuiciones, sino que resulta imprescindible la exigencia de una rectificación inmediata. Touriño ha de valorar si puede seguir gobernando con unos socios que demuestran semejante actitud hacia las Comunidades vecinas.

También el PP de Galicia tiene mucho que decir. La reforma del Estatuto de Autonomía es imposible sin su concurso. Pues bien, si hace meses Manuel Fraga advertía de que su partido no participaría en la discusión de propuestas inconstitucionales, con más razón debería negarse a entrar siquiera a debatir textos que sólo se pueden calificar de insultantes.

Imperialismo nacionalista
Bitácora Libertad Digital 11 Diciembre 2005

Es un rasgo común a todos los nacionalismos el no conformarse con las fronteras donde han arraigado. Euskal Herria y los Països Catalans siempre han incorporado territorios en los que el nacionalismo tiene poca raigambre, cuando no es mirado con profundo desprecio. Es de agradecer que el proyecto de estatuto del BNG nos haya recordado de nuevo que todos nuestros colectivismos regionales son igual de imperialistas. Quizá obnubilados por sus propias fantasías de superioridad sobre el resto de España, los nacionalistas encuentren difícil de entender que los pueblos a los que desean tanto redimir prefieren mil veces continuar integrados en la opresora nación de todos antes de unirse a la excluyente fantasía de unos pocos.

La redacción del estatuto del BNG reclama los pueblos vecinos de Asturias o Castilla y León que tengan características "culturales, históricas, económicas y geográficas análogas". Es poco ambiciosa su pretensión; si es por cultura, historia, economía y geografía podría adscribirse a esa comunidad autónoma gallega todo el resto de España. Quizá sea cuestión de empezar a pensárselo.

Terroristas con permiso

Editorial ABC 11 Diciembre 2005

A medida que se intensifica la lucha contra el terrorismo islamista, se pone de manifiesto con mayor nitidez la necesidad de incorporar a la política de inmigración una finalidad preventiva en materia de seguridad. La corrección política predominante niega esta realidad, pero la experiencia de estos últimos años de terrorismo internacional obliga a aceptarla y actuar en consecuencia, sobre la base de que los islamistas que preparan sus atentados contra las democracias occidentes están ya instalados en nuestra sociedad. Siempre es una buena noticia una operación policial contra Al Qaida, como las realizadas por las Fuerzas de Seguridad en las últimas semanas, aunque ciertos datos como el de detenidos por terrorismo integrista deberían ser refinados con el de las puestas en libertad posteriores o las imputaciones de delitos ajenos al terror.

En lo que se refiere a la política de inmigración, estas mismas operaciones policiales están desvelando graves fallos de aplicación de las normas de extranjería. En la «operación Gamo», desarrollada el pasado noviembre en Alicante, Granada y Murcia, se detuvo al argelino Khaled Bakel, quien tenía pendiente de ejecución una orden de expulsión notificada el 14 de junio. Otro caso, más sangrante aún, es el del palestino Mohamed Kafarna, detenido en la «operación Saeta» del pasado abril e imputado en el sumario del 11-M por colaboración con banda armada, a quien se le acaba de conceder un permiso de residencia y trabajo hasta 2007.

Estos hechos demuestran una grave descoordinación entre las investigaciones policiales sobre el terrorismo islamista y los procedimientos de extranjería, cuya solución requiere un cruce de datos permanente y la adopción de medidas económicas y administrativas para ejecutar las órdenes de expulsión. El problema no está tanto en los posibles terroristas que quieren entrar sino en los que ya están aquí. ¿Cuántos de ellos han obtenido su regularización gracias al procedimiento de legalización masiva puesto en marcha por el Gobierno? La respuesta no debería consistir en una exigencia de silencio, confundido con lealtad, porque el Ejecutivo también fue advertido de este efecto pernicioso de la regularización indiscriminada.

En cuatro años, tres capitales occidentales (Nueva York, Madrid y Londres) han sido atacadas por el terrorismo internacional. Hay que tomarse muy en serio esta amenaza e incorporar definitivamente la política contra la inmigración ilegal al repertorio de recursos que el Estado debe utilizar contra los terroristas que se aprovechan de las puertas que abren las sociedades democráticas y desarrolladas a los inmigrantes. Sobra la retórica demagógica cuando está en juego la vida de los ciudadanos.

Irán nuclear
EDITORIAL Libertad Digital  11 Diciembre 2005

La decisión de Irán no puede ponerse en duda. No sólo ha repetido insistentemente que llevará a cabo su programa nuclear, sino que está tomando todos los medios necesarios a su alcance para conseguir su objetivo, a marchas forzadas. Recientemente, el gobierno iraní ha anunciado la construcción de un nuevo reactor nuclear que se construirá en la provincia de Juzestán. El régimen tiene muy claros sus objetivos, los ha anunciado a cada nueva ocasión para hacerlo y su comportamiento no puede ser más consecuente.

El problema es que el combustible nuclear permite un doble uso. Uno destinado a la provisión de una energía limpia y barata, que favorece el desarrollo económico, y el otro encaminado a la construcción de armas nucleares. Y la comunidad internacional sabe positivamente que el régimen de Teherán no se conformará con el primero. Las relaciones internacionales tienen sus reglas, y una de ellas es que quien cuente con armas nucleares alcanza un poder estratégico enorme, por la brutal capacidad de destrucción que éstas poseen. Un poder tan enorme, tan definitivo, que las potencias nucleares han actuado hasta el momento moderadas por el pavor a una escalada nuclear, con consecuencias de dimensiones desconocidas.

Los servicios de inteligencia de Estados Unidos creen que, si la comunidad internacional no lo remedia, Irán podría contar con arsenal nuclear operativo en un plazo muy breve, del que sólo tendríamos que contar unos meses. Esta es la opinión de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, expresada recientemente por su portavoz. Produce verdadero vértigo la idea de que Irán consiga su objetivo. Especialmente teniendo en cuenta las recientes declaraciones de su presidente, Mahmud Ahmadineyad. Hace poco más de un mes expuso sinceramente su deseo de borrar del mapa al Estado de Israel, que ha vuelto a reiterar más recientemente. No hay ningún motivo para confiar en que estas palabras del islamista Ahmadineyad y la carrera armamentística nuclear de Irán sean dos cuestiones enteramente distintas. Y no podemos confiar en que el régimen islamista no recurrirá al uso ofensivo de dicho armamento. Siempre podría excusarse en cualquier circunstancia, si bien incluso la mera apelación al Islam y al antisionismo podría ser suficiente.

Las consecuencias de tal escenario se nos escapan a nuestro cálculo aunque conocemos, por la experiencia del siglo XX, hasta qué extremos puede llevar una concepción que justifique el exterminio de clases o regiones enteras. Precisamente por ello se han multiplicado los esfuerzos diplomáticos internacionales, liderados por Europa, encaminados a parar la carrera nuclear iraní. El resultado está a la vista de todos, y es que Irán no tiene ningún incentivo para abandonar sus objetivos y de hecho no lo hace. Todos los cauces diplomáticos tienen que contar con el respaldo de la amenaza de la fuerza, como el recurso a los embargos u otros. Pero en este caso la última instancia no es lo suficientemente creíble o poderosa como para que se le otorgue a la diplomacia la efectividad deseada.

La Unión Europea, como actor principal de este esfuerzo por frenar los planes nucleares iraníes, no puede sustraerse a su responsabilidad y ha de acordar con el resto de actores internacionales un nuevo esfuerzo por conseguirlo de forma efectiva. Y el tiempo para hacerlo se está agotando.

ETA: cómo conseguir que no te engañen
Pese a que la banda no ha dado nada, el Gobierno juega con la baza de que no mata
J. M. Zuloaga La Razón 11 Diciembre 2005

Madrid. Hace años estuve en un país árabe y uno de nuestros diplomáticos me dio una serie de consejos antes de acudir al zoco para comprar unos recuerdos: intenta que piensen que no vas a adquirir nada, que vas simplemente a curiosear, y puede que consigas que no te engañen. Negociar con ETA no es una cosa sencilla. Lo han intentado muchos. La banda tiene perfectamente estudiada, y escrita, su estrategia. Al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, alguien le debería haber dicho que no debía enseñar sus cartas. Que, como en el zoco, debía, primero, observar el producto que le ofrecían y, después, estudiar el precio que se podía pagar. No lo ha hecho y, ya desde el principio, se produjo un grave error de planteamiento.

A ETA no se le puede dar ningún tipo de ventajas porque son unos maestros en el arte de enredar al enemigo (España) en la tela de araña de la negociación. Esta vez se inventaron la famosa propuesta de Anoeta, con las dos mesas, la de los partidos y la de la «desmilitarización» entre la banda y el Gobierno. Vendían los terroristas que habían cedido el protagonismo a los políticos. Quien conozca la historia y proceder de la organización criminal sabe que se trata de una mentira. El tiempo va demostrando que era sí.

Con prisa y sin pausa. ETA consiguió «liar» a nuestros gobernantes que, con prisas y sin pausas, se avinieron a hacer gestos hacia los pistoleros: derogaron, de facto, el pacto antiterrorista, que tan buenos resultados había dado, e hicieron aprobar una moción al Congreso de los Diputados que autorizaba la apertura de las negociaciones; permitieron que el brazo político de ETA siguiera representado en el Parlamento vasco y obtuviera, por esa vía, importantes cantidades de dinero; y que Batasuna pudiera moverse con total libertad pese a estar ilegalizada.

A cambio, la banda perdonó la vida, temporalmente claro, a los políticos, sólo a los electos, del PSOE y el PP. Militantes, altos cargos y, por supuesto, policías, militares, guardias, periodistas, empresarios... seguían en el punto de mira. Por si la «magnánima» medida podía ser mal interpretada por algún miembro de la banda, los cabecillas se ocuparon de aclararles en el «Zutabe» que se hacía para «buscar la contradicciones del enemigo». Es decir, ETA no ha dado nada y comete atentados sin muertos, la única baza que esgrime el Gobierno, y los que le acompañan en este viaje, cuando hablan del «proceso». Azarosa baza, en cualquier caso.

Así entiende ETA la tregua
Las Fuerzas de Seguridad encuentran a 700 metros de la pista del aeropuerto de Santander dos lanzagranadas colocados por los terroristas el día de la Constitución
Batasuna insiste en que Navarra «es parte del territorio nacional vasco»
R. N. La Razón 11 Diciembre 2005

Madrid- ETA sigue demostrando con hechos su particular forma de entender el «proceso de paz» impulsado desde el Gobierno para acabar con el terrorismo. Aparte de las declaraciones más o menos altisonantes desde uno y otro bando, lo cierto es que los terroristas no parecen dispuestos a eliminar las armas de la ecuación que podría conducir a una hipotética tregua. El pasado 6 de diciembre, coincidiendo con el XXVII aniversario de la Constitución, dejaron clara su postura explotando cinco pequeños artefactos en las principales carreteras de acceso a Madrid, un aviso para navegantes que culminó ayer cuando las Fuerzas de Seguridad localizaron y desactivaron dos lanzagranadas colocados en la misma jornada junto al aeropuerto de Santander.

Los dos tubos cargados con proyectiles «Mecar», pintados de verde para que se confundieran con la vegetación, apuntaban desde la isla de Pedrosa hacia la cabecera de la pista del aeropuerto, a unos 700 metros de distancia. En cualquier caso, su trayectoria era tan «vertical» que, de haber sido accionados, las granadas probablemente hubieran caído al mar, según explicó el delegado del Gobierno en Cantabria, Agustín Ibáñez. La Guardia Civil y la Policía Nacional los encontraron sobre las nueve menos cuarto de la mañana en una zona de matorrales y eucaliptos situada a la orilla de la bahía de Santander, entre las localidades de Pontejos y Elechas, siguiendo las indicaciones que el pasado viernes recibió el diario «Gara» de un comunicante que dijo hablar en nombre de ETA.

Dos días de búsqueda. Las Fuerzas de Seguridad del Estado habían buscado esos artefactos durante dos días en un radio de tres kilómetros alrededor del aeropuerto de Santander, con ayuda de perros y de un helicóptero. Sin embargo, no dieron con el lugar donde se hallaban hasta la noche del viernes, cuando acotaron un perímetro de seguridad alrededor del emplazamiento indicado en la llamada telefónica a «Gara», cuyo autor dio unas orientaciones «bastante exactas», reconoció Ibáñez. Fuentes de la lucha antiterrorista indicaron a Efe que ETA pretende «crear tensión» entre las Fuerzas de Seguridad del Estado con amenazas prolongadas en el tiempo como ésta de Santander o la que sufrió en octubre el aeropuerto de Zaragoza, donde también se colocaron lanzagranadas que aparecieron al cabo de doce días.

Al lugar donde estaban colocados los lanzagranadas acudió también el presidente cántabro, que aseguró que uno de los aparatos todavía «tenía el reloj en marcha», aunque era poco probable que pudiera dispararse, debido a «la inexperiencia» de quien lo colocó o a la acción de las lluvias de los últimos días. Revilla resaltó, además, que el lugar donde se han hallado los proyectiles es un «sitio muy escondido, muy difícil de localizar», si bien se encuentra a una distancia del aeropuerto que queda fuera del radio de alcance al que estos artefactos pueden apuntar de una forma eficaz, según explicaron los artificieros.

Mientras los agentes desactivaban la última amenaza de ETA, la ilegalizada Batasuna volvía a la carga en Pamplona para asegurar, siguiendo las reflexiones de su líder Arnaldo Otegi, que Navarra «es parte del territorio nacional vasco», ya que en su opinión Euskadi «no existe» sin la Comunidad Foral. Eso sí, los batasunos quisieron darle un barniz democrático a sus pretensiones y señalaron que «nadie quiere decidir unilateralmente el futuro de Navarra». Y es que el libro en el que Otegi plasma las aspiraciones de la izquierda abertzale sigue tensando las declaraciones de la clase política. El portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, señaló ayer a Ep que el Gobierno ha perdido «toda la credibilidad» en materia de política antiterrorista debido a los contactos que el portavoz de Batasuna afirma haber mantenido con los responsables del PSOE durante los últimos cinco años.

Las víctimas, después de 18 años: «Cada 11-D me despierto a las 6. La hora del atentado»
Marcos S. González La Razón 11 Diciembre 2005

Madrid- «A las seis de la mañana me vi en la calle, en camisón. Nosotros enseguida salimos. Recuerdo que hacía mucho frío. Estábamos mirando a quién sacaban y a quien no. Gracias a dios, de nuestra familia salimos todos. Heridos, la mayor en una rodilla, la pequeña en un brazo... pero salimos». Así recuerda Lucía, esposa de un Guardia Civil, el brutal atentado con el que la banda terrorista ETA sembró el pánico en Zaragoza y en España entera tal día como hoy, hace ya 18 años. En la Casa Cuartel, perdieron la vida once personas. De ellas, cinco eran niños pequeños, e incluso bebés.

Lucía, sus dos hijas y su marido, afortunadamente sólo resultaron heridos, aunque sus Fátima y Lucía necesitaron atención psicológica, y la mayor tuvo que seguir recibiéndola hasta hace poco. Pero las secuelas, permanecen. Lucía afirma que «desde entonces, recuerdo el atentado todos y cada uno de los días. Unos días estas mas contenta que otros, pero todos los días te acuerdas. Te acuerdas de los que no están y del día». Y es que los que vivían en la Casa Cuartel coinciden en señalar que no era una «comunidad de vecinos normal, sino una gran familia». «El ambiente era muy distinto. Si bajábamos a misa los domingos, bajábamos todos, si alguien necesitaba algo, le ayudábamos todos y en la cafetería siempre había algún amigo. Ahora sigo manteniendo contacto con los que se quedaron aquí». En cuanto a las secuelas del ataque terrorista, afirma que «el atentado es lo peor que me ha podido pasar en esta vida». «Puedes tener un accidente por la calle, puedes tener uno de coche... pero que asesinen hasta criaturas, que asesinen sin razón... no me cabe en la cabeza que pueda haber gente que haga tantísimo daño sin ningún motivo.

Además, subraya lo «extraño» que es el hecho de que «al que puso la bomba aquí me parece que le quedan sólo cuatro o cinco años, pero no es la primera vez y ya lo tienes asumido. Aquí, digas lo que digas, nadie te hace caso». Afortunadamente, la vida sigue, y Lucía relata que «ahora, que ya tengo nietos, he vuelto a cantar. A mí me encantaba cantar y desde el atentado, nunca lo había hecho. Hace poco, me dijo mi hija, “oye mamá, ¿te has dado cuenta que estás cantando?”, fíjate el tiempo que ha pasado».

Pero todavía hoy, después de 18 años, cuenta que «el teléfono mismo, me produce un sobresalto cada vez que suena. Me asusto con cualquier ruido, en realidad. No tengo miedo. Ni tenía miedo entonces, ni lo tengo ahora. Si lo tuviera me negaría a salir en televisión o en prensa».

«Si te lo quieren volver a hacer, lo volverán a hacer. Llevamos 17 años viviendo aquí y todo el mundo sabe que mi marido es guardia civil. Aún así vives con una sensación extraña. Te marca, pero de otras maneras. Yo, por ejemplo, no he podido dormir una noche seguida desde aquel momento», relata.

Desde la perspectiva de un niño se ve todo muy diferente. Para una niña de 11 años, su hija, que además cumplía los doce tan sólo dos días después.

«Aquel mismo día me mandó mi madre al colegio -relata-. Mi tío vivía enfrente y enseguida vino a buscarnos a mi hermana y a mi y nos llevó, con todos los niños de la escalera a su casa. Como mi padre se quedó allí quitando, escombros, mi madre me mandó al colegio porque era lo mejor para que no viese nada y estuviese lo más desconectada posible en ese momento».
Aún así, Lucía hija afirma que siempre supo que era una bomba. «En ningún momento creí que fuese una tormenta o un terremoto, porque son cosas que, por muy niña que seas, vivías en un cuartel y antes se vivía una época muy negra en cuanto a atentados. Cuando eres pequeña hay cosas que no entiendes. Tan cerca de mi cumpleaños, la verdad es que si que es muy triste», concluye.

También afirma que en el cuartel se vive de forma diferente. «Era como si viviésemos todos juntos, pero todos en la misma casa. En ese sentido, tengo muy buen recuerdo».

Según dice, «el atentado no me ha supuesto ningún trauma, porque en mi casa siempre se ha hablado del tema», pero con todo asegura que «es algo que no se olvida nunca jamás. Tampoco quiero que se me olvide. No vivo con rencor ni con miedo. Pero hay días que claro que te acuerdas».

Buen ejemplo de ello es que, según cuenta, «todas las noches del 10 al 11 de diciembre me levanto a la misma hora. A las 6 de la mañana. Llevo ocho años casada y mi marido me pregunta si va a haber alguna noche del 10 de diciembre en la que le deje dormir».

«Son cosas del día a día. Te acostumbras, porque yo tampoco quiero olvidar».
Ni ella ni su hijo, de sólo un año, y al que ayer por la mañana llevó a comprar un ramo de flores para depositarlo hoy en el sitio en el que estaba emplazada la Casa Cuartel. «Vamos todos los años», asegura, «y si a mí me pasase algo, la verdad, es que me gustaría que mi hijo siguiese haciéndolo, porque no hay que olvidar a los que se fueron».

GRAVES DESTROZOS EN UNA OFICINA DE CORREOS DE VIZCAYA
ETA pone la octava bomba en la semana de la "prudente esperanza" de Zapatero
El Gobierno vasco atribuye a ETA la colocación de la bomba que explotó en la madrugada de este domingo en la oficina de Correos de Igorre, en Vizcaya. Es el tercer atentado en una semana contra Correos. El martes, el mismo día de las cinco bombas en Madrid y los lanzagranadas en Santander, los etarras atentaron contra las oficinas de Alsasua y Zumárraga.
EFE Libertad Digital 11 Diciembre 2005

Las primeras investigaciones del departamento de Interior del Gobierno de Ibarretxe han determinado que las características del explosivo apuntan a ETA como autora del atentado y señalan que el artefacto es similar a los que la banda terrorista colocó hace el martes, coincidiendo con el Día de la Constitución, en Alsasua (Navarra) y Zumárraga (Guipúzcoa).

La explosión se registró hacia las 00:50 horas de este domingo en la sede de Correos situada en la calle Elexalde de la citada localidad y provocó importantes desperfectos, aunque no fue necesario desalojar a los vecinos del inmueble y no se produjeron heridos. La Ertzaintza mantuvo ha zona acordonada durante horas.

El pasado 6 de diciembre, otros dos artefactos atribuidos a ETA estallaron en las oficina de correos de Alsasua y Zumárraga, que causaron daños materiales. Ese mismo día, los etarras colocaron otras cinco bombas en otras tantas carreteras de Madrid. También llamaron al diario Gara para anunciar la colocación de varios lanzagranadas en el aeropuerto de Santander, que tuvo que ser cerrado media mañana. Cuatro días después, y tras una segunda llamada de los etarras para ubicar los artefactos, la Guardia Civil encontró este sábado dos lanzagranadas junto al aeródromo.


SOPORTA LA PROVOCACIÓN DIARIA DEL ASESINO DE SU MARIDO
La viuda de Ramón Blagietto reprocha a Peces Barba que "jamás" se haya preocupado de las víctimas
Pilar Elías, concejal del PP en la localidad guipuzcoana de Azcoitia y viuda de Ramón Baglietto, asesinado por ETA en 1980, ha denunciado en la COPE la soledad a la que Peces Barba tiene condenadas a las víctimas del terrorismo. Ni siquiera ahora que el asesino de su marido ha instalado un negocio en los bajos de su edificio y cada día le intimida con la mirada el alto comisionado se ha dirigido a ella. Mantiene que no va a caer en las provocaciones del etarra y que tampoco consentirá que un asesino le eche de su casa.
Libertad Digital 11 Diciembre 2005

Elías se quedó "de piedra" el día que se enteró de que el asesino de su marido se había instalado en el local de su mismo edificio. En La Mañana del Fin de Semana de la COPE ha relatado que entonces "no sabia qué hacer, me pareció algo horroroso, indignante". Ahora tiene que soportar que Cándido Azpiazu, el etarra que descerrajó un tiro en la nuca a su marido, Ramón Baglietto, diga que es ella quien le está provocando. "Este asesino cambia de oficio, porque era carpintero y de la noche a la mañana se entera de que hay un negocio de una cristalería debajo de mi casa y se viene. ¿Quién es el que está provocando? ¿No tenia otro sitio? Este asesino lo que quiere es provocarme, pero está muy equivocado porque a mi nadie me echa de mi casa, donde he nacido y donde vivo. Él es el que ha venido a provocarme".

La también concejal del PP en el municipio guipuzcoano de Azcoitia ha reconocido que sus hijos le están animando a que se marche del pueblo. Pero ella insiste en que "están muy equivocados". Explica que ha nacido en esa casa: "A mí no me echan, menos el asesino de mi marido me va a echar de mi casa. No señor, yo estoy en mi casa, el que se tiene que marchar es él. Qué sinvergüenza". Elías se siente arropada en la localidad. Dice que el pueblo la respeta, pero ve que el asesino también tiene el respaldo de los suyos, "que por desgracia son bastantes".

Ha sido ahora, cuando su caso ha saltado a los medios de comunicación cuando ha sabido que el asesino de su marido ha puesto el negocio a su nombre, pese a que nunca llegó a pagar a la familia de su víctima la indemnización fijada por un juez. "Yo creía que estos individuos eran insolventes. Ahora ya veremos lo que hago". Ante la pregunta de si se ha puesto en contacto con ella el alto comisionado de las víctimas, para asesorarla ahora sobre cómo reclamar esa indemnización, es Elías la que responde con otro interrogante: ¿Es que ese señor se pone en contacto con las víctimas del terrorismo? Eso me gustaría a mí, porque ese señor jamás se ha preocupado de nosotros. Ese señor jamás, jamás se ha dirigido a nosotros, jamás".

Pilar Elías ha recordado que su marido salvó la vida del que luego le pegó un tiro en la nuca. El etarra Azpiazu era entonces un niño de un año y dos meses. Ramón Baglietto vio que una madre iba a cruzar la carretera siguiendo a su hijo mayor, al que se le había escapado la pelota. Se acercaba un camión. "La madre, en el impulso de salvarle, sin darse cuenta de que llevaba a la otra criatura en brazos, salió corriendo detrás del otro hijo para que no fuera atropellado por el camión". Al ver el peligro que corría, Baglietto, que entonces ya era novio de Pilar Elías, "le arrebató de los brazos a esta criatura y le salvó mientras que la madre y el otro hijo quedaron debajo del camión. Pues este chaval, cuando tenía 19 años fue el autor material de los hechos, fue el que le disparó el tiro en la nuca, y encima este sinvergüenza ahora, que dice que le estoy provocando, es el que viene debajo de mi casa comprándose un negocio, ¿qué le parece?"

Ofensiva del PP para que el Gobierno defienda la lengua española en la UE
Critican la decisión «arbitraria» de las instituciones comunitarias de reducir un treinta por ciento el número de traductores de español en la Comisión Europea
J. L. L. ABC 11 Diciembre 2005

MADRID. El Grupo Popular prepara una ofensiva para forzar al Gobierno de Zapatero a defender la lengua española en la Unión Europea. El PP presentará una iniciativa parlamentaria en este sentido justo cuando el Ejecutivo socialista se esfuerza -ante la presión de sus socios nacionalistas- por impulsar el uso de las lenguas autonómicas en las instituciones comunitarias. La reestructuración del servicio de traducciones de la Comisión Europea, que supondrá un recorte del 33 por ciento en el número de intérpretes de español, ha hecho que el principal grupo de la oposición denuncie la «falta de iniciativa y la pasividad» del Gobierno en esta cuestión crucial para el idioma oficial del Estado y el prestigio internacional de nuestro país.

La decisión de la UE hará que de los 101 traductores de español que actualmente hay en la Comisión se pase a 67 a finales del año 2006, mientras el francés se reduce de 140 a 126 y el inglés crece de 121 a 122. Aunque el alemán desciende de 139 a 126 efectivos, estas tres lenguas doblan en número de traductores al resto porque se trata de «lenguas de procedimiento», que se utilizan normalmente en el trabajo interno de la Comisión y en las reuniones semanales del Ejecutivo comunitario.

Para el PP, ésta es una decisión «arbitraria», que paradójicamente sitúa a la segunda lengua europea más hablada en el mundo en un segundo plano de las lenguas oficiales de la UE -al mismo nivel que, por ejemplo, el maltés- y puede tener a corto y medio plazo muy graves consecuencias para la posición de España en el escenario mundial y para la proyección internacional de la lengua española.

Los populares recuerdan, además, que un socio privilegiado de la Unión Europea es Iberoamérica, continente en el que el castellano es la primera lengua. En este sentido, el PP subraya que ya existen dos países con acuerdos de libre comercio con la UE (México y Chile) y actualmente están abiertas la negociaciones con Mercosur y el Área Andina.

Relaciones con Iberoamérica
El principal grupo de la oposición considera «preciso y urgente» que el Ejecutivo de Zapatero otorgue a este asunto una «atención preferencial» en su acción exterior y busque una solución definitiva que otorgue al español la misma condición que otras lenguas como el inglés o el francés, justificada tanto por su uso dentro de la Unión Europea como fuera de ella.

Por todo ello, el PP presentará en los próximos días un proposición no de ley en el Congreso para instar al Gobierno a elevar a la Unión Europea una petición formal en defensa del español. Los populares quieren que el idioma oficial del Estado tenga con carácter definitivo el mismo grado de utilización que el inglés y el francés en todas las instituciones de la UE y se impulse su utilización en las relaciones entre la Unión e Iberoamérica.

Gallego sí, gallegos no Sanabria sólo reivindica la lengua
Hablan gallego, pero no quieren pertenecer a Galicia. Los vecinos de los municipios limítrofes de Castilla y León y Asturias rechazan la propuesta de segregación del BNG y prefieren no remover en la historia. No se sienten gallegos
«Aquí ni siquiera hablamos el gallego, lo chapurreamos», asegura el ex alcalde de Vega de Valcarce
JOSÉ LUIS MARTÍN ABC 11 Diciembre 2005

PONFERRADA. Ni las angostas carreteras, ni los encrespados valles ni la espesa niebla que envolvía en la mañana de ayer la comarca leonesa del Bierzo fueron obstáculo para que a primerísima hora la mayor parte de los vecinos conociera ya la propuesta del BNG para que se puedan agregar los municipios limítrofes de Castilla y León y Asturias a Galicia. Indalecio, de 50 años, miraba y remiraba la foto del vicepresidente del Gobierno gallego, Anxo Quintana, en un periódico, y farfullaba palabras de descontento que eran compartidas por el resto de los clientes del bar El Refugio del Cazador en Vega de Valcarce. «Aquí somos cazurros», como se autodenominan los leoneses, «y no queremos ser gallegos», aseguraba indignado este vecino.

Y es que aunque los pueblos, las gentes y el paisaje rezuman cierto sabor a Galicia, la mayoría de los habitantes de la decena de municipios que componen «la raya» se considera ante todo berciana, y después, leonesa, y sólo un mínimo porcentaje apostaría por la anexión.

«Tenemos mucho de la cultura gallega, queremos seguir hablando en gallego, pero no queremos pertenecer a otra comunidad», defiende Cristina, camarera del mismo establecimiento, quien no oculta que esta polémica viene de atrás por la «discriminación a la que nos vienen sometiendo desde la Junta de Castilla y León». Es precisamente la escasez de infraestructuras de esta zona pegada a Galicia y el sentimiento de agravio con respecto a las localidades gallegas, que ven desde sus casas, lo que desde hace años ha motivado esta reivindicación contra el gobierno de Valladolid. Sin embargo, el malestar se ha ido diluyendo con el paso del tiempo y son precisamente ahora los vecinos de más edad los que se oponen de forma tajante a cualquier atisbo de segregación.

Explícitos y contundentes se expresan también los alcaldes del occidente asturiano cuando se les plantea el debate abierto por el BNG. El criterio es unánime al calificar de «estupidez» el planteamiento de la formación nacionalista, a la que reclaman que «deje en paz a Asturias y se fije más en Galicia».

El regidor de Vegadeo, Juan Antolín, tilda de «tontería» las tesis del Bloque, al que acusa de «generar alarma entre la sociedad de una manera injustificada». Asimismo, indica que la posibilidad de incorporarse a Galicia «no existe y carece de sentido, porque pensamos y actuamos como asturianos». Antolín cree que hablar de esto «es una pérdida de tiempo».

«Cuestiones ficticias»
Sus argumentos no difieren mucho de los que defiende el alcalde del también asturiano Castropol, José Ángel Pérez. «Es bochornoso que un partido que se presenta como nacionalista no se preocupe de Galicia y proponga cuestiones ficticias», explica el regidor socialista, que considera que la comunidad vecina «tiene muchas cosas que hacer antes de fijarse en el Principado». Pérez insiste en que «no hay ningún problema» y atribuye a un interés mediático del Bloque esta polémica, «porque les interesa estar en el candelero durante unas cuantas semanas». A su juicio, Asturias «no debe hacer nada ante esto».

Pero hay matices. Aunque la inmensa mayoría de los habitantes de Vega de Valcarce (León), principal pueblo de la zona y a tan sólo 10 kilómetros de Piedrafita (Lugo), consultados por ABC rechaza de plano la iniciativa de los independentistas gallegos, su alcaldesa, María Luisa González (PSOE), no ve con malos ojos que se incluya esta pretensión nacionalista en la reforma del Estatuto de Autonomía de Galicia. «Estoy muy sorprendida, pero me parece bien», aseguró la mandataria municipal en la carretera que atraviesa el pueblo (en pleno corazón del Camino de Santiago). No obstante, augura que la propuesta «provocará enfrentamientos» entre los lugareños por un asunto ya casi olvidado por todos.

Su antecesor en el cargo durante 20 años, Antonio Lago, lo tiene más claro: «Ni queremos ser gallegos, ni es posible», a la vez que intenta explicar la situación con un ejemplo fácil de comprender: «Es como si mi hijo se queja de que no le doy dinero y se quiere ir con otro padre. Pues no, siempre será mi hijo y yo su padre». Lago cree que esta aspiración es más «de los galleguistas» que de los propios municipios bercianos y sostiene que por muchas similitudes culturales que tengan con la comunidad vecina, «somos distintos». Tanto es así que matiza que «ni siquiera aquí hablamos el gallego, lo chapurreamos». Lo demuestra el hecho de que es fácil entender la forma de hablar de sus vecinos, algo a caballo entre el gallego y el castellano.

«No entendemos la TV gallega»
Lo mismo opina el alcalde popular de Balboa, José Manuel Gutiérrez, que en plena matanza berciana y separando las piezas del cerdo que luego conformarán el tradicional plato del «botillo», aseguró que ni siquiera entienden la televisión gallega (la TVG), que sintonizan perfectamente. «Somos bercianos y queremos seguir siéndolo», insistió Gutiérrez, quien a pesar de tener mucho contacto diario con Galicia -sólo tres kilómetros les separan-, reconoce que «a nadie nos gusta que nos llamen gallegos».

Durante el recorrido por la comarca, la única reconocida por el Ejecutivo castellano y leonés, los agricultores y los ganaderos que transitan por los caminos lamentan la falta de inversión de las instituciones y muchos dicen sentirse «en tierra de nadie».

El término municipal de Barjas, localidad de apenas 30 habitantes, linda con las provincias de Lugo y Orense, y curiosamente, su salida natural a Piedrafita se rompe de forma brusca a escasos metros y pasa a ser un «auténtico camino de cabras», como reconocían ayer a este periódico varios vecinos sentados en un poyo de piedra. Aún así, muestran su disgusto por lo que denominan «utilización política» por parte del BNG del oeste berciano y recuerdan que antes había más interés por «pasar al otro lado», pero ahora «ya estamos todos tranquilos».

En la vertiente asturiana también sostienen que la nueva postura de los nacionalistas gallegos responde exclusivamente a intereses políticos de un grupo minoritario, según explicó el alcalde socialista de Grandas de Salime, Eustaquio Revilla. Estas opiniones son las mismas que las del resto de municipios y pedanías leonesas como es el caso de Oencia, Sobredo, Benuza y Puente de Domingo Flórez, donde también sus alcaldes reprobaron ayer los planteamientos del BNG. Algunos de ellos apuntan que esta amenaza ha sido un instrumento político muy utilizado anteriormente por los ayuntamientos para «presionar» a los distintos gobiernos de Castilla y León y conseguir más ayudas económicas, pero que en realidad «era algo que nunca pensábamos de verdad». Lo que está claro es que este debate hace mucho tiempo que abandonó el valle.

De los encuestados por ABC, tan sólo una anciana de Vega, Purificación García, se mostró partidaria de que su pueblo dejara de pertenecer a León, ya que «tiramos más para Galicia porque los jóvenes estudian y trabajan allí, y León y Valladolid nos queda más lejos».

Una de las personas que mejor conoce a los oriundos es la joven Carolina Díez, que cada día se encarga de repartir el pan por varios municipios. «A la gente no le preocupa este tema y no se habla a penas de él. Nos interesan más otras cosas», aseveró. «Que me quede como estoy», dijo una vecina de Moldes, harta de que sólo se hable de su pueblo por «trifulcas políticas».

Quieren seguir donde están, al otro lado de la «frontera»; quieren seguir estando cerca de Galicia; quieren vivir tranquilos; pero, sobre todo, tanto leoneses como asturianos anhelan dejar de ser un rincón perdido en la periferia.

Los habitantes de los municipios zamoranos de la Alta Sanabria que limitan con Orense (Lubián, Hermisende, Pías y Porto) mostraron ayer su sorpresa ante las pretensiones del BNG, informa M. Carrión. En esta zona, donde se habla por igual el castellano que el gallego, los vecinos se mostraron ayer a favor de que «se reconozca oficialmente la utilización de la lengua gallega en sus pueblos», postura que también defiende el procurador socialista en las Cortes de Castilla y León, Felipe Lubián, quien durante muchos años fue alcalde de uno de los municipios afectados.

Lubián también quiere defender no sólo la utilización y el reconocimiento del gallego, sino también el acervo cultural de la zona, aunque puntualiza que «estamos orgullosísimos de pertenecer y ser castellanos y leoneses».

Los socialistas de la zona al igual que los de Castilla y León aseguran que «el BNG puede plantear lo que quiera, pero el mapa geográfico es prácticamente inamovible y, por su puesto, está cerrado».

«Somos, sobre todo, bercianos, y después leoneses, pero no queremos ser gallegos», coinciden los vecinos

El «yihad» atraca en Alicante
El intenso movimiento de argelinos en el centro de Alicante, en conexión directa con el puerto de Orán, ha llevado a las Fuerzas de Seguridad a evaluar la zona como germen de colaboradores o eventuales células del terrorismo islámico
I. BLASCO ABC 11 Diciembre 2005

ALICANTE. Vida perenne en la calle, trasiego, idas y venidas por el casco viejo alicantino, conversaciones entrecortadas bajo una luz «africana»: movimiento. Sentado en su chiscón de la calle principal del «barrio magrebí», Boualem Z. describe así las actividades de los muchos jóvenes norteafricanos que han convertido el centro de la ciudad en su área de «negocio». Son los potenciales peones del «yihad».

Alicante concentra una parte enorme de la presencia argelina en España, lo que sin duda es atribuible a la conexión directa con el puerto oranés, una ruta marítima que, al utilizarse en muchos casos con fines ilícitos, ha llevado a los comerciantes de la ciudad a secundar una campaña «antiferry» apoyada por políticos locales. Los comerciantes están convencidos de que el vaivén naviero ha contribuido a perpetuar una hegemonía musulmana en el centro alicantino, a erigir un zoco imposible en pleno territorio de la UE. Sin contar los irregulares, de los casi 46.000 nacionales argelinos censados en todo el país, casi 7.000 residen en esta provincia. De ellos, al menos la mitad lo hacen en la capital.

Boualem habla y habla mientras sobre su cabeza, colgado de una pared destartalada como todo el pequeño bazar que regenta, luce un retrato idealizado de Hayr al-Din, Barbarroja, el legendario pirata que tuvo su república propia en tierra argelina y cuyas andanzas en el litoral español testimonian las difíciles relaciones tendidas entre ambas orillas en el devenir de la historia.

Boualem ha conversado decenas de veces con Said Bouchema, Salim Zerbouti, Khaled Bakel o Lyies Sihamida. Los cuatro están en prisión desde que el 29 de noviembre el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu aseguró que son miembros de una célula de apoyo al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC). El comerciante los describe como «buenos musulmanes que han equivocado el camino. Siempre con el teléfono móvil en la mano, de local en local, de aquí para allá, pero sin faltar un solo viernes a la mezquita».

La «operación Saco», de película
Seis días antes de que los cuatro traspasaran el umbral de la cárcel, las calles del centro alicantino se confundieron con algo muy semejante a un estudio cinematográfico donde parecía rodarse una «película» de policías titulada «operación Saco». Una espectacular acción de la Guardia Civil en Alicante, Torrevieja, Murcia y Granada se cerraba con once detenidos después de que, en la capital alicantina, los agentes registraran a fondo un locutorio, una carnicería, una pastelería y varios domicilios -alguno de ellos con vistas al patio de luces de la Comandancia local del Instituto Armado- entre los aplausos nerviosos de unos vecinos renuentes a abandonar esta suerte de Orán en miniatura que delimitan la plaza de Gabriel Miró y la calle de San Francisco.

Al margen de si el despliegue policial fue proporcional a la relevancia de los arrestados, de los que siete fueron posteriormente puestos en libertad, los residentes del barrio histórico de Alicante, más que habituados a las costumbres de los magrebíes instalados desde hace lustros en la zona al calor de la línea marítima con Argelia, no pierden la ocasión de recordar su profunda convicción de que «sin saberlo, aunque sí sospechándolo, llevamos años conviviendo con potenciales terroristas o al menos con personas que les proporcionan ayuda».

En este caso, los cuatro argelinos encarcelados pululaban a diario por este bastión magrebí de la ciudad y, según sus conocidos, «jamás» dieron muestras de que, «como dicen los periódicos», planearan cambiar hachís por goma-2 para cometer «algo gordo en Madrid». Se reconocen «más o menos al corriente», eso sí, de los «negocios» que los arrestados se traían entre manos y que, según el juez, incluían el tráfico de drogas, la receptación de mercancía robada y la falsificación de documentos o tarjetas telefónicas como eventuales vías de financiación para el «yihad». Lejos de disculparlos, Boualem «lamenta» el más que probable destino del dinero obtenido por estos medios ilícitos, pero a continuación «ataca» con que «ustedes también tienen sus ladrones y sus traficantes de drogas».

En este entramado delictivo, el ferry de Orán cobró una importancia capital para practicar los envíos de los objetos sustraídos cuya venta otorgaba opciones a la posibilidad de un atentado terrorista. El rechazo ciudadano a la ruta marítima con el norte de África ha sido alentado los últimos meses por los propios responsables políticos locales, que no dudaron en poner el grito en el cielo ante el hecho de que el pasado marzo el Gobierno autorizara a una compañía la explotación de una nueva línea para incrementar así la frecuencia semanal de barcos con el país norteafricano.

Bensakhria en el recuerdo
El irrefrenable movimiento de súbditos del país norteafricano con base en las calles alicantinas permitió, por ejemplo, a Mohamed Bensakhria, lugarteniente de Bin Laden en el Viejo Continente, cubrir un periodo «durmiente» en la ciudad hasta que un «pinchazo» telefónico puso sobre la pista de su paradero. Era el 22 de junio de 2001, cuando un atentado islamista en España se conceptuaba como un peligro remoto.

Durante su «temporada en la costa», Bensakhria, arrestado en el mismo locutorio registrado en la última operación contra los salafistas, pernoctó en una furgoneta estacionada junto a una conocida playa de Alicante. Por el día, era frecuente verlo en el centro, de local en local, de aquí para allá, siempre con el teléfono en la mano.

Controles en el barrio argelino
El barrio argelino de Alicante ha experimentado una cierta transformación desde que el 11 de marzo de 2004 Madrid sufrió los terribles atentados por los que murieron 191 personas. En lo básico, el cambio se concreta en un aumento de los controles policiales en la zona.

En los días inmediatamente posteriores a la comisión de la matanza en los trenes de la capital de España, muchos negocios localizados en el centro alicantino y regentados por magrebíes echaron el cierre dura una temporada, ante el temor de que un previsible incremento de la presión de las autoridades contribuyera a «incomodar» la marcha de los establecimientos, nutridos de forma casi exclusiva de la venta de mercancías a negociantes oraneses que luego las comercializan en su país.

Del mismo modo que ocurrió a raíz del 11-M, tras la operación ordenada por la Audiencia Nacional el pasado 23 de noviembre han aumentado las identificaciones sobre argelinos en posible situación irregular y se han intensificado la vigilancia y los controles de llegada en los accesos portuarios de la línea marítima con Argelia.


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